Noticias.

—Por favor cierra la puerta, Potter.

El despacho del ministro estaba ubicado en la primera planta del Ministerio de Magia, al final de un pasillo cerca de la oficina de Hermione.

Harry había visitado ese lugar muchas veces, pero jamás había visto a Kingsley Shacklebolt tan preocupado como en ese momento. El hombre se inclinó hacia adelante en su silla de cuero azulado y frunció los labios.

— ¿Qué pasó con los trabajadores que fueron heridos?

—Lesiones graves, pero tratables. San Mungo ya se encargó de eso. Serán dados de alta en unos días.

— ¿Y el hombre que murió?

—John Tedder. Era el vigilante en turno. Lo mataron… con la maldición asesina, señor. Ya he avisado a su familia.

—La maldición asesina… —repitió Kingsley frunciendo más los labios—. Nadie había usado esa maldición desde hace años, Potter. ¿Alguna idea de cómo pudo escapar Benjamin Lodge?

—No, señor —respondió Harry apretando los puños—. Nunca supimos si tenía cómplices o algo así. Hace seis años, cuando lo atrapamos y pudimos interrogarlo, él no… No nos dijo nada, señor. Quisimos darle veritaserum, pero el Wizengamot dijo que no se nos permitía administrarle…

—… Ninguna poción al prisionero, a menos que éste lo apruebe —Kingsley torció una ligera sonrisa—. Esa ley es un asco, lo sé. Yo, y muchos otros antes, hemos intentado cambiarla, pero la gente del Wizengamot aún es tradicionalista en algunos aspectos. Aun no sé cómo aceptaron que los dementores se largaran de Azkaban —se recargó en su asiento y luego suspiró—. Las cosas han estado feas últimamente: Primero el ataque a esos pobres muggles, luego el robo de la daga en el Departamento de Misterios…

—De hecho, hay otra cosa que quería comentarle —dijo Harry—. Como usted sabrá, desde que terminó la guerra, todas las familias que alguna vez estuvieron relacionadas con las artes oscuras o con los mortífagos, están siendo vigiladas. Pero, últimamente… Han estado desapareciendo, señor.

— ¿Cómo dices?

—Theodore Nott nunca fue un mortífago, sin embargo, su padre apoyó a Voldemort antes de morir, y hace unos días la familia entera de Nott salió del país sin dejar rastro. Lo mismo pasó con los Goyle y los descendientes de Macnair o Avery —Harry se pasó una mano por el cabello, preocupado—. Tengo a varios aurores buscándolos…

— ¿Crees que sus repentinas ganas de vacacionar estén relacionadas con Benjamin Lodge y la daga?

—No lo sé —respondió Harry frustrado—. Pero ya estoy trabajando en eso, señor.

—La gente de El Profeta ya se enteró del escape de Lodge —comentó Kingsley con un resoplido.

—Lo sé, mi esposa me lo dijo.

—Se hará un gran escándalo, espero que estés preparado.

—Honestamente, señor, la prensa es lo que menos me preocupa en estos momentos.

—Lo sé. Te inquieta que ese tipo pueda estar buscando venganza —dijo el ministro de manera comprensiva y de pronto, Harry recordó que la persona frente a él solía ser un miembro valioso de la Orden del Fénix que había puesto su vida en riesgo para mantenerlo a salvo en más de una ocasión—. Si estás angustiado por la seguridad de tu hijo, sabes que cuentas con mi autorización para asignarle una escolta o…

— ¿Albus con una escolta? —preguntó Harry con una sonrisa amarga.

La verdad es que no había tenido oportunidad de contarle a su hijo sobre el escape de Benjamin Lodge, porque se había pasado todo el día anterior interrogando a los trabajadores de Azkaban que estaban internados en San Mungo. Pero aun sí, Harry estaba seguro de que (aunque supiera lo que estaba pasando realmente) Albus nunca aceptaría que un par de magos corpulentos anduvieran patrullando a su alrededor.

Y no podía culparlo, lo entendía a la perfección.

—Lo vigilaré por mi cuenta, si no le molesta. De todos modos gracias, Kingsley.

—Confió plenamente en ti para resolver todo este lío, Harry —el ministro se levantó de su silla—. Ahora, tenemos que ir a una audiencia con el Wizengamot. Según me dijo Hermione, ayer apenas tuvo tiempo de planear su propuesta contra Miranda Savage y seguro nos matará a ambos si llegamos tarde.


Rose:

No sé por qué te sorprende que los profesores te quieran para ser pasante en la nueva versión de "Historia de la Magia". Sabes que escribirías ese libro mucho mejor que esa tal Batilda Bagshot.

Por otro lado, a mí también me alegra que la estés pasando bien. Aunque no sé cómo puede ser eso posible: ¡Estas en un país desconocido, rodeada de sabelotodos!

Y hablando de sabelotodos, ¿cómo está tu novio? Espero que lo haya mordido una serpiente… ¿Hay serpientes en Alejandría? ¡Es broma!

Y sobre el derrumbe que mencionas, yo creo que deberías entrar a ver el pasaje y leer esos pergaminos que nadie había descubierto… ¡No tendrás otra oportunidad! Rompe las reglas sin mí por una vez, Rosie. Te voy mi bendición.

Todo sigue bien por acá, espero que regreses pronto.

Albus.

Luego de enrollar la carta en la patita de Joey, su lechuza, Albus salió de su casa y, como de costumbre, se apareció en el callejón que había cerca de la Academia de Aurores.

Aquella mañana, su primera clase sería la de sigilo y rastreo. Todos sus compañeros ya estaban ahí cuando él entró al salón encantado que parecía un bosque.

—Albus, ¿hiciste la tarea de Ocultamiento? —le preguntó Danielle Boot acercándose a él con dificultad debido al disparejo suelo—. No comprendí la pregunta número tres.

— ¡Albus! —Scorpius se acercó corriendo. Parecía preocupado—. Debo hablarte.

—Claro. Solo le diré a Danielle la respuesta de…

—Será después —dijo Scorpius tirando de su brazo. Los dos se alejaron de ahí, dejando a la chica mascullando algo sobre la falta de cortesía de algunas personas—. Francamente, creí que estarías más alterado… ¡Yo lo estoy! No había pasado nada así en años, créeme. Esto es malo, muy malo.

— ¿De qué hablas? —preguntó Albus confundido.

— ¿Estás jugando, verdad? —Scorpius lo miró con los ojos como platos y tiró más de su brazo, para alejarlo de sus demás compañeros—. ¿Aún no lo sabes? Creí que tu padre te lo diría en cuanto… ¡Salió en El Profeta esta mañana!

Scorpius se sacó del bolsillo un ejemplar arrugado del periódico, pero justo antes de desplegarlo, éste estalló en llamas consumiéndose rápidamente.

— ¿Qué demon…?

—Entiendo que estés preocupado, Malfoy. Pero este asunto no es de tu incumbencia.

Devon Lodge se acercó a ellos, apuntándolos con su varita.

—Debí suponerlo —dijo Scorpius apretando los puños—. Seguro sabes algo sobre todo esto, ¿no? Pero, no importa. Tarde o temprano volverán a atraparlo, ya verás. Se hará justicia.

— ¿Justicia? ¿Qué sabes tú de justicia, Malfoy? —escupió Lodge acercándose más a ellos—. Si de verdad existiera la justicia, toda tu familia estaría pagando su traición en Azkaban, pudriéndose ahí igual que tu abuelo. Pero, no. En este mundo no existe la justicia, porque el cobarde de tu padre sigue libre…

Antes de que Albus pudiera reaccionar, su amigo se había abalanzado sobre Lodge, que perdió su varita luego de recibir el primer puñetazo en el rostro. Pronto todos sus compañeros se apretujaron a su alrededor para poder ver a los dos magos que peleaban en el suelo, olvidándose de la magia.

— ¡Scor! —gritó Albus intentando separarlos. Su amigo le dio un empujón y volvió a pegarle otro puñetazo a Lodge.

— ¡YA BASTA!

La profesora Carter había entrado al aula y cuando todos los alumnos se hubieron dispersado, realizó un encantamiento escudo que separó de inmediato a los dos jóvenes. Albus se acercó y tomó a Scorpius del brazo para ayudarlo a levantarse.

— ¡Fue él, profesora! ¡Malfoy comenzó todo! —Lodge se levantó del suelo y se acercó a ella rápidamente. Tenía un feo corte en el labio y la mitad de la cara hinchada—. ¡Yo no estaba haciendo nada y…!

— ¿Le digo algo, señor Lodge? No me interesa —la profesora levantó las cejas—. Los quiero a ambos en la oficina del director… ¡Ahora mismo!

Albus miró a su amigo con preocupación, pero éste solo le dirigió una sonrisa torcida (su rostro apenas tenía un ligero rasguño) y salió junto con Lodge del salón.

—Profesora, Scorpius no estaba…

—Como le dije a su compañero, señor Potter: No me interesa —la profesora Carter se paseó por el aula mirando a todos con severidad—. Quiero que entiendan que ya están en un nivel diferente de educación mágica, y que cualquier problema puede ocasionar su expulsión de la Academia de Aurores. Deben ser más maduros y no dejar que los dominen impulsos estúpidos, eso es lo que hace un buen auror. Ahora, cómo me han hecho enojar, su primer examen será programado para mañana en la mañana.

— ¿Solo porque la hemos hecho enojar? ¿Qué pasó con eso de ser maduros y no dejarse llevar por impulsos? —masculló Danielle Boot.

—Ese consejo se aplica con ustedes, no conmigo —dijo la profesora, y Albus estuvo seguro de que era la primera vez que la veía sonreír—. Ahora, pongámonos a trabajar.

Scorpius y Lodge no aparecieron durante las siguientes horas.

Pronto, el rumor de que un Malfoy había derrotado al mejor estudiante del curso sin usar nada de magia, se extendió por toda la academia. Sin embargo, parecía que la mayoría de los alumnos y profesores no se sorprendían por el comportamiento de Scorpius... Era casi como si hubieran estado esperando a que el muchacho hiciera algo mal durante su estadía ahí.

Albus, por otro lado, estaba bastante preocupado. Sabía que su amigo había hecho mal al reaccionar de aquella manera, pero Devon Lodge era tan estúpido que merecía más que un simple puñetazo en la cara.

Todavía recordaba su sexto año en Hogwarts, cuando después de un entrenamiento de quidditch, él y Scorpius habían subido a la sala común de Slytherin sin cenar y habían decidido ir a Honeyducks por algunas golosinas, aprovechando que el Mapa del Merodeador estaba a su disposición por esa noche. Todo hubiera salido bien si Devon Lodge no los hubiera descubierto merodeando junto a la estatua de la bruja tuerta que había en el tercer piso. Los tres se habían enfrascado en una violenta pelea que fue detenida por Rose (que cumplía sus rondas de prefecta, al igual que Lodge). Su enemigo jamás volvió a mencionar nada sobre aquella noche, pero Albus estaba seguro de que en medio de la pelea, Devon había vislumbrado con detalle el pasadizo que conectaba a Honeyducks con Hogwarts.

—Amortentia: La poción de amor más poderosa. Huele diferente para cada persona, según sus gustos —les decía la profesora Dench en la última hora de clase, mientras preparaba un enorme caldero lleno de esa poción—. Eso ya se los han enseñado, lo sé. Y también sé que muchos de ustedes piensan que al ser aurores, no necesitan saber cómo preparar una simple poción de amor…

En ese momento, la puerta del salón se abrió y por ella entraron Scorpius y Lodge. Un sonoro murmullo invadió a la clase y algunos se pusieron de pie para poder ver mejor los cortes en la cara de Lodge.

— ¡Por favor, Malfoy y Lodge, tomen asiento! ¿Qué les estaba diciendo? ¡Ah, sí! Aunque no lo crean, la amortentia puede serles de utilidad a la hora de la acción. Una buena ración de esto y sus enemigos quedaran paralizados al instante, actuando cómo adolescentes enamorados…

— ¿Qué te dijo Proudfoot? —le susurró Albus a su amigo, cuando éste hubo tomado asiento junto a él.

—Nada importante —Scorpius se encogió de hombros—. Nos habló sobre respetar las reglas y esas cosas. Va a enviar una lechuza a mis padres y descontará algunos puntos de mi calificación final.

— ¡Menos mal! Es decir… —Albus se rio—. Pensé que iban a expulsarte o algo así.

—Yo también, pero el profesor Harrison estaba ahí y suavizó un poco a Proudfoot. Nos tardamos un montón, pero estuvo bien. No me interesa que le escriban a mis padres, pero no quisiera perder puntos… ¿Qué pasó cuando nos fuimos?

Albus le contó sobre el examen de la profesora Carter. Scorpius soltó un resoplido.

—Te lo repito: No sé cómo alguien puede ser tan despreciable y atractiva al mismo tiempo.

—No digo que Lodge no se lo mereciera, pero tal vez no era el momento —Albus miró de reojo a su enemigo, que estaba sentado solo en un pupitre y pretendía ignorar los cuchicheos burlones de sus compañeros—. Rose tenía razón, no debemos dejar que nos provoque de esa manera.

Scorpius hizo un gesto con la mano, cómo restándole importancia al asunto.

— ¡Malfoy, Potter! ¿Están prestando atención? —los reprendió la profesora Dench—. Amortentia, amortentia… ¿Cómo puedes evitar los efectos de la amortentia, Potter?

—Esto… El antídoto está compuesto de sangre de dragón, patas de doxy secas y… —Albus admiró la poción con brillo nacarado que brotaba del caldero de la profesora y de repente, sintió cómo si su cerebro se apagara. Sus sentidos fueron adormecidos por un aroma maravilloso: Una mezcla de empanadas de carne recién horneadas, el césped que crecía en el campo de quidditch de Hogwarts y miel.

—Gracias, señor Potter, por demostrar cómo la amortentia puede entorpecernos —dijo la profesora soltando una pequeña risita—. ¡Necesito que presten atención, jóvenes!

—Pusiste cara de idiota, ¿Qué oliste? —preguntó Scorpius cuando la profesora tapó el caldero y el cerebro de Albus regresó a la normalidad.

—Nada —dijo él, intentando alejar de su mente la imagen de Lizza sujetándose el largo y oscuro cabello en una trenza, despidiendo ese característico olor a miel. Scorpius soltó una risita—. A todo esto… ¿Qué es lo que ibas a decirme antes de que Lodge se apareciera?

Su amigo suspiró con pesadez.

—Yo no quería que te enteraras de esta manera. Creí que tu padre te lo había contado todo ya…

—No sería la primera vez que me cuentas algo que mi padre ha estado ocultándome —dijo Albus con un poco de resentimiento, recordando su primera noche en Hogwarts, cuando había escuchado la historia del duelo entre Harry Potter y Lord Voldemort—. ¿Entonces?

—Estoy seguro de que tuvo sus razones, Al. Seguramente tu padre no quería que…

— ¿Vas a decirme o no?

—Hubo una fuga en Azkaban —Scorpius lo miró con una seriedad preocupante—. Benjamin Lodge está libre.


—Ni siquiera se detuvieron a escuchar todos los argumentos en contra de esa propuesta. Podría haber estado hablándoles sobre la nueva canción de Celestina Warbeck y ellos no lo hubieran notado.

—Yo vi a los de las filas de adelante bastante convencidos —dijo Ron alcanzando a su esposa a través del estrecho pasillo que había en las mazmorras del ministerio.

—Lo que pasa es que Miranda Savage los dejó impresionados —dijo Hermione de mal humor—. Y cómo la seguridad no ha estado muy bien últimamente, los miembros del Wizengamot creen que hay que retomar las viejas leyes, incluyendo esa basura del registro de muggles.

Harry, detrás de ellos, emitió un sonoro suspiro. Hermione volvió la cabeza, culpable.

—Lo siento, sé que no es culpa tuya que…

—Ya, tienes razón —dijo Harry encogiéndose de hombros.

—Por supuesto, son proyectos a largo plazo. Pero, si se aprobara la Comisión de Registro de Hijos de Muggles, comenzaría con las nuevas reformas de inmediato…

Miranda Savage acababa de dar la vuelta por la esquina del pasillo, acompañada por uno de los miembros más antiguos del Wizengamot.

— ¡Oh, aún está aquí, señora Weasley! —esbozó una sonrisa radiante y miró a Hermione—. Precisamente le estaba diciendo al señor Fellon que los argumentos que dio hoy, me parecieron impresionantes.

— ¿De verdad? —dijo Hermione apretando los dientes.

— ¡Está muchacha es encantadora, señora Weasley! —dijo alegremente el viejo Fellon—. Tiene mucha suerte de contar con ella en su departamento. Es talentosa, muy talentosa. Unos años más y tal vez podría suplantarla.

Guiñó un ojo y sonrió, para dar a entender que estaba bromeando. Sin embargo, Hermione apretó tanto la carpeta que tenía entre las manos, que ésta se dobló por la mitad.

— ¡Señor, Fellon, por favor! —exclamó Miranda Savage sin dejar de sonreír—. Yo jamás podría contribuir tanto a la comunidad mágica cómo lo han hecho los héroes de guerra. En fin, debo irme. Los demás miembros del consejo querían hablar conmigo sobre las últimas cláusulas de la propuesta.

—La acompaño, señorita Savage.

Los vieron alejarse por el estrecho pasillo hasta perderse de vista. Hermione soltó un fuerte resoplido y Ron le puso una mano en el hombro.

—No van a aprobarla… No pueden, Hermione.

—Eso espero.

—Ron tiene razón, para hacerlo, todos los miembros del Wizengamot tendrían que estar de acuerdo —repuso Harry, intentando convencerse también a sí mismo—. Debo irme. Albus ya habrá llegado de la academia y debo hablar con él… ¿Le han dicho algo a Rose?

—No, ¡Ron quería ir por ella a Alejandría! ¡Imagínate!

—Bueno, no sabemos que busca Benjamin Lodge ahora que está libre —repuso él con las orejas coloradas—. Y Rose está en ese lugar sola y sin ninguna protección…

— ¿Sabes si Draco Malfoy va a hacer algo con su hijo? —preguntó Hermione—. Después de todo, Scorpius también estaba en el Bosque Prohibido aquella noche.

—Ya me encargué de eso —dijo Harry. Ambos lo miraron sin comprender—. Se los explicaré después.

—Cómo si nos importara lo que le suceda al hijo del hurón, de todos modos —repuso Ron encogiéndose de hombros.

Harry se despidió de ellos y caminó hasta el Atrio. Había sido un día muy largo y la audiencia con el Wizengamot no había salido nada bien. Lo único que realmente ansiaba en esos momentos, era la calma y serenidad de su hogar en el Valle de Godric.

—Tenemos que hablar.

Escuchó esas palabras cuando apenas puso un pie afuera de la chimenea. Albus estaba frente a él, mirándolo con resentimiento, y entonces Harry supo que la calma y serenidad tardarían en llegar más de lo esperado.

—Supongo que ya lo sabes —dijo con seriedad.

—Scorpius Malfoy se lo dijo —le informó Ginny, que estaba sentada en el sofá con James y Lily.

—Es un maldito soplón —masculló James.

—Si no se lo hubiera dicho, Albus se habría enterado de otra manera, de todos modos —dijo Lily mirando a su hermano con desaprobación.

Albus se quedó callado y desvió la vista. Harry suspiró.

—Vamos a mi despacho.

Ambos atravesaron el vestíbulo y entraron a la habitación que había junto al comedor. Harry cerró la puerta con su varita mientras su hijo tomaba asiento en la silla que había frente al escritorio.

Cada rincón de aquel cuarto estaba iluminado por la luz que entraba de una enorme ventana. Al fondo, había un pequeño librero con viejos ejemplares y fotografías; atrás del escritorio, un mueble de madera con varios cajones guardaba los objetos peligrosos que Harry encontraba en sus misiones como auror, así como varios documentos importantes… Aquel mueble se mantenía cerrado con magia, sin embargo, en varias ocasiones James se las había arreglado para abrirlo (fu así cómo se había apropiado de la capa invisible y el Mapa del Merodeador).

Albus también había abierto aquel mueble… Una vez. Solo una vez.

—Llegaste temprano hoy —comentó Harry—. No habías comido en casa desde que entraste a la academia.

—Sí, bueno… Estuve comiendo con alguien—Albus se sonrojó y desvió la vista antes de que su padre se diera cuenta—. Hoy quería llegar temprano para hablar contigo, y Scorpius se ofreció a decírselo. No creo que a Lizza le moleste…

— ¿Lizza? —preguntó Harry con una sonrisa torcida

—No cambies el tema, papá —le advirtió Albus, recobrando la seriedad—. ¿Por qué no me habías dicho que Benjamin Lodge escapó de Azkaban? Lo sabía todo el mundo, pero yo…

Harry alzó una mano para interrumpirlo, y durante la siguiente media hora se dedicó a explicarle todo sobre el escape de Lodge, incluyendo el interrogatorio que tuvo que hacer a los trabajadores de Azkaban que estaban internados en San Mungo y la muerte de John Tedder, el guardia que vigilaba la prisión esa noche.

— ¿Entiendes? No es que quisiera ocultártelo, pero fueron las circunstancias. Iba a decírtelo, hijo.

— ¿Qué va a pasar ahora? —preguntó Albus, intentando no sonar preocupado. Había conocido a Benjamin Lodge durante un año solamente, y eso le había bastado para saber que era un mago muy habilidoso… Un mago muy habilidoso que había sido encerrado en Azkaban por su culpa.

—Kingsley me habló de una escolta…

— ¿Qué? Por supuesto que no quiero…

—Lo sé —dijo Harry esbozando una ligera sonrisa—. Pero, debes estar consciente de que no sabemos que es lo que quiere Lodge y no podemos arriesgarnos. Un par de aurores estarán vigilando los lugares que frecuentas, por si hay alguna emergencia.

— ¿Van a estar siguiéndome? —preguntó Albus con fastidio.

—Van a estar vigilándote a una distancia prudente —lo corrigió Harry—. Lo mismo haré con Rose y con tu amigo Scorpius. Solo hasta que atrapemos a Lodge, lo prometo.

Albus asintió.

— ¿Recuerdas a Devon Lodge? ¿El tipo con el que siempre me peleaba en Hogwarts? Está en la academia conmigo. Tal vez sabe algo, ¿no? Es su sobrino, después de todo. Y hoy, cuando Scorpius iba enseñarme la nota de El Profeta, se puso raro…

—Sí, ya estamos investigando a toda la familia viva de Lodge —le contó Harry—. Ese muchacho vive con sus abuelos y te aseguró que, en estos momentos, toda su casa está siendo vigilada. No te preocupes.

Albus se recargó en la silla.

—Mamá dijo que estabas en una audiencia con la tía Hermione —dijo, como si fuera un comentario al azar.

—Sí.

— ¿Es sobre la Comisión de Registro de Hijos de Muggles?

— ¿Cómo sabes eso? —preguntó Harry alzando las cejas.

—En tu cumpleaños, Rose y yo escuchamos que hablaban de aquello —admitió Albus. Harry suspiró y se frotó las sienes—. No tiene nada de malo que lo haya escuchado, no sé porque no te gusta que me entere de las cosas que pasan en el mundo…

—Sabes que no es eso —dijo Harry cansinamente—. No queremos que nadie se preocupe todavía, es todo.

Albus se quedó callado, jugando con sus pulgares. Harry lo miró y sonrió con tristeza.

—Aun tienes la costumbre de meterte en los asuntos que no deberías.

Inconscientemente, los ojos de Albus se posaron sobre el mueble que había detrás del escritorio, donde no solo se escondían objetos peligrosos y papeles… Ahí estaba también, el pensadero de su padre.

Albus tenía once años cuando había entrado por primera y única vez a ese despacho sin permiso. Eran las primeras vacaciones invernales de Hogwarts y él tenía apenas unos meses de haberse enterado sobre la verdadera historia de su padre… Ansiando conocer más, había sacado el pensadero del mueble para buscar, entre los recuerdos de su padre, al personaje que más había llamado su atención en aquella historia…

—Lord Voldemort.

A pesar de los años, Albus todavía recordaba con un escalofrío lo que había visto en la vasija de piedra aquel día.

—Será mejor que vayamos a cenar, el día fue pesado y muero de hambre —dijo Harry, sacándolo de sus pensamientos.

—Igual yo —dijo Albus levantándose de la silla. Miró a su padre—. ¿No hay nada más que deba saber, verdad?

Harry se encaminó a la puerta y, sin mirar a su hijo a la cara, dijo:

—No, Al. Nada más.

A la mañana siguiente, Albus se apareció temprano en el callejón que había cerca de la academia. No estaba de humor para un examen… No había podido dormir casi nada, todo porque pesadillas extrañas, que involucraban a Benjamin y Devon Lodge, a su padre y hasta a Lord Voldemort, lo despertaron una y otra vez durante toda la noche.

Bostezando, empezó a caminar hacia la gran verja de cobre.

— ¡Albus!

Su estómago se sacudió con violencia cuando reconoció a la dueña de aquella voz. Se dio la vuelta rápidamente y descubrió a Lizza corriendo hacia él.

— ¡Creí que no te alcanzaba! —dijo ella deteniéndose a su lado—. He estado aquí parada por quince minutos, pero no aparecías, así que fui por un café y…

— ¿Qué haces aquí? —preguntó Albus sorprendido.

—Bueno, ayer Scorpius me contó todo. ¡Lodge fuera de Azkaban! No podía esperar hasta en la tarde, quería saber cómo estabas…

—Bien…

—Estoy segura de que van a atraparlo, no lo dudes. Y por escapar, seguro le darán más años de prisión… ¡Se lo merece! ¿Por qué habrá escapado? Y más importante, ¿cómo? No pudo hacerlo solo, ¿verdad? Azkaban es uno de los lugares más vigilados en el mundo…

— ¡Lizza! —la llamó Albus con una sonrisa—. No te preocupes, ¿bien? Todo está bien.

—Por supuesto que todo está bien, es lo que te estoy diciendo —dijo ella sonriendo también—. Por cierto, fue muy galante de tu parte enviar a tu amigo para que me hiciera compañía mientras tú no estabas…

—Oh, de verdad lo lamento —dijo Albus haciendo una mueca—. No sabía cómo avisarte que no podía ir a comer, y Scorpius se ofreció… Por favor, dime que no hizo ninguna estupidez.

—Descuida, está bien. Y no, no hizo ninguna estupidez. Estuvimos hablando un poco, me contó de su pelea con el idiota de Lodge, que tenían examen hoy y… Bueno, dijo otras cosas.

Soltó una pequeña risita burlona y de repente, y sin saber por qué, a Albus le dio un ataque de terror.

— ¿Qué cosas?

—Oh, nada importante —dijo ella comenzando a caminar para salir del callejón.

— ¿Qué fue lo que te dijo? —preguntó Albus siguiéndola. Se paró delante de ella para no dejarla avanzar—. ¿Qué te dijo?

— ¿Por qué te preocupa tanto? —preguntó Lizza cruzándose de brazos.

—No me preocupa, solo quiero saber que te dijo —insistió Albus.

¿Cómo es que se le había ocurrido enviar a Scorpius Malfoy a un asunto tan delicado como aquel? Si había metido la pata de alguna manera, Albus lo mataría, seguro.

—Bueno… Él dijo algunas cosas sobre ti —confesó Lizza mordiéndose el labio. Albus esperó, impaciente, pero ella lo esquivó para seguir caminando—. Venga, Al. No es nada importante.

—Entonces dime exactamente lo que te dijo —Albus volvió a alcanzarla y nuevamente le bloqueó el paso—. Dime o me quedaré aquí todo el día y no llegaré a mi examen de sigilo y rastreo.

—Y yo no llegaré al trabajo y Teddy va a enloquecer —dijo Lizza. Albus se encogió de hombros y la tomó del brazo cuando ella intento avanzar de nuevo—. Bien, si es tan importante para ti…

—Solo quiero que me digas, no te estoy pidiendo…

—Él dijo que yo te gustaba.

Albus Severus Potter se había enfrentado a todo tipo de situaciones desconcertantes y confusas durante sus dieciocho años de vida. Sin embargo, pensó mientras intentaba controlar el temblor de sus manos, nunca se había sentido tan nervioso como en ese momento.

Abrió la boca, pero no dijo nada y luego suspiró para calmarse un poco. Definitivamente, Scorpius podía darse por muerto.

— ¿Sucede algo? —preguntó Lizza fingiendo inocencia. Albus balbuceó algo incomprensible y ella se rio—. Tranquilízate, Al. Sé que Scorpius solamente intentaba gastarnos una broma…

— ¿Eh?

—Sí, no te preocupes. Ahora, se me está haciendo un poco tarde, así que… —intentó soltarse del agarre de Albus, pero éste se lo impidió—. ¡Vamos, Albus! Ya te dije lo que querías saber.

— ¿Qué te hace pensar que era una broma? —preguntó seriamente.

Por primera vez desde que la conocía, Lizza pareció quedarse sin palabras.

—Bueno, yo… —balbuceó—. Supongo que es así… No… Tú no… Nunca has…

Y Albus no supo de dónde sacó el valor para hacer lo que hizo en aquel momento, pero antes de que Lizza pudiera decir algo más, tomó su rostro entre sus manos y la besó con un conmovedor entusiasmo.

Ninguno de los dos pudo ver, por supuesto, a la silueta que los observaba desde la azotea de un edificio cercano, ni tampoco al medallón brillante que colgaba de su cuello.


¡Hola! Y primero que nada, mil disculpas por la tardanza. La escuela me tiene loca y aghhh ya sabrán. Les agradezco infinitamente los reviews que me han dejado, no saben lo que significan :') Anyway, aun no sabemos nada sobre Benjamin Lodge, pero ese capitulo tiene datos importantes para los futuros... Creo que es todo.

Reviews plis!