DISCLAIMER: ASOIAF pertenece a George R. R. Martin, sólo la historia es mía (en su mayoría).
Se que dije que no metería capítulos del futuro de la historia. Pero se me acabaron los personajes del Norte xD al menos los q pudieran tener relación ya sea con Arya o con Jon. Y en cierta forma también era necesario hacerlo así porque de otro modo la historia no tendría mucho sentido. Ésta será sin duda, uno de los capítulos más largos, de modo q la tardanza se justifica ;)
"Faded."
R'HLLOR
Los dos estaban sentados en medio de un campo de flores silvestres, en las laderas de Winterfell. Las piernas cruzadas, uno en frente del otro. El aire era deliciosamente cálido y soplaba suavemente. Arya terminó la corona de flores que había estado tejiendo. Sonrió y levantó el rostro, sus ojos brillaron y Jon le devolvió el gesto. El muchacho inclinó la cabeza y ella le puso la corona entre risas.
Jon rió con ella y levantó la corona de rosas azules que hasta entonces había estado descansando en su regazo. Arya inclinó el rostro y Jon la coronó con rosas de invierno.
Se miraron el uno al otro y lentamente la mirada cambió. Jon inclinó el rostro hacia ella y Arya cerró los ojos, aceptando el casto beso que él depositó en sus labios. Jon le rodeó la cintura con las manos y la atrajo hacia sí mismo; Arya posó sus manos alrededor del cuello de él y se irguió lo justo para poder moverse y quedar sentada en su regazo.
Volvieron a besarse. La respiración se complicó y el calor subió desde su centro. Mas el beso no terminó.
Intercambiaron el aliento entre beso y beso y las lenguas bailaron enredadas la una en la otra; mientras las manos acariciaban el resto del cuerpo, explorando y conociendo.
Cuando fue necesario respirar, deshicieron el contacto, frentes descansando la una en la otra. Jon levantó el rostro un instante después. Admiró cada línea del rostro de Arya y le acarició con las yemas de los dedos el contorno del mismo.
Y entonces todo se vino abajo.
Explosiones por todas partes, el fuego se extendió por todo el campo hasta rodearlos. El cielo se sumió en penumbras y montones de gritos se oyeron por doquier. De pronto Jon estaba de pie caminando acelerado, sujetando con fuerza la mano de Arya, mientras se abrían paso a través de una multitud de niños, adolescentes y criados, para poder salir del recinto interior del castillo.
El corazón se le acelera porque sabe lo que va a pasar. Lo sabe. Ya lo ha vivido incontables veces. E incluso si sabe de pronto que no es más que un sueño, desea y lo intenta con fuerza. Intenta salvarla.
-¡Jon!
Pero resulta en vano...
Sus ojos se abren ante el horror de saberla perdida...
-¡No! ¡Arya!
Maldice y maldice, una y otra vez en vano. Perdido entre la multitud. Desesperado porque al final, siempre se suelta de su mano.
-¡Jon!
Y la bomba cae entonces. El túnel se derrumba, y cae como un obstáculo entre ambos.
-¡Jon!
Alcanza a oírla todavía...!
-No puedo respirar... Jon...!
-¡Arya!
Grita una y otra vez su nombre. Raspando con las manos la roca caída, sintiendo el escozor en los dedos; el rugido de su corazón retumbando en los oídos.
Desfallecido...
-¡Jon!
Esa voz cada vez más lejana, más dispersa. Inalcanzable.
-¡Jon!
-Arya... No...
Está llorando, desesperadamente. Sabe lo que sigue y quiere aferrarse a esa voz; no quiere perderla, no otra vez. Rasca el escombro con más fuerza, con más ímpetu, con más desesperacion. Más rápido, ¡más rápido! Hasta que la sangre mana de sus uñas y sus dedos destrozados.
Un silbido...
-No...no, no, no, no,
Una explosión.
...
¡No!
Y se despierta.
La oscuridad de su departamento lo recibe.
-¡Siete infiernos! -Maldice, gritando a viva voz.
El llanto viene después.
Ha sido lo mismo durante más de tres años...!
Jon deja salir el aire con fuerza, con el rostro entre las manos. Las pesadillas se han agravado últimamente, desde aquella noche en que creyó verla. Y cada vez duda más de que solo haya sido un fantasma; cada vez que lo vuelve a recordar su mente pinta el rostro de Arya por encima del recuerdo y tiembla. Porque está casi seguro (su corazón al menos) de que era ella.
Jon se deja caer de vuelta sobre la cama. Vuelve a abrir los ojos, cansado, y su mirada repara en la colección de totems de madera que descansan sobre la cabecera. Quizá ellos tuvieran la culpa, se dijo. Después de todo habían sido de Arya...
Se obliga a cerrar los ojos un instante después. Inspirando profundamente hasta volverse a dormir. Todavía es de madrugada y bajo las sombras, las figurillas parecieran hablar entre ellas; como entes al servicio de los dioses con una importante misión.
Jon es esa misión, siempre lo ha sido, desde su nacimiento. Aún más desde su viaje y llegada a Winterfell.
La luz de las farolas parpadea.
El dios de la luz había prometido un príncipe. Miles de creyentes, esperaban que dicha profecía se cumpliera y muchos pensaron que Rhaegar era aquél por el que habían esperado tanto. En cierta forma lo era.
Y en cierta forma no.
Su unión con Lyanna Stark había sido un complot mismo de los dioses. Aunque ningún mortal sabia eso. Los seres divinos tenían sus modos de jugar con los hombres.
Jon nació como estaba escrito, incluso si nadie le reconocía todavía por quién era. Era noble y honesto. E ingenuo y testarudo como su madre había sido en otro tiempo. Y también estaba incompleto. Pero eso se resolvió cuando cierta Stark nació. La línea debía seguir con la sangre pura de los primeros hombres.
Y en cuestión de años, los mismos hombres abrieron el camino para que dicho encuentro fuera posible.
-¿Cómo puedes enviarme lejos? -Reclamó Jon con fuerza.
Su padre, de pie frente a él, le miró serio pero contrito; mientras su hijo se movía como fiera enjaulada dentro de su habitación.
-Es por tu propia seguridad. -Le dijo.
El niño le miró indignado.
-No puedo creer que me engañaras
-Jon.
Rhaegar intentó hacerlo razonar pero en vano, era normal que el moreno tuviese una rabieta, en especial siendo el hijo de Lyanna.
-Estos días que has estado más cerca de mi, de verdad creí que habías hecho un cambio, que las cosas mejorarían a partir de ahora. Pero no me dijiste nada, ¡nunca me dices nada! -Espetó con el gesto herido, su padre le mantuvo la mirada con el deje de la culpa presente en ella. -Y resultó ser sólo tu forma de despedirme, tu manera de justificar el que me mandes lejos
-Jon. -Volvió a presionar, la culpa cedía.
Pero el muchacho seguía en su rabieta.
-¿y para qué? ¿Para qué tomarte la molestia?
Rhaegar levantó el rostro conectando su mirada con la de su hijo, obligando al mismo a quedarse como piedra. Rhaegar tenía la mirada de un dragón cuando se enfadaba, sus ojos púrpuras ardían en un fuego intenso y era capaz de someter a cualquiera.
Jon tragó seco, por un momento temiendo la furia de su padre. Sin embargo, el hombre al percatarse del arrepentimiento en los ojos de su hijo, inspiró con fuerza y deshizo aquella mirada imponente. Su gesto se suavisó cuando volvió a mirarle.
-Te amo hijo mío. -Le dijo y a Jon el corazón se le oprimió en el pecho. -Y quiero, deseo que estés a salvo. Para eso lo hago. -Confesó. -Necesitas crecer lejos de este mundo viciado. Me apena decir que no podemos confiar en nuestra familia.
Jon tenía un nudo en la garganta cuando suplicó.
-¿Y por qué no vienes conmigo?
-No es posible.
-¿por qué no? ¿es el poder más importante? ¿Es eso? -cuestionó desesperado.
Rhaegar se irguió, levantando la barbilla en gesto altivo.
-Soy el príncipe sucesor al trono. Aeris no durará mucho más y me ata mi responsabilidad ante mi pueblo. -Recitó. -Algún día lo entenderás. Ese peso recaerá también en ti.
-No lo hará.
-Lo hará. -Sentenció, cortando de nueva cuenta el reclamo del moreno. -Daenerys apenas es unos años mayor que tú y no tiene tu ingenio. Viserys es un despiadado. ¿De verdad piensas dejar a Valyria a merced de ellos?
Jon lo consideró un instante y luego volvió a la defensiva.
-¿Y cómo se supone que voy a educarme estando lejos de mi tierra?
-Lo entenderás una vez llegues allá. Una vez estés a salvo.
-A salvo... -Se burló. -Cruzando el océano, en otro continente en una nación extranjera.
-Los Stark son tu familia.
- ¡Una familia que no he visto en años! -Estalló.
-Razón de más para que convivas de una vez con ellos. -Dijo en una voz controlada. Jon estaba rozando los límites de su paciencia. -Es la estirpe de la que desciende tu madre. Y conoces a Lord Eddard y a su hermano Benjen. No estarás tan perdido como crees.
Jon se quedó sin palabras. No tenía cómo refutar a eso. Finalmente la rabieta terminó y la tristeza invadió por completo el rostro del niño.
-Te extrañare... Ya te extraño. -Soltó sin más.
Rhaegar sonrió contrito y avanzó hasta él, y lo envolvió en sus brazos.
-Nos volveremos a ver. -Aseguró, sintiendo que mentía. -Aprenderás a ser un rey. Uno que su pueblo ame. Uno que rija en favor de su gente.
El fuego del hogar chisporroteó en aprobación.
...
R'hllor lo había visto ya. Aquella noche se enredó con sus hermanos y cada uno de sus 'rostros' guiaron y siguieron el camino del joven hombre.
Lo siguieron en el mar, cuando las dudas más lo embargaron. Y se aseguraron de que siempre hubiese alguien inspirando la confianza que a él le faltaba.
Benjen había sido el primero.
-No tiene nada que temer mi señor. -Le había dicho, tras encontrarlo solo en la cocina del buque con la mirada de angustia en sus ojos grises. -Mi hermano es un buen hombre. Y el Norte es el mejor reino en el que se pueda refugiar. -Le había asegurado.
Jon había sonreído entonces, pero dicho gesto no le llego hasta los ojos. Los dioses habían escuchado lo que en susurros había dicho.
-Ojalá pudiera creerte.
Lo haría, sin duda, se aseguraron los Siete. Sólo tenía que llegar a la tierra prometida.
...
Durante el tiempo que duró el viaje, el plan funcionó. Jon le había tomado cariño a Benjen y el hombre correspondía el afecto. Sin embargo, los nervios habían dominado al muchacho cuando arribaron en Skagos.
El mismo rey Brandon y su hermano Lord Eddard Stark lo recibieron.
-Es un placer volver a vernos. -Le había dicho Ned.
Su sonrisa era contagiosa, se dio cuenta Jon. Entablaron una conversación corta hasta que Brandon entró a la sala de los Acuerdos. Jon se enderezó al instante e hizo una reverencia.
-Su Majestad.
El rey Brandon le levantó el rostro, tomándolo por la barbilla. Jon se puso aún más nervioso. El hombre le miraba fijamente analizando cada una de sus facciones. Finalmente Brandon suspiró con melancolía.
-Te pareces tanto a tu madre... -Soltó el rostro de Jon y éste le miró perplejo. Quedaba claro que la había amado, se dejaba ver en ese torbellino de emociones en sus ojos grises; tan parecidos a los suyos propios. -Sé que encontraras un hogar aquí en el Norte. Tú madre, Lyanna, era feliz en estas tierras frías.
El corazón de Jon se ensanchó, su padre no había mentido cuando le había dicho que en el Norte encontraría una familia, su familia.
-Hemos decidido que morarás en el Muro. -Le informó Ned. -Tu escolta es bienvenida a quedarse también. Residirás en la torre del rey y Benjen se encargará de asegurarse el que te sientas como en casa.
El aludido sonrió.
-Esperemos que este conflicto se resuelva pronto. Así no habrá necesidad de tanto secretismo.
Jon sonrió.
-Estoy agradecido de estar aquí.
Allá a donde llegó, el fuego todavía predominaba más que la electricidad; muchas de las lámparas todavía eran de gas además. Sin mencionar que las habitaciones requerían de chimeneas para calentar el aire en un ambiente tan frío como el Muro.
Si bien ya lo había previsto, el dios de la luz presenció muchos de los momentos más importantes de Jon en aquel lugar.
Él nunca estuvo verdaderamente solo.
...
Así que R'hllor consiguió calentar aún más la tierra y la llegada del príncipe dragón se consideró como un buen augurio.
Sin embargo los dioses antiguos tenían sus propios caprichos. Nada estaba todavía grabado en piedra, tenían su propia campeona y planeaban usarla para poner a Jon a prueba.
-No me agradas.
La misma princesa había puesto su postura y R'hllor sabía que el muchacho debía probar su propia valía, Jon se había mantenido tranquilo.
-Se nota.
Pero no sería suficiente. Incluso si los mismos dioses terminaban desando juntar a Jon con Val, aquello no le serviría al dios de la luz. Incluso con un complemento, prefería al chico solo.
Lo prefería más fuerte, e irónicamente más frío.
Asi que él se encargó de forjar el terreno. Una a una, las desgracias fueron cayendo.
...
Fue de esperarse que Jon perdiera la fe en aquella empresa, cuando fue reducido a nada más que la sospecha de ser un príncipe bastardo; un hijo de la nación enemiga que se estaba levantando contra el mundo.
Jon acostumbraba pasar el tiempo solo, lo cual era algo bueno según los dioses. Pero había momentos en que no toleraba sentirse tan abandonado y se la pasaba acompañando a ser Barristan en sus labores en la armeria o en los establos. Nunca hablaban, excepto cuando llegó una noticia desde Winterfell.
Jon no tenía interés en escuchar lo que se rumoraba, pero el general se sintió obligado a mencionarlo.
-Pronto tendremos compañía. -Había soltado de pronto, con un tono que denotaba esperanza y quizá algo parecido a la simpatía. -La familia real llegará al Muro. -Quedaba claro que estaba intentando levantarle el ánimo, aunque sin mucho éxito. -Vuestros parientes.
Jon resistió el impulso de rodar los ojos, mientras cepillaba la melena de uno de los caballos del establo.
-Ni siquiera los conozco. -Dijo. -Y dadas las recientes circunstancias, dudo que quieran relacionarse conmigo.
Ser Barristan suspiró. A veces se olvidaba de que era el hijo de Rhaegar con quién hablaba.
-No debería ser tan definitivo. -le aconsejó. Jon le miró con sus ojos grises y vio su propio reflejo en los azules de su compañero. La mirada del hombre carecía de engaños. -¿Vuestro padre no le ha enseñado a no ser tan pesimista?
Jon soltó un bufido con cinismo.
-Difícilmente... -contestó.
El hombre se mordió la lengua. No se le daba eso de hablar con niños. Así que intentó abordar el tema de forma diferente y concluirlo de una vez.
-Bueno, estamos en el Norte. Tierra sagrada, todo puede suceder.
Jon, como lo esperó, no respondió. Los dioses lo observaron en silencio. Quedaba claro que hacía falta que alguien más avivara su fuego.
...
Las apuestas volvieron a hacerse. Los herederos al trono llegaron. Los dioses antiguos quisieron dar una oportunidad más a su campeona, pero R'hllor y los niños del bosque tenían otra idea.
Jon estaba molesto aquella mañana. Furioso por la situación, por no poder hacer nada, sentirse de manos atadas. Las noticias que había recibido al levantarse le habían agriado el desayuno. La indiferencia de sus compañeros lo irritó más de lo que normalmente le entristecía.
Todo eso, lo había llevado a huir a la zona boscosa de Castle Black, deseoso de gritar y golpear un par de árboles. Cosa que había hecho en cuanto alcanzó el primer árbol...
¡Bang!
-¡Ah! ¡Cuidado!
Un grito y una advertencia.
Y de pronto estaba eludiendo figuras de madera. Su mente entendió que había sido su culpa el que la niña soltara la bolsa, perdiera el equilibrio y terminara cayendo instantes después.
Habia sido todo tan sorpresivo, que se había quedado anonadado, apenas y capaz de reaccionar a tiempo. Al final el peso de ella había sido suficiente para tumbarlo al suelo.
-Wow... Eso fue fantástico.
-No fue para tanto -dijo, recuperándose apenas. Un poco de su mal humor regresándole de pronto.
Y se habría quedado así, dispuesto a verse como un patán con tal de discutir.
-¿Bromeas? ¡Me salvaste la vida!
Pero entonces ella lo abrazó. Y algo en su interior se quebró. Ya no estaba enojado. Ella lo abrazaba con tanta familiaridad, y era tan cálida... Que sus brazos se levantaban para abrazarla...!
Los dioses antiguos estuvieron de acuerdo entonces...
-¡Arya!
El hechizo se rompió y de pronto Jon sintió frío.
Pero no importaba. La chica Stark sería para él.
Asi lo había decidido el destino.
...
-Disculpa a mi hermana, no sabe juzgar a un libro más allá de su portada.
Por eso, el volver a verse en el comedor, el que ella lo buscara... Lo había llenado de una nueva esperanza. R'hllor había visto el intercambio.
Tienes una risa muy bonita. -Habló la niña, estirándole la mano por encima de la mesa. -Me llamo Arya.
Él ni siquiera se lo pensó, tomó su mano al instante.
-Jon -se presentó, todavía con la sonrisa iluminándole el rostro.
-Jon. -Repitió Arya, saboreando el timbre de aquél nombre y volvió a sonreír -Me agrada.
El muchacho volvió a reír y Arya rió con él.
En medio de las risas ella volvió a hablar.
-¿quieres ser mi amigo?
Jon le sonrió con la mirada.
-Más de lo que imaginas.
La sonrisa que ella le dedicó fue magnífica. Se ensanchó hasta darle brillo a sus pupilas.
El fuego se avivó. El príncipe prometido comenzaría a prepararse para sus siguientes pruebas. La confianza en sí mismo era una de ellas. La confianza en los demás era la regla más dura. ¿Cómo saber elegir? ¿Cómo saber cuando era una invitación sincera y cuándo una burla?
Al día siguiente por eso temió que aquel encuentro no volviese a repetirse, que sus hermanos o el resto de los inquilinos del castillo la hubieran convencido de que no le convenía juntarse con él. El salón se llenaba y no había rastro alguno de ella, los chicos Stark estaban dispersos.
Debió de suponerlo, se dijo entonces con aire triste y resignado.
Pero el fuego volvió a avivarse, alguien pasó por detrás suyo y le robó una pierna de pollo de su plato; Jon se sobresaltó y al segundo siguiente...
-¡Estoy exhausta!
Arya estaba sentada frente a él y sonreía, mientras se comía la pieza robada. Jon la miró perplejo y largamente; tanto, que ella se sintió incómoda.
-¿Qué?
Jon se espabiló.
-Nada, me tomaste por sorpresa.
-No voy a devolvértela -le dijo, refiriéndose al pollo -es tu culpa por dejar olvidada tu comida.
Tras un instante Jon volvió a reír.
Por el lapso de toda una semana aquello se repitió. Poco a poco, Jon aprendió a confiar en ella. Y de la misma forma, el miedo a ser abandonado se fue perdiendo.
Luego el hermano de ella, Robb, le negó el seguir cenando con él; pero no había importado, ahora se veían por un lapso más largo de tiempo y tenían además la posibilidad de salir del castillo. Los niños del bosque, siempre les dieron motivos para jugar.
¿Dónde se quedaría el príncipe prometido? ¿En Valyria o en Winterfell?
Los dioses siguieron haciendo sus apuestas.
...
Y luego el clima cambió.
Por primera vez, Arya estaba insegura. ¿Debería ir por Rickon? ¿O debería quedarse en su habitación y dejar que el niño intente superar su miedo solo? Quizá fuera lo más recomendable, pero era apenas un bebé. Y estaba fuera de su nido.
Arya dio vueltas en la cama aquella noche, dudando entre ir o no ir. No conocía aquel lugar y podría meterse en un problema.
El fuego de su chimenea se avivó.
Y Arya pensó en Jon justo entonces.
Jon. Debía ir por Jon.
Retirando las cobijas se puso de pie casi de un brinco y descalza, corrió a la puerta y salió al pasillo. Se dirigió a las escaleras, mientras la luz de los rayos iluminaba las lozas del suelo de tiempo en tiempo. Los guardias estaban en los niveles más bajos de la torre, así que no debía preocuparse por tener que encontrarse con nadie. En todo el recorrido su corazón palpitó con fuerza. Al llegar a la puerta de la habitación del muchacho, se sacó un pasador del pelo, dejando algunos mechones libres de las trenzas, y forzó la chapa.
Se oyó un clic y Arya abrió la puerta. Entró de prisa, cerrando la puerta tras de sí. Se recargó en la madera con los latidos del corazón retumbando en sus oídos. Dirigió la vista a la cama. Jon estaba ahí, dormido. Tenía una mano cubriéndole los ojos y una pierna se escapaba de las cobijas. Viéndolo así se le hizo más alto. Arya pasó saliva. Las yemas de los dedos de sus manos se tornaron frías en ansias. Avanzó silenciosa hacia él y se detuvo al pie de la cama.
Los labios de la boca de Jon estaban ligeramente separados, y su respiración era tranquila y pausada. Arya sintió que las mejillas le ardían, nunca antes había visto a un chico de aquella forma. Sin despegar la mirada del rostro del mismo, se levantó las faldas del camisón para poder subirse a la cama. Primero una pierna y luego la otra. Se sentía poseída por un sentimiento que no reconocía; pero estaba entusiasmada. A gatas avanzó hasta sentarse a horcajadas encima del chico, rodeándole la cintura, sintió la sonrisa en sus labios. Jon apenas y se movió, intentando acomodarse.
"Con que de sueño pesado, eh?", se dijo Arya sonriendo.
Tomó aire, puso las manos en las solapas de la pijama del chico y le llamó a todo pulmón.
-¡Jon!
-¡Ah!
Arya reprimió la risa, fue un esfuerzo casi descomunal. Debía verse seria, sin importar lo gracioso que se hubiera visto el rostro de Jon al brincar de espanto. La única razón por la que seguía sentado en la cama era porque Arya estaba todavía encima de él. Jon la miró por primera vez, todavía incrédulo y algo somnoliento, apenas y la reconoció.
-¿Arya?
-Tienes que ayudarme Jon -dijo al instante con la mejor seriedad posible.
Jon parpadeó, su mente trabajaba más lento debido al sueño y ciertas cosas todavía no le quedaban claras; como el hecho de que ella estuviera allí. Quizá fuera un sueño, se dijo.
-¿Cómo entraste?
Arya levantó y bajo los hombros con soltura.
-La ventana- señaló con un movimiento de la cabeza.
Jon pareció despertarse de pronto, giro el rostro de prisa hacia la ventana y esta vez Arya no pudo evitar el reír.
-Es broma, tonto. -confesó, Jon suspiró relajado. -Forcé la cerradura
-¿Qué tú qué?! -Y así de fácil se le había evaporado el sueño.
-Eso no importa ahora, tenemos que ir por Rickon. Es noche de tormenta.
-Arya -intentó razonar con ella, pero la niña fue más rápida y tomando las solapas de la camiseta atrajo el rostro de Jon al suyo.
-¿Vas a ayudarme o no?
El muchacho volvió a parpadear, tan de cerca, los ojos de Arya parecían grises oscuro como una noche de tormenta en el océano. Se supo perdido entonces.
-Por supuesto que sí -dijo sin pensar.
Arya sonrió, soltándolo un poco.
-Bien. Solo no
-no le digas a Sansa, lo sé. -completó por ella.
Arya soltó una risilla y se bajó de la cama, liberando a Jon en el proceso. El muchacho la siguió casi al instante, descalzo igual que ella, salieron ambos de la habitación. -¿A dónde vamos exactamente?
-Te lo dije, vamos por Rickon
-¿Por qué no podías ir sola?
-No quería... -dijo, caminando por delante de él. Jon presionó con el silencio y Arya finalmente admitió tras soltar el aire que había estado conteniendo sin saber. -Y me da algo de miedo.
Jon sonrió.
-Su habitación está en el mismo piso que la tuya.
Arya le dedicó una mirada de advertencia que sólo consiguió el que la sonrisa de él se ensanchara.
-Pero la tuya estaba más cerca.
-Seguro.
-Solo cállate y camina!
...
R'hllor se dio cuenta entonces. Arya volvería a Jon un huargo, inclinando la balanza hacia Winterfell. Quizá habría sido mejor impedirlo y retomar otro camino; pero dadas las circunstancias sería contraproducente. La chica Stark era apenas una niña, debía engancharse de él, además; y todavía le faltaba.
Jon por su parte, había caído rendido casi desde el inicio. Y se confirmó aún más con la insistencia de ella a pasar más tiempo juntos. Sucedió apenas una semana después de que las noches de tormenta terminaran.
Llevaban cerca de media hora arriba en las ramas del árbol bajo el que se conocieron, cuando Arya había mirado con aire melancólico a la distancia, y soltó aquella pregunta, que llevaba días atormentandola.
-Estaba pensando... ¿Podemos vernos antes de la cena?
Jon la miró de pronto, con el gesto serio, el corazón le pendía de un hilo; si por él fuera no se despegaría de ella.
-¿Segura? ¿No tendrás problema con tus hermanos?
-No, siempre puedo inventar una excusa para llegar tarde. -respondió, y le dedicó una sonrisa. -Confía en mí.
-Lo hago. - Soltó él casi como si fuera un juramento.
Las mejillas de Arya se tiñeron de rojo.
-Entonces... Veinte minutos antes de bajar.
Jon no despegó la vista de ella, sus ojos grises estaban nublados de una emoción que Arya no reconocía.
-ok -susurró haciendo más íntimo el momento.
Arya se bajó de un salto y se echó a correr de vuelta al castillo, de pronto intimidada por aquella atmósfera cargada de deseo. Aunque no sabia identificar de quién, durante todo el trayecto el corazón le latió con fuerza.
Jon no dejó de verla sino hasta que ésta se perdió de vista. Tenía una sensación extraña en el pecho. No era un niño como tal ya, así que sabia incluso que se estaba negando la verdad así mismo.
Se quedo un rato más allá arriba.
...
Ellos se dedicaron a robarle tiempo a los días, a estirar lo más posible el poco tiempo que compartían. R'hllor admiraba aquella dedicación; y no era el único.
Ocurrio un día en que Arya se había vuelto a pelear con Sansa, la niña había huido lejos de todos (incluido Jon), y se había ido escabullendo cual gato entre los pasillos hasta llegar sin darse cuenta, a un área abandonada debajo de la armería. Había parpadeado sorprendida, desprendiéndose de todos los malos pensamientos que había ido murmurando en el transcurso.
Caminó por el camino de roca hasta descubrir una serie de fosas de agua caliente. Y supo de inmediato donde estaba.
"El dragón que duerme bajo el muro", se dijo, recordando una de las historias de su vieja Nana. La sonrisa se extendió por su rostro.
El dios del fuego supo entonces, que la Stark había encontrado una razón más para robarle aún más tiempo al día.
...
Horas más tarde, Jon aguardaba como de costumbre, en el salón de la torre del rey a que Arya se despidiera de sus hermanos. Cuando volvían de sus últimas actividades, Arya se escabullía con él y dejaba el baño para después de la cena. Sus hermanos no le veían problema. La más difícil siempre había sido Sansa, que exigía el que todos estuviesen presentables. Justo entonces, Jon escuchó las voces de las mismas al entrar al recinto.
-Sólo no demores mucho. Sabes que Robb prefiere que estemos todos juntos.
-Lo sé, iré en cuanto termine.
Sansa subió las escaleras, dando una rápida mirada en dirección a Jon; en los últimos días había sido más difícil ocultar el que estaban juntos que habían terminado por confesarlo, incluso si la situación seguía siendo incómoda.
Jon se puso de pie en cuanto Arya entró a la sala y su sonrisa creció al notar lo sucia que iba la misma. El vestido estaba lleno de tierra y la ropa estaba húmeda debido a la nieve, quedaba claro que había estado jugando en la misma.
-¿Qué fue lo que te pasó? -dijo riendo por lo bajo.
Arya sonrió con picardía, quedaba claro que se había ensuciado de más a propósito.
-Tengo que darme un baño. -Dijo sin más.
La sonrisa de Jon se deshizo. Por un instante temiendo el que ella ya no quisiera pasar más tiempo con él.
-¿Hoy no nos veremos?
Sin embargo Jon se sorprendió cuando Arya tomó sus manos en las suyas, acercándose a él lo suficiente para que él le escuchase susurrar.
-Por el contrario, nos bañaremos juntos.
Los ojos de él se abrieron como platos, en algo parecido al horror, aunque secretamente su corazón latía emocionado.
-Arya no creo -empezó, pero ella lo interrumpió de inmediato, con la emoción brillando en su sorbes grises.
-Encontré una zona de baños termales bajo el gran salón, entras por un pasaje q está detrás de la armería. -Le dijo. Y él le dedicó toda su atención. -Está algo descuidado, pero se puede bañar uno sin problemas, ¿qué dices? ¿Me acompañas?
Arya presionó acercando su rostro aún más al de él. Jon sintió cómo la sangre le subía al rostro. Pero por más que lo pensaba, buscando razones para negarse a aquello, su mente sólo pensaba en razones para justificar la travesura. Porque seguro que era una travesura.
Además, por otro lado, podrían usar sus trajes de baño. Jon había incluido una pieza, su padre le había hablado de las aguas termales de Winterfell y el muchacho había esperado el poder ir a una, aunque no esperaba que fuera de aquella manera. Si mencionar, que Arya quizá también contará con ropa de nado, después de todo debía conocer una o dos fuentes en todo el Norte cuando menos.
O al menos eso esperaba. Si se presentaba en interiores, no sabría qué hacer entonces.
-Dame un par de minutos -le dijo al fin, la sonrisa de Arya se ensanchó.
Jon corrió escaleras arriba, hacia su habitación. Juntó todo lo creyó necesitar, metiéndolo dentro de un morral. Dejando la toalla negra afuera. Cuando bajó, los Stark iban pasos por delante de él; así que se detuvo un instante, demorándose lo suficiente para no levantar sospechas; el corazón le retumbaba en los oídos.
Cuando llegó al salón de la torre, Arya salió de su escondite. Llevaba su propio morral y una toalla gris.
-Vamos a tener que ser muy discretos -le dijo sin dejar de sonreír y colocándose la toalla por encima del cuerpo como si fuera una capa.
Jon la imitó, evitando hacer caso de la voz en su cabeza que le decía que aquello los haría ver aún más sospechosos.
-Ok -asintió, igual de emocionado que ella.
Minutos después corrían sobre la nieve y el concreto, entre pasillos y patios traseros. Mientras intentaban mantener el rostro oculto.
-Esto es una locura -río Jon
Arya soltó una carcajada.
-Sólo corre!
Cuando entraron en la armeria, se escurrieron por los pasillos, lo más pegados a la pared posible. No había mucho movimiento en la misma pero cualquiera de los trabajadores podía iniciar un desastroso rumor.
Arya lo guió por el pasadizo de roca que había encontrado antes, (una hendidura disimulada en una de las paredes, y cubierta por un gran estante de metralletas), y Jon sintió el calor antes de ver las fosas de agua.
-Wow -susurró por lo bajo asombrado de aquella vista.
El lugar era bastante amplio considerando que estaba por debajo del castillo. Parecía una especie de cueva, pero en lo alto de la misma había intrincados caminos de grietas por donde se filtraba la luz del piso de arriba. Arya había traído además, tres lamparas de gas que estaban encendidas e iluminaban con fuerza una de las fosas.
Jon estaba tan ensimismado en estudiar aquel lugar, que no se dio cuenta que Arya había comenzado a desvestirse. Sino hasta que la misma de había quedado en el fondo azul que llevaba bajo el vestido.
-¡Qu, qué estás haciendo?
Arya entornó los ojos.
-¿Qué parece que estoy haciendo? -refutó sonando irritada, aunque estaba más divertida por la reacción de él. -Me preparo para meterme al agua, no puedo meterme con mis ropas sucias -tomó el fondo por la falda y Jon se exaltó.
-Traes traje de baño abajo, no?
Ella parpadeó y luego sonrió comprensiva.
-Por supuesto que sí, ¿por quién me tomas?
El muchacho suspiró aliviado. Se escuchó un splash entonces y segundos después Arya salió a la superficie, el agua le llegaba Por arriba del ombligo. La piel blanca le brillaba bajo la luz amarillenta de las farolas y parecía estar aperlada. Se había deshecho las trenzas y el cabello, hebras de un profundo color negro, se le pegaba a los hombros y la espalda. El traje de baño era sencillo, típico corte de la época, con tirantes y holanes en el pecho. Jon notó que la imagen infantil en el cuerpo de ella estaba comenzando a desdibujarse.
Quizá ya no tuviese que esperar tanto.
-¿Qué esperas? Entra de una vez. -incitó algo abochornada por la mirada que él le dedicaba.
sin embargo, Jon tardó un instante en responder. Ella era una visión.
-Eres hermosa. -Le dijo en un susurro.
Y de inmediato las mejillas de ella se tiñeron de rojo, se hundió en el agua sintiéndose avergonzada. Nunca nadie le había dicho aquello, salvo su padre; y el corazón había comenzado a acelerarse.
-Tonto. -Dijo al fin.
Jon sonrió para sí mismo, antes de desvestirse él también; a sabiendas de que Arya le miraba de reojo. Sintió pena y nervios, al mismo tiempo en que sintió confianza; el entrenamiento le mantenía en buena forma, después de todo.
Arya le miró con el rubor intensificándose en su rostro, siguiendo cada uno de los movimientos del chico. Jon también llevaba el traje abajo, un short negro de baño. Igual que ella se metió al agua de un salto. En su caso el agua apenas le llegaba a la cintura, el moreno tomo agua entre sus manos y se mojó la cabeza con ella.
-Tú tampoco estás tan mal. -Oyó decir a Arya.
La miró perplejo un segundo y luego ambos se soltaron a reír en carcajadas; dejando atrás el fuerte ambiente que se le antojaba demasiado romántico.
-¿Cuándo encontraste este lugar? -preguntó él, sentándose en la roca bajo el agua.
Arya hizo lo mismo, aunque se quedo de cuclillas, semi flotando en el agua caliente.
-Apenas esta mañana.
Jon recordó entonces.
-Debió ser grave tu pleito con Sansa.
La morena infló las mejillas.
-Mejor no hablemos de eso.
Él rió por lo bajo.
Arya volvió la mirada al frente, a donde él estaba. Jon parpadeó al darse cuenta del cambio, ella se movió hacia él hasta alcanzarlo; por un instante el moreno creyó que lo abrazaría, pero ella cambio de dirección y se sentó justo a su lado. Se recargó en la roca y le tomó la mano por debajo del agua. Arya inclinó su cabeza sobre el hombro de Jon y él apoyó la suya en la de ella.
-No podemos quedarnos mucho tiempo aquí.
-Lo sé.
Llevaban cosa de pocos días así. Enlazando las manos y apoyándose uno en el otro, sin importar cuan íntimo fuera el gesto, se sentía cómodos haciéndolo. Pero había algo diferente en ese momento; en el hecho de sentir piel con piel, desde la cabeza hasta los pies.
-Hace calor -dijo ella de pronto.
Jon asintió, ambos miraban sus pies jugueteando con los del otro, como en una especie de duelo.
Arya se separó de pronto, sin soltar su mano, una corriente de aire frío le caló la espalda. Se puso delante de Jon y se aferró a él con fuerza, el moreno correspondió al abrazo al instante.
-¿No te fastidio, verdad?
-Por supuesto que no, ¿por qué dices eso? Es ridículo.
Las flamas de las lámparas bailaron, el aceite de una de ellas se había acabado pero el fuego seguía vivo. R'hllor no permitiría que su campeón se perdiera en la penumbra.
-Sansa dice que atosigo a las personas -susurró apretándose más a él.
-Sansa es una tonta -soltó molesto, los holanes del traje de ella le hacían cosquillas en el pecho. -Jamas tendré suficiente de ti.
Ella perdió el aliento un segundo, el mismo que él tardó en darse cuenta de lo que había dicho. Pero no hubo lugar para penas. Incluso si ninguno sabía cómo lidiar con esos sentimientos.
Arya escondió el rostro en la curva del cuello de Jon, y éste acabó haciendo lo mismo en el de ella instantes después.
-No quiero regresar -dijo ella.
-Debemos hacerlo -dijo él -te prometo que dejaré la puerta abierta.
El fuego de las flamas creció, a penas un segundo. El corazón de Arya se había saltado un latido y también lo había hecho el de Jon. Quizá fuera el calor del agua, o el secretismo que les proporcionaba aquella cueva; pero el príncipe dragón sentía un valor que antes le había faltado. Quería arriesgarlo todo, por ella.
Además, sabía que ella seguía molesta, incluso triste, por su discusión con Sansa. Sabía que no había sido una discusión cualquiera y sabía también que él iba incluido en el asunto. No había ignorado las miradas de reproche que la pelirroja le dedicaba cada que lo veía con su hermana. Jon supuso, que si Arya fuese su hermana también la sobreprotegeria de aquella forma, quizá incluso más. Seguro era, que se veían muy mal escapando juntos a todas partes a cada momento libre que tuvieran...
Pero eso no evitaba el que quisiera y deseara su compañía. El que la quisiera a ella. Jon se sentía amado cada que estaba con ella y no estaba dispuesto a abandonarla.
...
Había sido así, que Theon los había visto entonces.
El rubio había llegado tarde de una noche de juerga con Rob y volvía a su cuarto en compañía de una mujer de la servidumbre, con quien llevaba una semana envuelto en una especie de amorío. El alcohol le nublaba la vista, y sin embargo había sido capaz de identificar la silueta de la pequeña Stark.
-¿Arya?
Si no fuera por la compañía que tenía entonces, habría ido hacia la morena a exigir una explicación, corroborar que sus ojos no le mentían cuando la vio abrir la puerta de la habitación de Jon Snow y entrar en ella con soltura, como si fuese la suya propia.
Y lo habría dejado pasar, si no se tratara de la hermanita de Rob, su mejor amigo.
Se había quedado entre dormido y despierto y, al alba, se había asomado al pasillo, escondiéndose tan pronto escuchó las voces de ambos.
-¿Cómo puedes levantarte tan temprano? No eres normal.
Jon soltó una risilla.
-Tú eres aún más extraña, además, debes estar en tu cama para cuando la Septa te vaya a despertar.
Arya gruñó en respuesta.
Pasaron por en frente de la habitación de Theon y el rubio volvió a asomarse. Jon ya había alcanzado las escaleras y llevaba a Arya en brazos. Salió al pasillo aún más incrédulo. Por lealtad a Rob debía hacer algo. Por respeto a Arya debía preguntarle a ésta primero de qué iba aquello.
...
Cerca del medio día Theon fue al salón donde el grupo de niños de la edad de Arya tomaba clase y esperó a que salieran. La morena fue la última en salir.
-Arya.
La aludida se detuvo y se giró a verlo.
-Theon -le reconoció con sorpresa.
La seriedad relucía en el rostro de Theon y se mezclaba con un aire de preocupación.
-Tenemos que hablar.
Arya tragó seco.
Los dos estaban sentados al borde del río, junto al árbol corazón, media hora después. Arya le había dicho que no había pasado nada grave o serio entre ella y Jon, nada que pudiese considerarse impropio. Y aunque Theon había asentido, todavía tenía sus sospechas.
-¿Por qué te gusta tanto Jon?
Arya suspiró.
-No lo sé. -le dijo. -Él sólo es... Es como yo. Y diferente. Es Jon... Es valiente y divertido. Y no me trata como a una cría. Siempre me sonríe y revuelve mi cabello y, hay algo en ese gesto... La forma en que sonríe... Me hace feliz. -Confesó, mirándolo a los ojos. Theon le miró atento, intentando analizarla. Luego Arya volvió a suspirar y lanzando una piedra al agua contestó. -Y se parece a papá.
-Quizá deba descubrirlo yo también.
-¿Por qué te preocupa?
Theon la miró escandalizado.
-¿bromeas? Eres la hermanita de Robb, mi mejor amigo. -Le dijo. -Tengo que preocuparme.
Ella bufó divertida.
-Jon va a ganarte.
-Lo veremos...
Jon ganó aquél encuentro y dada la forma de pelear del moreno Theon descubrió quién era. Decidió que podría ignorara quilla relación un poco más. Aquella alianza podría servirle después, se dijo.
...
Pero R'hllor veía el futuro en sus llamas. Y los Stark habían aceptado a Jon y le habían hecho madurar. Quizá les debía aquella visión.
Las llamas se avivaron en la habitación de Bran. Otra vez sumergido en sueños.
Seria la segunda vez que vería aquella pesadilla, pero no sería la última.
Brandon caminaba entre los escombros y la ceniza. Se abría paso en medio de cuerpos desperdigados en el suelo y ya sin vida. Avionetas surcaban el cielo y montones de soldados corrían agitando y disparando sus armas.
-¡Arya!
Pero Bran sólo oía aquella voz, llamando tan desesperadamente a su hermana.
-¡Arya!
Ahora sabía que se trataba de Jon. El moreno corrían entre el humo y los escombros buscando a su hermana; pero Bran se daba cuenta de que estaban separados el uno del otro. Alguien tomaba a su hermana en brazos, ésta estaba inconsciente y Jon se aventuraba aún más adelante y entonces la bomba cayó.
¡Jon!- gritó, tratando advertirle, despertándose al hacerlo.
Al mirar a su alrededor se dio cuenta de que estaba en el cuarto de Rickon. Pero no le importó, salió de allí directo al salón de la torre donde sabía estaría el moreno.
Lo encontró afinando una guitarra. Misma que El Niño le quitó de las manos para poner la atención de Jon en sí mismo.
-¿Bran?
El moreno le miró confundido. Pero el niño acercó su rostro al de él y le habló con extrema seriedad y fuerza en sus palabras,
-Nunca pierdas a Arya de vista ¿entendiste?
Perplejo, Jon sólo pudo asentir con la cabeza..
-Nunca... -Repitió Bran, dejando en claro que era una orden.
Y sin más, le había devuelto la guitarra al muchacho para luego abandonar de nuevo la sala.
Jon parpadeó y se lo quedó mirando todavía más confuso.
Sobra decir que no pudo tocar la guitarra aquella tarde.
...
El tiempo pasó y Maekar murió. Aquella noticia trajo muchos cambios. Jon había aceptado sus sentimientos por Arya. Y Rob se había vuelto su amigo al igual que el resto.
Un día antes de partir hacia Winterfell, Arya había pescado un resfriado. La jovencita tenía bastante fiebre y Jon temió el que no le permitiesen verla, pero Rob había accedido.
Eran pasadas las nueve de la noche y en todo el día Jon no había podido verla, los preparativos para el viaje lo habían mantenido ocupado. Pero jamás, ni un instante siquiera dejó de pensar en ella. Jon entró en la habitación justo cuando la Septa iba saliendo de atenderla. El muchacho sabía que la mirada que la mujer le había dedicado significaba que no podía quedarse mucho tiempo, pero aquello a él poco le importaba; si Arya se lo pedía Jon se quedaría toda la noche.
Abrió la puerta y ahí estaba ella, con las mejillas coloradas por la fiebre.
-Jon -le reconoció sonriendo.
El aludido se acercó hasta la cama.
-Estás enferma.
-Estaré mejor cuando regreses. -Respondió aún más contenta y el corazón del muchacho se ensanchó al escucharlo. Aquello era una promesa. -Te va a encantar Winterfell.
-Eso he oído.
Arya dejó salir una risilla, no tenía las fuerzas para discutir con él y la cabeza le daba vueltas.
-Ven, recuéstate conmigo. -Le pidió extendiéndole los brazos.
Jon hizo como le pidió, consciente, seguro y feliz de que pasaría la noche con ella. Se subió a la cama y se recostó a su lado, ella se recostó en el pecho de él, su respiración se volvió de pronto acompasada; como si el mero contacto con él la aliviara.
-Vuelve pronto, ¿sí? -dijo con los ojos cerrados. Empezando a dormir.
-Lo haré. -respondió, rodeándola con el brazo izquierdo. Atrayéndola aún más hacia él. -Te escribiré mientras esté allá. -Prometió.
Arya sonrió ya más dormida que despierta.
-Yo te responderé cada carta. -respondió en apenas un susurro.
Jon se acomodó para abrazarla con ambos brazos, se aferró a ella como si se le fuera la vida en ello. Tenía miedo, sentía una ansiedad terrible y las lágrimas se acumulaban en las cuencas de sus ojos, pero consiguió evitar soltarlas.
En medio de la oscuridad tenuemente iluminada por las llamas de la chimenea, Jon se dejó abrumar por aquellos sentimientos. Mientras Arya dormía a salvo en sus brazos, el muchacho reveló su más profundo sentimiento.
"Estoy completamente enamorado de ti... Y eso me aterra...!"
Apenas tenía quince años, en el proceso por convertirse en un hombre; y ya había encontrado a su compañera. Con la fuerza de sus llamas, R'hllor le concedió a Jon aquel deseo, Arya estuvo libre de enfermedad al día siguiente.
...
La noche que Catelyn Stark murió, R'hllor le concedió una visión a Arya. Esa noche había soñado con su madre e incluso hablado con la misma. En su sueño, era su noche de bodas; su madre estaba allí platicando con ella mientras la arreglaba para el gran momento.
Ironicamente, Arya se había sentido feliz al saber de aquel acontecimiento y sin embargo, al mismo tiempo, había sabido que aquello sería un imposible. Y no por su renuencia al matrimonio, sino porque los dioses le decían que no volvería a ver a su madre con vida nunca más.
-...No
Cuando la campaña de Winterfell regresó al Muro (su padre entre ellos), aquél temor se vio confirmado incluso sin que nadie le dijera nada.
-Arya
Su padre se acercó hasta ella y la abrazó. Arya lloró en los brazos de su padre al igual que el resto de sus hermanos.
Durante todo el cortejo funebre (un homenaje a Lady Catelyn reina de Winterfell) que duró desde el alba hasta el anochecer, Arya Stark se mantuvo firme, sin derramar lágrima alguna. La familia real se mantuvo unida, aceptando los consuelos de la gente. Lord Stark, rey de Winterfell incluso dispuso de la alcoba más grande del castillo para que la familia pudiese estar junta bajo dicho duelo. Todos entendían que era un momento privado a respetarse, incluido Jon.
Y sin embargo, cuando la ceremonia concluyó, Arya Stark había salido corriendo en dirección a la torre del rey. Jon estaba a escasos escalones de terminar la subida a su piso, cuando la Stark lo alcanzó.
-¡Jon!
-Arya?!
Él se detuvo de inmediato, volviendo bajo sus pasos; Arya corrió los últimos escalones y se aferró a él tan pronto le hubo alcanzado.
-lo siento, lo siento tanto. -Sollozó entre lágrimas, él le miraba perplejo. -¡Se siente horrible!
Y al oír aquello Jon lo entendió. Entendió que ella hablaba de Maekar, del miedo que sentía de haber sido altanera con sus palabras de consuelo, al sentir ahora ella aquel dolor tan terrible de pérdida.
El muchacho sonrió comprensivo.
-Sé cómo te sientes. -Le dijo y le tomó el rostro entre sus manos, obligándola a clavar la mirada en la suya propia. -No voy a irme a ningún lado. Aquí estaré para ti.
Los ojos de Arya se abrieron en asombro y renovada esperanza. La mirada volvió a empañarse al llenársele de lágrimas, que derramó con mucha más fuerza.
Jon la apretó en sus brazos, la levantó y echó a andar por el pasillo hasta su cuarto. Una vez dentro la depositó en la cama y la cuidó como ella le había cuidado a él cuando había estado herido. Durante la mayor parte de la noche ella se dedicó a llorar escondida en el pecho de él. Mientras que él le cantaba una canción de cuna en Valyrio.
Eventualmente, Arya al fin se durmió.
El fuego del hogar estaba por comerse los últimos trozos de madera.
Cuando el día siguiente comenzó ambos despertaron al mismo tiempo, aún envueltos en los brazos del otro. La luz se colaba entre las cortinas y daba la sensación de ser apenas de madrugada. Las cobijas y sábanas estaban revueltas y sus pies enredados en los del otro. Se sentía un calor cómodo y tenían los aromas intercambiados.
-Hey... -saludó en un susurro.
-Hey... -respondió él con voz ronca.
Arya notó por primera vez lo mucho que la voz de Jon se había tornado profunda y gruesa, desde la primera vez que lo conoció. Y de pronto sintió cosquillas en los pies.
-cantas horrible -le dijo con media sonrisa, sintiendo la necesidad de alejar aquél retortijón de estómago que no podían ser las mariposas de las que le había hablado Sansa.
Jon correspondió a la sonrisa y se reacomodó en la cama.
-Lo lamento -contestó.
Y algo en la forma en la que la miró le subió la sangre a las mejillas. Aquellos ojos tan grises reflejaban su propia imagen y Arya sintió que Jon era una especie de tormenta que la absorbía sin que ella pudiese defenderse. Lejanamente se preguntó si aquello era igual al matrimonio, si de eso se trataba, de compartir momentos tan íntimos al amanecer.
-La verdad es que no lo haces mal -confesó sin reparar en lo que decía.
Jon le acarició el rostro con el dorso de la mano.
-Sólo te canto a ti -confesó de igual forma.
El corazón se le saltó un latido.
Los dioses se dieron cuenta de la promesa implícita en aquellas palabras... "Sólo te cantaré a ti."
Arya sonrió conmovida. Su propia mano jugueteó con los mechones negros del cabello de él.
-Más te vale. -Le advirtió.
Las últimas llamas del fuego del hogar se extinguieron.
Mas aquello volvió a repetirse durante el lapso de un mes. Arya corría todas las noches a la habitación de Jon y éste le esperaba de brazos abiertos. La joven derribaba sus defensas envuelta en los brazos del muchacho y dejaba salir las lágrimas, el llanto por la pérdida de su madre; mientras Jon le cantaba hasta hacerla dormir, consolándola en el acto; depositando besos en su frente.
Y siempre al despertar ella conseguía volver a sonreír.
Poco a poco, ella se recuperó al fin, superando aquél luto.
...
Nueve meses después había llegado el momento, decidieron los dioses, y Arya recibió el regalo de la sangre. Para entonces, Jon Targaryen había formado la Triple Alianza junto con Rob Stark y Theon Greyjoy y los tres se habían dedicado a unir a Westeros en contra de la dictadura de Viserys. Habían descubierto movimientos de traidores y habían logrado conseguir cumplir el principal objetivo de su unión; pero aún quedaba mucho por hacer.
Y sin embargo, los dioses estaban preocupados por el avance del muchacho; el tiempo se acortaba y todavía no había una unión como tal con la niña lobo y el joven dragón. Así que R'hllor había encendido el fuego en las dos doncellas que moverían las piezas que se habían quedado quietas, Val y Sansa.
Los dioses eran recelosos y a veces, incluso, peleaban entre ellos. Pero aquello había sido necesario. Y había dado resultado.
Tras la provocación de Val, Sansa había tomado cartas en el asunto y Jon había reaccionado por igual. Y tras la provocación de Sansa, Jon por fin había dicho en voz alta lo que llevaba sintiendo, deseando, desde hacia ya tiempo.
Deseaba a Arya para sí mismo. La quería como su compañera.
Aquella primera cita, había sido la culminación de un elaborado plan de ya dos años de los dioses antiguos. En esa noche, las estrellas habían servido de testigos.
Jon y Arya estaban sentados afuera de la torre de juegos, donde los niños del norte tenían sus clases de deporte. Habían hablado la mayor parte del tiempo, mientras entre risas y bromas habían jugado dentro de las aulas desiertas. Pero en algún punto, ya exhaustos, ambos se habían detenido a descansar a la entrada del salón, de frente al patio.
Hacía frío pero no demasiado.
Arya se frotó las manos en un gesto de nerviosismo, Jon le miraba atentamente cada movimiento.
-Esto se supone que es una cita -dijo al fin, sin mirarle -¿no deberíamos estarnos besando?
-Ciertamente -contestó y él.
Y Arya apenas tuvo tiempo de voltear antes de que él le besara la boca con la suya propia.
Era una sensación nueva y extraña. Deliciosa y abrumadora. El querer fusionarte en un beso. El calor buscando al calor. Ese fuego interno que busca convertirse en un incendio. Los alientos mezclados... intercambiados y dulces...
Y entonces el cielo se cubre de nubes. Comienza a nevar y el frío les enchina la piel y les incita a seguir besándose; a intentar conseguir generar la mayor cantidad de calor posible.
Arya le rodea el cuello con ambas manos, sus dedos perdiéndose en los mechones negros, rizos tan parecidos a los de ella. Jon le acaricia la espalda con una mano pegando su pecho al de ella, mientras la otra baja hasta su cadera y sigue la curva de sus piernas... Pronto están los dos sobre el suelo. Él encima de ella. Ella debajo de él. Y son tan conscientes de lo nuevo que es esto, esto que hacen, esto que es íntimo, suyo...! Que algo les dice que paren al mismo tiempo en que exige que continúen.
Jon ha comenzado a acariciarle la piel bajo la falda, sosteniéndose como puede sin terminar aplastándola. Su boca ha abandonado la de ella y ha descendido hasta su cuello en donde se detiene a besar su pulso, casi como si quisiese beber de su vena. Arya le acaricia el dorso con una mano y la espalda con la otra, insegura sobre qué hacer pero deseosa de poder tocar.
Está mal, se dicen y está bien, se reiteran.
Es pronto... muy pronto...
Y se detienen. Se miran a los ojos, con los dioses como testigos y con las respiraciones aceleradas y las sensaciones a flor de piel.
Cuando regresan a la torre del rey, Arya le dice que sueña con fugarse... y que le encantaría que fuera con él.
Jon le promete que algún día, así se hará.
R'hllor sabe que Jon ha recordado lo que el rey del Norte le prometió cerca de diez meses atrás, cuando había salvado su vida. El dios de la luz sabe lo que Jon le pedirá a Eddard Stark. Ahora que ha expuesto sus sentimientos y que ha sido correspondido, no tiene nada que temer.
Es el momento de la alianza y en su siguiente visita a Winterfell, Jon Targaryen (apoyado de Rob Stark y de su hermana Sansa Stark) pide al Rey del Norte, Eddard Stark la mano de su hija menor Arya en matrimonio. Y el hombre no tiene modo de negarle aquello, da su consentimiento no sin cierto recelo, pero con gusto de forjar aquella fuerte alianza.
Arya será reina.
Arya será la compañera del rey dragón.
...
R'hallor decide entonces, que el padre del príncipe prometido merece saber aquello. Incluso si el telegrama se ha enviado, incluso si sus aliados le han hecho llegar la noticia; nada se compara con el placer de verlo él mismo.
La sacerdotisa roja lo busca aquella noche, la víspera del cumpleaños dieciséis de su hijo.
-Rey Rhaegar -le llama y el aludido le presta su entera atención desde el momento de su llegada -su visión está lista.
El hombre no duda. Deseoso de poder ver el futuro de su hijo, de poder asegurarse de que estará bien.
En aquella visión que Catelyn también había visto, Rhaegar es capaz de ver a su hijo pelear por su pueblo y sentarse en el trono al lado de su amada. Y cuando vuelve a abrir los ojos, de vuelta al presente, hay lágrimas resbalando por sus mejillas.
-Es mi hijo. -Dice al fin. -Mi hijo es el príncipe prometido.
-¿Por qué llora, mi señor? -pregunta ser Jorah, confundido de ver tales lágrimas bajo algo que se supone son buenas noticias.
-Desearía que no tuviese que sufrir tanto. -Dice al fin.
La voz de R'hllor reverbera en la mente del Targaryen.
"Es necesario para que se convierta en quien debe ser"
Rhaegar asiente.
-Si al final es feliz, con eso me será suficiente.
Algo en su interior se quiebra. Su mente a terminado de analizar lo que él ha visto en aquella visión del futuro. Su mirada se clava en la figura de la sacerdotisa roja.
-No volveré a verlo, ¿cierto?
La mujer desvía la mirada antes de responder.
-"No en vida."
Seis meses después la noticia de la ejecución de Rhaegar se esparce por radio y llega hasta Westeros...
...
Las cosas dan un giro para lo peor, Dhorne se une a Viserys y la guerra se extiende hasta el territorio de Westeros. Interminables ataques por mar y por aire. Los primeros bombardeos llegan a High Garden y el mundo comienza una vez más a fraccionarse. Winterfell todavía sigue intocable y Arya está a días de cumplir los trece años.
El fotógrafo real ha llegado con cuatro días de anticipación. Los historiadores siguen reuniendo información y guardando evidencias del pasado, para el futuro. El Rey Eddard y su hermano Benjen han regresado al Muro, las filas de soldados siguen creciendo. Y aquella tarde la familia real es llamada para sus respectivas sesiones de fotos. Una donde estén todos juntos, otra de los más pequeños, otra del rey y su primer heredero. E incluso un par individuales y a cada uno les regalan un set de pruebas dos días después.
Arya está viendo las fotografías que le entregaron en el sobre esa mañana, cuando Sansa se ha acercado a ella.
-Deberías darle una a Jon -dice tomándola por sorpresa.
La aludida se endereza en su posición en el asiento de la ventana. Ambas están en la biblioteca, alejadas de las clases particulares desde que las condiciones de la guerra cambiaran. Sus horas con Jon también se han visto afectadas, el muchacho ha estado melancólico desde la muerte de su padre y nadie puede culparlo; incluso con el apoyo de la familia Stark, Jon todavía se muestra retraído. Excepto cuando está con ella. Y aún así, ni siquiera ella consiguió que éste sintiese interés en el trabajo de los historiadores.
-Mejor le doy una donde estemos todos. -Respondió, comenzando a guardarlas de vuelta en el sobre.
-Arya -Le detuvo Sansa, obligando a la menor a levantar el rostro para mirarla de frente. -Es a ti a quien él querrá ver -le dice.
Y el corazón se le oprime. Tiene tanto miedo de que no sea así.
Su hermana se va entonces, dejando que piense en lo que le ha dicho. Se pasa una hora más indecisa en aquél cuarto lleno de libros y al final, se retira decidida hasta la sala de prácticas en donde sabe que Jon sigue entrenando cada tarde sin falta.
Cuando entra Jon está descansando en el suelo, con la respiración irregular y el sudor adornándole el rostro y los brazos. Va descalzo, con una camiseta negra sin mangas y un pantalón flojo igualmente negro.
Arya da dos pasos insegura y se detiene inmediatamente después, justo cuando él se ha percatado de su presencia.
-Arya, ¿qué pasa? -pregunta, poniéndose de pie y avanzando hasta llegar a donde está ella.
La aludida duda un momento antes de mirarle directamente a los ojos.
-Quiero darte algo.
-¿Qué es?
Inhala y exhala profundamente y luego le tiende el objeto.
-Esto.
Es un sobre y él ya lo ha tomado, en un instante saca el papel.
-Una fotografía. -Exclama al descubrir lo que es, pero su voz se pierde al ver la imagen con mayor detenimiento.
El corazón de ella se oprime.
-...si no la quieres
-Es perfecta La interrumpe de golpe. -Es perfecta, Arya... -La mira y la voz se le pierde un instante. -Es perfecta. Gracias. -Susurra, embriagado de ella.
Y al instante siguiente la ha tomado en brazos y la está besando sin intención de detenerse.
Ella está a días de cumplir los trece, él a dos meses de cumplir los diecisiete. Todavía son niños en un mundo de adultos, pero la guerra los ha hecho madurar a un ritmo más rápido y el tiempo que les queda antes de la separación es poco.
Pero lo que siguió, si bien estaba previsto como parte del plan, se escapó de las manos de R'hallor.
El fuego de la chimenea chisporrotea, el dios de la luz sigue empecinado en devolver lo que prometió a su campeón cuando le encomendó luchar por él.
Jon está de pie frente al hogar, su mirada perdida más allá de las llamas, concentrada en el porta retrato que descansa sobre la chimenea del salón privado del castillo de su tía Daenerys. Aquél que debería ser suyo.
Es un retrato de Lyanna cuando se había casado con Rhaegar.
Jon suspira cansado y hasta cierto punto triste. La melancolía le ha vencido y saca la pequeña foto de entre las páginas del diario que lleva consigo a todas partes, adentro de uno de los bolsillos interiores de su abrigo. La fotografía en sepia muestra la imagen de la loba de los Stark, Arya de Winterfell; su prometida. El hombre vuelve a guardar la foto, cerrando el diario de golpe cuando el dolor se ha vuelto demasiado intenso.
Al final el dolor de no tenerla se ha hecho más fuerte que la dicha que encontrara junto a ella. Tras guardar el libro, cierra sus ojos con las manos sobre la boca.
Daenerys entra entonces.
-¿A quién le rezas, sobrino?
Jon se yergue al instante y la mira con seriedad y algo parecido al odio.
-¿Por qué debería rezar? Los dioses son crueles.
El fuego chisporrotea, R'hllor está furioso. Ha perdido a su campeón pero no descansará hasta recuperarlo.
A/N: fiu! Sudé frío con este capi... Anyway, espero haya provocado las emociones que esperaba.
