¡Hola, otra vez! Me animaron como no tienen una idea sus reviews. Estoy megasuperultranerviosa con este fanfic y sus comentarios me calmaron un poco.
Bien, sin más...
Harry Potter y todo su universo es de J.K. Rowling. Aquello que no reconozcas, es mío, gracias.
La Daga.
Junio, 2018.
Albus Severus Potter detestaba el Bosque Prohibido.
Lo detestó incluso antes de conocerlo porque sus tíos solían contarle las escalofriantes aventuras que habían vivido ahí. Era por eso que al verlo de reojo por primera vez cuando cruzó las puertas de Hogwarts hace algunos meses, se juró a sí mismo jamás entrar.
Claro, casi rompe su promesa cuando el estúpido de Gerhard Goyle lo retó a pasar la noche ahí para probar que "pertenecía a Slytherin"… Aunque Albus no lo había dicho en ese momento, se alegró mucho de que la profesora McGonagall los hubiera descubierto antes de que pudieran siquiera salir del castillo.
Lamentablemente, parecía que esa noche nadie se había dado cuenta de que había escapado del banquete que se celebraba por el fin de cursos… Así que nadie había podido evitar que Albus rompiera su promesa.
Aferró más su varita, que iluminaba tenuemente el camino. El esplendor oscuro y los arboles tétricos le ponían los pelos de punta. Tenía la sensación de que alguien lo seguía y por un momento se arrepintió de no haberle pedido a James la capa invisible que, después de todo, estaban obligados a compartir.
—No seas idiota —pensó para sí—. James habría hecho que escupieras toda la verdad en un segundo y habría intentado detenerte.
Un ruido lo sobresaltó.
Con el corazón dándole un vuelco, se dio la vuelta y apuntó con su varita al árbol más cercano, cuyas hojas se movían a pesar de que no había brisa.
— ¿Quién anda ahí? ¡Se lo advierto! —exclamó Albus e intentó, con todas sus fuerzas, que el miedo no se reflejara en su voz—. ¡Salga ahora mismo!
Una pequeña silueta surgió de detrás del árbol, alzando las manos en señal de paz. La luz que salía de su varita era muy tenue, sin embargo reconoció al instante la alborotada cabellera pelirroja de su prima, Rose Weasley.
— ¡Merlín, Rose! ¿Qué diantres haces aquí?
La chica iba a contestar, pero en ese momento otro ruido proveniente de un arbusto, sobresaltó a ambos.
— ¡Ponte detrás de mí, Rose! —exclamó Albus blandiendo su varita— ¡Hay alguien ahí, en…!
—Oh, cálmate —dijo ella con serenidad—. Solo es Malfoy.
Rose encendió su propia varita y apuntó al arbusto justo cuando Scorpius Malfoy se incorporaba, sacudiéndose algunas ramitas de su túnica y exhibiendo una sonrisa traviesa en su pálido y anguloso rostro.
—Linda noche, ¿no?
— ¿Qué haces tú aquí? —preguntó Albus atónito— ¿Qué diablos hacen los dos aquí?
—Te vigilamos para que no mueras —dijo Rose soltando un bufido. Albus supo de inmediato que estaba molesta— ¿Qué demonios piensas al venir aquí solo, Al? ¿Intentas suicidarte? ¿O es que se te ha subido a la cabeza eso de que "eres el mejor en Defensa Contra las Artes Oscuras"? ¡Si la tía Ginny se enterara de qué…!
—Si lo que quieres es delatarme, nadie te está deteniendo —dijo Albus con amargura y, dándole la espalda a ambos, continuó su camino.
—No te voy a delatar, no seas imbécil —dijo Rose siguiéndolo con Scorpius al lado—. Lo que quiero es que me expliques porque tanta urgencia en venir aquí.
—Habías estado raro todo el día y no bajaste al banquete, así que fui a buscarte —explicó Scorpius—. Me topé con Weasley en el vestíbulo, también te estaba buscando.
—No te vi en la mesa de Slytherin y me preocupé. Le pedimos a James el Mapa del Merodeador y así te encontramos —dijo con simpleza. Albus la miró con los ojos como platos— ¿Qué? Le dije que si no me lo prestaba sin hacer preguntas, le diría a la tía Ginny que él, Lorcan, Lysander y Louis se roban comida de Honeyducks en la noche. Ahora, ¿puedes contarnos porque estar en el Bosque Prohibido es mejor que disfrutar del banquete o venimos aquí solo para verte caminar?
Albus se detuvo y torció la boca, indeciso.
Llevaba todo el año dándole vueltas a un asunto que parecía ilógico y hasta disparatado. Pero, en esos momentos, estaba seguro de que tenía razón, de que todas sus sospechas eran ciertas… ¿Rose y Scorpius le creerían? ¿O acaso pensarían que estaba loco y que había sido un imprudente al ir hasta ahí solo?
Al ver la duda estampada en su rostro, Rose volvió a bufar y Scorpius puso los ojos en blanco.
—Bien, les contaré —comenzó Albus, pensando en qué ambos merecían una explicación después de haber salido a buscarlo—. Antes de entrar a Hogwarts, escuché a papá hablando con el tío Ron sobre nuestro profesor de Defensa. Al parecer la familia de Benjamin Lodge estuvo involucrada con las artes oscuras por algún tiempo.
—No lo contratarían en Hogwarts si tuviera esos antecedentes —dijo Rose frunciendo el ceño.
—Nunca se pudo probar nada. Cuando comenzó la guerra contra Voldemort, los Lodge huyeron del país y se mantuvieron al margen de todo, pero siempre estuvieron relacionados con mortífagos. El profesor Benjamin regresó a Gran Bretaña el año pasado, con la única intención de dar clases en Hogwarts.
—Y eso no le gustó a tu padre —comentó Scorpius pensativo.
—Debieron haberlo oído —dijo Albus recordando la severa voz de su padre—. No quería a Benjamin Lodge en Hogwarts. Así que… Bueno, estuve vigilándolo un poco durante el año. En su despacho tenía…
— ¡Oh, por todos los cielos! —exclamó Rose escandalizada— ¡Te metiste en su despacho! Siempre he dicho que el tío Harry hizo mal en regalarles esa capa y el mapa. No hace más que contribuir a que James y tú se salten las reglas.
—No escuche que te quejaras cuando el mapa nos ayudó a encontrar a Albus, Weasley —dijo Scorpius frunciendo el ceño. Las orejas de Rose se pusieron coloradas— ¿Qué decías, Al?
—Tiene libros de magia antigua. Muchos libros, y me parece que algunos son de artes oscuras —continuó Albus—. Además, me di cuenta de que buscaba algo. Se desaparecía todo el tiempo y nunca comía con los otros profesores. Varias veces intenté seguirlo, pero siempre se me escapaba. En el Mapa del Merodeador siempre aparecía en los rincones más apartados del castillo.
—Ya, pero eso no lo convierte en un mago tenebroso —repuso Scorpius—. Simplemente es extraño.
—Es por eso que no le había dicho nada a nadie. Pero, hoy tuve… Una especie de encuentro con Devon.
— ¿Otra vez te estabas peleando con ese tipo? —lo reprendió Rose— ¡Oh, Albus! Slytherin ya perdió muchos puntos por…
—Cómo si te importara cuantos puntos nos quiten —dijo Scorpius exasperado por las interrupciones—. Mientras Gryffindor conserve la Copa de las Casas, tú deberías estar feliz.
— ¡Me importa que Albus se meta en problemas otra vez por culpa de ese idiota! Lleva provocándolo todo el año y él continúa haciéndole caso.
Albus no lo iba a admitir en voz alta, pero sabía que Rose tenía razón.
Devon Lodge era un muchacho de su mismo año que había dejado muy claro su desprecio hacia la familia Potter desde su primer día en Hogwarts, cuando se encontró con Albus en un pasillo y sin siquiera presentarse, lo retó a duelo. Sorteado en la casa de Revenclaw, era el único (aparte de Rose) que contestaba sin fallar todas las preguntas de los profesores, además era sobrino de Benjamin Lodge, su profesor de Defensa, y se había dedicado a fastidiar a Albus durante todo el año.
—El punto es que Devon fue a provocarme en la tarde. Pensé que quería retarme a duelo otra vez, por ser nuestro último día en Hogwarts antes del verano, pero comenzó a decirme que debía estar preparado porque esa noche todo iba a cambiar para mí y para mi familia —explicó Albus, luego intentó imitar el tono altanero de su contrincante—. "Tú y tus primitos se sienten los reyes de Hogwarts, pero eso se acabó. Él se encargará de eso".
— ¿"Él"? —preguntó Scorpius, confundido.
—Su tío: el profesor Benajmin Lodge —concluyó Albus—. Hoy no nos dio clase y nadie lo ha visto en todo el día. Cuando iba para el banquete, lo vi saliendo del castillo. Traía algo en la mano, un bulto. Estoy seguro de que ha encontrado lo que sea que estaba buscando en Hogwarts y, por alguna razón, lo trajo al Bosque Prohibido. Lo seguí, pero le perdí el rastro hace unos minutos.
Pasaron unos segundos sin que nadie dijera nada. Albus aguardaba la reacción de sus amigos, expectante. Luego, Rose habló con un tono ligeramente despectivo:
—Entonces, ¿decidiste venir solo al Bosque Prohibido para enfrentarte a un profesor (a uno muy bueno, por cierto) y no tienes pruebas reales de que esté haciendo algo malo?
—No, yo…
—Odio admitirlo, pero Weasley tiene razón —dijo Scorpius con una mueca— ¿Cómo sabemos que el idiota de Devon no te tendió una trampa? Seguro que le encantaría ver cómo te encuentran los profesores.
—Yo lo vi salir. Benjamin Lodge se está metiendo con Hogwarts —dijo Albus dirigiéndoles una mirada gélida y retomando su camino sin esperarlos—. Estaba buscando algo y ya lo encontró.
— ¿Enserio esperas enfrentarte a él? Apenas llevas un año de educación mágica y tú ya sientes qué…
— ¡Papá sospecha de él! —gritó Albus volviéndose. Unos pájaros asustados salieron de entre los árboles y luego se perdieron de vista—. Si él temía que llegara a Hogwarts, es por algo y yo voy a averiguarlo.
Rose y Scorpius intercambiaron una mirada resignada. Luego, ambos soltaron un idéntico y singular suspiro.
—Está bien, pero más te vale que regresemos para el postre— dijo Scorpius comenzando a caminar.
— ¿Qué?
—Sí, bueno… Te van a matar si vas solo —dijo Rose encogiéndose de hombros—. Serás el mejor en Defensa, Albus, pero Benjamin Lodge es un gran mago y si es cierto lo que dices, acabará contigo en segundos.
—Necesitas de mis habilidades— comentó Scorpius con una sonrisita torcida—. Y del cerebro de Weasley.
Ambos se adelantaron, pero Albus tardó un poco en reaccionar. Jamás imaginó que querrían acompañarlo, que se animarán a seguir sus planes… Rose había demostrado su lealtad en más de una ocasión (especialmente cuando él había sido sorteado para Slytherin y ella para Gryffindor), sin embargo era testaruda y romper las reglas iba casi en contra de su naturaleza. Scorpius, por otro lado, era la única persona que había sido amable con él en la casa de las serpientes y tenía cierta tendencia a meterse en problemas (principalmente con los bravucones que lo llamaban "traidor"), no obstante, Albus nunca pensó que la relación cordial que habían logrado establecer a lo largo del año alcanzara tales extremos.
Pero ahí estaban los dos trabajando en equipo para apoyarlo, a pesar de que hasta el momento solo habían intercambiado palabras de educada frialdad y miradas de disgusto entre ellos.
En ese instante, Albus experimentó un repentino brote de cariño hacia los dos.
Caminaron en silencio, adentrándose cada vez más en el bosque. Poco a poco, la luz de la luna fue desapareciendo debido a las frondosas copas de los árboles que cubrían el cielo. Después de unos veinte minutos, Albus se pensó la posibilidad de haber estado caminando en círculos, pues no veían nada más que el espeso bosque expandiéndose cada vez más ante ellos. Al llegar al borde de un enorme claro, Rose se detuvo y Albus no entendió porque hasta que escuchó que la espeluznante calma era interrumpida por el sonido de algo arrastrándose contra el disparejo suelo.
Scorpius también se detuvo y entonces los tres miraron boquiabiertos el otro lado del claro, dónde la silueta de un hombre blandía su varita con elegantes movimientos.
Se agazaparon detrás del tronco de un enorme árbol, aferrando sus varitas. Albus sacó la cabeza de su escondite y ahogó un grito: El profesor Benjamin Lodge apuntaba con su varita a la tierra, tallando un extraño símbolo que relucía como fuego en medio de la oscuridad.
Se puso de puntitas para ver mejor, pero en eso, la mano temblorosa de su prima se posó sobre su hombro. Albus supuso que Rose quería salir de ahí lo más rápido posible, pero cuando volvió la cabeza para mirarla, se dio cuenta de que ella no temblaba por el miedo que inspiraba su profesor.
Una araña del tamaño de un perro grande salía de entre los árboles, y al verlos, agitó con alegría sus enormes pinzas.
Rose tenía la cara contorsionada de terror y Scorpius se pegó tanto al tronco del árbol como le fue posible. Albus apenas estaba pensando en las posibilidades de salir de ahí vivos y sin ser descubiertos cuando pasaron varias cosas a la vez: Rose ahogó un grito y tiró de su brazo, Scorpius articuló una palabrota, un aterrador gruñido surcó el aire y los tres cayeron al suelo cuando la araña se abalanzó sobre ellos.
Albus levantó su varita, sin saber que hacer o decir, pero en ese momento una luz cegadora golpeó a la criatura, lanzándola a varios metros de distancia. Un alivio momentáneo se apoderó de él, pero desapareció en cuanto Scorpius dijo en voz alta, clara y asustada:
—Mierda.
Benjamin Lodge estaba de pie junto a ellos, con la varita apuntando hacia donde hace unos momentos estaba la araña y con los ojos clavados en los tres jóvenes.
—Buenas noches —dijo sin expresión alguna, luego dirigió la varita hacia ellos, casi con elegancia— ¡Expelliarmus!
Albus vio cómo su propia varita se lanzaba hacia la mano extendida del profesor, junto con las de Rose y Scorpius.
—Potter, Malfoy y Weasley, hagan el favor de levantarse —dijo Benjamin Lodge con tranquilidad.
No les estaba gritando, sin embargo, Albus sintió miedo y de pronto se dio cuenta de lo estúpido que había sido al meterse en todo aquello. Rose tenía razón: su profesor de Defensa era un mago muy habilidoso… Y ellos eran tres estudiantes de once años desarmados.
— ¡Dije que se levanten! —exclamó el profesor y esta vez, su voz resonó en lo profundo del Bosque Prohibido.
Los tres jóvenes se pusieron de pie. Pese a todo el miedo que sentía, Albus estiró un poco la cabeza para poder ver el símbolo que Benjamin Lodge había grabado en medio del claro, pero su profesor le bloqueó la vista parándose justo delante de él.
—Quiero suponer que los tres tienen una excelente razón para estar aquí —dijo Lodge con serenidad—. Entrar al Bosque Prohibido es una grave falta. Creo que diez puntos menos a cada uno serán suficientes para…
— ¡Sé que se robó algo de Hogwarts! —soltó Albus sin poder contenerse—. Vi cómo salía del castillo sin que nadie lo notara, lo seguí hasta aquí. Eso que lleva ahí…—exclamó, señalando una pequeña bolsa que colgaba del cinturón del profesor— ¡Lo ha robado! ¡Es el bulto que lo vi sacar del castillo!
—Tal vez ponerle una calificación tan alta en su examen final fue un error, señor Potter— comentó Lodge con una sonrisa curiosa—. Es obvio que su habilidad para la Defensa de las Artes Oscuras, le ha nublado el juicio.
—No, su sobrino… ¡Devon me dijo lo que planeaba! —replicó Albus, sin embargo, su voz adquirió un ligero tono dudoso.
—La profesora McGonagall estará encantada de escuchar lo que tiene que decir, señor Potter —dijo el profesor sin alterarse—. Espero que tenga una mejor excusa para…
— ¡Eso es magia tenebrosa! —exclamó Rose, sorprendiendo a todos. El terror producido por la araña gigante se había esfumado de su rostro, y ahora lucía una mueca indignada mientras señalaba el símbolo tallado en el claro que su profesor había intentado ocultar—. Eso corresponde a los conjuros que se utilizaban en la Edad Media. No habría necesidad de utilizarlos con la magia moderna, a menos que estuviera valiéndose de magia tenebrosa.
Benjamin Lodge continuó con esa expresión impasible que tanto lo caracterizaba, sin embargo, Albus notó que tras las gafas sus ojos castaños se iluminaban con… ¿Asombro? Sonrió de lado, marcando aún más las arrugas de su rostro, y con un rápido movimiento de varita, hizo aparecer una soga que ató a los tres jóvenes.
—Siempre he pensado que tiene una mente muy aguda, señorita Weasley —comentó y los arrastró hasta el centro del claro.
— ¡Entonces es cierto! —exclamó Scorpius, intentando soltarse inútilmente de la soga.
El profesor no contestó, sacó su reloj de bolsillo y luego soltó un ligero resoplido. Albus pudo ver entonces el extraño símbolo tallado en el piso: Una línea con las esquinas curvas y una especie de flecha atravesándola. Seguía resplandeciendo en el suelo, como si tuviera luz propia.
—Es tarde —dijo el profesor para sí mismo, guardando de nuevo su reloj. Después tomó la bolsa que colgaba de su cinturón y la abrió.
Era una pequeña daga muy vieja y gastada, el mango de madera estaba tallado, sin embargo, la punta parecía muy afilada. Albus se preguntó por qué estaría en Hogwarts un objeto así y, más importante, por qué era tan importante que Benjamin Lodge la robara.
—Rose, ¿qué significa ese símbolo? —murmuró Scorpius, moviendo apenas los labios.
El profesor parecía tan absorto en sus pensamientos que no les prestaba mucha atención. Y tal vez el miedo que sentía lo hacía percatarse de los más insignificantes detalles, pero Albus estaba seguro de que era la primera vez que su amigo llamaba a Rose por su nombre.
—No lo sé —confesó ella. Parecía angustiada—. Pero, es cierto lo que dije. No hay necesidad de hacer conjuros así con la magia moderna. Es magia tenebrosa.
Benjamin Lodge colocó la daga justo en medio del símbolo y hasta entonces, Albus se percató de que su profesor usaba unos elegantes guantes de cuero. El símbolo seguía brillando mientras la daga reposaba al centro. Benjamin Lodge rodeó el claro un par de veces con impaciencia, luego resopló y saco de su túnica otro objeto.
Parecía un libro, pero estaba despastado y viejo como la daga. No era muy grande y las pocas hojas que tenía, estaban medio sueltas. Lodge lo depositó en el suelo con extremo cuidado y luego pasó las páginas con delicadeza.
—Dígame, señor Potter… ¿Qué tanto sabe sobre Merlín? —preguntó el profesor con curiosidad, casi como si estuvieran en clase.
Albus no respondió y Lodge se hincó en el suelo frente al libro despastado, dejando las varitas de los tres jóvenes y la suya propia en el suelo.
— ¿Sabe? De cierta manera, me alegra que este aquí, señor Potter —dijo. No era mayor que el padre de Albus, sin embargo, tenía muchas arrugas en el rostro y todas se contorsionaron por la expresión de satisfacción que exhibía en ese momento—. El hijo del Gran Elegido, aquí frente a mí, a punto de presenciar la más grande muestra de poder en toda la historia.
Benjamin Lodge lo miró un instante y luego bajó la cabeza para poder leer lo que había en el libro. Se quitó los guantes de cuero con delicadeza y después extendió los brazos, como si estuviera a punto de abrazar a alguien.
— ¡Nunc dominus ego sum! —gritó con voz atronadora— ¡Da mihi potestatem de Merlino, magia sicam!
Albus sintió a Rose y Scorpius temblar a su lado cuando el símbolo irradió un resplandor mucho más fuerte que el que ya tenía y un espantoso viento azotó el claro en el que se encontraban. Benjamin Lodge parecía fascinado, casi enloquecido.
Y luego, la vieja daga flotó lentamente en el aire hasta quedar suspendida en medio de aquel resplandor parecido al fuego. El profesor se levantó y extendió su mano, dispuesto a tomarla… Pero, no pudo hacerlo porque un hechizo se impactó directamente contra su pecho, lanzándolo a varios metros de distancia.
Harry Potter estaba al borde claro, apuntando con su varita hacia donde Benjamin Lodge había caído.
— ¡Papá! —exclamó Albus entre el alivio y la sorpresa.
Un hechizo lanzado por otra varita cortó la soga que los ataba y al darse la vuelta, Albus vio a su tío Ron sujetando rápidamente la mano de su hija.
— ¡Llévatelos! —ordenó Harry. Junto a él había otro auror, que Albus conocía solo de las veces que había visitado el trabajo de su padre, cuando era más pequeño—. Llévalos al castillo, Ron. Nosotros dos podemos con…
Pero un rayo de luz verde pasó junto a él y no pudo terminar la frase. Benajmin Lodge se había levantado y agitaba su varita, lanzando hechizos a diestra y siniestra. Harry y el otro auror los esquivaron y Albus sintió como su tío lo empujaba al suelo junto con Rose y Scorpius.
— ¡LLÉVATELOS! —gritó Harry respondiendo a los ataques.
Ron empujó a los tres jóvenes abriéndose paso entre los matorrales del bosque; con una mano aferraba su varita y con la otra sujetaba a Rose. Pronto salieron del claro. Albus volvió la cabeza alcanzando a ver los destellos que producían los hechizos al chocar unos contra otros, el resplandor ardiente originado por el extraño símbolo, la daga flotando en el centro… Y la silueta de un hombre cayendo lentamente al suelo.
— ¡ALBUS! —gritó Ron.
Sus piernas actuaron por sí solas, sin que él fuera consciente del peligro que representaba volver al claro del bosque. Corrió pensando únicamente en su padre, rogando que no fuera él quien había caído, suplicando que no le pasara nada malo…
Un hechizó pasó rozándole la cabeza y Albus tropezó con algo, cayendo de bruces contra el suelo: Un cuerpo. Era el auror que había acompañado a su padre, tenía un corte en la pierna y estaba inconsciente. Más hechizos se impactaron a su alrededor y uno le prendió fuego a un árbol. Albus se levantó y vio como su padre y Lodge peleaban sin percatarse de su presencia.
Todo lo que su profesor quería era tomar esa vieja daga que flotaba en el centro del claro. Si Albus se deshacía de ella antes, Lodge no tendría por qué seguir peleando y su padre ganaría... Entonces Harry gritó y Albus sintió como si le perforaran los oídos. Sin detenerse a pensarlo, corrió hacia el centro del claro, adentrándose en ese extraño resplandor producido por el símbolo, sintiendo como un calor extrañamente agradable (que no tenía nada que ver con los árboles que ahora ardían detrás de él) se expandía por todo su cuerpo…
Y la vio.
La antigua daga tenía la hoja dorada y brillaba por los reflejos de las llamas. Albus estiró la mano para tomarla y percibió cómo el calor se intensificaba dentro de él. Estaba a solo unos milímetros, cuando tiraron fuertemente del cuello de su túnica, haciéndolo caer al suelo y golpearse la cabeza.
— ¡No te atrevas, Potter! —gritó Lodge con la cara contorsionada. Tenía a Albus agazapado contra el suelo, sujetándolo fuertemente de la garganta— ¡No te atrevas!
El muchacho alcanzó a ver como su profesor tomaba la daga, que ahora estaba brillando aún más que el símbolo en la tierra. La vista se le nubló, sus músculos se engarrotaron y los pulmones le quemaron.
Entonces, supo que iba a morir y que lo último que vería sería a Benjamin Lodge sosteniendo la daga en alto mientras lo asfixiaba…
Una luz roja lo cegó y casi al instante el oxígeno regresó a sus pulmones. Jadeó y tembló. Parpadeaba, pero solo alcanzaba a ver lucecitas blancas. Escuchaba una voz alterada, pero lejana, muy lejana…
— ¡Albus! ¡Albus! ¡Estoy bien, Ron! Envía un patronus a los demás, diles que tenemos un prisionero… ¡Albus, vamos! No, no… El libro que tenía Lodge no está, debió quemarse, quédate tú con la daga y que no la toque nadie hasta que la hayamos examinado… ¡Albus! ¡Albus!
Cuando todo se volvió más claro, Albus vio a su padre arrodillado junto a él. Tenía un corte en la cara y una herida sangrante en el costado derecho, sin embargo ayudó a que Albus se pusiera de pie sin emitir ni un solo quejido por el esfuerzo.
—La daga… —alcanzó a decir el muchacho apenas en un susurro.
—Ya no te preocupes por eso —dijo Harry, sujetándolo de un brazo para ayudarlo a caminar—. Tu tío Ron se la ha llevado. Nos encargaremos de todo.
—Rose y Scorpius…
—En la enfermería del castillo —el tono de su padre adquirió un poco de severidad—. Hicieron muy mal en venir aquí, Albus. No sé qué hubiera pasado si no…
—Escuché que no confiabas en el profesor Lodge —confesó Albus. Había dejado de ver lucecitas, sin embargo estaba un poco mareado y sentía un fuerte dolor en el cuello—. Lo siento, no quería…
— ¿No crees qué vigilaría a alguien que me parece peligroso, especialmente si está viviendo dónde mis hijos?
—Pero, nadie lo vio salir… Yo no sabía si…
—Benjamin Lodge ha estado vigilado desde que puso un pie en el castillo, Albus —dijo Harry con dureza—. Llegamos en cuanto McGonagall nos avisó que había desaparecido y gracias a la luz de esa cosa, pudimos encontrarlos. No tenías por qué estar ahí, ni tus amigos tampoco. Estuvieron a punto de…
—Quería ayudarte —murmuró Albus, resentido.
Harry se detuvo y lo miró a los ojos. Tenían exactamente el mismo tono verdoso que los de él, pero los de Albus relucían más en ese momento gracias a los colores esmeralda que adornaban su túnica.
—Hablaremos más tarde —dijo soltando un suspiro.
Albus caminó en silencio junto a su padre y luego se dio cuenta de que sangraba. Se había hecho un fino corte en la palma derecha sin darse cuenta. Se detuvo para rasgar la manga de su túnica y así aminorar el sangrado con la tela. Entonces creyó estar viendo otra vez lucecitas porque claramente distinguió el destello de un pequeño objeto que relucía entre la negrura de los arboles… Colgando del cuello de alguien.
No, no era una lucecita, era un medallón y tenía grabado el mismo símbolo que Benjamin Lodge había tallado en la tierra.
—Albus, ¿todo en orden? —preguntó su padre al ver que no lo seguía.
Se sobresaltó. En un parpadeo, el medallón y la persona que lo llevaba puesto habían desaparecido. Aún estaba mareado… Seguramente, el casi ser ahorcado tenía consecuencias como las alucinaciones.
—Sí, todo en orden, papá.
Y apretando la tela contra la palma de su sangrante mano, Albus retomó su camino hacia el castillo de Hogwarts, al lado de su padre.
Antes que nada, ¡gracias por leer! Como pudieron notar, nuestra historia comienza en el banquete final del primer año de Albus Potter en Hogwarts, pero es solo el comienzo. Como notaron también, Albus y Scorpius van a Slytherin y Rose a Gryffindor. Cliché, lo sé. Pero les pido que le den una oportunidad, verán como la historia no será tan predecible.
Anyway, gracias.
Reviews plis.
