Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-Gata domestica-


-Terrenos Gremory – Inframundo-

Grayfia no le había mentido. La responsabilidad apestaba.

Hasta la fecha, la misma esposa de Sirzechs Lucifer se había hecho cargo de todo lo concerniente a él. Mientras viajaba haciendo el burro por todos los mundos ella rellenaba interminables libros de contabilidad…

Eso había cambiado.

La llegada de Lavinia, por decisión propia, había resultado en un detonante que quizás sus padres estaban esperando. Dándose un inesperado traspaso de poder y más importante, de competencias.

Issei contaba con una asignación anual, mensual al estar fraccionada para facilitar su gestión. El alquiler de la propiedad en Fukuoka, todos los gastos escolares, así como los costes de la producción de la barrera del templo, por no olvidar cada viaje al mundo humano y viceversa. Cada vez que cruzaba la frontera pagaba unas tasas… Que no eran baratas.

Lavinia iba a tener un salario, entre otros cargos económicos, que debían salir de su asignación. Una asignación que pronto se quedaría corta. Porque si su familia traspasaba a todo el personal de la Guarida del Dragón a sus terrenos…

Una manera de compensarlo era el sorprendentemente oportuno negocio con los youkai del este. Zeoticus lo había cedido todo íntegramente a su parcela de acciones. Pero necesitaban empezar a cosecharlos ya si querían… Y ni siquiera podía decir que era una oportunidad de negocio, aún no había recibido respuesta.

La información había sido enviada a las principales fuentes y medios de información. En pocas horas seria voz populi. En algunos días todos los demonios más importantes del Inframundo sabrían de Lavinia.

El contrato estaba listo, su censo y registro civil también. Los papeles estaban enviados… Solo faltaba ver que terrenos quería ella…

Acariciándose la barbilla, Issei se levantó de su asiento. Su pesado asiento de cuero negro, para caminar hasta la ventana, una ventana de sus terrenos en construcción.

Había pasado una semana larga… Y bueno, estaban lejos de ser las semanas más pacificas de su vida.

Lavinia se había integrado. Venelana la quería, lo mismo Zeoticus. Grayfia le había tomado afecto y la estaba formando con profesionalidad… Rias… Bueno, ella era otra historia.

Su hermana mayor parecía flotar por todos lados. Con sus mofletes permanentemente inflados. Tenía tanto aire en las mejillas que parecía que se movía flotando por el castillo… Gruñendo sin decirle nada paseándose por todos lados. Inquieta. Absolutamente irritada y enfadada. Su relación con Lavinia era tensa. No la trataba mal, pero no había cordialidad. Ni rastro de la dulzura que la caracterizaba (con él).

Rias no se lo había tomado muy bien. No se lo iba a cuestionar, a saber que habría hecho él en su situación. Aunque no suponía un problema a corto plazo, apenas había visitado el castillo. Venir, venia, pero no interactuaba. Siempre se quedaba lejos, mirándolo en la distancia, matándolo con la mirada.

Casualmente siempre los interrumpía cuando se quedaba a solas con su preciosa alfil… Como la última vez… Teniendo a Lavinia apoyada contra su escritorio, la falda levantada, mojadita… Y la pelirroja irrumpió en su despacho. No recordaba que quería, solo sabía que era una tontería y que quería eso, interrumpir.

La mirada agresiva con la que Rias se había despedido no auguraba nada bueno… Aceptaba marcharse, pero volvería, volvería con la furia y la fuerza de mil volcanes en erupción.

Pero ya se encargaría llegado el momento…

Sentado en su asiento, en la terraza del castillo en construcción, observando el paisaje frente a él. La inmensidad del mundo demoniaco. Las interminables parcelas de terreno que sus padres le habían entregado.

Dominios que trabajar y un sueño que cumplir. Los terrenos eran suyos… Y se sentía con la obligación moral de sacar lo mejor de ellos.

Una figura caminó hacia él, descalza y con solo un camisón blanco. Colocando sus manos en sus hombros.

-¿Estas preocupado por algo?- preguntó la voz, con dulzura.

-Dime que estas bien, por favor…- susurró Issei colocando una de sus manos sobre las de ella.

-Oh, Issei…- separándose, caminando hasta la barandilla, observando el paisaje –No… No tengo palabras-

-…-

-Formar parte de esto…- mirando el cielo –No me importa el dinero, ni las ropas con las que me vistan… Venelana me respeta, me valora… Y me quiere como a una hija…- llevándose su mano al pecho –Zeoticus se preocupa por mí. Las sirvientas me tratan con cariño… Nunca, nunca me había encontrado en una situación así…-

-Lavi…-

-Esto es solo el principio… Lo se… Pero… Hace unas semanas estaba muerta de frio, en un apartamento desconocido… En un país extraño… Sola, sola y asustada… Ahora estoy rodeada de calor, de personas que me quieren, ya no tengo frio… Tengo una familia…- girándose, mirándolo fijamente –Y lo más importante… El amor correspondido de mi amor…- sonriendo cálidamente, mirando el anillo en su mano –Mi futuro pasaba por formar parte del aquelarre de Augusta, estudiar en alguna academia y obedecer y obedecer… una bruja… Buscada y odiada… Despreciada hasta ser cazada…-

-Lavinia Hyodo no será buscada, despreciada ni cazada. Será amada, respetada, temida… Adorada- dijo Issei levantándose de golpe, acercándose a ella.

-¿Quién me adora?-

-Yo, enormemente- envolviendo su cintura con sus brazos -¿Entonces no te arrepientes?-

-No podría aunque quisiera… Mis sentimientos no pueden cambiar. ¿Lo recuerdas?-

-Miénteme al menos… Hazme el favor…- estrechando a la rubia contra su cuerpo, levantándola ligeramente, girando sobre sí mismo.

-No pienso mentirte… No ahora, nunca… Eres el sol de mi vida, mi calor… Te amo y ser tu compañera para toda la eternidad es la mejor decisión que podría haber tomado…-

-Me alegro de que pienses eso…-

Soltándose, Lavinia se sentó en la mesa, viendo como Issei se colocaba en su silla, frente a ella, observándola.

-Hace una semana que soy tu esclava, no me siento como tal-

-Eso es música para mis oídos-

-¿Pero tiene que ser así?-

-¿Hay quejas? Escucharé cualquier petición que tengas…-

-No me has dado ninguna orden-

-¿Y cuál es el problema?-

-Que no me siento como una… esclava?-

-Lavinia… Esa es precisamente la idea…-

La bruja lo miró extrañada.

Issei se levantó, abriendo por completo las persianas.

-¿Ves todo esto?- señalando el campo y los terrenos –Este es mi legado. Mi responsabilidad… Tengo que hacer de esto lo mejor posible…-

-Y estoy segura de que lo harás bien…-

-FALSO!-

Lavinia parpadeó repetidas veces. ¿Dónde se había equivocado?

-Mi legado seréis vosotras. Mis más preciosas y queridas mujeres. Flores plantadas que quiero y voy a cuidar. Eso implica que primero quiero que estudies, te acomodes… Seas parte de la familia. Si me dices que eso está pasando, estoy contento- volviendo a su asiento.

-Me siento cuidada, pero no me quiero integrada…-

-¿Dónde?- exclamó Issei preocupado, echándose hacia adelante.

-A ti-

-¡!-

-Soy tu esclava… Déjame serlo-

Echando contra el respaldo, Issei la miró fijamente. Acariciándose la barbilla.

-¿No prefieres ser la hija Gremory?-

-No he venido aquí para ser una Gremory… He venido por ti…-

Suspirando pesadamente, el castaño acarició las piernas de la rubia. Riendo levemente.

-¿He dicho algo gracioso?- preguntó la joven con inocencia.

-Solo pensaba que obviamente esto no iba a ser tan sencillo… Y de que ya la he fastidiado…-

-No la has fastidiado…-

Moviendo su silla, se colocó entre sus piernas. Señalando con sus dedos, indicando que se acercase a él. Lavinia obedeció, sentándose en su regazo.

-Órdenes-

-Órdenes-

-¿Ordenes guarras?-

-No solo eso!-

-Ah! Pero si se pueden dar, eh?-

Lavinia rió divertida, sintiendo las manos del dragón jugar con sus mejillas, apartando sus cabellos.

-¿Has pensado en algo?-

Lavinia se llevó un índice al mentón.

-Pensaba… Si soy tuya tengo que ser una esclava a tu gusto… ¿Qué tipo de mujeres te gustan?-

-¿Qué?-

-¿Te gusta mi corte de pelo? ¿Prefieres el cabello corto o largo? ¿Te gustan las rubias? ¿Y qué hay de mi ropa? ¿Prefieres que vista algo más atrevido? Puede que no te gusten mis medias… Issei! Hablameeeee!- golpeando levemente, sin fuerza, su pecho con sus puños.

-Vale, vale…- susurró Issei colocando sus mechones rubios tras su oreja –Primero diré que adoro como eres ahora. Si crees que puedes superar tu atractivo te reto a que encuentres que me gusta en una mujer a base de mirarme y observar. No sirven las preguntas!-

-¿Si te pregunto si te gustan las faldas no me responderás?-

-Te responderé si me gusta una falda en concreto-

-Mmm… Ambiguo…-

-Y cómo hacer que te sientas una esclava sin que me sienta incomodo por ello…- murmuró Issei para sí mismo –Empezaremos…-

-¿Empezaremos cómo?-

-A partir de ahora… Te elegiré la ropa!-

Lavinia parpadeó repetidas veces antes de sonreír, sonrojada.

-Quizás no pueda verte como una esclava en si…-

-¿Pero si como una muñeca?-

-Más o menos… Se positiva, te pondrás las ropas que crea que te sientan mejor-

-¿Hermosa y sexy?-

-Puro fetiche. Te lo aseguro-

-¿Y me tocarás?-

-¿Cuándo he dejado de tocarte?- pasando sus manos por su espalda.

Ronroneando contenta, Lavinia lo tomó del rostro, besándolo lentamente. Sintiendo todo su calor…

Le mejor decisión de su vida… No se arrepentía lo más mínimo de haberse marchado de Oz…

-Entonces te sientes sola…- dijo Issei tras unos intensos minutos, acariciando el rostro de la belleza.

-Sola no…- susurró Lavinia desviando la mirada.

-Ah, ah, mírame…- colocando el pulgar en su mentón, obligando a mirarla –Has dicho que no te sientes mi esclava, que has venido por mi… Te he escuchado y voy a responderte y corregir-

-¿Si?-

-Tu primera orden-

-¿Cuál es?-

-Quédate conmigo-

-¿?-

-Siempre que tengas tiempo libre y quieras estar conmigo, ven, es una orden-

-¿Siempre?-

-Siempre-

Sonriendo cálidamente, lo besó en los labios.

-Y sí que tengo una petición que quiero que atiendas!- exclamó Lavinia contenta.

-¿Cuál?-

-Quiero que confíes en mí!-

-¿De qué hablas? Ya lo hago…-

-Quiero conocerte, saberlo todo de ti y que delegues en mí!-

-Como no especifiques más…-

-Mira todo el papeleo que tienes! Para ti solo mientras yo estaba leyendo en el jardín! Quiero servirte!-

-Ya me sir…-

Lavinia le silenció colocando un dedo sobre sus labios.

-No le repliques a una joven enamorada tan guapa como yo!-

-¿Qué clase de argumento es ese?- rio Issei divertido.

-Uno completamente valido!-

-Entonces quieres conocerme… Conocer mis amantes… Mis secretitos… Y compartir mi trabajo…-

-Así es, todo, de todo, de todo-

-Tus deseos son órdenes para mí, brujita preciosa-

Lavinia se miró las manos, intranquila. Insatisfecha.

Tumbada en su cama, miró a la ventana. Estaba amaneciendo, se había levantado a tiempo para el servicio.

Levantándose, se quitó el camisón y se observó en el espejo. Su joven cuerpo crecía adecuadamente. Sin apenas grasa en su cuerpo, lo que sobraba le estaba yendo todo al pecho, inusualmente grande para su edad. Y esas medidas creían que estaban cambiando con rapidez. Su firme pecho, su prieto trasero y su cuerpo en general… Incluso sus emociones.

Si notaba cambios de ser humana… a demonio.

Era una belleza, una belleza como ninguna otra que hubiese conocido hasta llegar a los terrenos Gremory, quizás solo aquella sacerdotisa o la gata pudiesen alcanzarla en belleza. La hermana mayor de Issei apenas era mayor que él, era menor que ella, y se notaba.

Aun así no… Habían tenido sexo, muchas veces. Y aunque no estaba insatisfecha si quería más… Más y más atrevido… Y sobre todo, quería dormir con él, despertarse con él…

Sonriendo divertida, vio que había empezado a cumplir. En una silla junto a la cama estaba su ropa.

Dándose una buena ducha se plantó frente a las prendas, inspeccionándolas, repartiéndolas por la cama.

Medias, guantes, braguitas, sostén… Todo blanco. Con encajes, preciosas y de alta calidad. Nunca había tenido unas prendas tan suaves y agradables.

Colocándoselas sin prisa, volvió a mirarse al espejo.

Eran su talla, las braguitas, de corte bajo, eran elegantes pero sensuales. Extremada y sorprendentemente cómodas. No eran en absoluto tan incomodas como aparentaban. Se veía divina, deseable…

Su rostro se enrojeció al pensar que haría su amo con ella con eso puesto…

El uniforme particular, lejos de ser el de una sirvienta era algo más parecido a un traje. Minifalda, cinturón, camisa blanca, chaquetilla negra, a juego con la falda.

Maravillada se observó en el espejo. Le venía todo a la perfección.

Tampoco era tan extraño. Issei Gremory se conocía a la perfección cada centímetro de su cuerpo…

Al alcanzar el salón principal se desvió a las cocinas, saludando a todas las sirvientas amablemente. Todas le respondieron con igual sonrisa, deteniéndose para hablar con ella.

Interesarse por ella.

Era una más.

En el salón se encontró con sus desayunos servidos… Pero no había nadie en la mesa.

-El señorito aún no ha bajado- dijo una de las sirvientas ofreciéndole un café -¿No estabas con él?-

-He bajado en cuanto me he despertado…-

La mujer miró a su compañera, mirando a la joven con una sonrisa traviesa.

-Lavinia, eres su sirvienta exclusiva, ahora estas tu sola y la señorita no está… Deberías aprovechar-

-¿Aprovechar?-

-Y sinceramente, no entiendo porque no duermes junto a tu amo…-

-Pensaba que era lo que quería…-

-Ay, Lavinia… Verás, en todo el tiempo que llevamos aquí… El señorito nunca nos ha puesto un dedo encima. Cuando otros jóvenes señores han llegado a embarazar a parte de su servicio… Ya entiendes que significa eso-

-¡!-

-Con el joven señor has de presionar un poco…-

-¿Por qué no subes… Y le das un buen despertar?-

-¿Qué es un buen despertar?- preguntó la rubia con inocencia.

Las sirvientas cuchichearon divertidas entre ellas.

-Verás… Los señores siempre sueñan con despertar…- acercándose al oído, susurrando algo.

-Lady Venelana me lo ha explicado… ¿Si hago eso estará contento?-

-Oh, esa es la mejor manera de despertarlo!-

Lavinia sonrió contenta.

-¡Entonces iré a hacer eso!-

-Si vas a hacerlo llévate uno de nuestros uniformes-

-¿No está bien este?-

-Oh, joven Lavinia… Hay mucho que tienes que aprender aun…- empezó una de la sirvientas tomándola del brazo.

-A los hombres se les conquista por los ojos y por el estómago…-

-¿Por los ojos?-

-Estimulo visual, querida, estimulo visual-

-Mientras lo despiertas lo estimularás visualmente con algo agradable para él-

-¿Y cómo hago eso?-

-Jijijijiji-

Issei se revolvió levemente en su cama.

Gruñendo abrió los ojos, levantando su brazo, tanteando la mesita de noche con la mano, buscando su reloj.

Adormilado vio que apenas era la hora de despertarse… Y el sol no le daba directamente… ¿Qué le había…

Bajando la mirada, se despertó por completo.

Destapado, desnudo como solía dormir, vio una mata de cabellera rubia recogida en dos coletas moverse lentamente sobre su cintura.

Parpadeando perplejo, Issei ladeó la cabeza, buscando un mejor ángulo.

Lavinia, con sus ojos cerrados, tenía su falo agarrado con firmeza mientras lo metía lentamente en su boca, profundo, ronroneando lentamente.

Obcecada en su trabajo, su otra mano se perdió bajo su falda, empezando a jugar con su sexo.

Soltando el miembro, jadeante, empezó a cubrirlo de besos y lametones, percatándose de que su amo se había despertado.

-¡Buenos días, Issei!- exclamó Lavinia adorablemente, con un puente de saliva entre sus labios y el pene.

Una imagen sumamente erótica.

-¿Y esto?- susurró Issei acariciando su cabello.

-Me dijeron que tenía que despertarte así…-

-Y creo que es una muy buena idea… ¿Lo harás de hoy en adelante?-

-Claro!- sonrió contenta, empezando a masturbarlo -¿Lo hago bien?-

-Una delicia… ¿Y el uniforme?-

La rubia se incorporó levemente, mostrando su reducido uniforme de sirvienta.

Apenas cubría sus senos, dejaba su estómago a la vista y la falda no tapaba mucho.

-Me dijeron que te gustaría…- haciendo el amago de volver a agacharse, Issei la detuvo.

-Ya me he despertado preciosa…-

-¿No quieres que continúe?- preguntó la bruja ladeando la cabeza, inocente.

-Quiero que vengas…- instándola a sentarse sobre él.

No llevaba ropa interior, mejor.

Hábilmente deshizo el botón de la parte superior del uniforme, dejando sus senos libres. Entendiendo el mensaje Lavinia se posicionó sobre él, dejándose caer lentamente. Gimiendo con fuerza.

-Vamos a practicar a conciencia como tienes que despertarme, Lavinia…-

-Por favor… Entréneme bien… Cuanto quiera… Asegúrese de que entiendo… Que es lo que le gusta!- chilló Lavinia empezando a cabalgar al demonio.

Buena manera de empezar el día.

Maldita desvergonzada!

Furiosa cerró la puerta del dormitorio de su hermano. No se habían dado cuenta de estaba allí.

Issei no se había dado cuenta de estaba allí plantada! En su puerta! Solo estaba ahí, sosteniendo las piernas de la rubia, empujando su cadera contra la femenina, absorto en su placer…

Esa bruja… Esa bruja! ¿Quién se pensaba que era? Esa sucia y asquerosa bruja… H-había llegado de la nada, con esas piernas! Y esas tetas! Y se había llevado a su hermano con sus sucias artes!

Destrozahogares!

Molesta se abrazó las piernas, sentada en la orilla del lago en construcción en el patio trasero. Mirando, molesta el agua estancada.

No quería hablar con nadie. No quería nada. Solo quería estar sola…

-Maldita sea…-

Su enfado solo aumento al escuchar pisadas, sabia quien estaba tras ella.

-Vete… No quiero hablar contigo-

-Pero yo si quiero… ¿Me escucharás?-

-Ya te has llevado a mi hermano… ¿Qué más quieres?-

Lavinia se sentó lentamente junto a la pelirroja, observando el firmamento.

-Amo a tu hermano. Con todo mi ser… Como tú. Ya tenemos algo en común… Y pensaba que eso nos haría buenas amigas!- dijo con una sonrisa.

¡Con una sonrisa!

Eso era lo que más la enfurecía. Porque no podía odiarla. No podía odiarla sabiendo que lo hacia todo con buenas intenciones. Quería que fuese malvada, que fuese cruel y malintencionada! Así podría… Podría…

Porque Lavinia era mejor mujer que ella. Lavinia no albergaba malos sentimientos. No la odiaba… Quería ser como ella… No, no la odiaba, la envidiaba.

Quería ser como Lavinia. Adulta, madura, capaz de apartar los celos y la envidia… Y amar incondicionalmente a su hermano…

-¡Devuélveme a mi hermano! Ladrona!- chilló Rias levantándose, furiosa -¡No te pertenece! Es mío!-

-Por supuesto que no me pertenece… Y durante un tiempo estuve muy triste por ello… Pero luego entendí que si podía ser suya…- volviéndose hacia la pelirroja –Yo voy a quitarte a tu hermano, Rias… Solo quiero estar cerca suyo, encontrar mi lugar en vuestra familia, formar parte de ella…-

-¿Quieres ser una Gremory?-

-No. Quiero ser una de sus esposas, compartir a Issei contigo y con todas las chicas que vendrán luego-

-Chicas… ¿Serán muchas?-

-Puede que sí, puede que no…-

El enfado de Rias desapareció lentamente.

Lentamente se sentó junto a la bruja.

-¿No me lo quitarás?-

-Nunca podría ser su hermana… Ese sitio es solo tuyo- sonrió la rubia acariciando el cabello de la niña.

-Más te vale… Solo yo puedo estar tan cerca de él…-

-Ah… Entonces no sabes que…-

-¡La tetas de vaca de Suzaku no cuenta! Ni es novia ni es nada!-

Issei empleaba múltiples palabras para darle forma al mismo concepto. Novia, hermana, esclava… Todas eran lo mismo. Lo dijo el mismo día en que la convirtió en demonio. Quizás lo hacía de forma inconsciente para que las chicas se sintiesen únicas a su manera. Si Suzaku se sabía su novia la tranquilizaba, le daba seguridad. Lo mismo con Rias y la "hermana"…

Todas eran novias, amantes, compañeras…

Por el momento, Rias no necesitaba saber eso…

-Madre me ha dicho… Que no me debes obediencia, que solo te debes a mi hermano…-

-Es cierto, pero aun así quiero que nos llevemos bien! Eres muy importante para mí! Como una hermana pequeña!- exclamó Lavinia acariciando su rostro.

Rias sonrió ruborizada ante el gesto de afecto genuino.

-Puedo prometer y prometo que haré todo lo posible para que tu hermano pequeño sea feliz… ¿Me ayudaras?-

-Por supuesto! Por favor! Nací para eso!- exclamó Rias hinchando su pecho, orgullosa.

-Perfecto!-

La Gremory volvió la vista al frente, refunfuñando algo.

-¿Has dicho algo?-

-P-puedes dormir con mi hermano…-

-¡!-

-A-aun soy joven y no… No tengo ese cuerpo aun… Y aunque madre me esté dando clases no puedo darle a mi hermano lo que quiere… De momento te dejo hacerlo a ti, pero en cuanto crezca… Me encargaré yo de saciarle!-

Lavinia sonrió contenta, contenta por múltiples motivos.

Ya podía dormir con su amo con el visto bueno de la persona más protectora de la casa… Y había ganado una adorable hermanita.


-Al día siguiente-

Una estatua. Una estatua que temblaba y sudaba a montones. No entendía nada de lo que estaba pasando.

Hacia unos días había recibido una comunicación de su contratado, de su demonio particular, citándola a una entrevista. Quería conocerla.

Preparada para lo peor, Le Fay se había mentalizado para un encuentro exigente y duro.

Todo había resultado en vano. Lejos de ser un encuentro frio y oscuro en un castillo de piedra y silencio… Se encontraba sentada en una tumbona, con un bañador amarillo y una copa en su mano!

Reunidos bajo el amparo de unos parasoles en una isla privada, sobre la cálida arena del verano tropical.

Frente a él estaba su demonio, en apenas un bañador deportivo, gafas de sol en el rostro, sorbiendo el contenido de una copa de globo de cristal.

Despreocupado, aparentemente relajado… Aunque sentía su mirada intensa en ella, sus ojos rojos inspeccionando cada parte de su cuerpo.

Le Fay solo se lamentó no haber acudido con un bañador mejor… Llevándose la copa a sus labios, sus ojos azules recorrieron el cuerpo semidesnudo del dragón.

Que dragón.

-Issei-sama…-

-¿Mmm?-

-¿P-porque una playa?-

Lentamente acabó su bebida, dejándola en un rincón, sobre la mesa.

Una despampante belleza rubia, tomó la copa, caminando hasta el mueblebar, rellenándola sin prisa.

Le Fay la inspeccionó. Mucho más desarrollada que ella, pero similar. Curvas de infarto, cabello rubio, ojos azules… En unos años, si Merlín lo quería, sería como ella… Y se aseguraría de tener los mismos privilegios.

Porque se acostaban seguro…

-¿Dónde sino puedo verte en bañador?- respondió el demonio.

Le Fay parpadeó repetidas veces incrédula. No entendía al dragón…

Nerviosa, miró a lado y lado. Olvidando que hacia allí.

-E-es un honor q-que me r-reciba en s-su c-casa!-

-Esta no es mi casa-

-¡!-

-Es una playa familiar-

Nerviosa, sorbió el contenido de la copa, reorganizando sus pensamientos.

Estaba empezando a sudar, su cuerpo se calentaba y su mente se nublaba.

El contenido de la copa, el calor del verano… Y como Issei la estaba mirando…

-¿P-porque tan nerviosa?- preguntó el castaño sereno –Estamos en los dominios de mi familia, solos, no tienes por qué estar nerviosa…-

Le Fay pasó a mirar a Lavinia.

Celosa.

-No tienes que preocuparte por ella. Es discreta. Pase lo que pase aquí no dirá nada-

-¿Quién es?-

-Mi sirvienta-

-¿Su sirvienta?-

-Una de mis alfiles-

-¡!-

Le Fay volvió a mirarla, aun mas celosa.

-Pero no estamos aquí para hablar de ella-

-¡!-

Chasqueando los dedos, el demonio retiró su encantamiento, regresando a su forma natural.

Le Fay lo observó sorprendida.

-¿Tienes diez añitos?-

La Pendragon asintió rápidamente.

-Como yo entonces…- sonrió Issei –Perdóname por el engaño, pero así es más fácil hacer que me respeten… Nadie se toma en serio a un mocoso-

Le Fay volvió a asentir.

-Te he llamado para charlar un poco. Nuestra primera vez no fue muy… Locuaz, pensaba que tomando algo con una buena charla seria provechosa…-

-¡Y se lo agradezco, Issei-sama!- jugando nerviosa con la copa -¿Pero porque quería verme en bañador?-

-Porque lo único que me interesa en este mundo son las mujeres. Mis mujeres. Eres una de ellas ahora, quería darme un gustazo-

Le Fay agachó la cabeza, roja como un tomate.

-Issei está bien- indicó el castaño –Ahora…- la bruja se acercó, ofreciéndole unos documentos, mirándolo con una mirada complica, incluso recriminatoria. Issei asintió levemente. Revisando los documentos. El contrato que le hizo firmar, un documento que ella había firmado sin pensar –Podríamos empezar por como obtuviste la petición de invocación que se le entregó a la joven Ordinton…-

-¡!-

Empezando a balbucear, la joven Pendragon no sabía que decir.

Dejando los documentos a un lado, tomó la copa de Le Fay, dejándola sobre la mesa.

Sumisa, la niña la miró con curiosidad. El dragón tenía un bote de plástico en las manos.

Protector solar.

Escondiendo sus manos en su rostro, Le Fay se encontró tumbada en la tumbona, ahogando chillidos al sentir las manos de un desconocido recorrer todo su cuerpo.

-Tienes la piel muy blanca y aquí hace mucho sol…- colocando algo de crema en su estrecha espalda -Lo que hiciste no está bien, y mira que yo soy un demonio… ¿Qué hizo que una niña tan aparentemente buena como tu hiciese algo así?-

Le Fay volvió a dudar, ahogando un chillido al sentir como las manos del dragón acariciaban su trasero.

-¿No me lo dirás?-

Ante su silencio, las manos volvieron a la espalda…

-No voy a revocar el contrato, solo quiero conocer a quien ha firmado…- tomando el documento… Empezando a sudar frio.

El contrato, como todos, lo había redactado la persona en la más confiaba en el mundo y quien llevaba todos sus asuntos. Quien velaba por sus intereses.

Rias.

Y la muy jodida había redactado un contrato perpetuo.

PERPETUOOOOOOOOOOOO!

¿QUÉ TENIA EN MENTE RIAS?

-Firmado unos cuantos años de cooperación…- murmuró Issei intentando sonar lo más natural posible -No conozco a la joven Ordinton. Ese fue un acuerdo que preparó mi hermana mayor, ducha en leyes y costumbres demoniacas… Si eres de una familia noble como creo que eres lo entenderás. Por lo que llevarle un poco la contraria no negaré que me divierte-

Los ojos azules de la bruja se posaron sobre su mirada.

-Quiero ayudar a mi hermano…-

Las manos de Issei volvieron a su trasero, empezando a acariciar sus piernas, lentamente.

La joven liberó un leve chillido… Pero no se negó.

-V-verá, en mi familia… Somos conservadores, mi familia es muy tradicional…-

-Entiendo que tu hermano quiere trasgredir esas tradiciones de alguna manera- prosiguió el demonio separando sus piernas, acariciando sus muslos.

-Ellaine, ella es una de las sirvientas… Pues… Ellos...-

-Ah! Entiendo, tu hermano y esa sirvienta tienen una relación, una relación a escondidas?-

-S-si-

-Que romántico… Una relación entre el heredero de una casa noble y una sirvienta... ¿Es eso?- volviendo a su trasero.

-S-sí, justamente!-

Le Fay se agarró a la tumbona, estaba en el paraíso…

-Un joven heredero, rico y guapo, joven, desafiando a su familia por una joven imponente… Tu hermano y yo nos llevaríamos muy bien…-

-¿?-

Sorprendida, vio como el demonio la giraba, quedando cara al cielo. Sonrojándose aún más al poder ver como Issei aplicaba protector solar en su cuerpo como le placía.

-Entiendo... ¿Y cómo quieres ayudarlos? ¿Quieres un salvoconducto al Inframundo? Podemos sacarlos de Inglaterra con facilidad… Solo dime a dónde quieres que vayan- subiendo sus manos, acariciando su vientre.

-No es tan sencillo… Todas las sirvientas de mi familia tienen una especie de... Podría llamarlo marcas mágicas, grabadas en su cuerpo. Así la controlan y localizan-

-¿Eso es lo que necesitas que haga? Porque te advierto que el tema de la magia...- tomando sus jóvenes senos en sus manos. Sonriendo al ver cómo Le Fay se estremecía en la tumbona.

-Ah, no. No le necesito para eso!-

Le Fay jadeaba con fuerza.

-Muy preciosa… ¿Cómo puedo ayudarte?- susurró Issei inclinándose frente a ella, acariciando sus jóvenes labios, pasando sus manos a sus muslos.

-De una forma muy sencilla. Necesito poder demoniaco!- susurró la belleza mirando fijamente los labios del demonio.

Satisfecho, se separó, tomando el bote, volviendo a su tumbona.

Le Fay se incorporó sonrojada. Contenta… Liberada.

Le había contado todo sin darse cuenta! Y no la había rechazado!

-¿Solo eso?-

-Solo eso- juntando sus manos adorablemente –Yo no tengo reservas suficientes para alimentar los conjuros que necesito. Necesito de su energía!-

-Mmm… ¿Y qué conjuros son esos?-

-No quiero molestarle con detalles innecesarios…-

No quería decirlo.

-Muy bien… No quieres preguntas, no tendremos preguntas…- indicando con sus dedos que se acercase a él.

Avergonzada, pero menos que antes, se sentó sobre su regazo, sintiendo su mano en su espalda.

-¿Lo entiende? Cuanto me alegro!-

-Puedo facilitarte ese poder… ¿A cambio de qué?-

Tomando los documentos redactados por Rias, los inspeccionó detenidamente.

Contrato de 5 años. Intercambio estándar; poder demoniaco a cambio de asistencia mágica. Dos convocatorias semanales con un margen de aviso de 24 horas. Protección política y militar para la familia contratante.

Aburrido, los descartó, optando por centrarse en la inocente niña sentada sobre sus piernas.

-Soy una brujita muy capacitada! Algo podré hacer por usted! ¿Necesita ayuda mágica de algún tipo?-

-Nop-

-Ah… Entonces…-

Issei sonrió perversamente.

-No temas… Algo encontraremos que puedas hacer para satisfacerme…- susurró Issei acariciando los labios de la niña con su pulgar.

-No sabía que tenía un hermano…- murmuró Issei alzando la mirada, con su forma adulta, sosteniendo otra copa.

-Para eso se pidió esta entrevista, has de ir conociéndola…- respondió Lavinia relajada en la tumbona contigua.

-¿Qué te parece?-

-Es una buena chica. Inocente. Demasiado inocente para ti…-

-¿Tan malo soy?-

-No tardará nada en caer rendida a tus pies… Se enamorará de ti rápidamente… Si no lo ha hecho ya-

-¿Cómo estas tan segura?-

-Porque me recuerda a mí-

Divertido dejó su copa, colocándose junto a ella. Por algo las tumbonas eran dobles…

-¿Y tú estás enamorada de mí? Qué curioso…- acariciando su mentón.

-Perdida e irremediablemente- tomando su pulgar entre sus dedos, succionándolo levemente.

-Mmm… Eso podría suponer un problema. Tiene un potencial enorme… Si se centra en mi perderá de vista sus objetivos-

-Pero si no está cerca suyo tampoco podrá desarrollarlos… El amor nos ayuda a alcanzar cuotas inimaginables-

-Cierto, cierto… ¿Y cómo sabes eso?-

Lavinia lo miró con dulzura, levantándose.

-Mis deseos de estar contigo me ayudaron a contener un poder que creía que era más poderoso que yo misma…-

Issei alzó una ceja. El bañador de la rubia estaba sobre la tumbona.

-¿Y esto?- viendo como su esclava retiraba su propio bañador, ayudándola, levantando su cintura.

-¿No querías ver el bronceado de mi bañador?- susurró Lavinia acariciando su bronceado cuerpo, remarcando las áreas blanquecinas que había dejado su bañador.

-Mmm… No podría tener una esclava mejor…-

-Aunque Issei-sama… Procure no acostarse con chicas más jóvenes que yo…-

-¿Tan joven y tan celosa?- enterrando su rostro en su pecho, tomándola del trasero, atrayéndola a él.

-Solo espere que maduren un poco… Yo aún sigo siendo una niña en el mundo humano…-

-¿una niña con esto?- amasando sus senos.

-¡Issei!-

El dragón no la escuchaba, posicionándola, empujó la cadera de la Alfil contra su cintura.

Para Lavinia aquella playa ahora si era el paraíso…


-Campos de entrenamiento-

Tomando a Yamato, Issei se desplazó con velocidad en el interminable mar de llamas que conformaba el terreno.

Un pico de poder tras él llamó su atención, sonriendo al ver un camino abrirse entre las llamas. Un pasillo de hielo.

Surtr gruñó molesto. Alzando sus puños, tomó la espada al vuelo, deteniendo una patada con el antebrazo. Ladeando la cabeza vio a la rubia tras él, concentrando poder mágico en su bastón.

Issei se soltó, optando por rodear al demonio, tomando a la bruja en brazos, elevándose con fuerza.

Lavinia no dejó de preparar su encantamiento, viéndose elevada en el aire, esquivando una ola de fuego procedente de la boca de la Torre de Sirzechs.

Liberando el hechizo, una gigantesca estalagmita se formó en el aire, amenazando con caer sobre el gigante de fuego.

Lejos de intimidarse, juntó sus puños, envolviéndolos en fuego, saltando para golpear el fragmento de hielo.

Lavinia observó sorprendida como la lava consumía el interior de la estalagmita, explotando en una nube de cristales y vapor.

-Es suficiente…- exclamó Grayfia desde un rincón, juntando sus manos repetidas veces, llamando su atención.

Todas las llamas desaparecieron, dejando tras de si un paisaje completamente calcinado.

Issei descendió, dejando a la joven Reni en el suelo.

Habían fracasado.

-Aprenderá…-

-La chica falla, lo sabes- respondió Grayfia, seria.

Sobrino y tía discutían en el despacho de ella, sin impórtale que estuviese presente, de pie junto al chico, algo por detrás.

-No falla. Acabamos de empezar, por satán…-

-No me confundas. Posee un potencial enorme pero… ¿Cuándo va a empezar a usarlo?-

-Cuando crea que puede empezar a hacerlo-

-¿Es cosa tuya? ¿No es suya?-

Lavinia los miró nerviosa.

-Las reliquias no son algo sencillo de usar. Requieren fuerza y predisposición mental. Hasta que no trabajamos aspectos más elementales no nos pondremos con esa muñeca satánica, Grayfia-okami-

La albina los miró con curiosidad.

-Lavinia es una excelente maga. Tiene potencial. Tu misma la estas entrenando. Dale tiempo- sentenció Issei levantándose -¿Algo más que decirme?-

-Tendríais que haber superado el reto Surtr, con tu tolerancia a las llamas y su poder de hielo debería de estar hecho ya-

-La niña es nueva en este ambiente, dale margen. Y añade mi falta de colaboración a la ecuación, no es solo culpa suya leñe-

Grayfia se echó contra su respaldo.

-Muy bien. Lo dejaremos así, por ahora-

Dueño y esclava abandonaron el despacho, empezando a caminar por el pasillo.

Lavinia se detuvo tras algunos pasos.

-¿Soy una…-

-Ni se te ocurra acabar esa pregunta!- la interrumpió el dragón, girándose –No les hagas caso-

-Pero te estoy…-

Molesto, se llevó las manos a la cintura, encarando a la rubia.

-Llevo más de quinientas horas de simulador. Quinientas! He tenido combates reales, me han herido y me he equivocado muchísimas veces! ¿Qué tienes tú?-

-Yo…-

-Tienes lo mismo que te exijo. Y me revienta que te exijan algo que todavía no está a tu alcance!-

-¡!-

-Eres mi alfil! Una de mis novias! Y llegará el día en que todo el condenado Inframundo tema y respete tu nombre! Pero ahora? Tras llevar dos semanas como mucho como demonio? ¿Sin prácticamente experiencia en el campo de batalla? ¿Sin acabar tus estudios mágicos? Que no me calienten! Que no me calienten!- gruñó Issei volviendo a caminar por el pasillo.

Lavinia la miró con una tierna sonrisa.

-Como podría lograr que lograses una mayor afinidad con tus poderes innatos de hielo sin tener que recurrir a Matters hasta que tu solicitud quede aprobada…-

-¿Qué solicitud?- preguntó Lavinia con curiosidad.

-Señorito! Le estaba buscando!- exclamó una de las sirvientas, caminando hacia él a paso ligero.

-¿Ocurre algo?-

-Su madre la llama desde el salón principal. Ha llegado un invitado y se requiere su presencia, inmediata-

-¿Inmediata?- mirando a Lavinia –Bien, ahora voy…-

Venelana Gremory estaba ciertamente sorprendida. Altamente confundida. No sabía que pensar, ni siquiera sabía si quería pensar en ello.

Recibiendo un abrazo de oso, sus manos acariciaron un cabello muy familiar.

Una mata de cabello negro como la noche que ahora estaba peinado y recogido en dos coletas laterales.

La joven introvertida que solo tenía ojitos para su hermana menor y que sonreía y reía en compañía de unos pocos camaradas… La estaba abrazando con efusividad. Más importante aún…

Serafall Sitri estaba durmiendo en el Serafall Memorial, el hospital levantado en su honor, para ella.

Sus ojos purpura la miraban con toda la ilusión del mundo, una ilusión que no sabía que tenía.

-L-Lady Serafall… Cuanto tiempo sin verla…-

-Llámame Serafall! A secas!-

-¡!-

-Lamento venir de improviso… Esta tu hijo en casa?- preguntó la morena mirando por sus lados, enfocando al castillo.

-Sirzechs no está en casa, querida-

-¿Sir-tan? No! No! Hablo de I-kun!-

-¿I-kun?-

Mas sorprendida aun, pudo confirmar de primera mano que su hijo menor y Serafall SI SE CONOCIAN.

-Serafall… ¿Qué asuntos tienes con mi hijo menor?-

Serafall se llevó las manos a la cara, moviendo su cadera a lado y lado, avergonzada.

-¡No puedo decirle eso a su madre!-

Venelana abrió los ojos, incrédula.

NO PODIA SER!

-Mi hijo menor está en su casa… Le estamos construyendo un castillo, se marcha allí a organizarlo todo…-

Serafall sonrió ilusionada.

-¿I-kun tiene casita propia? ¿Y va allí a hacer sus cositas con sus chicas?-

-…-

-Que traviesoooooo…-

-¿Sera?- preguntó una voz conocida en la distancia.

Emocionada, Serafall arrancó a correr. Lanzándose a sus brazos.

Sonriente, la tomó al vuelo, girando sobre sí mismo.

-¿Qué haces aquí, Sera?-

-Ha llegado un mensaje urgente al gobierno, un mensaje para la casa Gremory… Para ti-

-¿Y lo tenías tú?-

-¿A quién le mandan los mensajes del mundo superior, listillo?-

-¿A Maou de Asuntos Inferiores?-

-¡Exteriores!-

-Ah, perdón…- dejándola en el suelo.

-¿Y el mensaje?-

-¿No me llevarás a tu casa nueva?-

Venelana alzó una ceja, mirando a la pareja.

-¿No habías venido como mensajera?-

-Pero podrías llevarme a tu casa… Estaría bien verla… E ir llevando mis cositas…-

Issei empujó su frente con el índice.

-El mensaje!-

-Buuuuuu!... Una representante de los nekomata te espera en el mundo superior. Quiere ver donde vivirá la gata-

-¿Dónde vivirá? ¿Habla de mi picadero en Japón?- volviéndose hacia Lavinia.

-Es curioso… Suele darse que cuando vas a dar a un animal en adopción se visite el hogar…-

-Lavi, es una youkai, no un animal… Cuando se dan niños en adopción también pasa… creo-

-¿has adoptado a algún niño antes?- preguntó Serafall abrazándose a su brazo.

-A un par de gemelos, no te joroba… Lo he visto en la televisión-

-¿Qué basura ves en la televisión?-

-Programas basura cuando no veo porno-

-¿Ves esas cosas?- exclamó Lavinia molesta -¿Cuándo me tienes a mí?-

-Lavinia! Estas siempre conmigo! ¿Cuándo veo eso?-

-Ah… Es verdad…-

-¿No han dicho si han aprobado la proposición?-

Serafall negó con la cabeza.

-Habrá que subir para averiguarlo- ofreciéndole una mano a Lavinia –Mi dulce Lavinia, vienes conmigo?-

-Te seguiré hasta el fin del mundo- tomando su mano, caminando junto a él.

Inmediatamente pasó a mirar a la morena, no se había soltado.

-Déjame adivinar. ¿Vienes conmigo?-

-Por supuesto que sí!-

-¿Y tus obligaciones como Maou?-

Serafall respondió sacándole la lengua.

-Bien… Lavi, por favor, un círculo mágico a casa-

La bruja la miró sorprendida.

-¿Ya puedes convocarlos, no?-

-Pero… No los hemos puesto a prueba aun…-

-Que mejor día que hoy para ponerlo a prueba…-

-Issei, escucha escucha…- murmuró Venelana caminando hacia él, acariciando su hombro.

-Dame un momento, Sera…-

Separándose, madre e hijo se alejaron unos metros mientras la rubia preparaba el encantamiento de transporte.

-Issei, había escuchado que tenías una relación con Serafall, pero ella estaba durmiendo… como…-

-No sabría que responderte a eso, madre… Yo tampoco lo acabo de tener claro…-

-Y dime… Tú y ella… Estáis mucho más cercanos que ella y tu hermano mayor…-

-Sir-tan y yo somos camaradas!- exclamó Serafall sorprendiendo a la mujer, colocada junto a ella.

-¡Lord Leviatan!-

-Que no me llames asiiiiiiiiiiiiiiii!- gruñó Serafall molesta.

-P-perdón…-

-Sé que tú y mi madre lleváis siglos conspirando para unir nuestras familias! ¿Ahora que se va a dar te vas a poner a buscarle inconvenientes? ¿A dudar?-

Venelana no sabía que decir.

-Eh, no me voy a casar con tu hermana. La conozco, apesta a madera-

Las coletas de Serafall empezaron a moverse furiosamente.

-¡No te vas a casar con mi hermana preciosa del alma! Tarugo! ¿Y qué significa eso de madera?-

Issei se pasó las manos por el pecho, de arriba abajo.

-¡Que sepas que mi hermana será una preciosa mujer, una autentica belleza! Un icono de la feminidad y…-

-La imagen ideal de las empresas madereras, de mesas, tablas, parqués…-

-¡¿Qué has dicho?! ¡Repite eso! Eres un bocazas!-

-Mira quien habla… ¿Para qué le dices eso a mi madre?-

-¿Y porque no? ¿Tomas mi pureza y piensas no hacerte responsable?-

-¿De qué pureza hablas?-

-¡La de mi corazón de doncella!-

-Anda ya!- protestó Issei caminando hacia Lavinia.

-¡Eh! No hemos acabado! Vuelveeeeeeeeeeeeeeeee!- chilló Serafall siguiéndolo a trote ligero.

Venelana los miró desde la distancia. Gratamente sorprendida.

Complacida de ver como interactuaban.

Quien le iba a decir que su hijo menor y la camarada de su hermano mayor acabarían siendo pareja.

Sonriendo perversamente, empezó a reír maquiavélicamente.

Tenía que hablar con Lady Sitri. Se acabaron los chantajes. Se iba a hacer con ese matrimonio con los Sitri sin dar nada a cambio. Lady Sitri expulsó a Serafall de la familia, ahora sería ella quien la aceptase en la suya.

-UFUFUFUFUFUFUFUFUFUFU-


-Residencia Gremory – Fukuoka-

Alzando una ceja, Issei miró a lado y lado. No parecía haber nadie. Todo estaba igual…

Serafall y Lavinia las miraron con curiosidad.

-¿Pasa algo?-

No estaba Suzaku. Habría MUY incómodo verla allí con… dos chicas tras él. Y si estaba la representante de los mínimos ya… ¿Cómo lo iba a explicar?

¿Vienes por Kuroka? Mira. Te presento a todas las preciosidades con las que pienso montarme una orgia cuando me la entregues… Ya que estas, te hace un quinteto?

Abriendo la puerta, las chicas entraron de inmediato. Lavinia lentamente, con tranquilidad. Serafall a toda prisa, lanzando sus zapatos por el camino. La bruja los dejó ordenados en la recepción.

Cerrando al pasar. El dragón se acomodó, dejando su chaqueta en la entrada.

-Sera, preciosa, puedes darme algo de información sobre ese encuentro?-

-No sé nada más…- respondió con un corto camisón azul, el cabello recogido en una coleta larga echada sobre su pecho.

¿De dónde había sacado la ropa? ¿Había dejado ropa en su casa?

Arremangándose la camisa, se encontró con Serafall sentada en el sofá, Lavinia, libre de su chaquetilla, se sentó a su lado.

El carácter inocente de Lavinia casaba bien con la extrovertida Serafall.

-Un té helado estaría bien… ¿Quieres uno, Lavi?-

-Los tienes en la nevera, si quedan-

-¿Queeeee? Tráemelo tuuuuuu-

-No soy un sirviente, esta es una casa democrática libre de esclavos. Si quieres algo, te apañas-

-Buuuuuu-

-Y no te me pongas tontita que te hago pagarlo- sentándose en su butaca.

Serafall se levantó, caminando hasta la cocina, revisando la despensa.

-¿Sabe tu madre que tienes alcohol en casa?-

-No lo sabe y espero que siga sin saberlo- mirándola con media sonrisa -¿Entonces no sabes nada del encuentro?-

-Llegó un mensaje citándote- volviendo a su asiento –Citándote aquí…-

-¿Quién?-

Serafall se encogió de hombros.

-Me has citado aquí… Sin saber con quién me tengo que encontrar… ¿Así, sin más?-

-¿Quién te querría hacer daño?-

-Cualquier enemigo de los Gremory, cualquier miembro del Shinto, ángeles… Vete a saber tú… Pero me has traído tú!-

-Pero he venido contigo! Eso tiene que contar!-

Issei negó con la cabeza.

-Esto… Issei…-

-Dime mi muy preciosa y amada brujita ultra sexy- dijo Issei volviéndose hacia Lavinia.

-Kuroka… Era una gata negra-

-Negra como la noche. De un precioso negro intenso, como el mismo abismo. ¿Por? ¿Hay pelos suyos en el suelo?-

-Y no tienes más gatos-

-Positivo sí. Soy un hombre de un solo gato, aunque si te soy sincero nunca había pensado en tener animales, viajo mucho y…- siguiendo la estela del dedo de Lavinia, apuntando a un rincón del salón.

Sobre la mesa auxiliar había un gato. Joven. De pelaje blanco con manchas negras… Y un montón de colas a su espalda.

Recordaba algo mencionado por Kuroka, las nekomata se regían por una jerarquía sostenida por el número de colas que tenían sus miembros, a mayor número de colas más poder y por ello, autoridad en el clan. Se imaginaba que siete, contadas a ojo, tenían que ser muchísimas…

La gata o el gato, no sabía distinguirlo, lo miraba fijamente.

Serafall la miró unos instantes antes de tomar una revista de la mesita contigua, no parecía muy interesada.

Lavinia si se incorporó, inclinándose frente al gato, intentando tocar su cabeza.

-Yooooo no lo haría- dijo Issei.

-¿Qué? ¿Por qué? Es adorable, quiero tocarle las orejitas…- protestó Lavinia inflando sus mofletes.

-Los gatos son puñeteros, no quiero que te arañe, si te araña lo frio vivo, si lo chamusco su pueblo se me echará encima…-

-Lo podríamos llamar la guerra de las caricias!- rió Serafall divertida.

-Esto es embarazoso… Menudo fallo de seguridad…-

-Kuroka me había dicho que eras un dragón… Sinceramente estaba completamente segura de que esa niña me estaba mintiendo… Pero no, eres un dragón autentico… Una larva, pero genuina… Siento el poder latiendo en tu interior. Algo difuminado por el poder de los demonios… Pero es genuino…-

-¡!-

-No temas, joven dragón. La cachorro me facilitó las llaves de tu morada. Me tomé la libertad de entrar, quería asegurarme libremente de que tendría una residencia a la altura…-

-Lasssss amigas de Kuroka, entiendo, son siempre bienvenidas. No tienes que disculparte. Soy plenamente consciente de las circunstancias de esta visita… Me llamo Issei Gremory, es un placer conocerla…-

-Magari. Puedes llamarme por ese nombre-

-¿Magari? ¿La líder de los nekomata que habían en el Reino Youkai del Este?- preguntó Issei sorprendido –Kuro me habló de ti. Una youkai tan respetada como estricta…-

Al escuchar el nombre, Serafall saltó por encima del sofá, corriendo a gatas hasta la puerta.

Regresando segundos más tarde con su uniforme oficial.

-No tienes que fingir, Maou, puedo hacerme a la idea de tu relación con la larva. Los demonios se sienten atraídos al poder, no es extraño que te haya seducido el poder latente de su interior…-

-¡Soy la Maou Serafall Leviatan! Es un placer…-

-Nada, nada. Llegas tarde- rio Issei sentándose en su butaca, cruzándose de piernas.

-¡I-kun! Esto es una visita oficial!-

-No lo es… Puedes estar tranquila. Esta visita es un asunto personal entre esta larva y yo. Entre su familia y la mia puesto que una de mis cachorros a pedido formar parte de la tuya-

-Kuro, Kuro, Kuro… Magari-dono, antes de continuar, puedo ofrecerle algo? ¿Algún refrigerio tal vez? Puedo preparar algo que seguro que la convenza, si sus gustos son parecidos a los de Kuro-

-¿Entiendes de gastronomía youkai?-

-Kuro es un tanto perezosa- decidiendo levantarse, yendo a la cocina.

-Aquí tienes una sirvienta, porque no lo hace ella- mirando fijamente a Lavinia, que solo sonreía.

A los pocos minutos Issei dejó un tazón con un líquido verdoso sobre la mesa junto a Magari.

Una infusión de las tierras del norte.

Acariciando el rostro de la rubia, dejó un trozo de tarta sobre su regazo.

-Si te quitas eso tienes tarta- mirando a Serafall.

-¿Qué? ¡Quiero tarta!-

-Camisón, vamos, vamos!-

Chasqueando sus dedos, revertió la muda de ropa, sentándose en el sofá, emocionada al recibir su ración de tarta.

Dándole algunos lametones al contenido, ronroneó satisfecha. La delicada infusión estaba bien hecha. El joven se había tomado con interés no solo su preparación que se podía haber maquillado por ser ella, sino también las lecciones que Kuroka le daría en su día. De no haberla escuchado atentamente no podría haberla realizado en ese instante.

-Kuroka me dijo como os conocisteis…-

-Pura casualidad-

-Así es…- mirándolo fijamente. El joven le sostenía la mirada –Me sería más cómodo que te dirigieses a mí de verdad, larva-

Alzando sus cejas, revertió el hechizo de longevidad. Quedando el niño frente a la anciana nekomata.

-¿Ella lo sabe?-

-Por supuesto que sí. Para cuando nos conocimos no tenía este conveniente hechizo a mi alcance…-

-¿Sabes quién es ella?-

Pregunta complicada.

Issei se acomodó en el asiento.

-Sí y no. Se lo que me ha dicho. También sé que oculta mucho… No sé si eso responde a su pregunta-

-¿Sabes quién es ella para su pueblo?-

-Se de sus obligaciones para con su pueblo, del peregrinaje. Sé que estáis en peligro de extinción. Prometo ayudaros con acuerdos ventajosos para las dos partes si me permitís el privilegio de privaros de una de vuetras miembros. Kuro le dio especial énfasis a lo de tener cachorros, pero siendo demonio y dragón… Mi ratio de reproducción es lamentablemente bajo…- pasando a mirar a Serafall –Sin bromas, tu tasa en tan baja como la mía-

-Buuuuuuu. Aguafiestas- protestó Serafall centrándose en su tarta.

-En su lugar y para compensar os he facilitado alimentos y un acuerdo… ¿Lo ha dicho verdad?-

-Lo ha dicho, lo hemos estudiado. Pero eso no me resulta de especial interés. Cuido personalmente de todas las crías de mi manada, joven larva. Me pides mucho. Aunque seas dragón y merezcas nuestro respeto y devoción me veo obligada a declinar tu oferta. Esta cría significa mucho para mí-

-¿Declinar? ¿Por qué?- exclamó Issei alarmado -¿Qué he hecho mal?-

Magari se mantuvo inexpresiva.

-Con todos los respetos, Magari. Dudo mucho que nadie pueda cuidar de ella como yo, no escatimo en recursos, tiempo y dedicación por mis chicas, Kuro dudo mucho que encuentre un sitio donde se sienta más querida que aquí-

-Ese es parte del problema- volviendo a la rubia –Kuroka será una más. No quiero eso para ella-

-Yo también pensaba que eso sería un problema…- empezó Lavinia lentamente –Que al ser una de muchas Issei perdería el interés en mi… Pero le puedo asegurar, que desde este lado… No puedo estar en más desacuerdo-

-¿Por qué dices eso?-

-Issei, mi amo, mi amor… Siente un amor sincero, obsesivo, desmedido y egoísta por nosotras… Pasaran mil años y sé que seguirá mirándome como a la chiquilla inocente que conoció en las calles de la ciudad… Intentando llamar mi atención, seducirme de nuevo… Aunque sea completamente suya…-

Las colas de la nekomata se movieron rápidamente unos instantes.

-No quiero que mi niña sea una esclava de un egoísta demonio, larva-

-Tampoco seamos así… Aunque es cabezona y perezosa algo tendrá que hacer. Estudiará por mis… Ejem, estudiará lo que prefiera, pero lo hará, habíamos hablado de estudiar magia… Bien en el campo de batalla o con algún proyecto personal haremos que se cultive a si misma… Ser un demonio de un aristócrata abre muchas puertas… O ventanas-

-¿Quieres que se desarrolle como persona?-

-Por supuesto que sí. ¿Para qué quiero una muñeca? Y menos con su carácter, sería un desperdicio…-

-Kuroka dijo que querías darle la pieza de Torre, ella quiere el Alfil…-

Inspirando con fuerza, volvió a reunir fuerzas.

-Kuro es una nekomata, con acceso al touki, incluso a artes youkai como el senjutsu… Me pareció lo más sensato. Enseñarte artes marciales, defensa personal… Aunque eso no quita que no pueda estudiar magia si quiere…-

-¿Y cómo la convenciste?-

-No lo hice… Ella renunció, no sé porque-

-¿Crees que mi cría no sería mejor Alfil que esa bruja?-

-Al final decidimos que si aceptabais entregarla le daría el Alfil. ¿No te lo dijo?-

-¿Por qué ese cambio de opinión?-

-Sentí que estaba siendo demasiado estricto. Que ella estaba cediendo demasiado-

Acabándose el cuenco, Magari se incorporó.

-Es suficiente-

-¡!-

Alarmado, Issei se incorporó.

Golpeando la mesa con sus colas, Issei se encontró de pie en un entorno desconocido. Madera en el suelo y en las paredes, una hoguera en un rincón.

Serafall y Lavinia sentadas en el suelo, incrédulas.

-¿Nos han transportado a todos sin darnos cuenta?- preguntó Lavinia mirando a lado y lado –Fascinante-

-Anda, nos han secuestrado!- chilló Serafall emocionada.

-¿Pero qué clase de Maou eres tú?- siseó Issei antes de volver con Magari… Que no estaba.

Corriendo hacia la puerta, la encontró caminando por las calles de piedra blanca, rudimentarias, funcionales.

Estaba en una aldea, verdosa, rodeado de cabañas de madera e infinidad de huertos.

-Te encuentras en mi aldea, en el Reino de los Youkai del Este, larva-

-¡!-

-Lamento el engaño… Pero tenía que conocer de primera mano a quien le estoy entregando la mano de la hija de Fujimai…-

-¡!-

-Fujimai… Esa cachorro era especial para mí, fue un fracaso personal… No quiero que Kuroka siga sus pasos… Espero que lo entiendas-

-Yo…-

-La decisión estaba tomada antes de ir a verte. No puedo retener a Kuroka, está empeñada en marcharse contigo… Si no le damos permiso se marchará a riesgo de ser una exiliada, no nos lo podemos permitir-

-¿Qué Kuro iba a hacer que?-

-Espero que logres hacerla entrar algo en razón en el futuro…-

-… La madre que la trajo… ¡¿Entonces…?!-

-Sí. Kuroka se te será entregada. Muy a mi pesar pensaba, ahora no lo tengo tan claro…-

Rascándose la nuca, miró a lado y lado.

-Espera aquí, tenemos que tratar algunos preparativos…-

-¿No vamos a discutir los acuerdos comerciales?-

-Ya te he dicho que no me resultan de excesivo interés. Ya se discutirán con el tiempo…- entrando en la choza.

-Pues oye, para mi si son importantes…-

-¡Issei! ¡Es una aldea youkai!- exclamó Lavinia corriendo hacia él, ilusionada -¡Youkais!-

Cruzándose de brazos, suponía que podía pasar algo de tiempo con las chicas en esas tierras extrañas…

Desviando la mirada, una gata llamó su atención.

En un rincón, escondida tras una choza, unos ojos amarillos lo observaban con detenimiento.

Ojos amarillos y pelaje blanco, blanco y puro como la nieve.

Asustado, se marchó corriendo. Tenía pinta de ser un cachorro…

Por norma general haya por donde iba era él quien tenía el control… Se sentía fuera de su hábitat.

De pie en la estancia, mirando a lado y lado…

Rash

Una de las puertas de madera se había abierto. Girándose vio el rostro de la morena sobresalir por la puerta, mirándolo sonrojada.

Suspirando pesadamente, Issei se quitó un peso de encima. Por fin veía a su nekomata…

-Kuro, por fin… ¿Qué pasa?-

La nekomata no se movía, aunque veía su cola moverse a lado y lado. Por algún motivo se ocultaba tras la puerta.

-Vamos, ven, ven. Quiero verte, hace semanas que no veo a mi gatita favorita! ¿Qué pasa?-

Sonrojada, Kuroka abandonó el cobijo de la puerta, entrando en la estancia, sosteniendo algo entre sus manos.

Issei abrió los ojos, incrédulo.

Kuroka llevaba lo que parecía ser un traje de novia… reducido a la ropa interior.

Medias blancas, ligero, sujetados y velo a juego.

-P-pensaba que te g-gustaría, nya…-

Tragando saliva, Issei asintió.

-¿Qué tienes ahí, preciosa?- mirando su cuenco, intentando desviar la atención.

La morena pareció sonrojarse aún más, si cabe.

-E-esto es… Es una receta… Es… es… Nya!-

-Kuro, Kuro… ¿Qué pasa?- caminando hacia ella, colocando sus manos sobre las de ella, mirando el contenido del recipiente, era verdoso.

¿Una especie de té?

-L-la anciana aceptó porque eres un dragón…-

¿Eso era relevante?

-A-al ser un dragón, un youkai puro, serás mucho más receptivo a este… Y… nya!-

-Tranquila, no pasa nada… ¿Es de esto de lo que me hablaste?-

-E-esto contiene mi esencia…-

Vale. No quería saber que significaba eso. ¿Qué clase de guarrada era esa?

-Si la tomas… M-mi cuerpo solo reaccionará a ti, nya… Cuando… Cuando yo reciba la tuya, nya!-

La pareja se sentó en el suelo, con el cuenco entre ellos.

Issei con su puño sosteniendo el mentón, Kuroka mirando el suelo cohibida, con su cola moviéndose a lado y lado.

-¿No tenéis nada como la Pieza Demoniaca? Te la pongo en el pecho y PUM, listo-

-N-no, nya-

-Vale, que me aclare…- adoptando una gesticulación e imagen más abierta –El Consejo de Youkai acepta que te vengas conmigo, pero venirte conmigo implica que pasaré a ser tu…-

-Amo. Yo seré tu mascota-

-Será una malinterpretación lingüística porque mascota en mi tierra significa otra cosa… Entiendo que seremos pareja, formal… ¿De ahí el modelito?-

-Es un vestido de novia del mundo humano… ¿No te gusta?-

-Te falta medio vestido, de hecho toda la parte superior… Solo llevas la interior… Pero de que me quejo… Te doy un cien sobre diez, Kuro. Estas absolutamente radiante, es más, lo llevarás recurrentemente en casa… Me estoy desviando…- volviendo a mirar el cuenco –Y con esto…-

-Control hormonal. Químico, mágico. Nya-

-Pongamos que soy idiota, dame un ejemplo práctico-

Kuroka se rascó la mejilla, pensativa.

-Los tonos de voz serán sensibles para mí, un tono enfadado me asustará y intimidará… Me será muy difícil desobedecerte… Aunque no lo desee, tus hormonas despertaran mi apetito sexual a tu completa voluntad… Cosas así, nya-

-Mmm… ¿Y la parte del dragón?-

-Aumentará los efectos. Nya-

-¿Y por eso han aceptado?-

-Básicamente porque nuestros hijos tendrán el poder de los dragones, nya-

-Ya he dicho que eso no ocurrirá hasta dentro de mucho-

-Pero ocurrirá. Tendremos niñas con tu fuerza-

Negando con la mano, se acarició la sien.

-Vale, lo importante es que te tengo a mi lado de nuevo, que ya es mucho… ¿Qué hago con esto?-

-Has de bebértelo, nya-

La verdad es que no parecía lo más delicioso del mundo.

-Y-y después tendrás que inyectarme… con… Pero no será un problema, hará los efectos de afrodisiaco… Sentirás la necesidad de aparearte conmigo… O eso dicen las ancianas, nya…-

Issei no escuchaba, solo miraba al cuenco.

-Muy bien. Para dentro! No puede ser que tu recibas la pieza y yo no haga nada!- tomando el cuenco entre sus manos.

-¡E-espera, nya!-

-Alle voy!- empezando a tomar el líquido, bebiendo y bebiendo, intentando ignorar el extraño sabor que recorría su garganta.

Tras unos interminables segundos, dejó el cuenco de madera en el suelo, secándose el rastro con su manga.

Kuroka miraba al suelo sonrojada.

-Listo, ahora qué? Ya está?-

-N-no… Ahora solo tenemos que esperar-

-Esperar a que- murmuró Issei.

Se sentía… extraño.

-A que sientas un…-

La cola de Kuroka se empezó a mover sinuosamente. Sus pupilas se dilataron.

La mirada cohibida paso a ser una amenazante… Una gata hambrienta que observaba el inminente bocado.

-Esperar a que tus… Nya… Hueles tan bien…- gateando hasta el chico.

Mareado, extasiado, su mano se movió veloz, tomando el cuello de la nekomata, con firmeza, sin apretar, sosteniéndola fija en esa posición.

Sentía algo extraño… Preguntándose si Kuroka siempre se había visto tan atractiva…

Antes de que la nekomata pudiese decir nada, sus labios habían sido sellados por los del dragón.

Kuroka ronroneó feliz.

Su hermana estaba rara desde que había llegado. Nunca había hablado tanto con su maestra, era más bien lo contrario, siempre la rehuía, pero…

Llevaba días hablando con ella… Hasta que Magari abandonó la aldea. Nunca la había visto hacerlo.

No volvió sola. Regreso con tres personas. Todos demonios, siendo uno de ellos muy peculiar.

No podía entenderlo… Nunca había visto extranjeros, o demonios…

Magari estaba de mal humor, pero no lo dejaba ver… demasiado.

Extrañada caminó por los jardines, alcanzando la casa que compartía con su hermana mayor.

Unos ruidos alcanzaron sus delicados oídos. Desviándose tiró por el descuidado jardín, subiéndose a algunas cajas bajo la ventana. La visión la dejó noqueada.

Nunca superaría aquello.

Su adorada hermana estaba en su cama, a gatas, chillando a pleno pulmón. Con una cara que no había visto antes, absolutamente contraída de placer, la mirada perdida y la lengua fuera.

Chillando, sudorosa, apenas podía mascullar nada que no fuese el nombre del hombre que estaba tras ella.

Issei. Así se llamaba.

El dragón, con sus alas extendidas, tenía a su hermana tomada por la cintura, empujando su cintura contra la suya, con fuerza.

Shirone sintió la rabia crecer en su interior. Las feromonas golpeando su delicada nariz. Bien por envidia o por decepción, no soportaba ver a su hermana así.

No era tonta, sabía que estaba haciendo. Primero había desafiado a su maestra, realizando prácticas prohibidas y ahora estaba realizando artes de cama con un desconocido.

¡Despreciaba a su hermana! En lo que se había convertido! Ella no acabaría igual! Nunca!

¡Y todo era culpa de ese Issei!

Furiosa se alejó a paso rápido. Una decisión que lamentaría toda su vida…

Vestida con su kimono verde, Kuroka revisó sus pocos enseres. Mirando a lado y lado, triste.

-Cuidaremos de ella, te doy mi palabra- dijo Magari seria, frente a ella.

-¿Cuidar de quién?- preguntó Issei acercándose a ellas.

Kuroka dejó atrás su mirada triste, sonrojándose, pegándose al dragón, acariciando su pecho.

-Lavi ha acabado con el circulo… ¿Lo tienes todo? ¿Te has despedido de todos?-

-Nyaaaaa…-

-Puedes volver cuando quieras… Pero bueno… Anciana Magari, estamos en contacto…-

-Recuerda tu promesa, joven larva… Cuida de mi niña…-

-Deja ya de preocuparte, abuela… El semental cuidará de mí! Seré su gatita adorable, cariñosa…-

-¿Qué es eso de semental? ¿Por qué semental?- preguntó Lavinia con inocencia -¿Sabes a que se refiere?-

-Lo dice por su capacidad para llenar tu vientre, brujita-

-¿Llenar mi vientre? ¿Cocinando?-

-Neeeeee! I-kun! ¿Seguro que no es virgen?-

-Ale, ale. Vamos tirando que mama seguro que quiere conocerla…- palmeando el trasero de Kuroka.

-¿Mama? Nya?-

Magari se quedó quieta, observando como la primera de las hijas de Fujimai se marchaba para no regresar.

Solo esperaba, desde lo más profundo de su corazón, que no tuviese el mismo final.


-Inframundo-

Sosteniendo un bolígrafo entre sus labios, cierta joven asgardiana dio su examen por acabado, levantándose, entregó el documento en la mesa principal, recogió sus cosas y se marchó.

Si aprobaba sus estudios serian homologados. Estando muy avanzada a su edad, podría cursar estudios superiores. Estudios que bajo circunstancias personales no podría cursar pero…

En el pasillo se encontró con una mujer de cabello castaño, despuntado, sonriendo contenta al verla, portando un largo vestido blanco. Tras ella había varios hombres de traje, sus guardaespaldas.

Velenana Gremory, su mecenas, su valedora en el Inframundo.

-Querida… Has acabado pronto. ¿Ha ido todo bien?-

-Lady Venelana. ¿Ha venido?-

-Por supuesto, quería venir personalmente a ver tus resultados…-

-Es usted muy amable, lady Venelana!- exclamó Rossweisse con una leve reverencia.

La castaña movió una mano, uno de los hombre entró en el aula. La asgardiana no sabía que iba a hacer.

A los pocos segundos regresó, susurrándole algo al oído de la demonio.

Venelana sonrió complacida.

-Querida, damos un paso?- preguntó la demonio ofreciendo su brazo.

Entrelazándolo con el suyo, la pareja abandonó el inmenso recinto, alcanzando las calles de Lucifaag.

-¿Has pensado ya que quieres estudiar?-

-He estado meditando… Alguna escuela superior de magia no estaría mal…-

-¿Magia demoniaca?- preguntó Venelana sin mucho interés -¿Por qué ibas a estudiar eso? Pensaba que optarías a algo más importante-

-¿No es mejor aprovechar esta oportunidad para añadir algo interesante en mi currículo?-

Venelana la miró divertida.

-¿Te sigue preocupando que mi hijo te rechazase?-

La albina bajó la mirada, avergonzada, triste.

-Mi hijo siempre ha sido un sentimentalón. Pero no tienes nada que temer. Lejos de alejarse de ti, te mantiene cerca-

-Puede, pero…-

-Mi hijo es una persona ocupada. Aunque no lo parezca tiene muchos frentes abiertos, y entre todas esas responsabilidades, estás tú, querida-

-¡!-

-Te dedica su tiempo y sus pensamientos-

Sonrojándose, la asgardiana se negó a mirarla.

-A mi hijo mayor ya lo habrías convencido pero mi pequeñín… Mi pequeñín es especial. El espera más de ti-

Entendiendo el mensaje, se sonrojó aún más.

-Y los conceptos de eternidad e intemporal se le antojan complicados de entender. Les tiene miedo. Y si juntamos eternidad y responsabilidad…-

-…-

-Económicas, empresariales… O incluso magisterio… Eso le iría bien, te veo en ellas… ¿Te interesan?-

-¡!-

-Valoras el dinero, estaría bien que aprendieses a usarlo, quizás gestionar el patrimonio de mi hijo… Aunque la enseñanza podría ser un buen futuro para ti…-

-Pero Lady Venelana…-

-No te preocupes por la magia, Matters mirará algo para ti…-

-Pero…-

-Te has esforzado mucho y has obtenido tus frutos… Ahora descansa, tomate unos días libres. Esta tarde tienes clases con mi hijo, verdad?-

-Sí, milady-

-Entonces te dejo que pienses…-

-Para la próxima vez que nos veamos tendrá su respuesta…-

-No hablo de eso, querida. Ser es posible. Ya ha abierto la veda- ofreciéndole un rollo de papel.

Despidiéndose con un abrazo, la demonio se marchó escoltada por su servicio.

Recogiendo sus cosas, mochila a la espalda, volvió a su habitación.

Recibiendo los vitoreo de los soldados Gremory al entrar en la taberna, Rossweisse dejó sus cosas en su mesa, en su sencilla habitación.

Colocándose algo cómodo de ropa, se sentó en su cama, abriendo el periódico. Un ejemplar del periódico local, impreso en todos los terrenos Gremory. Controlado, pero oficial.

La sonrisa de Rossweisse desapareció. Su sonrisa, su alegría y toda emoción positiva acumulada por un triunfal día…

-¡¿QUÉ ESE CABRONAZO YA HA TOMADO UNA ESCLAVA Y ME HA RECHAZADO A MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII?!-


-Continuará en el próximo capítulo-


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Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.