El Poder de las Palabras.

— Francamente, no veo el problema.

Miranda Savage sonrió e hizo sonar los dedos contra la superficie del escritorio de madera. Harry, sentado frente a ella, tuvo que hacer un esfuerzo descomunal por mantener la calma.

—Ha estado visitando Azkaban.

—Sí, así es.

—Y dejó de hacerlo exactamente cuándo Benjamin Lodge escapó.

—¿Debo suponer, señor Potter, que usted está acusándome de ayudar a ese criminal a fugarse? —preguntó ella y se llevó una mano al pecho—. Si me permite decirlo, me parece sumamente atrevido de su parte sugerir tal cosa.

—Limítese a contestar, señorita Savage —dijo Ron pronunciando su nombre con desagrado. Hermione le puso discretamente una mano en el brazo.

—Bueno, es que yo no estaba enterada de esa coincidencia tan curiosa. Hasta que ustedes me lo comentaron, no tenía idea de que…

—Hemos recibido esa información y ha sido confirmada ya en los archivos de visita de la prisión —dijo Harry inclinándose hacia adelante—. ¿Conoce usted a Benjamin Lodge, señorita Savage?

—Perdón, pero, ¿es este un interrogatorio formal? Porque de ser así, me gustaría ver la orden oficial, si es tan amable, señor Potter.

—Como jefe del cuartel de aurores, tengo todo el derecho de interrogar a las personas que me parezcan sospechosas, sin la necesidad de una orden oficial.

—Oh, por supuesto —dijo ella acentuando su sonrisa—. Por poco olvidaba que usted sigue siendo el jefe del cuartel. Una escucha rumores, ya sabe… Y como últimamente no se ha pasado por el Ministerio de Magia, me hizo creer que…

—Los asuntos del Departamento de Aurores no son el tema de esta discusión —dijo Ron—. Así que puede guardarse sus comentarios y responder lo que se le está preguntando.

—Por supuesto, tiene toda la razón, señor Weasley —dijo ella—. Pero, ¡oh! ¿De dónde podría conocer yo a ese hombre? Ustedes saben, por supuesto (seguro que me han investigado a fondo antes de este interrogatorio) , que pasé la mitad de mi vida especializándome en leyes mágicas y cuidando a mi anciano padre… —soltó un suspiro—. Ya saben ustedes, estaba muy viejo el pobre. Fue por eso que en aquella misión a Grecia, no pudo reaccionar rápido y sucedió lo inevitable.

—¿Conoce usted a Benjamin Lodge, sí o no? —preguntó Harry endureciendo el tono de su voz. Hermione le lanzó una mirada cargada de severidad.

—No, señor Potter. No lo conozco —dijo ella y por un segundo, cuando lo miró a los ojos, Harry en verdad le creyó—. ¿Eso es todo? ¡Lamento mucho tener que retirarme! Pero, la señora Weasley me tiene muy ocupada en el departamento, ¿no es así?

—¿Qué hay de Dimas Mabroidis? —dijo Harry, antes de que se levantara por completo. La mujer se quedó quieta.

—¿Disculpe?

—Un hombre llamado Dimas Mabroidis, ¿lo conoce?

—Me temo que no, señor Potter —dijo Miranda Savage y aunque no dejó de sonreír, en su rostro se dibujó una mueca de fastidio—. En verdad, me gustaría poder ayudarlos. Si necesitan algo más, no duden en avisarme… ¡Oh, por cierto! Sigo esperando que sus hijos puedan volver para registrarlos en la Comisión de Registro de Hijos de Muggles. Les suplico prontitud, por favor. Con su permiso.

Salió de la oficina de Hermione sin mirar atrás. Harry se levantó de su lugar, frustrado.

—Maldita víbora —masculló Ron—. Está mintiendo.

—Eso no puedes saberlo, Ron —dijo Hermione cruzándose de brazos.

—¿Por qué demonios la estás defendiendo? —preguntó, indignado—. ¡Apenas y la soportas!

—No estoy defendiéndola —refunfuñó ella—. Pero, una cosa es que sus propuestas me parezcan terribles y otra muy distinta es que crea que está relacionada con esos hombres y con la fuga de nuestros hijos.

—Los guardias dijeron que…

—No pueden encerrarla y hacerle tomar veritaserum por una conversación que mantuvieron con un par de guardias. Necesitamos pruebas reales, fundamentos. Me parece que ya hemos superado la época en la que seguíamos a alguien solo porque nos parecía "sospechoso".

—Conseguiremos pruebas reales, entonces —dijo Harry y tomó su abrigo del sofá—. Sé que ella está involucrada.

—No tiene manera de conocer a Lodge —dijo Hermione masajeándose el entrecejo—. Ella estuvo en Hogwarts, dos años abajo de nosotros. Lodge estudió en Durmstrang y su familia se fue de Inglaterra cuando comenzó la guerra. Volvieron apenas hace seis años, cuando él comenzó a dar clases en Hogwarts. Hice lo que me pediste, revisé su archivo con detalle.

—Entonces debe conocer a Dimas Mabroidis. Probablemente ha estado trabajando con él desde que entró al ministerio. Incluso pudieron habérselas arreglado para sacar la daga que estaba en el Departamento de Misterios, ella…

—Harry…

—Tu padre dijo que solo alguien interno podría conocer bien el sistema de seguridad —Harry se volvió hacia Ron—. Miranda Savage ha estado paseándose por todos los departamentos porque quiere "aprender", ¿no es así? Ella pudo…

—¡Harry!

—Si tan sólo tuviéramos más información sobre Dimas Mabroidis, con eso podríamos…

—¡No hay registros de Dimas Mabroidis! —exclamó Hermione levantándose de su asiento—. No sabemos quién es, ni si existe realmente. Es sólo el nombre que te dio un prisionero que ha quedado mal de la cabeza.

—No, él sabe más cosas —insistió Harry y decidió ignorar la mirada incrédula de Ron—. Sabe lo que está pasando. Y Miranda Savage está involucrada, tal vez… Tal vez…

—Tal vez tú quieres que así sea —lo interrumpió Hermione. Luego, suspiró con cansancio—. Yo también quiero encontrarlos, Harry.

—No… —dijo él y apartó la vista. Estaba cansado de escuchar aquello—. No entienden…

—Por supuesto que sí, compañero —intervino Ron—. Rose también…

—¡No!

Se sobresaltaron. Harry se alejó unos pasos, estrujando su abrigo con fuerza.

—Harry —lo llamó Hermione. Intentó tomarle la mano, pero él se apartó bruscamente—. Esto no es tu culpa. Lo sabes, ¿verdad?

Los observó. Hermione tenía ojeras y Ron no se había afeitado en varios días. Ambos lucían exhaustos, tristes y sus ojos no tenían brillo.

Aun así, ellos no comprendían.

—No podemos descartar a Miranda Savage. Quiero saber más de ella. Todo lo que puedan encontrar. Avísenme si consiguen algo.

Y no volvió la vista cuando atravesó la puerta de roble.


Pasaba de la media noche cuando la pesada puerta de metal se abrió. Rose y Scorpius, sentados en extremos opuestos del calabozo, levantaron las cabezas al mismo tiempo.

—…están en Irlanda, te lo digo. Los escuché hablar de Maeve.

—Irlanda, entonces —Selwyn entró al cuarto cargando una bandeja plateada, seguido por el hombre gordo que les había quitado sus varitas. Al ver a los prisioneros, esbozó una sonrisa curiosa—. Buenas noches, joven Malfoy, señorita Zabinni. Sentimos molestarlos, pero creemos que si seguimos sin alimentarlos, van a terminar por morir y los necesitamos con vida, ya saben. Nuestros superiores deben escuchar su interesante explicación a por qué estaban en esa cueva con nosotros.

—¡Ya hemos dicho que…! —comenzó a decir Rose, pero Selwyn tiró al suelo la bandeja, produciendo un fuerte estrépito y antes de que la muchacha pudiera seguir hablando, cerró la puerta. El ligero brillo que causaba el hechizo silenciador, volvió a aparecer.

—¿Crees que le hayan puesto algo? —preguntó Rose, después de recoger la bandeja y observar la rebanada de pan y las frutillas secas que había ahí. Scorpius alzó la vista y negó con la cabeza.

Rose se acercó con lentitud a él y tomó asiento. Partió la rebanada de pan por la mitad y dividió las frutas en partes iguales. Las manos le temblaban cuando se llevó a la boca el primer trozo de comida. Lo hizo con lentitud, pero después de unos segundos, comenzó a tomar las frutillas con desespero.

— Tienes razón, no le han puesto nada —dijo, en medio de un bocado—. Una poción cambiaría el aspecto de la comida o su aroma. Si es veritaserum, por otro lado... Aunque no creo que una poción de la verdad les sirva de mucho con el encantamiento silenciador que le han puesto a la puerta.

Se limpió las migajas de la boca con el dobladillo de su chaqueta. Miró a Scorpius, que tenía la vista fija en un punto del muro de enfrente. Rose se mordió el labio y luego, señaló la bandeja.

—Lo que dejé en el lado derecho es para ti, Malfoy.

Él negó con la cabeza.

—Cómelo tú, Weasley. No sabemos cuándo volverán a darnos comida esos idiotas.

—Precisamente —dijo ella frunciendo el ceño—. Tú también debes comer.

—Si no lo quieres ahora, deberías guardarlo. Pueden pasar días enteros antes de que vuelvan a acordarse de nosotros. No sabes de lo que son capaces.

—Malfoy —Rose rechinó los dientes—. Lo que está en el lado derecho, es para ti.

Scorpius apartó la vista del muro y le dirigió una mirada gélida. Tomó bruscamente el trozo de pan que quedaba en la bandeja y se lo llevó a la boca sin decir nada. Rose suspiró y comenzó a juguetear con un delgado hilo que se había desprendido de su manga.

—¿Malfoy? Yo… Yo quería decirte… Siento que…

—No hace falta que te disculpes por tu terrible actitud, Weasley —dijo Scorpius sin voltear a verla—. Siempre he sido extremadamente paciente contigo.

—¡No iba a disculparme! —exclamó ella con las orejas rojas. Parecía ofendida—. Iba a decirte que siento que esos hombres hayan dicho esas cosas sobre tu padre.

Lo dijo rápido y sin delicadeza. Al darse cuenta, desvió la vista. Scorpius asintió lentamente y recargó la cabeza en el muro de piedra.

—No creerás que eso es cierto, ¿verdad? —preguntó Rose, tratando de suavizar el tono de su voz. El muchacho se encogió de hombros—. No puedes pensar eso sobre tu padre.

—No voy a discutir contigo lo que pienso o no de mi familia, Weasley —dijo Scorpius fríamente. Rose volvió a fruncir el ceño—. Que mi padre esté con ellos, tendría sentido para mí. Seguramente por eso llevaba bastante tiempo actuando extraño y peleando con mi mamá. Toda esa estupidez de mudarnos a Francia… Sí, probablemente ya se había arrepentido de ayudar a Dimas y a Lodge y quería huir, igual que los otros mortífagos que han escapado de Inglaterra.

—¿Cómo puedes…? —Rose lo miró con la boca fruncida—. ¿Cómo puedes pensar así? ¿Es por eso que tu…?

—¿Mi boggart? —la interrumpió Scorpius. Rose no dijo nada—. ¿Intentas conversar sobre un tema al azar o aun no te puedes sacar de la cabeza la imagen de mí transformado en un repulsivo mortífago?

—Sólo me parece terrible que pienses eso sobre tu familia, al punto de que tu boggart sea… —se quedó callada. Scorpius había vuelto a mirarla y sus ojos eran mucho más fríos que antes.

—Tú no sabes nada, Weasley.

—Deja de decir eso.

—También tendrías un boggart así si tu abuela te hubiera contado, con lujo de detalles, todas las cosas horribles que ha hecho tu familia —Scorpius torció una sonrisa—. Aunque, ciertamente, prefiero haber cargado con eso a vivir en la ignorancia tanto tiempo, como tú y Albus.

—Cállate —dijo Rose y el labio le tembló.

—¡Oh, perdona! Entonces, podemos hablar de lo horrible que es mi familia, pero no puedo decir nada sobre tu perfecto y hermoso universo, ¿verdad? —Scorpius se rio y Rose se levantó y comenzó a caminar hacia el otro lado del calabozo—. ¿Es por eso que no confías en mí, Weasley? ¿Crees que en cualquier momento voy a tatuarme la marca tenebrosa y a apuñalarte por la espalda?

—Yo… Yo jamás dije…

—¿Qué? ¿Qué no me querías en este viaje? ¿Qué tú y Albus pudieron habérselas arreglado mejor sin mí?

—¡Estás metido en esto por mí! ¿No es así? ¡Yo fui quien te habló sobre el Aurea Pergamena en primer lugar! ¡Yo le dije a Albus que te llevara ese día al Valle de Godric! Quería hablar con los dos, quería…

—Querías un maldito apoyo por qué sabías que Albus no iba a creerte —dijo Scorpius levantándose también—. ¡Fue por eso que después me buscaste para hablar con él! ¡Porque querías convencerlo de que el Aurea Pergamena si existía! Pero, no querías que me inmiscuyera, como amablemente me lo has recordado durante todo este tiempo, ¡querías convencer a Albus y luego largarte con él a buscar esa maldita cosa!

—¡Basta! —exclamó ella y ahogó un sollozo. Las lágrimas se deslizaron por su rostro, con rapidez. Le dio la espalda al muchacho y volvió a sentarse, con el largo cabello pelirrojo cubriéndole la cara.

Al verla, Scorpius soltó una palabrota, resopló y se pasó una mano por el cabello.

—Weasley, yo… —tragó saliva, como si le costara hablar—. Lo lamento, ¿está bien? —Rose no le respondió y él soltó un largo y profundo suspiro—. De verdad, lo siento. Todo lo que dije… Esto no es tu culpa. Tú no… Es sólo que todo esto…

—No puedes culparme por no confiar en ti —dijo ella limpiándose las lágrimas—. Apenas y te conozco.

—Bueno, nunca pareció que quisieras conocerme.

Silencio.

Scorpius volvió a sentarse junto a la bandeja plateada. Tomó una rutilla del plato y la sostuvo entre sus manos por un buen rato. En algún lugar del cuarto, había una gotera y su sonido constante producía un eco molesto.

—Yo también lo lamento.

Scorpius volvió la vista, extrañado. Rose estaba abrazando sus rodillas, pero no lo miraba a la cara.

—¿Lo lamentas?

—Bueno, ya sé que no te la he puesto muy fácil.

El muchacho asintió.

—No sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí, Weasley —dijo con seriedad—. Te diré que… Dejaré de comportarme como un idiota, si dejas de tratarme como uno.

La muchacha terminó de limpiarse las lágrimas y algo que parecía un poco una mueca y un poco una sonrisa, se dibujó en su rostro.

—Está bien.

La vista de Scorpius volvió a perderse en algún punto del muro. Se llevó la frutilla a la boca.


La nieve cubría por completo las calles de Londres. James y Lily Potter vestían gruesos abrigos y un par de gorros de lana, mientras caminaban por una acera llena de gente.

—Me parece que es ahí —dijo él apuntando hacia un viejo edificio, con altas y humeantes chimeneas.

—Sí, ese es —dijo Lily encaminándose—. Recuerdo que Albus y yo vinimos a verla el verano antes de que saliera de Hogwarts. Se moría por entrar.

—Tú también te morías por entrar.

—Tal vez, pero después de no alcanzar los TIMOS requeridos, terminé por resignarme —Lily señaló la gran verja de cobre que protegía la entrada a la Academia de Aurores—. Está encantada. Únicamente los estudiantes y los maestros pueden entrar.

—Entonces, a esperar.

Lily había llegado al Valle de Godric el día anterior, acompañada de su amiga Cécille. Aunque James tardó varias horas en poder hablar con ella sin que su madre o Kreatcher estuvieran presentes, al final lo había conseguido. Así fue como ambos acordaron visitar la Academia de Aurores e interceptar a Devon Lodge que, después de todo, seguía siendo su única pista útil en el rompecabezas que trataban de armar.

—¿Por qué no nos acompañó tu amiga?

—Porque Hugo quería quedarse un rato a solas con ella —dijo Lily y soltó una risita—. Quise concederle ese deseo. Aunque probablemente lo único que harán será sentarse uno frente al otro y sonrojarse cada cinco segundos.

—¡Qué lentos! —exclamó James rodando los ojos.

—Oh, deberías de verlos en Hogwarts. Es insoportable —Lily bufó—. No te importa que me haya acompañado, ¿cierto?

—¿Por qué iba a importarme? Ni siquiera habla —dijo él encogiéndose de hombros—. Además, está bien que tengas a alguien fuera de la familia contigo, considerando cómo están las cosas. Si dependiera de mí, Alice estaría metida en la casa todo el día, pero mamá cree que voy a abusar de su integridad o algo así.

—¿Tú novia en el Valle de Godric durante todo un día? Por supuesto que abusarías de su integridad, James.

—No necesita estar todo el día ahí para hacerlo. Y no es abuso si es ella la que me pide que destruya su integridad en pedacitos.

—¡Oh, por el amor de Merlín! —Lily hizo una mueca y se estremeció—. Haz el favor de guardarte los detalles de tu vida sexual, ¿sí? No necesito esa información en mi cabeza.

El muchacho se rio, pero aquello duró muy poco. Luego de unos segundos, su rostro adquirió una expresión melancólica que Lily notó de inmediato.

—No pasa nada —aseguró él, al ver la cara interrogante de su hermana—. De verdad, es sólo que… Bueno, creo que está enfadada conmigo.

—¿Eso piensas? ¡No lo hubiera imaginado! —dijo Lily rodando los ojos—. ¡Pero, si has pasado muchísimo tiempo de calidad con ella últimamente! Ya sabes, averiguando qué hacen nuestros padres y planeando estrategias para encontrar a Albus. Debe de estar encantada.

James la miró con ceño, pero luego suspiró, asintió y ocultó la vista debajo del rebelde flequillo.

—Toda la culpa la tiene él. Albus. Es un idiota.

—Lo sé. También lo extraño.

Pequeños copos de nieve comenzaron a caer del cielo. Lily metió las manos en los bolsillos de su abrigo y torció la boca.

—Deberías de hablar con Alice. Créeme, cada vez que pienso en Albus, me siento mucho mejor cuando hablo con…

Se quedó callada y James se tensó. Ambos se miraron por unos segundos y, después de un suspiro, Lily volvió a abrir la boca.

—¡Oh, ahí están!

Se sobresaltaron y dirigieron su vista hacia el otro lado de la calle, en dónde Fred caminaba hasta ellos, acomodándose una gruesa bufanda en el cuello. Cuando llegó, palmeó el hombro de James y le dio un abrazo a Lily.

—Sabía que estarías aquí, Roxie acaba de llegar a casa de mis padres. Me contó sobre lo que sucedió en el partido de quidditch contra Slytherin. Lo lamento.

—Ni me lo recuerdes —pidió ella—. Estoy bien. Mejor que tú, según veo.

Fred desvió la vista y se acomodó el cabello. Sin embargo, Lily alcanzó a distinguir unas profundas ojeras alrededor de sus ojos.

—Solo estoy cansado —respondió rápidamente. Ella se puso las manos en las caderas—. Es el estrés. La tienda de bromas es un caos por estas épocas.

—¿Minie y Molly no vendrán? —preguntó James. Su primo negó con la cabeza—. Se han perdido de todas las reuniones que hemos hecho, ¿qué es lo que…?

—Bueno, no es que nos hayamos perdido de mucho, ¿cierto? No has averiguado nada nuevo —dijo Fred con un resoplido. James y Lily arquearon las cejas—. Lo siento. Ya se los dije, estoy… Estoy cansado.

—La próxima vez nos reuniremos en su departamento —dijo James, determinante—. Es el único lugar en dónde ninguno de nuestros padres va a estar vigilándonos.

—No —dijo Fred rápidamente. James frunció el ceño—. No podemos reunirnos ahí, es… Ahora no es…

—Lodge —anunció Lily señalando la verja de cobre.

Un muchacho de cabello castaño y rizado, apenas estaba atravesando la calle. Los tres se encaminaron hasta él, tan rápido como se los permitió la capa de nieve que cubría el suelo.

—¿Cómo estás, Devon? Buenas tardes —dijo James atravesándose en su camino. El otro se detuvo y frunció el ceño—. Probablemente no te acuerdas de mí, pero…

—James Potter —dijo con un susurro envenenado—. El primogénito de esa casta de sangre mestiza que se cree superior al resto.

—¡Me recuerdas! Me da gusto, eso hará las cosas mucho más sencillas —dijo James esbozando una sonrisa.

—Déjame en paz, Potter. No me interesa lo que tú o cualquier otro miembro de tu calaña tenga que decirme.

—Eres adorable, ¿te lo habían dicho? —Devon avanzó unos pasos, pero James volvió a interponerse—. Lamentablemente, no tengo tiempo para estupideces.

Lo tomó por los hombros bruscamente y lo obligó a mirarlo a la cara. Devon intentó zafarse, pero cualquier intento por apartar a James fue inútil.

—Vayamos al grano, Lodge. Tu tío escapó de Azkaban y no me creo, ni por un momento, que su único sobrino no sepa dónde demonios está metido.

—Escuché que tus padres decidieron enviar a tu hermano lejos —dijo Devon sonriendo. James apretó los puños—. Patético, pero muy digno de Albus, por supuesto. Eso de esconderse en vez de afrontar la situación…

—Me parece que te estás confundiendo —dijo Lily mordazmente—. Porque el que está haciendo eso, es tu tío.

Devon la miró con furia.

—¡Estúpida! ¡No te atrevas a hablar así de mi familia! Mi tío tiene un destino mucho más grande que el de tu patético hermano.

—¿Un destino grande? Háblame más de eso, por favor —dijo James volviendo a sonreír. Devon se removió bruscamente y trató de alcanzar la varita que llevaba en el bolsillo.

—Ya hablé con los aurores, ustedes no pueden…

—No te estamos interrogando, amigo, no te confundas —James lo sujeto del cuello de su abrigo—. Solo estamos teniendo una conversación amable y casual con un viejo compañero de Hogwarts.

—¿Hay algún problema?

Ninguno se había percatado de la presencia de Rachel Carter, que acababa de abrir la verja de cobre y los miraba con las cejas arqueadas y los brazos cruzados.

—¡Pregúntele a ellos, profesora! —exclamó Devon y James lo soltó, en medio de un gruñido—. ¡Llegaron aquí y yo…!

—Gracias, señor Lodge, yo me encargo a partir de ahora —dijo ella sin quitarle la vista de encima a los otros tres—. Y recuerde que mañana lo espero temprano en mi oficina.

Devon le dirigió una mirada encolerizada, pero no dijo nada más. Se aseguró de golpear el hombro de James cuando se dio la vuelta y después se alejó, desapareciendo a varias calles de distancia.

—Buenas tardes, Rachel —dijo Fred acercándose. Repentinamente había recuperado su buen humor—. Disculpa las molestias. No sé si recuerdes mi nombre esta vez, pero...

—Fred. Fred Weasley. El muchacho con el pollo de hule.

—¡Has estado pensando en mí! —exclamó él, al parecer nada intimidado por la mueca de desagrado que se dibujó en el rostro de la muchacha—. No estábamos haciendo nada malo, así que está es una oportunidad perfecta para que por fin aceptes ese café que te invité el otro día.

—¿James Potter? —preguntó ella, ignorando por completo a Fred y volviéndose hacia el otro muchacho—. ¿Estás buscando una inscripción a la Academia de Aurores?

—No, yo…

—Entonces, no tienes nada que hacer aquí. Ahora, te suplico que te retires y dejes de fastidiar a mis estudiantes.

Se dio la vuelta, en dirección a la verja de cobre. James la alcanzó rápidamente.

—Solo fastidiaba a uno… ¿Devon Lodge tiene que ir a su oficina? ¿Por qué? ¿Es parte de su estrategia para mantenerlo vigilado?

—No sé de qué estás hablando —aseguró ella con las cejas alzadas—. Cumplo con mi trabajo como profesora y cito a los alumnos que tienen un bajo desempeño en sus tareas.

—¿Lodge? ¡Pero, si era una rata de biblioteca! —exclamó. Rachel Carter continúo caminando y James tuvo que ponerse delante de ella para que no entrara a la Academia—. Sé que no te interesa hablar de tonterías, así que iré directamente al punto, ¿está bien? Quiero saber por qué y de qué manera estás ayudando a mi familia. Además de vigilar a ese idiota, por supuesto.

—Tiene toda la razón, señor Potter. No me interesa hablar de tonterías.

Lo esquivó con facilidad y James suspiró, frustrado. Sin embargo, Fred se adelantó y detuvo la verja antes de que Rachel Carter pudiera abrirla.

—Debes disculpar a mi primo. No sabe comportarse cómo un caballero.

—Ustedes dos se entienden, entonces.

—Sé que actúas hostil conmigo porque me encuentras increíblemente atractivo y no puedes controlar tu deseo —dijo Fred y ella le dirigió una mirada llena de irritación—. Pero, tienes que entender que mi familia está pasando por un momento muy duro y necesitamos de tu ayuda. Así que, Rachel…

—Profesora Carter.

—…deja de reprimirte y cuéntame todo lo que sepas, por favor. Hazlo y te recompensaré con un beso.

—Oh, tentadora oferta —dijo ella y le dio un empujón para que soltara la verja—. Tengo que decir, Fred Weasley, que si tanto les preocupa su familia, deberían de obedecer a Harry Potter cuando les dice que no metan sus narices en lo que no les incumbe.

—¿Y cómo es que sabes lo que él nos dice? ¿Te lo ha contado? —preguntó Fred torciendo una sonrisa.

—Soy auror. Es fácil para mí descifrar esa clase de cosas.

—Creí que no ejercías.

—No, ya no lo hago.

—Rachel… —ella hizo una mueca de enfado, pero él la ignoró—. Si mi tío Harry confía en ti, es por una buena razón. Pero, estamos desesperados —Fred dejó de sonreír y su voz adquirió un tono inusualmente serio—. Tú sabes lo que está pasando, ¿verdad? A nosotros no quieren decirnos nada. Y es nuestra familia la que corre peligro, ¿cierto? Si puedes ayudarnos, de cualquier manera…

—No, no puedo —dijo ella y a pesar de que su voz se mantuvo impasible, algo en su mirada cambió—. Tienes razón. Harry Potter confía en mí, Fred Weasley. Lo hace porque le debo muchísimo, ¿entiendes? Cometí un error y él me ayudó. Sabe que lo menos que puedo hacer por él, es devolverle el favor.

—Puedes hacerlo contándole a su sobrino favorito lo que está pasando.

Rachel Carter atravesó las verjas de cobre y cruzó el patio hasta desaparecer detrás de la puerta de la Academia de Aurores. Fred pegó la cara entre los barrotes y Lily y James se acercaron. Los tres suspiraron al mismo tiempo.

—Entonces, ella le debe un favor a papá —dijo Lily—. Por eso está ayudándole.

—Y si esa rata de Lodge en verdad tiene problemas con sus calificaciones, es porque está ocupado en otras cosas —concluyó James—. Como ayudar a su tío, por ejemplo.

—Pero, no podemos averiguarlo si ella no coopera. Papá no va a querer decirnos nada acerca de Rachel Carter. La única persona que podría sacarle esa historia, es Albus.

—Pero, él no está aquí.

—No, él no está aquí —repitió Fred y su rostro se volvió a ensombrecer.


Rose y Scorpius no estaban en Puzzlewood.

Albus se pasó un día entero encerrado en la habitación de Fred, sin probar bocado, ni pociones curativas. Las palabras de sus primos se repetían una y otra vez en su mente, mezclándose con la ira, la culpa y el dolor.

Tenía que obligarse a pensar que su amigo y su prima habían alcanzado a desaparecerse luego del derrumbe y que estaban en algún lugar seguro, buscándolo. Que estaban en cualquier lugar, lejos de esos hombres que los habían perseguido. Trató, no sólo de convencerse a sí mismo, sino de tranquilizar a Molly, Minie y Fred. No sabía cuánto tiempo más sus primos aceptarían mantenerlo en su departamento sin decirle nada a nadie y lo que menos quería era aumentar sus preocupaciones.

Sin embargo, por mucho que intentara olvidarse de sus inquietudes, algo dentro de él le decía que Rose y Scorpius estaban en verdaderos problemas, y si ellos dos sufrían, de cualquier manera… Albus no podía dejar de pensar en su última discusión, en las cosas terribles que se habían dicho y en él… En él levantando la varita, a punto de atacar a su prima.

Aquella tarde, estaba nevando.

Durante los últimos días, Fred y Dominique habían estado turnándose para quedarse con él y vigilar que sus heridas sanasen adecuadamente.; le habían dicho al tío George que estaban negociando con proveedores de otras partes de Gran Bretaña y él había estado de acuerdo en que faltaran algunos días a Sortilegios Weasley. Molly, por otro lado, no podía dejar de asistir a su trabajo como sanadora, pero había logrado robarse algunas pociones para ayudar a la mejora de su primo.

Ese día, sin embargo, Albus estaba solo.

Era el turno de Fred de quedarse en casa, pero a primera hora de la mañana había llegado una lechuza con una carta de James. En ella, explicaba que Lily al fin había llegado al Valle de Godric, que ambos irían a acorralar a Devon Lodge hasta que les dijera algo sobre su tío y que necesitaban de toda la ayuda posible.

Desde que Albus se estaba quedando con ellos, Fred, Molly y Minie habían faltado a cada una de las reuniones que James organizaba para seguirle la pista. Si su primo se negaba a ir esta vez, seguramente su hermano comenzaría a sospechar.

—Molly tratará de llegar temprano. Recuerda que si te encuentra de pie, va a matarte —le dijo Fred antes de salir del departamento—. Tomate la poción que dijo. Espero no tardarme mucho.

Unos segundos después de haber escuchado cómo la puerta de entrada se cerraba detrás de él, Albus había estirado su brazo para recoger la mochila en dónde guardaba el Aurea Pergamena. Solía dejarla al lado de la cama y sacar la caja de madera durante sus escasos momentos de privacidad.

Era la única manera de calmarse, de adormecer sus sentidos y alejar el lío de pensamientos que se arremolinaba en su cabeza. No obstante, con el pasar de los días, aquello le resultaba cada vez más difícil. La idea de Rose y Scorpius sufriendo, volvía una y otra vez a su mente.

Si tan sólo hubiera una manera de aumentar esa maravillosa sensación que le producía el Aurea Pergamena…

Albus acarició las hojas doradas, pasando sus dedos por aquellas palabras desconocidas que relucían con tinta negra.

—No —murmuró y soltó los pergaminos, casi con brusquedad. Cerró los puños, frustrado—. No…

Rose le había dicho que aquello era peligroso, que no sabía lo que significaban esos conjuros y si pronunciaba alguno sin estar consciente de lo que representaba, las consecuencias podían ser terribles. Merlín no había sido el mago ejemplar que todos creían. Era poderoso, ambicioso… Pero, ¿qué tenía de malo la ambición? Querer superarse, romper límites, convertirse en el mago más poderoso de todos los tiempos. Tener el Aurea Pergamena bajo su poder.

Las manos comenzaron a temblarle.

Hacía mucho que Albus no estaba solo, con el fajo de pergaminos a su merced, esperando ser leído. Un gemido de dolor escapó de su garganta cuando se levantó de la cama. Los conjuros de Merlín eran peligrosos y por eso él se había encargado de esconder el libro que guardaba sus poderes antes de morir, para que no cayera en manos equivocadas, en las manos de Vivian…

Vivian. La muchacha que había provocado todo ese lío. Se había acercado a Merlín, había robado su corazón. Todo por ese maldito libro de hechizos. No le interesaba él, sino lo que podía darle.

—Lizza… —dijo Albus en medio de un jadeo. Todo era tan similar, tan parecido. Se acercó a los pergaminos abandonados en la cama, luego volvió a alejarse—. No.

No. No. No.

Aquello estaba escapando de su control, lo sabía. La magia de Merlín estaba jugando con él, estaba causando estragos en su cabeza y en sus emociones. Era demasiado poderosa y él no podía manipularla. Dimas debió de haberse equivocado cuando le dijo que estaba destinado a encontrar el Aurea Pergamena. Podía haber tocado la daga, podía tener una cicatriz en la mano que lo probaba, pero él no era capaz de controlarlo, él no era…

Él no era Harry Potter.

Dio un paso. Luego otro. El fajo de pergaminos comenzó a despedir un ligero brillo, casi imperceptible. Alargó el brazo, con ese último pensamiento aun haciendo eco en su cabeza. Tomó el Aurea Pergamena. Pasó las páginas con delicadeza. Se detuvo a la mitad, distinguiendo un pequeño párrafo con palabras sin aparente significado.

Y las leyó en voz alta.

De su boa salieron frases complejas, sílabas extrañas. Por un momento, no ocurrió nada.

Luego, todo comenzó a brillar.

Albus se vio inmerso en un resplandor dorado y bajó sus pies se dibujó el símbolo que tan bien conocía: líneas curvas y una flecha distorsionada atravesándolas por la mitad. Y se sintió bien, se sintió maravilloso. Era el mismo calor que experimentaba cada vez que tocaba el pergamino, pero distinto, multiplicándose conforme pasaban los segundos. Se extendía desde la raíz de su cabello hasta la punta de sus dedos. Cada centímetro de su cuerpo ardía de una manera que jamás creyó posible. Nunca pensó en sentirse tan bien, tan completo, tan poderoso.

Un cosquilleo le acarició el brazo y de pronto, las heridas que aún conservaba comenzaron a desaparecer. Su brazo quedó limpio, sin ninguna cicatriz o rastro de haber estado lesionado.

Y tan rápido como llegó, se fue.

El resplandor, el símbolo, el abrazante calor. Todo desapareció en un instante y Albus se descubrió a sí mismo jadeando en medio de la habitación, con una extraña sensación en el pecho.

—Si...

Por primera vez había leído un conjuro del Aurea Pergamena. El corazón le palpitaba rápido y su brazo ya no dolía. Y supo que sí, aquello le pertenecía. Y nada, nada podría ser mejor.


¡Hola! Dont kill me please.

Han pasado dos meses exactos desde la última actualización, ¿verdad que no es tanto? Considerando que en estos dos meses me han pasado tantas cosas como si hubieran sido dos años... Así que si, estoy algo dramática y este capítulo me dio muchos problemas, pero vamos al punto...

Se que para este momento, todas las pistas que he ido soltando (porque si, he soltado pistas) ya pueden haber sido olvidadas, pero confío en que cuando todo comience a desenredarse (ya falta muy poco, lo prometo) todas sus dudas queden aclaradas.

Por partes: No, el interrogatorio de Miranda Savage no va a ayudar mucho a nuestro trío favorito. Si, las cosas entre Rose y Scorpius van a empezar a mejorar (¡NO ESTOY DICIENDO NADA COMPROMETEDOR!). Si, Rachel Carter le debe un favor a Harry Potter y si, lo sabremos más adelante. Y si, Albus ha sucumbido al lado oscuro (si, estoy emocionada por la nueva película de Star Wars).

Quise descansar un poco de la acción, porque verán, en los siguientes capítulos vamos a tener... Estem... Digamos que bastante. Voy a tratar, con todo mi corazón, de actualizar antes de que acabe el año y es que muero, enserio MUERO por escribir la siguiente parte. Espero como siempre sus comentarios, teorías, maldiciones asesinas, etc :)

¡Reviews plis!