En Inglaterra.

Mientras Albus, Rose y Scorpius comenzaban su aventura en el bosque de Brocelianda llenos de expectativas ante la aventura que estaban por emprender, a miles de kilómetros de distancia, Inglaterra se volvía un completo caos y James Sirius Potter observaba como los rostros de sus primos y amigos palidecían al mismo tiempo.

Luego de enterarse sobre el escape de su hermano menor y abandonar el Valle de Godric, su madre había reunido en la Madriguera a toda la familia Weasley junto con Andrómeda Tonks, los Longbottom y los Scamander; luego les había ordenado a los más jóvenes quedarse en el departamento donde vivían Dominique, Fred y Molly hasta que alguien pasara a buscarlos.

James, por supuesto, no había tardado en contarles a todos (con lujo de detalles) lo que había ocurrido en su casa hace algunas horas.

— ¡Mierda! —había dicho Dominique y todos se quedaron callados, pues no encontraban una palabra que describiera mejor la situación.

Los gemelos Scamander lucían una idéntica y confundida expresión en el rostro, Louis comenzó a morderse las uñas de la mano izquierda, Fred se quedó estático, Alice se llevó las manos a la boca y Molly se levantó de un salto y dijo:

—Preparare té.

— ¿Té? ¿Enserio? ¡Olvídalo! Voy por la botella de whisky de fuego que guardé en la alacena—dijo Fred caminando hacia la cocina.

El departamento era pequeño: un saloncito, una cocina, un baño y dos habitaciones (una para Minie y Molly, otra para Fred) ubicadas en el segundo piso. Sin embargo, a James siempre le había gustado ese lugar porque era cómodo, sencillo y siempre estaba desordenado. Se había convertido en el espacio favorito de los más jóvenes de la familia cuando estaban algo cansados de las órdenes y reglamentos de los adultos.

Pero aquella madrugada de septiembre, el departamento no estaba lleno de la jovialidad y el ánimo que tanto lo caracterizaba.

—No le encuentro ningún sentido —admitió Louis mientras Fred regresaba de la cocina con una botella en las manos—. Sabemos que Benjamin Lodge quería vengarse de ellos por haberlo capturado hace años, ¿no? Entonces, ¿por qué se irían? ¡Están más seguros aquí, en casa!

—Sí, por lo menos aquí los aurores estaban cuidándolos. Ahora están en quién sabe dónde, solos y quien sabe que pueda pasarles —dijo Lorcan dejando caer la cabeza en el borde del sofá.

—Gracias por intentar tranquilizarnos, idiota —Minie rodó los ojos, luego se volvió hacia James—. ¿Estás completamente seguro de que Albus no te dijo nada?

—Sí, tal vez no te diste cuenta —dijo Molly esperanzada—. ¡Eres su hermano, por Merlín! ¡Debió decirte algo!

—No… Él… —James se pasó una mano por el cabello—. Había estado actuando raro, pero… Bueno, es que él y papá pelearon hace unos días. No sé por qué. Él no me dijo nada…

—Claro que no —dijo Louis después de darle un largo trago a la copa que Fred le había entregado —. Albus únicamente compartió sus planes con dos personas y ambos huyeron con él.

James se acercó a la ventana que daba a la calle y les dio la espalda, mientras los demás comenzaban a formular teorías y a especular sobre los motivos del escape.

Louis tenía la habilidad de permanecer calmado en los momentos más desastrosos y así formarse un juicio, que casi siempre era correcto. La situación en la que se encontraban ahora, no era la excepción.

Su primo tenía razón. Albus únicamente había confiado en dos personas: Rose y el idiota de Malfoy. Solo en ellos… Entendía lo de Rose. Ella siempre había sido la confidente de Albus, la mejor amiga, la prima favorita y una de las pocas personas que podían soportar su extraño humor. Pero, Malfoy… ¿Cómo es que ese mocoso petulante se había ganado la confianza de su hermano menor? ¿Cómo es que Albus había decidido compartir sus planes con ese odioso y presumido rubiecito? ¿Cómo es que había terminado confiando en Malfoy y no en él? ¡Era su hermano mayor, por Merlín! ¡Menudo imbécil!

— ¿Estás bien?

La pequeña mano de Alice se posó sobre su hombro y él asintió. No porque verdaderamente estuviera bien (ya casi amanecía y aun no tenían noticias), pero no quería derrumbarse frente a todos los demás.

— ¿Qué hay de Lily? —preguntó Lysander de repente. Todos lo miraron sin comprender y James se dio cuenta de que, por alguna extraña razón, su amigo se había sonrojado—. Me refiero a que… Bueno, está en Hogwarts, ¿no? Ella aún no sabe nada. Tampoco Hugo, ni Roxanne o Lucy. Deberíamos de avisarles.

—Eso no será necesario.

James volvió la cabeza hacia la chimenea. El rostro de su madre acababa de aparecer en medio de pequeñas llamaradas de fuego. Corrió hacia ahí y los demás se inclinaron detrás de él.

—Gracias por preocuparte, Lysander —Ginny le sonrió y él desvió la vista rápidamente—. Pero, Hermione y yo ya hemos ido a Hogwarts a explicarles todo a los muchachos. No tienen por qué angustiarse.

— ¿Han averiguado algo? —preguntó James, ansioso.

—No, pero escúchenme con mucha atención. No pueden decirle a nadie lo que ha pasado, ¿de acuerdo? —Ginny los miró con severidad—. Si las personas que estaban persiguiendo a Albus, Rose y Scorpius se enteran de que se han ido, irán tras ellos inmediatamente. La versión oficial será que enviamos a Albus y Rose a un lugar secreto para protegerlos de los ataques y que la familia Malfoy envió a su hijo a un internado en Francia. Es lo que dirán ustedes si alguien les pregunta, ¿entendieron?

—Pero, debemos hacer algo para…

—Ya estamos haciendo algo para encontrarlos, ¿bien? —Ginny frunció el ceño—. Lo que necesito que hagan ahora es que actúen normal. Vayan a sus trabajos, a sus hogares. Hagan lo que harían en un día común y corriente. Y si van a hablar entre ustedes del tema, asegúrense de que nadie esté escuchándolos.

— ¿Ir a trabajar? ¿Cómo puedes…? —James apretó los puños—. ¡Es mi hermano quien está perdido! ¿Por qué Victoire y Teddy si se quedaron en la Madriguera? ¿Por qué ellos si pueden saber lo que está pasando y nosotros…?

— ¡James, basta! —ordenó Ginny. Todos se encogieron en su lugar—. Escuchen, tal vez no lo comprendan del todo, pero ahora, más que nunca, lo que todos necesitamos es que confíen en la familia. Hagan lo que les digo, por favor.

Y obedecieron.

Después de que el rostro de su madre desapareció, James desayunó con los demás unos emparedados de queso que habían preparado entre Alice y Molly.

Luego ella partió a San Mungo, Fred y Dominique a Sortilegios Weasley, Louis a Gringotts, Lorcan y Alice al Ministerio de Magia y Lysander a la estación de radio mágica en Hogsmade.

James se dirigió al estadio en donde solía entrenar para el Puddlemere United, aun con las palabras de su madre resonando en su cabeza. Confíen en la familia, había dicho ella… Entonces, ¿qué es lo que habría pasado para que Albus dejara de confiar en la familia?


—Siéntate.

Una risita alegre contrastó con los muros oscuros y enmohecidos de la habitación. El hombre se miró los pies, descalzos y sucios. Otra risita escapó de sus labios.

— ¡Siéntate! —repitió Harry.

Ron no esperó a que el prisionero obedeciera, lo tomó por los hombros y lo tiró en la silla que estaba en medio del cuarto. Él volvió a reír

— ¡Escúchame bien! —dijo Harry parándose delante de él—. Hace algunos meses te encontramos en unas ruinas de Grecia, ¿lo recuerdas? Estabas realizando magia oscura, ¿verdad?

— ¿Yo? No… Fueron ellos… Ellos… Ellos estaban haciendo la magia que no te gusta, Potter.

Harry frunció el ceño.

Hace seis meses el departamento de aurores en Grecia había solicitado la ayuda de Inglaterra para detener a un grupo de personas que estaban realizando magia tenebrosa en unas ruinas a las afueras de un pequeño pueblo.

La situación, que de por sí era inusual (desde que Lord Voldemort había muerto, no se veía a muchos magos tenebrosos haciendo públicos sus actos), se complicó cuando Cornelius Savage murió gracias a una extraña herida en el cuello. Después de intentar ayudarlo, lo único que los aurores pudieron encontrar dentro de las ruinas fue a un hombre enloquecido, meciéndose en el suelo y repitiendo frases sin sentido.

El hombre que ahora Harry tenía frente a él.

Lo habían interrogado antes, sin resultado. Sin embargo, Ron tenía razón: la herida en el cuello de Savage, la que le habían hecho a Albus y la que había provocado la muerte de Montague, eran exactamente iguales. Profundas, sangrantes y con un dolor que parecía quemar a sus víctimas por dentro. El autor de las tres era la misma persona y si lograban sacarle algo al testigo, Harry estaría un paso más cerca de encontrar a su hijo.

—Tus amigos mataron a Cornelius Savage cuando él entró a revisar, ¿verdad? —se acercó a él—. ¿Dónde están? ¿Quiénes estaban contigo?

—Él era un pequeño niño, solitario y triste… Me lo contó… Ese es el comienzo de todo… Siempre es el comienzo de todo —canturreó el hombre, meciendo la cabeza—. Pequeño y solitario… Quiere lo que no tiene…

A pesar de que los dementores habían sido desterrados hace muchos años, Azkaban seguía siendo un lugar horrible, capaz de consumir la vitalidad de todo aquel que era encerrado. El prisionero sin nombre que Harry tenía enfrente, era la prueba perfecta de ello. Tenía la piel pegada a los huesos y unas profundas ojeras se dibujaban alrededor de sus ojos castaños.

— ¡No estamos jugando, idiota! —Ron se sacó la varita del bolsillo y la encajó en el cuello del hombre—. Si no nos dices ahora quien mató a Cornelius Savage…

—Yo no lo hice, no… —el hombre comenzó a temblar. Tenía un tic en el ojo izquierdo—. ¿Por qué es tan importante ahora? Savage está muerto… ¡Muerto!… A nadie le importa.

—Responde la pregunta —dijo Harry—. ¿Quién lo asesinó? ¿Quién estaba contigo?

—La pregunta no es quién estaba conmigo ahí, Potter. La pregunta es qué estábamos buscando… —el hombre volvió a reír—. El pequeño niño… Solitario y triste… Quisiera tener lo que tiene su hermana… Él… Él hará lo que sea… Lo que sea…

—No fue una buena idea, Harry —dijo Ron apartándose—. Está loco, no va a decirnos nada.

El hombre soltó otra carcajada y agachó la cabeza. Harry suspiró resignado y se dio la vuelta, siguiendo a Ron. Estaba a punto de salir del cuarto y ordenarle a los vigilantes que llevaran al prisionero de vuelta a su celda cuando escuchó un escalofriante gemido detrás de él.

—Haz que paren —dijo el prisionero comenzando a sollozar—. Por favor, Potter…

— ¿Qué? —Harry se volvió y Ron lo siguió a regañadientes.

—Yo no quería… Yo… Él me hizo esto… Se metió con magia oscura, Potter… ¡Él me hizo esto! Y se lo hará a todos, a todos…

— ¿Quién? ¿De qué estás hablando?

—El pequeño niño… Solitario y triste… Ha encontrado la forma… Quiere lo que tiene su hermana y él… Él ha…

—Sabes que está pasando, ¿verdad? —Harry volvió a acercarse a él—. Si lo sabes, dime que es…

— ¡ÉL ME HIZO ESTO! ¡HAZ QUE PAREN, POTTER! ¡DETENLAS!

Se agitó violentamente contra la silla. Las cadenas que le rodeaban las manos chocaron entre sí, produciendo un tintineo que resonó como eco en el oscuro cuarto. Ron sacó su varita de nuevo.

—Las voces… Hay voces en mi cabeza, él… Ese día, él… Él me lanzó un hechizo y yo… Yo quedé así… —una suave risita escapó de los labios del hombre—. Él no quiere a nadie de su lado, Potter… Lo único que quiere es eso que estábamos buscando… Él cree que le pertenece…

— ¿Qué? Necesito que lo digas —Harry lo tomó por los hombros—. ¿Quién mató a Cornelius Savage? ¿Quién estaba contigo y qué es lo que estaba buscando?

—Lo encontró, Potter… Él me lo dijo, lo encontró porque es descendiente de Vivian… —las manos comenzaron a temblarle—. Él… Él tiene el diario de Vivian, por eso se enteró… Y cree que es suyo, que le pertenece… Tiene su diario y una parte, solo una parte… Pero, quiere las demás…

— ¿Una parte de qué?

—Del Aurea Pergamena.

— ¿El qué? —Harry lo miró con desesperación—. ¿Qué es eso?

— ¡HAZ QUE SE DETENGAN, POTTER! ¡NO PUEDO, NO…! —el hombre volvió a sollozar—. Ha matado a su padre… Utilizará a su hermana… Él pequeño niño… Solitario y triste, ese es el comienzo de todo… Siempre es el comienzo… ¡EL AUREA PERGAMENA, POTTER! ¡EL AUREA PERGAMENA!

—Harry… —Ron intentó apartarlo, pero él se resistió y siguió sujetando al hombre por los hombros.

—Dime que es eso… ¡Dímelo!

— ¡MERLÍN! Él… —el hombre comenzó a retorcerse. Era como si el proporcionar alguna información fuera sumamente doloroso—. Su… Su libro, Potter. El libro de… El libro de hechizos de Merlín… El Aurea Pergamena… ¡DETENLO, POTTER! ¡DETENLO! ¡ÉL ME HIZO ESTO! ¡LOS MATARA A TODOS USTEDES!

— ¡¿Quién?! —bramó Harry sacudiéndolo—. ¡Di su nombre! ¡¿Quién lo hizo?!

El hombre dejó de sollozar, de reír y de retorcerse. Respiraba entrecortadamente y cuando levantó la cabeza, Harry creyó ver un último brillo de esfuerzo atravesando su mirada, un último destello de cordura.

—Se llama Dimas Mabroidis.


Hermione se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Relájate, por favor —dijo el ministro de magia, Kingsley Shacklebolt. Estaba sentado junto a ella, alrededor de una gran mesa de roble y lucía una expresión de serenidad que Hermione comenzaba a envidiar.

— ¿Relajarme? Hace unas horas acabo de descubrir que mi hija se ha ido y…

—Lo sé. Pero, tu misma me acabas de decir que la Orden ya está enterada de todo. Los ayudaremos y lo sabes. Mientras tanto, es tu deber dar a conocer la versión oficial. No será difícil, los miembros del Wizengamot siempre te han apoyado.

—Excepto cuando requería de su voto para evitar que Miranda Savage restableciera la Comisión de Registro de Hijos de Muggles —comentó Hermione y sin poder evitarlo, frunció el ceño.

Las puertas se abrieron de golpe y, casi como si hubiera sido invocada al mencionar su nombre, Miranda Savage entró a la habitación seguida de los miembros del Wizengamot y otras autoridades del Departamento de Aplicación a la Ley Mágica.

— ¡Señora Weasley! —exclamó con su singular sonrisa—. Creí que no había venido al ministerio, como no la vi en la oficina…

— ¿Qué está haciendo aquí? —preguntó Hermione sin poder ocultar su desagrado—. Específicamente cité únicamente a…

—La señorita Savage solicitó venir a la junta —explicó el viejo Fellon, mientras agitaba su varita para que la jarra de agua que había al centro de la mesa llenara los vasos que estaban acomodados en sus lugares—. Ha estado asistiendo a las actividades del Wizengamot con la intención de aprender un poco más sobre nuestro trabajo.

— ¿Qué mejor manera de aprender sobre la comunidad mágica que con ustedes? —preguntó Savage—. Me encantaría formar parte del consejo, en un futuro muy lejano, por supuesto. Ahora mi lealtad está con el departamento de la señora Weasley.

Le guiñó un ojo a Hermione y ella frunció más el ceño.

—Bueno, va por muy buen camino, señorita Savage —comentó otro de los hombres sonriendo. Se volvió hacia Hermione y su rostro adquirió seriedad—. Entonces, señora Weasley, ¿cuál es el motivo de esta junta?

—Como sabrán —dijo Hermione intentando recuperar la calma—. Desde que Benjamin Lodge escapó de Azkaban, ha habido ataques en contra de la familia Potter. Dado a que Albus Potter estuvo involucrado en la captura de ese hombre, junto con Scorpius Malfoy y mi hija, Rose Weasley, una escolta de aurores estuvo vigilándolos por algunas semanas…

—Justo el otro día hablábamos de eso, ¿cierto, señorita Savage? —comentó una mujer de cabello blanco y le sonrió a la aludida—. Usted estaba diciéndome que no podíamos asegurar que esos ataques estuvieran relacionados con el prófugo Benjamin Lodge.

— ¿Cómo dice? —preguntó Hermione arqueando las cejas—. En uno de los ataques, Albus Potter lo reconoció y él testificó…

—No testificó ante el cuartel de aurores —especificó Miranda Savage encogiéndose de hombros—. Lo hizo únicamente ante su padre, me parece.

—Y su padre es el jefe del departamento de aurores —dijo Hermione con la voz crispada—. Además, con todo respeto, señorita Savage, los métodos que se utilicen para interrogar a los testigos, no son de su incumbencia.

Miranda Savage esbozó una sonrisa curiosa que irritó de sobremanera a Hermione. Kingsley hizo un ruido con la garganta y ella respiró hondo, intentando calmarse.

—En fin, solo quería informarles que hemos decidido prescindir de la ayuda del cuartel de aurores y enviar a Albus Potter y a Rose Weasley fuera del país. La familia Malfoy, por otro lado, ha decidido que su hijo estudie en un internado en Francia.

Todos los presentes se mostraron sorprendidos y por primera vez desde que Hermione la conocía, Miranda Savage borró su sonrisa.

—La seguridad de los involucrados en capturas de magos tenebrosos siempre ha sido asunto del ministerio —repuso uno de los miembros del Wizengamot—. Señor ministro, usted no puede…

—Quiero que sepan que apoyo completamente la decisión que han tomado los familiares de los jóvenes involucrados —dijo Kingsley con calma—. Y Harry Potter (que después de todo era quien se encargaba de las escoltas de aurores) está de acuerdo. Así que no veo ningún inconveniente.

—Sí, pero… —la mujer de cabello blanco se inclinó hacia adelante—. Los Malfoy fuera del país son… Bueno, usted sabe que su familia ha estado vigilada por el ministerio desde que la guerra terminó.

—Y así seguirá siendo —afirmó Kingsley—. El único miembro de la familia Malfoy que saldrá de Inglaterra es su hijo y él nunca ha estado involucrado con actividades tenebrosas.

—La educación de los muchachos, por otro lado… —comenzó a decir un hombre calvo. Hermione lo reconoció como miembro del consejo directivo de Hogwarts.

—Los tres han terminado la educación mágica básica —explicó Hermione—. Los dos muchachos pertenecían a la Academia de Aurores, que ya ha sido informada del asunto. Mi hija formaba parte de un programa de investigación histórica y los directivos ya están al tanto de…

—Veo que ya tienen todo planeado, señora Weasley —la interrumpió Miranda Savage. Se mordió el labio y arqueó las cejas—. Pero, se está olvidando de un detalle muy importante.

— ¿Disculpe?

—La Comisión de Registro de Hijos de Muggles, por supuesto. No hay ningún problema con el señor Malfoy, desde luego. Pero, me temo que los otros dos…

—Pero, ellos no son hijos de muggles —dijo una mujer bajita. Hermione la conocía bien, había sido su jefa cuando recién entró a ese departamento—. Los padres de ambos muchachos son magos.

— ¡Por supuesto! —exclamó Miranda Savage con voz cantarina. Aún no había recuperado su sonrisa, pero parecía que el tono meloso que usaba al hablar era permanente—. Sin embargo, recuerden que la Comisión que yo estoy planteando y que hace unos días aprobamos, requiere registrar a todos aquellos que tengan sangre muggle… Aunque no sea directamente, por supuesto. Solo es para conocer el porcentaje de la población, ya saben.

Algunos asintieron, dándole la razón. Hermione apretó los puños bajó la mesa.

—La familia Potter tiene antecedentes muggles. El mismo Harry Potter fue criado por ellos, me parece —por fin la sonrisa reapareció en el rostro de Savage. Miró a Hermione y alzó las cejas—. En cuanto a la señorita Rose Weasley… Bueno, usted puede decirnos bastante, ¿no, señora Weasley?

—Sí, mis padres son muggles —dijo Hermione levantando la barbilla—. Así que mis hijos deben registrarse con usted, supongo. Aunque, la propuesta fue aprobada hace días y aun no se conoce el procedimiento de registro.

—Lo daré a conocer muy pronto, se lo aseguro.

—Entonces, no veo porque es un problema que los muchachos no estén en Inglaterra mientras usted decide que métodos que va a utilizar en la comisión —repuso Hermione—. Si las cosas mejoran, ellos volverán para cuando deban registrarse.

—Además, señorita Savage —dijo Kingsley—. No veo como es más importante registrar a unos muchachos cuyas familias son conocidas en todo el país, que velar por su seguridad.

—Oh, por supuesto, señor ministro. Tiene toda la razón —aceptó ella y se puso una mano en la mejilla—. Y yo, más que nadie, le deseo a estas familias que puedan tener a sus hijos de vuelta muy pronto. Cuente conmigo para lo que necesite, señora Weasley.

Acentuó su sonrisa y Hermione estuvo tentada a sacar su varita y lanzarle una de esas maldiciones mocomurciélago que Ginny le había enseñado hace muchos años.


James deslizó el hilo color carne por debajo de su puerta. Hacía muchísimo tiempo que no usaba las orejas extensibles, pero la situación requería medidas extremas.

Recién salió del entrenamiento del Puddlemere United, se dirigió a su casa con la esperanza de encontrar alguna noticia sobre su hermano menor; pero al llegar al Valle de Godric, su madre le había ordenado quedarse en su habitación mientras ella se encargaba de unos "asuntos importantes" encerrada en el despacho de su padre.

Obviamente, no podía quedarse con los brazos cruzados. Tenía que enterarse de lo que estaba pasando, así tuviera que utilizar un truco que todos en su familia conocían… Alguien tiró del hilo hasta que la oreja extensible desapareció por debajo de la puerta. James se apartó sobresaltado y entonces, Kreacher entró a la habitación.

— ¡El primogénito malcriado ha desobedecido a la ama de Kreacher! —gritó el elfo sosteniendo la oreja extensible con rabia—. ¡Kreacher informará de esto ahora mismo!

— ¡Dame eso, cara de rata!

El elfo comenzó a correr por el pasillo del segundo piso en dirección a las escaleras, agitando sus brazos huesudos y gritando a todo pulmón. James lo siguió a trompicones y logró alcanzarlo rápidamente. Sin embargo, los pies del muchacho se enredaron con el hilo que sostenía el elfo y ambos cayeron al pie de la escalera sin dejar de forcejear.

En ese momento, tocaron el timbre.

Ginny Potter salió del despacho, pero antes de llegar a la puerta se detuvo y observo la escena que se estaba desarrollando entre su hijo y Kreacher.

—Ni siquiera quiero saber —suspiró y luego abrió la puerta.

—Buenas tardes, señora Potter.

James levantó la vista y dejó de forcejear con el elfo. Era Lizza McAbee.

—Siento mucho molestarlos. Estoy buscando a Albus.

—Oh —Ginny palideció un poco. Al parecer se había olvidado por completo de la muchacha—. Lo siento, él no está aquí.

— ¿Sabe a qué hora volverá? —preguntó Lizza—. Sucede que quisiera…

—Se refiere a que él no está aquí y no va a volver, lindura —James soltó a Kreacher y se puso de pie.

— ¡James! —su madre lo miró con el ceño fruncido, luego se volvió hacia Lizza y suavizó el gesto—. Lo siento, hemos… Decidimos que Albus y Rose se fueran de Inglaterra por un tiempo. Por lo menos hasta que capturen a Benjamin Lodge y a los otros que están causando los ataques.

— ¿Cómo dice? —preguntó Lizza abriendo los ojos como platos.

— ¿Qué? ¿Albus no te dijo nada? —preguntó James acercándose.

No era idiota, sabía que tenía que ser discreto… Pero a Albus le gustaba muchísimo esa chica (se notaba en su forma de mirarla cuando creía que los demás no se daban cuenta) y tal vez ella sabía algo sobre el escape.

—No, él… Anoche fue a mi casa, pero, él y yo… —balbuceó ella frustrada—.No mencionó nada, nosotros… Quería hablar con él hoy porque ayer las cosas no terminaron muy bien… No estaba en el restaurante al que solíamos ir, así que yo vine hacia acá y… ¡Oh, Merlín!

Con cada palabra que pronunciaba, la voz de la muchacha se iba apagando. Cuando la vio morderse el labio, James estuvo seguro de que estaba conteniendo las ganas de ponerse a llorar. Había visto ese gesto en muchísimas chicas luego de que él terminara con ellas.

—Oh, señora Potter, debo hablar con él, por favor… Al menos en una carta, yo…

—Lo lamento —dijo Ginny mirándola con tristeza—. No podemos decirle a nadie donde está. Es por su seguridad.

Por un momento, James sintió compasión por ella… Si de repente Alice se fuera a quien sabe dónde sin decirle nada, él enloquecería, seguro. Sin embargo, su madre fue terminante y a la chica no le quedó más remedio que alejarse de la casa con los hombros caídos y los ojos vidriosos.

—A tu habitación —ordenó Ginny. Kreacher se acercó y le entregó la oreja extensible, mirando al muchacho con una desagradable sonrisa—. Y si vuelves a intentar usar algo como esto…

—Ya entendí —gruñó James caminando hacia las escaleras.

Mientras tanto, Lizza caminaba sin rumbo por el pueblo, observando a las personas que se saludaban entre sí y a algunos niños que jugaban en la plaza principal, alrededor de la estatua de Lily, James y Harry Potter. Los muggles solo podían ver un obelisco con nombres grabados, pero ella podía observar perfectamente todos los detalles que adornaban ese triste monumento.

Suspiró.

Albus le había contado que así es cómo él había descubierto que Lord Voldemort había asesinado a sus abuelos. Era muy pequeño, pero ya podía entender muchas cosas. Harry Potter le había explicado como una noche de octubre, el mago más tenebroso de todos los tiempos había visitado ese pueblo, matado a sus padres e intentado hacer lo mismo con él, fallado catastróficamente.

En ese momento, sin embargo, Albus no se enteró de cómo habían estado conectados realmente Voldemort y su padre; ni cómo, muchos años después, había terminado venciéndolo… Esa historia le había sido revelada el día que llegó a Hogwarts, por Scorpius Malfoy.

Hogwarts.

¿Cómo es que ella y Albus nunca habían hablado en el colegio? Recordaba haberlo saludado un par de veces, cuando él buscaba a Rose y ella se encontraba cerca. Le parecía un muchacho agradable, pero muy serio. Sin embargo, él nunca pareció fijarse en ella.

Otro suspiro escapó de sus labios, acompañado de una solitaria lagrima que rodó por su mejilla hasta perderse en su cuello.

—Es hermosa, ¿no? Es una pena que los muggles no puedan admirar tal belleza.

Lizza se volvió, sobresaltada. Junto a ella, Dimas Mabroidis admiraba la estatua de la familia más importante en el mundo mágico.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —miró hacia los lados—. Alguien va a verte…

— ¿Y eso qué? El ministerio persigue a Lodge. Recuerda que nadie ha visto mi rostro, querida. ¡Me he paseado tantas veces por el Valle de Godric! Es un lugar de verdad maravilloso.

—Y estás vestido para la ocasión —dijo ella mirándolo con las cejas arqueadas. El hombre había abandonado el manto negro que siempre cubría su rostro y lo había sustituido por un traje color pardo y una corbata roja. Podría pasar por un muggle común y corriente.

—Estoy a punto de salir de viaje, querida —Dimas arrugó la nariz—. Lodge insistió en la vestimenta formal.

Lizza se dio la vuelta y comenzó a caminar, alejándose cada vez más de la casa de los Potter. El hombre la siguió. Iba lo suficientemente lejos como para que nadie notara que estaban hablando, pero lo suficientemente cerca para que ella pudiera escucharlo.

— ¿Ya te reconciliaste con el muchacho?

—No, él no está aquí.

—Cuando vuelva, quiero que…

—No lo entiendes —dijo ella cruzando los brazos—. No va a volver.

Dimas se paró en seco.

—No juegues conmigo, querida.

—No estoy jugando —Lizza se detuvo y fingió que observaba el escaparate de una tienda de ropa—. Su madre me lo acaba de decir. Gracias a ti y a tus amiguitos, han decidido enviarlo lejos.

— ¿Dónde?

—No lo sé…

— ¡¿Dónde?!

Unos adolescentes que pasaban por ahí voltearon a verlos. Lizza hizo como que no se daba cuenta y siguió caminando.

—No van a decirme donde está. Es el punto de estar escondido, nadie puede saber tu ubicación.

— ¿No preguntaste cierto? —Dimas la alcanzó y la tomó del brazo. Al parecer había olvidado la prudencia—. ¿No has aprendido nada todavía, querida? Debes averiguar todo, todo lo que…

— ¡Te estoy diciendo la verdad! —exclamó ella soltándose del agarre—. Y si no me crees, puedes comprobarlo. Escondieron a Albus porque tú y tus amigos lo atacaron, quien sabe cuántas veces. Solo era cuestión de tiempo para que su familia tomara medidas extremas.

Dimas guardó silencio y fijó su vista en el horizonte. Luego de unos segundos, su mirada encolerizada desapareció y una suave risita escapó de sus labios.

—Oh, pero que suerte —dijo—. Apenas había decido dejar en paz al niño. Me parece bien… Sin él interfiriendo podré concentrarme en otros asuntos y cuando todas las piezas del rompecabezas estén reunidas, lo buscaré.

—Eso lo dices solo porque ya no puedes encontrarlo —dijo Lizza arqueando las cejas nuevamente.

—No agotes mi paciencia, querida —Dimas sonrió—. Me agradas mucho, no lo arruines.

—Supongo que sin Albus aquí, yo ya no te sirvo para nada, ¿cierto?

—No, de hecho… —de nuevo comenzó a caminar—. Ahora que saldré de viaje con Lodge, necesitó a alguien de confianza atendiendo mis asuntos.

— ¿Y yo soy de confianza?

—No te subestimes, querida. Me has sido bastante útil y te apuesto a que eres más inteligente que cualquiera de esos mortífagos en los que Lodge ha depositado su confianza —una mueca de desagrado deformó sus finas facciones—. Tengo una tarea para ti.

—Debo volver al trabajo.

—No, no. Esto es mucho más importante que tu lindo trabajo—Dimas acentuó su sonrisa—. Dime, querida… ¿Alguna vez has estado en Italia?


¡Hola! Se que me tardé, pero considerando que he subido más capítulos en estos días que mis autores favoritos en sus historias... ¡SI! ¡Es un reclamo! Nadie ha actualizado nada :( En fin, aquí está el siguiente capítulo... ¿Extrañaron a Al, Rose y Scorpius? Yo también. Pero tenía que poner que sucedió en casa mientras ellos estaban por ahí, investigando... En el prox capitulo los volveremos a ver, lo prometo.

Harry ya sabe sobre el aurea pergamena, la familia ya está enterada, Hermione ya dio a versión "oficial", volvimos a ver Lizza... ¡Oh, por cierto! Díganme que opinan de ella. Ya, que todos la querían antes y... ¿Ahora? les sigue gustando? Quiero escuchar sus opiniones jejejeje.

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