1972, verano al acabar primer curso

No quería volver por vacaciones. Después de un año en Hogwarts, sabía que ese era su hogar y los merodeadores su familia. Pero aún así, se lo debía a él. En cuanto dejó el baúl en su habitación, se dirigió a la de su hermano, extrañado de que no hubiera salido a recibirle.

— ¿Reg?

— Vega no está en casa.

El tono de su madre, y el hecho de que usara el nombre de nacimiento de su hermano, le pusieron los pelos de la nuca de punta. Algo iba mal, muy mal.

— ¿Dónde está?

— No es asunto tuyo.

Su madre dio media vuelta y bajó las escaleras, mientras él entraba en su habitación. Nervioso, llamó al único ser en esa casa que le diría la verdad.

— ¿Kreacher?

El elfo apareció con un plop. En cuanto vio sus manos y sus orejas llenas de quemaduras supo que aquello era muy malo.

— ¿Dónde está mi hermano, Kreacher? —preguntó asustado.

El elfo emitió un pequeño gemido antes de contestar.

— El señorito —dijo entre dientes, sin duda rebelándose contra una orden de su madre— está en San Mungo.

— ¿Qué le ha ocurrido? ¿Quién le ha hecho daño?

— El ama dice que el señorito no es un niño y lo ha llevado a que lo curen para que siga siendo una niña.

Por un momento, se quedó congelado. Su madre era capaz de cosas terribles, pero su afición a golpear a los elfos y a sus hijos con una fusta era una nimiedad al lado de lo que había hecho esta vez.

Sirius apretó la mandíbula y despidió al elfo antes de buscar una chimenea por la que llegar a casa de los Potter. Necesitaba a James, y seguramente a Euphemia Potter. En los días que había pasado en casa de su amigo durante la Pascua había aprendido que su madre no era una madre, pero Euphemia sí, ella era una madre con mayúsculas y seguro que podía ayudarle con aquello.