Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22.

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Capítulo quince: Una situación de perdida

Primera parte: Rumores

5 de enero

Para Draco, lo peor de tomarse unas vacaciones era volver al trabajo.

Las vacaciones siempre dejaban su mente dispersa y arruinaba su meticulosa rutina. No podía concentrarse, no podía trabajar, necesitaba una gran cantidad de café solo para sobrevivir el día y, a menudo, pasaba mucho tiempo soñando despierto en lugar de ocuparse de sus asuntos. Esa era la razón por la que Draco rara vez tomaba vacaciones.

Le tomó cada gramo de su fuerza de voluntad salir de la cama cuando su reloj despertador sonó con el habitual: "Es hora de despertar, Draco", con una suave y melódica voz familiar. Pateando las sábanas con enojo, se levantó de la cama y con cansancio miró el reloj parlante que silenció con un movimiento de su mano.

Eran casi las siete en punto y aunque se despertaba a esa hora, no pudo evitar bostezar. No había podido dormir. Se había quedado dormido alrededor de las cuatro de la mañana, pero una pesadilla lo despertó bruscamente una hora y media después.

Su insomnio empeoraba, pero tenía sentido porque había muchas cosas en su cabeza.

El pensamiento más prominente que atormentaba la mente de Draco era bastante simple. No había tenido tiempo de discutir con Granger la importancia de no divulgar la condición de su padre. No era que pensara que ella lo diría. No, confiaba en ella lo suficiente como para saber que mantendría la boca cerrada. Pero lo tranquilizaría el saber que ella no hablaría.

Tal vez sea mejor no decir algunas cosas.

Repasó sus vacaciones en París mientras se duchaba. La Navidad en París se convirtió en Año Nuevo en París y el Año Nuevo en París se había convertido en otros cuatro días de turismo y disfrute. Draco había regresado a casa la noche anterior, pero fue solo porque todos decidieron que después de casi dos semanas, era hora de volver al mundo real.

Al parecer, la vida era bastante agitada para todos.

Pero Draco no había querido regresar. Estar lejos le dio la normalidad que tanto anhelaba. En París, no era hijo de Lucius y Narcissa Malfoy, ni siquiera era un mago; él era Draco Malfoy, el joven de veintitrés años que solo quería divertirse con sus dos mejores amigos... Y una casi amiga.

Casi amiga, resopló mientras se enjabonaba el cuerpo por segunda vez.

¿Él y Granger realmente habían llegado tan lejos?

En lugar de responder a esa pregunta, la apartó de su mente.

Sin embargo, ella volvió a entrar mientras él arreglaba su cabello.

La noche de Navidad en París estuvo demasiado fría y ventosa para estar afuera sin una chaqueta o un hechizo de calentamiento, pero allí estaba ella en el patio que daba a la iluminada ciudad. Ella estaba mirando la Torre Eiffel; el asombro que tenía durante sus escapadas de un día por la ciudad todavía estaba allí.

Pero también había algo más en sus ojos.

Lágrimas.

Parecía que estaba experimentando una paz agridulce con el cambio de escenario y descubrió que no quería molestarla. Draco casi se dio la vuelta, aunque se detuvo cuando recordó por qué había salido en primer lugar. Pansy estaba aterrorizando a todos los seres vivos con oídos con una desafinada interpretación de todas las canciones navideñas muggles que conocía, mientras su novio sonreía pacientemente.

Granger había escapado primero, con la excusa de que quería verlos las luces de la Torre Eiffel. Tenía que admitir que entendía su fascinación con eso. Draco, también, se encontró ahí fuera poco después de que llegaran por Trasladador y comieran el desayuno de Navidad con el sol naciente.

Así que salió y cerró audiblemente las puertas detrás de él. Ella se parecía en algo a Pansy y sabía que era mejor no acercarse sin primero anunciar su presencia. Tan pronto como la puerta se cerró, vio a Granger limpiarse rápidamente las lágrimas de los ojos. Exhaló antes de mirarlo por encima del hombro. Los ojos de Granger se agrandaron cuando lo vio parado allí. Observó sus rasgos, pero apenas notó la cicatriz que Pansy escondía bajo un hechizo de glamour. No hasta que se dio la vuelta por completo.

Oh, pensé que eras Pansy.

Ella todavía está adentro, aniquilando el espíritu navideño, una melodía navideña muggle fuera de tono a la vez.

El fantasma de una sonrisa apareció en su rostro, pero se desvaneció rápidamente cuando sus ojos se volvieron borrosos y distantes.

Ha sido un día largo, ¿verdad?

Draco pasó la mayor parte del día tratando de ignorar la agonía en la que estaba. Comenzó fuerte, muy fuerte, pero su fuerza había fallado a medida que avanzaba el día. Mientras recorrían la ciudad y disfrutaron una cena de Navidad en el restaurante más caro de la ciudad, él fue testigo del lento desmoronamiento de su fachada mientras se retiraba más y más en sí misma. Su dolor era palpable, difícil de ignorar. Para cuando se sentaron a cenar, el color había desaparecido del rostro de Granger y parecía que iba a tener un ataque nervioso.

Decidió ser tan honesto con ella como ella lo había sido con él.

No se siente como si fuese Navidad.

Volvió la cabeza hacia la Torre Eiffel, pero él vio las silenciosas lágrimas caer en cascada por sus mejillas.

No, no se siente así.

Normalmente, le diría no llorará, pero esa noche no lo hizo. Cada Navidad sería difícil para ella. Draco se preguntó si arrastrarla de un lado a otro era realmente lo mejor para Hermione. Y luego se preguntó por qué de repente se preocupaba por los intereses de Granger. Prefería escuchar a Pansy gritar villancicos que escuchar a Granger sollozar. Draco dio unos pasos hacia atrás antes de darle la espalda. Su mano acababa de cubrir el pomo de la puerta cuando la escuchó susurrar débilmente.

Quédate.

¿Por qué?

Por favor, no me preguntes por qué. Solo quédate.

Entonces, se detuvo y se quedó.

Se estaba poniendo los zapatos cuando notó la hora.

Eran casi las nueve.

Al diablo, con el desayuno, iba a llegar tarde. Con la lista de casos que le había enviado la secretaria del departamento la noche anterior, no podía perder ni un minuto si quería ponerse al día con dos semanas de trabajo perdidas. Sería imposible, pero lo intentaría entre las reuniones y los preparativos del juicio del último mago capturado en la redada Marquette. Draco reunió sus archivos, los metió en su maletín y se dirigió por flú al Ministerio.

Por segunda vez en casi tres meses, en el momento en que salió de la chimenea, sintió que algo andaba mal. La última vez que ese sentimiento lo abrumó, fue cuando había encontrado a Blaise fumando un cigarrillo tras otro en su oficina, divagando sobre las reglas y el protocolo.

Esperaba que ese no fuera el caso hoy.

También esperaba que el sentimiento no tuviera nada que ver con Granger.

Draco estaba muy involucrado en la vida de Granger. El problema con su padre era aterrador y estresante, pero contaba con el apoyo de su madre y sus amigos. Además, eso palideció en comparación con las pérdidas que ella sufrió. Le habían quitado tanto, pero Draco sabía que era mejor no comparar su dolor. Eso marginaría todo lo que ambos habían pasado en sus viajes individuales. El dolor era dolor. El sufrimiento era sufrimiento. Y esto no era una competencia.

Y si eso no era crecimiento personal, no sabía cómo más llamarlo.

Draco se dirigió hacia los ascensores. Mientras pasaba por las interminables filas de chimeneas y la Fuente de los Hermanos Mágicos, Draco se abrió camino entre la multitud de empleados y visitantes del Ministerio. Después de una rápida mirada hacia arriba, notó que había una gran cantidad de memorandos volando por encima.

No era raro para un lunes, pero eran mucho más de lo habitual.

¿Qué demonios estaba pasando?

Cuando bajó la cabeza, se dio cuenta de algo más.

La gente lo estaba mirando descaradamente.

Ahora, siempre lo estaban observando. Todo el Mundo Mágico lo había estado mirando desde la guerra, o tal vez desde antes. No era el tipo de miradas que recibía Potter, aunque eran parecidas. Pero había dos cosas que eran muy diferentes en las miradas de hoy.

Número uno: los hombres lo miraban abiertamente, además de las mujeres.

Número dos: las tres miradas variaban entre; perplejidad, intriga y duda.

Draco no sabía qué diablos pensar.

Mientras avanzaba y subía al ascensor, mantuvo su máscara de aburrida indiferencia. Internamente, estaba nervioso y eso no le gustaba, porque se sentía fuera de control. Después de todo, el control era algo de lo que se enorgullecía. Tenerlo significaba que la posibilidad de que algo saliera mal era limitada. Y había pasado por tantas cosas malas últimamente que estaba cansado. Entonces, Draco se repitió en silencio que las personas que le importaban estaban bien.

Todo estaba bien.

Pero tenía un presentimiento.

Cuando atravesó las puertas dobles y entró en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, confirmó que algo estaba pasando y eso no le gustó ni un poco.

Naturalmente, el departamento parecía un maldito zoológico.

Algunos de los empleados trabajaban diligentemente en sus cubículos con la esperanza de ver a sus familias antes de la puesta del sol, pero hoy había muchas brujas alrededor; casi todas las secretarias y asistentes del departamento estaban allí. Todo lo que podía escuchar eran los sonidos del parloteo de los grupos de brujas, que había una reunión de Aurores en la sala de conferencias principal, otra reunión en la segunda sala de conferencias y la aparición de los oficiales de la ley mágica que estaban respondiendo a alguna emergencia leve.

No podía haber sido algo serio; después de todo, los Aurores todavía estaban allí.

Pero mientras caminaba por el área principal, los ojos se posaron en él y las conversaciones cesaron. Había un grupo bastante grande de brujas que lo miraban con intriga y timidez. Quería preguntarles que qué demonios estaban mirando, pero decidió que era mejor saludarlas con un movimiento de cabeza y continuar por el pasillo que conducía a los Servicios de Administración del Wizengamot donde estaba su oficina.

La secretaria, que mágicamente estaba limándose las uñas cuando él se acercó a su escritorio, le dio una mirada divertida antes de hablar.

—Buenos días, Señor Malfoy.

Draco no lo pensó dos veces.

—Buen día —fue su conciso saludo. Sacando su varita del interior de su capa, Draco casi se aleja antes de recordar algo y retroceder—. ¿He recibido alguna lechuza?

Shannon levantó la vista de sus uñas y arqueó una ceja marrón. Una sonrisa irónica apareció en su rostro.

—¿Tuvo unas buenas vacaciones en París, Señor Malfoy? —preguntó sarcásticamente.

Parecía una pregunta bastante simple, pero algo en su tono hizo que sus dedos se apretaran instintivamente alrededor de su varita.

—Por mucho que me gustaría quedarme aquí y divertirte con historias de mis vacaciones, no tengo tiempo y con las prontas evaluaciones trimestrales del departamento, tú tampoco tienes tiempo.

—Pero… —trató de intervenir, pero Draco no se lo permitiría.

—¿Necesito recordarle lo importante que es que todo el papeleo este en perfecto estado para la evaluación trimestral?

—No, por supuesto que no.

—Estoy seguro de que a tus superiores les encantaría ver lo que haces en la hora de trabajo en el Ministerio... —Draco se detuvo cuando la vio sonrojarse. Shannon rápidamente dejó de limarse las uñas y guardó todas sus revistas. Malfoy se sentía implacable, así que volvió a plantear su pregunta original y como una ocurrencia tardía, añadió un "por favor".

—No, Señor Malfoy —se movió incómoda en su lujosa silla—. No tiene ningún mensaje. No ha tenido ninguno desde la semana pasada porque el Ministro puso freno a todas sus cartas entrantes.

Iba a preguntarle por qué, pero decidió no hacerlo. Estaba bastante cansado de su presencia.

—Si pudieras traerme una taza de café y una copia de El Profeta —nuevamente, Draco agregó—. Por favor —y luego fue a su oficina.

Sacó los archivos de su maletín y los dejó en su escritorio antes de sentarse. Tenía toda la intención de prepararse para su primera reunión del día, pero no pudo evitar preguntarse por qué el Ministro impedía que alguien le enviara búhos. ¿Era la misma razón por la que la gente lo miraba? De repente, Draco se reclinó en su silla y se dio la vuelta para quedar de espaldas a la puerta.

Esa era una teoría plausible.

—¿Señor Malfoy?

Draco giró su silla hacia atrás solo para ver como Shannon dejaba una taza de café y el periódico doblado sobre su escritorio. Inmediatamente, tomó la taza y tomó un sorbo. Estaba agradable, cálido y calmante. Exactamente lo que necesitaba.

—Gracias, Shannon.

—¿Hay algo más que necesite?

Sacudió la cabeza y la puerta se cerró detrás de ella momentos después.

Una parte de él quería zambullirse de lleno en el caso en el que estaría presentando al día siguiente, pero cedió ante la abrumadora necesidad de tomárselo con calma. Draco tomó otro sorbo de café y sus ojos se posaron en El Profeta. Estaba en medio de un sorbo más grande cuando decidió disfrutar de unos minutos más de distracción. Draco desplegó el periódico para leer las principales noticias del día y rápidamente arrojó café por todas partes.

Ahora todo tenía sentido.

Las miradas descaradas de todos, Shannon preguntando por sus vacaciones y la sensación de inquietud que tuvo cuando salió de la red Flú. Todo tenía sentido.

Maldito infierno.

¿Los opuestos se atraen?

Por Parvati Patil

La mirada de Draco escaneó el titular una docena de veces; con los ojos entrecerrados por la incredulidad.

En el caso de Draco Malfoy y Hermione Granger, las fuentes dicen que sí.

—Mierda, mierda, mierda.

Ignoró el resto del artículo, pero examinó la portada. Efectivamente, ahí estaban, al final de la página, las imágenes. Cuatro fotografías, que fueron tomadas la semana pasada, durante sus vacaciones. La primera fue en un restaurante mágico, allí estaban con Pansy y Blaise. A pesar de que estaban sentados uno al lado del otro, Granger y Pansy estaban en una profunda discusión. No recordaba el tema porque estuvo hablando con Blaise. Y ni siquiera se miraban el uno al otro.

La segunda era de ellos caminando juntos por una calle parisina; ella miraba a sus pies y él hacia adelante. Ella solo levantó la vista una vez para decirle algo que lo hizo asentir.

La tercera, era de ellos, estaban de espalda. Estaban de pie frente a la Torre Eiffel. Se miraron el uno al otro por un momento porque él le había hablado, pero eso fue todo.

La última foto fue tomada durante la fiesta de Navidad. Granger estaba hablando con una bruja mayor cuyo nombre no recordaba en ese momento y él estaba escuchando en silencio.

Considerándolo, no había nada especial o condenatorio en las fotografías. Ahora que lo pensaba, eran imágenes malinterpretadas para hacerlos parecer más cercanos de lo que realmente eran. Eso estaba bien. Después de todo, tenían amigos en común. Y luego leyó las palabras al final de la página.

¿No están convencidos? Den vuelta la página.

Draco pasó la página obedientemente.

Cuando miró más de cerca las otras dos fotos, instantáneamente supo que eran falsas.

La distancia entre ellos era evidente en las fotos reales, pero las falsas eran absolutamente ridículas. La primera foto falsificada fue de la fiesta de Navidad; estaban bailando y sonriendo. Le pareció bastante tonto. No sonreía mucho en esas fiestas y no bailó con Granger. La segunda foto falsificada fue tomada en París; estaban en un profundo abrazo en la esquina de una calle.

Obviamente, nunca había abrazado a Granger.

Nunca.

Probablemente, lo hechizaría si lo intentara.

No es que quisiera hacerlo.

Draco tiró el periódico a la basura, bloqueó la red flú de su oficina, bebió el resto de su café y comenzó a planear la desaparición de todos los involucrados en las fotos falsas y el artículo. Empezando por Patil. Ahora que había vuelto, sabía que tenía que actuar con prontitud. Draco no tenía idea de cuántos artículos se habían publicado en su ausencia, pero tenía la sensación de que este no era el primero.

O el último.

Una cosa era estar falsamente atado a una bruja que nunca había visto en su vida; pero otra cosa muy diferente era estar atado a Granger. Es cierto que una conexión con ella sería excelente para él. Dejaría sin palabras a los detractores de su familia porque ella era héroe de guerra y nacida de muggles, pero por primera vez, no solo pensó en sí mismo.

Pensó en ella.

Granger era conocida por su privacidad. Tenía demasiado que ocultar y estar vinculada con él haría que la gente se acercara demasiado a la verdad. Justo cuando abrió los labios para llamar a Shannon a su oficina e interrogarla sobre los artículos, hubo un estruendo ensordecedor, un par de gritos y luego una siniestra pausa.

Draco sacó su varita, por si acaso.

Entonces alguien golpeó la puerta de su oficina.

La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera decirles que entraran, Draco se levantó de su silla con ira. Sus labios estaban listos para soltar las maldiciones pertinentes, pero se calló de golpe cuando vio a Pansy Parkinson parada allí con una mirada uniforme que enmascaraba su rabia homicida.

¿No se suponía que debía de estar camino a Madeira?

Todo rápidamente cobró sentido cuando se hizo a un lado y la altiva Parvati Patil entró en su oficina, luciendo como si fuera dueña de todo el Ministerio de Magia. Su cabello estaba recogido profesionalmente, pero tenía un ridículo pájaro falso aleteando en su cabello y usaba una túnica magenta con volantes.

Shannon entró apresurada, respiraba como si acabara de correr un maratón.

—I-intenté decirles y yo…

—Está bien —Draco levantó la mano y la despidió con desdén—. Déjanos.

Cuando Shannon cerró la puerta, Draco se reclinó en su escritorio, se cruzó de brazos y miró a Parvati. Si bien encontraba a su gemela tolerable porque ella era la líder de los Inefables, Draco detestaba a la gemela chismosa. Parvati Patil trabajaba con Rita Skeeter, pero tenía la tendencia a volverse mentir en un intento de hacerse un nombre. Skeeter estaba medio jubilada, actuaba más como una figura decorativa en el departamento de Entretenimiento de El Profeta, pero Patil era una versión más joven y detestable que usaran la obsesión de la sociedad por las pruebas fotográficas para vender periódicos.

No importaba si las fotos eran reales o falsas.

Draco no tenía su amistad o lealtad como su madre tenía la de Rita. Eso nunca sucedería.

—Parvati Patil, mucho tiempo, sin verte —no se molestó en ocultar su desprecio. El último artículo que escribió sobre él fue cuando estaba saliendo con Astoria Greengrass y publicaron algunas fotos falsas de él comprando un anillo de compromiso, fotos que fueron tan convincente que incluso su madre había pedido ver el inexistente anillo. Casi la había amenazado para obligarla a retractarse, pero el daño ya estaba hecho.

Quizás ahora le iría mejor porque había más en juego.

Draco volvió a su silla y se sentó, indicándoles a ambas que tomaran asiento. Reunió y sacó los archivos de su escritorio, porque eran confidenciales y no necesitaba más problemas. Parvati rápidamente se sentó en una de las dos sillas frente a su escritorio y lo miró fijamente.

—Y hubiera pasado más tiempo si no hubiera sido sacada de mi oficina por una loca delirante —le disparó a Pansy otra mirada asesina. Pansy simplemente se encogió de hombros, imperturbable por las ofensas, y tomó asiento en la silla restante.

—Pensé que la última vez que hablamos sería la última —Draco frunció el ceño.

—Solo un segundo. A mis fans les encantaría recibir una actualización de esta reunión —Parvati sacó su pluma rosa de citas rápidas y un trozo de pergamino—. Puedes empezar.

Pansy tenía una mirada que decía que únicamente una pequeña parte de su autocontrol le impedía romper esa pluma en un millón de pedazos.

Draco miró a Pansy.

—¿No tienes que tomar un vuelo?

—Sale en tres horas…

—Con todas las medidas de seguridad que tienen los muggles, estoy seguro de que quieres llegar temprano…

—Usaré un trasladador para ir a Madeira.

—Los odias.

—Yo me las arreglaré.

—Pansy —dijo bruscamente, lo que hizo que ella lo mirara. Tenía buenas intenciones, pero él no era Granger. No la necesitaba para vigilarlo—. Puedo encargarme desde aquí.

Ella se levantó de su silla.

—Bien, pero necesito hablar unas palabras contigo afuera —hizo un gesto hacia la puerta—. Ahora.

—Si me disculpas, Patil —Draco se puso de pie y señaló la puerta.

Pansy le lanzó a Patil una mirada persistente antes de girar sobre sus tacones de diseñador y salir.

Estaba a punto de cerrar la puerta de su oficina cuando miró hacia atrás.

—¡Oh! Y Patil —ella lo miró por encima del hombro en respuesta—. Hay un hechizo anti espionaje sobre todos los archivos de mi oficina. Si quieres mantener tu piel suave durante toda tu vida, te aconsejo que no toques nada.

No era una mentira del todo. El hechizo anti-espionaje solo hacía que sonara una alarma si alguien más que él abría los cajones de su escritorio, pero valió la pena ver su rostro cambiar de color por la preocupación. Draco rápidamente cerró la puerta y se enfrentó a la no tan complacida Pansy. Miró a su alrededor en busca de espías o dispositivos y lanzó un rápido Muffliato antes de inclinarse un poco.

—¿Exactamente por qué la arrastraste aquí?

—Tú sabes.

Draco cruzó los brazos sobre el pecho.

Ella no perdió el tiempo y comenzó a explicarse.

—Me enteré de los dos artículos esta mañana. El primer artículo se imprimió el miércoles pasado, pero no es de interés periodístico porque últimamente nos han fotografiado mucho. El segundo se imprimió hace dos días. Dos de las imágenes no son reale...

—Eso ya lo sé —intervino—. ¿Cómo se está saliendo con la suya con fotos falsificadas?

—Como sabes, eso no es ilegal. No hay consecuencias por sus acciones. Solo tiene que retractarse de su historia, pero ha hecho lo que pretendía y eso es hacer que la gente hable, especule y venda más periódicos. Ha mezclado historias reales con falsas durante tanto tiempo que todo el mundo le cree y aunque tenga que retractarse de una historia aquí y allá, eso no afecta su credibilidad.

—¿Quién falsificó las fotos?

—Un fotógrafo con el que siempre trabaja, pero él no es importante. Ella lo es, así que fui a El Profeta, presenté la evidencia de la falsificación y la arrastré aquí.

Eso explicaba casi todo lo que necesitaba saber.

—Tu madre le mostrará el artículo a Hermione durante su lección de italiano de hoy.

—Estoy seguro de que Granger entiende cómo funcionan los rumores —Draco frunció el ceño.

—Creo que entiendes lo malo que puede resultar esto si a un periodista se le ocurre ir a Venecia y comienza a hacer preguntas sobre la nueva novia de Draco Malfoy.

Draco estaba pensativo.

—Honestamente, estoy sorprendido de que nadie lo haya hecho.

—Porque no tienen una razón para mirar más allá de su carrera. Hasta donde todos saben, es por eso que se fue. Todos la conocen y rompió con Weasley antes de que ella se fuera. Nunca antes había estado atada a nadie más. Van a preguntar cómo ustedes dos se volvieron cercanos. Le preguntarán a Potter, Weasley o Dios no lo permita, a Ginny Weasley y no confío en lo que esos idiotas dirán.

Lo cual era cierto.

Las acciones de Potter habían despertado la curiosidad de Draco. Y los dos Weasley solo lo habían empeorado.

La voz de Pansy se volvió fría.

—Que me condene si dejo que eso suceda, así que o lo manejas a tu manera, o yo lo manejo a la mía —Pansy terminó con firmeza, indicando que la conversación había finalizado.

Ella se fue poco después.

Draco negó con la cabeza y volvió a entrar a la oficina.

Patil no había movido ni un músculo.

Draco se sentó en su silla.

—Hagamos esto rápido, ¿de acuerdo? Ambos somos personas muy ocupadas.

Lamió las plumas de su pluma, su rostro resplandecía de emoción.

—¿Me vas a dar una entrevista?

—No —respondió con poca emoción. Draco puso su mirada más intimidante, se inclinó hacia adelante en su silla y miró a Patil a los ojos—. Pero me vas a escuchar y me vas a escuchar con atención porque no me gusta repetirme.

—Q…

—No me interrumpas, Parvati.

Parvati lo miró fijamente.

—Vas a regresar corriendo a tu pequeña oficina y detendrás el periódico de esta mañana. Luego vas a escribir un artículo para el periódico del mediodía y otro para el vespertino en el que te retractaras de todo lo que dijiste.

—¿Y si no lo hago? —ella se burló con desprecio—. No he hecho nada ilegal.

—Es cierto, pero traeré a Granger y te demandaremos a ti y a El Profeta por injurias; ya que tus artículos de chismes solo difaman, probablemente ya sabes cómo es su carácter —Draco dijo como última ocurrencia, pero esa amenaza sonaba bien.

Ella casi saltó de su silla.

—No puedes demandarm...

—Oh, pero puedo demandarte y ganaré. Puedes citar eso, ya que te encantan las pequeñas citas para los reportajes.

El rostro de Patil se endureció.

—Tienes tres segundos para decidir exactamente cómo quieres que se desarrolle tu futuro— levantó tres dedos.

—Pero…

—¡Tres! —Draco gritó.

Ella parecía pensativa.

—Tú…

Dejó caer su dedo anular.

—¡Dos!

—Malfoy…

Draco dejó caer su dedo medio.

¡Uno!

—Está bien —Parvati cedió—. Me retractaré.

Una sonrisa irónica se extendió por su rostro y luego miró su reloj.

—Tomaste una buena decisión —Draco apuntó con su varita y la puerta se abrió mágicamente—. Ten un día maravilloso —no lo decía en serio. Parvati lo miró con odio durante unos segundos antes de salir corriendo.

La puerta se cerró detrás de ella y Draco se hundió en su silla, frotándose las sienes.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Segunda parte: Más fácil de odiar

Durante horas, Draco revisó notas, entrevistas, archivos y pruebas para la audiencia del día siguiente frente al Wizengamot. Era el último caso de la redada de la mansión Marquette y nadie estaba más emocionado que él.

A pesar de que había dividido los casos con sus colegas, procesó a diez en casi tres meses. De los diez casos que había tenido, había ganado nueve. El décimo caso fue el de un joven de dieciséis años, asustado de que solo había estado allí porque su padre, uno de los líderes, lo había presionado para que se uniera. Draco vio demasiado de sí mismo en ese chico y recomendó la libertad condicional. Alguien había hecho lo mismo por él gracias al testimonio de Potter, a pesar de que había sido una decisión tremendamente impopular en ese momento.

Llamaron a su puerta.

—Adelante —dijo distraídamente.

—¿Señor Malfoy?

La cabeza de Draco se levantó de su montículo de papeles ante el sonido de la voz de Shannon.

—¿Sí? —respondió, frotándose el hombro.

—El Señor Potter está aquí para la reunión de la una en punto.

Mierda, se había olvidado de Potter.

Aparentemente, ella había interpretado bien la expresión de su rostro.

—Puedo reprogramarla.

Draco negó.

—Está bien —comenzó a limpiar los documentos innecesarios de su escritorio.

Había visto a Potter varias veces desde que golpeó a Weasley. Después de todo, Potter fue el Auror Principal en la redada Marquette, "fue" porque ahora estaba con trabajo de escritorio. No hablaron del incidente. Nunca hablaban de nada fuera del trabajo. Y eso funcionó para ellos. Fuera del desastre de Granger, Potter era un buen profesional y Draco se negaba a permitir que los sentimientos personales interfirieran con su trabajo.

Draco no esperaba nada diferente ese día, así que cuando Potter entró en su oficina, hizo un gesto cortés hacia la silla frente a su escritorio.

—Toma asiento.

Potter se sentó en silencio, vestía una túnica normal, aunque llevaba su insignia de Auror. Potter siempre tenía una mirada desagradable cuando estaba en la oficina de Draco. Obviamente, no quería estar allí más de lo que Draco quería que él estuviera allí.

—Terminemos con esto, Malfoy. Ron me está esperando afuera.

Asintió distraídamente.

—Bien, cuanto antes comencemos, antes podremos terminar.

—Eso fue lo mejor que has dicho en tu vida, Malfoy.

Draco casi suspiró, pero se detuvo cuando recordó dónde estaba y con quién estaba. Había tenido un día largo. Aún no almorzaba y probablemente no lo haría debido a que en la mansión estaría Granger dándole la lección de italiano a su madre. No estaba de humor para ver a Potter, así que Draco lo ignoró, abrió el archivo y reviso de que tuviera todo en orden, incluso el detalle más minúsculo. Fueron necesarios algunos resoplidos y gruñidos molestos, pero Potter finalmente cayó en la rutina.

Durante la siguiente media hora, Potter respondió cada pregunta con extremo detalle. Harry era bueno en su trabajo, independientemente de lo que Draco sintiera por él. Como con todos sus casos, quería un juicio sin problemas y un veredicto de culpabilidad; Potter compartía su sentimiento. Fue la culminación de un año de arduo trabajo para el departamento de Aurores.

Cuando la reunión finalmente terminó, Potter lentamente recogió sus cosas y Draco estaba listo para verlo partir. Estaba a punto de levantarse de su silla, pero se detuvo y miró a Draco con curiosidad.

—¿Son ciertos los rumores?

Draco casi instintivamente apretó el puño, pero mantuvo su decoro.

—¿Qué rumores?

Sabía muy bien lo que estaba preguntando.

—Los rumores sobre ti y Hermione saliendo —respondió Potter, su rostro era casi ilegible mientras distraídamente se enderezaba las gafas—. ¿Son verdad?

Eso no era lo que esperaba que Potter le preguntara.

—¿Por qué te importa, Potter?

—A mí no me importa.

Draco no le creyó por un momento.

—Entonces, ¿por qué preguntas sobre el estado de nuestra relación?

—Para entablar una conversación —respondió Potter sin convicción.

Draco parpadeó al estilo Malfoy: lento y deliberado, esencialmente mintiendo sin decir una palabra. Nunca estarían cómodos como para que entablaran una conversación sin ninguna razón. Y estaba seguro de que Potter lo sabía, pero se limitó a mirar a Draco con la mandíbula apretada. Era una mirada de pura determinación que no había visto en mucho tiempo en el cara rajada.

Potter quería una respuesta.

—¿Qué tiene que ver eso contigo? —Draco reformuló su pregunta porque era casi imposible hablar con él cuando estaba así.

Él se encogió de hombros con el ceño fruncido.

—Soy curioso.

—Déjame ser perfectamente honesto —dijo Draco con dureza—. Me importa una mierda satisfacer tu curiosidad.

Si las miradas mataran, el funeral de Draco se llevaría a cabo ese día antes del atardecer.

—Sabes, cuando Ron me contó lo que pasó y que tú habías defendido a Hermione, no le creí. Parecía imposible. Hermione nunca, jamás, se asociaría con personas como tú.

Draco se encogió de hombros ante la ofensa y no mordió el anzuelo.

—No seas tan atrevido como para pensar que la conoces, Potter.

—La conozco desde que tenía once años —se burló y puso los ojos en blanco—. Creo que puedo decir con seguridad que conozco a Hermione mejor que nadie. —Draco se reclinó en su silla y negó con la cabeza. Potter no sabía una mierda sobre Granger. Si lo hubiera hecho, cerraría la maldita boca—. La conozco mucho mejor de lo que piensas, Malfoy.

—Lo dudo seriamente. Si solo supieras... —Draco se calló ominosamente.

Los ojos de Potter se entrecerraron en respuesta.

—¿Qué diablos se supone que significa eso?

—Exactamente, lo que dije, Potter, si solo supieras.

—No necesito que me digas nada sobre Hermione, ya lo sé.

Debido a que ya no podía ayudarse a sí mismo, Draco continuó.

—Bueno, infórmame del tipo de persona que es Granger, ya que consideras que lo sabes todo.

—Ella es una mentirosa.

—Oh —Draco puso los ojos en blanco con sarcasmo—. Eso es original. Gran cosa, ella dejó a Weasley…

—La razón por la que sé que es una mentirosa no tiene nada que ver con el hecho de que se fuera.

Ahora estaba intrigado.

Siempre había asumido que Potter odiaba a Granger por lo de Weasley. Él era así de leal, pero con todo lo que había aprendido últimamente sobre ellos, Draco consideró retractarse de su declaración sobre la lealtad inquebrantable que los Gryffindor tenían entre sí.

Quizás Blaise tenía razón, la casa más leal realmente era Hufflepuff.

—Entonces dime, Potter, ¿qué demonios hizo Granger que fue tan imperdonable?

La voz de Potter era fría.

—No solo nos abandonó a todos después de la guerra, cuando más la necesitábamos, sino que mató al bebé de Ron y mintió al respecto. Luego, se escondió de nosotros durante años.

Draco mantuvo su rostro completamente desprovisto de emoción, pero su cerebro estaba trabajando a plena capacidad.

Bueno, ahora entendía por qué Pansy insistía tanto en que desmintiera la historia de Patil.

Potter era una pesadilla, pero Granger...

Parecía que Granger había elaborado personalmente una mentira para cada uno; una mentira de lo suficientemente eficaz como para que la excluyeran. Weasley era emocional, así que le dijo que se había enamorado de otra persona en Australia y le dijo a Potter, que era tan noble, que había abortado al hijo de Weasley.

En realidad, la idea fue brillante, aunque torpemente ejecutada.

Con la cantidad de estrés que estaba sufriendo y el hecho de que acababan de salir de la guerra y aún eran unos malditos niños, era excusable. No necesariamente correcto, pero ¿quién era él para juzgarla?

Pero mentir así no dejaba margen de error, lo cual era bueno para alguien como Granger. Después de todo, ella siempre estaba varios pasos por delante de todos, incluso en su dolor. Como su mejor amiga, tenía un profundo conocimiento de cómo funcionaban Potter y Weasley como humanos. Su mentira no podía ser demasiado elaborada o de lo contrario no la habrían creído, ni podría ser demasiado vaga o la habrían seguido a Venecia. Mentiras mezcladas con verdad; todo en perfecto balance para que ellos formaran sus propias conclusiones y… Bueno, si Potter era famoso por algo, era por sacar conclusiones precipitadas.

Todo tenía que ser perfecto.

Eficaz.

Lógico.

Y solo funcionaba si había otro mentiroso entre ellos.

Entonces, Draco reaccionó de la única manera que sabía. Él rio. La vista era desconcertante porque Potter se movió y lo miró como si fuera la reencarnación de su tía Bella. Merlín no lo quisiera.

—¿Por qué te ríes? —Potter preguntó lentamente.

—Porque eres un maldito idiota.

Potter dio un paso atrás con incredulidad; casi como si esperara que la reacción de Draco hubiera sido diferente. Y lo habría sido hace cuatro meses, pero las cosas habían cambiado.

—¿Es tan malditamente difícil de creer?

Se negó a responder a su pregunta. Draco estaba ocupado trabajando mentalmente en el problema que tenía entre manos. No había forma en el infierno de que hubiera creído esa historia de mierda que le contó a Weasley o Potter.

Draco había aprendido mucho sobre Granger en los últimos meses, pero incluso él sabía que ella estaba lejos de ser impulsiva. Cada idea y decisión, buena o mala, Draco sospechaba que ella lo pensaba mucho. Y la situación en la que se encontraba era casi imposible. Las opciones eran, una verdadera situación de perdida donde no había ganadores. O decía la verdad y los tres lo perdían todo... O mentían con la esperanza de que la verdad no saliera a la luz. Y mientras Granger todavía perdía, al menos aquellos que más le importaban se salvarían.

Qué jodidamente noble.

El problema con los secretos y las mentiras es que nunca se quedaban así para siempre.

—Como dije antes, no sabes nada sobre Granger.

Potter lucía positivamente lívido.

—Y crees que...

Draco no le dejó terminar su declaración.

—Potter, ¿honestamente piensas en Granger como el tipo de persona que se va sin ningún motivo?

—Solía creer que ella nunca se iría, pero luego...

Lanzó otro bufido.

—Eso me confirma que la conozco mejor que tú. Mira, mientras que el resto de nosotros tuvimos que cambiar y madurar después de la guerra, tú no...

—¡Yo también maduré!

—No —sacudió la cabeza—. Puede que hayas crecido en años, Potter, pero no has crecido en mentalidad. Después de seis años, todavía ves todo en blanco y negro, correcto e incorrecto, izquierda o derecha, bien y mal. No hay término medio contigo. Con todo lo que has pasado, supuse que tu visión del mundo habría cambiado, pero, por desgracia, no lo ha hecho. No lees entre líneas. No haces las preguntas correctas, no observas, no ves. Simplemente, crees estas descabelladas suposiciones y saca tus propias conclusiones. Nada ha cambiado.

—¡Todo ha cambiado!

—No —la voz de Draco era un poco más contundente—, no lo ha hecho. Aún albergas resentimiento hacia mí por mi pasado, incluso cuando es obvio que ya no soy la misma persona. Pero esto no se trata de mí, la verdad del asunto es que dices que odias a Granger porque piensas que ella los abandonó a todos y abortó al bebé de la Comadreja…

—¡ que lo hizo! ¡Estuve allí, en Australia, Malfoy!

Cada gramo de su fuerza de voluntad fue necesaria para ocultar su sorpresa, pero Draco lo dejó terminar.

—La vi salir de la clínica con Pansy Parkinson a su lado. Esperé hasta que Pansy entró en una farmacia antes de acercarme a ella. Estaba sentada en un banco, mirando un montón de papeles, y se sorprendió al verme allí.

Draco casi podía imaginarlo.

—Hermione me preguntó qué estaba haciendo en Australia y yo le pregunté que qué estaba haciendo en la clínica. Me dijo que no era asunto mío. Le dije que estaba cometiendo un error. Sabía lo que estaba haciendo. Yo crecí rodeado de muggles, Malfoy. Lo sabía. Le dije que le iba a contar todo a Ron y que él la odiaría por lo que estaba planeando hacer. Y se levantó, me gritó y salió corriendo. Cuando regresé a Gran Bretaña, le pregunté por el bebé y me miró como si hubiera perdido la cabeza y me preguntó: ¿Qué bebé?

Los ojos de Potter se oscurecieron con amargura.

—Nunca he estado más disgustado con alguien. Creí que conocía a Hermione. Pensé que ella nunca se rebajaría tanto como para asesinar a un inocente bebé. Supuse que sabía que estaríamos a su lado. Ron… —él respiró hondo y continuó torpemente—. Él la amaba. Él se hubiera casado con ella. Además, él se hubiera ocupado de ella. ¡Todos lo hubiéramos hecho! Pero ella se fue y lo hizo por su cuenta. Y luego nunca le dijo a Ron, simplemente corrió y nos dejó. Corrió porque sabía que yo iba a decir la verdad. Nos dejó a todos antes de que pudiera desenmascararla.

Querido Merlín, Harry Potter era realmente un idiota.

Ahora, Draco podría haber sido un idiota insensible a la edad de dieciocho, está bien, lo fue, pero en ese momento de su vida, era un poco más comprensivo con las decisiones difíciles. Se había visto obligado a tomar tantas decisiones que estaban muy por encima de su nivel de madurez. Draco sabía que era mejor no amenazar a alguien en un momento tan difícil; sabía que era mejor no intentar intimidar a alguien para que tomara una decisión que afectaría el resto de su vida.

Mucha gente lo había intimidado para que tomara decisiones difíciles y no era justo.

Probablemente, había sopesado sus opciones y se sintió atrapada como una rata en un laberinto.

—No es de extrañar que se fuera de Gran Bretaña —dijo con un movimiento de cabeza—. No tienes idea de qué tipo de mierda estaba pasando en ese momento.

La voz de Potter se elevó.

—¡Todos estábamos pasando por un montón de mierda en ese momento, Malfoy! Yo…

—¿Alguna vez te detuviste y le preguntaste qué estaba pasando? —preguntó con dureza. Fue una pregunta estúpida; sabía la respuesta, pero se estaba enojando—. ¿O qué había sucedido? ¿O dónde estaban sus padres? ¿O por qué Pansy, de todas las personas, estaba con ella?

Harry estaba tartamudeando, pero Draco se negó a permitirle una sola palabra.

—No, no pensaste en preguntarle nada por qué creíste lo que querías creer; llegaste a una maldita conclusión y lanzaste un montón de amenazas que ella no necesitaba —sacudió la cabeza y agregó secamente—. Eras su mejor amigo; la persona en la que más confiaba. No solo atacaste sus decisiones, sino que atacaste su personalidad —soltó una risa triste—. Si tuviera amigos como tú, Potter, no necesitaría enemigos.

Potter parecía listo para escupir rabia líquida y caliente por todas partes.

—¿Y quién está siendo el idiota crítico ahora, Malfoy? ¡No tienes ni idea de lo que estaba pasando entre nosotros! Todo fue un desastre después de que terminó la guerra, lo sabes. Estaba tratando de recuperarme. Estaba tratando de para recuperar mi vida...

Draco casi había tenido suficiente con él y sus tonterías.

Se levantó abruptamente de su silla, la cabeza le latía de ira.

—Es propio de ti ser tan egoísta y desconsiderado, Potter —gritó y trató de no arrancar el cuello de Potter. Granger lo mataría—. ¿Crees que eres el único que tuvo que recuperarse después de la guerra? ¿Piensas que eres la única persona que quería recuperar su vida?

La pluma en su mano se partió por la mitad cuando Draco tembló de rabia.

—Puede que lo haya tenido en mi cabeza, Potter, pero él estaba en mi casa, matando y torturando a las personas gente como si nada. No había ni una maldita cosa que pudiera hacer. No podía bloquearlo de la manera en que tú pudiste —respiró hondo para calmarse mientras Potter lo miraba con los ojos muy abiertos—. ¿Crees que eres el único que sufrió? ¿Crees que eres la única persona que sangró? Había otros allí también, Potter. Weasley estaba allí, demonios, ¡él perdió a su hermano!

Draco estaba enfurecido, más de lo que quería estar. Se sentía como si estuviera perdiendo el control. Se tomó un momento para recomponerse.

—Granger también estuvo allí y no sabes nada sobre su vida o las cosas que ella… —se detuvo antes de soltar todo.

Potter parecía como si le hubieran golpeado en el estómago con una serie de emociones encontradas.

—¿Qué es lo que no sé, Malfoy?

—No solo no me corresponde decirte, sino que tampoco mereces saber la verdad. No has hecho nada más que tratarla como una mierda cuando Granger pasó años salvando tu trasero y la primera vez que hace algo que no te gusta, la sigues hasta Australia y la tratas peor de lo que tratas a tus enemigos.

—Pero ella…

Draco lo fulminó con la mirada.

—Incluso yo sé que todo lo que hace es por alguna razón noble y desinteresada. Es repugnante la forma en que te protegió, la forma en que todavía te protege a pesar de que esto casi la mata.

Potter obviamente estaba confundido.

—¿De qué demonios estás hablando, Malfoy?

Quería gritarle la verdad, pero no podía. Granger nunca se lo perdonaría. Como era obvio para Draco que no llegaría más lejos con Potter, decidió cambiar de tema.

—¿Por qué la abandonaste la noche de la redada en la mansión Marquette?

Con una mirada casi desafiante en su rostro, vio cómo el rostro de Potter se torcía a la mirada enojada con la que estaba muy familiarizado, pero que no había visto en tanto tiempo porque estaba tratando de ser cortés. Que se joda. Ver a Potter echando humo era mucho más gratificante que verlo de otro humor.

Potter no había cambiado mucho; todavía tenía esos anteojos estúpidos y esa cicatriz, y no había aprendido a controlar sus emociones ni a mantenerlas bajo control. Tenía mal genio, incluso sin Voldemort. Siempre sabía exactamente cuál de los botones de Potter debía presionar; aparentemente, había encontrado uno llamado Hermione Granger.

—Eso no es asunto tuyo, Malfoy —escupió—. No hagas preguntas de las que no sepa nada.

—Lamentablemente, sé mucho sobre esa situación, Potter —respondió, con voz tranquila, pero con mucha curiosidad por saber por qué se puso tan rígido—. Me enteré de lo que sucedió esa noche. La dejaste sola e indefensa. Si hubiera muerto, su muerte habría estado en tus manos.

Harry Potter no parecía convencido.

—Ella no iba a…

—Granger se las arregló para esquivar algunos rayos de magia bruta después de que te fuiste, pero luego uno la golpeó. Dijo que la lanzo en el aire y que siguieron golpeándola, una y otra vez. Granger dijo que fue uno de los peores dolores que había sentido. Y luego, fue arrojada al otro lado de la habitación.

El color en el rostro de Potter estaba desapareciendo rápidamente.

Y mientras hablaba, Draco se encontró enojado de nuevo.

—Dijo que no sabía qué tan lejos había caído, pero que su varita fue destruida, así que no pudo huir. No, tuvo que esperar y sangrar hasta que la encontraran. Blaise dijo que sus compañeros vomitaron al verla. Debería haber muerto.

Potter parecía enfermo y disgustado, y Draco estaba lejos de sentir empatía.

Tampoco se sentía como una victoria.

—Ella estaba sangrando de la cabeza, su pierna estaba torcida en la dirección equivocada y los huesos rotos de su brazo le habían perforado la piel. Blaise la levantó y se apareció en San Mungo. Dijo que pensó que ella había sufrido una despartición cuando llegaron allí, pero solo era el sonido de dos de sus costillas rotas frotándose.

Los ojos de Potter se agrandaron.

—¡Malfoy! Yo… ¡Para!

Por supuesto, estaba en racha y se negó a escuchar.

—Vi a Granger al día siguiente. Vi los moretones, los cortes y el ojo morado. Los huesos que no pudieron curar.

San Potter parecía listo para vomitar.

—No…

Draco no podía detenerse. No lo haría.

—Tuvieron que sanarla por partes. E incluso entonces, ella no estaba completamente curada. No solo tuvo que tomar pociones para fortalecer sus huesos, sino que también tuvo que usar un yeso muggle durante un mes y todavía está viendo a un fisioterapeuta para recuperar la fuerza en su brazo y corregir la cojera con la que camina después del accidente. Y permítanme decirte que utilizo esa palabra con mucho recelo porque ambos sabemos que no fue un accidente.

—¡Detente!

—¿Detenerme? ¿Detener qué? —se burló—. Si quieres que deje de hablar, no es probable que suceda. Me importa una mierda tus sentimientos, Potter. No voy a sentarme aquí y besarte el trasero como todos los demás. No voy a decirte que todo fue culpa de ella cuando en realidad fue culpa tuya.

Obviamente, no quería escuchar más y se levantó de su asiento, con el rostro rojo y molesto.

—¡Cállate! —Potter gritó a todo pulmón y Draco agradeció a cada deidad que su oficina estuviera encantada o hubieran protagonizado la edición de la tarde de El Profeta—. ¡Cierra la maldita boca! ¡No tengo que sentarme aquí y escuchar esto, Malfoy! ¡Y no lo haré!

—¡Entonces, lárgate! —gritó en respuesta, señalando la puerta—. ¡Tú empezaste esto! ¡Yo no! —Draco golpeó su escritorio con el puño—. ¿Qué te pasa? ¿No te gusta escuchar sobre tu obra o las consecuencias de tu temperamento?

Draco pensó que había enviado a Potter al límite. O estaba a punto de ser hechizado, de nuevo, o estaba a punto de salir corriendo de la oficina de Draco y cerrar la puerta con tanta fuerza que la iba a romper. Pero Potter hizo algo que no esperaba. La rabia, que había estado allí desde el principio, se desinfló como un globo. Los ojos de Potter se volvieron distantes cuando su postura se desplomó.

—Yo no lo hice —su voz se redujo a casi un susurro—. No quise que ella se lastimara. Yo…

Oh, ¿se sintió mal por eso?

Bueno.

—Pero las acciones tienen consecuencias y ella las sufrió —dijo Draco con vehemencia, pero no estaba gritando. Solo hablando apenas fuerte—. Y lo que más me repugna es que se culpó a sí misma por tu huida. Todo lo que haces es empeorar las cosas y ella aún te protege —Potter lo miró y Draco vio algo que parecía arrepentimiento, pero no había terminado de hablar—. Dejaste que tus problemas personales con Granger se interpusieran en tu trabajo, tus deberes y tu juramento. Puedes ser un héroe, pero eres una decepción para el Departamento de Aurores. Te mereces cada minuto de trabajo de escritorio. Espero que ella nunca te perdone.

Todo quedó en silencio cuando Potter se tambaleó por las palabras de Draco y medio colapsó en su silla.

—Pero me pregunto, Potter —dijo Draco con calma después de regresar a su asiento. Observó a Harry con atención—. ¿Qué dijo que tuviste que reaccionar de la forma en que lo hiciste?

No quería responder, cerró los ojos momentáneamente. Se mostró reacio, pero Potter respondió.

—Ella no hizo nada, fue una completa profesional —miró hacia su propio regazo, malhumorado—. ¿Estaba realmente tan herida?

—Pasó casi un mes en el hospital y otras tres semanas en casa.

¿Nadie se lo dijo?

—Merlín, no tenía idea —habló Potter como si hubiera escuchado la pregunta mental de Draco. Dejó caer la cabeza entre las manos—. No tenía idea de que estaba tan malherida. No me dijeron ningún detalle sobre lo que había sucedido; solo que necesitaba asegurar su perdón antes de que se me permitiera volver al campo —Potter suspiró y sonó doloroso para los oídos de Draco—. No me extraña que no lo hiciera. Casi la mato. Casi mato a uno de mis mejores amigos.

—¿Mejor amiga? —Draco palideció—. La odias y todo el mundo lo sabe. Incluso ella lo sabe.

—No, no la odio —Potter suspiró miserablemente. Se quitó las gafas y se frotó los ojos—. Lo intento y lo intento, pero no puedo. Incluso después de todo lo que ella nos hizo, incluso después de que nos dejó, e incluso después de que no devolvió mi carta, simplemente no puedo odiarla. Simplemente no puedo.

Draco se quedó mirando los rasgos abatidos de su némesis de la infancia durante mucho tiempo. Había muchas preguntas en su mente, pero las dejó todas en espera. El disgusto y el odio apenas ocultos estropearon los rasgos de Potter y Draco pensó en lo que había sucedido durante su discusión. Potter en realidad estaba disgustado consigo mismo por lo de Granger, tanto que ni siquiera había querido saberlo. Eso fue extraño. Especialmente para alguien que la trataba como una mierda.

Quizás, solo quizás las cosas fueran más profundas de lo que creía.

—Tengo la sensación de que tu enojo hacia Granger no es exclusivamente porque crees que ella los abandonó y abortó al hijo de Weasley.

La cabeza de Potter se alzó bruscamente, su rostro era una máscara de pánico y rabia reprimida. Y luego un recuerdo lo golpeó.

«Es como la fábula que le conté a tu madre el primer día en el restaurante; la fábula del zorro y las uvas.»

Todo lo demás aún era confuso, pero la niebla se estaba despejando cuando todo lo que Granger había estado insinuando lo golpeó con toda su fuerza.

El zorro y las uvas.

«Es más fácil despreciar lo que no puedes tener.»

Y Draco se dio cuenta de quién era el otro mentiroso.

—No creo que se trate de eso, en absoluto.

—¿De qué demonios estás hablando, Malfoy?

—No estás enojado porque ella abandonó a los demás; estás enojado porque ella te abandonó a ti.

Por supuesto, Potter lo negó.

—¡Eso es ridículo!

Pero Draco negó con complicidad.

—Todo tiene sentido ahora. Pensé que se había terminado, pero ahora me doy cuenta de que no. Que nunca terminó, al menos no para ti.

—Malfoy, estás loco…

—Nunca le dijiste a Weasley sobre tu viaje a Australia. Era obvio que él no lo sabía ese día que le di el puñetazo. De lo contrario, habría dicho algo más aparte de llamarla…

—M…

—Además, nadie sabía dónde estabas y nunca dijiste una palabra sobre tu repentina desaparición una vez que regresaste. ¿Por qué, Potter? —Draco frunció el ceño pensativo—. Nunca le dijiste a Weasley nada sobre el embarazo de Granger y nunca le dijiste que la historia de mierda que ella le contó no era verdad.

—Le dolería saber lo que ella hizo.

Draco asintió, pero su mente aún se estaba aclarando.

—Lo haría, pero Weasley la amaba. Él se habría enojado, pero eventualmente, la habría perdonado por mentirle —Draco miró a Potter a los ojos e hizo una hipótesis—. Quizás no le dijiste por qué Granger no es la única mentirosa.

Potter parecía tan confundido que casi estaba enojado.

—¿De qué diablos estás hablando, Malfoy?

—Debería haber descubierto esto hace mucho tiempo —Draco se reprendió a sí mismo con un rápido movimiento de cabeza—. Me avergüenzo de ignorar las pistas que me dieron, pero me avergüenzo de ti por ser tan buen mentiroso.

—Yo… —él cerró la boca de golpe.

Draco lo miró con curiosidad.

—¿Tu pequeña novia sabe que todavía estás enamorado de Hermione Granger?

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Notas: ¡Hola! ¿Cómo están? Mil disculpas por la graaaaaaaaaaaaan tardanza, es solo que la chica que solía ayudarme con la corrección de los capítulos anda desaparecida desde hace muchos meses. La esperé todo lo que pude, pero ya no podía seguir con la historia totalmente detenida. Por lo que decidí autobetearme, lo sé, es una decisión arriesgada. Aunque he estado estudiando gramática y ortografía durante este tiempo y creo que he mejorado. Probablemente, aún tengo errores, así que, si los ven, no duden en decirme para que pueda corregirlos.

Espero que esta doble actualización compense, aunque sea en parte, mi larga ausencia. Y nos estamos leyendo en las próximas actualizaciones. Gracias por seguir leyendo. Besitos.

Link historia original: www . fanfiction s/4172243/1/Broken

Naoko Ichigo