Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.
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Capítulo once: Efecto dominó
Primera parte: El enemigo en el que me convertí
4 de diciembre
Hermione pensaba en muchas cosas.
Se sentó a la mesa, perdida en sus pensamientos, y se preguntó si era tan mala persona como pensaba. Pero la respuesta no estaba tan clara. Hermione se clavó las uñas en el dorso de la mano. Podía culpar a su nuevo terapeuta por eso. Habían pasado dos horas desde su primera sesión de terapia, sesión que había sido bastante incómoda.
—Entonces, señorita Granger, ¿dígame por qué está aquí?
Se quedó mirando al terapeuta mágico durante cuarenta y cinco minutos antes de responder con suavidad.
—Para vivir.
—Ya lo estás haciendo.
Su voz se enfrió considerablemente.
—El hecho de que esté sentada aquí no significa que esté viva —se levantó, tranquilamente, y salió, dejando que la puerta se cerrara detrás de ella.
Y aunque no fue horrible, simplemente se sintió agotada por la corta sesión. Las palabras que le dijo a su terapeuta eran tan honestas que el mero hecho de que las hubiera dicho era un gran paso.
Soltó un suspiro que parecía estar reteniendo desde hace más de veinticuatro años. Y aunque no era tan mayor como se sentía o tan joven como parecía, si había una forma en la que Hermione se sentía, definitivamente estaba cansada.
Eso no era una farsa, pero la hizo pensar en todas las mentiras que había dicho.
Temporalmente, se había convencido a sí misma de que sus mentiras valían la pena, aunque no estaba muy segura de que eso fuera cierto. En un momento, Hermione pensó que podía mentir para siempre y había planeado hacerlo, pero de nuevo, había pasado tanto tiempo, así que tampoco podía estar segura de esa decisión. Se preguntó qué estaría haciendo en ese momento exacto, si nunca se hubiera ido, si hubiera ido con el padre de Matthew, si no le hubiera mentido, si nada de eso hubiera sucedido. Nunca dejaba que su mente divagara sobre eso durante demasiado tiempo porque, en realidad, ¿qué sentido tenía preguntarse cosas que jamás iban a suceder?
Era una pérdida de tiempo.
Hermione, aunque se sentía lista para cambiar, aún estaba totalmente protegida del dolor que otros podían infligirle. Después de todo, ella todavía estaba frágil y lo sabía. Estaba detrás de fuertes muros defensivos, con ropa desaliñada y el cabello horrible, pero todo era un disfraz y lo usaba como un escudo; para protegerse de sus viejos amigos y de Malfoy.
—¿Qué te dijo Draco? —Pansy preguntó ocho días después de que le contara que Malfoy le devolvió la foto.
—No ha dicho nada en absoluto. Subió las escaleras diez minutos antes de que te despertaras y sugirió que desayunáramos en tu casa porque no tiene nada en su despensa. No dijo nada durante el desayuno o incluso cuando nos dejaste solos para ir a contestar una carta.
Estuvo pensativa por unos momentos mientras chupaba una pluma de azúcar.
—Eso es extraño.
Hermione se metió la pluma de azúcar en la boca y murmuró.
—Ni me lo digas…
Y no había dicho nada. Bueno, aparte de: "Lamento tu pérdida."
Había tenido muchas oportunidades, pero no las había aprovechado. No sabía si quería que él le preguntara por su vida. Probablemente ella no tendría ninguna respuesta para él. Aun así, su silencio fue tranquilizador y desconcertante. ¿Eran ella y Malfoy de repente… Amigos? Oh, Merlín no. Eso era completamente ridículo. Demonios, Hermione ni siquiera consideraba a Pansy una amiga.
Ella tenía sus razones.
Después de todo, cuando pensó en amigos, la primera palabra que se le vino a la mente fue reemplazable.
La segunda: reciclable.
La tercera: removible.
Así era ella para sus viejos "amigos", por esa razón se negaba a considerar a Pansy como una amiga. Las personas que eran amigas de ella siempre se iban al final, era algo que aceptaba. A pesar de que hizo todo lo posible por mantenerse en contacto, los pocos amigos de la infancia que tuvo la habían abandonado después de haber comenzado en Hogwarts. Habían cambiado y ella también. Y sus amigos en Hogwarts… Bueno, a lo largo de los años, incluso antes de la guerra, la habían abandonado y tratado mal en más de una ocasión y por razones completamente egoístas.
La habían abandonado durante su tercer año cuando le contó a McGonagall sobre la escoba Firebolt de Harry; Ron la trató mal ese año cuando pensó que Crookshanks se había comido a su rata; Ron la había abandonado durante su cuarto año cuando descubrió que ella iría al Baile de Navidad con Viktor. Y hubo muchas otras ocasiones, pero no tenía ganas de ahondar más en su pasado. Después de todo, eran pequeñas ofensas, pero en el fondo, siempre había pensado que la dejarían en el momento en que no la necesitaran más.
Era un poco irónico que ella los hubiera abandonado a ellos al final.
Pero lo que le dolió fue el hecho de que parecían haberla superado bastante rápido, bueno, al menos más rápido que ella. Hermione no sabía qué haría si Pansy la "superara". El pensamiento la hizo sentir mal del estómago. Por eso, la mantenía fuera de la categoría de "amiga".
Cerró los ojos y se obligó a tragar un poco de jugo de calabaza.
Curiosamente, el recuerdo que la calmó fue uno más simple.
—… Te amo, Hermione.
Sus ojos se abrieron de golpe cuando el recuerdo fugaz se desvaneció.
Te amo.
Esas eran tres palabras que nunca quería volver a escuchar. Habían causado un infierno en su vida, tanta miseria y dolor. No sabía cómo diablos alguien podía decir que la amaba; ellos no la conocían. ¿Y cómo iban a conocerla cuando ella misma no se conocía? ¿Y cómo podían amarla cuando ni siquiera se amaba a sí misma?
Todo el cuerpo de Hermione se tensó.
Se preguntaba si no debería sentirse así, pero sabía la verdad; ella era quien era y necesitaba trabajar en la autosanación. Algunas cosas tardarían más en sanar que otras.
Hermione pensaba que jamás volvería a enamorarse; estaba tan jodida y cuando una relación no funcionaba, dolía demasiado. E incluso cuando funcionaba, dolía. Todo dolía, pero el amor, el amor había dejado su corazón tan vacío y hastiado. Ahogándola con la voz de un amante, anhelando su toque, deseando estar con esa persona en cada segundo de cada día; eso no era normal. Recordó todos esos años, después de las peleas con Ron, cuando se preguntaba si el amor verdadero realmente existía, porque tal vez una parte deformada de su cerebro pudo haber malinterpretado los hechos y las teorías sobre el amor y la felicidad... Porque nada de eso era muy racional.
Ah, dulce racionalidad.
Ella racionalizaba todo porque podía; porque era lo que ella hacía.
Hermione fue bendecida con un regalo: podía convencerse a sí misma de cualquier cosa mentalmente. Se había convencido a sí misma de levantarse de la cama esa mañana y de entrar en la oficina de su terapeuta. Se había convencido a sí misma de alejarse de Londres, de Ron, de todos. A veces odiaba ese regalo. Por eso, su vida era completamente diferente y estaba llena de rumores.
Los malditos rumores.
Escuchaba lo que la gente decía sobre ella. No era sorda. Ciega, a veces, pero no sorda. Sabía exactamente lo que decían. Que ella había perdido peso. Que había perdido a sus amigos. Que había regresado a Inglaterra y que no se veía feliz.
La risa de Pansy la sacó de sus pensamientos.
—Y luego él dijo...
Hermione de repente se sintió miserable y todo lo que quería hacer era irse. Pero no lo haría. Después de todo, Pansy había sido inflexible en cuanto a que asistiera a cenar esa noche. Todos ellos. Juntos. Dijo algo acerca de que todos necesitaban algo positivo en sus vidas. Y luego hizo pucheros hasta que Hermione estuvo de acuerdo en ir.
Así que estaba sentaba en silencio en la cabina semicircular junto a la habladora Pansy, con un atento Blaise junto a Pansy y un distante Malfoy a su izquierda, se preguntaba por qué permitió que el puchero de Pansy prevaleciera sobre la razón.
A pesar de haber salido de los confines de su casa y de las acciones que había tomado en los últimos días para recuperarse, Hermione no estaba de muy buen humor. El dolor todavía estaba allí, alojado en su pecho y se dio cuenta de que la golpeaba como si tuviera indigestión.
Malfoy le lanzó una mirada divertida que la hizo mirar a la mesa llena de aperitivos con tristeza.
Aperitivos que no quería, pero que Pansy había insistido en que todos compartieran.
La comida, según Pansy, siempre mitigaba las situaciones incómodas... Y la cena era definitivamente un asunto incómodo. Probablemente fue por su culpa. Después de todo, ese mismo día tuvo su primera sesión de fisioterapia y la primera sesión de terapia emocional, estaba cansada y triste y no había dicho una palabra desde que había llegado a Diagon Alley. Ellos estaban a punto de sentarse cuando ella llegó y apenas logró refunfuñar un saludo a Pansy.
Blaise y Malfoy solo habían recibido un saludo colectivo.
—¿No fue gracioso? —Pansy les preguntó con una alegre risa.
Hermione no quería nada más que irse de allí.
La sonrisa de Pansy se apagó y la preocupación se dibujó en su rostro.
—¿Estás bien, Hermione?
Las emociones que actualmente combatía en su pecho de alguna manera escaparon por sus labios.
—Sí. Solo un poco cansada.
No estaba sorprendida de que Pansy no le creyera; por su vida, ella podía identificar sus mentiras. Era evidente que algo andaba mal con Hermione e inicialmente, Pansy fue implacable en su búsqueda para descubrir qué la molestaba mientras Hermione negaba con la cabeza.
—¿Cómo te fue en eso?
Por un momento, Hermione consideró encogerse ante la mención de la palabra "eso" porque sabía lo que estaba preguntando. Sus ojos parpadearon a un Malfoy distante que no parecía estar prestando atención, luego a Blaise, que sí la estaba escuchando.
—No creo que debamos hablar de eso aquí.
—Muy bien.
—¿Estás segura de que estás bien? —para su sorpresa, fue Blaise quien preguntó y no Pansy.
Con más convicción, porque era más fácil mentirle, Hermione respondió.
—Sí.
Para su alivio, la dejaron sola y Pansy continuó sus divagaciones sobre una horrible sesión fotográfica que había tenido en una isla. Todo estaba bien hasta que el hombre distante habló.
—Estás callada esta noche, Granger —dijo Malfoy arrastrando las palabras, pero le faltaba algo en su tono de voz, algo que no podía identificar.
Antes de que Pansy interrumpiera sus pensamientos con palabras, un denso silencio se cernió sobre Hermione y Malfoy; un silencio casi impenetrable. No solo no habían hablado entre ellos, sino que no habían hablado con nadie más en la mesa. Por supuesto, su silencio le había permitido a Pansy dominar completamente la conversación con historias sobre… Algo, y ninguno había querido involucrarse. Agradecía a Merlín por Blaise y su implacable paciencia con la charla ociosa de su novia.
—De hecho, lo estoy. Tengo muchas cosas en la cabeza —eso sonó incluso divertido en sus propios oídos.
Por su vida, no podía entender por qué le dijo eso. Correcto. Había decidido frenar una mentira sin sentido, pero no eliminarla por completo.
—¿Cosas como qué?
¿Desde cuándo le importaba el funcionamiento interno de su mente? Hermione sabía que él no la odiaba, pero no eran exactamente amigos que se contaban sus secretos mientras bebían té y comían pasteles. Dicho esto, hasta una persona ciega se daría cuenta de que algo había cambiado entre ellos; algo había estado cambiando entre ellos desde la tarde que habían pasado juntos en el techo de San Mungo. Hermione estaba bastante confundida acerca de qué había cambiado, pero no pudo evitar pensar en lo lejos que habían llegado.
Draco Malfoy y Hermione Granger no eran amigos; Merlín, no eran nada. Se balanceaban entre la guerra y la paz con tanta frecuencia que le daba vueltas la cabeza. Hermione deseaba poder decir que él le era indiferente, pero Draco solo se arrastraba más debajo de su piel y actualmente odiaba estar cerca de él.
Era bastante confuso.
Ella estaba tan confundida. No sabía lo que él estaba pensando, planeando o sintiendo. Pansy siempre había dicho que Hermione era un enigma; bueno, aparentemente Pansy sabía más sobre Malfoy porque para Hermione, él era el enigma, no ella.
Con todo, estaba asustada por su comportamiento frío, pero agradable. La hacía querer estar infinitamente más protegida.
—¿Qué te importa, Malfoy? —preguntó, aunque sus ojos y su voz no tenían el mismo tono apagado que tenía antes.
Para su inmensa sorpresa, en lugar de discutir, él la miró por un momento y volvió su mirada al menú que había estado examinando. Claramente, era su forma de decirle que no valía la pena responder. Eso la hizo sentir mal por cómo le había hablado.
Usando su tenedor, sacó un pastel de cangrejo de la bandeja de aperitivos y lo puso en un plato más pequeño. En lugar de tocarlo él mismo, colocó el plato frente a ella, el pequeño "tintineo" la hizo mirar hacia abajo. Bruscamente, él habló con esa voz apagada y aristocrática que le irritaba los nervios.
—Deberías comer algo, Granger.
Sin decir palabra, se quedó mirando el humeante pastel de cangrejo.
¿Estaba soñando o él estaba siendo amable?
Tal vez las pesadillas eran un efecto secundario de una de las pociones curativas que estaba tomando. Pero luego se pellizcó y le dolió, así que ese no era el caso. Draco Malfoy estaba siendo amable, con ella, sin ninguna razón maliciosa, al parecer. Razón de más para ser un poco cautelosa.
—¿Me matará?
—Trato de no lastimar a los que no odio.
Hermione le echó una mirada furtiva al pálido hombre, que se había puesto aún más blanco. La tensión en el rostro de Malfoy era perceptible para Hermione, pero no para la parlanchina Pansy y al atento Blaise. Era obvio que esos dos solo tenían ojos el uno para el otro. Ella no tenía idea de lo que pasaba por su mente, pero, para borrar la horrible sensación en su estómago, fuera lo que fuera, se comió el pastel de cangrejo.
Y no murió envenenada.
Él se sirvió el último pastel de cangrejo de la bandeja. Pasaron unos dos minutos antes de que preguntara.
—¿Estaba bien?
Hermione simplemente asintió, sintiéndose horriblemente incómoda.
Una conversación agradable con Malfoy era tan incómoda como hablar con Snape sobre pociones de amor.
Aparentemente, él sentía lo mismo.
—Entonces, ¿te gustó el fisioterapeuta que te recomendó mi madre?
Una vez más, su ceja se levantó mientras miraba al rubio con cautelosa curiosidad.
—¿Estás tratando de conversar conmigo, Malfoy?
—No es como si tuviéramos muchas opciones, no con la cotorra de allá.
—Tienes razón.
Otro silencio cayó entre ellos.
—No lo estás haciendo muy fácil, Granger —dijo, sin emociones.
—Sí, bueno, perdóname por ser un poco cautelosa contigo.
—De verdad, Granger —Malfoy expresó arrastrando las palabras—. No deberías estar tan malditamente paranoica.
—Tengo todas las razones para estarlo, cuando se trata de ti —respondió ella con frialdad.
Malfoy se quedó en silencio después de esa declaración y juntos terminaron sus respectivos pasteles de cangrejo en silencio.
Parte de ella sabía que él tenía razón; estaba paranoica y a la defensiva cuando se trataba de él. Era una reacción natural debido a su pasado, y sabía que en el momento en que bajara la guardia, él le daría una paliza, como hizo la última vez. Era tedioso. Una parte de ella quería decirle que se sentía miserable, que le dolía un poco la pierna después de la terapia y que estaba lista para irse a su casa. Sin embargo, no dijo nada y se sintió culpable por tratarlo como si fuera la encarnación del mal simplemente porque se sentía insegura e incómoda por su comportamiento "no idiota".
Una parte de ella quería disculparse por su tono acusador.
Pero no dijo nada.
Hermione tomo el menú en sus manos.
—Creo que voy a comer salmón a la parrilla con arroz integral y verduras mixtas.
Malfoy momentáneamente miró en su dirección antes de que sus ojos recorrieran el menú.
—Voy a comer el bistec y las patatas.
—Los médicos dicen que comer demasiada carne roja puede matarte.
—De todos modos, todos vamos a morir, Granger. Preferiría no tener ningún arrepentimiento.
Él tenía un punto allí.
Una vez que llegó la comida, Pansy finalmente detuvo su incesante e incómodo parloteo. Unos minutos antes, había arrastrado a Hermione y Malfoy a una conversación poco interesante sobre lo graciosa que era una película muggle… Y luego, para gran consternación de Malfoy, procedió a contar todos los chistes que salieron en la película. No hace falta decir que ambos se mostraron aliviados cuando Pansy abandonó ese tema y comenzó con otro.
En cambio, Pansy discutió el delicado tema de los "planes navideños" entre bocados de su ensalada. Hermione se sintió un poco mejor después de comer casi la mitad de su plato y casualmente escuchó a Blaise discutir sobre su reciente viaje a Quebec. Malfoy todavía parecía un poco callado mientras comía, pero cortésmente entretuvo a Pansy con los planes de la fiesta navideña de su madre. Y Blaise cambiaba entre las dos conversaciones con facilidad mientras comía pollo.
La tensión entre ellos pareció disminuir a medida que avanzaba la cena y Hermione se encontró esbozando una sonrisa cuando Malfoy expresó su odio por las fiestas, Pansy habló sobre la fiesta de Navidad de los Parkinson cuando tenía diez años, donde Malfoy la había empujado al lago detrás de la mansión, algo que él negó con vehemencia mientras sonreía, y Blaise solo reía de las bromas de su mejor amigo y novia. La atmósfera tranquila no duró. La cena se fue cuesta abajo con las palabras de Blaise.
—Para información de todos, Ginny Weasley viene por ese lado.
Inmediatamente, Hermione se tensó.
Justo cuando las cosas estaban mejorando, algo siempre tenía que interferir.
Sin inmutarse, Malfoy fue el primero en murmurar.
—Ya la vi —mientras sacaba su varita, y murmuraba "muffliato" en voz baja.
Ignorando el hechizo, Hermione no podía entender cómo Blaise había visto algo tan lejos cuando sus ojos estaban puestos en ellos. Quizás los años de ser un Auror habían mejorado significativamente su visión periférica.
Aproximadamente un segundo después de que esas palabras fueron dichas, sus ojos fueron atraídos hacia la pelirroja que se acercaba con expresión ilegible en su rostro. Por alguna extraña razón, le recordó a Hermione una versión humana del Expreso de Hogwarts. Ginny avanzaba hacia su mesa, ignorando las miradas curiosas de otros clientes.
Los ojos de Malfoy parpadearon y luego volvió a cortar otro trozo de carne como si todo estuviera bien en su mundo. Blaise parecía bastante tranquilo e impasible, pero había un brillo de intriga en sus oscuros ojos. La tristeza de Pansy coincidía con la de ella y un rápido y no verbal, "¿estás bien?" pasó por su mirada. Hermione asintió rápidamente mientras bebía un sorbo de agua. Después de todo, dudaba que Ginny tuviera algo que decirle después de su última conversación.
Y tenía razón.
—¡Pansy! —la bruja más joven dijo efusivamente en ese tono irritante suyo—. Creí haberte visto sentada aquí…
Antes de que Ginny pudiera terminar, Pansy la interrumpió.
—Ginevra Weasley, simplemente tenemos que dejar de reunirnos de esta manera. ¿Qué es esto? ¿Es la tercera vez que me encuentro contigo esta semana? ¡Y es solo miércoles! Es increíble cómo el destino nos sigue cruzando. Si no lo creyera, diría que me estás acosando —su voz era una mezcla de actitud y vanidad con un toque de molestia; era un tono que Hermione nunca había escuchado a Pansy usar con otra persona.
Por un momento, Hermione estuvo tentada a sonreír.
Este fue un verdadero testimonio de la lealtad de Pansy. No solo le disgustaba Ginny Weasley porque besaba traseros, no le gustaba Ginny por la mala vibra entre ella y Hermione.
La desagradable y molesta risa falsa que emitió Ginny hizo que Malfoy soltara un gruñido molesto que solo Hermione escuchó.
—¡Por supuesto que no! Estoy aquí con algunos de mis amigos. Ellos aman tu trabajo y están deseando conocerte... ¿Te importaría unirte a nosotros? Solo por unos minutos, lo prometo.
Hermione se sintió tan sorprendida como Pansy. ¿A qué estaba jugando Ginny? Era obvio que Pansy estaba en medio de una cena. No estaba a punto de dejarlos en medio de la comida.
—Bueno, como ves, estoy aquí con mi novio, Blaise —él asintió a modo de saludo—. Y con mis amigos; estoy segura de que conoces a Draco —Hermione notó instantáneamente las enrojecidas mejillas de Ginny cuando Malfoy le dio una sonrisa casual—. Y Hermione, mi mejor amiga en el mundo.
Ante la mención de su propio nombre, Hermione no supo si debería haber estado más confundida por el sonrojo de Ginny o la extraña declaración de Pansy. ¿Su mejor amiga del mundo?
Claramente no había recibido el memo.
Y luego tuvo sentido. Pansy estaba tratando de molestar a Ginny, hacer que los dejara en paz y mostrar dónde estaban sus lealtades, todo a la vez. Brillante, de verdad, Hermione tenía que decírselo.
La expresión de Ginny decayó.
—No me di cuenta de que ustedes dos eran tan cercanas —dijo la bruja de la túnica negra mientras su rostro se torcía con leve molestia.
—Lo somos —fue la arrogante respuesta de Pansy mientras colocaba su brazo sobre el hombro de Hermione—. Y lo hemos sido durante los últimos cinco años más o menos.
Crípticamente, la pelirroja habló con los ojos entrecerrados.
—Debes tener cuidado de a quién dejas entrar a tu vida y a quién no. Una persona como tú no debería mantener...
—¿Una persona como yo? —fue la fuerte advertencia de Pansy cuando finalmente quitó el brazo del hombro de Hermione—. ¿Una persona como yo? ¿Qué diablos se supone que significa eso?
Ginny Weasley parecía un asustado ciervo.
Hermione consideró transformar su tenedor en una pala para que Ginny pudiera tener una herramienta adecuada para cavar su propia tumba. Por el rabillo del ojo notó como Malfoy masticaba impecablemente su bistec, observaba el intercambio verbal con ojos fríos. Parecía entretenido, pero ella no estaba segura.
—Permítame dejarle algo perfectamente claro, señorita Weasley —dijo Pansy con una pasión tan ardiente que hizo que hasta Malfoy abriera los ojos—. No debes meter la nariz donde no te incumbe.
Ella tomó un respiro defensivo.
—Yo...
—Si eres tan inteligente como crees que eres, no abrirás la boca para decir una palabra más sobre mis amigos, Weasley. No los conoces y no has intentado conocerlos. Yo no te dejaré venir aquí y deja que hagas apresuradas conclusiones sobre ellos basándote únicamente en rumores —expresó con vehemencia.
Las luces parpadeantes en el restaurante le dejaron saber a Hermione cuán fuera de control estaba por ponerse la situación.
Blaise miró a su alrededor y comenzó a abrir la boca para calmar a su novia, pero Hermione lo golpeó.
—Pansy —dijo en voz baja y muy desesperada—. Cálmate.
—Bien.
Solo con el sonido de su voz, la ruborizada Ginny volvió su atención hacia Hermione, quien estaba tratando de permanecer invisible. «Genial, simplemente genial.»
—Me pregunto cuántas mentiras dijiste para ganarte su confianza.
—Yo también me pregunto sobre algunas cosas, Ginny —espetó—. Por ejemplo, por qué devolviste mi carta sin abrir.
Hermione miró fijamente a la bruja que palidecía rápidamente. Pansy sonrió.
—Ahora —indicó Hermione después de unos momentos de silencio—. Si no hay nada más que quieras, creo que sería prudente que regresaras a tu propia mesa.
Escuchó a Malfoy dejar su tenedor con un pequeño tintineo.
—Creo que puedo hacer lo que quiera, Hermione —escupió la pelirroja enojada, quien rápidamente se recuperó—. Después de todo lo que has hecho, no creo que tengas derecho de hablar conmigo. Yo de todas las personas.
—Está perturbando mi comida, señorita Weasley, y para ser franco, estoy harto de su voz —le dijo Malfoy con bastante brusquedad, con una voz llena de indicios de molestia y convicción—. Toma la indirecta y vete.
Con un bufido, Ginny les lanzó a todos miradas desagradables y regresó a su mesa con sus amigos.
Por supuesto que Pansy fue la primera en hablar.
—Oh, tengo tantas ganas de hechizarla. Solo me está besando el trasero porque mi jefe está pensando en organizar un tema de bodas de primavera y presentar su compañía.
Blaise se rio entre dientes.
Malfoy volvió a su bistec.
Hermione miró a Malfoy.
Cuando todo volvió a la normalidad, la pregunta que persistía en la cabeza de Hermione Granger era: "¿Malfoy me defendió?"
La pregunta pasó por su mente varias veces durante la cena, mientras Pansy pagaba y le daba propina a la mesera, cuando Blaise les preguntó qué planeaban hacer el resto de la noche, Pansy le dijo que iban a recoger más pociones para el dolor al Boticario, Blaise preguntó si él y Malfoy podían acompañarlas porque no tenían nada mejor que hacer. Malfoy se burló y murmuró algo en voz baja que ella no entendió. Pansy sugirió que se fueran rápido para poder ir a las tiendas antes de que cerraran. Y comenzó a caminar con su brazo entrelazado al de Blaise, ella los siguió, caminando al lado de Malfoy.
Su pregunta quedó sin respuesta, mientras caminaban en dirección al Boticario cuando Malfoy habló por primera vez desde el incidente con Ginny.
Sus ojos estaban fijos en Blaise y Pansy, quienes caminaban unos metros frente a ellos, tomados de la mano, como una pareja normal que no quería separarse en el concurrido Diagon Alley. Malfoy, debido a su molesta cojera, se resignó a reducir un poco sus pasos para que ella pudiera seguir el ritmo. Estaba casi segura de que él no se había dado cuenta porque si lo hubiera hecho, se habría marchado rápidamente.
—Patético, ¿no es así? —Malfoy arrastró las palabras sin ira, mirando a sus dos mejores amigos.
Hermione se quedó callada por un momento antes de responder.
—En realidad no. Ella se lo merece... ambos lo merecen. Yo… —sus palabras se cortaron cuando chocó contra un cuerpo duro que la envió al suelo de Diagon Alley. Los rápidos e instintivos reflejos de Malfoy le permitieron salvarse de la caída.
Miró hacia arriba para disculparse con quienquiera que chocó, pero por segunda vez en casi cuatro meses, se encontró cara a cara con alguien que la consideraba su enemiga.
Esta vez, fue Ronald Weasley.
Oh mierda.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Segunda parte: Experiencia extracorporal
Draco necesitaba una varita y también una bebida alcohólica estaría bien… Preferiblemente algo que supiera a gasolina mezclado con ácido puro y que tuviera suficiente alcohol para ayudarlo a olvidar todo lo que acababa de suceder.
Desafortunadamente para Draco y gracias a Blaise y a los Sanadores de San Mungo, no tenía nada de eso.
Mientras se sentaba en su incómoda silla en la sala de espera, rodeado de bebés que gritaban, brujas que lo miraban y muchos pacientes enfermos, Draco estaba seguro de que, si hubiera tenido una varita, hubiera hechizado a todos en la habitación, sólo para apaciguar su ira que estaba fuera de control. Sosteniendo una mano con la otra, con irritación golpeó el suelo con el pie; un ceño fruncido estropeaba su rostro.
Fue en ese momento que se dio cuenta de que madre tenía razón cuando decía que la compresión era toda una perra.
Mirando hacia atrás, Draco se dio cuenta de que las decisiones que había tomado sin pensar lo habían llevado a su realidad actual. Debería haber tenido el suficiente sentido común como para alejarse cuando tuvo la oportunidad o cuando la Comadreja arremetió contra Granger. Debería haber dejado a Granger con Blaise y Pansy cuando todo se había salido de control.
Y eso había sucedido, muy rápidamente.
En el momento en que Granger chocó contra Weasley, el tiempo se detuvo para Draco. Era como si hubiera salido de su propio cuerpo y hubiera visto los eventos desde alguna nube. Instintivamente, su mano salió disparada y la agarró por la cintura, colocándola de pie de inmediato.
No estaba seguro de por qué había hecho eso; diablos, no estaba seguro de por qué había hecho muchas cosas esa noche; sentarse junto a Granger, hablar con ella, actuar cortésmente incluso cuando ella estaba a la defensiva, defenderla de la chica Weasley y caminar juntos en lugar de dejarla atrás porque era bastante lenta, gracias a su pierna.
Ella miró fijamente a Draco por un momento antes de que sus ojos parpadearan hacia el hombre con el que se había encontrado.
Weasley.
Siempre siendo una persona educada, Granger se disculpó.
—Discul…
—Deberías volver a Venecia si no puedes caminar sin chocar con la gente.
De la nada, Pansy apareció a su lado.
—Eso fue innecesario, Weasley. Estaba a punto de disculparse, pero claramente, como eres un neandertal, no puedes comprender el concepto de una disculpa —tenía las manos en la cintura. Y antes de que ella pudiera avanzar, Blaise pasó un brazo alrededor de su cintura, manteniéndola en su lugar.
La voz de Blaise era severa.
—Pansy…
Los ojos de Weasley se entrecerraron mientras su rostro enrojecía, obviamente indignado por ser reprendido por un Slytherin.
—Parkinson, no sé quién diablos…
—Es suficiente, Ron —la voz de Granger era extrañamente fría cuando habló con el hombre que una vez amó—. Choque contigo por error, te pido disculpas. Sigamos adelante. Este no es el lugar para comenzar una escena —se volvió hacia Pansy y le dio una mirada suplicante—. Vamos, tengo que conseguir mis pociones antes de que cierren.
Pansy le lanzó a la Comadreja otra mirada de odio antes de sonreírle levemente a Granger.
—Bien, Hermione, pero tienes suerte…
—Eres amiga de ellos —Weasley los miró con disgusto—. ¿Qué pasó con tu lealtad?
Ella se tensó y se dio la vuelta, furiosa. Su cabello rizado se erizó.
—¿Y quién eres tú para interrogarme, Ron? No somos amigos. Lo has dejado muy claro —cada palabra fue más estridente que la anterior.
Vio a Blaise sacar su varita y murmurar un rápido hechizo. Probablemente un Muffliato.
Siempre funcionaba de maravilla.
—Pensé que tenías estándares.
Antes de que Granger pudiera siquiera separar sus labios para responder, Pansy enfureció.
—¿Estándares? —Afortunadamente, el agarre de Blaise alrededor de su cintura se apretó—. ¿Quieres hablar de estándares cuando tu hermana me besa el trasero todo el tiempo, solo para tener una publicación en una revista? ¿Quieres hablar de estándares cuando tu mejor amigo…?
—Suficiente —Granger levantó las manos—. ¡Vamos ahora!
Pansy resopló, todavía humeante.
—De acuerdo.
—Sabes, Hermione, me pregunto si tus nuevos amigos saben lo que eres —Weasley se burló.
—Creo que es suficiente, Weasley, estoy un poco harto de que tú y tu hermana hagan drama —se escuchó decir a Draco, aunque no podía creerlo y tampoco nadie más, según las miradas que le dispararon.
La boca de Pansy colgaba abierta, Blaise parecía interesado, Weasley parecía enfurecido y Granger parecía que finalmente alguien la había dejado perpleja.
En ese momento supo que debería haber girado sobre sus talones y alejarse, pero se quedó.
—Pensé que eras un adulto, Weasley. Aparentemente, estaba equivocado.
Weasley se limitó a mirarlo brevemente y, para sorpresa de todos, se rio entre dientes.
—Es un mundo loco.
La voz de Granger se quebró un poco, pero se mantuvo fuerte.
—Ron…
—Eres una mentirosa —escupió amargamente.
Pansy parecía lista para lanzar maleficios.
—Deja…
—Detente —la interrumpió suavemente. Se había puesto mortalmente pálida y Draco no entendía lo que estaba pasando por su mente en ese momento. La rabia lo atravesó, una ira inexplicable. Sintió compasión por ella y eso le quemó las entrañas, tal como lo había hecho desde que ella cayera en ese lago. Hizo que le temblaran las manos.
—Tiene razón. Soy una mentirosa.
—Hermione… —la otra bruja la alcanzó, tocando suavemente su hombro.
Draco vio el afecto, la lealtad y la fuerza que Pansy esperaba transferirle con su toque.
Weasley se acercó.
—Eres una mentirosa... Y una infiel.
¿Una qué? La mente de Draco dio vueltas con la nueva información. ¿Hermione Granger? ¿Una infiel?
—Ron, escúchame, estoy tratando de decirte…
—No, he guardado silencio sobre esto durante más de cinco años, Hermione... ¡Cinco años! ¡Así que no me supliques, no me importa lo que tengas que decirme! ¿Por qué debería preocuparme alguien que se fue enamorada de otra persona y me dejó con el corazón hecho pedazos?
Los ojos de Draco se agrandaron, los de Pansy se entrecerraron, los de Blaise permanecieron impasible y los de Granger se llenaron de lágrimas. Se sintió molesto cuando esas lágrimas rodaron por su rostro y se juntaron en su barbilla. Draco se molestó cuando sus hombros temblaron y su respiración se volvió errática.
Se sentía irritado porque le preocuparan sus lágrimas.
Maldita sea, solo quería que ella dejara de llorar.
—Yo... Te mentí sobre...
La voz de Weasley se elevó mientras su ira aumentaba.
—¡Te di todo de mí, todo! Te amaba y te escapaste con... Alguien más. Espero que te lastime como tú me lastimaste a mí. Espero que te haga llorar.
Y Granger susurró aturdida unas palabras que nunca olvidaría.
—Ya lo ha hecho.
La Comadreja se rio, con amargura y frialdad, fue una risa desprovista de toda emoción.
—Oh, cómo han caído los poderosos.
Ella lo ignoró, miró a la triste Pansy y tomó su mano extendida.
—Vamos. No necesito más negatividad —la otra bruja solo asintió y se alejaron, ignorando a los espectadores que observaban descaradamente. Él y Blaise intercambiaron miradas de desconcierto.
Weasley los miró y gruñó.
—Eres una perra, Hermione.
Y se desató el infierno.
Draco no estaba muy seguro de lo que pasó después de eso. Podía culpar a su experiencia extracorporal y maldecir a todas las cosas que estaba haciendo su cuerpo. Todo lo que recordaba era un chisporroteo hirviente en su cabeza durante la conversación y cómo ese sentimiento se apilaba. Luego, se convirtió en una enorme bola de nieve con esas últimas palabras.
Al segundo que escuchó a Weasley llamar perra a Granger, su puño salió de la nada, conectando con la mandíbula de Weasley y enviando al hombre hacia atrás. Tropezó con algo y terminó en el suelo, maldiciendo acaloradamente.
La consecuencia de su estupidez fue inmediata.
Supo que sus nudillos se rompieron tan pronto se estrellaron contra la mandíbula del otro hombre. Realmente, no fue sorprendente. Rara vez golpeaba a alguien al estilo Muggle; él los hechizaría la luz del día antes de recurrir a métodos tan bárbaros. Draco, por primera vez en su vida, había golpeado a alguien sin siquiera pensarlo… Y su mano dolía como una perra.
—Hijo de…
—¡Malfoy! —Granger apareció de la nada y se arrodilló junto a Ron, quien todavía gemía de dolor y se agarraba la cara—. ¿Qué diablos te pasa?
Había algo en Granger defendiendo a Ronald Weasley que lo enfureció.
—¿Qué diablos quieres decir? Le di al idiota lo que se merecía. Te llamó…
Su voz era extrañamente suave.
—¿Por qué te importaría?
—Yo… —Draco se congeló.
Afortunadamente, había evitado que las palabras salieran de sus labios. A decir verdad, la respetaba mucho por todas las cosas por las que había pasado, se preocupaba por ella un poco y entendía el vínculo entre ella y Pansy. Todo lo que vio fue su dolor, pero también vio su fuerza.
—¿Ron? —su voz era tranquila—. ¿Estás bien?
El pelirrojo se tensó y a medio camino apartó sus manos de él.
—No me toques, Hermione. Te odio.
—Es obvio que a la Comadreja no le importas una mierda, Granger —escupió Draco. Su conciencia le gritó que se detuviera, pero él se negó a ceder. Estaba tan furioso de que ella lo hubiera regañado por golpear a la Comadreja, como confundido acerca de por qué la había defendido. Furioso y confundido no eran dos emociones que Draco quisiera sentir al mismo tiempo.
—¡Cállate, Malfoy!
Dos veces se arriesgó por ella y la defendió. Él le salvó la vida, guardó silencio sobre sus secretos y la dejó sola después de enterarse de lo de Matthew, y ¿qué hizo para compensarlo? Ella lo reprendía por golpear a su antiguo amor. Draco quería torturar algo. Cualquier cosa.
La rabia que fluía a través de él como un río embravecido estaba a punto de consumir todos sus pensamientos racionales. ¡Ella lo trataba como si esto fuera su culpa! Y debajo de la ira, debajo de la ofensa, debajo de todo, sintió una punzada de dolor y traición. Y eso lo enfureció aún más. Aunque todavía no entendía por qué sentía dolor, todo lo que Draco Malfoy sabía era una cosa.
Estaba furioso. Más allá de la locura. Algo así como torturar gatitos, patear gnomos, festejar entre cadáveres.
Y rápidamente estaba perdiendo el control mientras Granger seguía enojada.
—No te importa…
—No te atrevas —disparó puro veneno verbal—. Ya he tenido suficiente con que me juzgues. No soy yo quien les mintió a sus amigos. No soy quien se escapó. Yo no soy quien aleja a todos. Yo...
Se puso de pie de un salto y corrió hacia él, maldita sea su pierna dolorida. Draco no vio su mano, pero sintió el escozor de su bofetada cuando su mano buena conectó con su mejilla. Tropezó un poco, pero se mantuvo de pie. Le tomó todo lo que tenía para no envolver sus manos alrededor del cuello femenino. Ella fue a abofetearlo de nuevo, pero, esta vez, él recuperó la cordura y la agarró del brazo. Granger luchó contra él, trató de abofetearlo con la otra mano, pero él también la agarró.
Ella le gritó, le gruñó y lo maldijo, pero él ignoró sus acciones. Sacudió su cuerpo particularmente fuerte cuando las siguientes palabras salieron de su boca.
—Puede que te hayas salido con la tuya hoy y hace tantos años, pero la próxima vez que me golpees, no dudaré en defenderme.
Draco soltó sus brazos justo cuando ella tiró con especial fuerza y Granger se tambaleó hacia atrás unos pasos. Se habría caído si Blaise no la hubiera agarrado por la cintura y la hubiera enderezado.
—¡Hermione! ¡Draco! ¡Deténganse! —Pansy rugió e inmediatamente bajó la voz—. Cuidado con lo que nos rodea.
Por primera vez, miraron alrededor y todas las personas en Diagon Alley los miraban con curiosidad.
—No pueden escucharte, pero no necesitan escuchar nada para saber sobre todo el infierno se ha desatado por aquí.
—Ron, realmente necesitamos hablar. Necesito decirte el… —dijo casi en un susurro mientras miraba al pelirrojo.
—Aléjate de mí, Hermione, lo digo en serio —y luego Ronald Weasley desapareció.
Granger miró fijamente el lugar donde una vez estuvo parado, parpadeó dos veces y rápidamente estalló en sollozos; Draco no tenía duda de que estaba herida, pero no sabía si su dolor era mental, físico o emocional. Las lágrimas de ella, combinadas con los latigazos de su conciencia, lo volvieron incapaz de mover los ojos a otra parte. Fue suficiente para hacerle olvidar momentáneamente su golpe.
Draco giró sobre sus talones y rápidamente desapareció.
—Bueno, gracias a mi amistad de veinticinco años con Rita Skeeter, la lucha del siglo quedará fuera de los periódicos.
Gimió internamente cuando su madre reclamó la silla junto a él como propia. Cruzando las piernas de una manera elegante, Narcissa Malfoy acarició el cabello de su hijo. Draco no necesitaba ninguna de sus conferencias sobre ser "el hombre de la casa" o sobre "no nos deshonres" en ese momento.
Solo necesitaba una bebida alcohólica y un agradable "Obliviate" para sus problemas.
—Madre, yo…
—Te preocupas por ella, ¿verdad? —le preguntó suavemente.
Otro gemido interno, pero éste fue acompañado por una mueca visible.
—Madre...
Le asombraba que ella siempre permaneciera tan tranquila y racional durante sus momentos beligerantes; era un talento que le sorprendía tanto como le molestaba.
—Draco, no estoy aquí para dejar que me arrastres a una discusión solo para demostrar que sigues siendo tú. Ni siquiera estoy aquí para darte lecciones sobre tus deberes como jefe de la casa Malfoy. Estoy aquí como tu madre. Estoy aquí porque te conozco mejor que nadie... Y sé dos cosas sobre ti. Una: casi nunca agredes a alguien sin magia. Dos: no habrías golpeado al chico Weasley si no lo hubiera merecido porque Hermione te preocupa.
Ella tenía razón. Ella siempre tenía razón. Mierda. Pero bajo ninguna cantidad de tortura lo admitiría, mucho menos ante ella. Pero la sonrisa omnipotente en su rostro, sin embargo, le dijo que al no decir nada lo había dicho todo.
Y como era típico del comportamiento de su madre, ella cambió de tema con facilidad.
—¿Qué dijeron sobre tu mano?
La sostuvo en alto, estirando los dedos tanto como pudo.
—Está curada, pero me dijeron que no debería tratar de Aparecerme por el resto del día, por las pociones para el dolor que me hicieron tomar.
Narcissa asintió, absorbió la información y se sentaron en un bendito silencio durante unos minutos.
Draco se encontró observando los patrones en el suelo mientras Narcissa tarareaba una pequeña melodía y golpeaba el suelo con el pie. Quería gritar de frustración, no a su madre, sino por lo extraordinariamente mal que habían ido las cosas en los últimos cuatro meses.
Más que nada, deseaba haber escuchado a Pansy. Era más sabia que él, esto era más de lo que podía o quería manejar. No se suponía que él se preocupara por ella; solo quería saber qué le pasó, satisfacer su curiosidad y seguir adelante. Luego tuvo que joderlo preocupándose por ella.
Un par de zapatos entró en su línea de visión.
Zapatos que se parecían muchísimo a... Miró hacia arriba esperando ver a su madre, pero ella se había ido.
Eso significaba.
Levantó la cabeza y allí estaba Granger.
—¿Qué estás haciendo aquí, Granger?
Ella tomó aliento, obviamente se sentía aprensiva bajo su fría mirada.
Granger se lamió el labio, cambiando su peso de su pierna herida a la otra e hizo crujir sus nudillos.
—Malfoy —tomó la silla abandonada de su madre y se masajeó la pierna—. Me imagino que te debo un "gracias..." Ya sabes, por defenderme… —Obviamente, Granger tardó mucho en disculparse. Se movía horriblemente, se arreglaba la ropa, se tocaba la piel del brazo y seguía haciendo sonar sus nudillos.
—Lo que sea —gruñó Draco molesto mientras miraba hacia otro lado.
El silencio se apoderó de ellos, pero no duró mucho.
—Hace más de cinco años, le mentí a Ronald Weasley.
—No me importa tu drama, Granger. Solo me preocupo por mí, ¿recuerdas? Eso es lo que estabas a punto de decir.
—Estaba enojada y arremetí contra la persona equivocada. Pansy también me dio un gran discurso por eso, después de que desapareciste.
¿Pansy había discutido con Granger por él? No podía creerlo.
—Has hecho mucho y también has guardado silencio sobre muchas cosas. No te lo merecías. Te pido disculpas.
Él asintió, aceptando su disculpa por razones que no entendía.
—¿Por qué no lo atacaste?
Ella suspiró.
—Porque… No puedo. Él tiene todas las razones del mundo para estar furioso conmigo, y es principalmente mi culpa.
—¿Realmente lo engañaste?
—En cierto modo, sí... Pero tienes que entender que estábamos en una guerra y estábamos asustados.
Draco resopló.
—Creo que entiendo eso más de lo que piensas.
Sonrojándose, se pasó una mano por su esponjoso cabello.
—Oh, cierto. A veces olvido que a ti también te afectó.
Se encogió de hombros y volvió a mirar al suelo.
—Es fácil olvidarse de las personas que estaban en el lado equivocado. Es fácil olvidarse de los malvados.
—Malfoy —dijo su nombre de una manera que lo hizo mirarla de manera extraña—. No eras malvado, tal vez estabas un poco equivocado, eras prejuicioso y cruel, pero no malvado.
Se sintió extraño, escuchar esas palabras viniendo de ella, de repente, no quería hablar sobre el mal o la guerra o qué tipo de persona era, no con ella. No con Hermione Granger: heroína de guerra. Así que no dijo nada y se sentaron en otro silencio que ella rompió.
—Creo que es justo que te diga por qué Ron piensa que soy una perra. Creo que es justo decirte la verdad. No engañé a Ron. Me acosté con otra persona, sí, pero sucedió antes de Ron. Mucho antes de que nos juntáramos. De hecho, estaba furiosa con Ron y asustada por mi vida cuando sucedió la primera vez... Y estaba confundida por él y abrumada por las secuelas de la batalla final cuando dormimos juntos la segunda vez.
Draco se movió incómodo en su silla.
—Fuimos tan estúpidos. Nuestras acciones fueron imperdonables, ni siquiera voy a excusarme —suspiró—. La gente piensa que soy perfecta y que soy incapaz de cometer errores y eso simplemente no es cierto. No soy solo un cerebro, soy una persona y la gente comete errores. Cometimos un error. Uno grande. Acordamos terminarlo después de ese esa vez. Él comenzó a salir con alguien y yo comencé a salir con Ron. Ron y yo no esperamos para… Tener intimidad —Hermione se sonrojó un poco y se miró los pies incómoda antes de recomponerse—. Honestamente, las cosas entre Ron y yo estaban bien, hasta que en Australia descubrí que estaba embarazada. Estaba a punto de cumplir diecinueve años y tenía miedo de ser rechazada, así que cuando decidí quedarme con Matthew, yo... Yo no lo pensé. No sé exactamente quién era el padre, así que le dije a Ron que lo engañé mientras estaba en Australia, que me enamoré y me mudaría con el chico solo para que no me siguiera a Italia —ella sacudió su cabeza—. No sé lo que estaba pensando. Tenía pánico y no quería que él viniera a por mí. Y funcionó —sus últimas palabras fueron amargas.
—Entonces, ¿por qué mentir?
—Honestamente, la verdad lo lastimará más.
Draco la miró.
—¿Quién era?
Ella lo miró a los ojos.
—Pensé que no te importaba.
Con un encogimiento de hombros.
—No creo que me importe. Me has dicho tanto. Puedes contarme el resto.
Pensativa, se miró las manos antes de mirarlo.
—Ni siquiera Pansy lo sabe.
Granger lo miró con ojos doloridos.
—¿Quién crees que fue?
Draco la miró por un momento mientras los pensamientos batallaban en su mente. ¿Con quién más estuvo ella durante la guerra? Una lista de nombres brilló en su cabeza y tachó cada uno de ellos hasta que solo quedó uno. Y luego todo tuvo sentido.
El nombre salió en un susurro.
—Potter.
Granger asintió.
Draco hizo una pausa por un momento antes de que su siguiente pregunta escapara de sus labios.
—Y Potter es el… De Matthew…
Había mucho dolor en su voz cuando respondió.
—No lo creí hasta que Matthew abrió los ojos por primera vez, pero sí.
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Fin capítulo once
Link historia original: www . fanfiction s/4172243/1/Broken
Naoko Ichigo
