junio 1976, final de quinto curso

Estaban tirados a orillas del lago Negro, tras acabar el último examen de los TIMOS. Remus observaba de reojo a Sirius, que parecía buscar a alguien con la mirada, con el ceño fruncido. Le conocía lo suficiente como para saber que maquinaba algo, y no algo bueno.

De repente, Sirius se puso de pie, dándole un codazo a James.

— Ahí está.

Y los vio a los dos alejarse hacia la figura de pelo oscuro que caminaba hacia el castillo. Con un gruñido, se levantó y llamó a Peter antes de seguirlos. Cuando los alcanzó ya era tarde, Severus Snape estaba en el aire bocabajo.

— ¡Sirius! ¿Qué crees que...?

— No te metas, Rem. —le contestó entre dientes, con la mandíbula apretada.

— ¡Sirius Black! —se oyeron dos voces indignadas a sus espaldas.

Dos personas se acercaban corriendo, una morena y otra pelirroja.

— ¡Bajadlo! ¡Ahora mismo! —exigió Lily, golpeando a James en el brazo.

— Hermano, me lo prometiste —susurró Regulus para que Severus no lo oyera.

— ¡No! Tiene que pagar —contestó rabioso, moviendo su varita para darle una sacudida a Severus, que les miraba a todos con ojos de fuego y los labios apretados.

— Sirius...

— ¡No! Te hizo llorar.

Todos se giraron a mirar a los dos hermanos, sorprendidos, incluso Severus cambió el gesto.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó su hermano cauteloso.

— Os vi, hace tres noches. Discutíais, él te decía que no a algo y te fuiste llorando. Y ahora va a disculparse. ¿Vas a disculparte, Snape?

— Metete en tus asuntos, Black.

— Respuesta equivocada —dijo, sacudiendo de nuevo su varita.

— ¡Basta, Sirius! No es asunto tuyo. Bájale ahora —ordenó con tono imperioso, sujetándole del brazo que portaba la varita.

— No. Soy tu hermano mayor, y voy a cuidar de ti. Y este se va a disculpar, ahora.

Regulus respiró hondo, sintiéndose a la vez agradecido con su hermano y frustrado por la situación.

— Te estás equivocando. Él no me ha hecho nada, solo me protegía. Bájale por favor —suplicó entre dientes.

Sirius le miró con el ceño fruncido, luego a Snape y de vuelta a su hermano. Finalmente, miró a James y le hizo una seña con la cabeza. Puede que el aterrizaje de Snape pudiera haber sido más suave, pero bueno, estaba a salvo en el suelo y permitió a Regulus y Lily acercarse a ver cómo estaba, mientras los merodeadores se reunían en torno a Sirius, que aún agarraba la varita con fuerza y fruncía el ceño.

— Yo nunca dañaría a tu hermano, Black —le dijo desde el suelo Severus, mientras Regulus se sonrojaba a su lado—. Él... es importante para mí, lo más importante que tengo.

Lily y Remus emitieron a la par un pequeño "owwww". James alzó las cejas, sorprendido. Peter miraba de unos a otros, intentando a entender. Y Sirius miraba con intensidad de Severus a su hermano y de vuelta, con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho.

— ¿Entonces por qué le hiciste llorar el otro día?

Snape miró a Regulus un momento y luego a Lily. Esta última le hizo un pequeño asentimiento, animándole a hablar.

— Reg quería visitarme este verano en mi casa. Yo trataba de explicarle que no es buena idea, mi padre odia la magia, Lily lo sabe.

Lily volvió a asentir, mirando a Sirius.

— Tampoco podemos vernos en nuestra casa —murmuró Regulus—. Tú ya no estás ahí y no creo que madre esté muy contenta este verano.

No lo estaría, seguro, pensó Sirius, recordando sus gritos y maldiciones cuando hizo la maleta y se marchó en las vacaciones de Pascua, anunciando que no volvería jamás. En ese momento no se paró a pensar en que dejaba desprotegido a su hermano.

— Puedo volver, Reg. Seguro que grita y esas cosas, pero mientras estés tú... igual es mejor que vuelva.

Notó que los hombros de su hermano y los de Severus se relajaban un tanto y se auto dio una colleja mental por no haberse parado a pensar en las consecuencias de sus actos, otra vez.

— Entonces, ¿están saliendo? —preguntó justo en ese momento Peter a Remus, con su falta de oportunidad y despiste habituales.

Se hizo un silencio y todos se giraron a mirar a Severus y Regulus, que en ese momento podían competir a ver quién de los dos estaba más sonrojado. Sirius volvió a su postura de brazos cruzados, esta vez con una ceja en alto, interrogante.

— ¿Sí? —respondió dudoso Regulus, sin apartar la mirada de la cara de Severus.

Snape no habló, se limitó a hacer el primer y único gesto cariñoso que verían en toda su etapa escolar: se estiró, le murmuró algo en el oído, y le besó en la mejilla. Después, le devolvió a Sirius la mirada desafiante, con la ceja en alto también y los brazos cruzados sobre el pecho delgado.