Se suponía que esta historia sería de 31 capítulos, sin embargo estoy cayendo en cuenta de que ahora sí me estoy quedando sin personajes para narrarla... así que empezaré a repetir algunos xD eso, o cambiaré la forma de narración y de verdad espero que no resulte un problema.


FADED

Ygritte

La luz se había desvanecido al caer la noche cuando Ygritte había decidido cerrar las cortinas de cada ventana, mientras escuchaba el rugir de los truenos; afuera la tormenta arreciaba, robándose el poco calor que quedaba en la habitación. Entonces Ygritte encendió un cerrillo, el cual llevó hasta la mecha de una vela y la luz se hizo de nuevo; esta vez tenue y pequeña, pero suficiente.

La luz se había ido y regresado hacia un par de minutos, pero Ygritte había preferido permanecer a media luz; como si estuviese todavía en medio del llano norte helado, sentada a una fogata. Extrañaba aquellos días.

Extrañaba a Jon.

"Soy Jon Snow."

Su ahora esposo duerme tranquilo en la habitación de arriba, mientras ella sigue sola en la sala de la mansión en la ciudadela de Torrhen. Ha pasado apenas un mes desde las nupcias e Ygritte ya es capaz de sentir el invierno que tanto prometen los Starks, incluso si Jon es mitad Targaryen.

"Arya"

Ygritte aprieta los ojos con fuerza y deja salir las lágrimas, al recordar una vez más, el nombre que había aflorado de los labios de su marido aquella noche; cuando la cumbre del clímax del sexo los llevaba en picada hacia el cielo, Jon se había abrazado a ella, le había besado el cuello y le había susurrado al oído el nombre de aquél fantasma.

"Arya"

Y había tanto amor en esa palabra...!

Y más, mucho más... El arrepentimiento y la tristeza, el abandono y la desesperanza... Ygritte lo sabe. Lo ha sabido desde siempre. ¿Acaso no había sido idea suya todo esto, esta unión?

¿Cómo había llegado a esto?


Después del holocausto de la bomba atómica sobre la capital de Valyria ( que ahora era llamada la vieja Valyria), varias naciones se vieron afectadas de una u otra manera, unas más que otras, principalmente en la cuestión económica. La comuna del pueblo libre había sido la principal afectada del Norte.

Ygritte recordaba con claridad la expedición que habían llevado a cabo aquella tarde, y al muchacho que había encontrado casi hundido en la nieve. Una luz de bengala le había marcado el camino. Y no era precisamente una situación de vida o muerte, donde algo hubiese ido mal y aquello hubiese sido una medida de "en caso de"; no. Había sido más bien el vano intento de alguien por morirse, demasiado débil además.

Una tormenta estaba en camino y de no ser porque aquél muchacho le intrigaba Ygritte lo habría dado por muerto. En vez de eso, avisó a sus compañeros y establecieron un pequeño campamento en el que pudieran atender al joven mientras esperaban a que la tormenta cesara. Tormund le dijo quién era al reconocerlo al verlo. Y la curiosidad de la pelirroja creció.

Afortunadamente el muchacho despertó a la noche e Ygritte se sintió aún más dominad por aquellos ojos grises, tan parecidos a los del difunto Eddard Stark. ¿Era realmente un Targaryen? Tenía la marca del Norte en todo su rostro, además de los hábitos de los mismos. Jon se había orientado antes de hacer nada, analizando con ojos demasiado sombríos el lugar en el que se encontraba.

-Sé quién eres. -Le dijo tras un instante de analizarla a ella también. -Eres del pueblo libre, del grupo de Mance Rider.

Ygritte le escupió en la cara.

-No sabes nada Jon Snow. -Le gruñó. -Mance Rider está muerto. Aunque no me sorprende que no lo sepas, volviste a tu castillo de princesas en tu volcán por país antes de que la revuelta se desatara.

El moreno había sido lo suficientemente cauto para permanecer en silencio. Cuando menos no tenía el ego inflado, se había dicho ella. Quedaba claro que tenía más sangre norteña que valyria. Ygritte sabía, además, gracias a las cartas de Val el tipo de hombre que Jon Targaryen era. Y en ese momento la pelirroja comprobaba cada una de las palabras de Val.

-¿por qué han cuidado de mí? -Cuestionó el moreno tras un largo silencio.

-Ésa es la pregunta, ¿no? -Inquirió con cinismo ella, mientras limpiaba unos utensilios.

Iba a decir algo más cuando Tormund había entrado en la tienda.

-Cuidamos de tí, porque cuidaste de nuestro pueblo una vez la guerra terminó.

-Tormund -le reconoció.

-Snow -Le sonrió, pero la sonrisa apenas duró unos segundos. -Aunque he de admitir que no creí encontrar un cuervo enterrado en la nieve -le dijo con un deje de decepción en su voz.

El aludido agachó la mirada.

-No se suponía que lo hicieras.

Tormund negó con la cabeza, con una sonrisa amarga en su rostro, mientras se sentaba frente a la improvisada cama del muchacho.

-Ustedes sureños siempre son tan "suaves".

-En realidad vengo del este -le corrigió.

-Has vivido más al sur de este continente de lo que has vivido en el tuyo, y no hablo de años.

Jon parpadeó sobrecogido.

-Supongo que es cierto -asintió tras un instante de sopesarlo.

Ygritte lo miró con interés.

En un principio Val le había dejado en claro su desprecio por el muchacho mitad Targaryen y mitad Stark. Pero conforme el tiempo pasó, las palabras en las cartas fueron cambiando, incluso se atrevería a decir que la misma Val había cambiado. Jon era descrito como un joven estúpidamente honesto y honorable, igual que su tío Eddard Stark, incluso más sombrío en su persona que el mismo Brandon Stark. Y luego, cuando la familia real de Winterfell había llegado al Muro, la descripción del chico volvió a cambiar. Cuando la alianza de las tres casas se hizo, otros rumores comenzaron a describirlo.

-¿Qué tratabas de conseguir? -cuestionó Tormund

Ygritte rió ante lo absurdo de la pregunta.

-Es bastante obvio si me lo preguntas a mí

-cosa que no hice -respondió el pelirrojo evidentemente molesto.

Pero ella no le hizo el menor caso.

-el pequeño bebé cuervo estaba tratando de alcanzar a su amada, con el resto de los muertos -acusó con desprecio.

Se sentía furiosa, por alguna razón que no lograba ubicar. Quizás ella también había idealizado a Jon Targaryen, a través de las cartas de Val, de los rumores que Jarl traía consigo tras cada encomienda; que verlo así de destrozado le enervaba. Para agravar su molestia, el moreno bufó, sonriendo de medio lado.

-Tienes razón, cuando lo pones así sueno bastante patético -se burló de sí mismo.

Ella se quedó sin palabras ante lo sincero que sonaba aquello. Herido incluso. Un deje de culpabilidad comenzó a roerle el pecho.

-Ygritte, déjanos solos -le pidió su compañero.

Estaba por salir cuando volteó en dirección al moreno.

-Yo te encontré, por cierto. -Le dijo, sin saber realmente porqué tenía la necesidad de dejar aquello en claro.

...

Un par de horas después, Tormund había anunciado que el príncipe Targaryen se quedaría con ellos; al tiempo en que mandaba un emisario que le permitiera al rey Rob enterarse del paradero del muchacho. Ygritte había esperado bastante para poder hablar con él, no encontraba sentido a lo que su compañero pretendía hacer.

-¿Vas a dejar que se quede? -cuestionó, siguiendo al pelirrojo en su carrera por aquél campamento.

-Gracias a él constantemente estamos recibiendo provisiones, mismas que necesitamos para sobrevivir. Principalmente los medicamentos -Le recordó el hombre.

Ygritte lo sabía. Val se lo había dicho además, Jon pretendía seguir el trato que Arya había iniciado y tras enterarse de la traición de Jarl y varios del pueblo libre, en lugar de buscar culpables buscó dar soluciones a varios de los padecimientos de los salvajes del Norte. Todo esto por supuesto con el apoyo de Rob Stark y la corona valyria. Incluso si nadie lo entendía, nadie se atrevía tampoco a cuestionarlo.

-Eso lo sé. -Respondió ella. -¿Pero hacemos bien al confiar tan abiertamente en él? Él mató a Jarl.

Tormund se detuvo al instante, Ygritte con él, y le dió la cara; estaba molesto.

-Necesito recordarte que Jarl asesinó a su hijo no nato.

Mutismo.

Ojo por ojo... era uno de sus dichos sino reglas, después de todo.

-No voy a ser como Mance, algunas cosas necesitan evolucionar en nuestra gente. -Continuó él. -Pero tampoco voy a arrancar nuestras tradiciones, por el contrario, dejaré que el Targaryen las conozca. Y tú harías bien en ser una mejor compañía.

Y lo había sido.

Lo cual era la razón del porqué había terminado sintiendo la misma admiración que Val por el chico.

Jon Targaryen. Jon Snow. Jon Stark.

Ygritte los amó por igual.

Tanto, que terminó perdiendo la cabeza por él.

...

-Vas a arrepentirte de esto.

Meses después, cuando el príncipe Targaryen encontró la suficiente motivació para regresar a Winterfell, otro problema llamó a la puerta del castillo. La monarquía se había reestablecido en Valyria e incluso si la gente de dicho reino seguía herida en múltiples aspectos, se habían unido para atender a los afectados del holocausto, a tratar de construir un mejor país que el anterior.

Pero querían de vuelta al príncipe que durante la reconquista los había vuelto a unir. Jon desde luego, se negó a hacerlo. Daenerys quedó al frente, con el honorífico de su alteza real, pero quedaba claro que incluso la misma deseaba el que su sobrino volviera a su tierra natal. Pero por encima de todo, deseaba el que la fascinación por el Norte acabara por terminarse, que Jon se concentrara sólo y únicamente en atender su propio reino y no el ajeno.

-Mírate, actuando como una realeza del sur.

Así que una boda había sido la solución. Si Jon estaba de algún modo "unido" al Norte, su deseo de ayudar al mismo como una prioridad no se vería cuestionado y el pueblo libre podría seguir viéndose beneficiado. Aquello no fue bien visto, por supuesto, en especial porque el príncipe había elegido a una novia salvaje antes que a una noble del Norte.

Tormund le advirtió a Ygritte que aquello era porque para alguien como Jon deshacer una unión fuera de su ley y religión sería siempre mucho más fácil a que si contraía nupcias con la nobleza.

"Él no está dispuesto a casarse por honor, mucho menos por el corazón. No te engañes, Ygritte, Jon sigue casado con un fantasma." Le había advertido. Y luego Val hizo lo mismo, justo el día en que ella había llegado a Winterfell junto con Jon.

-No voy a arrepentirme de nada. -Contestó. -Si acaso terminara aburriendome de esto lo terminaría al instante.

La rubia afiló su mirada.

-Las cosas aquí no son igual que las tierras libres.

-¿Ah no? ¿Te has vuelto sentimental igual que todos ellos? -Respondió, queriendo burlarse con sus palabras.

-¿No lo éramos ya? -Refutó tranquila y la pelirroja le miró con molestia. -Nuestras reglas eran incluso más duras.

-Quizá. Pero sabes tan bien como yo que no somos tan apretados como ellos.

¿Por qué no había hecho caso?

...

Sabía la respuesta por supuesto.

En la intimidad, una que aún no culminaba en el sexo, Ygritte y Jon tenían su propio mundo. Era uno pequeño, era cierto, fácil de romperse por cualquier agente ajeno a éste; pero entonces le era suficiente.

-No habrá una ceremonia -Le advirtió Jon entonces, siempre tan austero y serio. Tan preocupado por todo menos por él mismo.

Ella le sonrió. Ambos estaban en la habitación que compartían desde su llegada a Winterfell.

-No necesito una ceremonia -le aseguró, tres días antes de que aquello se consumara.

Jon hizo un amago de sonrisa que pronto se consumió.

-Pero tenemos que hacer el contrato -le recordó.

-Pues hagámoslo. -Contestó al instante, restándole importancia.

Y no era que no fuese importante, porque lo era. Un acuerdo mutuo de permanecer juntos como pareja por razones meramente políticas y, en el caso de Jon, egoístas.

"Eso no será un matrimonio" Le había advertido Val. Pero incluso entonces, Ygritte no la escucharía.

-Mi gente recibe la ayuda de tu país y el tuyo de mi gente, es una situación de ganar-ganar. -Concluyó, abrazándo al joven por lo hombros y depositando un casto beso en los labios de él.

De nuevo, la sonrisa de Jon fue efímera. Y luego le miró con esos ojos tan grises, tan profundos...

Tan heridos.

-¿por qué aceptaste a esto Ygritte?

No tenía una respuesta para aquello.

-¿Por qué aceptaste tú? -Mirada con mirada, Ygritte no estaba dispuesta ceder. Deseaba, intensamente deseaba, que aquello funcionara. -Déjala ir Jon. -le tomó el rostro con las manos -Déjala ir.

Y lo forzó a besarlo después...

No consumaron su matrimonio sino hasta el día en que el contrato fue firmado frente a un par de testigos. Rob incluido. Si bien al principio el castaño se había declarado en contra de aquél trato, al final el mismo había convencido a Jon de que aquello era el primer paso para avanzar, lo que fuera que eso significara.

El moreno había seguido aquello como en un estado ausente, que en principio, Ygritte había confundido con una sensación de bliss. Él había parecido verdaderamente contento con aquél arreglo y en la pequeña celebración se había visto como un vivo partícipe; el cual siguió con el mismo entusiasmo tras las puertas de la recámara.

"Arya"

Pero había estado ebrio de recuerdos. Con el calor del alcohol nublando su mente, Jon se había permitido soñar despierto.

Y si se había percatado de haber herido a Ygritte o no, no parecía importarle.

"Está casado con un fantasma."

...

Días después, Val le había procurado una visita, y de ahí en más continuó haciéndolo puntual.

-¿El sur te sienta bien?

-Técnicamente seguimos en el Norte y sí, me sienta bastante bien. -Sonrió.

Pero Val siendo Val, había visto a través de la máscara.

-¿Tan duro ha sido?

Ygritte inspiró con algo de dificultad.

-Es difícil pelear con un fantasma. -Confesó con un tono de burla. -Pero la está dejando ir Val, sé que sí.

-Si tú lo dices. -Contestó.

-Los fantasmas no regresan de la muerte.

Y desde entonces, no había vuelto a tocar el tema.


De eso ya hacía un año. Tanto Jon como Ygritte, se habían tomado residencia en una de las mansiones de los Stark en Winterfell, cerca de las inmediaciones del castillo. No había sido precisamente un año fácil, pero no había sido malo tampoco. Ella y Jon habían alcanzado un mutuo acuerdo, un punto de convivencia que bien podría pasar por un matrimonio estable. Principalmente porque Jon era demasiado complaciente, si bien el mismo no hacía mayor esfuerzo en el romance, cedía a cualquier petición de Ygritte. La misma sabía que su compañero aún seguía arrastrando su pasado, pero trataba de obviarlo al ver el claro esfuerzo de él; sobre todo ante la constante presión de su tía Daenerys. Quien no había desistido de convencer a su sobrino de volver a tomar el trono.

Ygritte recordaba esos últimos seis meses de su matrimonio. El acontecimiento que acabó por terminarlo todo.

-¿Estás emocionada por tu nuevo trabajo?

La aludida levantó la vista hacia su compañero, Jon acaba de entrar a la cocina donde la pelirroja desayunaba.

-¿la verdad? Lo estoy

Ygritte había pasado el año anterior estudiando enfermería, ahora era practicante y tras dialogarlo con Jon, había finalmente accedido a comenzar a trabajar. Veía a Val regularmente además y aquello era una buena distracción cuando su ahora marido estaba ocupado trabajando en el consejo de Winterfell.

-Y es bueno para nuestras naciones. Quizá si esto resulta el próximo mes podremos hacerlo oficial

Jon sonrió ante el comentario, pero quedaba claro la poca fe que tenía en aquello. "Hacerlo oficial" significaba una ceremonia ante los ojos públicos de Winterfell y del mundo. Ante los ojos de los antiguos dioses y los nuevos.

-Lo haremos -Le dijo sin embargo, depositando un casto beso en los labios de su compañera. -Ten un buen día.

Jon se fue justo entonces, su horario de trabajo era más demandante que el de ella, dado que Jon servía a dos cortes debido a su linaje.

Ygritte suspiró.

Habiendo llegado tan lejos, no iba a rendirse ahora.

...

Llegó temprano a su destino. Una modesta mansión de departamentos en el área límite de la ciudad, una modesta zona noble.

-Estarás trabajando aquí -Le indicó su superiora, tras dejarla en la entrada de la casa.

La aludida admiró la arquitectura de aquél imponente edificio.

-Es una casa privada -dijo, verdaderamente maravillada.

-Lo es. ¿Sorprendida de que no fuera en el hospital? -Inquirió con risa en sus palabras la mujer. -Eso se debe a que la persona que está aquí es muy especial. -Le confesó.

Las puertas se abrieron y entraron a la recepción, su superiora llamó a través de un comunicador y tras un instante la puerta se abrió, entraron a un amplio corredor con una escalera principal que se retorcía en forma de caracol. A la muchacha aquello le recordó a las escaleras de una torre. Fueron subiendo los escalones hasta llegar al primer piso.

-¿Es de la realeza? -Inquirió, tras haber entrado al departamento y haber sido recibidas por el ama de llaves; una chica pecosa y rubia de sonrisa fácil. La siguieron por los pasillos.

-Podría decirse que alguna vez lo fue. Ahora está perdida. -Respondió su superiora en ese tono respetuoso de hablar casi en susurros. -Sabes cómo administrar el medicamento, ¿cierto?

-Sí, éste es mi segundo año de prácticas si contamos mi experiencia a campo abierto.

La mujer puso los ojos en blanco.

-Bien.

Se detuvieron entonces, frente a dos puertas de caoba blanca. El ama de llaves se giró en su dirección.

-La joven Arry tiene apenas dos semanas de haber cruzado el Narrow Sea, y el viaje fue duro con ella. Su mente, está, quebrada. -Les explicó a ambas. -A veces habla de sus sueños como si fuesen recuerdos.

-Quizá lo son -inquirió la pelirroja, su superiora la reprendió con la mirada.

El ama de llaves por el contrario, le sonrió con tristeza.

-Sé que la guerra fue confusa para todos y que hubo muchas confusiones pero éste no es el caso. -Le aseguró. Cualquier deje de diversión se evaporó en el ambiente. La chica le miró con seriedad y una plegaria en sus irises miel. -¿Puedo confiar en que la tratará bien?

Ygritte que nunca había sentido lo que era la responsabilidad de otro ser vivo en tus manos, de pronto sintió que el mundo le abriría un mar de posibilidades si aceptaba aquél honor.

-Por supuesto -contestó con determinación.

El ama de llaves sonrió antes de abrir las puertas.

-Arry, tienes visita -Habló.

Se adentraron en la habitación e Ygritte admiró aquél amplio espacio digno de una princesa. Las cortinas de los ventanales estaban cerradas y la habitación se encontraba en penumbras incluso si ya casi era el medio día. La cama estaba cubierta en un dosel, mismo que el ama de llaves abrió en un tirón.

-Ella es la señorita Ygritte, estará a cargo de tu cuidado apartir del día de hoy.

La aludida se acercó en cuanto escuchó que la presentaban. Intentando mirar a la joven que estaba recostada en aquella mullida cama, la misma parecía o bien estar dormida, o bien indispuesta de querer reconocer la presencia de las recién llegadas y aquello a la pelirroja le irritó. lo que menos quería era tener que cuidar a una niña mimada.

-Arry -Insistió la criada, destapando a la aludida tras arrancarle de un rápido movimiento la colcha y las sábanas. -Es hora de despertar.

Ahí, en posición fetal, estaba una jovencita no mayor de quince años, se dijo. Era menuda y delgada, vestida en un camisón blanco que saltaba a la vista el ser demasiado caro dada la finura del material del mismo.

-Arry.

La aludida al fin se removió, inconscientemente Ygritte se acercó aún más hasta quedar a un paso de distancia. Aquella melena castaña se removió cuando la dueña de la misma giró su rostro para mirar sobre su hombro a la recién llegada.

En el instante mismo en el que su mirada se clavó con la suya.

-¡Ah!

El mundo de Ygritte se congeló de pronto.

"Esos ojos", se dijo.

Tan grises...

Grises como una tormenta en el oceano.

Grises como una ventisca en invierno. Fría, cruel, desafiante y magnífica.

-Tu cabello es rojo... -habló la dueña de aquella fiera mirada. -Igual que el de Sansa...

Y al instante siguiente dejó de mirarla, volviendo a su antigua postura.

¿Cómo era posible? Se había preguntado entonces, mientras miraba atenta y sobrecogida la manera en la que el ama de llaves la levantaba de la cama y la ayudaba a vestirse. Había elegancia en cada uno de sus movimientos, una elegancia casi felina.

Pero esos ojos...

Eran los de un fantasma.


Le tomó un mes entero el acostumbrarse a aquella presencia y una semana más el reunir el valor de hacer aquella pregunta.

-¿Cómo era ella?

Jon dejó de escribir aquél reporte al escucharla. Era tarde, lo suficiente como para estar en casa, pero no lo suficiente como para estar en cama. Y Jon disfrutaba trabajar en el despacho de la mansión.

-Ygritte, acordamos no hablar del pasado. -Le recordó mirándola con cierto recelo.

Ella estaba de pie en la entrada de la habitación.

-Sólo quiero entender. -Le dijo con una plegaria escrita en sus ojos. -Sé lo que dije antes, pero parte de liberar es hablar. Y estoy aquí para tí. -Caminó hacia él hasta quedar de pie a su lado tras el enorme escritorio. -Eres mío y yo soy tuya.

Jon pareció perdido un instante antes de sentirse capaz de contestar.

-Ella... -Empezó y se ahogó con las palabras. Se dejó caer sobre el respaldo de la silla y suspiró. La mirada perdida, la mente sumida en recuerdos. -Era fiera, indomable; una fuerza de la naturaleza... -Describió con media sonrisa. -Quizá, de haber nacido en una era atrás, la descripción de una cazadora sería más adecuada para ella. Una princesa guerrera... que nunca se casaría.

Ygritte arrugó el gesto. Se puso de pie y se acercó a la cómoda donde Jon guardaba la reserva de alcohol. Sirvió dos vasos de whisky.

-Entonces, ¿cómo hiciste que se enamorara de tí? -Cuestionó.

-Ni siquiera yo mismo lo sé. -Confesó, aceptando el vaso que ella le ofrecía. -Éramos compañeros de juegos. Y luego... No lo sé. -Dió un trago al brebaje y dejó que el calor del alcohol le calentara el pecho, la sensación le recordó la calidez de una cueva de aguas termales. -Siempre he creído que fui yo quien se enamoró primero; era más grande que ella, entendía mejor estas cosas o eso creía; sentía deseo por ella. Pero siempre que la recuerdo, me veo atrapado por ése amor, incluso antes de saber si quiera que amor era lo que yo sentía por ella.

Ygritte bebió de su propio vaso, sopesando cada una de las palabras dichas, se recargó de espaldas sobre el escritorio quedando frente a la ventana tras el mismo.

-¿Por qué la dejaste atrás?

-Yo era débil. -Respondió sin más, y la sinceridad de aquellas palabras sorprendió a su compañera. -Estaba asustado. Incluso si sabía que ella estaba entrenada, no podía llevarla conmigo. La sola idea de perderla, me consumía. -Confesó, los ecos de viejas pesadillas se dibujaron en sus irises. -Las cosas, que viví en Lys... con los dhotraki, Daenarys... me hicieron darme cuenta de lo inapropiado que yo era como príncipe. Tomo demasiado tiempo en tomar decisiones y vidas preciosas terminan perdiéndose...

Ygritte lo miró confusa.

-Pero todos decían que fuiste un héroe.

-La historia la cuentan los que ganan. -Le interrumpió. -Y es cierto, sí que conseguí ganar un par de victorias importantes.

-Tú atrapaste a Petyr

-Fue más como que él se dejó atrapar. -Se burló.

-Reagrupaste a tu gente, y la lideraste. -Recalcó. -Daenerys estaba segregándola

-Daenerys se convirtió en Khalessi, su gente se volvió los dhotraki. -Volvió a interrumpirla. -Valyria estaba segregada incluso antes de que mi padre me enviara aquí.

Silencio.

Había cosas que a Ygritte todavía le costaba trabajo entender sobre la política de los diferentes reinos.

-Entonces ¿por qué es ella quien gobierna ahora?

-No lo es. -Jon rió verdaderamente divertido -Es sólo una pantalla. -Confesó. -Una que no durará mucho tiempo me temo.

-Así que sí vas a volver -concluyó.

-No lo sé. -Negó con la cabeza. Y de pronto Jon parecía más viejo de lo que en realidad era. -Todavía no siento ganas de regresar, es como si, como si algo aquí me atara.

Esa sonrisa, se dijo.

"Esa sonrisa tan triste, tan herida... tan falsa."

Ella entendió entonces que no pretendía hacer aquello más "oficial" de lo que ya era.

-Usaste este matrimonio para quedarte en Winterfell. -No era una pregunta, pero extrañamente tampoco era una acusación.

-Nunca mentí al respecto. -Contestó, con la necesidad de defenderse. -Te lo dije desde el principio.

Mutismo.

Mirada con mirada, ¿era éste el hombre que ella amaba?

Esos ojos grises.

Tan grises como el cielo antes del amanecer.

-Realmente nunca la dejaste atrás, ¿cierto?

Jon rió nuevamente irritado, desesperado realmente, como una burla a sí mismo.

-Lo he intentado desde entonces.

"Eso no es un matrimonio"

-Y dije que no me importaría. -Dijo más para sí misma que para él. -Sólo quería saberlo... -Se puso de pie dejando el vaso vacío sobre el escritorio, le sonrió a Jon antes de dirigirse a la salida. Pero se detuvo justo a la entrada, incapaz de irse aún, volvió a hacerle frente -¿Alguna vez he sido yo?

Afonía.

¿Cómo describir el rostro de Jon entonces? A quien parecía que el aire se le había escapado del pecho. Incluso si era Ygritte la que sentía que no podía respirar justo entonces.

-No importa. No contestes -le dijo, justo cuando él parecía querer responder.

"Prefiero no saber."

-Buenas noches. -Sonrió.

"Porque ya lo sé."

-Buenas noches. -Contestó él, con el gesto todavía destrozado.

"Así que no lo digas."

Ygritte se dió la vuelta y huyó de ahí.

"No lo hagas más real de lo que ya lo es."


Los días que siguieron a aquél enfrentamiento habían sido difíciles e incómodos. Por una vez era Jon tratando de acercarse e Ygritte quien buscaba por todos los medios alejarse de su compañía. Después, poco a poco la distancia volvió a cerrarse y ella sintió que podía volver a respirar. Otro mes había pasado además, sin que nada resaltara de su pequeña paciente.

-Tu cabello es largo. -Señaló la castaña con una sonrisa.

Misma a la que había comenzado a tomarle un genuino cariño. Aquella tarde, Ygritte cepillaba el cabello de Arry por primera vez. El ama de llaves Gilly había comenzado a dejarlas solas durante las horas que compartían en el día.

-¿Te gusta? -le preguntó, señalando su cabello rojo, el cual le llegaba hasta la cintura.

-Me gusta el color, me gusta que sea largo, se aprecia más. -Respondió su compañera.

Ygritte terminó la corona de trenza entonces.

-El tuyo es bastante bonito también -le dijo con sinceridad.

-Pero no lo suficientemente largo. -Refutó perdiendo la sonrisa, mirando su reflejo en el espejo de la coqueta.

El cabello de Arry era una corta melena cuando recién la conoció, ahora el cabello le llegaba hasta los hombros, pero cierto era que contrastaba con el largo de la pelirroja.

-Puedes dejarlo crecer. -Sugirió, no le gustaba verla triste.

Ella asintió.

-Supongo, siempre me ha gustado largo

-¿Entonces porqué está corto?

-Dijieron que tenía que esconderme. -Soltó de pronto en una voz que no sonaba como la de ella, sus irises grises se oscurecieron y a Ygritte el corazón se le escapó un latido. -Lo dejaron tan corto como el de un chico.

Su compañera le miró confusa.

-¿Te hiciste pasar por un chico?

-No. -Contestó, con un atisbo de sí misma que se esfumó tan pronto como vino -No lo sé... no lo recuerdo. -Confesó y de pronto sus pupilas recuperaron su brillo. -Gracias.

Ygritte suspiró.

-Voy a inyectarte ahora. Es la última. -Le dijo y comenzó a preparar el medicamento.

-Finalmente. -Festejó la castaña. -Hoy me siento con ganas de pasear, es una lástima que no se me permita salir en la lluvia.

Todavía era muy pronto para que Arry pudiese salir y aún más para hacerlo por su cuenta. Ahora que lo pensaba, se daba cuenta de que en realidad no conocía a nadie oficial de la familia de la joven y el halo de sospecha comenzó a arraigarse otra vez en su mente.

-¿A dónde te gustaría ir? -Preguntó en su lugar mientras inyectaba el medicamento en el brazo derecho de la joven.

-Al Muro. -Dijo. -Dicen que la nieve es mucho más pura. Como mágica.

Ygritte limpió el lugar del piquete. Deshechó la geringa como se debía y la miró una vez se hubo calmado.

-El Muro es bastante grande, y todavía no se ha terminado de reconstruir.

-Tienes razón -Asintió Arry -Quizá sería mejor, caminar por las calles de Winterfell, escuché el castillo abrirá sus puertas el siguiente mes. Me gustaría que fuéramos.

"Los fantasmas no regresan de la muerte."

-Veré lo que puedo hacer. -Prometió, sintiendo cómo el corazón se le oprimía.

...

Esa noche al llegar a casa, Jon seguía en su despacho. Tan pronto escuchó que la misma llegaba se levantó a recibirla.

-¿Qué tal el trabajo?

-Bastante tranquilo. -Contestó luego de besarlo. -¿El tuyo?

Jon suspiró.

-Rob me invita, nos invita, al evento en el castillo del mes próximo. Daenerys me exige que me haga presente... solo.

Ygritte dejó salir una risilla, encaminándose a la cocina. Jon la siguió.

-Por supuesto.

-No está aquí así que podemos ir juntos.

"Me gustaría que fuéramos juntas." Arry había dicho lo mismo.

-Estaré trabajando. -Contestó para sorpresa de ambos.

Jon se recompuso primero.

-Me dijiste que el paciente que cuidas es particular y le darán luz verde en comenzar a salir, ¿por qué no la llevas?

El corazón se le detuvo un instante. Ellos dos no debían encontrarse.

Se giró de nueva cuenta hacia su compañero.

-Será su primera salida. Puede ser perjudicial.

Jon asintió contrito.

-Tienes razón, no había pensado en eso. -Se excusó. -Supongo que Danny estará feliz de saber que iré solo.

Ygritte le miró contrita.

-Lo siento.

-Está bien. -Sonrió.

Ambos habían accedido a no tener servidumbre de planta, algo por lo que en ese momento y en momentos consiguientes, Ygritte estaba agradecida. De otro modo, otros pares de ojos habrían sabido ver lo que su marido no podía.

Quería estar lejos de todo en ese momento. Todo lo que representaba el pasado de Jon y Arya. ¿Pero cómo podía? Estaba atrapada en el medio de esa historia. Al grado de temer que Jon la dejara por alguien que se pareciera al fantasma que Jon tanto perseguía.


Fue así que, a pesar de recién haber visto a Val un par de días atrás, Ygritte le pidió reunirse con ella otra vez.

-Volviste tan pronto -señaló la rubia con una sonrisa, al instante en que vió llegar a su amiga a aquél café de la avenida principal.

La pelirroja se sentó con prisa, se bebió de golpe la soda de su compañera ante la estupefacta mirada de ella y luego ordenó dos bebidas más igual a ésa al camarero con una sonrisa en los labios. Luego miró con seriedad a su amiga.

-Tengo un favor que pedirte -Soltó.

-No malgastas ni un minuto -señaló con sorna.

Ygritte sonrió de nueva cuenta, irritada, y soltó las palabras con prisa.

-Sé que has estado bien y tú sabes que yo no lo he estado tanto. Y ambas sabemos que me lo advertiste así que ahorremonos el preludio y ayúdame de una maldita vez.

Silencio.

El camarero volvió demasiado pronto para sorpresa de ambas. Sirvió las sodas en los respectivos vasos y se retiró con un ademán educado. Val bebió de su vaso antes de hablar.

-¿Qué es lo que necesitas?

Los ojos de su amiga se llenaron de lágrimas, lágrimas que se negó a soltar y que terminó embarrando en su lugar en la servilleta blanca de servicio.

-Ygritte. -Presionó Val.

-Creo que quizá me esté volviendo loca -Confesó riendo sin verdadera gracia. Val le miró atenta. Cuando al fin Ygritte se tranquilizó, inspiró profundamente antes de volver a hablar. -Encontré a una chica exactamente igual a ella, o a cómo ella se vería si... -No pudo completar la frase, pero no hacía falta.

"Si estuviese viva"

Val entendía perfectamente bien.

-Ygritte, ella está muerta.

-Oh, lo sé, lo sé. -Asintió, con las emociones a flor de piel. -Por eso es que es tan jodidamente desconcertante. -Se quejó, elevando tenuemente la voz. Val la apremió a que fuera más discreta con la sola mirada. Ygritte bebió de nueva cuenta. -Tiene estos ojos que... Es como si Jon, como si la jovencita de la que siempre habla estuviese cobrando vida.

Val la miró atónita y preocupada.

-¿Qué tan igual?

Ygritte suspiró.

-Lo suficiente como para hacer que Jon vaya a corroborar que no sea quien creo que es.

Mutismo.

Val la miraba con los ojos abiertos, se notaba que aquello la descolocaba por igual e Ygritte lo entendía. Val sabía incluso mucho mejor que ella misma lo mucho que el recuerdo de Arya atormentaba a Jon.

-¿Se lo has dicho?

-¡Por supuesto que no! -Contestó al instante. -No soy tan cruel. -Estaba visiblemente ofendida. -Y he investigado. No es ella. Pero podría serlo. -Se retractó. -Y estoy asustada de que si él la ve... quiero decir, jamás ha dejado de verla. -Se lamentó, dejándose caer de nueva cuenta sobre el respaldo de la silla, derrotada. -Por favor no digas que me lo advertiste.

Val pareció pensárselo un instante.

-¿Por qué me pediste venir?

La aludida la miró. Y bastó esa mirada para quebrarle el corazón.

-Lo amo. -Confesó con la voz en un hilo. Las lágrimas dominándo su mirada. -Y es la primera vez que realmente me importa... ¿Cómo puedo hacerlo feliz?

Val desvió la mirada. Era demasiado incluso para ella.

Ygritte siempre había sido su propia persona. Fuerte, decidida, pero sobre todo independiente. Que el hecho de verla tan quebrada...

Dolía.

-Quieres que te diga si debes dejarlo o no. -Concluyó, la pelirroja bajó la mirada limpiándose las lágrimas con las mangas de su vestido. -Ygritte, en este punto, sólo tú puedes decidirlo. ¿Qué es lo que quieres realmente?

-¿Puedes mostrármelo? -Pidió, y su amiga sabía exactamente a lo que ella se refería. -Entre tanta fantasía y descripciones vagas, quiero decir, ¿no enaltecemos de más a los muertos? -Cuestionó. -Necesito saber realmente, cómo era. Contra qué compito.

-Si él hubiese querido que supieras

-No me vengas con eso. -La cortó. -Pudiste haber sido tú. Me lo debes.

Y Val sabía que era justo como Ygritte le decía.

-Sólo te estás hiriendo a tí misma. -Le dijo a modo de advertencia, pero inevitablemente cediendo. -Vamos, algo me dice que sería peor dejarte esperar más tiempo.

...

La siguió entonces, hasta el castillo de Winterfell. Al ala del mismo en la que la princesa salvaje estaba confinada. Era una princesa rehén, después de todo, se recordó Ygritte.

En silencio, entraron en la habitación, Ygritte esperó mientras Val hacía lo propio, buscaba y rebuscaba entre sus cosas, juntando los recuerdos de alguien más. Tras varios minutos, Val le enseñó una pequeña caja con varias cintas de películas y varios sobres. Ygritte abrió uno que le llamó la atención en especial, adentro estaba un pequeño bonche de fotografías en sepia. Las vio una por una.

-¿Era éste su cuarto? -cuestionó al ver la amplia recámara plasmada en aquella imagen.

-El rey Rob ha prohibido que la habitación sea reemplazada -contestó Val en su lugar, Ygritte siguió mirando las fotografías -ha dado órdenes estrictas por otro lado de mantenerla limpia, lista como si su pequeña hermana fuese algún día a regresar.

-Era apenas una niña. -Se admiró al ver un retrato de la misma.

-Todos lo éramos. -Refutó Val con amargura. -Entendíamos tan poco de todo. Pero Arya... y Bran también. Ellos dos, parecían estar tan seguros, siempre, especialmente Arya. -Le entregó la caja con las cintas entonces. -Ten.

-¿Son todos?

-Dioses, no. -Contestó con una risa. -La mayoría los tiene él. El resto son propiedad de la Corona. -Explicó, Ygritte asintió. -Yo sólo guardo los que Arya recelaba, cuando la cuide... en la ausencia de Jon.

Val no se atrevería ya a decir aquellas palabras, pero Ygritte las entendía.

Cuando estuvo embarazada.

La pelirroja entendía el pesar en el corazón de la rubia. Su compañera se había culpado también durante un tiempo, de la tragedia que la loba de los Stark había sufrido. Sentía que había fallado a quien le había ayudado en su momento de desesperación.

-Gracias. -Tomó las cintas.

-¿Puedes conseguir el equipo?

-Sí, tengo uno en casa.

-Bien. -Asintió. -Devuélvemelos si decides permanecer con Jon. De lo contrario, déjaselos a él.

Ygritte salió sola. Val se había quedado atrás con sus propios fantasmas. Aquél encuentro había tocado una vena sensible de la princesa del pueblo libre. Recuerdos de una época llena de tragedias. Y por una vez, agradeció el haber permanecido al Norte del Muro cuando la Segunda Gran Guerra sucedió. Nunca había entendido porqué Val había accedido a aquél trato, incluso entonces le costaba trabajo entenderlo, mas una vez vio aquellas memorias.

"A Arya le encanta bailar"

"Baila con ella Jon"

"Baila conmigo"

"Sonríe Targaryen, sonríe para mí"

"Es una loba"

"Yo soy la brisa de Invierno, soy Arya de la casa Stark"

"Margaery, dile que hizo trampa"

"No escuches a los hombres Arya, les ganamos"

"Bésame Jon"

Era simplemente demasiado.


Los siguientes tres días, Ygritte se había declarado enferma y no había asistido a cuidar de Arry. Jon quiso quedarse a cuidarla pero ella lo rechazó de lleno. No podía siquiera mirarlo a él.

Aquellos videos, habían estado llenos de recuerdos principalmente de Jon más que de Arya; lo cual era entendible si se tomaba en cuenta que eran las cintas que la misma Arya guardaba como de su exclusiva propiedad. Pero también había recuerdos de ellos dos juntos. Y la sonrisa que Jon mostraba en aquellas imágenes...

Ella nunca había visto esa sonrisa.

...

Cuando Ygritte volvió a cuidar de Arry tras el tiempo que consideró suficiente para reponerse, se convenció de sus propias palabras. Los fantansmas no regresan de la muerte. El mismo rey Rob Stark había confirmado la muerte de su hermana, si no bien de forma oficial, al mismo Jon en secreto. Y él no mentiría sobre algo como eso.

Además era fácil amar a Arry. Genuinamente Ygritte extrañaba la compañía de la misma.

Mes y medio pasó en un parpadeo.

-Las puertas del castillo se abrirán en dos semanas. -Soltó la jovencita a su cuidado de repente. Justo habían terminado una serie de ejercicios aeróbicos para mejorar su condición. -Y sigo con el mismo deseo. De verdad me gustaría ir a verlo contigo, si no te molesta.

Ygritte sonrió complacida, aquello ya no le molestaba. Pero al mismo tiempo, era una competencia de la que ella solamente sabía.

-En realidad estaba pensando en pedir el día libre, desde que tengo que asistir por invitación de la corona como invitada especial.

Arry parpadeó perpleja.

-Oh, está bien. -Asintió comprensiva pero evidentemente disgustada. -Gilly, ¿podrías llevarme tú?

El ama de llaves que en ese momento entraba a la habitación, le miró sonriente.

-Veremos si los señores están de acuerdo. -Contestó y comenzó a recoger la sala.

-Ygritte, ¿irás con alguien más al evento?

-Lo haré, iré con mi esposo.

-Es cierto, estás casada. ¿Cuál es su nombre?

Mutismo.

El corazón se le volvió a saltar un latido.

-Aegon -contestó finalmente, tras un instante de duda.

¿Por qué mentía?

-Es un nombre Targaryen -Dijo la jovencita, con clara confusión.

-Fue un soldado desertor. -Se apresuró a explicar. -Decidió quedarse en el Norte. El rey Rob dió su consentimiento, no fue el único por supuesto.

Eso no era una mentira en realidad, pero el contexto no era el correcto. Sin embargo, Arry no se dió cuenta de esto y por el contrario se abochornó al pensar que había ofendido a su compañera con su incesante curiosidad.

-Lo siento, fue grosero de mi parte.

Gilly entró de nuevo entonces.

-Señorita Arry, es hora del baño.

Cuando Arry salió, Ygritte no podía sentirse más culpable.

...

Y ahora tenía que convertir aquella mentira en una verdad.

-¿Me estabas esperando?

Jon entró entonces. Una de las noches en que más llegaba tarde era cuando se reunía con su viejo grupo de soldados del escuadrón de Ramsay, los dioses lo tengan en su gloria, Ygritte entendía la camaradería que compartía el Targaryen por aquél grupo de mercenarios incluso si no conocía de lleno toda la historia de su tiempo en el escuadrón durante el final de la guerra.

-Resulta que me darán el día del evento libre -informó una vez Jon la hubo besado.

-Oh, ¿vendrás conmigo entonces? -Preguntó esperanzado y a Ygritte se le entibió el corazón.

-Si no has invitado a otra chica... Iré

Jon sonrió con soltura.

-Eso me hace feliz.

-Estoy feliz de que lo haga.

Hicieron el amor aquella noche, tras una temporada de no intimar. Aquello sirvió para aplacar las dudas de la salvaje, al menos por un tiempo más.


Al día siguiente llamó a su compañera.

-Val

-Aún no me devuelves las cintas -dijo ésta, antes siquiera de saludar.

Ygritte ahogó una risa.

-No he terminado de verlas -Se excusó. -Pero sí te las devolveré

-¿Cuándo?

-Después del evento del castillo, he estado ocupada -le infromó sonriendo, incluso si su compañera no podía ver su sonrisa.

-Por supuesto que sí.

-No seas una perra, sólo agradece que siga siendo tu amiga -exigió, justo antes de colgar.

Todo iría bien, pensó. Y decidió que ése día iría aún más temprano al trabajo. Deseaba sacar a Arry a pasear al fin. Quizá con el tiempo superaría incluso su temor de que Jon conociera a la joven de ojos grises. Seguro que sería extraño al inicio, principalmente para el Targaryen, pero no para Ygritte. Estaría entera cuando ese encuentro sucediera.

-Señorita Ygritte

-Hola Gilly

Fue por eso que se sorprendió cuando Gilly la detuvo en el recibidor.

-Es tan temprano.

-Lo sé, perdona llegué más temprano de lo que debía -se disculpó sin poder dejar de sonreír -es sólo que pensé que hoy podría aprovechar para sacar a Arry en su primer paseo.

Pero Gilly no se veía contenta. Sino preocupada, casi desesperada.

-En realidad creo que debería irse.

-¿qué? ¿Por qué? -cuestionó confusa, la sonrisa comenzando a deshacerse.

-La señorita Arry tiene visita de su familiar.

-Oh... -Exclamó, de pronto entendiendo en parte su imprudencia ya que el familiar de Arry (quien quiera que éste fuera), había sido demasiado cuidadoso con mantenerse en secreto. -Puedo esperarla. -Sugirió haciendo ademán de querer entrar.

Pero la rubia le negó el paso.

-No creo que sea prudente.

-¡Gilly!

Y le cerró la puerta en el rostro.

-Por favor señorita Ygritte, me encargaré de llamarla más tarde. -Le dijo a través de la puerta de metal.

La pelirroja suspiró molesta pero resignada.

Comenzó a bajar las escaleras del porche dispuesta a retirarse y volver quizá mañana.

Lo habría dejado ir... Pero algo en su pecho la obligó a regresar sobre sus pasos, en especial cuando divisó a un inquilino de uno de los pisos de arriba y una idea le brilló en la mente.

-Disculpe, olvidé mis llaves y...

El hombre sonrió.

-No se preocupe, la ayudo. -Le dijo, abriendo la puerta principal para ambos y luego la del recibidor que daba acceso a la escalera principal. -Después de todo no es una extraña.

Por toda respuesta Ygritte sonrió antes de dar las gracias. Bueno era que ninguno de los otros inquilinos había reparado en que la joven pelirroja no tenía llave propia, siempre tocaba para que la dejaran entrar.

Ygritte subió al segundo piso y entró con cuidado en la residencia. El departamento carecía de mucha servidumbre, apenas el ama de llaves, la cocinera y dos más mucamas encargadas de la limpieza; resultó fácil el no hacerse notar. Pronto escuchó las voces, provenían de la sala de estar, Ygritte se acercó a la antesala y se escondió dentro de uno de los armarios principales, justo antes de las puertas de dicha sala se abrieran de golpe.

Arry entró por delante, seguida de un joven alto y aparentemente apuesto, Ygritte no podía distinguir su cara a través de la rejilla. Otra jovencita se sumó a aquella escena, entrando por detrás de la del muchacho y acompañada de otro hombre alto que se encargó de cerrar las puertas de la antesala.

-Necesitas descansar -dijo el joven.

-Gendry te lo he dicho un montón de veces, estoy bien -replicó elevando la voz una octava y sentándose en uno de los banquillos.

La otra joven habló entonces visiblemente preocupada.

-No estás bien, sólo crees que lo estás.

-¡Suficiente de esto Sansa! -Arry la cortó.

"Gendry"

"Sansa"

Ygritte conocía esos nombres, incluso si de momento no podía ubicarlos.

Sansa se acercó a Arry y en un hilo de voz le habló.

-Sólo estoy preocupada por tí Arya

-¡No me llames así! -Volvió a gritar la castaña, justo al tiempo que el corazón de Ygritte se había estrujado hasta cortarle el aire en gajos.

Arry. No. Arya, pareció perder las fuerzas entonces. -Por favor no me llames así... -susurró y después se cubrió el rostro con las manos. -Soy un monstruo.

-No -negó Sansa y se sentó a su lado. -No lo eres. -Le tomó ambas manos hasta descubrirle el rostro. Pero Arya no la veía. -No lo eres... sólo estás perdida.

-Vamos a encontrarte little one*. -Habló por fin el hombre.

La aludida negó con la cabeza.

-Estos sueños, simplemente no se van. No importa lo que Jaquen haga. -Se quejó con un deje de irritación y tristeza, casi de derrota.

-Necesitamos esos recuerdos, -presionó el muchacho -tú los necesitas.

-No son míos, no los quiero. -Gruñó molesta.

-Arya -le llamó Sansa otra vez -Regresaste al Norte, éste siempre ha sido tu hogar. Con o sin recuerdos.

-Pero es muy peligroso Arya, tienes que entenderlo. -Completó Gendry.

La aludida parpadeó entonces.

-¿Quién es Arya? -cuestionó mirándolos a cada uno.

Entonces Ygritte recordó a quién pertenecían aquellos nombres.

-Era mi hermana. -Contestó Sansa tras un pequeño silencio, se había recompuesto demasiado rápido, de modo que era obvio que aquella visita no era la primera. -¿En qué estabas pensando Arry? Te nos fuiste por un rato.

La castaña se veía abochornada.

-Lo siento. Lo hice de nuevo. -Se disculpó.

-Está bien. -Contestó Gendry, que parecía irritado. -¿Por qué no regresamos a tu habitación?

-¿Por qué no mejor salir?

-Lo hiciste de nuevo Arry, aún no estás lista. -Le recordó el hombre alto.

Ygritte pasó las siguientes dos horas, en espera de que las visitas se retiraran. En espera de que ella pudiera salir sin prisa. Dos horas pensando en que un fantasma acababa de regresar de la muerte.

...

Caminó en un trance de regreso a casa.

Dejó que el día avanzara en espera de que Jon llegara también. El día se hizo noche frente a sus ojos mientras ella permanecia sentada en la sala al pie de la ventana.

-Pareces ausente.

Mi siquiera se percató cuando Jon llegó.

-Sólo pensaba -contestó aceptando la taza de chocolate caliente que Jon le ofrecía.

-¿Sobre qué? -Cuestionó sentándose frente a ella.

-Cuando estabas en el Muro... ¿Con cuántos príncipes y princesas conviviste?

-Ah... no lo sé -suspiró, haciendo cálculos en su cabeza -casi todos supongo, excepto los enemigos. -Bromeó.

Ella rió con él.

-¿Que tal los Baratheon?, se rumora que tú encontraste al heredero.

Jon negó con la cabeza incluso antes de que ella terminara aquella frase.

-Arya lo hizo. Yo sólo la seguí.

Ygritte le miró confundida, intrigada y con deseos de conocer la historia.

-¿Cómo que ella lo hizo?


"Corrió a través de la nieve como si supiera exactamente a dónde ir. Practicamente le salvó su vida, fue ella quien convenció a Jarl de dejarnos seguir la señal. Se volvieron amigos instantáneamente."

Al día siguiente, Ygritte seguía sin poder sacarse la historia de la cabeza, incluso si finalmente había conseguido sacar a Arry del departamento.

-Finalmente en el parque. -Exclamó contenta la castaña. -Ah, es bueno sentir un poco de aire fresco.

-Este es un buen punto de descanso. -Señaló Ygritte, dejando sus cosas bajo un arciano.

Arry la miró divertida.

-¿Sí sabes que no tengo verdaderos problemas de la columna verdad?

-Lo sé. -Asintió su compañera, sonriendo igualmente. -Pero las órdenes fueron estrictas, dijieron que tienes una herida que requiere que no hagas tanto esfuerzo, incluyendo el caminar.

Arry hizo una mueva.

-E incluso así, no es tan malo.

¿Debería de preguntar? Durante el día anterior Ygritte se había pasado el tiempo haciendo teorías, armando miles de posibles escenarios. Necesitaba saber.

-¿Qué fue lo que pasó entonces?

Gilly se sentó entonces junto a ellas, llevaba una cesta con comida.

-Recibí un disparo cerca de la cadera en la revuelta del puerto de Bravoos hace poco más de un mes. -Explicó.

"Ramsay murió en Bravos" Le había dicho Val "Estaba tras una pista de Arya"

-Sacaron la bala y quedé algo débil, pero no lastimó ningún órgano vital.

-Es precaución entonces -inquirió Gilly.

Arry rodó los ojos.

-Es paranoia, mi hermana, cree que encerrarme impedirá que salga a cazar piratas o algo así. -Se rió y sus compañeras rieron con ella. -Pero la asusté bastante, así que trato de hacerle caso, lo más que puedo.

"Mandé a Ramsay a Bravoos a buscarla." Había escuchado alguna vez a Jon decir aquello.

-¿Quieres caminar entonces? -sugirió, deseosa de cambiar el tema.

-Por favor. -Pidió con la sonrisa estirada. -No dirás una palabra, ¿verdad Gilly?

-Mis labios están sellados. -Asintió la rubia, por una vez del lado de su señorita. -Sin importar lo que digan los señores, caminar es buen ejercicio, y la señorita lo necesita.

Aquél día, tras regresar al departamento y despedirse de Arry, Ygritte acorraló a Gilly aprovechando cuando ésta la escoltó a la salida.

-Sabes quién es realmente ella -No era una pregunta.

-Es la señorita Arry -contestó la rubia sin sobresaltarse, había que darle crédito por ella.

-Gilly... -Pero Ygritte ya no tenía paciencia. -Vi al coronado rey Gendry de Stormlands visitar la mansión seguido de la reina regente Sansa de Irond Lands. -Le confesó, los ojos de la ama de llaves se abrieron como platos. -Ahora no quiero saber cómo demonios llegaron aquí y pasar de incognito, pero lo que sí quiero saber, es quién es la persona a la que estoy cuidando.

-Señorita Ygritte -trató de disuadirla.

La aludida le tomó de ambas manos y presionó con fuerza.

-Estoy casada con alguien de la realeza Valyria, y sí, -recalcó -es una amenaza.

Tras un instante mirarse la una a la otra, en donde la pelirroja se aseguró de ser lo suficientemente intimidante; Gilly al fin cedió.

-Se llama Cat, es de Braavos. -Contestó. -Se cree que estuvo con la princesa Arya cuando ésta fue llevada a Valyria. Tras el último incidente que sufrió, ella tiene episodios, donde cree que es Arya Stark.

¿Más mentiras? ¿O de verdad Gilly tampoco sabía la verdad?

-Si sólo "cree", ¿por qué la procuran tanto? ¿Por qué el nombre de "Arry"?

-Su alteza Sansa cree, que tiene los últimos recuerdos de su hermana, y ella quiere recuperarlos. -Le explicó. -No puede llamarla directamente Arya, pero puede "sugerir" el nombre de una forma menos directa.

-¿Y el Baratheon?

-Él la ve más como peligrosa. -Ygritte compartía aquél pensamiento. -Ya hablé demasiado, entiendo el porqué necesitaba saberlo pero no puedo decirle nada más; por favor, júreme que no dirá nada.

-No lo haré. -Prometió.


"Arya"

Todo había estado yendo bien. Todo se suponía debía mejorar.

Y ahora ése nombre volvía a atormentarlos a ambos.

Durante los siguientes días, Ygritte se había dado cuenta de que en realidad siempre había sido así. Jon dedicaba horas de todos los días para pensar en Arya, lejos de su hogar. Y finalmente quitarse la venda de aquella realidad le estaba costando más de lo que se permitía admitir.


Por eso, era practicamente un milagro el que se encontrara tan aparentemente compuesta durante aquella Gala.

-Me alegra que pudieras venir Ygritte. -La saludó un animado Rob

-Su alteza -Ella hizo una reverencia y él hizo un gesto de molestia.

-No tienes que hacer eso... cuando hay otros ojos.

-Lo sé, pero se volvería complicado mantener la guardia alta. -Le dijo sonriendo. -Es mejor así.

Rob asintió con la misma sonrisa y luego su rostro perdió un poco de su animosidad.

-¿Cómo está él?

El corazón se le estrujó.

-Está bien. resistiendo, supongo.

-¿No lo estamos todos?

Justo entonces el aludido se unió a ellos en el solar.

-¿Qué conspiras con mi esposa?

-Nada que no esperes ya. -Contestó el castaño, envolviéndose en un abrazo con el moreno. -Recuerda que soy un rey demasiado aburrido y con un exceso de tiempo libre.

-Siempre es bueno verte Rob.

La puerta del solar de Rob volvió a abrirse, ser Rodrik estaba de pie en el pasillo.

-Su majestad, es hora de empezar.

Rob sonrió a ambos.

-Acabemos con esto.

Caminaron por los pasillos en dirección a la sala del balcón principal, donde la realeza saludaba normalmente a su pueblo en ese tipo de eventos. Estaban por entrar cuando una figura llamó la atención de Ygritte por el rabillo del ojo.

Se detuvo casi al instante. Jon se giró hacia ella confundido.

-¿Ygritte?

La aludida miraba en dirección a la jovencita al final del pasillo, en compañía de un grupo de personas que Ygritte no sabría decir si eran nobles también o no. Arry lucía hermosa en ese sencillo pero elegante vestido gris de mangas cortas, casi como sacada de un sueño, que la pelirroja sintió un amasago de emociones contradictorias.

-¿Sabes qué? ¿Por qué no sales solo? -Le dijo a Jon, justo antes de que éste intentara ver qué era lo que la distraía. -Sigo siendo una salvaje Jon. Y no es por lo que diga o piense tu tía Daenerys, es sólo que esto no es mi... no tengo porqué estar ahí. -Se explicó.

Jon la miró un instante, sopesando sus palabras y lo que debería hacer.

-No voy a forzarte. -Le dijo al fin. -¿Esperarás dentro?

Ygritte asintió sonriendo y se aseguró de que su gesto fuera sincero. Jon le dio un beso en la frente antes de seguir a Rob dentro del salón. En cuanto lo hubo perdido de vista, se dio la vuelta en dirección a aquella jovencita.

-Arry -Le llamó.

La aludida saltó al verla, separándose momentáneamente de su compañía.

-¡Ygritte! -La saludó y ambas se abrazaron.

La joven no podía negar que contrario a lo que su corazón sentía por Jon, estaba feliz de ver a Arry.

-Estás caminando, en público. -Señaló una vez se separaron.

-Ya sé! -Arry sonreía por igual -Fue difícil convencer a mi hermana pero finalmente aceptó dejarme ir.

-¿Dónde está tu hermana?

-Justo aquí

Ygritte miró en dirección a la recién nombrada, su corazón se había quedado quieto apenas un segundo, pero la mujer que esperaba ver no era la que tenía en frente. Es más, ni siquiera se parecía a Arry.

-Hola, soy Alys Karstark, gusto en conocerla

-El placer es mío -saludó por igual.

-Gracias por cuidar de Arry en mi ausencia. Parece estar bastante mejor.

Afonía.

Ygritte estaba desconcertada y no podía por más que sonreír.

-Wow. -Exclamó tras por fin recobrar el habla. -Estoy sin palabras... Oh, cierto, el evento está por empezar, ¿por qué no las guío hacia la explanada?

-De hecho veremos el evento desde uno de los palcos -Le indicó Alys.

La mujer tenía una presencia casi igual a la de un salvaje.

-Cierto, las casas nobles tienen su lugar asignado.

-Alys, ¿puedo quedarme con Ygritte? -Pidió Arry, para sorpresa de ambas, miró a Ygritte entonces -Sé que dijiste que estarías con tu esposo, pero si recuerdo bien era alguien tan importante como para estar en compañía del rey, ¿cierto? Lo que significa que mientras dure el evento estarás sola. Y me gustaría hablar.

-Arry -Presionó Alys, a lo que la castaña le miró suplicante. La mujer miró a Ygritte entonces simulando sentirse contrita -si no le molesta

-En lo absoluto -contestó de inmediato -ven conmigo -le dijo a Arry ofreciéndole su mano, la cual la castaña aceptó gustosa -La llevaré de regreso en cuanto el acto termine. -Prometió.

De pronto Ygritte tenía un nuevo plan. Jamás había sido lo suyo el maquinar acciones, pero su corazón y su mente parecían tener voluntades propias; a veces se unían y a veces se contradecía, y en ese momento parecía que sería la primera.

-Nunca antes había estado en un castillo. -Confesó Arry, incluso si su compañera sospechaba que aquello no era cierto. -Es hermoso

-Yo creo que es lúgubre -refutó.

-Porque tú estabas acostumbrada a vivir al aire libre -Debatió al instante y luego se abochornó. -No lo digo como un insulto, a mí me encantaría una vida así.

Ygritte la miró con simpatía y culpa.

-Has estado encerrada por mucho tiempo -dijo, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta.

-Lo suficiente para maravillarme de todo. -Completó su compañera.

El plan en su mente cambió de nuevo.

-Sabes, sé de buena fe que el espectáculo valdrá la pena. Y creo que si lo vemos como la gente ordinaria lo disfrutarás un poco más. Aunque tendremos que subir un par de tejados.

A Arry los ojos le brillaron.

-Me encantaría, puedo escalar en este vestido, no está tan apretado.

Ygritte compartió su sonrisa. ¿Por qué no podía sencillamente despreciarla?

-Descuida, no vamos realmente a trepar. -Le aseguró, remarcando que su hermoso vestido verde no era apropiado para la actividad. -Sólo espera un poco. -Le pidió e instante siguiente se acercó a un miembro de la servidumbre del palacio. -Puede decirle a mi esposo que estaré en la vieja torre, lo veré tras el espectáculo de avionetas.

La mucama asintió.

-Lo haré tan pronto como me sea posible madam.

Ygritte volvió entonces con Arry y la guió hasta la torre. Tras el ataque a Winterfell, aquella vieja torre había permanecido sin ser reparada. No tenía gran importancia en relación con el resto del castillo y formaba parte de la decoración del mismo, en una retorcida manera, que nadie había cuestionado el porqué permancía así.

-Descuida, es seguro. -Le dijo a la joven, al ver que miraba con cierto recelo aquél lugar.

-¿Por qué la mantienen así?

-No lo sé, supongo una clase de memento.

Llegaron hasta el tope. La pequeña introducción de la Gala ya había concluido y Rob estaba justo en medio de su discurso cuando Arry se acercó emocionada a la ventana.

-¿Puedo sentarme en el marco?

-Seguro, sólo ten cuidado. -Le pidió. -Déjame ayudarte, es mejor si te recargas en uno de los lados.

Ygritte no sabía decir ya lo que sentía. Verla ahí tan contenta, como una avecilla enjaulada que ha sido liberada al fin pero que todavía no abandonaba de lleno su jaula... y luego estaba Jon. Quería que Jon viera a Arry, pero el plan había cambiado.

-Estamos bastante cerca. -Notó la castaña, sosteniendose mientras intentaba mirar a la distancia. El balcón donde estaban los nobles estaba apenas a unos diez metros de distancia, ellas estaba a un lado del edificio principal, en contra esquina. Justo entonces, Arry notó que su compañera permanecía detrás de ella a una distancia prudente. -¿No te sentarás?

-La luz me molesta un poco. -Se excusó.

Y Arry no sospechó de sus palabras. Aquello sólo hizo sentir peor a Ygritte.

El desfile terminó y el cierre fue un show de avionetas, las cuales formaron un marco de nubes de colores y escribieron mensajes en el cielo. Ése fue el momento en el que Jon recibió el mensaje de la mucama y su mirada cayó en la torre. Ygritte lo vio venir y supo esconderse entonces. Dando la espalda a la escena afuera, usó un espejo de mano para poder ver la reacción del Targaryen.

...

Su corazón se resquebrajó en múltiples pedazos.

...

Jon. Su Jon. Que nunca fue suyo realmente, miraba embelesado sin duda a la joven que sentada al marco de la ventana de una torre en ruinas, veía el show en el cielo sobre el castillo.

"Como si fuera sacada de un cuento de hadas." Se dijo con rencor.

Al principio su expresión había sido una de terror, incluso en la distancia, Ygritte era capaz de visualizar cómo el color se había ido del rostro de Jon tan sólo para regresar poco a poco. La expresión asustada se reemplazó por una de adoración y ella supo en ese momento que no podía perder jamás algo que no era suyo.

...

Su corazón... el corazón de Jon, nunca regresó de la guerra.

...

-Eso fue hermoso -exclamó Arry conmovida una vez el show terminó.

-Lo fue -Asintió Ygrette. La atención volvía al rey y ella aprovechó el momento en que el mismo robó la atención de Jon para desaparecer mágicamente al hada que ella había revivido. -Será mejor que bajes -Le dijo con premura y fue tanta la necesidad de bajarla que terminó por hacerla caer junto con ella.

-¡Ah! -gritaron ambas.

-Lo siento -Se disculpó verdaderamente contrita, irguiéndose para ayudar a levantarse a su compañera.

-Estoy bien, de hecho fue mejor, odiaría que mi hermana me hubiera visto

-Cierto.

"Ni siquiera había pensado en eso"

...

Tras haber entregado a Arry sana y salva a los brazos de su supuesta hermana, Ygritte estaba de vuelta en el solar de Rob; donde Jon finalmente la encontró con la mirada perdida en el paisaje tras la ventana.

-Hey

Ygritte levantó la mirada al oírle y le saludó por igual -Ése fue un acto hermoso -Le dijo.

Pero Jon se veía descolocado.

-¿dónde estabas?

Ella le sonrió.

-En la vieja torre, me viste, sé que me viste. Estaba sentada en el marco de la ventana.

El plan había cambiado.

Si fuera posible, Jon se veía aún más descolocado tras oírle decir aquello.

Ygritte sonrió. -¿qué?

-Es sólo que creí... -Las palabras murieron en su boca antes de ser pronunciadas siquiera.

Pero Ygritte las conocía muy bien.

-¿Qué?

"Creí ver a Arya"

Jon sacudió la cabeza, negándose más a sí mismo que a ella.

-No importa. -Le dijo. -Vamos. Ser Barristan acaba de llegar y quiero presentártelo.

Sobra decir que esta vez fue Jon quien volvió a alejarse.

Tras aquél nuevo rechazo, el plan volvió a cambiar.

...

Y siguió cambiando durante los siguientes dos meses. Dos meses intentando que Jon volviera a abrirse, si es que alguna vez lo había hecho, Ygritte ya no lo sabía con certeza. Quizá aquél mundo que imaginó era de ambos, tan sólo estaba en su cabeza. Pero incluso de ser así, ella sabía que Jon se aferraba a ella para seguir a flote, sabía que de otro modo el estaría aún más perdido de lo que lo estaba entonces.

Pero aquello no era justo para ella. Nunca lo había sido. Todos se lo habían dicho, incluido Jon.

Y Arry...

-Hola hermosa -La saludó al verla, la misma estaba en el jardín de la mansión de departamentos.

-Ygritte -Le contestó con una sonrisa y la abrazó.

Arry era el misterio que Ygritte quería desvelar. La princesa de un cuento con la que se identificaba de muchas maneras y por distintas razones, tanto, que sentía que ayudarla sería ayudarse a sí misma.

-Escuché que vas a mudarte -inquirió, sentada junto a ella en aquella banca.

Arry sonrió más ampliamente, dejó el libro sobre la mesilla que tenía justo enfrente.

-Finalmente saldré de esta masión, ¿pensé que seguirías con nosotros?

-No puedo moverme de aquí.

-No iremos tan lejos

-Ya entregué mi renuncia. -Confesó. Dejando en shock sin duda a su querida amiga. -En realidad voy a volver al Norte.

La castaña al fin pareció desprenderse del trance.

-Tú y tu esposo van juntos entonces -Soltó con amargura e Ygritte tuvo que morderse el cachete para evitar reír ahí, adoraba que su pequeña paciente la celara de aquella manera. La misma debió darse cuenta de sus pensamientos, sin embargo, y pronto se avergonzó -Perdona, no quise ser grosera.

-No, está bien. -Le dijo sincera. -Realmente disfruté tu compañía. -Luego sacó una pequeña caja de madera, similar a una musical pero no tan pequeña. -Ten -Se la ofreció.

Arry la tomó al instante.

-¿Qué es?

-No lo abras. -Le detuvo, una mano sobre las de ella, evitando que la abriera. -Al menos hasta que me haya ido. -Le pidió.

Su mirada gris, gris cálido como un día nublado con algo de luz, se posó en la de ella.

-Ok. -Asintió, luego dejó la caja sobre la mesa -Voy a darte algo también -Le dijo y sacó algo del bolsillo izquierdo de su vestido. Se lo entregó a una sorprendia Ygritte, cuyo asombro acabó por abrumarla. -Es un tótem, los vendían en el castillo, durante el evento al que fuimos. Y me recordó a tí.

Ygritte sentía ganas de llorar.

-Un gigante. -Susurró. -Sabes que nuestras leyendas dicen que los gigantes viven al Norte del Muro. -Arry le sonrió y ella sintió que el corazón se le hinchaba de gusto y cariño, al mismo tiempo en el que se le estrujaba de dolor y culpa. -Esto es hermoso, gracias.

La abrazó con fuerza.

-Adiós Ygritte.

...

Antes de irse, pidió a Gilly le permitiera hacer una llamada. Apenas dos tonos y la persona que buscaba contestó del otro lado de la bocina.

-¿hola?

-Val, no puedo darte de vuelta los videos.


-Ygritte.

Incluso si las cosas habían estado algo incómodas, no habían estado tan mal como durante los primeros meses de su matrimonio. De modo que fue una sorpresa el ver a Ygritte de pie en la oficina del consejo representativo de Valyria.

-Te dije que no me traicionaras -le dijo ella, su semblante triste.

Nadie podía culpar realmente a Jon de estar tan sorprendido. El mismo pidió que lo dejaran solo y una vez la oficina se vació, Jon fue directo al grano.

-Quieres divorciarte.

Ygritte ni siquiera trató de negarlo.

-Creo que ya hemos cumplido el objetivo principal de esta unión. Seguir con él sería una farsa aún peor.

Por un instante él pareció verdaderamente herido.

-Lamento no poder hacerte feliz.

Pero fue un instante bastante efímero que casi podía jurar ni siquiera estuvo ahí.

-No sabes nada Jon.

-Muy bien. -Contestó éste tras un instante para recomponerse. Firmó los papeles tal como ella quería sin discutir ni pedir nada más y luego se los entregó. -Somos libres el uno del otro.

Aquello acabó por terminar de romper su corazón.

-Tenías razón.

En principio no iba a decirle.

-Ygritte.

Pero se lo debía a Arry.

-Ella está viva Jon. -Le cortó. Y él le miró completamente sorprendido. -Ha estado esperando por tí, sigue esperando por tí. Ten. -Le entregó los videos que Val le había dado, él le miró todavía más confuso -Yo no te debo nada más aparte de esta pequeña verdad.

Abandonó el lugar justo entonces, dispuesta a regresar a los dominios del pueblo libre.

No iba a decirle... pero se lo debía a ella.

...

Val se lo había dicho entonces.

-¿Qué es esto?

-Era de Arya -Le dijo, mientras su compañera admiraba la figurilla blanca. -Le gustaba coleccionar totems -Explicó sonriente.

-Uno no es precisamente una colección -bufó.

Val puso los ojos en blanco.

-Jon tiene los otros. -Ante la mirada sorprendida de Ygritte, Val suspiró con pena. -Te dije que no te lo compartiría todo.

-¿por qué tienes éste tú? -Cuestionó con sospecha.

-Del tiempo en que cuide de Arya, tengo muchas pertenencias suyas, las que consiguieron salvarse al menos tras el ataque al Muro.

-¿Por qué no se las diste a Jon?

-Porque no eran de él. -Replicó con fuerza. -Y yo necesitaba vivir mi duelo también.

Ygritte miró una vez más la pequeña escultura.

-¿Por qué me lo das ahora?

-No lo sé. -Contestó honesta. -Creo que yo también quiero dejar ir algunas cosas, pero la verdad es que no lo sé... No puedo dárselo a Jon y no puedo simplemente tirarlo. Así que búscale un mejor lugar por mí.

...

Y un mejor lugar fue justo el que le encontró.

-No lo abras, hasta que me haya ido.

De vuelta a las manos de su dueña.

-Adiós Ygritte.

Porque mientras la abrazaba e incluso desde antes, Ygritte había sabido que el cuento que Gilly sabía era una mentira.

-Adiós hermosa -susurró, había lágrimas resbalando por sus mejillas.

...

Tras haber llamado a Val, se dirigió a la recepción, Arry se despidió desde su habitación antes de que Ygritte cerrara la puerta principal.

Y esperó.

...

-¡Aah!

-¡Señorita Arry!

Respiró profundamente, había hecho lo correcto.

"Sabía que eras tú"

Adentro, seguramente las criadas corrían a atender a su señorita, quien sin duda estaba sufriendo un nuevo ataque de retroinspección. Incluso si sabía lo doloroso que aquello debía ser para ella, Ygritte sabía que había hecho lo correcto.

El resto, sería decisión de Arya.


A/N: Capítulo 18 y aún nos quedan 13 más. Jo, jo, jo, jo. =_= what did I get myself into? Next one is Sam and then Gilly.

*El hombre que dice ésto es Jaquen.

La personalidad de Ygritte cambia un poco porque obviamente la experiencia de casi año y medio viviendo con un fantasma tiene que dar un quiebre en la personalidad del personaje, por otro lado, Val cada vez más se parece a su versión en los libros, en su primer capítulo era natural que fuera diferente dado que la guerra todavía no había forjado su carácter.