Probablemente cambiaré el largo de la historia o de lo contrario creo que nunca terminaré.


FADED

Gilly

La primera vez que Gilly conoció a Sam, había sido en Alto Jardín. Ella era una aprendiz de enfermera y él un aprendiz de maestre. Eran apenas un par de chiquillos. Ambos de relativamente buenas familias. Cuando menos, ninguno de los dos sufría por falta de dinero, sus vidas quizá no fueran perfectas pero tenían todo lo que necesitaban para vivir y sabían que el resto dependía de ellos.

Habían congeniado tan bien desde el inicio y en algún punto de su adolescencia incluso mantuvieron una relación amorosa; no había funcionado mas habían conseguido permanecer como amigos. Quizá fuera por eso que Gilly decidió ir a buscarlo por ayuda.

-¡Sam! -Le habló en cuanto él hubo contestado el teléfono.

-Gilly, ¿todo bien? Hace eras que no me llamabas.

-Sam, por favor -le cortó con apremiación en su voz -necesito que me hagas un favor.

...

Le había pedido que se hiciera cargo de Arry cada que ésta tenía un episodio, aunque sólo cuando sus "excelencias" no estaban presentes. La institutriz no lo habría permitido de no haberle sido imposible el hacerse cargo de la situación sin salir de la mansión; pero la condición de Arry empeoraba de repente, sin aviso y cada vez los sedantes surtían menos efecto. Era extraño e inconcebible. Y al no poder permitir el que la mente de la joven noble se quebrase más bajo su cuidado, no tuvo de otra más que aceptar la oferta de Gilly de permitirle llevarla con un "amigo".

En esta última ocasión, no había sido la excepción. Sam había vuelto a la mansión aquella tarde, tan pronto recibió el aviso de Gilly, apenas y había sido capaz de controlar a su paciente.

-¿cómo se encuentra? -cuestionó Alys tan pronto Sam salió de la habitación.

-Se encuentra dentro de los parámetros de lo normal, al parecer fue sólo el shock lo que ocasionó el que perdiera el control. Lo hemos visto antes, cada que un recuerdo la domina sin tener control sobre éste. Me gustaría saber qué lo disparó en esta ocasión.

Las dos mujeres se miraron la una a la otra antes de responder.

-Es difícil saberlo. La señorita acababa de despedirse de una amiga cuando comenzó a gritar sin razón.

Sam arrugó el gesto.

-No es sin razón, me temo. Y eso es lo que siempre deben tener en mente. Algo la desquició en ese momento. ¿Están seguras de que no notaron nada fuera de lo cotidiano?

-No. -Contestaron ambas, porque no podían recordar nada que hubiese podido disparar un recuerdo.

El moreno suspiró.

-De momento no puedo hacer más. El sedante le permitirá descansar; cuando despierte estará más tranquila, aunque es probable que se vuelva voluble. Tendrán que estar atentas al cambio.

Las dos asintieron. Sam se fue de la mansión con un ligero sentimiento de aprhensión, aunque lo desechó tan pronto su coche se puso en marcha. Adentro la situación era totalmente diferente.

-Escucha bien Gilly -le habló Alys, arrinconándola antes de que se retirara a dormir -no podemos informar de esto a sus altezas Sansa y Gendry. No hay modo de justificar una asistencia en estos momentos, lo entiendes, verdad?

-Sí. -Contestó.

Lo entendía bastante bien. Tanto ella como Alys estaban cansadas del trato de Sansa y Gendry; no eran tontas y durante el tiempo que la pequeña Arry llevaba en la mansión habían hilado la historia completa. Aunque ninguna de las dos consideraba la sola idea de traicionar la confianza de dos regentes, también consideraban que a éstos no les debían lealtad por ser extranjeros; incluso si hubo un tiempo en el que Sansa fuera Stark. La razón quizá por la que se mantenían era por el rey Rob; a pesar de haber sido él quien autorizara la acción que pusiera a la pequeña Arry en dichas condiciones, se hallaba ignorante del paradero de la misma y de lo que su hermana hacía a sus espaldas.

Gilly suspiró. Debían ser pacientes. Quizá con el tiempo, la solución se presentaría sola.

...

Temprano al día siguiente, la rubia se levantó con la intención de asear la habitación de Arry mientras ésta dormía. Debido a que todavía el cielo estaba oscuro y no quería tener que prender las luces, Gilly discorrió las cortinas, permitiendo el que la luz de las farolas de la calle iluminaran tenuemente la habitación. Estaba terminando de acomodar la ropa en el ropero cuando fue sorprendida por su ama.

-¿puedes ayudarme a salir?

-¡Señorita! -exclamó exaltada, girándose para verla de frente y se acercó al instante siguiente -¿se encuentra mejor?

-Responde a mi pregunta.

Afonía.

Por un segundo la ama de llaves no supó qué decir, tuvo que abofetearse mentalmente para salir de su estupor.

-¿Quiere salir a tomar un poco de aire?

La mirada gris de Arry se afiló.

-Quiero que me atiendan en un hospital de verdad. O al menos en una clínica.

-Usted sabe que eso no es posible. El secreto de su estancia aquí podría verse descubierto.

-Sabes quién soy. -Le cortó. -Yo sé quién soy. O al menos lo intuyo. Identifico la superficie, pero no puedo llegar a ella. Gilly...! -Sollozó. -Lo escucho llamándome todo el tiempo, está tan desesperado, tan sólo... no puedo seguir aquí. Mi corazón se desborda de tristeza cada que le escucho suplicar.

No estaba mintiendo, se dió cuenta la aludida. Los ojos de su ama brillaban de emoción y angustia; ella casi era capaz de sentirla. Recordó las sospechas de Ygritte y por un instante se convirtieron en suyas también.

-Aunque quiera no puedo hacer nada.

Para Gilly fue como ver magia en el rostro de su doncella; el mismo se transfiguró en cuestión de segundos y aquellos sentimientos nobles se vieron reemplazados por un semblante frío y peligroso.

-Entonces, me verás perder la razón hasta que ya no puedan mantenerme aquí. -Advirtió, a la rubia la sangre se le heló en las venas. Inmediatamente después, Arry se irguió y comenzó a lanzarle cuanta cosa tuviera al alcance de las manos. -¡Fuera! ¡Fuera! ¡Largo de aquí!

La pobre muchacha salió despavorida, cerrando con fuerza la puerta tras de sí como si temiera el que la joven fuese a perseguirla.

...

Una semana después Gilly se arrepentía de no haber aceptado conspirar para su señorita. La doncella había hecho de todo para desquiciar a los inquilinos de aquella mansión, al grado de que incluso los vecinos se acercaron a externar sus quejas.

-Aquí tiene madam -le dijo a su jefa, Alys, dejando la taza de té en la mesa de centro de la sala, al frente de ella.

La mujer se llevó la taza a la boca y casi se bebió todo de un trago. Se veía cansada y parecía que sufría una jaqueca. Gilly se quedó de pie a un lado de ella.

-Esa chiquilla va a acabar con mis nervios. Nunca había visto a alguien aferrarse a un acto de locura con tanta fuerza y desquicio.

-No parece que esté fingiendo.

-¿De verdad lo crees? -cuestionó con sorna, la rubia supuso que su señora la estaba juzgando de ingenua. -¿Después de todo lo que hemos visto? No, a mí no puede engañarme, sé bien que está fingiendo y no voy a permitirle que gane.

-¿Sus altezas están informadas?

Alys arrugó el gesto y Gilly supo que había cometido un error al cuestionar aquello. Incluso si tenía razón en preocuparse, no era ella quien debía tomar la decisión sobre qué informar y que no de lo que ocurría con Arry.

-No seas grosera. No estoy ocultando nada, pero sabes tan bien como yo que mantener una conexión tan continua fue negado desde el inicio. Si los hubiese buscado cada que se ha dado a la tarea de hacer un berrinche, ya habría perdido mi trabajo.

-Me disculpo por mi impertinencia -se apresuró a excusarse.

Estuvieron así, tranquilas, durante el espacio de apenas media hora, cuando otra de las criadas de la mansión entró corriendo en la sala, con el rostro pálido de susto y el mandil manchado de sangre.

-¡Madam Karstair!

Tanto Alys como Gilly se levantaron al instante y corrieron hacia la habitación de Arry, no había necesidad de explicaciones; a esas alturas todos sabían dónde estaba el problema. Cuando entraron a la habitación de la protegida, el corazón de Gilly se le fue hasta el suelo.

-¡Maldita sea! -Exclamó Alys, corriendo hacia la cama donde Arry tenía las manos ensangrentadas y el vientre bañado en sangre -¡Chiquilla estúpida! ¡¿Pero qué es lo que has hecho!?

-Estoy tratando de encontrar a mi bebé -murmuró debilmente antes de perder el conocimiento.

Gilly fue incapaz de moverse de su sitio.

-Rápido, llama a una ambulancia, de inmediato!

-Pero...

-¡No hay tiempo para el secretismo!

...

Gilly tenía apenas 16 años cuando fue requerida en el batallón médico y se unió a las filas de enfermeras que atenderían a los soldados luchando en altamar. No sabía mucho la verdad sobre medicina, pero su familia era conocida por albergar a unos de los mejores curanderos y parteras de todo el Norte; y cuando la tragedia llegó a Westeros poco importaban los papeles, mucha información puesta en ellos era mentira después de todo (uno se daba cuenta al ver a niños en las filas de soldados). En la guerra, los seres humanos eran meras municiones de batalla.

Durante el primer año se mantuvo al servicio de la milicia de Alto Jardín, aunque estuvo recluída al trabajo dentro de las instalaciones de uno de los principales hospitales de la capital, por lo que no vivió el terror de los heridos en batalla. Su trabajo consistía en terminar el trabajo empezado al momento de trasladar a los soldados heridos. Era un ambiente un tanto abúlico a pesar de que el lugar siempre estaba en movimiento.

Tras la invasión a Alto Jardín, sin embargo, se movió a las filas al frente. Fue por estas fechas cuando terminó su relación con Samwell, apenas y se habían visto durante el año anterior.

Ahí fue cuando la pesadilla comenzó.

Las salas improvisadas de atención médica en los cuarteles de los soldados, levantados en campo de batalla, estaban constantemente saturadas de soldados heridos. La alianza de Westeros prefería tomar prisioneros antes que recurrir al exterminio del enemigo, incluso si el bando contrario no tuviese las mismas consideraciones para con ellos. Claro que siempre hubo quien ignoraba las "reglas" del juego, como Ramsay Bolton. Gilly le tenía miedo a ése hombre. No parecía que el mismo tuviese respeto por nada, y ésos según el padre de Gilly, eran los peores.

Quizá sí que había madurado y se había vuelto tenaz y quizá hasta temeraria durante el tiempo que estuvo como enfermera en el campo de batalla. Pero tan pronto volvió al Norte, Gilly volvió a recluirse en sí misma incluso más de como era al principio. Ella también, al igual que otros, había tenido que recurrir a quitar vidas para salvar la propia. Y esas pesadillas la seguían a donde fuera sin descanso ni reparo.

Quería seguir ayudando, sin embargo, si acaso eso pudiera ayudarla a curarse a sí misma también. Fue así como se enteró del trabajo de enfermera privada, aunque era más una doncella en realidad; pero debían mantener las apariencias. Alys la había interrogado antes de contratarla, y había sido clara en que aquél trabajo era de alta seguridad nacional, la persona a la que cuidaban debía mantenerse en secreto del mundo, no podría compartir con nadie lo que hacía ni en dónde. Debía jurar silencio.

Y así lo había hecho.

-¿Cómo pasó esto?

Por eso ahora, sin importar lo mucho que Sam insistiera, Gilly no podía decir nada más. Sentada en la sala de espera, con un café olvidado entre las manos y el cuerpo sacudiéndose en pequeños temblores; la joven trataba con todas sus fuerzas de mantenerse estoica frente a su amigo, mientras le informaba al mismo lo que había sucedido horas atrás.

-Se suponía que estaba dormida...

Sam inspiró con fuerza, apretando las manos en puño, se le veía molesto.

-Gilly he sido muy paciente y no he preguntado nada al respecto pero... ¿Quién es ella realmente?

La aludida apretó los labios. Se contuvo lo suficiente hasta serenarse y bajando la mirada contestó.

-No puedo decírtelo. Lo siento Sam. No imaginas cuánto, pero no puedo decírtelo.

"¿Juras mantener el secreto?"

"Sí... Lo juro."

...

Horas más tarde a Gilly se le permitió entrar a la habitación de su señorita. La muchacha se quedó con ella hasta el día siguiente, cuando la misma recobró el conocimiento; se le notaba pálida y débil aún a pesar de la sonrisa que adornaba sus labios.

-Te dije que lo haría.

Gilly la miró con pena, debajo de la tela blanca el vientre de Arry había conseguido nuevas cicatrices, tras las heridas que ella misma se había infringido; todas superficiales al menos. Luego continuó con su trabajo de costura, estaba surciendo una blusa que Arry usaría una vez pudiese deshacerse de la bata de hospital. La joven tenía la firme intención de ignorar a su compañera, aunque a ésta no parecía importarle mucho su indiferencia.

-Vendrán ahora y no tendrán otra opción que dejarme ir -siguió. -¿No opinas igual?

El silencio se extendió por varios minutos, sin embargo, Arry mantenía la mirada firme en Gilly y esta última ya no pudo seguir indiferente; suspiró antes de contestar.

-No es mi lugar el decir nada. Pero... incluso si la reina Sansa cede, dudo mucho que el rey Gendry lo haga. No va a abandonarla tan fácilmente.

Arry arrugó el gesto.

-Eso está por verse.

Gilly continuó con su labor.

...

Durante los días que siguieron, Gilly dividía su tiempo entre la mansión y el hospital. Al ser Alys una figura más conocida en sociedad no podía arriesgarse a ser vista con Arry, así que Gilly había sido la elegida para encargarse de estar al pendiente de la recuperación de la misma. Fue al final de la semana, cuando Arry finalmente podía caminar (aunque con la ayuda de una andadera), que ocurrió que Gilly no pudo ir al hospital sino hasta horas después de que el mismo cerrara el acceso a los civiles. Como ella tenía un permiso especial pudo entrar sin problemas apesar de pasar de las 10 de la noche.

Sin embargo, al entrar en la habitación de Arry, la encontró vacía. El corazón se le fue a los pies y comenzó a buscarla de inmediato, preguntó en la central de enfermeras y ahí le dijeron que era imposible que hubiese salido de ése piso, y que, como ya tenía permiso del doctor para caminar, seguro estaría deambulando por los pasillos. Bien podía esperarla a que regresara o ir a buscarla. Gilly optó por la segunda opción.

-¡Señorita Arry!

Había recurrido a su último recurso, entrar a cada una de las habitaciones de ése piso. Había abierto la última, cuando la voz de la joven que buscaba la hizo girar en la habitación contigua; no entró, sin embargo, la persona que habitaba aquél espacio le hizo imposible el moverse.

-Ése hombre... -le reconoció.

¡Era el esposo de Ygritte! ¿Estaría la misma también aquí? ¿Y por qué estaba Arry sentada a su cama? ¿Tan cómoda y familiar?

Gilly estaba por llamar de nuevo a Arry cuando el hombre que dormía se removió, despertando justo después. Sus ojos eran grises, tan grises como los de la joven que tenía en frente. La mano de Arry estaba sobre la de él.

-¿Eres un fantasma... -comezó él.

-o estamos los dos muertos? -completó ella.

Gilly se llevó una mano a la boca, ¿sería posible? ...El muchacho en apariencia rondaría los veinte años, se veía igual e incluso más débil que Arry; Gilly supuso que quizás estaba sedado. Le miró sonreír con tristeza.

-Ella también completaba mis frases -dijo él.

-y tú las de ella -completó Arry.

Gilly dió un paso atrás y se recargó en el muro contiguo, de pronto ya no deseaba interrumpir aquél encuentro pero tampoco podía irse.

-¿quién eres? -cuestionó él con voz ronca.

-¿No te gustaría saberlo? -Gilly sabía que Arry debía estar sonriendo.

-Significa que tampoco lo sabes... Está bien, yo mismo dudo de quién soy.

-¿Por eso estás aquí?

"En el hospital psiquiatrico quiere decir..." Pensó Gilly; y eso la hizo caer en cuenta de la situación de ambos jóvenes en ése lugar. Ciertamente Arry tenía una tendencia a hacer las amistades más raras y se preguntó si la misma estaría consciente de la identidad del hombre, aunque lo dudaba. Gilly lo había visto sólo una vez, durante la ceremonia en Winterfel cuando las puertas del castillo se abrieron al pueblo; aunque Ygritte no se lo había presentado, los había visto juntos. ¿Dónde estaría la pelirroja entonces? Sabía que la misma se había ido de la capital pero no estaba segura de que fuera el tipo de mujer que abandona a su compañero en una situación delicada.

-¿También intentaste quitarte la vida? -cuestionó Arry.

Él suspiró.

-Sería más poético decir que quise abrazar a la muerte, pero sí. -Había algo de burla en sus palabras, notó la rubia. -Aunque evidentemente fallé... no contemplé el que habría gente intentando mantenerme con vida.

-Eres estúpido.

-Lo soy. Pero tú también estás aquí.

-Yo no pretendía matarme

-¿Ah no?

La morena negó con la cabeza, antes de responder su mirada se perdió un par de segundos en la imagen tras la ventana de la habitación.

-Quería simplemente salir de donde estaba... No se me permite salir del lugar en el que vivo por cuestiones de seguridad; había intentado de todo y éste fue mi último recurso.

-¿Qué harás cuando tengas que volver?

Ella volvió la mirada hacia él.

-Amenazarlos con morderme la lengua y ahogarme con ella, a menos que me dejen salir de vez en cuando.

El corazón de Gilly se saltó un latido.

-Suena a que lo tienes todo planeado.

-No todo, pero tiendo a ser creativa... ¿Cuál es tu excusa?

Ahora fue el turno de él de apartar la mirada, se veía avergonzado y terriblemente triste.

-Perdí a mi esposa... La dejé morir... Pero ni siquiera su fantasma se apiada en hacerme una visita, salvo el que vive en mi cabeza.

-¡Qué tonterías dices! Seguro que te drogaron de más.

-Puede ser... apenas y distingo tu rostro.

-Lo mismo me ocurre, pero es porque tengo sueño.

-¡Señorita!

Tras escuchar lo último Gilly sabía que tenía que interrumpir aquél encuentro. Si ambos aún eran incapaces de reconocerse, no podía permitir que aquello se alargara. Después de todo ése hombre no era de Arry, al menos así lo pensaba.

Por su parte Arry la miró con molestia.

-Es mi carcelera -dijo a modo de presentación.

Él rió por lo bajo.

-Ya entiendo.

Por un instante Gilly se quedó mirando las muñecas vendadas de él. Quedaba claro el porqué estaba ahí, aunque ignoraba si su situación era tan precaria como él mismo había dicho. Un hombre que persigue a un fantasma. ¿Sería por eso que Ygritte no se encontraba a su lado?

-Señorita por favor vuelva a su habitación, está cansada y evidentemente ése hombre también lo está.

Arry iba a refutar, pero su compañero la interrumpió.

-No discutas y sólo ve.

Los dos compartieron una mirada, una mirada que más bien parecía una riña, notó Gilly. Al final Arry fue la que cedió, no sin cierta molestia.

-Estúpido.

Ambas salieron de la habitación, Gilly detrás de Arry cuidando los pasos que ésta daba. La rubia dedicó una última mirada al dueño de aquella habitación, quien había vuelto la vista hacia la ventana. No supo porqué, pero se sintió culpable.

...

Durante los siguientes días, sin embargo, Arry continuó escapándose a la habitación de su nuevo amigo a quien ella llamaba "Jae". Ése sentimiento de culpa perduró en Gilly, quien no permitía su encuentro con el muchacho, pero se hacía la ignorante cuando Arry se escabullía en la noche a verlo, a sabiendas de que el mismo estaba sedado entonces. Seguía extrañada de la ausencia de Ygritte al lado de quien se suponía fuera su esposo, pero tampoco podía imaginarlos juntos tras haber visto el comportamiento del chico. Si era sincera, aquél muchacho de ojos grises hacía mejor pareja con Arry.

No pasó mucho tiempo antes de que Sam se diera cuenta de las escapadas de la jovencita. Cuando enfrentó a la misma sin embargo, fue el mismo Jon quien pidió el que se le permitiera seguirlo viendo; Sam había ido con Gilly al instante y se sorprendió al descubrir que la misma Gilly había sido partícipe de aquellos encuentros.

-¿Sabes quié es él? -le había cuestionado.

Por un instante Gilly no había sabido qué contestar, así que al final había negado con la cabeza. No recordaba además, el nombre que Ygritte les había dicho meses atrás. Así que al final había respondido que no lo sabía.

Tras ver la conexión que Arry tenía con "Jae" (como ella le llamaba), Sam le había confesado a Gilly parte de la identidad del joven con la esperanza de que la misma terminara por confesar su secreto también. Lo único que consiguió sin embargo, fue darle un secreto más a la muchacha pues ésta se negó a hablar siquiera de su protegida. Aunque la misma agradeció la confidencia, pues al enterarse de que el mismo ya no estaba unido a Ygritte, le había quitado un cargo de conciencia. Mientras al mismo tiempo se negaba a ver el panorama completo, a dar por sentado que entendía la relación que Arry y él compartían.

En esos momentos ella no podía ubicar su lealtad. No tenía el cargo para hablar.

...

-Si buscas a tu doncella está en la que era la habitación de Jon.

Gilly miró a Sam con sorpresa. Dos semanas habían pasado, tenía noticias de sus majestades y suponía que pronto Arry tendría el alta; había ido a buscarla para informarle cuando se cruzó con Sam tras salir de la habitación vacía de su doncella.

-Sam. ¿Los viste? ¿Y porqué dices "era"?

Sam le dedicó una sonrisa contrita.

-Jon fue dado de alta anoche, volvió a su residencia en la capital; el mismo rey Rob vino por él acompañado de una pequeña compañía. Aunque imagino que Arry no lo sabía.

Aquello le generó aún más culpa y una sensación de abandono. Ygritte había dicho que su esposo había sido un soldado valyrio que luchaba en el bando de Winterfell, aquello quizá no era una mentira, pero era difícil entender cómo un simple soldado era tan cercano a la familia real. Sam había aportado parte de la respuesta al compartir que en realidad el mismo "Jae" había vivido la mayor parte de su adolescencia en Black Castle durante los años de la guerra; que era de la nobleza valyria y pariente lejano de la familia real. Pero se había negado a darle su nombre real, mientras ella se negara a revelar la verdad de su propia protegida.

-Se quedó dormida allí -dedujó ella tras un instante de meditarlo.

-Lo hizo. Gilly...

La joven suspiró, podía imaginar el humor en el que estaría su protegida.

-Iré a verla.

-Gilly -la llamó Sam, ella le dirigió una mirada -Sé que no puedes decirme su identidad, su verdadera identidad... Pero viendo los hechos de las últimas dos semanas, no pasará mucho antes de que lo descubra -advirtió.

Ella salió de la estancia al instante, temerosa de terminar por confesar su secreto.

...

Cuando llegó a la habitación, Arry estaba recostada en la que había sido la cama de Jon, con un aire abúlico rodeándola. A decir verdad se veía derrotada y quizá hasta perdida.

-Sigue abandonándome -dijo con voz trémula.

-Señorita

-Ya lo sé... -Le interrumpió poniéndose de pie. -Yo también volveré a la mansión. -Se lamentó.

Gilly no sabía cómo nombrar tantas coincidencias, ni si debía comentar algo de todo esto a su patrona, Alys. Temía crear una revuelta que sólo acabaría con un problema aún más grande. Después de todo, todavía tenía dudas.

...

Cuando el rey Gendry hizo su visita, Gilly observó un cambio en su conducta al igual que en la joven de ojos grises. La visita duró por un mes y el joven tuvo su estancia en el palacio de Winterfel pero siempre tenía tiempo para ver a Arry.

Sin la presencia de la reina Sansa y aquél asesino de nombre Jaquen, Arry parecía mucho más normal y tranquila como cualquier otra jovencita de su edad. Había una camaradería en ambos jóvenes que salía a relucir tan pronto cruzaban la mirada con el otro. Gilly se preguntó si acaso ambos se sentirían atraídos y si, de ser así, el rey Gendry se atrevería a revelar la verdad de su compañera para poder mostrarla en público.

Cuando la rubia le confeso sus pensamientos a su protegida, la misma se rió de ella sin reparos.

-Él sólo vino por una visita. Al rey en el Norte. Yo sólo soy una conveniencia.

Gilly lo dudaba. Incluso si Arry de verdad no sentía nada por el joven rey, era evidente que mínimo éste sí guardaba sentimientos por ella. Además de que Arry jamás rechazaba sus avances.

-Parece muy encariñada de él, señorita.

-No realmente. Sólo estoy usando un rostro.

-¿Usando un rostro?

Arry la miró y su expresión cambió a tal punto que se veía más grande de lo que en realidad era.

-Mi dulce Gilly, todo el mundo usa máscaras pero no todos las hacen suyas.

Ésa nueva visión asustaba a la joven, lo suficiente para huir de ella.

-¿Ha recuperado sus recuerdos, señorita?

La aludida volvió a su temperamento normal para alivio de Gilly.

-No todos. Pero tengo suficientes para hilar algo de la verdad. -Le dijo, poniéndose en pie y caminando hacia la cómoda, sacó una fotografía de un cofre de madera gastada por los años y luego se la ofreció a Gilly -Ten.

La rubia tomó la foto y sus ojos se abrieron en sorpresa al reconocer al muchacho en ella.

-Ése hombre.

-Es a quien quiero encontrar.

Era una imagen que se había visto incontables veces en propaganda militar en el Norte, se trataba de el mismísimo hijo de Rhaegar, heredero legítimo al trono de Valyria... Jon Targaryen. Aunque la foto era de años atrás, 3 para ser exactos (y aunque Gilly no había prestado mucha atención entonces), podía por fin ver el parentesco y llenar la imagen del mismo entre los años desde aquella foto al presente. Y, al entenderlo, la joven se dió cuenta de que se estaba quedando sin excusas; entendía al menos cómo era que ambos jóvenes de ojos grises encajaban con el otro.

Incluso si se trataba del ex-esposo de Ygritte.

...

Una semana antes de que terminara la visita del rey Gendry, Alys se acercó a Gilly para informale de los cambios en la rutina de la mansión.

-¿¡Sin escolta?!

Arry al parecer, ahora podía deambular libre sin compañía, cuando menos en las inmediaciones de la mansión.

-Parece mentira que se haya salido con la suya. -Se burló Alys sonriendo de medio lado. Ambas estaban de pie en la cocina, mirando a través de la ventana a su protegida platicando alegremente con Gendry en el jardín. -Pero desde que la reina Sansa contrajo nuevas nupcias, no volverá aquí me temo. Su alteza Gendry será el único a cargo.

Sansa se había vuelto a casar con Euron Greyjoy por recomendación de Yara. Oficialmente la corona debía caer en manos de un varón y el más próximo en la línea sucesoria tras Theon morir sin descendencia era Euron. Sin embargo, Yara había previsto la situación desde que Theon y Sansa contrajeran nupcias y se habían hecho ciertos cambios a la ley permitiendo a una mujer gobernar siempre y cuando tuviese un rey consorte de sangre Greyjoy. Para no perder su corona, Sansa había accedido a la unión.

Por otro lado, las Islas de Hierro seguían dependiendo del reino del Norte, así que los opositores a tal situación tuvieron que guardarse sus palabras si querían evitar el que el reino se muriera de hambre. Gilly se dió cuenta de que aquella charada se estaba desbaratando y que no tardarían en quedar olvidadas a cargo de Arry, quien terminaría convirtiéndose en una versión moderna de Rapunzel.

-Seguiremos sin informar...

Alys suspiró, secretamente agradecida de la mente aguda de su compañera.

-Sé que no lo entiendes, pero algunos secretos son difíciles de sacar a la luz sin recibir terribles consecuencias. Y lamentablemente el camino que se trazó para ella quedó demasiado turbio. Hay muchos intereses de por medio, gente que la usaría a su favor... A veces pienso que hubiese sido mejor el que se hubiese perdido para siempre.

-No puede hablar en serio...!

-Que tengamos sangre noble no significa que terminaremos con un cuento de hadas. Aunque es fácil ver que no lo entiendas dado tu linaje. Eres afortunada Gilly, en tu entorno hay más belleza y verdad que en el mundo que yo habito.

-¿Qué mundo es ése?

-El de la aristocracia por supuesto. Vivimos bajo la luz pública. Y dado el daño en su psiquis, Arry estaría todo el tiempo siendo estigmatizada por el mundo entero. La situación en Valyria es precaria todavía, con toda la cuestión de la capital misma desaparecida y convertida en un horno radioactivo, quién sabe cuándo puedan recuperarse.

No todo el país fue culpable, e incluso si el Norte fue quien marcó la victoria para Westeros, sabemos que las dos naciones están unidas a través de las familias reales. Hubo otras naciones implicadas además, de grupos políticos que provenían de nuestro mismo continente. -Suspiró. -No. A la pequeña Arry no le conviene volver a ése mundo. Sé que su hermana Sansa lo sabía, y también lo mucho que su hermano Rob se arrepentiría por haberla mandado lejos en principio de cuentas, incluso si no es culpa; nadie podía saber que el mismo principe Jon seguía con vida y que tenía su línea de inteligencia funcionando bajo las narices de todos o que ésta estaba compuesta por los Bolton. Sea como sea, no queda mucho a lo que volver.

Gilly, sin saber cómo responder a aquello, estuvo sopesando ésas palabras durante el resto de la semana. Pero no fue sino hasta el último día que entendió a lo que Alys se refería. Cuando, tras entrar a la habitación de Arry para llevarle el desayuno, se cruzó con Gendry a medio vestir sentado a la cama de la misma, poniéndose las botas.

La doncella inspiró con dificultad y evitó el contacto con la mirada; se dedicó a colocar la bandeja con la comida y saludar con una inclinación antes de salir del cuarto, tan sólo para descubrir que el muchacho ya se había ido.

Arry, por su parte, eligió ése momento para levantarse, su cuerpo desnudo.

-¿Qué hiciste Arry? -Gilly le miraba escandalisada, molesta como nunca lo había estado con ella; ni siquiera cuando había atentado contra su propia vida.

Pero Arry la miró sin interés.

-Puede o no puede que me haya acostado con él.

-¡Arry!

-Ni siquiera te molestes Gilly y no me juzgues -le cortó. -No di con una mejor forma de pasar sobre él.

"Pasar sobre él", pensó Gilly. Después de todo Arry seguía usando máscaras, ¿dónde había quedado la joven dulce que siempre sonreía con inocencia? -¿No te arrepentirás? ...No fue la primera vez, ¿o sí?

-Para saber quién soy, no sabes nada de mí.

-No me gusta creer de lleno en los rumores señorita. Podrían no ser ciertos.

-Sólo quiero volver.

-Volver... ¿a dónde?

-Nunca lo entenderías...

Quizá no, se dijo Gilly, pero lo que sí entendía era que la desesperación de su protegida debía de ser demasiada si recurría a tales artimañas para controlar a un hombre, sin mediar las consecuencias. Y sólo deseó que efectivamente no fuera a arrepentirse.


-Haz hecho un excelente trabajo, te mereces éste descanso, los dioses saben que sí.

Finalmente, tras casi un año de arduo trabajo, las vacaciones habían llegado para Gilly, quien planeaba volver con su familia. Eran finales de verano y el aire frío de invierno ya había comenzado a soplar.

-Usted también descansará.

-Pero no como tú me temo. -Respondió Alys con algo de irritación. -De cualquier forma te deseo un buen viaje y agradezco tu apoyo hasta ahora Gilly

-Gracias madame.

La rubia era sincera en su despedida de aquella mujer que le había enseñado mucho a través de su propio carácter. Y tampoco podía negar que se sentía aliviada de poder alejarse de aquella mansión y de la joven que dichas paredes albergaban.

...

Por eso fue un terrible shock el volver a encontrarse con ella en el andén de la estación de trenes. Gilly recién acababa de llegar a la estación de trenes; ya tenía su boleto listo, así que no necesitó hacer fila para comprar uno. Su tren llegaría en 45 min de acuerdo al horario establecido en cabina y lo que marcaba el reloj arriba de la misma. La joven había decidido descarsar ese momento y disfrutar de su almuerzo antes de tener que abordar el tren. Se sentía bastante agotada y deseaba dormir durante la mayor parte del viaje.

Fue en ese momento cuando distinguió una figura cerca de ella y actuó por inercia.

-¡Señorita Arry!

-Ssshhh -La aludida saltó hacia ella hasta cubrirle la boca e inmovilizarle las manos. Gilly había cometido el error de acercarse a ella en cuanto la vió; y ahora estaban entre dos andenes, cubiertas en sombras. -Voy a soltarte y no vas a gritar, o terminaré haciéndolo yo y te acusaré de ladrona. -Tras Gilly asentir con un movimiento de cabeza, Arry hizo como le había prometido y la soltó. Inmediatamente después se concentró en el lunch olvidado de su compañera. -Mmm, tuna.

Un poco más tranquila, Gilly volvió a la banca en donde ahora su ex-protegida se sentaba.

-¿Qué está haciendo aquí?

Arry le sonrió inocentemente.

-Vamos de vacaciones

-¿Vamos?

Arry dejó salir una risa cantarina antes de contestar.

-Silly Gilly, por supuesto que vamos juntas; ¿de qué otra manera podría yo estar viajando?

-Pero madame Karstak...!

-Ella no sabe nada. -Le cortó al instante. -Y no dirá nada. Después de todo, considera que es mejor que yo esté perdida.

Mutismo.

La rubia se sintió desfallecer, no sabía cómo argumentar con Arry que debía regresar a la mansión ni cómo convencerla de que de ninguna manera podía ir con ella. Al final se sentó vencida a un lado de ella y comenzó a comer el lunch con cierta resignación. Observó a su compañera por el rabillo del ojo. Arry iba vestida con pantalones, chaleco y gorro; el abrigo negro que llevaba encima se le veía grande dada su complexión por lo que Gilly dedujo que debía ser un abrigo de hombre. La chica parecía un mozo, nadie creería que se trataba de una dama de la aristocracia.

-Odio tener que esperar. -Se quejó la joven.

-Es de esperarse para los de clase media -explicó la rubia.

Arry iba a refutar, pero al voltear hacia su compañera había vislumbrado algo o alguien, pensó Gilly, a quien no quería encontrar; pues la chica se puso de pie y giró en otra dirección. La rubia iba a ir detrás de ella, pero la persona que Arry había visto había elegido ese momento para hacerse notar.

-¡Gilly!

La aludida giró al escuchar su nombre y se quedó de piedra al reconocer a la recién llegada.

-Señorita Ygritte...!

Ygritte se acercaba a ella sonriente y con los brazos listos para envolverla en un abrazo (lo cual hizo tan pronto la alcanzó). No iba sola, no té Gilly, al ver al hombre que se había acercado con ésta.

-No esperé verte aquí.

-Son mis vacaciones señorita.

-Tanta formalidad aún fuera del trabajo me crispa los nervios, sólo llámame por mi nombre. -Pidó y luego se giró a su compañero, tomándolo del brazo con gesto cariñoso. -Te presento a Yoren

-Un placer conocerla -saludó éste; un hombre con los rasgos del Norte.

Aún a pesar de saber la verdad de la situación de la pelirroja,gracias a Sam; Gilly consideró que era mejor fingir no saber nada.

-¿Es él su esposo? -inquirió.

Ygritte se rió a carcajada abierta al igual que lo hizo su compañero. Se dedicaron ambos una mirada antes de volver la vista a la rubia y explicarse.

-Aunque lo veas bastante tétrico me temo que no.

-Es una cualidad de los norteños -bromeó Yoren.

-Y una ironía que cruzando el muro abundemos los pelirrojos

Yoren rodó los ojos.

-Por algo serán salvajes -se quejó, a lo que Ygritte le contestó con un ligero golpe en el brazo.

-No le hagas caso. Y Gilly, ¿a dónde te diriges?

La aludida saltó en su sitio, mientras discretamente desviaba la vista en la dirección que se había ido su compañera, aunque sin encontrarla.

-Ah, pues verán...

...

Ygritte había notado la incomodidad de su amiga, y confundiéndola con incomodidad hacia Yoren, le había pedido a éste que les diera un momento a solas; a lo que él accedió. Ahora estaban ambas mujeres sentadas en la banca frente al andén. Fue Ygritte quien rompió el silencio primero.

-¿Cómo está ella?

Gilly suspiró. A veces ella misma se hacía esa pregunta. ¿Cómo estaba Arry?

-Parece que ha recuperado parte de sus recuerdos... Pero, si me lo permite decir no se ve más cuerda, todo lo contrario.

Ygritte suspiró.

-Es natural después de haber perdido tanto tiempo. Aunque es comprensible que no le entiendas, deberías igual hacer un esfuerzo...

Ante esto, Gilly le miró con sorpresa, no había esperado que Ygritte la defendiera incluso si la misma no había sido testigo del deterioro de Arry. La pelirroja sonrió al ver su desconcierto y continuó explicándose.

-Ésa niña ha usado demasiadas caras y ha sufrido debido a eso... Enfrentarse a quien era y a quien se supone que ahora es, no es fácil. Y aún quedan los años en que fingió tener otra vida en otro continente. ¿Te has preguntado si pudo formar otra familia allá también? ¿Si acaso volvió a enamorarse...? ¿A quién dejó atrás?

-No lo había pensado así. -Reconoció.

-Seguro que no. ...Y tampoco creo que la gente que se encarga de su cuidado quiera verlo. Si efectivamente es quien creo, estará en medio de una guerra política si se descubre que está viva.

Gilly se sobresaltó al descubrir aquello.

-¿Lo descubrió?

Ygritte la miró con una sonrisa cómplice.

-¿Lo hiciste tú?

Entonces la aludida reaccionó, debía total secreto.

-No se me ha dicho todo. -Negó, volviendo a desviar la mirada.

El corazón le latía con fuerza en el pecho, había estado tan cerca de soltar la lengua...! Mas su compañera sólo la miró con cierta pena, la rubia no supo qué pensar al respecto. Arry seguía por ninguna parte...

-¿Es por eso que no le has dicho nada?

Gilly se removió incómoda.

-¿Por qué no lo ha hecho usted?

La pelirroja rió por lo bajo, evidentemente Gilly se había descubierto pero Ygritte no la cuestionaría, no parecía importarle en realidad que estuviese consciente de su situación por muy vergonzosa que ésta fuera.

-La quiero demasiado como amiga, como para convertirla en una contrincante contra la que seguro perdería. -Confesó, todavía sonriendo, incluso si la sonrisa no alcanzaba a los ojos. Su compañera la miró con tristeza.

-¿Ygritte?

-Me he divorciado hace poco... Aunque no pueda decir que era un matrimonio real para mí se sintió como uno; al menos por un tiempo lo hizo. Finalmente dejé a ese hombre libre, libre para perseguir a su fantasma. Y eso fue lo único que pude hacer por Arya.

-¡Ah!

El corazón se le había saltado un latido al escuchar la confesión, Gilly quería decir tantas cosas en ese momento, pero Ygritte ya se había levantado y se disponía a irse, ante el desconcierto de su compañera.

-Ten un buen viaje. Y si vuelves a verla, dile que no quedan resentimientos.

La salvaje del Norte se despidió con una sonrisa y aquella imagen quedó grabada en la mente de Gilly; quien se quedó unos instantes más esperando para darle tiempo a Arry de volver, mas ésta no lo hizo.

Finalmente, cansada de esperar, Gilly entró en el tren. Estaba algo preocupada por la ausencia de su exprotegida, pero el encuentro con Ygritte la había sacudido tanto, hasta tocar fondo en su corazón. Sentía que podía comprender lo que ambas estaban viviendo...

...

-Te tomó demasiado, pensé que perderías el tren

Para su sorpresa (aunque quizá no tanto), Arry la esperaba ya en el vagón del tren que le tocaba. Se notaba aburrida y hasta cierto punto irritada, como si llevase mucho tiempo esperándola; y quizá había sido así.

-Señorita Arry...

-Vamos, te guardé un asiento.

Gilly se sentó sin discutir. Algo indecisa sobre si debía o no iniciar una conversación, prefirió seguir con su plan original de dormir durante el camino; sin embargo, le llamó la atención su compañera. Arry tenía una figurilla de madera en su mano derecha, blanca como la nieve recién caída, y la miraba con una expresión extraña, mientras estaba semi recargada en la ventanilla. La curiosidad terminó ganándole.

-Ése es un totem muy bonito... Quería preguntarle, ¿dónde lo consiguió? No estaba dentro de sus pertenencias hasta hace cosa de dos meses... No me diga, ¿fue un regalo de la señorita Ygritte?

-No digas tonterías... -Respondió Arry con el seño fruncido, volviendo a guardar el dragón blanco en el bolso que llevaba, -¿por qué habría ella de darme nada?

Gilly trató de obviar el tono de molestia que marcaba las palabras de Arry.

-¿Entonces...?

-Snow... Ése era el apellido de alguien que me lo dió.

La rubia parpadeó confusa.

-¿Un vástago del Norte?

-No del todo... -Negó ya más tranquila. -Él era un dragón.

Arry no dijo nada más después de aquello, se encerró en sus propios pensamientos y ni siquiera reparó en la presencia de su compañera. Antes de que pudiese pensar mucho en las palabras de la adolescente, Gilly se quedó dormida.


El viaje duró cerca de una semana, habían tenido que trasbordar para poder tomar el tren que atravesaba el Muro, siguiendo el camino real. Durante este tiempo, ambas mantuvieron una relación casi amena. Gilly ignoraba cómo era que Arry había conseguido el boleto y dinero para moverse con ella; pero si tomaba en cuenta lo que tanto Alys como Ygritte le había dicho además de los secretos a voces que había recolectado mientras la cuidaba, lo más seguro era que la misma lo hubiese robado. Al final prefirió no pensar en tales cosas.

Ya pronto llegaría a casa además, y dudaba sobre lo que Arry tuviese pensado hacer. La última noche se fue a dormir con este pensamiento en la cabeza.

...

Cuando Gilly volvió a abrir los ojos el tren había llegado a su destino, o eso le pareció a ella a pesar de no reconocer la estación a la que había llegado. Pensando que era natural el que cambiara tanto de sus recuerdos, tomando en cuenta el tiempo que estuvo lejos, salió fuera siguiendo a su compañera. Arry caminaba por delante de ella. Sin embargo, tan pronto salir de la estación un aroma salino le llenó el olfato y, al levantar la mirada, fue capaz entonces de ver a lo lejos el puerto de Guardia Oriente!

Gilly entró en pánico, no entendía cómo, pero se había quedado dormida durante todo el trayecto y se había saltado su parada.

-Esto es... debíamos viajar antes...

A su lado Arry se veía radiante. Ya no vestía como un mozo sino como una doncella de clase media.

-No, estamos justo donde deberíamos estar. -Declaró sonriendo, mientras miraba a lo lejos las naves mecerse al compás del viento sobre las olas.

-Pero...

Arry la cortó una vez más, se miraba impaciente.

-La guardia Targaryen estará aquí durante los próximos meses antes de partir de vuelta a Valyria. Y pensé que cuando menos, debíamos conocer a su futuro rey. -Declaró, con un aire casi imperial. Ante el desconcierto de la rubia, Arry le miró con paciencia. -Descuida, lo tengo todo cubierto.

Fue suficiente, se dijo Gilly. Ya había tenido suficiente. Algo de su carácter durante la guerra despertó en ese momento; estaba cansada de sentirse usada por una chiquilla. Y, lo más importante, se dijo, era que de momento ya no estaba a servicio de la misma así que no le debía ningún respeto.

-No voy a ir con usted -Declaró fiera. Y ella y su compañera se debatieron un instante en un duelo de miradas.

Al final Arry frunció el gesto resignada.

-Entonces iré sola -dijo y se dió la vuelta para marcharse.

Gilly la detuvo en el acto, tomándola por los brazos.

-No puede hacer esto!

-¿Y por qué no?!

-¿Tiene idea de las repercusiones que sus actos causarán?

Arry le miró confusa e irritada.

-¿De qué estás hablando? Sólo me importa lo que me afecte a mí. -Refutó, consiguiendo soltarse.

-No puede ser así de egoísta, usted no era así!

-Tienes razón. No lo era. Me hicieron... -Contestó consiguiendo dejar a Gilly sin palabras. -Y ahora no puedo detenerme, tengo una lista que limpiar.

"Otra vez esa mirada", pensó para sí la rubia. "Me mira como si estuviese dispuesta a acabar con el mundo entero si es necesario... Es una mirada que inspira miedo, y también abandono..."

Arry se perdió entre la multitud. Gilly la vió marcharse consciente de que incluso si la seguía, sería incapaz de detenerla. Sólo entonces, la misma se dió cuenta de que ya no podía seguir huyendo a la verdad...

¿Pero qué podía hacer una simple mucama?

...

Durante el día siguiente y el resto del día anterior, Gilly se dedicó a arreglar su situación. De momento le sería imposible poder tomar otro tren de vuelta al paso real, le tomaría una semana al sistema de correos envíar su carta a sus hermanas para dar aviso de su paradero. Y, si era sincera consigo misma, la verdad era que quería seguir "cuidando" a Arry, aunque fuese de lejos.

No sabía del paradero de ella en realidad pero asumía que la misma debía mantenerse cerca de la zona del puerto. Gilly prestó principal atención a los navíos extranjeros. Se había instalado en una pequeña posada que le permitiría quedarse cerca de un mes sin comprometer sus ingresos para un viaje de vuelta. Para el tercer día, la recepcionista le informó que tenía una llamada de una pariente. Algo extrañada, la joven bajó a la recepción y atendió la llamada.

-¿Diga?

-'Se dice que si los rumores fueran a ser verdad, estaríamos al borde de una nueva guerra.'

Se trataba de Arry por supuesto.

-¡No harás tal cosa! -Reclamó ligeramente asustada, teniendo una idea remota de lo que la "chiquilla" pretendía.

-Por supuesto que no, no soy una sádica. -Contestó, logrando aliviar a su compañera. -La muerte que ellos reciban debe de ser un regalo, incluso si no se lo merecen. -Tan sólo para asustarla aún más.

-Has perdido la cabeza completamente...

-No Gilly. -Rió ésta. -Estoy bien, en serio. Eres tú quien debe cuidarse; aunque lleve yo parte de la culpa por arrastrarte conmigo, seguía siendo tu trabajo, ¿no?

El corazón se le fue hasta los pies...

-¿Por qué hace todo esto? ¿Por qué no simplemente volver?

-Hay fantasmas que no desaparecen de otra forma. -Suspiró. -Cuando decidí olvidar había sufrido una pérdida enorme, sé que lo entiendes. No deseaba morir, no realmente; pero estuve cerca de hacerlo. Creí que la única manera era pintar mi rostro diferente y lo hice. Y fuí feliz Gilly, durante casi todo un año fuí feliz... Incluso si mi nueva vida era una mentira, pero... me dí cuenta de muchas cosas mientras estuve allá e hice algunos cambios, tuve que hacerlos. Parte de mi espíritu, de mi carácter sobrevivió aún a pesar de mis nuevas enseñanzas y quise instruirme.

Cuando Ramsay me encontró, algo hizo click en mí y por poco me derrumbo. Pero fue al final esa última bala la que me tambaleó en todos los sentidos, literal y metafórico... He vivido en una pesadilla desde entonces. ...No hay un hilo en mis recuerdos Gilly, no puedo decir que realmente soy yo. Incluso si sé que no estoy loca me siento como tal... Así que empezaré por acabar con mis pendientes; quizá así pueda desdibujar los falsos rostros y encontrar el verdadero hasta que se sienta como tal poque incluso ahora... incluso ahora se siente como un sueño, aún después de haber visto a Jon...!

"Lo sabía...!", pensó Gilly sobrecogida. -Señorita, usted lo sabía...!

-No es real... no lo es.

-Señorita... -Le rogó, -por favor, vuelva. Le prometo que la ayudaré, la ayudaré a encontrarlo.

-No hasta haber terminado con los nombres en mi lista.

-Señorita... ¡Señorita!

Pero fue inútil. Arya ya había cortado la llamada.

Sin pensárselo dos veces, Gilly salió corriendo fuera de la posada, directo al puerto. Tenía un presentimiento de a dónde iría Arya y eso le dejaba claro a dónde debía ir ella en respuesta.


Horas después, la muchacha se veía sometida por un par de soldados que le negaban el paso al acceso a uno de los navíos Targaryen. En un principio había estado tranquila, pero al ver a quien buscaba no pudo evitar pasar de los guardias.

-Sam, ¡Sam! ¡Saam!

El aludido al fin la escuchó y, al verla, corrió a su lado, indicando a los soldados que estaba bien y que debían soltarla.

-¡Gilly! -Intentó abrazarla, pero ella le detuvo por los hombros.

-¡Tienes que ayudarme! -Le pidió mirándolo desesperada, forcejeando hasta parecer darse por vencida y caer rendida.

-Wow, Gilly...! -La contuvo. -¿Estás bien? ¿Qué es lo que pasa?

-Se ha escapado... -Sollozó

-¿Qué quieres decir? ¿Quién?

-¡Arya! -Gritó alterada.

Por un instante Sam no pudo articular palabra.

-...¿qué?

Gilly tomó bocanadas de aire profundas, intentando serenarse lo más posible.

-Sam... Tengo que decirte la verdad. -Confesó. -Toda la verdad.

"Ya no trabajo para ella", siguió tratando de convencerse. "Y tengo que detenerla", se convenció; a sabiendas de que su exprotegida ya había abandonado el puerto...


A/N: Capítulo 19, llegaremos algún día al fin?