WARNING: Escenas de tortura, probablemente mal descritas xD


FADED

RAMSAY

"No le diré a mi padre."

Era un sueño que se repetía constantemente.

Ramsay era apenas un niño de once años cuando llegó por primera vez al castillo de los Stark. Le faltaban modales para ser un noble, y tenía un grave problema de hiperactividad. Sin realmente buscarlo se había visto envuelto en una pelea con la menor de los Stark, Arya, quien apenas tenía seis años. Aquél juego había escalado proporciones y Arya había sufrido una grave herida en su pierna izquierda. Sangre escurría de la misma.

En ese momento él temió lo que pudiera pasarle, el castigo que recibiría por haber herido a alguien de la realeza podría ser incluso hasta la misma muerte, sin importar que él fuera un niño. Incluso si la realeza rea benevolente, sabía que su padre no lo sería, aquello era una clara vergüenza para su nombre.

"No le diré a mi padre."

Y sin embargo, ella no dijo nada que lo pusiera en evidencia. "Me caí de un árbol" había dicho, "mi pierna se rasgó con una de las ramas"; y todos le creyeron. Incluido su padre.

"La próxima vez, seré yo quien gane.", le había dicho.

No hubo una próxima vez. Pero Ramsay sentía que de igual forma ella le había vencido.

...

-Nos están enviando de regreso.

Ramsay había estado durmiendo a la intemperie desde hacía dos semanas. Tiempo en el que habían recorrido una larga porción del país norteño en dirección a Aguas dulces, en su secretísima misión de despellejar vivo a todo espía que encontraran. Bueno quizá no despellejar, pero a Ramsay se le daba tan bien la carnicería y no había otro medio de distracción por el momento, que tenía que sacarle cuanto jugo pudiera a esa abulica tarea.

Estaban siguiendo una pista que los llevaría a encontrar al asesino del rey Brandon, cuando de repente habían recibido una llamada por parte del cuartel general. Ramsay se había alejado de su grupo de mercenarios para tomar una siesta entonces, y ahora Miranda lo veía con las mejillas infladas y el enojo brillando en sus pupilas azules por encima de él.

-¿Escuchaste lo que te dije? -exigió la mujer elevando la voz una octava -¡Nos están enviando de regreso!

Ramsay consideró abofetearla en ese momento para que lo dejara en paz, pero pasó de esa idea al recordarse que el resto de sus compañeros de batallón estaban presentes. Además de que si le pegaba ahí, probablemente le costaría más trabajo cogérsela más tarde.

-Te oí la primera vez -contestó en su lugar, gruñendo. -¿Cuál es la razón?

Mirando bufó con más fuerza, el rostro contrito bajo la fuerza del enojo que sentía. Manos en las caderas, miró hacia otro lado cuando le respondió.

-Tenemos que limpiar el camino al Muro para la familia real -escupió cada palabra con desprecio. No era un secreto que Mirando odiaba a los nobles.

-¿Otra vez? -Inquirió el pelinegro con algo de tedio. No le molestaba el trabajo, lo que le molestaba era que lo movieran como pelota de ping pong bajo los caprichos de los nobles, lo mismo que a Miranda.

-Los Tyrel y los Lannister irán al Norte aparentemente.

-¿Y seremos escolta?

Miranda estalló.

-¡¿Y qué otra cosa si no?! -Respondió sarcástica, elevando la voz una octava. -¡Nos alejan de la guerra del pacífico!

-La guerra del pacífico es una coña. -Se burló Ramsay, poniéndose de pie y estirando los brazos por encima de la cabeza; sus movimientos todavía perezosos por la influencia del sueño. -Lo nuestro es el contrabando y lo sabes. ¿Tenemos que matar a alguien?

Miranda negó con la cabeza con una sonrisa irritada en el rostro, seguía molesta pero al menos ya había dado por terminada su rabieta.

-Los mismos de siempre -contestó.

Ramsay sonrió de medio lado, sacando su pistola y quitando el seguro de la misma.

-Tendrá que ser suficiente. -Declaró.

Levantó la pistola de manera despreocupada, apuntando hacia el cielo y luego de la nada, giró sobre sí y disparó hacia la hierba, matando de un sólo disparo al hombre que se escondía entre ésta.

-Dáselo a los perros.

Mirando sonrió. Ya no estaba molesta.

...

La guerra continuó. Todavía no se decidía bien la postura de Westeros frente a los acontecimientos en Essos. Incluso como partícipes de la guerra misma era difícil establecer una postura clara. Varias naciones de Westeros tenían problemas internos además. Pero al menos el escuadrón de Ramsay junto con el del sargento Howland Reed habían conseguido dar con el asesino del rey Brandon y evitar el que la conspiración alcanzara el Norte. De momento, era una de las pocas naciones en Westeros que no presentaba una división interna.

Pero debían estar atentos a cualquier cambio. Lo que significó el que Ramsay tuviera muchísimo trabajo, especialmente tras la noticia de la ejecución de Rhaegar Targaryen y la reina del Norte, Catelyn Stark. Habían noticias preocupantes con cada día que seguía la guerra. Pero ninguna como la que recibió aquella tarde.

Miranda había llegado demasiado entusiasmada, sentándose a la mesa con él.

-No creerás de lo que me enteré hoy. -Había una marca de cinismo que Ramsay no dejó pasar por alto, evidentemente lo que fuera a contarle era una burla hacia alguien más.

Siguió comiendo mientras le contestó.

-¿Me viste cara de deseo de chismorreos?

Miranda lo ignoró y soltó de golpe las palabras.

-Arya Stark va a casarse.

La cuchara quedó a medio camino de su boca. Ramsay la miró por fin entonces, la miró de verdad. Miranda sonreía ampliamente enseñando los dientes, extasiada ante aquella noticia. Ramsay volvió a repetir las palabras en su mente.

-Eso es imposible. -Dijo al fin.

La muchacha, todavía divertida, le quitó la cuchara de la mano y comenzó a comer de su plato.

-Era imposible.

El moreno repasó mentalmente los nombres de la realeza de Westeros que actualmente residían en el Muro, pasando lista por los prospectos disponibles de otro reino al no dar con ningún noble del Norte calificado para ser la pareja de Arya.

-No me digas que con el Tyrel -gruñó.

Su compañera dejó escapar una risa fresca. A veces Ramsay olvidaba que Miranda era hermosa.

-Mejor. Con el Targaryen.

El moreno inspiró con fuerza. Su entrenada mente descubriendo toda la gama de consecuencias políticas que tendría dicha unión.

-El Norte planea brincar el charco. -Dijo, con el asomo de una sonrisa en los labios.

La pelirroja asintió aún más emocionada.

-Sería una carnicería -completó por él.

Ambos reían ahora.

-Ojalá que nos dejen abrir el banquete.

-Ramsay

Pero las risas se apagaron tan pronto Lord Bolton hizo presencia en aquél recinto. Con su gesto duro casi inexpresivo y su aire de superioridad. Tanto Miranda como Ramsay se levantaron al mismo tiempo, la primera agachando la mirada.

-Padre -el segundo saludando a su progenitor.

-Miranda, déjanos.

La aludida hizo una reverencia antes de salir con prisa de ahí. Una vez solos, el mayor de los Bolton inspiró con fuerza dejando salir el aire lentamente después. Echó a andar por la habitación con las manos en la espalda y se detuvo frente a la chimenea.

-No tienes a nadie a quien culpar más que a ti mismo. Elegiste ser un carnicero.

Años atrás cuando había sido tan sólo un crío, había aspirado a formarse en un noble adecuado que pudiese cortejar a Arya; pero al final, había terminado eligiendo la vida que tenía al lado de la hija del carnicero. Disfrutaba ensuciarse las manos y sabía que no podría hacer eso si se convertía en un noble que aspira a la realeza.

-Y lo mantengo -contestó seguro, con una sonrisa rebelde en los labios.

Su padre asintió.

-Bien. Porque te convertirás en el guardaespaldas del chico.

La sorpresa destruyó el gesto feliz del chico.

-¿Qué? ¡Padre! -se quejó.

-Yo no hice las reglas e igual tenemos que seguirlas. -Le recordó, cortándole las quejas con tan solo elevar su voz un instante. Su altura convirtiendo a Ramsay en un crío otra vez. -Juega bien tus cartas Ramsay y puede que este trabajo te convenga más de lo que imaginas.

Estaba molesto, fúrico incluso. Él no era un guardaespaldas, ¡él no era la niñera de nadie y mucho menos de un Targaryen!

Pero su padre había estado en lo correcto al final. Él no tenía que seguir precisamente a Jon a todas partes. Él era más bien como su arma en las sombras; tenía que estar a una pertinente distancia para ser capaz de ver a todas las posibles amenazas antes siquiera de que éstas tuviesen la oportunidad de acercarse a su objetivo. Y en hacer esto, había tenido bastante diversión.

Además, otro de los beneficios más reconfortantes era...

-Hey Ramsay.

-Hey Arya.

...que podía estar cerca de su Stark favorita y hacer un par de travesuras como cuando eran niños.

Pero más importante, que pudo conocer al heredero Targaryen y descubrir con placer que el chico tenía más semejanza con el Norte que con su tierra natal, Valyria. Era un diamante en bruto, según él, tan lleno de resentimientos.

Ramsay sabía que si quería mantener su escuadrón después de la guerra, sería Jon quien lo ayudaría a lograrlo, podía sentirlo.

...

Los meses pasaron y se convirtieron en un año.

A mitad de la noche, su padre lo había hecho llamar, ordenando preparar a su escuadrón para hacer una "limpieza extrema" de urgencia. En menos de media hora, su equipo estaba listo para partir, sólo faltaba recibir la orden para saber hacia dónde moverse y a quiénes tendrían que matar.

Se puso de pie tan pronto su padre entró en la oficina. Tras el cristal del ventanal de la misma, se veía el hangar en donde sus hombres aguardaban.

-Robb tiene una misión para nosotros.

-Finalmente nos recuerda. -Soltó con sarcasmo, desde Guarda Verde no habían tenido más acción.

-Alégrate, podrás hacer lo que más te gusta. -Le dijo su padre, igualmente divertido notó Ramsay. Pocas veces se le veía así, casi como excitado. -Serán salvajes a los que mataremos.

Los ojos de Ramsay se abrieron con asombro y entendimiento. No todos los norteños estaban de acuerdo con el pacto con el pueblo libre, los Bolton eran uno de ellos. Ahora entendía la emoción que sentía su padre.

...

¡Y qué carnicería había sido aquello!

Aquella había sido la primera vez que el escuadrón de Ramsay había tenido que comportarse como verdaderos salvajes, arrasando con clanes casi por completo sin hacer ningún tipo de distinción. Y al mismo tiempo, buscando ser lo más silenciosos posibles. Era como matar bebés en sus cunas. Sus hombres tendrían pesadillas después de esto sin duda.

Mataron con cuchillos, lanzas, hachas e incluso algunos bats y martillos. No podían usar armas de fuego pues podrían delatar que Winterfell estaba detrás de aquello. Y se suponía que ese montaje era para calmar a las distintas tribus de salvajes. Para permitir que Rob apareciera casi como una especie de salvador y fuese escuchado por Tormund, de modo que pudiesen llegar a una tregua.

A tal punto de la guerra mundial no podían permitirse tener problemas internos, incluso si no eran directamente de ellos.

Al final, lo habían conseguido. Habían apagado el fuego de una posible rebelión. Al menos de momento.

-Éste era el último. -Informó Lord Bolton.

Estaban a las afueras de una de las bases de los Thenn, el líder de los Bolton se limpiaba con un paño negro la sangre de las manos. Él también había participado en la masacre. A su lado, su hijo sonrió.

-Jamás pensé que el primogénito de los Starks tuviera el estómago para hacer esto -soltó, con verdadera admiración, sonreía de medio lado, -ni siquiera su padre ni su tío se atrevieron.

Su padre rió por lo bajo.

-Eso es porque no fue su idea hacerlo, él sólo dio la orden.

Ramsay le miró confuso.

-¿Quién la sugirió entonces?

Su padre le miró a los ojos y fue la primera vez que le sonrió mientras lo veía de aquella manera.

-Tu Stark favorita.

-Arya

El muchacho sonrió de igual manera.

-La princesa una vez más te ha dado trabajo. Y dando su predilección a la milicia, quizá podamos mantener el batallón por más tiempo aún si la guerra termina. -Le explicó. -Sé bueno y da las gracias. Ella pidió verte de cualquier forma.

-Lo haré padre.

Lord Bolton sonrió satisfecho. Sabía internamente que su riqueza estaría asegurada. Su hijo seguiría su legado y su casa se mantendría por encima de las otras casas en riqueza por mucho más tiempo.

...

Ramsay se apresuró de regreso al Muro, no estaban tan alejados de cualquier forma. Llegó al Castillo Negro a la mañana del día siguiente. No se molestó con presentarse ante Rob, sabía que el rey en el Muro (como se le llamaba a Rob entonces) preferiría ver a su padre antes que a él. Así que, recordando la última orden de su padre, Ramsay se internó en la torre del rey, donde sabía que Arya estaría.

Era extraño ver aquella torre tan vacía. Rob prácticamente vivía en la sala del cuartel general desde el ataque a Guardia Verde, Sansa vivía ya en las Islas de Hierro al decidir permanecer como una Greyjoy, Jon en Lys haciendo alianzas con su loca tía (al menos en su opinión) y Bran muerto...

Se detuvo. Estaba frente aquella habitación que había sido del moreno. Tanto silencio no combinaba con los sobrevivientes de la familia real, Rickon (todo el tiempo con la septa) y Arya. Los más ruidosos. Y también los más salvajes.

Sonrió. Y siguió avanzando hasta llegar a su destino.

La puerta estaba entre abierta y entró sin hacerse anunciar. Se detuvo, sin embargo, al ver a una chica que no era Arya de pie acomodando comida sobre la mesa, las puertas del recinto interior estaban cerradas. La joven al sentir su presencia se puso en alerta.

-¿Quién eres tú? No luces como alguien de Winterfell, una salvaje quizás?

-Soy Val del pueblo libre. -Respondió cortándole. -¿Quién eres tú?

El moreno sonrió. Tras recordarse que Arya era famosa por hacer las amistades más extrañas. Lejanamente se recordó que ésta debía ser la salvaje que les había proporcionado la información sobre la revuelta del pueblo libre. Una belleza como se rumoraba que era.

-Ramsay Bolton. Amigo íntimo de Arya Stark. -Se presentó.

Val se mantuvo quieta, ignorando la mano que el muchacho le ofrecía.

-Por alguna razón lo dudo. -Respondió siseando.

Ramsay iba a decir algo.

-Pero lo es.

Sin embargo, Arya se le adelantó.

-Es mi amigo. -Dijo ésta de pie a la entrada del recinto interno de su habitación.

Val se apresuró hacia ella.

-No deberías estar de pie. -Le dijo, con tono preocupado.

Ramsay se dio cuenta de la condición de su amiga. Se veía cansada y pálida. Llevaba un camisón holgado que se dejaba ver que no era suyo, le quedaba demasiado grande. Iba descalza y tenía la cara roja, como si tuviera fiebre.

-Estoy bien. -Refutó la Stark, alejando a su compañera de forma un tanto brusca, se notaba irritada. -Discúlpala, no confía en extraños.

-Sabía decisión. -Bromeó Ramsay, con la sonrisa extendida de medio lado.

Arya y Val compartieron un par de palabras, antes de que ésta última abandonara la habitación; no sin antes mandar una silenciosa amenaza al muchacho con la pura fuerza de su mirada. Sobra decir que el moreno ni se inmutó, al contrario sonrió aún más satisfecho.

-Supe que tuve trabajo gracias a ti, así que gracias. -Soltó tan pronto Val hubo cerrado la puerta tras ella.

-No me lo agradezcas. -Le dijo irritada, llevándose una mano a la sien para masajearla.

-No lo hago, sólo repito lo que mi padre pidió que te dijera. -Soltó cínico, y avanzó con Arya hacia la mesa, se sentó en la silla a un lado de la de ella. -¿Por qué me llamaste?

Arya le miró y le sonrió.

-Quería verte.

Ramsay dejó salir una risilla, casi como burla ante aquello. Por mucho que quisiera a la joven que tenía a su lado, sabía bien que la misma jamás le llamaría de aquella manera tan íntima si no tuviera algún tipo de encargo. Cualquier asomo de comedia se desvaneció del rostro del muchacho y le miró con el semblante serio.

-¿Por qué? ¿De quién temes?

La morena se irritó al instante.

-Yo no siento miedo -respondió, casi ofendida.

-Eso no fue lo que pregunté -presionó él, sin ceder ante las ganas de seguir picándola.

Observó cómo la irritación y la molestia se difuminaban del rostro de su compañera. El silencio se extendió, mientras la angustia dominaba el cuerpo de la Stark. Ramsay, por segunda vez en su vida, sintió miedo. Lo que fuera que Arya fuese a decirle, era pesado y peligroso; una carga que sin duda no podía y no debería de estar llevando sola. Jamás la había visto tan nerviosa.

Finalmente le miró, tras forcejear con sus propios miedos.

-Estoy embarazada Ramsay. -Susurró y la angustia se reflejó en cada una de sus palabras, como si fuesen dagas que le desgarraran el alma una tras otra.

Aquello lo desarmó.

Los labios se le separaron queriendo formar palabras que ni siquiera tenían forma. Le miró por el lapso de dos segundos sin emitir sonido alguno, sin moverse, sin pestañar siquiera. Incrédulo y con la sensación de frío en todo su cuerpo.

-Apenas y tienes trece -soltó al fin. Y volvió a ahogarse con las palabras justo después.

Ambos desviaron la vista del otro casi al mismo tiempo. Ramsay sentía un calor inmenso que se extendía desde su corazón al resto de su cuerpo. Sabía que era algo parecido al enojo; pero no hacia ella, nunca hacia ella. No hacía falta preguntar de quién era ni el cómo había pasado o porqué lo había hecho. Siempre había sido obvio para todo el Norte lo mucho que Arya y Jon se adoraban el uno al otro.

Pero un hijo...!

Ramsay volvió a mirarla, sintiendose desesperado al recaer en cuenta de un algo, en medio de todas las teorías que su mente estaba forjando.

-¿Lo querías?

-Sí. -Respondió Arya de inmediato.

Por supuesto que lo quería. Arya no hacía nada si no lo deseaba, se reprendió mentalmente. Pero entonces, ¿por qué estaba él ahí?

Pasó saliva con dificultad.

-¿Aún lo quieres? -se atrevió a cuestionar.

Y el gesto de Arya se endureció en determinación.

-Sí. -Declaró con más fuerza en su voz. Mucho más segura.

El moreno inspiró con fuerza, con las manos sobre las rodillas para limpiar el sudor que había en éstas.

-¿Qué quieres que haga?

Y ésa era la verdadera pregunta. ¿Cómo encajaba Ramsay en todo eso?

La vacilación se asomó a los ojos de su amiga una vez más, aunque fue apenas un segundo.

-Gendry y Val lo saben. -Le dijo. -Gendry quiere que lo mantenga en secreto de momento.

-¿Es tu amigo? -Cuestionó interrumpiendo.

A ella la respiración se le complicó.

-Quiero creer que sí. -Dijo con voz ahogada.

-Pero dudas. -Concluyó él.

Arya lo miró suplicante.

-Ramsay, él tiene razón. -Le dijo. -No puedo decírselo a nadie.

-¿Entonces por qué me lo dices a mí? -Cuestionó sonando desesperado.

-Porque eres el único al que puedo confiárselo sin que pierdas los estribos y sin que lo uses en mi contra. -Confesó. -Me debes más de una. Pero estaremos a pares si me ayudas con esto. -Aseguró. E inmediatamente después su rostro se tornó fiero.

La adrenalina le corrió por las venas al chico, el corazón le latió desbocado. Aquí venía la enmienda que ella tenía para él y él tenía ya una sospecha de lo que iba a pedirle. -No permitas que se disperse el secreto y si éste ya ha sido disperso, encuentra a quien me traicione y acabalo lentamente como sólo tú sabes hacerlo. -Ordenó.

Ramsay volvió a sonreír al fin.

-Algo de mí se te ha de haber estado pegando princesa; -soltó, su mano había volado hasta el rostro de ella, enredando un dedo en uno de sus mechones, le dio vuelta soltándolo de pronto cual resorte -cada que vuelvo a verte te vuelves más sanguinaria.

Arya le devolvió la sonrisa.

-No es eso. -Le dijo. Tomó ambas manos de Ramsay en las suyas propias. -Es el hecho de que eres un asesino, tus manos no protegen, tus manos vengan.

Estaba ardiendo ahora.

-Haré cuanto pueda. -Prometió.

Ramsay besó las manos de Arya antes de irse, tenía trabajo que hacer.

...

Tristemente descubrió que el secreto había sido revelado desde antes. En un principio por mera suposición y después debido a que hubo alguien espiando a la Stark desde el momento mismo en que la morena se diera cuenta de su condición.

Ramsay masacró a aquellos que conocían el secreto, pero sabía que había más trabajo del otro lado del Narrow Sea; alguien más llegaría como intruso a robar ese secreto. Estaba seguro.

Y no se equivocó.

...

"No le diré a mi padre."

...

-¡Nos necesitan!

Ramsay todavía recordaba aquella noche.-Se convirtió en su segunda pesadilla.

Miranda, la portadora de noticias de su escuadrón, había entrado como alma que lleva el diablo cerca de las 10 de la noche.

-¡Están bajo asedio.!

La alarma había llegado directamente desde Winterfell, que en ese momento padecía su propio infierno. El escuadrón de Ramsay estaba cerca de la zona del Árbol Blanco y se les asignó la misión de limpiar el paso, para permitir que los refugiados del Muro consiguieran escapar del mismo y tomar refugio en los dominios del pueblo libre.

Tras entender la situación y vislumbrar en su mente el plan a seguir, había saltado al frente a dirigir a su tropa.

-¡De acuerdo perras, tomen sus armas! ¡Llenen los tanques y limpien el camino para la tropa!

Los hombres corearon tras sus palabras con gritos de guerra.

En tanques, coches y camionetas. A pie y a caballo se dirigieron hacia el campo de batalla, marcando una ruta de fuga que pudiesen seguir los refugiados hacia un territorio seguro. Pudiendo ver los objetos que sobrevolaban el Muro en cuanto estuvieron a una distancia cercana.

-¿Por qué usan avionetas en lugar de aviones de guerra? -Cuestionó Miranda, con los ojos enfocados en las navecillas.

A su lado, Ramsay le contestó.

-Es una área prácticamente imposible para volar en avión, las tormentas a mayor altura son un suicidio. Pero las avionetas tienen un cierto alcance.

Justo entonces una de las avionetas se inclinó en dirección al Muro y se hizo pedazos en medio de una gran explosión tras chocar contra éste.

-Y ahora sabemos que no las quieren para eso.

Llegaron disparando sus armas, tomando por sorpresa a las líneas enemigas y consiguiendo el que las mismas se retrajeran. Apuntaban, disparaban, atacaban a matar. No tenían deseos de tomar rehenes.

Rob se había comunicado con Lord Bolton por radio, informando del estado del Muro. Sólo entonces Ramsay recordó la condición de Arya, tomó a Miranda del brazo cuando ésta pasaba de él, y la arrastró hacia uno de los arcos del pasillo de la armería.

-¿Qué pasa? -cuestionó ésta, sin perder detalle de la batalla que se llevaba afuera.

-Necesito que encuentres a Arya. -Le dijo. -Y cualquiera que no sea del Norte que esté detrás de ella.

Miranda no le hallaba sentido a aquello.

-Debe estar segura con Rob -dijo.

-No, sobre oí la conversación entre Rob Stark y mi padre -le dijo -Arya no estaba en la torre del rey.

-Debe estar con su amiga la salvaje.

-¡Está embarazada! -le soltó cabreado.

Miranda al fin lo miró, olvidándose de la batalla afuera. Y entonces entendió todo en cuestión de segundos.

-Seré una sombra.

Se zafó del agarre de él, guardando el arma de fuego y tomando cuchillo en mano se internó de vuelta en el campo de batalla. Miranda era una buscadora y la mejor que tenía.

Ahora Ramsay podía concentrarse en acabar con cuanto enemigo se le atravesase.

Pero algunas veces, ni siquiera los mejores soldados pueden crear milagros.

"Está con el chico Targaryen"

"¡No la pierdas de vista!"

"Tres sujetos detrás. Ahora sólo queda uno."

"Estoy en camino"

"Mierda. Se perdió entre la multitud de niños"

"Sácala de ahí"

"¡Miranda! Sal ahora!"

"La perdí..."

"Un hombre se la llevó...

Ramsay...

Ella estaba sangrando..."

...

El resto de la batalla era una nube borrosa.

-¿Podemos decir que ganamos?

Apenas y habían sobrevivido. Castle Black estaba casi en ruinas. El humo negro todavía elevándose por el cielo, tras finalmente haber extinguido las llamas. Cuerpos inertes llenando el campo y la nieve. Ni un sólo sobreviviente del bando enemigo. Pero con dos terribles bajas.

Jon Targaryen y Arya Stark estaban desaparecidos. Presuntamente muertos, bajo las pilas de cuerpos caídos. Y peor aún, ahora había tropas enemigas dispersas en el Norte, grupos que habían conseguido meterse en el continente con ayuda obvia de traidores.

-Barrimos con los que quedaron aquí que es lo que importa. -Lord Bolton estaba de pie junto a Ser Rodrick y el comandante Mormont. Los tres hombres estaban de pie en lo que quedaba del patio principal de Castle Black. -Falta ver cómo reaccionará el rey en turno.

¿Cómo reaccionará de hecho?, se preguntó Ramsay. Sus manos no protegían, sus manos vengaban. Y tenía un par de ideas sobre cómo regresar aquél golpe.

Aquella tarde compartió cama con Miranda. Desahogó toda la ira que sentía mediante el acto del sexo y se sintió vacío tras haber terminado. Volviendo a repetir el ciclo al día siguiente. Pero en todo momento su mente maquinaba y maquinaba, dibujando el camino que seguiría.

-¿A dónde vas?

Miranda le miraba desde la cama, Ramsay justo estaba terminando de vestirse.

-A revisar el hospital. -Le dijo. -Necesito ver con cuántos contamos antes de empezar la misión.

-Vas a reclutar. -Figuró ella.

Él puso los ojos en blanco.

-Si ya sabes para qué preguntas Miranda. -Refutó. -Serás estúpida. -Murmurando lo último mientras salía de la habitación.

...

Su plan era simple. Haría una carnicería de traidores y para eso necesitaba más perros de cacería. Debía reclutar los hombres suficientes para liderar masacres, y el tiempo era ahora, justo cuando el resentimiento está más que fresco. Avivaría aquellos sentimientos de odio en los hombres que recogiera para su escuadrón de limpieza.

Y había esperado dos días, antes de ir a buscarlos. Asegurándose de que los más mansos hubiesen partido con su padre. Esos no le servían. No. A él le servían los minusválidos que quedaban rezagados atrás. Esos que eran aún más capaces de odiar.

-¿Buscando a sus hombres Mayor Bolton?

Ramsay sonrió de manera coqueta y hasta cierto punto educada a la enfermera que estaba en recepción en el área de Traumatología.

-Algunos de ellos. -Respondió, recargándose en la barra.

-Su padre ya se llevó a la gran mayoría.

-Los que estaban listos supongo. -Contestó, ya estaba preparado para aquella respuesta. -Pero verás, mi batallón es diferente.

-Son mercenarios. -Le dijo la mujer, con algo de irritación en sus palabras pero sin verdadera intención de molestar.

El moreno rió por lo bajo. Se inclinó para mirar directamente a los ojos a la enfermera y decir en tono calmado y suave lo siguiente:

-Necesito revisar hasta el último de los rescatados. No quisiera perder a ninguno de los miembros de mi escuadrón.

La mujer rodó los ojos, sin estar del todo convencida.

-Por supuesto. -Asintió. -Tiene veinte minutos, después quedará encerrado junto con el resto del personal del turno de la noche.

Ramsay le sonrió.

-Gracias bombón.

El Mayor Bolton avanzó por los pasillos, mirando las habitaciones una a una. Obligándose a grabarse los nombres de los soldados que reclutaría. Al llegar al final del pasillo, dio con la sala de recreación, varios hombres estaban sentados ahí con diferentes heridas, algunos en sillas de ruedas. Se dio la vuelta para irse, ninguno de aquellos le servía.

Y luego, por el rabillo del ojo, alguien llamó su atención. Una silueta que recordaba de un año atrás. La enfermera que cambiaba los vendajes sobre los ojos del hombre que estaba sentado a un lado de la ventana, terminó justo entonces y se dirigió a la salida. El Bolton la detuvo tan pronto la tuvo cerca.

-¿Qué pasó con él? -Preguntó señalando en dirección al chico.

La joven siguió la mirada de él y luego soltó un suspiro.

-Ceguera temporal.

Ramsay enarcó una ceja.

-¿Eso existe?

La enfermera rió por lo bajo, una risilla tenue, evidentemente divertida por su pregunta.

-Cenizas calientes le cayeron en el rostro cuando la última bomba estalló. -Le informó. -Es el tejido de los párpados el que está irritado y no le permite abrir los ojos.

-Ya veo. ¿Cuál es el nombre?

La enfermera sacudió la cabeza en negativa. Se le veía cansada.

-No lo sabemos, no ha querido decir nada de sí mismo. Y no había nada que lo pudiese identificar, salvo por el escudo Targaryen.

Ramsay sonrió de medio lado, sus sospechas se confirmarían si tan sólo pudiese oír la voz del mismo.

-Qué interesante. ¿Cuándo le quitan los vendajes?

-Mañana. -Le dijo, cruzándose de brazos, sabía por lo que el Mayor estaba ahí. -Con todo respeto, no creo que ése le sirva. -Le aseguró antes de marcharse.

-Ya lo veremos. -Dijo el pelinegro para sí.

Caminó hacia el muchacho, se quitó el abrigo al llegar hasta él y lo depositó en una silla vacía. -Es raro que un Targaryen se refugie todavía en un hospital del Norte -soltó de repente, divertido, esperando una reacción pero sin recibir ninguna. Se inclinó al frente. -Soy el Mayor Bolton y necesito que me contestes o me veré obligado a enviarte de regreso a tu asquerosa nación. -Advirtió. Admirando la manera en la que el muchacho permanecía impasible y notando que entendía la posición en la que se encontraba en el lenguaje de su cuerpo. -¿Cuál es tu nombre?

El muchacho apretó ambas manos sobre las rodillas.

-Soy un Snow.

Ramsay se enserió entonces.

-Tu uniforme decía algo diferente -le recordó con una amenaza implícita.

-Mi madre era norteña.

-Por supuesto que lo era. -Le interrumpió, con cierta burla. -El mismo Rhaegar Targaryen cruzó el Narrow Sea por una de nuestras mujeres -le dijo, ahora sí con burla.

El muchacho frente a él se tensó aún más y Ramsay ya no tuvo la menor duda. No había sido el guardaespaldas del mismo durante diez meses por nada. Volvió a ponerse de pie y se paró por detrás del chico. Le puso ambas manos sobre los hombros y se inclinó para hablarle en susurro al oído.

-Sé quién eres Jon Targaryen.

El aludido casi salta fuera de la silla, de no ser porque Ramsay lo sujetó con fuerza y lo volvió a sentar con la misma brusquedad. La sonrisa que tenía entonces era la de un maniaco. El chico dejó de forcejear al darse cuenta de que era inútil intentar escapar cuando era incapaz de ver nada; pero se notaba la desesperación que sentía en el tensar de los músculos de su cuerpo y el temblor de una de sus piernas. El Bolton sonrió para sus adentros. -Pero... tal vez pueda mantenerte el secreto, si... decides ayudarme.

-No veo cómo pueda hacerlo -gruñó Jon, sin intentar ya de encubrir quién era.

-Espero que no sea literal -se rió Ramsay, soltando una carcajada que luego apagó tras carraspear. Soltó a Jon y volvió a sentarse en la silla frente a él. -Perdón. Fue un mal chiste. Pero ya hablando en serio. ¿No te gustaría ser un soldado raso?

-¿Por qué asumes que yo querría algo así?

Ramsay lo miró a detalle. El silencio se extendió por espacio de cuatro tormentosos segundos para Jon. Éste era el hombre que su salvaje Arya amaba. El padre del niño que la misma había querido proteger por todos los medios de los que pudiese disponer. Se dio cuenta de que estaba midiendo su valía. Ése potencial que había visto en él hacia un año podría explotar como dinamita.

-Porque conocí a Arya y sé que es por ella que te estás quedando en el Norte. -Ramsay dejó crecer la sonrisa de medio lado, tras ver la reacción de Jon; el muchacho apretaba sus rodillas hasta clavarse las uñas. -Acerté, ¿no es cierto? -Inspiró con fuerza, tornándose serio nuevamente. -Si doy aviso de quién eres, el rey regente Rob Stark vendrá él mismo por ti y se asegurará de que su preciado amigo no vuelva a ponerse en peligro. Pero al hacerlo, te priva de todas las oportunidades de poder buscar de cerca a Arya, tu prometida.

-¿Y por qué me ayudarías? -Cuestionó con desconfianza.

-Porque vas a pagarme el favor. Y descuida, no es precisamente dinero lo que quiero, sino prevalecer. -Le aseguró. -Déjame mostrarte la importancia de mi escuadrón y cuando llegue el momento, convencerás al rey de no desaparecernos.

Después de todo, ¿no había sido ése su objetivo desde el inicio?

Jon se mantuvo en silencio. Ramsay sabía que no le daría una respuesta entonces y presionarlo sólo serviría para generar una negativa. Se puso de pie y se puso el abrigo mientras le hablaba.

-Te daré el resto de la semana para que lo pienses, según sé, mañana te quitarán los vendajes.

...

Tres días después Ramsay se disponía a marchar con su escuadrón de limpieza. Jon estaba incluido entre los nuevos reclutas, había llegado al final del discurso del Mayor. El Bolton sonrió al verle, ahora su grupo de mercenarios estaba completo.

-Habiendo hechas las presentaciones, preparémonos para nuestra primera cruzada. -Anunció, el resto de los hombres comenzaron a preparar sus armas y los vehículos que usarían. No podían llevar los tanques, era una misión en secreto de nuevo. Los coches y las motocicletas eran un mejor transporte y ya tenían trazadas las rutas en las que les convendría ir a pie.

Como lo esperó, su segunda al mando se dio cuenta al instante de quién estaba disimulado entre las nuevas filas tan pronto mirarle. Miranda se dirigió hacia su Mayor, con el reproche en sus ojos y después en su voz.

-No soy una tonta, ése es Jon Targaryen.

El moreno le echó una mirada rápida al príncipe valyrio. Y luego le restó importancia al reclamo con un sacudir de hombros.

-Trabajamos en las sombras, no creo que nadie más lo note.

-Te arriesgas demasiado. -Presionó ella.

-¿Qué puedo decir? -Le sonrió, una sonrisa que dejaba ver todos los dientes. -Me encantan los baños de sangre.

Miranda no tuvo más que guardarse sus reclamos y ayudar a mantener aquél peligroso secreto.

...

Por los siguientes días las cosas marchaban bien. Sorprendían movimientos enemigos en emboscadas que éstos no creían posibles. Y pronto se rumoreó la existencia de un escuadrón clandestino, formado por renegados que actuaban fuera de la jurisdicción del ejército norteño, pero que sin duda estaba de parte de Westeros. Gracias a sus ataques sorpresa tenían muy pocas bajas.

Todo iba bien.

Hasta que dieron con un pueblo del Norte que estaba acogiendo a los traidores.

-¡Me pides que mantenga vivo tu escuadrón, pero no son más que asesinos!

Jon, que se había integrado tan bien al escuadrón. Jon, que participaba activamente en cada uno de los enfrentamientos. Jon, que no tenía problema con tomar las vidas de sus enemigos... estaba furioso entonces. Los hombres al aire libre, a las afueras del pueblo, escondidos entre los bosques.

-Por favor, ¿qué clase de escuadrón de limpieza deja vivos a sus presas? -contestó Ramsay con fastidio.

No habían hecho distinción en aquél ataque. Sus hombres habían disparado a matar a todos y cada uno de los habitantes de aquél pequeño pueblo, cerca del paso de los lobos. Hombres, mujeres, ancianos, niños y bebés. Todos masacrados. Todos muertos.

-¡Esto está más allá de eso! -refutó Jon.

Y entonces algo estalló en el interior de Ramsay.

-Eso es lo que tú crees. -Le cortó, gruñendo las palabras y poniéndose de pie para encararle. -Has visto tan poco de la guerra que por eso no lo comprendes.

-Nosotros no trajimos la guerra. -Contestó Jon de la misma forma.

Y entonces Ramsay se quebró en carcajadas.

Una risa que empezó burbujeante y estalló como el champagne al salir de la botella. Sin dejar de reírse, el Bolton caminó por delante del Targaryen girándose para ver a sus subordinados.

-Esto es guerra. -Le dijo extendiendo los brazos y con la sonrisa de maniaco que mostraba todos sus dientes. -¿De qué otra forma piensas doblegar voluntades? -Le cuestionó con burla y avanzó por entre sus hombres, señalando a cada uno. La risa se fue perdiendo de sus palabras conforme seguía con su discurso. -Mira las caras de cada uno de ellos. Tienen un empleo de mierda y probablemente montones de pesadillas por las noches; así que qué mas da que lo disfruten! -Gritó en reclamo, dejando en evidencia ahora su cólera. Volvió a acercarse a él. -Eso es lo que nos permite seguir quitando vidas, sin volvernos locos, sin sucumbir a convertirnos en verdaderos asesinos. Somos limpiadores. -Escupió. -Y discúlpame si no lo hacemos lindo, pero hay una razón para evitar el que parezca que fue el mismo Norte el que ha hecho tales fechorías.

Jon inspiró con fuerza, consciente de que no tenía mucho qué argumentar ante aquello más que el propio peso de su conciencia.

-Concordaría contigo si no los hubiese visto destrozar la villa entera. -Reprochó, siendo consciente de las miradas que le dedicaban ahora sus compañeros.

-No lo entiendes. -Dijo más para sí, la risa pegada a sus palabras, la incredulidad resaltada en su expresión. -Esto. Es. Guerra. -Gritó. Y su desplante se volvió el de un profeta predicando su mensaje de salvación. -Un niño que dejes vivo, cobrará venganza años después. Nosotros eliminamos las posibilidades. Somos el medio de un fin más grande. Y lo más importante, no torturamos "inocentes".

Una vez más, Miranda llegó con noticias nuevas. Un jeep se internó en el área entonces, la chica se bajó antes de que el vehículo siquiera frenara.

-¡Ramsay!

El aludido no podía estar más contento con la interrupción de su segunda al mando. La había mandado después de todo en una misión y le había dado la orden de no volver hasta cumplirla.

-Miranda, ¿qué noticias nos traes? -preguntó en tono alegre, consciente del preso que iba en la parte trasera del jeep.

Miranda se detuvo a dos pasos de distancia de su superior. La expresión satisfecha de su rostro parecía hacerla brillar. El Bolton podía haberla besado entonces.

-Finalmente lo encontramos. -Le dijo ella.

-¿A quién?

Ramsay sonrió aún más al escuchar a Jon, por detrás de sí, preguntar aquello. El Targaryen era un manojo de nervios, podía sentirlo. El Mayor inspiró largamente, respirando el aire saboreándolo.

-Quizá cambies de parecer con el prisionero que Miranda te acaba de conseguir -Le dijo, satisfecho de ver el temor en los ojos grises de su compañero.

-Lo dudo mucho. -Contestó éste apenas.

El moreno rió por lo bajo.

-Ya veremos. ¡Prepárenlo! -Ordenó.

Sus hombres se pusieron sobre la marcha. Bajaron al prisionero y se encaminaron hacia la base instalada a las afueras de aquella ya destrozada villa. Ramsay notó el nerviosismo del Targaryen, que caminaba por detrás suyo y que, a diferencia del resto del grupo, su expresión no reflejaba excitación.

-Bienvenido a la sala de la verdad. -Exclamó el Mayor al entrar al recinto con los brazos extendidos, tras haber llegado a éste por un lago pasillo que parecía más bien un túnel.

Jon miró a detenimiento aquella sala.

Estaba hecho de pura roca y el piso era de concreto. A pesar de tener el techo alto, daba la impresión de estar en una habitación pequeña debido a lo cargada que estaba ésta de humedad, y en parte también a la oscuridad que la dominaba. Salvo dos sencillas lámparas, que colgaban del techo y desprendían una tenue luz amarilla, aquél lugar estaba en sombras. Una única ventanilla alta se encontraba al fondo de la habitación, la puerta principal y una puerta semiescondida en la parte derecha de la misma.

Jon tragó seco. El cuerpo le sudaba y las manos seguían hechas puño. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al ver las dos mesas repletas de distintos "utensilios" de tortura, muchos de los cuales no sabía para qué servían y otros tantos de uso común que jamás creyó que pudiesen usarse para tales medios. La pared opuesta a donde se encontraba el acceso oculto estaba cubierta de lazos y cuerdas colgando la misma. Muchas con el propósito de ahogar a los presos y otros con el de azotar el cuerpo de éstos.

-Esta es una cámara de tortura. -Declaró, sintiéndose desfallecer.

Miranda soltó una risa cantarina.

-Bueno, estamos tratando de conseguir respuestas o no? -le dijo, ordenando con la mirada a dos de sus compañeros el que ubicaran al prisionero en el suelo.

Los hombres siguieron la silenciosa orden y arrojaron al hombre en el centro, el cual cayó de rodillas, evitando caer de lleno contra el concreto. El príncipe sintió un dolor en el pecho, algo parecido a una mezcla de compasión y lástima le hizo un nudo en la garganta.

-¿Cómo sabes que no te dicen sólo lo que quieres escuchar para que los dejes en paz? -cuestionó, todavía intentando sonar retador, pero el temblor de su cuerpo lo delataba.

Ramsay le sonreía de medio lado.

-Estás a punto de comprobarlo por ti mismo.

Jon enarcó una ceja con sospecha.

-¿A qué te refieres?

El Bolton se sentó en una de las sillas ubicadas a la derecha, en donde había una mesa larga limpia y vacía de cualquier objeto.

-Tú serás quien interrogue esta vez -le informó.

Los ojos de Jon se abrieron en sorpresa y miedo.

-¿No vas a interferir?

Ramsay volvió a reír, fue una risa casi silenciosa, con cadencia y verdaderamente divertida.

-En lo absoluto, aunque puede que haga un par de comentarios. -Confesó. Miró entonces a sus hombres. -Descúbranlo. -Ordenó.

A Jon el alma se le fue hasta los pies, tras ver el rostro que había estado oculto hasta entonces.

-¡Jarl! -exclamó, avalanzándose a éste.

Mas fue detenido al instante por dos más de sus compañeros que estaban por detrás de él.

-Ah, no, no, no. -Le reprochó Ramsay de manera juguetona. -Prohibido desatar al prisionero.

Jon estalló en rabia.

-¡Estás loco! ¡Él no es un enemigo! -Soltó, forcejeando con sus captores. -¡Es un aliado del Norte, por años lo ha sido!

La sonrisa abandonó el rostro de Ramsay, se acomodó en la silla, una pierna doblada encima de la otra.

-¿Estás seguro? -cuestionó con solemnidad y de pronto Jon fue incapaz de pronunciar palabra. -Verás Snow, las traiciones se llaman traiciones, precisamente porque no vienen de un enemigo, sino de un amigo. -Le recordó y sus palabras hicieron que a Jon la sangre se le helara. -Ahora, como lo prometí. Si quieres saber la verdad, tendrás que sacársela tú.

Jon respiraba con dificultad, pero había dejado de forcejear y los mercenarios que lo habían retenido lo soltaron entonces, alejándose apenas dos pasos de distancia. El moreno miró a Jarl con expresión desesperada, todavía incrédulo y deseando que cada una de las palabras del Bolton fuesen mentira, pero temiendo en su corazón que su deseo era uno imposible.

-Jarl, di algo. -Le dijo. -Defiéndete. -Rogó.

Por su parte el muchacho del pueblo libre, permanecía con la misma expresión clavada en algún punto distante del suelo frente a sí. Llevaba las manos amarradas al frente, las sogas usadas manchadas con sangre tanto seca como fresca. Tenía una cortada en el labio inferior que no era tan profunda y moretones dispersos por su cuerpo; las ropas sucias de días de estar a la intemperie. La mandíbula tensa, al igual que su postura.

Se escuchó un suspiro, uno largo y aburrido, además de decepcionado. Había sido Ramsay.

-Miranda, ¿por qué no traes algo de cenar? Parece que Snow se llevará toda la noche intentando conseguir una respuesta del prisionero.

Una serie de risas se repartieron por la sala. La aludida por su parte, que estaba de pie por detrás del prisionero, sacó uno de sus cuchillos de su cinturón de armas.

-¿Por qué no lo ayudo mejor? -ofreció sonriendo, avanzando hasta Jarl.

-¡No! -Gritó Jon, congelado en su lugar tras ver cómo sin ningún miramento, la chica cortó uno el pulgar de una de las manos de Jarl, imposible saber cuál a esa distancia.

El salvaje gritó. Respiró con dificultad entre el dolor y la voluntad de mantenerse impasible. La teniente le tomó la cabeza por la negra melena y se la jaló hacia atrás para poder verlo a los ojos.

-Habla, si no quieres ser machacado a pedacitos -Le advirtió y luego bajó la voz hasta ser casi un susurro... -y ya sabes a quién se los enviaríamos.

Jarl le enseñó los dientes pero se notaba que se había rendido, Miranda le enseñó a su vez en una sonrisa maniaca.

-¡Dijiste que sólo yo lo interrogaría! -Reclamó Jon a Ramsay.

El aludido, que para entonces ya se había encendido un puro, le miró con expresión adusta.

-Dije que yo no interferiría, jamás mencioné nada de Miranda -se burló. Y sus hombres lo hicieron igualmente. -Y yo que tú me apresuraría. Quizá no lo sepas, pero este sujeto es muy codiciado aquí, después de todo era un doble espía.

A Jon el corazón se le saltó un latido.

-Eso no es cierto, ¿verdad que no Jarl? -le cuestionó.

Jarl, que para entonces ya se había tranquilizado y que apretaba las manos manchadas de sangre, escupió por delante de él.

-No soy tu amigo Jon Targaryen. -Confesó, con desprecio en cada una de las palabras dichas.

La risa de Ramsay se había extendido entonces.

-Finalmente habla -dijo. -Y su primer confesión es que no es tu amigo -volvió a reír. -Si, recuerdo bien, fueron las mismas palabras que le dijo a Theon Greyjoy antes de matarlo. ¿No es así?

Las risas se apagaron. El Bolton se percató de toda la gama de terribles emociones que el Targaryen estaba sintiendo en ese momento, además de que caía en cuenta por fin, que parte de aquél improvisado escuadrón de limpieza tenía algunos hombres de Hierro. Ramsay vio quebrarse la imagen que Jon tenía de su supuesto amigo, entender por fin que aquél era un escuadrón de venganza.

Desfallecido, miró al prisionero con la incredulidad y el horror brillando en su rostro.

-Era tu amigo -susurró.

Jarl rechinó los dientes antes de responder.

-Él era mi enemigo. -Refutó. -Esa unión era un insulto para mi pueblo. Y las provisiones que recibíamos del Norte se verían reducidas si Winterfell se comprometía a levantar las Islas de Hierro a su antigua gloria. Era un pueblo que dependía de los Targaryen, no eran reyes pero se sentían como tal. No podíamos permitir que restablecieran la monarquía.

Jon analizó cada palabra.

-No tiene sentido. Theon jamás hubiera hecho lo que insinuas.

-¿Ah no? -cuestionó con cierta burla -quizá no sabes mucho de historia, chico Targaryen, pero ellos fueron los primeros piratas, saqueadores del Norte. -Su voz se fue elevando mientras hablaba. -¿Realmente crees que por que una generación se volvió tu amiga el resto de los nobles seguirían un pacto en el que no creían desde el inicio de la guerra? Eres tan ingenuo como estúpi-

Mirando lo golpeó. Un golpe limpio a la quijada que lo cayó al instante, sangre le escurrió al mismo de la boca.

-No me gustan los tipos que alardean -dijo como justificación.

-Está bien Miranda -habló Ramsay -es aburrido de cualquier forma si no hay algo de violencia de por medio.

-No es necesario -volvió a sostener Jon.

El Mayor le miró entre irritado e incrédulo.

-Dices eso porque crees que fue su único crimen y que ese crimen tiene hasta cierto punto una justificación. -Señaló, ya no había rastro de sonrisas en su rostro.

-Dijiste que esto era una guerra -Le recordó Jon.

-Claro, finalmente decides reconocerlo. Pero estás siendo un hipócrita. -Se inclinó al frente -Dime. ¿Serías tan considerado si no se tratase de alguien a quien considerabas tu amigo?

El silencio se extendió.

-No. No lo serías. -Contestó lo obvio por él. - Pero verás Jon Snow, hay algunas cosas, algunas traiciones que ni siquiera la mejor de las justificaciones y ni mucho menos una ¡maldita amistad de por medio son suficientes para perdonar!.

-¿De qué hablas?

Ramsay se levantó de un salto, percatándose de que Jarl había agachado la cabeza casi al instante, el labio inferior le había comenzado a temblar. El Bolton le señaló con la mano mientras avanzaba hasta quedar de frente a éste.

-¡Él es la razón de que Arya Stark esté perdida!

Jon notó que Jarl se había encogido en sí mismo, hasta parecer un niño regañado. Evidenciando en ese gesto lo culpable que se sentía y lo cierta que era aquella acusación.

-No siempre fue así. -Murmuró con voz ahogada.

-Oh, ¿entonces dices que tu amistad con Arya no fue fingida pero de repente te dejó de importar? -dijo con cinismo. -¿Qué pasó chico salvaje? ¿Molesto porque ya no te dejó jugar con sus muñecas?

-No fue siempre así. -Repitió con más fuerza.

La rabia se instaló en el pecho de Ramsay. Tan densa que el resto de los presentes, incluido Jon, fueron incapaces de moverse o decir nada para detenerle.

-¿Qué cambió entonces? -Cuestionó con sorna. -¿Una nueva amenaza? ¿Una nueva oferta? -Se inclinó a la altura del rostro de Jarl y lo tomó del cuello. -¿Una nueva vida? -susurró, pero lo suficientemente alto para que todos lo escucharan. Luego se alejó de éste como si le repugnara mirarlo siquiera.

Jarl se removió en su posición en el suelo.

-Winterfell abandonó al pueblo libre tras la unión de Sansa Stark y Theon Greyjoy. -Soltó, elevando la voz una octava las palabras le salieron a borbotones al instante siguiente. -Se olvidaron del pacto hecho empezaron a tomar recursos de las tierras libres para suministrar las tropas de la guerra; incluso cuando nuestra postura había sido clara en no participar. Mance sabía incluso de los experimentos que se realizaban en el Muro, el desarrollo de bombas que sólo prometen erradicar la vida y cuyas pruebas contaminaron distintos ambientes. Hubo muchos desacuerdos y siempre se obvio la voz del pueblo libre.

Ramsay estuvo sobre él al instante siguiente, había tomado una soga de cuero grueso y le había abofeteado el rostro con ésta. La sangre le salpicó las ropas.

-¡¿Y es por eso que mataste a una niña inocente?!

Jarl, con la cara sobre el suelo, apenas y murmuró una respuesta.

-No se suponía que terminaría así. -Se lamentó.

El corazón se le oprimió a Jon.

-¿Entonces está muerta? -Dijo apenas...

-¡No lo sé! -Respondió entre lágrimas.

Miranda lo levantó de los cabellos, obligándolo a hincarse una vez más. Ramsay volvió a azotarlo mientras su segunda al mando lo sostenía.

-¿Cómo no puedes saberlo? -Cuestionó. -Tú fuiste, después de todo, el que vendió la información del embarazo de la princesa Arya Stark de Winterfell a Viserys Targaryen.

-¿Qué?

A Jon el alma se le cayó hasta los pies. Pero ni Ramsay ni Jarl se dieron cuenta de su reacción.

-Vinieron con una oferta, nos enviaron lo suficiente para sobrevivir el invierno. -Se justificó el salvaje. -Nos dieron medicinas, insumos que Winterfell daba a cuenta gotas. ¿Cómo podíamos decir que no? Jamás imaginamos que harían un ataque masivo.

-Así que ahora culpas a la propia condición ignorante de tu gente. -Gruñó el Mayor.

Mientras Jon seguía procesando aquella información que hasta ese momento había desconocido.

-¿Embarazada?

Miranda fue la única en darse cuenta.

-Ramsay. -Le llamó la atención a su compañero con la vista clavada en el Targaryen.

El aludido al ver la expresión de la mujer, se giró en dirección a Jon. Éste, tenía el rostro pálido como si estuviese viendo fantasmas, y se miraba las manos con ojos desenfocados; su respiración era complicada y el sudor le marcaba la piel.

-¿Arya estaba embarazada...? -soltó en voz estrangulada. Una declaración que sonaba como una pregunta a sí mismo.

Y Ramsay supo que en ese momento, Jon estaba viendo el fantasma de su amada. En su expresión se notó que estaba recordando una escena pasada, una que había dado por alto y que le habría podido informar de aquello desde mucho antes.

"Me siento mareada."

-¡oh! No lo sabías -soltó el Bolton, sintiendo cómo Jarl levantaba la vista igualmente sorprendido de que Jon ignorara aquello. -¿Entonces cómo es que esta rata supo? -el salvaje volvió a bajar el semblante. -¡Oh, lo sé! -Soltó divertido, volviendo a dar un azote al chico. -Porque la espiabas, desde el inicio tenías la misión de matarla.

-¡No! -ritó con fuerza. -Se ordenó llevarla a Valyria, con vida. -Confesó, pero sus ojos miraban a Jon, de repente suplicante. -Era sólo el bebé al que teníamos que...

La voz se le perdió tras decir aquello, las lágrimas cayendo libres por sus mejillas, unas seguidas de otras. Jarl apretó los párpados, mientras dejaba salir un sollozo; dejando claro que se arrepentía de aquello.

-Así que en verdad, eres tan vil como la gente que desprecias. -Volvió a presionar Ramsay. -Matar a un niño no nato.

-No fui yo. -Tartamudeó y luego levantó la vista hacia a Jon -¡Lo juro!

Afonía.

El silencio se extendió.

Jon seguía con la mirada perdida, el semblante caído y las manos a los costados en postura vencida.

-No importa, tú fuiste el que soltó la información al enemigo. -Ramsay rompió aquél silencio por fin. Arrojó el látigo, dándose cuenta del cambio en el Targaryen y dio medidos pasos lejos de éste. -Y si fue pedida por quien dices, si ella recorrió aquella distancia... no puedo comenzar a imaginar la clase de cosas que le habrán hecho. Y al mismo tiempo imploro, aunque sé que es en vano, el que no le hayan dado la peor de las torturas para una jovencita de su edad.

Por una vez la expresión de Miranda era adusta, marcada de desprecio.

-¿Cuántas veces la han de haber violado ya? -Inquirió con las manos hechas puño.

-Tuve que elegir entre Val y ella, Jon. -Se apresuró Jarl a justificarse, sintiendo él también el cambio en el aire, la tensión y el peso de un odio que irradiaba el cuerpo de Jon Snow. -¡Tú habrías hecho lo mismo! -Gritó desgarrándose la voz en el acto.

Mutismo.

Todos los presentes miraban al príncipe.

-¿Jon? -Le habló Ramsay intentando lucir confuso, pero internamente seguro de lo que pasaría a continuación.

-Lo dijiste tu mismo... -dijo Jon al fin.

Jarl abrió los ojos tan grandes como platos, entendiendo su sentencia entonces. Las palabras no dichas flotando invisibles en el aire.

"Tú eres mi enemigo."

...

Y el último recuerdo de la sonrisa de Arya en la mente de Jon...

"¡Jon!"

...fue lo que terminó jalando el gatillo.

...

-¡Aah!

Jon se abalanzó sobre él.

Histérico. Loco de ira.

Las manos directas al cuello del salvaje, lo levantó en un movimiento y lo empujó contra la pared al fondo. Azotándole la cabeza una y dos veces contra la piedra húmeda. Lo arrojó de vuelta al suelo. Lo pateó en el estómago repetidas veces. Se puso por encima de él y a puño cerrado lo golpeó.

Perdió conciencia de sí mismo, él sólo quería hacer sufrir. Desarmar y quebrar como lo habían quebrado a él.

Mientras todos observaban quietos, cómo poco a poco y luego más rápido el príncipe Targaryen se iba convirtiendo en un carnicero.

Sus manos dieron con pinzas, con cuchillas... y cortaron cuanta piel se les atravesó en el camino.

Iba y venía con prisa de la mesa al salvaje que tras los primeros ataques con arma de corte, había perdido la fuerza para defenderse.

Jon gritaba...

Las lágrimas invadiéndole el rostro.

En algún punto un martillo llegó a sus manos y le quebró las piernas y los brazos a su enemigo, todo mientras en su mente se dibujaban recuerdos de su amada Arya.

Sollozaba...

Bajo la maldición de aquellas memorias y lo que significaba tener que pensar en ella, pequeña e indefensa en las manos de asesinos y violadores. En manos del monstruo de su tío Viserys... y entonces las manos agarraban con mayor fuerza el arma y golpeaba.

Arya se abría defendido, se dijo. Su valiente loba, habría peleado con uñas y dientes...

Ella habría peleado de vuelta...! Trató de convencerse.

¿Y para qué?

Al final, se la habían llevado, la habían arrancado de sus manos... La habían hecho madre de un niño muerto.

"Hazme un heredero"

Tomó una daga, con el filo mordido y le abrió el vientre.

Jarl no duraría más tiempo, notó Ramsay, ya había perdido el conocimiento. Aquello debía ser un festín se dijo.

Pero al ver las expresiones de todos, incluida la de Miranda, esa criatura que no se inmutaba ante nada. Ramsay supo que no era el único que sentía tanta tristeza. El corazón oprimido en el pecho, era la miseria de Jon lo que estaban sintiendo todos en ese momento.

Jarl estaba muerto.

Pero Jon seguía masacrando el cuerpo, en medio de lágrimas y gritos...

Que Ramsay no pudo soportarlo más. Tomó a Jon por el torso y comenzó a alejarlo del cuerpo destrozado en el suelo.

-Es suficiente Jon, ¡es suficiente! -gritó intentando contener al muchacho que forcejeaba por liberarse y volver a lo que había estado haciendo. -¡Jon, basta!

Tan pronto se movió el hechizo se rompió en el resto. Tres hombres más se acercaron de inmediato a ayudar a su superior. Mirando y otro más alejaron el cuerpo, arrastrándolo por el suelo.

Ramsay golpeó a Jon en el estómago, consiguiendo sacarle el aire. El moreno tardó un instante antes de recobrar el aliento, su mente al fin libre de aquél lapso de locura. Dejó de forcejear al fin y su cuerpo languideció. Los hombres de Ramsay lo sostuvieron apenas.

Miranda tenía lágrimas en el rostro al igual que todos los demás.

Jon seguía desgarrándose el alma a sollozos. Se aferró a Ramsay y éste, sin saber porqué, sin entender lo que estaba sintiendo, envolvió al Snow en un abrazo, permitiendo que el mismo llorara hasta calmarse. Por encima del hombro de Jon, su mirada se cruzó con la de Miranda y el corazón se le estrujó aún más en el pecho.

Sabía lo que Jon sentía. Y sin reconocerlo, él también se aferró al chico en un momento en que sentía que se ahogaría si no lo hacía.

"¿En qué me he convertido?"

...

Horas después, habían terminado de limpiar aquella sala. Las manchas de sangre que antes habían cubierto el suelo ya no se veían. El Bolton le había dado al Targaryen el suficiente tiempo para calmarse, para admitir su derrota en la rencilla que habían tenido un día atrás. Y por la expresión que vio en el semblante del príncipe entonces, aún horas después de aquél arrebato de ira, sabía que el muchacho estaba de su lado enteramente por fin.

-Pensé que serías tú quien lo mataría. -Le dijo Miranda abrazándolo por la espalda.

-Arya me pidió que lo matara lentamente con las peores torturas. Pero realmente odiaba a este tipo, tanto, que lo habría matado de un solo tiro. -Confesó, mirando a Jon de pie a orillas del campamento.

-No valía la pena para ti. -Le dijo ella.

Él negó con la cabeza.

-No era mi pelea.

-Deberías ir a hablar con él. -Le aconsejó, soltándolo.

La postura de Jon era tensa, su expresión adusta, dura y su respiración marcada. Miraba sin mirar hacia la distancia, afuera a la intemperie, con los ojos todavía cargados de ira, pero también de dolor. Uno profundo. Uno que no le permitía llorar ya. Era un dolor que lo estaba matando internamente pero que no le permitía llegar al final. Se había enterado de demasiados secretos en aquella sala. De una traición tan grande...

De que había podido ser padre...

Si tan sólo...

¿Si tan sólo qué? No sacaba nada de pensar aquello, había perdido esa posibilidad; pero Ramsay sabía que incluso así, él estaba pensando aquello. Caminó hasta pararse a un lado de éste, mirando en la misma dirección que el mismo.

Por un instante ninguno de los dos dijo nada. Mirando el paisaje delante de ellos.

-Quiero seguir -soltó al fin.

Ramsay rió por lo bajo, un sonido apenas.

-Sabía que elegirías bien. -Contestó.

Y el pacto estaba sellado.

Se abrieron camino de vuelta al Muro. Ned Stark seguía en estado comatoso tras el ataque a Winterfell y Rob seguía gobernando desde la base militar. Pero a diferencia de las otras veces, Jon por fin se había convertido en un limpiador. Ramsay veía el vacío en los ojos del muchacho y se sorprendió sintiéndose ofuscado, molesto incluso; como si hubiese cometido un terrible crimen. Pero se obligó a no pensar en ello.

No podía echarse atrás ahora.

Y, sin embargo, día tras día sintió el cambio en sus emociones.

Éste no era el Jon que su Arya amaba e igualmente no tenía dudas, de que su amiga le aceptaría de igual forma.

Y eso lo enervaba.

...

Estaban a días de llegar a Puerta de Hielo, con un Jon dispuesto a revelarse con tal de conseguir el modo de ir en busca de Arya hacia Valyria. Dispuesto a trabajar de la mano de Daenerys incluso, todo con tal de recuperar a su prometida. Pero el destino tenía otros planes para ellos.

-Ramsay telegrama.

Recién habían instalado el campamento para pasar la noche, decidiéndose las primeras guardias, cuando la base de Lord Bolton había hecho contacto con ellos. El aludido leyó la tira de papel y tras terminar de hacerlo la arrugó con fuerza apretando la quijada.

-No va a gustarle esto. -Dijo al fin.

Miranda lo miró con verdadera preocupación.

-¿Qué dice?

Ramsay se llevó las manos a la cabeza, hundiéndolas en su negra melena en un gesto claro de frustración. Todo por lo que había trabajado se había desmoronado frente a él con aquella noticia.

-Rob Stark va ha dado la orden de lanzar una bomba atómica sobre el país de Valyria. -Soltó, con la cabeza todavía entre las manos.

Miranda parpadeó confusa, sin saber qué decir en un primer momento.

-Pero Arya fue enviada allá.

-Y él no lo sabe. -Le recordó con desesperación.

-¿No podemos avisarles?

El pelinegro se levantó con pesadez, un halo de derrota en sus orbes grises.

-El avión ya ha partido del Norte, el aviso se dará a las 23 horas de hoy, precisamente para evitar el que lo prevengan.

Su teniente se llevó las manos a la boca tras una exclamación.

La princesa Stark estaba perdida. Esta vez sería para siempre.

...

Las noticias del silencio tras la bomba atómica se extendieron como la marea al caer la noche, cada vez con más fuerza hasta convertirse en gritos. Fue el fin oficial de la guerra. Prácticamente porque no quedaba nadie en pie del franco enemigo para seguir peleándola. Mereen se rindió apenas cuatro días después de aquél terrible holocausto y se convirtió en tierra de Dhotrakis. El Norte se mantuvo como ganador de la Segunda Gran Guerra, era el único país con bombas atómicas y un halo de temor se cernió por encima del resto de los países del mundo. El Norte se había convertido en la primer potencia mundial.

Y a su vez en el primer enemigo del mundo.

Ramsay encontró a Jon en el jardín del área médica del Muro. El Bolton se sentía tan culpable, como nunca antes en su vida se había sentido; al grado de casi aceptar que se sentía triste. Incluso él no era inmune a las emociones humanas y Jon sin duda lo había vuelto más empático de lo que hubiese gustado admitir. Por otro lado, tras ver las terribles repercusiones de la bomba atómica sobre la que antes era la capital de Valyria, el Mayor temía que ya no había forma de lograr el que el Targaryen mantuviera su escuadrón con vida.

Todavía le causaba escalofríos el recordar la reacción del Targaryen cuando se enteró de la noticia. Había seguido con el plan de rebelarse frente a Rob y lo había hecho, pero había omitido la información de que Arya había sido enviada a Valyria; el Bolton entendía perfectamente el porqué lo había hecho, sólo provocaría dolor a la familia Stark saber aquello.

Suspiró.

Entró en el recinto y se sentó al lado de Jon en la misma banca que éste estaba. Pero se sorprendió de ver la expresión en el rostro del moreno. Contrario a lo que esperaba, no se veía vencido; al contrario, se veía decidido. Ramsay lo entendió entonces.

-Todavía no crees que ella esté muerta.

Jon inspiró con fuerza y dejó salir el aire lentamente, como si requiriera hacerlo para mantener la calma.

-Tengo que hacerlo. O me volveré loco. -Le dijo.

Ramsay asintió, en total desconcierto. Era nuevo en este tipo de emociones, así que se destanteó aún más cuando Jon le miró un instante después y le dijo...

-Mantendré el escuadrón.

Sus ojos se abrieron como platos, esperanzados.

-¿Lo harás?

Jon sonrió con algo de tristeza.

-Incluso yo estoy lleno de demonios. -Confesó.

Ése fue el inicio de la organización de espías bajo el nuevo régimen Valyrio, una vez Daenerys se instaló en lo que quedaba del reino dragón. Ramsay se hizo una promesa a sí mismo entonces, durante los siguientes años, se dedicó a buscar a Arya Stark de Winterfell...

...y casi la encuentra.


A/N: Tenía ganas de ver a Ramsay siendo malo pero con un buen propósito...