Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.

Capítulo diez: Un pacífico cambio de paradigma

Primera parte: Ilusiones mentales

Hermione trató de asegurarse a sí misma que sería más fácil respirar, que mejoraría y que la rigidez que aparecía en su pecho cada vez que pensaba en Matthew y sus padres desaparecería. Trató de engañarse a sí misma para tener fe de que sería más fácil mantener los ojos enfocados en el futuro en lugar de mirar hacia su sombrío pasado.

Pero no lo fue.

Puso y encendió una vela roja en la encimera de su baño en memoria de ellos. Brillaba y centelleaba contra las paredes y los techos color crema. La cera rezumaba, goteando lentamente por el costado de la vela como una lágrima. El rojo le recordó lo emocionados que estuvieron sus padres cuando entró en Gryffindor. El color le recordó tiempos más felices en Italia con Matthew. Usó ese color para alegrarles la vida y quitarles el dolor que parecían predestinados a vivir. El rojo hacía que todo fuera tolerable. Incluso después de toda una vida de enfermedades, visitas al médico, operaciones, quimioterapia, vacunas y visitas al sanador.

El rojo era el color favorito de Matthew. Era el color de las flores que Hermione traía a casa todos los lunes del mercado, el color de la capa de Superman con la que corría, el color de su cepillo de dientes, el cual ella hechizo para que emitiera su canción favorita mientras él se cepillaba los dientes, el color de su vasito infantil favorito y de su pequeña manta...

Hermione sabía que no podía salir de la habitación para cenar; no cuando su mente estaba llena de recuerdos de él. Lágrimas de cera caían de la vela mientras se derretía lentamente. Ella miró con tristeza la llama, queriendo extender la mano y tocarla, de la manera en que quería extender la mano y tocar a Matthew.

Hermione recordó vívidamente la última vez que le tocó la mano.

Se lo habían llevado con una sábana cubriéndole el rostro... Y ella los había detenido, solo para verlo una última vez. Sus manitas estaban frías como el hielo y su rostro estaba blanco como la leche. Parecía estar durmiendo y no muerto. Quería gritarle con la esperanza de que, si escuchaba su voz, él volvería a la vida.

Pero ahora era más sensata que en ese entonces.

El dolor que había sentido después de perder a Matthew había sido incomparable al que había sentido después de perder a sus padres. E incluso después de cinco años el sufrimiento no se comparaba con la pérdida de Matthew. Es cierto que dolía, pero era un tipo diferente de tristeza. El dolor de perderlo, de ver cómo se desmoronaban sus esperanzas y sueños. Era el dolor que venía de ver el final de una vida que ella había creado en su vientre, que nutrido y por quien había sacrificado todo para proteger.

Fue demasiado.

Incluso ahora, su anhelo por él era tan fuerte que apenas podía respirar.

La música envolvió sus memorias como una banda sonora. Ahogó los malos recuerdos, pero, para su consternación, no borró el dolor. A veces, Hermione deseaba que Matthew se pareciera más a su padre. Deseó poder mirarlo a la cara y ver a Matthew, escuchar su voz y ver sus ojos. Ver crecer a Matthew a medida que él envejecía. Ver cómo se luciría Matthew mientras él cambiaba y se desarrollaba.

Quizás entonces podría engañarse a sí misma haciéndose creer que su bebe todavía estaba allí con ella.

Antes de que pudiera detenerse, Hermione alcanzó la vela. No podía contenerse, no podría dejar de sentirse triste cada vez que pensaba en su hijo. La llama de la vela se elevó hacia arriba para lamer sus dedos.

Dolor.

Debería haber sentido dolor cuando puso su mano sobre la llama, pero no había nada. Nada en comparación con su pérdida. Hermione se sentó a un lado de la bañera. Sus dedos se agarraron del borde y sus ojos recorrieron todo lo que había en la habitación, incluido el espejo. Ella parecía perdida. No era algo nuevo y estaba cansada de ver eso todos los días. Merlín, ya ni siquiera se parecía a ella.

La magia no podía curarlo todo. Ella lo había aprendido de la manera difícil.

Alejándose del espejo, Hermione se sentó con la espalda contra la pared opuesta a la encimera. Cerró los ojos y vio cómo los recuerdos se arremolinaban en su cabeza. Era casi real. Tan cerca del tacto, tan hermoso de escuchar, tan frágil de mirar. Ella comenzó a recordar. Empezó a recordarlo.

¿Qué crees que estás haciendo, hombrecito?

Atrapado en el acto, Matthew se congeló en toda su gloria devoradora de dulces y lentamente se volvió hacia su madre. Tenía manchas de dulce por todo el rostro, la ropa y el cabello; nunca sabría cómo logró embarrarse el cabello. Y en su mano había una barra de chocolate a medio comer. Parecía que se había puesto más chocolate en su rostro que en su boca y Hermione descubrió que se estaba volviendo cada vez más difícil mantener una mirada severa.

Yo compartir... —le tendió la mano que tenía el trozo de dulce.

No creas que compartir te librará de esta, chico dulce. Pensé que te dije que esperaras hasta después de la cena —Hermione sonrió y regañó a la ligera.

Pendon, mami —Matthew hizo un puchero.

Está bien —sus ojos se desviaron hacia el gabinete abierto sobre el refrigerador de donde él había sacado la barra de chocolate oculta y luego miró a su hijo—. ¿Cómo diablos llegaste allí? —había un brillo travieso en sus ojos cuando procedió a mostrarle a su mamá cómo había subido allí.

A Hermione le tomó una hora y varios hechizos de limpieza quitar las huellas de las manos de los mostradores.

Hermione se obligó a pensar en todo; cuando estaba lleno de vida, cuando reía, cuando lloraba, cuando la miraba con esos grandes ojos. Siempre la hacía sonreír, sin importar lo triste que se sintiera por dentro.

Había determinación en sus ojos mientras sostenía sus manos.

Puedes hacerlo, Matthew... —Hermione animó al pensativo bebé mientras soltaba sus manos. El niño de un año permaneció allí durante un minuto completo, balanceándose hacia adelante y hacia atrás. Tenía los labios fruncidos, mostrando sus adorables hoyuelos y la expresión de su rostro era de obstinada determinación. Iba a caminar, aunque le llevara todo el día.

Eso es, bebé —Hermione lo animó un poco más.

Matthew dio un paso tambaleante... Luego otro... Hizo una pausa... Le cogió el truco... Y se fue.

Esos recuerdos comenzaron a fortalecerse. Le gritaban, le golpeaban la cabeza y la obligaban a recordar cada detalle de él: su cabello, sus ojos, sus expresiones faciales, los sonidos de animales que le gustaba hacer, cómo la miraba con tanto amor y cariño, todo. ¿Era egoísta de su parte quererlo de vuelta, con enfermedad y todo?

Hermione sabía que él estaba en paz, pero ¿era malo desear egoístamente que su paz estuviera aquí?

Sola en su baño, Hermione permitió que una lágrima rodara por su mejilla y el resto la siguieron poco después. Sus sollozos guturales resonaban por la habitación, pero estaba sola. Pasaron unos minutos antes de que se moviera de su lugar. Hermione pasó débilmente sus dedos por su cabello enredado, húmedo y áspero mientras un doloroso gemido escapó de su garganta.

Ella hizo una mueca.

Gracias a Malfoy, había gritado y llorado tanto en las últimas horas que le dolía incluso respirar. Estaba completamente agotada, pero más que nada, sabía que él tenía razón. ¿Cuándo se había tomado el tiempo para entenderla? ¿Había leído su mente cuando ella no estaba prestando atención? Estaba segura de que estaba en el infierno. Y sentía como si a él le importara.

Hermione negó con la cabeza.

A Malfoy no le importaba, solo estaba... Maldita sea, no sabía lo que estaba haciendo, pero sabía que a él no le importaba. ¿Verdad?

Hermione sacó todos los pensamientos sobre él de su mente y obligó a su cuerpo rígido a levantarse del suelo y ponerse de pie. Se tomó un momento para apoyarse en la encimera. El dolor en sus articulaciones y músculos comenzaba a disminuir. Sus ojos se posaron en la vela que se había apagado; la cera estaba fría y dura una vez más. Pasó los dedos por las gotas de cera seca y suspiró.

Luego olió su ropa y llegó a la conclusión de que debía darse un baño.

Cuando el agua llenó la bañera, Hermione dejó caer algunas sales y vertió un poco de aceite en el agua con la esperanza de que eso aflojara sus músculos. Estaba a punto de quitarse la camisa cuando algo en un rincón de la habitación llamó su atención.

Era un niño con un rebelde cabello castaño y ojos color avellana verdoso; tenía unos cinco años. La sangre huyó de su rostro mientras todo su cuerpo se ponía rígido. Su respiración se volvió escasa y su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho. Sus pies estaban congelados en el suelo. Solo sus ojos se movían, observando y mirando al niño con incredulidad.

Estaba abrazando sus rodillas contra su pecho y tenía un brillo de curiosidad en sus ojos mientras la miraba. Llevaba jeans, una camiseta amarilla y roja con una bandera en el medio y zapatillas de fútbol desatadas. El chico, estaba sano y fuerte, tenía una sonrisa brillante y las mejillas sonrojadas, como si acabara de regresar de jugar afuera. Su rodilla estaba raspada; la carne alrededor de la herida estaba hinchada y roja. Un moretón desagradable se estaba volviendo morado y azul justo ante sus ojos, pero al pequeño no parecía importarle. De hecho, era como si fuese una insignia de honor.

«Niños» reflexionó Hermione con un suave movimiento de cabeza.

Sabía que era una alucinación, un producto de su jodida imaginación. Realmente no había un niño pequeño en su baño, pero parecía real. Hermione se encontró perdida en un trance y dio un paso vacilante hacia él. El chico levantó la cabeza de sus rodillas, mirándola con ojos inquisitivos.

Culpaba a la falta de sueño en los últimos quince días, al dolor en su corazón, a su mente, por alguna razón a Malfoy. Ella culpó al haber estado encerrada en la casa durante las últimas dos semanas sin comer, beber o dormir mucho. Ella se culpó a sí misma, pero aun así dio otro paso hacia el niño imaginario.

Otro paso... Y otro.

El niño era un extraño, pero a la vez le era familiar. Sentía como si debería conocerlo, y Hermione nunca había estado más confundida en su vida. Todo lo que pudo hacer fue pararse junto al chico que la estaba mirando con desconcierto. Todo lo que pudo hacer fue ponerse en cuclillas frente a él.

Él la miró fijamente a los ojos, casi como si estuviera inspeccionando su alma.

El niño apretó los labios y habló con voz familiar, tartamudeando como si no estuviera seguro de sus propias palabras.

—¿M-mami?

Estaba demasiado aturdida para siquiera hablar, aun así, abrió la boca y pronunció la primera palabra que le vino a la mente.

—Sí.

Extendiendo la mano para intentar tocar su brazo. Todo lo que pudo sentir fueron los vellos de su brazo erizándose.

—Realmente te extraño —dijo, sonando muy triste. Las lágrimas llenaron sus ojos.

Las mejillas de Hermione estaban húmedas.

—Yo también te extraño.

Patéticamente, su cabecita volvió a caer sobre sus rodillas.

—No, no haces.

Ella extendió la mano para despeinar su cabello, pero se detuvo en seco.

—Sí, lo hago —argumentó suavemente.

—Pero no hablas de mí. Ni me visitas —el niño sonaba herido.

La realización golpeó a Hermione y su cuerpo comenzó a temblar incontrolablemente. «Matthew». Sus piernas cedieron cuando el dolor, la conmoción y la verdad la abrumaron. Cayó de rodillas. No había palabras ni excusas que pudiera decir; así que, en cambio, ofreció sus lágrimas y esperó que él la perdonara.

—¿Ya no me amas? ¿Fui malo? ¿No me quieres?

—¡No! —sollozó histéricamente—. Te amaba más que a nada en el mundo. Nunca deje de hacerlo. Nunca. No eras malo. Fuiste… —Hermione dejó de llorar el tiempo suficiente para mirar al chico. Quería alcanzarlo, abrazarlo y nunca dejarlo ir, pero algo la detuvo—. Fuiste el mejor niño, tan valiente y fuerte. Te quería, más de lo que nunca he querido algo en mi vida. No hay nada en el mundo que pueda reemplazarte. No hay una parte de mí que no me duela cuando pienso en ti. Hubiera hecho cualquier cosa, cualquier cosa para mantenerte con vida, pero te dejé ir para que no te doliera más.

Había una sonrisa en su rostro cuando habló de nuevo.

—Mamá, realmente ya no es así —susurró.

Hermione parpadeó confundida.

—¿Qué?

—Ya no duele.

Y desapareció justo ante sus ojos….

Por primera vez, Hermione se sintió en paz.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Segunda parte: Alguien que te salve

La última vez que Draco estuvo cerca de tener un ataque de pánico fue cuando tenía once años. Se había estado preparando para ir a Hogwarts por primera vez, y aunque su madre había dicho que su reacción era normal para un niño, su padre le había dicho que los Malfoy no tenían ataques de pánico.

Los Malfoy no entraban en pánico, en absoluto.

Sí, bueno, Draco Malfoy sentía mucho pánico, y no, no entendía por qué.

Otra cosa que no sabía por qué estaba haciendo era saltar tras Hermione.

De acuerdo, tal vez lo supiera, y tal vez estaba enloqueciendo un poco.

Después de dejar a Granger en el callejón, Draco había ido a un pub muggle para beber alcohol y del fuerte, el más fuerte que pudieran preparar. Había recreado toda la discusión en su cabeza tres veces y necesitó de un nuevo vaso de bebida cada vez que la vergüenza lo envolvía. Nunca había sentido pena por las cosas que había hecho. Draco la había lastimado, no, la había aplastado. Y mientras se alejaba, su maldita conciencia había desatado una nueva ola de sentimientos y emociones extrañas que no podía olvidar.

No fue hasta que buscó su billetera en su bolsillo, que la encontró, doblada y ligeramente mojada.

La fotografía.

Parecía gastada y vieja. Draco la había desdoblado con cuidado, pensando que sería de Granger y algún hombre que nunca había visto en su vida. En cambio, vio algo que lo dejo conmocionado y puso su mundo patas arriba y aseguró firmemente su lugar como el idiota número uno de Londres.

Sí, la foto era de Granger, pero no era la misma bruja sin vida, delgada y triste con esa horrible mata de frizz que ella llamaba cabello con el que él estaba familiarizado.

No, la mujer de la fotografía mágica estaba radiante. Llevaba vaqueros muggles y un jersey negro con una franja naranja y otra verde que bajaban por las mangas; su cabello castaño estaba domesticado y tenía un par de gafas de sol en la cabeza. Una brillante sonrisa adornaba su rostro. Granger parecía extremadamente feliz, a pesar de que estaba de rodillas frente a un estadio de fútbol veneciano, llamado "Stadio Pierluigi Penzo". En la imagen, sus brazos estaban envueltos alrededor de otra persona, y Draco se dio cuenta del por qué se veía tan feliz.

Parcialmente frente a ella, no había un hombre, sino un niño.

El niño tenía el cabello castaño rebelde y los ojos brillantes, estaba usando una camiseta de fútbol con el emblema de un león alado con una pata sobre un balón de fútbol en la parte delantera, al igual que Granger, llevaba jeans y los zapatos desatados. El pequeño estaba haciendo muecas a la cámara y Granger había considerado que su misión era hacerla reír. Y lo había logrado, solo después de señalar a la cámara y susurrarle al oído lo que parecía "sonríe", lo cual hizo.

Draco casi se había caído del taburete.

Durante casi media hora, se limitó a mirar la fotografía con asombro.

Granger había tenido un hijo. Un niño, un hijo, que nadie conocía.

Excepto por…

Fue en ese momento que Draco pagó rápidamente su cuenta, se apresuró a salir a un callejón vacío y, con un crujido, se apareció directamente en la sala de Pansy para lo que fue una horrible, pero informativa discusión, donde había aprendido mucho, mucho más.

Pansy no se sorprendió por su intrusión.

Pensé que nos reuniríamos en tu casa en unas cuatro horas.

Draco dejó caer la foto en su regazo.

¿Quién diablos es ese?

Pansy le lanzó una mirada desagradable, desdobló la imagen y la miró por un momento. Solo un momento fue todo lo que necesitó para que sus ojos se agrandaran con reconocimiento.

¿De dónde has sacado esto?

¿Realmente importa?

Sí, lo hace —sonaba un poco asustada—. Hermione estará buscando esto.

Entonces dáselo a ella. ¡Problema resuelto! Genial, ahora dime quién demonios es el chico.

Draco no tenía idea de por qué preguntaba. Ya conocía la respuesta. Pero una parte de él había querido que Pansy le dijera que el niño era un primo, un hermano, algo más. Parte de él quería que ella le dijera que hizo bien al gritarle a Granger como lo había hecho.

Pero nada de eso sucedió.

Pansy miró la foto con una sonrisa triste en su rostro.

Su nombre es Matthew, él es, él era el hijo de Hermione.

Cerró los ojos y negó con la cabeza.

Pero ella continuó.

Ella me contó sobre ese día. Lo llevó a un partido de fútbol muggle porque a él le encantaba el fútbol muggle tanto como amaba el Quidditch. Ella pudo hacerlo sin ser reconocida. Él se divirtió mucho. Ella no entendía los deportes, pero haría cualquier cosa por él.

Bueno, una cosa era asumir algo y otra cosa era que alguien confirmara tu suposición. Draco se había quedado atónito, pero su silencio no duró para siempre.

¿Tuvo un hijo?

Realmente no era una pregunta, era más como si hubiera descubierto otra verdad del pasado de Granger, una cosa concreta. Una verdad.

¿Acaso no lo explique bien?

La ignoró porque, en realidad, había un asunto más urgente entre manos.

¿Hace cuánto tiempo lo sabes?

Un año más o menos.

¿Pero parece que tiene cuatro años en esa foto?

Pansy lo miró sin comprender.

Él tenía esa edad, no supe de él hasta que Granger me envió una carta diciendo que me necesitaba una semana después de que se tomara esta foto; me dijo que su hijo estaba muriendo y que no había nada que hacer, ningún método ni mágico o muggle podría evitarlo. Era inevitable. Después de que tu madre me ayudara a calmarme de un ataque de rabia porque ella me mintió sobre él durante cuatro malditos años, me fui en trasladador —Pansy hizo una pausa y pareció pensativa por un momento—. Y Matthew falleció un mes después —su voz se había suavizado y quebrado mientras susurraba esas últimas palabras con la mirada fija en la foto que tenía en la mano.

No podía pensar con claridad y Pansy no estaba mejor. Las lágrimas habían brotado de sus ojos y, por el amor de Merlín, Draco se había cansado de las lágrimas de las mujeres.

Antes de que pudiera responder, la presa se rompió y ella comenzó a hablar.

Yo estaba allí cuando sucedió. Estaba sentada en la mesa mirándolos mientras horneaban galletas y cantaban algunas canciones para niños sobre trabajar en equipo. Ella acababa de dibujar bigotes en su rostro con harina y él estaba haciendo ruidos lindos como un cachorro de león… —Pansy parecía perdida en una pesadilla—. Y luego se detuvo de repente, la miró, susurró "mamá" y se derrumbó. Y Hermione, ella lo sostuvo en sus brazos mientras él… —ella no pudo terminar la frase.

Y Draco no quería que lo hiciera. Se sentía bastante desgraciado por las cosas que le había dicho. Se sintió miserable por ella. Había pasado por un infierno con sus amigos y sus padres... Además de eso, había perdido a un hijo. No era padre, pero simplemente no podía imaginar lo difícil que había sido la vida con ella. Sin saber qué más hacer, Draco envolvió sus brazos alrededor de Pansy y la abrazó mientras lloraba por el niño que solo conoció por un mes.

Pasó un tiempo antes de que ella susurrara a través de las lágrimas.

Nunca había visto a alguien tan destrozada. Claro, perdí a mi padre, pero ella perdió a su hijo, a su hijo, Draco. Y todo lo que pude hacer fue estar junto a ella y ver cómo él moría. Yo quería buscar ayuda, pero Hermione me detuvo. Dijo que no había nada que pudieran hacer, que él estaba demasiado enfermo y que los Sanadores no podían hacer nada por él excepto hacerlo sentir más cómodo mientras él fallecía. Dijo que tampoco quería que el cuerpo de su hijo fuera llevado a algún hospital muggle. No quería que muriera en una sala de emergencias, sino en casa, donde estaba más cómodo. Así que lo abrazó, habló con él, le dijo lo mucho que lo amaba, que cuánto lamentaba no poder cambiar de lugar con él, que lamentaba que nunca hubiera conocido a su padre y que no pudiera vivir una vida más larga. Ella le cantó una canción de cuna italiana mientras su respiración se hacía más lenta, hasta que finalmente se detuvo.

No quería escuchar más.

Pansy, detente.

Pero ella no lo hizo.

Hermione se mantuvo firme durante todo el funeral. No lloró. Estuvo tranquila. No sé cómo lo hizo. Solo lo conocí por un mes y lloré durante todo el funeral mientras ella me consolaba. Pero lo sabía, Draco, sabía que ella se había ido. Lo sabía. Lo vi durante la noche después del funeral...

Pansy —su voz lo traicionó. Su pecho se sentía horriblemente apretado.

No —gritó—. Tienes que escucharme, Draco. Eres la primera persona con la que he podido hablar sobre esto y tengo que sacarlo —suspiró y él a regañadientes dejó que terminara—. La encontré, en el cementerio. Ella solo estaba mirando la lápida. No me escuchó llegar, no sintió que le toque el hombro. No lo hizo, no sintió nada. Así que me senté allí con ella toda la noche. No dije una palabra.

¿Qué pasó? —preguntó Draco de mala gana.

Al día siguiente me dijo que volviera a Londres, tres días después me llamó y me dijo que se mudaría de regreso. Me dijo que moriría si se quedaba allí un día más. Me di cuenta de que estaba contemplando terminar su vida y lo horrible fue que entendí por qué. Mientras la vida de todos apenas comenzaba, la de ella, había terminado.

Durante la siguiente hora después de la narración de Pansy sobre la muerte de Matthew, Draco se había sentado en el sofá, todo miserable y pensativo. No pensó en el hecho de que ella solo tenía diecinueve años cuando tuvo a su hijo. No pensó en quién era el padre. No pensó en nada.

De hecho, había dejado de intentar sumergirse en su vida. Fue horrible y llena de sufrimiento y dolor. Draco deseaba no haber comenzado nunca su maldita investigación. Podía vivir su vida sin saber que la de ella era mucho peor. Podía vivir su vida sin saber que ella había pasado por cosas que hacían que sus propios problemas parecieran un juego de niños.

Se sentía abatido y le dolía el pecho por la tensión.

Draco —la voz de Pansy era grave y severa—, voy a preguntarte esto de nuevo. ¿Cómo obtuviste esta fotografía?

Se escapó de la mano de Granger y se metió en mi bolsillo durante nuestra discusión.

La voz de Pansy se llenó de rabia.

¿Te peleaste con ella? ¡Maldita sea, Draco, te dije que la dejaras en paz! Demonios, tengo que ir… ¿Qué diablos le dijiste?

Draco se puso furioso y le arrebató la foto de las manos.

¡No quiero hablar de eso! Mierda, Pansy. Solo cállate y dame su dirección. Yo mismo le llevaré la foto.

Al obtener la dirección de una muy molesta Pansy, Draco había ido a su apartamento por la red Flu y se sentó un rato, pensando y contemplando en silencio si ir a la casa de Granger en ese momento o esperar.

Mientras crecía, por lo general sintió muy poco remordimiento por todas sus malas acciones. Muchas fueron por autoconservación. Había cometido demasiados pecados en su pasado como para que eso le importara. Si la culpa hubiera sido una emoción que sintiera de niño, Draco se hubiera suicidado durante su sexto año, estaba seguro de eso. Pero ahora, tenía a una protectora Pansy y una conciencia apuntando su espalda. No se suponía que se sintiera avergonzado o culpable por ninguna de las cosas que había hecho o dicho. Pero lo sintió de sobremanera.

Así que Draco decidió terminar de una vez la cena para evitar más incomodidades y se apareció en la casa por medio de la aparición.

Cuando Draco imaginaba el hogar en el que vivía Granger, siempre había pensado en una casa modesta con un pequeño jardín. Probablemente cultivaría hierbas y tomates en un ordenado y pequeño invernadero.

Sin embargo, lo que vio cuando llegó a la puerta de su casa, fue algo completamente opuesto.

Hermione Granger vivía en una de las casas más aisladas de Gran Bretaña. Estaba ubicada en las afueras de Londres, no tenía un vecino en millas. Era una pequeña y modesta casa cerca del lago con un desatendido jardín con flores y algunos rosales sin recortar. Los árboles eran abundantes y estaban muertos, las hojas empapadas de lluvia cubrían su césped. Y entonces se fijó en el pequeño y modesto coche azul en la entrada. Parecía como si no hubiera sido conducido en un tiempo; las hojas lo cubrían casi por completo.

Draco supuso que habría sido una linda casa, si la hubieran cuidado mejor.

Se le había hecho un nudo en el estómago cuando tocó el timbre, pero le echó la culpa al clima. Parecía que, en las últimas horas, la temperatura había bajado casi treinta grados. Después de tocar tres veces y tocar el timbre dos veces más, Draco espero… Y espero.

Ella estaba en casa. Las luces estaban encendidas.

Curiosamente, dio la vuelta por el costado de la casa y vio una puerta.

Con un silencioso hechizo de desbloqueo, empujó la puerta para abrirla y entró al desolado patio trasero, dejando que la puerta se cerrara ruidosamente detrás de él. Había una ligera pendiente que casi lo hizo tropezar, pero eso no sucedió porque Draco Malfoy siempre era elegante. El mago había estado tan concentrado en encontrar una puerta trasera que no había visto a la mujer, pero cuando lo hizo, lentamente levantó una ceja.

Granger estaba de pie en el muelle, mirando el agua, pensativa sin nada más que un par de pantalones grises y una camiseta sin mangas. En el frío.

La mente de Draco vagaba mientras sus pies lo dirigían al muelle.

En su mayor parte, no esperó que ella se sintiera afectada por él. Ella era Granger, después de todo. Le había plantado cara en la librería, como si fuera algo natural, algo fácil. Se suponía que no debía dejarse influenciar por nada de lo que él dijera o hiciera porque, aunque lo odiaba, realmente él era un idiota.

Cierto, había querido incitarla a que le gritara la verdad. Le había dado un golpe bajo. Estaba cansado de que ella le mintiera. Es verdad que la había insultado de la peor forma posible. Y había querido decir cada palabra que le dijo. Pero se suponía que ella no debía tomar sus palabras en serio.

A las mujeres como Granger les importaba una mierda las palabras de hombres como Draco Malfoy. ¿Verdad?

Pero Draco había olvidado una cosa clave. Ella era un ser humano con sentimientos…

Sentimientos aplastados por las crueldades de la vida.

Sentimientos que habían sido heridos por sus supuestos amigos.

Sentimientos que habían sido golpeados por él.

Y cuando Draco recordó todo eso, solo lo hizo sentir peor.

Entonces, cuando ella levantó los brazos, Draco no se alarmó. Imaginaba que ella estaba… Bueno, no sabía qué diablos estaba haciendo. Estaba parado pacientemente en el otro extremo del muelle y esperaba a que ella se fijara en él. No lo hizo. Parecía que Granger estaba completamente absorta en sus pensamientos.

Cuando se quitó los zapatos y los calcetines y se paró en el borde del muelle, Draco pensó que estaba tratando de relajarse. Después de lo que pasó entre ellos, Granger probablemente necesitaba relajarse un poco.

Haría más fácil su primer intento de disculpa si ella estaba tranquila.

Cuando ella se acercó al lago, pensó que estaba tratando de tener una mejor vista. Draco se había tomado el momento de echar un vistazo a su propiedad. Con algunas mejoras, el lugar podría ser muy agradable. Pudo ver por qué lo eligió y se preguntó cuánto gastaba...

Cuando Draco escuchó el chapoteo del agua, levantó la cabeza y vio que ella se había ido, desaparecido.

Y ese fue el momento. El momento que lo había devuelto al presente y que lo cambió todo.

Ella no sabía nadar.

Su corazón había comenzado a acelerarse mientras los pensamientos y el pánico se arremolinaban en su cabeza.

Ella no sabía nadar y saltó al agua sin su varita.

Y Draco hizo lo primero que se le ocurrió, corrió por el muelle y saltó detrás de ella.

Decir que no sabía por qué lo hizo habría sido una mentira. Dio un salto porque no quería que su muerte le cayera encima. Ya era bastante difícil lidiar con una; no podía tomar una segunda carga. Saltó porque se sentía mal por ella y el papel que desempeñó en su situación actual. Pansy Parkinson lo destriparía si ella se ahogaba. Saltó porque estaba jodidamente enojado con ella por tomar el camino de los cobardes.

Pero, sobre todo, saltó porque no quería que ella muriera.

Así que Draco la buscó en las turbias aguas del lago, agradeciendo mentalmente a su madre por obligarlo a tomar esas lecciones de natación cuando era niño. El lago era profundo, oscuro y malditamente frío. Su cuerpo ya estaba entumecido y solo había estado en el agua por un minuto. Draco no pudo verla al principio y tuvo que salir para respirar rápidamente. Gracias a su inteligencia, había tenido suficiente sentido común como para ponerse un encantamiento de casco de burbuja antes de volver a sumergirse en el agua fría.

El lago era más profundo y frío de lo que había imaginado. Draco se enorgullecía de ser un buen nadador, pero no era el mejor y sus extremidades estaban empezando a dolerle por las gélidas aguas.

Aun así, siguió avanzando, buceando cada vez más bajo, moviendo silenciosamente plantas flotantes y peces fuera de su camino. Y luego, la vio. Estaba en el fondo del lago, tenía los ojos cerrados y no se movía. Cuando una pequeña burbuja de aire escapó de su boca, Draco quiso gritar de alivio, pero no lo hizo, estaba demasiado cansado y con demasiado dolor por el frío.

Iba a salvarla, estaba decidido a hacerlo, y luego iba a matarla por darle ese susto de mierda. Cuando la agarró del brazo y comenzó el viaje hacia la superficie, Draco seguía siendo un desastre emocional y tenía mucho pánico.

Oh, y todavía estaba cabreado con ella.

Apuntó hacia la superficie con su varita y lo siguiente que supo, fue que estaban aterrizando en el borde del lago.

—¡Hijo de puta! —gritó de dolor mientras aterrizaba de costado—. ¡Maldito infierno! —el dolor irradiaba de cada parte de su cuerpo, pero sus ojos se dirigieron a Granger y rápidamente descubrió que no se movía ni respiraba.

Ella parecía muerta; pálida y helada, incluso a su toque. La mano de su varita tembló levemente cuando murmuró un hechizo para despejar sus vías respiratorias, y se sintió aliviado cuando los ojos de Granger se abrieron de golpe. Ella inhaló bruscamente y comenzó a toser horriblemente mientras se acurrucaba de lado, desorientada y temblando. El viento aulló cuando la naturaleza decidió dejar caer nieve sobre ellos. Draco no se había dado cuenta del clima.

Le tomó unos momentos finalmente mirarlo.

—¿M-Malfoy? —ella dijo con voz ronca.

Y eso fue suficiente para desatar su ira.

—¡En carne y hueso!

—¿Qué estás…?

—¡Salvando tu maldita vida, Granger! Eso es lo que estoy haciendo aquí —enfureció, estaba completamente ajeno a todo excepto a su propia furia. Los copos de nieve aterrizaban en su cabello, pero se derretían en el instante en que lo tocaban. ¿Cuándo empezó a nevar?—. ¿Qué diablos estabas pensando cuando saltaste de ese muelle? ¡La bruja más brillante de nuestro año decide hacer la cosa más estúpida que he visto en mi maldita vida! ¡Podría estrangularte ahora mismo!

Todo lo que hizo fue mirarlo con ojos grandes mientras se estremecía con fuerza.

—T-tu…

Draco no podía dejar de gritar. Sabía que debería parar, pero simplemente no podía. No entendía de dónde venía toda esa ira, pero había desatado a un demonio y no iba a ser reprimido.

—¿Sabes qué hubiera pasado si no hubiera venido a disculparme? ¿Sabes qué hubiera sucedido si no hubiera venido aquí para devolverte lo que dejaste caer? ¡Mierda! Tu hubieras… No puedo creer que hicieras algo tan malditamente estúpido y egoísta... —levantó los brazos; completamente inundado de emociones que no podía explicar. Había furia, alivio de que ella todavía estuviera viva, confusión sobre por qué le importaba y rabia porque ella fuera tan estúpida.

Estaba dividido entre su deseo de hechizarla y su deseo de abrazarla. Se encogió ante el pensamiento.

—¿Viniste a disculparte? —ella movió la cabeza hacia atrás y lo miró, todavía temblando violentamente. Lo único que podía oír por encima de su propia voz era el castañeteo de sus dientes.

¿Era eso realmente todo lo que iba a obtener por su psicótico discurso?

Draco estaba indignado.

—¡Sí! De hecho, lo hice, pero no veo el sentido de desperdiciar mi disculpa en mujeres estúpidas a las que les gusta intentar tonterías —se detuvo en seco cuando sus ojos se volvieron oscuros y su cuerpo emitió se estremeció con fuerza antes de que se debilitara. Inmediatamente, se arrodilló junto a ella y la sacudió—. Hijo de… Vamos Granger, ¡despierta!

Ella no se movió. Su respiración era superficial. Y Draco estaba dividido entre sacudirla como el infierno y envolverla entre sus brazos. Pero no hizo ninguna de las dos cosas. Murmurando obscenidades en voz baja, Draco recogió su helado cuerpo del suelo, agarró su varita y se apareció en su apartamento.

Lo que no esperaba era encontrar a Blaise y Pansy a punto de besarse en el sofá de su sala. Mientras Blaise sonreía, Pansy salió disparada del sofá tan pronto lo vio.

—Pensé que nos reuniríamos aquí a las siete, pero son las ocho, Hermione va a… —su sonrisa y su ira se desvanecieron tan pronto vieron el estado de humedad en el que se encontraba y la pálida y flácida mujer de labios azules en sus brazos.

Blaise salió disparado del sofá cuando Pansy gritó.

—Draco, ¡qué demonios, mataste a Hermione!

—Ella no está muerta, s-solo está congelada. Muévete. Tengo que calentarla —respondió aturdido, los dientes le castañeaban por el frío. No se había dado cuenta de que, de hecho, también estaba helado. La adrenalina que había nacido de su ira y de salvarle la vida había muerto. A Draco le dolía el cuerpo cuando la acostó en el sofá. Blaise rápidamente encendió la chimenea y se balanceó sobre sus pies, luchando contra su propia sorpresa, mientras Pansy estaba lívida.

—Cuando te dije que fueras a disculparte, no quise decir…

—¡Pansy! —Draco gritó, completamente enfurecido. Cada vena de su rostro era visible—. Ve por unas malditas mantas y por ropa seca para los dos.

Giró sobre sus tacones de diseñador y subió a coger mantas.

Draco jadeó de rabia mientras sus dientes castañeteaban. Cerró los ojos por un momento para recuperar el control sobre sí mismo y deseo colapsar. Si una persona más le gritaba algo, iba a lanzarle la peor maldición imperdonable. Sintió a Blaise apartarlo del camino y comenzar a quitarle la camisa a Granger.

—¿Qué diablos estás haciendo?

Su otro mejor amigo le respondió con bastante calma mientras le quitaba ropa al azar, con los ojos cerrados.

—Está helada y su cuerpo está en estado de shock, Draco. Tendrá hipotermia si se queda con estas ropas mojadas por más tiempo. Tenemos que secarla y calentarla, tú también, así que desnúdate.

Las palabras que vinieron a continuación sonaron como si hubieran venido de otra persona.

—Nos ocuparemos de mí más tarde. Primero ella.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Tercera parte: A veces tienes que dejarte ir para volver a encontrarte

29 de noviembre

¿Qué hizo que la vida cambiara? Parecía que todos tenían una teoría al respecto.

El religioso creía que el cambio, en general, era obra de un poder superior. El científico parecía creer que el cambio era un proceso natural con el que algunos se sentían cómodos y otros no. Mientras que el cínico creía que eran las situaciones en las que alguien era puesta y las decisiones que tomaban en el camino lo que causaba que su vida cambiara.

En cuanto a Hermione, su ligero idealismo la llevó a creer que estaba involucrado un poder superior, su parte más escéptica y lógica la había guiado a creer lo mismo que los cínicos. Pero en general, ella se sentía diferente. Si bien Hermione creía que el cambio no solo sucedía debido a las situaciones y decisiones que uno tomaba en sus vidas, también se trataba de las personas que uno conocía en el camino.

Cada persona que pasaba por la vida de alguien, ayudaba a cambiar a alguien. No importaba si habían conocido a esa persona toda su vida o si apenas podían recordar su nombre. Cada persona con la que alguien entraba en contacto tenía el potencial de cambiarlo todo. El resultado de la vida de alguien estaba parcialmente en la palma de las manos de otros seres humanos.

Cuando Hermione abrió los ojos y se dio cuenta que estaba sobre un tapete en la sala de estar de Draco Malfoy, inmediatamente supo que algo era diferente. Noto que estaba envuelta en gruesas mantas y que vestía ropa desconocida, allí se dio cuenta de que algo había cambiado. Cuando Hermione se dio la vuelta, vio a Pansy durmiendo junto a ella, acurrucada como una niña, se dio cuenta de que su vida nunca volvería a ser la misma. Cuando vio a Blaise durmiendo en el sofá junto a ellas, Hermione se dio cuenta de que nunca recuperaría su vida tal cual era.

Y Hermione no sabía si eso era algo bueno o malo.

Sabía que a veces el cambio mejoraba la vida de alguien. A veces el cambio y la persona se quedaban para siempre. A veces el cambio era horrible y se arrepentían de esos cambios y de conocer a persona. Pero, de nuevo, a veces, aunque el cambio pudiera ser maravilloso, la persona que los trajo estaba destinada a tocar brevemente la vida de ese alguien y no estaban destinados a quedarse juntos.

Hermione había experimentado todos esos cambios en un momento u otro de su vida. Se consideraba una especie de experta. Y lo que estaba experimentando actualmente era algo grande.

Como un cambio de paradigma.

Se sentó lentamente e inmediatamente fue recibida por un rostro que no estaba lista para ver.

El de Draco Malfoy y no parecía complacido.

—Entonces —se burló—. La saltadora de muelles se despierta y decide agraciarnos con su presencia.

Hermione lo miró fijamente. Ella se tendría que haber enojado, incluso ofendido, pero no sabía de qué demonios estaba hablando él. Pero nunca antes lo había visto en tal estado. Malfoy vestía pantalones grises y una camisa negra, no llevaba calcetines, ni zapatos, tenía el cabello desordenado y un ceño fruncido estropeaba su rostro de porcelana.

«Atractivo, excepto por el ceño fruncido». No podía creer que hubiera pensado eso.

—Umm... —Hermione se calló, mirando a su alrededor, con la mente nublada por la confusión—. ¿Qué estoy haciendo aquí?

—No podía dejarte ahí fuera para morir congelada, aunque la muerte parecía ser tu plan.

Aturdida por su tono acusatorio, Hermione tiró el resto de las mantas a toda prisa.

—Que es…

—Saltaste —sonaba mucho más enojado de lo que debería—. De todas las cosas estúpidas y egoístas para hacer...

Hermione se habría reído si pudiera recordar, pero, lamentablemente, todo lo que pudo hacer fue mirarlo como si le hubiera crecido una lengua extra. Malfoy, a quien nunca pareció importarle un comino, estaba furioso. Con ella. Su rostro se había vuelto de un rojo bastante perturbador mientras agitaba su dedo como si fuera su varita. Estaba enojado con ella... ¿Porque pensó que había saltado?

Definitivamente esto era un extraño giro de acontecimientos.

—No puedo imaginar por qué te preocupas por si yo vivo o muero, Malfoy.

—¡Yo no lo hago! —gritó acaloradamente.

—Entonces, ¿por qué estás gritando?

Observó con interés cómo su mandíbula caía y su rostro volvía a tener su mueca habitual. No pareció tener respuesta. De hecho, Malfoy la fulminó con la mirada y se hundió de nuevo en el otomano en que estaba sentado, cruzando sus largos brazos como un niño terco. Sus confundidos ojos confundidos se dirigieron a Pansy, luego a Blaise. La primera todavía roncaba levemente y el segundo tenía los ojos abiertos, observándolos con una especie de desapego. Hermione se dio cuenta de que le agradaba Blaise simplemente por la cantidad de autocontrol con el que había sido bendecido.

Si tan solo pudiera inculcarle eso a sus amigos…

Y Merlín, Pansy era una experta en hacerse la dormida o estaba muerta de cansancio.

—Se quedó despierta para cuidarte toda la noche —le dijo Blaise con bastante calma.

Hermione lo miró de nuevo.

—¿Ella lo hizo?

Blaise asintió mientras se ponía de pie.

—Sí, ella lo hizo —antes de que dejara de tomar su varita, agregó—. Draco también lo hizo.

Sus ojos se abrieron por la sorpresa y Malfoy no lo negó.

—¿Por qué me salvaste? —Hermione preguntó

—No lo sé —respondió con frialdad y agregó una pregunta. Muy típico de él—. ¿Por qué saltaste?

—No lo hice —fue su simple y veraz respuesta.

Malfoy resopló.

—Mentirosa de mierda. Estaba parado allí cuando lo hiciste.

Eso era algo que ella no sabía. ¿Había estado allí cuando ella se cayó y la había salvado? Eso era extraño.

Sin embargo, sus preguntas tendrían que esperar porque necesitaba reivindicarse.

—Salí con la intención de calmarme…

Después de la discusión con Malfoy, Hermione se calmó lo suficiente como para aparecerse directamente a casa sin hacerse daño. Ella había tomado algunos tragos, algo así como una botella entera de vino, pero él no necesitaba saber eso. Luego, se quedó dormida, tuvo un sueño que la despertó tanto física como mentalmente, y finalmente decidió que necesitaba pensar en su vida. El lago siempre había sido el único lugar, aparte de una biblioteca, donde se sentía lo suficientemente cómoda como para dejar que sus pensamientos fluyeran.

—Tenía calor por el vino que había tomado antes de mi siesta, así que salí sin mi chaqueta.

Hermione había estado de pie en el borde de ese muelle por lo que parecieron horas, simplemente mirando el agua y a los peces subir a la superficie para comer unas cuantas moscas desventuradas que flotaban sobre el agua. Cuanto más tiempo permanecía allí, menos sentía los efectos del vino. Cuanto menos sentía el vino, más lúcida se volvía. Cuanto más lúcida se volvía, más se daba cuenta de que se negaba a continuar por el camino en el que había estado.

Era tiempo de un cambio.

—En primer lugar, Malfoy, no soy una suicida. Bueno, en realidad no. No voy a mentir, se me pasó por la cabeza un par de veces, pero nunca he sucumbido a impulsos egoístas. Tengo pensamientos negativos, pero ¿quién no los tiene? Soy humana. Sangro. Siento dolor. Lloro. Me rio. Tengo días buenos. Tengo días malos. No todo es perfecto, y ayer fue un día malo. Créelo o no, me dijiste exactamente lo que necesitaba escuchar; la verdad. Todo lo que dijiste fue verdad, desde la culpa hasta la bebida y todo. Así que no quiero tus disculpas.

Malfoy asintió sin decir palabra.

—Después de todo, ya lo sabía, pero es mucho más difícil escucharlo de otra persona. Se me quedó grabado.

Había llegado demasiado lejos como para perderse a sí misma, otra vez. Había pasado casi un año sin Matthew. Había pasado cinco años sin sus padres. Ella era una sobreviviente y era hora de empezar a actuar como tal. Y cuando llegó a ese punto de su epifanía, estaba cansada y estiró los brazos. Hermione supuso en silencio que ese había sido el momento en el que él la había visto.

—Decidí poner los pies en el agua. Sabía qué hacía frío, sabía que tenía frío, pero el lago me estaba calmando. Me quité los zapatos y los calcetines, pero uno de mis calcetines cayó al agua. Me paré sobre el borde para ver si podía agarrarlo, pero estaba mucho más allá de mi alcance y no tenía mi varita. Nunca la llevo al lago. Siempre tengo miedo de que se caiga. Y estaba a punto de girar y allí es cuando resbalé y caí. Yo no salté.

Malfoy no dijo nada, lucía como si estuviera procesando su historia, usando su propio recuerdo del evento para intentar descubrir mentiras en su relato. Finalmente, la miró y le dio un pequeño asentimiento con el que le dijo que le creía.

No es que a ella le importara. Simplemente no quería que él esparciera ese tipo de rumores.

Ella no necesitaba más rumores en su vida y menos uno que en el cual ella se arrojaba de un muelle y él se zambullía y la salvaba. Intentaba avanzar, no retroceder. Él pudo haberle salvado la vida, por una razón que ni siquiera sabía, pero seguía siendo Malfoy. Estaba lista para cambiar su vida, pero no había razón para bajar la guardia con él.

—¿Porque estabas allí? —Hermione preguntó con curiosidad—. ¿Cómo obtuviste mi dirección?

Malfoy refunfuñó, como si no quisiera admitirlo.

—Para darte algo que dejaste caer. Pansy me dio tu dirección.

Ella debería haberlo imaginado. Pansy y la madre de Draco eran las únicas personas en Gran Bretaña que tenían su dirección, en caso de emergencia. Bueno, Hermione estaba agradecida de haberles dicho. Estaba agradecida de que Malfoy hubiera decidido disculparse ese mismo día en lugar de esperar.

—Probablemente debería agradecerte, por salvarme. No tenías que hacerlo. Sé que me odias, pero...

—Como dije antes, no te odio.

—El sentimiento es mutuo —dijo con sinceridad, pero por dentro nadaba en un mar de confusión—. ¿Qué necesitabas devolverme?

Pareció pensativo por un momento antes de buscar en su bolsillo, sacar lo que parecía un papel de algún tipo y se lo entregó. Por un momento, lo miró fijamente, pero luego lo abrió.

Era la foto de ella y de Matthew. Su favorita.

Conmocionada, sus ojos volvieron a mirar a Malfoy.

—No estoy seguro de cómo, pero terminó en mi bolsillo.

—No vas a…

—Tu hijo no es asunto de nadie excepto tuyo y a quién decidas decírselo —respondió con brusquedad y apartó la mirada de ella. Malfoy se frotó la nuca antes de murmurar—. Lamento tu pérdida.

Ella no podía creerlo; simplemente no podía creerlo.

Era como si en ese momento se hubiera producido un frío entendimiento entre ellos. No fue perfecto ni siquiera armonioso, solo un entendimiento. No hubo necesidad de gritar o maldecir. Tampoco se necesitaron palabras. Sabía sobre Matthew y no iba a usarlo en su contra. Sabía de su muerte y no se lo iba a decir a nadie. Quizás todo lo que ella creía sobre él estaba mal. Quizás no se parecía en nada a su padre.

—¿Malfoy?

Él la miró sin comprender.

—¿Qué?

Hermione miró la foto. Quería recomponerse y purgar la culpa de su alma... Por Matthew. Y por ella misma. Ella usaría esa imagen, los recuerdos de él, para cuando tuviera ganas de rendirse.

—No sé qué decir, pero gracias por devolver esto. Hay otras, pero esta es la última. Y, gracias por salvarme —cuando habló, su voz era tranquila y agradecida.

No hubo más palabras intercambiadas entre ellos.

Después de todo, no era necesario.

Con un breve asentimiento, Malfoy se levantó y dejó a Hermione para que mirara la foto de su sonriente hijo, en paz.

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Fin capítulo diez

Notas: ¡Hola! ¿Cómo están? ¡Wow! el mes se me paso tan rápido que siento que apenas logre tener los capítulos para actualizar los fics. Pero aquí estoy, tratando de cumplir con mi calendario XD la verdad es que no tengo mucho que agregar en esta… Nota, porque estoy cansada, ayer en la tarde me las di de deportista y corrí 2k y ahora estoy toda muerta, todo me duele XD así que me iré a la cama.

Espero que este capitulo les gustara. Cuídense mucho y nos volvemos a leer el próximo mes.

Bye!

Link historia original: s/4172243/1/Broken

Naoko Ichigo