Your reviews are what pressure me to write xD

Ahora sólo faltan 6. Sniff, todavía falta un tanto T_T


FADED

TOMMEN

Ser el último en la línea sucesoria tenía tanto sus ventajas como sus desventajas, especialmente si se era hombre. La vida tenía una forma peculiar de elegir a sus dirigentes, pensaba Tommen, después de todo, su tío Tyrion no había sido el primero y a pesar de esto había conseguido llegar al trono. En su caso, quizá sería más difícil hacerse de una corona, a diferencia de su hermana. Sin embargo, que a la misma le gustase tal situación era un tema completamente diferente.

-¡Esto es injusto! -exclamó Myrcella, azotando el florero contra la pared.

Durante la última hora no había hecho más que rabiar y despotricar en contra de todos los involucrados de cambiar y decidir nuevamente su destino. Tommen había sido el único en seguirla hasta su habitación en el castillo negro.

-Entiendo cómo te sientes, pero debes de pensar positivo -dijo.

Myrcella lo miró como si se hubiese vuelto loco.

-¿Cómo puedes pedirme eso? -se quejó. -No voy a casarme con Rob -lamentó.

Su hermano respiró hondo, buscando una mejor manera de tratar aquél asunto.

-Serás una reina -señaló.

-¿Y eso de qué me servirá? -le cortó ella. -Seguiré siendo el seguro de alguien.

-No necesariamente. -Refutó él, dedicándose a recoger los pedazos de cerámica del suelo. -Piénsalo hermana, te convertirás en alguien con el poder justo para doblegar voluntades ajenas.

Por un instante Myrcella se quedó en silencio, porque era cierto lo que su hermano decía, sin embargo, al segundo después recordó que esa no era la verdadera razón de su trsiteza.

-Pero no me casaré con Rob -recalcó nuevamente. Ningún poder le permitiría de verdad conseguir a quien quería.

-Quizá no, pero al cumplir con tu deber, lo mantendrás a salvo -Señaló Tommen. El niño sabía que estaba manipulando a su hermana con aquellas palabras pero a su edad no encontraba mejor manera de convencerla. -Myrcella, si tú llevas a cabo este pequeño sacrificio, conseguirás salvar al Norte; y con ello, Rob Stark tendrá un asunto menos de qué preocuparse. Dime, ¿no deseas eso para él?

-Lo quiero conmigo -refutó ella.

Tommen tuvo a bien lucir contrito.

-Lo sé, y sé que él también desea tenerte con él -Concedió. -Pero él también tiene un deber, tú más que nadie lo sabe. Si fuese egoísta ahora, y peleara por tu mano, piensa en todas las complicaciones que tal decisión generaría. ¿De verdad crees, que él querría ofrecerte una vida tan difícil? ¿Y a quién más podrían mandar en tu lugar? Eres la única que tiene la solución en sus manos. Rob lo sabe, y él espera que seas tú quien decida.

Finalmente su hermana comenzó a ceder.

-No es justo -lloró.

-Nada en nuestras vidas lo es, por eso es que lo llaman "deber".

La joven le miró entonces, reconociendo por vez primera la persona que su hermano era entonces.

-¿Desde cuándo te volviste tan maduro? -preguntó sin sonreír.

Tommen suspiró.

-Creo que quizá soy el hijo ilegítimo de nuestro tío Tyrion.

Aquello por fin consiguió arrancar una sonrisa del rostro de su hermana.

-No seas ridículo. -dijo ésta. -Él no puede tener hijos, lo sabes.

La condición de su tío, iba más allá de un problema de desarrollo de brazos y piernas.

-Razón de más para ocultarlo, sin mencionar que explicaría mi color de cabello -bromeó él.

-Sólo Gendry heredó los colores de padre, pero tú tienes la misma mirada que él. Esos ojos azules son Baratheon, no Lannister. -Le recordó. -Yo soy la que salió jodida en este asunto.

Tommen se escandalizó por su lenguaje.

-¡Myrcella!

Mas era cierto que su hermana era totalmente Lannister en cuanto rasgos concernía.

-Además, sólo Joffrey fue bastardo -añadió. -No vuelvas a pensarte menos.

Por ahora, parecía, Tommen había conseguido templar las aguas; sin duda su madre se lo agradecería. Si bien la unión con Rob hubiese sido hasta cierto punto mejor, también era cierto que al conseguir mayor poder político se hacían de más enemigos; además, estar al otro lado del océano, permitiría a Myrcella escapar de la situación de su propio reino y los peligros de un posible golpe de estado.

Por muy injusto que todo fuera, él entendía que era mejor tener a Myrcella en Dhorne. Estaba asustado, además, del camino que le tomaría seguir en Bastión de Tormentas.

Era apenas un niño, después de todo, pero entendía las implicaciones de su nacimiento y el deber que se esperaba de él. Necesitaba ser cuidadoso ahora que Gendry no estaba, o terminaría inevitablemente siendo arrastrado por alguna de las facciones que peleaban en su reino.

Quizá había sido por eso que había terminado estando solo la mayor parte del tiempo. Era retraído por naturaleza y no se le daba bien mezclarse con los niños de su edad. No era que fuese creído, pero era una realidad que le había tocado madurar mucho más rápido que el resto y por tanto, se sentía separado del resto de sus compañeros.

En uno de esos alejamientos, había vislumbrado a la que sería su inspiración por el resto de su vida. En ese momento se encontraba justo admirándola de nueva cuenta.

-No sé si debería cobrarte por cada imagen que has hecho de mí, o si debería reportarte como un pervertido -habló su compañera.

Rhaenys se había dado cuenta desde el primer día en que Tommen se había decidido a seguirla en secreto. En principio no le había dado mucha importancia, pero dadas sus responsabilidades (las cuales el rubio ignoraba), no se podía permitir tal descuido.

Sobra decir que cuando finalmente la chica lo confrontó el niño había saltado de su escondite con el rostro tan rojo como tomate.

-No... no, no, no, no -Balbuceó. -Esto es sólo un malentendido -dijo, trastabillando para llegar hasta ella.

Estaban en la zona boscosa del castillo negro.

-¿En serio? -Rahenys enarcó una ceja. -Muéstrame tu libreta -ordenó.

Durante los últimos días, la chica se había dado cuenta de que el niño constantemente trabajaba en aquél cuadernillo forrado en cuero.

-¿Mi libreta? -Dijo abochornado. Miró dicho objeto en cuestión un instante, y luego suspiró entre derrotado y ansioso. -Ah, bueno, sí, claro, la libreta.

Tommen le ofreció el cuadernillo y Rhaenys lo tomó, inmediatamente analizando el contenido mientras el niño se moría de vergüenza sintiendo que se hundía de a poco en la nieve. Sin embargo, conforme la joven veía cada dibujo su expresión fue cambiando y también su percepción sobre su compañero.

-¿Realmente ésta soy yo? -cuestionó cautivada.

Eran montones de retratos suyos. Distantas expresiones, distintas posturas, distintos momentos. Cada línea, cada trazo dibujado con evidente esmero. La joven en los dibujos era hermosa, y a Rhaenys le resultaba lejana.

-¿Te gustan? -preguntó él esperanzado.

Ella se tomó un par de segundos para analizarlo a él a detalle, libreta nuevamente cerrada.

-Eres bastante bueno... -Concedió. Luego echó a andar de vuelta al castillo. -Gracias por el regalo -dijo dejando atrás a un confundido Tommen.

-Ah, ¿qué? ¡Oye!, es decir... -Balbuceó. Luego consideró que tomando en cuenta el que la había dibujado y seguido sin su consentimiento, no podía realmente reclamar de vuelta el cuadernillo. Pero quizá pudiera pedir algo más. -Al menos, ¿puedo tener tu nombre?

-¿Tener? -cuestionó ella.

-Saber, quise decir saber. -Se corrigió él, todavía con las orejas rojas.

-Puedes... -Contestó ella. -Soy Alynne.

...

Durante los siguientes días Tommen pasó escribiendo el nombre Alynne en sus libretas de estudio, sintiendo que al mismo tiempo el nombre no quedaba del todo para alguien con dichos ojos, los cuales le resultaban conocidos aunque sin saber muy bien por qué.

Se preguntó día y noche si esto era lo que llamaban un crush.

Finalmente, tras una semana de debatir consigo mismo, Tommen volvió a acercarse a su musa. La encontró aquél día en una de las salas de dibujo, sentada a la ventana leyendo un libro, mientras su té quedaba olvidado en una mesilla junto al asiento en el que estaba.

-Pensé que podría hacerte otro regalo... -Dijo tan pronto saludó, extendiendo el nuevo regalo a su compañera.

La rubia lo miró un instante antes de decidir aceptar la ofrenda pero decidiendo no mirar aún lo que había dentro del folder.

-Mientras no vuelvas a esconderte -dijo ella.

Tommen sonrió.

-No lo haré. A partir de ahora me anunciaré a metros de llegar -prometió.

Ella levantó una fina ceja.

-¿Planeas venir a verme seguido?

El ánimo de él se desinfló.

-¿No se puede? -cuestionó con ojos de perrito.

Ésa fue la primera vez que ella le sonrió.

-Sólo si compartes el té conmigo -dijo.

Y por el tiempo que siguió después, los dos se reunían una vez al día a compartir una taza de té.

...

El tiempo pasó y los días se volvieron semanas y después meses, hasta que aquél trágico día de la batalla del pacífico ocurrió. La desaparición de su hermano Gendry, la muerte de su padre, la rendición de Dhorne y el nuevo compromiso de Myrcella que su tío Tyrion había dispuesto como solución al conflicto. Tommen había corrido de nuevo con Rhaenys para desahogarse.

-No es una mala persona. -Le había dicho ella. -El joven al que tu hermana desposará, no es una mala persona.

-¿Era conocido del lugar donde vivías en Essos? -Preguntó él con interés.

-Algo así... -Dijo ella, sin realmente contestar.

En aquél entonces Tommen aún no sabía que ella había vivido en Dhorne durante casi toda su infancia, ni mucho menos su verdadera identidad. Pero incluso entonces, se encontró incapaz de dudar de ella.

-Cuando menos puedo darte ése consuelo -le dijo. -En Dorne, los hombres tratan a las mujeres como sus iguales, puede resultar un poco sobrecogedor al inicio, mas es fácil adaptarse. Tu hermana tuvo suerte de ser elegida como futura reina. Sin duda, van a amarla.

Tommen sintió que un enorme peso había sido levantado de sus hombros.

-Gracias -dijo sonriendo.

Ella le ofreció otra de sus raras sonrisas, y él se fascinó de saberse digno de un gesto tan especial.

Quizá, se dijo Tommen, un milagro ocurriría y no tendría que enfrentarse a la posibilidad de tener que tomar el trono en lugar de su desaparecido hermano. Aquello era más una plegaria que un pensamiento en sí.

Y como si la magia del Norte hubiese sido creada para todos los que pisaban su tierra, el milagro se le concedió apenas días después.

...

-¡Gendry está vivo! -Fue lo que dijo Cersei tan pronto recibió el aviso por parte los médicos del Muro.

A Tommen le tomó 3 segundos entenderlo. Y 1 el reaccionar tan pronto su madre se había puesto en pie en dirección a la clínica.

-Madre... -Le llamó y luego corrió tras ella. -¡Madre, espera!

No pudieron verlo inmediatamente, tuvieron que esperar a que el mismo terminara de ser atendido y se encontrase estable. Arya y Jon habían sido los que lo habían encontrado al Norte del Muro, aquello ya de por sí resultaba preocupante. Pero todo lo que Tommen podía pensar era que su hermano estaba con vida. Podía esperar un poco más para verlo, si con eso aseguraba el que éste estaría bien.

Su tío Jamie se mostraba ansioso y molesto, lo cual era de esperarse. Tommen llevaba meses sospechando de que trabaja bajo una de las facciones en contra de la corona Baratheon, a pesar de no haber conseguido evidencia de esto. Siempre había temido de éste, a su parecer el hombre parecía estar loco, obsesionado incluso. No había sido secreto además que su padre había tenido sospechas sobre que él era el verdadero padre de Joffrey, pero también había escapado de aquél juicio en su momento.

Cuando finalmente se le permitió ver a Gendry, su hermano seguía dormido. Incluso tenerlo tan cerca resultaba surrealista. Resultaba irónico que al recuperar a su hermano, lejos de sentir que todo estaba nuevamente resuelto, sintiése el que las cosas se hubieran complicado aún más. Todo dependería de lo que Gendry tuviera que declarar sobre quién y cómo le había maltratado en su camino al Muro.

Tommen se preguntó si acaso aquello había sido justamente un arriesgado e improvisado plan para descubrir y evidenciar a los enemigos a la corona, y decidió nuevamente que no deseaba tener el manto del rey si significaba tener que vivir en constante desconfianza de su gente.

-¿Dónde has estado, hermano? -murmuró a la figura inconsciente de Gendry, tan parecido a su difunto padre.

Para su sorpresa, su hermano pareció haberle escuchado, pues su gesto se frunció y luego sus ojos parpadearon hasta conseguir abrirse.

-¡Gendry!

El aludido, apenas y pudo enfocar la mirada.

-¿Tommen? -Le reconoció.

El rubio sonrió extasiado.

-Soy yo -dijo, tomándole la mano en las suyas propias.

-¿Myrcella?

-Está con nuestra madre.

-¿Jamie?

El corazón se le oprimió en el pecho. "Así que él también había tenido que ver en su desaparición", pensó.

-Sigue aquí, todavía la controla, aunque ella ha intentado revelarse... -dijo, refiriéndose a Cersei -el ataque del hombre sin rostro falló.

Aquello había sido un plot que estaba relacionado con su tío Tyrion, lo había deducido Tommen, aunque ignoraba qué era exactamente lo que su tío había intentado conseguir entonces. Gendry se miraba preocupado, con el gesto fruncido y la respiración forzada.

-Pero no debes preocuparte -se apresuró a decirle. -Estás a salvo aquí, incluso Jamie está de manos atadas en el Norte.

Lo cual era cierto. Tan alejados de su propio reino y sus aliados, ni siquiera Jamie sería capaz de moverse sin saberse descubierto. Gendry pareció pensar lo mismo, pues al instante siguiente su rostro se había enseriado.

-Necesito enviar una misiva al tío Tyrion -dijo.

-Entiendo. -Asintió Tommen -Dime.

...

Tommen se convirtió entonces en la mano en las sombras de su hermano. Haciendo por su cuenta los movimientos políticos que él de momento no podía hacer; la herida en su espalda y sus piernas había sido lo suficientemente severa como para dejarlo momentáneamente inválido, y aún no tenían un estimado exacto de cuándo volvería a caminar, si era que conseguía volver a caminar.

Al tener que encargarse de los asuntos de estado, el niño -que ya no era tan niño- había tenido que estar al tanto de la travesía de su hermano en su camino al Muro y todo lo que había enfrentado durante ésta.

-¿Dónde has estado, hermano? -susurró al viento, de pie en medio de la zona boscosa del castillo.

Había sido demasiado. Tanto como para querer siquiera ser rey de un país con tantos problemas, mas Tommen sinceramente quería apoyar a su hermano, si alguien podía unificar a su nación sin duda sería él; era la viva imagen de su padre después de todo. Y ésa sería su carta ganadora.

...

-Hoy estás muy callado. -Dijo Rhaenys entonces Alynne.

Tommen pareció despertar al fin de la nube de sus pensamientos, apenas y había conseguido dormir un par de horas durante la última semana, habían ojeras bajo sus ojos.

-Lo lamento, tengo demasiadas cosas en la cabeza -se disculpó.

Ella le miró con pena.

-¿Por qué crees que no puedes compartírmelas? -Cuestionó. -¿Es secreto?

A él el corazón se le saltó un latido, cualquier atención de ella era bien recibida.

-No, no realmente. -Contestó. -¿Puedo? ¿En serio? -Preguntó, porque de verdad no sabía cómo debían moverse las amistades, porque no había tenido el tiempo de intimar con alguien.

A ella el corazón se le derritió.

-Por supuesto que sí -le sonrió.

Y Tommen, tan niño todavía, cayó un poco más por ella.

Le habló entonces... Deshaciéndose de todo el protocolo y mandando al retrete las precauciones, porque ésta era su amiga quien respetaba los límites que él marcaba, y porque no deseaba ya tener líneas que le separaran de ella. Le confesó toda la situación con su hermano y el cómo aquello lo hacía sentir. El hecho de que sentía que se había vuelto algo parecido a un canciller y que la gente con la que interactuaba en favor de su hermano había comenzado a reconocerlo como tal, a veces incluso a sugerir que tomara el puesto por él mismo; el cómo aquello lo había hecho sentir como un traidor y lo mucho que se había aborrecido a sí mismo por esto. Y el miedo que tenía de que su hermano no volviese a caminar.

-En muchas ocasiones, he descubierto que son otros quienes dirigen por debajo de los monarcas. -Le dijo ella, tan pronto el desahogo de emociones terminó y después de un instante que se dió para refleccionarlo. -Pienso que es entendible, el segundo es más una figura pública que no deja de ser humano e imperfecto. Es normal que tenga un consejo que lo apoye. -Le aseguró sonriendo. -No es la primera vez que el consejero resulta ser un mejor rey.

Tommen se sonrojó mientras se ahogaba con las palabras.

-Yo no, yo no pretendo ser...

-Lo sé. -Le cortó ella, todavía sonriendo. -Sólo quería que lo supieras, tienes madera de rey, precisamente porque no deseas el trono. -Señaló. -Sea lo que sea que tengas que hacer para proteger el derecho de tu hermano, sé cuidadoso -le pidió tomando sus manos en las suyas.

El corazón del chico se regocijó en aquella calidez.

-Lo seré -prometió.


Aquél había sido quizás el momento en el que se había dado cuenta de que su crush había dejado de ser un crush, como para ahora considerarlo enamoramiento. Pero Tommen no sabía absolutamente nada sobre el amor o sobre lo que significaba estar enamorado de alguien. Durante su estancia en el Muro había visto a varios nobles jugar con la idea del amor y les había visto formar lazos para romperlos después y formar otros más tarde, repitiendo el proceso con el pasar del tiempo. Mas había sido testigo de una relación que entonces todavía seguía al grado de convertirse en la pareja favorita del castillo.

Así que Tommen se encontró en la habitación de Jon Targaryen, buscando consejo sobre algo que no entendía realmente.

-Tommen -Le saludó el príncipe dragón, sorprendido por la presencia del menor al otro lado de la puerta de su habitación.

El rubio se removió incómodo un instante.

-Me gustaría hablar contigo Jon, si me lo permites. -Pidió.

Jon reaccionó entonces, abriendo la puerta de lleno e invitándolo a pasar.

-Por supuesto, dime qué necesitas.

El chico entró al instante y contestó tan pronto el mayor hubo cerrado la puerta.

-Un consejo en realidad.

-¿Sobre qué?

Mutismo.

¿Qué demonios se suponía que debía decir exactamente? "Enséñame a ligar" no sonaba precisamente bien.

-Esto es vergonzoso... -Dijo al fin, tras un instante de abochornarse, sus siguientes palabras salieron cual vómito. -Sé que en muchos aspectos soy sólo un niño, soy más chico que Arya incluso, un año es bastante tiempo cuando la chica que te gusta es mayor que tú, ahora imagínate dos.

Hubo un par de segundo en los que Jon le miró sin comprender. Luego, asimiló lo que el chico le había confesado.

-Espera, espera, no estás siendo claro -Dijo, mirándole después con incredulidad. -¿Me estás pidiendo a consejo para ligar a una chica?

Tommen asintió.

-Básicamente.

Jon le miró perplejo.

-¿Por qué yo?

Tommen miró a todos lados antes de sacudir los hombros y contestar como si fuese lo más natural del mundo.

-Eres el único con una relación estable en este momento -declaró.

Jon juraría haber escuchado un "Duh!" en sus palabras.

-Bueno, sí, supongo que sí -asintió aun inseguro. -Pero Tommen, yo no ligué a Arya, Arya me ligó a mí -confesó.

Y entonces, el rubio entendió aquello. Porque sí, el taciturno Jon, el retraído y solitario Jon no había salido en la conquista de la loba de los Stark; sino que ésta más bien lo había cazado.

-Oh, cierto -Dijo, algo desilusionado. -Entonces estoy perdido.

Jon le sonrió.

-No lo creo. -Le dijo. -Por qué no me hablas de ella y veo si al menos tengo un consejo que dar.

-Peor es nada supongo -Señaló decepcionado, luego se abochornó. -Disculpa.

-Está bien -dijo Jon, tan consciente de sus propias limitantes como para ofenderse cuando alguien las señalaba.

Tommen deseó ser así. Quizás esa era la clave para que alguien te aceptara se dijo, el que tú te aceptaras primero a ti mismo. Sea como fuera, entonces había podido entablar una amistad, aunque breve, con Jon; y a través de sus observaciones sobre éste y sus interacciones de Arya, entendió que si se iba a arriesgar a enamorarse de alguien, debía ser una apuesta para toda la vida.

Su cuadernillo ahora tenía más "escenas" en sus páginas blancas.


Desafortunadamente, el momento de partir de regreso había llegado días después de la partida de Myrcella a Dhorne. Y ahora estaba de pie frente a su musa, en aquella sala de dibujo que habían hecho suya, el mismo lugar bajo la ventana del fondo.

-Tommen -saludó ella con una triste sonrisa.

El aludido supuso que la misma sabía entonces ya de su partida.

-Hola, Alynne.

-Te vas, ¿no es cierto?

-Debo hacerlo -Dijo, mientras el timbre de su voz convenía un "no quiero". Luego, extendió la cajita negra con la que había entretenido el movimiento de sus manos, la abrió para revelar su contenido. -Quería darte un presente y...

-Oh, Tommen -Exclamó ella interrumpiéndole, al notar la esmeralda sobre un aro hecho de oro puro. Era un anillo de compromiso. -Sabes que no puedo aceptarlo. -Lamentó ella, desviando la mirada y cerrando los ojos en un intento de evitar las lágrimas que se habían formado en las cuencas de sus ojos.

El joven se acercó hasta ella, hincándose a sus pies, mientras ella permanecía sentada.

-Sé que me ves como un niño, y es comprensible dado que técnicamente lo soy -admitió-, pero dos años no se notarán una vez pase los quince, o eso espero.

-Tommen -Le cortó ella. -No es eso, es que yo... No soy quien tú piensas -confesó.

Él asintió, mordiéndose un instante el labio inferior.

-Lo sé -dijo.

Ella le miró confusa.

-¿Qué?

-No te he investigado si eso te preocupa... -Se apresuró a explicar, no deseando un malentendido. -Me refería a que sé que has sido cuidadosa con lo que has compartido conmigo, y lo entiendo -Añadió al verla suspirar con cierta molestia-. A pesar de esto, realmente me gustaría que cuando menos aceptaras este detalle de despedida.

"Un regalo de despedida". Otra mentira, pensó ella, aquello era evidentemente la confesión que no había podido decir antes, se notaba en la desesperación de su expresión y el amor que reflejaban sus orbes azules.

-Tal vez no volvamos a vernos nunca, y es justamente por eso que quiero que lo tengas -insitió, tomando las manos de ella para abrirlas y depositar la gema en éstas. Ella no le rehuyó.

Rhaenys suspiró.

-¿No estás esperando nada a cambio? -Cuestionó en un susurró. Aquél era un intercambio íntimo.

-No. -Dijo, deseando poder decir que sí. Que esperaba que algún día le aceptara.

Finalmente ella sintió.

-Está bien, lo entiendo. -Le dijo. Se puso de pie, obligándolo a levantarse con ella. Le acarició el rostro con una mano, para luego besarle la mejilla contraria. -Adiós, Tommen.

Su musa abandonó la sala entonces, se fue sin mirar atrás y él no volteó a mirarla tampoco. Se quedó de pie ahí por un largo rato más, el tiempo que le tomó acostumbrarse al dolor de su corazón.


Después el ataque al Muro llegó, y Alynne desapareció tras éste.

-Alynne era una refugiada de la casa Umber. -Le informó su tío. Estaban todavía refugiados en Casterly Rock. -Sobrevivió al ataque al igual que muchos otros refugiados, mas se marchó de vuelta a Essos.

-Ya veo. -Dijo, sin estar realmente ahí, mirando la fotografía en el expediente de quien era su musa y su primer amor.

Su tío no lo sabía por supuesto, él jamás se había enamorado, no de verdad, y por tanto no se dio cuenta de que el corazón de su sobrino estaba siendo estrujado con cada nueva revelación que le mostraba.

-Ésa era la historia oficial. La realidad sin embargo, es que era una espía de Dorne. -Dijo, volviéndose a servir más vino. -Es probable que, Alynne, ni siquiera fuera su verdadero nombre.

"No sabes quién soy" Le había dicho ella. Pero él lo sabía. Lo sabía. Siempre lo supo, era como si a través de aquellos encuentros, de una comunicación a través de miradas, ella se hubiese mostrado entera y honesta frente a él.

Su tío por supuesto no entendía esto o no habría dicho lo siguiente.

-Esquivaste una bala, querido sobrino -le aseguró con cierta diversión en sus palabras mientras le palmeaba la espalda y luego se retiraba de su oficina.

En la solitud de aquél cuarto, con la luz del sol todavía entrando a raudales por el inmenso ventanal tras el escritorio, Tommen sintió exactamente lo opuesto.

-No. No lo hice. -Dijo para nadie.

Porque él deseaba haber muerto por aquella bala y sentirse vivo por vez primera mientras se jugaba el corazón y la vida por ganar el de ella.

Lo deseaba tanto, que cuando Jon Targaryen volvió a presentarse al mundo, vivo y con una organización secreta a sus espaldas protegiéndole, Tommen fue a buscarlo con la esperanza de que pudiera cumplir el deseo de alguien que sufría del mismo tormento de no poder hallar al ser amado.

-No esperé verte otra vez -le había dicho Jon, con una triste sonrisa adornándole el rostro.

-Es lo malo de ser refugiado, no hay mucho lugar a donde moverse -bromeó el rubio.

-Cierto. -Jon asintió, riendo igualmente. -Dijiste que tenías una propuesta -recordó el moreno, tomando asiento detrás del escritorio en donde se encontraba su ahora despacho, todavía dentro del castillo de Winterfel.

-La tengo -contestó, y le extendió un folder con un mensaje claro en una pequeña hoja pegada al frente.

Jon la leyó y luego le miró con seriedad.

"Me gustaría apoyar a la fuerza secreta del Norte." Decía la nota.

-Ya veo. Necesito saber por qué.

Tommen respiró profundamente, éste era el momento en que debía conectar con el príncipe dragón.

-¿Por qué continuas buscando a Arya? -preguntó en vez de contestar.

Jon reaccionó por apenas un milisegundo, se había visto el cambio en el brillo de sus ojos, casi imperceptible.

-¿Es ésa tu misma motivación?

-Lo es.

-¿Vale la pena?

-¿Qué crees tú?

Jon sonrió con amargura.

-Que sí -dijo.

Eran dos hombres con el alma rota, buscando desesperadamente por el corazón que les hacía falta.

...

Tuvo que esperar casi un año antes de conseguir siquiera una pista, pero finalmente había conseguido un atisbo de la persona que había estado buscando.

-¿Es esto cierto? -Cuestionó esperanzado, el corazón le martilleaba el pecho mientras miraba anonadado la imagen de su musa en las fotografías desparramadas sobre la mesa.

-Fueron las últimas imágenes enviadas por Ramsay Bolton -declaró el oficial-, aunque la persona que se seguía era otra, no pudimos evitar notar que es la misma joven que vuestra alteza ha estado buscando.

Se podía ver a la distancia en medio del caos de la Bahía de los Esclavos. Tommen podía identificar los ojos tan familiares aún a pesar de que la imagen estaba en blanco y negro, su mente podía pintarlos eternamente.

-Manda un equipo a buscarla -ordenó.

-¿Deberemos traerla? -Cuestionó el oficial.

Tommen negó con la cabeza, no deseaba atraparla, él quería conquistarla.

-No, sólo deseo saber que esté viviendo bien.

-Como ordene.

...

Cuál sería su sorpresa cuando año y meses más tarde, su musa se revelaría al mundo causando un revuelo de proporciones mayúsculas.

"La doncella se ha movido a Lys" Decía el reporte. Con una imagen mucho más regal, la correspondiente para alguien de su estatus de princesa.

-No puede ser -había exclamado entonces, abrumado porque por fin entendía por qué los ojos de la joven siempre le habían resultado familiares. Después de todo, Jon también tenía aquellos tintes púrpura, los cuales resaltaban cuando la emoción del enojo los dominaban.

De momento era todavía un secreto, pero los espías sabían que los hijos de Viserys se presentarían durante la Cumbre de Naciones, y él sabía que debía aprovechar y usar aquella carta a su favor.

"Rhaenys Targaryen. Hija de Viserys Targaryen y Ellia Martell." Terminó de leer.

Tommen se dejó caer sobre el respaldo de la silla, dejando el reporte sobre el escritorio. El mundo se le vino encima en ese instante.

Luego, cuando las emociones dejaron de abrumarle al punto de permitirle volver a moverse, comenzó a pensar en cómo podía alcanzar a su presa. Él era un león intentando atrapar a una serpiente, ¿podría sobrevivir?

Debía descubrirlo por sí mismo, se convenció.

...

Y así había sido como tras investigar la situación de Gendry, se había dirigido a su tío. Ya no era un secreto el que había sido borrado de la línea sucesoria de la corona, especialmente tras anunciar que se quedaría en Casterly Rock dentro del consejo del rey. Tommen podía adivinar lo que se estaba poniendo a prueba de él.

-Tío, ¿puedo acompañarte a ti y a madre a la Cumbre de Naciones? -Cuestionó tan pronto entró a la oficina de éste, yendo directamente al grano.

Tyrion lo miró un instante antes de asentir.

-Estaba esperando que lo pidieras. -Sonrió complacido. -Asegúrate de terminar tus pendientes antes de partir.

"Tienes madera de rey" Le había dicho Rhaenys, y había llegado el momento de que se lo creyera.

Había pasado años siendo "el rey en las sombras" actuando en favor de su hermano, lo suficiente como para saber qué hacer y cómo moverse en el juego de tronos. Sólo rogaba que Rhaenys todavía conservara el presente que le había dado años atrás, sino por amor, cuando menos por nostalgia; eso le sería suficiente para tener algo con qué empezar.


Y cuando la vio otra vez, su corazón había respirado vida con su sola presencia.

Agradecía a los dioses el ser por fin más alto que ella, el que su voz fuera gruesa y que sus manos por fin se viesen como las de un hombre y no como las de un niño. Y agradeció aún más el que ella no le rechazara, que aceptase bailar con él y conversar con la misma confianza que antes. Y cuando descubrió, casi por accidente, que ella llevaba el anillo colgado al cuello, oculto bajo sus ropas, se convenció de jugarse la vida para llegar al trono.

...

Y eso implicaba el que las cosas a su alrededor se moviesen con más prisa.

Tras el baile, sin embargo, Arya había vuelto a desaparecer. Y aunque Jon se mirase tranquilo y contento de saberla cuando menos viva y a salvo, Tommen era capaz de reconocer la ansiedad en su mirada, en la necesidad de mantenerse constantemente ocupado para no sentir deseos de salir corriendo por la ventana a perseguirla.

Quizá se debiera a que ambos se habían enamorado en una edad muy tierna. O al hecho de que se habían sentido incapaces de amar a nadie más. Sea como fuera, Tommen sabía la desesperación y la incertidumbre que carcomía a su compañero. Y como necesitaba aquella unión para asegurar su propio camino al trono de su reino, se vio obligado a acelerar el proceso.

-Creo que debes cazarla -soltó como si nada.

Estaban en el solar de Jon compartiendo una taza de café temprano por la mañana, recién habían regresado de un evento de cacería.

-¿Qué? -Cuestionó confuso, incluso si sabía a qué presa se refería el rubio.

Tommen no perdió tiempo en ser explícito y prosiguió con la línea anterior.

-Justo como ella te cazó a ti, creo que ahora te corresponde a ti cazarla -aseveró con una confianza que en realidad no sentía.

Jon suspiró, dejando la taza sobre la mesilla que los separaba.

-No deseo acorralarla, Tommen -refutó con cierta molestia.

-Lo sé. -Dijo el rubio. -Y está genial el que le des su espacio y respetes su tiempo, peor si no te paras firme, ella comenzará a verte más como un amigo que como su amante.

Aquello por fin dejó congelado al dragón, si acaso por un breve instante.

-¿Qué quieres decir? -preguntó con voz grave.

Tommen sudó frío. De aquella conversación dependían tantas cosas... básicamente su futuro.

-¿Qué pasa si conoce a alguien más durante sus escapadas? ¿La dejarías ir?

"No" decían los ojos de Jon, todo su cuerpo gritaba "no" y, sin embargo, la respuesta que el joven dio fue otra.

-Si eso la hace feliz...

-Oh no me vengas con tonterías, eso son mentiras y lo sabes. -Interrumpió hastiado, reconociendo vestigios de sí mismo en el actuar de su compañero, dejando igualmente de golpe la taza sobre la mesilla. -¿De verdad renunciarías tan fácil?

-No. -Respondió al instante. -Es sólo que...

-No quieres perderla -volvió a interrumpir el rubio, sintiéndose ya desesperado-, lo cual es entendible considerando toda la situación, pero por eso mismo debes perseguirla y recordarle que tu paciencia tiene un límite -apremió.

Jon le miró con incredulidad.

-Eso suena más como una amenaza, no pretendo pelear contra ella.

Tommen casi se arranca el pelo.

-Eso es porque es una amenaza y no estarías peleando contra ella, estarías peleando con y por ella.

-¿Cuál es la diferencia? -Preguntó irritado.

-Que no permitirás el que su historia se vaya al traste, ni el que ella se siga engañando al negar que lo que tuvieron fue real y que está ahí. -Declaró elevando la voz dos octavas y poniéndose de pie. -Tú la cazarás para recordarle quién es ella y que todo lo que siempre ha querido eres tú quien se lo puede dar, le recordarás por qué te eligió y por qué no puede dejarte ahora. La cazarás no porque ella sea tuya sino porque tú eres de ella porque ella te eligió y te tuvo he de hacer notar, y tiene por tanto la responsabilidad de responder y hacerse cargo de ti. -Concluyó casi sin aliento. -¿O me equivoco?

Jon le miraba atento, atrapado por la pasión de las palabras del chico, dejando que los candados sobre sí mismo se abrieran uno a uno.

-No. -Dijo al fin, poniéndose de pie igualmente -Tienes razón. Mi paciencia tiene un límite. -Admitió, sintiéndose por una vez como el príncipe que había ganado la guerra, como el muchacho que se había hecho merecedor de la loba del Norte. -Y estoy cansado de ser un cobarde -confesó tras una temporada de negarlo-. No quiero darle la oportunidad de rechazarme, pero en definitiva no puedo permitirle el que me abandone.

Por fin Tommen sonrió. Y Jon sonrió con él, como hacía mucho no lo había hecho.

El moreno se dirigió al escritorio y sacó de uno de sus cajones una botella de whisky, decidiendo que estaban en un humor que ameritaba algo mucho mejor que el café en ese momento. Sirvió dos vasos.

-Entonces, mi amigo -dijo, ofreciéndole la bebida que Tommen aceptó al instante-, ¿cómo puedo empezar cazando a mi esposa?

El aludido casi se atraganta con el primer trago. En muchos rasgos seguía siendo un crío, se dio cuenta.

-Éso, es algo que sabes mucho mejor que yo. -Aseguró. -Sigo siendo virgen, ¿sabes?

Jon estalló en carcajadas.

Y entonces Tommen confesó sus planes sobre una unión con la casa Targaryen...

-Le prometí a Rhaenys su libertad -le dijo Jon -si la quieres para ti, ella deberá dar su consentimiento primero.

-Lo sé -aseguró el menor -estoy trabajando en ello.

...

Dos días después, Tommen se acercó a su tío al finalizar una de las tantas reuniones de los líderes de la recién formada Cumbre de Naciones. Tenía el apoyo de Jon en lo referente a los beneficios que traerían sus planes, y era ahora cuando debía comenzar a afianzar el terreno para su empresa.

-Tío, me preguntaba. -Empezó, el mayor estaba entretenido en seguir leyendo unos documentos, pero asintió para asegurarle a su sobrino que le escuchaba. -Ya que no estoy en la línea directa al trono de Stormlands, ¿significa que tendré libertad para elegir a mi compañera?

Tyrion dejó lo que estaba haciendo entonces y miró a su sobrino directamente.

-¿A qué viene tal pregunta? ¿Has encontrado a una candidata?

El rubio se removió incómodo.

-Tal vez.

-¿Tal vez? -Tyrion enarcó una ceja, adivinando las intenciones del príncipe. -Yo en tu lugar sobrino, me aseguraría primero de tener el consentimiento de la dama antes de pelear con la corona por la libertad de elegir una esposa. -Le aconsejó luego volvió la vista a sus papeles.

Tommen carraspeó, intentando atraer su atención entera otra vez.

-Sí, bueno... Yo preferiría ofrecer a la mujer que amo algo certero a tener que enfrentarme a su furia si sólo tengo una posibilidad como oferta.

Tyrion volvió a mirarle, esta vez analizándolo de lleno.

-En ese caso... -Consideró. -Será mejor que empecemos con los preparativos. ¿Quién es la dama?

Tommen apenas y pudo contener su sonrisa.

-Rhaenys Targaryen.

Decir que Tyrion Lannister había terminado con un terrible dolor de cabeza aquella tarde era poco. Pero para buena suerte de Tommen Baratheon -quien pronto volvería al apellido Lannister para tomar la corona de Casterly Rock-, sus planes de nupcias convenían a la encomienda que Jon Targaryen le hubiese dado al Rey enano. Así que había terminado accediendo.

Su compromiso con Rhaenys se dio a conocer una semana antes de que se anunciara el rescate y regreso de la princesa Stark, Arya de Winterfel.

El mundo finalmente había comenzado a girar en el sentido correcto, pensó Tommen, sintiéndose libre y dueño de su destino por primera vez.


A/N: Siguiente capítulo Cersei...

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