Quitando toda la disculpa que ya se deben de saber de memoria, aquí está el capi. Honestamente espero poder terminar la historia antes de que termine la octava temporada. La veo difícil pero bueno...
Por otro lado, me he hecho bolas con el tiempo transcurrido en este fanfic. Eso de volver atrás y hacia adelante continuamente me descontrola muchísimo, al grado de que hay errores de tiempos en un mismo capítulo D= so... una disculpa por eso.
FADED
EL CUERVO DE TRES OJOS
La visión se abrió paso entre un montón de luces cegadoras. El cuervo graznó una, dos y tres veces antes de posarse en uno de los mastiles de un barco pesquero. Lejos estaba del frío Norte, pero la imagen seguía siendo lejanamente familiar.
Ramsay Bolton sujetó la mano que se atrevía a hurgar en su bolsillo. Giró a la dueña de la misma hasta tenerla de frente.
-Intenta volver a robarme y te rebanaré los dedos uno por uno. -Amenazó.
Sin embargo la joven frente a él, menuda, de piel dorada por el sol y cabellos negros, no pareció inmutarse ante la mirada asesina del mercenario. Éste iba a golpearla para obtener una respuesta cuando otra jovencita salió al rescate de la primera.
-Por favor discúlpela -Le dijo. La joven era apenas media cabeza más baja que el oficial, su piel blanca como porcelana contrastaba con la de los lugareños, sus ojos eran de un negro profundo, aunque era difícil discernirlo debido a la luz del sol que estaba en su punto más alto entonces. -Está ciega. -Explicó, acercándose aún más.
Ramsay le dedicó una mirada a su presa.
-Se ve bien para mí.
La recién llegada sacó una caja de cerillos del bolsillo de su falda y encendió uno por delante del rostro de la otra chica, ésta no tuvo reacción alguna.
-¿Convencido?
El moreno al fin la soltó, aunque de mala gana.
-¿Qué? ¿Aparte es muda?
La aludida, tras sentirse segura al lado de su amiga, le dedicó un gesto asesino.
-No me gusta hablar con estúpidos -soltó
-¡Beth! -su compañera se escandalizó.
Y Ramsay soltó una risotada.
-Está bien, me gusta que tengan carácter. -Le dijo, sonriendo de medio lado, enteramente divertido.
La chica más alta le miró con detenimiento. El moreno vestía un traje negro militar, que si bien no tenía ningún emblema, se dejaba ver que era extranjero en los cortes del mismo y los tonos oscuros tan diferentes de los colores vivos de ESSOS.
-¿cómo puedo ayudarlo oficial? -Preguntó algo insegura.
El aludido sonrió con más ganas, pero su mirada se tornó calculadora. El cuervo de tres ojos lo había adivinado entonces. El chico Bolton estaba ahí en una misión por Jon. Estaba buscando a la prometida del mismo.
-Primero puedes darme tu nombre -soltó.
La joven pareció dudar un segundo antes de contestar.
-Soy Cat, y ella es Beth. -Dijo señalando a la otra, que seguía con el gesto molesto y desconfiado. -Y dudo que usted esté de paseo.
-Ando en busca de una compañera. -Confesó éste con soltura. -Quedó de recibirme en el muelle pero nunca apareció y ahora me temo que no tengo posada en la cual quedarme, y eso que había traído a mi novia a conocer a mi amiga -Explicó, señalando en dirección a Miranda que se encontraba a metros de distancia de ellos, cerca de uno de los estantes frente al templo de la casa de Blanco y Negro.
-Quizá por eso lo dejó plantado -murmuró Beth por lo bajo.
Ramsay volvió a sonreír divertido.
-Quizá tienes razón. Me han dicho que soy irresistible a las mujeres, y supongo que no eres la excepción.
Cat puso los ojos en blanco y Beth dejó salir un gruñido antes de responder.
-Soy ciega pero no estúpida, no me gustan los patanes -le dijo.
Cat suspiró. Beth no era buena para el negocio.
-Beth, ve atrás a ayudar a Sam -le pidió, pero quedaba claro que no daba opción a que la misma se negara. Y Beth se fue a regañadientes. -Es ciega de nacimiento -le dijo a Ramsay, al notar que el mismo se quedaba mirando a Beth con algo parecido a la admiración; y era de entenderse, ya que Beth se movía como si mirara con algo que no fueran los ojos.
-Parecía obvio -inquirió.
Cat inhaló con fuerza y luego puso las manos en la cintura.
-Ahora, que le parece si me convierto en su guía en lo que encuentra a su amiga
La sonrisa de Ramsay se ensanchó.
-Me gustaría mucho.
El cuervo de los tres ojos volvió a graznar. Estaba lejos de casa y no le gustaba estar en aquél clima tan cálido; pero necesitaba más respuestas. Razones al porqué había sido imposible evitar el que Arya Stark se perdiera bajo el ataque al Muro.
Así que siguió observando aquella escena. Durante los cinco días que siguieron a ese encuentro, el cuervo de los tres ojos observó la misión de Ramsay Bolton desenvolverse, y el triste final que le aguardó a éste.
La respuesta que buscaba, no estaba aquí...
La oscuridad en el reino de los sueños era una masa espesa, no siempre negra, que adoptaba formas y texturas a ratos luminosas, a ratos inconclusas. El mundo en sí era un tapete tejido de submundos múltiples; cada sombra una nave distinta.
El cuervo de tres ojos miraba hacia el futuro y, mientras lo hacía, enviaba mensajes hacia el pasado. Mensajes con la intención a veces vana, a veces acertada, pero siempre desesperada, de quienes tenían en sus manos la probabilidad de cambiar y moldear un futuro todavía incierto, pudieran tener la ventaja del conocimiento.
"Respira Jon."
Jon, cuyo futuro había sido una sombra difusa, ahora se dibujaba claramente sobre el destino que le aguardaba.
De pie sobre un campo lleno de cuerpos inertes, en medio de sonidos de explosiones, gritos y balas. Jon miraba sin ver, por delante de sí Bran estaba de pie frente a él y luego ya no. Un cuervo estaba en su lugar, graznando, un cuervo de tres ojos, volaba por delante de él. Justo entonces, un pensamiento le dominó.
"Arya...!"
¿Dónde estaba Arya? Desesperado como estaba, comenzaba a moverse sin realmente hacerlo, a mirar y buscar al tiempo en todas direcciones. El humo cada vez más denso, el aire inalcanzable. El rostro de Bran serio.
"Respira Jon."
El aire no llegaba.
"Respira".
-¡Respira!
La voz de Arya lo trajo de vuelta.
-¡Ah!
Y Jon inhaló con fuerza, llenando al fin de aire sus pulmones.
Miró alrededor reconociendo las paredes y los recovecos de su propia habitación. La luz del alba era demasiado tenue para considerar que ya era de mañana, pero la promesa del día estaba ahí. El fuego apagado en la chimenea. Y el rostro de Arya, esos ojos grises (evidentemente preocupados) reflejando su imagen asustada.
-¿Estás bien?
-Arya
Jon se aferró a ella por los hombros, apretando la tela del camisón con fuerza; sentía que de no hacerlo seguiría cayendo sin parar.
Arya le besó la frente.
-Me asustaste... -confesó.
Él no podía mirarla todavía a los ojos.
-Tuve un sueño horrible. -Dijo, y se apretó de lleno contra el cuerpo de ella, abrazándola por completo, inspirando el aroma de su piel, de sus cabellos. "Está aquí", se dijo, "ella está aquí".
-Estoy aquí -soltó ella, como si hubiera sido capaz de escuchar la plegaria de su mente. Y se recordó, que en verdad así era.
Estaban unidos. Por siempre Jon y Arya. Y más aún tras las evidencias sobre las sábanas, las lozas del suelo y el aroma compartido de ambos inundando la habitación. Él era de ella y ella era de él.
-¿Qué soñaste? -Cuestionó su amada en apenas un susurro, casi un suspiro, tan cargado de emociones, que Jon no pudo por más que separarse lo justo para mirarla a los ojos.
¿Cómo explicar lo que había soñado, sin embargo?
-Yo...
Las palabras morían en su boca, conscientes de que si salían corrían el riesgo de herir de gravedad a su vocero. Pero Jon miraba a Arya mientras tanto. Gris contra gris, en ese segundo en el que él olvidó la conexión que tenían sus almas, ella lo dedujo.
-Me perdiste...
El peso que cayó entonces sobre el ambiente, era denso y lúgubre, y Jon tuvo ganas de llorar. Porque ella lo entendía, de verdad lo entendía; y eso sólo lo volvía aún más cierto. El miedo que ella sentía era el mismo que moraba en el pecho de él. -Quizá no debas ir.
-Arya... -Él sabía que eso pasaría.
-Quizá no debas ir. -Continuó ella, desesperada, apurada. -Jon, hemos tenido muchas bajas, Bran no está y Bran también tenía sueños, sueños parecidos a los tuyos. Que tal si es verdad-
-No lo digas...!
Él podía todavía ver el rostro serio del chico, dentro de su sueño.
"Respira Jon"
Por un momento fue incapaz de respirar, mientras el recuerdo de ese semblante perdido se dibujaba en su mente. Absorto en una burbuja que de apoco se reventó, regresando las palabras que continuaban de la boca de su compañera.
-Que tal si te vas y algo horrible pasa-
-¡Arya! -La cortó.
No había podido soportarlo más. Sus ojos fieros, llenos de frustración y algo lejanamente parecido a la ira, congelaron en su sitio a su compañera.
-Fue. sólo. un. sueño. -Gruñó.
Y un brillo distinto, cobró vida en los ojos grises de la joven. Tan ardiente e igual de fiero que el de su compañero, fue ganando terreno en los del muchacho, cuyo sentimiento cedió y se daba cuenta al fin de que ya ninguno de los dos se sostenía al otro.
-Estarás en el mar, lejos de mí... -Comenzó ella, agotando el calor en el ambiente, dejando el frío dominar cada uno de los poros de la piel de ambos. -Cuando tengas las pesadillas... No estaré ahí.
No había otra emoción en esos ojos.
Y mientras ella se levantó rompiendo el contacto, caminando a la entrada hasta desaparecer tras la puerta, Jon sintió por primera vez que estaba perdiendo a Arya.
...
E incluso si durante su travesía por el Narrow Sea y en su empresa en Lys y Valyria las pesadillas se mantuvieron lejos de su conciencia, fue años después, cuando la certeza de haberla perdido ardía en la mano que había soltado la suya, que la amenaza de Arya se había cumplido.
El cuervo de los tres ojos lo sabía, lo había visto incluso más veces de las que el chico Targaryen lo había hecho.
Un Jon sepultado entre sueños llenos de arrepentimiento. Y quizá el espíritu del Norte debía culparse a sí mismo de aquello. Después de todo, había sido él el que había ligado los sueños de Arya a los de Jon, asegurando el que ambos soportaran la distancia hasta volver a reencontrarse; pero aquello sólo había servido para evitar el que el Targaryen consiguiera salvar a la Stark. Un error no sólo de R´llor, sino también de los dioses del Norte.
La respuesta que el cuervo de los tres ojos buscaba, tampoco estaba aquí.
Quizá la sangre de lobo tuviera más magia para generar un cambio.
-¡Ah...!
"Arya, Arya, Arya, Arya, Arya, Arya, Arya,"
Fue así que la loba de los Stark se encontró teniendo sueños de lobo desde su llegada al Muro.
-¿Quién? -cuestionaba siempre en cada sueño.
Al tiempo en que veía a su compañero, su huargo blanco de ojos rojos, revelarse ante ella.
"Haz que se quede"
Había sido la orden.
"Mira hacia el Norte"
Había sido la advertencia.
Y si bien aquello había sevido para intrigar a la niña al grado de seguir a Jon como un cachorro a su madre a todas partes, no había sido suficiente para lograr que la misma consiguiera la unión antes de separarse para siempre de su compañero. Pero el cuervo de los tes ojos tenía el mundo de los sueños en su favor.
Él los vió. Perdidos entre paisajes desiertos. Siendo Arya la más abandonada de ambos.
La loba de los Stark corría sin detenerse, un camino de cráneos se abría paso a sus pies, ríos y ríos de sangre manchaban la nieve por sobre la que corría; el cielo gris cubierto de nubes y niebla espesa.
Arya sabía que estaba siendo perseguida.
Debía correr. Debía huir...! Debía proteger al bebé que tenía en su vientre.
Y Jon...
Jon caminaba sin rumbo fijo en un mar espeso de negrura infinita. Perdido sin un propósito, inseguro y confuso sobre cuál era su papel en aquella empresa.
Así que el cuervo de tres ojos hilo aquellos mundos. Noche tras noche, hizo lo mismo.
Cuando la oscuridad era tan espesa que amenazaba con tragarse a Jon...
Cuando el miedo y la desesperación, la sensación de que estaba a punto de ser atrapada y sería su final...
Jon escuchaba a Arya.
¡Jon!
El miedo encerrado en el sonido de su nombre
¡Arya!
Y él correría al instante en dirección a esa voz, despertaría de aquel abismo que estaba devorándolo, liberándose con el único propósito de encontrarla.
Y correrían el uno hacia el otro, sin tener la certeza de ello sino hasta que sus mundos colisionaban.
-Jon
-Arya, todo está bien, Arya.
Él la sostendría en sus brazos, le buscaría la mirada y la sellaría con la suya. Le haría entender que estaba a salvo. Y ella le creería, respiraría en alivio al saberse en sus brazos. Siempre al final de la pesadilla, siempre encontrándose y consiguiendo despertar tras hacerlo.
Pero el arciano ya había visto esto, y no había una solución en aquellas interacciones.
La respuesta quizá, estuviese más adelante...
...
Al momento justo en el que su hermana fue arrancada del Norte. El momento en el que la sentencia de muerte cayó sobre el bebé que ella llevaba dentro. Cuando el cielo estaba encendido entre los fulgores del fuego de las bombas y las metralletas. Cuando Jaquen H'agar había liberado a su hermana de los escombros y la había levantado en brazos, avanzando con ella hacia la oscuridad del bosque, lejos de la batalla.
-¿A dónde me llevas? -sollozó Arya, con el rostro empapado de lágrimas y el dolor punzante de donde la piel le sangraba, -¿por qué no me dejas simplemente morir? ...quiero morir... -lloró, mirando la inmensidad del cielo vacío de estrellas.
-No todavía pequeña. -Fue la respuesta del hombre, que por vez primera no sonreía.
-Jon...
Jaquen se detuvo al oirle susurrar el nombre del muchacho, se permitió una última mirada en dirección al mismo; aunque su imagen estaba desdibujada en medio de tanto caos.
-El extraño tiene otro destino para él. -Confesó.
Y entonces, el hombre sin rostro miró directamente a los ojos del cuervo de tres ojos...
Y este último, al fin lo entendió.
Para tener un futuro, éste presente debía ser puesto en pausa. Ése bebé no habría sobrevivido de todas maneras, su hermana se habría ido con él. Pero ya no era su hermana. Él había dejado de ser Bran Stark hacía ya mucho.
...
Y a pesar de eso...
-Bran...
Se había revelado ante la misma en su antigua forma, en la última que había tenido. Y era de verdad Bran entonces. El mismo que había muerto en Guardia Verde. El hermano menor de la jovencita que tenía justo enfrente.
-No todavía Arya. -Le dijo, queriendo decir que no debía morir aún, había tanto que tenía que lograr antes de llegar al merecido descanso.
Y ella pareció entenderlo.
-Jon...! -cuestionó, con el dolor perforandole el pecho.
-Sigue con vida, y no parará de buscarte hasta encontrarte -le aseguró "permítele encontrarte" quiso decir.
Pero su hermana estaba destrozada. Iba descalza en aquél sueño, con un camisón blanco manchado de tierra, nieve y sangre, sangre que adornaba también sus delgadas y pálidas manos. Marcas de lágrimas sobre sus mejillas y los ojos hinchados por el llanto.
-Ni siquiera sé si quiero seguir siendo yo. -Confesó, mirando su deplorable aspecto.
A Bran el corazón, hundido y olvidado hasta ese momento, se le estrujó.
-Habrías muerto. Y todavía tienes mucho que hacer. -Le aseguró con la voz sumida en un sollozo que ni siquiera el mismo entendía.
-No entiendo. ¿Qué puede ser tan importante? -Se quejó entre lamentos.
Bran se acercó a ella, hasta quedar a escasos pasos de distancia de la misma. El lugar del sueño era agradable, blanco y frío igual que Winterfell, con el arciano en medio de ambos.
-Tú y Jon, evitarán el camino a una nueva guerra
-Ni siquiera ha terminado ésta -se quejó.
-Pero lo hará. -Le aseguró, tomándole las manos en las suyas propias. -Más pronto de lo que te imaginas, habrá terminado. Sólo necesitas ser paciente. -Le aseguró, le rogó. -En cuanto a tu pequeño...
Bran se giró hacia atrás, permitiendo que Arya mirara lo que había a sus espaldas.
-¡Ah! -La misma se llevó las manos a la boca, intentando acallar la turba de emociones que casi se libera de ésta.
Allí, delante de ella, estaban los niños del bosque, uno de ellos con una pequeña criatura entre sus manos. Un espíritu nuevo.
-Permanecerá con nosotros -Le dijo Bran -Y vivirá. -Le prometió.
Y Arya cayó de rodillas sobre la nieve, mientras lloraba y lloraba, escuchando la plegaria de quien había sido su hermano.
"Tienes una decisión que tomar. No puedes ver a Jon todavía."
-Lo haré... -prometió, una vez las lágrimas cesaron.
...
Pero intentándolo como lo hizo, había fracasado una y otra vez.
-¡AAAAAHH!
Las pesadillas la dominaban de día y de noche.
-¡JON, JON!
Clamaba el nombre de alguien que no vendría por ella.
-¡MI BEBÉ! ¡JON!
Lloraba por una criatura que ni siquiera había comenzado su vida.
Había sido demasiado, tanto, que a Arya Stark se le tuvo que mantener sedada para asegurar el bienestar de la misma. La loba de los Stark perdió los colmillos y las garras...
"Hacia adelante entonces"
El cuervo de los tres ojos avanza, de prisa, y se empeña en encontrar al campeón de la luz; al que se dedica a atormentar de ahí en más. Jon no puede, no debe olvidar a Arya...
"No voy a irme lejos de ti"
Arya.
Conectando recuerdos y haciendo que todos estos bailen y se superpongan en la mente del príncipe Targaryen, la maldición se vuelve mucho más fuerte.
"Pero estás conmigo"
Arya
Jon mira cada uno de esos recuerdos y las promesas hechas y deshechas incluso cuando no estuvo consciente de la vida de las mismas.
"No puedes negar lo que sientes... Estás enamorado de ella"
Dentro de sí mismo, él sabe que él es el principal culpable de aquella catarsis, y sin embargo, desea con todas sus fuerzas culpar a los mismos dioses, a su familia, al destino, a quien sea que le haya parecido divertido darle la máxima felicidad para después arrebatársela.
"Si abro esa puerta para tí, no habrá vuelta atrás"
"Eres mi hermano Jon"
Arya
"No podría soportar que me traicionaras"
"Jamás lo haría"
Arya
Y se quiebra y se rompe una y otra vez en mil pedazos. Y cuando el vacío es tan grande que ya no tiene lágrimas para llorar, el niño Stark está de pie frente a él, mirándo a través de su alma, juzgando.
-Bran
Jon no puede creer lo que ve. Se pone de pie con dificultad, inseguro de si debe acercarse o no, pero Bran habla antes de que él pueda decidirse a hacer nada.
-La perdiste de vista
Si acaso fuera posible, el corazón parece quebrársele aún más.
-Traté- Comienza.
-Te dije que no la perdieras de vista -Pero el Stark lo corta a media frase y Jon calla sin oponer resistencia.
El Stark lo analiza, y entonces en un atisbo diminuto hacia el futuro, ve a su hermana sentada al trono al lado de él. Toma una decisión entonces. -Puede que todavía tengas una oportunidad
Y abandona la morada del Targaryen
-¡Bran! -Grita éste último, intentando alcanzarlo sin éxito.
...
El cuervo de los tres ojos no está sorprendido en absoluto de ver al Targaryen días después en el campamento de Ramsay Bolton, él provocó aquello después de todo. Conciente de que un hombre roto, es el campeón perfecto para las campañas que siguen.
Ramsay lo saluda sin poder ocultar su satisfacción, incluso si Miranda expresa lo contrario en su semblante.
-Como lo predije, pudiste abandonar el hospital -dijo sonriendo de medio lado.
-Lo hice -contestó Jon, la mirada semi vacía tras registrar su nombre en la plantilla que Miranda le ofreciera instantes atrás.
-Viniste, -repitió el Bolton, como si no pudiera creerlo.
El semblante del príncipe se enserió justo entonces, y el cuervo de tres ojos puede ver el propósito del chico dragón, brillando con fuerza en sus irises grises, resaltando la línea púrpura alrededor de ellos.
-¿Podré buscar a Arya, desde el frente?
Ramsay le mantiene la mirada.
-Tienes mi palabra. -Le promete.
Las ojas de los arcianos se sacuden. La respuesta que busca el cuervo de tres ojos, está cerca de aquí.
La bruma se vuelve aún más espesa y el cuervo de tres ojos forcejea para conseguir llegar hasta donde la respuesta que busca lo guía. Ya ha aprendido a hacerse presente en su forma humana sin que nadie de cada tiempo sea capaz de verle, pero no puede confiarse del todo. Cuando llega a su nuevo destino, se oculta en las sombras, aguarda, mira y escucha la siguiente escena de aquella obra llamada vida.
-Recuerda lo que nos hicieron.
Es la sala de operaciones del cuartel general del Muro. Una junta del consejo se está llevando a cabo, pero es una reunión mixta, con líderes y representantes de otras naciones de Westeros presentes. La discusión se ve acalorada con claras divisiones entre los miembros reunidos.
-Sería una locura hacer volar a media ciudad -habló ser Barristan, con la pena todavía marcada en su rostro.
Jon sigue perdido.
-¿Cuántos más de nosotros deben morir hasta que decidamos parar con esta masacre? -Inquirió Cersei Lannister, elevando la voz una octava.
La mujer está reacia a no abandonar la sala hasta que Rob acepte lanzar la bomba atómica sobre Valyria.
-Nos convertiremos en verdugos -Refutó Rob, evidentemente contrariado. Se ve más grande de lo que en realidad es, su rostro luce cansado y hay ojeras bajo sus ojos; la guerra y las pérdidas en ésta le han ido cobrando factura en su cuerpo y en su alma.
-Con todo respeto, su majestad, esta es la forma más rápida de terminar el conflicto -soltó Sansa, sentada a un lado de Asha Greyjoy.
Rob apenas y la reconoce. Está tan cambiada. Tan tranquila adoptando un papel y un nombre que apenas un año atrás era ajeno a ella. Pudo haber vuelto a Winterfell, al no tener descendencia que la atara tenía esa opción; muchos estaban seguros de que volvería al frío Norte. Pero la joven les había dado una sorpresa al elegir quedarse en las Islas de Hierro y aún más, cuando la misma fue proclamada Reina Regente.
-La mitad de tu familia se ha perdido, y también la mía. -Habló la mujer de las islas de hierro. Asha, había sido una de las razones de mayor peso en conseguir que su cuñada se quedase con ella en su reino. -Acabemosla antes de que terminen con nosotros también.
-Si no atacamos ahora, ellos lo harán primero -presionó Cersei
Las discusiones siguieron, pero Rob ya había tomado su decisión, se giró hacia su tío Benjen.
-Dé la orden -le dijo y la sala se quedó en silencio.
El aludido le miró en shock un segundo, sin dar crédito a lo que oía, fue ser Rodrik quien contestó en su lugar.
-No es el rey aún; rey regente o no, esta decisión le concierne al consejo y al rey oficial
Rob inspiró con fuerza. El cuervo de tres ojos se sintió tentado a darle valor, pero al ver el brillo intenso en las orbes del joven lobo, supo que no tenía necesidad de intervenir en aquél conflicto.
-Mi padre, ya no está aquí. -Declaró. -No gastaré más insumos en mantenerlo suspendido en este mundo.
-Mi señor -se alarmaron varios de los presentes, mientras que otros contuvieron el aliento por un instante.
-Es muerte cerebral después de todo, no un coma. -Apoyó Cersei, incapaz de ocultar el asomo de una sonrisa a sus labios.
-La orden... -Empezó Benjen sin poder terminar aquella frase.
-Es desconectarlo. -Asintió Rob -Una semana de luto y la coronación justo al concluirlo. -Ordenó, como si la orden en sí no le causara ninguna pena.
Cersei sonrió por fin satisfecha. Por fin la nación en la que ella vertía todo su odio sufriría las consecuencias de la guerra, por fin pagaría por haber destrozado su reino, su familia cuando por fin habían comenzado a funcionar como una.
-Como reina regente de Stormlands, apoyo la coronación de Rob Stark. -Declaró, y luego miró a sus compañeras motivándolas a hacer lo mismo.
-Como reina de Iron lslands apoyo la coronación de mi hermano Rob Stark -Declaró Sansa -Y todos sabemos que tanto la reina Margaery como el rey Tyrion Lannister apoyaran también esta decisión -completó antes de que nadie pudiera refutar más nada.
-Sin mencionar que Myrcella, siendo ahora reina de Dhorne y aconsejada tanto por su madre como por su tío, apoyaran por igual la decisión que ofrecemos -convino Asha.
Los demás no pudieron por más que asentir. Un decreto real era algo de gran peso, cinco decretos reales era ley inquebrantable; en eso todos los presentes estaban de acuerdo.
-Sí, mis señores.
Excepto Benjen que parecía haberse quedado sin aliento. Rob entonces le tomó la mano y la apretó obligando al mismo a mirarle a los ojos.
-Si quieres la paz, prepárate para la guerra.
El corazón de Benjen entonces, lleno de culpa y remordimiento (tras recordar haberle dicho las mismas palabras a su hermano Ned), se quebró entonces.
¿Qué había hecho?
...
Los arcianos participaron en el luto, dominaron y absorbieron el alma de Eddard Stark de regreso a los suelos fríos del Norte. Y dieron fe de la coronación del joven lobo, al igual que la gente de su nación y el resto de los reinos de Westeros. El mismo Stark al que se le había dicho durante los pasados años lo que tendría que hacer llegado ese momento, que se había preparado para ése momento.
Cuando la ceremonia de coronación terminó, Sansa habia ido a ver a su hermano. Rob miraba el paisaje tras la ventana, preguntándose si alguna vez volvería a ver el rostro de Arya o el de Jon, preguntándose si siquiera éstos seguían con vida. La pelirroja se paró a su lado y le tomó de la mano.
-¿Y ahora? -cuestionó.
-Soltaremos la bomba -confesó sin más.
Ella asintió.
-Darás el anuncio primero-
-No. -La cortó. Sansa le miró entonces, confundida. Rob le devolvió la mirada. Y si bien ésta no estaba ausente de emoción, quedaba claro que una parte importante de Rob se había perdido. -El avión ya salió en dirección a Valyria. Para cuando se dé el anuncio, la ciudad ya estará ardiendo en llamas.
Los ojos de Sansa se abrieron en asombro. Algo había cambiado en su hermano y por primera vez se cuestionó a sí misma si no habría cambiado ella también.
"Es sólo una bomba. En sólo una ciudad", se dijo, intentando convencerse una vez su hermano la dejó sola en aquella habitación.
Pero había sido más de una ciudad la que había ardido en llamas.
Los arcianos lo vieron, lo sintieron en sus raíces. Y el cuervo de tres ojos lo vivió en carne propia.
Todos ardían, se deshacían, se mutaban y perecían. Todo lo que tocaba aquella explosión, todo lo que sobrevivía a la misma, moría.
...
Sin embargo, el mundo miró los estragos mucho después de que la bomba atómica detonara. Cuando ya era imposible juzgar que un arma así no debía bajo ningún motivo usarse.
Sobra decir que Rob Stark, vivió arrepintiéndose los años siguientes de haber tomado ésa decisión; incluso si en su momento había sido la única opción viable para acabar de lleno con aquella batalla.
Pero no todos tenían la misma conciencia.
Cersei Lannister era una de ésas. De regreso al fin en su castillo en Stormlands, con los motines contenidos y la promesa de su hermano Tyrion a reconstruir el reino, degustando una copa de su vino favorito; la reina suspira satisfecha tras escuchar por radio las noticias que hablan de una Valirya desaparecida. Se regocija en el placer de saber muertos a todos y cada uno de los que cree culpables de haberle arrebatado la estabilidad de su reino y a su esposo. De haberle hecho creer que había perdido a su primogénito y de haberle hecho el luto al mismo hasta casi caer en la locura.
-¿La enviarás de regreso ahora?
Gendry está ahí también. Tras haber vuelto a Stormlands una vez los caminos se había vuelto seguros. Su coronación será en dos días y ya no queda evidencia de las heridas que sufrió en su camino al Muro. Su madre lo mira con orgullo, satisfecha de ver lo mucho que el mismo se parece a su padre cuando éste era joven, a su Robert.
-No todavía. -Contesta aún sonriente.
-Madre. -Insiste con molestia el muchacho de ojos azules.
Y la ira de Cersei se asoma por un instante.
-No. todavía. Gendry. -Gruñe cada palabra, mirandolo con la amenaza en sus ojos color miel. -Apenas perdió a su bebé, no puedo mandarla así y lo sabes.
El cuervo de tres ojos se agita al oír aquello e intenta ampliar la imagen pero sin éxito.
-Necesita su familia -vuelve a insistir.
Cersei deja la copa con fuerza sobre la mesilla de centro.
-Lo que ella necesita, es estar lejos de todo esto. -Le dice, elevando la voz una octava. -Tú la conoces, sabes bien que un mundo sin su príncipe dragón y sin su retoño no es un mundo en el que ella querría estar.
Aquello consigue callar a su hijo, quien desvía la mirada contrito. Se levanta y camina hacia los enormes ventanales del salón. Afuera hay una tormenta, las calles están vacías.
El cuervo de tres ojos lo sabe. Recuerda haber visto a Jaquen entregar a su hermana a Cersei Lannister, al haber sido ésta la que pagó por la vida de aquél bebé, para asegurar la vida de la Stark, para evitar una desgracia aún mayor. Y también sabe que Gendry está al tanto de lo mismo, fue él después de todo, quien confió a su madre aquél secreto; cuando ya habían habido varios intentos por secuestrar a la princesa del Norte, la prometida del rey dragón.
-¿Qué harás entonces? -cuestiona el muchacho, su mirada todavía perdida tras el paisaje de la ventana.
-Esperaremos -contesta su madre, quien se ha recostado a lo largo de uno de los sillones.
-¿A qué?
-Lo sabrás cuando el momento llegue.
Incapaz de poder ver más allá de esta imagen, el cuervo de tres ojos decide girar hacia el pasado y ver en los recovecos de la historia del prícipe Baratheon. Siente la tormenta vivir en las venas del chico y es capaz de sentir un poder latente en el mismo, el poder de inclinar una balanza que había estado desequilibrada en su contra. Sus tíos, Renly y Stanis han reconocido su derecho a gobernar, el segundo con más honor que el primero, las revueltas se hallaron sofocadas una vez el hijo de Robert se descubrió aún vivo. La gente de Basstión de tormentas lo mira como una señal de los dioses, la semilla es fuerte y la línea sucesoria debe seguir.
La bruma se extiende y luego se difumina, pero el cielo sigue oscuro, es apenas de madrugada, años atrás. Las voces llegan antes que las imágenes.
-Hijo, tengo el presentimiento de que moriré hoy.
-Padre, no digas tonterías-
-Escúchame bien -interrumpe el hombre.
El cuervo de tres ojos puede distinguirlos tras un momento. Es una terraza de una base marítima, el rey y su hijo se encuentran fuera discutiendo.
-Nuestra guerra civil está motivada por un problema entre tu madre y yo. -Continuó el hombre, que no era otro mas que Robert Baratheon -Un error que no supe corregir en un incio.
Gendry asiente.
-Joffrey
Su padre sonrie con cierta tristeza.
-Era tu hermano, incluso si resultó ser un bastardo y un cobarde. -Bufó. -Pero ése pecado fue lo que causó esta división.
El arciano lo sabe. Sabe de los problemas que tuvo Robert para concebir, sabe del caos de decidir que un hijo nacido del incesto era mejor que ningún hijo en absoluto; y también sabe que aquello no había sido decidido, había sido impuesto sobre Cersei. El rey nunca tendría la culpa, siempre sería la mujer la que fallaba en un caso así y Jamie no había estado dispuesto a permitir que su hermana fuese juzgada por eso.
-No fue tu culpa
-Lo fue. Y lo entenderás una vez tomes el trono. -Le asegura. -Como sea, esta guerra, es la oportunidad de limpiar el problema de raíz. Si lo peor pasa, debes ir al Muro y buscar a los Stark.
Aquello destantea por completo al príncipe. ¿Por qué tendría que huir de sus propias tierras?
-¿por qué me estás diciendo esto? -cuestiona sin poder dar crédito todavía a las sospechas que han comenzado a abrirse paso en su centro.
Robert suspira con pesadez y algo que parece tristeza y resignación. Toma a su hijo de los hombros y sella su mirada con la de él.
-Algunos sacrificios son necesarios para forjar un futuro mejor.
Y Gendry entendió después que aquellas palabras habían sido una despedida. Él lo sabía, sabía que moriría, lo había dispuesto a que ocurriera así. Y en sus rezos a los antiguos dioses, iba siempre por delante su hijo. Y los arcianos le escucharon.
...
Cuando el torpedo alcanzó el barco, los dioses antiguos tomaron al joven y lo pusieron a salvo. Él era la tormenta. Él sería el campeón de aquellas tierras y todavía tenía mucho que hacer. Gendry había sido encontrado por un barco pesquero cerca de la bahía al Norte, la corriente y los vientos tempestuosos lo habían llevado ahí.
-Mi lord.
Estaba consciente cuando el dueño del barco se bajó del mismo y se acercó a él. Gendry estaba sentado sobre las rocas del arrecife, la mirada perdida pero despierta, hilando todos los mensajes que había recibido de la tormenta. Parpadeó al escuchar la voz del hombre, despertando de su trance le dedicó una larga mirada antes de hablarle.
-Dime tu nombre -ordenó, consciente de que aquél extraño sabía quién era él.
-Soy Davos, su majestad -respondió éste al instante.
Gendry asintió.
-Ser Davos
-No soy un caballero -le interrumpió.
El moreno afiló la mirada.
-Ahora lo eres. Y vas a llevarme al Muro. -Le dijo, poniéndose de pie.
Davos miró en todas direcciones, intentando en vano ocultar su desconcierto.
-Con todo respeto su majestad, ¿no sería mejor volver a vuestro castillo?
-No cuando intentan matarme en el camino a éste. -Explicó, dejando al hombre aún más desconcertado. -Mi padre lo sabía. -Soltó, más para sí mismo que para él. -¿Y bien?
El hombre inspiró con fuerza y algo similar a la resignación. Sólo los dioses sabían porqué había sido él precisamente el que lo había encontrado. Quedaba claro que era el indicado para ayudar al príncipe en aquella empresa.
-Primero debemos hacerlo invisible a los ojos de los demás.
Gendry se miró por primera vez las ropas, que aún en sus terribles condiciones exponían su linaje a cualquiera que lo mirara.
-Suena como un plan. -Asintió sonriendo por primera vez en aquél día.
El cuervo de tres ojos se alejó de aquél recuerdo, avanzando en dirección hacia la respuesta que buscaba, se adelantó en tiempo hasta año y medio después.
...
Gendry seguía siendo el centro de su visión. La casa era pequeña y la habitación en la que se encontraba era aún más pequeña. Apenas una cama pegada a una pared, un sencillo ropero pegada a la pared opuesta una ventana entre ambas con una mesa en el centro de la habitación. El muchacho estaba de pie mirando a través de la ventana, esperaba por alguien.
Un carro negro finalmente apareció en el camino, se estacionó en el frente y del mismo descendió una mujer menuda, rubia de ojos color miel; vestía una túnica azul marino y su sencillo corte de cabello estilo bob la hacía parecer una niña.
Gendry suspiró con algo de nervios, se limpió las palmas de las manos en la tela del pantalón y se sentó en una de las dos sillas frente a la mesa. Instantes después la puerta se abrió, la mujer miró de reojo a la persona durmiendo en la cama antes de posar la mirada en el recién nombrado rey.
-Tengo un favor que pedir -habló éste yendo al grano, inclinó la cabeza para invitarla a sentarse, ella así lo hizo.
El joven le ofreció una taza llena de té verde que la misma negó al instante y acabó por tomárselo él de un trago. La seriedad de la mujer le estaba dando dudas al muchacho sobre si estaba haciendo lo correcto o no.
-Tomamos vidas y pagamos con vidas -habló al fin la rubia.
Gendry asintió.
-Ésta será una vida en servicio -Aseguró y sacó una moneda de su bolsillo, la puso sobre la mesa y luego habló -Valar Morgulus
La mujer miró un instante la moneda antes de decidirse a levantarla con los dedos y examinala a la luz.
-¿por qué con nosotros? -cuestionó, desapareciendo la moneda ante los ojos del rey.
Él dedicó una larga mirada a quien dormía bajo las sábanas. El cuervo de tres ojos se animó a mirar también, y un graznido se escapó de entre sus fauces, la mujer pareció oirlo más no dio señas de reconocerlo.
-La dama desea olvidar. -Explicó. -Ya no desea ser Arya Stark, la prometida de un príncipe muerto y la madre de un niño perdido.
...
Aquél recuerdo se pintaba claro en los ojos azules del muchacho.
Tras semanas de llantos y una depresión latente, tanto Gendry como su madre Cersei habían acordado mantener sedada a la Stark. Ése momento del que la reina había hablado había llegado. Y, tras debatirse en una acalorada discusión, se decidió que era momento de informarle al ahora rey Rob Stark sobre el paradero y la condición de su hermana.
-Lo que hicieron bien puede considerarse un acto de guerra -había dicho éste con veneno en su voz.
-Cuando veas el estado en que se encuentra, comprenderás porqué tuvimos que esperar a comunicarte su paradero -había asegurado la reina.
-He pasado meses buscándola -escupió éste. -Arrojé una bomba nuclear creyendo que Viserys la había asesinado igual que a mi madre.
-Y no te equivocaste -aseguró Gendry -hubo muchos intentos, pero estuvimos ahí para evitarlos. Juzga una vez la veas.
Rob le sostuvo la mirada, en su pecho una tormenta se desataba con furia y las palabras se le anudaban en la garganta. Coraje, pero sobre todo miedo. Miedo de esperar, de permitirse ilusionarse y descubrir una mentira.
-Muy bien. Iré -accedió por fin.
Tan sólo él y ser Rodrik habían estado presentes en aquella reunión privada. Rob se había dirigido hacia Bastión de Tormentas al día siguiente, con la escolta apropiada. Pero a la habitación en la que se encontraba su pequeña hermana tan sólo entró él.
-Rob
El muchacho se había deshecho al mirarla, lanzándose a abrazar a la misma y llorando a la par con ella.
Cuando las emociones del encuentro habían cedido, Arya le contó la verdad sobre su relación con Jon, sobre su embarazo, sobre haber perdido al bebé y sobre su deseo de olvidar.
-No quiero vivir sin ellos -le había sollozado escondida en su pecho -si tan sólo padre o madre estuvieran aquí.
Culpa.
Rob también tenía sus propios secretos. Rob había tomado la decisión de desconectar al padre de ambos para poder hacerse del trono. Él también, quería olvidar, pero lo ataba su corona.
-¿Estás segura de esto? -le cuestionó mirándola a los ojos, tan lleno de lágrimas.
-Sí... -sollozó.
-Me olvidarás a mí también -se quejó él en vano, con la voz en un hilo.
-Por favor Rob... por favor...!
Sin hallar el modo de convencerla sin tener que revelar más malas noticias, el reporte de sus últimos actos y sin poderle darle a Jon como ancla para mantenerse siendo Arya... Rob había accedido.
Se despidió de su hermana y juró guardar el secreto mientras ella así lo quisiera. Tras la coronación de Gendry, el joven rey había hecho la llamada a la casa de blanco y negro.
Sin embargo, al volver al Norte y ver a Jon... vivo...
¿Qué había hecho?
...
La mujer se puso de pie y dio dos pasos para posicionarse a la altura del rostro de la doncella, miró por encima de su hombro para reconocer al arciano antes de volver a analizar a la encomendada.
Estaba pálida, con la marca de la muerte en todo su cuerpo.
"Perfecta", pensó la mujer, la cual se irguió de nueva cuenta para mirar al rey -Cuidaremos de ella. -Aseguró sonriendo.
Y Gendry suspiró en alivio. Su deuda comenzaría a saldarse a partir de ese momento.
Por fin, se dijo el cuervo de los tres ojos. Encontró la primera parte de la respuesta que buscaba.
De vuelta en Braavos, y tras una semana de turistear y husmear por debajo sin éxito, Ramsay se despedía de quien había sido su guía hasta ese momento. Sus hombres esperaban en el puerto a que éste regresara. Habían ido por él y Miranda como lo acordado, aunque la última llevaba un día perdida; no era que le preocupara en realidad, Ramsay sabía que la misma aparecería a tiempo para la partida.
-Buen viaje entonces -Se despidió Cat.
-Ai, buen viaje. -Contestó él.
Durante la semana que había permanecido en su presencia, Ramsay se había encariñado de la joven de temperamento fuerte pero con una calma que resultaba el balance entre cualquier parte que tuviese un conflicto; sin mencionar que Cat era experta en la pelea con las espadas bravossi. Aquello no tenía muy contenta a Miranda quien incluso se había dado a la tarea de provocar a la muchacha, aunque sin éxito. Al final la mercenaria se había decidido a hacer su propia búsqueda, no sin antes advertirle que no confiaba para nada en Cat, quien le resultaba demasiado falsa.
Pero Ramsay opinaba diferente, Cat le había resultado mucho más agradable que la ciega Beth, a quien tachaba de asocial e irritante; creía que Miranda estaba siendo paranoica.
-Lo siento
Hasta el momento en el que la joven se negó a despedirse de mano.
-soy una cortesana -le dijo sonriendo, -no puedo tomar las manos de un asesino.
Al general el corazón se le saltó un latido y las manos perdieron calor casi al instante. Su mente trató de pensar, de recordar si es que en verdad no se había tocado durante aquella semana y se alertó aún más al caer en cuenta de que, efectivamente, la cortesana había evitado por todos los medios (aunque de manera sutil) el no tener absoluto contacto con él.
-Ramsay -Miranda llegó entonces, por fin, interrumpiéndole a medias los pensamientos -Nos vamos -le dijo, de pie por detrás de él.
El aludido se giró hacia su compañera todavía con la mente trabajando en deshacer la fachada de la joven que segundos atrás había estado con él.
La piel pálida.
La sonrisa lacónica de quien tiene una mente maquiavela trabajando por debajo de su sonrisa.
El carácter, su sarcasmo, su tendencia hacia el humor negro.
"Tus manos no protegen."
Su pasión por las peleas y la forma en la que danzaba con la espada.
"Tus manos vengan"
Los ojos grises.
Grises como una tormenta en mar abierto.
"Oh mierda"
Los ojos se le abrieron como platos, había sido un tonto. El rostro de Miranda al fin se distinguió por delante de él tras haber terminado de resolver el acertijo. ¿Desde cuándo Miranda era tan callada?
-Maldición -murmuró, cuando supo que ella vislumbró lo que él había descubierto.
Su mano voló hacia la *walther que traía en el cinturón de armas, pero fue demasiado tarde, "Miranda" había sido más rápida.
-¡ugh! -el moreno dejó salir un gemido en cuanto la daga se había clavado en su costado. -Lo sabía -dijo entre dientes.
"Miranda" lo miraba con desdén.
-Lo siento lonely boy pero la orden fue mantenerla oculta -le dijo con sorna, retorciendo la navaja, mientras con la otra mano apuntaba al cuello del muchacho con una luger, aunque él le sostenía con su mano libre por la muñeca, resultaba un vano intento por defenderse -y no creo que tú sepas guardar un secreto.
A pesar de la situación, el Bolton sonrió de medio lado.
-Es justo -concedió -Pero soy capaz de muchas otras cosas -advirtió.
Y al instante siguiente, salió un cuchillo de la muñeca que sostenía la mano de ella, el cuel se clavó en la misma.
-¡Ah!
Ramsay consiguió safarse a tiempo, doblando el cuerpo hacia atrás. El disparo salió elevándose en el aire, la gente en las calles corrió en distintas direcciones al escuchar el estruendo. La mujer había soltado la daga y Ramsay giró para golpearla por la espalda, consiguiendo que la misma cayera de cara contra el suelo. Pero ella se recuperó casi de inmediato, se irguió como pudo y se arrancó el cuchillo de la muñeca.
El Bolton sacó su arma, echando a correr por instinto; mientras ambos se disparaban uno al otro, esquivando corriendo, semi cubriéndose del ataque de su oponente, y también recibiendo de momento heridas.
"¡Arya!" pensó el moreno.
Su misión era Arya, no podía perder el tiempo ahí. En medio de la multitud que corría histérica se perdió y echó a correr en dirección a la posada donde ella se encontraba viviendo como Cat.
-¡ARYA! -gritó abriéndose paso entra la multitud.
Había sido un error de novato.
-¡ARYA!
Pero dentro de su retorcida mente y aún más decaído corazón, amaba a la hija del carnicero. No conseguía concentrarse en la pelea, ni disparar donde debía hacerlo. No podía lastimarla. No de verdad. No a ella.
-¡Ah!
Y fue por eso, que la bala terminó en su espalda, mientras estiraba la mano en dirección a la chica de ojos grises.
Cayó de bruces contra el suelo. El dolor se sentía como hielo penetrándole desde la médula y distrubuyéndose por las venas. La mujer por fin lo alcanzó, se hincó a un lado de éste y le levantó el rostro por los cabellos.
Ante los ojos de Ramsay el rostro de "Miranda" comenzó a desvanecerse y en su lugar, quedó una joven rubia de ojos miel.
-Tu amiga, dió más pelea. -Confesó.
"Así que está muerta."
Su último pensamiento, fue para la hija del carnicero.
"Miranda"
Ramsay Bolton murió en Bravos. El reporte decía que había sido en un conflicto callejero del que había sido presa por error. Nadie en Bravos dijo lo contrario. Miranda desertó el escuadrón al día siguiente de que el cuerpo fuese mandado de regreso al Norte. Nadie volvió a saber nada de ella.
-Ramsay está muerto.
Cuando Val había ido a ver Jon aquella tarde lo había encontrado haciendo las maletas. Había pensado al principio que quizá el príncipe Targaryen volvería por fin a su reino, incluso si la capital del mismo seguía destrozada e inhabitada; su tía Daenerys se encontraba ya instalada ahí de todos modos y llevaba meses pidiendo por su regreso.
Sin embargo cuando Val había cuestionado el motivo de su partida y Jon le había contestado aquello, casi pierde los estribos.
-¿Y esa es tu razón para ir? -cuestionó incrédula e irritada. -Era un espía, esas cosas pasan. -Dijo restándole importancia, la verdad era que nunca le había agradado el Bolton por muy amigo que fuera de Arya y después del mismo Jon.
-Estaba buscando a Arya -contestó el moreno, como si aquello fuese suficiente para justificar su partida tan de improviso.
El muchacho seguía moviéndose de un lado a otro juntando tanto ropa como papeles.
-Jon, basta. -Val le detuvo, obligándolo a mirarla a los ojos. -Ha pasado un año, está muerta.
Él inspiró con fuerza.
-¿Y por qué no te creo? -soltó.
Porque algo en su pecho le decía que aquello no podía ser cierto. Porque todavía sentía el último beso de Arya rozárle los labios cada que despertaba. Su loba estaba ahí afuera y él tenía que encontrarla.
Val por su parte estaba conflictuada. Ella por siempre sería una rehén política en Winterfell pero su amigo no tenía porqué serlo también. Y en ese momento entendió que Jon necesitaba escuchar aquellas palabras de alguien más.
-Quieres que él te lo diga.
Jon le miró confuso.
-¿De qué hablas?
-¿Por qué no le preguntas a Rob? -contestó en su lugar, separándose de él.
-¿por qué no me lo dices tú? -contestó elevando la voz una octava.
Val se detuvo a la entrada de la habitación del chico.
-Porque no es mi lugar para hacerlo. -Le dijo, y salió de la habitación.
El arciano vió el miedo reflejado en las orbes grises del príncipe, sintió el temor calarle los huesos más allá del deseo de dar con una respuesta. Así que lo empujó en la dirección que la campeona de los dioses del Norte le indicaba.
...
Por aquellos días Rob estaba demasiado ocupado y era difícil verle. Jon había pedido una audiencia con el mismo al no encontrar libre al joven lobo para hacer una visita común. El rey Stark lo recibió a la mañana del día siguiente.
-Jon Lo recibió sonriendo y lo envolvió en un abrazo. -Es bueno verte mi amigo.
-Lo es. -Asintió.
Le ofreció una bebida, bourbon, e hicieron una plática ligera durante los primeros minutos. Todo hasta que Jon se sintió oprimido por el recuerdo de Eddard Stark, su tío, en aquél mismo solar, hablando con él, Rob y Theon...
-Te ves preocupado, -notó Rob -¿sigues dudando sobre tomar el trono de tu padre?
Jon negó con la cabeza antes de contestar.
-Danaerys se ha ganado ese lugar, no me interesa hacerme de una corona -confesó, dando otro trago a su bebida y dejando el vaso de cristal sobre la mesilla frente a él.
-Es una pena, algo me dice que serías un mejor rey.
¿Quién le había dicho eso antes?
"Tú serías un mejor rey"
Cierto. Había sido Arya.
-Uno que necesitaría casarse y hacer un heredero -Completó con acritud. -Y considerando mi edad tendría que ser pronto
Afonía.
-Jon -Le habló contrito -No tengo palabras para tí en ese respecto -Le dijo.
Pues él sabía de primera mano lo mucho que su amigo había amado a su herman Arya. Lo mucho que la misma le correspondía. Había visto ese amor crecer con los años y a su hermana haciendo con Jon lo que quería y al mismo hacerlo gustoso. Los dos habían casi muerto juntos, al mismo tiempo.
Pero ése era un secreto que no debía revelar saber.
-Sabes lo que le pasó a Arya, ¿no es así?
Mutismo.
Rob no rehuye la mirada de Jon, pero es clara la culpa escrita en la expresión de su gesto. Incluso si no ha dado nada por hecho, el Targaryen está cada vez más seguro, más aún al notar la tensión en el cuerpo de su amigo. -Siempre me pregunté porqué detuviste la búsqueda.
Rob cierra las manos en puños.
-Jon, lo que creas que sé, no es como lo imaginas.
Y se debate entre decirle la verdad o mentirle.
-¿Y cómo es entonces? -Retó, su voz sonando quebrada y molesta.
Rob, quien siempre ha sido un joven recto y honesto, se dice a si mismo que quizá sea hora de revelar la verdad, ha esperado mucho después de todo. Abre la boca para hablar pero un recuerdo le domina el pensamiento.
"Quiero olvidar", había rogado su hermana.
Y las palabras que salen de su boca son completamente diferentes.
-Ella nunca llegó a Valyria -confiesa.
Al menos esa parte es cierta.
Jon contiene el aliento un instante, evidentemente preparándose para lo que sea que Rob tenga que contarle. Y es entonces cuando el mismo arrepentiente de su anterior decisión.
Y es que, ¿no ha sufrido Jon ya lo suficiente?
Incluso si Arya sigue en efecto viva, hace meses que dejó de ser Arya. En el borde del sufrimiento en el que había hallado a su hermana, ésta había rogado por una salida. Entonces no sabían que Jon estaba vivo siquiera, no tenían modo de convencerla de que había esperanza; pero la verdadera tristeza de ella había sido ese bebé no nato, y el resto de las pérdidas simplemente se sumaron hasta hacerlo insoportable.
Rob había estado ahí para ver el cambio. Cuando su hermana había partido rumbo a Bravos apenas y la había reconocido, el cambio había empezado demasiado pronto y se llevaba a cabo demasiado rápido; tanto, que incluso al volver al Muro para encontrar a Jon vivo y esperanzado, Rob no había podido hacer otra cosa mas que quedarse callado. Ignoraba cómo funcionaba además, el método de los hombres sin rostro para vaciar los recuerdos de la mente de alguien, ignoraba la vida que le había sido entregada a su hermana. Lo único que sabía era que la misma estaba contenta allá en donde estaba. ¿Y cómo podía quitarle eso?
En principio, se había callado por ella, por él mismo incluso. Pero ahora lo haría por Jon.
¿Cómo podía mandarlo a ver a alguien que ya no existía? ¿cómo podía darle una esperanza vana de ver a su amada, sólo para darse cuenta de que la misma había dejado de amarle e incluso le había olvidado?
No. No podía hacerle eso.
¿No se merecía acaso, él también ser feliz?
En ese instante, Rob tomó una decisión.
-Días después de la bomba atómica, recibí una carta. -Comenzó el relato. -No tenía un remitente, pero narraba con gran detalle lo que le había ocurrido a mi hermana. Estaba embarazada, y sé que tú tampoco lo sabías. Lord Bolton me puso al tanto. -Le dijo tan pronto vio el cambio en el semblante del moreno. -Había una lista de lugares, todos y cada uno los revisamos. Hasta que la encontramos. Jon...
-No. -Lo cortó.
Jon se había puesto de pie casi al instante, negando con la cabeza continuamente, había empezado a andar por la habitación y a respirar con cierta dificultad. Volvió a girarse y Rob no cambió el semblante, debía convencerlo.
-No. -Volvió a negar, tras ver la expresión del castaño. -Me dejaste buscar por ella. -Acusó, elevando la voz una octava.
Rob se puso de pie al instante.
-Traté de decírtelo, cuando viniste aquí. -Se defendió, hablándole en el mismo tono. -Traté de convencerte de que era inútil, fuiste tú quien no escuchó.
-¡Nunca me dijiste que la habías encontrado!
-No tuve el valor...!
Y no lo tenía ahora tampoco.
Jon se cubrió el rostro con las manos y lloró delante de su amigo. A Rob el corazón se le quebró pero se dijo que debía seguir con aquello, debía liberar a Jon de un amor que estuvo destinado a perecer.
El moreno inspiró con fuerza, tratando de controlarse, se limpió las lágrimas y le miró de frente una vez más.
-Cómo... -la voz se le quebró de nueva cuenta y no pudo pronunciar las palabras.
¿Cómo murió?
"Quizá en esto, podría decirle la verdad", pensó el joven lobo.
-Se le hizo desaparecer... -Solto, su mirada perdió brillo. -Jon. Está muerta. Mi hermana está muerta. Arya Stark ya no existe. -Le aseguró, sosteniendole la mirada, trayendo lágrimas de nueva cuenta a los ojos grises de su amigo. -Déjala ir Jon... Déjala ir. -Le rogó, con la voz quebrada.
Jon se levantó entonces. Sin decir nada más salió del solar de Rob y abandonó el castillo.
El aire frío le golpeó el rostro al salir, el recuerdo de haber despertado en el hospital tras el ataque al Muro le inundó el pensamiento. El vacío y el dolor que sentía en ese momento era el mismo que había sentido entonces. La certeza de no saber cómo salvar a Arya esa vez (*I don't know how to get you out of this one). Se obligó a respirar mientras seguía avanzando por las calles de la ciudad en dirección al hotel en el que se hospedaba.
"Está muerta. Déjala ir Jon"
Lloró y lloró durante los días siguientes, cuando las lágrimas se secaron, abandonó la capital del Norte sin mirar atrás.
Pero el cuervo de tres ojos no podía permitir este final.
Porque si en un futuro se pretendía evitar una guerra aún más grande, Jon debía ser quien se sentara al trono y su consorte tenía que ser alguien con la sangre del Norte.
Así que el cuervo de tres ojos, sabiendo ahora dónde estaba la loba de los Stark (perdida en una falsa vida en Bravos), se encargó de recordarle de a poco a la misma quién ella era.
Era un baile.
En un castillo tan similar al de Winterfell, pero el clima era aún más frío y afuera la nieve caía silenciosamente. El salón estaba lleno de gente, sin importar rangos ni procedencia, era un mar de máscaras y trajes, vestidos y colores.
La joven de ojos grises, sabía quién era aquí, incluso si no lograba recordar el sonido de su propio nombre, no había lagunas, ni dudas, sólo una paz y una dicha sincera. Había entrado al salón de baile del brazo de una amiga cuyo rostro no podía identificar. Estaban caminando alrededor del salón, mirando a los invitados, sonriendo y murmurando; cuando sus ojos se posaron en una figura que resultaba conocida.
El recuerdo de esa silueta frente a un espejo mientras el mismo se arreglaba para una fiesta, bailó un instante en la mente de la joven. Junto con el eco de otro recuerdo.
"No deberías estar aquí"
Aquella voz, sonaba tan conocida. La imagen de un joven no mayor de 14 años, sentado frente a ella.
...
Jon había caminado por los adoquines del camino principal, había entrado al castillo y caminado como en trance rumbo al salón de baile. Vestía de negro con detalles rojos en la chaqueta de su traje y su máscara era completamente blanca. Cuando entró al salón, sintió el calor del baile y su mirada paseó por las figuras del lugar; hasta que sintió que alguien le miraba, giró la vista hasta dar con la culpable.
-Arya -murmuró.
Y su corazón volvió a la vida.
...
La joven de ojos grises se quedó quieta, sin poder apartar la mirada del muchacho que caminaba en dirección a ella, mientras otro recuerdo de tenerlo de pie frente a sí bailaba en su mente.
"¿Deberé empezar a llamarte hermanita?"
Ella sabía quién era él, incluso si no recordaba su nombre. El joven llegó hasta ella y sin necesidad de palabras le transmitió el deseo de bailar con ella. Sus manos se enlazaron mucho antes de que pudiera darse cuenta del gesto. Él la guió hacia la pista de baile y la abrazó como era lo propio.
Sus ojos transmitían tanto...!
"¿Por qué te empeñas en involucrarme contigo?" -Resonó en su cabeza.
La fiereza de las emociones de las que era capaz el muchacho.
...
Cuando la tuvo frente a sí, Jon admiró a su compañera, vestida de seda gris y diamantes en los detalles del vestido y perlas en su cabello, Arya se mostraba como la promesa del cielo.
Empezaron a bailar, pero pronto ella tomó el liderazgo del baile, siendo ella quien guiaba el ritmo y el paso del mismo. Jon contuvo una risa, pero su felicidad se denotaba en sus irises grises.
...
"Harías lo que fuera por conseguir lo que quieres"
-Jon -reconoció ella al fin. Su nombre era Jon.
Jon sonrió aún más satisfecho al escucharle decir su nombre. Mientras ella recordaba una noche de tormenta donde secretos fueron compartidos a media voz.
Bailaron y bailaron hasta que sus pasos los llevaron fuera del salón y de repente bailaban sobre la nieve, el frío apenas y era percibido por ambos. Perdidos como estaban en la compañía del otro, pronto sus pasos llegaron a un alto, las manos aún entrelazadas, y el corazón le dió un salto.
"Dijiste que eres mi familia y me presentaste a Rickon como el miembro más reciente de tu manada. Así que supuse que lo correcto era que tuvieras algo de mi cultura también."
Un dragón blanco. Él le había dado un dragón blanco, ella tenía totems, ¿dónde estaban ahora?
...
Para Jon era como volver a respirar tras una eternidad de estar ahogándose. Sentía ansias por todo el cuerpo, y dado el rubor en las mejillas de su compañera junto con el marcado subir y bajar del pecho de ella, quedaba claro que ella sentía lo mismo. Deseaba tanto poseerla...! Pero había pasado tanto tiempo sin ella, que no podía dejar de mirarla.
Jon se inclinó y finalmente tomó los labios de ella con los suyos propios.
...
Había besado esos labios antes, se dijo.
"Soy un dragón, no un lobo!"
Había deseado besarlos durante mucho tiempo.
Ella sintió la tristeza de aquél recuerdo y el deseo de ser de él, de ser lo mismo que él, de ser uno con él. La piel le ardía ahí donde él la tocaba. El aire le llegaba con dificultad. Más, quería más. Y sus manos se aferraron a la tela de la chaqueta de él, atrayendo su cuerpo al suyo, parándose de puntitas para poder besarle de lleno e intercambiar alientos.
"¿Vas a golpearme?"
Por supuesto que no, pensó, jamás pretendía hacerlo, se recordó. Aquél día ella estaba tan asustada de perderlo, tan asustada de sí misma por querer aquél beso, y tan segura a la vez de que aquello los haría felices a ambos.
Jon le mordió el labio inferior con ternura y ella le permitió el acceso a su boca, conectando su lengua con la de él en aquella danza tan antigua; sus cuerpos se embonaron al segundo después y el calor les invadió desde el centro.
"Algún día lo haremos, nos fugaremos los dos. Te enseñaré el mundo" -le había prometido él.
Aquella primera cita, la primera dónde él se había atrevido a tocarla, a acariciarla y a decidir al final que quizá era demasiado pronto.
"No le digas a Sansa"
¿Cuántas veces habían compartido mutuamente aquella frase?
...
Jon apenas y podía contenerse. Necesitaba, apoyarse en algo, necesitaba sacarse el estorbo de las ropas, la necesitaba a ella, necesitaba ser uno con ella.
Así que sin romper el beso, se sacó la chaqueta y se deshizo del nudo de la corbata hasta sacársela del cuello. Sus manos subieron por la espalda de ella y se enredaron en su cabello, de una a una le fue sacando las peinetas y las perlas cayeron al suelo. Las piernas cedieron y pronto quedaron recostados sobre la nieve.
...
Arya, su nombre era Arya. Y estaba enamorada de Jon, su Jon.
"Nunca tendré suficiente de tí"
Arya dejó salir un gemido cuando Jon le acarició los senos al tiempo en que le mordía el cuello. Su mente dibujando el abrazo que compartieron en las fosas bajo el muro, con el agua caliente envolviéndolos. La primera vez que él había confesado indirectamente que la deseaba.
Jon le separó las piernas y se posicionó en medio de ellas, sus manos le recorrieron con vehemencia la piel descubierta. Se separó un instante para deshacerse de la camisa y desabrochar el cinto del pantalón. Arya se mordió los labios al ver el pecho desnudo de él, sus manos volaron a acariciarlo y un Jon suspiró ante el contacto.
La levantó lo justo para deshacer las cintas del vestido mientras le iba besando la piel que estaba siendo descubierta.
"Estoy completamente enamorado de tí... y eso me aterra...!"
Recordaba haberle escuchado decir aquello la noche antes de que se fuera a Winterfell, cuando la gripe la había dominado hasta tumbarla en la cama. Había querido contestarle, pero su cuerpo estaba en el limbo.
...
Jon le descubrió el pecho y le besó los senos con adoración, deleitado de los sonidos que salían de la boca de su amada, con el calor y el sudor de sus sexos palpitando por encontrarse
-Jon -suspiraba ella -Jon -gemía
Y Jon respondía a cada plegaria, deseoso de satisfacerla. Fue bajando entre besos y caricias hasta el centro de la misma y, con sensual lentitud, le desvistió de los interiores... se posicionó en su entrada y comenzó a probarla con adoración. Saciando la sed que le había consumido hasta entonces.
...
Arya dejó salir un grito contenido de placer, los dedos de los pies se retorcieron ante el éxtasis.
"Quiero verte primero"
Los recuerdos de su primera sesión de caricias en su habitación en el muro y los encuentros que siguieron, seguían sobreponiéndose a la escena que estaba viviendo en ese momento, elevando el calor de su piel, mojándola aún más y elevándola hasta el cielo.
"Estoy enamorado de tí Arya Stark. Te amo"
Sus paredes se contrajeron y el orgasmo la dominó por completo. Gimió sin poder evitarlo, llamando su nombre como una plegaria.
...
Jon admiró el cuerpo de Arya ser consumido por los espasmos del orgasmo, mientras se liberaba del estorbo del pantalón. Ya no podía resistirse más, e incluso si quería dejar que ella volviese a la tierra antes de penetrarla, su cuerpo y su corazón no podían contenerse más, necesitaba estar dentro de ella.
...
"Estaremos bien. No voy a irme a ningún lado"
La espalda se le arqueó al estirle entrar en su centro. Una sensación de bliss la inundó al estar por fin conectada con él. Una dicha inmensa que le arrancaba lágrimas de felicidad le llenó todo el cuerpo.
"Hablaré con tu padre"
Ella iba a casarse con él, recuerda. Jon a empezado a moverse dentro de ella, y sus piernas le aprietan las caderas al instante para poder encontrarse a la mitad de camino de las embestidas de él
"Pronto"
Estaban esperando por ese momento. Y Arya recuerda que hubo muchas veces en donde estuvieron a punto de consumar el acto por completo. Recordar aquello sólo le provoca más placer.
"Yo sólo te quiero a tí"
Y lo hicieron... Lo habían hecho... cuando él había estado por irse... y el rostro se le llena de lágrimas esta vez por una razón diferente al placer que siente.
...
Jon se mueve más rápido dentro de ella, con los alientos compartidos. la mirada en la del otro y los corazones sincronizados, las manos entrelazadas, los dos alcanzan el orgasmo al mismo tiempo, un éxtasis aún más grande que el orgasmo previo.
Jon la besa después de volver a la tierra, un casto beso seguido de otro y otro.
...
Y mientras ambos permanecen ahí recostados en la nieve, la realidad de aquellos recuerdos comienza a colarse en el sueño.
"Tú eres mi corazón, Arya"
Jon descansa recostado en el pecho de Arya, abrazado a ella como un niño pequeño. Arya tiene la vista perdida en el cielo gris de donde la nieve no ha parado de caer. Sus manos acarician el cuerpo de Jon.
"Volveré a tí."
Y de pronto el miedo comienza a colarse en sus entrañas.
Él se había ido. La había abandonado. Había prometido que no se iría y que de hacerlo la llevaría con ella, pero había sido una promesa hueca que desde que la dijera ella había sabido que era una mentira. Y aún así, le había roto el corazón por igual.
¿cómo había sobrevivido?
El recuerdo de su mano sobre su vientre le da la respuesta.
Un bebé, ella había estado esperando un bebé. ¿qué había pasado con él?
"¿Qué pasa? ¿Estás herida?"
Él había vuelto por ella. Al menos esa promesa la había cumplido. Estaba diferente pero seguía siendo su Jon. Y el castillo... había sido atacado.
Ella estaba corriendo.
"No me sueltes"
No había querido hacerlo.
No había querido hacerlo
-¿Arya? -Jon se irguió y la miraba preocupado, Arya había comenzado a respirar rápidamente y con dificultad, sus ojos estaban desorbitados -¡Arya!
Ella no había querido soltarse.
No había querido hacerlo.
Pero si Jon debía quedarse en el Norte.
Una explosión.
"¡ARYA!"
Y después-
...
-¡AAAAAHH!
La joven de ojos grises se despertó con un grito, despertando a la acólita encargada de cuidarla. Sus ojos estaban desorbitados y la realidad de la oscuridad de un cuarto desconocido la desquició.
-¡JON, JON! -Gritó una y otra vez.
La puerta se abrió de golpe y la acólita entró a la habitación, corrió hasta Arya que se rebuscaba desesperada en el vientre, rompiendo la tela del camisón.
-¡MI BEBÉ! ¡MI BEBÉ! ¡JON! ¡MI BEBÉ!
El llanto y los gritos continuaron hasta que la acólita no tuvo otra opción que volverla a dejar inconsciente.
...
La joven de ojos grises abrió los ojos instantes después, el sueño anterior apenas y era una nube borrosa que se cernía sobre ella, ya no reconocía como suyos aquellos recuerdos mas los había recuperado de algún modo. Incluso si se negaba a aceptar que eran de ella, sabía en lo profundo de su ser que no debía perderlos.
Tras este pensamiento, con los ojos ardiendole por las lágrimas anteriormente derramadas, se dió cuenta de que alguien discutía con otra persona afuera de la puerta de su habitación en la casa de Blanco y Negro, no era capaz sin embargo, de reconocer nada más alla de sombras; tan sólo podía escuchar las voces alteradas, sin poder decir quiénes eran los dueños de las mismas.
-Estaba mal entonces, no debió tomar esa decisión, y es obvio que sigue mal
Hablaban de ella sin duda, y se abrazó a sí misma.
-No sabíamos que Jon estaba vivo.
"Jon", el hombre con el que había soñado. El hombre con el que había compartido su cuerpo. El rostro se le tiñó de rojo.
-¿Realmente importa? Ella merece decidir una vez más.
Aquello la hizo despertar del recuerdo de su sueño.
-¿Qué estás diciendo?
-El dios de muchos rostros ha decidido que su lugar ya no es aquí. Debe regresar al Norte.
El corazón le latió en alarma. La sangre se le heló en las venas. Aquello era una promesa; pero de qué, no sabía.
El cuervo de tres ojos por su parte, apenas había empezado a echar raíces en sus planes, y para cumplirlos, ambos campeones debían estar en su territorio. Y ya sabía cómo mantendría a Jon en el Norte ahora que Arya volvería.
A/N: *Walther es un tipo de pistola alemana usada durante la segunda guerra mundial. *I don't know how to get you out of this one, es una línea de la canción Heaven Forbid de The Fray, la cual usé para inspirarme en partes de ésta historia. El próximo es Ygritte =D
