Estamos llegando al punto culminante de la guerra, pronto sabremos cómo fue que se separaron Jon y Arya. Así que no desesperen, el próximo capi es justamente de Arya. Pretendía que fuera éste, pero... bueno, ya verán porqué al final decidí que mejor no.
WARNING: lemon, lemon, lemon. =)
FADED
MARGAERY
A mediados del invierno, Dhorne atacó High Garden. Asediaron la frontera durante semanas hasta conseguir ganar territorio. Los Lannister y los Baratheon salieron en su defensa, pero nadie estaba preparado para los bombardeos que siguieron.
La reina de Highgarden, Lady Olena, tomó la decisión entonces de aceptar la oferta del rey del Norte y mandar a sus herederos al Muro, Loras y Margaery.
Aquello vino como una gran sorpresa para la princesa, quien entonces había estado en la mitad de su tercer noviazgo, y había sido el primero que le había calado hondo en el corazón. Sin embargo, la de cabellos color fresa tenía bien marcadas sus prioridades. Tenía 16 años y ya entendía que prepararse para ser reina venía primero. Así que accedió de buena gana aquella orden.
-El mismo Benjen Stark vendrá por ustedes. -Le dijo su abuela, todavía se veía nerviosa.
-El hermano del rey -inquirió Margaery.
-Sí, el hermano -respondió mirándola con aprehensión. Pero había entendido bien lo que su nieta había cuestionado entre líneas -Los tres herederos no pueden arriesgarse a acercarse tanto al fuego -explicó -por eso es que se quedarán resguardados en el Muro al igual que tú y tu hermano.
Margaery levantó las cejas en un gesto de crítica. Había oído los rumores de la famosa Triple Alianza, de los jóvenes herederos que apenas eran unos adolescentes, pero que tenían un ingenio de admirarse. Y ella tenía el deseo de hacerse con uno al menos, quizá incluso hasta sólo por una noche.
Sentada en la cama, viendo cómo su abuela le preparaba las maletas, Margaery sopesó esto último.
-¿Deberé seducirlo?
Olena se quedó quieta al escucharla, la miró con interés.
-Eso depende de lo que quieras conseguir. O de a quién pretendas conseguir.
La joven se hizo la desentendida.
-Sólo sé que las alianzas son importantes.
-No todas querida. -Le reprendió y se paró frente a ella. -A veces es mejor moverse en solitario. Di lo que quieres realmente.
Una vez más Magaery se hizo la tonta.
-Complacerte abuela.
Olena dejó salir una sonora carcajada.
-Tú lo que quieres es ser reina. -Rectificó y la joven se sonrojó al sentirse descubierta. -Y viendo a tu hermano, ese camino es fácilmente tuyo.
La mujer se sentó a un lado de su nieta, divertida de ver el brillo en los ojos de la misma.
-Entonces no debo preocuparme por complacer a nadie. -Concluyó contenta.
-En cierta forma sí, en cierta forma no. -Volvió a corregirla. Le dedicó una mirada significativa y la joven se enserio. -Jon Targaryen está en el Norte, y a él es a quien tenemos que agradar. En especial si queremos derrocar a su tío.
Margaery asintió, convencida de entender a lo que su abuela se refería.
-Veré como seducirlo entonces.
Su abuela sonrió. Se acercó a ella y tomándole el rostro, le besó la frente.
-Ésa es mi niña.
Margaery no lo diría, pero no estaba del todo convencida con aquèl plan. No le gustaba sentir que todo el tiempo, habìa alguien a quien ella tenìa que complacer para conseguir su favor; esperaba que las cosas pudiesen ser diferente, pero tambièn comprendìa que de nada le servirìa discutir aquello con su abuela.
...
El viaje al Muro durò diez dìas y Margaery se maravillò con la belleza que despedìa aquèl paisaje nevado. El Muro la deslumbrò aùn màs. No era para nada como se lo habìa imaginado y, con tantos niños y tantas àreas especiales para la improvisada escuela, a Margaery le recordò màs a una pequeña comunidad privada.
Cuando el coche entrò en el hangar que servìa de un improvisado estacionamiento, pasaron frente a la guardia de Casterly Rock, los estandartes se mantenìan regios a falta de viento.
-Parece que los Lannister se nos adelantaron. -Señalò Loras.
Margaery no despegò la vista del cristal de la ventana.
-Su territorio es más cercano al Norte, es todo. -Respondiò.
-¿También atacaron Casterly Rock?
Margaery contuvo el impulso de rodar los ojos, a veces la ingenuidad de su hermano la desesperaba.
-Es mera precaución. -le dijo. -Los Lannister planean una invasión a Dhorne, así que necesitan tener bien resguardecidos a sus herederos.
El coche parò, estacionándose en el àrea contraria a la de los leones. Cuando descendieron del vehìculo, los recibiò la familia real del Norte, cada uno de los herederos formados en fila por edad, acompañados ademàs de sus guardias de compañìa.
-Bienvenidos sus altezas. -Saludò Rob.
El muchacho iba vestido con un traje de pana cafè y llevaba un suèter blanco debajo del saco. La joven notò que el príncipe estaba en bastante buena forma: era alto, con la espalda ancha y facciones afiladas, el cabello se le rizaba por los bordes y sus ojos eran de un azul cristalino. Lamentò aùn màs el que èl no fuera su objetivo en aquella empresa.
-Bienvenidos al muro, soy Rob Stark, príncipe heredero del Norte. Éstos son mis hermanos, Sansa, Arya, Bran y Rickon.
Cada uno de ellos hizo la respectiva reverencia. Margaery dio un paso al frente y se presentò antes de que su hermano pudiese siquiera abrir la boca.
-Mi nombre es Margaery Tyrell, y soy la princesa de High Garden, él es mi hermano Loras.
El aludido le mirò con algo de molestia pero lo disimulò delante de los Stark.
-Un placer conocerlos, esperemos estén cómodos en el Muro.
-Esperamos lo mismo. -respondiò Loras.
Margaery se fijò especialmente en Sansa, la chica mantenìa especial atenciòn en Loras, aunque èste no se daba por enterado. Aquello la destanteò un poco, pensò que quizà podrìa hacerse de una "amiga".
...
Horas màs tarde, Margaery deambulaba por los pasillos de Casterly Black en busca de su supuesta presa, pero tambièn con la intenciòn de conocer la que serìa ahora su àrea de juegos. Lo cierto era que si bien Black Castle era bastante grande, había áreas que a la adolescente le resultaban demasiado tanto, había terminado en la torre del rey, pensando que si bien era área privada, igual tendría que conocerla si llegaba a lograr seducir al príncipe dragón.
Estaba ya en el antepenúltimo nivel, recorriendo los pasillos, cuando escuchó voces discutiendo. Margaery siguió aquellos reclamos hasta descubrir una habitación abierta.
-No puedes mentirme. ¡Vi la forma en la que lo mirabas!
Era la habitación de Sansa Stark.. La dueña estaba discutiendo con un chico rubio y de ojos azules que Margaery identificó como el heredero de los Greyjoy.
-No puedes decirme nada sobre quién me parece atractivo –refutó la loba, evidentemente irritada -cuando tú te dedicas a revolcarte con las criadas del castillo. –Se cruzó de brazos, dándole la espalda al chico.
Margaery sonrió, decidiéndose a inmiscuirse en aquella plática.
Theon había puesto los ojos en blanco antes de exasperarse.
-Fue sólo una y terminamos hace más de un año Sansa. –Respondió, elevando la voz una octava.
-¿Y a mí de qué me sirve saber eso? ¡Jamás me has dicho nada a mí! –reclamó la chica de vuelta. -No te debo nada…
Sus palabras murieron de pronto; al darse la vuelta, había visto por el rabillo del ojo a la chica Tyrell en la entrada de la habitación.
-¡Margaery! -exclamó sintiéndose ligeramente avergonzada.
La aludida decidió que de nada servía ya jugar al escondite. Se irguió y entró a la habitación, en sus labios se posaba una divertida sonrisa y sus ojos tenían un brillo pícaro que no pasó desapercibido por Theon y Sansa. La Tyrell se acercó al primero.
-Theon Greyjoy, asumo.
El rubio tragó seco, incómodo al sentirse evaluado.
-Así es, Margaery Tyrell, supongo.
-Supones bien -respondió con risa en sus palabras -un placer.
Había algo coqueto en la forma en la que Margaery se movía y hablaba. Mas que una jovencita de dieciséis años, parecía una mujer madura y segura de su atractivo y la influencia que éste ejercía en el sexo masculino. Peligrosa, fue la palabra que la mente de Theon conjuró y se decidió a irse.
-Debo retirarme. -Dijo sin más.
Ni siquiera miró a Sansa una última vez, a pesar de que ésta estaba esperando el que lo hiciera. Tan pronto el rubio cerró la puerta tras de sí, el silencio fue roto por Sansa.
-Lamento que hayas presenciado eso.
Margaery notó el rubor en las mejillas de la pelirroja. Para ella quedaba clara aquella situación y vio la oportunidad de ganarse el favor de la princesa Stark.
-Dulce nena, puedo ayudarte. -Le dijo tomándole el rostro entre las manos, clavando la mirada en la de ella, arrastrándola con su poder de seducción.
Y ¡oh!, cómo la ayudó!
Durante las siguientes dos semanas, Margaery se dedico a enseñarle a Sansa todas las artes de seducción que posee una mujer para atrapar a un hombre. Desde cómo mirar para atrapar la atención de él sin permitirle escapar de tus ojos, hasta cómo provocar una reacción en cadena de palpitaciones en el cuerpo de él con una simple caricia. Le enseñó los distintos tipos de sonrisas; cómo lucir nostálgica; cómo lucir fresca y libre; cómo verse ligeramente avergonzada, hasta pasar por tímida.
Y desde luego que también le enseñó todas las formas diferentes de besar... de abrazar...
De tocar...
-¿Quién te enseñó estas cosas? ¿Fue tu mamá?
-Sí, dulce niña.
Estaban ambas recostadas en la cama de Margaery, con las respiraciones agitadas y el pulso acelerado. Acababan de terminar una sesión de caricias y besos que las habían llevado a ambas al delicioso clímax del orgasmo.
A raíz de aquello, Sansa no podía evitar sentirse atraída por su compañera, y al mismo tiempo desear hacer todo aquello con un hombre rubio y de ojos azules de nombre Theon. Pero estaba empeñada en decir lo contrario, temerosa de evidenciar lo mucho que le movía el chico Greyjoy.
-Pero no estoy interesada en Theon, si te soy honesta tu hermano es mucho màs atractivo.
Margaery bufó.
-Y le gustan los hombres.
-¿Què?
Sansa se veía escandalizada, y Margaery tuvo que recordarse que los norteños tendían a ser lo más tradicionalistas.
-Es bisexual, pero tiene preferencia por los de su tipo -explicó.
-Ah
Margaery se irguió hasta sentarse, mirando a la pelirroja que todavía estaba respirando con dificultad. Tenía un cuerpo hermoso, decidió la de cabellos fresas. Su piel tenía un tono rosado que resaltaba aún más bajo la excitación del acto que habían compartido. Tenía las caderas anchas y una cintura de reloj. Los pechos medianos, con los pezones rosados y erectos…
-No te asusta, ¿o si?
-No, no. -Se apresuró a responder Sansa. Admiraba demasiado a Margaery como para pensar siquiera en decir algo que molestase a la misma. -Me asombra.
-Los del Norte son tan frìos como su paisaje. -Dijo, inclinándose sobre el cuerpo de su compañera y acariciándole la parte interna del muslo. -Pero yo creo que sòlo en apariencia.
Margaery dejó salir una risilla y Sansa rió con ella.
-Es nuevo... eso es todo. -Le aseguró, apartando la mano de ella, todavía no se sentía lista para un nuevo asalto.
Sansa cerró los ojos y respiró profundamente. La Tyrell la miró a detalle. Si bien Sansa era la más hermosa de las princesas Stark, no era su verdadero objetivo. Jon Targaryen, mejor conocido como Jon Snow, era su verdadera presa. Pero hasta ése momento no había hallado el modo de acercarse a los príncipes. Había pensado que quizá Sansa le diese ésa oportunidad, pero viendo sus pobres avances con Theon aquello resultaba una vana esperanza.
Quizá fuera mejor sanjar el asunto de una vez por todas. Picar la curiosidad uno por uno, de los príncipes de la Triple Alianza.
-Te gusta Theon. -Declaró, Sansa abrió los ojos al instante, lista para refutar, pero Margaery la cortó. -No intentes negarlo. -Le dijo, parándose a tomar una fruta del bowl que descansaba sobre el baúl al pie de la cama. -Pero querida, no hay razòn para pelear con èl.
Sansa entornó los ojos.
-¿Acaso no lo viste? ¡Es desesperante!
-Quizà pero debes aprender a ser màs lista que èl. -Presionó, en su voz no daba lugar a discusión. -Lo quieres comiendo de tu mano, no volando fuera de tus brazos.
Sansa se quedó mirando cómo Margaery mordía aquella fresa, derramando el jugo de la misma sobre sus labios, chupando el néctar al tiempo en que salía.
-Siempre tienes algo en la boca. -Soltó sin pensar.
Margaery sonrió complacida.
-Espero que eso sea un cumplido.
Y lo había sido.
La pelirroja se había lanzado a devorarle los labios.
...
Dos días después Sansa se había hecho de Theon, justo como Margaery la había entrenado para hacerlo. Y pronto los corredores de Castle Black se llenaron de la noticia de un posible nuevo compromiso. Rob no había refutado nada todavía, aunque se había alejado de su amigo al escuchar la noticia. Los meses pasaron y ya no hubo espacio para dudas. Aquella mañana, Margaery se había enterado de la misma Sansa que su compromiso con Theon Greyjoy era oficial, apenas dos mes después del inicio de aquellas lecciones sexuales.
Margaery sabía que la amistad que había entablado con Sansa le había ganado el favor de la misma y su familia, incluso la de Theon. Pero príncipe dragón todavía estaba lejos de sus enredaderas. ¿Cómo acercarse a él? ¿Cómo llamar su atención? Se había equivocado al pensar que un acercamiento lateral le permitiría llegar hasta éste; a pesar de la amistad de los chicos, Jon no pasaba su tiempo con ellos más allá de lo que los planes de la guerra se lo requerían. No. Jon se pasaba el tiempo con la menor de los Stark, la chica lobo.
-¿Jon ha robado tu atención hermana?
Margaery sonrió. Loras la había atrapado desprevenida, mirando atentamente al príncipe Targarye, el cual en ese momento estaba jugando con Arya en la zona boscosa de Castle Black. Desde el balcón de la torre en la que ella se encontraba, podía verlos sin problemas; la pareja corría entre los árboles, Jon intentando atrapar a Arya.
-Es atractivo, pero prefiero al Stark. -Respondió. -¿O es que acaso lo quieres para ti hermano?
Loras dejó salir una carcajada.
-No creo que Rob Stark tenga interés en los hombres. -Refutó. -Además, ha estado colgado de Myrcella desde que los Lanister llegaron, según he escuchado.
-¿Cómo es que no me sorprende? -Margaery entornó los ojos. No era oficial, pero era evidente que la belleza de Myrcella capturaba la vista del príncipe lobo, cada que ésta se hacía presente en el lugar en el que él se encontrase; para fastidio de la Tyrell. -Quizá llegamos tarde.
-También escuché rumores, sobre Jon Snow.
Margaery enarcó una ceja confundida, todavía con la vista pegada a la pareja entre los árboles.
-Creía que era Jon Targaryen.
-Oh, lo es. -Loras se recargó en el barandal igual que ella, mirando también hacia la escena en el lado boscoso de Castle Black. Jon finalmente había atrapado a Arya y ésta reía en sus brazos. -Pero sólo la realeza lo sabemos, para que no sueltes tu lengua hermanita. -Le advirtió. -Pero no te lo digo por eso, según escuché está comprometido... con ella.
Si bien no lo sabía, había tenido la sospecha. Aquello le estropeaba un poco los planes, quizá si no hubiese visto durante el tiempo que llevaba en el Muro, lo mucho que Jon adoraba a esa niña, se habría planteado el arrebatárselo. Además, Jon era un tipo diferente de hombre, ni siquiera la belleza de Val llamaba su atención. Era como si él buscara algo más significativo en quien eligiera para ser su compañera. Una chispa especial. La misma que vio entonces, cuando Arya consiguió engañar a Jon para que la soltara y pudiese volver a escapar de él entre los árboles.
-Es linda, pero es una niña, quizá doce o trece.
-Trece, de hecho.
-Pobre Jon. -Silbó. Un recuerdo le brilló en la mente. -Aunque, creo recordar que yo empecé a los trece. Y tú también.
Loras inspiró con fuerza y su hermana supo que estaba por hablar de algo serio.
-Necesitamos una alianza más segura, fue lo que dijo la abuela. -Le recordó, a sabiendas de que no era necesario, Margaery no había olvidado cuál era su deber, aunque no sabía exactamente cómo conseguirlo, a menos... -Necesitamos ganarnos a los Stark, y los dos sabemos que sólo tú puedes hacerlo.
La mirada que su hermano le dedicó, le hizo saber que él pensaba lo mismo que ella.
-Y sugieres que lo haga a través de Arya.
Loras sonrió de medio lado.
-Es bastante divertida, quizá un poco más que Sansa. -Le dijo. -Además dada su edad y lo mucho que está fascinada con Jon...
Margaery atrapó el mismo hilo de pensamiento que él.
-Será una excelente aprendiz. -Concluyó, devolviéndole la sonrisa. -Sin mencionar que eso complacerá por mucho al príncipe dragón. -Convino. Su hermano asintió. Podía ganársela, igual que había hecho con Sansa. Y los aliados de Arya Stark serían por ende los de Jon Targaryen. Margaery sintió la adrenalina correr por sus venas. -Ok. Puedo hacerlo.
-Si necesitas ayuda házmelo saber.
Una brisa helada pasó entonces, cosa de un par de segundos; Margaery se arrebujó en el abrigo rosa de lana que llevaba puesto.
-Sólo dame algo de qué hablar. Algo que pique su curiosidad, yo haré el resto. -Dijo segura. -Y desde luego que habla también con ellos. -Señaló a la distancia, hacia el patio principal donde Rob y Theon estaban. -Jon debe empezar a darle prioridad a sus necesidades.
Sin decir nada más, se internó en la torre. Los Tyrell y los Lannister compartir el área en la que descansaban sus aposentos y éstos estaban lejos de la Torre del Rey. Lo cual era de esperarse, pero aquello le había complicado las cosas a Margaery. Sin embargo ahora tenía un nuevo plan, se recordó, mientras avanzaba por el pasillo rumbo a las escaleras.
Usaría a Sansa, se dijo. Después de todo, era como un pajarillo, ella picaría sin querer la curiosidad de su hermana y a partir de ahí todo sería más fácil.
...
Dos días después, Margaery sabía ya el itinerario de aquella semana de las actividades de Jon y Arya, cortesía de Sansa. Había sido fácil sacar el tema como quien no quiere la cosa y después, la pelirroja había hablado por su cuenta. Quién diría que Jon y Arya serían tan serios en su relación, se dijo. Ya había informado a Loras, y sólo le quedaba un pequeño encuentro "fortuito".
-Hey. -Saludó, levantando la vista desde el banquillo en el que estaba sentada afuera de la biblioteca.
El aludido, Jon, se detuvo casi de golpe al escucharle, totalmente tomado por sorpresa. La chica sabía que él tomaría aquél camino para llegar a donde estaba Arya.
-Oh, hola Margaery.
La joven se puso de pie, con su característica sonrisa.
-Vas apurado. -Señaló.
Jon sonrió en respuesta algo avergonzado e inconscientemente una de sus manos terminó detrás de su cabeza. La Tyrell notó el rubor en las mejillas del muchacho.
-Tengo una cita con Arya. -Confesó y luego dejó salir una risilla.
Margaery no perdió la sonrisa, incluso si se mostró confundida.
-¿Cuál es la gracia?
Jon la miró y volvió a reír, antes de responderle.
-Que es raro, yo y ella… decir que estamos en una cita, es… raro.
-No lo comprendo.
Jon sacudió la cabeza, de pronto consciente de la cercanía de ella.
-Tendrías que haber estado aquí cuando empezó todo. -Dijo, apartándose un poco.
Ella se percató al instante del cambio.
-¿Puedo acompañarte al menos? –Pidió y se apuró a acompletar. -Llevo ya un rato aquí. Me temo que no sé por dónde regresar. -Dijo, consiguiendo sonar avergonzada y honesta.
Jon sonrió comprensivo.
-Seguro.
Y le ofreció su brazo como era debido. Ella lo tomó casi al instante. A pesar de la premura, Jon era todo un caballero (se dio cuenta Margaery), caminaron a buen paso, ni lento, ni rápido y en ningún instante él la presionó a acelerarse. Ése pequeño detalle entibió el corazón de la Tyrell.
-¿Cómo soportas el frío viniendo de Valyria? -cuestionó, intentando abrir conversación, quedaba claro que Jon no lo haría.
-Pues no era fácil al inicio, por lo que procuraba mantenerme ocupado, ya sabes, entrar en calor. -Contestó. -¿Tú?
La sonrisa de Margaery se extendió.
-Soy de sangre caliente. -Dijo. Y Jon sintió cosquillas en las yemas de los dedos. –Al menos eso dice mi abuela. El sol nos ha hecho como ellos. La flor es nuestro emblema y podemos ser una flor de invierno de ser necesario. Si es que eso tiene sentido. -Se rió.
Y Jon rió con ella.
-Te entiendo. -Asintió, recordando su propio hogar. -Mi padre también era recio con las palabras de nuestra casa "Sangre y fuego".
-¡Ah!
Habían alcanzado el final del pasillo que llevaba a los patios frente a la armería, cuando escucharon aquél semi-grito.
-Cuidado mi pequeña dama.
Los dedos levantaron la vista de golpe. Loras y Arya estaban allí.
Margaery sintió como el calor irradiaba del cuerpo de Jon, como un furioso fuego que crecía. "Sin duda un dragón", se dijo. Su postura se tensó y ella sabía que la causa estaba delante de ellos; en la forma en la que Loras abrazaba el cuerpo de Arya, sosteniéndola tanto por la cintura como por la espalda a la altura de los hombros. La chica estaba ligeramente inclinada y quedaba obvio que el muchacho la había atrapado, pero aquella cercanía de rostros y la tímida sonrisa en los labios de la Stark era lo que realmente tenía ardiendo en celos a Jon.
-Estoy bien, me atrapaste antes de que pudiera lastimarme. -Dijo la loba, con las mejillas arreboladas e intentando erguirse sin conseguirlo. Loras no parecía dispuesto a soltarla.
-Como es mi deber. -Respondió éste sonriendo y la sangre a Arya le subió hasta las orejas.
-Sí, bueno… gracias. -Contestó nerviosa.
Un carraspeo sonó con fuerza. Los dos jóvenes giraron la vista en dirección a éste y Arya se irguió de golpe.
-¡Jon! -le habló, esta vez la fuerza de Loras no la detuvo.
El muchacho no dejó de sonreír, sin embargo. Arya se arregló la falda del vestido, consciente de lo mal que pintaba la escena de instantes atrás y conociendo la inseguridad de su pareja.
Margaery decidió intervenir entonces, soltándose del brazo de Jon.
-Parece que no pierdes el tiempo Loras. -Le dijo con una sonrisa divertida. –La princesa Arya se ve exhausta.
Arya bufó con fuerza, todavía sudando frío.
-Tonterías, sólo me enseñaba algunos movimientos de defensa -explicó. –Loras es-
-Tenemos que irnos.
Pero Jon la cortó de golpe. Su voz había sonado profunda, grave y autoritaria. Y su mirada, clavada en Loras, ardía en un fuego que hacía el que sus ojos parecieran de un gris intenso, casi negros.
Arya tembló, era la primera vez que veía a Jon tan enojado. Incluso Margaery se sintió incómoda.
-Loras, Jon me dice que él y Arya tienen una cita. -Explicó, intentando ser conciliadora. -Será mejor que vuelvas conmigo.
-Por supuesto. -Asintió con sorna. Y luego giró hacia Arya y tomó su mano en la suya, dispuesto a besarla. –Hasta otra vez pequeña dama.
Jon inspiró con fuerza con las manos apretadas como puños, Arya intentó retirar la mano.
-No tienes que hacer eso.
-Insisto. -Presionó, y depositó un beso en la palma de ella, como resultado de que ésta hubiese intentado retirarla.
Margaery contuvo el aliento, aquello había sido un gesto mucho más íntimo y dada el aura tan pesada y temible que estaba irradiando el de cabellos negros, sabía que él también pensaba igual que ella y no le gustaba ni un poco. Margaery sintió pena por la niña, y volvió a intervenir.
-Nos vemos Jon, gracias por la compañía. -Le dijo con su mejor sonrisa y acariciando el brazo de él con soltura, en gesto que demostraba confianza. Aquello sirvió para desviar la atención de ambos.
Arya parpadeó, ligeramente confusa, ligeramente molesta.
-¿compañía? -cuestionó, mirando directamente a Jon, el cual trago seco, antes de volver a fruncir el gesto.
-Jon ha sido todo un cabellero -prosiguió Margaery -ha sido mi culpa el que se haya retrasado, estaba perdida y él accedió a acompañarme por los pasillos para dejarme en un lugar más conocido. -Explicó. -Pero les hemos hecho perder suficiente tiempo, nos vamos. Que disfruten su cita.
Y acto seguido se dio la vuelta para avanzar con Loras, ambos atravesaron el patio.
-Hermana parece que has plantado los celos en la pequeña Arya -dijo sonriendo con picardía.
-Oh hermano, tú te me adelantaste con el príncipe Jon. -Dijo, con gesto exagerado. –No hay duda de que discutirán. Es una cuestión de tiempo.
-Teníamos una cita. -Se escuchó a Jon decir por detrás de ellos.
-¿Ves?
-Tú fuiste el que llegó tarde. -Contestó Arya.
Loras asintió.
-Claramente.
"Perfecto", pensó Margaery. Con las dudas plantadas, la inseguridad de los celos, sería cuestión de tiempo antes de que Arya quisiese hacer a Jon totalmente suyo y viceversa. Y Margaery sería la promesa que ambos necesitaban para conseguirlo.
-Ahora a tentar al dragón -dijo.
Su hermano se echó a reír junto con ella.
...
Maegaery esperó un día para que las cosas se calmaran, conciente de que si presionaba demasiado podía obtener el resultado contrario al deseado. Se mantuvo lejos tanto de Arya como de Jon y se aseguró de que Loras hiciera lo mismo. Ambos metidos en fortalecer el resto de sus relaciones con las otras casas; aunque los Lannister no eran tan divertidos como los Stark y el pueblo libre eran demasiado enérgicos.
Por la noche, Loras se presentó en su habitación y le contó de un pequeño descubrimiento. Cerca de la torre del rey se encontraba una alberca privada que era en realidad una cuenca natural de agua termal. Solamente los Stark hacían uso de ella, (era donde normalmente tomaban su baño en los días de invierno, en vez de los aseos que estaban en las habitaciones de cada uno) pero se le ocurrió que si le comentaba a Sansa ésta podría permitirle el paso, dado que la misma estaba en deuda con ella. Loras se ganaría su propio pase al entablar relación con los muchachos.
Y durante el resto de la semana estuvieron preparando aquello.
Margaery se aseguró de convencer a Sansa de nadar un rato. La pelirroja se lo permitió e incluso fue con ella. Ambas nadaron juntas hasta que la chica Stark tuvo que subir con la Septa; dejando a Margaery sola en aquella habitación, no sin antes decirle que se diera prisa, pues los chicos solían entrenar en aquellas áreas aunque tenía la sospecha de que lo hacían más por diversión que por entrenamiento.
Una vez Sansa se fue, Margaery salió y se preparó para recibir a los que sin duda llegarían minutos después. Y luego se volvió a meter al agua, dejándose la melena libre para flotar a su alrededor como un halo.
Fue entonces que escuchó las risas y las voces por detrás suyo. Se mantuvo de espaldas, dejando que éstos se acercaran ingenuos hasta que fuera demasiado tarde volver bajo sus pasos. Ella supo el momento en el que lo hicieron, se giró justo entonces, como si no fuera consciente de la presencia de ellos.
-¡Princesa Margaery!
Rob fue el primero en callar y exclamar al verla.
La aludida sonrió con picardía y consiguió verse de todas formas, inocente en aquella escena, mientras movía brazos y piernas para permanecer a flote.
-Oh por los dioses, esto es algo embarazoso. –Dijo Jon, parado a la derecha de Rob, Loras estaba a su lado y Theon del lado izquierdo de Rob.
Margaery subió y bajó los hombros con soltura, todavía sonriendo.
-No veo porqué.
Hubo un corto silencio en el que los chicos se pusieron rojos como tomate (salvo Loras), mientras miraban o intentaban mirar, a través del agua.
Theon fue el primero en hablar, como si trajera algo atorado en la garganta.
-Obviamente está desnuda.
Loras soltó un bufido.
-¿Y?
Los demás muchachos lo miraron escandalizados.
-Es tu hermana. –Señaló Rob, elevando la voz una octava.
Margaery les veía divertida, momentáneamente olvidada. Loras entornó los ojos.
-Oh, por favor. No van a decirme ahora que jamás han estado con una mujer
-Él no. –Dijo el rubio señalando a Jon.
-¡Theon! –Éste por supuesto se molestó y le dio un golpe en el brazo.
El rubio lo miró irritado, sobándose el brazo herido.
-Es la verdad. –Recalcó, casi canturreando.
Jon hizo una mueca y Rob apretó los dientes.
-Y más le vale que lo sea. –Advirtió el pelirrojo.
Loras le miró incrédulo, como si le hubiese crecido una segunda cabeza al chico Stark.
-Pensé que Jon estaba comprometido con Arya.
-No casado, -recalcó Rob y luego le dedicó una mirada al moreno -por lo cual debe mantener las manos lejos del cuerpo de mi hermana.
-No lo dirás en serio. –Cuestionó Loras.
Y esta vez Rob le dirigió la mirada a él. El Tyrell tragó seco.
-Lo dices en serio. –Concluyó.
Margaery rió por lo bajo y nadó de vuelta hacia ellos.
-Caballeros, -les llamó y los cuatro volvieron a recordar que estaba ahí, la sangre les subió a las mejillas al ver su cuerpo difuminado por el agua, nadar hacia ellos, -quizá lo que ustedes están discutiendo es decisión de la dama de quien hablan.
Eso fue suficiente para que a Rob se le volviese a helar la sangre.
-Es tan sólo una niña.
-¿En serio? –refutó Margaery, sonriendo. -Se han casado princesas más jóvenes.
-Bueno, claramente ella no la hará.
-Con la guerra, debería. –Interrumpió Loras.
Rob iba a alegar pero Theon se le adelantó.
-Extrañamente opino igual que Loras. –Dijo. -Y una vez se casen, deben consumar el acto, en presencia del consejo he de hacer notar.
Rob gruñó con fuerza.
-Gracias Theon añoraba por esa imagen en mi cabeza.
-¿Cómo que el consejo?
Jon habló por primera vez en aquella discusión, su rostro lucía una expresión confundida.
El resto le miró con perplejidad.
Margaery fue la primera en romper el silencio con una risa cantarina
-¿No lo sabías? –Cuestionó, aunque quedaba claro que era una pregunta retórica.
Jon se sintió aún más incómodo.
Theon se apiadó de él y le explicó. -Es tradición en una unión mixta el que se dé presencia de la consumación del acto. Ya sabes, por eventos anteriores en donde la alianza era meramente política y no había forma de asegurar el que la pareja trabajase como tal.
Pensar que lo verían a él y a Arya compartir su primera vez… Jon se escandalizó.
-¡Eso es ridículo!
-Pero sucedió –refutó Loras.
-¿Con quién?
-Los Lannister. –Contestaron todos al inicio.
Todos sabían que Cersei Lannister y Robert Baratheon habían sido un escándalo con el primer hijo que había resultado ser un bastardo. El segundo era con seguridad legítimo, pero de los dos últimos que quedaban era un misterio que al final nadie quiso responder.
-Eso explica un par de cosas –Asintió Jon, recordando aquél escándalo, pero luego sacudió la cabeza. -Pero eso no importa. No deberían de estar hablando de algo que es asunto mío y de Arya.
Margaery asintió.
-Exactamente lo que yo dije. –Recalcó. -Aunque es más decisión de ella que tuya.
Rob se cruzó de brazos, la molestia todavía dominándolo.
-No deja de ser una niña. Y es mi hermana.
Theon puso los ojos en blanco, había sido lo mismo con Sansa, así que podía entender a Jon.
-Supéralo Stark, ya está prácticamente entregada.
Rob brincó al instante.
-¿Qué demonios se supone que significa eso? –Reclamó, elevando la voz una octava.
Margaery y Loras rieron para sus adentros. Jon levantó ambas manos en forma conciliadora.
-¡No la he tocado, lo juro!
-¿De verdad? –Volvió a interrumpir Margaery, fingiendo que aquello la escandalizaba (incluso si no debería hacerlo) -Siendo así no me sorprende que se sonroje con las atenciones de Loras.
-¿Qué? –cuestionaron tanto Rob como Jon, ambos molestos.
Ahora fue el turno del Tyrell de levantar las manos en rendición.
-En High Garden todos tenemos una libertad mayor. Y nuestra forma de ser suele ser coqueta, pero respetuosa, claro. –Explicó, tratando de no reír.
Margaery volvió a intervenir por su hermano.
-Las mujeres también tenemos necesidades Rob, y eso va para ti también Jon. –Les dijo a ambos. -Arya está en la edad en la que las jovencitas descubren todas estas sensaciones, no queremos que consulte información en donde no debe, ¿cierto? –inquirió y ninguno supo qué responder. -Ahora si me disculpan.-Loras, cariño, ¿me ayudas?
El aludido se acercó a su hermana, tomando la mano que ésta le ofrecía y la ayudó a salir de la piscina de agua termal. El agua escurrió de su cuerpo como una cascada.
Y los otros tres príncipes se quedaron mudos y estupefactos ante la visión del cuerpo desnudo de la princesa Tyrell. Esta vez la sangre no sólo subió a sus mejillas, sino que también bajó a otras partes.
Margaery rió para sus adentros, mientras se escurría el agua del pelo. Pasó de largo a los príncipes, volviendo a darles una vista completa al pasar por delante de ellos y caminó hasta el banquillo en el que descansaba su toalla junto con su traje de baño y el resto de su ropa.
Tan pronto se envolvió el cuerpo en la toalla rosa, el control de sí mismos volvió a los tres príncipes.
Rob carraspeó.
-No me importa lo que ella dijo, por mucho que tenga razón. –Volvió a retomar el anterior tema. Mirando fijamente a Jon. -Arya sigue siendo una niña.
Aquello último desató la ira en el Targaryen.
-¿Crees que no lo sé? –Espetó con más fuerza de la que pretendía. -Estoy siendo paciente, Rob. Agradecería el voto de confianza.
Una vez más, Theon quiso ayudarlo.
-Eso no significa que no puedan experimentar un poco.
-Theon tiene razón. –Aportó Loras, antes de que Rob pudiera reclamar nada más. -Incluso si no estás cómodo con ello, es decisión de ellos. Y hay un compromiso de por medio que no fue forzado. –Le recordó. -Es demasiado obvio el que se aman.
-Aún así...
-Aún así, no es tu decisión. –Esta vez fue Margaery quien interrumpió. La visión de su cuerpo húmedo envuelto en aquella corta toalla, fue suficiente para cortarles el habla. La joven se acercó a Rob. -Y ella buscará ayuda. Créeme que lo hará.
-Sansa no lo hizo. –Gruñó.
Pero su amigo Greyjoy habló antes de pensar.
-Oh, lo hizo.
-¡Theon!
-No conmigo. –Se defendió éste y contestó la pregunta en el aire que la mirada de Rob dejaba en claro. -Un compañero de su salón.
-¿Qué?
-¿Lo ves? –Volvió a hablar la Tyrell. -Deja que sea Jon. –Reforzó aún más aquella idea, consciente de lo mucho que alteraba aquello tanto a Rob como a Jon. -Es más, te propongo algo. Lo haré yo. –Dijo sonriente e inocente. -Eso lo retrasará un poco más, aunque en algún momento... –se giró a Jon, clavando la mirada en los ojos grises de él -ella querrá hacerlo contigo. –Susurró. -Quizá no todo el acto aún, pero sí un par de caricias.
Cuando Margaery se fue, los dejó sumidos cada uno en su propio conflicto. El aire que dejó tras su partida se había vuelto tenso.
Justo como lo había planeado.
...
Siguiendo con su plan, volvió a alejarse del grupo de amigos de los Stark, dejando que ellos crearan sus propias tormentas. Se pasó los siguientes días con Myrcella y Tommen, y Margaery sabía que Rob fantaseaba con ambas desde lo ocurrido en aquella piscina. Seguro era que pensaba que ella se dedicaba a adiestrar también a la rubia.
Luego, paseó de un lado a otro de cada grupo de chicas, siempre incitando la conversación de los temas que siempre serían un tabú. Y de a poco, aquellas pláticas llegaron a oídos de la loba de los Stark.
Margaery no era tonta, estaba consciente de lo mucho que Jon se había alterado tras la advertencia que le había hecho, se dejaba ver incluso desde la distancia. Su incomodidad en presencia de Arya, la cual no pasaba desapercibida para la misma. Lo que hizo que ésta se refugiara en su hermana. Y las conversaciones que ésta mantenía con Jeanne Poole le causaron aún más inseguridades en sí misma. Ni siquiera Meera fue capaz de tranquilizarla. La chica Reed estaba igual de perdida que ella en aquellos temas.
Sólo era cuestión de tiempo, se dijo, mientras aquellas palabras seguirían haciendo mella en el corazón de Arya Stark. A quien en todo momento, Margaery mantenía vigilada.
No tuvo que esperar mucho, apenas un par de semanas y los comentarios que ella sabía que más calaban en la mente de la morena pronto la orillaron hasta ella.
"No sabes lo que los hombres quieren."
"Eres sólo una niña, apuesto a que ni siquiera sientes las ansias."
-Pero sí las siento.
La princesa Tyrell rió para sus adentros, al escuchar aquél murmullo salir de los labios de la loba de los Stark, parada insegura a la entrada de su habitación.
-¿Arya? –le habló, jugando a la inocente.
La aludida levantó el rostro, completamente avergonzada. Sus ropas estaban increíblemente libres de suciedad; lo que dejaba en claro que la misma seguro era que se había pasado el día encerrada en Castle Black.
-Margaery. –Le habló, tragando seco.
La joven, desde su posición recostada en la cama, le dedicó una sonrisa conciliadora.
-¿Qué sucede Arya? –cuestionó, dejando de lado el diario en el que había estado escribiendo.
La aludida se apretó la tela del vestido con manos temblorosas. Cada sacudida, cada forcejeo en su respiración, lo notó Margaery con ojos de experta.
-Tú ya... has tenido pareja, ¿cierto? –cuestionó, en un pobre intento de hacer una oración con doble sentido. Al ver que la Tyrell se erguía hasta sentarse en la cama, con la expresión seria, Arya temió el haberla ofendido. -Son más libres en High Garden, según escuché.
-No estoy segura de lo que quieres implicar dulce niña.
Arya apretó los labios, y Margaery hizo un gran esfuerzo por no soltar a reírse en ese momento. Podía facilitarle aquella confesión sin problemas, pero necesitaba que fuese Arya quien pidiera aquello. Incluso lograr el que la misma sintiera que era ella quien obligaba a Margaery a hablar de aquellos temas tan privados.
Entonces Arya se soltó a murmurar, hablando de prisa y ahogándose con las palabras.
-Yo... es algo, que todos hacen. No el acto en sí. No, los dioses saben que no estoy lista todavía y mucho menos Jon.
Margaery se levantó la cama.
-Wow, suena bastante serio. –Le dijo, avanzando hasta donde estaba ella y pasándola de largo para cerrar la puerta de la habitación. Luego se giró hacia su compañera. -Habla abiertamente, no voy a enojarme. ¿Qué es lo que quieres de mí?
-Quiero que me enseñes... –Dijo, y luego inspiró con fuerza, profundamente, intentando darse valor para decir lo siguiente, -a complacer a Jon.
Margaery tuvo que bajar el semblante para esconder la sonrisa triunfante que no había sido capaz de deshacer.
-¿Y por qué crees que yo sabría cómo?
-Jeeane dijo que tú le enseñaste a Sansa.
Eso terminó cambiando todo. La sonrisa se deshizo.
-Oh, así que la serpiente al final habló. –Gruñó. Y luego cambio el semblante, no tenía caso preocuparse por lo que Jeene Poole había dicho; si a final de cuentas Arya estaba allí, quizá habría que agradecerle a la castaña. -¿Te has tocado tú misma?
-Lo he intentado. –Soltó sin más, sintiéndose nerviosa en cuanto la Tyrell comenzó a dar vueltas alrededor de ella, como analizándola. -Me avergüenza, y no siento… -Exhaló sonando cansada, irritada incluso. -No siento lo que se supone que debería sentir.
-Lo haces mal porque no conoces tu cuerpo.
-Sé cómo es el cuerpo de las mujeres. -Refutó sonando molesta.
Margaery rió para sus adentros.
-No me refiero a la anatomía dulce niña. Sino a las sensaciones. -Le dijo. Las yemas de sus dedos empezaron a dibujar la silueta del cuerpo de Arya. La princesa Stark inspiró con fuerza, haciendo hasta lo imposible por no brincar ante las sensaciones que le provocaba el roce de su compañera. -Debes conocer tu cuerpo bien para saber qué te gusta y qué le puede gustar a él.
-¿A Jon? -Le miró con curiosidad.
-Mhmm. -Asintió caminando hasta ponerse detrás de Arya. Sus manos subieron hasta la altura del pecho de la Stark, y usando únicamente las yemas de sus dedos comenzó a acariciar los pequeños montes, caricias circulares alrededor y encima de los pezones. -Algo así. -Arya dejó salir una exclamación y estuvo a punto de separarse, pero Margaery la abrazó con fuerza, le ganaba en altura después de todo, y fue capaz de retenerla. -Hush nena, si vas a aprender, tendrás que permitirte sentir. -Le susurró al oído. -A algunos se les hace más fácil, cuando es otro el que les toca.
Se mantuvieron abrazadas hasta que la respiración de Arya volvió a regularse, hasta que se sintió cómoda en los brazos de su compañera. Margaery volvió a girarla entonces, le tomó el rostro con ambas manos y fue estudiando cada uno de sus rasgos. Los ojos grises de la chica Stark eran hermosos, se dijo, un color como ningún otro. Muchos norteños tenían los ojos claros, pero eran tonos pardos, entre el verde y el miel, un café ambarino. Sólo la familia Stark poseía miembros de ojos grises, pero los de Arya eran diferentes, estaban vivos de una forma que no presentaban ningún otro. Como si miles de explosiones de colores bailaran en los mismos, al reflejarlos dependiendo de la luz que los iluminara, pero siempre grises. Era extraño. Ella era una extravagante flor. Igual a las rosas azules de Winterfell.
-Iremos parte por parte. -Le dijo al fin. Arya parpadeó nerviosa. -Empezaremos con los besos.
-Sé cómo besar y no me gustan las chicas.
La Tyrell dejó salir una risa cantarina.
-Créeme, no es tan desagradable como parece. Cierra los ojos. -Renuente, Arya hizo como le dijo. -Siéntelo, no lo pienses. -Le susurró a milímetros de distancia, justo antes de tomar la boca de la morena.
Margaery presionó con fuerza, Arya inspiró con dificultad. Los labios de la joven estaban tibios, delgados y suaves. Se dejó guiar por su compañera, abriendo la boca sin necesidad de que tuviera que presionarla. La Tyrell se percató entonces de que Arya era la alumna perfecta, aprendía rápido y no tenía miedo de experimentar por su cuenta, de osar moverse fuera de la línea establecida por quien fuera su maestro.
-Eso es dulce niña. Siente. -Le dijo, antes de volver a reclamar su boca tras dar un respiro.
Pronto dejaron de ser besos huecos. La lengua de Margaery invadió la boca de Arya y ésta respondió gustosa a la batalla; sus manos se aferraron a la tela del vestido de su maestra, mientras ésta le hundía los largos dedos entre los mechones de su negra melena, sosteniendole el rostro por la nuca. Margaery acercó su cuerpo al de la pequeña y pronto estuvieron encajadas.
Jon se había conseguido una buena compañera, pensó.
...
Pasaron días en los que las dos princesas se dedicaron a compartir besos y caricias. Mientras una enseñaba y la otra aprendía. Margaery le enseñó a Arya cómo darse placer ella misma, pero jamás le pidió que lo hiciera delante de ella. Se notaba que la Stark lo había intentado pero sin llegar a concluir la experiencia. Así que la princesa Tyrell le dijo que quizá necesitara saber que no era la única que se sentía de aquella manera.
La mandó a experimentar con Jon.
-Jon. -Exclamó con sorpresa.
El muchacho estaba en la habitación de Arya. Margaery sabía que el mismo estaría libre aquél día, Rob y Theon habían partido a Casa Austera y él había tenido que quedarse atrás. Dispuesta a comprobar ella misma el avance de su alumna, había mandado a Jon a la habitación de la Stark, diciendo que ésta le estaba esperando. Grande había sido la sorpresa del chico al encontrarse con la habitación vacía, y aún más al ver el desconcierto en el rostro de su compañera.
-Arya... Margaery me dijo que querías verme.
Los dos se veían desconcertados al estar en presencia del otro en un lugar tan íntimo, llevaban después de todo cerca de un mes, sin visitar la habitación de su compañero.
Arya al fin reaccionó, entendiendo de qué iba aquello. Paseó la mirada por el cuarto sin éxito de descubrir dónde estaba su compañera. Respiró profundamente un par de veces para darse valor.
-Creo que hay algo que tienes que decirme. -Soltó, decidida como siempre ha no andarse con rodeos.
Jon, acostumbrado a esa actitud, se levantó de la silla en la que estaba sentado y avanzó hasta su compañera, que estaba de pie cerca a la puerta.
-¿Y qué sería eso?
-Haz estado muy extraño conmigo, incluso distante.
Jon se detuvo al oír aquello, apenas a tres pasos de distancia, y desvió la mirada hacia la chimenea. Se veía avergonzado.
-Lo sé, es que yo...
-Acabó de recordar. -Pero Arya lo interrumpió, no dispuesta a desviarse de lo que la había llevado allí en primer lugar. Consciente de que Margaery los espiaba escondida. Estaba siendo "probada", y no quería fallar. -Dos años a partir de ahora.
Por dos segundos él le miró confuso, luego sus ojos brillaron y Arya supo que había recordado su acuerdo.
-Arya no puedes-
-Lo prometiste Jon -Volvió a interrumpirlo, ésta vez con un tono desafiante. -Lo prometiste.
-Lo hice. ¿Pero necesitas realmente que lo diga? -Se veía desesperado, atragantándose con las palabras, le dedicó una mirada que Arya respondió con mayor fuerza. –Por supuesto que sí. -Concluyó desesperanzado.
Arya se cruzó de brazos esperando. Jon se removió en su lugar, pero no hizo afán de querer enseñarle nada. El ambiente se sentía tenso.
-Esto es incómodo -decidió.
Jon la miró aún más irritado.
-¿Y cómo pretendías que fuera?
-Si tienes miedo puedo hacerlo primero -le dijo.
-¿Qué?
Y antes de que su compañero dijera nada más, la joven se había movido hasta la cama. -¡Arya!
-Sólo mírame. -Le dijo, sentándose sobre el mullido colchón y desabotonándose el abrigo hasta quitárselo y dejarlo caer al suelo. -Yo te muestro y después tú me muestras.
"Muestra algo de piel, niña." Pensó Margaery desde su escondite.
Como si le hubiese leído el pensamiento, Arya se quitó las zapatillas y levantó las piernas dejando descansarlas sobre la cama y se levantó la falda del vestido por encima de los muslos. Jon tragó seco.
"Eso es." Sonrió mirando la escena, satisfecha de ver los nervios reflejados en la expresión del príncipe Targaryen.
Arya se sacó las pantaletas azules que llevaba y Jon se obligó a girar el rostro.
-¿Realmente tienes que quitarte la ropa?
-Sólo la que me incomoda. -Le dijo. Se acomodó hasta la cabecera, recostada sobre los almohadones y se desabrochó el frente del vestido, deshizo el moño por detrás y una vez flojo se lo sacó por encima de la cabeza; lo arrojó hasta que éste cayó al suelo. Un fino fondo de lino beige le cubría el cuerpo. –Puedo hacerlo incluso sólo con mi mente Jon. Pero quiero mostrarte.
Jon volvió a mirarla entonces, aquello le había llamado la atención al grado de hacerle olvidar el decoro.
"Eso es, provócalo."
El aire se electrificó entonces. La mirada de uno estaba clavada en la del otro. Parecían haberse sincronizado, sus respiraciones habían dejado de ser acompasadas. Arya se removió incómoda, nerviosa, la sangre se le subió al rostro.
-¿Podrías... sentarte a mi lado? -habló a media voz.
Jon le respondió en el mismo volumen.
-¿Estás segura?
-Incluso podríamos hacerlo juntos… -soltó de pronto, -mientras nos miramos.
Sólo un segundo.
Jon sólo requirió pensarlo un segundo... antes de que sus manos desabrocharan el cinturón de su pantalón, mientras se sacaba los zapatos, y se desprendiera de dicha prenda, quedando en interiores. Se sacó la camisa dejando la camiseta negra que llevaba debajo de ésta en su lugar. Con las prendas olvidadas en el suelo y la piel caliente a pesar de lo frío del lugar, Jon avanzó hasta su compañera, subiéndose a la cama y sentándose de frente, a un lado de ella.
-Quiero verte primero -murmuró él.
Arya asintió nerviosa. Se recargó de nueva cuenta sobre las almohadas y fue bajando sus manos por encima de su cuerpo, delineando cada curva como Margaery le había enseñado.
"Sólo tenues caricias... saboréalo."
Su mano derecha alcanzó su feminidad, la izquierda se quedó su seno izquierdo. Arya dobló las rodillas y abrió las piernas, consciente de que Jon la veía. Se tocó tentativamente los labios de su feminidad y luego fue bajando y subiendo con un ritmo que fue creciendo. Mientras su otra mano se acariciaba los senos, de vez en vez apretando los pezones.
Esto era diferente, se dio cuenta. Hacerlo sola, hacerlo con Margaery... no se comparaba con lo que estaba sintiendo en ese momento, incluso si era sólo la mirada de Jon, la presencia de éste, la variable en aquella experiencia.
Su respiración se volvió entrecortada y de sus labios empezaron a salir leves jadeos y tenues gemidos. Dio un respingo al sentir la mano de Jon por encima de la suya. Abrió los ojos de golpe y se encontró con la imagen de él tocando su propia intimidad. Con los ojos nublados en deseo. Hincado a un lado de ella, con una mano dándose placer a sí mismo y con la otra sobre la de ella, incitándola a acelerar el ritmo.
No despegaron la vista del otro a partir de ahí, y la sensación sólo fue en aumento. Bebiendo el éxtasis del otro, Arya sintió el deseo de tocarlo pero no tuvo la suficiente osadía, no de momento. El miembro de Jon estaba erecto y podía vislumbrarlo por la abertura del bóxer. Sintió el agua correr entre sus labios íntimos cuando él la incitó a introducirse un dedo entre ellos.
Necesitaba aquella caricia...
Cada vez más inclinados hacia el otro... sus bocas al fin cayeron la una sobre la otra.
Y luego el cielo se abrió frente a ellos... obligándolos a romper el contacto, descansando la frente en la del otro, se dejaron invadir por la sensación del clímax de aquella masturbación compartida.
La mano de Jon aferrada a la suya.
...
-¿cómo fue ayer?
Arya dio un respingo, estaba en la biblioteca haciendo una investigación de historia que su profesor les había dejado a su grupo. Llevaba toda la mañana intentando no cruzarse con la princesa Tyrel; desde que compartiera aquél acto íntimo con Jon, su perspectiva había cambiado, no estaba del todo segura ya de que Margaery hubiese estado escondida en su habitación como en un principio había pensado. Pero de una forma u otra, ya no quería compartir aquello.
-Nos divertimos, si es lo que preguntas. -Respondió cortante.
La Tyrel se dio cuenta del cambio en las emociones de la Stark.
-¿Te he ofendido?
Arya parpadeó, consciente al fin de que estaba siendo grosera.
-No, para nada. -Respondió avergonzada, dejando sus libros de lado para mirar a su compañera. –Estoy avergonzada, más bien.
-No lo estés. -Sonrió y se sentó a la mesa de estudio con ella. –Es algo bueno y hermoso, y ustedes están comprometidos además de todo.
-Lo sé. Pero… no importa. -Sacudió la cabeza y siguió escribiendo.
Margaery la analizó un instante.
-Puedes confiar en mí.
Arya la miró. Dejó salir un largo suspiro y comenzó a asincerarse.
-Antes podía estar en su habitación, sin problemas. Y él en la mía. -Empezó. –Pero ahora, tras haber practicado juntos... cada instante que estamos juntos, quisiera que nos encerráramos en la habitación de alguno de los dos y hacer lo mismo que ayer. –Margaery sonrió de manera cómplice, Arya rió un instante antes de volver a verse desesperada. -Y ahora pensar en, tenerlo en mi habitación.
-Llena el aire de electricidad. -Completó por ella.
-Sí. ¿Es normal?
La sonrisa de Margaery se llenó de ternura.
-Mi niña, por supuesto que lo es. -Le dijo, su mano sobre la de ella en señal de apoyo. –Acabas de descubrirlo, son bebés que apenas han probado los dulces.
Arya pareció asustarse un poco.
-¿Entonces después ya no querremos?
Margaery rió con ganas.
-Por el contrario Arya, lo desearás más, pero… aprenderás a tener más control sobre tus ansias.
-Creo que tiene sentido. -Lo sopesó. -¿Entonces no es que yo sea una pervertida?
La sonrisa se le extendió de medio lado.
-No eres una ninfómana al menos.
-¿Una qué?
-Lo único que tienes que saber es que todos tenemos algo de perversos. Y no hay nada malo con ello. -Le respondió. -¿Te he dejado más tranquila?
La aludida lo consideró un instante antes de asentir.
-Sí. Pero igual no creo volver a recuperar la confianza de estar a solas con él en mi habitación o en la suya. -Se quejó, se notaba que aquello le pesaba sobre manera. –Siento que todos piensan mal sobre lo que hacemos, ya tengan razón o no.
Margaery le restó importancia al asunto, abriendo el libro que llevaba entre las manos.
-No te mortifiques. Si lo que quieres es no ser tan obvia, puedes buscar otros lugares.
Su compañera le miró escandalizada.
-¿No sería eso peor?
La castaña le dedicó una mirada retadora.
-No si nadie te descubre. -Y luego volvió su atención a su trabajo.
Dejando a Arya sola con sus pensamientos, a pesas de estar una al lado de la otra. La Tyrel sabía que la princesa del Norte estaba haciendo a trabajar a su mente, en los posibles lugares en los que podría reunirse con Jon. Sólo tenía que esperar y verse desinteresada para que la misma le dijera a dónde planeaba ir. Loras estaba haciendo su trabajo con Jon, de eso estaba segura. Y al hacerlo, los dos hermanos se estaban volviendo íntimos del futuro de la corona Valyria.
Todo iba de acuerdo al plan.
...
Pero Arya era un poco más introvertida en cuanto a éstos temas y muy recelosa de su tiempo con Jon. El cual escaseaba con los deberes del mismo en su papel en la presente guerra. Así que cada que se veía con el pelinegro lo único en lo que podía pensar era en sentir su piel contra la suya. Margaery lo sabía, la pequeña de las princesas Stark se había asincerado con ella.
Y confiaba en que el resto de su compañía le facilitara el trabajo.
-¿Exactamente qué fue lo qué pasó contigo?
A penas tres días después, mientras las chicas estaban en la habitación de Sansa compartiendo la tarde tras un día de lecciones, Sansa stark hizo por fin el comentario que Margaery no podía pero que necesitaba que alguien más dijera.
-¿Sobre qué?
Arya estaba sonriendo, sin ser consciente de ello.
-Habías estado con un humor de perros hasta ahora y de repente ya estás bien. -Señaló la pelirroja con cierto fastidio.
Su hermana le restó importancia con un sacudir de hombros.
-Sólo resolví mis problemas y ya.
-¿No estás molesta entonces? -Intervino Jeene Poole. –Ya sabes, por los temas que no te quisimos contar.
Margaery resistió la tentación de poner los ojos en blanco.
-No, le pedí a Jon que me lo explicara.
-¿Hiciste qué? -Preguntaron las tres chicas al tiempo, Meera, Sansa y Jeene; mientras Myrcella se veía sólo algo sobresaltada..
Arya continuó armando el rompecabezas que estaba armando en el suelo junto con Meera y Myrcella sin inmutarse ante el escándalo de sus compañeras.
-Le pregunté a Jon. -Repitió.
Sansa y Jeeane compartieron una mirada. Pero fue la última quien dijo en voz alta su sospecha.
-¿Es lo que haces cuando se encierran en tu habitación?
La morena cerró las manos en puño en respuesta, pero se contuvo de voltear a ver a Jeeane, sabía que se le notaría en el rostro lo mucho que le molestaba el que pensaran aquello. Intentó el que su voz saliera tranquila.
-No es así. -Contestó.
Myrcella salió en su defensa entonces.
-Creo que estás insinuando algo que ella no dijo haber hecho.
Meera asintió.
-Y no es de tu incumbencia.
Sansa bufó, Jeene volvió a trabajar en la trenza que le estaba tejiendo a su amiga.
-Pero lleva razón en algo, eres una señorita ahora y no está bien visto el que un muchacho entre en tu habitación y menos aún el que tú entres en la de él.
Aquello fue el colmo, Arya se levantó de un salto y encaró a su hermana.
-No intentes reprocharme nada Sansa, tu habitación está al lado de la mía y sé bien lo que haces con Theon allí adentro.
-¡¿Arya?! -Sansa se escandalizó, al igual de que lo hicieron Jeene y Myrcella. –No puedes decir eso en voz alta, además, Theon y yo estamos comprometidos.
-Yo llevo comprometida con Jon desde antes que tú y Greyjoy. -Refutó, elevando la voz una octava.
-Sí. Pero él y yo nos casaremos la siguiente semana, tú todavía no tienes una fecha. -Señaló para disgusto de la morena. –Eres aún muy pequeña para casarte.
Margaery decidió intervenir entonces, desde su posición en la mesa en la que había estado simulando el que leía.
-Sansa. No debes de ser tan dura.
Y aunque las demás asintieron, Arya ya avanzaba rumbo a la puerta.
-Estaré con Jon. -Soltó, antes de desaparecer tras la puerta.
La pelirroja se quedó mirando la puerta un instante antes de caer en cuenta de lo que había dicho.
-Lo arruiné, ¿cierto?
Margaery le apretó el hombro en señal de apoyo.
-Hablaré con ella.
-Gracias.
Y salió con prisa detrás de Arya. Ninguna de las otras chicas dijo nada, para entonces todas sabían que la menor de las Stark admiraba a la princesa Tyrel tanto o más que la misma Sansa.
-¡Arya!
La alcanzó justo cuando estaba por llegar a las escaleras, mas la morena no se detuvo, bajó los escalones rumiando.
-¡Ahora va estar todo el tiempo sobre de mí!
-Tranquila, no es tan grave. -Trató de razonar con ella pero la Stark estaba alterada.
-Lo es. Van a estar juzgándome continuamente y Jon…
-Jon sabrá entender. -Le interrumpió, consiguiendo alcanzarla al fin, la había detenido por los hombros.
Arya hizo un puchero.
-Pero es un chico.
Margaery sonrió.
-Pero no es cualquier chico.
La morena resopló y se deshizo del contacto de su compañera.
-De igual forma será una decepción. Yo misma me siento decepcionada.
-Recuerda lo que te dije. -Le dijo, apretando esta vez su mano. –Busca otros lugares. Lugares que sólo tú y él conocen. Y nadie sospechará, con lo conservadores que son, que están aprovechando el tiempo para conocerse mejor. -Inquirió.
Y al ver la expresión en el rostro de la pequeña lo supo. Supo que había ganado.
-Quizá tenga un lugar. -Confesó.
Margaery no resistió el sonreír.
-Cuéntame al respecto, quizá pueda ayudarte. -Le ofreció. –Es mejor tener un aliado cuando se quiere pasar desapercibido.
Por el resto de la tarde, las dos se dedicaron a planear el siguiente encuentro entre ella y Jon. Arya tenía el lugar perfecto...
…
Las fuentes termales bajo la armería.
-No tenías que ir tan lejos.
-Quería hacerlo.
Fue así como al día siguiente, poco antes del alba, Margaery la había ayudado para que se encontrara con Jon en aquellas piscinas de agua caliente. Le había informado a Jon ella misma y se había asegurado de que, de notar la ausencia de ambas, todos dedujeran el que las dos estaban juntas y Jon ocupado en alguna otra parte. La princesa Tyrel estaba oculta al pasillo que daba a aquella cueva. Prestando su servicio haciendo guardia en caso de que alguien se acercara; aunque no era necesario había convencido a la morena de que era mejor que ella estuviese cerca (incluso si no le dijo qué tan cerca, pero es que no estaba dispuesta a dejar a la deriva nada, quería comprobar todo por ella misma).
Jon había accedido desde luego, un tanto inseguro al inicio pero se rindió ante las súplicas de Arya; no había cosa que pudiera negarle a su compañera. Y ahora estaban los dos, metidos con el agua hasta el pecho y hablando en murmullos. Desde su posición pegada a la roca, Margaery era capaz de ver cuando menos las siluetas de los mismos; la luz de las farolas que habían traído proyectaban alargadas sombras sobre los muros.
-No habías estado aquí desde-
-Que nos hicimos pareja. -Completó Jon, acercándose a ella.
Arya le tomó de las manos.
-Es raro, ¿no?
-Es excitante… y algo incómodo. -Respondió con risa en las palabras.
Silencio.
Jon la miró directamente, Arya tenía el semblante agachado, mirando sus manos enlazadas.
-¿Cuánto tiempo tenemos? -preguntó.
Arya calculó mentalmente.
-Unos treinta minutos a lo mucho. -Respondió.
Jon le levantó el rostro por el mentón con una mano.
-Tendrá que ser suficiente. -Le dijo, antes de reclamar su boca con la suya propia.
El calor aumentó entonces. Margaery juraría que también lo hizo el fuego de las lámparas de aceite que iluminaban la piscina.
Arya se aferraba a Jon, abrazándole la espalda, la diferencia de alturas no se notaba tanto en aquella piscina. Los dos envueltos en agua. Jon sostenía el rostro de Arya por la nuca, enterrando los dedos en los mechones negros de ella, mientras la besaba con la boca abierta, su otra mano repegándola a su cuerpo por la parte baja de la espalda. Estaban encajados por todas partes.
El muchacho sintió la necesidad de apoyarse en algo, y empujó a su compañera hacia una de las orillas de la piscina, descansando su cuerpo sobre la roca. Despegó los labios de los de ella y fue plantando besos en el cuello la misma. La mano que tenía libre subió por el vientre de ella hasta llegar a su pecho y lo estrujó con gentileza. Arya dejó salir un gemido y sus propias manos empezaron su recorrido en el cuerpo de su pareja.
Las piernas se enredaron en las del otro y en algún punto, Arya sintió los dedos de Jon invadierle la feminidad y pegó un brinco, asustada de pronto ante la intrusión.
-Lo siento. -Jon se separó al instante.
Con un segundo para caer en cuenta de las cosas, Arya se apresuró a negar.
-Está bien si quieres.
-No Arya. -Refutó, deteniendole las manos. –No tiene que ver con lo que yo quiera. -Su mirada se clavó en la de ella, que le miraba de pronto desconcertada. –Quiero que ambos estemos listos… seguros al menos.
Arya parpadeó, sintiéndose pequeña de pronto.
-Creo que siempre me dará algo de miedo. -Confesó a media voz.
Margaery se dio cuenta del cambio y presenció algo que jamás creyó posible.
-Igual a mí. -Jon le sonrió.–Es por eso que debe ser cuando el miedo sea menor.
-¿Cuándo nos casemos?
-Quizá.-Asintió con risa en la voz. –Si te soy franco no sé si podré aguantar tanto, viendo lo mucho que se ve retrasado. Pero créeme que intentaré hacerlo al menos. Esperaré lo que tenga que esperar, por ti.
Ella vio a un hombre enamorado, entregado y devoto a quien consideraba su mujer, su compañera.
-Tengo trece ahora, no debería de faltar tanto.
-Te sorprenderías. -Dijo con ironía.
Hubo un breve silencio, mientras el aire perdía la electricidad que había tenido antes.
-¿Qué hacemos entonces?
-Esto… -Dijo antes de besarla en los labios. -Y esto… -luego la abrazó. -Lo demás vendrá después. -Le dijo con seguridad en la voz, Arya sonreía como jamás sonreiría para alguien que no fuera Jon. –Estoy enamorado de ti, Arya Stark.
Escuchar aquello hizo que el corazón se le estrujara a Margaery, consciente de que su compañera estaba sintiendo lo opuesto. Y apartó la vista.
–Te amo Jon.
-Te amo Arya... Y juro que siempre lo haré.
Ella había presenciado tantas escenas que no le pertenecían, no eran los primeros amantes a los que espiaba de aquella manera. Y sin embargo, era la primera vez que sentía que estaba invadiendo algo que no le correspondía.
Se fue sin decir una palabra. Sin avisar a sus compañeros. Segura de que ni siquiera se darían cuenta de que había dejado de hacer guardia.
Pero es que tenía que salir de allí. ¡Ahora!
Las lágrimas ya estaban resbalando por sus mejillas...
-No nos doblamos... -se repitió una y otra vez.
Llegó hasta la habitación de su hermano y se dedicó a terminar de llorar entre sus brazos.
…
El día terminó antes de que se diera cuenta de que lo había hecho. Ya se encontraba más tranquila, se había pasado el día con Loras.
Margaery iba saliendo del comedor cuando se cruzó con Arya en el pasillo.
-No te había visto en toda la cena. ¿Qué tal te fue con Jon? ¿Finalmente lo hicieron?
La sonrisa de Arya era inmensa.
-No. Dios, no. -Rió nerviosa. -Casi, pero no. No creo estar lista todavía. Incluso si se trata de Jon.
-¿Y Jon está de acuerdo?
-Jon dice que mientras se trate de mí, esperará lo que se tenga que esperar.
-Ya veo.
Comenzaron a avanzar por el pasillo rumbo al área de dormitorios, la torre del rey estaba justo enfrente; estaban por llegar cuando la curiosidad de Arya pudo más.
-¿Cómo fue para ti Margaery? ¿Lo amabas?
La aludida lo pensó un instante. Parecía haber pasado toda una vida desde su primera experiencia y se descubrió sintiéndose triste, casi desdichada, de no haber tenido lo mismo que Jon y Arya tenían.
-Quizá no lo suficiente. -Contestó al fin.
La tristeza en sus ojos debió de haberla delatado, se dijo, al ver cómo Arya desdibujaba su propia sonrisa.
-¿Fue dulce al menos?
-Lo fue. -Sonrió con nostalgia. –Fui yo quien rompió su corazón. -Confesó, para el total desconcierto de su compañera. –No estaba lista.
Sintiéndose molesta de pronto, se dio la vuelta comenzando a avanzar de nuevo, sin dedicarle una sola mirada a su amiga.
Ella no tenía un amor como el de Arya Stark, y quizá nunca lo hiciera. Entendía cuál era su papel y sabía que hacía mucho tiempo lo había aceptado, todo con tal de ser Reina. Pero era la primera vez que aquello le había calado en el alma.
…
-¡Fuego! ¡Fuego!
Margaery se despertó en la madrugada con el sonar de campanas, sirenas y gritos.
-¡Margaery!
Con la voz de su hermano y la fuerza de sus manos sacudiéndola para que despertara.
-¿Qué sucede? -respondió al fin, el sueño todavía en su sistema.
-Atacaron Winterfell, tienen la capital sitiada y dos aviones llegaron hasta el Muro.
-¡Qué?!
Aquello la despertó por completo, salió de la cama con prisa, dejándose guiar por su hermano y aceptando el abrigo que le ofrecía.
-La milicia del Norte logró derribarlos, pero uno de ellos se estrelló demasiado cerca de la Puerta de la Reina y un par de soldados se adentraron a las afueras del Castillo, debemos resguardarnos.
-Loras, ¿hay noticias de High Garden? -Preguntó, de pronto asustada por el bienestar de su familia, pero su hermano sólo aferró más su mano mientras salían de la habitación de ella rumbo al pasillo. -¡Loras!
El aludido se detuvo un instante.
-Conseguimos recuperar los estados que habían sido invadidos. Pero hubo demasiadas bajas.
-Loras. -Presionó.
-Nuestra abuela está muerta.
El corazón se le rompió a Margaery entonces.
-Y también nuestro padre. Willas está al frente… -La voz se le apagó y tras respirar profundamente dos veces, volvió a echar a andar de la mano de su hermana. Caminando con más prisa, los guardias los alcanzaron al fin y los escoltaron el resto del camino. –Hablaremos de eso después, ahora eres Reina Margaery. Y tenemos que refugiarnos.
Perdió un latido un segundo.
Reina.
Al fin, era la Reina.
Y no estaba feliz en lo absoluto.
A/N: Llevo mucho tiempo prometiendo a Arya, pero bueno... hay una parte de mí que no quiere escribirla, no aún... siento que no va con la historia por la forma en la que la estoy redactando, pero bueno... prometo de menos hacer el intento y ya veremos si sale.
