DISCLAIMER: ASOIAF pertenece a George R. R. Martin, sólo la historia es mía (en su mayoría).
Hay muchos huecos en toda la explicación territorial, lo sé. Me cuesta tener que revisar mapas, así que lo resumiré de ésta manera: en mi historia Volantis, Penthos, Lys, Amyr son colonias de Valyria (del mismo modo en que Canadá y Australia son de Reino Unido). Mientras que Astapor, Meeren y Yunkai aquí todavía no son parte de Valyria.
"Faded."
CATELYN
El aire se había vuelto pesado. Catelyn Stark había sentido el cambio instantes antes de que éste tomara forma. Pulsaba a través de sus venas la certeza de que había sido conducida a una trampa. Y aún así había seguido avanzando aquel camino, consciente de que era necesario, por mucho que lo lamentara, un sacrificio. Había visto tanto en el último mes que llevaba en aquel continente... Tantos horrores de la mano de un solo hombre.
-Vaya, vaya.
No se sorprendió cuando Petyr apareció frente a ellos, con una vasta escolta a sus espaldas. Una escolta de inmaculados. En su expresión no hubo emoción alguna que delatara su creciente terror.
-Está muy lejos de su hogar mi dama -se burló el hombre.
La escolta que la acompañaba a ella se preparó para la pelea, pero ella los detuvo con un solo gesto de su mano. Ya se habían preparado para aquello, además. Sin mencionar que sería una pelea en vano.
Catelyn miró a los ojos de quien años atrás fuese su mejor amigo.
-Debí suponer que serías tú -le dijo con desprecio y una pesada decepción en su voz.
Petyr sólo sonrió.
Era triste pensar, recordar en los últimos momentos lo que la había llevado ahí.
Todavía recordaba aquella tarde, cuando habían recibido el telegrama y después escuchado en la radio el informe de Viserys sobre su reciente dominio sobre Valyria. Sobre la inclinación de dicho hombre a unirse a la guerra de la mano de Meeren y Astapor. Sobre cómo había vendido a su hermana Daenerys para conseguir una alianza Dhotraki y así invadir por fin Yunkai.
-Rhaegar necesita nuestra ayuda. Tenemos que ir.
-Es demasiado peligroso.
El consejo había estalló en discusiones de tonos elevados, conjeturas, suposiciones y en lo inminente de la guerra que estallaría sin duda también en westeros de no hacer algo al respecto. En Westeros el esclavismo estaba prohibido y si Winterfell mantenía su alianza con Valyria bajo dichas condiciones, sin importar la grandeza del reino éste mismo se vería amenazado de que el resto del continente le cerrara las puertas. Y aún con todo no podían perder Valyria.
-Lo es. Pero no podemos permitir que este conflicto se extienda. -Refutó el rey.
-Déjame ir en tu lugar. -Dijo Catelyn de pronto y la sala se quedó en silencio.
Ned la miró como si se hubiese vuelto loca.
-Es un suicidio lo que me pides.
-Tengo más aliados que tú, del otro lado del Narrow Sea. Puedo descubrir lo que sea que estén planeando, sin necesidad de tener que ponerme en mucho riesgo. -Refutó. -Además la presencia de una reina dará más peso en favor de Rhaegar y no creo que Viserys sea tan estupido como para poner en la cuerda floja su alianza con Winterfell.
Por un segundo su esposo pareció considerar la idea, hasta que su corazón ganó contra dicha estrategia.
-¡Estás loca?!
La sala estalló en discusiones tras decir eso, nuevamente.
...
Y sin embargo al final había conseguido su cometido. Durante el mes que había pasado escondida en Braavos, había trazado la ruta a seguir si es que acaso no quedase otra opción más que la guerra. Había hecho alianzas y descubierto planes de desarrollo de armamento secreto que los lores en favor de Viserys habían estado desarrollando en secreto. Mientras mandaba telegramas a Winterfell con todo lo que descubría.
Incluso había logrado reunirse con Rhaegar. Pero ella misma sabia que no podría mantenerse oculta por mucho más tiempo. Había planeado el presentarse al fin ante la corte de Valyria y mientras la opinión pública se había creado el cuento de que habían estado perdidos en alta mar; estaba consciente de que sus enemigos no serían tan ingenuos.
Tal como lo había temido, había sido traicionada al final.
-Fue una trampa desde el inicio. -Dijo, sentada en la recámara en la que la mantenían prisionera en aquella mansión.
Yoren estaba de pie frente a ella.
-Lo fue... Lo lamento mucho mi reina.
Catelyn sonrió, con los ojos cerrados intentando contener las lágrimas.
-No hace falta que te disculpes... -Le dijo. Luego se irguió mirandole a los ojos con detetrminación. -No todavía al menos...
Yoren enarcó una ceja, evidentemente confundido.
-¿Su excelencia?
Y se sorprendió más cuando Catelyn se levantó de su asiento y rebuscó detrás del enorme ropero, presionando la piedra ésta cedió. Tras ésta se asomaba un viejo pasaje de piedra que descendía al parecer en espiral. La mujer rebuscó en el cofre que estaba a la entrada de dicho pasaje hasta dar con una linterna. La prendió comprobando que servía.
-Debes escapar y decirle a Ned todo lo que descubrimos aquí. Eso le dará la ventaja. -Le ordenó con apremiación en la voz.
Yoren parpadeó tres veces antes de salir de su estupor, lejanamente recordó que Catelyn Stark conocía aquella mansión desde su infancia. Los Tully habían mantenido estrechos lazos con las colonias de Valyria e incluso en algún momento se consideró la unión con el hijo del noble que era dueño de aquellas tierras en Lys. Y sin embargo, no entendía cómo sus enemigos podían pasarlo por alto.
-Es usted quien debería escapar.
Catelyn negó con la cabeza, mientras una sonrisa triste se posaba en sus labios.
-Tan pronto desaparezca, la nación entera se me echará encima y no podemos confiar en nadie. -Le recordó. -Sería desperdiciar una oportunidad. Pues dudo que Syrio se anime a ponerse en riesgo de nuevo. Además...
Su voz se perdió y Catelyn supo que Yoren la había descubierto. Había entendido en ese momento que ella siempre estuvo consciente de que aquella emboscada sucedería y de que la había usado en su favor. Ella había planeado su propia muerte con una única esperanza.
-Winterfell se sumará a la guerra. -Concluyó el hombre.
-Dile a Ned que lo siento.
Si había la más mínima esperanza de que Petyr le perdonará la vida, ésta se había perdido en el momento en el que ella había ayudado a escapar a uno de los hombre de más confianza de su esposo. Pero así debía ser, estaba convencida. Conocía a su marido y sabia que Ned estaba intentando evitar involucrarse en aquella Segunda Gran Guerra; y Cat sabia que de no actuar pronto correrían el riesgo de ser invadidos. Debían ya elegir un bando.
Se rió al recordar lo diferentes que habían sido sus planes dos semanas atrás, cuando se había reunido con Rhaegar en Volantis.
...
Se habían encontrado el día en que Maekar había sido asesinado en frente de la corte. Rhaegar había estado concentrando la resistencia de las pequeñas ciudades que eran colonias de Valyria. Había sido difícil, pero al final Cat había logrado recorrer toda esa distancia sin ser detectada.
-No puedo creer que lo haya matado...
El rey Valyrio estaba destrozado. Le habían usurpado el trono, dividido su mansión y ahora le habían asesinado al hombre que había sido lo más acercado a un padre que hubiese conocido.
-Es un monstruo. -Asintió Cat con desprecio.
La desesperanza brilló en los ojos violetas del hombre.
-Mi hijo...!
Cat levantó las manos, parándose frente a él, clavando la mirada a la suya en un intento por tranquilizarlo.
-No cruzarán el Narrow Sea. -Le dijo, lo cual era cierto. Todavía debían ganar más territorio para poder salir de Essos. Incluso la fuerza aérea estaba débil con el país dividido. -Seguimos siendo la nación más grande, lo principal ahora es frenar el avance de los amos.
Rhaegar asintió.
-Lamento que tengas que estar aquí. -Se disculpó, Catelyn le dedicó una sonrisa comprensiva. -Ha sido un infierno para mí el no poder estar con mi hijo. No imagino lo duro que debe ser para una madre.
Ella suspiró.
-Sólo desearía saber que ellos estarán a salvo.
Los ojos del rey Valyrio brillaron entonces. Había magia en ellos, se dijo Cat. Descendientes de dragones, se recordó; preguntándose cuánto de las viejas leyendas sería verdad. Ella no pertenecía al Norte cuando la prometieron a Ned, y no creía en la fe de los antiguos dioses; sin embargo, tras años viviendo allí, había corroborado ella misma que las leyendas eran más verdad que fantasía. Y había aprendido a respetar las distintas fes del mundo.
-Sé que eres de la fe de los siete. -Dijo de pronto el hombre, sacándola de su estupor y sorprendiéndola con la dirección de sus pensamientos alineados al parecer con los de él. La mirada violácea se afiló. -Pero si decidieras abrir tu mente, conozco a alguien que puede darte las respuesta a tus preguntas.
Cat levantó las cejas un poco estupefacta, había oído los rumores después de todo, sobre la curiosidad del melancólico Rhaegar...
-Vas a llevarme con una sacerdotisa roja. -Concluyó, no era una pregunta.
Rhaegar dejó salir una sonora carcajada.
-Una de las razones por las que la mayoría de los conservadores de mi pueblo renegó de mí. -Admitió, de manera agridulce. -Pero no soy el único que ha recurrido a esto. Hay cosas que ni siquiera la fe puede explicar. Y cualquier cosa es válida para consolar a un padre... O a una madre.
Catelyn lo pensó en silencio y Rhaegar le dio el tiempo que ella necesitó para decidirse. Estaba demasiado lejos de su familia. Incluso si había ido a verlos antes de ir a Essos, sentía que no había sido suficiente. Para una madre jamás lo sería, se dijo. Y sentía que pronto, le llegaría el final a su empresa. Se había dado cuenta de que no volvería a casa.
-Iré. -Contestó, con las manos apretando la falda del traje gris que llevaba puesto.
Rhaegar sonrió con su clásica melancolía. Él también añoraba a su hijo.
...
Quizá fuera por eso que Catelyn Stark había podido resistir tanto. Todavía llevaba tatuadas en el corazón las palabras de la casa de su familia: "Familia, Deber, Honor"; sin embargo, llevaba lo suficiente siendo la esposa de Edard Stark, viviendo en el Norte y dando a luz a cinco herederos de sangre norteña. Era un lobo ahora y como tal no sentiría miedo.
Así lo había decidido tras haber visto las visiones que la sacerdotisa roja le había obsequiado. Desde entonces, ella había planeado su propia muerte, paso por paso. Yoren había logrado escapar; Petyr se había confiado y ahora era demasiado tarde para encontrarlo. Incluso si tardaba meses en llegar a Winterfell, Catelyn se había asegurado de que llegara; preparando toda la ruta de escape. El resto de sus hombres habían muerto.
-Siempre supe que serías un traidor.
-Fuiste tú quien me convirtió en uno.
Catelyn sonrió al escuchar aquella respuesta, su mirada se afiló y el desprecio brillaba en sus orbes azules con demasiada intensida. No sería una presa se dijo. Aquella mañana, Petyr había intentado quebrarla psicológicamente, pero Cat había sabido resistir. Y aún en ese momento, sentada en el suelo y con lágrimas en los ojos, su porte era fiero y su resistencia más que clara.
Por un instante el rostro de Petyr se dejó dominar por algo parecido a la angustia.
-Si tan solo me hubieses elegido Cat...
-Uno no manda en el corazón. -Refutó con fuerza, una forma elegante de decirle que ella nunca lo amó.
El rostro del hombre volvió a endurecerse.
-Pero podemos elegir no escucharlo.
Cat rió por lo bajo.
-Tú jamás me amaste; sólo querías tener más. Yo era sólo un trofeo para ti.
Las palabras salieron como gruñido cuando finalmente él la abofeteó.
-Pudiste haber sido mi reina.
Catelyn apenas y dejó salir un leve quejido, se giró para mirarlo y en sus ojos sólo había odio.
-Eres un demente. -Le dijo. -Hiciste todo esto tan sólo por un título. Uno que perderás sin duda. Ned no se quedara de manos cruzadas.
Petyr sonrió con burla.
-Dudo que lo haga. No tiene pruebas y Eddard Stark, un hombre de honor, no se sumaría a una guerra tan sólo por sospechas.
Oh Catelyn sabía eso. Ésa era su ventaja. Por eso había decidido ser ella quien se pusiera en la línea de tiro. Todos asumían sobre su esposo pero ella la única que sabía, que había aprendido las formas de provocarlo.
-Quizá. Pero le he dado pruebas. -Le dijo.
La sonrisa se borró del rostro del hombre.
-Vas a morir aquí.
-Y moriré con honor. -Sostuvo ella, orgullosa. -Algo que jamás tendrás en tus manos.
Aquello había escalado de lo que él había pretendido hacer en un principio, descubrió Cat. Se había arriesgado con él, lo sabía; y sólo había confiado en que siguiese siendo como había sido durante su infancia y adolescencia, confiaba en que reaccionaría como lo había estado haciendo. Y todavía rezaba para que no la dejara con vida, necesitaba que su muerte se diese allí, en ese momento. Pero su fe no le permitiría usar la pastilla de cianuro que tenía escondida bajo su blusa...
Debía hacerlo él.
-Una vez Viserys se haya hecho de las naciones libres, Winterfell será la siguiente. Si son listos se unirán. -Dijo él entonces, buscando la manera de que ella se doblase, se retractara de aquella valentía e insensatez que a su parecer estaba mostrando. Pero Cat no le daría ese gusto. -Ahora que Rhaegar se ha quedado sin hombres y sin aliados ya no tiene modo de reclamar el trono.
Él se resistía a lastimarla, incluso delante de sus hombres. Debía tentarlo. Debía obligarlo. Incluso si ponía en riesgo ese maravilloso futuro que la sacerdotisa le había mostrado. Debía hacerlo.
-Tal vez él no. Pero sí su hijo, Jon Targaryen. -Soltó, irguiendo la espalda lo más que pudo, elevando el semblante orgullosa.
-¿Su hijo? Al que mandó lejos en un intento de mantenerlo a salvo? -Se burló él con diversión. -Debe estar en una casa menor, igual que Daenerys. No tiene aliados, no tiene ejércitos y es sólo un niño. Honestamente es más una paria que un príncipe. Quien quiera que tenga a su hijo no se arriesgará a un suicidio.
Catelyn maldijo el tener que decir aún más. Pero se forzó a hacerlo, sabiendo que de otro modo no conseguiría su objetivo.
-No sabes nada. -Se burló. Petyr dejó de reír entonces, mirándola con molestia. -Quizá no debería decirlo, pero no se puede cambiar lo que ya se ha hecho.
-¿De qué hablas? ¿Finalmente el miedo a la muerte te ha dominado? -cuestionó, elevando la voz una octava.
Él sabía que no podía permitirle tanta altanería delante de sus hombres, pero una parte de él todavía estaba incómoda con seguir el curso que llevaba aquella conversación. Para su desgracia, Cat le dedicó una sonrisa afilada, una sonrisa de ganadora. Se levantó tambaleante del suelo y se mantuvo firme tan pronto consiguió ponerse en pie.
-Mi hija, ya ha sido prometida al príncipe Jon. -La mujer se alegró de ver el horror en los ojos de su enemigo. -Di mi consentimiento antes de partir a este lugar. -Mintió. -Y los dos están en el Norte... Él tiene aliados. Él tiene más de un ejército. Y una vez se levante, ¿a quién crees que seguirán? -Petyr apretó las manos en puños, las cejas casi se tocan en su gesto fruncido. Pero Cat fue capaz de ver el miedo a la derrota debajo de toda aquella molestia. -Viserys es un dictador y pasara poco antes de que su misma gente se canse de él. -Le advirtió. -Estás jugando a un juego que vas a perder. Ned te ha ganado... Otra vez.
Para su deleite, Petyr perdió los estribos. Catelyn dio el último paso que le aseguraría el que su plan se cumpliera de lleno, se rió y se rió, con burla, enteramente divertida. Tanto, que el hombre en un ataque de nervios y humillación contenida, tomó el arma de uno de sus hombres y le disparó al rostro a la mujer que se había dicho amar en otro tiempo...
Pero Catelyn Stark no había cambiado su semblante al ver el arma. Durante esos cinco segundos que él apuntó y apretó el gatillo, la sonrisa de ella se ensanchó y lo mismo lo hizo la satisfacción en sus ojos.
Sólo hasta que la hubo matado, Petyr se dio cuenta del terrible error que había cometido. La había subestimado y había hecho lo que ella había querido.
Winterfell iría a la guerra.
...
Cuando Rhaegar la había llevado a ver a la sacerdotisa roja que provenía de Meeren, había tenido sus dudas. Y al mismo tiempo deseaba que aquella mujer le diera el consuelo de volver a ver a sus hijos.
La mujer era hermosa, reconoció Cat. Su voz era dulce pero imponente. La había recostado en un largo y mullido catre y le había masajeado las sienes y la nuca con un aceite que olía a flores. Y había velas encendidas por toda la sala.
En su sueño había visto de lejos a sus hijos, tal y como los había dejado en su última visita al Muro. Aquel día no había visto a Jon. Sus hijos comían juntos en el comedor y reían. Todos estaban a salvo.
Cuando Cat despertó tenía lágrimas en los ojos y había rogado por la certeza de que aquello sería cierto. En su sueño, sabia que ella ya no viviría para volver a verlos.
-El futuro no está tallado en piedra -le había dicho -sin embargo nuestro dios marca ciertos destinos que una vez forjados ni siquiera el mismo puede cambiarlos.
...
Ella murió casi al instante. Sin dolor alguno. Su mente le regaló aquél último recuerdo que la mujer de rojo le había brindado.
...
Catelyn se hallaba de pie en medio de la nieve, siendo parte del paisaje mismo, nadie podía verla. Pero ella vio a un hombre con facciones tan parecidas a las de su propio esposo. Los ojos grises tenían un halo ligeramente púrpura. El hijo de Rhaegar. ¿Por qué lo estaba viendo?
-¡Jon!
El muchacho que estaba de pie frente al árbol corazón volteó a sus espaldas.
-Arya -la reconoció sonriendo.
Cat notó que era la sonrisa de un hombre enamorado y el corazón se le saltó un latido. Su hija Arya corrió hacia él con el mismo amor en su mirar. La mujer dejó salir un suspiro. ...si ellos estaban juntos, había esperanza para ambas naciones.
Jon tomó a Arya de la mano y ambos se adentraron en el bosque, era de noche y pequeños pares de ojos brillaban entre los arbustos.
-Te dije que querían que nos casáramos antes -dijo Jon, haciendo alusión a los niños del bosque.
Arya rodó los ojos y Cat sintió una dicha indescriptible.
Si aquello era cierto, significaba que Valyria tendrá oportunidad de recuperarse, su hija sería reina y Winterfell dejaría de estar bajo amenaza. Era una ironía, que su hija menor, que siempre renegaba de ser una dama; vistiese tan hermosa aquella noche. Su cuerpo ya se estaba moldeando y las facciones de su rostro se habían afilado.
-No soy yo quien ha detenido todo esto y lo sabes -refutó. Sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas. -Padre espera que la ceremonia sea en Winterfell, y Sansa lo apoya.
Las voces se fueron perdiendo conforme avanzaban, tomados de la mano. Ambos vestidos para una boda.
Catelyn sonrió entre lágrimas. Incluso si lo peor pasaba, todavía quedaba esperanza...
A/N: Todos y cada uno de los avances tecnológicos que se dieron durante la segunda guerra mundial de nuestra época, también se dan aquí en este mundo ficticio ok? =P Además de algunos que me he inventado.
