1974-75, cuarto curso

Sintió la familiar magia de su hermano pequeño antes de verlo. Estaba cabreado, muy cabreado, y seguramente era por algo que él había hecho, por la cara que le vio cuando giró la esquina.

— ¡Tú! Tenemos que hablar —le dijo con ese tono controlado y furioso a la vez que a las serpientes se les daba tan bien.

Trató de poner su mejor cara de inocente, pero Regulus le conocía demasiado bien. A su lado, James se levantó sin decir nada, por precaución, un Regulus enfadado era de temer, y los dejó solos pese a la mirada implorante de su amigo.

— Te dije en vacaciones que le dejaras en paz. Te lo pedí, Sirius.

— ¿Esto es por Snivellus?

— No lo llames así —murmuró enfadado, dándole un pequeño puñetazo en el brazo.

Sirius no quitó la sonrisa chulesca ni con el dolor del brazo.

— Él empezó.

Su hermano le miró con los ojos entrecerrados.

— No es cierto, empezaste tú hace cuatro años. Y te estoy pidiendo, otra vez, que le dejes en paz.

El merodeador se inclinó hacia delante, ampliando su sonrisa.

— Tendrás que darme un buen motivo para que renucie a mi diversión, hermano.

— ¿Quieres ser como ella? ¿maltratar a alguien por el mero placer de hacerlo, amparado en tus prejuicios?

La sonrisa se esfumó, sustituida por unos brazos cruzados sobre el pecho a la defensiva.

— No me compares con madre —protestó enfurruñado.

— Deja en paz a mi amigo —respondió Regulus, levantándose y saliendo de la biblioteca.

Estaba sentado en la cama, mirando a un punto indeterminado de la pared. A su espalda, James y Remus se hacían señas, intentado ponerse de acuerdo en quién de los dos iba a hablar con él. Al final, fue Remus el que se sentó a su lado, mientras James simulaba que leía un libro.

— ¿Qué ha pasado con Regulus? —preguntó con suavidad.

— Quiere que dejemos en paz a Snape —contestó con voz plana.

Remus suspiró largamente.

— Es su mejor amigo, Sirius. Quizá deberías hacerle caso.

— Me ha dicho que estoy comportándome como mi madre.

James saltó de la cama, enfadado.

— Eso es injusto, tú no golpeas a Snape con una fusta.

Los ojos de Remus se abrieron muchísimo.

— ¿Eso fue lo que pasó en segundo? ¿te golpeó con una fusta?

Sirius dejó caer la cara en las manos. James se sentó al otro lado y le cogió por el hombro.

— No quiero ser como ella —le oyeron decir.

Ambos muchachos se miraron, impotentes.

— No lo eres. Pero vais a dejar en paz a Snape.

El tono decidido de Remus hizo que Sirius y James le miraran.

— Es importante para tu hermano. ¿Has pensado en cómo te sentirias tu si fuera al revés, si Regulus nos acosara a Peter o a mi?