Una disculpa por el retraso, con esto de fin de año anduvimos como locos en el trabajo! Luego a mitad de enero cambié de trabajo y volví a entrar a estudiar LOL Probablemente a partir de ahora tarde un poco más, ya que los capis son más complejos debido al humor y los temas que abundan.

WARNING: algunos personajes morirán u.u otros disfrutarán de un agradable momento erótico. xD


FADED

ARYA

Desde el principio Arya solía tener sueños de lobo.

¡Arya!

La nieve caía envolviendo por completo el paisaje en un manto blanco. El cielo gris se perdía en medio de la tormenta y no se distinguía donde terminaba el suelo y empezaba el cielo.

¡Arya!

Y mientras voces distantes le llamaban...

¡Arya!

Arya corría por la nieve, el aire frío causándole cosquillas en la piel.

"Sueños de lobo", le había dicho la vieja Nana; visiones, sueños al fin.

A veces era un lobo en medio de la cacería, asechando a la presa, corriendo por bosques nevados, con los colmillos y garras a la vista.

A ratos se veía a sí misma, desde fuera, mirando el resto del paisaje que la rodeaba.

"Mira hacie el Norte." "Arya" "Hija de lobos" "Sangre de dragón" "El príncipe que fue prometido".

Incontables voces, todas hablando a destiempos.

Y en medio de todas esas voces, Arya corría. A veces a cuatro patas, a veces como una niña.

"Cambia pieles"

Desde que era una niña...

-Arya.

La voz que la llama es gruesa y la obliga a detenerse. Ya no es una loba, cuando gira hacia atrás, es de nuevo una jovencita. Con las mejillas y la nariz rojas, parada en medio de la nieve. Y delante de ella su compañero.

Un huargo blanco de ojos rojos.

Un muchacho de ojos grises y cabellos negros.

Desde que era una niña, tenía sueños de lobo...

Pero todo eso cambió en el momento en el que lo conoció a él... A Jon.

-Arya.

La sonrisa que le dedicaba era cálida, igual que el sentimiento que brillaba en sus orbes grises.

Él estaba ahí en sus sueños, como nunca nadie más lo había estado. Ya no estaba sola. Y entonces eran dos lobos corriendo sobre la nieve.

Arya había aprendido a amar estos sueños, mucho más que los primeros. El aire frío cortando la piel helada. Pasando de ser huargos a humanos cada que se detenían. Riendo a carcajada abierta mientras él le seguía los pasos. Al punto en que llegó el momento de fusionarse.

La primera vez que le había soñado, había sido un día antes de llegar al Muro. La segunda vez que corrió con él en sus sueños, fue cuando Maekar había muerto y desde entonces Jon había sido una constante. Cuando la sangre le llegó, había soñado que lo besaba, había sentido cosquillas en el vientre y había algo dulce en su paladar. Cuando comenzó a desvanecer la línea que separa sus intimidades, los sueños se volvieron salvajes.

El huargo blanco intentaba domarla, mostrando los dientes, mordiéndola, atacándola. Y ella, en su vesión de huargo gris respondía a la batalla. Con la imagen superpuesta de su cuerpo desnudo y el de Jon forcejeando por penetrar la piel del otro.

Pero entonces su madre volvió a aparecer.

Los Thenn van a rebelarse. Mira al Norte, Arya.

El primer sueño que había tenido con ella había sido un regalo de R'hllor, lo sabía. Una oportunidad para despedirse de su madre. Un sueño imposible en el que Catelyn Stark vestía a su hija más pequeña de novia.

Mira hacie el Norte, Arya.

Y entonces visiones de rostros inexpresivos la perseguían, encontrándose de pie sobre una montaña de craneos. Gritaba. Con todas sus fuerzas, corriendo entre los huesos, mientras una lluvia roja (sangre) la bañaba.

-¡AH!


Irónicamente su grito nunca traspasaba las murallas del sueño. Despertaba agitada con la piel bañada en sudor y los dedos fríos. Un ligero jadeo abandonando su boca.

-¿Tuviste un sueño húmedo?

Arya parpadeó para desprenderse por completo del sueño. Jeane la miraba con burla en los ojos.

-¿Qué?... No. -Negó sacudiendo la cabeza tras entender la pregunta.

Jeane la miró atenta.

-Estabas gimiendo. -Le dijo.

Arya inspiró con fuerza y soltó el aire lentamente.

-Era más como una pesadilla.

-Oh.

Sólo entonces, la joven dama de compañía pareció darse cuenta del cansancio en los ojos de la joven Stark, el semblante contrito plantado en su rostro; las manos sacudiéndose en pequeños temblores.

-¿Estás bien?

Arya se sobresaltó, y por fin pudo sacudirse la nube de sueño por completo. Miro a Jeane un instante antes de asentir y entendió cuando ésta se sintió incómoda, sin saber qué hacer.

-Debemos irnos, la boda de tu hermana está por empezar. -Terminó diciendo.

Arya volvió a asentir, ésta vez con un poco más de ánimo.

...

Tras el ataque fallido a Queen's Gate, las Islas de Hierro decidieron adelantar la boda entre la casa Greyjoy y la casa Stark. Muchos cambios se habían hecho y había quedado claro el que la guerra estaba alcanzando el Norte. Incluso si habían recuperado High Garden y derrotado a Dorne; todavía seguía la guerra en el literal del continente.

Arya entendía que aquél arreglo era algo temporal, pero nunca pensó que se involucraría tanto con personas que al final terminarían partiendo de vuelta a sus respectivos hogares. Y había comenzado a temer el día en que Jon tendría que irse también.

Porque incluso si estaban comprometidos; Jon debía recuperar su reino de las manos de su tío Viserys y no podía hacerlo peleando a la distancia. En algún punto, (probablemente cuando fuese más seguro para él) tendría que regresar a Valirya. En especial ahora que se sabía que su tía Daenerys seguía con vida y que estaba dando batalla contra los amos de Meeren al grado de tomar el país.

Fue con este pensamiento, que Arya terminó caminando sin quererlo en dirección a la habitación de Jon.

El muchacho estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero, ajustándose la corbata antes de abrochar el chaleco del traje. Durante el último año, el príncipe Targaryen había crecido en estatura, su voz se había vuelto más gruesa y su espalda más ancha.

-Nada bueno sale de espiar a alguien Arya.

La aludida despertó del trance que representaba admirar a su prometido. Viendo su propio reflejo en el espejo, entendió que así fue como él la había visto, a pesar de estar en el umbral de la puerta. Aunque sabía que incluso si no podía verla, Jon siempre sabría que se trataba de ella.

-No estaba espiando. -Refuto, entrando al fin y cerrando la puerta tras ella.

La sonrisa de Jon creció de medio lado.

-¿Admirándome entonces?

Arya entornó los ojos.

-No seas ridículo. -Respondió parándose por detrás de él. -Estaba mirando mi propio reflejo.

-Seguro. -Respondió sarcástico. Y entonces, en la cercanía, JOn fue capaz de ver el pesar que la envolvía. -¿Todo bien?

Arya desvió la mirada hacia la ventana. Afuera había comenzado a llover, vaya clima para una boda, pensó.

-Tuve un mal sueño. -Dijo al fin. -No lo recuerdo del todo, pero...

El rojo caía cubriéndolo todo.

-Había mucha sangre...

Su cuerpo envuelto y temblando...

-Tanta sangre.

De pronto Jon la tenía envuelta en sus brazos. Aquél sueño terrible era también el suyo propio después de todo. Con el rostro a medio esconder en el pecho de él, Arya siguió desahogándose.

-Sansa se irá con Theon. Algo malo siempre le pasa a mi familia cuando se aleja... incluso a ti te dispararon.

-Han pasado dos años Arya. -le interrumpió.

-Y mi madre está muerta... tu padre también... la abuela de Margaery...

Jon se separó de ella entonces, lo justo para agarrárla por los hombros y nivelar su mirada con la de ella.

-Estaremos bien. No voy a irme a ningún lado... y si tengo que irme te llevaré conmigo. -Prometió. -Estaremos bien.

Y había algo en la forma en que lo decía, con esos ojos cargados de amor, que Arya sólo podía dibujar la palabra mentiroso en su mente. Sin embargo, eso jamás se lo diría, no podía decírselo. No podía transmitirle la certeza que sentía en sus entrañas de que aquello era una mentira.

Así que optó por tratar de olvidarlo.

-Bésame...

Lo hizo.

Con la boca abierta y llena de promesas. Con las manos acariciándola con la adoración que sólo se le dedica a un santo. Con el aliento entre cortado y los pechos en contacto. Como dos piezas de rompecabezas embonando por el centro.

Arya no sabía determinar en qué momento había ocurrido, pero el trato de Jon hacia ella había cambiado. Estaba en la forma en la que su mirada permanecía más tiempo sobre ella que el de costumbre, con brillo de hambre en sus pupilas grises. En la manera en la que caminaba mucho más cerca de ella sin tener que enlazar las manos; de moverse alrededor de ella y dejar siempre en claro que él la estaba protegiendo y que nadie más tenía derecho a acercársele.

Mía. Era lo que decía su comportamiento, sus moviemientos, sus miradas y la forma en la que parecía protegerla del resto del mundo. Como si de pronto la hubiese metido en una especie de burbuja de cristal y nada ni nadie podía tocarla. Sólo él. Siempre él.

A Arya le gustaba este nuevo Jon. Incluso en las pequeñas veces en que el mismo le intimidaba.

Pero a ratos, extrañaba al Jon risueño, taciturno. El Jon niño que la había recibido en sus brazos tras haber provocado su caída de un árbol.

"¿Habré cambiado yo también?", se preguntó, dándose cuenta de que sus manos habían deshecho el nudo de la corbata que con tanto esfuerzo Jon había anudado...

...

Sansa estaba hermosa.

Y debía reconocer que Theon se veía bastante atractivo también. Pero era Sansa quien se robaba aquella escena. Dada la precaria situación económica en que habían quedado las Islas de Hierro, la boda entre ambas casas se había llevado a cabo en el Norte. Gran parte de los gastos, sin embargo, corrieron por parte de Dorne como parte de las condiciones de perdón tras su derrota. Y Westeros no tuvo que preocuparse por provisiones aquella temporada. Bajo la alianza, la casa Stark ayudaría a la casa Greyjoy y pronto las Islas de Hierro volverían a levantarse sin duda.

Era todo un complot político, Arya lo entendía. Pero sabía con certeza que a su hermana aquello poco le importaba. El sueño de Sansa siempre había sido casarse con un príncipe, vivir una aventura de cuento y eventualmente llegar a ser reina. Asi que se podría decir que se había sacado la lotería. Sin mencionar que la propia Iglesia parecía un castillo en miniatura.

Y Sansa vestida de blanco en medio de todo eso.

Arya se estremeció entonces. Ver a su hermana intercambiar votos con Theon, fue algo que le caló en lo más profundo de su alma. Estaba feliz por ambos, pero también estaba triste. De pronto la vida pasaba más rápido y poco recordaba ya de su sonada infancia. ¿Cuándo ocurrió todo esto? Se preguntó una y otra vez. La ceremonia fue larga y Arya tuvo la oportunidad de robar miradas con Jon.

El príncipe Targaryen era apuesto, de eso ya no quedaba duda. Fuerte, talentoso y amable. Su queridísimo Jon Snow, al que ya nadie se dirigía con aquél nombre. Arya deseó entonces ser ella la que se casaba en ese momento y no su hermana. Con el fuego de la guerra ya en el Norte, Arya temía que el momento en el que Jon tendría que irse, aún no estuviesen unidos en matrimonio.

Ella no creía en cuentos de hadas, pero durante la ceremonia de bodas de su hermana, se encontró rezando por uno.

...

El ruido precedió a la ceremonia de bodas. El gran salón de Castle Black estaba repleto de la gente que había atendido la boda. Gente importante del Norte, los mismo generales del ejército del Muro y la nobleza de los siete reinos. Al menos la mayoría de ellos. Y Arya agradeció aquél alboroto. En medio de tantas caras sonrientes logró conseguir olvidarse de todas sus preocupaciones incluidos sus malos sueños.

El alcohol abundaba por todos los rincones y pasillos del salón, e incluso si no era mayor de edad, su padre le permitió llenarse la copa de vino e incluso un poco de brandy. Meera y Mircella se mantuvieron con ella durante la mayor parte de la celebración, mientras Margaery y Jeanne estaban con Sansa. En algún punto, en medio de tanto baile, todas las chicas quedaron juntas; riendo a carcajadas y girando con las mejillas arreboladas. Por un segundo, Arya se recordó que aquél festejo también era una despedida a Margaery; su nueva encontrada amiga íntima partiría de vuelta a su hogar. Y tras aquella noche, Sansa también se iría.

Ambas chicas debieron darse cuenta de lo que sentía, pues las dos la abrazaron en ese momento y la obligaron a seguir bailando y riendo. Dejó que la hicieran girar, y mientras lo hizo, su mirada captó a Jon, mirándola como siempre; con su sonrisa adornandole el rostro y ese sentimiento cálido en los ojos... Arya se detuvo de pronto, sabiendose observada le devolvió la sonrisa.

Y entonces se escucharon gritos de un grupo de hombres y mujeres. La Stark demoró tres segundos en caer en cuenta de que había llegado la hora de la encamación.

-Vamos Arya -le incitó una sonrojada Myrcella.

La morena iba a seguir al resto de las jóvenes para desvestir a Theon y encaminarlo a la habitación, cuando de pronto Margaery la jaló del brazo. Sin decirle nada la arrastró fuera del salón; Jeanne las esperaba en el pasillo.

-De prisa -les dijo.

Y las tres se echaron a correr en dirección a los aposentos de la nobleza, el edificio justo al frente de la torre del Rey. Durante todo el recorrido el corazón de Arya latía con fuerza, retumbándole en los oídos. Finalmente se detuvieron frente a una habitación que parecía de servicio.

Margaery se giró hacia Arya.

-Quiero darte un último regalo. -Le dijo sonriendo con picardía y sosteniéndole ambas manos. -Ven.

Arya iba a hacerlo pero entonces Jeanne destapó el vitral tras la cortina, y la imagen de la habitación que su hermana compartiría con Theon se abrió ante sus ojos.

-No podemos... -dijo al instante, el alcohol desvaneciéndose de su cuerpo en cuestión de segundos. -Esto no es un regalo es... es invadir.

Margaery y Jeanne compartieron una mirada, antes de volver a ver a la princesa Stark.

-Ya está siendo observada. -Comenzó Margaery -Y ella sabe que vendríamos, ella me lo pidió, te lo juro por los dioses; podrás preguntarle después si quieres.

La morena les miró confundida, Sansa no sería capaz... y sin embargo, ambas habían cambiado tanto en esos casi tres años.

-¿Por qué?

-Porque vas a casarte con Jon, y tendrás que vivir algo igual, incluso peor dada su procedencia. -Contestó Jeanne -Sabes que es así. -Presionó al ver que Arya dudaba.

Margaery suspiró y volvió a tomar las manos de Arya en las suyas propias.

-Prepárate desde ahora Arya Stark de Winterfell. -Le dijo, la aludida no pudo por más que mirarla directamente a los ojos, abrumada por la seriedad con la que le estaba hablando la Tyrell -En dos semanas más, Loras y yo volveremos a High Garden, hemos recuperado el dominio de nuestro reino, pero ahora estamos al frente, Willas debe dirigir el ejército no puede seguir rigiendo en mi lugar. No tendrás a nadie más que te enseñe. -Le recordó.

Arya apartó la vista al instante, había sentido una espina clavársele en el pecho. Margaery le tomó el rostro por la barbilla, obligándola a mirarla otra vez de frente.

-Tienes que prepararte desde ahora... para lo que vendrá, para el deber que te corresponderá como futura reina de Valyria.

Los ojos grises de Arya se abrieron en asombro.

Reina de Valyria. Se repitió en la mente y el eco de las voces de sus sueños reverberaron con fuerza por un instante.

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya"

-Incluso si Jon es el heredero al trono, eres tú quien tiene la fuerza política, y como eres una mujer debes ganarte el favor de los nobles desde abajo. -Le explicó, jalándola hacia la ventana espejo. -Ya estás en el juego Arya, aún estás aprendiendo a jugarlo; mejor que aprendas disfrutándolo.

-Como ha sido para ti. -Inquirió.

-No. -Margaery sonrió, había una ternura inconmesurable en sus ojos. -Mucho mejor.

...

Y sólo momentos después, Arya corría escaleras abajo.

La piel se sentía caliente, la sangre parecía hervirle en las venas. La respiración se le dificultaba... Y las imágenes de su hermana debajo del cuerpo de Theon no paraban de invadir su mente.

Lo había observado todo. Desde la vacilación en el rostro de su hermana, hasta la seguridad que reflejaba el porte del chico Greyjoy.

"No los mires a ellos Sansa... Mírame a mí." Había dicho el rubio, tan suave que Arya por poco no lo escucha. Había amor en esas palabras y la Stark se sintió abrumada de pronto.

Se detuvo a mitad de las escaleras para recuperar el aliento. Ya le faltaba poco para llegar a la planta baja, el gran salón se alcanzaba a ver desde donde estaba. Jon estaba ahí.

"Algún día haré eso con Jon", se dijo y el calor volvió a cegarla.

Recordar las ropas caer bajo las manos áviles de Theon... escuchar los supiros y los dulces gemidos salir de los labios de Sansa... Mirar cómo él se enterraba en ella...

-¡Meera!

La aludida, que recién había salido del salón, levantó la vista al escucharla y le miró sorprendida. Arya sabía que debía verse bastante descolocada y no tenía duda de que sus mejillas estarían teñidas de rojo.

-¿Qué ocurre Arya? -cuestionó con preocupación, acercándose al pie de las escaleras.

La princesa Stark tragó seco.

-Necesito que me hagas un favor.

Su voz se redujo hasta ser casi un susurro, Meera tuvo que hacer un esfuerzo por escuchar las palabras y entenderlas. Arya pidió a Meera buscar a Jon en el salón por ella, y aún bajo la verguenza que sentía, tuvo que explicarle el porqué a la chica Reed. Aquello debía notarse precario pero sin ser alarmante.

-¡Jon!

Arya esperó en las escaleras, a salvo entre las sombras y mirando al objeto de su afecto. Jon había estado bebiendo, sentado a una mesa con su hermano y otros amigos dentro del castillo; se le notaba alegre y Arya lo deseó aún más.

-¿Qué sucede? -cuestionó el moreno con una sonrisa.

Arya no pudo escuchar el resto de las palabras que Meera le susurró al oído a Jon, su expresión corporal dejaba en claro que estaba incómoda con dar aquél mensaje; aunque ignoraba lo que le había dicho, estaba segura de que se había ahorrado algunos detalles. Y lo comprobó al ver como Jon desviaba la vista en su dirección, la preocupación plantada en su rostro, y al instante siguiente ya había salido con prisa hacia ella.

-Arya.

Avergonzada, la morena se giró dándole la espalda y avanzó subiendo a brincos las escaleras. Jon le siguió de inmediato, entendiendo sin necesidad de palabras que ella quería hablar con él en un lugar más íntimo. Arya sintió que la habitación de Margaery (que ella le había prestado de momento) estaba más lejos de lo usual y se sintió desesperar con el palpitar de su corazón retumbándo en sus oídos.

Finalmente dio con la puerta, la abrió, entró en ella y tan pronto Jon entró tras ella, cerró la puerta de golpe. Respiró hondo.

-Arya, ¿qué sucede? -preguntó Jon detrás de ella.

La Stark se giró hacia él, con las pupilas dilatadas, las mejillas arreboladas y el pecho subiendo y bajando notoriamente bajo cada respiración.

-Bésame -pidió en un susurro ahogado.

Y Jon, que nunca, jamás le negaría nada; le tomó el rostro con ambas manos y la besó con la boca abierta. Notó el cambio al instante, como era de esperarse de él, Arya estaba respondiendo al beso con mucha más fiereza de la usual, compitiendo por dominar aquél beso. Las manos de la joven subieron por el torso de él y deshicieron el moño de la corbata con brusquedad.

-Arya. -Gruñó Jon, rompiendo el contacto.

Pero Arya se colgó de él y él fue capaz de sentir la desesperación irradiar de ella.

-Vi la encamación -soltó sin más.

Él le miró confuso.

-¿qué?

Arya se obligó a cerrar los ojos y respirar profundament para calmarse un poco.

-Vi cómo fue... -comenzó, mirándolo fijamente pero con la mente sumida en los recuerdos de su hermana y Theon -y los ruidos... el calor. -Se llevó las manos a su pecho. -Y ahora siento ésta fiebre y no puedo deshacerme de ella por mi cuenta. Jon... -dijo en voz ahogada -ayúdame.

El príncipe Targaryen bebió aquella imagen, sabiendo que la línea que impedía el que se fusionara con ella, se hacía cada vez más estrecha. Arya, insegura y pequeña delante de él, se dejó absorber por los ojos grises del muchacho. Sintiendo el aire electrificarse momento a momento. Y después sus ojos se cerraron de golpe tras sentir los labios de él fusionarse con los suyos propios.

Y fue diferente de todas las otras veces, tan dulces e inocentes. Había algo salvaje en ésta, en el modo en el que las manos de él se movían sobre el cuerpo de ella reconociéndola, dominándola, transmitiendo la seguridad de que le pertenecía a él.

Jon jaló la tela del vestido por la espalda y los botones cayeron al suelo al ser arrancados. El calor se volvía insoportable. Arya estiró el cuello permitiendo el que él le dejara un camino de besos en el mismo, mordiendo la curva, dejando una marca...

A trompicones chocaron con la cama. Jon encima de ella. La levantó hasta dejarla en el centro y se acomodó entre sus piernas; sus manos invadiendo la piel bajo la falda del vestido. Arya le desabrochó el cinto y le abrió los pantalones. Sabía que Jon no la penetraría, no en esa noche al menos; pero bajo el intercambio de alientos los dos estaban de acuerdo en que al menos por esta vez, las ropas no estarían de por medio. Necesitaban sentir piel con piel.

Y lo hicieron.

Con los cuerpos desnudos, las bocas unidas, los alientos mezclados, las manos enlazadas y las piernas enredadas, los pechos tocándose...

-Te amo...

Dijeron.

¿O había sido sólo él?

-Te amo...

La espalda de Arya se arqueó cuando el orgasmo la alcanzó, la boca de Jon entretenida en uno de sus senos. Él se vino sobre vientre, justo después de ella.

E incluso aún después de terminar, Arya siguió besando a Jon hasta el amanecer.

"Te amo".

Y esta vez estaba segura de que había sido ella quien lo había dicho.

...

Dos días después de la partida de su hermana, llegó el turno para la nobleza Tyrell el regresar a su país. Toda una compañía de nobles del Muro estaban en el patio principal, despidiéndose.

Arya abrazó a Margaery con fuerza, tenía un nudo en el pecho.

-Adiós amiga mía. -Le dijo la nueva Reina de HighGarden, su voz ligeramente quebrada.

-Adiós Margaery -respondió, seguían abrazadas.

-Sé valiente...

-No tendré miedo... -sonrió.

Arya sintió el cuerpo de Margaery tensarse entonces, sintió la desesperación en sus manos que la estrechaban más fuertemente.

-Pero sobre todo sé lista. -Y susurrándole al oído con voz seria soltó -Haz un heredero cuanto antes.

E inmediatamente después, sin dar oportunidad a una respuesta, le besó la mejilla y se separó de ella. Se giró hacia Loras y con la ayuda del mismo subió al coche. Sentada altiva y orgullosa, no dedicó ni una sola mirada más a ninguno de los presentes. Ni siquiera a Arya.

La joven se preguntó si sería que acaso estaba evitando el llorar delante a ella.

La caravana se alejó por el camino hasta perderse. "Haz un heredero", le había dicho. Y Arya temió por la advertencia bajo la superficie de aquellas palabras, fue la primera vez que sintió escalofríos, lo más cercano al miedo.

Sintió a Jon acercarse a ella y pararse a su lado.

-¿Qué te dijo que te tiene tan consternada?

Arya se lo pensó un instante, las manos le temblaban muy ligeramente.

-Que debería cogerte cuanto antes. -Jon se exaltó avergonzado al oírle, su rostro rojo como un tomate. Arya rió por lo bajo, feliz de poderse librar de la inquietud que la había dominado hasta entonces. -Tonto.

Jon desvió el rostro.

-Quizá deberías. -Murmuró.

Arya parpadeó sorprendida, sus mejillas se tiñeron de rojo.

-Quizás. -Asintió volviendo a mirar al frente, percatándose entonces de que los presentes estaban volviendo a la rutina de sus actividades diarias. Una idea le brilló en la cabeza y se giró hacia Rob, que estaba detrás de ella. -¿Podemos salir al bosque hoy?

Rob pareció pensarlo. Técnicamente, seguían en territorio seguro...

-No veo porqué no, han pasado más de dos semanas y no han habido más ataques, -Arya sonrió ampliamente y su hermano se apresuró a completar -pero tengan cuidado y lleven una escolta con ustedes.

Arya rodó los ojos, gruñendo internamente.

-Mientras se mantenga a veinte metros de nosotros.

Rob iba a decir algo, pero Jon se le adelantó.

-Lo tendremos. -Medió.

Jon miró con reproche pero con brillo de diversión en sus ojos a ambos.

Pero Cersei Baratheon se interpuso de pronto entre los tres.

-Deberías escuchar a tu hermana -le dijo, había un deje de desdén en sus palabras y el ambiente se tornó pesado. -Uno nunca sabe en quién está poniendo su confianza.

Tommen intervinó entonces.

-Madre, vamos adentro, estás cansada. -Le dijo, tomándola del codo y guiándola de regreso al interior del castillo.

A regañadientes la mujer se dejó arrastrar de vuelta adentro. Myrcella se detuvo para disculparse en lugar de su madre.

-Lo lamento, está así desde que falleció nuestro padre y mi hermano desapareció.

La guerra del Narrow Sea. Sólo hasta entonces Arya recordó aquella batalla ocurrida ya hace meses. El terrible enfrentamiento entre Dhorne, las fuerzas de Quath y el ejército de Bastión de Tormentas; del que éste último había salido victorioso pero con grandes costos. Robert no había sobrevivido a un ataque sorpresa, un último proyectil que se llevó la vida del soberano y desapareció la de su heredero, Gendry Baratheon.

-Está bien, -contestó Rob sonriendo, aunque su sonrisa no alcanzaba sus ojos -no tienes porqué disculparte, lo entendemos.

Myrcella asintió, con la misma expresión que Rob en su rostro y luego siguió el camino tras su madre. Arya miró el semblante triste de su hermano y el pecho se le oprimió.

Se suponía que Rob sería el primero en casarse. Se suponía que él tendría que haberse casado ya con Mycella. Uniendo las casas Stark y Baratheon finalmente. Pero tras el ataque y derrota de Dhorne, se buscó la manera de asegurar que el mismo no volviera a revelarse y la opción más lógica era una unión por medio de una boda. Quizá ambos husiesen conseguido su final feliz si no hubiese sido por ése último acto de una de las serpientes de arena. Aquél proyectil había cortado la línea sucesoria, derribando a Robert, desapareciendo a Gendry y dejando el poder en manos de Tommen.

Había sido Tyrion Lannister quien había convenido aquél arreglo, en un intento de calmar la terrible ira de su hermana tras perder a su esposo y a su primogénito en un mismo día. Ya que en Dhorne no había distinción entre el rol de un hombre y una mujer, el perdón hacia dicho país para evitar un posible bombardeo por parte de las fuerzas de los aliados, fue el que Myrcella se convirtiese en la Reina legítima del reino de arena. Era una apuesta por demás arriesgada, si consideraba que sería realmente una reina extranjera con poder por encima del legítimo príncipe de Dhorne. Pero Tyrion tenía la esperanza de que la dulce Myrcella pudiese generar el amor por parte del príncipe Tristan.

Sólo el tiempo lo diría.

Jon pareció darse cuenta de lo mismo.

-Será mejor que por hoy volvamos todos adentro. -Le dijo.

Y Arya no pudo por más que asentir.

...

Pero al día siguiente, Arya no soportÓ un día de encierro más y consiguió el que Rob le diese permiso de salir. Jon salió con ella y una compañía por su seguridad. Pero la verdadera razón tras su ansiedad estaba en sus sueños.

Sueños de lobo.

Arya había tenido un sueño especial justo la noche anterior. Y sabía que había sido más bien una visión. Ahora estaba segura. Había escuchado de niña que los Stark son todos warg, cambiapieles, pero no lo había creído mucho entonces; además de que no había estado segura de a lo que se refería la vieja Tata con eso. Y sin embargo, nada de eso importaba ahora.

Arya consiguió que la compañía les dejara solos del otro lado de un páramo pasando el árbol blanco. Tenía algo que mostrarle a Jon.

-Son lobos.

Los ojos de Jon se abrieron tan grandes como platos, arrebujado entre las hojas de los pinos, a pocos metros de distancia sobre el suelo; Arya estaba de pie en una rama más alta.

-Algo mejor. Huargos. -Respondió ésta con la misma expresión de asombro.

Jon se sorprendió sonriendo.

-Creí que eran criaturas míticas. -Dijo sin apartar la mirada, secretamente recordando haber visto ya a una de las lobas.

Arya ignoraba esto, desde luego. Por delante de ellos, una pequeña manada de lobos (seis para ser exactos), jugaban entre el campo nevado. Ahí estaba el lobo blanco de ojos rojos; aquél que había dominado a su parte lobuna en sus sueños.

-Ya deberías saber que el Norte es un lugar lleno de magia.

-Sin duda. -Asintió Jon. -Es una manada pequeña.

Arya miró a Jon, éste al sentirse observado volteó a verla.

-Como nosotros -respondió.

Se quedaron un rato más observando a los lobos hasta que éstos desaparecieron entre los árboles, probablemente se habían marchado para cazar. Pero no importaba, el día todavía era largo aún y ella estaba dispuesta a demostrarle a Jon que el Norte era mil veces mejor que cualquier otro lugar del otro lado del Narrow Sea.

Jon bajó primero del árbol y Arya saltó a sus brazos, sin aviso.

-¡Ah!

Lo que hizo que ambos terminaran en el suelo. Arya encima de Jon, y se miraron riendo. El morral que Jon traía se abrió al caer sobre la nieve y algunos de sus contenidos se salieron. Entre todos ellos, hubo un objeto que llamó la atención de la Stark.

-Una *Very... -dijo tomando el objeto en sus manos y admirándolo a detalle.

Era un pistola con un cilindro de metal de aproximádamente 200mm de longitud, tenía un color amarillo tipo ámbar e inscripciones alrededor. -¿por qué traemos esto? Creí que en el cuartel no deseaban que tuviésemos este tipo de adelantos teconológicos. -Inquirió, aunque su expresión era cínica.

-Por precaución, ¿por qué más? -Contestó Jon sonando algo irritado. Arya le dedicó una mirada de malicia. -Ni se te ocurra lanzarla. -Espetó al entender lo que la morena pretendía.

-¡Aw, vamos!. Estamos muy lejos, nadie la verá. Será un ensayo. -Pidió.

-Arya

-¿Por favor? -Esta vez hizo un puchero.

Jon se resistió lo más que pudo, pero al final terminó bajando los hombros vencido. Suspiró resignado.

-Supongo que necesitamos ver el alcance de la misma.

-¡Sí! -Arya aplaudió la idea.

-Avisaré a la escolta. Alguien debe avisar al cuartel general de esto. -Dijo él y se alejó por el camino que habían venido.

Arya se regocijó aún más internamente. Sabía bien lo mucho que Jon deseaba complacerla, a veces incluso en contra de la razón y lo amaba aún más por eso. Era una característica que le recordaba a su propio padre y se preguntó si el hecho de que Jon la consintiera tanto hubiese sido un determinante en su enamoramiento hacia él.

Jon volvió tan sólo después de unos cuantos minutos. Arya le miró ansiosa.

-¿Y bien?

Jon la miró serio y Arya tuvo que contenerse las ganas de reír, sabía lo mucho que a él le costaba el intentar no verse complaciente.

-Sólo una. -Advirtió. -Y deberás lanzarla en esa dirección. -Le dijo, indicando hacia el norte.

Arya le miró extrañada.

-¿Por qué?

Jon puso los ojos en blanco y le dijo en tono de reproche. -Porque de ese lado está el pueblo salvaje y nadie del ejército del Norte lo confundirá con una verdadera emergencia.

Por toda respuesta, Arya hizo un puchero.

-Eres aburrido.

-Yo no hice las reglas, little sister.

La morena gruñó para sus adentros. Desde su anunciado compromiso, Jon no había vuelto a llamarla de esa forma, salvo cuando ella estaba por colmarle la paciencia. Así que en ese momento optó por dejar zanjado el tema.

La joven tomó la estela en su mano y la tendió hacia Jon. Ëste la incertó en la pistola y la ajustó. Luego la puso en manos de Arya, posicionándose detrás de ella, sostuvo las manos de la joven en las suyas propias.

-Bien, aquí va. -Su aliento le hizo cosquillas a Arya en el cuello.

Y luego ¡bam! La bengala salió disparada, dejando tras de sí un camino luminoso de humo; se elevó lo suficientemente alto como para perderse de vista. Y ambos siguieron con los ojos el camino que siguió, observándolo hasta que comenzó a desvanecerse.

-Es algo un poco... ¿hermoso?

Jon volvió la vista hacia ella y asintió.

-Lo es.

Arya se recargó en el pecho de él, bajando al fin las manos que seguían sosteniendo la pistola Very, y Jon le abrazó por la cintura.

-No duró tanto como esperé. Se difuminó muy rápido. -Inquiró Arya.

-Pero la estela todavía se aprecia.

Arya iba a decir algo más, pero entonces el ruido de pisadas presurosas sobre la nieve los alertó a ambos. Se giraron de prisa.

-Debí suponer que serían ustedes.

-Jarl

El muchacho se veía agitado, como si hubiese estado corriendo durante un largo rato. Llevaba un morral colgado y un revolver en su mano derecha, notó Arya. Entonces sintió el calor de Jon abandonarla cuando éste deshizo el abrazo y se puso por delante de ella.

-¿Estabas siguiendo el rastro? -cuestionó el moreno.

Jarl gruñó sonoramente, guardó la pistola no sin antes poner el seguro a la misma.

-Estoy haciendo una de mis diligencias como mensajero cuando de pronto veo una luz en el cielo. -Se quejó, Arya tragó seco, pero se mantuvo tranquila. Quizá JOn debería de empezar a negarle un par de cosas, se dijo. -Estamos en medio de una guerra después de todo, tenía que investigar.

-Supongo que tienes razón.

La Stark se mordió el labio, pero el sonido de un silbido la destanteó por segunda vez y giró la vista buscando el origen del mismo. Mientras los muchachos siguieron discutiendo.

-Por supuesto que la tengo. -Volvió a gruñir Jarl.

Arya jaló la manga del abrigo de Jon, intentando llamar su atención.

-Jon -le llamó, en tono bajo, con la mirada distraída en el paisaje por detrás de ellos.

-Tengo más experiencia que tú en el campo.

Un estruendo y el cielo se iluminó.

-¡Jon! -gritó Arya.

Los dos muchachos voltearon al mismo tiempo. Una estela de luz de color naranja subía por el firmamento y ya comenzaba a difuminarse. Estaba en la dirección éste, siguiendo el río que desembocaba en el mar.

-Pero no hay nadie de ese lado...

Jarl se enserió al instante.

-Debemos irnos. -Les dijo.

-¿Qué? ¿Por qué?

-No es seguro aquí, sus altezas. -Les dijo, pero su voz sonaba para nada preocupada, tenía un deje de molestia e irritación. Y algo más, como desesperada.

-Pero alguien está pidiendo ayuda. -Presionó la Stark.

Jarl se mantuvo firme.

-Y no sabemos de qué clase.

El corazón de la morena se oprimió.

-¿Estás insinuando que es una trampa? -Gruñó, sentía que la sangre le hervía. -Si fuera así es una bastante obvia. -Declaró y luego miró a su compañero. -Jon.

Jon, que había estado mirando en dirección hacia donde había salido la estela, se sobresaltó al escuchar a Arya, como si despertara de un trance parpadeó y la miró y al instante supo lo que la misma le pedía.

Jarl le miró también.

-Dile que es una tontería, no puedes apoyarla. -Dijo, elevando la voz una octava.

Jon le dedicó una mirada, parecía estar analizando sus opciones y luego levantó el semblante.

-Está comenzando a nevar. -Dijo.

-Exacto, lo que significa que si esperamos más será imposible ayudar a quien sea que está allá fuera sufriendo. -Recalcó Arya, contenta de que su compañero le diera pie a su fundamento. -Si fueras tú Jon, ¿no querrías que alguien te respondiera?

La tensión duró tres segundos, y luego Jon miró a Jarl, con fuego en los ojos.

-Iré yo.

El moreno se sintió desfallecer.

-Estás demente, no puedo dejar que vayas solo!

Arya intervino.

-Entonces vuelve por la escolta y pídeles que vengan preparados.

-Bien. -Aceptó Jarl al fin. -Arya.

-Iré con Jon. -Interrumpió.

Jarl iba a volver a discutir, pero Jon se le adelantó, tomándolo por el brazo.

-Estará a salvo conmigo, lo prometo.

-Son la nobleza más ridícula que he conocido -Dijo tras un instante de duda. Sacó el revolver y se lo entregó a Jon. -Dispara si algo sale mal.

-Lo haré.

Arya se desesperó, la estela ya no se veía en el cielo.

-Vamos Jon, de prisa. -Urgió y salió corriendo hacia el camino que la bengala le había indicado.

-¡Arya!

Jon corrió detrás de Arya, maldiciendo por lo bajo. Pero aún así la Stark no se detuvo ni para mirar que fuera detrás de él siquiera. La sangre le latía en las venas, el recuerdo de sus sueños de lobo dominandola mientras avanzaba a grandes zancadas.

-¡Apúrate!

-¡Arya!

La voz de Jon se había perdido cuando Arya se introdujo en el bosque de abetos, brincando entre las ramas, la tierra y la nieve, subiendo y bajando niveles siguió un camino que parecía ya conocer desde antes.

"Mira hacia el Norte"

Escuchó la voz de su madre.

"Mira hacia el Norte"

Giró sobre los talones y descendió una pendiente, dio un salto para llegar a la planicie y cuando lo hizo el corazón se le saltó un latido.

-Oh dioses... -Murmuró, y el aliento se le dibujó en el aire...

Por delante, había un muchacho al parecer inconsciente, los dedos de sus manos y los labios de su boca tenían un color morado. Sus ropas estaban roídas y manchadas de sangre, tanto seca como fresca. -¡Lo encontré! ¡Jon! -Se giró al fin, pero el aludido no estaba detrás de ella. -Lo encontré. -Susurró, demasiado abrumada por el hallazgo como para preocuparse de que su compañero no estuviese con ella.

Arya se acercó al muchacho y se hincó a un lado de él, observando a detalle la condición en la que el mismo se encontraba. Tenía una herida en el brazo izquierdo, casi a la altura del hombro, y múltiples heridas tipo cortada a lo largo del torso.

-¿Quién pudo hacerte esto? -Se cuestionó en voz alta, mientras pensaba en cómo atenderlo. -Estarás bien. -Se aseguró más para sí misma que para él.

Entonces el joven se removió, como si al oírla hablar se hubiese percatado por fin de que ya no estaba solo.

-¿Quién...? -Cuestionó, abriendo los ojos con dificultad e intentando enfocar la imagen que tenía por delante.

Arya le acarició el rostro, intentando calmarlo.

-Soy Arya, estarás bien. -Le dijo. -Estaremos bien.

El muchacho pareció asentir y luego volvió a perder la conciencia.

-¡Arya! -Se escuchó la voz de Jon.

Y la aludida se giró en dirección a la misma.

-¡Jon! -Le llamó una y otra vez, hasta que el Targaryen logró ubicarla y saltó dentro del desnivel. -¡Lo encontré!

Jon se acercó a ella corriendo, llevaba el revolver en la mano y Arya se reprendió mentalmente por haberlo preocupado. Jon sin embargo, no le dijo nada; se dedicó a evaluar la situación del muchacho.

-Necesitamos detener la hemorragia. -Declaró tras un instante. Se abrió la chaqueta que llevaba puesta y arrancó a tirones un pedazo de la camisa que llevaba debajo. Hizo un improvisado torniquete alrededor del brazo herido. -Esto debe servir por ahora, Jarl no debe tardar en llegar venía justo detrás de mí.

Arya miró el rostro del chico, estaba pálido como un muerto.

-¿Resistirá Jon? -cuestionó, sorprendiéndose de la vacilación en su tono de voz.

Jon le tomó ambas manos.

-Estaremos bien. -Le dijo, mirándola a los ojos.

El efecto fue inmediato, Arya se calmó casi al instante.

-Estaremos bien. -Contestó. Pero entonces Jon bajó la mirada y de pronto sus ojos se abrieron como platos. -¿Qué pasa?

-Sé quién es. -Le dijo, sonando incrédulo de sus propias palabras.

-¿Quién? -Inquirió Arya.

Jon la miró entonces-

-Mira el emblema en su pecho...

Arya parpadeó confusa de que él no le diese una respuesta directa, pero hizo como le dijo. En la vestidura roída del chico, se apreciaba un emblema bordado a pulso.

-Un siervo... -Imposible...

Arya miró a Jon, que le sonreía con un gesto irónico.

-Encontramos a Gendry Baratheon.

...

-¡¿Dónde está mi hijo?!

Arya parpadeó entonces, sobresaltada. La fuerza de aquellas palabras dichas le había sacudido el sueño que se había apoderado de ella tan pronto habían llegado a Castle Black. Justo como había dicho Jon, Jarl llegó instantes después con dos soldados médicos y entre los cuatro hombres, habían conseguido llevar al joven Baratheon hasta la base del Árbol Blanco, ahí lo habían atendido, sin descanso, hasta conseguir que los signos vitales del mismo fueran normales. Tenía fiebre y estaba deshidratado. Pero aquél tratamiento era sólo temporal, Gendry necesitaba ser atendido quirúrgicamente, tenía una herida grave en un costado y necesitaban ver hasta dónde se extendía el daño interno. Cuando estuvo lo suficientemente bien para resistir el viaje en la camioneta blindada, se habían regresado al Muro.

Ya era de noche cuando entraron a Castle Black, y ni un solo instante Arya había querido separarse del muchacho, algo en su corazón le decía que debía quedarse. Jon se quedó con ella también. Y cuando el chico había entrado a la sala quirúrgica, Arya se había desplomado en los brazos de Jon (que al parecer también se había quedado dormido), hasta ése momento en el que Cersei se había hecho presente.

-Está siendo tratado. -Le informó uno de los cadetes.

Sin embargo, la mujer no parecía que entendería de razones, en ese momento Arya podría haber jurado haber visto un reflejo de su propia madre en la mujer Lannister.

-Yo debo pasar, soy su madre.

-Cersei, -Jamie Lannister se dejó ver entonces, y la sostuvo por el codo -deben operarlo. -Le dijo. Arya notó que aunque las palabras eran dichas en un tono bajo casi amable, había una especie de orden bien fundada en la misma, que no daba lugar a reclamos. -Esperaremos afuera.

-Te dije que estaba vivo y ¡tú no me creías!

-Lo sé y lo siento. -Contestó el rubio. No parecía que lo sintiera realmente. -Hablaremos de tus teorías después de esto.

-¡Jamie!

-¡Cersei! -Gruñó, por un instante Arya había creído que la golpearía, pero no lo había hecho. Su mirada se había clavado en la de su hermana. -Después.

Cersei se calmó después de eso, a regañadientes. Y se soltó del brazo de su hermano, con un movimiento brusco.

-Te escolto a tu habitación. -Le dijo Jon a un lado suyo.

Y sólo entonces Arya apartó la vista de los gemelos.

-Seguro.

Los dos se pusieron de pie. Incluso si quería quedarse, Arya sabía que ya no le correspondía estar ahí.

Sin embargo, estaban por salir de la sala, cuando la voz de Cersei les detuvo.

-Arya Stark... espera. -La aludida hizo como se le dijo, Cersei ya estaba a escasos pasos de distancia de ella. -Quiero hablar contigo. -Pidió, tan pronto estuvo en frente, luego miró a Jon. -Tú puedes venir también Jon Targaryen. Viendo que te afecta por igual.

La mujer salió por delante de ellos. Jon y Arya se dedicaron una mirada desconcertada, antes de acordar en silencio ir detrás de ella.

Arya sintió la mano de Jon deslizarse en la suya, enlazando los dedos y sujetándola firmemente. Le dedicó una mirada, pero Jon tenía la atención fija en la reina leona. Arya se recordó que los Baratheon y los Lannister llevaban cerca del año ya en el Muro. Ahora Bastión de Tormentas estaba a cargo de Renly, mientras que Stannis estaba al frente del ejército. La guerra del Narrow Sea había debilitado los reinos involucrados. Casterly Rock había tenido mejor suerte, gracias a sus minas y sus terrenos fértiles y a que sus tropas no combatieron en el mar.

Pero a pesar de haber dominado a Dhorne y acabado por completo con las fuerzas de Quarth, la familia real Baratheon seguía en el Muro. Jon se lo había explicado antes, al igual que Margaery. El porqué su situación era mucho más precaria que el resto. Desde antes de comenzar la guerra, the Stormlands tenían problemas internos y mucho se había hablado de un golpe de estado. Sin duda, incluso si dadas las circunstancias Tommen debía ser coronado rey, de momento lo mejor era dejar el control en manos de sus tíos.

Pero todo eso daba un giro si Gendry estaba vivo.

Llegaron a los aposentos de la Reina Cersei, ubicados en el cuarto piso del edificio frente a la torre del Rey, donde toda la nobleza se hospedaba. Cersei pidió a una de sus damas que trajera té para los tres. Los invitó a sentarse en el espacio de descanso, una sala de estar frente a la habitación privada. Arya estaba sorprendida, siempre había creído que sólo la Torre del Rey tenía tales acomodaciones; ni siquiera las habitaciones de Myrcella y Margaery habían sido así.

La criada entró entonces y sirvió las tazas, dejando una canasta con panecillos sobre la mesa de estar. Cersei se sentó frente a los muchachos y despidió a la criada, pidiéndole que cerrara la puerta tras ella.

Arya le dio un trago a su té. Era de menta y estaba dulce.

-Hay un traidor en este castillo. -Soltó Cersei sin más.

La morena le miró con sorpresa, pero la expresión de Jon era seria, no delatando nada y la princesa Stark se preguntó internamente si Jon ya lo sabía.

-Ésa es una acusación muy seria, mi señora.

-Es verdad. -Interrumpió ella.

Jon entrecerró los ojos.

-¿Cómo puede estar tan segura?

Cersei rió por lo bajo, con sorna; y se acomodó en el mullido sillón.

-Sé que has estado hablando de esto con Ned Stark, no tienes que pretender Jon Snow

A Arya el corazón se le saltó un latido.

-Jon? -cuestionó. Él no le había dicho nada de eso.

Y sin embargo, Jon seguía sin mirarla. Su atención estaba fija en la reina leona.

-De ser así, ¿qué es lo que busca? ¿Qué gana con decirnos esto, especialmente a nosotros?

Cersei negó con la cabeza y su expresión se volvió apesadumbrada. El ambiente cambiaba de un estado a otro en cuestión de segundos.

-Necesito hacer un trato con la casa de Blanco y Negro. -Dijo al fin. -Pero no puedo dejar que nadie se de cuenta de que lo hago. Si hablo directamente con Benjen Stark, temo que todo se esparcirá y mi intento habrá sido en vano.

-¿Qué es la Casa de Blanco y Negro? -cuestionó Arya.

Jon inhaló con fuerza, apretando los puños sobre las piernas, su postura era tensa.

-Son asesinos a sueldo. -Le dijo, pero todavía sin mirarla. -Y son de los mejores, por lo que he escuchado.

-¿Por qué no contratarlos entonces para que ellos lleven acabo las peleas en vez de una guerra?

Cersei soltó una sonora carcajada al oírle decir aquello, maravillándose con la ingenuidad de la Stark; algo que a la misma no le gustó en lo más mínimo.

-No es tan simple. -Le dijo tan pronto dejó de reír. -Se mueven bajo un código, no cualquiera puede contratarlos, debes de ser dignos de su servicio. No matan sólo por matar.

Arya puso los ojos en blanco.

-Está diciendo que matan con justicia...?

Jon rió por lo bajo a modo de burla.

-Más bien que ayudan a los que pagan el precio correcto.

-¿Insinúa que nosotros podemos pagar ese precio?

La expresión de Cersei volvió a tornarse seria, sus labios en una fina línea, mientras sus manos apretaban la falda del vestido. Pero eran sus ojos los más expresivos, había lágrimas contenidas en ellos.

-Insinúo que ya hay uno de ellos aquí. -Soltó al fin. Arya notó que esta vez, no sólo ella se sobresaltó ante aquello, Jon tenía también una expresión de desconcierto en el rostro. -Fue mi hermano Jamie quien consiguió capturarlo. -Completó bajando la vista sobre su regazo.

Aquello no parecía hacerla feliz.

-No son tan invencibles entonces. -Soltó sin querer. Y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no verse asustada bajo la expresión que Cersei le dedicó entonces.

-Hay formas de someterlos... -Le dijo. -Pero quiero saber quién pagó el precio y porqué.

Arya miró a Jon. Consciente de que aquella decisión era enteramente de él, incluso si ella quería tener algo que decir al respecto. No podía hablar, no aún al menos; y se preguntó si Cersei sabría del control que tenía sobre las decisiones de Jon y que por eso era realmente que la había llamado a ella también.

Jon levantó al fin la mirada y con la expresión más seria que le había visto jamás contestó.

-No podemos ayudarla.

Los ojos de Arya se abrieron en desconcierto. Si bien había esperado el que Jon dubitara sobre la situación, jamás esperó que diera un rotundo 'no', completamente seguro de aquella respuesta. La joven no estaba segura de que siquiera ella pudiera convencerlo.

Cersei se veía furiosa y desesperada.

-¿Vas a decirme que no? -cuestionó incrédula.

Jon le restó importancia al asunto con un movimiento de hombros.

-Va a morir de cualquier forma. -Le dijo e inmediatamente después arregló las tazas sobre la mesa, levantándose y jalando a Arya con él al tomarla de la mano. -Gracias por la té, nos retiramos.

Arya no pudo por más que dejarse mover por su compañero, le dedicó una mirada a Cersei; la mujer estaba temblando de enojo.

-Cobardes. -Les gruñó cuando salieron tras la puerta.

El príncipe Targaryen la escoltó a su habitación como era debido. Pero su postura era tan rígida, que la princesa Stark no se atrevió a decir nada que pudiese irritarlo aún más. Había apremiación en los movimientos del moreno. Ni siquiera al llegar a la habitación cambió su postura. Jon se sentía distante, y aquello la hizo sentir incómoda.

Pero siempre serían Jon y Arya.

Así que antes de que su compañero se marchase, ella se animó a hablar.

-¿Por qué no lo usamos? Estoy segura de que podemos hacer un trato. -Le dijo, yendo al grano. -Mi madre solía decir que la información es poder.

-Incluso si lo hacemos no recibiremos respuesta -Interrumpió él, todavía sin mirarla.

Aquello era grave, se dio cuenta.

-¿Serían capaces de abandonar a uno de los suyos?

Jon inspiró y exhaló con fuerza. Se le veía cansado. Finalmente la miró.

-Los hombres sin rostro sirven al dios de la Muerte, y si tal dios ha decidido que uno de los suyos debe morir ellos lo aceptarán con gusto. -Le explicó. -Todos los hombres deben morir. Valar Morgulus. Todos los hombres deben servir. Valar Dohaeris.

El corazón se le oprimió a Arya y Jon se dio cuenta como siempre. Su gesto volvió a tornarse dulce, pero sus palabras no lo fueron.

-Es inútil Arya. -Respondió tajante.

Le dio un beso en la frente y después se marchó.

Esa noche, Arya sólo tuvo la misma pesadilla que la atormentó el día de la boda de Sansa.

Hombres sin rostro, formando un río teñido de rojo.

...

A la mañana siguiente, Arya se despertó de un sobresalto. No era día de lecciones, lo que significaba que tendría el día para ella sola. Quizá lo pasaría con las chicas Meera, Jeane y Myrcella; o tal vez podría pasarlo con Jon. Pero pensar en él le hizo recordar su sueño y la conversación que habían mantenido con la Reina de Stormlands. La mujer rubia no se parecía a su madre físicamente, pero había algo del coraje de la misma que le hacía relacionarla con Catelyn Stark.

"Mira hacia el Norte."

Le había dicho en sueños. Y Arya seguía sin entender a qué se refería con exactitud. Tras encontrar a Gendry había pensado que se refería a él, pero pronto había vuelto a soñarla con esas palabras probándola equivocada.

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya."

Quizá fuera por eso, que había terminado yendo al área médica tras haberse levantado de la cama y desayunar. Todos se hallaban conectados de algún modo ahora. Los cadetes al verla, la habían dejado pasar sin más. Una de las enfermeras le había informado que la Reina Cersei acababa de regresar a sus aposentos, y oír aquello le sorprendió, aún a pesar de que no debería de hacerlo.

Resultó que la herida de Gendry había sido peligrosamente cerca de la médula ósea y de momento no podría levantarse, ni mucho menos caminar. Pero ya estaba fuera de peligro y en cuestión de meses con terapias de rehabilitación podría volver a levantarse. Tenía otras heridas menores a lo largo de su cuerpo, más el trauma de lo que fuese que hubiese vivido.

Nadie podía entender que hubiese llegado tan lejos tras la batalla, incluso si la misma se había llevado en el Narrow Sea, había una gran distancia entre el punto de la misma y el Muro. Cierto era que habían pasado meses desde tal enfrentamiento, casi un año. ¿Cuánto habría tenido que recorrer Gendry Baratheon para llegar hasta donde estaba? Se preguntó, mientras se sentaba en una de las sillas al lado de su cama. ¿Y con ayuda de quién? No pudo haber llegado hasta ahí solo.

Un pitido se escuchó por unos instantes y al momento siguiente el muchacho abrió los ojos de golpe, sacudiendose en temblores.

-Padre...! -Sollozó.

Arya se levantó de inmediato y le tomó el rostro, obligándolo a mirarla a los ojos, intentando hacer que se calmara.

-Hush... estas a salvo, lo juro. -Dijo, aunque sonaba un tanto alterada, el chico dejó de forcejear y el pitido cedió.

Miró a Arya con un deje de desconfianza y miedo.

-¿quien?

-Arya -le dijo sonriendo, sin saber muy bien porqué lo hacía.

-Arya... -Repitió, saboreando el nombre en sus labios, la postura tensa del mismo cedió, mientras admiraba el rostro de la joven, -¿eres un ángel? ¿Estoy muerto?

-No...! -Contestó con fuerza, sobresaltada. -Estas vivo. Y a salvo. -Soltó de prisa, atropellándose con las palabras. Respiró hondo para calmarse. -Estas en el Muro del Norte.

Aquello pareció despertar algo en el interior del muchacho, notó la Stark; un brillo se abrió paso en los ojos azules de Gendry.

-¿El Muro?... -cuestionó incrédulo y luego soltó una risa corta, sonriendo todavía con incredulidad y algo parecido a la dicha. -Logré llegar.

Y aquellas palabras, hicieron aún más vivas las sospechas de Arya. Gendry sin duda, no había llegado ahí por mera suerte. Toda una historia estaba detrás de su llegada al Norte. Y seguro era que abría más personajes esperando hacer su entrada.

-Le hablaré a tu madre -Se levantó entonces.

Pero Gendry la detuvo apretándole la mano.

-¿Ella está aquí?

La fuerza de sus ojos, aquella mirada azul la hipnotizó dejándola congelada. Tenía su propia fuerza, su propia tormenta en ella.

-Sí -Contestó sin apartar la vista de sus ojos.

-¿Mis hermanos...?

Parecía, se sentía como que él le estaba analizando el alma con solo mirarla.

-Sí. -Volvió a asentir.

Gendry sonrió y Arya sintió un jalón en el pecho. Luego, tan rápido como se había dibujado la sonrisa se desvaneció.

-No le digas a nadie que tengo la memoria intacta, sólo a mi madre. Pero no dejes que le diga a Jamie. -Advirtió.

"¿Memoria?" Se cuestionó internamente.

-¿Por qué? -cuestionó.

Gendry dedicó una mirada a sus alrededores; sólo entonces Arya notó que la mano de él todavía sujetaba la suya.

-Porque hay traidores aquí. -Dijo al fin. Y después la soltó, viéndose exhausto. Sus ojos se cerraron con cansancio y volvió a desvanecerse, quedando sumergido en la inconsciencia.

Arya decidió entonces, que ése era el momento justo para irse de ahí. El corazón le latía con fuerza en el pecho.

Avanzó por los pasillos, exactamente igual que como había hecho el día anterior, sujetando la mano que Gendry le había tomado como si le hubiese hecho daño. La adrenalina le corría por las venas, tenía el recuerdo de las palabras de la reina leona. Y entonces cayó en la cuenta de que estaba avanzando a la habitación de la misma. Una vez más su rango y el quien era le permitió pasar más allá de los guardias. Y pronto estuvo de pie frente a la entrada de los aposentos de la reina de Stormlands.

Tocó la puerta con fuerza una vez y esperó. La puerta se abrió.

-Reina Cersei

-Arya

Pero las palabras murieron en su boca al ver a Jamie Lannister de pie frente a ella. El hombre sonrió de medio lado, y algo en su expresión le resultó chocante y aterrador al mismo tiempo.

-Si no es la hija de Ned Stark, -dijo. -Pasa y hazle compañía a mi hermana. Insiste en no dormir. -Se quejó a modo de burla, haciéndose un lado lo suficiente como para poder ver a Cersei tumbada en el sillón, Tommen estaba sentado en el suelo a un lado de ella.

-En realidad. -Empezó sin saber qué decir, pero al ver a Tommen su cerebro comenzó a funcionar otra vez. -Estaba buscando a Myrcella.

La sonrisa de Jamie creció de medio lado.

-Bueno pequeña, me temo que no puedo ayudarte.

-Está con Meera y Rob -Habló Tommen entonces, interrumpiendo a su tío.

-Bueno ahí tienes tu respuesta -completó Jamie, luciendo ligeramente irritado.

-Sí, gracias -dijo y se apresuró a irse.

Caminó con prisa sin detenerse, los dedos de las manos y pies se sentían fríos, casi helados. En su cabeza los cabos se estaban atando. Cruzó el patio que separaba los aposentos de la nobleza y la Torre del rey y se detuvo en seco a la entrada de la misma.

-Ella no puede alcanzarlo. -Concluyó.

El hombre sin rostro del que Cersei había hablado... si bien su hermano Jamie lo había atrapado como decía, no sabía en dónde lo mantenía oculto el mismo. Y si las palabras de Gendry eran tan ciertas como las de la reina... el traidor estaba mucho más cerca.

-Jamie Lannister -susurró.

Arya pasó el resto del día en el árbol corazón. Se había llevado su propia escolta, pero no le había dicho nada a Jon. Esto era algo que no le podía contar a él, el Targaryen había probado tener sus propios secretos también. Y de pronto Arya no sentía deseos de compartirlo todo.

Esto al menos no.

Para cuando volvió al castillo ya era noche. Pasó de largo el gran salón y se fue directo a la cama sin mediar palabra con nadie. Jon no la había ido a buscar, y aunque de momento agradecía el que no lo hiciera, una parte de ella se sentía triste. No sabía cómo compartirle aquello. No sabía por dónde empezar.

Apenas y se sacó los zapatos se arrojó sobre la cama y sin darse cuenta del momento, se quedó dormida.

...

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya."

El viento y la nieve eran una constante, pero el gran árbol corazón en medio del paisaje nevado no.

Era enorme. Con el rostro de lágrimas rojas sobresaliendo en el largo tronco. Asomos de hierba se apreciaban en el manto que era el suelo y a pesar del clima el árbol estaba verde.

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya."

-¿Quién eres? -Cuestionó.

Esa noche los sueños de Arya no fueron sueños de lobo. Pero las voces estaban ahí. Constantemente llamándola, y a diferencia de los anteriores, esas voces ahora tenían rostro.

El viento sopló y agitó las ramas del gran árbol, las hojas danzaban susurrando su nombre.

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya."

Y entonces esos rostros, personas de piel verde, le sonrieron extendiéndole los brazos.

-Ven -Le decían.

Arya de pie en la nieve, vestida de gris, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

-¿A dónde? ¿Quién eres?

Eran niños. O al menos eso parecían. Sus ojos eran como el ámbar, de un color claro amarillo.

-Brandon está aquí. -Decía uno danzando.

-Bran... -susurró la Stark, sin poder recordar quién era Brandon.

-Lyanna también. -Dijo otro.

Y una voz más grave habló desde el tronco del árbol.

-Ven. -Le llamó. -Ven.

El aire sopló con más fuerza, hasta convertirse en una cruel ventizca.

-Están destruyendo la tierra.

Voces y voces. Hablando todas al tiempo.

-Debes detenerlos.

-¿Cómo? -Cuestionó sintiéndose desesperada, abrazándose a sí misma en un intento por protegerse de la brisa helada.

-El chico Targaryen. Debes unirte a él ya.

Arya reconoció la voz al instante.

-¡Madre!

Y de pronto estaban de vuelta en Winterfell, en su antigua habitación en el palacio del mismo. Su madre le sonreía, mientras le arreglaba la corona de flores que descansaba en su negro pelo. Luego la miró a los ojos todavía sonriendo.

-Mira al Norte Arya. Mira hacia el Norte.

...

-¡Ah!

Se despertó con un sobresalto. Sabia lo que tenía que hacer.

...

Encontró a Jon dormido en su cama, boca abajo, abrazando la almohada. Se sintió sentada de recostarse junto a él y dormir en su compañía. Pero el recuerdo de su sueño todavía estaba fresco en su memoria. Se acercó a él y lo sacudió por los hombros.

-Jon. -Le llamó.

Y el sonido de su propia voz atrajo la conciencia del chico hasta la superficie. Como sin importar lo lejos y perdido que él pudiera encontrarse, la voz de Arya siempre sería capaz de mostrarle el camino de vuelta.

Jon apretó los ojos antes de abrirlos por fin.

-Hey. -Saludó, tras ver su rostro, sus labios dibujaron una sonrisa.

Arya imitó el gesto.

-Necesito mostrarte algo.

Jon parpadeó confuso, mas no la cuestionó. Sin decir nada más, el chico se levantó de la cama y se puso un grueso abrigo de lana antes de comenzar a seguir a su compañera por los pasillos de la torre. Contrario a lo que esperó, Arya lo hizo subir hasta la cima.

La puerta de la azotea estaba entre abierta y salieron por esta a la fría noche. Arya se acercó a uno de los bordes y Jon la siguió deteniéndose a un lado de ella. Arya miraba hacia la distancia, en dirección al bosque de pinos y abetos. Jon siguió la mirada de ésta. Comenzó a buscar lo que sería que Arya quisiera que él viera.

Por segundos, nada ocurrió. Hasta que de pronto, varias luces fueron encendiéndose cual hogueras. Los ojos del muchacho se abrieron en asombro. Las luces se movían y avanzaban hacia el castillo y luego volvían a alejarse.

-Nunca deja de asombrarme este país. -Expresó lleno de asombro, notando que parecían ser pequeñas personas del otro lado. -¿Qué son?

Arya respiró hondo. De pronto se sentía insegura.

-Los famosos niños del bosque.

A su lado Jon se sobresaltó.

-Bromeas. -Dijo incrédulo, pero su expresión estaba adornada por una sonrisa.

Por suepuesto, Jon siempre le creería. Aquello le entibió el corazón a la joven.

-Desearía. -Contestó.

Se dedicaron a ver a los niños hacer algo parecido a un baile. Pero Arya sabía que aquello era más bien una especie de mensaje.

-¿Qué quieren? -Preguntó Jon al fin, tras un rato de silencio.

Arya enlazó ambas manos detrás de la espalda. Su mirada estaba fija en dirección opuesta al chico.

-Que nos casemos. -Murmuró por lo bajo.

Jon parpadeó en una mayor sorpresa. Se irguió al instante de su postura y dedicó su total atención en su prometida. Arya se sonrojó aún más ante lo intenso de su mirada. -Lo sé. Es ridiculo. -Balbuceó.

-No lo es.

Arya le miró entonces. La expresión de Jon era amable, pero decidida. Sus ojos la arrastraban hacia una tormenta gris con atisbos de púrpura. A veces se le olvidaba que Jon era Targaryen.

-Hablaré con tu padre. -Le dijo.

Y algo en sus palabras sonó a juramento. Sintió que la tierra se movía bajo sus pies y que el corazón palpitaba con más fuerza. Asintió tras unos instantes sonriendo con nerviosismo. Jon la sostuvo entre sus brazos y unió su boca a la suya. Arya tembló de emoción bajo el calor de su abrazo.

¿Estaba realmente lista?

...

Dos semanas transcurrieron, antes de que la caravana real de Winterfell llegara al Muro. Habían transcurrido seis días desde la coronación de Theon y en vez de volver a Winterfell, el rey del Norte había decidido volver al Muro.

Arya salió corriendo a recibirlo con Bran y Rickon pisándole los talones, tan pronto escuchó la llegada del mismo. Se detuvieron en la entrada y esperaron a que el coche se detuviese justo enfrente. Ned Stark fue el primero el bajar. Arya se lanzó a sus brazos.

-¡Padre!

-¡Arya!

Su padre le besó el rostro y le acarició un mechón de pelo detrás de su oreja.

-He venido por ustedes. -Le dijo tras haber absorbido la imagen de su rostro; quedaba muy poco de los rasgos infantiles en el rostro de Arya, ella misma lo sabía, cada mañana se miraba a sí misma buscando cambios; deseosa de madurar. -Sansa vendrá de visita a Winterfell y me ha hecho prometer que no te casarás sin su presencia.

La morena dejó salir una risilla.

-Debí imaginarlo.

-¡Padre!

Ambos giraron la atención hacia los menores Stark, quienes por fin habían alacanzado a su hermana.

-Bran, Rickon... -Ambos se lanzaron a los brazos de su padre; quien los llenó de besos y les revolvió los cabellos. -¡Dioses! Están enormes.

-Han sido casi tres años desde que nos fuimos. -Le recordó Bran, tan cerca de alcanzar la altura de su padre.

-Extraño a mamá... y a Sansa también. -Dijo entonces Rickon.

Arya sintió que el corazón se le estrujaba, y supo por la expresión de su padre que él sintió lo mismo, aunque quizá con más fuerza.

-Lo sé... yo también las extraño.

-¡Tío Ned!

El Targaryen salió entonces y a la princesa Stark el corazón se le saltó un latido. Habrían pasado quizá dos semanas desde su encuentro nocturno, pero todos los días el muchacho se había encargado de recordarle que hablaría con su padre en el respecto de la boda.

-Jon -Ned sonrió y abrazó a su sobrino con un abrazo. -Escuché que encontraron al hijo de Robert -Jon asintió, dedicándole una rápida mirada a Arya, haciendo que a la misma el corazón se le volviera a saltar un latido. -Ése chico es lo último de su linaje. -Les dijo a ambos. -Hablemos adentro.

-¿Donde está Robb? -preguntó Bran, al notar que su hermano no venía en la caravana.

-Se quedó en Winterfell con Benjen.

Tomaron el almuerzo juntos, y hablaron sobre temas cotidianos como si no hubiese una guerra mundial ocurriendo en ese momento. Pero cuando el encuentro terminó, su padre y su hermano se fueron junto con otros generales al área de Ineligencia del Muro; dejándola atrás junto a sus hermanos, quienes sonrientes se fueron a seguir con sus tareas diarias.

Arya sin embargo, se quedó en el jardín donde habían comido, con los nervios en flor de piel. Temblando en ansiedad y mordiéndose las uñas; preguntándose una y otra vez, si de verdad su boda se adelantaría.

El aire sopló justo entonces, causándole escalofríos. Las ojas de los árboles parecían susurrar.

Arya, Arya, Arya, Arya, Arya, Arya.

Había un peso en sus hombros que no sabía cuándo se había instalado.

...

Más tarde, esa noche, Jon seguía sin visitarla, se había extendido su ducha con tal de aguantar la espera. Pero ya había pasado la hora apropiada y con su padre en el Muro, sabía que el moreno procuraría (para su mala suerte) guardar el decoro. Suspiró desairada. Así que se dispuso a prepararse para dormir. Pero tras salir del baño, se encontró con su hermano sentado en su cama con aire contrito.

-Bran.

Su hermano la miró entonces, en sus ojos se reflejaba algo parecido al miedo.

-¿Puedo quedarme aquí? -pidió.

Arya sintió al instante.

-Seguro. -Le dijo, caminando hasta poder sentarse a un lado de él en la cama. -¿Qué pasa?

-No quiero regresar a Winterfell.

Arya le miró extrañada.

-¿Por qué no?

Bran suspiró con pesadez, su mirada se perdió en las llamas del hogar.

-A veces tengo pesadillas que se vuelven realidad.

"Yo también", respondió la voz en la mente de la princesa, pero optó por obviar aquello.

-Al principio tampoco querías venir al Muro. Te lo he dicho antes Bran. -Tomó la mano de su hermano en la de ella. -Estaremos bien.

Bran miró sus manos entrelazadas, su semblante pareció deprimirse aún más.

-Nosotros sí. -Dijo al fin. -Pero otros no.

La mirada que le dedicó le heló la sangre por un largo instante. Arya no pudo decir nada para refutar aquello, ya habían tenido varias bajas durante la guerra; algunas demasiado significativas. Y si a eso le sumaba sus extraños sueños, la magia del mismo Norte que había presenciado en compañía de Jon y las declaraciones de Cersei... ¿Cómo podía asegurar que todo estaría bien?

Bran pasó aquella noche en la habitación de Arya. La última apenas y pudo conciliar el sueño.

Algo de pronto, sentía, estaba mal.

...

Y sucedió días después de que hubiesen abandonado el Muro.

Habían viajado en relativa paz. Sin ningún obstáculo que pudiese retrasar su camino, salvo las necesarias paradas para descansar. Durante todo el camino, Bran había permanecido en absoluto silencio. Y Arya se preguntó si lo que había soñado tendría alguna relación con su boda. A eso iban a Winterfell después de todo. Finalmente ella y Jon estarían unidos. Y si el momento llegaba de que Jon tuviese que volver a Valyria, estaría obligado a llevarla con ella.

Todo debía salir bien.

Así que hizo a un lado sus miedos. Era un lobo, un huargo de la casa Stark, y como tal no debía tener miedo.

Habían hecho una parada en el cruce del bosque de los lobos, era una pequeña villa apenas, que carecía de varios de los adelantos tecnológicos de la era; pero a los norteños les encantaba por lo mismo. Arya visto a Jon salir sin compañía y se decidió a seguirlo.

-¡Jon!, le gritó tan pronto lo vislumbró, a escasos metros de la posada. El muchacho que estaba de pie frente al árbol corazón volteó a sus espaldas.

-Arya -La reconoció sonriendo, su mirada estaba llena de un inconmesurable amor y Arya corrió hacia él con la misma emoción en sus ojos.

Jon tomó a Arya de la mano y ambos se adentraron un poco más en el bosque, ya casi era de noche y pequeños pares de ojos brillaban entre los arbustos.

"Niños del bosque", se recordó Arya.

-Te dije que querían que nos casáramos antes -dijo Jon.

Arya rodó los ojos, sin estar realmente irritada. Estaba igual de ansiosa que él y le apretó la mano.

-No soy yo quien ha detenido todo esto y lo sabes -refutó. -Padre espera que la ceremonia sea en Winterfell, y Sansa lo apoya.

Pensar en Sansa la llenó de dicha. En unos cuantos días más vería a su hermana de nuevo. Y seguro era que la atosigaría con anécdotas de su nueva vida y su nuevo reino. Y a pesar de sí misma, Arya esperaba con ansias el poder escucharla.

Jon se detuvo de pronto, obligándola a detenerse con él. No había brisa entonces, pero el ambiente se sentía algo frío. Arya levantó la vista hacia Jon. El príncipe Targaryen tenía la mirada perdida en la distancia, mas le devolvió la mirada al sentirse observado. Y el calor en sus ojos...

Arya supo lo que seguía entonces.

Apenas y cerró los ojos antes de sentir los labios de Jon sobre los suyos. Jon la atrajo hacia él por el agarre en su mano y luego la soltó para abrazarla por la cintura, mientras su boca seguía robando el aliento de su amada. Sus manos resbalaron por la figura de la joven con la clásica desesperación de los amantes. Arya se aferraba con fuerza al cuello del abrigo de Jon, parada de puntillas, respondía con el mismo entusiasmo a la fuerza de sus besos.

Jon la empujó y la guió hasta el tronco de un abeto. Sus labios descendieron por el cuerpo de la morena, mientras sus manos le abrieron el frente del abrigo. Arya le abrazó por el cuello, sus dedos perdidos en los mechones negros de su compañero. El Targaryen se acomodó entre las piernas de ella y la levantó en vilo con ambas manos; la sostuvo pegando su cuerpo al de ella. Levantó la mano derecha y se quitó con prisa, usando los dientes el guante que la cubría; tan pronto lo consiguió su mano se perdió por debajo de la falda del vestido de ella.

-Pronto -le escuchó susurrar.

"Pronto", se repitió a sí misma en su mente.

Sólo un poco más... tan pronto llegaran a la capital, no habría nada el que impidiera el que se unieran.

...

Pero nunca llegaron a Winterfell.

...

Cuando regresaron a la posada, había un Rolls Royce negro a la entrada que Arya reconoció al instante. Y había una guardia de soldados de la marina de Winterfell rodeando toda la calle.

-¡Rob!

Incluso si su corazón le decía que algo andaba mal, Arya corrió esperando hallar a su hermano, quizás incluso a Theon y a Sansa con él. Sonrientes, dispuestos a molestarla en el respecto a su boda. Pero tan pronto entró en la recepción de la posada, aquél deseo se volvió un imposible.

Ahí estaba su hermano, con el semblante cargado de una profunda tristeza, sosteniendo a Sansa en sus brazos, ambos sentados en uno de los sillones. Asha Greyjoy estaba de pie a un lado de ambos, con su escolta personal rodeandola y su padre y sus consejeros sentados con el mismo semblante en frente de Rob y Sansa.

"Sansa".

De todos, su rostro era el más triste. Casi vacío.

-Theon está muerto.

Arya levantó la vista. A su lado, Jon había sido el que había dicho aquellas palabras, deduciéndolo sin duda del semblante de los presentes y la ausencia misma del rubio; de la que Arya no se había percatado sino hasta ese momento.

"Theon"

Asha se irguió con gesto altivo, pero se le notaba desconsolada.

-Necesitamos hablar contigo también Jon Targaryen.

Por inercia o quizá por miedo, Arya no estaba segura, su mano se había enredado en la de Jon casi al instante. Y Jon le había devuelto el gesto, asegurándole con ello que no la dejaría sola.

"Hay traidores aquí."

La voz de Gendry hizo eco en su mente entonces.

...

Iban de regreso ahora, su padre volvería a Winterfell, Rob y Jon irían a las Islas de Hierro a presentar sus respetos a la casa Greyjoy y asegurar con ello la alianza. Arya, Bran y Rickon volverían al Muro junto con Meera y Jeanne.

No habría boda.

Sansa era la única de la que no tenía claro qué sucedería. Arya deseaba poder borrar aquél recuerdo. Cuando su hermana les había contado cómo había sido.

-Murió en mis brazos -le había dicho, con el rostro bañado en lágrimas -había tanta sangre...

-Estuvimos bajo asedio -había dicho Asha -fue alguien del Norte.

Arya cerró los ojos con fuerza al recordar aquello. Asha les había explicado que habían pretendido dejar a Sansa como la responsable, a pesar de lo estúpido que eso sonaba. Por suerte no les había resultado el plan como esperaban. Sansa había sido la esposa perfecta y Theon disfrutaba en exceso de su compañía. No había forma de que la pelirroja hubiese estado detrás de aquél ataque. Sin embargo, Bear Island ya había informado de una rebelión en el Norte, cuyo objetivo parecía el querer destruir la alianza de las tres casas. Sin embargo, nadie había esperado que el ataque fuese tan al sur.

-Padre.

Ned Stark entró en sus aposentos entonces, Arya se recorrió en el sillón para dejarle sentar junto a ella. Su padre se veía cansado.

-Es el precio de estar al frente. -Dijo directo. -Sansa está inconsolable.

-Se ha confortado con Asha. -Respondió ella. -¿Se irá, no es cierto?

Ned sacudió la cabeza.

-Necesita estar cerca de algo que le recuerde a Theon. -Le dijo. -No puede dejarlo ir todavía, no así.

-Ni siquiera pudieron concebir... -dijo, recordando el lamento de su hermana.

A su lado su padre inspiró con fuerza.

-Superará esto... Es su una mujer fuerte igual que su madre. -Arya decidió que aquello lo decía más para sí mismo. -Superaremos esto.

No muy segura, Arya asintió, dedicándole una leve sonrisa que no alcanzó sus ojos.

-¿Qué hay de los rehenes que lograron capturar? ¿Van a ser juzgados? -cuestionó. Ned se levantó apartándose de ella, con las manos en la cintura y la mirada distante. -¿padre?

-Mataron a un príncipe, -habló de pronto, interrumpiéndola -un heredero en línea nada menos. No merecen tal misericordia. -Aseguró. -Se les sacará la información necesaria a base de tortura y se ejecutarán justo después.

La Stark tragó saliva con dificultad. Tenía las puntas de los dedos helados. El recuerdo de las palabras de Cersei vibraron entonces. El corazón le latía pesado en el pecho.

-Padre, si fuesen a ser juzgados, ¿en qué parte del Muro se les encarcelaría?

Eddard volteó a ver a su hija, desprendiéndose de los pensamientos que lo habían capturado hasta entonces y sonrió.

-No debes preocuparte Arya. Castle Black no tiene celdas de prisioneros de guerra. -Le explicó. -Todos ellos, los criminales más peligrosos están en Nightfort.

El corazón se le saltó un latido.

Arya asintió. Su padre se quedó apenas un instante más, se fue tan pronto se aseguró de que ella estuviese tranquila.

Pero tan pronto su padre se marchó, la mente de Arya comenzó a atar los cabos sueltos.

-Él lo sacó. -Concluyó al fin.

Tomó uno de los mapas que se encontraban en la habitación y lo extendió sobre la cama. Cersei había dicho que un hombre sin rostro había llegado al Muro a llevarse un nombre consigo. Pero que su hermano Jamie Lannister, había conseguido capturarlo justo después de que el asesino a sueldo cumpliera con su misión. Sin embargo, por las palabras de la reina, Arya intuyó que no fue que lo hubiese vencido, ni mucho menos.

Tras ver la distancia entre un punto y otro, pudo entender lo que la reina leona le había dicho entre líneas.

-El ataque a Queen's Gate no fue un ataque externo. -Dijo incrédula.

Su respiración comenzó a volverse complicada, más rápida.

"No veo porqué no. No ha ocurrido nada en dos semanas" Las palabras de su hermano.

-Ellos sabían. -Se dijo a sí misma.

Rob no la dejaría salir si supiese que había un peligro afuera, por muy pequeño que fuese. Pero dado su comportamiento tras la partida de Margaery, parecía como si estuviese seguro de que ya no había peligro inminente.

"No tienes porqué aparentar, Jon Snow"

A menos, que estuviesen haciendo justo eso. Aparentando haber bajado la guardia para atraer al enemigo. Incluso si era una movida arriesgada, no tenían mucho hacia dónde moverse. ¿Pero dónde cuadraba Jamie Lannister en todo esto? Si el ataque había sido para aparentar...

-O para desviar la atención -inquirió, y volvió a ver el mapa. -Está aquí. -Concluyó, la sangre se le heló en las venas.

"Hay traidores aquí" , le había dicho Gendry; con una seguridad que no parecía ser un pensamiento meramente paranoico tras todo lo que vivió; sino como si el mismo pudiera reconocer a los traidores.

-Pero...¿Dónde te puso?

Si había un hombre sin rostro en el Norte, uno que había sido capturado y liberado justo después; no podría haber llegado tan lejos...

"Mira hacia el Norte."

-El Mole's Town -concluyó al fin y su respiración se reguló.

Tenía sentido, se dijo, durante los últimos años aquella se había vuelto la ciudad más viciada del Norte. Dada su cercanía a la base militar no era tan extraño. Además...

Si un pueblo merecía un servicio de la Casa de Blanco y Negro, bajo los conceptos que Cersei le había dicho, ése era el pueblo libre. ¿Qué clase de precio habrían tenido qué pagar? ¿Y por qué estarían intentando quebrar su alianza con el resto de las casas del Norte?

Quizá todavía podría descubrirlo.

La morena se puso su abrigo con prisa y con la misma velocidad salió de su habitación escaleras abajo, avanzando por el pasillo rumbo al área dedicada a la casa Greyjoy. Había una sala de estar antes de dichas habitaciones y la única heredera del trono de sal estaba ahí junto con dos soldados más.

-Asha Greyjoy -le llamó, el corazon le latía con fuerza en el pecho.

La aludida volteó a verla, dedicándole una larga mirada volteó después a ver a sus compañeros. Tras hacer un movimiento de cabeza los mismos se alejaron, dejándolas a solas.

-Arya Stark, ¿a qué debo la visita?

La aludida no se anduvo con rodeos.

-Puedo vengar la muerte de Theon.

Asha la miró un segundo antes de soltarse en carcajadas. Las mejillas de la Stark se tiñeron de rojo, en molestia y vergüenza.

-¡Hablo en serio! -gritó.

Asha detuvo su risa de golpe. Había una tormenta en los ojos grises de la Stark y aquello a la Greyjoy le gustó.

-Habla.

La morena respiró profundo antes de comenzar.

-Hay un hombre sin rostro en Mole's Town, capaz de dar con el asesino de tu hermano. El verdadero. El que dió la orden.

Asha entrecerró la mirada. Mirándola con cautela y algo de desconfianza. Se irguió cuan larga era y caminó hasta quedarse de pie frente a la princesa norteña, le sacaba cabeza y media a la misma en altura. Pero la Stark no dio muestras de intimidarse y eso a Asha le gustó aún más.

-¿Por qué crees que lo sabré? y más aún, ¿que nos ayudará?

-Porque nosotras lo ayudaremos primero. -Contestó. -Mi padre no debe saberlo, pero tengo que ir yo. Podemos llevar a Sansa también, para aparentar.

Asha sonrió de medio lado, en un gesto tan varonil que la morena tuvo que recordarse que se trataba de una chica.

-Tú hermana merece un cambio de aire. -Asintió y luego se alejó unos cuantos pasos de ella, se cruzó de brazos. -Muy bien Arya Stark, dime qué tienes en mente.

...

Ésa había sido la parte difícil. Arya no tenía realmente un plan y había esperado el que la Greyjoy pudiese hacer la mayor parte de la búsqueda. Si bien Arya conocía una cierta región de la ciudad que pertenecía a una extensión de la milicia del Muro; no contaba con la información interna ni mucho menos el cómo infiltrarse en la misma. Y dirigir un ataque interno estaba fuera del mapa.

La realidad era que no tenía nada.

Pero justo como lo había predicho, la sed de venganza de la chica Greyjoy de vengar la muerte de su hermano, había conseguido los contactos directos. Pasaron cerca de una semana intentando conseguir el favor del guardia Lannister que había estado cuidando de la presa conseguida por su amo; que no había sido otro más que Jamie. Al final consiguieron llegar al precio del hombre y se acordó que se diría que el asesino había conseguido escapar usando precisamente su magia de rostros.

Había sido toda una proeza el pasear con Sansa sin que ésta se diese cuenta de lo que ocurría a sus espaldas. Aunque en algún punto, Arya se cuestionó si su hermana de verdad estaría en contra de hacer aquello... En especial considerando que Theon y ella se habían unido como hombre y mujer.

La noche antes de volver hacia el Muro, Asha la llevó a un claro fuera de la ciudad, entre las sombras de los árboles, se encontraba el asesino. Arya le dedicó una mirada a Asha, antes de comenzar a avanzar hasta el hombre, cuyo nombre era Jaquen le había dicho.

No era para nada como se lo había imaginado. Su cabello era rojo y blanco, sus ojos azul claro y las facciones de su rostro finas y atractivas.

-Te debo mi vida, dulce niña. -Le dijo el hombre con la voz aterciopelada. -Pero se le debe una vida al dios de la muerte y debe pagarse.

Arya apretó las manos en puño. Ésa era su oportunidad.

-¿Y cómo pagarás por ella? -cuestionó con voz digna.

El hombre sonrió.

-Con otra vida. -Le dijo. -Una niña sólo debe decir el nombre que desee ofrecer al dios de la muerte.

-¿Y si no conozco el nombre?

Algo brilló en la mirada del hombre y su sonrisa se hizo más extensa sin llegar a ser maliciosa.

-Un hombre puede buscarlo por tí.

"Mira hacia el norte" La voz de su madre volvió a hacer eco.

Arya se enserió. Si con esto conseguía que el alma de su madre descansase en paz...

-Es un Thenn, trató de matar a mi hermana. No pudo hacerlo, pero su asesino mató a mi hermano de ley.

Jaquen asintió.

-Este hombre encontrará ese nombre.

Arya soltó el aire que había estado conteniendo. Si todas las guerras pudiesen pelearse así...

...¿sería más fácil? ¿O incluso mucho más cruel?

...

Despidió a su hermana todavía con lágrimas en los ojos. Asha también la abrazó para sorpresa de muchos. Sansa volvería a las Islas de Hierro, segura de que su lugar ahora estaba ahí. Jon y Rob, como acordaron, se fueron con ella.

Arya sostuvo las manos de sus hermanos Bran y Rickon durante el viaje de vuelta al Muro. Ahora era la mayor y debía cuidarlos. Quizás había sido mejor así, se dijo, debía cuidar de sus hermanos todavía. Su boda podría esperar un poco más. No se podía permitir ser tan egoísta. Debía ser paciente.

Se dedicó a visitar a Gendry los días siguientes. Jamie Lannister había vuelto a Casterly Rock, o al menos eso era lo que él había dicho que haría. Arya no sabía ya qué pensar al respecto; pero se notaba el alivio en la expresión de Cersei Baratheon. La morena supuso que la reina debía sospechar de lo acontecido en Mole's Town, después de todo su propio hermano había sido el captor del asesino. Aunque Arya todavía no conocía el porqué.

-Has estado terriblemente callada estos días.

Arya parpadeó, de vuelta al presente. Gendry estaba sentado en una silla de ruedas. Los dos se encontraban en uno de los patios del área médica, cerca del Escudo de Roble. Durante las últimas semanas el heredero de Stormlands había progresado en su recuperación considerablemente. Todavía no era capaz de caminar pero ya era capaz de ponerse de pie y sostenerse por varios minutos.

Arya sonrió con pesar.

-Extraño a mi familia, es todo -le dijo.

Gendry le dedicó una larga mirada.

-Quieres decir Jon.

Arya entornó los ojos.

-Jon y Sansa y Rob y mi padre. -Le dijo con sorna.

-Al menos te hice sonreír de verdad -señaló.

Arya se sorprendió, y le miró con la sorpresa aun en sus ojos.

-Por cierto, -le llamó -te dejaron este sobre -le dijo dándole un sobre de no más de quince centímetros de largo. Arya lo tomó al instante. -Supongo que piensan que tenemos un sórdido amorío si están empezando a dejarme tu correspondencia.

La Stark no pudo por más que echarse a reír, Gendry rió con ella.

La sonrisa le duró por el resto de la tarde.

...

Ese día, al volver hacia Castle Black, pasó cerca de la sala de juntas. Caminó más lento y se detuvo cerca de la entrada. Todos los días desde su regreso al Muro, había seguido aquella rutina, esperando escuchar la noticia que llevaba días esperando. Y finalmente ese día parecía haber llegado.

-Mance Ryder está muerto.

Aunque nunca esperó que fuese exactamente como lo escuchó entonces.

-No sabemos quién lo mató. -Era la voz de ser Rodrick. -Se unió a los Thenn. Y estos pidieron la cabeza de Robb.

-¿Por qué? -Aquél era su tío Benjen.

-El heredero del Norte debió tomar a una princesa del Norte. -Y ése era el comandante Mormont -Querían que se casara con Val.

Arya se acercó aún más a la puerta, el sobre giraba entre sus manos nerviosas. Era cierto que Rob había viajado al sur, hacia el puerto del Norte para recibir a Theon y a Sansa; pero Asha había dicho que habían intentado hacer parecer que Sansa había sido la culpable. Sólo entonces comprendió la estrategia de aquél plan. Querían crear un conflicto interno.

-Creí que querían que ella se casara con Jon.

Arya parpadeó con sorpresa al escuchar aquello, el corazón se le saltó un latido. Sansa le había advertido de aquello, pero entonces no lo vio como nada más que una riña entre niñas. Su mirada se clavó en el sobre azul en sus manos, sólo entonces cayó en cuenta de que no tenía remitente.

-En el sentido de poder sí. -Respondió el comandante Mormont -Pero Val siempre se rehusó y su gente odia a los Targaryen de cualquier modo. La habrían casado para que lo matara en la noche de bodas. Incluso si era un suicidio.

La Stark comprendió entonces de quién era aquél mensaje, lo abrió hasta descubrir las palabras escritas en el interior del mismo.

-Hacer herederos es todo lo que importa. -Concluyó ser Rodrick.

Pero Arya ya había comenzado a avanzar de nuevo por el pasillo, alejándose en dirección al castillo.

"Mi deuda está pagada"

"Valar Morgulus"

Decía la nota...

Arya la apretó en su mano hasta hacerla una pequeña bola de papel.

-Valar Dohaerys -respondió.

Un gran peso se levantó de sus hombros entonces.

...

Aquella noche hubo un aviso por radio. Las tropas de Westeros, sumadas al ejército de Daenerys habían conseguido liberar Braavos y dominar la costa de Valyria; Myr, Pentos y Volantis se consideraban ya territorio seguro y de los aliados.

Tras la noticia, hubo una gran celebración en el Muro y Arya fue informada de que tanto Rob como Jon llegarían al paso de dos días al Muro. Todo parecía de pronto volver a soplar en la dirección correcta. Su tío Benjen iría a Guardia Verde a preparar más tropas para mandar provisiones a sus soldados del otro lado del Narrow Sea.

Cuando Jon volvió en el tiempo en que se le había prometido, Arya lo bañó de besos. Se permitió soñar con un futuro en el que pronto no tendrían que preocuparse de ningún tipo de enfrentamiento.

Pero también llegaron otras noticias. Myrcella cumplió la edad mínima para casarse y debía partir hacia Casterly Rock, donde su tío Tyrion la recibiría y la prepararía para su viaje a Dhorne y su coronación como reina de la misma. Poco a poco, Castle Black se estaba vaciando de sus refugiados. E incluso si aquello debía considerarse como buena señal, Arya se sintió triste de tener que separarse de Myrcella.

La princesa Baratheon era la viva imagen de su madre, pero con gesto mucho más amable. Si las cosas hubiesen sido diferentes, se recordó, Myrcella habría sido su hermana política.

-Quiero quedarme aquí. -Fueron las palabras de la rubia, todavía aferrada a las manos de su madre.

Cersei se mantuvo firme a pesar de la ocasión.

-No siempre podemos tener lo que queremos. -Respondió, dándole un beso en la frente. -Mantente a salvo. -Pidió dejando el que las lágrimas le resbalaran por las mejillas. -Te visitaré para la coronación, ¿de acuerdo?

Tommen y Arya observaban la escena de lejos, Mycerlla ya se había despedido de ellos cuando Cersei la había tomado en brazos.

-¿Regresarán? -cuestionó Arya al rubio, tenía curiosidad de cuántos más se quedarían en el Muro todavía.

Tommen negó con la cabeza.

-Sólo hasta que Gendry mejore. -Respondió. -Mi madre no desea arriesgarse, puede que lo hayamos recuperado, pero perdimos a nuestro padre al igual que a Joffrey y es obvio que alguien más está en busca de nuestras cabezas. -Informó. -Esperaremos a nuestro tío Tyrion y nos iremos con él.

Irse con Tyrion Lannister... sopesó.

-¿No volverán a Bastión de Tormentas? -cuestionó confusa.

-Aún no se decide. -Le dijo con semblante triste. -Si bien Gendry tiene que hacerlo, mi madre y yo no estamos obligados. Y ella sigue inestable. Dudo que incluso después de alcanzar la paz, ella pueda estar tranquila. Eso si es que esta guerra termina.

-Lo hará. -Intervino de inmediato Arya. -Del otro lado del Narrow Sea ya sólo quedan dos naciones por derrotar.

Tommen bufó.

-Sí, pero son las más fuertes, ¿no?

Finalmente la caravana de Myrcella partió. Arya se mordió el labio inferior. Dos meses atrás había sido Margaery quien se había marchado, la primavera ya estaba entrando en estación.

Suspiró.

Cersei avanzó de vuelta hasta donde estaban ellos, cuando de pronto una alerta sonó por lapso de veinte segundos en el Castillo.

-Eso no parecen buenas noticias. -Inquirió Tommen.

Una caravana de motocicletas y tanques de guerra entro por el acceso izquierdo.

-¿Tío Benjen?

Benjen Stark estacionó justo al frente. Se bajó con prisa, sin disculparse por delante de los demás, tomó a Arya por el codo.

-De vuelta a la Torre del Rey, Arya, busca a Rickon. -Le ordenó.

A Arya la sangre se le heló en las venas.

...

-Bran está muerto.

El mundo perdió color entonces...

-Meera también.

Las lágrimas se agolparon en los ojos de Arya, pero la joven estaba demasiado consternada como para parpadear lo suficiente para liberarse de ellas. Así que éstas terminaron resbalando cuando fueron demasiadas, nublándole la vista al hacerlo.

-Atacaron Guardia Verde

Había sido un ataque sin precedentes. Paracaidistas suicidas, le habían dicho.

Bran, que al final había decidido involucrarse para dejar de tener miedo. Bran que había partido con su tío cinco días atrás. Bran que le había sonreído a partir. Bran que podía escalar tan alto como nadie más.

-Atacaron desde el océano también. Dos submarinos que no pudimos detectar a tiempo.

Rickon se aferró a ella, llorando desconsoladamente. Arya apenas y tuvo fuerzas para abrazarlo de vuelta.

-Sabían que estábamos apoyando a Daenerys y trataron de impedir que le enviáramos municiones.

Todos hablaban a su alrededor, e incluso si entendía lo que estaban diciendo...

Su mundo se estaba desmoronando.

-¿La encontraron?

Jon.

Jon tenía interés en saber.

-Ella nos encontró a nosotros. -Fue la respuesta de ser Davos.

Y se desconectó.

El ataque apenas había durado cosa de doce minutos... Doce minutos en el que cientos de vidas se perdieron, incluida la de su hermano y su amiga. Meera, siempre tan dispuesta a seguir a Bran a todas partes...

Arya permaneció todo el tiempo con Rickon, sólo hasta que éste se durmió, Arya había salido al balcón de su habitación y había llorado a lágrima viva. Desgarrándose la garganta con cada grito.

Cuando las lágrimas finalmente se secaron, cuando el sueño comenzó a reclamarla, el sol estaba empezando a salir. Las palabras de Bran hicieron eco en su cabeza.

"No quiero regresar a Winterfell"

-Ahora no lo harás. -Le dijo al viento.

...

El funeral había durado una semana completa, casi lo mismo que el de su madre. Su hermano fue llevado a las catacumbas de Winterfell, donde su madre y sus ancestros descansaban. Lo único bueno de aquello, había sido el que Sansa había regresado y se había hecho cargo de cuidar de Rickon, dándole un respiro a su hermana para descargar su propio dolor.

Jon había estado ahí para ella. Como siempre lo había estado. Pero desde la noticia del ataque a Guardia Verde, Arya lo había sentido distante. Con el semblante taciturno, se le veía hasta desesperado en ocasiones. Las visitas nocturnas se habían ido reduciendo hasta casi desaparecer. Arya no sabía si tenía algo de la culpa, ella también había estado distante pero algo se sentía diferente en él, mucho más pesado...

Estaba mirándolo a través de la ventana, mientras practicaba tiroteo junto a Rob en la sala de armas; Jeanne estaba con ella y ya no pudo soportarlo más. No podía hablar de esto con Sansa pues estaba demasiado ocupada encargándose de su hermano y de lidear con su propio luto. Margaery se había ido al igual que Myrcella y Meera estaba muerta.

Y ahora Jon...

-Jon ha estado extraño. -Las palabras salieron antes de que pudiera darse cuenta de lo que decía.

A su lado Jeanne sonrió con ternura.

-Sólo tú notarías el cambio. -Le dijo.

Arya se removió incómoda.

-Pero es diferente, cada que me ve pareciera que va a quebrarse.

"Al grado de que me evita"

Jeanne la miró entre asombrada y confundida.

-¿No te lo ha dicho?

Arya parpadeó, alejando su mirada de Jon para mirar a su compañera.

-¿Decirme qué?

La expresión de Jeanne dejaba en claro que se arrepentía de haber soltado la lengua, pero ya era tarde y Arya no la dejaría irse hasta que le dijera la verdad que estaba escondiendo.

Cuando Jeanne se rindió y finalmente le dijo lo que sabía, Arya sintió que el corazón se le partía en mil pedazos.

...

Y sin saber cómo había pasado a sentirse furiosa, avanzando en dirección al chico. Jon estaba caminando hacia la torre del rey cuando ella lo alcanzó.

-¡Jon!

El aludido se detuvo y se volteó a verla, ambos ya adentro de la torre.

-Ary

Pero no tuvo oportunidad de saludarla bien siquiera. Arya lo había abofeteado, con fuerza, su rostro encolerizado.

-Dijiste que no ibas a irte. -Soltó con voz ahogada.

Jon apretó los párpados, y respiró hondo.

-Arya

La aludida lo empujó por el pecho con ambas manos.

-¡Prometiste que no te irías!

Jon la miró entonces, decidido, con fuego en su mirada; le sostuvo ambas manos en las propias con una fuerza que jamás había usado con ella.

-Necesito darle mi apoyo, ella es mi familia

-¡Yo soy tu familia! -Le gritó dejando caer las lágrimas al fin, interrumpiéndole.

Aquello le cortó las palabras al moreno. Arya temblaba pequeña entre sus manos.

-Ella no estuvo aquí todos estos años o sí? No estuvo ni siquiera antes.

Jon inspiró con fuerza, apretando el gesto, intentando controlar la tormenta de emociones que estaba despertando en su pecho.

-Tengo que ir. -Respondió golpeando las palabras.

Ella negó con la cabeza repetidas veces, desesperada.

-¡No es justo! -Le gritó, sacudiéndose en su agarre, intentando soltarse sin éxito. -Deberías llevarme al menos también.

El gesto de él se ablandó bajo algo parecido a la culpa.

-Sabes que no puedo.

Arya se mordió el labio inferior, algo se estaba quebrando dentro de ella.

-¡Mentira! -Gritó con más fuerza. -Mentiste... ¡Mentiroso!

Jon reaccionó entonces, jalándola de las manos la llevó al salón de la torre y la puso contra una de las paredes cerca del hogar donde el fuego crepitaba.

-No mentí. -Le dijo mirándola directamente a los ojos. Tenía una pierna entre las de ella y el torso pegado al suyo, la tenía inmovilizada. -Lo dije porque lo sentí como verdad. Fue la verdad en ese momento.

Arya pareció calmarse, y Jon aflojó su agarre en ella, pensando que a partir de ahí podría razonar con ella. Pero no fue así. Arya se sentía traicionada, ver que él había tomado ya la decisión sin consultarla, sin considerarla siquiera, y que no había tenido el valor de hablar con ella, de decirle la verdad.

-¿Dónde? -susurró en medio de un sollozo, Jon la miró consternado, y luego ella se retorció consiguiendo soltarse por completo, volvió a abofetearlo, pero no se detuvo ahí -¡¿Dónde está tu honor?, -con las manos cerradas en puño, le golpeó el pecho una y otra vez -¡¿Dónde está tu amor por mí?!

Así que Jon tuvo que pelear contra ella, volvió a dominarla, volvió a sujetarla y atraparla entre su cuerpo y la cayó con su propia boca. Como era de esperarse, Arya siguió resistiéndose. Lo mordió con fuerza, al grado en que Jon tuvo que sujetarla del cuello y volvió a besarla, mordiéndola por igual, metiendo la otra mano entre sus cuerpos, acariciando sus senos.

Hasta que Arya cedió y respondió aceptando los besos con amor y no con ira...

-Yo soy tuyo. Y tú eres mía. -Le dijo él al romper al fin el contacto de sus bocas, tenía todavía la mano izquierda en el cuello de ella, sus ojos fijos con los del otro. -Ésa es la única verdad. -Prometió y Arya pudo ver en sus ojos que era verdad. -Pero nos une la sangre, y debo responder a esta llamado, de otro modo la guerra no terminará.

-Ella quiere tu trono -soltó.

Jon sonrió y la soltó.

-Puede tenerlo. Yo sólo te quiero a ti.

Arya sintió un atisbo de esperanza. Si tan sólo fuera tan fácil.

-Entonces quédate. -Pidió casi a modo de ruego.

Pero Jon volvió a fruncir el gesto.

-Tengo que ir.

Arya iba a volver a responder, pero se llevó las manos a la boca y luego a la cabeza. Se alejó de él un par de pasos de distancia, respirando con dificultad.

-Arya.

La aludida le detuvo con un gesto de la mano, tenía el rostro bañado en lágrimas cuando volteó a mirarlo.

-...Te odio. -Le dijo en un susurro.

Y luego corrió fuera de la torre.

...

Durante los días siguientes Arya se mantuvo lejos de Jon, incluso si le cuidaba desde la distancia. Se sentía perdida y sin saber qué hacer. Con quién hablar.

Así que terminó corriendo hacia la única persona que podía darle su sincera opinión sin considerar sus sentimientos, el único amigo ajeno a su familia que le quedaba en el Muro.

Corrió hacia Gendry.

-¿La conoces?

De nuevo en el jardín, con la diferencia de que esta vez, Gendry ya no estaba en silla de ruedas, ahora avanzaba con una andadera de soporte. En ese momento estaban ambos sentados cerca de uno de los árboles arcianos.

-La vi una vez. Antes de la batalla en el mar. -Le dijo.

Un cuervo graznó desde uno de los árboles. Arya tenía miedo de preguntar lo siguiente. Y se reprochó por ello.

-¿Cómo es ella?

Gendry levantó las cejas, por un instante sin palabras.

-Es bella, si te gustan los rasgos de los Targaryen. -Inquirió.

Arya se defendió al instante.

-Jon es más del Norte.

Gendry sonrió, contento de ver la actitud fiera de vuelta al semblante de la chica Stark. No le gustaba verla triste.

-Lo sé. Se parece más a tu padre que al suyo.

Arya entornó los ojos.

Hubo un instante de silencio, Gendry parecía querer decir aquello correctamente.

-Es buena. Daenerys es... una buena persona.

Arya suspiró con pesar.

-Esas son las peores. -Dijo con la voz quebrada.

Gendry asintió.

-Lo son. -Y luego tomó la mano de la morena en la suya propia. -Está un poco loca de enojo, no se ve en la superficie pero guarda resentimientos. -Agregó, -pero se preocupa por su gente y no le gusta la violencia sin sentido.

-¿La violencia alguna vez la tiene? -le interrumpió. No acababa de gustarle aquello. -Jon sería un mejor rey.

-Lo será. -Gendry estuvo de acuerdo. -Es bueno. Y a pesar de todo no guarda rencor. Pero creo que eso es por ti.

Ella le miró confusa.

-¿por qué lo dices?

Gendry dejó salir una risa cantarina. Se le veía maravillado de la ingenuidad de la joven.

-Se mantiene al pendiente de ti. -Le dijo. -Desde el principio se aseguró de que yo no fuera un peligro para ti, incluso si tú no te diste cuenta. Él siempre supo cuándo venías a visitarme. Y aún así ni una sola vez me amenazó.

Aquello le hizo abrir los ojos en asombro y luego sacudió la cabeza intentando borrar aquella emoción.

-¿Por qué lo haría? No eres nuestro enemigo.

-¿Cómo lo aseguras? -Respondió él al instante, apretando la mano de ella en la suya. -Te dije qué hay traidores por todas partes.

Arya respondió a aquél apretón de manos.

-¿Me matarías?

Gendry la miró un instante. Con esos ojos que la atrapaban, bebió su imagen. Arya fue incapaz de apartar la mirada de la de él. Su corazón latía con fuerza en su pecho. Finalmente Gendry desvió la mirada rompiendo aquél contacto.

-No. -Le dijo. -No a ti, ni a Jon. Les debo mi vida.

Gendry soltó su mano y Arya se la llevó al pecho, estaba caliente.

-¿Entonces a quién?

Gendry le restó importancia con un movimiento de hombros.

-Tengo mi propia lista de venganza.

El corazón se le estrujó.

-Ya oí suficiente.

La princesa se levantó molesta y con prisa, se dio la vuelta dispuesta a irse cuando él habló por detrás de ella.

-Ten cuidado Arya Stark. -Le advirtió. -Puede que termines no siendo la reina que ellos desean. Después de todo, ¿no son los Targaryen famosos por romper promesas de matrimonio?

"Haz un heredero." -Le había dicho Margaery, se recordó.

Y salió corriendo entonces en busca de Jon.

...

-¡Jon!

Pasó por los pasillos, por el gran salón, por la armería, corrió hacia la torre del rey, revisó el salón y echó carrera hacia el cuarto de Jon, escaleras arriba. Lo conocía bien. Sabía que estaría en su habitación lamentándose de su patético encuentro de horas atrás.

-¡Jon!

Entró sin avisar.

-Arya...!

Y ahí estaba él.

Herido, triste, arrepentido y culpable.

Igual que ella.

Cerrando la puerta tras ella, Arya se lanzó a los brazos de Jon, quien la recibió de brazos abiertos. Dos corazones latiendo con fuerza y cantando juntos en un intento de reconciliarse con el otro.

Él le acarició el rostro y Arya se dejó envolver en la caricia. Se besaron el uno al otro. Pero había una desesperación palpable en las caricias de ella. Y Jon se dio cuenta por supuesto.

-Dame un heredero -susurró ella de pronto al oído de él.

Jon se separó casi de golpe.

-Arya

Pero Arya no se retractó, se apretó aún más a él y le miró con la tormenta del océano en sus ojos.

-Estamos en guerra Jon, todo puede pasar. -Le recordó. -¡Y vas a irte!

-Estaremos bien -Trató él de asegurar, pero incluso sus palabras a él le sonaron huecas.

-¡Por favor Jon! No quiero terminar como mi hermana. Por favor...! -Rogó.

¿Cómo olvidar a Sansa? Que se había quedado sin Theon, sin un heredero, sin un retazo de su otra mitad en su cuerpo. Nada. Pensar que Arya pudiese quedar igual ante al hecho de que se pondría él mismo bajo el fuego cruzado, acabó por derribar las paredes del chico.

-Dame esto al menos. -Sollozó.

Jon le tomó el rostro entre las manos, obligándola a mirarlo a los ojos.

-Te daré el mundo si me lo pides.

Y de repente... todo cambió.

Él se toma su tiempo en desvestirla, besando cada parte que descubre. Sin darse cuenta del momento, ya se ha hecho de noche; y las luces tras la ventana junto con las llamas del hogar dibujan sombras danzantes por toda la habitación.

Arya descubre un modo nuevo de besar. Está temblando igual que la primera vez de sus encuentros. Pero incluso con las mariposas en el vientre y el frío en las extremidades, Arya se siente segura por vez primera. Quiere hacer esto. Y quiere hacerlo con Jon.

Él la toma en sus brazos y la lleva hasta la cama. Y la mira. La bebe. Paseando la mirada por cada una de sus curvas, de las líneas de su cuerpo.

Jon deja atrás sus ropas, dejando que sea ella quien lo mire ahora. Se le une en la cama y se miran ambos, por un instante inseguros sobre cómo exactamente proseguir. Será la primera vez de ambos, e incluso si no resulta tan fantástica como se supone que sea, la sola idea de estar conectados en uno solo es suficiente para llenarlos de dicha.

Las manos de Jon, resbalan por la piel de ella, llegan a sus muñecas y la sostiene con fuerza. Él está encima de ella. La besa en la frente, la nariz, las mejillas, los labios... Y se desliza por la curva de su cuello, desciende hasta sus senos y los prueba con la boca.

Arya gime. Su espalda se arquea, pero Jon no se detiene. Desciende hasta la feminidad de ella. Y la bebe.

Ella siente el instinto de querer alejarse, la sensación es muy intensa, pero antes de que se de cuenta Jon la sostiene por las caderas manteniéndola quieta. Y vuelve a probarla... chupando y lamiendo, su centro...

Es un espiral de sensaciones, una caída en picada que la desmorona y la llena al mismo tiempo. Y ella sabe que el orgasmo está por reclamarla. Cuando lo hace, Jon la recibe completa.

Su cuerpo tiembla, todavía en los remanentes del orgasmo cuando Jon regresa a su boca. La acaricia y la mueve, y pronto es ella quien está sobre él. Arya no tiene que cuestionarle nada, Margaery se lo había dicho también. De esa forma le dolerá menos y podrá hacerlo a su ritmo.

La adrenalina corre por sus venas, pero le cuesta moverse; el corazón le retumba en los oídos y el aire le llega con dificultad a los pulmones. Esto es lo que quiere... No.

Es Jon a quien ella quiere.

Arya cierra los ojos cuando él la penetra. Desciende sobre su miembro apretando los párpados. No le ha dolido mucho, contrario a lo que esperaba el dolor le fue casi imperceptible. Pero es incómodo. Moverse con él en ella, le resulta incómodo...

Se desespera entonces, sin saber qué, cómo...

Jon la abraza entonces y gira con ella cambiando de posiciones. La mira a los ojos antes de besarla. Un casto beso que la tranquiliza y la hace respirar al ritmo de él. Sin despegar su boca de la de ella, Jon comienza a moverse y entonces sí duele... Y se queja, tenuemente, y él sofoca su llanto con caricias y besos. Una... y otra... y otra vez...

Hasta que entonces es sólo la sensación su piel con la suya la que se sobrepone al dolor hasta apagarlo por completo.

No hay palabras. Y sin embargo Arya es capaz de escucharle decir "te amo", en cada gesto, en cada caricia, en cada embestida. Las estrellas brillan del otro lado de la ventana. La oscuridad es más fuerte ahora, el fuego crepita, la madera cruje. Las cigarras cantas y el viento aulla. Ella puede sentir y escuchar todo esto. Jon está dentro de ella y dentro de esta misma conexión, están conectados con el resto del mundo. Y todo tiene sentido.

Ella se aferra al cuerpo de él, cada vez más amoldados el uno al otro, el calor aún más intenso que antes. Las manos enlazadas, las miradas fijas en la del otro y el placer creciendo en su centro donde sus cuerpos se unen.

Su espalda se arquea y él se viene dentre de ella.

Arya tiene 13. Jon tiene 18.

Y son uno ahora.

...

Y pasan el resto de las noches compartiendo la cama. Enterrados el uno en el otro, con las bocas unidas y los corazones sincronizados.

Y todas las noches es la misma plegaria.

-No te vayas. Puede que ella te quiera para sí misma.

Y el mismo voto de él.

-Yo sólo te amo a ti.

Están desnudos en la cama de él, con las piernas enredadas en las del otro y abrazados.

-Pero tu deber, tu honor.

Jon la calla con un beso. La mira y le sonríe, prometiendo.

-Tu eres mi corazón Arya.

Con estas palabras en mente, Arya se despide de Jon dos días después. Con la pequeña esperanza de tener algo más dentro de sí que el recuerdo de lo que han compartido.

...

Ella le escribe todos los días, sabiendo que él no podrá contestar. Y todas las noches no se va a dormir sino hasta antes asegurarse de escuchar de voz del mismo Rob, que todo va bien del otro lado del océano.

-Arya

Tres meses después, es una de estas noche que Jeanne llega a su habitación con el semblante preocupado.

-¿Qué pasa Jeanne? -Arya iba a levantarse de la cama cuando vislumbra a la compañera de la castaña. -Val...?

La princesa salvaje, le mira contrita y con desesperación.

-Necesito tu ayuda. -Ruega.

Y Arya es incapaz de decir que no.

...

Hacia el Norte, donde la rebelión de Mance no había tenido éxito, se ha vuelto a desatar el conflicto. Los clanes se culpan los unos a otros y pronto alguno comete un descuido, y ahora el clan de Val peligra. Ella confiesa haber sabido del ataque al puerto y le da los nombres de los principales traidores. Todo con la intención de que Arya salve a su hermana y a su sobrino de apenas dos meses.

-Rob, por favor.

Y es así como se encuentra rogándole a su hermano en medio de la noche.

-Es un traidor Arya.

-Uno que sólo se movió por el amor. -Refuta con fuerza, su mano en su vientre. -No puedes castigar a todo un pueblo por eso.

Rob se remueve irritado en la sala de mando, sólo ser Rodrick y el comandante Mormont se encuentran ahí con él, además de Arya y Val por detrás de ella. Sólo hasta entonces, Arya se da cuenta de cuánto le puede a su hermano la falta de su mejor amigo como consejero. Por un instante se siente culpable por haber pasado por alto tantas cosas que seguramente su hermano llevaba tiempo aguantando.

Rob se giró entonces, miró a ser Rodrick antes de dirigirse a ella otra vez.

-Si intervengo, pongo en riesgo la alianza con el pueblo libre.

Y no podía hacer eso, que ellos solos hiciesen la limpieza de sus traidores. Arya lo entendía, apenas y habían conseguido mantenerse al margen de las luchas entre los clanes, que ahora se peleaban entre ellos por haber perdido el apoyo de los nobles del Norte en cuanto al suministro de ciertos bienes tras el ataque hacia Rob por parte de Mance y el clan Thenn en el que Theon había perdido la vida.

-Nadie tiene que enterarse que lo hiciste. -Refutó.

-¿Y cómo exactamente evitaré eso? -Cuestionó, elevando la voz una octava.

-Yo te daré toda la información que necesitas para asegurar el terreno. -Val habló entonces, se notaba pequeña a pesar del porte fiero que siempre le había distinguido. -Y me ofreceré como rehén.

Arya miró a Rob. El joven lobo sintió la mano del comandante posarse en su hombro en señal de apoyo. Rob soltó el aire que había estado conteniendo.

-Espero por los dioses que esto resulte.

Arya sonrió en alivio. Su mano todavía sobre su vientre.

...

Rob logra llegar a un acuerdo con Tormound Giantsbane, quien temporalmente está al frente en las decisiones de los clanes. Y consigue poner a salvo a la hermana de Val y a su hijo. Tras perdonarle la vida a la familia de Mance, están temporalmente en una tregua. Mientras hace esto de frente, una escolta de soldados especiales se hacen cargo de la lista que Val les entrega. Con dichas bajas, de momento nadie más de los clanes se atreve a hacer nada; nadie puede probar además que fue la nobleza del Norte quien realizó tales ataques. Con lo salvajes que son los clanes del pueblo libre, bien pudieron matarse entre ellos.

Dos días duró aquello. Y Arya tiene dolores de cabeza cuando Val la encuentra para agradecerle. Arya está en la que era antes la habitación de Jon. Val es toda sonrisas y la Stark siente que en cualquier momento vomitará.

-Estoy en deuda contigo, Arya Stark, toda mi familia lo está.

La aludida asiente, intentando verse impacible.

-Tienes suerte de que la casa Mormont haya accedido a ayudar. -Contesta.

-Me quedaré aquí. -Asegura Val. -Seré su rehén política por decisión propia. Nos ayudaron al final. -Sonríe, pero el rostro de Arya sólo refleja pesar. -¿No estás feliz?

-No es eso. -Le corta al instante y su mano ya ha ido de nuevo a su vientre.

Val sigue el movimiento de la misma y sus ojos se abren en asombro e incredulidad.

-¡Arya! Tú...

-No puedes decírselo a nadie.

Las dos se voltean al tiempo en dirección a la entrada, de donde provino la voz.

-Gendry...

Arya ya lo sabía, incluso si no había querido aceptarlo. Había siguiendo viendo al chico, viendo el avance de su recuperación hasta que el mismo pudo caminar a su lado. Y el Baratheon había llegado a conocerla tanto o más que el mismo Jon. La había descubierto con la mano en su vientre un mes atrás y lo había entendido todo al ver la expresión de temor en el rostro de Arya.

Val le miró confusa.

-Debe decírselo a Jon. -Refutó con fuerza. No hacía falta preguntar, estaba claro quién era el padre.

Pero el moreno no cedió.

-No. -Dijo tajante, cerrando la puerta tras de sí al entrar en la habitación.

Arya intentó razonar con él.

-Gendry...

-Es muy peligroso. -Le interrumpió elevando la voz una octava. -No debemos decírselo a nadie, no todavía. Especialmente a Jon.

Arya lo entendió entonces y supo que Val lo había hecho también al escucharle decir lo siguiente.

-No diré una palabra.

Arya perdió la conciencia justo después.

...

En sus sueños, corría en su forma de lobo. Pero ya no era la cazadora, era la presa.

Y corría y corría desesperada con las mismas palabras en la mente.

"Tengo miedo... Tengo miedo, Jon... No quiero tener miedo."

Ella nunca se detenía. Tenía que seguir corriendo, por sí misma y por...!

-Arya

La voz de Jon al final, siempre terminaba sacándola de la pesadilla.

-Estaremos bien.

Despertaría a salvo en su cama y la rutina seguiría.

...

Y entonces...

-¡Están atacando el Muro!

...

Finalmente pasó.

...

Avionetas surcaban el cielo, disparando por distintos intérvalos. Los refugiados corrían y la milicia del Muro comenzaba el contra ataque.

-¡Arya!

Corriendo, mientras guiaba a un grupo fuera de Castle Black, la persona que tanto extrañaba llegó corriendo hacia ella.

-¡Jon!

Y salió corriendo a su encuentro.

Él había regresado, en medio de todo ese caos.

-No debí haberme ido. -Le dijo tan pronto la abrazó. -Lo siento.

Jon, había regresado.

-¡Tenemos que irnos! -Gritaron a sus espaldas.

Jon no venía solo, un escuadrón le acompañaba. ¿Cuánto tiempo llevarían viajando hacia el Muro? Jon le sostuvo el rostro entre las manos cuando ella se tambaleó al intentar avanzar.

-¿Estas bien? -le miró preocupado.

-Estoy mareada.

Jon asintió. Entre tantos ataques era normal que la tierra se sacudiera bajo sus pies.

-Si seguimos moviéndonos dejaras de sentirlo.

Le tomó la mano y comenzaron a avanzar.

-¿Cómo llegaste aquí?

-El padre de Meera. -Respondió como respuesta. -Se enteró del loco plan de Viserys. Mando un comunicado y mando a la marina por nosotros. -Explicó. -Lo lamento Arya, no debí haberme ido.

-Volviste, es todo lo que importa. -Le aseguró.

Y luego se llevó las manos a las sienes. Jon se alarmó al instante.

-¿Qué pasa? ¿Estás herida?

Arya negó con la cabeza, intentando restarle importancia.

-Me duele la cabeza.

-Es demasiado, lo sé. Pero debemos seguir avanzando. Las avionetas no pueden llegar hasta acá debido al clima. -Le dijo, dedicando una mirada al cielo, por el momento se habían concentrado en atacar sólo el frente. -Pero eso no significa que no lo intentarán.

Se abrieron paso entre el grupo de gente que corría. Jon iba armado, se dio cuenta Arya. E incluso si ya debería esperarlo, sintió un retortijón en el estómago, le costaba seguir el ritmo del chico.

-¡Arya!

-Voy tan rápido como puedo. -Refutó.

"Resiste" Se decía mentalmente.

-Tenemos que salir por los túneles. El escuadrón médico recibirá a los niños. -Informó uno de los oficiales.

Jon miró a Arya.

La morena se sintió desesperada, no podía hablar ahí.

-Estoy mejor, de verdad Jon -trató de sonreír, pero su sonrisa no alcanzaba sus ojos.

Sabía lo que la expresión seria en el rostro de Jon significaba, la estaba analizando. Dándose cuenta sin duda, de que había bajado de peso, de lo cansados que debían lucir sus ojos debido a la falta de sueño, además del resto de los imperfectos...

-Está bien. -Dijo al fin. -Debemos irnos, ¿donde están Rob y Rickon?

-No te preocupes por ellos, Rickon fue de los primeros en abandonar el castillo. -Le informó. -Y Rob está en el cuartel subterráneo, por ahora estará bien ahí.

Volvieron a avanzar, deteniéndose cuando los oficiales se los indicaban.

-Me alegra que estés enterada de su paradero, viendo que ellos no sabían dónde encontrarte -Arya se sobresaltó ante lo duro de su voz, sabía que él le estaba llamando la atención, que la había puesto a prueba. ¿Cuánto tiempo llevaba realmente Jon en el Muro? -Fuiste tú a quien tuvimos problemas para localizar. ¿Arya por qué no estabas en tu cuarto?

-Debía mantener en secreto lo de... -Se calló de golpe, no podía decirle todavía, no ahí. -Estaba con Val, ella me ayudó durante todo este tiempo que estuve sola. Gendry también.

Jon volvía a analizarla, sus ojos le dijeron que sabía que no le estaba contando toda la verdad y que hablarían después.

-Su alteza debemos irnos. -Habló uno de los oficiales, sólo entonces Arya cayó en cuenta de la insignia en el uniforme de la escolta que iba con ellos. No eran del Norte.

-Tienes tu propia escolta ahora.

-Siempre la he tenido. -Refutó de inmediato. -Hablaremos después, debemos irnos.

Quedaba claro que él había ido tan sólo por ella. Ella, a quien el ataque había sorprendido en medio de la noche, encerrada en la habitación de Val. Corrío con los refugiados del pueblo libre, totalmente desorientada y aterrada, hasta que Jon la había encontrado.

Sabia que Val seguía con Gendry cuando el ataque comenzó, ambos se habían encargado de darle las atenciones pertinentes para su condición y era seguro el que estuviesen en el áre médica. Su hermano Rickon estaría sin duda custodiado por su mismo tío y ser Rodrick y Rob al frente del ataque en el interior del cuartel. Ella era la única que se había puesto en peligro sin saberlo.

Que Jon hubiese ido a buscarla, significaba que Rob también estaba al tanto de su ausencia en la torre del Rey y se sintió aún más estúpida. ¿Qué hubiera hecho si algo le hubiese sucedido?

-Bloquearon el paso.

Parpadeó fuera de sus pensamientos, tras escuchar aquello. Uno de los accesos principales que conectaba al Escudo del Roble, había sido derribado. Escapar por el camino real ya no era una opción. ¿Cómo era que había logrado llegar el enemigo tan lejos?

-El Muro es demasiado grande, hay otros accesos. -Dijo Jon -Vamos.

Corrieron de regreso a Castle Black. Para Arya aquello era un caos total, incluso siendo guiados por los soldados, no parecía que hubiese una verdadera vía de escape.

-¡Jon!

-No te separes de mí.

Arya se aferró a su brazo.

-Vienen detrás de nosotros.

-Su alteza por aquí.

Y luego el ruido de las avionetas se hizo más fuerte. Éstas no estaban lejos como las otras, se podían distinguir con claridad, volando demasiado bajo.

-¡Jon! -El muchacho también las veía. -¡Creí que dijiste que no podían volar!

-¡No lo hacen!

Y después una de ellas se estrelló contra la pared del Muro. La colisión hizo temblar aún más la tierra, cientos de gritos se escucharon en medio de la noche. El fuego crepitó entre el paisaje nevado.

-Avionetas suicidas... -Arya contempló la escena totalmente en shock, su mano en su vientre, temblando.

-Maldición... -Gruñó Jon

-¡Corran! -Gritó uno de los soldados. -Cruzando el túnel está un grupo de camiones blindados, los llevarán hasta White Oak -Les informó.

-Debemos mezclarnos. -Le informó el líder de su escolta.

Jon asintió y jaló a Arya con él.

Pero de pronto la escena se había vuelto demasiado lenta. O quizá su percepción se había acelerado. Fuera como fuera, las voces volvieron a hacer eco en la mente de Arya, mientras avanzaba de la mano entre la multitud de niños nobles, de soldados del Norte y escoltas Lannister y Baratheon. Sus oídos estaban sordos, sólo la vibración que seguía a la colisión de un ataque hacia el ruido suficiente como para ser ligeramente percibida por sus oídos.

"Van detrás de mí." Se dijo mirando la mano de Jon sosteniendo la suya, a sabiendas de que aquello era cierto.

-No te separes de mí, mantente cerca. -Le dijo él con fuerza, acercándola más a su cuerpo.

"Él será un buen rey" Había dicho su padre alguna vez, cuando las preparaciones de su compromiso se llevaron a cabo.

Más avionetas se estrellaron contra el Muro.

"Es demasiado amable, necesita ser más duro." Le había dicho Margaery cuando estaban en la intimidad de sus enseñanzas de alcoba.

Arya sabía que aquello era verdad. Jon tan taciturno, tan dispuesto a hacer lo correcto, tan creyente de la justicia y la verdad. Que nunca, jamás le había mentido.

"No guarda resentimientos" Le había dicho Gendry, e incluso entonces, Arya había sido capaz de detectar la envidia en las palabras del Baratheon, como si le avergonzara el no poder ser igual.

"Él cuidará estas tierras. No debes dejar que se vaya lejos" ¿Y no habían sido esas las voces de los niños del bosque, rogando porque salvara sus tierras?

Si Arya se iba con Jon... Si Arya se volvía la reina de Valyria... ¿Qué pasaría con Winterfell? ¿Con el Norte? Jon no debía irse del Norte.

El aire susurró cuando fue cortado por una avioneta más que se estrelló justo a las afueras de Castle Black.

"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya."

Ahora sabía que aquella voz, era la de su hermano Bran. Ella no podía irse, no todavía. Y no podía dejar que Jon se fuera.

"Mira hacia el Norte." Le había dicho su madre sonriendo.

Debía hacerlo...

...

Los ojos de Jon se abrieron como platos, en un horror y alarma total cuando Arya se había soltado de su mano. Y pronto la multitud de niños y adultos, soldados, nobleza y civiles acabó por tragársela.

-¡ARYA!

Sólo entonces, Arya entendió la gravedad de su error.

"¿Qué hice?"

Otra avioneta surcó el cielo.

-¡ARYA!

Desesperada respondió con la misma fuerza, intentando inútilmente abrirse paso entre la gente.

-¡JON!

Un silbido y después.

...

Oscuridad.

...


¡Arya!

Cuando Arya Stark abrió sus ojos de nuevo, la noche estaba iluminada por sendas llamas de fuego ardiente. Las cenizas danzaban en el aire y el eco de su nombre reverberaba por todo el ambiente a su alrededor.

Jon. Jon la estaba llamando.

Pero Arya no podía moverse, sus piernas estaban heridas al igual que el resto de su cuerpo. pero su brazo derecho, estaba atrapado bajo de un bloque de escombro. Ni siqueira intentó levantarse cuando escuchó el sonido de tenues pisadas. Una figura se irguió por encima de ella, conocía ese rostro.

-Jaquen... -susurró con voz débil y ahogada.

¡Arya!

Jon seguía gritando, intentando alcanzarla.

-¿Alguien te ha dado mi nombre? -Cuestionó, cuando su voz por fin le había regresado.

Jon le miró con algo parecido a la tristeza en sus ojos y un deje de melancolía.

-El dios de la muerte dice "no todavía". -Le dijo. -Pero no puedo decir lo mismo de tu bebé.

Si hubiera podido, Arya se habría llevado la mano al vientre, en vez de eso, gritó con todas sus fuerzas.

¡JON!


A/N: I know you hate me now...