Un Par de Lechuzas.
La mañana del 31 de Julio Albus se despertó con el ruido de un picoteo golpeando su ventana.
Sobresaltado, se levantó rápidamente, tropezando con las mantas que se le enredaron en los pies. A trompicones llegó hasta el otro lado de su habitación y una ola de triste decepción lo invadió cuando reconoció a la enorme lechuza negra que estaba parada en el alféizar.
—Hola, Apolo.
La lechuza de Scorpius Malfoy extendió la pata con aburrimiento cuando Albus abrió la ventana. En cuanto el muchacho extrajo el pedazo de pergamino que llevaba atado, el animal desplegó las alas y lentamente emprendió el vuelo hacia el horizonte.
Albus se dejó caer en la cama con un suspiro y rasgó el sello que había en la carta de su amigo.
Albus:
No, no estoy histérico todavía. Sigo creyendo que la demora de nuestras admisiones se debe únicamente a qué los estúpidos directivos no han terminado de revisar las solicitudes pendientes.
¡Tienes que calmarte! No tendrían por qué rechazarnos, es decir… ¡Nos matamos para los EXTASIS, viejo! Conseguimos todos los que nos pidieron. Además, fui el mejor cazador que Slytherin tuvo en siglos y tú el mejor buscador, mi capitán. Eso debe contar para algo, ¿no? Tienes que ser positivo o comenzaras a ponerme nervioso. Mientras no llegué una carta de rechazo, hay que mantener la calma.
Y claro que acepto tu invitación a la Madriguera, lo sabes muy bien. Hace mucho que no veo a Jimmy, seguro me extraña.
Debiste ver la cara de mis padres cuando les dije que iba al Callejón Diagon para comprarle un regalo a Harry Potter. A papá le encantó la idea.
Nos veremos ahí, entonces.
Scor.
Albus se preguntó cómo es que su amigo podía aparentar tanta calma… ¡Él sentía que en cualquier momento moriría de ansiedad!
Era el último día del mes. Ninguna carta procedente de la Academia de Aurores había llegado al Valle de Godric. No había dejado solicitud en ningún otro lado. No tenía ni idea de qué haría con su vida si los directivos decidían rechazarlo. Y el solo hecho de pensar que nunca llegaría a convertirse en auror… En esos momentos, Albus Severus Potter se sentía la persona más miserable del mundo.
Decidido a ocupar su mente en otra cosa, se vistió y bajó las escaleras. En la cocina encontró a su madre, a Lily y a Kreacher preparando el desayuno con inusual esmero.
—Toma —le dijo Lily entregándole una bandeja llena de pastelillos recién horneados—. Llévalos a la mesa.
—Buenos días para ti también —gruñó Albus. Le dio un beso en la mejilla a su madre y luego obedeció a su hermana.
—La tarta de melaza está lista, ama —anunció Kreacher sacando del horno un recipiente plateado que luego dejó en la mesa.
—Gracias, Kreacher —dijo Ginny con una sonrisa. Con un movimiento de varita hizo aparecer unas cuantas velitas de cumpleaños que se acomodaron encima de la tarta.
—Buenos días —saludó James entrando en la cocina. Le dio un empujoncito a Lily, golpeó a Albus en el hombro y luego besó a su madre—. Te ves bellísima en las mañanas, mamá.
—Digas lo que digas, no se me olvida que anoche volviste a llegar tarde —le advirtió Ginny mientras acomodaba los cubiertos—. Mientras vivas en esta casa tienes que respetar las reglas, James.
— ¿Qué dices? ¡Claro que respeto las reglas! Yo…
— ¡Feliz cumpleaños, papá! —exclamó Lily de repente.
Harry Potter apenas había puesto un pie en el umbral cuando su hija se abalanzó sobre él y le besó la mejilla con entusiasmo. Cuando al fin lo soltó, Albus y James se aproximaron para abrazarlo.
— ¡Merlín, ya estás muy viejo! —le dijo James torciendo una sonrisa—. Tienes más arrugas que Kreacher.
—Kreacher le desea al amo un feliz cumpleaños —dijo el elfo con una reverencia. Se incorporó y miró a James con desprecio, mientras el muchacho le hacía muecas burlonas detrás del hombro de su padre.
—Gracias —dijo Harry sonriendo—. ¿Es tarta de melaza lo que huelo?
—Pensé que te gustaría —dijo Ginny acercándose. Lo beso de lleno en la boca mientras sus hijos tomaban asiento alrededor de la mesa. Lily los miró con una sonrisa y James fingió que vomitaba.
— ¡Venga, tengo hambre!
Albus se rio y luego sacó su varita. Apuntó hacia la tarta de melaza y encendió las velitas de cumpleaños.
—Pide un deseo, papá.
Harry suspiró y antes de apagar las velas, admiró a su familia.
Mientras Ginny les servía pedazos de tarta en sus respectivos platos, Lily le entregó a su padre el regalo que había recogido en el Callejón Diagon hace unos días y que habían comprado entre los tres hermanos: Una snitch dorada autografiada por el famoso buscador Darren O'Hare.
Después de eso, desayunaron sin prisas, disfrutando al máximo los pastelillos y la tarta de melaza. Incluso Kreacher se quedó más tiempo de lo acostumbrado en la cocina, aunque no aceptó la invitación de Harry de tomar asiento junto a ellos. Comenzaron a platicar, sin detenerse a mirar el reloj para ver si se les hacía tarde en sus diversas ocupaciones. Estaban tan entretenidos que el tiempo pareció detenerse.
Todos se rieron cuando James les contó que un compañero del Puddlemere United se había roto la pierna al confundir el reflejo de su reloj con la snitch dorada; Ginny les contó, con lujo de detalles, cómo el tío Ron había arruinado la fiesta sorpresa que le había organizado a Harry para su vigésimo cumpleaños; y cuando ya casi se terminaban todos los pastelillos, Lily realizó una imitación perfecta de la profesora McGongall retando a James.
Y todo aquello fue suficiente para que Albus se olvidara por un momento de todas sus preocupaciones.
Eran casi las siete de la noche cuando la familia Potter se apareció en el jardín de la Madriguera.
A Albus le encantaba visitar esa casa, que había sido testigo de muchas historias en la vida de toda su familia. Aunque la construcción estaba vieja y destartalada, seguía teniendo ese aire confortable y cálido, propio de un hogar. En esos momentos, había una gran mesa al lado del huerto y varias linternas flotaban en el aire, aunque el sol aún no se ocultaba detrás de las montañas del pueblo de Ottery St. Catchpole.
Lily, que era la única de la familia Potter que aún no tenía edad para aparecerse, iba tomada del brazo de Albus, pero lo soltó en cuanto vio a sus abuelos salir de la casa con los brazos llenos de cubiertos.
— ¡Oh, ya llegaron! —exclamó la señora Weasley cuando Lily fue a abrazarla—. ¡Niños! ¡Charlie! ¡Dense prisa!
Entonces aparecieron Dominique, Fred, Molly y el tío Charlie (que estaba pasando las vacaciones en casa de sus padres), y flotando detrás de ellos, cuatro enormes recipientes que se posaron con delicadeza en la mesa cuando ellos agitaron sus varitas.
— ¡Feliz cumpleaños, Harry! —dijo Charlie cuando se hubieron acercado. Le palmeó la espalda a su cuñado y luego saludó a los demás.
— ¿Te dijeron ya que te ves más viejo, tío Harry? —le dijo Fred—. Tal vez debas comprarte la poción rejuvenecedora que están anunciando últimamente en Corazón de Bruja.
—No sabía que leyeras ese tipo de revistas, Freddy—comentó Dominique mientras se ponía de puntillas para abrazar a Harry.
—Viviendo con ustedes dos, ¿Qué más puede hacer el pobre marginado? —dijo James con dramatismo—. Necesitas un compañero de cuarto, ya te lo dije, Freddy.
—Y ya te ofrecí el puesto, pero no estás dispuesto a preparar tu propia comida, Jimmy.
— ¡Cómo si tu prepararas tu propia comida! —exclamó Molly indignada —. Solo esperas a que Minie o yo estemos en la casa y te sientas cómo un rey a esperar ser alimentado.
Albus todavía no entendía cómo es que su prima Molly había aceptado compartir departamento con Dominique y Fred, porque no podía existir una persona que fuera más diferente a ellos dos. Los tres apenas rozaban los veintidós años, sin embargo, mientras Molly ya había comenzado su trabajo como sanadora en San Mungo, los otros dos seguían ayudando al tío George en la tienda de Sortilegios Weasley, y parecía que no tenían más interés en la vida que venderle productos a los niños que iban a ingresar a Hogwarts para hacer sufrir al viejo Filch.
Los recién llegados se apresuraron a ayudar a los abuelos con los preparativos de la cena, y aunque la señora Weasley insistía en qué Harry no debía preocuparse por nada (ya que la celebración era en su honor), entre él, Charlie y Fred acomodaron las sillas alrededor de la enorme mesa.
Unos minutos más tarde, cuando Albus hacía levitar dos enormes jarras con jugo de calabaza, llegaron Victoire y Teddy tomados de la mano, acompañados de Andrómeda Tonks, amiga de la familia y abuela de él.
—Creo que el matrimonio le sienta bien a Vicky —le murmuró Dominique a Albus. Estaba acomodando vasos cerca de él y cuando vio a su hermana torció una sonrisa burlona—. Es mejor que descargué su ira con Teddy y no con los demás, ¿no crees?
—Tú también deberías encontrar a alguien con quien descargar tu ira, Minie —comentó Albus con una sonrisa.
Ella arrugó la nariz y sacudió la cabeza, cómo si la sola idea de contraer matrimonio la espantara. Ambas hermanas se parecían muchísimo físicamente, y lo habrían hecho aún más si Dominique no hubiera utilizado un hechizo colorante en su cabello hace algunos años, combinando el rubio platinado (heredado de su madre) con mechones pelirrojos.
Albus todavía sonreía al recordar la cara espantada de su abuela Molly y la expresión de disgusto de su tía Fleur al ver por primera vez el cabello teñido de su prima.
— ¡Hola, familia! ¡Harry, feliz cumpleaños! ¡Te ves tan viejo que casi te confundo con ese elfo doméstico que aun guardas en tu casa!
El tío George acababa de aparecer al borde del jardín junto con su esposa, Angelina. Ambos sujetaban de la mano a Roxanne, que con apenas trece años, no podía aparecerse por sí sola. Casi al instante, el tío Percy y la tía Audrey surgieron de la nada y se apresuraron a saludar a todos los invitados, seguidos de Lucy, que a pesar de tener quince años, era bastante alta.
—Odio aparecerme —se quejó ella cuando fue a saludar a Albus—. Papá insistió porque, según él, ya era muy tarde. Pero sabe que a mamá y a mí no nos gusta.
La madre de Molly y Lucy era muggle. Sin embargo, a Albus le parecía que se adaptaba bastante bien a la situación de tener una familia llena de magos y brujas. Es más, Audrey Weasley era sin duda una de las tías más queridas por todos, ya que no acostumbraba regañar a nadie y siempre llevaba caramelos en su bolsa.
— ¿Qué pasó con el muchacho de Durmstrang, Lucy? —preguntó Lily apareciendo detrás de ellos con un plato lleno de empanadas de Cornualles.
—Me escribió ayer —dijo Lucy. Se sonrojó y comenzó a pasarse los dedos por el cabello castaño—. Tal vez salgamos el fin de semana.
— ¿Tal vez? Debes salir con él —dijo Lily rodando los ojos con impaciencia—. Recuerda lo que hablamos: No debes ponerte nerviosa. Es mejor mostrarte segura ante cualquier situación.
— ¡Ahora la enana da consejos de amor! ¿Puedes creerlo?
— ¿Quién lo diría? ¡La enana está creciendo!
Lorcan y Lysander Scamander se habían acercado sin que ellos se dieran cuenta. Su madre, Luna, estaba entregándole a Harry un paquete de forma irregular, envuelto de manera extraña. Al ver a los gemelos, Lily puso los ojos en blanco y bufó disgustada.
—Háganle un favor al mundo y metan la cabeza en el agujero de los gnomos, ¿sí?
— ¡Bonita manera de saludar a tus amigos! —exclamó Lorcan fingiendo indignación.
—Mis amigos no guardan doxys en mi armario —replicó Lily ácidamente.
— ¡Ya supéralo, por favor! —exclamó Lysander con una sonrisa—. Ni siquiera te mordieron, Lily.
—Por cierto, James nos dijo que te enteraste de nuestro pequeño accidente en "La Bruja Jorobada" y nos acusaste —dijo Lorcan cruzando los brazos—. ¿Se puede saber cómo te enteraste? ¿No será que tú también andabas por ahí esa noche?
Lily abrió la boca, pero no dijo nada y luego desvió la vista. Lysander la miró con el ceño fruncido.
— ¡Eh, vamos! —exclamó Louis Weasley detrás de ellos. Acababa de llegar a la casa junto con sus padres—. Ya déjenla que no les ha hecho nada.
— ¡Es una soplona! —exclamó Lorcan fingiendo indignación.
Louis rodó los ojos y empujó a ambos gemelos hacia el otro extremo de la mesa. Lysander todavía estaba mirando a Lily con el ceño fruncido cuando se perdieron de vista, y Albus y Lucy contuvieron la risa solo para no molestarla más.
Desde que todos eran muy pequeños, los gemelos Scamander se habían convertido en los mejores amigos de James y, por consecuencia, en el peor dolor de cabeza de Lily. Los tres solían gastarle bromas pesadas, que después eran respondidas por la menor de los Potter. Louis era el único del grupo que siempre conseguía calmar las aguas entre ellos y establecer la paz antes de que algún adulto interfiriera.
Cuando el sol empezó a ocultarse detrás de las montañas y las linternas flotantes comenzaron a salpicar de luz la Madriguera, aparecieron en el jardín Neville, Hannah y Alice Longbottom. James se alejó rápidamente de sus amigos y corrió hacia la verja.
—Señores Longbottom —dijo con una formalidad nada propia de él—. Gracias por venir.
Albus pensó que aquello era bastante ridículo porque Neville y Hannah conocían a James desde que era un niño y además, siendo profesor de herbología en Hogwarts, Neville sabía lo imprudente y escandaloso que podía ser el primogénito de los Potter. Alice debió pensar algo parecido porque sonriendo dijo:
—Basta ya, James. Deja de ponerte nervioso.
Y le tomó la mano mientras se acercaban a la enorme mesa.
Todos se disponían a tomar asiento y comenzar a comer cuando se escucharon varios "¡Crack!" al mismo tiempo. En un lado del jardín habían aparecido el tío Ron, la tía Hermione, Rose y Hugo, y al otro lado, Scorpius Malfoy con un paquete dorado entre las manos.
Fue un momento bastante incomodo, porque si bien Scorpius había visitado la Madriguera muchas veces (siempre invitado por Albus) y la mayoría de la familia había llegado a tener un buen trato con él, todavía existían varios miembros que se mostraban recios a relacionarse con cualquier persona que se apellidara Malfoy… El tío Ron, principalmente.
Scorpius inclinó la cabeza cordialmente, indicándoles que podían pasar primero. Hermione esbozó una sonrisa de gratitud, Hugo dio una seca cabezada, el tío Ron lo miró con frialdad y Rose hizo una mueca extraña, entre una sonrisa y un mohín de disgusto.
— ¡Creí que ya no llegaban! —exclamó la abuela Weasley poniendo los brazos en jarras.
—Lo siento mucho, señora Weasley —se disculpó Hermione mientras se encaminaban a la mesa. Scorpius también entró al jardín, pero se quedó un poco más atrás—. Fue mi culpa. Tuve algunos problemas en el trabajo.
A Albus le pareció que Hermione miraba significativamente a su padre y que la expresión de éste de repente se tornaba seria, pero en ese momento se distrajo porque Scorpius se acercó a él, palmeándole la espalda.
—Te ves pálido, ¿te la has pasado encerrado en tu casa todas las vacaciones, verdad? —preguntó con una sonrisa torcida.
—Tú también te ves pálido, pero supongo que es por aparecer al lado del tío Ron —replicó Albus. Scorpius borró su sonrisa.
—Buenas noches, Scorpius —saludó Harry Potter acercándose.
El muchacho rápidamente cambió su expresión y le estrechó la mano.
—Feliz cumpleaños, señor Potter.
—Oh, no debiste molestarte —dijo Harry cuando Scorpius le entregó la caja dorada que llevaba entre las manos—. Muchas gracias, pero ya te lo he dicho muchas veces: Llámame Harry.
— ¡Ahora a comer! ¡Vamos, siéntense todos! —exclamó la abuela empujando a algunos hacia la mesa—. Luna, querida, puedes sentarte por aquí… ¡Louis Weasley deja de estar jugando!... Harry, por favor, siéntate… ¡Fred! ¿Qué te dije sobre estar molestando a Molly?... Por favor, por aquí… ¡George! ¿A ti también tengo que estarte gritando?
El aludido soltó una risita burlona y luego se sentó en la mesa junto a su esposa, que lo miraba entre severa y divertida.
— ¡Niños, a comer! —exclamó dándole un empujoncito a Albus—. ¡Scorpius, que alegría tenerte por aquí! ¡Siéntate, siéntate, por favor! ¡Los quiero a todos en la mesa!
Por fin, después de algunos gritos, todos se sentaron a disfrutar la cena.
Aunque a Albus le gustaba mucho la cómoda sala de estar y la cálida cocina que había en el interior de la Madriguera, cenar en el jardín era una de las cosas que más gozaba de visitar la casa de sus abuelos. Los señores Weasley se habían visto obligados a preparar esa gran mesa cada vez que algún miembro de la familia cumplía años, porque era imposible que toda la gente que asistía a las celebraciones se acomodara en la pequeña cocina.
Albus estaba sentado junto a Scorpius y ambos devoraban las empanadas de pollo y jamón como si no hubieran probado bocado en varios días.
Al otro extremo de la mesa, Teddy hablaba con el abuelo Weasley y con el tío Charlie sobre lo difícil que había sido organizar la Copa Mundial de Quidditch del año pasado. Teddy llevaba un par de años trabajando en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos, en el ministerio.
—El estadio fue lo más difícil porque el Coliseo Romano no había sido usado nunca para algo así. Tuvimos que recurrir a cientos de hechizos ocultadores para que ningún muggle se diera cuenta. Ellos pensaban que el alboroto se debía a un concierto o algo así. Por supuesto, una de las reglas impuestas fue que los jugadores no volaran tan alto a la hora del juego...
Un poco a la izquierda de la mesa, la abuela Molly y Andrómeda Tonks hablaban con Victoire.
—… y le he insistido que me dé bisnietos, pero parece que el único interés de esta niña es trabajar.
—Eso no es cierto. Además, Teddy y yo estamos bien por ahora, abuela —decía Victoire con los ojos en blanco—. No llevamos mucho de casados y queremos esperar un poco más.
— ¡Oh, pero sería tan lindo! —exclamó la abuela con un suspiro—. Todos ya son adultos y yo extraño tener a un pequeño niño rondado por la casa.
—Oh, querida Molly. Dejemos que ellos caminen a su ritmo —repuso Andrómeda—. Aunque yo tampoco me quejaría si me dieran un bisnieto, Vicky.
En medio de la mesa, varios de sus primos discutían respecto a las relaciones amorosas.
—… Samantha Perkins, una belleza —decía Louis con una sonrisa—. Lástima que su novio la descubrió besándome.
—Eres un cretino —dijo Molly mientras se servía más jugo de calabaza. A su lado, Dominique asintió enérgicamente.
—Sí, y tenía amigos que me apoyaban, pero ahora… —Louis miró a James y a Alice con una mueca—. Ahora Jimmy pone cara de estúpido cada vez que ella se le acerca.
— ¡Púdrete! —le dijo James frunciendo el ceño y apretando más la mano de su novia.
—Todavía no entiendo cómo es que alguien tan linda como tú terminó con alguien como él —le dijo Roxanne a Alice.
—Porque, mi querida Roxanne, Alice es medio ciega —comentó Lorcan con una sonrisa torcida—. Es la única explicación razonable a por qué aceptó salir con mi amigo.
—Perdimos a James, a Teddy y a Vicky al mismo tiempo… —suspiró Fred.
—A Rose —murmuró Hugo mientras masticaba una pierna de pollo.
Su hermana lo miró con ojos asesinos.
— ¿Estás saliendo con alguien? —preguntó Dominique emocionada.
Rose asintió y desvió la vista nerviosamente hacia el otro extremo de la mesa, donde su padre entablaba conversación con Neville y Hannah.
—Se llama Ned Goldstein.
— ¡La perdimos también! ¡No puede ser! —exclamó Fred haciendo un gesto dramático. Todos se rieron.
— ¿Goldstein? ¿El prefecto estirado de Revenclaw que una vez nos quitó puntos por jugar snap explosivo en los pasillos? —le murmuró Scorpius a Albus.
—El mismo —respondió él haciendo una mueca—. Ya había salido con él otras veces. Siempre regresan.
—Oh —dijo Scorpius sirviéndose más puré de patatas.
— ¿Qué me dices de ti, Albus? —preguntó Roxanne, inclinándose hacia adelante en la mesa—. ¿Te perdimos también?
—No, y nunca lo harán —dijo Albus fingiendo seriedad.
—Eso mismo decía tu hermano… ¡Y ahora míralo! —exclamó Lorcan apuntando a su amigo con el dedo. James había pasado un brazo por el hombro de Alice y le acariciaba distraídamente sus rizos rubios.
— ¿Y tú, Scor? —preguntó Dominique mientras le pasaba varias cervezas de mantequilla a sus primos.
— ¡Minie! Estamos pasándola de lo lindo aquí, no tienes que involucrar a gente no deseada en la conversación —gruño James dándole un trago a su botella.
— ¡James!
— ¡Jimmy, me estaba empezando a preocupar! No habías hecho ningún comentario sobre mí desde que llegué —comentó Scorpius con una sonrisa burlona—. No te preocupes, Minie. Tu primo aún no supera que Emily Parker me haya preferido a mí antes que a él.
Entre los miembros de la familia que se mostraban recios a aceptar a Scorpius cómo amigo de Albus, estaba James.
Durante su estancia en Hogwarts, ambos se habían visto involucrados en varias disputas y rivalidades, no solo por Emily Parker (una muchacha muy guapa de Hufflepuff que solía salir con los dos al mismo tiempo), sino porque ambos eran cazadores estrella en sus respectivos equipos de quidditch. Además, Albus pensaba (aunque nunca lo había dicho en voz alta) que su hermano le guardaba un poco de rencor a Scorpius por haberse convertido en su mejor amigo: Mientras ellos dos sobrellevaban la vida en Slytherin, James estaba en Gryffindor sin poder guiar a su hermano menor por Hogwarts, como le habría gustado.
—Me importa una grajea Emily Parker. De todos modos, tu galantería no te sirvió de mucho en el último partido de quidditch que jugamos. No te deje tocar la quaffle ni una sola vez.
—Ya, James —le dijo Lily con un resoplido—. ¡Pareces un niño!
— ¿Y tú por qué lo defiendes?
—Porque lo amo. De hecho, nos vamos a casar mañana por la tarde —dijo Lily lanzándole una mirada cómplice a Scorpius—. Deberías ser el padrino, James.
— ¡Que divertida eres, hermanita! —resopló el muchacho. Alice le dio un beso en la mejilla para que se calmara—. Sabes muy bien que tus relaciones amorosas siempre deben ser aprobadas por mí.
— ¿Quién dijo eso? —exclamó Lily indignada—. ¡Para tu información, yo puedo salir con quien se me dé la gana!
— ¡Venga, ya! Hablemos de otra cosa —dijo Lysander de repente. Todos asintieron, seguramente pensando que era mejor cambiar de tema antes de que Lily y James comenzaran una verdadera pelea.
Se enfrascaron entonces en una charla sobre el próximo concierto de "Los cuernos de Erumpent", la banda musical del momento. Albus apenas estaba escuchando la sugerencia de Alice respecto a cómo conseguir entradas, cuando otra conversación llamó su atención.
—… no desde Voldemort, al menos.
Sin poder evitarlo, desvió la vista hacia la punta de la mesa, donde la tía Hermione hablaba con su padre y el tío Ron. Parecía muy enojada.
— ¡Hermione! —murmuró Ron volteando hacia los lados para asegurarse de que nadie la hubiera escuchado. Albus hecho la cabeza hacia adelante y fingió prestarle atención a la conversación de sus primos.
—Ya, lo siento —dijo ella y se pasó una mano por el cabello—. ¡Es que es una verdadera locura! No pueden hacer eso.
—Solo son rumores… —le dijo su esposo, aunque no parecía muy convencido de ello.
—Sí, pero esos rumores vienen de algún lado —comentó Harry seriamente—. ¿Tienes alguna idea de quién podría querer reestablecer la Comisión de Registro de Hijos de Muggles?
Albus aguzó más el oído.
—Bueno, si —dijo Hermione mordiéndose el labio—. Es por eso que llegamos tarde. Estaba en la oficina hablando con Miranda Savage, empezó a trabajar hace poco en mi departamento y… Creo que ella es la que quiere armar de nuevo la comisión, Harry.
— ¿Savage? ¿No es hija del auror que falleció hace poco?
—Sí, esa misma —dijo Hermione.
— ¿Por qué querría la hija de un auror armar de nuevo toda esa porquería? —preguntó Ron entrecerrando los ojos.
—Es lo que yo me preguntó —suspiró Hermione.
—De todos modos, sean o no ciertos esos rumores, no puede hacer nada —sentenció Harry frunciendo el entrecejo—. Cualquier comisión tiene que ser aprobada por todo el Departamento de Aplicación a la Ley Mágica y tú jamás la firmarías.
—No, claro que no —dijo Hermione rápidamente—. Pero aun así, no puedo dejar de preocuparme.
— ¡Bueno, aquí está el pastel! —exclamó de repente la señora Weasley. Albus se sobresaltó y dejó caer su tenedor al suelo—. ¡Harry, cielo, ven aquí! ¡Todos acérquense ahora!
Se levantaron de la mesa y siguieron a Harry hasta el centro, donde habían colocado un enorme pastel con forma de snitch. Albus apenas se estaba levantando cuando Rose le tomó la mano y lo detuvo.
—Mamá está muy preocupada por todo eso —le murmuró al oído. Se había dado cuenta de que Albus había estado escuchando la conversación y al parecer, ella tampoco se había perdido detalle—. La Comisión de Registro de Hijos de Muggles era una horrible manera de privar a algunos de su derecho a la magia. Pasó en la época de tu-sabes-qué.
Se refería a la guerra. Albus frunció el ceño, preguntándose por qué alguien querría volver a vivir algo como eso.
En ese momento, todos comenzaron a cantar "Feliz cumpleaños", Harry sopló las velitas del pastel y James, los gemelos Scamander y Louis lanzaron al cielo chispas doradas con sus varitas. Después, a Albus y a Rose les fue imposible seguir hablando del tema.
Pasaban la una de la madrugada cuando Albus y su familia llegaron a su casa en el Valle de Godric. Todos estaban exhaustos, pero felices, igual que siempre después de una reunión familiar.
Rápidamente, Ginny envió a todos a dormir: Le dio un empujón a James para que subiera las escaleras y luego ella misma subió para ayudar a Lily a buscar un par de mantas.
Harry Potter lucía una expresión de júbilo cuando se dejó caer en el sofá que había en la sala de estar. Aunque repetían la misma rutina año con año, a Albus le parecía que su padre nunca se cansaba de la sencilla celebración que se organizaba para festejar su cumpleaños. Siempre parecía feliz, casi encantado de tener a toda la familia reunida en el jardín de la Madriguera. Albus incluso podía notar un resplandor extraño en esos ojos que tanto se parecían a los suyos, como si su padre agradeciera infinitamente poder disfrutar un año más de vida junto a sus seres queridos.
— ¿Todo en orden? —le preguntó Harry sacándolo de sus pensamientos.
—Solo pensaba en qué mañana tienes que trabajar y estarás algo cansado, ¿no?
—Algo, si —admitió Harry, pero sonrió—. Sin embargo está bien. No hubiera cambiado este día por nada del mundo, ¿sabes? Con el tiempo aprendes a apreciar las pequeñas cosas que te rodean y a todas las personas que están contigo.
Albus iba a preguntarle por qué le decía todo aquello cuando un ulular sobresaltó a ambos.
Una lechuza marrón estaba parada en el alféizar de la ventana. Albus se levantó de un salto y la dejó pasar. El animal estiró la pata para que le desataran la carta que llevaba y cuando el muchacho lo hizo, salió volando por la ventana.
Era un sobre amarillento y grueso, estaba sellado y dirigido a Albus.
— ¡Es de la Academia de Aurores! —exclamó Harry levantándose rápidamente—. ¡Usan ese tipo de sellos!
Albus alzó el sobre que tenía entre las manos y lo acarició con nerviosismo.
Ansiaba ser auror desde pequeño, cuando su padre lo había llevado por primera vez al Ministerio de Magia. Para él, atrapar a magos tenebrosos y hacer cumplir las leyes que sus antepasados habían forjado, era el mejor trabajo del mundo, su más grande deseo y ambición. Se había esforzado muchísimo para conseguirlo; aun recordaba todas las horas en vela estudiando para sus TIMOS y después para sus EXTASIS, todos los libros que había tenido que leer, todas las pruebas que había librado… Y ahí, en ese sobre, se encontraba una respuesta que, fuese cual fuese, cambiaría su vida.
Rompió el sello.
—Diga lo que diga esa carta, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti —dijo Harry con calma.
Y de pronto a Albus lo invadió un pensamiento terrorífico, algo que había cruzado por su cabeza varias veces cuando aún estaba en Hogwarts y se enfrentaba a los bravucones que no lo querían en Slytherin. Se volvió, y con la boca seca, miró fijamente a su padre.
—Tú no tuviste nada que ver con el resultado, ¿verdad? —preguntó, pronunciando cada palabra con claridad.
Harry pareció sorprenderse. Alzó las cejas y le devolvió la mirada.
—Hijo, la Academia de Aurores no está bajo mi mando, lo sabes perfectamente. Yo ni siquiera tengo contacto con los estudiantes hasta que se han graduado de…
—Ya lo sé —repuso Albus y notó como las manos le temblaban por la emoción contenida—. Es solo que… No me gustaría que fuera porque mi apellido es Potter… He trabajado mucho por esto, ¿sabes? Y si no… Si yo no me lo hubiera ganado realmente…
—Te entiendo —dijo Harry poniéndole una mano en el hombro. Sonrió, comprensivamente—. Te prometo que ni yo, ni el apellido Potter tuvimos nada que ver con el contenido de esa carta.
Ambas miradas se encontraron y Albus supo que su padre decía la verdad.
Con el corazón palpitándole violentamente contra el pecho, desplegó la carta que había dentro del grueso sobre.
Estimado señor Potter:
Le informamos que la Directiva de la Academia de Aurores ha terminado de revisar la solicitud que envió hace unos meses. Nos complace informarle que ha sido aceptado para formar parte de la nueva generación de estudiantes en Gran Bretaña. El inicio del curso será el próximo 12 de Agosto a las ocho de la mañana. Le suplicamos se presente puntal en las instalaciones de la Academia.
Adjuntamos la lista del equipo que necesitará para sus clases.
Muy cordialmente, Craig Proudfoot
Director de la Academia de Aurores.
¡Hola! ¿Cómo están pasando el verano? Yo estoy estresada. Bien, sigamos... ¡Muchas gracias por leer este nuevo capítulo! Aquí presentó ya a la familia Weasley y a todos los adorables personajes de la tercera generación que nos dejó Rowling. Incluido a uno de mi propia invención: Alice Longbottom... ¡Por favor, díganme que opinan de ella! Y también de los demás, si los escribí bien o no, si les gustaron o no, bla, bla. Ustedes opinen.
Anyway, gracias por leer. ¡Reviews plis!
