Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22 y fue beteada por Julietta Regneey.

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Capítulo trece: Susurros en la noche

Primera parte: Nunca salgas de casa sin tu varita

24 de diciembre

Era Nochebuena y Draco estaba muy aburrido, bebió un sorbo de vino y siguió escuchando la ociosa charla del mago mayor cuyo nombre no podía recordar, ni aunque su vida dependiera de ello.

¿Era Stamford o Samuel o Stanford? Oh diablos, no lo sabía.

—... los elfos hicieron un trabajo espléndido en el salón de baile...

Y lo hicieron, admitió Draco con un gesto casual con la cabeza.

La fiesta iba genial. Su madre había encantado a todos con la espectacular belleza y el esplendor del salón de baile. Para su alivio, ni un solo invitado había preguntado sobre el paradero de su padre.

Pero la noche no había terminado.

El animado salón de baile estaba lleno de conversaciones sobre el nivel de sofisticación de los Malfoy y su dedicación a su casa, los Slytherin, ya que el tema de decoración fue el plateado y verde con ligeros toques de rojo.

Era la velada del año y todos se vistieron para impresionar. Brujas y magos, ataviados con las túnicas más caras, miraban alrededor de la habitación con total asombro.

El entretenimiento y las distracciones abundaban para todos: bailar, contemplar las estrellas en la terraza, cotillear sobre otras brujas, atrapar a un desprevenido bajo el muérdago encantado, hacer nuevas amistades, conversar o hacer donaciones a una de las organizaciones benéficas que la familia respaldaba. Las velas encantadas flotaban muy por encima del suelo y le daban a la habitación un aura más íntima. Coronas de guirnaldas de diferentes tipos y estilos colgaban de las paredes. El bar estaba adornado con esculturas de hielo con temática navideña. Platos de postres y golosinas navideñas flotaban por la habitación. La música brotaba de la orquesta de diez músicos que habían contratado para brindar entretenimiento en vivo.

Y luego estaba el tradicional árbol Malfoy de Navidad, un abeto azul que se elevaba por siete metros del piso. Estaba hermosamente decorado con esferas plateadas, luces blancas y guirnaldas plateadas.

Toda la habitación parecía el sueño húmedo de un decorador navideño.

Y Draco Malfoy estaba listo para que la fiesta terminara.

No había visto a su madre desde que comenzó la velada, pero eso no era inusual. Todos buscaban a su madre por una variedad de razones: prodigar cumplidos, conversar y asegurarse de que su nombre se elevara en la alta sociedad. Todos intentaban "Adula a otra persona importante para lograr tus aspiraciones". Draco conocía a un escalador social cuando lo veía. Stamford o Samuel o Stanford o como diablos se llamará, encajaba con la definición de escalador social.

—... ¿Dónde está tu padre? No lo he visto mucho en sociedad.

Draco casi se encogió, pero se mantuvo firme mientras repetía en un tono refinado y superior la historia de portada por primera vez.

—Está en Sicilia en un año sabático personal. Confío en que regresará a la Mansión mañana por la mañana.

Hubo una pausa mientras el hombre procesaba la excusa de Draco, pero, para alivio de Draco, el otro hombre sonrió comprensivamente.

—Yo también me tomo años sabáticos en Dinamarca. Es el hogar de mis antepasados.

Draco luchó contra el impulso de bostezar. Estaba muy aburrido con la conversación, pero nunca dejó que se le notara.

—... Debo decir que los pasteles están exquisitos...

De alguna manera ocultó su disgusto por el corpulento hombre que había agarrado una bandeja entera de golosinas y se sirvió unas cuantas. Había dieciséis cosas que quería decirle, pero no dijo nada. Después de todo, como jefe interino de la familia Malfoy, iba a comportarse de la mejor manera.

—... mi sanador personal dice que no debería comer demasiados dulces, pero no puedo dejarlos...

«Claramente

En lugar de expresar verbalmente sus opiniones, Draco asintió.

Estaba en un pedestal para que todos lo vieran y tenía que actuar en consecuencia. Estaba siendo observado por halcones y examinado como ganado, pero Draco estaba acostumbrado. A pesar de que su exitoso trabajo como fiscal lo había elevado en la escala del respeto, estaba acostumbrado a que la gente mirara sus brazos cuando usaba mangas cortas, para ver si la marca tenebrosa todavía estaba allí. Como si quisiera mostrarles la marca que se desvanecía gradualmente, como si estuviera orgulloso de ella y no la tuviera oculta bajo un hechizo de glamour. ¿Pensaban que era una especie de idiota? El tiempo lo había cambiado. El tiempo lo había convertido en un hombre más sabio.

No es que importara.

No es que nada importara.

No importaba cuántos pasos había dado a lo largo de los años, el mundo mágico parecía dividido sobre cómo se sentían por él. Algunos pensaban que todavía era como su padre, tanto en apariencia como en carácter. Algunos creían que él era el responsable de la muerte de Albus Dumbledore, a pesar de su reivindicación. Algunos pensaban en él como un niño inocente que debía corregir los pecados de su padre. A algunas personas le agradaba. Algunos lo odiaban. Algunos creían que lo había hecho muy bien después de la guerra. Algunos lo criticaban por su comportamiento distante. A algunos no les importaba. A algunos les importaba demasiado.

Sin embargo, sin importar lo que el público pensara de él, Draco entendía bastantes cosas.

Todo lo que él y su madre hicieran esta noche sería juzgado por el resto de las familias de clase alta, así como por todos en el mundo mágico. Todo lo que dijeran sería repetido, diseccionado y examinado por todas las personas en la habitación; por no hablar de la prensa. Cada persona con la que se relacionaba, especialmente la cita de Draco, sería vigilada de cerca para buscar cualquier falta u error. Pansy y Blaise fueron sometidos al mismo nivel de escrutinio, pero Draco nunca se preocupó por ellos.

Podían defenderse y nunca deshonrarían a sus familias ni a la suya propia.

—... el año que viene, todos deberían poner hombres de pan de jengibre de tamaño natural como camareros...

Ladeó la cabeza como si estuviera considerando la idea.

—Tendré que decirle eso a mi madre.

Narcissa Black Malfoy lo maldeciría hasta que no existiera si alguna vez pronunciaba esa sugerencia en voz alta.

—Sería maravilloso. Podrías mordisquearlos si no quisieras nada de lo que hay en sus bandejas...

En general, Draco no estaba demasiado impresionado con la raza humana. Y aunque toleraba a algunos, solo había unos pocos que realmente le gustaban. Stamford o Samuel o Stanford... O como diablos se llamará, no formaba parte de los pocos orgullosos. Y después de ser sometido a sus preguntas y charla sin sentido, Draco estaba listo para que él encontrara una pareja de baile adecuada y desapareciera. ¿No tenía el hombre una cita?

Espera, ¿dónde estaba su cita?

Apuró el resto de su vino y asintió con la cabeza al caballero.

—Si me disculpas, tengo que ir a buscar a mi cita.

El hombre miró por encima del hombro de Draco y sonrió.

—Creo que ella ya te encontró.

Su cabeza se dio la vuelta ante eso y, efectivamente, allí estaba ella; su cita para la noche.

Su nombre era Natalie Christenson y, aunque era una deslumbrante belleza con túnica verde Slytherin, también era muy insípida. Ella era una bruja mestiza de una familia extremadamente rica que había conocido en un baile de caridad meses antes. Intercambiaron algunas cartas y él la invitó a cenar la noche anterior junto con Pansy, quien inmediatamente la odió y le dijo que debería llevar a Granger a la velada porque Natalie no sabría cómo comportarse. Luego estaba el desastre del brunch del domingo pasado en la terraza de la Mansión Malfoy con su madre.

¿Qué piensas?

Su madre lo miró fijamente, pero el destello de molestia en sus ojos azules era visible.

No puedes tomar en serio la idea de llevarla a la fiesta de Nochebuena.

Realmente no hablaba en serio, pero "desafío" era su segundo nombre.

¿Y por qué no?

¿Por qué no? —repitió como si no pudiera creer que él fuera tan ciego o superficial; que había sido criado mejor. Draco pensó que ella no debería haberse sorprendido por su aparente superficialidad.

Es insípida, Draco. Tiene malos modales en la mesa. ¡Por el amor de Merlín, ella hace ruido al beber! No solo eso, tiene el descaro de menospreciar todo lo que determina que está debajo de ella... Y obviamente no tiene cabeza para la charla inteligente. Esa chica no es más que una amenaza, es una exuberante carga en ciernes.

¿No crees que estás siendo un poco dramática, madre? Es solo una fiesta.

No se trata solo de una fiesta y tú lo sabes —fue la respuesta altiva de su madre—. Simplemente no quiero que te enamores demasiado de esa pequeña salvaje —le tomó todo lo que tenía para mantener su rostro impasible y no reír, pero la sonrisa creció de las cenizas de su ceño fruncido. Por supuesto, su madre continuó—. Y puede que no lo veas ahora, pero Hermione es el doble de mujer que esa chica tonta.

Su sonrisa cayó.

Después de todo, él ya lo sabía. Ese día en la cafetería fue el comienzo de su... Lo que sea que fueran.

Simplemente vieron la lluvia durante una hora antes de que murmurara que tenía que irse a una cita para que le quitaran el yeso. Todavía no eran amigos, pero las cosas entre ellos definitivamente habían cambiado, sobre todo a la mañana siguiente cuando recibió una carta de ella preguntándole si quería encontrarse en otra cafetería a las afueras del Ministerio al mediodía.

Él dijo que sí.

Eso fue el comienzo de algo nuevo para ambos.

Durante la última semana, Draco se había reunido con Granger al mediodía en varias cafeterías en el Londres Muggle, donde probaban algo diferente del menú cada día. Ella se limitaba al chocolate caliente, mientras que él al café.

Nada había cambiado. Todavía eran quienes eran.

Pero al mismo tiempo, las cosas habían cambiado.

Granger todavía tenía sus momentos defensivos y Draco todavía se enojaba. Todavía lo miraba de forma extraña cuando él le hacía preguntas sobre temas que ella consideraba personales y él todavía tenía palabras mordaces para ella. Granger lo enfurecía y él la molestaba. Pero ella se había acercado a él, por alguna razón desconocida. Pensaba en ello como la extensión de una rama de olivo.

Y hablaban.

Una vez hablaron sobre su infancia de sus padres y él vio como las lágrimas rodaban por sus mejillas en silencio. Hablaron sobre su infancia, pero Draco dudaba en hablar de su psicótico padre. Cuando se puso a la defensiva, Granger lo captó con bastante rapidez y lo dejó pasar. En ese momento, entendió por qué ella luchaba con él con uñas y dientes cuando él se abría camino en su mundo. Dejar entrar a alguien era bastante difícil, sobre todo cuando era casi a la fuerza. Y se sintió más que avergonzado de su anterior insistencia mientras continuaban sus conversaciones.

Generalmente, se sentaban, bebían de sus tazas, miraban por la ventana y no decían nada en absoluto.

—¡Fraco! ¡Oh, Fraco! —la extraña mezcla de francés y alemán junto a la chillona y arrastrada voz de su cita lo arrancó de sus pensamientos—. ¡Oh, agí estás, Fraco! ¡Te eftaba buscandu!

Draco se encogió.

¿Estaba borracha?

Bueno, seguro que ella no era ni francesa ni alemana, eso lo sabía... que hija de puta.

—Parece que alguien se excedió un poco con el vino de Elfo —se rio el caballero.

Draco frunció el ceño.

Natalie le echó los brazos alrededor del cuello y se hundió contra él, dejando caer todo el peso de su cuerpo sobre él a la vez.

—Fraco, te egstrañé mufchísimo.

Instintivamente, la rodeó con sus brazos y la estabilizó, pero apestaba a vino hasta el punto que casi le provocó náuseas. Su rostro estaba a centímetros del suyo cuando ella levantó la cabeza. Natalie le dedicó una perezosa y borracha sonrisa que le recordó aquella vez en Quinto año cuando contrabandearon whisky de fuego y Daphne se enojó tanto de que Millicent y Tracey, estuvieran tan borrachas, tuvieron que llevarla a sus dormitorios con extrema dificultad.

Eran tiempos divertidos.

—Vou hueles mug fien, Fraco, mmm...

Pero tener una cita borracha en la fiesta más importante de la temporada no era divertido, en absoluto.

El caballero estuvo a segundos de reír cuando pronunció sus palabras de despedida.

—Los dejo a los dos. Disfruten el resto de la noche, F… Draco.

Draco hervía de rabia, pero no había tiempo para un Obliviate bien ejecutado. A pesar de que el viejo idiota se lo merecía, borrar su memoria era un riesgo que no quería correr, además, no tenía su varita. Su madre, sabiendo cómo era, lo había obligado a dejarla en su habitación. No importa, tenía problemas más urgentes. Tenía que pensar y rápido. Draco necesitaba hacer algo que no lo delatara y tenía unos diez segundos para resolverlo.

Por supuesto, el hombre partió hacia un grupo más grande de brujas mayores.

Draco sabía lo que le deparaba el futuro si el idiota les contaba sobre la borracha Natalie Christenson en sus brazos. Todo el grupo, incluida su madre, lo sabrían todo. Y simplemente no podía permitir que eso sucediera. No, no dejaría que eso sucediera.

—Fraco, tienez los ojoz mágs bounitoz quie je haya vigzto.

Draco hizo una mueca.

Había pasado de reina de belleza a molestia en un abrir y cerrar de ojos.

Una vez más, su madre y Pansy tenían razón.

—Bounitoz ojoz —cantó.

Él gimió por dentro, conteniendo las ganas de vomitar por el horrible olor de su aliento.

Inmediatamente, Draco mostró su típica sonrisa Malfoy a los confusos espectadores y dio la excusa de que estaba mareada por toda la emoción de la noche. Estúpidamente, una invitada dijo que ella también se sentía un poco mareada por el esplendor y el resto de ellos aceptaron su excusa antes de volver a sus propias conversaciones.

Por un segundo, estuvo parado allí sonriendo con su medio consciente cita en los brazos y al siguiente estaba medio arrastrando del salón de baile a la bruja mientras ella balbuceaba tonterías y trataba de arrancarle las pestañas con sus dedos.

Draco supo que estaba a salvo cuando cerró la gigante puerta del salón de baile detrás de él.

—Por muy cliché que sea —dijo la voz de Pansy Parkinson arrastrando las palabras con humor—. ¿Puedo ser la primera en decir, "te lo dije"? Me daría el mayor placer.

Fue en ese momento que Natalie perdió el conocimiento. La combinación de Natalie y el sonido de la voz de Pansy obligó a Draco a dejar que su cuerpo cayera al suelo sin ceremonias en un montón de sedosas túnicas esmeraldas. Ella se dobló el tobillo. Draco se encogió, pero la mujer borracha no parecía herida. Y si lo estaba, gran cosa, no debería haberse bebido todo ese vino de Elfo después de que él le dijera específicamente que se mantuviera alejada del bar.

Una risa femenina sonó y Draco miró con ojos mordaces en la dirección de Pansy, que estaba hermosamente vestida y arreglada. Si no estuviera acostumbrado a la belleza de Pansy, habría pacificado su molestia con la bruja, pero estaba enojado.

—No, pero ¿puedo ser la última persona en decirte que "te calles la maldita boca"? Eso me daría el mayor placer —se burló, muy agraviado.

Blaise estaba vestido con las tradicionales túnicas negras, soltó la mano de su novia, que reía entre dientes y dio un paso adelante. Solo tenía una cosa que decir.

—Aparte de las bromas, esto no es bueno Draco.

que esto no es bueno —espetó con dureza mientras caminaba frente a la puerta—. La saqué antes de que hiciera el ridículo y me ridiculizara a mí también, aunque algunos invitados la vieron. Salí con la excusa de que estaba mareada por todas las festividades, pero eso no puede durar para siempre. ¡No cuando está inconsciente y apesta a vino!

Tuvo mucha suerte de que hubieran pasado la mayor parte de la noche separados, así que casi nadie sabía que fueron juntos a la fiesta. Y los que lo hicieron probablemente lo habían olvidado porque Natalie, aunque era muy hermosa, también era muy olvidable. Ella les recordaba a esos sangre pura racistas todas las razones por las que despreciaban a los mestizos. No sabía nada sobre la alta sociedad de los Sangre Pura y tenía muy poco decoro. Ella siempre quería que él bailara con ella, aunque él específicamente le decía que no le gustaba bailar. Ella nunca quería hablar con otros invitados y odiaba estar junto a ciertas personas. Y cuando hablaba, no decía nada sustancial.

Draco se dio cuenta de que habría sido mejor llevar a Granger, como había sugerido Pansy.

Granger probablemente no sabía nada de la alta sociedad, pero era lo suficientemente inteligente como para compensarlo con una conversación inteligente.

Blaise se paró sobre el cuerpo inconsciente de Natalie y miró a su alrededor.

—Draco, tenemos que averiguar qué hacer con ella antes de que alguien salga.

—¿Un hechizo desilusionador? —sugirió lacónicamente. Honestamente, estaba demasiado enojado como para preocuparse.

Por supuesto, Blaise rechazó la idea y miró a su novia expectante. Después de todo, Pansy siempre había tenido las mejores ideas. Draco vio como la sonrisa de Pansy se desvanecía y fue reemplazada por una mirada seria y calculadora. Se quitó los guantes de seda negros, parecía una asesina despiadada que acababa de completar un trabajo y los metió en el bolsillo de Blaise.

Después le dio un vistazo al reloj de su novio.

—Son las nueve y media. Quedan dos horas más para el fin de la fiesta, así que sugiero que la llevemos a uno de los salones para que pueda dormir. Nadie la encontrará allí. Tu madre y yo pusimos hechizos arriba para que nadie pudiera fisgonear. Después de todo, no necesitamos ningún mirón con tu padre aquí.

«Cierto.»

Draco les sonrió a sus mejores amigos. Era bueno saber que siempre lo respaldaban y se preocupaban por él, sin importar qué.

—Entonces —dijo la única bruja consciente en el pasillo mientras que también se paraba sobre la desgracia inconsciente a sus pies—. Creo que la mejor pregunta es: ¿Cuál de ustedes consiguió que sus varitas pasaran por los hechizos de seguridad?

Blaise y Draco intercambiaron miradas y negaron con la cabeza.

Un enojado bufido escapó de los labios de Pansy mientras empujaba su bolso hacia el pecho de Blaise.

—¿No saben que se supone que deben llevar sus varitas en todo momento? Al diablo con la seguridad —se subió la túnica negra hasta la mitad del muslo y sacó la varita de su funda—. Yo nunca, nunca voy a ningún lado sin la mía... Nunca se sabe lo que puede suceder. Incluso en un entorno seguro.

Todos sabían exactamente a qué se refería.

—Ahora —apuntó a Natalie con su varita—. Mobilicorpus.

La mujer borracha no se movió ni una vez cuando Pansy la trasladó a la sala de estar bellamente decorada al final del enorme vestíbulo. Sin embargo, en el momento en que Pansy dejó caer su cuerpo sin piedad sobre el lujoso sofá, los brumosos ojos azules de Natalie se abrieron y una sonrisa tonta se extendió por sus ruborizados rasgos.

Draco estaba seguro de que quería asesinar a Pansy en ese momento.

Natalie se lanzó desordenada hacia Draco, pero falló en medir la distancia. Terminó tendida en el suelo sobre sus manos y rodillas. Su cabello y toda su apariencia se habían desecho. Ella mostró una sonrisa perezosa y juguetona.

—Fraco, ¿pogquie nou vienez a sengrte counmigou?

Pansy se rio.

—¿Fraco? —susurró en voz baja, lo que le valió un ceño fruncido.

—Tie necesito a vou, necezitou vou cuegpo. Me egstá hamando a mí... Natalie, Natalie, toumame quie soy tuyou.

La ceja izquierda de Blaise comenzó lentamente su ascenso, una sonrisa divertida apareció en sus labios.

La mujer borracha se arrastró sobre las manos y rodillas lo mejor que pudo.

—Fraco, te amou.

Pansy se echó a reír.

Draco Malfoy había tenido suficiente. Estaba cansado, molesto y estaba listo para que esta velada de mierda concluyera. Arrebató la varita de la mano de la bruja que reía y apuntó a Natalie. Sin pensarlo, pronunció el primer hechizo que se le ocurrió y que la sacaría de su miseria. El rayo de luz le dio de lleno en la frente y se derrumbó en el suelo.

Enfadado, Draco devolvió la varita a la mano de Pansy y salió.

El sonriente Blaise y la risueña Pansy lo siguieron rápidamente.

—No vas a dejarla ahí, ¿verdad? —preguntó Blaise una vez que regresaron a la entrada del salón de baile.

Draco abrió las puertas dobles y miró a su amigo.

—¿Y dejar que su comportamiento borracho arruine la velada y enfurezca a mi madre?, no gracias. Si alguno de ustedes quiere despertarla, está bien, pero yo no quiero volver a verla. Ella no tiene importancia para mí —atravesó la puerta, tomó una copa de vino de elfo de una bandeja y volvió a unirse a la fiesta.

Le tomó trece minutos, dos conversaciones muy aburridas con viejos magos sangre pura, tres ofrecimientos de baile de brujas poco interesantes y un pastel festivo tradicional para que Draco notara la presencia de Granger.

Hubo dos cosas que lo sorprendieron.

La primera fue su pensamiento inicial al verla. «Vaya, se ve muy saludable. Sí... saludable». En una habitación llena de brujas vestidas con túnicas negras, plateadas o esmeraldas, Hermione Granger se destaca de todas ellas. La había visto ese mismo día cuando se reunieron en una cafetería en las afueras de Londres, pero ahora ella no se veía como en la tarde. Draco casi no la reconoció y cuando lo hizo, casi arrojó vino de elfo por todas partes.

Vestida como la bruja perfecta de alta sociedad, Granger llevaba una fluida túnica que llegaba hasta el suelo, esta abrazaba la parte superior de su cuerpo y se ensanchaba ligeramente en su cintura. Era la primera vez que la veía con algo que mostrara esa figura que estaba recuperando gradualmente; la figura que tenía en las fotos con su hijo. El color amatista de su túnica, parecía compensar y revitalizar su pálida piel. Su horrible y tupido cabello estaba recogido en un intrincado peinado. Granger no llevaba muchas joyas, solo unos pendientes de amatista y una pulsera a juego. Era simple, pero elegante y Draco instantáneamente supo que alguien la ayudó a elegir su ropa.

Pero esa comprensión fue ignorada ante la segunda sorpresa.

Ella no estaba sola.

No, Stamford o Samuel o Stanford... O como diablos se llamará ese idiota, estaba charlando con ella. Draco vio como declinaba de una manera muy digna su invitación para bailar y la copa de vino de elfo que le ofrecía.

—Se ve hermosa, ¿verdad? —Blaise estaba junto a él, sosteniendo dos vasos de vino.

—Sí… Digo, se ve más saludable —él dijo inexpresivo.

Se encontró con la mirada oscura de su mejor amigo y vio con molestia cómo sus labios se curvaban en una sonrisa divertida.

—Lo que digas, Fraco —Blaise se rio entre dientes.

Draco hizo una mueca.

—Tratemos el "incidente de Natalie la Borracha" como la vez que vomitaste en la planta favorita de mi madre y le echaste la culpa a los elfos domésticos y no volvamos a hablar de eso.

—Tu madre se ve espectacular con esa túnica esmeralda y negra —comentó Pansy mientras se acercaba al lado de su novio—. Ella tiene a toda la habitación enamorada de su sentido de la moda —una sonrisa de suficiencia apareció en su rostro—. Me hace sentir bien que fuese yo quien diseñó esas tuni… Oh, Blaise, ¿es para mí?

Él asintió y le entregó una de las copas de vino.

Ella besó su mejilla.

—Gracias, amor.

Blaise le dedicó una extraña sonrisa.

Draco miró a la pareja con los ojos en blanco y vio como Granger asentía con aparente aburrimiento ante algo que dijo el hombre. Él puso sus regordetas manos en la parte baja de su espalda y Draco observó con diversión mientras ella se apartaba sutilmente, sin mostrar su disgusto. Él lo vio, por supuesto, pero el corpulento hombre no. Draco se dio cuenta una vez más de que Granger era excelente para ocultar sus emociones, excepto a él.

—Adelante, sigue mirando fijamente a Hermione —la voz de Pansy sonó en sus oídos—. Y le vas a abrir un agujero en el cráneo.

Draco frunció el ceño.

—No estaba mirándola.

—Lo que sea —Pansy hizo girar su enguantado dedo alrededor de la copa—. Tienes que admitir que mi vestido le queda bien —comentó Pansy con aire de suficiencia solo unos momentos antes de comenzar una pequeña diatriba—. Lástima que tuve que prácticamente luchar para que se lo pusiera. Y no me hagas empezar con ese horrible cabello. Usé un todo un recipiente de Sleekeazy para domar su cabello. Merlín, fue horrible —ella hizo un gran y dramático estremecimiento.

Blaise sonrió.

—Eso es maravilloso, Pansy —Draco dijo arrastrando las palabras—. Pero solo estaba tratando de averiguar el nombre del caballero con el que está hablando.

—Stephen Winther, un Auror jubilado, reciente viudo y le gustan las mujeres más jóvenes —informó Blaise casi mecánicamente.

Draco lo miró.

—¿Cómo sabes eso?

Él sonrió.

—Él me entrenó. Me dijo durante mi entrenamiento de Auror que solía gustarle mi madre cuando ella estaba en su sexto año en Beaubaxton. Él tenía casi treinta en ese momento, pero parece que ha encontrado una nueva y más joven señorita para darle su afecto.

—¡Oh, eso es repugnante! Ella es como cuarenta años más joven y él es absolutamente viejo y espantoso —Pansy hizo una mueca, apuró el resto de su bebida y dejó la copa sobre la bandeja vacía que apareció frente a ella—. Ahora, si me disculpas, tengo que ir a rescatar a mi amiga del peludo troll de montaña…

Blaise la interrumpió envolviendo suavemente un brazo alrededor de su cintura, evitando que se fuera.

Ella emitió un suave, pero molesto gruñido antes de discutir en voz baja.

—¿Qué estás haciendo? Tengo que...

—No —la interrumpió con poco esfuerzo—. Tienes que bailar con tu novio. Draco la ayudara.

Draco sonrió. Pansy Parkinson no tenía ninguna posibilidad de escapar de Blaise.

Pansy continuó protestando.

—Pero…

La interrumpió suavemente, levantando su barbilla para encontrarse con su intensa mirada.

—Sin peros, amor. Vi a Vivian Pennington mirándonos cuando entramos… —por supuesto, él apelaría a su naturaleza maliciosa.

Pansy resopló y miró por encima del hombro donde estaba la heredera Pennington, mirando a la pareja. La miró a los ojos y la otra bruja desvió la mirada, intimidada.

—Esa pequeña diablilla está celosa porque te ha querido durante años y yo te tengo... De nuevo. Los celos son una enfermedad —se burló y agregó con poca sinceridad—. Espero que la perra te olvide pronto.

Blaise se acercó más y le habló al oído.

—Bueno, vamos a darle más razones para estar celosa —luego, sus labios se acercaron más mientras susurraba palabras que Draco no podía oír. Y a juzgar por el rubor que se apoderó del rostro de Pansy, se alegró de no poder escuchar.

Segundos después, se habían ido.

Draco vio como Granger negó ante algo que dijo Stephen. Draco se dio cuenta de que estaba incómoda; sus ojos seguían moviéndose por la habitación, pero no había mirado en su dirección. Cuando el mago mayor le acarició la mejilla con su mano, ella palideció con evidente malestar y Draco decidió que era hora de intervenir. Con un plan en la cabeza, tomó una copa de agua de una bandeja y se acercó a la pareja.

Estaba a tres metros de ella cuando sus miradas se encontraron.

—Escuché que tienen la terraza encantada con un hechizo de calentamiento —señaló Stephen mientras se metía una galleta en la boca. Cuando terminó de masticar, continuó—. Es a través de esas puertas dobles. Es una noche clara y las estrellas están hermosas, podría...

Draco dio a conocer su presencia con su voz aristocrática.

—Ah, Granger, ahí estás —le entregó el vaso y ella lo miró con curiosidad. — Es agua.

No eran exactamente amigos, pero ella pareció aliviada por la interrupción. Murmuró un "gracias" en voz baja y bebió un sorbo de agua.

Él simplemente asintió.

—Señor Malfoy, es maravilloso volver a verlo —Stephen no parecía muy convincente. De hecho, se veía bastante irritado por la intrusión de Draco—. ¿Dónde está tu hermosa cita?

—La estás mirando —gesticuló cortésmente a la bruja a su lado—. Los presentaría a los dos, pero siento que ustedes ya se conocen.

Granger le lanzó una mirada extraña por el rabillo del ojo, pero aparte de eso, mantuvo sus paredes altas y su rostro en blanco. Stephen Winther, por otro lado, expresó visiblemente su confusión.

—Pensé que estabas con la…

Draco cuadró los hombros y habló con poca emoción y con una sobredosis de altanería.

—¿La rubia que arrastra las palabras? Me confundió con otra persona. Toda la emoción de la velada y el vino debió subírsele a la cabeza. Perdí mi propia cita por ayudarla. Estoy agradecido de que la haya mantenido entretenida, pero si nos disculpa, señor. Quería mostrarle la terraza antes de que todos decidieran agolparse allí para los fuegos artificiales de medianoche —hizo un gesto en dirección a las puertas dobles.

Granger rápidamente se apresuró hacia allí; su túnica amatista fluía detrás de ella con gracia.

Era una noche notablemente despejada, pero ventosa en Wiltshire y Draco disfrutaba de la casi soledad de la terraza bien iluminada. El cielo estaba de un color azul marino oscuro y estaba salpicado de estrellas que variaban en brillo; la luna estaba medio llena y alta en el cielo. Proyectaba una luz maravillosa, aunque tenue. Después de años de pesadillas, Draco no era un fanático de la oscuridad o la noche. Todo lo que hizo fue recordarle los tiempos más oscuros de su vida, pero esa noche fue bastante decente.

Desde su posición ventajosa, vio los amplios jardines Malfoy que estaban decorados con ornamentadas luces blancas para la ocasión y temporada. La música de la orquesta se filtraba desde el salón de baile, así como las voces de los invitados.

—Es agradable aquí.

No se había dado cuenta de que Granger estaba parada a su lado.

—Lo es.

Ella se paró cerca de él, todavía bebiendo agua.

Un cómodo silencio se apoderó del lugar mientras él miraba los jardines y ella al cielo. Estaba acostumbrado al silencio entre ellos; era un patrón que no quería interrumpir con palabras.

Entonces, la dejó romper la tradición.

—Gracias por salvarme del señor Winther.

Draco asintió, aceptando su gratitud en silencio.

—¿Estás disfrutando de la velada? —preguntó minutos después.

—Es muy lindo, pero confieso que no me gustan mucho las fiestas.

La miró con seriedad por unos momentos y sonrió.

—A mí tampoco.

Y cuando ella sonrió, fue una sonrisa real.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Segunda parte:Los que capturan almas

Después de la muerte de Albus Dumbledore y la infiltración de Voldemort en el Ministerio de Magia, casi todas las familias aristocráticas ricas y poderosas de Gran Bretaña huyeron a varias partes de Europa para esperar y ver quién saldría victorioso en la Segunda Guerra. La mayoría de ellos había escuchado historias sobre El Niño Que Vivió, pero no sabían nada sobre quienes lo ayudaron.

El nombre de Hermione Granger era tan extraño para ellos como el nombre del presidente muggle de los Estados Unidos de América. Y estaba bastante agradecida por eso, pero eso no hizo que las presentaciones fueran menos incómodas.

Las siguientes dos horas de la vida de Hermione como cita improvisada de Malfoy fueron un torbellino de conversaciones con miembros muy importantes de la alta sociedad del Mundo Mágico, miradas descaradas de brujas ambiciosas y celosas y nada de baile. Eso fue algo bueno porque gracias a los tacones que Pansy la obligó a usar, no tenía ganas de bailar.

Aprendió mucho sobre sí misma y del hombre cuyo brazo estaba agarrada.

Hermione aprendió que podía ser tan distante como Malfoy cuando se trataba de conversar con aquellos que intentaban besarle el trasero solo porque estaba del brazo del heredero Malfoy. Ella sonrió y agradeció a aquellos que elogiaron de manera poco sincera su atuendo, ellos expresaron su opinión sobre los nacidos de muggles llamándolos inferiores, pero ella los impresionó con su vasto conocimiento sobre la alta sociedad de los sangre pura.

Ella había hecho su investigación.

Le tomó un tiempo acostumbrarse a la atención, pero una vez que lo hizo, todas las piezas cayeron en su lugar. Y en cuanto a lo que aprendió sobre su "cita", bueno, en el mundo de Draco Malfoy, las personas se clasificaban en tres grupos: familia y amigos, personas con las que necesitaba ser agradable y todos los demás. Era agradable con los amigos y la familia, decente con aquellos con quienes necesitaba ser agradable y distante con todos los demás.

Hermione no estaba segura de dónde encajaba en todo eso y no le importaba.

Le explicó todo el fiasco agravio con su cita original, con el mayor humor y ella se ofreció como voluntaria para ser su cita fingida en pura gratitud por sus acciones. Hermione medio esperaba que él ignorara su presencia mientras charlaba con sus amigos magos de sangre pura y medio esperaba que él quisiera que ella hiciera el papel de mujer dócil.

Pero se había equivocado por completo.

Malfoy la sorprendió. De verdad. Él fue agradable y educado, pero reservado y casi distante con ella.

Cómo se las arregló para hacer todo eso de una vez, no lo sabía.

A veces, había momentos en los que pensaba que él estaba impresionado con ella, pero rápidamente lo escondió detrás de una máscara de indiferencia. Y a veces, había instantes en los que Hermione pensaba que él sonreía con satisfacción ante algunas de sus opiniones, pero nunca lo sorprendió en el acto. Y mientras observaban la hermosa exhibición de fuegos artificiales de medianoche en la terraza llena de gente, ella escuchó con extrema fascinación como él explicaba toda la historia detrás de la tradicional fiesta de Navidad de los Malfoy. Le dijo que su madre había comenzado a gestionar personalmente la fiesta después de la Segunda Guerra. Además, informó que, en los últimos setecientos años, solo habían tenido que cancelar una.

Inmediatamente supo en qué año.

Tradicionalmente, le comentó que la fiesta de Navidad de los Malfoy concluía exactamente a la medianoche con la exhibición de fuegos artificiales. Hermione se encontró casi sonriendo cuando la última bengala se disparó hacia el cielo nocturno.

Realmente todo era asombroso, pero estaba exhausta.

Eran las diez y media cuando el último invitado, la cita original de Malfoy, se fue por la red flú.

Las únicas personas que quedaban eran los Malfoy, Blaise y Pansy. Narcissa y Pansy estaban ocupadas charlando sobre la fiesta mientras caminaban, mientras los dos magos tenían una discusión tranquila en el otro extremo de la habitación. Hermione se sintió un poco excluida y decidió que ya era hora de irse. Estaba extremadamente cansada y sabía que Pansy no le permitiría el lujo de dormir, sobre todo hoy que era el día más difícil de su vida; esta era su primera Navidad sin Mathew.

Su mano alcanzó el contenedor de polvos flú, pero la voz de Narcissa la detuvo.

—¿Qué estás haciendo?

Hermione se dio la vuelta de repente.

—Estaba a punto de irme…

Ella sonrió.

—Supongo que mi hijo se olvidó de contarte sobre el desayuno de medianoche que sigue a la fiesta de Navidad.

—No, no lo hizo.

Malfoy las miró, pero no dijo nada.

Narcissa envolvió un brazo alrededor de sus hombros y la llevó lejos de la chimenea.

—Como la cita legítima de mi hijo, simplemente debes quedarte. Después de todo, estuviste fenomenal esta noche. Todos estaban entusiasmados por hablar contigo.

Hermione se sorprendió.

—¿Ellos querían saber de mí?

Pansy asintió en afirmación mientras Blaise la tomaba del brazo y se dirigía hacia el comedor. Miró por encima del hombro a Malfoy, que caminaba detrás de ellos en silencio; su rostro era una máscara ilegible.

«Típico.»

La conversación durante el extravagante desayuno de medianoche estuvo dominada por Narcissa y Pansy, mientras que Hermione y los hombres comían casi en silencio. Era medianoche, pero descubrió que no estaba tan cansada. La comida estaba maravillosa y sentía que iba a reventar. Media hora después, Blaise y Pansy se excusaron de la mesa para ir a sus respectivas casas a descansar.

A diferencia de Narcissa, que pasaba sus Navidades en varios lugares y celebraba la festividad varias veces, Blaise Zabini no era muy aficionado a las tradiciones o las festividades. Él había invitado a Hermione a pasar las vacaciones con ellos en París. Y ella aceptó.

Había conseguido un trasladador aprobado que los llevaría directamente al interior de su apartamento en el corazón de París. Para gran consternación de Malfoy, le había permitido a Pansy programar todo el viaje y Hermione sabía que estaría demasiado cansada para pensar cuando regresaran a Londres. Visitas el Louvre y el Chateau de Versailles, compras en el Marais, cena en el mejor restaurante de París, patinaje sobre hielo frente al Hotel de Ville y la lista seguía y seguía.

Pansy estaba decidida a asegurarse de que estuviera demasiado ocupada como para estar triste. Pero no pasaba un día en el que no pensara en Matthew; que ella no sintiera anhelo por él o sus padres. La Navidad no sería una excepción.

Sin embargo, realmente apreciaba la preocupación y determinación de Pansy.

Diez minutos después de que la pareja se fuera, Narcissa se retiró a su habitación, fingiendo estar agotada. Sin embargo, antes de irse, insistió en que Malfoy se encargara de llevarla a su casa sana y salva. Después de una conversación silenciosa, que podría haber sido interpretada como una discusión, Malfoy cedió.

—¿Vamos? —preguntó con frialdad con solo una pizca de agravio, señalando en dirección a una de las puertas del comedor.

Hermione asintió, pero se sintió incómoda con su tono.

Narcissa sonrió complacida y se fue por una puerta diferente que aparentemente la llevaría a sus habitaciones.

Se dirigió hacia la puerta equivocada, pero Malfoy puso su mano en su espalda baja y la guio hacia la puerta correcta. Aturdida debido a esa mano, Hermione dejó que la guiara de regreso al gran salón mientras parpadeaba.

La casa era un laberinto.

Realmente no había tenido tiempo para absorber la magnificencia de la mansión durante su caminata hacia el comedor porque estaba demasiado ocupada escuchando a Narcissa hablar sobre la fiesta. Sin embargo, mientras caminaban silenciosamente por uno de los muchos pasillos, Hermione encontró que sus ojos lo admiraban todo. Decir que la mansión era hermosa sería ridículo; era un palacio digno de la realeza... O de un Malfoy.

Lo que comenzó como una simple escoltada hacia la red flú del salón principal, terminó convirtiéndose en una especie de mini recorrido en el que le permitió acceso a más de unas pocas habitaciones. Estaban elegantemente decoradas. Se asomó al interior de una espléndida biblioteca de la planta baja con estanterías de pared a pared. No le importaría pasar varias horas allí con esos libros. Incluso el pasillo por el que caminaban era maravilloso, con sus elegantes alfombras y paredes ornamentadas con retratos de miembros de la familia que se burlaban de ella en silencio, gracias al encanto silenciador de Narcissa.

«Excelente.»

Con la mano de Malfoy todavía en su espalda, no estaba de humor para que la llamaran sangre sucia inmunda, o cualquier otro nombre creativo, ella ya estaba lo suficientemente inquieta con sus rostros.

—¿Hay un baño cerca? —preguntó de repente.

—Sólo arriba, trece puertas después.

Ella lo miró fijamente.

La ceja de Malfoy se elevó.

—¿Necesitas un escolta?

—No —frunció el ceño, giró sobre sus talones y se alejó en dirección a las escaleras con su vestido flotando detrás de ella. Para cuando llegó a las escaleras dobles que conducían al piso de arriba, la molestia de Hermione con Malfoy se calmó y se encontró abrumada por la incertidumbre.

Maldición. ¿Le dijo siquiera qué camino tomar? ¿Izquierda o derecha? Ella no tenía ni idea. pensó de darse la vuelta, pero habían dado tantas vueltas que apenas podía recordar de dónde vino. ¿Dar la vuelta? Sí, eso no iba a suceder.

Ella estaba literalmente en una bifurcación en el camino... Y eligió ir a la izquierda. Subió las escaleras rápidamente antes de que pudiera cambiar de opinión, pero en el momento en que su pie pisó el último escalón, Hermione supo que había tomado una mala decisión. Hacía un frío espantoso y reinaba un silencio inquietante; era tan diferente del resto de la casa, que era cálida y casi hogareña, bueno, tan hogareña como podría ser una mansión. Hermione buscó su varita a través de su túnica y se consoló cuando la sintió. Comenzó a caminar por el pasillo tenuemente iluminado, contando las puertas por las que pasaba.

—Cinco, seis...

Un viento fantasmal sopló por el pasillo; toda la razón y el sentido común le dijeron que se devolviera, que buscara a Malfoy y la llevara a la sala para que pudiera irse con seguridad a su propia casa, pero no lo hizo. Era terca al pensar que no necesitaba ayuda; probablemente estaba actuando como idiota y eso la hacía sentirse estúpida. No, preferiría hacerlo ella misma, solo para decir que podía.

Las luces se atenuaron.

—Siete... O…

Un reloj de pie en la distancia había comenzado su secuencia ritual de repique.

Era la una en punto.

Sintió un aliento en su oído antes de que escuchara un inquietante susurro.

—Te hemos estado esperando, Hermione Granger.

El color abandonó su rostro y todo lo que sintió después fue un indescriptible dolor.

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Fin capítulo trece

Notas: ¡Hola! ¿Qué tal? Como han avanzando las cosas en la historia, ¿verdad? No les voy a mentir, pensé que no iba a poder sacar esta actualización, ya que últimamente me han atacado varios bloqueos, es extraño pero este año me han atacado muchos bloqueos. No sé, la cosa esta extraña. Lo bueno es que sí logre cumplir mi cuota de este año en esta historia. Ahora les daré las noticias feas, como algunos de ustedes sabrán, en estas fechas yo me voy a hiatus, porque se viene fin de semestre, las fiestas y otra cosa que quiero hacer en enero es tomarme unas pequeñas vacaciones de los fics. A veces hace bien desconectarse un poco, para así recargar energías y tal vez necesite eso para que mis bloqueos no me ataquen con tanta frecuencia.

Bien, ese seria todo mi monologo. Espero que esta actualización sea de su total agrado. Y por favor sigan cuidándose del covid. Nos estamos leyendo. Les amor mucho. Bye!

Link historia original: www . fanfiction s/4172243/1/Broken

Naoko Ichigo