1984

Sirius estaba sentado cerca del fuego, con la cabeza de Remus en su regazo. Acariciaba lentamente las ondas rubias, perdido en sus pensamientos.

— ¿Qué ocurre, Pads? —preguntó suavemente, cerrando el libro que tenía entre sus manos.

— Mi hermano ha venido hoy a verme al Ministerio.

— ¿Va todo bien?

Sirius frunció el ceño un momento, la mano enterrada en los cabellos dorados.

— Se han casado.

Remus abrió mucho los ojos y se incorporó para sentarse junto a su marido.

— ¿Así, de repente?

— Van a ser padres.

— Vaya... ¿estás molesto porque se ha casado sin ti? —preguntó comprensivo.

Su marido pareció salir de sus pensamientos y se giró a mirarle.

— ¿Qué? No, no —respondió, moviendo mucho las manos—. Me invitó a ser testigo. Y harán pronto una fiesta para celebrarlo.

— No entiendo...

Sirius tomó aire y cogió su mano, entrelazando los dedos.

— Regulus no cambió nunca su nombre legal. No creo de todas formas que nuestra ley lo permitiera... el caso es que Severus sabe cuanto odia Reg su nombre de nacimiento, no quería que su boda se centrara en eso, la mayoría de la gente no lo sabe.

Apoyó la cabeza en el hombro de Remus antes de seguir hablando.

— Para mi hace tanto tiempo que es Regulus, que casi había olvidado que mi hermano puede embarazarse.

— Espera, ¿está en estado? ¿él? —interrogó sorprendido, abriendo mucho los ojos.

Sirius asintió, empezando a esbozar una sonrisa.

— Voy a ser tío de un bebé Snape, que va a gestar mi hermano pequeño, ¿te das cuenta de lo surrealista que es todo esto?

Remus no pudo evitar sonreír también e inclinarse a besarle.

— Felicidades tío Sirius...

— Felicidades tío Remus —respondió con una sonrisa aún más grande y otro beso.