Siéntanse libres de corregirme si notan un error en mi narrativa (que no sea de ortografía por favor, no tengo un beta reader y sinceramente dudo de que alguna vez llegue a tener uno), a estas alturas es normal que no recuerde cada detalle de lo que escribí y aunque hago el intento de revisar y releer la historia de vez en vez, aún así se me van algunas cosas.

Con éste ya sólo faltan 7. ¿Alguna vez terminaré? xD


FADED

RHAENYS

La primera vez que la princesa Rhaenys vio a su padre, tenía nueve años.

-Mantén tu frente en alto, pequeña -le recordó Oberyn, incluso si no se veía nervioso, la niña sabía que lo estaba.

Contrario a ella.

Pudiera haber sido un recuerdo borroso debido a su corta edad, pero estaba profundamente grabado en su conciencia. Viserys, al igual que su nombre, era más bestia que hombre. Cualquiera que haya sido la idea ideal de lo que un padre debía ser, era completamente ajena a lo que este sujeto era.

-No tiene la marca de los Targaryen -fue lo primero que dijo, con irritación y sospecha.

-Es tu hija -remarcó el tío de la niña con el clamor de la guerra en su expresión -Mira sus ojos -ordenó.

Viserys, su padre, así lo hizo.

Rhaenys se sentía más como una esclava que como una princesa, futura heredera del reino Valyrio si la guerra de su padre y su abuelo rendían fruto. El hombre que debía mirarla con la admiración que genera el orgullo de ver a un hijo hecho carne, la analizaba más como a una yegua que estaba a punto de comprar.

-Púrpuras -dijo el príncipe con satisfacción. Por fin veía el valor en ella. -Aunque se ve algo diluido, está ahí sin duda.

Oberyn suspiró con la misma satisfacción y quizá algo de alivio.

-¿Dónde está Aegon? -cuestionó el príncipe una vez hubo satisfecho su análisis sobre la que fuera su hija.

-Ha partido con Jon Connington -informó el moreno -Su entrenamiento empezó desde hace dos meses atrás.

-Lo necesitaré listo para cuando mi sobrino y mis patéticos hermanos sean desechados -advirtió -Recuerda que debe servirme con lealtad.

El aludido no respondió, pero en su mirada Rhaenys pudo advertir que despreciaba al príncipe Targaryen, ése que debía ser su padre pero que realmente no lo era, dedujo. Ella también podía ver la poca valía de tal espécimen.

Fue sacada de sus pensamientos cuando de repente, dicho espécimen la tomó en sus brazos, levantándola en vilo, y mirándola a los ojos le dijo:

-Te casarás con un rey.

Fue un momento breve... Pero uno que hizo eco en una fibra sensible de su ser.

En contra de todo pronóstico, Rhaenys amó a su retorcido padre.

...

Durante los años siguientes viviendo en el anonimato y escondiéndose de ojos despiertos, aquella promesa fue lo único que la mantuvo firme y entera; especialmente cuando tuvo que mudarse al Norte siguiendo los pasos de su primo -aquél que era tres años mayor que ella-, mientras fingía ser una aristócrata de Stormlands -esto justificaría su tono ligeramente bronceado- e iba en compañía de una caballero, disfrazada de dama de compañía; Rhaenys por su parte se escondería bajo el nombre Alynne.

-Llegaremos a Puerto Verde y de ahí nos moveremos a Winterfel -le informó Alynne.

Aquello la sorprendió.

-¿No seguiremos a mi adorado primo? -Había estado segura de que su misión era ser la sombra de su enemigo.

-No podemos arriesgarnos tanto, especialmente ahora que el movimiento ha tomado causa. El ideal ahora es formar tu identidad, una vez tu padre se siente al trono podremos romper la fachada. -En otras palabras, sería muy fácil el que la descubrieran si se movía antes de que el Norte se uniese a la guerra. -Será una sorpresa descubrir al enemigo en sus propias filas, sin duda.

-¿Qué pasará con Aegon?

-Permanecerá en Dorne con tu tío Oberyn.

Rhaenys sabía lo que aquello significaba. "No podemos arriesgarlo."

Bastaría con que lo descubriera la persona incorrecta para que su hermano perdiese la vida. La niña aún tenía sus dudas sobre la valía de su hermano como heredero de su padre. En su opinión, sólo una mujer tenía las habilidades necesarias para cuidar de un reino, los hombres lejos de procurar, sólo buscaban tener más; y en más de una ocasión ésa había sido la firma de su derrota.

...

La casa a la que llegó en Winterfel pertenecía al clan Umber, una de las pocas que tomaba refugiados de Valyria dada la reciente situación política. Rhaenys se había mezclado con un grupo pequeño, una familia noble que había vendido sus títulos por la oportunidad de una nueva vida.

-Aunque serás de la alta aristocracia, no serás de la realeza, por lo que no tendrás sirvientes. -Le explicó la ama de llaves de la que sería su nueva casa, se trataba de una sirviente de la casa principal Umber. -No acostumbramos tener a otros asistiéndonos aquí en el Norte.

-No hay problema, puedo adaptarme. -Aseguró. Recordando las palabras que su madre le dijiera antes de partir de Dorne.

"No vamos a abandonarte por completo; tendrás tus guardias contigo en todo momento."

Rhaenys pasó los siguientes años aprendiendo la vida de los norteños, y se dejó sorprender por los choques culturales entre su nación y la que ahora la ocultaba. En la escuela que atendía había conseguido hacer amistades cercanas, algo que no había tenido en Dorne -siendo tan inalcanzable dado su origen-, había incluso un chico, Osric Umber, quien había conseguido su primer beso. Y en más de una ocasión se encontró preguntándose si se le permitiría olvidarse de quién había sido y perderse en esta nueva vida. Había encontrado una paz en el frío paisaje que no había tenido en el que se suponía había sido su hogar. Incluso los extraños se sentían mucho más cercanos que su propia familia.


-Mensaje para mi señora.

La realidad, sin embargo, acabó por alcanzarla, para recordarle cuál era su lugar en esta historia.

-Es de padre. -Informó a su guardia, tan pronto estuvieron las dos solas en su habitación. Rhaenys leyó la carta con prisa, su corazón dio un respingo al descubrir la sentencia que temía. -Han comenzado a moverse.

-Debes de fingir sorpresa. -Le recordó su compañera. -Recuerda que aún es muy pronto para que te delates.

-Muy bien. -Asintió.

La rueda había comenzado a girar. Sería cuestión de tiempo para que los conflictos en Essos terminaran por alcanzar a Westeros.

...

Meses después, cuando volvía de la escuela en compañía de Osric, notaron los nuevos avisos repartidos por las calles, la gente se amontonaba para leerlos. A su lado, Osric consiguió hacerse de uno.

-¿Qué es? -Preguntó Rhaenys con verdadero interés, incluso si ya sabía lo que éste anunciaba.

-El rey del Norte ha muerto. -Declaró su compañero con angustia, todos en el Norte amaban a su rey, un claro contraste de la historia de otros reinos. -Eddard Stark tomará su lugar. Y se ha decidido que los niños sean enviados al Muro como una protección.

-¿Qué hay de los otros reinos?

-La invitación se ha extendido a ellos también, cuando menos a la nobleza.

-Por supuesto. -Entendió, recordando la instrucción que le había dado su padre en su última carta.

"Este será el momento en que deberás acercarte a él, al mismo tiempo en que te mantienes distante."

-No te preocupes -le dijo Osric -donde sea que nos encontremos, siempre buscaré por ti -prometió.

Rhaenys le sonrió con pena, aceptando el gesto que él le ofrecía, se dejó besar por él entonces, consciente de que aquella sería una promesa vacía... pues la chica que él buscaría, no existía en realidad.


Rhaenys fue enviada al Muro una semana después del aviso. Su compañía ahora había crecido, dado la precaria situación de tener que lidiar con la compañía misma del príncipe Targaryen y el resto de los nobles. Aquello parecía más una guerra de espías, se dijo, ella incluida.

Durante los primeros días en los que fingió padecer de enfermedad, se dedicó a analizar las evidencias que su compañía se encargó de reunir entonces sobre su enemigo. Cuál sería su sorpresa al descubrir la postura del mismo en aquél Castillo.

-Es un renegado -declaró sorprendida.

"Un fantasma", pensó. "Incluso algo menos que fantasma, es invisible."

Quizá las sospechas tanto de su tío Oberyn y de su padre estaban infundadas. Después de todo, ¿qué puede lograr un repudiado al otro lado del mundo? Sin aliados, e incluso sin una motivación personal a moverse. Jahaerys J. Targaryen, no era más que un zombie.

Un nuevo pensamiento la dominó entonces. ¿Y si el rey que su padre le prometiera fuese su propio primo? No sería la primera vez que una unión se daba dentro de la familia, sin mencionar que éso aceleraría los planes de su padre inclinando la disputa en su favor. ¡Y qué placer más grande!, el de restregar en la cara de Rhaegar la traición de su propio hijo.

Rhaenys sintió que debía proponer tan empresa a su tío Oberyn, y pedirle de paso al mismo consejo sobre cómo seducir al príncipe Targaryen. Sería arriesgado, puesto que en algún punto tendría que descubrirse, pero si jugaba sus cartas bien...

-Estais muy lejos de vuestro hogar.

Rhaenys se detuvo de pronto, dándose cuenta al fin de que su mar de pensamientos la habían llevado fuera del castillo, cerca de donde estaba el bosque de pinos. La mujer que tenía delante le dedicó una larga mirada; pelirroja, de piel blanca y ojos claros; a pesar del frío, vestía ligero.

-Princesa -le saludó ésta.

La aludida sabía a quién se enfrentaba.

-Una bruja roja.

La mujer sonrió con complacencia.

-Haz sido alimentada con una mentira -le dijo-, una idea que ya ha echado raíces profundas en vuestra mente.

La morena sabía a qué mentira se refería.

-¿Qué diferencia hará una más? -Retó.

-No os delataré, no todavía al menos. -Prometió la sacerdotisa -Pero os aconsejo mantenerse alejada del príncipe. Él no es vuestro rey. -Sentenció.

Descubierta. Rhaenys se sintió desfallecer al darse cuenta del tipo de aliados que protegían a su primo, una aberración de su tío Rhaegar, ya que negaba el favor de los antiguos dioses... sin duda una que la había vencido incluso antes de hacer nada.

...

Como si el haber sido derrotada antes si quiera de pelear, Rhaenys descubrió días después que se había llevado a cabo un encuentro crucial entre el príncipe targaryen y la princesa menor de los Stark. Uno que había estado a punto de interrumpir de no haber sido por la intervención de la sacerdotisa roja, cuyo nombre descubrió era Melissandre. Habría querido confrontarla con el filo del arma de su guardaespaldas, mas esta se había esfumado tras aquél encuentro, como si supiera que ya había concluido lo que tendría que hacer.

Y conforme el pasar de los meses, Rhaenys se dio cuenta de que era así.

Arya Stark se había convertido en la motivación que le había faltado a Jon, y con ella Jon se había hecho de fuertes aliados, los cuales iban en aumento. ¡Tenía que hacer algo!

-¿Qué es esto?

Dos meses después, recibió una carta que le partió el corazón.

-Noticias del frente en el sur -le informó su guardia.

"Osric Umber, murió en batalla..."

La visión se le nubló... siendo incapaz de seguir leyendo, dejó caer la carta fuera de sus manos.

...

Ésa habría sido la razón quizá, por la que se había unido al grupo de nobles que seguían a la princesa salvaje, Val. Resultaba más fácil moverse como una extraña que intentar hacerse amiga de alguno de los dos. Mientras más cercanos se volvían, más frustrada se sentía. La burbuja de sus sentimientos estalló cuando a la Stark le llegó la sangre.

-Aún con la sangre no es más que una niña. -Soltó con veneno, las risas a su alrededor se alzaron con fuerza, haciendo el que la niña saliera corriendo. Fue cuando se hubo ido, que Rhaenys soltó el verdadero ataque-. Y a pesar de esto, es más salvaje que cualquiera del pueblo libre.

El silencio se hizo entonces.

Val la miró con desconcierto, visiblemente ofendida.

-¿Me equivoco? -Cuestionó Rhaenys con cinismo, fingiendo inocencia.

El resto había sido historia.


Durante el resto de su estadía, Rhaenys se encontró padeciendo de estos humores en varias ocasiones. Era difícil determinar incluso para ella misma, de qué bando estaba o qué era lo que pretendía hacer. Sentía una fuerta amargura por la vida y el destino que la había llevado a aquél lugar, el mismo que la alejaría sin duda en una nueva dirección, siempre al control de alguien más.

A ratos envidiaba lo que Jon y Arya tenían al grado de ponerles trabas desde la distancia, y en otras ocasiones sentía que su herida tras la muerte de Osric podría ser sanada si ayudaba a que tal amor siguiese en pie. El conflicto en Valyria se sentía cada vez más distante, y las cartas con Aegon sólo probaban que había sido él quien había heredado la locura de su abuelo.

-Estás comiendo sola otra vez.

Y luego estaba Tommen.

-No lo estoy, ahora que has llegado.

Había sido una coincidencia o un destino diferente se decía. O quizá la fascinación del primer crush de un niño. Fuera como fuera, Tommen la había notado a diferencia del resto. Una solitaria dama que se mueve como agua entre las piedras de un río. Le intrigaba de una forma en la que nadie más había logrado llamar su atención, y Rhaenys, tan cansada de la soledad, se encontró recibiendo de brazos abiertos la compañía del chico.

-No estaba seguro de que me reservarías un lugar -dijo él, evidentemente complacido de notar la segunda charola en la pequeña mesa redonda, y sentándose en el instante después.

Rhaenys notó entonces la carpeta bajo el brazo del chico.

-¿Terminaste tu último encargo? -Preguntó con interés.

Tommen se sonrojó un instante antes de asentir.

-Esta mañana -dijo y le mostró el dibujo. -Espero te guste.

El Baratheon se había dedicado a dibujarla desde la distancia, había sido cuestión de tiempo para que Rhaenys le enfrentara, consciente desde el primer momento en el que el chico había comenzado a seguirla. La manera en la que éste había reaccionado había terminado por entibiarle el corazón. Tartamudeaba abochornado y con las mejillas rojas. Aquél primer encuentro fue el inicio de una amistad que aún entonces le resultaba increíble a la princesa.

Tommen era más chico que ella, cerca de dos años de diferencia. Pero era mucho más maduro que muchos de los chicos de la edad de la princesa. No era ignorante tampoco, de los sentimientos que el joven príncipe estaba cosechando por ella, mas tenía cuidado de no pisotearlos ni de darle esperanza.

-Es hermoso.

El dibujo era de Myrcella.

-¿Hay algún motivo especial? -Inquirió. Rhaenys sabía lo que acongojaba a su amigo.

-Se está discutiendo una unión para mi hermana -confesó él con tristeza

-Pensé que ya estaba comprometido con Rob Stark

El rubio negó.

-Su compromiso ha sido roto.

Tommen le explicó entonces, las situación de la guerra del Pacífico, la postura de cada facción y el por qué era importante el cerrar la brecha que separaba ambos reinos hasta entonces enemigos. Una unión con Dorne tendría más frutos que una unión con el Norte. Rhaenys se dio cuenta por primera vez que ni ella misma escaparía de aquél destino, notando la promesa de su padre como un augurio de mala suerte.

"Te casarás con un rey"

¿Y qué rey sería ese?

...

La pregunta permaneció con ella durante los meses siguientes, especialmente cuando su guardia llegó con una nueva advertencia.

-Debemos abandonar el castillo -le dijo quedándose de pie frente a ella.

-¿Por qué? -Cuestionó, dejando de lado su lectura.

-Será atacado dentro de poco, y Jaime Lannister probó ser un aliado inútil.

El corazón se le saltó un latido.

-¿Hemos encontrado a alguien más? -Cuestionó desesperada, había sido un suplicio conseguir un traidor.

-Aye -asintió para su alivio-. Es un mensajero del pueblo libre, allegado de los príncipes del Norte.

Rhaenys solo podía pensar en uno con esas características.

-¿Hablas de Jarl? -Preguntó con desconcierto, el muchacho amaba a la nobleza norteña en demasía, que aquello sonaba increíble.

-La información que nos dio sobre la princesa salvaje resultó ser efectiva para convencer al muchacho. -Claro, pensó Rhaenys, siempre era por alguien cercano al corazón, se dijo. -Será nuestro espía a partir de ahora.

Si las cosas seguirían yendo en picada, era mejor irse ahora. Después sería difícil, sino imposible, abandonar Westeros; mas no podía dejar de pensar en Tommen, en la manera en la que éste sufría su destino mas no peleaba contra él. No era del todo un esclavo de otros jugadores pero al mismo tiempo reconocía lo que era su deber. La princesa deseó tener tal determinación...

-No me iré -declaró de pronto.

Los demás de la compañía la miraron con desconcierto, quedándose a la mitad de guardar las cosas de su señora.

-Princesa.

-No tiene caso abandonar mi puesto -le cortó -cuando aún no es tiempo de darme a conocer.

-Pero, vuestro padre.

-Aún no ha ganado la guerra. -Le recordó. -E incluso si mi hermano aún se encuentra a salvo, es un hecho que Dorne está perdido. -Especialmente ahora que sabía de los planes del rey Lannister. -Debo quedarme y ver por mí misma el desenlace de este lado del mundo.

"Debo forjar mi propio destino", habría querido decir. Pero todavía era pronto para saltar, no tenía el suficiente valor aún.


Durante el siguiente año se sintió perdida. Tommen había regresado a Casterly Rock, igual que lo habían hecho otros nobles, el Castillo Negro se había comenzado a sentir vacío. Y pronto su primo también se había marchado. Su padre estaba perdiendo la guerra, Dorne se había perdido desde mucho antes, y ahora ella estaba varada en el Norte.

Sola.

Para su mala suerte había caído presa de una trampa de lo que suponía era para un animal pequeño. La soga se había atado a su pie al instante en que piso en falso, y por pura suerte no la había levantado, aunque sí la había tumbado al suelo. Llevaba rato intentando deshacer el nudo cuando la princesa Stark la encontró.

-Déjame ayudarte -le dijo, empezando a desatar el nudo.

-Princesa Arya. -La reconoció con sorpresa. -Muchas gracias su alteza. -Dijo en cuanto estuvo libre, poniéndose de pie al instante.

-Arya está bien. -Aseguró la menor sonriendo. -Soy yo quien debe disculparse, ésta es una de mis trampas. -Confesó, poniéndose de pie igualmente, luego la miró a detalle. -Aunque te reconozco del grupo del Norte, no sé tu nombre.

Rhaenys sonrió.

-Soy Alynne, una dama de compañía de la casa Umber.

-Ya veo. ¿Te molestaría acompañarme, Alynne?

-Será mi placer.

Rhaenys no supo qué había generado tal encuentro ni tampoco las confesiones que la princesa Stark había compartido aquella tarde fría. La princesa supuso que al igual que ella, Arya había estado sintiéndose sola.

¿Y no era eso razón suficiente para aceptar la compañía de un extraño?

Arya le habló de sus miedos sobre la guerra. De las pérdidas que había sufrido por ésta, y de lo increíblemente pequeña que se sentía, sin poder hacer nada. De lo mucho que había sufrido al descubrir engaños de seres cercanos, incluido Jon, del temor de tener que sufrir una nueva decepción.

-Creo que todos usamos máscaras -le dijo-. A todos nos da miedo ser rechazados.

Rhaenys sabía que era así.

En todo el tiempo que llevaba en el Norte, incluso desde antes, había usado más rostros de los que podía recordar; tantos, que era difícil determinar cuál era el suyo propio. ¿Quién era Rhaenys?

Decidió tomar entonces un riesgo que antes le resultaría impensable.

-Tengo una hermana que ha estado intentando concebir, aunque sin éxito, recibí su carta hoy por la mañana y me dejó algo consternada; por eso decidí salir y caminar sin rumbo. -Mintió. -Arya, ¿podrías, escuchar mis penas?

La loba de los Stark le regaló una sonrisa que le entibió el pecho.

-Por supuesto.


Semanas más tarde, y tras el ataque al Muro, Rhaenys confirmó lo que un espía había comunicado a su padre. La princesa Stark había estado embarazada, y ahora tanto ella como su bebé estaban muertos. En el caos que había sido tal ataque, ella había conseguido escapar junto con el resto de su compañía rumbo a Essos.

-Debemos mandar la misiva con la información requerida -dijo Connington quien había ido por ella entonces. -A vuestro padre le dará gusto saber que tanto el bebé como la madre se han perdido, además por supuesto del príncipe Jahaerys.

"La victoria de un cobarde." Pensó Rhaenys.

¿Era éste el padre que ella amaba?

-Llegaremos a puerto en dos noches, es mejor estar preparados.

Rhaenys oía sin escuchar a las voces a su alrededor. Aquellas que celebraban una victoria que ella sentía como una derrota. Se sentía como la peor de los traidores. Una existencia vacía que no conseguía encontrar su lugar en el juego que la controlaba.

-Lo siento -susurró.

El recuerdo de la loba Stark bailando en su mente, aquella última confesión de su corazón...

"Voy a casarme con Jon porque yo decidí que quería casarme con él. Y si mañana quiero arrepentirme, lo haré. Aunque siendo honesta, no puedo existir sin Jon."

Las lágrimas se resbalaron por sus mejillas.

-No me casaré con un rey -sentenció.


Sin embargo, nunca regresó a Valyria. Aquello había sido una bendición disfrazada, pues habían conseguido salvarse del holocausto. Así de fácil, en un parpadeo, su padre, su reino y su rebelión se habían esfumado.

Connington se había llevado a Aegon, oculto entre una facción de nobles que defendían la monarquía. Ella por su parte, había decidido permanecer oculta en Bravos y seguir siendo Alynne, hacía tanto que no era Rhaenys que la anterior máscara le resultaba más cómoda.

El mundo entonces estaba hecho un caos diferente del de la guerra y muchos temían el que estallase un nuevo conflicto, no había suficientes recursos al menos para resistir otra guerra. Valyria, aún siendo rica en insumos, a penas y se mantendría a flote con el pago de su ahora deuda con los reinos de Westeros. Aunque según sabía, Jon Targaryen estaba defendiendo su nación en el Norte, asegurando el que ésta no pereciera bajo el yugo de los ganadores, y por lo que sabía estaba teniendo éxito.

Alynne se acercó al puerto una tarde cualquiera, cuando escuchó las noticias de que el príncipe Jon se uniría a una mujer del pueblo libre.

"Me casaré con Jon porque yo decidí casarme con él."

¿Sería verdad que se habría olvidado ya de su loba? Se preguntó, mirando hacia el vasto océano.

Fue entonces que Melissandre se paró a un lado de ella y le sonrió.

-La princesa con la sonrisa más segura del Este, regresa ahora llena de tristeza.

-Bruja Roja. -Le reconoció, mirándola con cierto desprecio -Como lo supuse escapaste con vida.

La sonrisa de la mujer se ensanchó.

-El dios de la luz decidió que éste ser todavía le puede ser útil.

Rhaenys afiló la mirada.

-¿Fue un dios? Creí que había sido una loba.

Melisandre rió por lo bajo.

-¿He de suponer que os has vuelto a su causa?

Aquello fue una punzada a su corazón. Rhaenys seguía sintiéndose culpable del destino de la Stark.

-¿De qué serviría ayudar a los muertos? -cuestionó con tristeza.

-Incluso una sombra es capaz de mover el destino de un reino -declaró la mujer.

Rhaenys lo entendió al instante.

-Está viva.

-La princesa es lista según veo. -Sonrió con complacencia, atreviéndose a tomarle las manos. -Y siendo ése el caso, tengo la oferta de una alianza que sé le convendrá.

...

Resultó que Arya estaba en Braavos, bajo el cuidado de la Casa de Blanco y Negro. Y aunque Rhaenys sintió el deseo de informar ella misma a Jon del paradero de su esposa, entendió las razones de la bruja roja de por qué no era el momento ni la forma.

"Cuida de ella." -Le había dicho.

Con el movimiento de la facción de nobles en contra de la democracia que pretendía Jon, si se descubría que aún estaba con vida se volvería un blanco mucho más fácil y peligroso, un seguro político que podía voltear la balanza y regresarlos a momentos antes del final de la guerra; sin mencionar el que la loba de los Stark no poseía sus recuerdos. Si ésta iba a volver, debía ser por decisión propia, y Rhaenys podía comulgar con tal pensamiento.

"Eres la única que puede mantenerla oculta, moviendo los ojos de los tuyos en direcciones opuestas." -Había instruido Melissandre.

Rhaenys sabía que era así.

En aquél momento, la princesa decidió al fin su propio destino.

Se volvería una rebelde, una doble espía, y una renegada del reino que su padre había intentado construir. Y mientras más admiraba a la Stark desde la distancia, más se convencía de su decisión.

-Puede que todavía me case con un rey -sonrió.

Consiguió crear su propia facción, descubriendo que ella también podría volverse una líder si se lo proponía. Tenía incluso espías vigilando los movimientos de su hermano, quien probaba cada vez más estar tan loco como su padre.

-Se la llevaron, de vuelta al inicio -informó su guardia, la misma que le había acompañado hasta el Norte.

-Es lo mejor. Aún tenemos trabajo que hacer de éste lado.

Sí, debía acabar con las facciones que aún seguían en pie.


El momento finalmente llegó de revelarse.

Durante la Cumbre de Naciones se había establecido una especie de tregua, Lys -la nueva capital Valyria- fungiría durante ese periodo como tierra de nadie, de tal manera que era el momento más seguro para anunciarse sin temer un contraataque; especialmente ahora que debía ponerse sobre la mesa el destino de Valyria y el cómo ésta pagaría junto con el resto de las naciones que perdieron la guerra.

Sobra decir que hubo incontables intentos de desacreditar la verdad de su origen, pero Connington tenía todo listo -gracias a las facciones en su favor- que fue fácil acabar con las dudas en un par de días. El resto, le había dicho el hombre, dependía de ella. Debía convencer a su primo de desistir en su empresa de formar una democracia y de hacerle ver las ventajas de una unión con ella.

"Si tan sólo él supiera", pensó para sí, divertida por una vez de ir por delante de los demás.

"Rhaenys, de la casa Targaryen" la anunciaron.

Sintió frío en las puntas de sus dedos, éste era el momento. Había conseguido una audiencia privada con su primo, el futuro rey de la nueva Valyria, Jahaerys Jon Targaryen.

Jon la esperaba de pie en su solar privado, algo que ya era una ganancia en sí mismo. La recibió con cortesía sino bien cierto recelo y algo parecido a la ansiedad. Estaba analizándola, se dio cuenta ella. Rhaenys se sentó por delante de él.

-Debe ser aún toda una sorpresa el descubrir mi existencia y la de mi hermano -le dijo.

-Debes perdonarme el que no tenga palabras para ofrecerte al respecto -contestó él verdaderamente contrito.

Rhaneys sonrió a medias, convencida de la honestidad de él.

-Está bien. No espero ninguna. -Le aseguró. -Agradezco el que hayas accedido a verme. Incluso si se debe sólo a mi condición de mujer.

Jon se miró contrariado y Rhaenys tuvo ganas de reír. No era secreto que estaba recibiendo mejor trato que Aegon, después de todo era la única que podía ofrecer una alianza por encima de un reto por el trono.

-Aunque es cierto que... Yo jamás subestimaría a una mujer -aseguró.

-Eso lo sé. Pues te conozco desde hace siete años -le recordó.

-Cuesta creer que estuvimos tan cerca del otro, y al mismo tiempo es bastante creíble.

-Vivimos en un mundo de máscaras -dijo, recordando su lejana conversación con la princesa Stark.

Jon pareció tener el mismo pensamiento, pues su humor se había descolorido un poco, su mirada se perdió un instante antes de volver a hablar. Rhaenys esperó paciente, de esto dependía todo su plan.

-¿Sabes? -dijo con tristeza. -Es curioso que lo digas, alguien más tenía esa misma visión durante la guerra.

-Tu prometida. -Le cortó, asintiendo. -La conocí.

Jon le miró con desconcierto. Arya jamás la había mencionada, a Alynne refugiada de la casa Umber; y no había manera de que no le hubiese compartido tal amistad. Rhaenys se encargó de aclarar la situación, narrando el pequeño encuentro que tuvieran ambas cuando él estaba peleando en mar bravosi. En aquél entonces, Arya solía no salir de su habitación salvo cuando era estrictamente necesario, seguramente ocultando el avance de su embarazo, así que había resultado una verdadera sorpresa el verla en el bosque de pinos.

-No debí dejarla sola -lamentó Jon, tan pronto el relato hubo terminado.

-No tenías modo de saber. Ninguno de nosotros en realidad -le recordó ella.

Jon la miró a detalle una vez más, en sus ojos brilló la evidencia de que por fin había descubierto la postura de su invitada.

-No estás aquí para convencerme de una unión -declaró.

Rhaenys sonrió.

-Por el contrario, estoy aquí para reafirmar una unión ya hecha.

A Jon el corazón se le saltó un latido.

-Sabes que Arya está viva -dijo, no sin cierta alarma.

Siempre listo para defenderla, pensó Rhaenys.

-Cuidé de ella mientras estuvo en Bravos. -Dijo sonriente, un instante después su rostro se enserió. -Más importante que eso, tengo los nombres de las facciones en contra de esta Cumbre de Naciones.

Jon le supo seguir el paso.

-¿No son los mismo que están en contra de mis planes de una democracia?

-Me temo que no, aunque es cierto que algunos mueven a estos otros.

-Tienes un plan -descubrió él.

-Empieza con la noche del baile, la noche de tu coronación.

Se habían movido cerca y más cerca del otro, conscientes del secreto que estaban compartiendo. Jon notó el púrpura en los ojos de su prima, un reflejo tan familiar de los suyos propios, mientras sopesaba las opciones.

-¿Qué quieres a cambio?

Rhaenys sonrió en alivio. Jon había accedido a escucharla y a llevar a cabo su plan.

-Mi libertad -declaró.

¿Porque qué más podía pedir?

Jon la miró con desconcierto, internamente preguntándose qué destino habría sufrido para sentirse presa en el que se suponía había sido su propio hogar, al grado incluso de decidir traicionarlo. Y luego reparó en que él mismo había sufrido algo parecido.

-Dime qué hay que hacer.


Tres noches después, el baile se llevó a cabo.

Rhaenys sabía de la enmienda que Jon le había dado a Tyrion, así como la lista de personas -que se hacia cada vez más larga- que sabían que la princesa Stark estaba viva. El plan de su primo no estaba tan alejado del plan que ella había ideado, había sido una bendición el que ambos pudiesen compaginarse, en especial si tenían que tratar con las facciones de nobles en contra del sueño de una democracia de Jon.

Jon había hecho bien en negar el nombre bajo el que la Stark se haría presente, la loba huiría si supiera que la estaban cazando, sin duda. La ventaja que Rhaenys tenía, era que conocía las varias identidades que la Stark había tomado durante su estancia en Braavos. La había seguido de cerca además, por lo que fue fácil para ella identificarla.

Recién se había llevado a cabo la coronación del príncipe Targaryen, ahora rey de la nueva Valyria, cuando la morena había vislumbrado a la joven oculta entre la multitud. En una posición que le permitía moverse en cualquier dirección y huir de ser necesario.

Rhaenys se dio prisa.

-Está cerca de la antesala al jardín -informó a través de su mircrofono -asegúrense de hacerla huir en dirección al pasillo -ordenó.

Saber cómo reaccionaria cada una de las caras de Arya personalizaría, era una de las ventajas de haber pasado poco más de un año cuidándola desde las sombras. Justo al final de la coronación de Jon, Rhaenys alcanzó a la Stark.

Cómo lo había previsto, la misma había conseguido escurrirse hacia uno de los pasillos que se dirigían a una antesala privada, sin duda la misma, había estudiado el edificio antes de adentrarse en él.

Para sorpresa de ésta, Rhaenys consiguió tomarla por sorpresa, fingiendo rescatarla de sus perseguidores, al tomarla por la espalda y llevarla a través de un pasaje secreto a un pasillo diferente.

-¿Pero qué?

La morena la soltó a tiempo de esquivar un ataque.

-Nos volvemos a ver, su alteza. -Le saludó sonriente. -Arya Stark de Winterfel.

La aludida la miró como si despertara de un sueño.

-Alynne -La reconoció.

-Es bueno ver que me recuerda -Le dijo, ofreciéndole la mano para que la siguiera. -Creo que sería mejor si me permite guiarla en su camino.

Arya la miró indecisa, insegura de si debía confiar o no en un rostro que, aunque conocido, se pintaba diferente de la doncella que había conocido años atrás.

-De esta forma evitará distracciones -presionó.

La aludida asintió al fin. Más se posicionó por delante de su compañera, rechazando la mano ofrecida. Rhaenys sonrió divertida.

-Como guste -dijo.

Y comenzó a avanzar por el largo pasillo con la Stark pisándole los talones.

El pasillo desembocaba llevaba a un callejón sin salida, o al menos eso aparentaba. Rhaenys movió la cortina que cubría la pared, por debajo del gran cuadro que colgaba justo a la mitad del muro. Ahí, otra entrada se erguía. Arya dudó solo un segundo antes de decidir entrar, Rhaenys accedió detrás de ella, cerrando tras de sí el pasaje.

Era una especie de cuarto de dibujo que conectaba con una habitación privada. El área estaba a oscuras, únicamente la luz de las farolas que se colaba por los ventanales del fondo iluminaba el espacio.

La Stark estaba a punto de cuestionar a Rhaenys, cuando la figura que hasta entonces había permanecido oculta se reveló en ese momento.

Rhaenys casi fue capaz de sentir el sacudir del corazón de su compañera como el suyo propio.

Era momento suspendido en el aire.

Incluso años después, sería capaz de reproducir hasta el último detalle de aquella película que se desenvolvió frente a sí. Estaban tan cerca del otro y al mismo tiempo, se sentían tan lejanos... Había una distancia casi palpable de años separados la cual se levantaba como un abismo imposible de cruzar.

Y aún así.

-Jon -sollozó la Stark, con incontables emociones desvelándose en aquella pronunciación de su nombre. Las lágrimas alistándose para correr la larga carrera en picada.

El ahora rey Targaryen correspondió con la misma emoción.

-Arya -le llamó. Y en su voz hubo el eco de viejas angustias, del tormento que había significado el vivir en un mundo sin ella. De años de tortura moviéndose entre fantasmas.

Y ambos estaban ahora aquí, enteros y al mismo tiempo tan irreales e inciertos para el otro. Aquel miedo se evidenciaba en lo lento de sus pasos, en el cuidado que tenían al acercarse mutuamente al otro... ¿Cuántas veces habrían tenido el mismo sueño, tan sólo para despertar a un mundo oscuro donde calaba la ausencia de su compañero?

¿Podrían confiar en que lo que tenían frente a sus ojos era cierto?

Ahora estaban de pie con menos espacio del propio separándoles. Dos rostros con rasgos tan similares, un corazón dividido en dos. Dos miradas que se analizaban la una a la otras, buscando, encontrando, dudando, temiendo, esperando...

-¿Estás... -empezó él.

-...viva? -completó ella.

Un aliento...

Y al siguiente habían chocado en un abrazo.

Rhaenys sintió como si una pared invisible se hubiese hecho cenizas. Sintió en sus venas el torrente de emociones que se vertían del corazón que representaban los jóvenes frente a ella. Sintió las lágrimas correr por sus mejillas de la misma forma en que corrieron por las de los enamorados. Palpó el alivio tras la angustia y el desahogo de viejos dolores.

Todo en un abrazo.

-Me dejaste sola -sollozó Arya.

-Lo sé, y lo siento -En respuesta, Jon la abrazó con más fuerza. -Lo he lamentado como no te imaginas.

-Estúpido -Contestó su compañera. -¡Estúpido, estúpido, estúpido...!

Había tanto aún por descargar...

-Jon... -Las manos de Arya apretaron con fuerza la tela de la chaqueta de él. Rhaenys supo lo que ella estaba por confesar. -Perdí a nuestro bebé... -lloró.

Y Jon lloró con ella.

-Yo lo perdí también -Dijo él. -Lo siento, Arya... lo siento...


Rhaenys volvió al gran salón de baile, logrando escurrirse de aquella habitación sin que los amantes se diesen cuenta; lo que fuera que resultara de aquél encuentro dependía enteramente de éstos.

Desde su posición alejada del resto, siendo tan sólo una flor en la pared, observó a las parejas mecerse al ritmo de la música. Años atrás, había soñado con tener sus propias fiestas, con la posibilidad de ser anfitriona de su propia casa y recibir a un sinfín de invitados. En algún punto, aquel sueño se había reducido a pequeñas reuniones en una casa en el Norte, cerca de la bahía de las focas, cuando era más Alynne que Rhaenys. Luego aquél sueño había sido destrozado, y se encontró a sí misma luchando por una casa diferente, perdida y a la deriva, sin un lugar que pudiese sentir como suyo y resintiendo a los que tenían la suerte de vivir el sueño.

Ahora, sin embargo, se sentía en paz y tranquila. Quizá estaba bien a veces ser sólo espectadora. Tenía toda una vida por delante, esta vez sin ataduras que pudiesen detenerle, para descubrir qué quería para ella misma, por ella y no por la sombra de quien había sido su padre y de su nombre.

-Me haría un gran honor -habló una voz a su derecha, sorprendiéndola-, el que me concediera este baile -prosiguió el joven, alto, rubio y de ojos azules, por un instante la joven se alarmó y luego, él dijo su nombre, su verdadero nombre-, princesa Rhaenys.

El corazón le brincó en el pecho.

-Tommen -Le reconoció. El príncipe se veía bastante nervioso, con un sonroje en sus mejillas que en opinión de ella le hacía ver de lo más lindo. Sonrió. -Estás más alto.

-Gracias a los dioses -Soltó él, atropellándose con las palabras, pareció recriminarse internamente antes de volver a recuperar su entereza. -¿Bailarás conmigo? -trató una vez más, mano extendida.

Años atrás había sido evidente la edad que los separaba, ahora era difícil siquiera reconocer que él era más joven que ella. ¿Estaría mal arriesgarse? Rhaenys recordó entonces el reencuentro que había acabado de presenciar, y decidió en ese momento que no deseaba arrepentirse de no haber saltado.

Estaba lista, se dijo.

-Sólo si prometes que no será el último -le dijo, aceptando la oferta de su mano.

Tommen dejó salir el aire que había estado conteniendo.

-Gracias a los dioses -dijo.

Y ambos se soltaron en carcajadas al instante siguiente.

Resultó que, al final, sí se casaría con un rey.


A/N: Sí, igual que con el resto de los personajes, cambié las edades de los ex-hijos de Rhaegar xD Lamento si la historia se siente algo apresurada, es sólo que me he debatido con qué personajes usar y cómo acoplarlos a la trama de la historia de tal manera que suene creíble; mientras trato de lidiar con la vida, el trabajo, los hijos, el marido, y la novela que estoy intentando publicar... it's so fricking hard!

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