Letras en Pergamino y Piedra.
Hacía mucho tiempo que no soñaba con Lord Voldemort.
Antes, cuando la guerra recién había terminado, las pesadillas solían invadir su cabeza casi a diario; se despertaba a mitad de la noche gritando, empapado en sudor y con las manos temblorosas, creyendo que aún había horrocruxes que encontrar, serpientes que asesinar y personas que salvar.
Solo hasta años más tarde, cuando se casó con Ginny, sus sueños se volvieron más tranquilos y armoniosos.
Sin embargo, ahí estaba otra vez.
Vestía la misma túnica negra con la que había muerto y sus ojos rojos lo miraban sin parpadear. Sentía miedo, un miedo horrible que no había experimentado en mucho tiempo…
—No ha terminado, Harry. Nunca terminará.
—Estás muerto.
—No es verdad —siseó Voldemort—. Aún estoy aquí, ¿no lo ves? Siempre estaré aquí.
A su alrededor aparecieron varios mortífagos, riendo a carcajadas. Harry quiso sacar su varita, pero en su bolsillo no había nada.
—Vivo en ellos, en todos aquellos que conocieron mi nombre. Vivo en ti, Harry Potter. No importa cuánto intentes huir, yo siempre estaré persiguiéndote.
—No… —dijo Harry retrocediendo.
—Y te acabaré. Acabaré con todo lo que amas.
Escuchó a Ginny gritar detrás de él y al volver la cabeza, la descubrió forcejeando con un mortífago que tenía apresados a James y a Lily. Detrás de ellos, toda la familia Weasley comenzó a retorcerse de dolor, recibiendo maldiciones lanzadas por los demás mortífagos.
—No soy como tú.
Era la voz de Albus. Harry lo buscó, desesperado y lo encontró de pie frente a Voldemort, desarmado.
— ¡Aléjate de él, Albus!
Pero su hijo no lo obedeció y Voldemort soltó una escalofriante carcajada. Harry intentó acercarse, pero entonces el protagonista de sus pesadillas más horribles levantó la varita y un destello de luz verde lo iluminó todo.
El cuerpo de su hijo cayó al suelo y él no pudo hacer nada para evitarlo.
— ¡NO!
Despertó.
— ¿Escuchaste eso?
Ginny estaba a su lado, levantándose de la cama y poniéndose una bata encima del pijama. En la planta baja se escuchaban voces agitadas y el suave crepitar de las llamas en la chimenea.
—Alguien entró por la red flú —le dijo Ginny extrañada.
Harry se enderezó, aun con la risa de Voldemort retumbando en su cabeza. No podía seguir así… Tenía que hablar con Albus lo más pronto posible. Ambos debían de escucharse y aclarar las cosas.
Tomó los anteojos que reposaban en la mesita de noche y miró el reloj que colgaba de la pared: eran las cuatro de la mañana, ¿Quién se aparecería en su casa a esa hora? Y más importante, ¿para qué? Solo pocas personas estaban autorizadas a conectar su red flú con la residencia de Harry Potter.
— ¡Potter!
Al principio no reconoció esa voz. Harry salió del cuarto y bajó las escaleras colocándose delante de Ginny y alzando su varita, preparado para cualquier cosa. James los alcanzó a la mitad de la escalera, iba adormilado y con el cabello revuelto, pero caminó con decisión al lado de sus padres hasta llegar al vestíbulo.
— ¿Malfoy?
Draco Malfoy estaba de pie frente a la chimenea y junto a él, una mujer alta y de cabello castaño le sujetaba el brazo, asustada.
Harry estaba a punto de ordenarle a su hijo que volviera a su habitación, cuando pasaron varias cosas a la vez: la mujer que estaba junto a Malfoy gritó, Ginny y James sacaron sus varitas, dos hechizos de desarme rebotaron en las paredes y Draco estampó a Harry contra la pared de enfrente.
— ¡Eres un embustero, Potter! ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde…?!
— ¡Draco, por favor! —exclamó la mujer.
— ¿Qué estás…?
Las llamas de la chimenea se encendieron nuevamente. Ron y Hermione salieron apresurados, con los ojos hinchados y vistiendo también batas de dormir. Ambos se quedaron inmóviles al ver la escena que se estaba desarrollando en el vestíbulo y casi al instante, sacaron sus varitas y apuntaron a la espalda de Malfoy.
— ¡No! ¡Oh, por favor…! —la mujer se interpuso entre ellos y los miró suplicante—. Por favor, solo queremos… ¡Draco, cálmate, por favor! No intentamos… Oh, se los suplico…
— ¡No tienes que suplicarle nada a ellos, Astoria! —gritó Malfoy con la cara contorsionada por la rabia—. ¡¿Dónde está, Potter?! ¡¿Dónde está mi hijo?!
— ¿Qué?
—Te lo juro, Potter… Si le ha pasado algo… Te juro que…
— ¿Qué? —preguntó Hermione en un murmullo que todos escucharon a la perfección—. ¿Su hijo…? ¿Él también…?
— ¿De qué demonios están hablando? —exclamó Ginny exasperada. Se acercó a Harry y su varita apuntó directo a la cara de Malfoy—. Si no me dicen ahora lo que está ocurriendo, yo…
—Es Rose —dijo Hermione. Harry se dio cuenta de que tenía los ojos llorosos—. Ella… Ella ha…
Bajó la varita y ahogó un sollozo. Ron (que no había dejado de apuntar a Malfoy) se sacó del bolsillo un pergamino doblado por la mitad y se lo entregó a su hermana.
Astoria aprovechó ese pequeño momento de calma para tomar a Malfoy del brazo y alejarlo de los demás. Libre del agarre, Harry se acercó a Ginny y leyó el pergamino por encima de su hombro.
Queridos mamá y papá:
Supongo que debo comenzar pidiéndoles perdón por lo que estoy a punto de hacer. Sé que siempre me han dicho que hay cosas en las que no debo involucrarme, que hay asuntos en los que no debo de meterme. Sin embargo, a lo largo de los años también me han enseñado el valor de la lealtad y de la responsabilidad. Y yo pienso que si tienes el conocimiento de algo, eres responsable por ello.
No puedo darles muchos detalles, pero he descubierto el porqué de los ataques a Albus y se lo he dicho. Lo siento, pero no puedo decirles más, lo que intentamos es precisamente proteger a la familia y no involucrar a más personas en esto. Ustedes vieron lo que le pasó a Lily en el andén 9 ¾… Nuestra familia corre peligro y la única manera de protegerlos es alejándonos.
Lo lamento muchísimo, pero tengo que acompañar a Albus en lo que planea hacer. Él no me lo ha pedido, pero debo hacerlo. Me necesita y sé que ustedes dos, más que nadie en el mundo, me comprenden.
Por favor, no se molesten demasiado, solo intento hacer lo mejor para mi familia.
Lo lamento y los quiero.
Rose.
Harry no había ni terminado de leer los dos últimos renglones cuando ya estaba subiendo las escaleras. Con el corazón latiéndole violentamente contra el pecho abrió la puerta de la habitación de su hijo menor.
Esperaba encontrarlo dormido en su cama, molesto por la súbita intromisión; esperaba que la carta de su sobrina hubiera sido un error y que pudieran reírse de eso por la mañana; esperaba que su mayor pesadilla no se hubiera hecho realidad y que Albus aun estuviera en el Valle de Godric, junto a él…
Pero no fue así.
La habitación estaba vacía y Joey dormitaba en su jaula, ajena a la partida de su amo. Ginny, que había subido corriendo detrás de él, soltó un grito de pura angustia y luego corrió por la casa llamando a Albus, intentando encontrarlo en otro lugar… Harry se quedó al margen de la puerta.
Tenía que hablar con Albus lo más pronto posible, escucharlo, aclarar las cosas… Pero, no podría hacerlo.
—Queremos una habitación, por favor.
La muchacha que estaba detrás del mostrador apenas despegó la vista de su teléfono celular. Rose carraspeó molesta, pero la muchacha siguió ignorándola. Scorpius rodó los ojos.
—Disculpa, sentimos mucho interrumpirte, pero estamos buscando una habitación.
— ¿Sencilla o especial? —preguntó la muchacha con aburrimiento. Dejó su teléfono al lado y comenzó a teclear con lentitud en la vieja computadora que tenía enfrente—. Hoy tenemos una promoción: si deciden hospedarse en la especial, les regalamos una botella de vino o velas aromáticas para su noche romántica…
— ¿Disculpa? —preguntó Rose abriendo los ojos como platos.
—El vino lo pueden escoger ustedes, aunque hay un cargo extra dependiendo de…
—No, no estás entendiendo —dijo Scorpius enrojeciendo—. Nosotros no… No es lo que…
—… el cuarto número 189 tiene una romántica vista hacia el bosque y el pequeño lago que…
— ¿Qué es lo que está insinuando? —chilló Rose con las orejas tan rojas como su cabello.
—Señorita, quisiéramos una habitación con tres camas, por favor —intervino Albus, decidiendo que su prima y su amigo ya habían pasado suficiente vergüenza. Había estado admirando las pinturas colgadas en las viejas paredes del hotel y había contenido una carcajada al escuchar las insinuaciones de la recepcionista.
—Solo puedo ofrecerles una habitación con dos camas y un sofá.
—Eso bastará.
— ¿Identificación?
Rose la miró con ceño y luego se sacó del bolsillo una credencial con su fotografía, en la que se leía el nombre de Rachel Ellis. La muchacha la tomó, apenas examinándola y volvió a teclear algo en la computadora.
Luego de pagar (Rose había llevado consigo todos sus ahorros de dinero muggle), se les entregó la llave de la habitación 125.
Habían decidido quedarse en ese hotel porque era viejo y no llamaba la atención (lo que menos necesitaban era que algún mago reconociera los apellidos de dos héroes de guerra y un antiguo mortífago hospedándose juntos).
Se encontraban en el pequeño pueblo de Paimpont en Francia, al lado del bosque de Brocelianda, donde estaba la tumba de Merlín. Juntos decidieron que ese era el mejor lugar para comenzar su búsqueda, ya que antes de ser asesinado brutalmente por Dimas, Albus había escuchado a Montague gritar "¡Y esas hojas! ¡Las has sacado de la tumba de Merlín, yo lo sé!". Habían logrado aparecerse ahí gracias a Rose, que había visitado ese lugar hace algunos años.
— ¿De dónde sacaste eso? —preguntó Albus señalando la falsa identificación de su prima, mientras los tres subían por las viejas escaleras de madera.
—Es un hechizo simple, ilegal pero bastara por ahora —respondió Rose haciendo un ademan despreocupado con la mano—. ¿Se fijaron en que ni siquiera se detuvo a comprobar si la credencial era verdadera? Seguramente no les importa quien venga a hospedarse aquí o para que motivos…
—Creo que antes de que yo llegara, ella creía saber el motivo por el que ustedes dos iban a hospedarse aquí —dijo Albus conteniendo la risa.
— ¡Cierra la boca! —gruñó Rose. Encontró la puerta en la que colgaba el número 125 y la abrió con más brusquedad de la necesaria—. No puedo creer que haya insinuado que…
— ¡Ni siquiera lo menciones! —exclamó Scorpius estremeciéndose—. ¡Ya quisieras, Weasley!
Rose comenzó a replicar mientras entraban a la habitación y Albus suspiró resignado. No tenía ni idea de cómo iba a hacer para que esos dos no se mataran antes de encontrar el Aurea Pergamena.
Siento mucho si les causo algún malestar con esto. Por favor, que mi partida no arruine sus planes de mudarse a Francia, ¿de acuerdo? No se preocupen por mí, que estoy ayudando a un amigo. Y por favor no intenten buscarme, eso arruinaría todo.
Scorpius.
Harry dejó la nota sobre la mesa de la cocina, junto con la de Rose. Ambas contrastaban por su extensión, su caligrafía y por supuesto, su dedicación al escribir. Sin embargo, ambas estaban ahí, sobre la mesa. En la cocina había tres familias angustiadas y solo dos notas de despedida...
Solo dos.
—Kreacher ha terminado de hacer el té, amo —anunció el viejo elfo colocando siete tacitas de porcelana en la mesa y vaciando el humeante contenido de una tetera en cada una de ellas.
—Toma, mamá —dijo James acercándole una. Ginny negó con la cabeza—. Anda, te hará bien…
—No lo entiendo todavía… —admitió Astoria exasperada. Hasta ese día, Harry solo la conocía de vista y sin embargo, sentía como si ya hubiera hablado con ella antes: se parecía muchísimo a su hijo Scorpius—. ¿Por qué les han dicho a los aurores que se fueran? ¿Por qué no han enviado a alguien a buscarlos?
—Es mejor que todos piensen que hemos decidido encargarnos de los niños por nuestra cuenta —respondió Hermione con un suspiro—. Si la prensa llegara a enterarse… No quiero ni imaginármelo.
— ¿Acaso un escándalo como ese afectaría demasiado la reputación de los héroes de guerra? —preguntó Malfoy con saña.
—Bueno, si lo que quieres es que los maniáticos que están buscando a nuestros hijos se enteren de que ahora están solos en alguna parte del mundo, bien. Ve y cuéntaselo a la prensa, Malfoy —dijo Ron. Parecía estar conteniendo las ganas de lanzarle un maleficio.
—Es mejor que piensen que están con nosotros —razonó Hermione—. De hecho, hasta tiene lógica que hayamos querido despedir a sus escoltas. Albus los venció con una poción para dormir y Rose y Scorpius les lanzaron un confundus…
—Si es que ese niño realmente está con Rose y Albus —masculló Ron—. Podría estar en otra parte, en la nota no lo específica. Tal vez simplemente se hartó de vivir en esa casa…
—No, mi hijo está con ellos —repuso Astoria. Había colocado una mano encima del hombro de su marido, para evitar que éste replicara—. Scorpius… Él no es… Albus Potter es la única persona a la que él considera verdaderamente un amigo.
— ¡Suficiente! —dijo Malfoy. Se volvió hacia Harry—. ¿Y bien, Potter? ¿Sabes dónde están?
—Creo, señor Malfoy, que si supiéramos donde están, ya habríamos ido por ellos —dijo James frunciendo el ceño.
— ¡Eres un insolente…!
— ¡Ya basta! —exclamó Ginny levantándose. Todos se sobresaltaron (Kreacher derramó un poco de té en el piso) y voltearon a verla—. Sé que esto es difícil, pero por ahora todos estamos en la misma situación, nos guste o no —se volvió hacia los Malfoy—. Lo lamento, pero no tenemos idea de donde está su hijo. Les prometo que los encontraremos, tarde o temprano, pero mientras tanto…
— ¡No es suficiente! —Malfoy se soltó del agarre de su esposa y se puso delante de Harry, mirándolo con ojos rabiosos—. ¡Tú! ¡Tú dijiste que…! Si le pasa algo malo, Potter, te juro que… Juro que voy…
—Lo único que tienes que hacer en este momento, Malfoy —dijo Ginny interponiéndose—. Es ir a tu casa y enviar un comunicado a la Academia de Aurores diciendo que Scorpius se ha ido a esa academia en Francia a donde pensabas mandarlo, ¿de acuerdo? Nosotros nos encargaremos de cubrir las huellas de nuestros hijos y cuando tengamos alguna pista les avisaremos, ¿está bien?
Malfoy ni siquiera la miró. Pasados unos segundos se dio la vuelta, volcando una de las tacitas de porcelana que estaba en la mesa, caminó hacia el vestíbulo, con la cabeza erguida y sin esperar a su esposa.
—Yo, de verdad… —Astoria se acercó a Ginny lentamente—. Haremos todo lo que nos dice si con eso… Scorpius, él tiene que… Debe volver, yo…
Ginny asintió y después de un largo un suspiro, Astoria salió de la cocina y alcanzó a su marido en el vestíbulo. El rugir de las llamas de la chimenea rompió el silencio que se había apoderado de la cocina y Ginny se frotó las cienes.
—Debemos avisar a todos.
—Creí que nadie debía de enterarse…
—James, debes volver a tu habitación —dijo Harry sin mirar a nadie en particular. Seguía observando las notas que reposaban en la mesa, leyendo, intentando captar alguna cosa que le fuera útil.
— ¿De qué estás hablando? —James frunció el ceño—. ¡Por supuesto que no! ¿Qué hay de Lily y Hugo? Creo que merecen saber que sus hermanos están perdidos en algún lugar del mundo… ¡No puedes sacarme de esto! ¡No puedes, es…! ¡Puedo ayudarlos! ¡Puedo ayudarles a avisar a los demás!
Harry y Ginny se miraron. Sabían que era mejor que James se fuera de la casa para que ellos pudieran hablar con total libertad. Ella pareció comprenderlo porque aceptó la propuesta de su hijo y le dijo que ambos pasarían por la Madriguera y por los hogares de sus tíos y primos para avisar sobre la partida de Albus y así poder advertirles sobre la discreción que debían tener para mantenerlo a salvo.
Ginny y James salieron de la cocina apresuradamente y Hermione habló solo hasta que escuchó nuevamente el rugir de las llamas en el vestíbulo.
—No comprendo nada —admitió frustrada. El hecho de que aceptara algo como eso en voz alta, ya era preocupante—. ¿Cómo es que pudieron hacer eso? ¡Benjamin Lodge y el otro sujeto estaban buscándolos por venganza! ¿No es así? ¿Por qué dicen que toda la familia está en peligro? Yo no…
—No es venganza —dijo Harry. Las piezas del rompecabezas comenzaron a tomar forma en su mente—. O al menos eso es lo que ellos piensan…
— ¿De qué demonios hablas? —preguntó Ron.
—De Albus y Rose. Ellos creen que hay otra razón por la que Lodge y Dimas han estado atacando —Harry tomó la nota de su sobrina y leyó—:…he descubierto el porqué de los ataques a Albus y se lo he dicho. Albus me lo dijo a mí, hace algunos días…
— ¿Y qué es? —preguntó Hermione acercándose—. ¿Qué es, Harry?
Durante los siguientes minutos, Harry se dedicó a explicarles lo que Albus le había contado noches atrás, el relato que Rose creía verdadero, la historia de Merlín y su libro de hechizos. Ron y Hermione permanecieron en silencio, con el ceño fruncido y los labios apretados y Harry se dio cuenta en ese momento de que hacía muchísimo tiempo que no los veía así: angustiados y preocupados ante una historia que podía no ser real.
—Eso es una estupidez —dijo Ron cuando Harry hubo terminado—. Nadie puede deshacerse de su magia y meterla en un libro… ¿Verdad? —se volvió hacia su esposa.
—Bueno… —Hermione se pasó un mechón de cabello detrás de la oreja—. En realidad no importa si es verdad o no, sino que Rose y Albus creen que es cierto. Si piensan que él fue quien tocó la daga y que por lo tanto, es él quien debe encontrar los restos de ese libro, no podemos hacer nada salvo seguir su búsqueda… ¿De dónde sacaría Rose una historia como esa?
— ¿No sabes nada acerca de eso? —preguntó Harry esperanzado.
Hermione negó con la cabeza y tomó la nota de su hija. Sonrió con tristeza.
—…él no me lo ha pedido, pero debo hacerlo. Me necesita y sé que ustedes dos, más que nadie en el mundo, me comprenden —se talló los ojos y miró a Harry—. Tiene razón. Nosotros hicimos exactamente lo mismo.
—Fue diferente —dijo Ron con amargura.
— ¿Por qué? Nosotros éramos incluso menores que ellos cuando…
—Ron, necesito los papeles del caso de Benjamin Lodge —dijo Harry interrumpiendo la conversación—. Todos los papeles de cuando lo capturamos. Todo: los testimonios de los profesores de Hogwarts, los de su familia. Quiero interrogarlos de nuevo a todos, quiero averiguar quién es ese tal Dimas. Si tan solo tuviéramos un testigo de más utilidad…
—Lo tenemos —dijo Ron entrecerrando los ojos—. Creo que si lo tenemos, Harry.
Harry y Hermione lo miraron sin comprender.
—El cuchillo con el que ese hombre hirió a Albus, ¿te acuerdas? El que le dejó una herida que parecía estarle quemando… Bueno, es el mismo con el que mató a Montague en el andén 9 ¾, pero tú y yo ya habíamos visto esa herida antes, ¿no, Harry? Cornelius, el padre de Miranda Savage tenía una herida idéntica cuando lo encontramos muerto.
—En la misión de Grecia… —dijo Harry—. Lo mataron en las ruinas donde se suponía que varios magos realizaban magia tenebrosa, pero nosotros solo encontramos a un hombre que parecía enloquecido…
—Exacto, ¿Qué pasaría si ese tal Dimas fue el mismo que mató a Cornelius Savage hace algunos meses con ese mismo cuchillo? Si fuera así, ese loco que tenemos en Azkaban podría identificarlo.
—Si es que puede reconocer a alguien en su condición —razonó Hermione.
—Pero por ahora es lo mejor que tenemos —dijo Harry incorporándose. Dio un último vistazo al par de notas que reposaban en la mesa y frunció el ceño—. Vamos a Azkaban, entonces.
Merlín no fue el primero, ni el último de los magos que fue cegado por el amor. ¡El amor! ¡Oh, esa bella sensación que tanto atormenta a los hombres! ¿Por qué será tan complicado para nosotros los mortales? ¿Por qué no podremos amar a alguien sin herirnos los unos a los otros?
Vivian conocía muy bien lo que provocaba el amor, y más aún, la pasión con la que Merlín le profesaba ese sentimiento. Pero, en vez de corresponderlo, la bruja se aprovechó de ello y consumió todas las enseñanzas de su maestro con la única finalidad de apoderarse de su libro de hechizos.
Albus se acercó a la vela que iluminaba tenuemente el balcón de su habitación y extendió el viejo manuscrito que tenía delante. Utilizando la maldición geminio, Rose había copiado y llevado consigo el pergamino que había encontrado en la biblioteca de Alejandría, donde se relataba la historia del Aurea Pergamena.
En la esquina del documento estaba el símbolo que ahora Albus conocía muy bien y que había visto por primera vez tallado en la tierra, cuando tenía once años y había perseguido a Benjamin Lodge por el Bosque Prohibido: una línea con las esquinas curvas y una especie de flecha atravesándola.
El más doloroso de los sentimientos se apoderó de Merlín cuando tuvo la visión de que su amada iba a acorralarlo en un futuro. Casi puedo imaginarme como se sentía… Pero, ¿cómo cambiar a la razón de su existencia? ¿Cómo se atrevería a evitar que Vivian cumpliera con sus cometidos? No podía matarla, la amaba demasiado… Así que, os vais a sorprender cuando os diga lo que hizo el hechicero más poderoso de la historia: Merlín renunció a la magia, a su poder y lo encerró todo en el libro que contenía sus conjuros más poderosos. Algunas personas cuentan que cuando la magia de Merlín tocó las hojas del libro, éstas se tornaron brillantes y doradas. Es por eso que nosotros lo conocemos como Aurea Pergamena.
¡Ah, pero Merlín era astuto! Antes de renunciar a su poder, hechizó su libro para que éste se dividiera en varias partes que serían escondidas por el mundo. Sin embargo, aunque algún mago poderoso o la mismísima Vivian pudieran encontrar las hojas del Aurea Pergamena, no sería capaz de utilizarlas.
Había un objeto que simbolizaba todo el control que Merlín alguna vez ambicionó tener. Solo la persona que tocara ese objeto después de la muerte de su anterior propietario, sería capaz de controlar el Aurea Pergamena y los poderes que encierra.
Sin embargo, no os vayáis a confundir, porque el poder es algo muy curioso y extraño. Lo que Merlín buscaba no era alguien que pudiese suplirlo, sino alguien que pudiese encontrar el Aurea Pergamena, alguien que pudiese controlarlo al tocar el objeto y finalmente, que ése mago afortunado protegiera el legado que se le ha sido asignado.
Recordad, por favor, que todo comenzó con el amor de un pobre mago y que así es como debe de terminar. El amor y el poder no pueden mezclarse, porque las sensaciones que estos dos sentimientos provocan son muy diferentes y si no os andáis con cuidado, pueden causar demasiados males en el mundo.
Si conozco esta historia es por qué, creedlo o no, conocí a un descendiente de Vivian y éste me ha contado todo lo que yo os he relatado en este humilde pergamino. Si he decidido contarlo, es porque espero ayudar a aquel que ha sido bendecido con el poder del Aurea Pergamena, para que algún día finalmente el sacrificio de Merlín pueda ser valorado.
G.G.
— ¿Algo nuevo? —preguntó Rose. Estaba recargada en la puerta del balcón, con ojeras y el cabello más alborotado de lo habitual.
—Nada que no me hayas contado ya y ni siquiera puedo entenderlo del todo —dijo Albus con un suspiro decepcionado—. ¿Alguna idea de quién puede ser G.G.?
Su prima negó con la cabeza y tomó asiento junto a él. El cielo comenzaba a tonarse azul claro y las estrellas empezaban a desaparecer. Albus no había podido dormir casi nada en toda la noche, pues el estar recostado en una cama, sin hacer nada salvo intentar conciliar el sueño, lo hacía pensar en cosas que trataba de evitar.
— ¿Crees que nuestros padres ya se dieron cuenta, Al? —preguntó Rose con la mirada fija en el horizonte—. Ya sabes, de que nos fuimos…
Asintió sin voltear a verla. Eran precisamente ese tipo de cosas las que trataba de alejar de su mente.
—Sabes que aun… Aun puedes regresar, si quieres, ¿verdad, Rosie?
La muchacha sonrió con tristeza y suspiró.
—No seas imbécil. Me quedaré aquí, lo sabes. Es solo que estoy algo preocupada por ellos.
—Estarán bien —le aseguró Albus. Se había repetido eso tantas veces que ya hasta comenzaba a creérselo por completo—. Dimas y Lodge me quieren a mí. Mientras yo no esté con ellos, no les pasará nada. Lo que si me preocupa un poco es el escándalo que va a haber cuando la prensa se entere de que escapamos...
— ¡Por favor! —Rose se rio—. ¿No conoces a tu padre, Al? El tío Harry hará todo lo posible por ocultarle tu escape a la prensa. Él sabe que esos tipos están detrás de ti y no va a arriesgarse a que se enteren de que ahora estás en algún lugar del mundo sin su protección.
Aunque no había pensado en eso antes, Albus supo que su prima tenía razón. Su padre era muy inteligente y odiaba que el mundo mágico se enterara de sus problemas. Si Harry Potter iba a buscar a su hijo, no involucraría al ministerio y mucho menos a la prensa; se valdría de sus propios medios para lograrlo.
El estar consciente de eso, le hizo recordar un asunto que había estado dando vueltas por su cabeza desde la noche en la que había discutido con su padre.
—Rosie, ¿tú sabes algo sobre alguna orden en la que mi papá pueda estar involucrado? —su prima arqueó las cejas y lo miró con interés—. El día del ataque en el andén 9 ¾, escuché a mamá decirle que tenían que avisarle a "la orden" y él le dijo que hablara más bajo porque James y yo podíamos escucharlos.
—Bueno, supongo que se referían a la Orden del Fénix —dijo ella entrecerrando los ojos, seguramente notando el resentimiento en el tono de voz de su primo.
— ¿La qué?
—La Orden del Fénix —dijo Scorpius desde el sofá.
—Creí que estabas dormido —comentó Albus alzando las cejas. Su amigo se acercó al balcón, despeinado y ahogando un bostezo.
—Como si pudiera dormir con ustedes dos murmurando tan alto.
—No hablábamos tan alto —masculló Rose.
— ¿Qué es la Orden del Fénix?
—Una sociedad secreta. Se fundó la primera vez que Voldemort llegó al poder. El líder era tu… —Scorpius torció una sonrisa—. Tu padrino de nombre: Albus Dumbledore.
—La Orden del Fénix no solo peleó en la primera guerra —dijo Rose rápidamente. Parecía enfadada de que Scorpius hubiera respondido antes que ella—. En 1994, con el regreso de Voldemort, se restableció.
— ¿Y papá estuvo en ella? —preguntó Albus frunciendo el ceño. Si las cuentas no le fallaban, su padre habría tenido unos quince años en ese entonces… ¿Y consideraba que él, con dieciocho años, era un niño para meterse en asuntos peligrosos?
—No estoy segura —admitió Rose—. Él era muy joven en ese entonces, igual que mis padres. Sin embargo, algunos de los miembros de nuestra familia sí estuvieron ahí.
— ¿Y ustedes como saben todo eso?
Scorpius se encogió de hombros.
—Sabes que mi padre y yo… Bueno, que no hablamos mucho. En cuanto a mi madre, ella prefiere olvidar que somos la familia de traidores más grande en el mundo mágico —sonrió—. La que me cuenta estas cosas es mi abuela Narcissa. Antes no la entendía, pero ahora creo que al contarme todo eso, ella esperaba prepararme para vivir las consecuencias de lo que significa ser un Malfoy.
— ¿Y tú?
—Escuché a mamá y a papá hablando sobre eso —dijo Rose. Estaba mirando a Scorpius de forma extraña, como si estuviera analizando lo que acababa de decir—. No se dieron cuenta de que yo estaba ahí, por supuesto. Luego recopilé algunos libros y me enteré de lo demás.
— ¿Por qué armarían de nuevo una sociedad secreta que combatía a Voldemort? —preguntó Albus. Los otros dos lo miraron, sin saber que responder.
Unas horas después y luego de desayunar unas horribles tostadas en el pequeño restaurante del hotel, Albus, Rose y Scorpius recogieron todas sus cosas y partieron hacia la parte del bosque de Brocelianda en donde estaba la tumba de Merlín.
Para sorpresa de ambos muchachos (que nunca en su vida habían visitado ese lugar), Rose los guio hacia una especie de centro turístico en medio del bosque, donde una muchacha bajita parada detrás de una mesa de madera con muchas flores, estaba repartiendo folletos a algunos turistas.
—Buenos días —dijo Rose acercándose. Albus y Scorpius la siguieron, mirando confundidos a los visitantes de su alrededor que parecían ser muggles debido a la ropa que usaban—. Me llamo Rose Weasley y soy estudiante del Programa Nacional de Investigación Histórica de la Magia.
La muchacha levantó la vista y miró a su alrededor. Al confirmar que no había nadie escuchándolas, sonrió y con un ligero acento francés, dijo:
—Por supuesto, ¿puedes mostrarme tu identificación, por favor?
Rose se sacó del bolsillo una credencial que si tenía su nombre y la puso sobre la mesa junto con otra en la que se leía el nombre de Ned Goldstein. Sin embargo, está ultima no mostraba la arrogante sonrisa y el cabello exageradamente peinado del novio de Rose; en su lugar, se hallaba una pequeña fotografía en la que Albus sonreía tímidamente.
—Estamos haciendo una investigación sobre la vida de Merlín y nos gustaría examinar su tumba —explicó Rose exhibiendo la sonrisa orgullosa que siempre hacía cuando hablaba de su excelente historial académico.
Contraria a la recepcionista del hotel, la muchacha bajita si examinó con cuidado las credenciales que Rose le había entregado. Sin embargo, después de unos segundos sonrió, comprobando que todo estaba en orden. Luego miró a Scorpius.
— ¿Y su identificación?
La sonrisa de Rose desapareció.
—Él... Hum… Él es…
—Watson —dijo Scorpius adelantándose—. Adam Watson. Yo… Eh… Estudio con ellos, pero he olvidado mi identificación.
—Oh, lo siento —dijo la muchacha torciendo la boca—. Solo puedo dejar pasar a los magos que me muestren una identificación —bajó un poco la voz—. Es un lugar muy concurrido por muggles, ¿sabes? Y mis superiores quieren tener todo controlado.
— ¿No hay manera de que hagas una excepción? —preguntó Albus esperanzado.
—No, lo siento.
—No importa, Ned. Esta dulce señorita solamente está haciendo su trabajo. No hay porque importunarla con nuestros problemas.
Scorpius sonrió, enseñando todos los dientes y la muchacha se sonrojó.
—Pero, Adam… —dijo Albus acudiendo en su ayuda—. El proyecto fue idea tuya… ¡Tenías tantas ganas de conocer la tumba de Merlín!
—No importa —Scorpius soltó un lastimero suspiro y se recargó en la mesa—. Yo los esperare aquí, ¿de acuerdo? No importa que el profesor me ponga una mala nota, estaré bien. Lo que menos quiero es molestarte… ¿Cuál es tu nombre?
—Maggie —respondió ella con una risita.
— ¡Que hermoso nombre! —Scorpius volvió a sonreír—. Las personas hermosas suelen tener nombres hermosos.
—Gracias —dijo ella mordiéndose el labio—. Escucha, no debería de hacer esto… Pero, bueno, supongo que si los tres son parte de la investigación… Puedes entrar con ellos.
— ¿De verdad? —preguntó Scorpius fingiendo sorpresa. Albus contuvo una carcajada y Rose bufó—. ¡Muchas gracias, Maggie!
Los tres se adentraron en el bosque, junto con varios de los turistas muggles. La mayoría de ellos se alejó del camino que seguía Rose, siguiendo un letrero que decía "la fuente de la juventud".
— ¿Cuándo es que viniste aquí? —preguntó Albus sorprendido por la seguridad con la que su prima caminaba por el sendero.
—Un par de años. Vine con mamá, porque papá y Hugo decían que era sumamente aburrido —Rose bufó y miró a Scorpius—. Eso no estuvo bien, Malfoy. ¿Qué pasará si alguien del programa está por aquí? ¿O si algún supervisor se aparece de repente y…?
—Bueno, no es como si tú hubieras dicho toda la verdad, a menos que Albus sea en realidad tu noviecito bajo los efectos de una poción multijugos. Por cierto, gracias por pensar en una identificación para mí, Weasley. Veo que lo tienes todo planeado.
—No tenía una para ti porque tú no estabas incluido en esta búsqueda —dijo ella con voz irritada—. Lo que he planeado lo he hecho pensando en Albus y en mí solamente.
—No te preocupes, entonces. Si todas las chicas con la que nos vamos a topar son tan guapas como Maggie, no me molestará seguir improvisando.
Rose volvió a bufar.
Resultó que la tumba de Merlín no era tan impresionante como Albus se lo había imaginado. En vez de ser un sepulcro digno del mago más grande de todos los tiempos, parecía que alguien había colocado cuatro rocas al centro de un claro mal iluminado. Entendía perfectamente a su tío Ron y a Hugo por no querer ver "la cueva" en donde reposaban los restos de Merlín.
Durante la siguiente media hora se dedicaron a examinar los alrededores y a observar cuidadosamente todos los detalles de la tumba, procurando siempre no llamar la atención de los turistas muggles y de algunos magos que, seguramente, estaban de vacaciones y deseaban visitar el lugar. Albus ya estaba comenzando a fastidiarse, cuando su prima lo llamó y le hizo una seña para que se acercara.
—Creo que hay algo ahí…
Estaba inclinada mirando la esquina de una de las rocas. Albus se acercó y trato de ver a través del musgo que cubría la mayor parte de la superficie. Alcanzó a distinguir un trazo tallado en la piedra, algo que se parecía mucho al símbolo del Aurea Pergamena…
—Es eso, ¿no? —dijo Scorpius acercándose también—. Es el símbolo, ¿no?
—Parece que sí. Debajo hay algo escrito… ¿Qué es lo que dice? No puedo distinguirlo.
—No es inglés —dijo Rose frustrada. Las letras eran demasiado pequeñas y la chica se acercó tanto a la roca que su nariz casi rozó con la superficie—. Tampoco es latín… Me parece… Creo que es italiano.
—Permíteme entonces, Weasley —dijo Scorpius inclinándose junto a ella.
— ¿Puedes traducirlo? —preguntó ella, escéptica.
—Cuando no estoy en Hogwarts, mi familia se la pasa viajando, evitando Inglaterra —Scorpius torció una sonrisa—. Italia es solo uno de los muchos países que he visitado.
Mientras Rose volvía a bufar de indignación, Scorpius se acercó a la inscripción e intentó apartar el musgo con el dobladillo de su manga.
—Lo cuidaré… Lo cuidaré por ti, tú el más grande… El más grande de los magos, con el final más injusto, reposas aquí… Yo sé que… Que no soy digno, pero me dedicaré a cuidar lo que he encontrado. Las cuevas iluminadas por el resplandor… El resplandor azul. Esa será su nueva fortaleza. Descansa en paz, Merlín —Scorpius entrecerró los ojos—. No está firmado, pero tiene una inscripción debajo… Aunque me parece que esto es francés…
Volvió a apartar el musgo y se acercó más a la roca.
—Très hautettrèsexcellent ettrès puissant… —Scorpius frunció el ceño—. Me parece que dice "Muy alto y muy excelente y muy poderoso". Es todo.
Se quedaron los tres en silencio. Aquello tenía sentido hasta cierto punto, pensaba Albus: Quien quiera que hubiera puesto esa inscripción había encontrado parte del Aurea Pergamena y lo había escondido… ¿Dónde? Repasaba en su cabeza las conversaciones que había mantenido con Dimas o con Benjamin Lodge, pero ninguna parecía contener alguna pista que le fuera de utilidad. Para su sorpresa, Rose se levantó de su lugar, emocionada.
— ¡Es la inscripción que hay en el escudo de armas del rey Alfonso V de Aragón!
— ¿Quién? —preguntó Albus confundido.
— ¿Cómo pasaste Historia de la Magia, eh? —preguntó ella con una sonrisa petulante—. Fue un mago muy poderoso que gobernó varios países antes de que el Estatuto del Secreto fuera firmado. En su escudo de armas se leía "Muy alto y muy excelente y muy poderoso, Rey Alfonso V de Aragón". Seguro que él encontró una parte del Aurea Pergamena, pero… ¿dónde la escondió? No entiendo el resto del mensaje.
—Y por eso es una suerte que yo sí esté incluido en la búsqueda, Weasley —Scorpius también se levantó y sonrió—. Lo que decía en el escudo de armas está escrito en francés, pero el resto del mensaje está en italiano… ¿Por qué? ¡Por que están en Italia!
—Eso cualquiera pudo haberlo deducido, Malfoy.
—Sí, pero solo alguien que haya pasado un buen tiempo en Italia puede deducir que al decir "las cuevas iluminadas por el resplandor azul" se refiere a la Grotta Azzurra, uno de los puntos históricos mágicos más importantes de Italia… Creí que te gustaba mucho la historia, Weasley.
— ¡Yo deduje lo del rey Alfonso V! —exclamó ella indignada—. Lo de las cuevas no lo sabía, no es mi culpa que mi familia no esté bañada en oro y que no pueda salir del país cada vez que se le pega la gana…
—No sabes de lo que estás hablando.
—Bueno, ya —intervino Albus—. Scor, ¿sabes cómo llegar a esas cuevas?
Su amigo asintió.
—Iremos ahí, entonces.
— ¡Pero, ni siquiera sabemos si verdaderamente se refiere a eso la inscripción! —protestó Rose.
—Lo sé —admitió Albus. Una extraña, pero excitante sensación había invadido su cuerpo ahora que tenían la siguiente pista—. Pero, por ahora es lo único que tenemos, Rosie. Así que, hay que hacerlo.
¡Hola otra vez! He decidido ya no disculparme XD ok no, si me disculpo pero de verdad es que he tenido muchísimo trabajo que hacer... Si alguna vez les dicen que los que estudian periodismo no hacen nada, piensen en mi y contradíganlo, ok? XD
Sobra decir que este capítulo tiene datos muuuuy importantes y todo eso. Se que querían saber más sobre Lizza y les prometo que el próximo capitulo tendremos noticias de ella jaja :D Pero por lo pronto en este analizamos un poco más las personalidades opuestas de Rose y el papasito de Scorpius, que despues de todo, son muy importantes en la historia. En fin...
¡Reviews plis!
