La Historia de Merlín.
—… ya debe estar en casa, dijo que llegaría temprano. Solo espero que Hugo esté ahí para recibirla y también para lanzarle un maleficio al tipo ése que anda acompañándola a todos lados.
A pesar del tiempo, aún quedaban rastros del Ron Weasley celoso y sobreprotector que alguna vez había exasperado a Ginny; sin embargo, ya no era su hermanita la que hacía renacer esos sentimientos en él, sino su hija mayor, Rose.
Harry rodó los ojos y sonrió. Ambos atravesaron las puertas doradas del ascensor y cruzaron un largo pasillo, en dirección al Atrio del Ministerio de Magia.
—Bueno, Rose ya no es una niña.
—Tampoco Lily y aun así te vuelve loco la idea de que se esté viendo con alguien a tus espaldas —dijo Ron alzando las cejas.
—Eso no es cierto —se defendió Harry, aunque dejó de sonreír al instante—. Además, son solo sospechas de Ginny, no quiere decir que sea verdad. Pero, tienes razón: ya no es una niña. Ninguno lo es. El otro día, por ejemplo, una muchacha fue a visitar a Albus al Valle de Godric y él parecía… No lo sé, cautivado. Jamás lo había visto así.
—Por cierto, ¿cómo tomó la noticia de la daga desaparecida? —preguntó Ron bajando un poco la voz. Harry desvió la vista—. Tú… ¿No se lo has dicho todavía, verdad? ¡Harry! ¿Por qué…?
—Porque aún no sabemos lo que planea Lodge. Además, solo pocas personas lo saben y no pienso andar divulgando la noticia por todos lados. Los inefables dijeron que…
— ¿Divulgar la noticia? ¡Estamos hablando de tu hijo!
—Entre menos cosas sepan, más seguros estarán —determinó Harry. Sentía una fuerte punzada en el estómago al recordar la promesa que le había hecho a Albus sobre ser sincero y contarle todo con respecto al caso de Lodge, sin embargo se mantuvo firme en su decisión y miró a su amigo a la cara—. No podemos arriesgarlos, Ron. Y quiero pedirles a ti y a Hermione que tampoco le cuenten nada a Rose. Si ella lo sabe, Albus lo sabrá inmediatamente después.
Ron iba a replicar, pero el ruido de una multitud llamó la atención de ambos. Justo al centro del Atrio, junto a la enorme fuente de oro, un montón de magos y brujas rodeaban a una persona que alzaba las manos para pedir silencio.
—… es un aviso muy importante para la comunidad mágica, por supuesto, y yo tengo el honor de hacerlo público al fin.
Harry alzó la vista. La persona que alzaba las manos era Miranda Savage. Varios periodistas se acercaron y sus cámaras fotográficas soltaron bocanadas de humo blanco que se esparcieron por encima de sus cabezas.
—Después de un exhaustivo análisis por parte de los miembros del Wizengamot, del Departamento de Aplicación a la Ley Mágica y del propio ministro Kingsley Shacklebolt, mi propuesta ha sido aceptada —Miranda Savage dibujo una amplia sonrisa en su rostro—. ¡La Comisión de Registro de Hijos de Muggles ha sido reestablecida!
Harry miró a Ron, que parecía tan sorprendido como él y ambos se adentraron en la masa de gente que intentaba hacerle preguntas a Savage mientras ella seguía sonriendo con dulzura.
— ¡Señorita Savage! ¿Cuál es su intención al reestablecer una propuesta que se creó durante el periodo de guerra contra el-que-no-debe-ser-nombrado? —preguntó una periodista bajita que estaba en la primera fila.
—Interrogar a los hijos de muggles, por supuesto —dijo ella—. No me malinterpreten, por favor. Yo no pretendo acusarlos de robar magia, claro que no. Lo único que buscamos con esta reforma es conocer con exactitud el porcentaje de la población que proviene de familias muggle. Yo sé que esto va a ocasionar polémica, dada la época en la que originalmente se creó esta propuesta, pero les aseguró que nuestra intención es la mejor.
— ¿A qué se refiere exactamente con "la población que proviene de familia muggle"? —preguntó un mago rubio que estaba cerca de la fuente—. ¿Quiere decir que también los que tenemos abuelos muggles y demás familiares…?
— ¡Oh, por supuesto! —exclamó Savage con voz cantarina—. Cualquier persona que tenga al menos un familiar muggle, debe venir a registrarse. Pero no se preocupen, es un proceso bastante simple que daremos a conocer muy pronto.
Mientras algunos alzaban la mano para hacer más preguntas y otros se quejaban en voz alta, Harry y Ron consiguieron situarse al frente de la multitud, donde encontraron a Hermione, que parecía estar conteniendo las ganas de ponerse a gritar. Ron le tomó la mano.
—Estoy segura que el Ministerio de Magia no habría aprobado nada que no fuera seguro para ustedes —continuó Savage—. Además, tienen que saber que la propuesta de reestablecer esta ley fue originalmente pensada por mi padre, Cornelius Savage, que en paz descanse.
Harry frunció el ceño. Cornelius Savage era un viejo auror que había fallecido hace algunos meses, durante una misión en Grecia. Él lo había conocido bastante bien y no creía que aquel leal y fiel hombre hubiera podido pensar en restituir una ley como esa. Sin embargo, el comentario de Miranda Savage fue recibido con un silencio respetuoso y varias miradas de admiración por parte de la muchedumbre.
— ¡Señorita Savage! Hace algunos días habló sobre los nuevos proyectos que tenía en mente una vez que fuera aprobada la reforma —dijo una bruja de mediana edad que estaba junto a Harry—. ¿Podría decirnos en qué consisten exactamente esos proyectos?
—Bueno, evidentemente no puedo revelarles todo —dijo Savage con una risita—. Pero, puedo decirles que uno de mis principales objetivos es reanudar el trabajo de los dementores en Azkaban.
El silencio respetuoso que se había apoderado del Atrio, se esfumó en cuanto la mujer terminó de pronunciar aquellas palabras. La multitud se agitó, lanzando gritos de protesta al aire. Sin embargo, Savage permaneció tranquila y pidió silencio alzando las manos nuevamente.
La gente se calmó un poco y esperó una explicación. Aunque a Harry le desagradaba bastante aquella mujer, tenía que reconocer que sabía cómo tratar con la gente.
—Mi única intención es el bien de la comunidad mágica —dijo, y luego su mirada dulce se endureció—. Como sabrán, hace pocos días un prisionero escapó de Azkaban. No había ocurrido nada así desde la época del-que-no-debe-ser-nombrado, y durante la fuga, un guardia falleció. Por otro lado, el mes pasado asesinaron a una familia entera de muggles… Díganme, ¿alguno de estos casos ha sido resuelto? ¿Los culpables están ya tras las rejas? No. Lamentablemente, el departamento de aurores aún no tiene ninguna pista sobre estos acontecimientos.
Harry sintió cómo todas las miradas se posaban sobre él, el responsable del departamento de aurores, el encargado de la seguridad en el mundo mágico…
—Estoy consciente de que los dementores fueron aliados de quien-ustedes-saben durante la guerra. Pero, él ya no está aquí. Debemos dejar de creer que corremos peligro todo el tiempo y que las personas ideales para protegernos son los héroes del pasado —la mirada de Savage se detuvo en Harry, Ron y Hermione—. Les debemos mucho a los héroes de guerra, claro. Pero esa época ha pasado ya, ¿no? El mundo debería avanzar y cuestionar los métodos que están utilizando las personas que ahora dirigen la comunidad mágica. Yo pienso que únicamente de esta manera podremos evolucionar… Es todo por hoy, gracias.
Varias bocanadas de humo blanco volvieron a inundar el aire mientras Miranda Savage se alejaba de la multitud, seguida por varios miembros del Wizengamot. De pronto, Harry se vio rodeado de periodistas que lo bombardeaban preguntas al respecto.
—Sin comentarios —dijo automáticamente. Había aprendido a responderle así a la prensa desde hace mucho tiempo.
Salió del Atrio dando zancadas, seguido de Ron y Hermione. Cuando los tres consiguieron llegar al ascensor, Harry cerró la puerta dorada y presionó un botón al azar.
—No puede… Kingsley, él…
—Kingsley no puede hacer nada, Harry —dijo Hermione con voz apagada—. Esto no es una monarquía. La mayoría votó por aprobar la propuesta de Savage y no hay nada que podamos hacer para…
— ¿Te das cuenta de lo que significa? —preguntó Harry con frustración—. No solo los hijos de muggles tienen que venir a registrarse, todo el que tenga un familiar…
—Sí, lo sé. Tú y tus hijos, igual que Rose y Hugo —dijo Hermione pasándose una mano por el cabello.
— ¿Por qué querrían hacer algo así? —preguntó Ron torciendo la boca—. No creo que lo único que les interese sea conocer el porcentaje de población con sangre muggle.
—Por supuesto que no.
— ¿Y qué me dices sobre lo que dijo de Cornelius Savage? —preguntó Harry con el ceño fruncido—. No creo que él…
—Todos respetaban al padre de Miranda. Quiere aprovecharse de su nombre y así conseguir más simpatizantes para sus estúpidas propuestas —aseguró Hermione—. ¿Savage fue el auror que murió en esa misión a Grecia, verdad?
—Si —dijo Ron—. Los aurores de allá descubrieron a un grupo de gente realizando magia tenebrosa cerca de unas ruinas y nos pidieron ayuda. Savage fue quien entró primero, ¿te acuerdas, Harry? Al no salir, entramos los demás y solo encontramos a un tipo que parecía un poco loco, combatimos y logramos apresarlo, pero solo decía cosas sin sentido. Después encontramos a Savage. Tenía una herida en cuello, pero parecía dolerle demasiado, como si…
—Como si la herida estuviera quemándole por dentro —concluyó Harry con voz lúgubre. Acababa de darse cuenta de que si había visto antes la lesión que el acompañante de Benjamin Lodge le había hecho a Albus.
El ascensor se detuvo y las puertas doradas se abrieron.
— ¡Oh, justamente los estaba buscando! —exclamó Miranda Savage entrando. Apretó un botón y luego miró a Hermione con una sonrisa—. Señora Weasley, me apena de sobremanera que las votaciones no hayan estado a su favor. Espero que todo este asunto no afecte nuestra relación laboral, después de todo, usted sigue siendo mi superior y yo sigo admirando su trabajo igual que siempre.
—Creí que los métodos que utilizaban "los héroes de guerra", le parecían cuestionables —dijo Hermione entrecerrando los ojos.
— ¡Oh, no! Espero que no se lo hayan tomado como algo personal —Savage los miró con un gesto culpable—. De verdad, nunca ha sido mi intención ofenderlos. Lo único que yo pretendo hacer es mejorar la comunidad mágica. Por cierto, ¿Cómo está su hijo, señor Potter? Esta mañana leí el incidente en El Profeta, ¡no puedo creerlo! ¿Cómo es que se atrevieron a atacarlo aun cuando estaba rodeado de aurores altamente capacitados?
Harry se quedó callado. No esperaba que aquello se mantuviera en secreto por mucho tiempo, pero aun así no dejaba de molestarle el hecho de que la vida de sus hijos se convirtiera en notica, mucho menos cuando se trataba de su seguridad.
— ¿Ahora entienden por qué busco estas reformas? —preguntó Savage—. Al parecer, los tiempos de paz y tranquilidad se han acabado y debemos dar el primer paso antes de que se desate una tormenta, ¿no es así?
El ascensor se detuvo y, antes de salir, Miranda Savage les dedicó su habitual sonrisa dulce.
—No confió en las personas que sonríen así todo el tiempo —dijo Ron cuando las puertas doradas volvieron a cerrarse—. Me recuerdan a Lockhart.
—Aun no entiendo qué estoy haciendo aquí.
Aquel sábado amaneció nublado. La plaza del Valle de Godric estaba repleta de niños que jugaban alrededor de la estatua de Lily y James Potter (aunque la mayoría de ellos, solo podía ver un monumento con nombres grabados). Albus rodó los ojos y tiro del brazo de Scorpius, mientras atravesaban la concurrida calle.
—Enserio, ¿para qué querrá verme? —insistió su amigo. Había formulado esa pregunta en voz alta unas diez veces desde que había llegado al pueblo—. No recuerdo haberme anotado en el comité de bienvenida de tu querida prima…
—La carta decía que debías venir —dijo Albus, y cruzó la acera hasta llegar a la casa de sus tíos, Ron y Hermione Weasley.
— ¡Albus!
No había puesto ni siquiera un pie en el jardín, cuando unos delgados brazos se le colgaron del cuello y una espesa cabellera pelirroja le hizo cosquillas en la cara.
—Hola, Rosie.
— ¡Oh, no tienes idea de lo mucho que te extrañé! —exclamó Rose Weasley. Lo soltó por un momento y luego lo miró, preocupada—. ¿Estás bien? ¿Qué fue exactamente lo que te hizo ese tipo? ¿Aun te duele? Hugo me dijo que estuviste en San Mungo y que…
—Estoy bien —dijo Albus rodando los ojos.
— ¡Oh, Albus! —Rose volvió a abrazarlo—. ¡Quise regresar a Inglaterra en cuanto me enteré! ¿Seguro que estás bien? ¡No debiste alejarte de tus compañeros! Algunas veces puedes ser tan increíblemente tonto, Albus… ¡Oh, te eché tanto de menos! —miró por encima del hombro de su primo y de pronto, su voz se endureció—. Buenos días, Malfoy.
—Weasley —dijo Scorpius metiéndose las manos en los bolsillos—. Veo que no moriste de aburrimiento en ese campamento al que te enviaron.
—El Programa Nacional de Investigación Histórica de la Magia no es un campamento. Puede considerársele un seminario, desde luego, pero no es para nada aburrido.
Albus soltó a su prima y entonces miró a la persona que había hablado. Estaba recargado en el margen de la puerta de entrada, tenía el cabello negro perfectamente peinado y lucía una impecable camisa blanca. Rose se aclaró la garganta.
—Él es Ned Goldstein —dijo, lanzándole una mirada de advertencia a su primo. Albus suprimió una sonrisa burlona e intentó comportarse—. Estaba un año arriba de nosotros, en Revenclaw.
— ¡Oh, sí! ¿Cómo estás, Ned?
—Muy bien, gracias —dijo él estrechándole la mano con entusiasmo—. Es un honor verte de nuevo, Potter. Tu prima me contó que entraste a la Academia de Aurores… ¡Impresionante, de verdad! No aceptan a cualquiera, debes tener mucho talento. Personalmente, admiró mucho el trabajo de estos magos pues fueron los encargados de hacer cumplir las normas en el movimiento de 1723 y han contribuido a la comunidad de diferentes maneras a lo largo de la historia. En 1689, por ejemplo…
— ¿Sabes? Eso es justo lo que vimos en nuestro primer día en la academia —dijo Scorpius torciendo una sonrisa—. ¿No has pensado en ser profesor?
Albus se rio. Rose le lanzó una mirada encolerizada.
—Ned, él es Scorpius Malfoy, amigo de mi primo.
— ¡Oh, por supuesto! —dijo Goldstein entrecerrando los ojos—. ¿No te quité puntos una vez por estar jugando snap explosivo en los pasillos de Hogwarts?
—Seguramente si—dijo Rose desdeñosamente—. Malfoy solía tener algunos problemas con el cumplimiento de las normas en el colegio, ¿no es así?
—Y aun así, tú nunca pudiste atraparme para quitarme puntos, Weasley —dijo Scorpius alzando las cejas.
A Rose se le pusieron las orejas coloradas.
— ¿No tenías que hablar conmigo? —intervino Albus, procurando aligerar el ambiente. Su prima lo miró y luego se mordió el labio.
—Sí, por supuesto. Ned… —se volvió hacia el muchacho y esbozó una sonrisa culpable—. Le prometí a mi primo que le contaría todos los detalles del viaje, ¿te importaría que nos viéramos hasta en la tarde?
—Oh, pero yo esperaba que pudiéramos pasar un poco más de tiempo juntos —dijo Ned tomándole las manos.
—Igual yo —dijo Rose soltando un suspiro—. Tienes razón, puedes quedarte aquí. Mi padre llegará a casa pronto, así que podremos almorzar todos juntos.
— ¿Tu padre? —dijo Goldstein, poniéndose pálido de repente.
—Sí, Hugo me dijo que saldría temprano del cuartel de aurores para recibirme. Seguro no tarda en llegar.
—Oh, bueno… Tal vez no sea buena idea que yo esté aquí cuando te reúnas con tu familia —balbuceó Goldstein—. Seguramente tendrán mucho de qué hablar, ¿no? Tú y yo podemos vernos en la tarde.
— ¿Estás seguro? —preguntó Rose.
—Definitivamente —le soltó las manos y luego le dio un beso en la frente—. Te enviaré una lechuza, ¿bien?
Salió del jardín dando trompicones y se despidió de los otros dos con una cabezada. Albus lo vio alejarse por la calle y entonces, sin poder evitarlo, soltó una risita.
—Creí que habías dicho que el tío Ron y la tía Hermione no estarían en casa.
—Bueno, necesitamos hablar a solas —explicó Rose desviando la vista—. Y mi padre asusta un poco a Ned, así que…
— ¿Solo un poco? —preguntó Scorpius arqueando las cejas.
La muchacha soltó un ligero bufido y sin decir nada más, cruzó el pequeño jardín. Albus y Scorpius la siguieron y los tres juntos atravesaron la puerta de entrada.
La estructura de aquella casa era muy parecida a la de Albus, y aunque la tía Hermione seguía negándose rotundamente a contratar un elfo domestico para ayudarla con las tareas del hogar, todo lucía siempre muy limpio y ordenado.
Sobre la chimenea del vestíbulo había un montón de fotografías enmarcadas. Algunas se movían mediante magia y otras simplemente permanecían quietas (los abuelos maternos de Rose eran muggles). Scorpius se quedó mirándolas un rato antes de hablar.
— ¿No hay ningún problema con que yo esté aquí, Weasley?
— ¿Por qué iba a haberlo? —preguntó Albus confundido.
—Bueno, no es lo mismo estar en la Madriguera con todos tus primos a estar aquí y… —Scorpius se mordió el labio—. Creo que todos sabemos que no soy precisamente la persona favorita de tu familia, Weasley.
No parecía ofendido, sino preocupado.
—Creo que Goldstein no es el único que le teme al tío Ron… —murmuró Albus. Scorpius le pegó en el hombro.
—Ya he dicho que mis padres no están, y Hugo acaba de salir —Rose lo miró con seriedad—. Además, si te hice venir hasta aquí, es por algo importante.
—De acuerdo —dijo Scorpius recuperando su actitud despreocupada. Señaló una de las fotografías que había en la chimenea y torció una sonrisa—. Tenías los dientes grandes cuando eras niña, ¿eh?
Rose puso los ojos en blanco y los guio hasta la cocina. Albus, que conocía esa casa como la suya propia, sacó de la alacena varias ranas de chocolate y tomó asiento en la pequeña mesita de centro junto a los otros dos.
—Bueno, ¿y qué tal Egipto?
— ¡Maravilloso! —exclamó Rose sonriendo—. ¡No te imaginas las cosas que he aprendido! Además, hay lugares increíbles. Alejandría es un lugar con una extraordinaria cultura mágica, Albus.
—Merecías algo así —dijo Albus sonriendo—. Lo único que me sigue molestando un poco es que tengas que compartir esa oportunidad con Goldstein. Por cierto, ¿acaso no estuvieron juntos todos estos días? ¿No puede dejarte tranquila ni dos minutos o qué?
—Cierra la boca —gruñó Rose—. Y hablando de eso… ¿Quieres explicarme que hay exactamente entre mi amiga y tú?
— ¿Qué amiga? —preguntó Albus atragantándose con el trozo de chocolate que tenía en la boca. Scorpius le dio unas palmaditas en la espalda mientras soltaba una risita burlona.
— ¿Es que acaso estás saliendo con más de una de mis amigas? —exclamó Rose fingiendo indignación. Albus negó con la cabeza rápidamente—. No eres el único al que le escribía mientras estaba fuera del país, Al. Lizza me contó todo.
— ¿Qué fue lo que te dijo?
—Lo suficiente —dijo Rose esbozando una sonrisa presuntuosa—. ¡Tranquilízate! Estoy muy feliz por ambos… ¡Tú y Lizza! ¡Jamás lo hubiera creído! Pero, creo que hacen una buena pareja.
—Y eso que no los viste despidiéndose afuera de la academia —comentó Scorpius—. Parecía que quería comérsela…
—No estamos aquí para hablar sobre eso, ¿verdad? —lo interrumpió Albus frunciendo el ceño—. Además, el tío Ron y la tía Hermione pueden regresar en cualquier momento.
—No lo harán. El ministerio está hecho un desastre últimamente y ellos han estado muy ocupados con eso —dijo Rose—. No me han contado mucho en sus cartas, ya sabes, pero he estado leyendo El Profeta y las noticias que dan no son muy alentadoras. Hay gente que está culpando al cuartel de aurores por el escape de Benjamin Lodge.
—Lo atraparan pronto —dijo Albus, sintiendo de repente un escalofrío en la nuca—. Están haciendo todo lo que pueden.
—Lo sé, pero el problema es que nadie había escapado de Azkaban desde la guerra —dijo Rose mientras tomaba un cromo y lo desenvolvía distraídamente—. Además, cuando llegué, Hugo me contó que escuchó a mis padres hablando y… Bueno, hay gente que está escapando del país.
— ¿Qué?
—Así es. Han huido sin dejar rastro. Familias enteras que, hasta el momento, estaban vigiladas por el ministerio, ya sabes… —Rose miró de reojo a Scorpius—. Principalmente algunos que… Bueno… Aquellas familias que…
—Familias de mortífagos —dijo Scorpius ásperamente. Dejó su rana de chocolate y miró a Rose a la cara—. ¿Por qué no hablas claro, Weasley? ¿Para eso querías que yo estuviera aquí? ¿Querías saber si mi familia está planeando vacacionar fuera de Inglaterra también?
—Por supuesto que no —dijo Rose frunciendo el entrecejo—. Solo estoy diciendo lo que Hugo escuchó. Varias familias de magos que estuvieron relacionados con artes oscuras, están escapando…. Los Zabinni incluidos.
Scorpius alzó la vista, inquieto.
—Así es. También tu novia —dijo Rose arqueando las cejas—. ¿Acaso no te lo dijo?
Jeanette Zabini y Scorpius habían salido durante algunos meses antes de su graduación en Hogwarts. Albus nunca había entendido cómo es que su amigo (que desde niño había intentado dejar atrás la reputación de su familia) había terminado enredado con una muchacha tan fanática de la pureza de la sangre.
—Es guapa —le decía Scorpius siempre que Albus lo cuestionaba al respecto.
Sin embargo, aunque Jeanette era efectivamente muy guapa, su relación con Malfoy terminó de un día para otro, sin que nadie supiera exactamente lo que había pasado.
—No tenía por qué decírmelo —dijo Scorpius desviando la vista.
— ¿No tenías idea? —le preguntó Albus, intentando emplear un tono más agradable que el de su prima.
—Claro que no. Pero, ahora que lo mencionas… —se pasó una mano por el cabello y soltó un suspiro—. Mi padre ha estado… Bueno, algo raro. No lo he visto por la casa estos últimos días.
Scorpius miró a Rose y luego se quedó callado. Albus lo conocía bastante bien como para saber que su amigo no se sentía cómodo hablando de su padre en presencia de la muchacha. Aunque la mayoría de los Potter y los Weasley aceptaban a Scorpius sin ningún problema, todos seguían viendo a Draco Malfoy como un mortífago peligroso.
En realidad, la comunidad mágica entera seguía viéndolo de esa manera.
—Bueno, si no era para eso… Entonces, ¿para qué querías que viniera? —dijo el muchacho volviendo a fruncir el entrecejo.
Rose lo miró con frialdad, pero luego relajó el gesto. Miró a Albus y después respiró hondo, como si estuviera armándose de valor para hablar.
—Es sobre… Sobre lo que pasó aquella noche en el Bosque Prohibido, hace seis años.
Albus y Scorpius se miraron sorprendidos. Durante años habían evitado tocar ese tema, pues a ninguno de los tres le gustaba recordar la noche en la que casi habían muerto a manos de Benjamin Lodge.
— ¿Qué pasa con eso? —preguntó Albus preocupado.
— ¿Recuerdas que en una carta te conté que había habido un derrumbe en la biblioteca de Alejandría? ¿Y qué, gracias a eso, los profesores descubrieron un nuevo pasaje con pergaminos desconocidos?
—Sí, me explicaste que los alumnos tenían prohibida la entrada, pero yo te dije que si tenías curiosidad, debías ir a revisar —recordó Albus.
—Pues, lo hice —dijo Rose acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja—. Una noche, mientras todos dormían, fui al pasaje y revisé los pergaminos. Había uno en particular, que… Bueno, ¿recuerdas el símbolo que estaba tallando Benjamin Lodge aquella noche? Estaba ahí, en el pergamino.
— ¿El símbolo? —preguntó Scorpius entrecerrando los ojos.
—Una línea con las esquinas curvas —dijo Albus recordando a la perfección lo que Lodge había tallado en la tierra—. Y una especie de flecha atravesándola. Es el mismo símbolo que el acompañante de Lodge traía colgando del cuello.
— ¿El acompañante de Lodge? ¿Había otra persona con él cuando te atacó? —preguntó Rose abriendo mucho los ojos.
—Sí, y no se los había dicho antes, pero… Ya lo había visto —confesó Albus—. Esa noche, cuando regresaba con papá a Hogwarts, él estaba escondido entre los arbustos. Creí que me lo había imaginado, pero ahora sé que no. Tenía un medallón colgando del cuello, con el símbolo que dices.
Rose se mordió el labio y le dirigió una mirada llena de preocupación.
— ¿Qué significa? ¿Lo sabes? —preguntó inquieto—. ¿Lo decía en esos pergaminos que leíste?
—Sí, lo decía —dijo Rose—. Es el símbolo de Aurea Pergamena.
Albus miró a su amigo, pero él parecía igual de confundido.
—Conocen la historia de Merlín, ¿no es así? —Rose no espero a que ellos respondieran. Volvió a respirar hondo y empezó a hablar como si estuviera dando una clase de historia—. Merlín fue el mago más poderoso de su época y el primer vidente conocido en el mundo mágico. Sus poderes eran respetados, no solo por brujas y magos, sino por muggles que en aquel entonces, vivían rodeados de magia, ya que el Estatuto del Secreto fue firmado mucho tiempo después.
— ¡Venga, eso lo sabemos! —exclamó Scorpius impaciente—. Pero, ¿Qué tiene que ver Merlín con Lodge y el otro sujeto?
—A lo largo de su vida, Merlín se dedicó a enseñar el arte de la magia a varios hechiceros que buscaban perfeccionar sus habilidades. Él los llamaba sus "aprendices" —continuó Rose, ignorando por completo a Scorpius—. Todos eran grandes magos, pero hubo una bruja que destacó del resto.
—Vivian —dijo Albus recordando vagamente las clases del profesor Binns.
—Así es. Vivian era una hechicera talentosa, muy inteligente. Después de un tiempo, Merlín se enamoró de ella y ambos se fueron a vivir al bosque de Brocelianda.
—Y luego, Vivian lo traicionó y acabó con el pobre Merlín —dijo Scorpius con aburrimiento—. ¿Eso es lo que decían tus preciados pergaminos? ¿Una historia que todo el mundo mágico conoce?
—Todo lo contrario —dijo Rose con suficiencia—. El pergamino que leí, el que tenía el símbolo que vimos, hablaba sobre la parte de la historia que nadie conoce. Hablaba sobre el Aurea Pergamena.
— ¿Y qué es eso?
—Me parece que es latín, significa "pergamino dorado" o "pergamino de oro" y al parecer, se refiere al libro de hechizos de Merlín. No sé si lo sepan, pero antes no existían palabras mágicas para realizar encantamientos, eso es magia moderna. En la época medieval las personas se valían de rituales bastante complicados para poder realizar magia —Rose le dio un mordisco a su rana de chocolate—. Merlín guardaba conjuros de su propia invención en ese libro de hechizos. Lo que Vivian ambicionaba no era suplir a Merlín, sino apoderarse de su libro. Él lo sabía, era vidente después de todo.
— ¿Y entonces por qué diablos se dejó matar? —preguntó Scorpius.
—Sabía que no podía cambiar su destino porque todas las profecías que había hecho con anterioridad siempre se cumplían, de una u otra manera. Así que, en vez de intentar evitar su muerte, tomó algunas precauciones y escondió su libro de hechizos para que Vivian no pudiera encontrarlo nunca. Lo dividió en varias partes y las ocultó por todo el mundo pero, no fue solo eso. Convencido de que la magia no podía servirle más, se despojó de sus poderes y los guardó en las hojas del pergamino.
— ¿Merlín guardó sus poderes en un libro? —preguntó Albus arqueando las cejas.
—Eso decía en el pergamino que leí. Merlín había creído que la magia era lo más importante, hasta que conoció a Vivian. En ese momento, cuando se dio cuenta de que iba a perderla, la magia no le importó más. Sin embargo, sabía que si sus poderes y los conjuros llegaban a caer en manos equivocadas, el mundo se volvería un caos. Así que creó un objeto… Un objeto imprescindible para controlar su libro de hechizos y los poderes que habitaban en él. Sin ese objeto, el libro no podría utilizarse.
— ¿Qué objeto era?
—No lo decía —respondió Rose y sus ojos se posaron en Albus—. Pero, Merlín lo hechizó para que únicamente la persona que tocara ese objeto primero, luego de la muerte de su anterior propietario, pudiera usarlo.
—No entiendo —admitió Scorpius.
—Supongamos que luego de la muerte de Merlín, yo tocó ese objeto. Soy la única que puede controlarlo y también al libro, por lo menos hasta la hora mi muerte. Entonces, otra persona puede tocar el objeto y será el único con el poder para controlarlo hasta que muera. Era un método muy común para los magos en aquella época.
—Entonces, ¿qué pasó después de que Merlín guardó sus poderes, escondió ese libro y creó ese objeto?
—Lo que ya sabemos —respondió Rose con tristeza—. Vivian lo mató, en el mismo bosque donde ambos habían vivido antes. Creo que una leyenda muggle dice que el pobre quedó encerrado en una cueva, pero bueno, también dicen que era hijo de los dioses y que Vivian era un hada, así que…
—Pero, existe una cueva en la historia de Merlín —repuso Scorpius.
—Sí, fue ahí donde lo enterraron. Vivian escapó y nunca más se volvió a saber de ella.
El silencio reinó la casa por varios segundos. Scorpius se puso a masticar otra rana de chocolate, mientras Rose le dirigía miradas inquietas a su primo. Y de golpe, Albus comprendió por qué les había contado esa historia…
—La daga —murmuró. Rose asintió—. ¿Crees que…? ¿El objeto que creó Merlín para controlar el Aurea Pergamena es…?
—Aquella noche, Lodge pronunció un conjuro, ¿se acuerdan? —preguntó Rose mordiéndose el labio—. "Nunc dominus ego sum, da mihi potestatem de Merlino, magia sicam". También es latín y significa algo así como… Aquí estoy, dame el poder de Merlín, mágica daga.
Albus sintió nauseas. Miró a su prima y a su amigo, ambos tenían la cara pálida y habían soltado sus respectivas ranas de chocolate.
—Pero, entonces… Significa que Lodge… —Albus tragó saliva—. Si es cierto lo que dices, Rose, entonces Benjamin Lodge es quien puede controlar el libro de Merlín, porque él tocó la daga aquella noche…
—No lo creo —dijo Rose y su rostro se ensombreció.
— ¿De qué hablas? ¡Yo vi cuando la tocó! Llevaba guantes al principio, pero después se los quitó… ¡Tocó la daga cuando estaba asfixiándome! ¡Lo vi con mis propios ojos! —exclamó Albus alterado.
—Lo sé, Albus. Pero, no creo que él haya sido el primero en tocar la daga aquella noche.
Rose le dirigió una mirada significativa, la boca de Scorpius se abrió hasta formar una perfecta letra o y de pronto, Albus sintió un extraño cosquilleo en la palma de su mano derecha, en la fina cicatriz que tenía desde hace seis años.
¡Hola! De nuevo me disculpo por la tardanza. Es que este capítulo de verdad que no salía y eso sumado a la universidad pues, no es bueno. Pero, me enfermé esta semana y hoy falte a clases así que dije ¡Lo termino! Y lo hice :D así que denle gracias a los gérmenes por este capitulo.
¡Yeii! Para los que pedían a Rose de regreso, aquí la tienen. Y también a su novio: Ned Goldstein. Díganme sus opiniones, comentarios, quejas, etc. Espero que les haya gustado este capítulo que tiene (esta demás decirlo) datos muuuuuuy importantes!
Gracias por su paciencia y sus reviews!
¡Reviews plis!
