VII
Tsunade decidió irse en ese momento, pero al día siguiente no dejaba de pensar en aquel legado que Dan le había mencionado. Investigó en antiguos pergaminos y volvió a interrogar a las criadas. En efecto, los Senju y también los Uzumaki tuvieron y tienen entre sus filas a verdaderos mártires del Ninjutsu médico. Como que más o menos entendió lo que quería decir Dan con su reclamo entonces. Lo encontró esa tarde peleando de nuevo con Biwako, pero esta vez Tsunade secundó su pedido, y ante el asombro de la esposa del Tercero, dijo que vería qué se podía hacer para la semana que viene. Así fue como inició una amistad que a los pocos meses ya se había desarrollado como enamoramiento. Al principio Tsunade fue muy directa, pero Dan parecía no dar señas de nada. Confundida, buscó el consejo de una de sus criadas, que era buena leyendo el fondo de las tazas. La predicción no fue halagüeña: las mujeres bellas nunca están contentas, y las mujeres listas nunca son felices. ¿Qué le esperaba a Tsunade, hermosa y brillante? Fastidiada, fue a comerse un ramen de carretilla. El muchacho que atendía le contó que los hombres suelen pensar que las mujeres los prefieren serios y alejados. Te ignoro porque te amo. Entendió Tsunade que la sobrades de Dan ocultaba su verdadero sentimiento. Decidió entonces ella ignorarlo cortándolo con un trato rígido. Entonces Dan empezó a buscarla, pero solo para confirmar su compromiso con el asunto médico, esperando que el ciclo Kaguya de Tsunade no afectase su estabilidad mental. Tsunade se enojó, y como toda una dignísima Senju, lo dejó plantado. Dan, apenado, preparó un hermoso arreglo floral frente a las puertas del Hospital de Konoha, donde siempre la podía encontrar. Pidió disculpas, y explicó que si su actitud le había molestado, era porque pensaba que Tsunade solo estaba interesada en la fama que le acarrearía implementar un sistema médico, pero que ya vio, gracias a los testimonios de agradecidos y no amnésicos pacientes, que su interés en el bienestar ajeno es genuino. Tsunade volvió a enojarse.
—¡Me gustas, idiota!
—¡Ah, jaja, a mí también me gustas!
Se rascó la nuca.
—Pensaba que... bueno... —Tsunade agudizó el mirar—, eras así de linda con todos, jeje...
Tsunade se conmovió. Si Dan hubiese apelado a lo que ella consideraba un rancio espíritu de pudoroso respeto por la sectarización de los clanes, lo hubiese mandado a volar. No podría andar de la mano con alguien que fuese incapaz de desafiar la vieja separación entre Clanes Superiores y Clanes Comunes.
—Bien... entonces supongo que tendremos que ser novios...
—Sí... supongo que sí.
Y Dan le dio un primer beso, como el piquete de un mosquito, que la cogió desprevenida y natural. Ella quiso más. La reunión con Hiruzen se retrasó varias veces, pero a Dan no le preocupaba tanto ya que Tsunade le transmitió sus preocupaciones sobre el aspecto médico de Konoha directamente al Tercero cuando le confesó que este era de hecho su sensei. Para cuando finalmente le pudo presentar a Dan lo hizo como su pareja, y le hablaron sobre los provechos de aplicar el Ninjutsu medico al combate ninja, lo cual agradó a Sarutobi y se comprometió a implementarlo en la próxima guerra, que estaba más próxima de lo que le gustaba admitir. De hecho, para cuando estalló esta, Hiruzen había olvidado complemente el Plan para Implementar Ninjutsu Medico en el Campo de Batalla, como había sido renombrado, perdiéndose al fondo de un viejo baúl. Fue Tsunade y Dan los que tuvieron que reescribirlo todo en una sola noche, aprovechando para corregir errores y eliminar ironías, ya que a Dan se le había perdido la costumbre de hacer copias cada noche para llevar al día siguiente desde que empezó a salir con la muchacha de cabello ambarino. Y también fueron ellos los que dirigieron su implementación y muchas veces obligaron a reacios y obstinados generales a darle cumplimiento.
Dan estuvo junto a ella cuando su madre Ise, perdida en el alcohol y el escándalo desde la muerte de su esposo (lo cual vio como un negro presagio más de un destino cruel), decidió que su tiempo en este mundo había terminado y emprendió un viaje al Bosque Secreto, antes conocido como el Cementerio Secreto Senju, para no volver nunca más.
—Estamos hechas para sufrir, hija...
Tsunade se negó a aceptar esas palabras. Se consoló en los delgados brazos de Dan, sintiendo su latir transparente, y si no fuera por él quizás no hubiera tenido la fuerza para consolar a Nawaki. La muerte de Ise, a diferencia de la del padre, pasó totalmente desapercibida, consecuencia de su deplorable estilo de vida y la buena costumbre de no hablar de mujeres en reuniones públicas. No tuvo, además, ningún logro importante ni se celebró funeral alguno. Por aquel tiempo, Tsunade descuidó los estudios y el entrenamiento ninja, entregándose a una pasión juvenil en tardes calurosas y noches frías. Fue entonces que Dan, abrazado a su busto cálido, le confesó que su dedicación por el Ninjutsu médico vino por el sufrimiento de la temprana pérdida de sus padres y su hermana mayor en la Primera Guerra Ninja, y había jurado sobre la fosa familiar que una tragedia como esa no le sucedería a nadie más nunca si él podía evitarlo. Tsunade supo que estaba, en ese instante, con el hombre de su vida. Tanto fue el embobamiento que se olvidó de su hermano por un tiempo y cuando se dio cuenta ya estaba enfermo.
