DISCLAIMER: ASOIAF pertenece a George R. R. Martin, sólo la historia es mía (en su mayoría).
"Faded."
SANSA
Sansa Stark era una refinada señorita. No había en todo el norte una chica como ella. Literal. No la había. Punto.
Influencia de su madre, eso seguro, que Sansa parecía a veces una chica del Sur más que del Norte.
-¡Voy a arrancarte la cara!
A ella no le gustaban los chismes si no eran ciertos, y generalmente no era ella quien los difundía, sólo los escuchaba y opinaba cuando creía que podía aportar un comentario.
-¡Perra mal nacida!
Era una dama en toda la extensión de la palabra.
-¡Quítateme de encima, estúpida!
Excepto quizá, que en el fondo, muy, muy en el fondo, descansaba su naturaleza salvaje, herencia de su padre, y la marca clara de que era una fémina del Norte. De modo que, antes de preguntar ¿qué hace Sansa Stark metida hasta los dientes en una pelea con la princesa del pueblo libre? Bueno... se debe pensar en que la falta u ofensa por parte de la agredida físicamente, debió de ser muy, muy grave; lo suficiente como para hacer que la pelirroja se deshiciera la trenza a jalones y rodara en la tierra y la nieve mientras intentaba desfigurarle la cara a su oponente.
-¡Retráctate!
Val intentaba sacarse de encima a Sansa sin mucho éxito. La chica Stark estaba entrenada después de todo, al igual que el resto de sus hermanos, en defensa personal -aunque en este caso ella había iniciado el ataque-; sentada a horcajadas sobre la rubia, en su bajo vientre y con las uñas rosando las mejillas de su enemiga. Val apenas y le detenía las manos por las muñecas, retorciéndose debajo en un vano intento de zafarse de su agarre.
-¡Sansa suficiente!
Meera había llegado entonces, abriéndose paso hasta ésta.
-¡Muérdela Sansa!
Mientras que Jeane la animaba a seguir peleando.
La chica Reed abrió los ojos como platos, notando que dado el estado de la Stark la chica se estaba disponiendo a hacer justamente eso, morderla.
-¡Es suficiente, dije! -Meera logró por fin arrancar a Sansa de Val. -Jeane deja de ser idiota y ayúdame -gritó a la morena por encima de su hombro.
La aludida pareció despertar de un trance e hizo como le dio, aunque se notaba que no tenía deseos de que aquél encuentro se acabara. Tan pronto lograron sostener ambas a Sansa, un grupo de chicas -amigas de Val- se acercaron a levantar a la rubia y socorrerla. Tras levantarse y quitarse el pelo del rostro, Val obligó a las demás con una mirada a que la soltaran. Sansa reaccionó de igual forma, Jeane la soltó, pero Meera decidió seguir agarrándola del brazo sólo por si acaso.
-¡Retráctate! -volvió a gritar Sansa, que sentía la sangre hervirle en las venas. -¡Hazlo, maldita sea! -gritó con más fuerza al ver que Val apretaba los labios y la miraba con odio, sin intención de decir nada. -Sabes muy bien que si no me hubieran detenido, te habría arrancado una oreja -gruñó.
Y Sansa se regocijó al ver el miedo reflejarse en esos ojos azules.
-No dije nada que no fuera cierto. -Gruñó en respuesta, con voz contenida.
Si Meera no la estuviese deteniendo, Sansa ya estaría otra vez encima de la rubia. En vez de eso, decidió hinchar el pecho y erguirse en postura altiva. Después de todo, Sansa era una moneda de dos caras, y sabía que había casos -vaya si su madre se lo había enseñado- en que las palabras eran mucho más afiladas y propias que los golpes.
-Por supuesto -dijo con una sonrisa educada, aquello mandó escalofríos a la espalda de Val "Bien", pensó Sansa para sí misma, "Debe de temerme". -Si consideramos que tus conocimientos se limitan al estado del clima... -repuso, a sus espaldas las nobles niñas del Norte rieron con ella -entonces sí, estás en lo cierto. -Las norteñas estallaron en risas. Sansa barrió a Val con la mirada una última vez. -Vámonos.
El grupo de norteñas se alejó, cada quien a donde le correspondía, aunque en cierto modo, seguían el rumbo de la pelirroja. A espaldas de éstas, Val y las chicas del pueblo libre se agrupaban en apoyo a su líder rubia.
Meera apretó el paso para alcanzar a Sansa y a Jeane.
-¿Qué pasó?
Jeane, dejó escapar una risita.
-La estúpida se atrevió a hablar mal de Arya en frente de Sansa.
Meera enarcó las cejas.
-Ustedes también hablan mal de ella.
Sansa había tenido suficiente.
-Yo soy su hermana. -Declaró con fuerza, deteniéndose en sus pasos para mirar a Meera de frente. Jeane sonreía ampliamente detrás de su amiga. -Ella no es nadie. -continuó. -Es mi derecho absoluto hacerle la vida imposible a mi hermana, porque es mi hermana. Y es porque es mi hermana que es mi deber defenderla de chicas idiotas como ella, que se creen que están por encima de mi familia.
-Y asumo que tu familia está por encima de ellos ¿no? -refutó sarcástica.
-Por mucho. -Aunque Sansa no lo consideró así, se dedicó a continuar su caminata con las otras dos siguiéndola. -Ella se piensa una princesa, cuando es bien sabido que su pueblo no tiene reyes.
-Es patética. ¿Princesa salvaje? ¡Por favor! -Rió Jeane. -Ni siquiera pudo con un par de arañazos.
-Entiendo que hayas querido defender a Arya, pero dada la situación en la que se encuentra Winterfell no es el momento de enemistarnos con el pueblo libre.
-No sabes de lo que hablas.
-No, eres tú quien no sabe. -Presionó Meera, consiguiendo callar a la morena. Sansa se limitó a escucharla. -Puede que no sea una princesa como tal, pero es la hermana política de Mance Ryder y el hombre es prácticamente considerado un líder entre las tribus de salvajes. ¿Qué crees que haría si se entera de esta rabieta?
Sansa sacudió los hombros restándole importancia.
-Le daría una tunda a su hermana, eso seguro.
-¡Sansa! -Meera se escandalizó.
Y una vez más, Sansa se detuvo en su andar para volver a enfrentarla. Pero esta vez el porte y la fuerza en sus ojos azules eran enteramente diferentes, solemnes casi, y hasta fieros. La mirada de una reina, algo que Catelyn Stark le había dejado en su herencia.
-Meera, eres tú la que no entiende. -Le dijo, la chica le miró bajo una nueva perspectiva, se veía casi hasta asustada. -El Muro es de los Stark, yo soy una Stark y ella es una refugiada. Esta es mi casa y ella la ha insultado al hablar mal de mi hermana. Mance no es un lord, además, a él no le preocupan estas "rabietas" más de lo que las mismas le divierten. -Refutó sonriendo y Jeene rió por detrás de ella. -En serio, pensarás mejor tus argumentos la próxima vez que intentes detenerme. -Advirtió.
Ahora sí lucía asustada. Arrepentida sería una descripción más adecuada, pensó la pelirroja. Y aquello la hacía sentir satisfecha. El ser, aparentar, ser la misma mujer fuerte y temeraria que fue su madre... Ahora que la misma estaba muerta.
Sansa se irguió, girándose de vuelta para retomar su camino a la torre del rey.
-Vámonos Jeane. Necesito ver a mi hermana.
Su amiga la siguió, no sin antes lanzarle una mirada de burla a Meera.
...
Durante la mayor parte de su infancia, Sansa había sido bastante ingenua. Alimentada constantemente con las historias de la Septa y las de su madre, fantaseaba por interpretar su propia novela romántica. Creía, tontamente, que su viaje al Muro serviría quizá para eso -por muy improbable que fuera-, aunque la realidad había sido que ese pensamiento servía para confortarla de lo asustada que estaba.
Suponía que todos sus hermanos estaban asustados a su manera; ignorando hasta qué punto. Era demasiado egocéntrica. Y, desde su llegada a Castle Black, había intentado mantener el rigor y el porte altivo de una heredera -aunque no podía decir lo mismo de sus hermanos-. Pretendía que todos los reconocieran ahora como herederos a la corona, y asegurar así una cómoda estancia en lo que para ella era un lúgubre edificio.
Por supuesto que Arya, había roto con ese esquema.
Tan pronto habían llegado, se había envuelto en una discusión con Bran, que terminó en que se fuese corriendo hacia la zona boscosa del castillo; y Sansa tuvo que pedirle a Robb que fuese por ella. Debió darse cuenta desde entonces, se había dicho a sí misma. En aquél momento, su hermana no dejaba de hablar del muchacho misterioso que le había salvado la vida. Sansa creía que estaba exagerando, aunque internamente sentía algo de envidia. Así que le encantó enterarse, de boca de Jeanne y de otros niños nobles, de la mala reputación del muchacho.
Desde luego que no podía creer enteramente en ellos, una señorita no juzgaba tan a la ligera. Pero tampoco podía simplemente pasarlo por alto. Así que reprendió con ganas a Arya aquella primera noche. Pero Arya, siendo Arya, la había vuelto a desafiar. Iba a ir tras ella, pero Robb la detuvo. Y entonces el chico Snow rió y la sala se iluminó bajo la armonía de su risa. Su hermana rió con él y por un instante, Sansa se alegró sinceramente de que su hermana tuviese un amigo. Uno que no fuera parte de su familia. Y le había permitido desde entonces, la compañía de Jon Snow.
-Arya. -Sansa llamó a su hermana, tan pronto entró en la habitación de la misma; cerró la puerta tras de sí y avanzó hasta el fondo, en donde el baño que compartía con su hermana se encontraba.
Jeanne Poole se había ido bajo orden de Sansa, la pelirroja no quería tener que exponer aún más a su hermana. Ese día, a Arya le había llegado su primer sangrado mientras estaba jugando con Bran y Rickon en la zona boscosa del Muro. Había estado tan envuelta en el juego que no se había dado cuenta de la mancha que había en su vestido sino hasta que ya era tarde. Sus compañeras de Winterfell la habían sabido entender, incluso las que sentían lástima lo disimularon con preocupación. Pero las chicas del pueblo libre habían sido bruscas, si no es que groseras, y Arya había salido corriendo hacia sus aposentos en la torre del rey.
-Sólo no se detiene. -Contestó la voz de su hermana desde el interior del baño.
Sansa sintió pena por Arya.
-Es bastante normal. -Le aseguró.
Le hervía la sangre de recordar lo que Val había dicho una vez Arya había desaparecido del patio. La rubia se había burlado de su hermana con ganas. Y en cuestión de segundos, Sansa se le había lanzado a la yugular sin tiempo para meditarlo. Y lo volvería a hacer, sin duda.
-¿También el hecho de que duela mucho? Siento que me estoy muriendo. -Se quejó.
Sansa puso los ojos en blanco.
-No seas ridícula. Yo lo he aguantado ya por dos años, esperaba algo más de ti.
-¡Me llegó un año antes que a tí! -Gritó desde dentro.
-¿Y? -Sansa tuvo que hacer un gran esfuerzo en controlar la risa. -Eso sólo significa que dejarás de sangrar un año antes que yo.
Un breve silencio en el que Sansa casi abre la puerta con fuerza, preocupada de que las hormonas hubiesen logrado lo imposible en su hermana, reduciéndola a un montón de lágrimas.
-¿Eso pasa? -Pero la preocupación se evaporó tras escuchar la curiosidad en la voz de la menor.
Sansa sonrió con ternura.
-Es lo que dice madre. -Dijo antes de pensar.
Su corazón se escapó un latido cuando su hermana contestó.
-Desearía que ella estuviera aquí para ayudarme.
Y entonces agradeció las enormes puertas de caoba que las separaban a ambas en ese momento. Porque Sansa tenía los labios apretados y la visión se le había nublado bajo la influencia de las lágrimas.
Habían pasado nueve meses desde que la noticia de que su madre había muerto, llegara hasta sus oídos... Vyseris había sido muy listo, les habían dicho. El Targaryen había tenido a un doble espía bajo su control, que respondía bajo el nombre de Haldon. Los Stark, planeaban el movimiento que le devolvería el trono al príncipe Rhaegar, pero habían sido descubiertos antes de tiempo y su madre había sido asesinada en una emboscada. E incluso si Vyseris había negado su participación, el Norte se había sumado a la guerra. Habían mandado una flota entera, arribaron en Braavos y lograron someter a las regiones colindantes de Valyria; e incluso si aún no era suficiente, tenían un buen avance dadas las circunstancias.
Ésa era la razón por la que los menores de los Stark estaban "solos" en el Muro. Tanto Robb, como Theon y Jon -los tres herederos, como se les conocía ahora- continuamente viajaban de regreso a Winterfell. Y en ciertas ocasiones incluso, iban más allá del Muro, en compañía de Jarl a reuniones militares con los representantes del pueblo libre, principalmente Mance Rider. Debían seguir abasteciendo a sus tropas al otro lado del mar.
A veces Sansa sentía que esa guerra duraría toda la vida...
Cuando su madre había muerto, ella cerró una parte de sí misma. La niña ingenua incluida. Y ahora, parecía una versión más joven de su propia madre. 'Un mecanismo de defensa', le había dicho el psicólogo; la forma en la que podía salir adelante, la forma en la que ella creía podía llenar el vacío que dejó su madre. Sus hermanos, principalmente Rickon había llorado mucho. Pero Arya había estado desconsolada por meses, encerrada en la alcoba de Jon todas las noches. Incluso ella estaba llegando al límite, a pesar de toda la aceptación que el resto de su familia le daba al muchacho. Y sin embargo, Jon había conseguido lo que ninguno de sus hermanos, incluida ella, habían logrado. Arya había vuelto a sonreír.
Y por eso... sencillamente por eso... Sansa había terminado aceptando a Jon igual que el resto de su familia.
Ya no era ingenua... Pero se propuso ser como su madre. Y si su madre hubiese estado en el Muro, seguro que habría vislumbrado también la perfecta unión política que representaban Arya y Jon. Así que pelearía con uñas y dientes, por hacer dicha unión formal. Acabaría con cualquier posible prospecto de rival.
Arya y Jon, eran su nueva novela romántica. Y a Sansa no le gustaban los finales tristes.
-Madre ya no está. -Le dijo al fin. Consiguiendo que su voz sonara firme. -Pero estoy yo aquí. Y créeme, al menos en este aspecto, no te lo haré tan incómodo como nuestra madre lo hizo para mí.
-Difícilmente creo en eso. -Refutó Arya con sorna.
Las dos hermanas estallaron en risas.
...
La semana transcurrió sin mucho movimiento. Arya había permanecido encerrada en sus alcobas, los cinco días que le duró el periodo; e incluso el sexto se veía ansiosa e insegura de salir más allá de lo necesario -entiendase comer-. Meera había ayudado a Sansa, haciendo compañía a su hermana cuando ella no podía hacerlo. Sansa debía ser el orgullo de su madre y no podía abandonar las clases, ni mucho menos el entrenamiento. Además, era responsable de monitorear el avance de Bran y Rickon. Así que había estado bastante ocupada. Y sin embargo, compartía las noches con su hermana, conversando hasta tarde.
Todavía peleaban, pero no tan ardidamente como en los años anteriores a la guerra. Y Sansa sabía además, que Arya probablemente se sentía perdida ante este nuevo cambio de su cuerpo. Le había hecho las preguntas más hilarantes que había escuchado en su vida. Sansa entendía, que incluso si su hermana no se daba cuenta, estaba preocupada por la reacción de Jon; aunque en su opinión personal él no tenía derecho a decir nada. Desde luego que no se lo diría, al menos no de momento; lo que menos necesitaba era discutir por tonterías con la menor.
Robb, Theon y Jon no regresaron sino hasta después de una semana más, puesto que habían ido hasta Casterly Rock y el viaje de vuelta era mucho más largo. Aquello tenía relativamente triste a Arya, pues los chicos se perdieron de su cumpleaños número 12. Pero Sansa se había encargado de que su hermana disfrutara aquél día que era sólo suyo. E incluso, había convencido a la Septa de que consiguieran que uno de los fotógrafos que de tiempo en tiempo tomaba fotos de los hechos del Muro, estuviese disponible para guardar un recuerdo de aquél momento. El hombre se quedaría dos días más en el Muro, para que los Stark estuviesen completos para la foto familiar. Los historiadores nunca descansaban, se recordó, y debía de haber evidencia de que los herederos de Winterfell habían estado en el campo de refugiados al igual que el resto de los niños del Norte.
...
-¿Por qué haces esto?
Dos días después al cumpleaños de Arya, Sansa recibió un telegrama de Robb. "Regreso el jueves. Alianza con los Lanister exitosa." Aquello la había dejado tranquila, aunque fuese sólo un poco. Pero volvían dos días antes de lo previsto y Sansa no había tenido tiempo de zanjar el asunto con Val de una vez por todas. Así que había hablado con Jarl para tratar de entender la postura de la rubia, tras haber asimilado la noticia que Robb enviaba. Lo que el muchacho le había dicho, no le había gustado en lo absoluto. Incluso si se sentía identificada con aquella belleza -e incluso competían en apariencia- su lealtad era hacia su hermana. Y su madre, la perseguiría desde la tumba si no conseguía hacerse de aquella unión.
Así que había salido temprano al día siguiente, después de meditar lo que diría, en busca de la princesa de los salvajes -como ella le decía.
Val había accedido a hablar con ella, consciente de que había cruzado una línea que no tenía permitida traspasar. Pero aún más consciente de su desventaja en aquél lugar.
-Fue sólo un estúpido comentario. -Respondió sin emoción en la voz. -A veces se me olvida que la nobleza de Winterfell es demasiado sensible.
Aquello era una clara ofensa. Sutil. Pero clara. La intención era provocarla y casi lo consigue.
-Ya entiendo... -Pero Sansa había aprendido de su madre y se contuvo, vislumbrando al fin lo que probablemente estaba sintiendo Val en ese momento. -Te aterra que ahora que Arya es una doncella, Jon se te escape definitivamente de las manos, ¿no? -Inquirió con seriedad.
Val afiló la mirada, mas no le refutó. Eso era toda la evidencia que la Stark necesitaba.
-Después de todo qué perfecta alianza hubiera podido ser esa. -Se burló, disfrutando el giro de aquél encuentro. -Pero vas a tener que resignarte. Una vez más los Stark han estado por encima de tu gente.
-Cuesta creer que seas una Stark. -Escupió Val. -Tienes la sangre del sur.
-Quizá. -Aceptó Sansa, enseriando su rostro. -Pero también tengo sangre de lobo y no dudaré en sacar las garras si alguien, quien sea, se atreve a agredir a mi familia. -Amenazó.
Val le enseñó los dientes y las marcas de los arañazos en sus mejillas resaltaron con la luz del sol. Sansa se enorgulleció de este hecho, incluso si ella también tenía marcas, aunque en menor cantidad.
-Me ha quedado claro. -Contestó la rubia. -Pero te equivocas al suponer que tu hermana tiene siquiera posibilidad de ganarme terreno. Puede que le haya llegado la sangre pero sigue siendo una niña. -Se burló, sonriendo de medio lado.
Sansa se clavó las uñas en las palmas de las manos, dada la fuerza con las que las tenía apretadas en puños. Si cedía a los golpes, Val ganaría aquél encuentro y ya no podía permitírselo. Una dama. Debía ser una dama.
Una arpía como su tía, de ser necesario.
-No te equivoques. -Gruñó en respuesta. -Ante los ojos de Jon, Arya es por mucho, el ideal de mujer que desea tomar para sí mismo. Y no tiene intención de domarla. -Señaló, la sonrisa se desvaneció del rostro de Val. -Él se ha rendido a ella tantas veces... que es demasiado obvio que cuenta los días para que llegue a la edad en la que pueda reclamarla. Lo has visto tú misma. -Le dijo, jactándose de ver la reacción en los ojos de ella, la derrota que sentía. Sansa negó con la cabeza, casi como riera al hacerlo. -Estás enojada con él, no con ella. -Concluyó.
La pelirroja se dio la vuelta sabiéndose ganadora de aquél encuentro. Antes de marcharse, le miró por encima de su hombro y le habló una última vez.
-Seré una perra, pero tú eres más una princesa mimada del sur que yo. Y eso ya es decir mucho.
...
Debió de haberlo previsto, por tanto...
-Maldita sea...!
Una vez más, no había pensado las cosas correctamente; no debió de haber dicho ése último comentario (especialmente cuando la princesa rubia había demostrado ser tan voluble). Pero había estado tan preocupada preparando a Arya para Jon sin que la misma se diera cuenta, que no había previsto el que Val seguramente estaba planeando el modo de vengarse.
"Orgullosa hasta las entrañas, la maldita", se quejó para sus adentros.
Y es que, el día en que la comitiva de Robb había regresado al Muro, Val se las había ingeniado para tomar a Jon desprevenido y plantarle semejante beso de bienvenida.
Suerte que Arya no había estado presente, pero Sansa sí. Y Meera y Jeanne también. Y las tres estaban de acuerdo, en que aquella escena descarada estaba pensada para Sansa y no para Arya; una excelente manera de hacerla rabiar.
Por tres segundos. Tres eternos segundos, Sansa temió que Jon se rindiera ante los avances de Val -después de todo la chica era una belleza y tenía que admitir que de las doncellas del Muro tenía las mejores curvas, (y Jon estaba ya tan cerca de los dieciséis años...)-. Sin embargo, para su alivio, el muchacho se había despegado de ella tan pronto como sus sentidos se recuperaron de aquél estado de shock.
-¡¿Qué demonios estás haciendo?! -le había gritado ofendido.
Val levantó y bajó los hombros en un gesto que restaba importancia a aquello.
-Estaba haciendo las paces -fue todo lo que dijo antes de irse.
-¡No vuelvas a hacerlo! -le gritó el muchacho, limpiándose los labios (aunque discretamente).
Pero el daño estaba hecho, comprendió Sansa. Aquello era una declaración de guerra. Del odio al amor siempre podía haber sólo un maldito paso y si su hermana, ¡oh su ridículamente inocente y bruta hermana! no hacía algo al respecto, Jon caería primero bajo los instintos hormonales y el resto vendría después.
Y no iba a permitirlo, oh, no lo haría.
Salió como una tormenta.
-¿A dónde vas? -cuestionó Jeanne destrás de ella.
-A empatar el marcador -respondió sin voltear.
...
Fue así como, después de una ardida discusión, seguía encerrada en la habitación de su hermana tratando de convencer a la misma, de que debía tomar cartas en el asunto. Pero Arya no parecía estar dispuesta a cooperar; incluso la había tachado de ridícula.
-Necesitas ir y recuperarlo. -Presionó, soportando el peso en sus manos.
Arya estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la cama, con un libro en el regazo al que ya no prestaba atención. Su hermana estaba de pie al borde de la misma.
-Jon no es un objeto. -Le dijo, ya fastidiada de tener que discutir lo mismo. A ella no le interesaba tener novio, además. Jon era libre de besar a quien quisiera, igual que ella, se dijo.
Sansa se pasó ambas manos por el rostro.
-No digo que lo sea. Digo que te pertenece y están intentando arrebatártelo.
Arya frunció el gesto.
-Yo no soy su dueña.
Irritada, Sansa perdió los estribos.
-¿Qué pasa contigo?
La golpeó, dándole un sopapo en la cabeza.
-¡Au!, ¿por qué me pegas? ¿Qué está mal contigo? -Inquirió molesta, sobándose el área agredida.
La mayor inhaló y exhaló profundamente antes de hablar.
-Si por algo... los dioses no lo permitan... Jon se enamora de Val, ¿cómo crees que eso va a afectarte?
Arya la miró todavía sin entender, se dio cuenta Sansa. Su hermana todavía era tan jodidamente inocente.
-Él estará con ella, las 24 horas de los 7 días de la semana. No tendrá tiempo para verte, Arya. -Le dijo, elevando la voz una octava y consiguiendo con sus palabras el que la niña (ahora puberta) le mirara con toda su atención y un atisbo de temor en sus ojos. Así que Sansa presionó aún más. -No más cabalgatas, no más atrapar conejos, no más juegos en la nieve, ni visitas al árbol corazón, ni qué decir de dejarte entrar de nuevo en su alcoba. ¿Para qué iba a necesitarte teniéndola a ella? -Los ojos de Arya se abrieron como platos. "Bien, necesita enterarse de una vez por todas", se dijo la mayor. -Y si alguna vez tiene que elegir entre tú o Val... va a elegirla a ella. ¿Quieres eso?
-¡No! -gritó al instante, completamente alarmada.
-Ella se volverá su familia y tú sólo serás la mejor amiga. ¿Eso es lo que quieres?
-¡No! -volvió a gritar, esta vez con más fuerza y algo parecido al enojo.
Sansa sonrió de medio lado.
-¿Entonces qué vas a hacer?
Arya no lo pensó dos veces antes de responder completamente decidida.
-Voy a marcar mi territorio.
-¡Exacto! -aplaudió su hermana.
-Y voy a hacerlo ahora mismo -declaró, poniéndose de pie y avanzando hacia la salida.
Sansa brincó de gusto.
-Sí, ¿qué? ¡no!, ¡espera! -Se retractó. Otra vez no pensó bien las cosas, su hermana era una impulsiva de primera. Echó a correr detrás de ella. -¡Necesita ser perfecto, primero!-pero Arya ya había bajado las escaleras. La pelirroja soltó un grito de indignación -¡Aaarrrgghh! Antes de salir de la torre del rey también, en dirección a la sala de prácticas, donde sabía que estarían los chicos y a donde Arya se dirigía.
-¡Jon!
-¿Arya?
No se equivocó, a través de la puerta abierta, vio avanzar a su hermana hasta el moreno; que había dejado las pesas que traía en las manos tan pronto la había visto.
-¿Qué está pasando? -cuestionó Robb, a pasos de distancia de su amigo, Theon a un lado de éste.
-¡La besaste! -gritó Arya ofendida, empujando a Jon golpeándolo con ambas manos en el pecho.
-Se enteró... -silbó Theon divertido.
Robb rodó los ojos, Jon se veía perplejo y Arya volvía a golpearlo.
-¡Ese beso era mío! -bufó molesta.
-¿Qué? -aquello destanteó al moreno.
-¿Qué? -y también al castaño.
-Ssshh, no interrumpas. -Lo cayó el rubio.
-¡Theon! -le reprendió Robb, pero su hermana lo cayó tan pronto se internó en la sala.
-Ssshh, él tiene razón.
-¿Sansa?
Arya seguía mirando a Jon esperando obviamente una respuesta. El chico apenas y se repuso, comenzó a defenderse.
-No es lo que crees.
-No importa lo que creas que creo. -Le refutó, presionando el dedo índice en el pecho del muchacho en modo acusatorio. -La besaste y ese beso era mío.
-Arya, yo... -balbuceó.
-Oh no te atrevas a intentar calmarme. -Pero ella le interrumpió en el acto. -Sé cómo son las cosas. Y no voy a dejar que una cualquiera venga a intentar robarme lo que con tanto esfuerzo trabajé.
Sansa se sintió orgullosa, Theon reía por lo bajo...
-¿Hablas de mí? -Jon estaba perplejo.
-¿Él? -Robb estaba confundido.
-¡Sssshh! -lo callaron tanto Sansa como Theon.
Se abrió una de las puertas laterales, y Meera, Jarl y Jeanne entraron por ésta.
-¿qué pasa? -cuestionó Meera mirando la escena que los otros tres veían con atención.
-Arya se enteró del beso de Val -susurró Theon.
Aquello llamó la atención de Jarl.
-¿Val besó a quién?
-A Jon -dijo Sansa.
Jarl le miró incrédulo.
-¿Qué?
-¡Ssssshhh! -lo callaron los demás, Robb incluido.
Arya rodó los ojos, claro que escuchaba lo que los demás decían y eso la distraía; pero debía mantenerse centrada, o al menos eso trataba de decirle su hermana con la mirada.
-Por supuesto que hablo de ti, ¿de quién más si no? ¿Jarl?
Todos voltearon a ver a Jarl.
Bajo la presión el chico sonrió con algo de pena y elevando los hombros dijo:
-No me importaría.
Todos iban a decir algo, pero Sansa los calló de nuevo.
-¡Sssshh!
Rickon y Bran salieron de su escondite bajo las gradas, evidentemente habían estado durmiendo debajo de éstas y todo aquél jaleo los había despertado.
-¿Lo golpeó ya? -cuestionó Bran.
-No todavía -respondió Meera, sonriendo de medio lado -pero parece que está por hacer más.
-Oh, va a hacer mucho más. -Declaró Sansa.
Jeanne se exaltó a su lado.
-¿va a besarlo?
Jon saltó al oír esto y miró directamente a Arya.
-¿Vas a besarme? -cuestionó nervioso.
Aquello molestó a la morena.
-¿Por qué? ¿Te molestaría? -preguntó cruzándose de brazos en modo defensivo.
Jon se atragantó con las palabras.
-Ah... no... no, pero..
Y eso sirvió para que Arya se irritara. Los demás negaron con la cabeza.
-sólo eso me faltaba, que tuvieras un problema en que yo reclamara lo que por derecho me pertenece.
Robb enarcó una ceja.
-No creo que sepa lo que está diciendo -dijo.
Sansa negó con la cabeza, evidentemente contrariada.
-Por eso le dije que esperara, ahora está haciendo una perorata de lo que yo le dije antes -se quejó.
Theon le miró con sorpresa.
-¿Entonces es tu culpa?
-Yo no besé a Jon! -Se defendió.
Jon suspiró tras oír aquello. "Vaya amigos los que se había conseguido".
-No tiene sentido lo que dices.
Arya saltó irritada.
-¿Crees que no lo sé?
-¿Uh? -Esto último lo dijeron todos.
-Arya -le llamo Sansa, haciendo gestos con las manos y gesticulando un "Perfecto." Aquello pareció encender un foco en la mente de la menor, pues se recompuso casi al instante.
-Lo que importa Jon, es que el nuestro tiene que ser perfecto.
-Finalmente me escucha. -Suspiró la pelirroja.
Los demás miraban atentos, los chicos con la boca abierta, salvo Jon por supuesto, el pobre todavía estaba demasiado descolocado como para perder la tensión en su cuerpo.
-Vas a llevarme esta noche a una cita. -Declaró al fin.
-¿Qué?! -exclamó Robb indignado, pero Sansa lo detuvo de hacer nada más.
-¿Qué es una cita? -cuestionó Rickon a Bran, su hermano sacudió los hombros como diciendo que no sabía, incluso si sí sabía. No quería perder la atención de aquella escena.
-¿A dónde? -Gruñó Jon, consiguiendo al fin mover su cuerpo -¡No podemos salir del castillo!
-¡No me importa! -Refutó Arya con la misma exasperación que él. -Tú eres el hombre, tú debes de resolverlo.
-¡Tú dile, Arya! -animó Meera.
-Está en problemas. -Corearon Theon y Jarl.
Y entonces Arya dio un paso al frente.
-Y para que no te queden dudas de que hablo en serio... -Advirtió.
El ambiente se tornó tenso.
-Está cerrando las manos en puño. -Señaló Bran.
-Oh va a hacerlo -advirtió Jeanne.
-¿Va a pegarle? -preguntó Rickon.
Jon sudó frío.
-¿Vas a pegarme? -cuestionó.
Arya tragó saliva con dificulta.
-Bastante duro. -Repuso.
Todos inspiraron, conteniendo el aliento.
-Dioses... -sollozó el moreno. Y luego suspiró resignado cerrando los ojos -ok...
-No va a hacerlo, ¿o sí? -cuestionó Robb.
-¿Tú qué crees? -Repuso Jarl, ninguno sin despegar la mirada.
-Yo lo haría. -Dijo Meera.
Pero Arya hizo algo más, para orgullo de Sansa.
-¡Ooohh! -Exclamaron todos.
Arya había tomado las solapas de la camisa de Jon y lo había jalado hacia ella, plantando firmemente sus labios en los de él en un casto beso. Los ojos de Jon se abrieron como platos, mas no rompió el contacto.
-No le pegó. -Señaló Rickon decepcionado.
-Sssshhh -el resto le cayó.
Arya rompió el contacto.
-Esta noche. -Le dijo, mirándolo a los ojos.
-Esta noche. -Asintió él todavía en desorientado.
-Bien. -Asintió ella, con las mejillas sonrosadas.
-Bien.
-No repitas lo que digo. -Le gruñó. Se dio la vuelta y comenzó a andar -Estúpido. -Gruñendo lo último en cuanto salió al pasillo.
La sala se quedó en silencio, hasta que Robb fue el primero en salir de aquella burbuja, parpadeando con fastidio cuestionó.
-¿Qué acaba de pasar?
...
De eso hacía cerca de tres horas. Era la hora de la cena y tanto Arya como Jon no estaban en el comedor. La primera estaba dándose un baño y comiendo su cena en la tina (o al menos ahí la había dejado Sansa) y el segundo se estaba escondiendo detrás de los establos.
Tras pensarlo detenidamente, y de no conseguir recuperar el apetito; Sansa se había levantado de la mesa dispuesta a encontrar al chico. Val no parecía tener una movida dispuesta para el resto del día, ademas.
Lo encontró donde había supuesto que lo hallaría. Debajo del enorme pino que estaba detrás del establo, casi pegado al Muro de hielo. Jon la notó tan pronto salió.
-¿Qué pasa ahora? -cuestionó con fastidio.
Sansa lo analizó detenidamente. Su madre le había enseñado a identificar las emociones más comunes en los chicos. A simple vista, podía parecer que el no tenía interés en aquella cita, pero mirando de cerca, Sansa podía ver lo que realmente estaba sintiendo el muchacho. Estaba nervioso, sino es que aterrado, de la situación en la que se encontraba.
-No puedes negar lo que sientes -Dijo al fin.
Jon la miró confuso.
-¿De qué hablas?
-Estás enamorado de ella. -Soltó sin más.
-No. No lo estoy. -Declaró al instante. -¡Es sólo una niña!
-¿y? -le cortó ella, él se calló de golpe, mirándola perplejo desde su lugar en la nieve. -Ya es una "doncella" y es, tu pareja perfecta. -Señaló, sonriendo al ver que él se sonrojaba. -No tienes modo de negarlo ¿verdad?
Jon sacudió la cabeza.
-Acaba de cumplir doce y yo cumpliré dieciséis en menos de dos meses.
-Cuatro años no es una gran diferencia. Mis padres se llevaban seis.
Otra vez lo había dejado sin habla. La joven se dio cuenta entonces, de lo que sus palabras estaban dando a entender y se apresuró a corregirse.
-No trato de emparejarte con ella, sólo...Estamos en guerra. -Suspiró, el peso de aquella declaración la hacía sentirse cansada. -Y eso nos hará crecer más rápido. Y las cosas que creemos seguras y distantes... Todo es más rápido Jon. Deberías estar al tanto.
-Lo estoy. -Respondió él al instante, casi ofendido.
-Bien. -Asintió ella con fuerza y luego avanzó hasta quedar frente a él. -Porque ella es una princesa ...pero ella no se sentará en el trono de Winterfell -Declaró, su mirada clavada en la de él -Lo que significa que se casará con algún lord del Norte si no es que la mandan a ser reina de alguna otra nación de Westeros; si consideramos que el Norte es el reino más grande y que la sangre Stark es muy codiciada. -Señaló. Jon apretó las manos, mas no despegó la mirada de la de ella. -Incluso, dadas las circunstancias... Tanto ella como yo podríamos ser ofrecidas en matrimonio como signo de alianza con alguno de los países enemigos del otro lado del Narrow Sea. Podría ser mañana mismo.
-Ya entendí lo que tratas de decir. -Le cortó con fuerza.
Sansa le miró incrédula.
-¿Lo haces?
-¡Sí! -Gruñó.
-Porque no me lo parece. -Soltó, Jon apretó los dientes. -Si lo hicieras de verdad, ya la habrías pedido para ti.
Él agachó la vista avergonzado, incapaz de ocultar su culpa en aquello.
-Eres tan ingenuo, Jon Targaryen... -dijo con sarcasmo y él la miró sorprendido de que ella también estuviese al tanto de quién realmente era. -Podrías perderla para siempre. Y alguien que no necesariamente tenga que ser de su edad, podía tomarla desde ahora. Estamos en guerra, después de todo. Hay un montón de casas que cesarían sus armadas por una alianza como ésta. Que harían lo que fuera, cualquier cosa, por tenerla. Sin importar si todavía es una niña o no.
Se dio la vuelta y comenzó a andar de vuelta a la torre del rey, dispuesta a asistir a su hermana. A penas había avanzado unos cuantos pasos cuando Jon se levantó de golpe.
-Sí la deseo. -Declaró elevando la voz una octava. Sansa se detuvo al instante. -La quiero para mí.
Todavía de espaldas a él, la joven se permitió sonreír en victoria.
-Entonces deberás tenerla... a su debido tiempo. -Le dijo.
Y se marchó sin volver a mediar palabra.
...
Eso fue entonces, ahora, estaba terminando de arreglar el cabello de su hermana, sentadas en la coqueta.
-Esto tiene que ser perfecto. -Le recordó.
Arya rodó los ojos, todavía abochornada por lo ocurrido.
-Debiste decírmelo antes. -Gruñó.
Sansa le restó importancia.
-Igual funcionó, pero ahora viene el beso de verdad.
-¿por qué te importa tanto?
Sansa suspiró, por un instante su semblante se tornó serio.
-...Porque mamá estaría encantada. -Dijo.
Las miradas de ambas se encontraron en el reflejo del espejo.
-Gracias Sansa.
-No lo menciones.
Arya se veía hermosa, su hermana la había arreglado de tal forma que aparentaba ser un poco más grande. Le había hecho un moño en el cabello y le había elegido un vestido gris, que si bien no era elegante, era ajustado y le remarcaba las tenues curvas.
Se oyó un golpe en la puerta. Y Sansa saltó emocionada.
-Está aquí, ve. -Dijo y luego se dirigió hacia la pared en frente de la cama.
-¿A dónde...? -Arya se quedó corta, al ver cómo su hermana presionaba la piedra tras levantar un tapiz, revelando un pasadizo secreto.
-Sssshh, me voy, descuida. Luego me cuentas. -Le dijo, saliendo por el escondrijo.
Arya seguía mirando aquél punto, completamente perpleja.
La puerta sonó de nuevo.
-Arya, ¿estás ahí?
La aludida parpadeó, despertando de aquél shock. Sin saber que su hermana se había arrepentido de irse, y se estapa escondiendo tras el tapiz, con la puerta del pasadizo abierta...
-¡En un minuto! -dijo.
Se levantó y se alisó la falda del vestido, el abrigo azul que llevaba encima era bastante calientito y le llegaba hasta las caderas, era ajustado igual que el vestido. Abrió la puerta; y se maravilló al ver cómo Jon se quedaba sin habla al verla.
-Wow... -exclamó al fin.
Arya le miró sintiéndose incómoda.
-Entonces... ¿vas a pasar o te vas a quedar ahí parado como un tonto?
"¡Arya!", gruñó mentalmente Sansa desde su escondite.
Jon pareció despertar al fin.
-Cierto, perdón.
"Bueno, al menos él es menos avispado que ella." Se dijo la pelirroja.
Jon entró y Arya cerró la puerta. Jon llevaba puesta una chaqueta de cuero negra y pantalones de lana, nada elegante pero le hacía ver como todo un galán de novelas. Sansa sintió un poquito de celos.
La pareja se sentó entonces sobre la cama, a centímetros de distancia del otro y se quedaron en silencio un instante.
-Esto es incómodo. -Dijo Arya al fin.
-Lo es. -Asintió él.
"Vamos Arya", quiso animarla. Aquello podía arruinarse con tanta facilidad, se lamentó.
La morena bajó la mirada a sus manos sobre su regazo y con voz casi audible, cuestionó...
-¿Por qué la besaste?
-No lo hice. -Negó él al instante. -Me separé tan pronto se me puso encima, lo juro.
-Te creo, es sólo... -Su voz se perdió, se le notaba que odiaba sentirse como una dama -No eres tan lento para reaccionar en otras cosas. Uno pensaría que la habrías esquivado.
Jon dejó salir una risilla.
-Me tomó por sorpresa... Tú me besaste también. Y a ti no te aventé. -Le recordó con picardía.
Arya rió por lo bajo.
-Sí, pero ése no contó.
-¿Ah no?
Ella negó con la cabeza, demasiado apenada y nerviosa como para poder decirle estúpido como siempre solía hacerlo. De pronto quedaba claro que la joven apenas estaba siendo consciente de sus sentimientos hacia el muchacho.
El ambiente cambió. Las sonrisas se difuminaron y una neblina se posó en los ojos de ambos.
-Entonces asumo que debo iniciarlo yo... -dijo él.
El peso en la cama cambió, cuando Jon se inclinó hacia el rostro de ella. Las bocas estaban tan cerca.
-Estoy nerviosa... -susurró Arya, mirando los labios del chico.
-Yo también...
Y al siguiente instante, Sansa tuvo que taparse la boca con ambas manos. Jon había atraído el rostro de Arya por la nuca, hasta pegar sus labios a los de ella y la incitó a moverlos con él, intercambiando alientos.
Tres cortos besos, seguidos uno tras otro y formando uno solo.
El chico se separó lo justo para mirarla, soltándola lentamente al hacerlo. Arya sonrió divertida.
-No fue tan malo. -Le dijo.
Jon puso los ojos en blanco.
-Fue mejor que el tuyo.
-No lo fue.
-Pruébalo.
Un instante de silencio en el que Arya se remojó los labios, tentando sin saber a su compañero.
-Mi turno, entonces -Dijo, Jon sonrió divertido. -No te rías. -Le regañó ella, sin estar verdaderamente molesta. -Cierra los ojos -le susurró y él hizo como le dijo.
Arya se acercó nerviosa, acarició el rostro de Jon con las yemas de sus dedos hasta detenerse en los labios que él separó al instante en que sintió la caricia. Lentamente se fue acercando al rostro del chico; abrió la boca, acercándola a la suya y él imitó el gesto incluso si no la veía. La jovencita le tomó el rostro con ambas manos y, con las bocas abiertas, selló aquél contacto.
El cambio fue instantáneo. E incluso la misma Sansa pudo sentir aquél delicioso escalofrío.
Las manos de Jon se cerraron alrededor de la cintura de Arya y la jalaron hacia su pecho. A ella se le cortó el aliento, casi como un gemido, y sus brazos acabaron rodeando el cuello del muchacho. Y de pronto se estaban acercando el uno al otro más y más, resbalando las manos por la espalda del otro. Sansa vio cómo el cuerpo de su hermana se amoldaba al de Jon, como dos piezas de rompecabezas que embonaban perfectamente.
De pronto hacía calor en aquella sala.
"Ok. Esto es demasiado." Gruñó Sansa para sus adentros, no quería que su madre la persiguiera desde la tumba, así que golpeó el suelo con el tacón de sus botas.
El efecto fue inmediato, la pareja rompió el contacto.
-¿qué fue eso? -inquirió Jon, con relativa alarma.
Aunque no tanta como la que se veía en el rostro de Arya que sin duda ya había deducido el que Sansa seguía en la habitación y los había visto.
-Probablemente el viento -le dijo.
Jon miró hacia el otro lado de la habitación.
-La ventana está cerrada.
-Entonces un fantasma.
-¿Qué?
-Ven. -Le jaló de las manos, directo a la salida. -Empecemos esta estúpida cita.
-Pensé que ya había iniciado.
-Eso sólo fue práctica.
La puerta se cerró tras ellos, pero Sansa no salió sino hasta que los pasos de ambos se alejaron bastante en el pasillo.
-Madre -suspiró, ahora te entiendo. -Dijo.
A/N: Les recuerdo que estoy torciendo la personalidad de los personajes a mi conveniencia. Espero que los fans de Val no se tomen a pecho el que la hiciese quedar tan irritante.
