El Hogar en el Valle.
Julio, 2024.
Albus despertó sobresaltado.
Su habitación, tenuemente iluminada, estaba calmada y silenciosa. El reloj que había en su mesita de noche marcaba las siete de la mañana.
Se sentó sobre su cama y limpió las gotas de sudor que le resbalaban por la frente. Estaba mareado y jadeaba ligeramente. Su sueño había sido tan real que casi podía sentir las manos de Benjamin Lodge aferrándose a su garganta… Igual que aquella vez.
Habían pasado ya muchos años de aquel terrible acontecimiento, pero Albus no había podido olvidar ni un solo detalle: Él adentrándose estúpidamente al Bosque Prohibido arrastrando a Rose y Scorpius, su profesor de Defensa tallando un extraño símbolo en la tierra, un resplandor parecido al fuego, un libro despastado, una vieja daga…
Inconscientemente se tocó la palma de su mano derecha, donde una fina cicatriz guardaba el recuerdo de aquella peligrosa aventura.
Un ulular lo hizo ahogar un grito.
— ¡Merlín, Joey! ¿Quieres que me dé un infarto o qué?
La lechuza de manchas negras que reposaba en una jaula junto a la ventana, volvió a ulular y agitó sus largas alas con regocijo. Albus sacudió la cabeza, intentando borrar de su mente las imágenes que hasta hace pocos minutos protagonizaban sus sueños y se levantó de la cama, tropezando con el montón de ropa sucia que había en el piso.
—Tengo que limpiar, Joey —comentó Albus incorporándose—. Mamá nos va a matar si ve este desorden.
El escritorio, pegado a la ventana, estaba lleno de libros y papeles; la jaula de Joey no había sido limpiada en varios días; los cajones del ropero estaban abiertos y un corazón de manzana adornaba su mesita de noche.
Desde su graduación en Hogwarts, su madre le había prohíbo a Kreacher limpiar su habitación. Todo era culpa de James, pues parecía que desde el año pasado (cuando él había dejado de tener responsabilidades escolares) se había dedicado a desordenar la casa más que de costumbre.
—Y no quiero que tú hagas lo mismo solo porque tienes vacaciones por ahora, Al —le había dicho su madre—. Mientras te aceptan en la Academia de Aurores, quiero que mantengas tu habitación ordenada.
—Si me aceptan —pensó Albus con amargura.
Había enviado su solicitud antes de salir de Hogwarts, pero el mes de Julio ya estaba por terminar y él aun no obtenía ninguna respuesta. Comenzaba a temer que todas las noches en vela estudiando para los EXTASIS hubieran sido en vano. Si no lograba entrar a la Academia de Aurores… No, no permitiría que ese pensamiento se formara en su mente.
Seguramente, como le había dicho Scorpius en una carta, las respuestas estaban tardando porque la mitad de los egresados de Hogwarts aspiraban ser aurores y los académicos no podían revisar tantas solicitudes en tan poco tiempo. Era un pensamiento bastante optimista, aunque Albus no estaba seguro de que Scorpius estuviera tan tranquilo como aparentaba. Su amigo ansiaba ser auror casi tanto como él y además, convertirse en el primer Malfoy que combatiera las artes oscuras era una oportunidad que no podía desaprovechar.
Joey volvió a ulular y Albus terminó de vestirse.
Mientras se calzaba los zapatos, echó un vistazo a las fotografías que adornaban la pared junto a su ventana: En la esquina derecha, encuadrados en un marco negro, él y sus hermanos hacían muecas divertidas; a la izquierda, un Albus de once años sonreía tímidamente, mientras la recién comprada Joey le picoteaba juguetonamente la oreja; más arriba, todos sus primos saludaban y hacían gestos graciosos rodeando a los abuelos Weasley en el jardín de la Madriguera; abajo, su padre lo balanceaba entre brazos mientras él (con menos de un año) reía y agitaba las manos…
Albus observó con atención esa fotografía y luego se miró al espejo.
Se estaba pareciendo muchísimo a su padre. No es como si no hubiera notado antes las semejanzas que había entre ambos, pero ahora, con dieciocho años recién cumplidos, Albus notó que sus facciones eran demasiado similares a las de Harry Potter.
Seguían existiendo notorias diferencias, claro, como el hecho de que él no usara gafas, que fuera un poco más alto de lo que su padre había sido a su edad (los genes "Weasley", según decía el tío Ron), que usara el cabello un poco más corto, que tuviera los pómulos más marcados… Y por supuesto, Albus no tenía ninguna cicatriz en forma de rayo adornándole la frente.
—Eso ya lo sé de sobra —le dijo a su reflejo frunciendo el ceño.
La gente del Valle de Godric ya estaba despertando. Albus veía desde su ventana a los vecinos, que salían de sus casas para ir a trabajar y caminaban apresuradamente por la plaza. Los rayos de sol, que surgían poco a poco, iluminaban el lugar dándole un aspecto pintoresco.
También en su casa estaban despertando. Albus escuchó el sonido de la regadera en el cuarto de baño y la voz de su madre en la planta baja. Después de darle comida a Joey, salió de su habitación pasando por los cuartos de James y Lily (en el primero se escuchaban fuertes ronquidos), bajó las escaleras, cruzó la sala y con el aroma del tocino recién tostado inundando sus fosas nasales, entró en la cocina.
Encontró a su madre agitando la varita de un lado a otro, dirigiendo los platos llenos de comida para que volaran hacia la mesa mientras ella leía El Profeta con el ceño fruncido, como si estuviera molesta. El viejo Kreacher estaba sirviendo jugo de naranja en vasos de cristal recién lavados y cuando vio que Albus ingresaba a la cocina, se inclinó hasta que su nariz tocó el suelo, sin embargo pronto llegaron los murmullos exasperados a los que Albus ya estaba acostumbrado.
—Ahí está el segundo de sus hijos fingiendo que no da problemas… Kreacher no lo soporta, se pavonea por ahí creyendo ser el hijo modelo y siempre se mete en líos… No sé porque mi amo no lo castiga de una vez… Si, Kreacher se pregunta por qué…
—Basta —le dijo Ginny sacando la vista del periódico. Enseguida su semblante se compuso y esbozó una sonrisa cuando Albus le dio un beso en la mejilla—. Buenos días, cielo… ¿Sabes si tus hermanos ya están despiertos?
—Escuché los ronquidos de James al bajar —dijo Albus sentándose a la mesa. Kreacher lo miró con desprecio y luego le dio una servilleta.
—Llegara tarde otra vez —gruñó Ginny—. Kreacher, ¿podrías ir a despertarlo, por favor?
—Sí, ama —dijo el elfo y después de hacer otra reverencia, salió de la cocina.
— ¿Llegó algo? —preguntó Ginny fingiendo despreocupación. Albus negó con la cabeza—. Oh, bueno. Deben tener muchas solicitudes que examinar, ya sabes.
—Eso mismo me dijo Scorpius —comentó Albus torciendo una sonrisa—. Y de todos modos, siempre hay una vacante en el periódico del señor Lovegood, ¿no? Tal vez deba dedicarme a investigar a esos snorckas de no sé qué…
—No tienes de que preocuparte, Al —le dijo su madre tomándole la mano—. Estoy segura de qué te aceptaran.
Albus asintió y se dedicó a untarle mantequilla a su pan tostado. Cómo no quería seguir hablando del tema, dijo:
—Me preocupa James. La cara de Kreacher no es precisamente lo que uno quiere ver en las mañanas.
—Pues, lo lamento pero tu hermano es demasiado holgazán —protestó Ginny con el ceño fruncido—. Ya van tres veces que lo sancionan por llegar tarde a los entrenamientos.
A pesar de las apuestas que había en su contra, James Sirius Potter había conseguido varios EXTASIS al salir de Hogwarts, sin embargo decidió rechazar los consejos de la abuela Molly sobre unirse al Ministerio de Magia, pues solo existía una profesión que le interesaba de verdad: Quidditch. Cuando informó a la familia que había conseguido una plaza en el Puddlemere United, nadie se mostró sorprendido, después de todo era él quien había sido aceptado en el equipo de Gryffindor desde su segundo año, nombrado capitán cuando estaba en quinto y ganado todos y cada uno de los partidos amistosos que se celebraban cada verano en el jardín de la Madriguera.
—Kreacher ha despertado al amo James, como ordenó —anunció el elfo entrando de nuevo en la cocina. James iba detrás con el oscuro cabello revuelto, los ojos hinchados y una mueca de fastidio imposible de ocultar.
—Hay maneras más bonitas de despertar a la gente —gruño mientras le daba un sorbo a su jugo—. ¡Imagínate abrir los ojos y que lo primero que veas sea esa cara fea y arrugada a unos centímetros de ti!
—El primogénito insolente está ofendiendo a Kreacher… Mocoso malcriado, siempre complicando el trabajo del pobre Kreacher… Kreacher espera que un día se rompa el cuello con una de esas pelotas que tanto le gustan… Si, Kreacher espera…
—Ya, Kreacher —dijo Ginny. El elfo hizo una exagerada reverencia y continuó sirviendo el desayuno—. Y tú, ¿Qué te piensas levantándote hasta estas horas? El entrenador está muy angustiado por el próximo partido, James.
—Todo está controlado —dijo el aludido metiéndose a la boca un enorme trozo de tocino—. No tienes de que preocuparte, la próxima crónica que escribas en El Profeta será sobre cómo el Puddlemere United resultó campeón gracias a la actuación de su increíble cazador: James Sirius Potter.
—No si sigues llegando tarde —dijo Ginny severamente, aunque Albus notó como sus labios se curveaban en una ligera sonrisa—. Todo esto pasa porque regresas a la casa en la madrugada, ¿por qué tardaste tanto anoche?
—Pregúntale a los imbéciles de sus amigos —dijo Lily Luna Potter entrando en la cocina—. Buenos días.
—Buenos días, cielo. Ya te dije que no me gusta que hables así de los amigos de tu hermano.
—Es lo que son —repuso Lily encogiéndose de hombros. Se sentó al lado de su madre y luego se apartó el largo cabello pelirrojo de la cara.
—Entérate, entrometida. Anoche estaba con Alice, no con ellos —dijo James alzando las cejas.
—Si tú lo dices. Pero, no creo que Louis, Lorcan y Lysander hayan sido capaces de incendiar el pub de "La Bruja Jorobada" ellos solitos. Considerando claro, que los dueños fueron avisados por el patronus de un enorme león igual al tuyo, James.
— ¿Qué hiciste qué? —exclamó Ginny con los abiertos como platos.
—No incendiamos nada, solo se quemó parte de la barra… —balbuceó James, espantado—. Además, pagamos todos los daños y Alice si estaba ahí y… ¿Cómo demonios te enteraste?
—Tengo mis fuentes —dijo Lily guiñándole un ojo—. Kreacher, ¿puedes pasarme la mantequilla, por favor?
—Por supuesto, ama Lily —dijo el elfo obedeciendo. Luego gruñó—. La pequeña malcriada le habla a Kreacher como si Kreacher fuera su amigo… Esa chiquilla escandalosa no tiene ningún respeto por…
— ¡YA, KREACHER! —gritó Ginny sobresaltando a todos en la mesa. James se encogió en su lugar—. ¿Es que nunca va a llegar el día en el que muestres un poco de sensatez, James? ¡Es la última vez que haces algo así! ¿Entiendes? ¡La última!
— ¿Qué hiciste ahora, James?
Harry Potter acababa de entrar en la cocina.
Lily se levantó para darle un beso en la mejilla, Albus lo saludó con una cabezada, James le dirigió una mirada suplicante y Kreacher corrió hacia él apresuradamente.
— ¿El amo desea jugo de naranja con su desayuno?
—Gracias, Kreacher —dijo Harry sentándose a la mesa.
—Esos niños malcriados… Un día el amo va a enfermarse por culpa de esos tres… Kreacher lo sabe bien, si… Tan revoltosos los tres, pavoneándose por ahí como si…
—Es todo, Kreacher, gracias —dijo Harry—. Puedes retirarte.
El elfo hizo una exagerada reverencia y después de dirigirles una mirada de desprecio a los tres hermanos, salió de la cocina.
—Entonces, ¿qué hiciste? —le preguntó Harry a su hijo. No parecía nada enojado, de hecho esbozó una sonrisa burlona al ver que James esquivaba a toda costa la mirada de su madre.
—No fue mi culpa. Lorcan estaba con una chica y luego Louis dijo que…
— ¿Sabes qué? Ni siquiera quiero saber —dijo Ginny masajeándose las sienes—. Vete a cambiar ahora mismo.
James terminó su desayuno rápidamente y luego salió corriendo. Lily, Albus y Harry contuvieron la risa solo para no mortificar más a Ginny. James Sirius Potter podría ser un digno Gryffindor, valiente y temerario, pero cuando se trataba de los regaños de su madre… Bueno, Albus incluso creía que el boggart de su hermano podía estar relacionado con alguno de los muchos vociferadores que había recibido durante su estancia en Hogwarts.
— ¿Ya llegó algo? —le preguntó Harry a Albus. Madre e hija ahora estaban sumidas en una conversación sobre las túnicas que tendrían que comprar antes de que Lily comenzara su sexto curso.
Albus negó con la cabeza mientras masticaba su tocino. Le hubiera gustado que dejaran de preocuparse, así tal vez él se olvidaría de que probablemente sería rechazado en la Academia de Aurores.
—Seguramente tienen muchas solicitudes que revisar y…
—Lo sé, lo sé —dijo Albus encogiéndose de hombros—. Estoy bien.
Unos minutos después, cuando todos habían terminado de desayunar, Ginny apuntó con su varita a los platos sucios, que se elevaron en el aire y comenzaron a lavarse sin ayuda de nadie. Estaba desplegando nuevamente El Profeta cuando James reapareció en la cocina, bañado y con la ropa que usaba para los entrenamientos.
—Esto… Ya me voy —dijo mirando a su madre aun con precaución—. Nos vemos en la tarde.
—Llega temprano —lo previno Ginny sin despegar la vista del periódico. James asintió y luego se encaminó hacia la chimenea que estaba en la sala, suspirando de alivio—. Harry, ¿qué pasa con esto?
Le pasó el periódico a su esposo señalando la página que había estado leyendo. Tenía la misma expresión de disgusto que Albus le había visto al entrar en la cocina. Cuando su padre tomó el periódico, una expresión similar le ensombreció el rostro.
—Un ataque a muggles.
— ¿Qué? Pero, no ha habido ataques a muggles desde…
—Lo sé —dijo Harry con amargura. El ambiente se puso tenso de inmediato y Albus y Lily intercambiaron una mirada inquieta. Estaban hablando de eso, del tema que toda la familia evitaba mencionar si era posible.
La guerra que se había desatado en el mundo mágico hace veintiséis años había dejado cicatrices muy profundas en las personas. Tanto era así, que ellos, los hijos de Harry Potter, no conocían la versión completa de los hechos. Cuando eran más pequeños, ellos y sus primos solo habían escuchado de la dichosa guerra para entender la ausencia del tío Fred; sin embargo, cuando llegaba el momento en el que alguno debía entrar a Hogwarts, era imposible seguir ocultando la importancia que había tenido su familia en aquel acontecimiento.
Los alumnos (e incluso algunos profesores) los bombardeaban con preguntas y alabanzas que ellos no alcanzaban a entender. Era entonces cuando la familia les explicaba que Harry Potter no solo había luchado con valentía en aquella guerra, sino que había sido el elemento principal en la destrucción del propio Lord Voldemort y que la familia Weasley lo había ayudado. Luego, les hacían prometer que no contarían nada a los miembros más pequeños de la familia, asegurándoles que todos esos secretos eran por su bien.
Albus todavía recordaba su primer día en Hogwarts, cuando sus compañeros de Slytherin habían comenzado a cuchichear a sus espaldas mientras él intentaba disfrutar su cena. No era estúpido, sabía muy bien que su padre era reconocido por haber sido el primer mago en sobrevivir a una maldición asesina… El monumento que había en la plaza del Valle de Godric y la placa que había en la antigua y destruida casa de sus abuelos, lo decían. Pero, no entendía porque tanto alboroto…
Fue entonces cuando Scorpius Malfoy se sentó a su lado (con el tiempo Albus comprendió que lo hizo porque no tenía más opción, ya que nadie parecía dispuesto a hablarle) y el muchacho le reveló accidentalmente el secreto que su familia con tanto esmero había guardado.
—Era de esperarse —le dijo cuándo Albus mencionó los cuchicheos de sus compañeros—. ¡El Sombrero envió aquí al mismísimo hijo de Harry Potter! Eso no se ve todos los días. Slytherin, casa del Señor Tenebroso y hogar del hijo del Elegido, quien lo venció… ¡No me extraña que hablen a tus espaldas, Potter!
— ¿Qué?
Obviamente lo primero que hizo al salir del Gran Comedor fue buscar a James y exigir una explicación. Estaba al borde de la escalera de mármol con Rose, y cuando Albus le contó todo lo que le había dicho Scorpius Malfoy, su hermano solo pudo pronunciar dos palabras:
—Maldito hablador.
Después claro, Harry le había explicado sus razones para ocultar que durante su juventud había vencido al mago más tenebroso de todos los tiempos. Albus solo recordaba haber asentido en silencio mientras escuchaba la historia "oficial", preguntándose interiormente cuantas cosas más desconocía sobre Harry Potter, su padre.
—Los encontraron en su casa. Los vecinos asumieron que fue una fuga de gas, pero… Bueno, nosotros sabemos que eso no es verdad —contó Harry, sacando a Albus de sus pensamientos—. Era una joven pareja.
—Pero… ¿por qué? —preguntó Ginny preocupada.
—No lo sabemos. No tenían ningún contacto con el mundo mágico y parecían personas tranquilas.
—Pero, no pueden asesinar a alguien así nada más —comentó Lily pensativa—. Debieron dejar algo, alguna rastro o…
—No. Ayer fui con Ron a revisar la casa y no encontramos nada. Quien quiera que fuera, sabe cómo ocultar sus huellas.
—Se te hace tarde, Harry —comentó Ginny mirando a su hija de soslayo. Albus sabía muy bien que no le gustaba que alguno de sus hijos mostrara interés por el peligroso trabajo de su padre. La decisión de convertirse en Auror había traído consigo muchos reclamos y sermones para Albus, sin embargo, al final Ginny Potter había tenido que aceptar la profesión escogida por su hijo, aunque no estuviera nada complacida por ello.
—Cierto —dijo Harry levantándose. Le dio un beso en la coronilla a Lily, uno en los labios a su esposa y luego le palmeó el hombro a Albus—. Si llega algo, me avisas.
—Claro —dijo Albus con un suspiro.
—Yo también me voy —anunció Ginny poniéndose de pie—. Esos escritores nuevos no saben reconocer entre una quaffle y una snitch. Si siguen así los enviaré a la sección de chismes con Rita Skeeter.
— ¿Puedo ir hoy a casa de Cécille? —preguntó Lily.
—Por supuesto —dijo Ginny despidiéndose de ambos con un beso.
Sus padres salieron de la cocina y luego ambos fueron tragados por las llamas verdes de la chimenea. Lily se levantó de la mesa, estirando los brazos.
—Voy a ir por el regalo de papá, ¿necesitas algo del Callejón Diagon?
—Creí que ibas a ir a casa de tu amiga —dijo Albus sonriendo.
—Bueno, no iba a decir eso delante de papá, ¿verdad?
—Cómo si él no supiera que le vamos a comprar algo para su cumpleaños —repuso Albus—. Todos los años, cuando vamos a la Madriguera…
—Eres un aguafiestas —dijo ella con los ojos en blanco—. Ten un poco de alegría, Albus. Tu admisión a la Academia de Aurores llegará pronto, pero mientras tanto, relájate. Deberías salir un poco o algo. Pareces un ermitaño aquí encerrado todo el día.
—No soy un ermitaño.
—No, tienes razón. Seguro Kreacher es una estupenda compañía.
—Cierra la boca —gruño Albus, aunque esbozó una sonrisa—. El pobre elfo ya nos odia lo suficiente.
—No es nuestra culpa —comentó ella encogiéndose de hombros—. Éramos unos bebés cuando "complicábamos su trabajo", como él dice. Está viejo, es lo que pasa… Tú acabaras igual si te la pasas aquí metido todo el día.
Albus iba a replicar cuando las llamas de la chimenea se encendieron nuevamente. Ambos hermanos se encaminaron hacia la sala a tiempo para ver cómo Rose y Hugo Weasley se sacudían los restos de hollín de la ropa.
—No estoy diciendo que el viejo Kreacher no haga su trabajo, pero… —dijo Hugo, limpiándose las manchas de la cara—. No sé, cada vez que vengo aquí terminó igual que un escarbato luego de haber hurgado entre la tierra. Sin la satisfacción de haber encontrado oro, claro.
— ¿Sabes? Podrían caminar hasta aquí y tocar la puerta —dijo Lily cruzándose de brazos—. No es como si vivieran al otro lado de Gran Bretaña.
—Al otro lado del pueblo, sí.
—Al otro lado de la calle, dirás —dijo Albus.
Los cuatro se rieron.
De todos los primos que tenía, Albus consideraba que Rose era la más cercana a él, así como Hugo era él más cercano a Lily. Tal vez tenía que ver con la amistad inquebrantable que había entre sus padres o con el hecho de que ambas familias vivieran a escasos metros de distancia. Los dos hermanos tenían la misma mata alborotada de cabello pelirrojo y en ese momento, intentaban sacarse las manchas negras de la ropa.
— ¿A dónde vas? —preguntó Hugo al ver que Lily se metía en la chimenea.
—Con Cécille.
—Está bien, Lily, no creo que haya necesidad de mentir. Hugo te puedo acompañar por el regalo de papá —dijo Albus mientras se dejaba caer en un sofá junto con Rose.
—Ah, claro —dijo Lily. Se mordió un labio y luego bufó—. ¿Vamos, Hugo?
—Por supuesto —dijo él entrando también en la chimenea. Antes de ser tragados por las llamas color esmeralda, Lily exclamó:
— ¡Por favor saca a Albus de la casa, Rose! ¡No tardan en salirle hongos!
—Insoportable —murmuró Albus cuando su hermana hubo desaparecido. Rose soltó una risita.
— ¿A dónde iba realmente Lily, eh?
—A donde dije: El Callejón Diagon, por el regalo de papá, ¿por qué?
—No, nada —repuso Rose, aunque torció la boca—. Por cierto, Albus, ¿ya…?
—No, aun no llega nada —dijo el muchacho recargando la cabeza en el borde del sofá—. Las únicas lechuzas que han cruzado la ventana son de Scorpius. A él tampoco le han respondido todavía.
—No tienes por qué preocuparte—dijo Rose sonriendo—. Estoy segura de qué pronto…
—Todos dicen lo mismo —suspiró Albus.
—Lily tiene razón. Deberías salir y distraerte—se puso de pie y luego tiró del brazo de Albus—. Vamos. Daremos una vuelta por el pueblo.
El muchacho gruñó.
— ¡Levántate ahora mismo, Albus Severus!
Después de unos cuantos reclamos, Albus decidió hacerle caso a su prima y salir a tomar aire. El sol ya había inundado por completo el Valle de Godric y mientras caminaban, las personas que iban y venían les daban los buenos días.
— ¿Qué me dices de ti? —preguntó Albus mientras cruzaban la plaza—. ¿Tuviste noticias sobre el programa ése?
Para su sorpresa, Rose se sonrojó.
—Sí.
— ¿De verdad? ¿Qué pasó?
Su prima se sacó un pequeño sobre del bolsillo. Tenía un sello de color azul y ya estaba abierto.
—Llegó esta mañana. No sabía si… Oh, bueno. Me aceptaron —confesó con las orejas rojas, aunque Albus notó como torcía una ligera sonrisita orgullosa —. Estoy dentro del Programa Nacional de Investigación Histórica de la Magia.
— ¡Es increíble, Rose! ¡Sabía que lo harías! ¿Por qué no me habías dicho nada?
—Llegó esta mañana —repitió ella, aunque esquivó su mirada—. Además creí… Bueno, pensé que tu carta de admisión también habría llegado ya y… Yo no quería que…
—Eso no tiene nada que ver —repuso Albus deteniéndose—. ¡Estoy feliz por ti!
— ¿De verdad?
— ¡Por supuesto! Es un honor entrar a ese programa y es dificilísimo. El profesor Binns no paraba de hablar de ello, ¿verdad? Nadie más que tú merecía entrar.
—Gracias —dijo ella, aun con las orejas rojas. Un muchacho que vendía pan pasó junto a ellos y los saludó con la mano—. No tienes idea de lo nerviosa que estaba, Albus.
—Me imagino —dijo él retomando su camino. Aunque era verdad lo que había dicho y estaba feliz por su prima, sintió una ligera presión en el estómago al pensar en la Academia de Aurores—. ¿Qué dijeron tío Ron y tía Hermione?
— ¡Ni me lo recuerdes! Deberías haberlos escucharlos… "Rosie, sabíamos que lo lograrías. Siempre lo haces", "Tienes el cerebro de tu madre, siempre lo he dicho", "La bruja más inteligente de su generación, sin duda". Están insoportables.
—Están orgullosos. Igual que todos —dijo Albus encogiéndose de hombros. Las orejas de Rose se pusieron tan coloradas que podrían haberse confundido con su cabello—. Deja de sonrojarte, Rosie. El chico del pan aún te está mirando.
—Oh, cállate —dijo ella golpeándole el hombro.
Atravesaron la calle frente a la iglesia y más personas los saludaron, Albus distinguió entre ellos a un muchacho de Hufflepuff menor que ellos. En el Valle de Godric seguían existiendo muchas familias de magos que convivían con los muggles diariamente sin que ellos se dieran cuenta.
—Hablando de eso… —murmuró Rose metiéndose las manos en los bolsillos—. Estuve hablando con Ned.
Albus se detuvo súbitamente.
— ¿Goldstein?
—Si —continuó Rose, como restándole importancia—. El director del programa nos envía una lista con los nombres de nuestros compañeros y… Bueno, Ned entró también. Me envió una lechuza para felicitarme y…
—Ya, saliste otra vez con él —adivinó Albus continuando su camino.
—No tiene nada de malo, Albus —dijo ella rápidamente. Soltó un pequeño bufido.
—No, no lo tiene.
—No importa que no te guste, es un buen chico.
—Has salido con él toda la vida, desde… —Albus se puso a recordar— ¡Tercer año, Rosie! Estábamos en tercero cuando comenzaste a salir con él y no funcionó. Le has dado millones de oportunidades más y él sigue…
—Simplemente no se han dado las cosas —dijo ella soltando otro bufido—. Además, no es el único chico con el que he salido. No es como si hubiera estado con él toda la vida.
—Siempre vuelves con él. Es lo mismo. Además, es mayor.
—Un año solamente. Empiezas a sonar como mi papá —dijo ella rodando los ojos—. Fue prefecto de Revenclaw, es inteligente, amable, caballeroso…
—Es aburrido.
— ¡Albus!
—Lo es —dijo él aguantando la risa—. Pero, supongo que si a ti te gusta, no hay nada que yo pueda hacer.
—A mí tampoco me agradaba Casey Pucey y aun así te pasabas todo el día besuqueándola —repuso ella alzando las cejas.
—Ni me lo recuerdes —gruñó el muchacho—. Pero, fuera de esos celos irracionales que tenía, era bastante guapa, ¿no? Aunque demasiado halagadora.
— ¿Cómo alguien puede ser demasiado halagadora?
—No lo sé, pero ella lo era. Se la pasaba todo el día adulándome, como si fuera no sé qué… ¡Vaya! Para ella yo no tenía ningún defecto.
—Entonces, ¿a ti te gusta que te critiquen? —preguntó Rose con una risita.
—Me gusta que las personas sean francas conmigo —la corrigió Albus.
Se rieron y luego dieron vuelta en una esquina, atravesando la calle por dónde unos niños jugaban a la pelota. Habían llegado sin darse cuenta a una zona del pueblo por la que Albus casi nunca caminaba… Estaba tan acostumbrado a ver el dolor que ensombrecía el rostro de su padre cada vez que pasaban por ahí, que había decidido (aunque inconscientemente), evitar esa parte del Valle de Godric.
Lo que alguna vez fue la esplendorosa casa de Lily y James Potter, se alzaba frente a ellos.
— ¿Te enteraste del ataque a muggles? —preguntó Rose observando la casa en ruinas.
Albus asintió y desvió la vista. No le gustaba para nada estar ahí, dónde la historia de su padre había comenzado, dónde Lord Voldemort le había arrebatado lo que debió haber sido una vida feliz y tranquila… Claro, eso era lo que decía la gente. Después de todo, Albus solo conocía la historia "oficial" de Harry Potter.
—Papá y mamá apenas lo mencionaron. No querían hablar de eso —dijo Rose con una sonrisa amarga—. Al parecer, es el primer ataque a muggles desde que se terminó la guerra. Lo hicieron por protegernos, Albus. Lo del secreto y eso —añadió, adivinando los pensamientos de su primo.
— ¿Cómo puedes proteger a alguien haciéndolo ignorante de su realidad?
—Ellos sufrieron de una manera que nosotros jamás podremos entender, supongo.
Alzó la vista.
La casa de sus abuelos tenía el piso superior completamente destruido, los vidrios estaban rotos y la maleza del jardín le daba un aspecto terrorífico. Albus se preguntó si las memorias de su padre estarían tan dañadas por la tristeza y el dolor como esa casa; si la cicatriz que Harry Potter tenía en la frente era solo uno de los muchos recuerdos que le ensombrecían el rostro de vez en cuando; si la razón de que su padre se despertara a mitad de la noche serían las pesadillas producidas por el rayo de luz verde que lo golpeó en esa casa, hace ya tantos años…
Albus se lo preguntaba, pero no podía saberlo en realidad.
—Jamás podremos entender porque nunca se molestaron en explicarnos.
Cambió su expresión rápidamente y se dedicó a hablar de temas banales con Rose mientras volvían a la casa. Le pediría a su prima que lo ayudara a limpiar su habitación. Lo mejor era tener la mente ocupada… No quería acordarse de que cuando Harry Potter envió su solicitud a la Academia de Aurores, la respuesta había llegado casi al instante y la suya en cambio, no parecía dispuesta a llegar nunca.
Hola estimados lectores! Me alegra tenerlos en otro capítulo de este fic. Un salto en el tiempo muy grande, lo sé. Pero ultramente necesario. En este capítulo presente a varios de los personajes que conviven con Albus Potter, especialmente a uno que, personalmente, me encanta: James Sirius. No se preocupen, los demás primos Weasley aparecerán pronto y todos tendrán un lugar en la historia.
Por otro lado, conté la historia de cómo se manejo todo lo del "Elegido" con los nuevos miembros de la familia. Para mi, los Weasley y Harry sufrieron tanto que les es difícil hablar del tema. Además en el epilogo que J.K. nos presentó, Albus no sabe porque todos ven tanto a su padre...
Anyway, reviews plis! Gracias por leer.
