Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[True Draconic X Deus]
-El renacer de Suzaku-
-Isla Ikki-
Sentado en una terraza, el joven demonio de la Casa Gremory miraba el vasto mar azul relajado, sereno. Paciente, dejó pasar el tiempo. No había prisas, solo tenía la necesidad de que todo saliese bien…
Para ser un puerto pequeño de una isla menor había mucho movimiento. El puerto mantenía su actividad y el único establecimiento se llevaba toda la clientela.
Algunos residentes lo miraban con curiosidad, otros con cautela, la mayoría lo tenían visto por lo que su presencia no llamaba la atención. Los hombres le dedicaban palabras cordiales, las mujeres mayoritariamente lo ignoraban tras un leve destello de curiosidad. Por su parte solo podía decir que sentía la más absoluta de las indiferencias por el lugar y por su gente. Llegando incluso a sentir hasta cierta apatía… Pesar puede, tristeza incluso.
Los japoneses eran gente introvertida, aunque encontraba respetuosas a su gusto y entender. De ser gente más social su cometido para con las sacerdotisas del templo sería mucho más complejo.
Moviendo la cuchara entre sus dedos con habilidad, meditó seriamente sobre lo que le ocurría. Tras unos cuantos experimentos de prueba y error, absoluta y completamente indoloros e inofensivos, había llegado a la conclusión de que solo se podía tratar…
¿Realmente se podía tener por una persona sentimental? El factor determinador común eran las chicas. Pero no unas cualquiera, en ese mismo instante había muchas mujeres en la terraza y todas le importaban lo mismo.
Nada.
Había un grupo, cerrado, limitado y muy concreto de personitas que concentraban su atención, su interés, su… todo.
Pero no todo podía ser tan sencillo. Había otra cosa aparte… No. Había algo que todas las chicas tenían en común. Pese a ser diferentes, aunque recientemente había recibido cierta información clarificadora de cierta enana tetuda pelirroja, todas tenían esos anillos…
Según la pelirroja, existía algo llamado Grandes Magias, tenía que tratar el tema con Ddraig…
Emperatriz, Encantadora, Géminis, Grandes Magias… Dos de uno…
Anotando los conceptos en una pequeña libreta, el dragón continuó con su hilo de pensamiento en silencio. Seguro que esos anillos tenían algo que ver, también era un hecho que desde que la tetuda había hecho su truquito las chicas le parecían más atractivas y encantadoras. Había un cambio… Esa diablilla le había puesto la miel en los labios, le había dado información pero no toda. Solo podía especular.
Pasando página, sacó algunos documentos enviados por su hermano. Asuntos menores de la familia que Zeoticus había dejado en su cargo.
Incidentes entre vecinos, problemas de competencia, discrepancias en las parcelas de los granjeros, acusaciones de deslealtad de precios de mercado, injurias y calumnias de periódicos independientes… Cientos y cientos de problemas a los que atender y de que de hecho, atendían miembros específicos de la familia, una organización menor destinada a filtrar los grandes problemas que debían de atender los señores.
Grayfia quería que entendiese que se cocía en sus dominios.
Otro problema era la nueva hacienda. Rias tenía razón, sus padres estaban preparando una nueva hacienda, un nuevo castillo, apartado a cientos de kilómetros del castillo principal, los números eran… Apabullantes. En un puro despliegue de picaresca, habían presentado los diseños de un castillo… Medieval. La estructura al menos. Sabían de sobra que no quería eso. Querían que se implicase.
El estilo occidental no le iba, además, tampoco eran necesarios ya ese tipo de edificaciones y Rias… Sabía lo que quería Rias. Unos dominios de estilo oriental. Y eso tenía que hacerlo él.
Joder, lo que hacía por su hermana…
Por mucho que fuese el dueño de las tierras tenía que conseguir una serie de permisos, no es que tuviese que pagar nada, pero eran procesos por los que tenía que pasar. Permisos que emitían ingenieros y arquitectos tras plasmar las ideas que él mismo tenía en mente. Así como jardineros y botánicos para los cerca de cuatro mil árboles y sus doscientas variedades, los cientos de miles de arbustos diferentes que se querían plantar y los miles de metros de vallado de madera que cercarían la parcela.
Preparar y financiar las miles de facturas, todas detalladas para que Grayfia no jugase al golf con sus testículos, antes de ir a la parte divertida, el personal.
Miles de demonios que pasarían a su directa gestión. Si hasta la fecha podía contar con unas decenas y decir que tenía bastante, la nueva parcela requeriría miles de puestos de trabajo, todo con sus respectivas edificaciones, acondicionamiento y tan importante como todo lo demás, sustento.
La nueva finca venía precedida de la construcción de una nueva balsa, un estanque con el que se pretendían cubrir todas las necesidades, incluidas las alimentarias. Ganado, agricultura… Muy posiblemente estableciendo un acuerdo comercial con los youkai del Este si aceptaban… Ante él se abría un nuevo mundo de obligaciones y responsabilidades. Pese a que estaba bien cubierto y asesorado, todo aquello no dejaba de suponer un reto inmenso.
Médicos, zapateros, costureros, dentistas, ingenieros, agricultores… Necesitaba de todo. Incluso profesores. Tenía que preparar hospitales, colegios, gestores, un archivo… Simplemente el censo sería un infierno. Y no faltaba tanto… Apenas unos años para que entrase en funcionamiento. Aun necesitaba mucha experiencia… Apenas podía controlar la Guarida del Dragón, no llegaba a tener un equipo formado, este ni siquiera había pisado los campos de los Rating Game.
Había mucho que hacer… Alegría. Dicha. Felicidad… Esas fueron las siguientes palabras que anotó en su libreta. Todo eso acababa de despertar en su interior. Entre la agonía y el estrés del nuevo puesto habían surgido esos sentimientos. Sentimientos que tenían un origen, una razón de ser… Una sonrisa adornó su rostro.
Girándose levemente, una hermosa joven, vestida con el uniforme negro de su familia, se acercó hacia él. Su rostro nervioso adornado por unos labios cubiertos por carmín rojo, el cabello sedoso y negro como la noche recogido en un moño alto. Falda corta y botas altas sobre unas medias negras. Sobre su generoso pecho, el emblema personal de Issei Gremory.
Una exquisitez para todos los sentidos.
A regañadientes se sentó junto a él en una de las sillas de la terraza.
-No sé a qué viene esa cara, estas radiante- dijo el demonio tomando su café.
-¿Cómo quieres que me sienta? Este burdo disfraz no servirá de nada!- protestó la joven en apenas un susurro, mirando a lado y lado.
-Nah… Te da vergüenza llevar ESE uniforme-
Sus pensamientos estaban a su libre disposición. No podía engañarla. Y viceversa.
-¿Qué tiene de malo? Es elegante, negro, de buenas telas. No es más llamativo que vuestro uniforme shinto. Y ese traje favorece tus curvas naturales-
Cohibida, la joven se abrazó el pecho. La chaqueta ajustada y la falda corta no dejaban nada a la imaginación, lo realzaban todo.
-¿Todas las mujeres en tu casa visten igual?-
-Por supuesto que no, ellas llevan ropa de sirvienta, estilo victoriano. Mucha tela, parecen armarios andantes… Pero ese el uniforme que quiero que mis chicas lleven. Es elegante pero sensual… ¿No crees?- inspeccionándola detenidamente –Que sepas que esta es la prueba piloto. ¿Es cómodo?-
-Se ajusta a mi cuerpo como un guante…-
-Suzu, precisamente. Y tengo que verlo en movimiento…-
-¿Y no es fácil de retirar por casualidad, verdad?-
-Me has pillado… Pero es flexible, elástico. ¿No te limita, verdad?-
La joven no respondió. Solo se limitó a tomar su té.
-Y así no tienes que preocuparte… Al otro lado- señalando el mar –Los espías de tu familia te tomarán por alguien de la mía. El uniforme esta imbuido con un falso poder demoniaco, no notarán que eres una humana normal, una sacerdotisa del shinto-
Suzaku Himejima no lo escuchaba. Mirándose el uniforme, acarició el emblema Gremory con sus dedos. No lo reconocería públicamente, pero se sentía sumamente feliz por llevar el uniforme exclusivo de las mujeres de Issei… Y ser la primera aumentaba la euforia considerablemente.
Ese uniforme pensaba quedárselo, no se lo iba a devolver bajo ninguna circunstancia.
-Tampoco creo que haya nadie de tu familia aquí, estarán buscando a Baracus y su familia. Se las ha llevado al norte, a un festival de vacaciones-
Suzaku lo miró fijamente. ESA era la verdad. Ni disimulo ni engaño. Quería que llevase esa ropa, sabía que no había nadie de su familia vigilando!
-¿Vacaciones?-
-Sé que querías verla… A la vuelta, en cuanto hayamos asegurado la zona-
-¡!-
-Y aquí lo tienes- dejando una carpeta sobre la mesa –Los planos e instrucciones… de la barrera- señalando un pesado contenedor en uno de los barcos del puerto.
-¿Ya lo has acabado?- preguntó la morena curiosa.
-He necesitado algo de ayuda, los cálculos matemáticos no son mi fuerte. Mucho menos si son tan precisos… Pero tengo confianza en que funcionarán…- dejando un objeto cuadrado, de metal pintado de verde con un cristal azul en el interior –Este es uno de los emanadores. Colocaremos decenas de ellos por toda la montaña, están pensados para camuflarse entre la vegetación… Se conectan unos a otros y van creando capas de una delgada barrera-
-Decenas de capas superpuestas-
-Exacto. En si cada una, teniendo en cuenta la distancia y lo que abarcan no es mucho… Pero todas juntas es un asunto diferente- tomando varios objetos más de la silla contigua.
Una vela y un espejo.
-Esto no forma parte de la barrera… Las velas son dos, se entregan en pareja. Son elementos rudimentarios de comunicación, un hechizo sencillo pero impenetrable, inalterable y absolutamente eficaz. Cuando se enciende una de las velas se enciende la otra, no importa la distancia ni si hay barreras o se intenta pedir la comunicación… Si pasa algo en el Templo, Shuri solo tiene que encender la vela y vendré personalmente con algo de compañía-
-¿Y el espejo?-
-Eso es para ti. Es lo mismo, está conectado a otro, no emite rastro alguno de magia, y no importa la distancia. Podremos hablar siempre que quieras-
Acariciándolo suavemente, Suzaku asintió, contenta. Fijándose en la mirada del dragón, en el mar, o en la distancia.
-No sabía que te gustaba el mar…-
-¿El mar? Ah, no… Prefiero la montaña- respondió Issei mirando a la belleza –Es solo que contemplo el horizonte… ¿Te gusta viajar?-
-Nunca he podido viajar mucho… No puedo alejarme de los territorios Himejima… De Tokio como mucho-
-¿Te gustaría?-
-Sí, creo que si-
-Me gustaría viajar, pero ir donde nadie ha ido…-
-¿Tienes alma de explorador?- preguntó divertida.
-No es eso… Pero irme a descubrir otros mundos, quizás Reinos que no estén sostenidos por Yggdrassil… En un barco enorme, una casa móvil… En excelente compañía, solos…-
-¡!-
-Pero eso es otro tema…- acabándose el café –El templo está cerrado y vacío. Tenemos todo el día para aprovechar. ¿Te interesa?-
-¿No están Shuri-okaa-sama ni…?-
-Se han marchado, unas vacaciones en familia. Podemos operar con total tranquilidad. Siempre que reguemos las plantas podemos hacer a voluntad, como si estuviésemos en casa-
Tragando saliva, Suzaku asintió, decidida.
Quería que Akeno estuviese a salvo.
-Antes de empezar… Muchas gracias por el esfuerzo… Si colocamos una barrera que proteja a Akeno será gracias a ti… Yo no he podido hacer nada remotamente parecido para ayudarla…-
-No tienes nada que agradecer… ¿Sabes? Me considero una persona pacifica… En casa no hacen más que insistir que debería de ser más… agresivo. Supongo que no me sale. Soy tranquilo y prefiero la convivencia… Dicho esto… Si alguien le pone una mano encima a Akeno o a ti… Mataré al responsable, a sus familiares y seres queridos, los perseguiré al Infierno y los volveré a matar. Reventaré este puto planeta si es necesario!- siseó Issei peligrosamente –Por lo que mejor seamos precavidos y aseguremos vuestra integridad para no tener que llegar… A esos extremos-
Cerrando los ojos, relajándose, intentando relajarse.
-Perdóname, eso ha sido algo impropio… No volverá a suceder- dijo Issei volviendo a mirar al mar.
-S-son tus sentimientos… Los respeto…- respondió Suzaku bajando la mirada.
Mirándolo cohibida, sonrojada… Alagada.
-Issei…-
-¿Mmm?-
-Eso que has dicho… No quiero despertar malos sentimientos ni hacerte recordar nada… Ni provocarte-
-Dime-
-¿Por qué… Porque somos tan importantes para ti?-
Issei ladeó levemente con la cabeza, pensativo.
-Supongo que es por mi razón de ser… Valoro mucho, mucho, ciertos valores… La fidelidad, la confianza, la lealtad… Y mira, mira que he recibido broncas por ello. Me dicen que insisto en querer atar mucho cosas que no deben ser atadas. Quizás suene algo enfermizo… Pero le tengo pánico al dolor emocional. No soporto la traición, el dolor que provoca, las consecuencias que trae… No soy valiente, no puedo decir que es mejor, por ejemplo, haber amado que no amar… Habrá quien pueda, yo no. Por lo que encuentro la mar de conveniente todo esto de los procesos demoniacos… Lo que me hace pensar que no es casualidad que haya acabado siendo demonio, aunque sea uno a medias… Pero me crea sentimientos contradictorios… Porque no os quiero condenar a una vida de eterna…-
-¿Esclavitud?-
-No quiero obligar a nadie, no quiero comprometer a nadie. Es mi forma de entender las relaciones, solo quiero recibir lo que doy… Y respeto y comprendo que haya quien se oponga o no esté dispuesta. Sin malos sentimientos lo acepto… Pero si se aceptan…- negando con la cabeza –Habrá alguien que verá de primera mano lo que tengo de dragón… Para mal-
-L-lo entiendo…-
-Por eso mismo. Por toda la complejidad y la inmoralidad incluso, que comporta estar conmigo, insisto en que haya calma, en no dar piezas, en no firmar contratos… ¿Es tan extraño lo que pido?-
-Issei…-
-¿Poder? ¿Dinero? No quiero nada de eso… Solo quiero una familia. Que me amen como las amo yo… Estar rodeado de mujeres que me quieran, tener todo el tiempo del mundo para poder desvivirme por ellas… El resto me da igual… Ser un dragón, ser un príncipe demoniaco… No me importa nada de eso… Solo vosotras-
-…-
-Muy bien, ya lo he dicho. Ahora pregúntame lo que querías en base a esto… Si quieres seguir preguntando-
-Si… Issei, si mi familia ataca a Akeno…-
Issei entrelazó sus dedos, cruzando sus piernas, pensando su respuesta a conciencia.
-Si los Himejima se atreven a ponerle una mano encima a Akeno… Vendré al mundo humano, y en cuanto acabe solo habrá tres Himejima en tu familia-
-¡!-
-A Baraqiel le van a dar mucho por culo porque vosotras tres bajareis al Inframundo conmigo. Este mundo no os merecerá. Ya discutiremos como… Y ni eso, esta sería una situación muy hipotética que con suerte no pasará- levantándose, tomando sus cosas –El material a instalar nos espera…-
Suzaku se lo quedó mirando. Bajando la mirada, escondiendo su rostro.
Sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas.
Le seguiría, hasta el fin del mundo. No permitiría que ni siquiera la muerte los separase.
Lo amaba. Como nada en este mundo… Y aceptaba, aceptaba gustosa lo que le ofrecía… Lo daría todo por corresponderlo. Aunque tuviese que traicionar al mundo entero… Reventaría el puto planeta si él se lo pidiese.
-Así que… ¿Te hace pasar el día como si fuésemos una pareja de jóvenes recién casados? Tenemos la casa para nosotros…-
-Cuanto antes nos pongamos a trabajar, antes acabaremos!- sentenció Suzaku recuperando la compostura, ignorando al chico, caminando hacia el templo… Ruborizada.
-DxD-
Colocado el pilar, Suzaku tomó uno de los cristales, colocándolo con cuidado dentro del recipiente de cristal, cerrándolo con una pequeña losa de piedra, envolviéndolo con una cinta roja.
-Perfecto… Ahora activa el conjuro…- indicó Issei junto a la morena.
Con lentitud, creó el círculo mágico enseñado, escribiendo las runas que estaban en las instrucciones.
Maravillada vio como un haz de luz se alzó en el cielo, conectando en la distancia con otro haz, comunicándose, estableciendo un contacto. Levantando un campo violeta en el cielo…
-Y otra capa levantada, perfecto. Bien hecho, preciosa-
-¿Ya está?-
-Dieciséis capas… ¿Te parecen pocas?- preguntó Issei sonriente, estirando los brazos. Cansado.
-El color del cielo… Ha cambiado- murmuró Suzaku alzando la mirada.
Espero que no les moleste mucho…-
-¿Se percibe desde fuera?-
-Cualquiera que tenga un mínimo de percepción sobrenatural lo verá sí. Pero en teoría tendría que disuadir a los humanos de venir a la ligera… Ahora Shuri tiene el control… Y ah! Detalle importante, a los animalicos no les debería de afectar. Debería-
-Todo son ventajas entonces…-
-Si obviamos que a tu familia esto le va a sentar como un supositorio extra grande metido por el ojal sin previo aviso ni lubricante, sí. Todo ventajas-
Suzaku la miró con dureza. Issei se encogió de hombros.
¿Qué quería que le dijese?
Agachándose, tomó su chaquetilla. Sintiendo la dicha y alegría en el dragón. Un pensamiento de felicidad recorría su mente, ignoraba que haber levantado la barrera significaba tanto para él.
Incorporándose, girándose… Suzaku vió a Issei de cuclillas tras ella… mirando su trasero.
¡Estaba mirando su culo a centímetros de…! ¡¿De ahí venia ese sentimiento de felicidad?!
Tan avergonzada como halagada, alzó su mano, preparando la bofetada.
Alzándose deprisa, tomó la mano al vuelo, pasando su otra mano por su cintura.
-¿Qué ocurre?- preguntó Issei pegado al cuerpo de la Himejima.
Suzaku no se percató de que su mano ya estaba libre y se había posado en el hombro del castaño, con las dos manos de Issei acercándola íntimamente contra él, en su cintura, acariciando el principio de sus nalgas.
-No estamos en público, solo estamos los dos solos…-
-Eres un pervertido… No voy a tolerar…-
-No vas a permitir que…-
Rodeando su cuello con sus labios, Suzaku posó sus labios sobre los del dragón, ansiosa.
Al instante su beso fue correspondido, sus manos posándose con firmeza en su trasero.
Llevaba todo el día queriendo hacerlo…
Separándose, acariciando su rostro lentamente.
Llevaba tanto tiempo esperando…
Separando sus labios, ahogó un gemido al sentir al dragón devorar su boca.
Por fin estaba donde quería estar.
-DxD-
-¿Sabes? La mejor parte de esta barrera es que por fin los visitantes más capullos no vendrán a incordiar… Solo los auténticos creyentes y siempre que Shuri quiera- exclamó Issei alzando sus brazos, caminando libre por el patio del templo.
Suzaku no quería mirar en sus pensamientos. Porque seguro que descubría que Issei había sellado el templo para tener a Akeno para él solo.
No quería visitantes que viniesen a verla.
-Eso es muy egoísta, esto es un templo, para que cualquiera que quiera pueda visitarlo-
-Cualquiera mis cojones… Eso se acabó- alcanzando el templo, caminando hasta el edificio auxiliar.
-¿Vas a entrar?-
El joven abrió la puerta, mirándolo confundido.
-Shuri me ha dado permiso… ¿Por qué no iba a hacerlo?- quitándose la chaqueta, dejándola en el colgador, desabrochándose algunos botones, arremangándose la camisa –Vamos, entra, ponte cómoda-
Dubitativa se quitó los zapatos, dejando su chaqueta junto a la del dragón.
-¿Ya está?- preguntó Issei mirando a la morena.
-¿Qué más quieres que haga? No tengo otra ropa-
Issei sonrió maquiavélicamente, señalando la bola colgada sobre el recibidor. Tomándola entre sus dedos se la ofreció a la morena.
¿Cómo tenia eso ahí? Era imposible que tuviese algo preparado para ella… ¿Verdad?
Aunque después de ver como tenía preparado el uniforme…
A regañadientes la tomó… sin éxito. El castaño había apartado la mano antes de que pudiese tomarla.
-¿No te vas a dar un baño después de un día de ejercicio en el campo?-
-¡M-me voy a duchar sola!- tomando la bolsa, alejándose a paso rápido.
-He preguntado si te querías duchar, no si querías compañía…-
Mirándola furiosa, Suzaku se alejó por el pasillo, provocando una fuerte risa en el dragón. Apoyándose en el marco de la puerta… Suzaku se detuvo.
Estaban solos. Por primera vez… De verdad. En una casa vacía… Lejos de toda mirada. Lejos de…
Mirando al demonio seductoramente, apoyó su cabeza contra la pared, acariciando la madera.
-Aunque si lo preguntases…-
El castaño ladeó la cabeza, alzando una ceja, sonriente.
Suzaku entró al baño, dejando la puerta abierta.
Una puerta que se cerró tras pasar él.
…
Criada en una familia sumamente conservadora, Suzaku escondió su rostro entre sus manos. Muerta de vergüenza intentó desesperadamente no ser consciente de que tenía las manos de Issei en su espalda desnuda.
Concienzudamente, aclaró el jabón de la espalda de la belleza, sin dejar de acariciar un solo centímetro de piel.
-Listo!-
-G-gracias!- exclamó la morena, más alto de lo necesario.
-¿Necesitas ayuda con el frontal?- susurró Issei pegándose a la morena, sentado tras ella, acariciando sus muslos, subiendo por ellos moviendo los dedos, simulando que estos caminaban.
La sacerdotisa se puso rígida al sentir algo contra su espalda baja. Girándose lentamente, temblorosa. Issei sonrió travieso.
-Es el bote de jabón-
-¡!-
Completamente roja, volvió a esconder su rostro entre sus manos, para sonora diversión del demonio que dejó el bote junto a ella.
Besando su nuca, se levantó, caminando hasta la bañera, sumergiéndose lentamente, relajándose en el agua.
-Qué maravilla…- suspiró el castaño colocando una toalla mojada en su cara.
Abochornada lo miró de reojo, enjabonándose el cabello.
Una vez acabado se quedó quieta en su cubículo. Indecisa.
-¿Vas a venir o no?- preguntó Issei sin moverse.
Había percibido sus pensamientos. Maldito vinculo mental…
-E-en cuanto acabes de bañarte- respondió la morena.
-Y un cuerno. Ven, ahora y sin eso- señalando con su mano vagamente hacia ella.
Hablaba de la toalla.
Mirándolo malhumorada… Con el paso de los segundos le pareció cada menos indecoroso… y aceptable.
Levantándose, no se molestó en cubrirse, solo se recogió el cabello en un moño improvisado.
Sintiendo su corazón latir con fuerza, mirando al joven desnudo en la bañera… Se apoyó en la pared para entrar lentamente, agachándose, sentándose entre sus piernas, suspirando al sentir el agua caliente masajear sus músculos.
Temblando ligeramente, estremeciéndose al contacto de TODO el cuerpo del dragón contra el suyo.
Las manos de Issei se movieron, lentamente, hasta tomar las suyas, jugando con sus dedos.
-Champú de fresas…- ronroneó Issei pegando su rostro a su cabello.
-Es el que usará Akeno supongo…-
Los brazos de Issei envolvieron la cintura de la Himejima, apoyando su mentón en su hombro.
Suzaku se relajó en sus brazos, cerrando sus ojos, feliz. Aunque era incapaz de concentrarse en nada que fuese su presencia.
-Es increíble… Como flotan…-
-¿El que flota?-
Siguiendo la estela de su mirada, Suzu se volvió a sonrojar al ver sus grandes pechos llevarle la contraria al resto del cuerpo.
-¿Qué miras?-
-A las gemelas nadar en la bañera, por?-
-¿Cómo que gemelas?- protestó la morena sin moverse un centímetro, alzando sus brazos, pasando sus manos por el cabello de él.
Realzando más aun sus senos, tentándolo.
Respondiendo a su llamada los tomó suavemente con sus manos. Suzaku empujó su cabeza contra ella, iniciando un húmedo beso.
Sentir sus labios, su lengua acariciando la suya mientras sus senos eran masajeados, con el calor del agua…
La heredera Himejima gimió con fuerza.
Sonriendo, feliz, miró afectuosamente al dragón, masajeando su cabello.
-Quería preguntar…-
-¿El qué?-
-El pelo… No lo tienes mucho más corto que yo…-
-Exagerada…- respondió Issei, Suzaku rio divertida.
Girándose, quedando de cuclillas en la bañera, mostrando sus pechos sin vergüenza alguna, fingiendo mirar su cabello.
-Los Gremory tenemos el cabello largo… Largo y pelirrojo. Como no soy pelirrojo porque tengo el color de mi madre, me conformo con tenerlo largo-
-¿Y la verdad es?-
-Que a mi hermana le gusta-
Suzaku volvió a reír.
-Mi padre y mi hermano mayor lo tiene largo… No tanto como tu ni me queda tan bien… ¿Estoy ridículo?-
-Al principio parece extraño, cuando te acostumbras… Te queda bien- bajando su mirada, mirándolo a los ojos.
Descendiendo su rostro, sus labios se volvieron a juntar.
Ansiosa, rozando la desesperación, Suzaku se volcó en su beso. Estremeciéndose al sentir las manos del chico posarse donde ella más lo deseaba, en sus pechos.
Pero no iba a dejar que él lo hiciese todo. Llena de curiosidad, sumergió su mano diestra, tanteando lentamente hasta alcanzar su mayor deseo.
Una barra ardiente y pulsante de carne.
Sorprendido, Issei se separó, mirando a la Himejima fijamente. Sus ojos rojos oscurecidos por el intenso deseo que recorría todo su ser, Suzaku empezó a mover su mano torpemente.
Sin apenas experiencia en nada sexual, Suzaku miró al agua, mordiéndose el labio inferior.
-¿Son todas tan grandes?-
-¿Interesada?-
-No se… Pensaba en que no se si…-
-No sabes si que-
-No sé si algo tan grande entrará dentro de mí…-
Suzaku perdió toda capacidad de pensar.
Sus palabras habían despertado algo en su ahora amante. Issei se había levantado, rápido, con fuerza, para colocarla contra la pared. Y allí se encontraba, sentada en el extremo de la bañera, la espalda contra la fría pared y abierta completamente de piernas.
El dragón, desatado entre ellas. Sus labios devorando los suyos, una de sus manos masajeando sus pechos y la otra… Sus dedos recorrían con agilidad su sexo, tanteándolo, reconociéndolo, memorizando cada rincón.
Suzaku ahogó un chillido al sentir como estos empezaron a entrar lentamente dentro de ella, poco a poco, moviéndose con lentitud.
Soltándolo, cerrando los ojos, se abrazó a él, desesperada, con todas sus fuerzas, gimiendo sin parar.
La lluvia de sensaciones nuevas, el incontrolable sentimiento que crecía en su interior.
La dicha, el gozo, el placer… Todo crecía, aumentaba y se arremolinaba alrededor de su incuantificable amor por él.
Sus caricias la tentaban, sus besos la estremecían… Si pensaba que tocar algo tan sensible como sus pechos era el mayor placer posible, su mente se derritió al sentir como sus dedos hacían lo que querían en su interior.
Estaba hecha para él, todo su cuerpo reaccionaba de manera exagerada a sus acciones. No tenía posibilidad alguna de racionalizar lo que ocurría. Su visión, borrosa, su boca jadeando vívidamente su nombre…
Sintiendo algo crecer en su interior, su cuerpo se convulsionó, chillando con fuerza el nombre de Issei… Su visión pasó a ser blanca.
Jadeante, sentada en la bañera, Suzaku intentó procesar lo que le ocurría a su cuerpo.
Agotada, con una indescriptible sensación de relajación y placer recorriendo su cuerpo, volvió su atención al dragón más sinvergüenza que conocía.
Su amor y su dueño.
Mirando sus ojos lo entendió. Hacía mucho tiempo que los Himejima no importaban. No le importaban lo más mínimo. El nombre de Suzaku? Suou se lo podía quedar. Lo mantenía porque él la llamaba así. ¿Heredera? Prefería ser la madre de su primogénito. ¿La barrera? Una excusa para estar a solas con él. ¿Tobio? Tendría miles de años para disculparse con Ageha…
Suzaku Himejima había desaparecido el día en que lo conoció. Aquel día nació Suzaku Hyodo, Suzaku Gremory… Sería lo que él quisiese que fuese…
El chico, sentado en el extremo de la bañera, la miró orgulloso, posesivamente.
Podía leer sus pensamientos, sabía que estaba pensando.
Apoyado en sus rodillas se incorporó, separándolas todo lo posible. Dejándole espacio a la morena.
Pese a tener su mente ofuscada por el placer, leyó sus pensamientos, sintiendo sus deseos como unos propios. Sabía que le pedía, sabía que tenía que hacer.
Deseosa de avanzar en su relación, Suzaku había estudiado a escondidas. No tendría experiencia con hombres, pero había leído y estudiado al respecto. Dentro de lo posible, de revistas a escondidas de la familia.
Sentándose entre sus piernas, quedó frente a frente con el miembro viril del dragón. Lo que ya había sentido contra su trasero, lo que había acariciado con tanto descaro, por fin, frente a ella.
Volviendo a acariciarlo, lo inspeccionó detenidamente. Bastante más imponente en relación a lo visto en las revistas, estaba muy caliente e inexplicablemente se le antojó… Delicioso.
Parpadeando sorprendida al sentir una mano colocarse en su cabello, la morena lo acarició con su mejilla. Si se colocaba algo por debajo eclipsaba su visión. Era como un cetro, un cetro divino… Que debía ser adorado.
Mirando fijamente al dragón, posó sus labios en la punta.
Issei suspiró. Sonriente, sabiendo que ese era el camino, lo lamió levemente. Solo un instante, la punta.
Otro suspiro.
Ganando confianza, Suzaku recorrió toda la punta con su lengua, lentamente, en círculo.
-Suzu…-
Hacia unos minutos estaba preocupada por creer no poder devolver el favor, de que el placer fuese reciproco… Su pecho ahora lleno de orgullo, se apartó unos mechones de cabello, colocándolo tras la oreja antes de posicionarse cómodamente en el agua, separando sus labios…
Se metió todo lo que pudo esa polla en la boca.
…
Avergonzada, intentó sin éxito bajar más la falda del jersey. Del jersey de lana rojo que Issei le había dado para vestirse. Una prenda recia que abrazaba sus curvas, cubriendo sus brazos pero no su espalda, acabando a la mitad de sus muslos. El calor y la humedad de su piel recién lavada hacia que fuese más consciente que nunca de ello.
Mostraba su trasero cubierto por su ropa interior. Era algo demasiado… Intimo!
Descalza, alcanzó el salón principal. Sonaba algo de música suave, instrumental. El dragón, con un delantal, estaba en la cocina. Sobre la mesa la esperaba una taza de humeante te rojo.
Semejante escena, hogareña, hizo desaparecer todo sentimiento extraño. Sentándose junto a la mesa, miró la taza de té. Incapaz de mirar al castaño. Lentamente tomó la taza, sorbiendo un poco de delicioso liquido caliente.
Aunque nada remotamente delicioso al semen que hacía unos minutos había tenido el placer de degustar.
De nuevo aquel pensamiento lascivo cruzó su mente. Pasando a mirar al demonio. Mirarlo fijamente, desnudándolo con la mirada.
Quería más… Mucho más.
Y pensar que Issei se preocupaba por su pureza. Miedoso a que la pérdida de su castidad provocase su expulsión de la familia Himejima…
Si supiese las ganas que tenía de que… ¿Por qué ese vínculo no le mostraba lo mucho que deseaba tenerlo encima de ella?
-Ehhhh! Relájate! Que la comida no soy yo!- exclamó el joven sin mirarla, sin girarse siquiera.
¿?
Quizás si lo hacía… Y era él el que se mantenía contenido…
-Que prepotente eres…- respondió Suzaku arremangándose el jersey, colocándose junto al demonio.
Issei golpeó su cadera con la suya, juguetón.
-Hermosa, inteligente, fuerte… ¿Y también se desenvuelve en la cocina? Por lo que más quieras Suzu, córtate un poco, si sigues así nadie podrá decir que no eres la esposa perfecta!-
-Tu error es pensar que lo hago a propósito o algo!- protestó la morena ayudando al demonio -¿Y que hace que un principito sea bueno en tareas domésticas?-
-Es muy sencillo…- respondió el chico secándose las manos con un trapo, pasando su mano por la espalda desnuda de la morena –Me gusta estar donde estáis vosotras, así que tengo que ser útil es muchos campos…-
-¡Las manos quietas!- protestó la Himejima sonrojada.
-¿Estas preparada para saborear mis brutales artes culinarias?-
Suzaku la miró con toda la seriedad del mundo. Una seriedad que fue completamente ignorada por el demonio que, pasando su mano por su cintura, le susurró al oído.
-Aunque ahora que has saboreado mi orgullo quizás no desees probar otra cosa-
Suzaku se relamió descaradamente los labios mirándolo a los ojos.
Issei rió con fuerza.
-Volviendo al tema… En casa cocino yo y… Que sepas que me tengo por un muy buen cocinero!-
-¿Por qué estás en el mundo humano?-
-Pela eso y saltéalo…- indicó Issei –El cielo es azul, no me gusta el color del cielo del Inframundo-
Suzaku lo golpeó con su cadera esta vez.
-¿Te recuerdo que no puedes mentirme?-
-Ah! Pero no puedes obligarme a decir la verdad!- rio divertido, atendiendo los fogones.
La morena lo miró fijamente unos instantes.
-No te sientes un Gremory- dijo Suzaku tomando un cuchillo, haciendo lo solicitado –Te mantienes alejado de los focos, temes que tus acciones o tu presencia manche su reputación. Que tarde o temprano se cansen de ti…-
-…-
-Deseas relaciones pero tienes miedo de esos vínculos-
-Mira quien habla-
Suzaku la miró con dureza.
-¿De qué hablas?-
-Yo quizás no me sienta muy Gremory, pero tú, Himejima…-
-¡!-
-Pero si… Tienes razón…- suspiró Issei mirando a la belleza –No soy un Gremory, Suzu. Solo soy un niño adoptado, ni siquiera un demonio. No tengo sus dones, su sangre no corre por mis venas… Ellos son pelirrojos, talentosos… Están múltiples peldaños por encima de cualquier demonio, cientos de peldaños por encima de mí… No importa cuánto me esfuerce, nunca estaré a la altura de la suela de los zapatos de Sirzechs…-
-…-
-Zeoticus y Venelana me quieren como a un hijo. Rias y Sirzechs me aprecian como a un hermano. Grayfia y Milicas me consideran de la familia… Con sinceridad y desinterés…-
-Pero tu inseguridad no desaparece…- sentenció Suzaku, seria.
-Así es-
-¿La consideras tu familia?-
-Por supuesto-
-¿Entonces a que le tienes miedo?-
-No es una cuestión de miedo…-
-¿Qué es entonces?-
-¿Qué dirías si te digo que ahora me siento en familia?-
La Himejima se giró para mirarlo. Issei sonreía, cálidamente, mirándola con afecto.
-Te diría que te entiendo- respondió la morena volviendo su mirada al cuchillo.
-Creo que cuando por fin pueda tener mi familia propia seré capaz de apreciar a los Gremory… Que mientras este sentimiento de añoranza no desaparezca…-
-¿A quién añoras?-
-A vosotras. Constantemente-
-¡!-
-Por eso mismo me importan tanto estos momentos juntos-
Suzaku se pegó a su cuerpo, apoyando su cabeza en su hombro.
…
Abriendo los ojos, la joven Himejima se encontró descansando en el patio trasero, en el tatami, cubierta por una delgada manta. Incorporándose lentamente, quedando sentada, volvió su vista al patio.
Issei Gremory estaba de pie, descamisado, sosteniendo su preciada reliquia familiar.
Exhalando lentamente, el dragón empezó su ritual de entrenamiento. Moviendo la espada con elegancia. Cortando el mismo aire con una velocidad inhumana. Apenas incapaz de ver la hoja, Suzaku veía el rastro que esta dejaba tras de sí, como si estuviese moviendo un bastón con una tela enganchada.
Retrocediendo unos pasos, realizó un pesado golpe horizontal.
El espacio se distorsionó, visiblemente. Desapareciendo el rastro a los pocos segundos. Envainando de nuevo, se mantuvo en postura hasta lanzar un fuerte golpe ascendente, siguiendo con otro descendente, fuerte. Tras un segundo de concentración, la hoja empezó a moverse simulando formar un círculo.
Decenas de golpes tan rápidos que parecían ser simultáneos. La finalizó con un golpe seco que meció el aire.
Relajándose, inspirando, el dragón envainó la espada. Realizando dos estocadas, soltó la espada, chocando sus puños, convocando sus guanteletes dorados. Ladeando el cuerpo asestó golpes al aire, puñetazos y patadas. Moviéndose con lentitud, fuerza, precisión.
Avanzando y retrocediendo, Suzaku se sorprendió al ver como alternaba la espada con sus puños.
El torso trabajado, los brazos musculados, el largo cabello castaño claro recogido en una coleta alta… Suzaku se sonrojó violentamente, apartando la mirada con rapidez.
Sudoroso, con la respiración agitada, Issei se percató de su presencia. Tomando una toalla del suelo.
-Mira quien se ha despertado… ¿Tener la panza llena te ha provocado sueño?- preguntó el demonio acercándose a la chica.
-Hacía mucho tiempo que no descansaba tan bien…- respondió la morena con una sincera sonrisa.
-Me alegro, significa que estas cómoda- dijo Issei sentándose en la terraza. Suzaku no tardó en colocarse junto a él.
Las manos de la Himejima recorrieron la suya. Masajeándola.
-Te diré lo que quieras saber- soltando su mano, chocando sus puños, las líneas doradas volvieron a formarse alrededor de sus manos.
-Esto es…- susurró Suzaku –Esto es una reliquia, Issei… ¿Por esto te atacaron los lobos?- mirándolo sorprendida.
-Eso parece. Una reliquia a medio cocer. Hay quien dice que es la Boosted Gear, no puedo demostrarlo. Solo puedo decir que cuando duermo, me encuentro con un simpático dragón milenario-
-¡!-
-Pero ves… Desaparece a los pocos segundos…- susurró Issei viendo como las líneas desaparecían –No sé si es por falta de poder o porque no estoy preparado…-
-La reliquia no debería de alimentarse de poder demoniaco… Como esa espada-
-Yamato. Una reliquia familiar. Una espada forjada hace miles de años… O eso dicen. Con un material que ya no se encuentra en el planeta, quizás venga de algún reino de Yggdrassil o algo así…- extendiendo su mano, convocando la espada, tomándola de la vaina.
-¿Responde a tu llamada sin círculo mágico?-
-Si la suelto se desvanece, sí. Aunque puedo dejarla atada y eso…- ofreciéndosela.
-¿Solo responde ante ti?-
-Será sapiente de alguna forma, tendrá consciencia… Sé que se alimenta de poder puro, a más puro mayor la reacción-
-Pero no tienes…-
Tomando con firmeza la katana, la desenvainó. Dejando la vaina en el suelo junto a ellos, pasó la mano por la hoja, acariciando el frio metal.
Dejando que su poder dragontino bañase la hoja. Yamato tomó el poder sedienta, brillando con una tonalidad mística, tenue pero visible.
-No tendré poder demoniaco, pero eso no significa que no tenga nada…-
-El hombre al que pertenezco es aquel que ha unido lo viejo con lo nuevo-
-¿Qué?-
-Es lo que pone… Las inscripciones de la hoja-
Intrigado, Issei miró la espada. Ciertamente había runas escritas a lo largo del lomo de la espada.
Runas de un lenguaje que achacaban a los dragones.
-¿Cómo sabes leerlo?-
Suzaku parpadeó confundida.
-Pues… La verdad es que no lo sé, lo he leído y…-
Envainando la espada, Issei no le dio mayor importancia.
-Lo cierto es que nací humano-
-¡!-
-A los cinco años viajaba con mis padres cuando sufrimos un accidente de tráfico… Los Gremory estaban casualmente cerca. Me adoptaron-
-Y tu… convirtieron?-
Issei negó con la cabeza.
-Vine a vivir al mundo humano porque soy humano, no podían tenerme en el Inframundo… No fue hasta nos años más tarde que alguien me entregó esto…-
Llevándose una mano al pecho, una pequeña pieza roja surgió de su pecho. Una pieza carmesí de ajedrez, un Rey.
-Si le preguntas a alguien de abajo te negará su existencia…-
-¿Una pieza del Rey? ¿Qué tiene de especial?-
-Solo hay una pieza de Rey. Una enorme, en posesión de los actuales líderes del Inframundo. Cuando un demonio demuestra tener los requisitos para poder tener su equipo toca esa pieza y este le entrega las demás piezas…-
-¿Quién te la dio?-
-No lo sé… Pero Suzu. Esta pieza es increíblemente valiosa. Es un secreto del más alto nivel en el Inframundo. Hay muy pocas piezas y todas están estrictamente y celosamente vigiladas… Eso te dará una imagen de quien podía ser ese tipo…-
-Si no depende de un… Entonces esa pieza no tiene dueño, no es vasalla-
-Correcto. Si principal habilidad es la de potenciar. Está pensada para ser entregada a demonios puros, aumentarles su poder. ¿Pero qué pasa cuando la recibe un humano?-
-Se nutre del poder que tienes… La contaminación es eso…-
-Correcto. Toma mi poder de dragón y lo convierte en poder demoniaco, con su evidente coste…-
La sacerdotisa Himejima lo miró curiosa.
-A pesar de todo da el pego. Me identifica como tal, aunque en el Inframundo se me ve como una desgracia. Un demonio de una familia noble sin poder es poco menos que basura… Casualmente tengo un primo que tampoco tiene poder demoniaco, así que dentro de lo que cabe… Aunque tampoco tengo el pelo rojo de mis hermanos… Todo junto es bastante esperpéntico…-
Suzaku lo escuchó con atención.
-Aunque me quieren como tal… Mi futuro como demonio puede que sea muy corto, y si persiste haber como lo hace… Por eso lo de tener siervos… ¿Arrástralos conmigo?-
-Eres un tipo extraño… Deberías de buscar gente extraña como tú para acompañarte en ese extraño viaje- respondió Suzu sonriente.
Issei rio divertido.
-¿Esa chica rubia es una de ellas?- siseó la morena, mirándolo fijamente.
-Hay algunas candidatas, sí. La bruja de Oz, una youkai del Reino del Este…-
-La nekomata aquella… La recuerdo-
-Incluso una semidiosa de Asgard… Candidatas, solo eso. No he entregado ninguna pieza…- exclamó Issei estirándose en el tatami, dejándose caer.
-Mira tú que bien… Cuanta chica… yuhu…-
Tomándola de la mano, recostó a Suzaku en el suelo, colocándose sobre ella.
-No tienes por qué estar celosa, preciosa-
-Ni me toques ni me hables ni me mires. Muérete pervertido!-
Su enfadó aumentó al escuchar la sonora carcajada del dragón.
…
Vistiendo un vestido blanco, tomado del armario de Shuri, esperó paciente a que su pareja saliese de la pequeña tienda. Empezando a retomar el paseo, el camino a casa.
Avergonzada, se encontró caminando por el pequeño pueblo costero tomada de la mano del infame demonio. Su largo cabello meciéndose al viento, suelto.
Cargando con una pesada bolsa de plástico, el joven se detuvo en medio de la calle. Dejando la bolsa los pies de Suzaku, se desplazó a trote ligero hasta dar un puesto ambulante. Hablando animadamente con la tendera, señalándola, riendo levemente.
Suzaku se sonrojó violentamente al ver un enorme ramo de flores frente a su rostro.
-¿Es para mí?-
-Pensaba comprar algunas flores, pero la dependienta ha insistido en regalarme unas cuantas más… Lo que tiene ser una preciosidad-
Oliéndolas con detenimiento, le ofreció su mano de nuevo a Issei.
Juntos regresaron lentamente hasta el templo.
Al cruzar los interminables torii, atravesando sin dificultad la barrera, Issei se detuvo. Dejando las bolsas en el suelo, se dirigió a uno de los senderos auxiliares.
Suzaku lo siguió obediente, entristeciéndose lentamente al ver todas las tumbas decorando la ladera de la montaña. Una colección de pequeños monumentos excelentemente cuidados.
-Issei… Que…-
El dragón señaló dos tumbas con la mano, en un extremo de las hileras. Al acercarse la Himejima pudo leer dos nombres bajo el mismo apellido.
Miki Hyodo… Y Gorou Hyodo… No podía ser…
-Tardé en acostumbrarme, pero nací siendo Issei Hyodo…-
Horrorizada volvió su mirada a las tumbas.
-Ya conoces a mis padres…- sonriendo levemente -¿Crees que estarían orgullosos? ¿Orgullosos de su hijo convertido a demonio? ¿Qué ha renegado a su apellido?-
La joven tomó su mano, apretándola con fuerza.
-¿Qué hijo que ha renegado a sus padres los visita en su eterno descanso?-
-… También fue aquí donde conocí a Akeno…-
-No me digas que…-
-Sí. En el entierro, lo ofició Shuri-dono… Mi padre era cristiano, mi madre creyente del shinto. Shuri-dono tuvo la amabilidad de respetar sus creencias… No lo olvidaré nunca-
Suzaku Himejima, conmovida, se abrazó a él.
…
Sentada en el suelo del patio trasero, libro en mano, con una suave melodía de fondo, miró a su compañero…
El cielo estrellado, la suave brisa.
-¿Esta es tu vida?- preguntó Suzaku relajada.
-¿Mmm?-
Girándose, miró al demonio tumbado junto a ella. Sosteniendo un libro entre sus manos, como ella.
-Cuando estas lejos de mi… ¿es esto lo que haces?-
-Sí y no…- dejando el libro a un lado –Tengo una agenda ocupada… Pero como no soy el primogénito tengo una vida más… Menos vigilada-
-¿No eres el primogénito?-
-Negativo. Soy el bastardo lo recuerdas?-
-¿Cómo que bastardo?-
-Mi madre tiene el cabello castaño, como yo. Pero no su poder, soy el bastardo-
-Entonces es esto lo que quieres. ¿Esto es lo que haces en tu tiempo libre?-
-Absolutamente. Una vida alejada de todo problema, con vosotras, por los años de los años… Como ahora. Un terreno en las montañas. Naturaleza y tranquilidad… Sin distracciones, solo vosotras para mi deleite. Solo vosotras a lo largo de todos mis días…-
-No puedes hablar en serio… ¿Quieres una vida irresponsable? Es una idea muy egoísta-
-Piensa en ello como un servicio militar… Tendré que currármelo unos años. Luego me graduaré y a vivir-
-¿Haciendo que?-
-Finca. Familia. Quizás niños… En algunos siglos… Sinceramente… Siento que solo quiero irme a algún lugar lejos, tan lejos como sea posible y pasar una eternidad con vosotras. Dedicarme exclusivamente a vosotras… Es extraño de explicar-
-Creo que lo entiendo…-
-Mi bisabuela vive muy al sur del castillo principal. Esta retirada. Posee el servicio mínimo y permanece alejada de todo asunto político…-
-¿Tener una vida así?- susurró Suzaku mirando a su alrededor.
-Obviamente faltan los uniformes de sirvienta ridículamente pequeños… Pero eh, seré el único hombre que los vea, no creo que os de vergüenza vestirlos con solo hermanas por aquí, verdad? Y por cierto…- mirándola a los ojos -¿Eso que veo es interés?- incorporándose, sentándose a su lado.
Los ojos rojos de Suzaku se posaron en el cielo estrellado.
-Si-
-¡!-
¿Había respondido que si?
-El día de hoy… Un día relajado. Sin nada especial. Solo estando solos… Sin familias ni presiones… Un día contigo…- volviéndose hacia él –Pensar en tener una vida así… Es…-
-Eres una mujer de cultura- exclamó Issei colocando sus manos tras su nuca –Lastima que tu lealtad este con los Himejima… O la mía con los Gremory... Dime… De ser las circunstancias algo diferentes, de estar en tu posición… ¿Podría tener esta vida con los Himejima?-
Sizaku rio con fuerza.
-No! No! Por supuesto que no! En mis tierras jamás podrías tener esta vida… Los Himejima valoramos la cultura del esfuerzo. Trabajar mucho, siempre!-
-Uh! Uh! Uh! Esto se pone feo…-
-Devoción a la familia, adictos al trabajo, siempre dispuestos a servir a un deber superior a nuestras vidas…-
-Mucho me temo que tenemos graves problemas de incompatibilidad cultural… Pero creo que tu si podrías tener la vida que quieres en mi familia…-
Suzaku se movió, colocando la cabeza del dragón sobre sus muslos.
-Preciosas vistas…- alzando su mano, acariciando el rostro de la morena.
Suzaku la tomó entre sus manos, besando sus dedos.
-Porque salvaste a Tobio-
Ah… La gran pregunta. El tema que había tratado por todos los medios.
-Porque ayudaste a un varón, a alguien a quien desprecias…- empezando a acariciar su cabello, dulcemente.
-Bueeeeno… No le desprecio, no le conozco. No me ha hecho nada por lo que no puedo decir que tenga sentimientos negativos hacia su persona. Aunque tampoco que me caiga bien-
-Te he hecho creer que le amaba…-
-Bueno… Es tu familia y…-
-Creías que le amaba, como hombre-
Mirando fijamente sus ojos rojos, Issei asintió.
-Sí, lo creía-
Suzaku volvió a mirarlo, fijamente.
-Y le amo, es mi primo, Issei-
-Ahí tienes tu respuesta, preciosa. Es tu familia. Tu familia es importante para mí… Aunque me remito a mis palabras de esta mañana… Si los Himejima tocan a Akeno…-
Negando con la cabeza, Suzaku cerró los ojos, llevando sus manos a su pecho.
-No tienes de que preocuparte, Issei…-
-¿Preocuparme por los cenutrios que tienes por parientes?- masculló levantándose, incorporándose rápidamente.
-Preocuparte por Tobio, ni por él ni por nadie… Estas tan equivocado… Para ser tan aparentemente sabio… Fallas un montón, eres malísimo-
-No soy aparentemente sabio, SOY sabio. De cojones-
-Si eres tan sabio como es que te has equivocado tanto…-
-¿Y en que me he equivocado, si se puede saber?-
-En que mi lealtad esta con los Himejima…-
-¿Qué?- preguntó Issei girándose, mirando a la morena a los ojos.
-Te he dicho que no tienes nada de qué preocuparte porque… No hay nadie en este mundo a quien quiera más que a ti-
-¡!-
-Mi abuelo odia este templo y todo lo que habita en él… ¿Cómo puedo ser leal a la familia ayudando a un extranjero a blindarla con una barrera?-
-Tu familia nunca sabrá de tu participación. Me encargaré personalmente de ello- sentenció Issei, serio.
Negando con la cabeza, sentía su humor turbarse, se estaba enfadando cuando no quería tal cosa… Dando la conversación por acabada, como el día, se alejó.
-El día estaba yendo de maravilla, vamos a dejar que acabe bien… Te toca la habitación de Akeno- dijo señalando a la morena –Yo tomaré la de invitados-
-¿?-
-Que tengas dulces sueños… Nos veremos por la mañana-
Sin decir nada, Suzaku dejó que se marchase. Quería continuar hablando, pero era mejor así. De una manera involuntaria le estaba dando el tiempo necesario para organizar sus pensamientos. Elegir sus palabras. Porque esto no había acabado.
Nada más lejos, le gustase o no.
…
Todas las habitaciones daban al exterior, con las puertas de papel y madera abiertas, Issei se sirvió una copa de sake sentado en la terraza, visualizando la blanca luna en el cielo nocturno.
Había sido un buen día… Definitivamente prefería esos días. Días tranquilos, que no inactivos, alejados de todo el ruido de las grandes ciudades.
Ya pensaba como un anciano… ¡!
Las tenues luces de su habitación se apagaron de repente. Unos pasos se escucharon a su espalda. No estaba solo.
Sabía perfectamente quien era. Solo había una opción salvo visita sorpresa…
-He traicionado a mi familia por ti…- empezó la suave voz femenina, más dulce de lo normal. Como le solía hablar a él.
-Suzu…-
-He traicionado todo lo que creo, todo lo que han enseñado…-
-Levantar esta barrera no debería de significar tanto para ti y lo es… Si hubiese sabido que hacer esto te habría supuesto tantos problemas…-
-Mi traición es mucho más profunda que eso…-
Frunciendo el cejo, se temió lo peor.
Levantándose, encaró a la joven, de pie en su dormitorio de estilo occidental.
-¿Qué has hecho, Suzu?-
La morena rió divertida, deshaciendo el nudo de su bata, dejándola caer.
-Amarte, Issei-
-¡!
-¿Cómo le explico a mi mentor que mis pensamientos no son para los dioses? ¿Qué mi amor tampoco es para ellos? Que mi familia no es la que ellos se creen que es… ¿Cómo le explico a todos los seres que creen en mí que prefiero que me llamen Suzaku Hyodo a Suzaku Himejima?-
-No puedes hablar en serio…-
-¿Cuántos más vas a fingir que no conoces mis sentimientos?- susurró acariciando su rostro.
-No tienes miedo… Porque-
-¿Por qué tendría que tener miedo?-
-Miedo a las consecuencias-
Suzaku sonrió divertida, besando sus labios dulcemente.
Un sentimiento cálido inundo su ser, mitigando sus emociones, desvaneciendo su miedo.
-Te amo…-
Riendo divertidos, confesándose al mismo tiempo.
-¿Y ahora que…?- susurró Issei acariciando el rostro de la morena.
-No voy a dejar a mi familia, Issei!- exclamó la joven, animada, risueña.
-No lo había dicho…-
-Pero lo piensas!-
-Así que…- recorriendo su contorno con los dedos –Si ese tipo y Akeno están a salvo…-
-Si puedes asegurar la seguridad de Tobio-kun y Akeno-chan tendrás a tu esposa…-
-Aún falta mucho para eso… Y no soy paciente…-
-Mientras tanto tendrás que conformarte con una novia… Que te ama con locura…-
-¿Novia?-
-Novia-
-¿Novia novia?- trasladando sus manos a la cintura, acariciando la suave tela.
Suzaku apartó las manos de un manotazo, retrocediendo marcha atrás. Sonriendo pícaramente deshizo el nudo de la bata, dejando caer la prenda al suelo.
-Suzu… Sabes lo que…-
Suzaku Himejima extendió su mano hacia el dragón. Tomándola, lo acercó hacia él, besándolo dulcemente, retirando la bata que llevaba puesta el Gremory.
Las dos prendas se unieron en el suelo.
De pie, abrazada al cuello del joven, Suzaku se pegó a su cuerpo. Sonrojada y avergonzada, intentaba desesperadamente no centrarse en el tacto duro y caliente que acariciaba su vientre. Algo bastante sencillo de hacer. Las manos del dragón recorriendo sin pudor alguno cada centímetro de su cuerpo y sus labios dominantes le estaban arrebatando todo pensamiento y raciocinio.
Separandose, Issei alzó sus manos, tomando sus grandes pechos, arrancando un suspiro en la joven.
Sabia cuanto tiempo ansiaba con tocarlos, jugar con ellos…
-Adelante… Son tuyas… Haz lo que quieras con ellas…- ronroneó Suzaku moviendo igualmente sus manos.
Nerviosa, deseosa de no mostrarlo, tomó el miembro de su novio, cautelosa, curiosa.
Sonriendo al escuchar su suspiro de placer, empezó a mover sus manos, siguiendo las instrucciones de las revistas que había comprado a escondidas…
Issei no tardó en contraatacar, tomando su boca, introdujo su lengua en ella, recorriendo todos los rincones de su cavidad oral, masajeando su lengua con la suya… Trasladó una de sus manos a la entrepierna de la Himejima.
Ahogando un chillido de placer, Suzaku sintió sus fuerzas decaer, la fragilidad en sus rodillas, pero Issei la sostuvo con fuerza.
Tomándola de la nuca, profundizando el beso, empezó a acariciar el interior de las paredes de la morena con rapidez.
Abrumada, con la mente en blanco, la Himejima se quedó parada, temblorosa mientras su novio jugaba con su cuerpo.
Jadeante, al abrir los ojos se encontró relajada en la cama, ronroneando como una gatita, sintiendo como oleadas de placer recorrían su cuerpo.
Buscando a su amante con la mirada lo encontró sobre ella, con su rostro pegado a sus senos, besando sus pezones, lamiéndolos lentamente en círculos.
Si alguna vez pensó que podría ser placentero se equivocó. Nada de lo soñado se acercaba a ese momento.
Las manos de Issei obraban magia en ella, sus labios y su lengua eran fuego en su piel. Su cuerpo reaccionaba hipersensible al suyo y le pedía más, mas, mas…
El Gremory se acomodó en la cama, abriendo las tonificadas piernas de la morena de par en par, alarmando a la belleza, que lo miró avergonzada… Antes de exhalar un fuerte gemido.
Ya no sabía si chillaba, gemía… Alternaba sus manos en las almohadas, en el pelo de su amado.
Arqueando su espalda, mordiendo su labio inferior, Suzaku estaba perdiendo la cordura.
La lengua de Issei era lava en su sexo, caliente y deliciosa, liberaba oleadas de un placer que jamás había creído posible hasta ese momento.
Era suya, era suya y no había mayor prueba.
Lo que estaba sintiendo no podía ser normal. No era una ingenua, había visualizado de forma accidental intercambios sexuales en los dominios familiares, encuentros silenciosos, ligeramente sonoros… Nunca había visto a la pareja femenina deshacerse así por las acciones de un varón.
Estaba segura de que ella estaba hecha para él, que era excepcionalmente receptiva para él…
Jadeante, agotada. Sus ojos solo visualizaban destellos y chispas de luz. Su mente estaba saturada de endorfinas.
Issei capturó sus labios. Suzaku, gustosa, separó los suyos, dejando que su lengua hiciese lo que gustase en su boca. No le importó probarse a sí misma… Era una chica muy dulce a fin de cuentas.
-Suzu…- murmuró Issei, con voz ronca, grave.
-Hazme tuya… Hazme tuya… Tú eres mi familia… Te debo… Te debo lealtad a ti…- susurró Suzaku en su oído, aunando las fuerzas que le quedaban.
-No habrá marcha atrás… Tu pureza es tu salvoconducto en tu familia…-
-Mi pureza es tuya… Ya no me importan los Himejima… Tú eres mi familia… Hazme tuya… Tuya y solo… ¡!-
Abriendo los ojos, Suzaku suspiró pesadamente.
Lo sentía, estaba entrando en ella… Jadeando. Con cada movimiento de cintura entraba más en ella…
La estaba partiendo en dos…
Justo cuando pensaba que ya no entraría más, Issei se movía mas, entrando más profundo… hasta choca su cintura con la suya y Suzaku gimió como nunca antes.
No más fuerte. Más dulce, más dulcemente que nunca antes.
Su pureza era historia, más no sentía dolor. Solo plenitud, plenitud y un placer indescriptible. Un placer adictivo y peligroso. Y la asustó, la aterrorizó.
Sabía que si ese sentimiento persistía acabaría absoluta y completamente a merced de…
PAM
-Ahhhh!-
-Que dulce… Y estrecha…- susurró Issei retirándose unos segundos para volver a introducirse en ella, entrando por completo.
Suzaku era un guante, húmedo y caliente, varias tallas más pequeño…
Colocando sus manos en su pecho, el instinto de Suzaku le pidió que lo apartase, lo apartase antes de que la sometiese.
Issei sonrió al sentir los brazos de la Himejima rodear su cuello, pegándose a él.
Relamiéndose los labios, se acomodó sobre ella, apoyándose en sus manos y rodillas… Antes de empezar a embestir a la morena, ganando ritmo, dejando libres sus deseos, toda la tensión y deseo sexual acumulado.
Suzaku no volvería a ser la misma.
Suzaku Himejima se había marchado para no regresar.
Una eternidad más tarde, el dragón de la lujuria derramó su esencia en lo más profundo del útero de la belleza, que respondió con un aullido de placer.
Su rostro sonrojado, su sonrisa obscena, sus ojos llenos de amor y pasión…
Suzaku Hyodo había nacido.
-En algún lugar, en algún momento-
Las Brujas de Oz eran todas aquellas residentes del Reino de Oz, el Mundo Mágico de Oz. Discriminadas y repudiadas, eran buscadas y cazadas por todas las facciones. Injustamente acusadas, estas mujeres practicaban sus artes ocultas a todo y de todos. Formando pequeño grupos basándose en su especialidad y credo. Los aquelarres estaban presididos por una bruja superior.
Una vida de sigilo y odio, constantemente temiendo por su vida, incapaces de tener una vida normal, abierta y despreocupada… Había provocado el despertar de ciertas antipatías, de sentimientos rebeldes, intensos y oscuros. Su aquelarre era un vivo ejemplo de ello.
El aquelarre de Augusta era un radical, libertario y extremista. Lejos de compartir la visión pacifista y derrotista, sin ambición alguna, de Oz. Augusta y sus compañeras buscaban metas superiores, la libertad de su pueblo. Y para lograr tales metas contaban con la colaboración de brujas de alto rango, tales como Glenda, la Bruja Buena.
Pero pese a que las brujas deseaban libertad, respeto, no poseían el poder necesario para hacerse valer, para imponer su voluntad. Ante la falta de poder no les quedaba otra que, irónicamente, desplegar sus artes. La brujería.
Aliándose con otros renegados y repudiados como ellos, Augusta aseguró un acuerdo de futuro con demonios, un acuerdo que les permitiría tener más musculo militar llegado el momento de necesitarlo. Una promesa de pago a cambio de un solo trabajo.
Asesinar a Issei Gremory, el hermano menor del Maou Lucifer.
Aquel era un trabajo inaccesible para muchos, pero estaba al alcance de seres que operaban desde el sigilo usando la astucia.
Las brujas requerían almas para alimentar su poder. Y la caza de demonios era su prueba de madurez, cualquier bruja que quisiese entrar en su aquelarre debía obtener y devorar un alma de demonio de alto rango SIN involucrar a sus futuras compañeras.
Asesinar a ese niño no sería un problema. Estaba todo dispuesto…
…
Caminando por los angostos bosques nocturnos, una figura encapuchada dio con un solar. Un terreno despejado de maleza y arboles con un anillo de piedras en el centro. Una rugiente hoguera de luz azulada ardía en el centro. Un fuego antinatural, mágico, hereje.
El fuego de las brujas ardía con fuerza. Un fuego alimentado por la magia conjunta de todas las brujas reunidas a su alrededor. Decenas de encapuchadas formando anillos, extendiendo sus manos…
Augusta flotaba sobre el fuego, sonriente, sus ancianas arrugas iluminadas por el intenso fuego que lejos de quemarla, alimentaba su poder.
Augusta se nutría del poder de sus compañeras.
Poderosa, inteligente y cruel… Augusta era todo lo que ella quería ser, aspiraba a ser. Por no hablar de su habilidad secreta… Esa llama purpura. ANSIABA ese poder.
El poder mágico surgía del interior del cuerpo, muchos creían que era la misma fuente de energía, con el tiempo se dijo que era la unión del poder de la imaginación que había encontrado una manera de manifestarse. Augusta era partidaria de lo primero. Aunque no fuese el alma lo que se usase como combustible, si estaba ligado a ello. Y su poder, se beneficiaba de ese vínculo. El poder de la Llama Purpura era su habilidad más notoria, una llama especial que no quemaba la materia, no quemaba la carne, los huevos y la sangre, no. Quemaba el interior. El alma, el poder interno… Y se alimentaba del poder de otros.
Al formar su aquelarre de rebeldes, una escisión radical de las Brujas de Oz, había establecido que una de sus obligaciones era nutrirla de sus poderes. A cada reunión, su habilidad se volvía más y más intensa.
La decepción personificada no formaba parte de tales rituales. Una novicia no adepta, una practicante con un importante número de suspensos a sus espaldas. Una recomendación particular de una anciana como Glenda que a la vista quedaba, no hacía más que decepcionar.
Walburga se deslizó sin llamar la atención, sintiendo la mirada de su maestra, siguió sus instrucciones. Sus tediosas y molestas instrucciones.
Lavinia… Lavinia Reni.
La estúpida, inocente e ingrata bruja, incapaz de poder segar una sola vida. Una bruja que había demostrado repetidas veces su fracaso, su ineptitud, su constante falta de respeto por el aquelarre.
Porque Lavinia Reni era una mujer, no una bruja. Una mujer que se había dejado seducir.
Allí estaba. De pie en una de las filas posteriores. No había pasado las pruebas por lo que no podía participar en el ritual.
Lavinia Reni había fracaso en devorar el alma del zorro sagrado. No contenta con ello tampoco había obtenido el alma del demonio de rango superior. Nada más lejos, lo veía constantemente.
Lavinia Reni era un fracaso… Y le producía el mayor de los ascos.
No la soportaba.
…
Sosteniendo su bastón, los susurros la sacaron de sus pensamientos. Susurros acompañados de miradas. Aunque Augusta estaba presidiendo un ritual respetado, era ella quien recibía todas las atenciones.
Eso la incomodaba. Lavinia no se sentía a gusto allí.
Ya no.
Volviendo su vista al frente, observó el fuego, violeta, intenso. A su alrededor solo había canticos, figuras siniestras, capuchas negras. Ni siquiera la compañía de amigas como Walburga o la de su madre adoptiva, Glenda… Poco o nada significaban para ella. Se sentía como una extraña.
La hermosa noche estrellada, una brisa suave… Y su estado de ánimo… Lamentable. Decaído.
Ella no quería estar allí.
Ella quería estar sentada junto a una viva hoguera de fuego amarillento, con largas estacas de madera con carne y verdura asándose… Sentada junto a Issei, cantando una canción apoyando su cabeza a su hombro… Con su mano acariciando su cabello.
Ella quería historias bajo la luz de la luna, reír junto a sus hermanas, escuchar del mundo de la nekomata… Saber más del mundo demoniaco…
Ella no quería estar rodeada de lúgubres figuras cantando versos malditos, quería conocer a los Gremory. Saber si la amarían como a una hija… Issei siempre decía que su madre quería hijas, que sus amantes y sirvientas serian eso, sus nuevas hijas. Quería saber si era tan dulce como escuchaba. Si la amaría así, si la estrecharía entre sus brazos con fuerza…
Quería… Quería sentir su tacto, su calor corporal… No ese frio fuego tan extraño que ardía en medio del campamento.
Sabia donde quería estar… Donde debía estar… Con quien debía estar.
Ella no quería ser una bruja del aquelarre de Augusta. Tampoco le decía nada ser una Bruja de Oz. No le importaba lo mas mínimo ser la heredera de Glenda, una de las Brujas Guardianas del Reino de Oz.
Ella solo pedía algo mucho más sencillo, humilde pero no menos valioso.
Ella solo quería ser la bruja de alguien… de alguien…
…
Walburga miró a su maestra alarmada.
Glenda cerró los ojos decepcionada.
Lavinia había desaparecido. Tras dejar el bastón y la capa en el suelo, arrancó a correr a las profundidades del bosque.
Glenda, la Bruja Buena, sabía que no iba a volver. Lavinia Reni se había marchado para no volver. Su corazón había decidido. Su elección no era formar parte de un aquelarre de brujas, ella deseaba vivir en el Inframundo en los brazos de un príncipe demoniaco. De un dragón destructor de toda vida. De alguien que suponía una amenaza a su estilo de vida.
Walburga se sentía llena de dicha. Ahora que la decepción las había traicionado por fin podría brillar con luz propia. Podría dejar de fingir ser su amiga… Augusta le dedicaría el tiempo que se merecía. Había llegado su momento!
Glenda estaba seriamente decepcionada. Había fallado como bruja y como mujer. De corazón deseaba haber librado a la niña de su destino, pero el aquelarre era lo más importante para ella. Tras unos minutos sus sentimientos por Lavinia fueron dejados a un lado. Eran pasado.
Augusta sonrió complacida. Su plan, contrario a lo que todos podían pensar, estaba dando sus frutos.
-Continuará en el próximo capítulo-
-La primavera de Lavinia-
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Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.
