1996, vacaciones de verano tras 5º curso
Remus asomó la cabeza a la desordenada habitación de adolescente. Tirado en la cama, con la cara contra la almohada, vestido tal cual había llegado de la calle, Harry intentaba sin éxito dejar de llorar. Lo sabía, aunque no lo oyera, por el movimiento espasmódico de sus hombros y las manos que agarraban con excesiva fuerza la almohada.
Sintió más que vio la presencia de Sirius viniendo por el pasillo, atraído como él por el rastro del hechizo de Harry para silenciar su habitación.
—¿Otro drama? —preguntó con su voz rasposa Sirius.
— Eso parece. ¿Draco?
Black frunció el ceño, como hacía cada vez que se nombraba a su caprichoso sobrino delante de él.
— Probablemente.
El lobo sonrió levemente y abrazó a su compañero por la cintura.
— Un Black y un Potter criado por un Black, son dos reinas del drama.
— Joder, lunático. —Sirius no pudo evitar sonreir y esconder la cara en el hueco entre el hombro y el cuello de Lupin, aspirando su olor a hogar—¿Vamos a hacer algo?
— ¿Quieres hablar con Narcisa? —preguntó bajito, pegándole más a él—.
Negó con la cabeza, sin salir de su refugio.
— ¿Quieres que lo haga yo?
Volvió a negar, como el niño caprichoso que también era.
— ¿Qué hacemos entonces?
Por toda respuesta, Sirius se transformó en un gran perro negro, que se apresuró a subirse a la cama de Harry para consolar a su pequeño. Remus volvió a sonreír y se alejó de la habitación, dejando atrás a perro y cachorro.
Bajó las escaleras hasta la cocina, con las manos en los bolsillos, tarareando una vieja balada irlandesa. Al entrar en la oscura habitación no pudo evitar sonreír más abiertamente: sobre la mesa, una taza de chocolate humeaba.
No se veía al elfo por ninguna parte, seguramente Kreacher preferiría meter las manos en el horno a reconocer que había hecho algo cariñoso voluntariamente por el pequeño bastardo, como solía llamar a Harry entre dientes.
Sobre la hornilla, en un cazo, había chocolate para otra ración más, estaba claro que Kreacher tenía un día blando pero no lo suficiente como para preparar una taza también para el hombre lobo.
Se sirvió, se aseguró de que la de Harry tenía un hechizo para mantenerla caliente, y salió de la cocina rumbo a la chimenea del salón, preparado para tener una incómoda conversación a través de la red flú con la mansión Malfoy.
