Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.
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Capítulo dos: Cruce de vidas paralelas
Primera parte: El éxito de los héroes.
Decir que el restaurante estaba concurrido era un eufemismo.
Estaba ruidoso y lleno de gente. Draco no podía distinguir ninguna voz; todas se mezclaban en sus oídos, haciéndolo incapaz de concentrarse en nada. Camareras agotadas iban de mesa en mesa, recibiendo pedidos, entregando comida, bebida y postres, todo con sonrisas y actitud profesional; pero parecían muertas de cansancio. Incluso la joven anfitriona parecía nerviosa por la cantidad de clientes que esperaban por una mesa.
Draco estaba agitado. No porque no se hubieran sentado de inmediato, sino porque se habían topado con el pomposo idiota de Percy Weasley. Estaba esperando pacientemente a sus invitados y al verlo, su madre le lanzó una severa mirada antes de que la mueca de desprecio pudiera formarse en su rostro. Pansy había huido más rápido de lo que jamás había visto; ella rio de la expresión en su rostro, se disculpó y fue al baño.
Ya era bastante malo que Draco se viera obligado a soportar su presencia todos los días en el Ministerio y ocasionalmente trabajaba con él, pero Percy Weasley invadió su fin de semana con su patético intento de encantar a su madre con su prolongada y tediosa explicación de los intrincados y sosos detalles de su trabajo como subsecretario en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional... ahora eso no lo podía soportar.
—La mejor parte es que trabajamos con comunidades mágicas de todo el mundo.
Bla, bla, bla.
Todo lo que salía de la boca de Percy Weasley era pura mierda.
Cuando su estómago volvió a gruñir, Draco hizo una mueca y deseó que se dieran prisa. Podía soportar a Percy Weasley con el estómago vacío, pero ahora estaba llegando rápidamente a su límite.
—Oh, Percy. Eso suena tan interesante —su madre sonaba tan genuina que incluso él estaba casi convencido. Casi. Draco sabía que a su madre no le importaba el trabajo de Percy. A ella le importaba un comino el de él. La única vez que le había contado sobre su día, ella respondió desinteresadamente: Sí, querido, maravilloso, y lo hizo callar para poder leer en paz el artículo sobre su velada en Witch Weekly.
Su madre solo quería que alguien los viera. Tal vez tomarían una foto y difundirían la noticia de que los Weasley y los Malfoy estaban socializando, construyendo puentes, cambiando de página y todas esas tonterías. Draco conocía sus intenciones. Ser amigable con los Weasley era ventajoso. Por sí solo, impulsaría la carrera de Draco; si alguna vez decida que le gustaba la política y se postulaba para un puesto en esa área. Sin embargo, la posibilidad de que las dos familias se convirtieran en amigas era casi imposible, sin importar cuán optimistas fueran las personas.
Los Weasley habían salido de la segunda guerra como héroes y los Malfoy no. Era simple lógica. Cuélgate del éxito de los héroes para lograr tus metas. Y, bueno, había estado cerca de Percy como cada vez más en el último año. Después de todo, era el Weasley más alcanzable y ambicioso. Eso no hizo que Draco se sintiera menos irritado por la presencia de Percy.
Pagaría una buena suma de dinero para vivir un maldito día sin ver a un Weasley.
Tal vez estaba siendo demasiado insensible. Está bien, era insensible. A pesar de todos sus defectos y cabello rojo, Percy era el menos irritante de los Weasley, al menos en su opinión. Honestamente, prefería al pomposo idiota y no a su idiota hermano comadreja...
—¡Oi! —una persona exasperantemente familiar llamó—. ¡Percy!
Esto no estaba sucediendo.
Draco conocía esa maldita voz y luchó para mantener la burla fuera de su rostro cuando Weasley, Potter y Chica Weasley entraron al restaurante, vestidos con atuendos muggles. Los dos últimos iban tomados de la mano y Draco se tragó el comentario que quería salir por su garganta. Tomó cuatro profundas respiraciones y se relajó, adoptando una fría y desinteresada mirada en su rostro, algo propio de un Malfoy. Él era maduro. Estaba por encima de las rivalidades infantiles. Era un maldito profesional.
Sí, estaba por encima de eso.
Weasley saludó a su hermano mayor con un estúpido saludo.
—¿Cómo estás?
—Muy bien —los ojos de Percy se movieron de su hermano a la madre de Draco—. Estoy seguro de que todos recuerdan a la señora Malfoy.
Los tres asintieron lentamente, Potter incluso sonrió. Draco tomó otra respiración profunda. Por supuesto que la conocían. Después de todo, su madre le había mentido a Voldemort cuando le preguntaron si Potter seguía vivo después de haberlo golpeado con la maldición asesina. Ella le había salvado la vida. Y dioses, estaba tan cansado de que la gente le recordara que su mentira era lo único que los había mantenido fuera de Azkaban. Eso y el testimonio de Potter sobre su estadía en la mansión Malfoy.
Su madre saludó cortésmente a los tres.
—Es maravilloso verlos a todos de nuevo.
Draco no estaba nada complacido.
«Por qué no te arrodillas y les besas el culo, es más efectivo» pensó con amargura mientras se levantaba. Hizo todo lo posible para evitar que la comisura de su labio se arrugara y que su ceño se frunciera.
Percy continuó su conversación con su madre, dejando a su hermano y amigo mirando a Draco. Y por Merlín que lo miraron, bueno solo la chica comadreja lo hizo. Draco la miró a los ojos y sonrió para sus adentros cuando sus mejillas se sonrojaron y se miró los pies. Potter lo miró con fastidio, pero no había odio en sus ojos. Weasley lo fulminó con la mirada porque él tenía el tacto de un toro en una tienda de loza.
—Malfoy —saludó Potter con frialdad.
—Potter, Weasley y… —sus ojos se posaron en la mano izquierda de Ginny— Weasley —Draco arrastró las palabras con voz aburrida mientras metía las manos en los bolsillos y apartaba la mirada como si no valieran su tiempo. Y no lo valían.
Pasaron varios minutos incómodos. No querían hablar y Draco no quería responder. Entonces, allí se quedaron en un bendito silencio. Potter le susurró algo al oído a la chica comadreja y ella sonrió. La comadreja todavía lo miraba con ferocidad.
Aún no hay espuma saliendo de su boca. Muy decepcionante.
—¿Qué estás haciendo aquí, Malfoy? —había solo una pizca de cortesía en el tono de Potter, que era una mejora con respecto al primer año de Draco en el Ministerio cuando lo acusaba de ser malvado. Todos los días.
Draco lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—¿Realmente hiciste esa estúpida pregunta?
Se encogió de hombros.
—Simplemente estaba tratando de entablar una conversación.
—Una pobre conversación —añadió rodando los ojos.
Todo quedó en silencio hasta que la chica comadreja habló.
—Entonces, Malfoy, escuché que rompiste con Astoria.
«Apuesto a que sí» pensó con una sonrisa, mirándola casualmente. Era bonita, para ser una Weasley. Llevaba un vestido de verano con flores blancas y sandalias.
—Lo hice —fue la respuesta de Draco.
—Parece que lo superaste muy rápido —comentó Potter con un bufido. La chica comadreja miró a su novio con severidad.
—¿Te molesta? —preguntó con frialdad.
Potter no respondió, pero Weasley sí.
—Lo que no entiendo es por qué las brujas pierden el tiempo con un imbécil como tú. Eres sólo un pequeño y vil hurón... un imbécil.
—Y volvemos a los insultos —bostezó Draco con desinterés. Pasó una mano por su cabello, alisándolo—. Pensé que los años te habrían hecho madurar, pero por desgracia, estaba equivocado —solo quería que se fueran y aliviar el dolor de cabeza que tenía por hablar con esos idiotas. Draco se frotó las sienes.
¿Dónde diablos estaba Pansy?
Esa mujercita lo había dejado solo con Potter y sus matones.
La comadreja frunció el ceño.
—¿Te pasa algo, Malfoy?
Draco casi había tenido suficiente.
—Ahora que lo mencionas, sí, lo hay, Weasley. Si tan amablemente cerraras esa maldita cosa tuya, tal vez podría recuperar los puntos de inteligencia que perdí cuando abriste la maldita boca.
La chica comadreja parecía desconcertada, Potter no parecía afectado, pero la comadreja estaba furiosa. Su rostro se estaba volviendo de un agradable tono rojo.
—Tú…
Draco lo interrumpió desagradablemente porque se sentía con suerte.
—¿Dónde diablos está Granger cuando la necesitas? Si me van a insultar, prefiero ser insultado por alguien con un vocabulario más extenso. Alguien que no use los mismos insultos trillados como "hurón" e "imbécil". Te convierten en un hurón una vez y nadie te deja olvidarlo.
Durante su perorata, notó con gran interés que la chica comadreja se había tensado, el rostro de Potter se tornó oscuramente furioso y la Comadreja parecía que estaba a punto de tener un infarto cerebral... solo por escuchar el nombre de Granger. Hmm. Interesante. Muy interesante. Tal vez esos rumores no estaban tan lejos de la verdad como había pensado originalmente.
¿Es el final del "Trío Dorado"?
Hermione Granger y Ron Weasley: Se acabó.
El misterio gira en torno a la abrupta partida del "Cerebro del trío dorado".
Los miembros restantes del "Trío Dorado" se niegan a hablar de Hermione Granger en entrevistas.
¿En qué lugar del mundo está Hermione Granger?
Draco comenzó a abrir la boca para mencionar a Granger de nuevo, solo para ver sus reacciones más de cerca, pero Pansy frustró sus planes al honrarlos con su presencia.
—Lo siento por dejarlos aquí, me encontré con una parlanchina lectora que decidió que quería… —se detuvo al notar a los dos Weasley y Potter parados con él. La sonrisa en su rostro era tensa y falsa—. Ronald Weasley, Harry Potter y Ginny Weasley, es un placer verlos a todos de nuevo.
Obviamente eso fue una mentira.
La chica comadreja soltó la mano de su novio y le dio a Pansy un abrazo incómodo como saludo. Draco las observó con gran interés. Pansy odiaba que la tocaran y trató sin éxito de esquivarla.
—Pansy —saludó mucho más amable de lo que le había saludado a él—. ¡Es genial verte de nuevo! Le estaba diciendo a Harry que esperaba que estuvieras en el Diagon Alley hoy y aquí estás, en el mismo restaurante. Es el destino.
La vista frente a él era extraña, pero no era la primera vez que se acercaban a Pansy en público. Después de todo, Pansy tenía algo que la chica comadreja quería, influencia en una industria en la que estaba tratando de ingresar. Después de la guerra, chica Weasley rechazó todas las ofertas para jugar Quidditch profesional, a favor de… bueno, no estaba seguro. Ella incursionó aquí y allá, primero como comentarista de Quidditch, luego como fotógrafa para The Cannons.
Dejó eso recientemente porque no quería viajar lejos de casa, o de Potter. Draco lo había leído entre líneas. Ella había declarado públicamente su interés en la fotografía y comenzó una empresa de fotografía de bodas, que era una industria a la cual era notoriamente difícil ingresar con poca o ninguna experiencia. Por eso orbitaba cerca de Pansy cuando ni siquiera había mirado en su dirección en años. Quería que la revista publicitara su trabajo.
—... el último número de la revista fue simplemente fenomenal. No sé cómo lo haces...
Si Pansy apretaba los dientes con más fuerza para contenerse, se haría añicos su dentadura.
Potter parecía un poco incómodo.
No era ningún secreto que Pansy aborrecía a la bruja pelirroja con ardiente y desinhibida pasión, apenas podía soportar estar en su presencia. No sabía por qué ni lo cuestionó. No tenía la energía para presenciar a Pansy despotricar en desenfrenado portugués, idioma que había aprendido después de pasar meses en la isla de Madeira, que era la Meca de la moda del Mundo Mágico, o algo así.
—Veré si podemos hacer una edición para las novias de otoño.
Draco no se esperaba eso.
—¿De verdad? —parecía que la chica comadreja tampoco. Estaba emocionada y sonrojada, volviéndose hacia Potter, quien le dio dos pulgares hacia arriba, pero eso pareció mediocre.
Pansy arrugó la nariz.
—Solo si sueltas mi brazo.
La comadreja más joven saltó como si la hubieran quemado.
—Oh, cierto, lo siento mucho.
Todo el tiempo, su madre y Percy se mantuvieron distantes y en su propia conversación. Su madre seguía escuchando amablemente y Percy seguía hablando sobre sí mismo. Todo estaba bien en su mundo. Pansy le lanzó a Draco una peligrosa mirada que claramente decía que, si él no hacía algo, ella comenzaría a lanzar maldiciones. O algo por el estilo. Por primera vez, Draco estaba bastante complacido de haber sido engañado para ir a Diagon Alley.
Al final, no tuvo que intervenir.
La joven anfitriona apareció frente a ellos.
—Señor Malfoy, su mesa está lista.
Aunque se enfadó por el título, el momento no podría haber sido mejor.
Le ofreció a Pansy su brazo y ella aceptó con entusiasmo.
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Segunda parte: Cenizas, cenizas, todos caemos.
Hermione definitivamente estaba alucinando.
Alguien debe haber manipulado su jugo de calabaza y esa era la razón por la que estaban allí. Cerca, pero lejos. Espejismos. Productos de su hiperactiva imaginación. No pueden ser reales.
Discretamente, olió su vino blanco. ¿Quizás la sustancia era inodora? ¿Incolora?
Entonces Ron rio ruidosamente, echando la cabeza hacia atrás y Hermione palideció.
Era real. Ellos eran reales.
Rápidamente terminó su vino. Necesitaba valor líquido o una idea que la sacaría de allí sin ser vista. Con la excepción de Harry, quien probablemente no había hablado sobre su encuentro, Ron y Ginny no sabían que ella había regresado. Sin embargo, la noticia se estaba extendiendo con cada salida. Era inevitable. Ella lo sabía. Y por mucho que quisiera pagar su comida y salir por la puerta trasera, eso significaría llamar la atención.
Se veían bien. Incluso felices. Ron estaba más corpulento de lo que recordaba, Harry también y Ginny brillaba mientras hablaba con Harry. Por más que lo intentó, Hermione no pudo evitar que su mente divagara hacia un peligroso territorio; no podía dejar de pensar en ellos, imaginándose junto a Ron.
¿Brillaría también ella en su presencia?
Ginny estaría mirando a su alrededor. O tal vez no. Tal vez hubiera madurado mientras cimentaba su posición en la vida de Harry. Ella no estaba segura. Hermione probablemente estaría discutiendo con Ron por algo tonto. Harry le sonreiría y Ron le sostendría la mano debajo de la mesa, cuando no se estuviera metiendo comida en la boca como un maldito salvaje.
No podía permitirse olvidar que habrían celebrado el quinto aniversario de la Batalla Final el mayo pasado. Ron le hubiera hablado de matrimonio y ella se habría mostrado reacia. Sería impaciente, pero ese era su encanto. Era su trabajo evitar que rebotara contra las paredes cuando se ponía nervioso. Hermione se preguntó en secreto quién estaba haciendo su trabajo desde que se fue, pero intentó sin éxito, convencerse a sí misma de la apatía que sentía.
Sucedió tan rápido que Hermione ni siquiera tuvo tiempo de planearlo.
Los ojos de Ginny se encontraron con los de ella.
Después de mirar hacia abajo y hacia otro lado, Hermione observó cómo la nerviosa mujer se recuperaba y rápidamente escondió su sorpresa antes de sonreír amorosamente a Harry. Él era observador, notaba los cambios en los estados de ánimo, pero también tenía una tendencia a perderse lo obvio, así que no pensó en mirar en la dirección de Hermione. Lo más probable es que le hubiera preguntado si estaba bien porque ella le dio un asentimiento y lo besó en la mejilla, recompensándolo por su preocupación.
No volvió a mirar en la dirección de Hermione.
Cuando todo volvió a la normalidad, o tan normal como eran las cosas, Hermione se quedó mirando la fotografía que tenía en la mano. Mientras tocaba la imagen, comprendió que era mejor no perderse en lo que podría haber sido. Ya se terminó. Su amistad estaba terminada. Ese capítulo de su vida había terminado. No podía cambiar el pasado más de lo que podía predecir el futuro. Ella estaba bien. Estuvo bien. Estaba feliz. Todo estaría bien.
Y allí estaba, mintiendo de nuevo.
Era su mecanismo de defensa.
El engaño era mejor que lidiar con la realidad.
Hermione los extrañaba tanto que dolía. Se sentía como si la estuvieran torturando solo por estar en la misma habitación que ellos. Esa verdad había dolido más que los cientos de mentiras que se había dicho a sí misma. Una parte muy pequeña, casi microscópica de ella, quería tragarse su orgullo, caminar hacia ellos y confesar todo; explicarles sobre las decisiones que tomó, correctas o incorrectas, habían sido para... detente.
Tenía que detenerse.
Cerrando los ojos, Hermione tomó una respiración lenta tras otra. No se detuvo hasta que su cabeza dejó de palpitar y la sensación de ardor en su garganta desapareció.
Harry y Ron estaban en una profunda discusión y Ginny... la miraba fijamente, sin expresión.
Su relación siempre había sido complicada.
En un momento, Hermione pensó que eran amigas. Tal vez lo fueron cuando eran más jóvenes y estaban unidas debido a las circunstancias. Hermione era hija única y Ginny era la única niña entre seis niños. Eso las unió por un tiempo. No eran las mejores amigas como todos habían pensado; tenían sus diferencias, pero ninguna desafió el status quo. A menudo se preguntaba por qué Ginny la miraba tan cuidadosamente, por qué a medida que crecían, se alejaron. No fue hasta el final del sexto año cuando estaban haciendo planes para encontrar todos los Horrocrux y Harry rompió con Ginny, que Hermione descubrió la verdad.
Resultó que Ginny la detestaba.
Y los celos fueron la causa.
Envidiaba a Hermione y su posición en la vida de Ron y Harry. Bueno, no tanto a Ron como a Harry. Ron era como un hermano para Harry, pero Hermione… eran más cercanos que amigos, pero eso era todo. Cuando llegó el momento de encontrar los Horrocrux, la confianza que tenían el uno en el otro era total; su conocimiento el uno del otro era completo. Fue duro para Ginny, Hermione se dio cuenta más tarde, que se sentía excluida de su círculo. No ayudó que los tres estuvieran juntos el año siguiente y que no le permitieran venir.
Hermione no era la chica del héroe, se lo dijo el día antes de la boda de Fleur y Bill.
Rápidamente tuvo la impresión de que Ginny no le creía.
Nada aliviaba sus celos.
No el beso que Harry le dio a Ginny después de encontrarla tras la batalla final. Ni la noticia de la relación entre Hermione y Ron, que debería haber sido la confirmación de la naturaleza platónica de su relación con Harry. Nada ayudó, excepto la repentina huida de Hermione de Londres. Ella y Ginny se habían estado escribiendo desde que se fue; solo dos cartas al año. Hermione no estaba segura de sí su comunicación significaba que volverían a ser amigas, de todos modos, lo dudaba.
En sus cartas, Ginny no parecía tener malos sentimientos por ella. Hermione pensó que finalmente había conseguido lo que realmente quería; su lugar al lado de Harry. Ginny la había mantenido al corriente sobre los acontecimientos de su vida, sobre su negocio como fotógrafa de bodas, sus aspiraciones y su familia, excepto de Ron. En general, era vaga sobre su relación con Harry y cualquier detalle de su vida. Estaban juntos y enamorados, eso le dijo Ginny, pero eso fue todo. Y Hermione hizo lo mismo en sus respuestas, contándole sobre su vida en Italia y el trabajo que la mantuvo alejada de Gran Bretaña.
Nada más y nada menos.
Las cartas de Ginny eran extrañas; como si fueran escribiendo de mala gana a un amigo por correspondencia. Hermione no entendió por qué. No era como si le hubiera pedido a Ginny que escribiera. De hecho, Ginny le había escrito primero. Justo después de que todo se hubiera ido al infierno. La carta fue impactante, llegó después de su llegada a Venecia. Tanto que Hermione casi había roto el vidrio cuando la lechuza la dejó caer sobre la mesa. Ella solo había respondido por educación.
Bueno, de todos modos, no importaba.
Hermione se aseguró de mantener la misma distancia con Ginny en sus respuestas, solo respondiendo sus preguntas y ocasionalmente incluyendo fotos, ninguna de ella, solo hermosas fotos de Italia que a Ginny parecían gustarle. Como una de esas estúpidas postales que decían ¡Ojalá estuvieras aquí!
Solo que ella no lo hizo.
La amargura subió a su pecho cuando vio a Ron sonreír, genuinamente. No lo había visto sonreír en más de cinco años. Eso le causó una inesperada y dolorosa sacudida, como si alguien la hubiera electrocutado. Su mundo dio vueltas. Su corazón se aceleró. Su respiración se aceleró.
Estaban bien sin ella. Se veían felices. Hermione no pudo evitar el dolor, la rabia y el resentimiento alojado firmemente en su pecho, suplicando por ser liberado. Tenía el oscuro pensamiento de que, para empezar, tal vez no era lo suficientemente buena para ellos. Sabía que tenía que salir de allí antes de explotar.
Ahora.
Ahora mismo.
Sin otra mirada en su dirección, Hermione se levantó de la silla. Con la cabeza gacha, caminó en dirección al baño. Trató de calmarse mentalmente, sin mucho éxito. Le dolía respirar. Todo dolía. Le temblaban las manos, porqué, ella no sabía. Tenía que llegar… pero en su huida chocó con un cuerpo.
Pareció que el tiempo se desaceleró cuando se tambaleó hacia atrás y cayó fuertemente sobre su trasero. El dolor se disparó por su columna y el rostro de Hermione se contrajo.
Todo se detuvo. Los clientes se detuvieron a la mitad de sus comidas, alguien jadeó, las camareras se detuvieron a mitad de la oración, las sillas se movieron, pero nadie se movió para ayudarla a levantarse. Ella era la que había caído y estaba lista para disculparse.
Eso fue hasta que levantó la cabeza y sus ojos se posaron en los fríos ojos verdes de Harry Potter.
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Tercera parte: La curiosidad mató al hurón.
Todo el restaurante observó con las mandíbulas flojas a San Potter pasando por encima de Granger y regresar a su mesa.
Draco estaba perplejo.
No sabía si estar intrigado o confundido, por lo que se conformó con asombro. Fue una buena emoción intermedia. Y en medio de todo, se había perdido la salida de Pansy. En un segundo estaba sentada junto a su madre y al siguiente estaba en la mitad del restaurante gritándole a Potter y defendiendo a Granger.
—¿Qué diablos te pasa? ¡Ni siquiera tuviste la decencia de ayudarla a levantarse!
Entonces Pansy ayudó a la bruja caída y la empujó al baño. Draco no se perdió la vergüenza en el rostro de Granger cuando aceptó su amabilidad.
Draco se pellizcó repetidamente el brazo porque estaba seguro… no, estaba absolutamente seguro de que estaba soñando.
No, no lo estaba. Simplemente era selectivo sobre las cosas que veía.
Lo que estaba experimentando no era real.
No fue el único sorprendido por las acciones de Pansy. Todo el restaurante, ya aturdido por la interacción entre los dos héroes de guerra, esperaron hasta que ellas desaparecieron en la esquina antes de que todos volvieran a lo que estaban haciendo con un renovado frenesí. Sin duda, la noticia se estaba difundiendo.
Por primera vez en mucho tiempo, Draco estaba realmente desconcertado y no era un sentimiento reconfortante. ¿Por qué Pansy fue en defensa de Granger? ¿Qué había pasado entre Potter y Granger? Demonios, ¿qué pasó entre Granger y el mundo?
—¿A qué se debió todo eso? —su madre preguntó después de lo que parecieron horas de silencio.
—Estoy tan confundido como tú, madre —fue su sincera contestación, pero iba a encontrar las respuestas.
Pronto.
—Esa pobre chica —su madre se compadeció, mirando hacia la mesa donde estaban la comadreja, la chica comadreja, Potter y Percy, hablaban en voz baja o mejor dicho discutían. Ella les lanzó una escandalosa mirada—. No puedo creer que él ni siquiera se disculpó o la ayudó a levantarse. Y Pansy, no sabía que eran cercanas como para que ella la defendiera.
Draco mordió un trozo de solomillo, masticando pensativamente. Ya no sabía qué diablos pensar.
El parloteo iracundo de su madre estaba lejos de terminar.
—Ni siquiera la vi aquí. ¿Crees que está aquí con alguien?
Mascó otro trozo, sin darle la respuesta que ya sabía.
Granger definitivamente estaba sola.
Casi en el instante en que se sentaron, Draco lo vio en su mesa de la esquina, absorta en su pequeño libro. Reconoció su presencia y eso fue todo. Sabía que ella había regresado desde hace un tiempo, el departamento de Aurores había estado usando Rompe Maldiciones durante semanas para reunir pruebas después de las redadas o testificar frente al Wizengamot. Pensó que los rumores eran tonterías. Su amistad parecía inquebrantable.
Evidentemente, no lo era.
La colisión y la salvaje reacción de Pansy estarían en los periódicos de mañana, Draco estaba seguro. Sintió una punzada de simpatía por Granger. No mucho, solo una punzada. Nada estremecedor. No la odiaba tanto como a Potter y sus comadrejas. A decir verdad, él solo la odió en el pasado por culpa de ellos y el hecho de que ella era una nacida de muggles, aunque ya lo había superado.
¡Ah! y esa vez ella lo abofeteó.
Podía ser mejor persona que ellos.
Pero ahora, no sabía lo suficiente sobre ella como para molestarse. Eso nunca lo detuvo antes, pero Draco era mayor; ya no tenía dieciséis años y no estaba desesperado y enojado. A veces, incluso era capaz de actuar con madurez. Tenía un Patronus y una conciencia a la que realmente escuchaba, si gritaba eso lo hacía sentir lo suficientemente culpable.
—...¿la viste cuando entramos?
Nunca respondió a su madre, pero la había visto. Fue un poco difícil no hacerlo. Aunque muy disminuida, Granger todavía tenía esa aura de ser la persona más inteligente de la habitación. Cuando se sentaron, Draco no había podido ver su rostro detrás del libro, pero sabía que era ella.
Fue extraño. Draco no la había visto desde la Batalla de Hogwarts. Ella desapareció meses después de la batalla. Rumores la ubicaban en Italia trabajando como Rompe Maldiciones. Y ahora estaba de regreso, todo el infierno se había desatado y Draco estaba… intrigado.
Observó la mesa de Potter por unos momentos, reuniendo toda la información que necesitaba. Potter parecía odiarla. Weasley parecía odiarla más que Potter, si eso era posible. Chica comadreja se veía nerviosa mientras trataba de calmar a su novio y hermano. El otro Weasley se mostró indiferente; solo miraba con ojos aburridos.
—No puedo creer que tenga el descaro de mostrar su rostro en Londres después de lo que hizo —escucho antes de que la hermana lo golpeara con un hechizo silenciador, para gran consternación de Draco.
Aun así, era un buen lugar para comenzar.
—No te veas así, Draco. Luces como lo hacías justo antes de abalanzarte sobre el gato cuando tenías dos años.
Frunció el ceño y terminó su puré de papas, sintiéndose completamente lleno mientras estaba intrigado por la silenciosa confrontación y las palabras de la comadreja. Su madre arruinó su proceso de pensamiento y conspiraciones con ese terrible y vergonzoso recuerdo de su infancia.
Su madre examinó el menú de postres.
—¿Has encontrado una cita para el evento de mañana por la tarde?
Draco jugó con sus verduras y debatió si comerlas o no.
—Probablemente llevare a Pansy.
—Creo que ya tiene una cita. Con Blaise, creo.
—Oh... —bueno, eso era noticia para sus oídos.
Sin embargo, era una razón más para ir solo.
Decidió probar suerte con un trozo de brócoli. No estaba mal.
—Sé que Astoria no funcionó, pero puedo encontrarte una chica adecuada…
—No —dijo más fuerte y áspero de lo que pretendía.
Una camarera se detuvo a medio paso y personas de varias mesas cercanas lo miraron con los ojos muy abiertos. Su madre parecía aturdida y un poco herida por su arrebato. Draco no sabía por qué había hecho tan buen trabajo al arruinar su vida amorosa con sus elecciones de "brujas adecuadas". Estaba seguro de que su madre era la única razón por la que no quería casarse.
Eso y su incapacidad para repeler a las caza fortunas.
Se resignó a la vida de soltero.
Y con un suspiro, reconoció que había sido un poco duro.
—Discúlpame. Lo que quise decir es que ahora que sé que Pansy tiene una cita, pensé en ir tal vez solo... o contigo.
El rostro de su madre se iluminó, emocionada ante la idea de que su hijo la acompañara al evento. Draco comió su brócoli mientras ella seguía hablando, pero cuando sugirió que usara una corbata color mandarina para combinar con ella, casi deja caer el tenedor con horror.
Pasaron diez minutos antes de captar el primer avistamiento de Granger después del incidente y su curiosidad alcanzó un nuevo nivel. Después de todo, su brazo estaba vinculado al de Pansy "no me gusta que me toquen" Parkinson. La única lógica que pudo encontrar fue que algo más profundo había ocurrido entre las dos y estaba bastante sorprendido de no saberlo. Pansy nunca le ocultaba cosas.
Oh, qué equivocado estaba.
Sin ser atrapado, sus ojos las siguieron de regreso a la mesa de Granger, donde se sentaron juntas y tuvieron lo que parecía ser una conversación seria. Pansy parecía preocupada, algo por lo que no era conocida y Granger negaba tristemente con la cabeza, con los ojos clavados en la mesa.
Granger se veía completamente diferente, estaba delgada, pálida, exhausta, con los ojos vacíos; un caparazón hueco de la persona que recordaba. Llevaba pantalones sueltos, una gabardina blanca y una camisa lisa de color turquesa de manga corta que parecía un poco grande para su delgado cuerpo. Su cabello estaba domesticado en rizos ondulados, pero rebeldes. Fue una mejora, pero ciertamente tenía un largo camino por recorrer.
Cuando Pansy le dio una palmada en el hombro y se levantó de su asiento, Draco decidió que había esperado lo suficiente para encontrar respuestas. Empezó a excusarse, pero su madre tenía otras ideas.
—¿A dónde vas?
Su respuesta fue demasiado rápida, pero suave.
—Voy a ver si a Pansy le gustaría traer a su nueva amiga para que se una a nosotros para el postre.
Su madre pareció impresionada.
—Oh, es una idea maravillosa, Draco. Pobre chica. Bien pensado.
Con una pequeña sonrisa, se disculpó y se acercó a la mesa de Granger. Pero antes de que pudiera hacerlo, se encontró cara a cara con una disgustada Pansy. Y antes de que pudiera abrir la boca, ella lo agarró del brazo y lo siguiente que sintió fue el familiar e incómodo tirón de la aparición.
Aterrizaron en el callejón junto al restaurante.
Si había algo que Draco Malfoy odiara eran las apariciones sorpresa.
—¡Hija de…!
Empezó antes de que él pudiera recuperarse de la desorientación.
—No me digas que estabas a punto de acercarte a Hermione.
Draco se encogió de hombros.
—Entonces, no lo haré.
Eso no era lo que ella quería escuchar.
—Lo que sea que estés planeando, sé que lo estás, así que ni siquiera finjas que no lo estás. Déjala en paz. Ella ya ha pasado por mucho.
—Oh, realmente —sonrió Draco—. Por qué no me convences de que la vida ha sido tan injusta con Granger, ¿eh Pansy?
—No es mi historia para contar, ni sé todo —fue su indignada respuesta.
Dio un paso más cerca.
—Bueno, entonces, obviamente tenemos que hablar sobre lo que sabes.
—No hay nada que discutir, Draco —Pansy desvió la mirada.
Cuando Pansy mentía, no podía mirarlo a los ojos. «Perfecto». Entonces, él continuó.
—Siento disentir.
—¿Por qué te importa?
—No me importa.
—Entonces déjala en paz.
—¿Desde cuándo dejaste tu trabajo y tomaste el puesto como guardaespaldas de Hermione Granger?
Pansy lo fulminó con la mirada mientras se cruzaba de brazos. Ella apretó los labios con frustración.
—No soy tan egoísta como crees, Draco. Tal vez tenga un corazón y me niego a que alguien sea tratado de esa manera…
Lo consideró por un segundo y decidido que esa era una excusa de "negación." Pansy era una mujer egoísta. Ella no defendía a cualquiera. No, tenía que haber una razón. Lentamente, él le levantó la barbilla para que ella lo mirara con desafío.
—Parece que no me estás diciendo algo, Pansy.
Ella apartó su mano de un golpe.
—Eres un bastardo manipulador.
Draco no se disculpó.
—Soy lo que soy.
—Te estoy haciendo un favor. Ella es algo en lo que no quieres involucrarte.
—Déjame determinar eso.
—Draco —Pansy casi suplicó—. Déjalo.
Cuando él no dijo nada, los apareció de nuevo en el restaurante donde él fingió sentarse mientras ella se excusaba del almuerzo con la excusa de ir al trabajo. Después de enviarle otra mirada amenazante, ella se fue.
Pensó en escuchar por un momento antes de ignorar todo y acercarse a la mesa de Granger. Ella no lo había notado. Vio como metía lo que parecía una fotografía hecha jirones dentro del libro que había estado leyendo y lo dejaba sobre la mesa con un pequeño suspiro.
—Granger.
Ella lo miró con ojos vacíos e indiferentes. El color era diferente, pero eran los mismos que había visto antes. Sacudido por la similitud, Draco casi titubeó.
Granger parpadeó confundida.
—¿Hay algo que quieras, Malfoy?
Draco se aclaró la garganta.
—M…
Ella no lo dejó terminar y lo interrumpió con un leve movimiento de su mano.
—Si estás aquí para insultarme, guarda el aliento. Ya me siento bastante desgraciada. No necesito que me pisotees contra el suelo. Ya estoy allí.
El vacío y el hielo de su voz le hicieron detenerse, pero nunca mostró su malestar. Draco nunca pensó en Granger como alguien frágil o que se despreciara a sí misma. Esperaba… más. No la persona frente a él. Siempre había sido vibrante y fuerte; tan dura que casi no parecía humana.
Pero ella era humana.
Y el ser humano era luchador.
Draco finalmente encontró su voz.
—¿Perdona?
—Me escuchaste, Malfoy —el tono de Granger era tan muerto como sus ojos y su expresión. Sus hombros se hundieron ligeramente. Derrotada—. Me gustaría un poco de paz.
Las siguientes palabras salieron de su boca antes de que su conciencia pudiera detenerlas.
—Parece que no has dejado la guerra.
Su rostro se torció levemente mientras se reía secamente.
—La guerra no ha terminado para todos.
Draco no sabía quién diablos era ella, pero no era Hermione Granger.
La verdadera Hermione Granger era noble y una sabelotodo casi intolerable, pero la mujer frente a él era demasiado patética.
Cuando él no respondió nada, ella se retiró en sí misma, ignorando su presencia por completo. Miraba por la ventana con ojos muertos, sin ver ni sentir. Era inquietante lo tranquila y pálida que estaba, lo pequeña que parecía en esa mesa casi vacía. La verdadera Hermione Granger una vez lo enfureció, pero Draco sintió algo parecido a la lástima por la mujer frente a él. Si bien eso lo perturbaba muchísimo, lo que realmente le disgustaba era el hecho de que algo había roto el espíritu de Hermione Granger más allá de la reparación.
Draco no estaba seguro de por qué lo hizo. No tenía ningún interés en ver sus ojos sin vida, pero la pregunta salió antes de que pudiera evitarlo.
—¿Puedo unirme a ti?
Granger mantuvo su atención en lo que sea que estaba mirando, pero respondió, señalando la silla vacía frente a ella.
—Es un país libre.
Se sentó antes de que ella pudiera objetar porque se sentía extraño al estar de pie frente a ella. Draco no pudo evitar mirarla de cerca hasta que ella comenzó a moverse buscando su bolso de cuentas que estaba sobre la mesa. El gran bolso estaba casi rebosando de dinero, Hermione contó meticulosamente el número exacto de galeones, sickles y knuts. Luego categorizó y apiló las monedas ordenadamente una encima de la otra. Granger ni siquiera lo honró con una mirada casual.
—Es muy inusual sentarse junto a un Malfoy en silencio, ¿cuál es exactamente tu propósito? Dudo que Pansy te haya enviado aquí.
La llama por su nombre. Interesante.
—Tienes razón... ella insistió en que te dejara en paz.
Su ceja se elevó, pero rápidamente su rostro volvió a su inexpresividad.
—Déjame adivinar, la curiosidad lo superó todo.
—Ah, no estás completamente en lo cierto en tu suposición.
Finalmente, ella lo miró.
—Oh, ¿no lo soy?
—No, mi madre quería invitarte a nuestra mesa para el postre —fue lo primero que se le ocurrió, pero eso era cierto.
—¿De verdad? —ella no le creyó en lo más mínimo. Comenzó a tamborilear rítmicamente las uñas sobre la mesa—. ¿Y ella te envió aquí para convencerme? —cuanto más hablaba; más veía brillar a la verdadera Hermione Granger—. Habría tenido más suerte enviando a Voldemort aquí para charlar conmigo.
—O a Potter —la provocó.
Era algo que hacía todo el tiempo mientras entrevistaba a los criminales para determinar si estaban mintiendo o diciendo la verdad. Y ella fácilmente mordió el anzuelo. Draco observó cómo su comportamiento cambiaba por completo cuando una vorágine de emociones se apoderó de sus rasgos. Pasó de verse conmocionada, a herida, a angustiada y a resentida. Notó los cambios en su respiración, los cambios en su rítmico traqueteo en la mesa y los cambios en su postura. Por un segundo, pensó que Granger lo atacaría, pero nunca lo hizo.
En cambio, habló con una impactante cantidad de pasión y vehemencia.
—No sabes nada.
—Sé que desapareciste por más de cinco años, te mudaste a Italia y aceptaste un trabajo como Rompe Maldiciones para un banco italiano, tus amigos de la infancia te odian y algo sucedió entre tú y Pansy... algo que la hace muy leal a ti y algo que hace que me guarde secretos.
—Bueno, felicitaciones, agente imbécil —se burló con sarcasmo.
Él la ignoró, levemente intrigado por la ofensa que ella lanzó contra él. Granger quería que se fuera, eso era obvio. Pero él se negó a retirarse, no por ella. En el fondo disfrutaba meterse bajo su piel.
—Me preguntaba qué sacaría a la leona de su guarida.
—Vete, Malfoy.
Se inclinó un poco hacia adelante, manteniendo la voz baja y tranquila.
—Como dijiste antes, es un país libre. Puedo sentarme donde quiera.
—Entonces yo me iré —recogió sus cosas y empezó a levantarse bruscamente de su silla.
Draco la agarró del brazo antes de que pudiera ponerse de pie, sin apretar, solo sujetándola. Su mano se envolvió fácilmente alrededor de su brazo. Estaba demacrada, ella no podía estar sana.
—No provoquemos otra escena, Granger. Confieso que estoy cansado de eso —mantuvo su voz suave, pero con frialdad subyacente que hizo que sus ojos se cruzaran con los de él—. Por mucho que te guste estar en los periódicos gracias a tus idiotas examigos, no tengo deseos de verme en El Profeta de mañana.
Granger lo miró con furia apenas contenida.
—Entonces déjame ir.
Por supuesto, no le concedió su deseo, pero su agarre se suavizó. No porque ella lo pidiera, sino porque Draco podía sentir sus huesos.
—Pero tenemos mucho por lo que discutir.
Ella finalmente se soltó de su agarre, pero no se fue de inmediato.
—No puedo pensar en cosas para discutir contigo.
—Hablemos de quién o qué te hizo correr a Italia.
Granger se crispó de tal manera que Draco supo que las siguientes palabras que salieran de su boca serían una mentira.
—Estás delirando, Malfoy. No sé de qué estás hablando.
Fue casi impresionante. Granger era mejor mentirosa de lo que jamás había imaginado o recordado; debe haber perfeccionado sus habilidades en los últimos años. Trató de parecer tranquila e imperturbable y si él no fuera tan bueno en su trabajo o leyendo a la gente, se habría perdido por completo la expresión de pánico que había cruzado su rostro. Fue rápido y fugaz, pero con eso lo dijo todo. Mentalmente se dio una palmada en la espalda por un trabajo bien hecho y lo agregó a la creciente lista de cosas que sabía.
Su mudanza a Italia había sido una decisión apresurada... y ahora tenía que averiguar si fue un "quién" o un "qué" lo que la hizo huir. Draco tenía la sospecha de que el viaje hacia la verdad de Hermione Granger iba a ser uno lleno de baches. Y eso estuvo bien.
Era la distracción perfecta.
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Fin capitulo dos
Notas:
Link historia original: s/4172243/1/Broken
Naoko Ichigo
