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FADED
SAM
-Sam, ¡Sam! ¡Saam!
Samwell Tarly seguía repitiendo la escena del puerto una y otra vez en su mente desde que partiera del Norte rumbo a Valyria. No tenía permiso del Rey y tan sólo rogaba porque el mismo entendiera sus razones a través de la carta que le había dejado de improviso y que además de todo, le perdonara. Pero es que todo el encuentro con Gilly le había sacudido el suelo a sus pies.
-¡Tienes que ayudarme!
Sabía que tan sólo estaba a unas cuantas horas de distancia del barco de Jon, pero eran navíos diferentes con rutas ligeramente diferentes y por tanto, ésas horas de a poco se volverían 'días'. Aunque Sam pretendía alcanzar a Jon en la primera parada en Puerto Pirata, no podía asegurar que lo conseguiría. Ojalá hubiera podido hacer el viaje en avión, pero de momento los mismos estaban reservados para la nobleza y mientras el pacto no se firmara y las adecuaciones en Braavos y Lys no se hicieran, sería imposible un aterrizaje.
Suspiró, volviendo a revivir aquél encuentro.
-Se ha escapado...
-¿Qué quieres decir? ¿Quién?
Una parte de él hubiera deseado no haberse enterado del secreto...
-¡Arya!
...
Cuando Sam había decidido convertirse en maestre nunca imaginó que su especialidad terminaría siendo la medicina en la práctica; siendo honestos él esperaba poder dedicarse más a las investigaciones; lo cierto era que no tenía "nervios de acero" y tendía a arruinar las cosas. Incluso al inicio de sus estudios se desmayaba de tan sólo ver la sangre. Gilly fue quien más ánimos le dió y quien hasta cierto punto evitó el que renunciara a sus estudios. Pero fue la guerra lo que terminó por cambiarlo y ayudarlo a encontrar su propio valor. Y resultó que tenía madera de líder.
Dirigió el batallón médico en el campo de batalla y fue conocido por la velocidad con la que podía suturar cualquier herida sin importar la gravidez de la misma. El lado triste, sin embargo, fue que salvó tantas vidas como destruyó otras. Pues aunque tras las batallas atendía tanto a aliados como a enemigos por igual, mientras las mismas estaban en curso tuvo que elegir la vida de sí mismo y las de sus compañeros por encima de las de sus atacantes. Quizá fuera por eso que, al igual que Gilly, decidiera dedicarse a la práctica; sentía una deuda por las vidas que había apagado y creía que encerrarse en investigaciones sería huir de lo que había hecho.
Sin embargo se había hecho una excelente carrera como médico-militar durante los años que había durado la guerra, que no pasó mucho tiempo antes de que la nobleza del Norte posara sus ojos en él. El mismo Rob Stark lo puso como médico de cabecera de su familia, al menos de la que le quedaba aún en Witerfell, más específicamente, de Jon Snow.
...
-¿Cómo está? -prefuntó Rob, con el alma pendiendole de un hilo.
Sam intentó verse empático.
-Está reaccionando al tratamiento, aunque para ser honestos no tiene mucha voluntad.
Rob suspiró con cansancio. Sam por su parte podía entender la frustración del Rey Stark
-Me gustaría decir que no sé porqué lo hizo pero sería mentir -confesó el hombre.
Sam permaneció en silencio. Rob le miró con seriedad tras un instante de silencio.
-Samwell Tarly, os pido hagas un juramento de silencio para lo que tengo que decir.
Sam hizo lo propio y después el Rey del Norte le confesó la conversación que él y Jon habían tenido antes de que el mismo intentara dejarse morir en la nieve. Pero también confesó un secreto más, uno que había planeado llevarse a la tumba y que ahora no podía contener por más tiempo.
Arya Stark estaba viva, del otro lado del Narrow Sea. Pero ya no era Arya. Y Jon nunca podría enterarse de ello.
-Pero, su majestad, la depresión del príncipe Jon...
El aludido le detuvo con un gesto de la mano.
-Entiendo lo que quieres decirme Samwell Tarly, créeme que yo más que nadie lo entiende. -Le dijo. -Pero Arya es mi hermana, o al menos lo era entonces y ella tomó su decisión.
-Pero eso fue antes de que ella supiera que él estaba vivo. -Interrumpió.
-Tú no lo entiendes -declaró el castaño -nadie puede entenderlo. Sólo nosotros que vivimos juntos en ése espacio de tiempo detenido, sólo nosotros que convivimos con ellos, podemos entender que dados los acontecimientos es mejor que al menos por ahora, no se reencuentren.
Mutismo.
¿Qué podía decir, realmente? Aún a pesar de su relación con Stark, Jon seguía siendo un Targaryen y la situación del país de Valyria todavía era precaria. Las negociaciones de paz aún no había terminado. El mismo Jon no quería ser rey, su tía Daenerys estaba momentáneamente al frente, ¿pero quién podría decir que esa circunstancia no se hiciera permanente? Rob Stark tenía razón. A decir verdad no lo estaba haciendo por Jon, sino por Arya. Sabía lo que ambos querían pero de momento era mejor que permaneciera oculta. Estaba la situación con el pueblo libre además, que por fin había decidido declararse como un pequeño país en sí mismo pero dependiente del Norte. Mejor que vieran que los intereses del Targaryen eran sinceros y no sólo porque quería llevarse una loba consigo.
-¿Qué pasará si él la supera entonces?
Rob suspiró. Se veía mucho más grande de lo que en realidad era.
-Considerando que Arya está en la Casa de Blanco y Negro, creo que sería lo mejor.
Los ojos de Sam se abrieron en sorpresa.
Rob le palmeó el hombro antes de retirarse, dejando al moreno con la cabeza llena de dudas y un terrible mal presentimiento en el pecho. Mas no volvió a sacar el tema, su juramento se lo impedía.
...
Un par de semanas después se dictaminó que Sam fungiría de psicólogo de Jon. El hombre estaba cerca de requerir un psiquiatra pero ni él ni nadie se atrevía a contradecir las órdenes del Rey.
-Te ves mejor hoy -Señaló Sam con una sonrisa cordial. Aún a pesar de todo, el maestre seguía conservando la chispa clave de su personalidad, la necesidad de querer disipar cualquier tensión por insignificante que parezca.
Jon por su parte apenas e hizo una mueca parecida a una sonrisa. Vestía de negro, aunque bastante pulcro para el tono sombrío que proyectaba. Su cabello había crecido bastante durante los días siguientes a su rescate pero ése día estaba corto otra vez. Sam supuso que Rob tenía algo que ver con el cambio de look del muchacho que apenas tres días antes se vestía con mucho menos cuidado.
-Escuché por Tormund que vas a quedarte en las tierras libres
-Sólo de momento. -Contestó él. Se sobaba las manos en clara señal de ansiedad, notó Sam. -Me sorprendió que Rob hubiese decidido apoyarlos durante las rencillas aún a pesar de la traición de Mance; cuando supe que Arya había influido en ésa decisión... supe que tenía que seguir por ella.
"No lo hizo por sí mismo, después de todo", pensó el maestre, ligeramente decepcionado de la falta de iniciativa del muchacho. -¿Y qué hay de Val?
Jon sacudió los hombros en un gesto indeciso.
-Quiero ayudarla. Se ha vuelto una gran amiga.
-¿Sólo una amiga?
-No podría verla como nada más. Es muy hermosa, sí, pero no es ella.
"No es Arya, es lo que quiere decir", dedujo, escribiendo notas en el cuaderno que llevaba. -¿E Ygritte?
Jon enmudeció de pronto, su cuerpo se veía tenso; había tocado una hebra sensible se dijo Sam. -¿Por qué es diferente?
-Me recuerda a ella. -Confesó tras un instante de debatir consigo mismo. -Siento que, si cierro los ojos y cambio el tono de voz sólo un poco, suponiendo que hubiese cambiado tras un año... intento creer que es ella. Que ella está viva y creció para ser libre.
El corazón de Sam se estrujó un segundo. No había faltado a su promesa con el Rey Rob, se había mantenido al margen de la situación y era una tumba en el tema del paradero de Arya, pero cada que tenía ésas conversaciones con el principe Targaryen, su curiosidad de investigador volvía a salir a flote; era su deber dar con las respuestas después de todo, y deseaba encontrar la ésta.
-Si supieras que está viva
-La buscaría hasta el cansancio -le cortó.
La mirada que le dedicaba el muchacho era fiera y con una firme determinación en ella.
-¿Así como la buscas en Ygritte? -Jon desvió la mirada, claramente incómodo. -¿No te importa lastimarla?
Jon se removió en su silla incómodo y su respuesta fue más para convencerse a sí mismo que a Sam.
-Ella es fuerte. Y jamás le he mentido. Ella sabe que amo a un fantasma.
Sam hizo una última anotación en su libreta y dió por concluida aquella sesión.
...
Tras un mes de terapias, Sam tuvo que volver a Winterfell por asuntos pendientes el Hospitar General. Incluso si no había hecho mucho avance con el moreno, cuando menos el mismo ya no pensaba en dejarse morir. Y parecía que su intención de ayudar al pueblo libre era cada vez más sincera. Por otro lado quería creer que el muchacho tendría oportunidad de superar su dolor si seguía ayudando a la gente, pero siendo éste de la nobleza Valyria, dudaba de que tuviese suficiente tiempo para sanar sin prisas.
Estaba pensando en esto tras terminar de arreglar unos expedientes, cuando una cara conocida entró en su oficina sin anunciarse.
-¡Sam! Ha pasado un tiempo
-¡Gilly! Se levantó en seguida a saludarla como era debido. -¿Estás trabajando en el hospital?
-No. Ahora soy una "doncella"
Aquello alegró a Sam.
-¿Una enfermera-niñera quieres decir?
-Algo así. ¿Qué hay de tí? Supe que te mudaste al palacio.
-Aye, lo hice. Pero no me felicites aún. -Se quejó, Sam no podía negar que no disfrutaba realmente de aquél trabajo.
Gilly le sonrió comprensiva.
-Al menos estamos limpiando los errores que cometimos, cada uno a su manera.
Sam asintió, compartiendo una mirada significativa con la rubia. Si la guerra de menos se hubiese quedado en Essos, pensó.
-¿Y quién es a quién cuidas?
Gilly sonrió con un brillo divertido en sus orbes verdes.
-Es un secreto.
Ambos se quedaron platicando durante un rato más, recordando eventos que parecían haber sido de otra vida. Algunas veces, como ésa, Sam se preguntaba porqué habría terminado su relación con Gilly, era tan fácil ser simplemente con ella...
...
Un par de semanas después, justo cuando Sam creía haberse al ritmo de la nobleza, fue llamado por la tarde a presencia del Rey del Norte. Cuando entró en la sala de consejo en la que se encontraba el monarca, se llevó la sorpresa de encontrarse con más personajes ahí.
-Tienes que entender que no tuve nada que ver con esto ni con la decisión que él tomó -habló Rob, se notaba tan irritado como la mujer que tenía frente a sí.
-Y tú tienes que entender que me cueste trabajo entenderlo -Daenerys Targaryen se veía tan regal como siempre pero su semblante tranquilo que no dejaba lucir emoción alguna, estaba en ese momento transfigurado por el enojo.
-Créeme que estoy tan molesto como tú lo estás, quizá incluso más -refutó el pelirrojo.
-Ja! Como si pudiera creer que eso. -Se burló Daenerys.
Y entonces Sam y el resto de los presentes, que no eran mas que ser Rodrick, y ser Jorah, presenciaron una faceta de Rob que sólo su familia había visto alguna vez.
-¡Él debía casarse con mi hermana! ¡Mi hermana! -Espetó, dejando a todos en silencio. La fuerza de sus palabras poniendo a todos en su lugar y la fuerza de sus emociones evitando que los demás dijeran algo. -Arya lo amó a tal grado que sé que si los papeles estuviesen invertidos ella no buscaría un reemplazo de Jon. Y mi molestia es una que tiene que ver más con el corazón que con una corona.
Aquello fue una bofetada con guante blanco para la monarca Targaryen. Sam vio ese momento como el indicado para intervenir, aclarándose la garganta habló después.
-Disculpen sus altezas, ¿por qué estoy aquí?
-Sam -empezó Rob, pero Daenerys le cortó.
-¿Tú eres el psicólogo? Tú mejor que nadie deberías entender que esto es un error. Jae no tiene porque contraer nupcias con una salvaje y menos aún en el estado mental en el que está.
Rob puso los ojos en blanco.
-Danny -le llamó Jorah
Sam notó con desconcierto la manera en la que todos se tuteaban.
-Tengo la razón Jorah no intentes contradecirme. -Espetó y luego volvió a mirar a Sam -¿Y bien?
"Todo esto por una boda", se lamentó Sam, consciente a su vez de que Jon no estaba precisamente enamorado pensó bien las palabras que diría. -Jon necesita seguir adelante. -Soltó. -Es cierto que, se está engañando pero... éste es un error que necesita hacer. Necesita probarse a sí mismo que debe seguir y al mismo tiempo entender que no puede vivir por siempre una mentira. -Dijo, apoyando ambos argumentos dados, tanto el de Daenerys como el de Rob. -Por otro lado, su alteza; el contrato no tiene una validez real, no para el Norte al menos. Las reglas son diferentes en tierra libre, hasta donde sé es meramente un trámite político.
Danny gruñó antes de contestar molesta.
-Está aquí en una tierra extraña, ayudando a gente que no es la suya, mientras se olvida de la que sí lo es.
Rob la miró con reproche.
-Eso no es cierto Daenerys, lo sabes tan bien como yo. Aún en su ausencia Jon sigue abogando por su gente frente al consejo de Westeros y las negociaciones aún no terminan. -Le recordó. -Sabes que incluso si empezó como una guerra civil, Valyria tendrá que pagar por los estragos de la guerra, Viserys ya no está para correr por los gastos.
Afonía.
Por un instante nadie fue capaz de decir nada. Rob tenía la razón, las negociaciones de paz distaban mucho de llegar a un fin. Y si bien era cierto que el pueblo de Valyria estaba dividido desde el inicio, la misma nación le debía mucho a Westeros.
-Esta situación no existiría si tú no... -Danny se ahogó con las palabras.
-Lo sé. Y lo siento. -Rob concedió solemne.
"La bomba atómica", cayó en cuenta Sam de a lo que se refería Daenerys.
-Si los Stark son tan honorables como se dice que son, como tu padre lo era, sé que te arrepentirás de esto por el resto de tus días
-Incluso más.
-Aye, toda la descendencia del Norte cargará con el pecado de las vidas inocentes que exterminaron, de la tierra que echaron a perder.
-No fue sólo su decisión...
-Sam -Le llamó Rob, en un intento de que el moreno no dijera nada más, pero Sam estaba demasiado alterado como para permitir que Rob fuese acusado de aquella manera, alguien debía decirle a Daenerys lo que nadie se atrevía a decirle de frente, ni siquiera Jon.
-El Rey Rob Stark no tomó ésa decisión él sólo. Y usted sabe que la guerra bien podría haberse alargado otros cinco años. No hay bien ni mal en estas situaciones, su alteza.
Silencio.
Al final el suspiro resignado de Rob acabó por romper el hechizo.
-Nos vamos ahora mismo.
-Danny la boda. -Le recordó Ser Jorah.
-¡No asistiré a tal farsa! -Refutó ésta. -Y no voy a seguir el estúpido protocolo, ¿tienes algún problema Rob?
Rob negó con una media sonrisa.
-Ninguno. El mundo ya es lo suficientemente loco sin tanto protocolo.
-Parece que después de todo no eres tan tonto -soltó Danny antes de irse.
Cuando hubieron quedado solos, Rob le invitó un trago a Sam quien lo aceptó de buena gana; le había contestado a una reina y para colmo Valyria, se dijo, y tenía los nervios a flor de piel. Aunque entendía que no todos miraran con buenos ojos la unión que Jon haría al día siguiente, no podía negar que el príncipe tenía sus razones y que el mismo no estaba tan errado. Incluso si nadie lo quería aceptar, la verdad era que el mismo estaba preparando terreno para el futuro. Y pensando en esto, Sam se preguntó si no sería mejor que el Targaryen cumpliera su sueño como el mismo quería.
-Su alteza, sé que juré silencio
-¿Vas a romperlo? -cuestionó Rob
-No!, sólo quería preguntar algo al respecto -dijo con una risilla nerviosa. -¿De verdad ella sigue en Braavos?
Rob suspiró con cierto cansancio e irritación.
-Pregunta lo que realmente quieres saber Samwell Tarly.
El aludido tragó saliva.
-¿No hay forma de traerla de vuelta?
Rob rió en ese momento, pero era una risa resignada notó Sam, una risa de tristeza.
-Se le ofreció una nueva vida Sam, lejos de todo esto. No seré yo quien la arrastre de regreso.
Sam lo comprendió entonces.
-La vio, ¿no es cierto?
Rob no lo negó.
-Se veía feliz. -Contestó en su lugar, con la mirada perdida en un recuerdo distante.
Robe le contó entonces el pequeño encuentro que tuvo con la que alguna vez había sido su hermana.
"No esté triste, Ser. O me contagiará a las flores."
...
Tras la boda Jon volvió a terapia, un requisito que Rob había pedido y que él no había tenido problemas en cumplir; después de todo, se podía decir que Jon estaba jugando con fuego.
-Te sigues viendo cada vez mejor -le dijo Sam.
Y tenía razón. Por primera vez Jon no se veía perdido, había un pequeño brillo de vuelta a sus orbes grises...
-"Un día a la vez", fue lo que me dijiste, sólo trato de seguir tú consejo. Y desde luego Ygritte ayuda un poco.
-¿Sólo un poco?
Sam había pretendido hacer una broma, tutear al muchacho sobre la intimidad que compartía con la pelirroja, no espera por tanto que Jon agachara el semblante con tristeza.
-Tenias razón cuando me advertiste de que la lastimaría.
-¿Te arrepientes?
-No estoy seguro. Hay días que sí... Hay días que pienso que puedo llegar a amarla; momentos en lo que tengo la certeza de que la amo... Pero...
-¿Pero? -instigó Sam al ver que el silencio se extendía.
Jon le miró avergonzado.
-Sigo soñando con Arya. Curiosamente, no se siente como un fantasma.
-¿A qué te refieres?
-A que la Arya que veo en mi mente, la que ven mis ojos durante el día, la que me susurra al oído... es sólo la Arya de mis recuerdos.
Sam dejó de escribir entonces y miró directamente al príncipe Targaryen.
-¿Cómo puedes estar seguro? La fe de los siete nos dice que a veces podemos conectar con un ser que se ha ido.
Jon negó con la cabeza. Forcejeaba con las palabras, se dió cuenta Sam.
-Porque la verdadera Arya -habló por fin.
"Jon"
Jon siguió negando, evidentemente quitándose un recuerdo de la mente.
-No me pediría que la buscara.
"Encuéntrame"
...
Miles de imágenes se agolparon de golpe, sobreponiéndose la una a la otra hasta ser un torbellido de recuerdos.
"¡Jon!"
La loba de los Stark, Arya Stark de Winterfell, imagen tras imagen de ella.
"No puedo respirar... ¡Jon!"
Un castillo en llamas, cientos de personas corriendo en un campo nevado.
"Encuéntrame"
El silbido de una bomba al caer.
"¡Jon!"
...
-¡Ah!
Sam se despertó de golpe.
...
-No te ves bien.
Pip encontró a Sam al final de la semana con grandes ojeras marcadas bajo los ojos, mismos que se veía rojos por falta de sueño, desparramado en su escritorio con un montón de expedientes olvidados alrededor suyo.
-No me siento bien. -Contestó el maestre.
-¿Trabajo? -Inquirió Pip, ofreciéndole una de las tazas de café que llevaba en las manos.
-Peor. Tengo las pesadillas de uno de mis pacientes. -Se quejó, agradecido del brebaje caliente que entró a su boca como un manjar medicinal.
-Wow, no mentían cuando decían que hacías conexión a otro nivel con tus pacientes.
-No estoy para bromas Pip
-No estaba tratando de burlarme, pero tienes que admitir que es cierto. -Le dijo éste, sonriendo. -He tratado de localizarte para salir con los demás pero siempre estás indispuesto. Todos tienen ganas de verte. La boda de Gren es en una semana y ni siquiera has contestado si asistirás.
Sam suspiró, había olvidado tantos compromisos. Durante la última semana el fantasma de Jon se había vuelto el suyo; Arya Stark lo visitaba en sueños y lo curioso era la nitidez de dichas imágenes puesto que él no la había conocido en persona.
-Lo lamento Pip, estos de la corona son un dolor de cabeza.
Su amigo asintió comprensivo.
-Te perdono, pero tendrás que venir mañana a la despedida de Gren, y no se aceptan no's por respuesta.
-Ahí estaré.
La enfermera de su consultorio entró entonces.
-Maestre Sam, llamada urgente para usted.
Sam se despidió de Pip y se dirigió al escritorio de recepción donde contestó el teléfono.
-Samwell Tarly
-¡Sam!
Era Gilly.
-Sam, necesito que me ayudes.
Había tanta desesperación en su voz que un escalofrío le recorrió la espalda.
...
Gilly le había contado que su protegida necesitaba atención urgente pero que no tenían modo de llevarla al hospital y que tampoco podían encargarle a cualquiera el cuidado de la misma. Así pues, ella había decidido confiar en él, por lo que debía además ir solo. Sam hizo como se le dijo y llegó a una mansión en el distrito siguiente a Winterfell, justo en las orillas del mismo.
Parte de la servidumbre ya lo esperaba afuera, un mayordomo, una dama que evidentemente era cortesana y Gilly.
-No debo recordarle que debe guardar absoluto secreto -Presionó la cortesana que no era otra que madame Karstair, mientras avanzaban adentrándose en la casa rumbo a la habitación de la paciente.
-Lo sé, madame.
Una vez llegaron a la misma, las puertas se abrieron tras dar una seña a los sirvientes presentes, dejando en claro que Sam era de fiar; aquello le dió mala espina a Sam, que tan pronto entró sintió su corazón desfallecer.
-No sabemos cómo ayudarla -le dijo uno de los criados que la sostenía.
-Por los siete...! ¿Por qué la tienen amarrada?
La joven, que aparentaba entre 14 y 15 años, menuda, de melena castaña y fiera mirada, estaba sujeta de las manos con correas a los postes de la cama, había una soga apretándole la boca también, evitando al parecer el que la misma se hiciese daño mordiéndose; pataleaba con fuerza mientras retorcía el resto del cuerpo. Se miraba desquiciada y dedos se movían intentando arañar lo que pudiera. Sam notó la herida que sobresalía en la cadera de la misma, un vendaje que estaba sucio ya.
Alys soltó un bufido antes de responder.
-Créame, esta niña sería capaz de matarlos a todos incluyéndolo a usted; después de todo, sabe cómo hacerlo.
Sam la analizó entonces, tomando los signos vitales que podía lo que la chica le permitía.
-Está en un trance.
Alys asintió con pena.
-Creemos que se piensa que está en la guerra, en medio de un campo abierto.
-Es posible. Gilly, me asistirás, has exactamente lo que yo te digo.
...
Tras aproximadamente un cuarto de hora después, Sam se econtraba sentado al lado de la cama de la joven, Alys estaba sentada en el borde de la cama aun lado de Sam, Gilly era la única que permanecía de pie. Le habían dado un potente sedante a la chica y le habían conectado un respirador de oxígeno para evitar el que la misma siguiese hiperventilandose.
-Es un trauma post-traumático, -informó Sam. -La mayoría de los soldados lo tienen; los civiles que se involucraron también, aunque en menor medida. Pero generalmente siempre hay algo que los dispara.
-Creo que fue la sirena. -Informó Gilly.
-Puede ser, el sonido es parecido al de las alarmas anti-bombas. -Asintió Sam, luego miró a Alys con gesto severo. -Debe de estar en un hospital
-No -Sentenció ella. Ante lo cual Sam se alteró, desconcertado.
-Necesita análisis, principalmente neurales.
-No se puede.
-No puedo atenderla aquí. -Presionó.
-Tendrá que hacerlo. El secreto de su rostro es muy importante, una sola foto y sería el fin de la pobre.
Sam entrecerró los ojos, analizándola.
-Madame Karstair lo que usted está diciendo es que es una refugiada, ¿cierto?
La aludida arrugó el gesto, Gilly se removió incómoda en su sitio.
-Nosotras también tenemos un juramente. -Y tras un instante en el que pareció debatir consigo misma internamente se levantó hasta caminar a la puerta, abriéndola. -Me temo que lo de hoy fue una excepción. No volveremos a requerir de sus servicios. Gilly, muestra al maestre la salida.
La aludida se movió al instante.
-Sí señorita. -Y acto seguido tomó del brazo a Sam, quien no forcejeó y salió de la pieza con ella, pero antes de que Alys volviese a encerrarse en el cuarto Sam se giró y le espetó.
-¡Necesita al menos una enfermera especializada a su cargo! ¡Alguien que sepa tratar con ése tipo de traumas!
-Vamos Sam -presionó Gilly.
Sam siguió a Gilly en silencio, demasiado consternado por lo que acababa de vivir, no había reparado en la imagen de la chica sino hasta que ésta por fin había caío en la inconsciencia; sin embargo ni siquiera entonces había notado familiaridad en su rostro sino hasta que alcanzaron la entrada de la vieja mansión. Una vez afuera Sam miró a Gilly.
-¿Quién es ella Gilly?
La aludida inspiró con fuerza, serenándose antes de contestar.
-Te agradezco el que nos hayas ayudado. -Pero ni siquiera miraba directamente a su amigo.
-¿Quién es ella Gilly? -Presionó ligeramente molesto.
-A partir de ahora podemos hacernos cargo
-¡Gilly! -le cortó.
Silencio.
Tras lograr calmarse volvió a cuestionar.
-¿Quién es ella?
Sólo entonces la rubia le miró directamente a los ojos.
-Es mi señorita, y yo soy su doncella. Buenas noches Sam.
Y le cerró la puerta en la cara.
Sam no tenía idea de qué había pasado.
...
Durante la siguiente semana, no fue Jon quien permaneció en la mente de Sam, sino la jovencita que había salvado aquella tarde fortuita. Ni siquiera la boda de Gren consiguió borrarle por completo la preocupación que sentía por la misma. Para la segunda semana, había instigado tanto a Gilly que la rubia al final había accedido a presionar a sus jefes de considerar el tener una enfermera especializada en traumas al servició de su protegida. Tan sólo el día anterior le había dicho que buscaban a la adecuada pero que no esperaban encontrar una que fuera confiable pronto.
Sam se sentía desesperado incluso si no lo decía. Y no podía señalar el porqué le resultaba tan de vital importancia el hacerse él cargo de ése caso en particular. Quizá fuera por el mal sentimiento que le daba el recordar el estado de la misma, consciente de que era prisionera en aquella gran mansión; igual que lo había sido él en su hogar en Alto Jardín.
-¡Sam!
El aludido salió de su ensoñación para descubrir a quien fuera la ahora compañera del príncipe Targaryen.
-Ygritte. No sabía que habías concluido el programa de enfermería.
La aludida rodó los ojos.
-Tenía que hacer algo mientras mi esposo estaba fuera. Y ambos estuvimos de acuerdo en cerrar la brecha entre nuestra gente. Creí que lo sabrías por Jon.
Claro que lo sabía, pero lo había olvidado. En lo único en lo que pensaba era en la refugiada de Gilly.
-Hace cerca de un mes que terminó su terapia conmigo y no creo que yo sea precisamente su mejor amigo. -Se excusó.
-Supongo que no, -bromeó ella sonriendo
-Así que empezarás a trabajar en el hospital. Estarás igual de ahogada de trabajo que Jon.
Ygritte arrugó el gesto, se le notaba que no estaba tan convencida de sumergirse de lleno al trabajo en el hospital. Los dioses sabían la cantidad de cambios que la joven había hecho en su vida desde que había elegido a Jon.
-Lo sé. Desearía que pudiera hacer un trabajo más tranquilo.
Y entonces una idea le brilló en la mente a Sam.
-Dime Ygritte, ¿te gustaría ser una enfermera particular?
Aquello había salido a pedir de boca. La paga era buena, si se consideraba que sería el primer trabajo de Ygritte en tierra norteña y que además a misma deseaba no ser dependiente de Jon, por lo que el trabajo le caía de perlas. Sin mencionar que de algún modo Sam podía tener un contacto, aunque indirecto, con la joven que le había cautivado aquella tarde.
-¿Qué tal va todo?
Días después Sam hablaba por teléfono con Gilly.
-La señorita Ygritte es muy buena, la señorita Arry le ha tomado mucho cariño.
"Arry", recordó Sam, saboreando la información que se le había escapado a su amiga. -Sé que es buena, yo la recomendé.
-Y te agradezco el que lo hayas hecho. La señorita no ha vuelto a tener otro ataque y la semana pasada la señorita Ygritte se encargó de tomar las muestras de sangre que se necesitaban para los análisis.
-No es mucho pero es un avance.
-Sin embargo Sam, ésta es la última vez que recibirás un reporte. Son órdenes del Rey.
"¿Cuál Rey?", se preguntó el aludido. Y se siguió preguntando lo mismo durante los días siguientes. Hasta donde él sabía, el Rey Rob no había tenido tiempo de encargarse de ningún otro refugiado a ése nivel que no fuera Jon Targaryen.
-¿Algo en tu mente Sam? -le cuestionó en una ocasión el mismo.
Pero Sam negó con la cabeza.
-No su alteza, todo está bien.
Después de todo, si se equivocaba podría terminar perdiendo el favor del rey. Y, lo que era aún peor, condenar a Gilly con ello.
...
De modo que durante el resto del año, Sam permaneció lejos de la nobleza, se dedicó a seguir trabajando en el hospital y por una vez en el área de investigación; demasiado agotado como para seguir tratando con la gente y decepcionado de su propia falta de autoridad. Aspiraba tanto a una vida tranquila, pero el mundo post guerra en el que vivía tenía demasiados cabos sin atar.
Aún con todo consiguió algo de paz durante el resto del año, llevaba cerca de 10 meses sin ser requerido en la nobleza y frecuentaba con mucha más libertad a sus viejos amigos; incluso si se había vuelto a distanciar de Gilly no importaba. La había visto por última vez 3 meses atrás, cuando Arry había vuelto a tener un episodio de pánico, por fortuna mucho menos peligroso que los anteriores; y después de eso nada.
Sin embargo, la calma no duró mucho. Apenas cinco días después del inicio de un nuevo año, irrumpieron en su propia casa. Apenas y tuvo tiempo de abrir la puerta antes de que los guardias la tiraran con sus constantes golpes.
-¡Maestre Sam, venga de inmediato!
No fue una petición, sino una orden. El oficial a cargo lo había tomado del brazo y metido en el carro casi a la fuerza, ya que Sam no se había resistido. Fue un viaje corto pero confuso por la premura de todo y el encontrar el castillo en movimiento en mitad de la noche. Lo llevaron hasta el último piso del castillo, un área que estaba mucho más iluminada que el resto del lugar entonces.
-¿Qué suscedió? -cuestionó tan pronto entró en uno de los baños principales del ala este, donde descansaban los aposentos de la familia del Rey. Y se maldijo mentalmente, debió suponer que algo así pasaría tras el "divorcio" de Jon e Ygritte.
El piso estaba resbaloso de chorros de agua y pequeños charcos de sangre. Rob estaba sentado en un banquillo cercano a la tina, la cual estaba llena de agua y teñida de rojo, una enfermera le atendía las pequeñas heridas superficiales que mostraba, tenía el labio roto, le sangraba la nariz y los nudillos de las manos, tenía la camisa manchada de sangre y el resto del cuerpo mojado.
A un lado de la tina, sujeto por dos oficiales, mientras un enfermero le vendaba las muñecas, Jon lucía incluso peor que su compañero. Tenía el rostro demacrado, el cabello otra vez largo, con el cuerpo mojado, cubierto en moretones y manchas de sangre en la ropa, un ojo morado y dos cortes en cada muñeca. Pero a pesar de su triste apariencia se veía furioso.
-Trató de cortarse las venas -contestó Rob.
-¿Trató? -Sam le miró confuso, por lo que él veía había tenido éxito.
Rob gruñó antes de contestar.
-Lo sorprendí antes de que lo hiciera. Forcejeamos, obviamente, y en medio de la riña consiguió hacerse los cortes aunque mal, muy mal...
-¡No tienes derecho! -Le reclamó el Targaryen.
Rob iba a contestar pero Sam le detuvo, se había preparado mientras ellos discutían.
-Me haré cargo de él. -Informó, Rob asintió y salió del baño.
El maestre se acercó al principe entonces, jeringa en mano, su paciente se alteró entonces al ver el objeto, intentando en vano alejarse pues sus captores lo mantuvieron quieto en su sitio.
-¿Qué es eso? ¡Sam! ¡SAM!
Sam le inyectó la droga, mandándolo a la inconciencia.
El moreno miró la escena con tristeza mientras los paramédicos se encargaban de llevarse a Jon. Rob ya no tendría cómo negarse y su amigo tendría que ser internado en un psiquiátrico por tiempo indefinido.
Sam suspiró. Ésa era la parte de su trabajo que le deprimía, e incluso si entendía lo precario de la situación, maldijo una y otra vez a Arya por pedirle a su hermano el que borrara su existencia. Si tan sólo hubiese sido un poco más fuerte, ella y Jon se hubiesen podido reencontrar antes de que tanta política se metiera en el medio. Ahora sólo deseaba que la misma nunca apareciera.
...
Sobra decir que Sam se quedó a cargo del tratamiento de Jon. Le estuvo monitoreando durante el resto del tiempo que estuvo inconciente, atendido en secreto. Cuando el muchacho despertó, Sam llevaba cerca de dos horas sentado a un lado de la cama del chico, con la mirada fija en este pero la mente vagando en mundos distintos.
Jon tardó en recobrar la conciencia al 100% y cuando lo hizo tras darse cuenta de dónde se encontraba, le dedicó una mirada asesina al maestre.
-Estás enojado. -Señaló Sam, quien también estaba irritado.
Jon sólo afiló su mirada y su compañero volvió a analizarlo.
-No. Estás furioso. -Corrigió con tono ligero.
-Yo soy quien elige cuándo morir. -Gruñó con voz ronca por falta de uso.
-Aye, lo haces.
-No te burles de mí. -Volvió a gruñir.
Seguro que el pobre apenas se toleraba a sí mismo, pensó el maestre.
-No lo hago. Pero ahora mismo tu mente está en mal estado. Y no es la primera vez que lo intentas... Para serte honesto agradezco que pasara y que fracasaras, por supuesto. No encontraba el modo de sugerir a su majestad, que su familiar requería un psiquiatra.
-¿Es donde estoy? -Cuestionó apretando los puños, notando por primera vez las correas alrededor de sus muñecas.
-Aye. -Asintió Sam con aire ausente.
Jon desvió la mirada al techo y se negó a hablar con nadie por el resto del día. Sam lo entendía perfectamente, no era la primera persona depresiva con la que trataba después de todo.
Y sin embargo, cuando horas más tarde ése mismo día le llamaron por la noche...
-Maestre Sam, llamada de urgencia. Hay una ambulancia en camino.
No pudo evitar quejarse.
-¿¡Qué les pasa a estos norteños?!
Gilly había vuelto a llamar tras un largo silencio, y la noticia no le había sorprendido tanto a Sam como se hubiese esperado.
-Prepara el quirófano 4.
Sin importar lo mucho que le había helado la sangre mirar las apuñaladas en el vientre de Arry.
...
Había estado cerca de seis horas en operación. Incluso si la mayoría de las cortadas habían sido superficiales una de ellas había perforado tres buenas capas de piel. ¿Cómo había pasado eso? Estaba descansando afuera del quirófano cuando el rey se presentó frente a él.
-Su majestad
-¿Cómo está?
Sam tuvo que recordarse que Rob se refería a Jon. Estaba tan cansado de dividirse entre uno y otro.
-Duerme la mayor parte del tiempo, aunque es comprensible dados los medicamentos. Si me lo permite no creo que sea correcto que lo vea todavía.
Rob asintió.
-En realidad venía a hablar contigo.
-¿Por qué tengo la sospecha de que tendré que volver a jurar secretismo?
-No te dije la verdad completa.
-Con todo respeto, su alteza, ni siquiera sé si quiero escucharla. -Confesó.
Para su mala suerte Rob le ignoró.
-Jon partirá a Valyria. Lo he arreglado con Daenerys. -Aquello le destanteó sólo un poco. -Él no es mi responsabilidad, y ahora que no lo ata su compromiso con Ygritte y el pueblo libre... Necesita ir a casa. Creo que ambos estamos de acuerdo en que no superará esto estando aquí.
-Usted quiere que lo conveza de que lo mejor es irse. -Declaró a sabiendas de que estaba en lo correcto. Rob no lo negó necesita sanar físicamente y luego entrar en balance con su mente.
-Lo sé. Esperaremos lo que se tenga que esperar.
Sam estuvo de acuerdo. Quizá bajo ése nuevo arreglo por fin Jon podría atenderse como era debido.
Una semana después y tras haberse hecho cargo de sus respectivas rondas, Sam se encontró con un Jon sonriente tan pronto entró a la habitación. Aquél gesto tan honesto lo desmoronó, nunca lo había visto sonreír tan sinceramente.
-¿Jon?
-Finalmente vino a verme -musitó éste con la sonrisa alcanzandole por primera vez los ojos.
-¿Quién? -Cuestionó Sam, que el supiera nadie podía entrar a la habitación del Targaryen sin permiso suyo.
Jon giró el rostro para verle directamente.
-Arya. -soltó. -Finalmente vino a verme... me llamó 'estúpido', igual que hacía cuando éramos niños.
Sam estaba descolocado y confundido. ¿Había Jon perdido la cabeza por fin? ¿O finalmente la verdadera Arya había muerto y le había hecho una visita? Pero lo que más le destanteaba era la felicidad y la paz que el príncipe tenía.
-¿Por qué estás feliz?
Jon sonrió más ampliamente y derramó lágrimas al hacerlo.
-Finalmente vino a verme.
Entonces, Sam por fin lo entendió.
"No está enojada conmigo", habia querido decir él.
Durante todo ése tiempo que llevaba conociendo al príncipe Targaryen lo había malinterpretado. No era una falta de amor propio sino lo contrario. ¿Sería posible creer en ése tipo de conexión? Rob lo había tratado de explicar a Daenerys cuando la misma había ido a impedir la unión de su sobrino con Ygritte. El vínculo que Jon y Arya habían compartido todavía no estaba roto y Sam se preguntó si de verdad la loba Stark había sido capaz de olvidar a Jon o de si la misma estaría sufriendo igual que él...
Fuera como fuera, por fin era capaz de entender la verdadera razón de la tristeza de Jon. Tras todo lo que había ocurrido tras el ataque al Muro, seguro era que el Targaryen se sintiese un fracaso; quizá hubiese enderezado un poco las cosas con Ygritte, incluso si su corazón no estaba del todo ahí, pero tras fracasar incluso entonces... Jon había estado perdido. Necesitaba una respuesta que no iba a llegar, porque su Arya no estaba muerta, estaba ahí afuera aparentemente lanzandole señales a Jon de que fuera a buscarla. Sam supo entender que Rob lo sabía, y que al igual que el moreno se había aferrado a un milagro sólo que él mismo no había estado listo para levantar las barreras y aún quedaba el problema de la situación de la misma princesa.
Todo parecía un desastre pero, ver a Jon tan sereno... le hizo cuestionarse por segunda vez en el día si quizá esta vez en serio, la princesa había perdido la vida.
...
Su respuesta llegó durante los días siguientes, cuando descubrió que la "Arya" de Jon que lo había visitado aquella noche era la "Arry" de Gilly. Sam no quería ver cosas donde no las hubiera pero sentía demasiada curiosidad y sospecha, que en más de una ocasión jugó con la posibilidad de que Arya y Arry fuesen la misma persona. Sin embargo, Jon no había dado señas de reconocerla. Vale, el pobre muchacho había estado sumido en drogas durante todos los encuentros, pero si el vínculo que presumían era tan fuerte, ¿no debería de ser capaz de reconocerle?
A menos que lo que los hombres sin rostro hacían con eso de "borrar una existencia" de verdad hubiese desvanecido para siempre la existencia de Arya. Pero también esa teoría tenía cabos sueltos, pues Jon claramente veía a su musa en el rostro de Arry incluso si la misma ya le había revelado que no era Arya. Luego se golpeaba mentalmente por concebir siquiera esos disparates y se regañaba una y otra vez recordándose que no podía enfrentar el secreto de Gilly o habría graves consecuencias, para todos en realidad.
Sin embargo, a veces su boca tenía voluntad propia.
-Tu pequeña dama disfruta mucho de la compañía de mi paciente -le había dicho un día a Gilly.
-Lo lamento, siempre ha sido rebelde. -Se disculpó ésta sin saber dónde esconder la cabeza.
-¿Sabes? Mi paciente es Targaryen, quizá no debería decírtelo, pero es un soldado de Valyria, de la mismísima nobleza. -Confesó con la esperanza de que ella también compartiera información de su lado.
-Ya veo. ¿Y su familia?
-Recientemente se divorció. Su mujer lo abandonó. -Continuó pensando que ella había picado el anzuelo.
-¿Es por eso que está aquí?
-Ojalá fuera tan sencillo. -El corazón se le estrujó. -Está aquí por un fantasma.
Sam se había encargado de lucir lo suficientemente triste para que su amiga intentara animarle compartiendo un secreto de su protegida. Pero ésta se negó sin siquiera sopesar la posibilidad de quebrantar su juramento de silencio.
-Le diré a Arry que no se pasee en habitaciones ajenas, debo irme.
Sam la detuvo al instante.
-Te pido que no lo hagas. -Suplicó con cierta desesperación, lo que menos quería era que ambos muchachos se separasen. Si Gilly no lo diría, cuando menos él podía seguir intentando descubrir la verdad a través de esos encuentros. -Arry ayuda a Jae, él se ha recuperado desde su llegada.
Su amiga, fiel a su promesa, no volvió a interferir y Sam lo agradeció de buen grado.
...
Así pues el plazo se cumplió y Jon finalmente sería dado de alta. Aquél día, Sam encontró a Jon escribiendo una carta para Arry.
-Parece que le tomaste cariño a nuestra pequeña hada clandestina.
Jon bufó.
-Por favor no te burles, es culpa de las drogas que me das. De no ser por eso no la habría confundido.
Sam rió entonces, el muchacho tenía razón en lo que decía, además del hecho de que Arry sólo lo visitaba por las noches y desde luego que nunca encendía las luces.
-Quizá no lo hiciste. La fe dice que a veces se presentan a través de otros rostros. -Le picó.
Jon negó con la cabeza.
-Ahora estás confundiendo las religiones Sam.
-Quizá, pero tienes que admitir que no hay religión perfecta. Ni siquiera el señor de la luz. -Le dijo acusatoriamente.
Jon exhaló con cierta molestia.
-Sam. Te dije que no lo volveré a hacer.
-Eso espero, las cosas no se superan olvidándolas. -Le regañó.
Jon sonrió con picardía.
-¿Por eso es que te obligas a ver a Gilly?
-ESo es diferente.
-¿Cómo así?
-Nuestros intereses son diferentes y nos llevaron a caminos diferentes; después de la guerra las diferencias se marcaron aún más. Para entonces ya habíamos terminado. A veces es más sano dejar de luchar y aceptar que por mucho que nos guste algo no siempre es lo mejor tenerlo.
Jon volvió a su carta, lo siguiente que dijo casi le para el corazón al maestre.
-Creeré en la religión que me traiga a Arya de vuelta
-Jon! -le advirtió.
-No estoy loco Sam, ni tampoco estoy siendo cínico. -Contestó él todavía sonriendo. -¿Qué es la fe de cualquier manera? No te preocupes, no voy a atentar contra mi vida otra vez. Mi mente por fin está despejada, pero soy honesto en cuanto a lo que te digo. Creo que lo primero que haga una vez tome el trono, si es que lo tomo, será separar la fe del parlamento.
¿¡Qué cosas decía este chico?!, reprochó mentalmente. Sin duda la juventud de esos tiempos no sabría nada de la vida sin importar en cuántas guerras participaran.
-Todavía ni siquiera hemos podido firmar un pacto final de paz y tú ya estás pensando en hacer una revuelta.
Jon le dedicó una sonrisa enigmática.
-Fue mi plan desde el inicio.
-Y de algún modo no puedo creerlo.
Jon sacudió los hombros restándole importancia.
-Era eso o implementar la fe de los antiguos dioses del Norte.
Sam se alarmó.
-Estás loco, Jon Snow!
El aludido dejó salir una sonora carcajada.
...
De eso hacía exactamente cinco meses. Jon había partido a Valyria justo ésa mañana, la mañana en que Gilly le había hablado con tanta desesperación y tan decidida a contarle todo.
-¿Qué quieres decir? ¿Quién?
-¡Arya! -Gritó alterada.
Por un instante Sam no pudo articular palabra.
-...¿qué?
Gilly tomó bocanadas de aire profundas, intentando serenarse lo más posible.
-Sam... Tengo que decirte la verdad. -Confesó. -Toda la verdad.
...
Sam sintió que vomitaría en cualquier momento. Apenas habían pasado tres días pero él todavía no conseguía acostumbrarse al vaivén de las olas del océano. Era la primera vez que viaja en barco, además. Ésa noche había decidido que no era saludable quedarse a dormir en el camarote desde temprano y decidió ir al comedor, quizá la compañía le caería bien. Llevaba apenas una hora sentado intentando comer la cena que había elegido del buffete cuando una de las comensales, mesa consiguiente a la suya se dirigió a él entonces.
-No se ve bien maestre. Tome, esto lo hará sentir mejor. -Le dijo, entregándole un fraco diminuto.
-Gracias
-No lo tome ser, sólo debe olerlo -le dijo, deteniéndolo justo antes de que se lo llevara a la boca.
El efecto fue casi inmediato, era un aceite esencial que soltaba un aroma a pino y madreselva. Aunque no era su fuerte, Sam estaba un tanto familiarizado con el uso de esencias para la salud. Durante los años de la guerra, habían sido una opción de medicina alternativa mucho más accesible que el medicamento compuesto y era muy popular entre la nobleza.
-Gracias de nuevo -contestó devolviendo el frasco pero la joven se negó a recibirlo de nuevo.
-Consérvelo, algo me dice que lo necesitará usted más que yo. No está acostumbrado a los barcos, supongo.
-La verdad es que no. Perdone, usted...
-Soy Beth. -Se presentó
-Yo soy Samwell Tarly... Tu acentó no es de Westeros -obeservó un tanto contrariado, porque las facciones de la chica tenía un deje norteño en ellas que se le hacía familiar, pero incapaz de recordar de dónde.
-Muy observador señor, soy una Bravossi de regreso a casa.
Ése fue el inicio de una amistad, que si bien no había estado buscando, le sirvió de mucho a Sam durante todo su viaje. Descubrió que Beth también viajaba sola y para su sorpresa descubrió que la misma estaba ciega, incluso si no lo parecía; también supo que al igual que ésta, muchos pasajeros iban de regreso a Essos, en su mayoría motivados por el regreso del príncipe Targaryen Jahaerys II, a quien se referían como el principe prometido.
Sam sabía que se referían a Jon y en muchas ocasiones le resultaba difícil compartir la opinión del mismo, incluso si aquello se debía más a que lo había conocido durante su época más oscura, no podía concebir un Jon risueño y decidido, fiero y valiente como el que la gente de Essos que viajaba con él lo describía; era un grupo de aproximádamente catorce personas, adultos, niños y ancianos, con los que Beth en particular se reunía. En cierta ocasión incluso se había metido en ligeros aprietos, debido a que su boca, una vez más, parecía tener mente propia y había soltado algo similar a una risa cuando se aclamaba las cualidades del príncipe heredero.
-¿Algo le causa risa ser?
Sam se puso nervioso, dándose cuenta al fin de su error.
-No, para nada.
-No parece estar en favor de nuestro príncipe -señaló otro con un deje de molesta, el resto de los reunidos en el salón de descanso le miraron acusatoriamente.
-Creo que será mejor que se explique, maestre -le dijo Beth a su lado, mientras leía un libro en brailé.
Tras un instante de duda. Sam finalmente habló.
-No estaba burládome -se disculpó. -Me resulta extraño ya que yo conocí al príncipe Jon y resulta muy diferente de cómo lo dibujan ustedes.
-¿Lo conoció? -preguntaron varios, mostrando claro interés.
-Aye -asintió todavía nervioso -lo justo sería decir que lo conocí en una etapa oscura para él. Era alguien muy depresivo...
-Éso es comprensible -exclamó una mujer vestida completamente de negro, la finura del mismo denotaba su posición social -el pobre hombre perdió a su prometida en las garras de su tío Viserys, justo después de haber perdido a su propio padre y su abuelo. Pero perder al amor de su vida -musitó con reproche hacia Sam -es evidente que no has conocido ésa clase de amor; déjeme decirle algo maestre, ésa clase de amor se le mete a uno por debajo de la piel lentamente sin que lo notes y cuando lo haces, es imposible abandonarlo pues ya estás ardiendo en él... te consume.
Sam pasó saliva con dificultad.
-Es cierto que no he tenido un amor pasional como usted lo menciona.
-Es más que eso -le interrumpió ésta -No intente excusarse, no lo entenderá a menos que lo haya vivido, tome mi consejo joven maestre; y esté seguro de que tengo la certeza de que ése amor todavía consume a nuestro príncipe.
Mutismo.
-¿Cómo podría seguir entonces? -retó Sam -si su adorada ya no está aquí...
-Porque trata de alcanzarla -contestó Beth para su sorpresa. -Terminará su vida con orgullo y la seguirá después. Igual que el antiguo Rey Brandon Stark, no creo que tome a otra mujer como reina.
La mujer de negro asintió satisfecha.
-Ahí tienes un ejemplo de alguien que lo comprende incluso si no lo entiende.
-Disculpeme -continuó Sam, porque de verdad necesitaba que alguien le explicara -¿Por qué tienen tanta fe en él? Ha estado ausente durante poco más de seis años y se ha dedicado a ayudar más al Norte que ha su propia nación. Él de pronto regresa y deciden seguirlo sólo porque sí. No tiene mucho sentido.
Para su desconcierto, la gente ahí reunida le miró aún más molesta. Todos parecían entender algo que resultaba muy obvio, menos él.
-Para decir que lo conociste, no aprendiste nada realmente de quién ha sabido ser él. -Contestó un joven, aparentaba alrededor de los 12 años. Uno un poco más grade, el padre al parecer, le palmeó el hombro para tranquilizarlo y contestó por él.
-El príncipe se refugió en el Norte con los familiares de su difunta madre durante el inicio de la guerra, es cierto. -Comenzó. -Sin embargo apenas dos años después el mismo comenzó a ser partícipe de la misma, si bien desde otro fronte, siempre tuvo los intereses del pueblo Valyrio en su mente. Prueba de ello somos nosotros. No somos los únicos refugiados, el príncipe aseguró refugio para todo aquél que decidiese abandonar el país al huir de los campos de batalla. ¿Nunca se ha preguntado, Ser, por qué la guardia del chico disminuyó con los años? Muchos supusieron que sería para mantenerlo mejor oculto, pero eso chocaba con el hecho de que él se volviese público y estuviese al frente del movimiento de la Triple Alianza. En realidad, el príncipe mismo relegó a su servidumbre y usó los insumos que le pertenecían por derecho para mantener a los refugiados y evitar conflictos para el reino Norteño y el resto de las naciones de Westeros. Cierto es que gran parte de las negociaciones fueron llevadas gracias al difunto Rey Eddard Stark, pero fue el chico quien tomó la decisión de hacerlo así y quien entregó los insumos.
"Usted dice haberlo conocido en una etapa oscura, pero lo cierto es que el pobre ha tenido muy poca luz en la vida que le tocó llevar. Además de que con la guerra civil y el país dividido, él se ocupó de darle refugio a su gente, no sólo en Westeros sino también en Essos. Cada una de las alianzas hechas con los reinos de Westeros fueron gracias a sus lazos de sangre con los Stark, el hecho de apoyar al pueblo libre también es un movimiento que ayuda a pagar la deuda Valyria con el Norte. Se mire por donde se mire, cada una de sus decisiones por muy arbitrarias que se vieran tenía un objetivo clave para la tan añorada paz hacia la que todos estamos trabajando. Y no hay que olvidar tampoco su participación en el frente de la Alianza de Essos. El príncipe Jae no permitió inocentes en el fuego cruzado y permitió amnistía para todos aquellos que se habían visto obligados a seguir el régimen de Viserys."
Sam no supo qué decir entonces. Aquél argumento no fue el único que escuchó. Incluso alguien mencionó la separación de la religión del Estado, iniciativa que él mismo escuchó de los labios de Jon. La religión llevaba mucha culpa también de varios de los conflictos generados en el mundo, en particular la fe de los siete que tendía a castigar severamente a los no creyentes. De pronto el maestre se encontró ante la posibilidad de que, justo como lo había negado antes Rob, Jon efectivamente nunca estuvo loco ni cerca de perder la cordura.
Pues aún en sus momentos más oscuros, no había dejado de velar por su gente.
...
Doce días después arribaron por fin en el puerto Bravossi. Estaban a dos días de distancia de la caravana de Jon, pero si tomaba el tren hacia Myr lograría alcanzarlo en el paso de los "Caminos Dorados", una región del reino Targaryen que siempre había sido partidaria del Rey Rhaegar y la única que había logrado evitar cualquier invasión por parte de Viserys y Mereen. Sólo el Norte arribaría en Braavos y de ahí viajarían hasta Lys, donde momentáneamente se había instalado la nueva capital de Valyria; el resto de las naciones de Westeros tomarían la ruta más corta, arribando a una de las bases navales tras volar en aviones militares, debido a su situación geográfica. Lo cual explicaba que Jon viajara con antelación.
El viaje en tren fue un cambio agradable para Sam, quien no había podido ajustarse al movimiento del barco sin importar lo que hiciera, el pequeño aceite que le había obsequiado a Beth se le había terminado dos días antes de arribar. Durante el trayecto, siguió encontrándose con gente que tenía su propia opinón sobre el príncipe Targaryen y las políticas que ellos creían que éste impondría una vez hubiese retomado el trono. Sam ya no se sentía tan descolocado al escuchar la admiración que la gente sentía por Jon, pero sí lo confundía un poco la falta de aceptación a Daenerys sin importar el que fuera el ejército de ésta el que venciera a los amos de Mereen y Astapor, victorias clave para acabar con Viserys; frecuentemente se envolvía en discusiones sobre esto y pronto, se dedicó a su trabajo de historiador, antes jamás había creído que le llamase tal oficio, pero ciertamente todo aquello inspiraba.
Quizá debió medir su lengua, pues días después, cuando pretendía alcanzar por fin a la compañía de Jon, casi pierde la vida.
-¡Cuidado!
Sam apenas y se había volteado hacia atrás cuando la bala salió disparada y dió en el hombre que venía detrás de él. Robusto y algo desgarbado, cayó al suelo al instante siguiente en que la bala le diera en la cabeza.
El maestre apenas y podía mantenerse de pie ante el asombro.
-Lo, mataste. -Sollozó sin mirar a su salvador, quien se había parado a un lado del cadáver.
-Era necesario. Vamos. -Se dirigió a él y sólo entonces, Sam fue capaz de ver que era una mujer, bajita, de piel blanca y melena rubia, sus ojos dos perlas azules -Pretendia llegar a la otra comarca, supongo. No parece un Targaryen. -Inquirió la mujer mirándolo a detalle.
Sam se apresuró a seguirle.
-Es una larga historia. Pero mi amigo está allí y necesito hablar con él cuanto antes.
-Estaban detrás de tí -Le advirtió la joven.
Sam se rió.
-Eso no puede ser posible, no tengo problemas con nadie.
-Puede, considerando todo lo que has soltado camino aquí.
Sam enmudeció un instante, no se había parado a pensar lo que implicaría su recién hallado trabajo de historiador y la luz en la que él mismo había pintado a Jon.
-No fue mi intención.
-Ahórreselo. Lo importante es llevarlo con su amigo.
Sam no cuestionó cómo era que sabia a quién se refería, había escuchado de voz de Gilly el acuerdo con los hombres sin rostro y el modo en que éstos operaban. Si lo habían encontrado y habían decidido no matarlo además de llevarlo hasta Jon, él no cuestionaría dicho apoyo. Ni siquiera él era tan imprudente, historiador o no. Del mismo modo en el que no intentó buscarlo cuando dicha ayuda desapareció justo frente a sus ojos tras dejarle frente al chico que buscaba.
-¡Jon!
El aludido se giró al instante tras reconocer la voz y lo buscó con la mirada. Estaban en una especie de posada "de camino", de ésas que cuentan con una hilera de tiendas llenas de las cosas necesarias para continuar un viaje por un camino seguramente desolado.
-¿Qué diablos estás haciendo aquí, Sam? -Le dijo en cuanto se alcanzaron.
El maestre dejó salir una risa nerviosa.
-Para ser franco yo tampoco lo sé ya -confesó con algo que sonaba ligeramente a un alivio.
-No tiene sentido lo que dices.
Sam le miró entonces y tras recordar todo lo que había escuchado sobre su amigo y los planes que éste tenía que llevar a cabo, tuvo un cambio de corazón.
-Ocurre, -no podía decirle por lo que estaba ahí realmente -que salté al barco, debido a una persecusión -no todavía al menos.
Jon le miró confuso.
-¿De quién?
-Mía por supuesto.
Jon rió por lo bajo.
-¿A quién persigues? O mejor aún, ¿quién te perseguía?
-No te burles de mí, Jon Snow, era Gilly. -Contestó irrritado y ante la mirada de incredulidad de su compañero, se obligó a seguir con la mentira. -Gilly me estaba persiguiendo... y entre en pánico.
Jon rió fuerte y claro, para vergüenza de su compañero.
-Quieres que crea, que saltaste a un navío huyendo de tu ex-novia.
Sam asintió, lamentándose el no poder dar con una excusa más creíble.
-Peores cosas has hecho Jon Snow
Jon nego con la cabeza, todavía sonriendo.
-No voy a caer en esto.
-Tienes que ayudarme -rogó, porque, ¿qué más podía hacer?
-Oh, y lo haré. Es sólo que es demasiado Sam, me reiría si no estuviese demasiado consternado con tu situación. Imagino que Rob no lo sabe
-Le dejé una carta.
El Targaryen lo miró con incredulidad.
-¿Cómo es que tuviste tiempo de escribirla?
Sam abrió y cerró la boca, antes de contestar.
-Eso... no lo puedo explicar. Pero realmente no importa, ¿me ayudarás o no?
Jon lo miró largamente, manos en la cintura.
-Si no hubieses salvado mi vida tantas veces, Samwell Tarly... te mandaría de regreso en el próximo barco.
...
Llegaron a Lys sin el menor contratiempo. Aunque Sam lamentó el tener que volver a subir a un barco, agradeció que el viaje fuese por mucho, mucho más corto. Durante los días siguientes y previos al día en que la Cumbre tendría lugar, Sam se dedicó involuntariamente a ser parte de la corte de Jon; no era que no quisiera pero no tenía lugar realmente al cual ir. Había tenido la oportunidad incluso de conocer a la mismísima Daenerys y ser testigo del amor que la misma profesaba a su sobrino, incluso si éste no era del todo recíproco. Hubo momentos en los que pudo apoyar a Jon de consejero aunque se dió cuenta de que sólo ayudaba a que el mismo se sintiese más seguro de las acciones que tomaba.
Y finalmente había visto a Arya. A través de las películas que Jon conservaba de ella. Había ocurrido un cambio en Jon que Sam no sabía identificar, pero sentía que tenía relación con la loba de los Stark y los recuerdos que la misma había despertado en Jon a través de su imagen en aquellos videos y fotografías. Tras todo lo que había escuchado en el viaje, podía entender los motivos que movían tanto a uno como a otro y aunque le pesase en la conciencia, no podía hacer lo que Gilly le había pedido que hiciera. Sencillamente porque realmente no tenían idea de cuáles eran realmente los planes de ésta.
Ni siquiera tras la lista de fallecimientos misteriosos en la nobleza de Essos, en su mayoría políticos que habían ocurrido durante las semanas a su llegada. Sam se estremeció al darse cuenta de que éstos seguían una línea geográfica que respetaba el trayecto que él mismo había seguido. Dentro de sus especulaciones, entraba la posibilidad de que Arya hubiese tenido algo que ver, si de verdad había recibido entrenamiento de la Casa de Blanco y Negro, pero, ¿cómo asegurarlo?
No podía decirle nada a Jon. No todavía al menos. En esto estaba cavilando, cuando Danny lo encontró en uno de los jardines del castillo.
-Se ve aburrido Maestre
Sam se levantó al instante e hizo una reverencia.
-Por el contrario, su majestad; en realidad estoy inquieto, no tengo un oficio aquí.
Danny sonrió.
-Quizá debería de verlo como unas vacaciones entonces.
El moreno suspiró.
-Para ser francos, desde la guerra no he tomado un descanso.
-Razón de más para hacerlo ahora. -Le recalcó ella, con algo de imperación en su voz. Ambos rieron entonces, Sam había estado agradecido de que Danny al igual que yo fuese fácil de llevar. -Quería agradecerle.
-¿Agradecerme? -Sam le miró confuso.
-Es claro que su amistad con mi sobrino es sincera, su lealtad hacia él es muy clara, además. Acompañarlo hasta acá, incluso... Siempre me admira lo mucho que mi sobrino es capaz de inspirar gente a que lo siga.
"Si tan sólo supiera", pensó Sam antes de responder. -Jon es un buen hombre.
-Lo es. Y será un buen rey.
-¿Su majestad? -Sam le miró aún más confuso. Aún si el pueblo Valyrio e incluso gente de Westeros deseaba a Jon como Rey, el mismo seguía sin dar muestras de tener verdadero interés en hacerlo. Y aún después de su llegada, Daenerys seguía al frente, sentada en el trono.
De modo que la confesión de Danny lo destanteó por completo.
-Creo que puedo confiarte un adelanto de la noche de hoy. Voy a abdicar al trono en favor de mi sobrino. Descuida, no hay resentimientos ni complots de por medio. Regresaré con los Dhotraki, ahí es donde desea estar.
Sam inspiró y suspiró después. Si había entendido bien, sólo había una razón por la que Jon tomaría el trono.
-Le deseo felicidad a vuestra majestad.
Arya tenía que ser su Reina.
...
Fue así que se permitió irrumpir en la habitación de quien se hubiese convertido en algo parecido a un mejor amigo y estallar.
-¡Ya lo sabías!
Jon, que en ése momento se estaba preparando para el baile Blanco, rodó los ojos con cierta irritación.
-Hola Sam, es bueno verte otra vez.
Pero el moreno estaba lejos de ceder y mucho menos por protocolo. Durante los últimos días había estado atendiendo las discusiones sobre posibles uniones con nobleza de Essos en un intento por levantar a Valyria y confabulado con Jon formas de evitar dichos arreglos y todo para que el muy cínico ya tuviese un plan bajo la manga. El muy listo al parecer ciertamente no daba paso sin cubero.
-No me respondas con eso y contestame lo que te pregunté.
Jon le miró a través del espejo.
-No preguntaste nada -le recordó, terminándo de arreglarse.
Sam acabó por estallar de lleno.
-¡Arya!
Jon bufó.
-¿Qué hay con ella?
-¡uh! -Exclamó indignado, mano en el pecho.
Jon rió por lo bajo.
-¿Ahora qué Sam? -Retó, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la cómoda contigua para tomar y ponerse las mancuernillas. -He de suponer que hablaste con mi tía
-No, y sí. Y no.
-Estás siendo más críptico que yo Sam, y eso ya es decir mucho. -Recalcó comenzando a irritarse.
-¿Desde cuándo sabías que Arry era Arya?
-...!
Mutismo.
...
"Eres estúpido."
...
Jon se había quedado quieto, se marcaba la tensión en su cuerpo; si Sam no hubiese estado tan indignado por algo que ignoraba que era falso, se habría dado cuenta del error que había cometido entonces. Pero no lo hizo.
-¿Qué? -Jon se giró para verlo de frente.
Continuó y continuó hasta que había cavado tan hondo que no podía salir sin confesar.
-¿Qué quieres decor con 'qué'? -Reclamó, notando de a poco lo que la mirada de su compañero realmente quería decir. -Estoy hablando de tu perqueña hada del hospital, la misma que, oooh! ...Oh! ooooh... -Se mordió la lengua, indignación olvidada -...ahora todo tiene más sentido. -Murmuró por lo bajo sabiendo que se había metido en un aprieto.
¡Por supuesto que él no sabía!
-Genial quizás ahora puedas explicármelo! -Gruñó Jon, elevando la voz.
Sam levantó las manos frente a sí en un gesto claro de defensa.
-Para ser justos yo tampoco lo supe entonces, tú sabes que nunca la conocí. Y tampoco me dí a la tarea de investigarla.
Pero Jon estaba demasiado molesto entonces como para aceptar excusas.
-Explícate Sam. -Le dijo rechinando los dientes.
-Estaba siendo cuidada en secreto, el Rey Rob tampoco lo sabía -se apresuró a decir -Tienes que creerme. Además de que, ella ni siquiera recordaba tampoco quién era.
Jon le miró largamente, sus ojos entonces tenía un brillo púrpura que envolvía el gris oscuro de su iris.
-Cuéntamelo desde el principio y no te atrevas a omitir nada. -Advirtió.
...
Jon había hecho tanta presión en conocer todo sobre Arya como Arry, y en el trayecto que ésta había tomado tras su escape del Norte, así como las sospechas tanto de Gilly como de Sam sobre lo que la misma planeaba hacer, que cuando finalmente ambos herederos se reencontraron...
...Sam no entendió porqué Jon la había dejado ir.
...
La nueva capital de Valyria se dispuso que fuera Myr. El acuerdo de paz no había resultado ser tan severo sobre la dinastía Targaryen, en su mayoría gracias al apoyo del Norte y a que el mismo acabara por destruir la anterior capital debido a la bomba atómica. El castigo de pérdidas humanas sumado al hecho de perder los dioses sabían hasta cuando aquellas tierras, sería de momento castigo suficiente.
Sam volvía con la compañía Stark de regreso al Norte. El mismo planeaba volver eventualmente a Antigua, cansado de una historia que por más que lo intentara no entendía. Jon había ido a despedirlo y el maestre decidió que si ésa sería la última vez que se vieran nada perdería en cuestionarle como su corazón le pedía que lo hiciera.
-No te comprendo Jon Snow.
El aludido dejó escapar una risilla como toda respuesta.
-Lo digo en serio -continuó el maestre -La tenías. Justo de vuelta en tus manos. Sabías que era ella. Y dejaste que se fuera. -Acusó, Jon le miraba atento.
-No estaba lista Sam
-¿Lista? ¿Lista para qué? -cuestionó irritado.
Jon sonrió y se dedicó un instante de silencio para sopesar lo que le diría.
-Desde que éramos niños, Arya jamás dudaba sobre las acciones que tomaba. Jamás, Sam. Incluso cuando tenía temores sobre las posibles consecuencias de sus actos no se permitía no avanzar... Siempre venía a mí. Siempre. Y no lo hizo esta vez... Incluso estando conmigo, la sentí insegura...
Sam le miró medio entendiendo.
-Entonces, ¿es todo? ¿Por qué no perseguirla? ¿Luchar con ella incluso?
-Jamás forzaría nada con ella Sam. Jamás le haría eso a ella. -Le cortó. -Puede que no sea simple para tí, pero lo es para nosotros. Seré por siempre su puerto seguro si ella así lo quiere... Está viva y bien! Que es más de lo que me podría haber podido desear. Está viva, Sam. Y está intentando regresar... Y yo estaré aquí.
-No es simple, Jon. Ha estado involucrada en asesinatos, sabemos eso -presionó. -La ví matar.
-También yo. -Le cortó elevando la voz, Jon clavó la mirada en él. -Ésa es la parte que te falta de entender. No importa lo que haga, no importa en qué o quién se convierta, yo siempre la querré. -Declaró. -¿No lo ves? aún en la distancia crecimos en el mismo camino. Donde uno se perdió el otro lo encontró. Siempre ha sido así... Si ella desea ocultarse por siempre en la oscuridad, sere yo quien tome esa forma y la abrigue por siempre. Pero yo también he descendido. No lo sabes, Sam pero fui parte de un escuadrón de exterminio. Donde ella exigió que todo un pueblo cargara con el castigo de su venganza fuí yo quien sujetó el arma! No te engañes, Sam. No está huyendo de mí... está buscando el camino de regreso a mí. Y yo también.
...
Sam se despidió de Jon con el corazón acongojado.
"Arya y Jon", ahora entendía lo que le había dicho Rob años atrás, "Han creado su propio mundo y allá a donde van no hay lugar para nadie más."
Supuso que tendría que tener fe, igual que todos los que les habían conocido y deseaban que estuviesen juntos. Aún quedaba una última reunión para la firma final del tratado de paz; una de las cláusulas era el matrimonio de Jon con alguna de las naciones de Westeros. Sam esperaba que para entonces, Arya estuviese "lista" para tomar su lugar al lado de Jon.
Pero sólo podía rezar.
...
La respuesta de Jon, sin embargo, le había tocado una fibra sensible. Quizá fuera por eso que había decidido no volver a Antigua y dirigirse más al Norte, donde su doncella de ojos miel le había estado esperando. No había sido Gilly quien había querido terminar, se dió cuenta al fin Sam. Había sido él el que no estaba listo, pero por primera vez desde que terminaran, sentía que lo estaba.
A/N: Ya sólo faltan 10 capis más _ Y aunque no me gusta hacer promesas en vano, cuando menos les informo que ya estoy trabajando en el siguiente capítulo.
*En cuanto a los tiempos de navegación, me estoy basando en lo que duran los viajes transatlánticos pero con la diferencia de que, al menos a mí parecer, Essos y Westeros están mucho más cerca que América y Europa.
