El Camino Pedregoso.
Pequeños copos de nieve caían con delicadeza sobre las calles de Hogsmeade. Dentro de la estación de radio mágica había una chimenea encendida y solo dos personas que escuchaban una tranquila balada mientras bebían chocolate caliente.
— ¿No tienes frío?
—No, lo único que tú quieres es una excusa para abrazarme.
—Eres muy lista.
Lily se rio y se levantó del raído sofá en el que estaba recargada. Lysander estaba sentado en una silla frente a un micrófono que flotaba en la esquina, al lado de varios pergaminos desordenados, y torció una sonrisa cuando la muchacha se acomodó encima de sus piernas, dejando su taza de chocolate aun lado.
—Cuéntame otra vez como le pegaste a Smith con la quaffle.
—No, porque voy a tener que recordar que Gryffindor perdió el partido —Lily rodó los ojos—. No es como si pudiera olvidarlo, pero…
—Aun no estabas del todo recuperada para jugar, todo el mundo te lo dijo. Eres una necia.
— ¡Deja de decirme así! ¡No fue eso! Lo que pasa es que tengo demasiadas cosas en la cabeza y no pude…
— ¡Oh, espera! —Lysander le tapó la boca y luego se acercó al micrófono que tenía delante. La balada había desaparecido—. Acabamos de escuchar "Secretos en el Caldero", de los increíbles "Cuernos de Erumpent", la banda del momento. Y para despedir el programa escucharemos su más reciente canción: "Duelos y Hechizos de Amor". Soy Lysander Scamander, no olviden sintonizar mi programa mañana a la misma hora. ¡Que los torposolos no viajen a sus cabezas! ¡Hasta luego!
— ¿Recuerdas la vez que tú, Lorcan y James me dijeron que los torposolos me comerían el cerebro mientras dormía? —preguntó Lily cuando, con un movimiento de su varita, Lysander había apartado el micrófono y otra canción, más animada, comenzaba a sonar en la habitación—. Tenía tanto miedo que me quedé despierta toda la noche.
—Y cuando descubriste que no era verdad, tomaste la Poción Crece-Pelo de tu abuelo y la pusiste en nuestras bebidas —Lysander fingió estremecerse—. Nos creció barba y pelo por todos lados. ¿Cuántos años tenías? ¿Seis? ¿Siete? Eras una niña malvada.
— ¿Y tú? ¿Nueve? ¿Diez? Eras un abusivo —dijo Lily con una sonrisa. Lysander le acarició el cabello y ella dejó caer la cabeza sobre su hombro—. Albus me ayudó a tomar la Poción Crece-Pelo. Yo no podía alcanzarla desde la repisa del abuelo.
—Bueno, es que siempre has sido la hermana favorita de Albus —Lysander le dio un beso en la mejilla y ella suspiró—. Quisiera que dejaras de estar triste.
—Y yo quisiera que ese idiota regresara a la casa. Faltan unos días para que yo vuelva y… ¡No quiero ni pensar en cómo van a estar las cosas si Albus no está en Navidad!
—No debes pensar así, Lily…
—Cécille y Hugo me dicen lo mismo, pero no puedo evitarlo. El solo imaginar que… ¡Oh, vaya! Sin Albus, sin Rose… ¡Incluso Scorpius hacía una pequeña aparición en el Valle de Godric la mañana de Navidad! Le encantaba la tarta de fresa que preparaba mamá. Y ahora, no sé qué…
—Yo voy a estar ahí, ¿de acuerdo? —los ojos de ambos se encontraron y Lysander la tomó de las manos.
— ¿Dónde? ¿Consolándome en un armario para que nadie nos vea? —Lily sonrió con tristeza.
—No. He estado pensándolo mucho y durante estas vacaciones podríamos aprovechar para decir…
—De ninguna manera.
—Pero, Lily…
— ¡No! No ahora cuando las cosas están tan… —negó con la cabeza y volvió a suspirar—. No debemos complicar más las cosas, Lysander. La familia está pasando por un momento muy difícil y ni siquiera sabemos bien que es lo que…
—Ya, tienes razón. Tranquila.
Por un momento nadie dijo nada y las notas alegres de la melodía inundaron la habitación. Luego, Lily se acercó más al muchacho y torció una sonrisa.
— ¿Sabes por qué vale la pena quedarme en Hogsmeade luego de que todos ya volvieron al castillo para cenar? —él negó con la cabeza—. Porque a esta hora no hay nadie más que tú en la estación de radio.
— ¿Estás tratando de ponerte romántica?
—Tal vez.
Compartieron una sonrisa. Y luego un beso. Lysander soltó las manos de la muchacha para colocarlas alrededor de su cintura. Lily se pegó aún más a él y le rodeó el cuello con ambos brazos. Un pequeño jadeo acompañó a la última nota de "Duelos y Hechizos de Amor" y justo cuando creían que nada arruinaría ese momento… Se escuchó un ruido.
— ¿Qué fue…?
— ¡Lysander! ¡Lysander!
—James —dijo él poniéndose pálido de repente. Se levantó de la silla con rapidez y Lily cayó al suelo—. ¡Maldición! ¡Lo siento!
— ¡Cierra la boca! —Lily se puso de pie apresuradamente y recorrió el lugar con la mirada, intentando encontrar un escondite. Sin embargo, justo en ese momento su hermano atravesó la puerta de entrada.
— ¿Qué no oyes? ¡Llevo tocando desde hace rato y no abres! ¡Hemos averiguado…! ¿Qué demonios haces aquí, Lily?
La aludida abrió la boca, pero no dijo nada. James estaba mirándola con el ceño fruncido, recargado al margen de la puerta, con el oscuro cabello revuelto y la capa empapada por la nieve.
—Yo… Solo, estaba… Yo… ¡Págame ahora, Scamander! —exclamó Lily dirigiéndole a Lysander una mueca de fastidio. Éste la miró confundido—. La última vez que vine a Hogsmeade me pediste cinco sickles. No voy a irme de aquí hasta que me los devuelvas, ya te lo dije.
— ¿Cinco…? ¡Oh, sí! —dijo Lysander atropelladamente y se rebuscó en los bolsillos de su túnica hasta encontrar algunas monedas—. Aquí tienes.
— ¿Estás aquí solo por cinco sickles? Eres un fastidio, Lily —comentó James mientras se dejaba caer en el sofá. Lysander tomó disimuladamente las tazas de chocolate caliente que habían abandonado y las ocultó debajo de la pila de pergaminos desordenados.
— ¿Qué es lo que ibas a decirle a Lysander?
—Nada que te interese —James se quitó la capa y la tiró al suelo—. Ya tienes tus monedas, ahora vete.
—Averiguaron algo sobre Albus, ¿verdad? —Lily se acercó a él y James rodó los ojos—. ¡Si lo hicieron! Por favor, ya sé que están vigilando a nuestros padres y a los demás. Debiste decírmelo…
— ¿Cómo es que sabes…?
—Eso no importa. Hugo, Roxie, Lucy y yo estamos igual de preocupados que ustedes, no es justo que…
—No deben de preocuparse, ¿de acuerdo? —James volvió a fruncir el ceño—. Mamá dijo que no debíamos de…
— ¡Como si obedecieras todo lo que mamá te dice! Si fuera así, no estarías dirigiendo una misión para espiar a todos y averiguar por qué Albus se fue.
—Ya, Lily —dijo él con dureza—. No es tu asunto, de verdad. Ahora, vuelve a Hogwarts.
— ¿No es mi asunto? ¡Albus es mi hermano también! —dijo Lily y puso los brazos en jarra—. Y te recuerdo que fui yo quien lo acompañaba cuando esos malditos atacaron el andén 9 ¾, fue a mí a quien amenazaron y fue a mí a quien…
— ¡Ya lo sé! ¡Es precisamente por eso que no quiero…! —James desvió la vista y suspiro—. La carta que Rose dejó cuando se fue del Valle de Godric decía que no querían meter a más personas en esto, que querían proteger a la familia. Nosotros, solo por estar investigando, ya estamos metidos hasta el cuello y no quisiera que tú…
Se quedó callado, sin completar la oración. Afuera, la nieve arreció y la ventana se abrió de golpe. El viento esparció los pergaminos desordenados, dejando al descubierto las dos tazas de chocolate caliente. Lysander se apresuró a poner todo de vuelta en su lugar y Lily se sentó al lado de James, que parecía no haberse dado cuenta de nada.
— ¿Te digo algo curioso? Nunca hemos hablado sobre cómo nos sentimos al llegar a Hogwarts sin tener idea de quién era realmente papá —comentó ella—. No sé tú, pero yo no la pase muy bien.
— ¿Y eso qué?
—Que nuestros padres siempre han querido protegernos a base de secretos y hasta ahora, eso no les ha funcionado muy bien. No podemos hacer lo mismo entre nosotros, James. Estoy cansada… ¡Mira a Albus! Él se fue, ¿entiendes? No se lo llevaron, se fue porque así lo quiso, porque no confiaba ya en nadie más que en Rose y Scorpius… —James soltó un bufido, pero Lily no le hizo caso y siguió hablando—. No puedes proteger a alguien ocultándole la verdad. Papá, mamá y los demás siguen creyendo que es así, pero no es cierto. Y ahora tú también… ¡Y no quiero! ¡No quiero, James!
—Estás diciéndome que debemos dejar los secretos atrás, ¿no? —preguntó James, mirándola con severidad—. Todos los secretos. Solo así dejaremos de hacer lo que hacen nuestros padres.
—Sí.
—Muy bien —dijo él—. Entonces, dime lo que has estado escondiendo desde vacaciones.
Por una milésima de segundo, la mirada de Lily se encontró con la de Lysander, quien se dio la vuelta y fingió observar el paisaje nevado a través de la ventana.
—Te lo contaré —dijo Lily luego de un largo suspiro y Lysander se golpeó la mano accidentalmente con el cristal empañado —. Solo… No ahora, por favor. Créeme cuando te digo que éste no es el momento adecuado.
James entrecerró los ojos.
— ¡De verdad te contaré todo! ¡Lo prometo! —exclamó Lily alzando la mano derecha—. Por ahora solo puedo decirte que no estoy haciendo nada malo y que… Bueno, puede que después de un tiempo incluso te agrade la idea.
James resopló y juntó ambas manos frente a su rostro, como meditando la situación, mientras su hermana lo miraba expectante. Luego de unos segundos, volteó a ver a Lysander.
— ¿Tú que piensas?
—Que por mucho que me conmueva escuchar sus hermosas conversaciones fraternales… —respondió él, recuperando el color natural de su rostro y torciendo una sonrisa—. Estoy ansioso por saber que averiguaste sobre Albus. Así que deberías apurarte, amigo.
—Bien —dijo James y Lily dibujo una amplia sonrisa en su rostro—. No más secretos.
La muchacha se lanzó a abrazarlo y James cayó de espaldas en el sofá, mientras Lysander acercaba la silla y tomaba asiento junto a ellos.
—Vengo de ver a Minie —explicó James una vez que estuvo libre de los brazos de Lily—. Estaba sola porque los jefes de Molly en San Mungo la enviaron desde ayer a una investigación de campo en Gloucestershire y Fred seguía con su misión… La cual parece que va muy bien, porque Minie dijo que al fin había averiguado algo sobre Rachel Carter.
—Rachel Carter… ¿No era profesora de Albus en la Academia de Aurores? —preguntó Lily poniéndose un dedo en la barbilla.
—Sí, pero nosotros la vimos reuniéndose con tu tío George el otro día y Fred cree que está ayudándole a nuestros padres en lo que sea que están haciendo —explicó Lysander. Lily frunció el ceño y él claramente pudo distinguir en su mirada una expresión de "no me habías dicho nada al respecto", pero como James seguía en medio de ambos, no pudo decirle nada.
—Y ahora sabemos que es cierto. Rachel Carter está ayudándolos —continúo James—. Según Minie, Fred la ha visto siguiendo a Devon Lodge, luego de que se acaben las clases en la Academia... ¿Te acuerdas de él? Era el tipo que siempre estaba molestando a Albus.
—Sí, estaba loco —comentó Lily—. Una vez atacó a Albus y a Scorpius cuando regresaban de Honeydukes con el Mapa del Merodeador, ¿recuerdas? Albus decía que incluso pudo haber visto el pasadizo secreto, pero que nunca le dijo nada.
—Y también es el sobrino de Benjamin Lodge —dijo James, triunfante—. Es obvio que nuestros padres piensan que ese idiota sabe algo sobre su tío y quieren mantenerlo vigilado. Esa es la tarea que le han dejado a Rachel Carter. Como es su profesora en la Academia…
—Lorcan y yo también tenemos algo, íbamos a decírselos en la noche —comentó Lysander y esquivó la mirada fulminante de Lily—. Ayer encontramos varios libros de historia en el escritorio de papá y todos tenían un tema en común: Merlín.
—A tu papá le gusta leer sobre cosas extrañas, ¿y eso qué? —preguntó James arqueando las cejas.
—No, le gusta leer sobre animales extraños y lugares que nadie conoce —explicó Lysander—. Nunca había visto un libro de historia en mi casa, ¿sabes? Y si estaban en su escritorio, es porque se pasó leyéndolos toda la noche. Además yo escuché a mamá diciéndole que le preguntaría al abuelo sobre "aquello que hizo Merlín" —se aclaró la garganta e imitó el tono agudo y soñador con el que solía hablar su madre—. "Papá sabe todo sobre Merlín, ¿sabes? Seguro ha escuchado sobre aquello que hizo. Estoy segura que a Harry le resultará útil".
— ¿Por qué a papá le resultaría útil saber sobre Merlín? —preguntó James. Lysander se encogió de hombros—. Bueno, puede ser una pista. Sin embargo, todavía necesitamos averiguar más cosas para saber por qué Albus, Rose y ese otro idiota se fueron.
—Bueno, no tienes de que preocuparte —dijo Lily sonriendo con presunción—. Ahora que has decidido incluirme, todo será mucho más fácil.
Albus llevaba más de ocho años conociendo a Scorpius y toda la vida conviviendo con Rose. Había peleado con él muchísimas veces y se había enfadado con ella por tonterías. Habían gritado, cruzado los brazos, bufado de exasperación y hasta maldecido en algunas ocasiones.
Sin embargo, Albus nunca llegó a pensar en la posibilidad de perderlos para siempre. A ninguno de los dos.
Jamás le pasó por la cabeza que la amistad incondicional que Scorpius Malfoy le profesaba llegaría a su final. Nunca imaginó que la lealtad fraternal de Rose tendría un límite.
Pero, había pasado.
Esa noche, después de que los tres observaran cómo sus peores temores se transformaban en realidad, algo se había roto. Algo invisible, poderoso y fascinante. Y no era culpa de los boggarts, Albus lo sabía muy bien. Esas horribles criaturas únicamente se habían encargado de abrir heridas… Heridas que ya estaban ahí, muy dentro de ellos y que al salir habían colapsado, provocando un daño irreparable.
—Ya es hora —dijo Rose terminando de empacar todo en la mochila de su primo.
Después de una larga noche en la que Albus apenas y pudo cerrar los ojos, el amanecer llegó. Y ellos seguían juntos. Solo que ya no.
No se miraban a los ojos y hablaban al aire. Era casi como si estuvieran solos, aunque no lo estaban. Se habían separado, los tres, sin excepción alguna. Porque incluso la fría tolerancia que evitaba la guerra entre Rose y Scorpius había desaparecido y Albus se dio cuenta de que sus miradas, antes únicamente hostiles, ahora eran rabiosas y que la incomodidad que sentían al estar cerca del otro se había transformado en desprecio.
—Llegamos —dijo Scorpius soltándose rápidamente del agarre de los otros dos.
Puzzlewood era tan verde que la nieve no había podido opacar su color y parecía apenas un ligero rocío entre los miles de árboles que crecían torcidos desde un suelo disparejo. Los primeros rayos de sol se perdían entre la vegetación. El lugar estaba calmado, vacío y silencioso.
Rose desplegó un mapa. Scorpius se ajustó el cuello de su chaqueta. Albus comenzó a caminar detrás de ellos, preguntándose qué es lo que harían después de esa visita al bosque, encontraran alguna pista sobre el Aurea Pergamena o no.
Sabía que ninguno de los dos abandonaría la misión. No importaba lo fuerte que hubiera sido esa discusión o que ahora no pudieran ni verse a la cara. Ambos siempre habían sido fieles a sus promesas. Además, ninguno sabía cómo estaban las cosas en casa y si alguno de ellos volvía solo, seguramente terminaría por complicar más todo.
El problema era que Albus no estaba seguro de querer que lo siguieran acompañando y la idea de desaparecerse con su mochila de viaje en cuanto ellos se dieran la vuelta, cada vez le resultaba más tentadora.
Si se iba, podría leer cuantas veces quisiera las hojas del Aurea Pergamena que tenía en su poder, incluso podría decir en voz alta alguno de los conjuros… Solo él controlando a su antojo esos preciados pergaminos…
Esos pensamientos lo habían abordado durante toda la noche y aunque Albus intentaba frenarlos, llegaban a él igual que relámpagos, rápidamente y sin avisar. No estaba tranquilo y sentía una horrible opresión en el pecho. Algo que parecía culpa y también rabia. Recordaba las palabras de aquellos boggarts, iguales a la voz de su padre, taladrando sus oídos; recordaba una violenta furia recorriéndole cada centímetro del cuerpo; recordaba la increíble sensación de esas hojas doradas entre sus dedos y recordaba, por supuesto, el rostro espantado de su prima al verlo levantar la varita, dispuesto a atacarla…
No era idiota. Sabía que el Aurea Pergamena estaba teniendo un efecto extraño en él. Pero, simplemente era algo que no podía evitar. El poder que tenían esas hojas era increíble y el solo pensar que únicamente le pertenecían a él…
—Esa es la cueva de la que habló el profesor Knoffler —dijo Rose. Había escondido la mirada detrás del mapa mientras caminaba y ahora apuntaba hacia un montón de rocas que reposaban a unos metros de distancia.
—Andando, entonces.
Al lado de la entrada había un enorme barranco que rodeaba toda la cueva. Albus asomó la cabeza y un repentino mareo lo sacudió al ver su altura. Rose guardó el mapa y encendió su varita. Ellos la imitaron y los tres entraron, uno por uno, sumergiéndose en la oscuridad.
—Todo depende de ti ahora, Albus —dijo Scorpius fríamente, observando de reojo los muros de rocas llenos de moho—. Eres tú quien puede sentir el Aurea Pergamena. Si hay una parte aquí, lo sabremos por ti.
Albus asintió y trató de apartar de su cabeza cualquier pensamiento ajeno al Aurea Pergamena, todo con tal de volver a encontrar alguna de las partes, igual a como lo había hecho en el Castel Nuovo.
Sin embargo, el recorrido duró más de lo esperado y a él se le antojó eterno. La oscuridad cada vez se volvía más densa y el camino pronto se vio lleno de hiedras y raíces que dificultaban su andar. Albus sentía que caminaban en círculos, únicamente guiados por las pobres luces de sus varitas.
— ¿Nada? —le preguntó Scorpius luego de unos minutos de silencio. Albus negó con la cabeza, frustrado—. Bueno, no era seguro que encontráramos algo aquí, de todos modos.
—Aún no acabamos —dijo Rose sin dejar de caminar—. Nos falta un buen tramo.
Así que siguieron. Avanzaron por el oscuro túnel, que cada vez se hacía más angosto y difícil de recorrer. Albus avanzaba ya con el ceño fruncido… Si realmente esas cuevas no les daban alguna pista sobre el Aurea Pergamena, quería decir que habían perdido muchísimo tiempo acampando en Gloucestershire para nada, cuidándose del "peligro", como decía Rose. O peor, si realmente había algo ahí pero Dimas y Lodge se les habían adelantado… Albus apretó los puños con fuerza al pensar en esa posibilidad. Y probablemente Rose estaba preocupándose también por ello, porque caminaba decidida y sin detenerse.
— ¿Qué es eso? —preguntó Scorpius observando un punto del camino, unos metros más adelante, que lucía diferente a todo lo demás.
La hiedra había cubierto casi por completo ese lugar y las rocas sobresalían de manera extraña. Una enorme grieta adornaba el suelo y pequeños orificios entre las rocas provocaban que motitas de luz iluminaran un poco su alrededor.
—Esto… —Rose acarició los muros resquebrajados—. Magia.
— ¿Qué?
—Estas cuevas llevan muchísimo tiempo aquí y jamás les ha pasado nada, se han conservado intactas durante siglos —explicó Rose rápidamente. Y aunque Albus sintió un extraño alivio al escucharla hablar sobre historia, se dio cuenta de que su voz aún se escuchaba rara, distante —. Esto no se ha deteriorado por algo natural, esto… Aquí debió de haber sido… la explosión de la que habló el profesor Knoffler, la que casi destruyó las cuevas…
—Aquí pudo haber caído el Aurea Pergamena —dijo Albus apartando las hiedras, tocando desesperadamente todo a su alrededor, esperando sentir ese agradable calor que nacía en él cada vez que se acercaba a esas hojas.
—O cualquier otra cosa lo suficientemente poderosa como para dejar estos rastros de magia —dijo Scorpius arqueando las cejas.
—No, te equivocas —murmuró Albus—. Aquí cayó una de las partes del Aurea Pergamena cuando Merlín murió… Solo que alguien ya la encontró.
Rose y Scorpius se volvieron, confundidos. Albus apuntó con su varita hacia el muro e hizo que la hiedra se apartara, dejando ver una pequeña y plana roca incrustada entre las demás. Sobre ella estaba tallado el símbolo del Aurea Pergamena.
—Yo… No puedo sentirlo, no… —Albus raspó la superficie que la rodeaba, intentando sacarla—. El Aurea Pergamena no está aquí, pero esto debe ser el rastro que dejó alguien, igual que en la tumba de Merlín o la Grotta Azzurra.
— ¿No hay nada más? —preguntó Scorpius cuando Albus por fin logró sacarla. Parecía una roca común y corriente, salvo por el peculiar símbolo—. ¡Vaya pista!
—Bueno, al menos ya sabemos que sí estuvo aquí —comentó Rose observándola con detenimiento.
— ¿Y qué es exactamente lo que estuvo aquí, preciosa?
Ninguno de los tres se volvió. Albus echó lentamente la piedra a su bolsillo, moviendo apenas sus brazos, escuchó que Scorpius mascullaba una palabrota y observó de reojo a Rose, cuya mirada recorría el techo del túnel con rapidez.
—Suelten sus varitas —dijo la voz rasposa que los había sorprendido—. Ahora.
— ¡Ahora! —gritó otro hombre al ver que ninguno de los tres se movía y Albus reconoció su voz del enfrentamiento en el Castel Nuovo.
Rose levantó ligeramente su brazo y luego miró significativamente a Albus y Scorpius.
Entendieron al instante. Comenzaron a correr y a la vez, Rose pronunció un hechizo que derribó parte del techo de piedra. Hubo gritos y nubes de polvo que nublaron la vista de todos.
Pero aquello no los detuvo. Y no eran solo dos, eran bastantes. Albus los escuchaba correr detrás de ellos, sin volverse, y la cueva pronto se vio iluminada por los destellos de sus hechizos. Rose seguía derribando los muros que dejaban atrás, intentando obstaculizar la carrera de sus atacantes. Albus y Scorpius intentaron hacer lo mismo y la cueva entera retumbó por los temblores. Y el camino cada vez se hacía más angosto, más lleno de hiedras y raíces.
— ¡Cuidado! —gritó Scorpius tirando del brazo de Albus. Las enredaderas que salían de los muros parecían haber cobrado vida propia e intentaban atraparlos mientras corrían—. ¡Sus manos!
Pero iban tan aprisa y esquivaban tan rápido los hechizos y las hiedras encantadas, que no podían siquiera juntar las manos para desaparecerse juntos. La única manera de escapar era salir de la cueva y sellarla, para que los otros no pudieran seguir persiguiéndolos y… Albus la vio. La luz al final del túnel, no estaba lejos. Podía ver el cielo y la luz iluminando el final de la cueva. Estaban cerca, muy cerca…
Entonces, pasaron dos cosas al mismo tiempo.
Albus gritó de dolor y se dejó caer en el piso. Un hechizo le había pegado en la pierna y sintió todos sus huesos crujir cuando intentó moverla.
Rose también gritó y también se dejó caer en el piso. Un par de hiedras habían conseguido sujetarla por las piernas y se enredaban por su cuerpo igual que serpientes cazando a una presa.
— ¡Los tenemos! —gritó una voz y se escuchó tan cerca que Albus cerró los ojos, esperando lo peor.
— ¡Bombarda Máxima! ¡Expulso! —chilló Rose.
Entonces todo su alrededor tembló y las rocas del techo comenzaron a caer precipitadamente. Una fuerza invisible lanzó a Albus y a Scorpius hasta el límite del túnel y en apenas un segundo, el derrumbe comenzó a crear una barrera entre ellos y Rose.
— ¡No! —gritó Scorpius.
Varias rocas le cayeron encima cuando saltó hasta llegar al a muchacha. Albus trató de levantarse antes de que la barrera se cerrara, pero el techo de la cueva se derrumbó por completo con violento estrépito, junto con lo que quedaba del camino en el que él estaba.
Albus cayó por el barranco que rodeaba la cueva. Solo sentía dolor, dolor por todos lados. Piedras hiriéndolo, raíces espinosas que se encajaban en su piel, duros golpes que sentía mientras la gravedad lo hacía rodar hacia abajo, sin detenerse.
Y cuando el deseo de parar aquel dolor fue más fuerte que cualquier otra cosa, llegó al final del barranco, chocando contra el tronco de un árbol caído. Sus piernas se atoraron con violencia entre las gruesas ramas y de nuevo escuchó sus huesos crujir. Estaba rodeado de rocas, tierra y sangre. Mucha sangre.
No podía sentir nada más que horribles punzadas por todo el cuerpo. No escuchaba y apenas podía ver a través de una espesa nube de polvo las ruinas de la cueva adornando la cima del barranco. Rose había pensado lo mismo que él, había logrado sellarla… Solo que ella había quedado adentro.
Y luego, por un segundo antes de desmayarse, observó la silueta alguien acercándose a él apresuradamente.
Y antes de caer en el mar de la inconsciencia, deseó con todo su corazón que esa persona fuese su padre.
— ¡Weasley! —gritó Scorpius quitándose de encima las rocas que le cubrían el cuerpo. El lugar había dejado de temblar, pero el polvo apenas y lo dejaba ver con claridad.
— ¡No! ¿Qué haces? —exclamó ella cuando lo vio levantarse. Aún estaba atada al suelo y las hiedras ya la habían sujetado por completo, haciéndola soltar su varita—. Deberías de haberte ido con…
Scorpius no le hizo caso y se acercó para desenredar sus muñecas, pero antes de que pudiera levantar su varita, recibió un rayo de luz roja justo en el pecho y salió disparado hacia atrás.
Los que habían atacado se acercaban rápidamente a ellos. También estaban heridos y cubiertos de polvo, pero levantaban sus varitas con una furia determinante, sin darles la opción de moverse. Aun así, Rose se acercó lo más que las hiedras le permitían al cuerpo desplomado de Scorpius y murmuró:
—Pase lo que pase, no menciones nuestros nombres. No pueden saber quiénes somos…
Y entonces, un hombre la sujetó por el cabello y la golpeó contra lo que quedaba del muro de piedra.
Hola! Adivinen quien terminó la escuela y es parte del porcentaje de desempleados en el país :3 Así es, yo. Lo cual quiere decir que ahora si tengo tiempo de escribir. Mucho tiempo. Hay que ver el lado bueno de las cosas, supongo. Pero, dejando de lado mi triste situación, hablemos del capítulo... Si...
No tengo que decir que me costó trabajo, porque al parecer todos los capítulos de este fic me cuestan trabajo. Sin embargo, aquí no me gustó mucho el resultado, pero simplemente no podía cambiarlo. Tiene todo lo que quería mostrar y... bueno, yo me entiendo. Digamos que fue el impulsor de otro GRAN punto de giro en la historia y una parte que fue de las primeras en ser planeadas.
También quiero mencionar que anteriormente solo había estado mostrando la historia desde los puntos de vista de los Potter (Al, Harry, James y Lily) y de los villanos (Dimas y Lodge... Más de Dimas que de Lodge), pero a partir de ahora, también veremos lo que está pasando con Rose y Scorpius ahora que han sido capturados.
También suplicó con todo mi corazoncito un review a las personas que leen pero no dejan su comentario. De verdad, me sirve de mucho saber qué les parece o que me digan en que puedo mejorar. Jamás había escrito una historia emmm tan densa por así decirlo y quiero saber que tal voy. Muchas gracias a todos por leer y así, espero que les guste este capítulo.
¡Reviews plis!
