Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-Valerie; Fuerza y Vitalidad-


-Rumania-

Una muñeca, fría y hermosa. Piel blanca, labios y ojos rojos, cabello rubio platino.

A menudo su padre solía decir que era la viva imagen de su madre. No la recordaba. La mujer humana no sobrevivió al proceso de engendrar a un ser inmortal, a una raza superior. El proceso de gestación fue largo y doloroso. Minó sus energías. Su salud no se sobrepuso. Falleció algún tiempo después. Los médicos dicen que llegó a tenerla entre sus brazos... Que estaba tan contenta de tenerla...

¿Estaría contenta ahora? ¿Viendo en que se había convertido?

Su madre humana… El defecto en su genética. Su parte débil. Una debilidad que Vlad Tepes VI había buscado eliminar y corregir a golpes. Una infalible máquina de matar…

Se odiaba. Se odiaba como nadie podía odiar a nadie.

Mirándose en el espejo, delgada, cubierta de telas de seda y cuero marrón. Cada centímetro de piel cubierto. Porque tenía que estar tapada. Nadie podía tocarla. Estaba maldita. Era una maldita entre los malditos. Si los vampiros eran una especie condenada ella no estaba aún más. Condenada a no ser tocada. Condenada a producir dolor... Quien la tocaba sufría intensos dolores. Y si bien ello sería algo agradable para su amargada existencia el contacto despertaba una pesadilla en ella.

Los muertos despertaban, la acosaban, hablaban con ella, la chillaban... Una pesadilla despierta. Un proceso tan abominable que se curaba de tocar a cualquier ser vivo... Abominable. Algo idóneo para ella. Para una asesina. Desde que murió su padre, su padre, por llamarlo de alguna manera, la había instruido en el sendero de la sangre. Los vampiros vivían de la sangre, crecían con la sangre, morían por la sangre… Y ella había sido instruida en derramar la sangre… Valerie se puso sus guantes de cuero, anudándose el pelo en una coleta, colocándose su sombrero, abandonó su habitación. Dejando el edificio.

A pesar de ser la hija de Vlad VI, Valerie vivía apartada, en una pequeña villa no muy lejos del Castillo Tepes. Espacio personal que se había ganado por méritos propios. Un simple formalismo que no le ofrecía más que una fútil sensación de libertad, su padre lo seguía controlando todo.

Visualizando el castillo Vladi en la montaña, se encaminó al castillo de su familia, fijándose en decenas de hombres vestidos de negro, repartiendo pequeños frascos de líquido rojo.

Miembros de la Iglesia de la Sangre, la Iglesia Roja.

Una entidad religiosa que había ganado miles de adeptos en los últimos años. Una secta, una organización financiada por su padre en secreto. Dos años atrás, su padre obtuvo algo llamado "sangre vieja", restos supuestamente reales, de la sangre de Alucard, el primer vampiro, desaparecido desde hacía miles de años. Creó una división científica y colocó a Marius al frente. El objetivo era sencillo; replicar la sangre de Alucard.

Marius fracasó. La sangre vieja no era capaz de convertir a nadie en vampiro, en su lugar, los miles de litros destilados de sangre ofrecían otras cosas; una salud envidiable, energías renovadas, mayor fuerza, incremento notorio de facultades… Sin aparente truco.

La sangre, rechazada inicialmente, vio incrementada su popularidad con una velocidad alarmante. Más que creyentes tenía fanáticos, más que usuarios tenía adictos.

Las artes de sangre, el bien más preciado de los vampiros, eran poderosas pero requerían enormes cantidades de estas. A menudo ofrecidas por el usuario se habían considerado artes prohibidas, no se podían permitir debilitar o exponer a sus miembros con artes tan arriesgadas… La sociedad vampírica estaba… No, la sociedad vampírica había cambiado.

Y para mal.

Recorriendo los pasillos del castillo grisáceo. Alcanzando a el despacho de su padre, del Rey Tepes. Dudó antes de entrar, decidiendo llamar a la puerta. Nadie respondió, como siempre… Abriendo la puerta, caminando hasta alcanzar el despacho de madera negra. Su padre no se dignó a girarse. Apenas reconocía su mísera existencia... La existencia de su hija.

No pasaría mucho tiempo antes de que la puerta se volviese a abrir, esta vez dando paso a dos hombres. Uno lo conocía bien, rubio de piel blanca y ojos rojos como todos sus congéneres, Marius Tepes, su hermanastro. El auténtico hijo de Vlad Tepes. A diferencia de ella, él carecía del poder de su raza, su fuerte era el intelecto.

Marius era uno de los más brillantes científicos de la sociedad vampírica. Una eminencia en el mundo humano. Los hombres sin embargo, no estaban al corriente de su locura, su conocida crueldad y sus métodos poco ortodoxos para conseguir resultados.

Marius estaba loco de atar. Pero Vlad valoraba sus talentos, más teniendo en cuenta que estaba rodeado de enemigos. Su padre solía decir que gobernar era como escalada libre, necesitaba sujeciones, pensaba usaba todas las cuerdas disponibles y creía que podía controlarlo, tanto a él como a todos los demás vampiros bajo su mando. En realidad no contralaba nada.

El otro hombre era un vampiro. De rostro amable y sonrisa afable. El hombre percibió su presencia, mirándola unos segundos, sonriéndole. Algún ayudante de Marius.

No obtuvo respuesta.

Marius cargó con un estuche hasta la mesa, abriéndolo, girándolo hacia el Rey.

-Hemos concluido las pruebas, majestad… Ya están listas para ser usadas-

Vlad VI los miró, frio y calculador, no dijo nada.

-Esta es, realmente, sangre antigua…- sentenció Marius serio, temeroso. Retrocediendo unos pasos.

-Buen Rey, como ya os dije en el pasado, esta sangre fue un obsequio del mismísimo Alucard a nuestra familia por unos servicios prestado hace miles de años… Para nosotros no es de utilidad pero os garantizo que supera el valor de la cepa original-

Vlad se recostó en su asiento.

-La sangre vieja ha despejado caminos bloqueados por cientos de años… La sangre vieja nos ha permitido recuperar nuestras artes ancestrales…-

-Deja de hablar, Marius. Tienes lo que te pedí o no- lo interrumpió Vlad, serio.

-Te he traído una de las copias, las Hojas de Sangre- abriendo el estuche, dejándole ver una espada, negra, larga y gruesa, con mango y guarda.

Vlad la tomó entre sus manos, alzándola con cuidado.

-La hoja está cubierta por inscripciones, magia que se activa al recibir la sangre del portador. Tras activarse salen unas agujas del mando, hundiéndose en las palmas, alimentando la espada…-

-¿Cómo se activa?- preguntó el Rey.

-Hundiéndose en el vientre del portador… La acumulación de sangre debería de ser suficiente-

-¿Tú te has escuchado?- preguntó Valerie incrédula –Eso es ridículo-

-Tú sí que eres ridícula… Esto es el futuro!- señalando la hoja –Este arma permite incrementar múltiples veces el potencial ofensivo de cualquiera de nuestros soldados! Espadas, lanzas incluso armas de fuego…-

-¿Y cómo van a reponerse de una herida fatal, iluminado?-

Marius dejó un frasco de sangre en la mesa.

-Tomarse esa sangre es insultante! Es una ofensa a nuestras tradiciones!-

-¿A dónde nos han traído esas tradiciones? Lo sabes! Lo sabes mejor que nadie! Tenemos el enemigo a las puertas! Esto nos puede ayudar a ganar la guerra!-

-Sangre impura y armas con trampas… Deshonroso y ofensivo… ¿Lo apruebas, padre?-

-Rey Vlad- corrigió el hombre, mirando el arma serio –No te olvides de quien soy yo-

-¿Mi padre?-

-Tu Rey-

Manteniendo la mirada gélidamente, Valerie se apartó, desplazándose hasta un rincón.

-Adelante, hermana, llévatela- dijo Marius mirando a su hermana pequeña. A su pequeña hermana pequeña.

Delgada, pero letal. Los vampiros entendían el valor de la sangre y sus artes de defensa personal pasaban por cortar, lacerar… Desangrar a sus víctimas. Y de eso, Valerie Tepes, sabía cómo nadie.

Haciendo uso de su espada personal, había derramado cientos de litros de sangre al suelo en apenas unos años…

-Deja ese producto defectuoso en el museo, toma un arma de verdad. Si te sientes más cómoda le pondré un nombre. Se lo grabaré en la hoja… ¿Te sirve?-

La vampiresa entrecerró los ojos, furiosa.

-Valerie; Fuerza y Vitalidad… Una espada con dos hojas, tres nombres… ¿Fuerza era la hoja menor? ¿Era la mayor? Que confuso…-

La rubia no dijo nada, manteniéndose cruzada de brazos, contra la pared.

-El arma de tu respetable madre… Una cazavampiros convertida, tomada y… preñada-

Valerie se separó de la pared.

-Dime… ¿Te puso el nombre de su arma o el arma tiene tu nombre?- gesticulando con su mano, divertido –Eso lo podría entender, ambas no sois más que armas. Hazle caso a tu hermano mayor, deja ese pedazo de hierro inútil en el armario y usa…-

-Eso me lo dices en la calle- siseó la vampiresa a apenas unos centímetros del científico –Ahí afuera, ahora-

-Valerie. Basta- ordenó Vlad, serio.

-Escúchame bien, hermanito… Tenlo muy presente…- siseó la rubia pasando un dedo por el pecho del rubio –Esta reliquia cortará este precioso cuello…Te lo aseguro- pasando un dedo por el cuello de Marius.

Nervioso, apartó su mano con fuerza, separándose unos pasos.

Valerie rió levemente, divertida.

-Un batallón de valquirias a cruzado nuestras fronteras…- murmuró el hombre acariciándose barbilla, mirando el paisaje que le ofrecía su ventana.

¿Valquirias? ¿Doncellas de Asgard en sus tierras?

Valerie sabía que nada significaban para él esas valquirias. No eran ni una amenaza ni recursos… Eran moscas, insectos que revoloteaban a su alrededor. Insectos que no merecían ni manchar sus botas. Y no necesitaba saber lo que quería de ella. Solo quería una cosa… Tenía que matar a esas valquirias… Nunca había matado a una semidiosa… ¿Su sangre sería diferente?

-Buscan a los perros de Lucien. Han atacado unas ciudades en la frontera, buscan refugio en las montañas…-

La joven lo entendió. Limpieza. No habría supervivientes. Vlad dejaría que esas valquirias y los licántropos se encontrasen. Ella se encargaría de matar a los supervivientes.

-Ya sabes que hacer- dijo el vampiro como quien habla con una piedra. Sin interés. Sin entusiasmo. Sin vida.

No se dignó a mirarla en ningún momento. No había tal necesidad. Las armas no necesitaban de sentimentalismos de esa índole.

-Si la información es cierta…- dijo Marius, mirando al rey vampiro sin miedo alguno.

¿Qué hijo teme a su padre?

-Si ese demonio nos ha facilitado información fidedigna… Hablaremos. Valerie limpiará las montañas de miserables… Si es cierta- volviéndose hacia su hijo -¿Tanto te extraña que tengamos lobos viviendo en nuestros terrenos? Nuestros recursos escasean cada vez más… No tenemos humanos ni poder económico para gobernar nuestro propio territorio…-

-Tendríamos que implementar medidas más agresivas, ahora que tenemos sangre y armas que…

Vlad giró su silla, silenciando a su hijo con ese sencillo movimiento. Marius Tepes era del tipo de hijo que le tenía miedo a su padre…

-¿No ha habido mejoras con la cepa?- preguntó Vlad mirando a su hijo, serio, frio, calculador.

El vampiro empezó a jugar con sus manos, aflojándose la corbata nervioso.

-La cepa es… Es una cantidad demasiado reducida para ser determinante y no recomiendo…-

-No me estas respondiendo-

-Los resultados dicen que el índice de contagio es mucho más elevado…-

-¿Esta nueva cepa me daría soldados con inmediatez?-

Marius Tepes tragó nervioso.

-¿Cuánto podrías tardar en replicarla?-

-¡!-

-Este encuentro no es casual… Supongo que todos los pueblos tienen sus disputas, sus guerras internas…- murmuró el hombre volviendo a su posición original –Sus asuntos no nos incumben…-

-¿Entonces rechazarás el mutageno? ¿Los terrenos?-

-En absoluto. Lo tomaré todo-

-¡!-

-Ese demonio ha pedido un asesino que busque una persona… El otro una esposa de alta cuna para su hijo… Tengo a la persona adecuada-

Marius Tepes abrió los ojos incrédulo.

-P-pero… Y si…-

-No me acuses de no respetar los acuerdos, Marius. Mi parte se hará en cualquiera de las dos circunstancias… Si se da algún fallo en sus respectivas peticiones o sus consecuencias no es responsabilidad mía… Haber pedido mejor-

-Pero exponerla a… ¿Y si no…-

-¿Si la atrapan? ¿Si fracasa y muere?-

-Es un activo valioso, mi señor…-

-Es un arma… Un arma defectuosa… Pero pronto tendré más… Es una perdida necesaria… Si se da-

Ajeno al conocimiento de los vampiros, la joven Tepes se separó de las puertas, alejándose a paso rápido.

-DxD-

No estaba dolida por las palabras de su padre, por los comentarios de su hermanastro. Llevaba toda su vida sin recibir el menor atisbo de afecto, de calor... Los vampiros eran seres crueles, fríos e insensibles.

¿Querían hacer de ella una esposa? Eso era nuevo. ¿En qué cabeza cabía pensar que ella podía ser eso? Ella era una arma, una asesina… Un monstruo. Y para colmo… Demonios... Ser la esposa de un demonio.

Las valquirias no eran los únicos invitados a sus tierras. Un equipo de demonios se había personado en la ciudad. Demonios de una de las grandes casas de demonios. Demonios de alta cuna, como ellos... Quizás por eso les había recibido su padre. Lamentablemente estos demonios no entendían con quienes estaban tratando.

La matriarca, entendía, era una mujer hermosa de rostro joven y mirada cálida. Cubierta con ropas elegantes, sus siervos la miraban con respeto y devoción. La amaban.

Eso era algo jamás había visto, era algo impropio de esas tierras. Nadie amaba a su padre, todos le temían, respetaba su autoridad, la autoridad y el poder que les protegía de los hombres lobo, de los vampiros de Carmilla... El poder del miedo.

¿Acaso los demonios no eran los monstruos que se decía que eran?

Tanto tiempo se quedó mirando a la demonio que esta captó su atención. Fuertemente abrigada, Venelana se acercó a ella, inspeccionándola con la mirada.

Mirando con desaprobación la espada en su cintura. Su ropa. Su aspecto.

La demonio miró a su alrededor, el rostro sereno.

-¿Tiene algún problema conmigo?- preguntó Valerie seria.

La mujer negó con la cabeza.

-Nunca he aprobado la existencia de niños soldado… Y mucho que me duele que mi hijo lleve una espada, como tú, siendo tan joven… Pero creo entender tus circunstancias… Pero me gustaría ver esa carita tan mona luciendo una bella sonrisa…- mirando a varias jóvenes pasar a lo lejos.

Jóvenes coquetas, vestidas a la moda, demasiado a la moda para el frio que hacia…

-Yo no soy esas-

-¿Y prefieres eso?- mirando sus ropas de cuero, de lucha… Su espada doble.

-Ellas son la presa. Yo soy cazadora-

-¿Y ambas son incompatibles?-

-En su tierra puede que sí, aquí no-

Venelana la miró dubitativa, sonriendo amargamente.

Asintiendo con la cabeza, Valerie se giró, encaminándose a la salida. Mirando el castillo Vladi en la distancia una última vez…

De reojo vió como la demonio no dejaba de mirarla, con esa sonrisa triste. Esos ojos melancólicos.

Molesta volvió la vista al frente. Irritada. No con la mujer, estaba hecha a cosas peores. Era solo que esa mujer había despertado un sentimiento que hacía mucho tiempo que había enterrado en lo más profundo de su ser.

Añoranza… El recuerdo de su madre. De su afecto… De su amor.

Esa era la mirada de una amorosa madre, algo que ella llevaba años sin tener.

-Maldita sea-

-DxD-

Sentada en un risco, la vampiresa lo veía todo. Sus ojos rojos veían como los licántropos rompían las formaciones de las valquirias. Ataques relámpagos, fuertes, contundentes y desesperados. Como animales cargaban contra las enviadas de Odín, sin temerle a la muerte, sin temerle al dolor… Algo que las mujeres del Norte no podían combatir. No sabían combatir.

No entendían.

Abalizándose sobre ella, ignorando a los muertos y heridos, los hombres de Lucien derrotaron en cuestión de segundos al batallón de poderosas mujeres.

Derrotadas, no asesinadas, mutiladas, pero no muertas.

Los licántropos las estaban buscando. Ellas eran el objetivo.

Amordazándolas, atándolas, devorando a aquellas heridas de gravedad, las bestias empezaron a llevarse a las furiosas y derrotadas semidiosas.

Conociendo a los licántropos… buscarían procrear con esas doncellas. ¿Semidioses con el gen mutante de los licántropos?

Malas noticias para su pueblo, una velocidad más del imparable tren de la destrucción del pueblo vampiro… O no, quizás eso serviría para bajarle los humos a los intocables dioses del norte. Quizás le declararían la guerra, un aliado no aliado imprevisto y poderoso…

Algo llamó su atención.

En un rincón del bosque había valquirias que habían sobrevivido…

-DxD-

-Vamos! Vamos!- chilló Rossweisse tirando de la mano de Eir, corriendo por el bosque blanco, puro.

-Ross… Rossweisse… P-para!- jadeó la otra valquiria, llevándose la mano a su vientre.

Su mano estaba teñida de rojo.

-¡Tenemos que huir! Tenemos que vivir!-

-Yo no pue…!-

Tropezándose, cayó el suelo con torpeza, de bruces.

La albina se detuvo, agachándose para volver a tirar de su amiga, de su única amiga.

-¡Tienes que irte! Vete! Vete!- chilló la niña llorosa, incapaz de poder levantarse, mirándose su vientre sangrante.

-¡No te voy a dejar! No te voy a dejar aquí!-

Esgrimiendo una triste sonrisa, Eir se quitó sus guantes, dejándolos en manos de la albina.

-¿Q-que haces? Deja de hacer el tonto Eir, tenemos que…-

-Vete, vete y vive… Vete!-

-No te voy a…-

PLAF

Horrorizada, Rossweisse alzó su mirada, viendo a dos licántropos descender de los árboles, aterrizando frente a ellas. Avanzando lentamente.

Eir se levantó lentamente, mirándolos desafiante.

-¡Vete, yo los distraeré!-

-¡Estas herida! No puedes…-

-¡Vete!- chilló la valquiria empezando a escribir unas runas en el aire.

Llorosa, la albina se giró, empezando a correr ladera abajo. Sintiendo sus lágrimas bañarse en lágrimas chilló, asustada, dolida.

BOOOOOOM.

Volviendo la vista atrás vio una nube de humor donde antes estaba la chica… Corriendo de nuevo se tropezó con una rama, rodando por el suelo.

Tirada en el suelo, sin dejar de llorar, miró los guantes en sus manos.

Sintiendo la ira crecer en ella se quitó los suyos, la uniformidad reglamentaria, para ponérselos, levantándose lentamente.

Uno de los licanos aterrizó frente a ella, sin herida alguna, cargando con algo en su boca.

El rostro de Rossweisse se volvió blanco, pálido al extremo.

Un brazo delgado, arrancado, sangrante… Uno de los brazos de…

Concentrando poder mágico, convocó una de las armas de Eir, una larga y pesada espada.

Chillando furiosa cargó al frente.

El hombre lobo rugió con fuerza, golpeándola con una de sus garras, derribándola sin dificultad.

Rossweisse rodó con fuerza por la nieve, su armadura rasgada, su hombro sangrando. Sin fuerzas, sin esperanza, se incorporó. Mirando al licántropo a los ojos.

-Adelante… Mátame… MATAME!- chilló la niña desesperada.

-Hay penas peores que la muerte, niña-

ZAS

Parpadeando sorprendida, Rossweisse vio al hombre lobo caer al suelo partido por la mitad.

-Lo que van a hacer contigo es capturarte. No pueden convertiros, así que os mutilarán. Retiraran brazos y piernas. Os colgaran en una pared y os usaran para procrear fetos infectados con su virus… Seréis las madres de una nueva especie de licántropos… No, la muerte no es una opción para vosotras. Vuestro dios parece que os tiene reservado algo mucho peor…-

Temblorosa, la asgardiana se quedó quieta, en silencio.

Volviendo su vista atrás, Valerie blandió su espada… Atravesando el vientre de la albina, levantándola sin dificultad caminó hasta la ladera, visualizando el caudaloso rio que fluía a sus pies.

-Este es el final más dulce que puedes recibir… Doncella- sentenció Valerie retirando su espada, dejando que la doncella guerrera cayese varios metros en el aire, hundiéndose en el rio, desapareciendo en la distancia…

-DxD-

Protegido con su pesado abrigo blanco, Zeoticus observó los terrenos con detenimiento.

Blanco. Un blanco puro hasta donde alcanzaba la vista. Una ciudad, fría, silenciosa y sin mucho movimiento, protegida por colosales montañas. Algo impensable para cualquier extranjero. Una ciudad hermosa, pura… Carente de vida. El frio, extremo, no colaboraba en la socialización de los ya de por si antipáticos… Vampiros.

Una puerta se abrió tras él. Un hombre, rubio, de cabello peinado firmemente hacia atrás, barba a juego, ojos fríos y calculadores. Traje negro, victoriano. Un aura imponente.

Vlad VI, el actual Rey de los Vampiros.

-Debe de ser extraño para alguien que suele vivir en tierras más cálidas… Ruego que perdone mi ignorancia, Lord Zeoticus, pero desconozco si en el Inframundo hay terrenos tan gélidos como este…- caminando hasta un mueblebar -¿Le puedo ofrecer algo de beber? Esto le hará entrar en calor. Se lo aseguro-

-Se lo agradezco, Lord Tepes- sonrió el demonio agradeciendo con una leve sonrisa –En absoluto. No tenemos nada así, tampoco tiene que disculparse. En su lugar le diré que sus dominios, gran Rey, son absolutamente hermosos-

-Muchas gracias por sus palabras, Lord Zeoticus- ofreciéndole una copa con un líquido marronoso, antes de sentarse en uno de los sofás –Si le apetece, podemos entrar en materia-

-Por supuesto. Un hombre de su categoría tiene que tener responsabilidades que atender…- sentándose frente al vampiro, cruzándose de piernas –Si ha accedido a reunirse conmigo entiendo que mi propuesta ha sido valorada-

-Así es-

-Permítame, pues, ponerle en contexto. Mi hijo menor pronto alcanzará la edad madura en mi cultura. El patriarca de una familia noble del más alto renombre entenderá cual es mi responsabilidad respecto a mi primogénito… Quiero proveerle de los mejores especímenes femeninos que pueda hallar. Su hija, Lord Tepes, es una joven que solo se puede describir como una exquisitez. Y quiero comprar esa belleza, esa elegancia, ese poder y ese porte para que mi hijo pueda darme una descendencia excepcional-

-Le agradezco su valoración y sus palabras, Lord Zeoticus. No estoy en desacuerdo a alcanzar un acuerdo que beneficie a ambas partes. Usted quiere una vampiresa de sangre noble, lo entiendo. En mi corte tenemos muchos ejemplares que seguramente puedan satisfacer sus exigencias. Pero alejar a una hembra de estas tierras comporta un precio muy alto. No sois los únicos que tenéis problemas con la tasa de natalidad-

-Mis nietos no formarán parte de ningún trato salvo el de la absoluta neutralidad para con el pueblo de su madre- aseguró Zeoticus serio.

La mirada del vampiro se heló aún más.

-En la pasada reunión pedisteis oro, armas y personal armado…-

-Así es-

-13 812 kilómetros cuadrados…- murmuró el hombre dejando un mapa político de Europa en la mesa entre ellos –Tres cientos kilómetros de costa que dan al mar Adriático. Setecientos mil potenciales vampiros, sirvientes a efectos inmediatos. Ejército, armada, fuerza aérea… Acceso al mar Mediterráneo, pensad en el bien que os podría hacer…-

El vampiro abrió los ojos sorprendido. Mirando a donde estaba señalando el Gremory.

-¿Montenegro?-

-Así es-

-¿Es vuestra en posesión?-

-Esta descuidada y algo abandonada, pero es nuestra para dar-

-¡!-

-Es el pago, Lord Tepes, que os ofrezco a cambio de vuestra hija, Valerie Tepes. Entiendo que este es el pago por la vida de una mujer de la categoría de su hija-

La mirada del vampiro se tornó nublosa. Su voluntad flaqueaba.

-Los Gremory no pelearán por vosotros. Pero pensad… Mi hijo dejaría que el pueblo de su esposa y de sus hijos fuese exterminado por vuestros enemigos en caso de decantarse la guerra, el destino no lo quiera, a su favor?-

GLUP

-No nos interesan más terrenos, Lord Zeoticus- respondió el vampiro serio, bebiendo de su copa –Miles de bocas más que alimentar, más problemas…-

El demonio se recostó contra el respaldo del sofá.

-¿Qué queréis entonces?-

-Aceptaremos el pago… Si nos ayudáis-

-¿Ayudar en qué?-

-El virus original que ascendía a los humanos en vampiros se perdió. El virus se ha diluido y mata mucho más de lo que convierte-

El demonio alzó las cejas.

-Rumania posee más de veinte millones de habitantes… Si pudiésemos sumar esos soldados a nuestras filas, los lobos del norte no serían un problema...-

El demonio se acarició la perilla.

Una cosa era entregar a los humanos de la parcela de terreno que había heredado de sus padres. Un país que no significaba nada para él. Un pedazo de terreno humano que no había pisado nunca y que no le decía nada. Una cosa era renunciar a ellos, dejarlos a su suerte, otra era participar directamente en su conversión.

No quería mancharse las manos.

Toc toc.

-Adelante- ordenó Vlad sonriendo orgulloso.

Zeoticus se mostró impasivo. Quizás el vampiro había intuido que habría dudas y optaba por mover ficha.

Abriéndose lentamente, la puerta de madera dio paso a una joven belleza. Más grande que su hijo menor, que Rias incluso. Una autentica belleza rubia, de excelente medidas, bien cuidada, alimentada y visiblemente educada. De porte recto y destilando dignidad. Una mujer digna de su hijo.

Le complacería, por imagen, por lo pronto.

-Ella es mi hija, Valerie. Valerie, estamos discutiendo los términos de tu venta. Él es Zeoticus Gremory. Si las negociaciones fructifican te marcharás con ellos en breve-

La belleza no mostró signo alguno de verse afectada por las palabras del monarca. El demonio, no obstante, si se sorprendió.

Se había acordado la venta de una noble, no de la hija del Rey. ¿El Rey Tepes estaba dispuesto a vender a su hija? ¿Cuándo había cambiado de parecer?

-Déjeme decirle, Lord Tepes, que su hija luce exquisita- dijo el pelirrojo levantándose -Mi hijo estará gratamente sorprendido por ello...-

El ojo izquierdo de Valerie tembló unos instantes.

-Pero no es solo un cuerpo bonito lo que quiere mi hijo...- acercándose a la vampiresa.

-No soy solo un cuerpo bonito, milord, he recibido la mejor de las educaciones de mi tierra- dijo Valerie inclinándose levemente.

-No lo dudo pero... Sus palabras no te han molestado, turbado lo más mínimo. Es evidente que vuestra relación no es buena pero no te revelas... A mi hijo no le gustan las muñecas... Dime, hermosa Tepes. ¿Qué opinas de este acuerdo?-

La vampiresa no respondió. Solo la miró fijamente.

-Te doy mi palabra que sea cual sea tu respuesta, no habrá consecuencia alguna, solo busco verdad y me tengo por alguien que sabe y aprecia recompensar la autenticidad-

-¿Su hijo no quiere muñecas?-

-Así es-

-¿Y qué le hace pensar que puede manejar mujeres?- espetó la joven enfadándose -¿Que qué opino? ¿Cómo se cree que me siento al ser vendida como un objeto? ¿Cómo cree que...-

-!Valerie!- exclamó el monarca vampiro, serio.

Alzando el rostro, orgullosa, apretó los puños, desviando la mirada.

Zeoticus rió con fuerza.

-Lo lamento, majestad, si mi petición ha revuelto aguas indeseadas… Pero te aseguro, joven, que me has complacido. Sí, sí. Veo el fuego en su mirada. La fuerza en ella. Una lengua afilada y una mente despierta... Mi hijo estará absolutamente fascinado contigo!-

Valerie chasqueó la lengua, molesta.

-Él podrá temperar tu carácter, tú le darás fortaleza... Muy bien, Lord Tepes. Ayudaremos en la transición- sonrió Zeoticus -La última palabra la tiene mi hijo. En las próximas semanas le pediré que venga, si está de acuerdo tendrá su terreno nuevo-

-¿Unas semanas?- exclamó la vampiresa sorprendida.

¿Ese cretino la iba hacer esperar?

-¿Que tiene más importante que yo?-

-Mi hijo tiene asuntos que atender en su país asignado, antes de acudir a recogerte tiene que lidiar con unos rebeldes gubernamentales por petición de uno de los máximos mandatarios. Es un deber que no puede posponer-

-¿Un pedido del gobierno?- alzando una ceja -¿Su hijo es fuerte?-

-Oh, querida. Vuestros hijos serán algo impresionante. Te lo aseguro-

Valerie lo miró con desgana. No importaba lo que dijese o dejase de decir, no quería saber nada de ese demonio. En cuanto lo conociese le daría una buena paliza, si le convencía de rechazar el matrimonio podría librarse...

-DxD-

Frunciendo el cejo, Venelana marchó por los blancos senderos que recorrían las montañas que envolvían la ciudadela.

Vestida con un pesado abrigo rojo, era seguida de cerca por Grayfia.

-Si me permite, señora, no creo que sea una mala opción...-

Venelana se giró al instante, mirando a la amada esposa de su hijo mayor irritada.

-Una descendiente de la plaga oscura! No tengo nada en contra de los habitantes de la naturaleza, pero eso es algo artificial! Algo monstruoso y peligroso!-

La albina no dijo nada.

-La plaga oscura siempre ha sido objeto de estudio. Tampoco sabemos que efectos podría tener con una Pieza Demoniaca...-

-Es cierto que apenas hay registros, pero la joven es noble, fuerte...-

-Pero violenta, dominante, no es el ejemplo de mujer dulce y atenta que quiero que cuide de mi hijo-

Entonces era eso.

-Issei es un chico resistente, muy dura tiene que ser esa chica para que Issei no lo vea como un reto...-

-Esa chica no tiene que ser un reto, ha de ser su esposa!-

Grayfia desvió la mirada, no quería inmiscuirse en los rifirrafes del matrimonio. Optando por centrarse en el paisaje frente a ella. El campo blanco cortado por un caudaloso rio.

Extrañada ladeó la cabeza, viendo como objetos no naturales bajaban por la riera... Objetos metálicos! Armaduras!

Absorta no vio como Venelana se alejaba a paso rápido. Llegando a meterse parcialmente en el rio.

-!Lady Venelana!-

Corriendo tras ella, Grayfia vió como la demonio abandonaba el agua cargando con un peso entre sus brazos. Una joven de largo cabello blanco.

-!-

-Grayfia, rápido, volvemos al hotel...-

Tras meditar unos segundos, la Reina obedeció.

-DxD-

Venelana permanecía sentada en frente de la niña. Porque era una niña. De la edad de Rias. Hermosa, de largo cabello albino, como Grayfia. De extraña aura, vestida con una armadura rasgada y dañada, con marcas de zarpas por su cuerpo.

Su vida no peligraba, pero había estado cerca.

Inspeccionando la armadura de la valquiria, rasgada, perforada... Marcas de garras.

Licántropos.

-Las fronteras del norte son fuentes de conflictos, muy a menudo tienen escaramuzas con los hombres de Lucien- respondió Grayfia a la pregunta no formulada por Venelana, de pie junto a ella -Admiten que los tienen controlados, nuestros informes dicen lo contrario. La joven es asgardiana, una semidiosa del panteón nórdico. Una soldado base. Se vió hace unas lunas a un batallón recorrer las tierras del norte. Muy probablemente forme parte de él-

-¿Y sus compañeras?-

Grayfia suspiró pesadamente.

-No hay rastros... La inteligencia local opina que las buscaron expresamente. Semidiosas, mujeres, las usaran como procreadoras...-

-!-

-Culturas diferentes. Asgard ve en la feminidad gracia y poder. Las bestias de Lucien hembras reproductoras con sangre divina...-

-Entonces no se cuenta con encontrar supervivientes...-

-No, mi señora-

Venelana cerró los ojos, negando con la cabeza.

-No van a hacerse cargo de ella... No tenemos contactos con Asgard, milady. Deberíamos de comunicárselo a Sirzechs-sama, que el departamento de relaciones exteriores se haga cargo...-

-Llevadla a casa-

-¿Como dice, mi señora?-

Venelana se levantó, esgrimiendo una perversa sonrisa.

-Llévala a la ciudad, dadle una habitación y llamad a alguna asistenta, quiero ver cómo reacciona ante una nueva situación-

-¿Y por casualidad, si le gusta el Inframundo?- preguntó Grayfia con sorna.

Venelana rio divertida.

-Puede que le acabe tomando cariño a estas tierras... Dile a mi marido que apruebo la compra de esa joven... Él encontró una youkai en Rumania, yo una semidiosa...-

-¿No se está precipitando, mi señora?-

-Y otra cosa… Quiero que mi hijo menor venga a verme cuanto antes-

-¿Quiere que…-

-Dile que su madre lo necesita-

-Pero señora…-

Grayfia se calló. Venelana ya se había ido.


-Tokio - Japón-

Aburrido, Issei se miró su reloj de pulsera. Aun no era la hora… Moviendo su pie rítmicamente, el falso joven adulto intentaba ser todo lo cordial que podía… Pero su interlocutor se lo ponía difícil.

"Recuérdame porque aparentas diez años más"

-Porque estoy harto de que gente como tú me llame enano-

"Es que eres un enano"

-Pse…- volviendo su mirada a la mesa, en ella había múltiples portafolios, todos con el emblema de Grigory -¿Esto no es información sensible?-

"Mucha, por eso mismo te la he dado"

Levemente interesado tomó uno de los dossiers.

-Vuestra gente y yo operamos de forma diferente… Yo nunca dejaría que esto se filtrase…-

"Precisamente es el problema. Esa no es la información completa de que disponemos, pero es la que se ha intentado filtrar al mundo humano, no al Cielo, no fuera de Grigory… Al mundo humano, a este país. Azazel debería ser quien se encargase de esto, pero no está… Y he creído que deberías saberlo, verlo"

Ese detalle llamó la atención del castaño que abrió y sobrepuso los cuatro portafolios.

-Tobio Ikuse, Momoji Nakiri… ¿Lavinia Reni? ¿Por qué se ha filtrado información sobre ella? Ella está bajo mi protección!- siseó el dragón molesto.

"Te has dejado el ultimo, mocoso"

-¿?-

Abriendo el último, sus ojos se abrieron…

Issei Gremory

-Que cojones…- inclinándose, mirando los documentos detenidamente.

"Se ha pretendido filtrar información sobre las potenciales Longinus, Issei"

-¡!-

"No conozco los detalles, tampoco la fuente de la filtración ni su destino pero… Es muy posible que alguien os esté vigilando"

-Mmm… Eso es demasiado vago… Muy poco conciso, demasiada especulación-

"Quizás deberías regresar a casa una temporada… En el Inframundo deberías de estar a salvo…"

-¿Ehhhhhhhhhhhhhhh?- gruñó Issei con una fuerte mueca -¿Y dejar a tenshi aquí? Aunque vale, te lo compro, si me dejas…-

"Denegado!"

-Vaya…- recostándose contra su asiento.

"Los Gremory no te han dicho…"

-Ellos también lo sospechan, nunca se ha comprobado-

El niño no había dicho nada de sus conversaciones con Ddraig.

"…"

La chica Nakiri formaba parte de las Cinco Familias, no solo que estaba a salvo sino que estaba controlada. Lavinia… ¿Lavinia tenía una Longinus? Nunca había dicho nada…

-Tobio Ikuse… ¿Quién es?-

"Un pariente lejano de Akeno… Es un repudiado de los Himejima"

-¿Cómo has dicho?-

"Muy posiblemente el actual líder lo excomulgase al saber el poder que tenía en su interior…"

Issei cerró los dossieres molesto.

"¿Pasa algo?"

-He hablado con Juka, esta semana podría acercarme para enseñarte el modelo de barrera, si te convence la ponemos-

"!"

-Ahora, si me disculpas…-

"Sí, claro… Estamos en contacto…"

El ángel caído finalizó su transmisión, dejando al niño sumido en sus pensamientos. Sin darse cuenta, unas manos se colocaron en sus hombros, masajeándolos con suavidad. Curioso alzó la mirada, echando la cabeza hacia atrás. Unos labios se posaron sobre los suyos. Un manto de cabellos negros cayendo sobre su rostro.

-Estas demasiado cerca del territorio de los Nakiri…-

-¿Ahora no puedo pasearme por la capital?- sonrió divertido.

Suzaku se sentó junto a él, colocando una mano sobre la suya.

-Me alegra mucho verte pero no tan cerca de ellos… Son muy competentes…-

El castaño dejó una caja en la mesa, acercándosela a la morena.

-¿Qué es?-

-Ábrela-

Suzaku abrió la caja de madera, observando el contenido, múltiples cristales con uno más grande en el centro.

-¿Qué es?-

-Los dispositivos de la barrera. Esta listo, Ajuka me ha mandado los detalles, los estudiaré estos días…-

La Himejima la miró sorprendida, tomando una de las piezas.

-Es posible que tenga que bajar al Inframundo unos días, pero le daré prioridad…- mirando a la morena.

-¿Tus padres te reclaman? ¿Quizás tu hermana te echa de menos?-

-Es complicado… Como decirlo… Llevan un tiempo queriendo colocarme una pareja, he de bajar a recordarles que no es necesario…-

Suzaku endureció la mirada.

-¿Colocarte?-

-Insisten e insisten, pero no lograrán nada, soy un tipo de principios!- sonrió el chico divertido -¿Pasa algo?-

-No, nada-

-Antes de marcharme a atender esa visita quiero dejar esta barrera lista… ¿Me ayudarás?- volviéndose, ladeando la cabeza. Suzaku miraba al frente, seria -¿Suzu?-

-No lo sé, puede que esté ocupada-

¿Ocupada? ¿Para poner la barrera que podría proteger a Akeno?

-¿Ocupada conque?-

-¿A ti que te importa?-

La respuesta contundente y agresiva de la morena lo descolocó.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué te has enfadado?-

-Estaré en Tokio-

-¿Asuntos familiares?-

-No, hay cierto chico al que tengo que visitar-

-¿Qué?-

-Que hay cierto chico al que tengo que visitar, hace tiempo que no lo veo y le añoro-

-¿Se puede saber a quién añora mi novia?-

-No soy tu novia-

El dragón suspiró pesadamente, negando con la cabeza, intentando centrarse.

No quería discutir, no iba a discutir. No hablaría de más. No se dejaría llevar y diría cosas que se iba a lamentar de…

-De hecho mis amigas creen que él es mi novio-

Issei dejó caer su cabeza, irritado.

-Si tus buenas amigas creen eso será que les has hecho creer eso, bonita- encarándola –¿Y dime, con quien más compartimos novia?-

-¿Insinúas que voy jugando con varios chicos a la vez?-

-O eso o parece que solo hay uno y no soy yo. ¿Qué opción es?-

-¿Cómo puedes ser tan imbécil como para no entender lo que estoy diciendo a pesar de nuestro vínculo?-

-¿Y me lo dices tú? ¿Acaso no entiendes que hago esto por obligación?-

-¡Pues niégate!-

-Lo haré!- exclamó el dragón levantándose –Ven conmigo! Te presentaré a mis padres! Será oficial!-

-No puedo hacer eso! Sabes que no puedo!- chilló Suzaku alzando la voz.

-¿No puedes o no quieres?-

-¿Cómo me preguntas eso? ¡Cómo te atreves!-

-Vamos! Ve! Adelante! No te entretengo más! ¿No quieres ver a ese tío? ¿A qué esperas?-

-No sabes lo que estás diciendo… ¡No sabes que me estas pidiendo!-

-Solo sé que quien quiere estar conmigo lo está, y quien no, no. Y que tu prefieres…-

PLAF

Llorosa, Suzaku lo abofeteó con fuerza.

-No te permito que pongas en duda mis sentimientos por ti! No te lo permito! Eres lo que más quiero en… Pero se lo prometí! Le prometí que le cuidaría de su hermano!-

-¿De qué hablas?-

-Pensaba que lo entenderías y me ayudarías!-

-Suzu…- murmuró el castaño tomando la mano de la morena.

-¡No me toques!- apartando su mano de un manotazo.

Llorosa, con su rostro cubierto de lágrimas, Suzaku tomó su bolso y se marchó a paso rápido, sin decir nada.

Gruñendo irritado, el joven se dejó caer en su silla.

Se sentía fatal.

-Me cago en dios- protestó el dragón.


-Guarida del Dragón – Terrenos Gremory-

Abriendo lentamente los ojos, la valquiria se giró, recostándose de lado, abrazando su manta con firmeza, cubriendo sus hombros.

Calentita… Estaba tan calentita… Ya le gustaría tener una cama tan mullida y unas mantas tan cálidas en sus tiendas de campaña cutres… Vivir en un cuartel era tan incómodo para una joven doncella…

Cama mullida y calentita… Cuartel… ¿Cuartel?

-¡!-

Incorporándose de un salto, Rossweisse miró a lado y lado, confundida, asustada.

¿Estaba muerta? ¿Aquello era el Valhalla?

No… Estaba viva. Sentía su cuerpo, el bombeo de su corazón y… dolor. Pellizcándose un brazo se alegró de sentir dolor. Llorando levemente en su cama miró los alrededores. Una habitación sencilla pero bien decorada. Paredes de color naranja claro, mobiliario occidental, rudimentario, desfasado en su tierra natal. Mirando bajo las sabanas vió que llevaba puesto un camisón blanco. De su talla, limpio y bien cuidado, de buena tela. Mucho mejor pijama que lo que solía usar.

Bajándose de la cama, tocando el suelo de madera, se desplazó hasta la ventana, de madera y doble puerta. Abriéndolas dejó que el aire fresco golpease su rostro. Fresco, que no frio, era pronto… Y el cielo tenía una tonalidad de color que no había visto nunca.

¿Dónde estaba?

Revisando la habitación vio un espejo de cuerpo entero, retirando cuidadosamente el camisón se inspeccionó en el espejo, semidesnuda. No había marcas de heridas, recordaba haber sido herida, había recibido un excelente tratamiento médico. Sobre una silla junto a la cama encontró ropa doblada. Camisa blanca, jersey verde, tejanos negros y botas marrones con su recambio de ropa interior. De las dos puertas una estaba entreabierta, se podía vislumbrar un baño… Oliéndose, decidió darse un baño primero…

Tímidamente, cohibida, la asgardiana, completamente vestida, con su cabello recogido en un improvisado moño, bajó por las escaleras a la planta baja. No había visto a nadie pero se escuchaban voces…

La planta baja era un salón enorme con decenas de mesas y una enorme barra en un rincón. Ventanales abiertos y mucha gente agrupada en las mismas. Risas y gritos por doquier.

Una mujer entrada en carnes atendía la barra, secándose las manos con un trapo, gritaba algo a una de las mesas. En ella había un joven rodeado de adultos, jugaban a las cartas, ignorando esta la modalidad.

La mujer sonrió contenta al verla bajar por las escaleras, apartando el trapo dejó la barra para acercarse a ella… Abrazándola con fuerza.

Rossweisse se quedó sorprendida, no sabía cómo reaccionar.

-¡Me alegro de ver que has despertado! Me tenías preocupada!-

-D-disculpe… ¿Nos conocemos?- preguntó la asgardiana, superada.

La mujer se separó mirándola extrañada.

-Por supuesto que no!-

¿Por supuesto que no? ¿Qué respuesta era esa?

-¡Ven! Tendrás hambre! Siéntate!- dijo la mujer tomando a la niña de la mano, arrastrándola hasta una mesa, obligándola a sentarse.

Incapaz de negarse, se quedó sentada. A fin de cuentas si, tenía hambre.

-D-disculpe…-

La mujer ya se había ido. Mirando nerviosa a su alrededor, todos los presentes emitían un aura extraña, aunque no se percibían malas intenciones y todos parecían ignorarla… Muchos iban de uniforme, militar o algo similar. Aquello era una posada, quizás un hotel o una residencia y con clientela militar… Si despertaba sospechas…

La mesa de al lado empezó a hacer más ruido, llamando su atención. Los soldados soltaban cartas, moviendo jarras de cerveza y hablando amistosamente con un niño de cabello castaño claro.

-¡Os estoy viendo! Si el niño bebe os doy una paliza que no querréis otra!- rugió la mujer desde la barra.

-No pasa nada! Esto apenas es…- respondió el niño contento.

-¡No me hagas llamar a tu madre!-

Los soldados rieron con fuerza, burlándose del niño.

-O mejor, llamaremos a tu hermana!-

-¿Qué tal si os vais a tomar por culo?-

Los hombres rieron con más fuerza ante el infantil ataque del niño.

-Perdona las molestias…- dijo la mujer dejando un plato y un vaso en la mesa –Son buena gente, gente sana, pero muy ruidosos… ¡Jovencito! Te estoy viendo!-

Parpadeando perpleja miró su "comida", no la había visto nunca. No sabía que era. No pudo preguntar, la mujer se había vuelto a ir.

Tímidamente tomó los cubiertos, empezando a mover los "alimentos".

PAM

-Cabrones…- gruñó alguien sentándose sin miramientos en la silla contigua, sorprendiendo a la peliplatino.

-¡Ep!- chilló la chica sobresaltada.

El niño, un pelín más joven que ella, delgado y de su estatura, vestía una camisa sin mangas roja con unos pantalones blancos, fresco y ligero.

Lo más llamativo eran sus intensos y brillantes ojos rojos. Unos ojos fijos en ella. Unos ojos que la hacían sentir extraña. Nunca había sido de recibir muchas atenciones…

-¿Vas a seguir jugando con la comida o vas a comer?- preguntó el niño mirando su plato.

-¡!-

-La camionero que atiende este local es buena cocinera, no tanto como se cree pero…-

-¡Te estoy escuchando, jovencito!- rugió la mujer enfadada.

-Yo…-

-Esto es un guiso… Verduras y ganado local. Algo pesado y grasiento, Zalir tiene unos ovarios… Eres una niña delgada, te tendrá envidia y querrá hacerte engordar?-

PAM

La mujer sacudió el niño con un puñetazo en la coronilla.

-¡Que sepas que en mis tiempos mozos era una hermosura!-

-¿Hace diez mil años?-

PAM

La asgardiana optó por empezar por la bebida, una especie de brebaje, algo parecido al té. Caliente y aromático, le sentó bien, reconfortándola.

-Que bruta...- gruñó Issei rascándose la nuca -Como se nota que fue miembro del ejército Imperial Lucifer...-

Rossweisse parpadeó repetidamente.

-¿H-has dicho Lucifer?-

-Ajá. Del mismísimo Lucifer. Esa risueña mujer ha matado a cieeeeentos de ángeles-

-E-entonces...-

-Todos demonios- dijo Issei girando su dedo índice en círculos.

-¿E-estoy en el Infierno?-

-No, no-

-Menos mal...-

-Estas en el Inframundo-

-¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?- chilló la joven levantándose.

-Oye, esa voz...- protestó el demonio tapándose una oreja -Cafeína para el cuerpo, por favoooooor!-

-Tu madre me ha prohibido que tomes café...-

-No puedo tomar café, no puedo beber alcohol... ¿Qué puedo beber?-

La restauradora dejó un zumo en la mesa. Machándose con una sonrisa burlona.

-¿Sabes que estas cosas están llenas de azúcar?- exclamó el niño. La demonio lo ignoró olímpicamente.

-¿Cómo he acabado aquiiiii?- lloró la asgardiana llevándose las manos a la cabeza.

-Estabas herida, desmayada o algo así. Un equipo diplomático que estaba de viaje en el mundo humano te encontró. Los vampiros pasaron de tu cara así que te trajeron... Bienvenida!-

-Vampiros...!-

Horrorizada se acordó de sus compañeras.

-¿E-estoy sola?-

El extraño niño estaba comiéndose... su desayuno.

-!E-eso es...!-

-Ah. ¿Te lo vas a comer o no?-

-Tengo hambre! Solo que no sé qué es!-

-Esta bueno, vamos, vamos!- ofreciéndole una cucharada.

Tímidamente separó sus labios, tomando el cubierto en su boca. Sonriendo sorprendida, aquello estaba delicioso! Después se percató que la cuchara era la misma, sonrojándose violentamente.

-El gobierno pagará tus costas, puedes quedarte aquí hasta que alguien se ponga en contacto con los de tu tierra... Lo más probable-

-Y… Y… ¿Tardarán mucho?-

-Ni idea…- respondió el demonio encogiéndose de hombros, acabándose el zumo -Esos puercos me han desplumado, me he quedado sin dinero así que me marcho...-

-¿T-te marchas?-

-No me queda dinero para las cartas... Porque me iba a quedar...-

-Yo... Yo no conozco a nadie aquí...-

-Eres una chavala muy guapa pero...-

-Pero nada. Has estado un buen rato jugando al póker, o te quedas con esta chica o se lo cuento a Venelana. Tú mismo- dijo la mujer tras el niño.

Issei esgrimió una mueca de molestia, mirando a la sargento de hierro…

-¿Estas segura de que te has retirado? Para mi sigues siendo una tirana...- gruñó el castaño relajándose en la silla -No quiero despertar malos recuerdos pero... ¿Todo tu batallón...?-

Rossweisse bajó la mirada dolida.

-Issei, me llamó Issei-

-Mi nombre es Rossweisse... Encantada de conocerte...-

-Entonces... Eres una semi diosa... Una diosa a mi parecer...-

-¿?-

-Entiendo que tienes dudas. Tú ve preguntando...-

-Si me permites... ¿Estoy en Lilith?- llevándose la cuchara de nuevo a la boca.

-No, estas en la principal ciudad de una de las 72 casas demoniacas, los Gremory-

-Entiendo...-

-La tirana te dará las indicaciones que necesites, donde está la administración y eso... Aunque he avisarte, el tema de asuntos exteriores y las relaciones diplomáticas está un poco... parado. La máxima dirigente digamos que... Lo mismo se alarga la cosa un poco... Aunque podemos probar de ponernos en contacto con tu familia...-

-No, eso no...-

-¿No tienes familia?-

-Sí, pero...-

-Mmm...-

-¿Y tú vienes a jugar al póker con regularidad?-

-¿Con estos sinvergüenzas? Siempre que puedo-

Los soldados alzaron sus jarras divertidos.

-Qué curioso...- observando como uno de los soldados le trajo al niño un café a escondidas. El demonio le guiñó el ojo cómplice.

El niño era alguien para los soldados, eso la joven lo tenía claro.

El local se silenció sin que los niños se diesen cuenta.

Los ojos azules de Rossweisse se posaron en la figura que se había quedado junto al demonio. El castaño siguió la estela de su mirada, esgrimiendo una mueca al ver a cierta pelirroja junto a él.

Rias Gremory, vestida de rojo, se quedó de pie con sus manos sobre su vientre. Mirando al chico unos segundos antes de posar su mirada en ella. Fijamente.

Rossweisse desvió la mirada, nerviosa, de otra tipo de nervios.

El chico la ponía nerviosa para bien, extrañamente alegre… Con esa chica se sentía… intranquila.

-Me alegra verte en buena… compañía-

-¿Qué haces aquí? Este no es un sitio respetable para alguien de tu categoría…-

-Si no lo es para mí, no lo es para ti. Issei-

-Pues yo aquí me siento como en casa… Y siéntate, por favor, no te quedes ahí parada...-

-Con permiso...- pasando a mirar a la albina -Y esta joven es... ¿Una concubina quizás? ¿Una amante secreta?-

-Me has descubierto… Rossweisse, te presento a Rias, es la princesa de estas tierras-

La albina se sonrojó hasta el extremo.

-E-eso no es…-

-Sé que es una broma… Me llamo Rias Gremory, es un placer conocerte, Rossweisse…-

-Ah, bien, bien… Yo… Bueno… Es un placer conocerte, lady Gremory!-

-Llámame Rias, por favor… Fue mi madre quien te encontró en el mundo superior, ella te trajo aquí-

-¡!-

-He venido a ver como estabas, si necesitas cualquier cosa puedes depender de Issei, es más responsable de lo que parece-

-M-muchas gracias! T-también he de agradecerle a la señora Gremory el haberme recogido… No sabría cómo agradecérselo-

-Le haré llegar tu gratitud, eso bastará- sonrió Rias volviendo a su hermano.

-¿Y que trae a la princesa del pueblo a estos humildes barracones?- preguntó Issei divertido, centrando su atención en la pelirroja.

-Procurar que nuestra hermosa invitada no se lleve una mala impresión de la familia…- alzando una ceja, mirando la cartera en el suelo, junto a la silla de su hermano -¿Qué es eso?-

-Fotos tuyas durmiendo, mejor que no las mires-

Sin hacerle caso tomó la cartera, observando los dossiers. Mirando a su hermano fijamente. Ante la falta de respuesta los colocó sobre la mesa, empezando a leerlos.

-¿Qué es esto, mí querido Issei?-

El dragón gruñó irritado.

-Un marrón político. Una filtración hipotética que salió de Grigory al mundo humano...- mirando a la pelirroja –Algo que supuestamente debería de saber pero que casi que preferiría no saber nada-

-¿Hablamos o no hablamos de los peligros de la superficie?-

-No, otra vez no…-

Rias empezó a tocar con el índice su carpeta, insistente. Su hermano gruñó aún más molesto.

-Si vais a mantener una conversación privada...- dijo Rossweisse mirando a su alrededor –Podría irme a otro lado…-

-Por ellos no os preocupéis...- dijo Issei mirando a los soldados tras ellos.

-Lo decía por mí- admitió la asgardiana.

-Nada, nada...-

Rias miró al grupo que estaba jugando a las cartas sospechosamente.

-¿Estabas con ellos?-

-Para nada-

-¿Lo estaba?- preguntó mirando a la asgardiana.

-Y-yo… Yo no…-

-Deja a la pobre en paz…- intervino el castaño señalando las carpetas. La pelirroja renunció al tema… temporalmente.

-Portadores de Longinus en Japón...- murmuró la Gremory mirando incrédula la ficha del menor de los hijos de Venelana. Mirando al demonio fascinada -¿Dices que estos datos salieron de Grigory?-

-Así es...-

-¿Quién debía recibirlos?-

-No me lo han querido decir-

-Alguien está buscando a las... No... Muy probablemente están buscando a una Longinus o a su portador...-

-Quien sabe...- respondió Issei encogiéndose de hombros -en Japón hay panteón propio, las reliquias no están bien vistas-

-He oído de ellas, aunque en mi tierra no tenemos de esas...- dijo Rossweisse mirando los documentos con curiosidad -¿Que reliquias son?-

-El Dragón Gales, la Princesa de Hielo, la Destructora de la Historia y el Dios Canino Caído...- leyó la demonio.

-Qué suerte tenéis... Si ellos estuviesen aquí el objetivo estaría claro-

-¿Quiénes son ellos?- preguntó Rias con curiosidad.

-Los bastardos de Lucien. Pero he leído que no hay en oriente...-

-¿Que has dicho?- preguntó Issei serio.

La seriedad del chico la sorprendió. ¿Había dicho algo malo?

-El Dios Canino Caído... Se basa en Lykaon no? Lykaon es parte de la leyenda del lobo primigenio... Si Lucien encuentra a ese humano, que cuenta con el poder para matar a los dioses con forma de lobo…-

Issei abrió los ojos incrédulo.

-Es lógico. No quiero saber lo que serían capaces de hacer los generales de Lucien con tal de sumar a una Longinus tan deificada para ellos como esa...-

-Lo están buscando... Buscan al perro...- susurró Rias nerviosa, mirando a su hermano preocupada.

-No... ¿No hay licanos en Japón, verdad?- preguntó Rossweisse mirando a sus acompañantes con la cuchara en la boca, inocente.

-No, preciosa Rossweisse, no hay licántropos documentados en mi país…-

-Pues sería algo harto conveniente tener esa Longinus vigilada- murmuró Rose comiendo alegremente, señalando el archivo –Si Lucien puede convertir a ese humano, porque lo es si tiene la reliquia sagrada, será un golpe terrible para el mundo medio. En mi tierra hemos estudiado tanto el patógeno licano como las reliquias del Dios Bíblico- acabándose su plato, mirándolo frunciendo el cejo.

-Otro plato!- exclamó Issei mirando a la albina –Sigue-

-Oh… Muy amable- dijo Rossweisse al ver su plato repuesto.

La mujer se había quedado de brazos cruzados junto a ella. Por primera vez se dio cuenta de que todos la miraban.

-Sigue, por favor- indicó Issei apoyándose en la mesa.

-El mutageno se diseñó para potenciar cada una de las capacidades humanas usando patrones de los seres que llamáis… ¿Youkai?-

-Así es-

-Pensad en una especie de evolución forzada… Todo lo remarcable de una especie en otra…-

-Lo que hizo Lucifer en su día…- dijo la demonio seria.

-¿Qué hizo?- preguntó la asgardiana con curiosidad.

-Solo te voy a hacer una pregunta…- dijo Issei serio –¿La conversión también aplica algún tipo de fidelidad impuesta?-

-¿A qué te refieres?-

-Entre los demonios, cuando se reencarna a un nuevo ser, se le prohíbe llevarle la contraria mediante modificación química!- explicó la pelirroja con seriedad.

-Ah… Lo desconocemos. Pero si sabemos que rebeldes no tienen... Así que algún tipo de adoctrinamiento tienen que tener… Si son animales quizás algún orden jerárquico o algo así-

-Más claro el agua… Toman a seres poderosos, les extienden la vida, les aumentan todas esas virtudes y los unen a su ejército mediante algún tipo de sumisión… Si se hacen con la Longinus del perro…-

-Un licántropo con el poder de matar dioses…- sentenció uno de los soldados tras Issei.

-Tócate los…- gruñó Issei molesto.

-Para el Shinto esa reliquia es una molestia, una ofensa incluso, pero para las demás razas, cualquier raza no humana es un entrecot la mar de jugoso. Un excelente ángel, demonio, licántropo, vampiro… Esa reliquia en una especie superior… Solo imagínate que podría hacer ese chico siendo licano dentro de… Cuatrocientos años, un licántropo anciano, poderoso y maduro con la experiencia de cientos de soldados, sin defectos y con una matadioses…-

-Lucien bien invadiría un país…-

-Dejemos que esta información circule!- exclamó Rias cruzándose de brazos –Que llegue a su destino-

-¿Pero qué dice…-

Issei alzó la mano, ordenando silencio.

-Te escucho, preciosa-

-Somos demonios, hagamos de demonio…- tomando la foto de la chica Nakiri colocándola en el dossier de Tobio Ikuse.

Issei sonrió perversamente.

-Les diremos que el perro es la hija de los Nakiri… Mandaremos a los lobos a que ataquen la familia más poderosa… Me gusta, me gusta mucho!-

-Se ganará tiempo, se debilitarán ambas partes. Se gastarán recursos- explicó Rias orgullosa –Y nosotros ganaremos perspectiva!-

-Esa es nuestra señorita!- exclamó uno de los soldados.

-¿Me los podéis preparar? Yo hablaré con Barakus…- dijo Issei alzando los documentos, alguien los tomó en mano…

-¿Aceptará cambiar la información?-

-Si se lo explico aceptará, también servirá para saber quién lo ha filtrado y para quien-

El joven Gremory se quedó en silencio, mirando a las chicas.

Rias leyó los pensamientos del castaño, el dragón era un libro abierto para ella, sabía que pensaba, que sentía y que iba a hacer en todo momento… Mirándolo a los ojos, asintió.

-Mi querida Rose… ¿Puedo llamarte Rose?- empezó Issei mirando a la albina.

-¿Q-querida?-

-No sé si mi madre ha podido verte en acción… Pero me gustas mucho. Tiene un excelente ojo para las mujeres… ¿Te apetece quedarte?-

-¿G-gustar? ¿Q-quedarme dónde?-

-Aquí. Redactaremos un contrato. Puedes quedarte como mi asesora o algo así… ¿Cuánto aceptarías cobrar? Te pagaré alojamiento y estudios, lo que quieras. Siempre que no estés estudiando y respetando tus jornadas de descanso podrías ayudarme con algunas cositas…-

-Yo… Yo…- mirando a su alrededor, nerviosa.

El Gremory rio divertido.

-Perdona, perdona… Estoy presionando demasiado…- recostándose contra su asiento –Lo has tenido que pasar mal, tras la pérdida, la experiencia vivida… Y estar aquí, en una tierra desconocida… Pero no temas, en este sitio estas a salvo. Aquí la colega te cuidará como a su propia hija y en unos días sabremos algo… Tómatelo como una especie de vacaciones!-

-Pero… Yo no quiero ser una molestia-

-Él molesta más que tú, querida- dijo la tabernera mirando al castaño.

-Entonces… Si no es mucha molestia… Cuidad de mí, por favor…-

-¡Hombres de honor! La siguiente ronda corre a mi cuenta!- exclamó Issei alzando un puño.

Todos los soldados empezaron a chillar emocionados.

-¡Para todos menos para ti, jovencito!-

-Venga, no me jodas…-

PAM

-¡Ese vocabulario!-

El niño se mezcló entre los soldados bebiendo y riendo despreocupadamente. La pelirroja lo seguía de cerca, celosamente.

Había un buen ambiente, más animado y despreocupado que el de los cuarteles.

Si dependía de ellos, si sus circunstancias iban a ser esas… No le importaría quedarse cerca de Issei… Hasta saber qué pasaría con ella.

-DxD-

Habiéndose cambiado de ropa, pasando a su traje negro habitual, el demonio irrumpió en el salón principal del castillo Gremory. Sonriendo al ver a Grayfia y Venelana en los sofás.

Grayfia de traje, no estaba de servicio.

-Mama! Que pedazo de chavala!- exclamó el niño besando la mejilla de su madrastra, sentándose entre las dos mujeres.

-¿Ya la has conocido?- preguntó Venelana con una sonrisa -¿Qué te ha parecido?-

-Brillante y exquisita- volviéndose a la albina, abrazándola con fuerza.

Grayfia devolvió el abrazo cálidamente.

-¿Y tu hermana?-

-Ha dicho algo de asuntos que atender, volverá en un rato, Enku esta con ella…-

Venelana alzó una ceja, curiosa.

-Me gustaría tenerla cerca, me ha ayudado mucho…-

-¿Conque?-

Issei respondió dándole el dossier.

-Necesito que le des esto a mi hermanito del alma…-

La albina revisó los documentos con curiosidad.

-¿Longinus? ¿De dónde ha salido esto?-

-Baraqiel, alguien ha intentado llevarse esa información a escondidas… Y voy a pedirle que la filtre… Esta- señalando las páginas posteriores.

-¿Por qué iba a hacer eso?-

-Idea de la mejor de las hermanas- volviéndose a Grayfia –Rossweisse ha tenido una idea brillante, cree que Lucien está merodeando Japón porque está buscando esta…- buscando entre las hojas, sacando la de Tobio Ikuse –Lo está buscando a él-

-¡!-

-Enviaremos a los perritos de Lucien a por la familia más poderosa de Japón, las bajas serán mínimas, les quitaremos las ganas de volver a intentarlo y confirmaremos sus intenciones… si cuela, claro…-

-Issei… No me gusta que este allí arriba. Se está volviendo algo peligroso…-

-Aún tengo asuntos que atender…-

-Diga chicas que seducir- corrigió Grayfia.

-Es lo mismo!- volviéndose a Venelana –La chica esta dolida, lo ha pasado mal… Pero se tiene que quedar! Es una joya que hay que pulir!-

Su madre sonrió orgullosa.

-¿Lo suficiente como para darle una de tus piezas?-

-¿Queeeeeeeeeeee? ¿No has escuchado que he dicho que la pobre lo está pasando mal?-

-¿Y qué mejor que un amo atento y comprensivo que la ayude?-

El niño negó con la cabeza.

- Me marcho entonces, dale eso a Sir-tan!- exclamó Issei alejándose a paso ligero –Volveré prontoooooo-

-Hijo mío!-

-¿Si?-

-Tu padre te requerirá pronto-

-¿Para qué?-

-Tu primera esposa ha sido decidida… Irás a conocerla cuando sea el momento-

-¿Q-que?-

-DxD-

"Valerie Tepes"

"Vampiresa. Noble. Hija bastarda del Rey Tepes. Mestiza"

"Conducta agresiva. Tendencias propias de su raza. Indicios de psicopatía"

Rias se acarició la barbilla, observando la ficha de la joven, mirando la foto.

-Es guapa… Pero parece que está loca, no quiero a alguien así cerca suyo…- gruñó la pelirroja pasando a la siguiente.

-¿De nuevo con eso?- preguntó una voz tras ella.

Sona se sentó en la silla frente a su pupitre, tomando uno de los dosieres.

-Lavinia Reni… Es guapa. ¿Una candidata para tu hermano?-

-Prácticamente lo tiene hecho. He preparado algunos formularios, si Ise hace que los rellene los enviaré a Grauzauberer, Mephisto podría tomarla como estudiante si saca buena nota…-

-¿Has hablado con él?-

-Onii-sama lo hizo…-

-¿Y tu hermano menor lo sabe?-

-Claro que no… Aun no puede, se negaría en redondo a darle la pieza de Alfil…-

-Entonces todo esto…- mirando los dosieres.

-Tengo un alfil cubierto, una torre… Quizás dos, ha llegado una chica muy prometedora a nuestras tierras, me lo aconsejó mama… Y esta que no sé cómo encajarla…-

-¿No tendría que decidir tu hermano?-

-Es mi hermano, es mío, no dejaré que estas me lo quiten, así que yo las dirigiré a todas!-

Sona no parecía muy convencida… ¿Eso le sonaba totalmente… lógico?

-Tan obsesionada como siempre… Las vampiresas son fuertes…-

-Pero tiene de poderosa lo de loca… Prefiero esta!- ofreciéndole otro dosier.

-Suzaku… ¿Himejima? ¿Una Himejima? No puedes estar hablando en serio!-

-¿Por qué dices eso?-

-No sacarás a una miembro de las Cinco Casas Principales del Shinto así como así, Rias… Deberías de buscar algo más realista-

-Pero lo tiene todo! El físico, el intelecto, la formación… Es una usuaria de artes de fuego… Está hecha para mi hermanito!-

-Rias… ¿No tendrías que preocuparte por tu propio equipo?-

Rias la miró confundida.

-Pero si me faltan años para eso… Además, preparar su equipo me dará experiencia para cuando tenga que hacer el mío…-

-Si tú lo dices…-

Rias dejó los documentos para mirar a su mejor amiga. Tan estoica como siempre, Sona Sitri rara vez dejaba salir sus emociones, como ahora, que sonreía animada leyendo una revista frente a ella.

-Serafall-dono… ¿Tu hermana sigue…?-

-Sigue igual…-

Sona adoraba a su hermana, se llevaban muy bien, pero apenas habían pasado mucho tiempo juntas.

De cara al público, Serafall Leviatan llevaba cien años sin despertar, pero eso no era cierto. En los últimos diez años había tenido leves episodios de conciencia. Sin poder levantarse de su cama, si había podido compartir momentos de calidad con su hermana pequeña, pero a efectos prácticos Sona había crecido sin su hermana.

-Llegará el día en que despierte, de verdad… Y entonces podréis recuperar el tiempo perdido-

-No tengo muchas esperanzas ya…-

-Quien sabe. Lo mismo hasta sois inseparables! Lo mismo incluso no se separa de ti!-

Sona rio divertida.

-¿Cómo tú hermano?-

-Jajajaja. Igualitos! Dos siscon discutiendo por quien es la hermana más adorable-

Las herederas demoniacas rieron a la par, soñando con un futuro improbable.


-Continuará en el próximo capítulo-

-Invasión-


Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.