Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22.

xxx

Capítulo dieciséis: El fin de una creencia

Primera parte: Skeeter

Cuando Hermione se acercó a su mesa en el pintoresco café muggle durante su pausa para comer a las once en punto, inmediatamente vio a Rita Skeeter sentada en la mesa con Narcissa Malfoy, bebiendo té y llevándose un bollo a sus labios rojos brillantes.

Su primer pensamiento fue muy deprimente.

«—Este no es mi día.»

De hecho, quería llorar por la injusticia.

Era como si el cosmos se estuviera divirtiendo a costa suya.

Después de regresar de sus vacaciones en París la noche anterior, se metió a la cama para dormir, bueno, en realidad solo para dar vueltas y vueltas durante la mayor parte de la noche. Finalmente, a las cuatro, abandonó por completo la idea de descansar en la cama y se paseó sobre su pequeña alfombra azul hasta que se quedó dormida en el sofá una hora después. Soñó con su pequeño hijo y fue el mejor sueño que había tenido en mucho tiempo.

Hermione se sobresaltó de su siesta cuando escucho una voz pequeña y tímida.

¿Mami? — susurró.

No había planeado cerrar los ojos, pero no había dormido en más de dos días. Matthew se había sometido a una desagradable ronda de radioterapia y ella se había pasado toda la noche vigilándolo mientras daba vueltas en la cama. Luego, había ido a trabajar durante todo el día, mientras que la niñera pasaba el día con él mientras Matthew dormía o vomitaba incontrolablemente. En lugar de volver a casa y descansar, Hermione se encontró con un frustrado niño de casi cuatro años que quería jugar, pero estaba demasiado fatigado para moverse. La niñera se marchaba esa noche para salir de la ciudad para una boda, así que no había posibilidad de dormir, al menos hasta que él estuviera mejor.

No supo cuando cabeceó, pero se levantó del sofá en el instante en que escuchó la voz de Matthew.

Sí, cariño —susurró Hermione, sin molestarse en ocultar su extremo agotamiento—. ¿Te sientes bien?

El pequeño Matthew asintió y sonrió.

Todo bien —sus ojos brillaron y preguntó en tono esperanzado—. Tiempo de histodia... ¿Favor?

Siempre un niño educado, Hermione sonrió con satisfacción; ella le había enseñado bien.

A pesar de que quería meterse en la cama y dormir hasta el mediodía, sabía que no podía. Eran las siete y media, la hora de dormir de Matthew. Le encantaba acostarse temprano los viernes. Había una rutina, se cepillaba los dientes, se lavaba el rostro, se ponía su pijama favorito e iba donde ella. Siempre estaba tan ansioso por escuchar un cuento antes de dormir. Hermione siempre le leía historias, pero los viernes, las contaba con abundantes efectos de sonido. A veces inventaba los cuentos, a veces eran historias sobre partidos de Quidditch llenos de acción en Hogwarts, pero a veces dejaba que él le contara las historias que quería escuchar.

Uh-huh —le dedicó una sonrisa irónica—. Vamos a mi cama.

Matthew soltó un chillido y entró en su habitación, Hermione estaba pisándole los talones. Se acomodaron bajo las mantas después de una ronda de cosquillas y él se acurrucó contra ella como si todo estuviera bien en su pequeño mundo.

Eran los momentos como estos en los que su amor por su hijo crecía a pasos agigantados; no podía querer más de su vida de lo que ya tenía. Si pudiera, tomaría su dolor, sangraría por él y sacrificaría su vida para asegurarse de que él viviera una vida feliz y plena. Fueron momentos como estos por los que le agradecía a Dios el estar viva. Eran momentos como estos los que recordaría por el resto de su vida.

¿Qué historia quieres escuchar esta noche, amor?

Quero… Escucharé sobre mi papá —audazmente, dijo.

Hermione casi se atragantó. Nunca había pedido historias sobre Harry. Y ella no encontró ninguna razón para no contarle a Matthew sobre su padre. La leyenda de Harry Potter aún no había llegado a Italia, lo que les permitía vivir en el anonimato. Eso fue un gran alivio. Un día descubriría que era el hijo de una leyenda, un día descubriría que era el hijo del chico que derrotó al señor oscuro de su tiempo, un día ella lo sentaría y le diría todo, pero ese día no sería hoy.

Hasta entonces, ella lo entretendría con historias de un padre que ni siquiera tenía idea de que el niño existía.

Bueno, es bueno que quieras escuchar sobre tu papá —dijo con su mejor voz de narradora—. Resulta que tengo la historia perfecta para ti, pero primero, ¿te gustaría saber un secreto?

Matthew asintió con entusiasmo.

Tu papá solía jugar Quidditch.

¿Lo hizo? —Matthew susurró, con una mirada de asombro, que solo un niño podría tener.

Hermione asintió, sonriendo.

Sí, lo hizo, y era un gran jugador. Voy a contarte cómo atrapó su primera snitch dorada...

Una hora después, frotó la espalda de su hijo mientras él respiraba profundamente al dormir. Después de chillar incontrolablemente, reír, sonreír, aplaudir, jadear y hacer cualquier otro sonido que haría un niño emocionado y entretenido, Hermione no tenía idea de cómo se las arregló para quedarse dormido tan rápido. Pasó los dedos por su suave y desordenado cabello castaño. Matthew se acurrucó más cerca y susurró una sola palabra que hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Papi.

Si Pansy no hubiera ido por red flú para ver cómo estaba, Hermione estaba segura de que todavía estaría durmiendo en su sofá, perdida en sus sueños.

Durante su última sesión, días antes de Navidad, le confesó a regañadientes a su terapeuta que últimamente había dormido mucho. No por la depresión, sino simplemente porque siempre tenía sueños vívidos con Matthew. Katherine había dicho que, si bien ese comportamiento no era exactamente saludable, era habitual que las madres en duelo se aferraran a sueños con sus hijos fallecidos y luego le preguntó cómo soñar con Matthew la ayudaba a recuperarse.

Ella no sabía exactamente cómo responder a esa pregunta...

Además de las docenas de películas caseras que no había sido capaz de ver y sus pensamientos, los sueños eran el único lugar en el que Hermione podía ver a Matthew. Si pudiera, dormiría para siempre, solo para ver su rostro, escuchar su risa y tocar su cabello. No importaba que estuviera durmiendo, esos sueños eran recuerdos, así que nada importaba. Los sueños le traían algunos de sus recuerdos y días que ya no podía rememorar. Aunque eso no erradicaba el constante dolor en su pecho por extrañarlo, temporalmente la llenaba de paz.

Mientras él estuviera en su corazón y en sus sueños, no se iría de verdad. Lo mismo ocurría con sus padres; aunque los sueños con sus padres no eran tan frecuentes ni tan vívidos como los sueños de su hijo. En sus sueños, Matthew era tan real y tan vibrante que casi se olvidaba de que él ya no estaba aquí.

Era un recordatorio de que podía vivir sin él.

Pansy, recordó, la sacó de esos pensamientos, tomó el diario El Profeta de la mesa, tan pronto la lechuza entregó el correo matutino y se fue en un estallido de llamas verdes.

Fue extraño, pero Pansy no era conocida por ser normal.

Hermione se había olvidado de la extraña mañana y se había preparado para el día.

Iba a ser largo, estaba segura. Llegaría tarde si no se apresuraba.

Durante su intento de preparar un rápido desayuno, estuvo a punto de cortarse el dedo mientras trozaba unas fresas. Lanzó una serie de coloridas palabras que la hicieron buscar a Matthew; su boca rápida soltó una disculpa y un "mami no quiso decir esas malas palabras", pero luego se dio cuenta de que él no estaba allí.

Y cualquier sentimiento decente con el que se despertó esa mañana desapareció al instante.

De repente, de mal humor, Hermione abandonó todos los planes de un desayuno saludable y entró a su oficina por la red flú.

Su dedo continuó latiendo de dolor durante más de una hora, pero su corazón latía mucho peor y mucho más fuerte.

Para gran sorpresa de sus compañeros de trabajo, por primera vez desde que se unió a la compañía, Hermione Granger se perdió la distribución de las asignaciones durante la reunión semanal simplemente porque llegó diez minutos tarde. Terminó siendo asignada para pasar los próximos tres días en el Ministerio, realizando rupturas de maldiciones básicas y poco exigentes.

Era su primer día de regreso y aunque entendía que era mejor no sobre esforzarse, realmente no quería pasar el día en el Ministerio. Obviamente, Gregory tenía sus dudas sobre la asignación. Después de todo, había tenido una mala experiencia con el Ministerio. Sin embargo, Hermione, ante todo, era una profesional. Además, se negaba a pasar un día más dentro de su oficina.

Sin demora, Hermione entró por flú al Ministerio e inmediatamente, todos los ojos se posaron en ella. Había asumido que sus miradas provenían del hecho de que ella era Hermione Granger, pero cuanto más pasaba en el Atrio, más se daba cuenta de que estaba equivocada.

Fue confuso y casi hiriente la forma en que la miraban y fruncían el ceño con desaprobación, pero ella ocultó bien sus emociones y mantuvo una expresión en blanco. Ahora eso era algo nuevo. Las miradas de reverencia, envidia y adoración eran familiares para Hermione; más no las de decepción, repugnancia y desconfianza. Segura de que no le había hecho nada a esas brujas, las ignoró, mantuvo la cabeza tan alta como pudo y subió al ascensor.

Ella no necesitaba nada de eso hoy, realmente no.

Rápidamente, Hermione se encontró en una habitación en las profundidades del Departamento de Misterios, confundida y dolorida. Si bien los hechizos fueron fáciles, le tomó casi una hora retomar el ritmo. Le llevó casi el mismo tiempo romper una sola maldición, pero se armó de valor, reprimió los sentimientos de angustia que burbujeaban en su estómago y concentró toda su magia y atención en el asunto en cuestión.

O, al menos, lo intentó.

«—¡Entonces vete! —apuntó la puerta con su dedo—. ¡Fuera! ¡Vete! ¡Mi vida era mucho mejor sin ti! —él enfureció y la miró fijamente por un momento antes de escupir palabras llenas de tanto veneno que hizo que su interior se congelara—. Nos tomaste a todos por tontos, y te odio

Eran poco más de las nueve de la mañana cuando el primer hechizo pasó zumbando por su cabeza. Con un pequeño chillido de miedo y sorpresa, Hermione inmediatamente cayó de rodillas; su cuerpo temblaba incontrolablemente ante los recuerdos que inundaban su mente.

¿Qué diablos le pasaba?

Ella no era una novata asustada.

¿Desde cuándo tenía miedo de algo que amaba hacer?

La adrenalina le negó el derecho a sentir el dolor, pero sabía que estaba herida.

Dado que su pasión casi la había matado.

Hermione se sentó en el suelo y se relajó, pero no por mucho tiempo. Tenía mucho que hacer y poco tiempo. Había recibido una lechuza de Narcissa, recordándole la lección de italiano a las once. Hermione no se había olvidado de su arreglo, pero estaba un poco nerviosa por esta lección. Sería la primera después de todo el fiasco con Lucius y no sabía qué esperar.

Normalmente, anticipaba y disfrutaba sus lecciones semanales con Narcissa. La mujer era extremadamente motivada y aprendía muy rápido, sin mencionar el hecho de que siempre se tomaba el tiempo para preguntarle a Hermione cómo le iba en la vida. Probablemente, era la única persona que le preguntaba eso de manera regular, bueno, además de su terapeuta.

Pero le estaba pagando para que hiciera esas preguntas.

Narcissa simplemente le preguntaba por qué le importaba.

Le tomó mucho, pero cuando le preguntó durante su última lección, Hermione decidió ser honesta con la mujer mayor.

Estoy bien, espera. Lo siento, eso es mentira. De hecho, estoy muy mal.

Ella no dio más detalles y Narcissa no presionó. Pero la mujer asintió con comprensión.

Y comprensión era todo lo que Hermione necesitaba en ese momento.

Hermione concentró todo en la tarea que tenía entre manos y luego levantó su varita.

Le dolía pensar. Le dolía respirar.

El segundo hechizo rebotó en un espejo al otro lado de la habitación y Hermione volvió a caer de rodillas. A diferencia de la última vez, tuvo suficiente ingenio para lanzar un hechizo de protección rápido que la salvó de ser golpeada. Esta vez, Hermione se quedó en el suelo durante mucho tiempo. Sus ojos estaban cerrados mientras inhalaba y exhalaba.

Eran las diez y media cuando decidió que hoy pondría fin a muchas cosas, sería el último día en que dejaría que el incidente de la mansión Marquette entrara en su mente, el último día en que trabajaba sin un Auror presente, exigiría que alguien se quedara cerca de ella, no se limitaría a asentir cuando le dijeran que no tenían suficiente personal ese día y el último día en que permitiría que el miedo entrara en su corazón cuando se trataba de su amado trabajo. Su trabajo la había ayudado a atravesar los momentos más difíciles de su vida y estaría condenada si le tenía miedo debido a un incidente.

Con un gruñido decidido, Hermione se puso de pie y miró la pequeña caja en cuestión, con los ojos entrecerrados en concentración mientras rodeaba el objeto en busca de su punto débil.

Hermione Granger se mantuvo firme en su siguiente pensamiento. La caja.

Para otra persona, solo era una caja maldita. Para ella, era una representación de su vida.

La caja era otra cosa que superar, otro problema que tenía que superar, otra colina que caminar, otra montaña que conquistar. Y Hermione estaba exhausta. Llegó hasta el punto en que no sabía qué era peor, hundirse en la depresión o intentar curarse. Merlín, estaba tan cansada de luchar contra todos los demonios que corrían desenfrenadamente en su vida, cansada de escalar colinas de opresión y depresión, cansada de... Bueno, estaba cansada de todo. A veces solo quería dejarse consumir, marchitarse y sangrar, pero Hermione sabía eso sería igual al fracaso... Y el fracaso no era una opción.

Ella no podía renunciar, no, no renunciaría.

Conquistaría esta maldita caja y todo lo demás en su vida; conquistaría el mundo si eso significaba su propia paz. Estaba decidida a respirar por primera vez, decidida a encontrar la armonía y decidida a dejar de correr y esconderse de todos. Hermione estaba decidida a mantener cada recuerdo de su hijo y sus padres en un lugar especial en su corazón, decidida a vivir porque la vida que había estado viviendo no era adecuada. Haría todas esas cosas y al final saldría ganando.

Hermione apuntó su varita, murmuró el hechizo correcto y la maldición se rompió instantáneamente con un pequeño crujido y un pequeño destello de luz.

Fue anticlimático, pero por primera vez, en mucho tiempo, se permitió sonreír.

Los minutos que siguieron a esa revelación transcurrieron en un trabajo sin incidentes.

Cuando su reloj sonó para decirle que tenía que encontrarse con Narcissa en diez minutos, había roto las maldiciones de la mitad de los artículos de la habitación; mucho más de los que le habían pedido. Hermione se sintió muy realizada cuando envió todos los elementos a la habitación correcta y notó que su área de trabajo estaba mucho más limpia. Luego decidió que realmente se merecía un almuerzo extra largo y se fue a encontrarse con Narcissa para la lección de italiano.

Y así fue como se encontró en su situación actual; sentada tranquilamente al otro lado de la mesa con las mujeres que representaban dos extremos en su vida.

Después de un saludo tranquilo, Hermione pidió a la agradable mesera una taza de té rojo y un pastel. A continuación, se encontró mirando a las mujeres que charlaban tranquilamente al otro lado de la mesa.

Con un suspiro, Hermione se concentró en la golosina y el té recién entregados.

Ella no podría ganar, ¿verdad? No podía tener un buen día sin que algo, o alguien, interfiriera. La interferencia de hoy fue solo el pináculo de un mal día. Ella no necesitaba esto.

Con un bufido, Hermione pensó que tendría que escribir ese pensamiento en su diario, siempre que tuviera tiempo. No usaba el diario tanto como la señora Shepard quería, pero aún no lo había arrojado al fuego. Ella vio eso como una especie de mejora.

—Señorita Granger —comenzó Rita Skeeter con ese tono familiar y burlón que hizo que los puños de Hermione se apretaran por reflejo—. Se ve bastante... Delgada. Mis lectores querrán saber todo sobre su plan de dieta.

Hermione estaba malditamente segura de que parecía como si la hubieran golpeado con una tonelada de piedras.

«—Sí, la dieta se llama "mi hijo murió", deberías probarla. Funciona de maravilla.»

—Ni siquiera empieces con eso, Rita —la voz de Narcissa era firme y concisa, sus ojos se entrecerraron ferozmente mientras continuaba—. Ahora no es el momento para tus juegos de palabras y me niego a permitir que la intimides en mi presencia. Sobre todo, porque ella no te ha dicho nada. Tú no sabes nada de su vida y no te dejaré ridiculizarla.

No hace falta decir que tanto Rita como Hermione quedaron atónitas.

La tensión en la mesa se elevó gradualmente. Se sentía como si una boa constrictora se enrollara lentamente alrededor de ellas, apretando los músculos alrededor de sus cuellos y cortando su suministro de aire.

Un suspiro superficial se le escapó a Hermione en el momento en que Rita murmuró.

—Bien, pero que se sepa que no me agradas.

—El sentimiento es absolutamente mutuo.

—Y que se sepa que la única razón por la que estoy aquí es por una amiga, que también es muy leal contigo. Si tuviera la opción, haría que la situación actual empeorara un millón de veces, créeme. Me encantaría hacer tu vida miserable. Sería la venganza perfecta por todo lo que me hiciste.

Oh, ella creía que Rita Skeeter usaría su ilimitado poder mediático para hacer que la mejor situación pareciera terrible y para vengarse por atraparla en ese frasco. Pero en cuanto a la situación actual de la que estaba hablando, Hermione no tenía la menor idea.

—Tienes suerte de tener a Narcissa como aliada... Y amiga.

—Lo sé —ya no estaba mirando a Rita, sino a Narcissa, quien mostró una pequeña, pero cariñosa sonrisa cariñosa. Hermione sabía muy bien que Narcissa sabía sobre su hijo; nunca lo discutieron en detalle, pero la mujer sabía cuánto dolor sentía y hacía todo lo posible para facilitarle la vida.

Las palabras no podían explicar cuán bendecida se sentía de tener a una mujer como Narcissa Malfoy en su vida.

Las dos mujeres intercambiaron miradas ilegibles antes de que Rita Skeeter refunfuñara en su taza de té y Narcissa descansara sus manos sobre la mesa con delicadeza y mucha aristocracia.

Hermione tragó saliva. Parecía que estaban listas para ponerse manos a la obra.

—Ahora, Hermione, sé que te estás preguntando exactamente por qué Rita está aquí, pero déjame asegurarte que, independientemente de su relación pasada, ella no quiere hacer daño —dijo Narcissa en un tono que la había consolado.

Con prudencia, Hermione permaneció en silencio, pero asintió con vacilación.

Narcissa tomó su silencio como una confirmación para continuar.

—Sé que ustedes dos no tienen la mejor historia.

Ante eso, Rita Skeeter, con el ceño fruncido, resopló, como diciendo que su declaración era la subestimación del siglo.

Narcissa le lanzó una mirada desagradable.

—¿Qué dije antes? Sé buena, Rita.

Rita se enfurruñó un poco por un momento antes de cuadrar los hombros; siempre queriendo ser una dama.

Lástima que fuera una bruja viciosa.

Hermione miró a las dos mujeres casi con asombro. Ambas eran obviamente conscientes de su necesidad de mezclarse mientras estaban en el Londres Muggle, pero una claramente quería destacarse más que la otra. Narcissa llevaba un vestido negro hasta las rodillas, medias transparentes y zapatos caros de tacón alto; mientras que Rita vestía un vestido color canela de aspecto caro que tenía pequeños diseños morados, naranjas, negros y grises. Hermione pensó que ese vestido parecía como si alguien le hubiera quitado de los tapices a un hotel de los años treinta.

—Necesito mostrarte algo antes de continuar.

A Hermione no le gustó el sonido de eso, pero observó en tenso silencio mientras Narcissa tomaba su bolso y sacaba un periódico. No era solo un periódico; era El Profeta. Antes de que pudiera preguntarse qué había allí, Narcissa lo abrió, lo puso sobre la mesa y lo deslizó para que ella lo viera.

Una docena de emociones pasaron por su cabeza y corazón cuando vio el artículo y las fotos.

Pero ninguna fue ira.

Debería haber estado enojada por muchas cosas.

Pero, ella no lo estaba.

Bueno, no completamente.

Lo curioso era el simple hecho que la emoción que reinaba en su cabeza no era la ira, ni siquiera miseria; era más que nada la apatía. En serio, ¿qué era un par de fotos y un artículo más en su vida? Ella había estado en el infierno. La única razón por la que incluso entraba en su escala de importancia fue por la reacción que ya estaba ocurriendo.

Hermione miró fijamente las imágenes sin sentido y exhaló un suspiro.

En su corazón, sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que la prensa los uniera, no solo como amigos, sino como pareja. Los hombres y las mujeres, después de todo, no eran capaces de tener relaciones platónicas, o eso fue lo que le dijeron. Hermione podría haber estado un poco fuera de conocimiento cuando se trataba de la prensa, pero no era estúpida. De ninguna manera. Ella y Malfoy habían estado pasando mucho tiempo juntos y habían sido muy descuidados al definir los límites.

La fiesta de Navidad y las semanas en París habían agregado combustible suficiente al fuego de los rumores para que se convirtiera en un infierno ardiente. No importa que las fotos fueran falsas, el detalle de la distancia entre ellos en las fotografías y el hecho de que nunca fueron vistos solos en París; la gente iba a decir y creer lo que quisiera.

Eso era algo que Hermione sabía muy bien.

La voz irritantemente presumida de Rita Skeeter rompió sus pensamientos.

—Escandaloso, ¿no?

—Sería más escandaloso si fuera cierto.

—Tiene razón, señorita Granger. ¿Son verdad?

—Lee el artículo tú misma y dime lo que piensas —espetó molesta.

—Prefiero escucharlo de tus propios labios.

—Rita —advirtió Narcissa—. Esta no es una entrevista y si quieres convertirla en una, te sugiero que te vayas ahora —se volvió hacia su amiga—. Se supone que estás aquí para ayudarme, como mi amiga, no como la periodista desalmada.

Obstinadamente, frunció el ceño.

—¿Cómo puedo ayudarla si ella no lo ha negado?

—¿Eso realmente importa? Independientemente de si es cierto o no, sabes a lo que se enfrentara si este artículo no desaparece rápidamente. Ellos profundizarán en todas las facetas de su vida y publicarán todo lo que encuentren.

Esas palabras enfriaron considerablemente la sangre de Hermione.

«Matthew. Sus padres. Australia. Pansy.»

—¿Y qué tiene que esconder?

Narcissa miró a Hermione con tristeza.

—Lo que tiene que ocultar es asunto suyo, pero la vida no ha sido amable con ninguna de las dos.

Rita bebió un sorbo de té, pensativa.

—¿Cómo está él?

—De vuelta en San Mungo —fue su suave respuesta mientras miraba su propia taza. Narcissa Malfoy parecía como si su corazón se estuviera rompiendo cuando dijo con firmeza—. Para siempre. Amo a mi esposo. Que atacara a Draco me hizo ver que ya no puedo cuidar de él, pero que atacara a Hermione, no lo puedo tener en casa, no puedo darle otra oportunidad para lastimar a otra persona —se inclinó sobre la mesa y con pesar rozó la marca que se desvanecía en el rostro de Hermione.

Sin decir palabras, Hermione entendió que estaba transmitiendo sus disculpas. Pero ella nunca le había echado la culpa a Narcissa. Con un pequeño "está bien", se aseguró de hacérselo saber.

Narcissa esbozó otra sonrisa y en un momento, todos los signos de tristeza desaparecieron de su rostro y volvió a los negocios.

—¿Sabes quién hizo las falsificaciones?

—Por supuesto. Fue su fotógrafo —Rita respondió.

Mientras las dos amigas discutían el asunto en voz baja, Hermione mordió su pastel y masticó pensativamente mientras leía el artículo que estaba lleno de ridículas mentiras y citas extrañas de personas que no conocía. Todo el contenido del artículo sobre el crecimiento de su "relación", Malfoy siendo el novio considerado y ella siendo una mujer enamorada que se desmayaba; todo rayaba en lo ridículo.

Si hubiera estado en un mejor momento de su vida, podría haberle proporcionado una buena carcajada.

Por desgracia, no lo estaba.

Y maldita sea, seguro que no necesitaba atención adicional.

—¿Se está haciendo algo con las fotos falsas? —preguntó Hermione finalmente.

Las palabras no tenían sentido cuando se trataba de artículos de chismes, pero las imágenes eran condenatorias.

—Draco está manejando todo, mientras hablamos.

Había algo en esas palabras que le dijeron a Hermione que era mejor no saber exactamente cómo Malfoy estaba "manejando todo".

Podía adivinar que el artículo no le había gustado a Malfoy. Después de todo, ella sabía que él era un hombre extremadamente reservado; solo salía en el periódico por eventos sociales a los que asistía, las donaciones de caridad y los anuncios oficiales sobre importantes casos del Wizengamot que había ganado. Prefería mantenerse al margen de los periódicos a menos que fuera para algo estrictamente positivo. Y aunque los rumores eran de poca o ninguna importancia para él, tenía la sensación de que él sabía lo condenatorios que eran para ella.

El hecho de que él se estuviera ocupando de eso, únicamente por su bien, decía mucho.

Hermione empujó el periódico al centro de la mesa.

—Pensar que mi protegida es la causa de este alboroto —se burló Rita Skeeter, arrebatando el diario de la mesa. Lo miró una última vez antes de devolvérselo a Narcissa, quien lo dobló y lo guardó en su bolso—. Espera a que ponga mis manos en esa pequeña niña. Ella lamentará el día en que decidió declarar su independencia e ignorar mis órdenes directas —su voz sonó casi mortal mientras retorcía la servilleta amenazadoramente.

—Exige tu venganza, como lo consideres necesario, Rita, pero debes aconsejar a Hermione sobre cómo comportarse durante los próximos días; al menos hasta que los rumores se desvanezcan.

Hermione inhaló.

—No creo que necesite…

—Cállate y escucha —espetó Rita.

Por un instante quiso sacar su varita y maldecir a la perra hasta el olvido; incluso llego a agarrar su varita, pero fue golpeada por la conciencia y usó todas sus fuerzas para detenerse. Ni siquiera su condición de heroína de guerra podría salvarla de Azkaban si la atrapaban utilizando magia frente a los muggles. Y para evitar la detención, no solo tendría que Obliviar a todos en el café, sino que también tendría que Obliviar a todas las personas que pasaban por la calle.

Serian casi cien personas, más o menos.

Y no hace falta decir que Rita Skeeter no valía todo ese trabajo.

El pensamiento la hizo soltar su varita.

—Ahora, escuche señorita Granger —comenzó Rita con frialdad—. Esto es lo que vas a hacer...

No necesitaba un maldito tutorial sobre cómo comportarse. Se había estado manejando bien, muchas gracias. Este artículo no significaba nada para ella. Estaba muy abajo en su escala de preocupaciones. A decir verdad, todo lo que quería era que la dejaran sola. Hermione miró fijamente su taza de té. ¡Por el amor de Merlín! ¿Había alguien en el mundo que entendiera que solo quería un poco de paz?

—Y luego tú...

Hermione estaba al borde de las lágrimas y apoyó la mano en la frente, estaba exhausta.

Durante más de cinco años la vida la había golpeado. Llevaba cargas, sufría en silencio, escuchaba los rumores que se difundían sobre ella... Había superado muchas cosas y ahora había dado dos pasos hacia adelante solamente para ser lanzada cinco pasos hacia atrás.

Y no era justo. Simplemente no lo era.

Ella renunciaría a todas sus posesiones mundanas para asegurarse de que nadie la molestara nunca más, ni por su partida, ni por su regreso, ni por su pasado, ni por su supuesta relación con Draco Malfoy, ni por nada.

—¿Me está escuchando, señorita Granger?

La mentira vino fácilmente y casi se maldijo porque había estado trabajando en ser honesta.

—Sí.

—Bien, ahora, siempre que alguien te pregunte...

Mientras la bruja seguía hablando, su mente vagó hacia atrás en el tiempo y espacio, hacia un momento que nunca más quiso recordar.

¿Quién dice que me quedaré con el bebé?

Esas fueron las palabras más difíciles que había dicho en su vida y fue por una razón, eran una mentira.

Con toda la muerte y destrucción que había ocurrido en su vida, Hermione no tenía intención de matar al niño que crecía dentro de ella. Le había tomado tres días levantarse de la cama después de enterarse de la muerte de sus padres y de ver el pequeño signo positivo en la prueba de embarazo que Pansy la había obligado a comprar en medio de su dolor.

Pero ese día, Hermione se obligó a levantarse de la cama simplemente porque sabía que había mucho que hacer. Pansy tenía todo listo para ella al momento que se levantó de la cama, desde su atuendo hasta su desayuno. Honestamente, Hermione no sabía qué habría hecho sin Pansy.

Pansy no solo había descubierto las leyes locales sobre abortos, sino que había encontrado una clínica en Sydney que la examinaría para el procedimiento. Entonces, fueron a Sydney para su cita, donde le dieron una fecha de parto, un montón de folletos, una receta para vitaminas prenatales y una lista de opciones. El médico, después de enterarse de que era una huérfana, se había ofrecido a manejar la situación, a pesar de que apenas había pasado su fecha para un aborto legal.

Había concertado la cita sabiendo que no se presentaría.

Hermione volvió a hablar justo cuando Pansy jadeaba.

Esto es algo que tengo que hacer por mi cuenta, sin Ron, sin Harry, sin nadie…

Pansy tomó la mano de Hermione entre las suyas.

A la mierda, no dejaré que hagas esto por tu cuenta... Me tienes a mí.

Todo entre ellas quedo tenso y en silencio, al menos por un rato. Encontraron un banco en las afueras de la clínica, se sentaron juntas y miraron los artículos que había recibido del médico. Mientras Pansy hablaba de sus planes para el día del procedimiento, Hermione se sentó en silencio. No tuvo el corazón para decirle a Pansy que no tenía intención de abortar al bebé o aceptar su ayuda.

Cuanto menos supieran sobre su embarazo, mejor y por mucho que quisiera, Hermione no conocía lo suficiente a Pansy como para confiar en ella. La tensión dentro de ella estaba aumentando, pero sintió un gran alivio cuando encontró la receta y corrió a la farmacia para surtirla.

Hermione miró los folletos con lágrimas en los ojos.

¿Cómo había llegado a este punto? Pasó de tener una madre a convertirse en madre en un abrir y cerrar de ojos. No podía quedarse en Australia para siempre. Ciertamente, no podía regresar a casa con Ron o Harry...

Italia. El nombre brilló en su cabeza con luces de neón. Era la respuesta a sus oraciones.

Su mente luchó por recordar la oferta de trabajo que había recibido días antes; la oferta que ella había rechazado mentalmente. Pero ahora se veía cada vez mejor. Podía ir a Italia, vivir en el anonimato y criar al bebé por su cuenta y nadie se enteraría. Pero no podía huir de sus problemas.

¿Hermione?

Se le heló la sangre cuando miró hacia arriba.

¿Ha-Harry? ¿Qué estás haciendo aquí?

Buscándote —lanzó una mirada inquieta—, tomé un trasladador de emergencia en Londres. Percy tiene algunos contactos en el Ministerio aquí y me informaron dónde te estabas alojando. Y fui a tu hotel. Te vi, pero no pude alcanzarte a tiempo. Así que te seguí, y aquí estoy.

Nerviosa, se mordió el labio inferior por un momento.

Parece que pasaste por mucho.

Harry simplemente se encogió de hombros.

Estaba preocupado por ti. Nadie ha sabido de ti desde que te fuiste. Pensé que solo estarías en Australia por un par de semanas.

Me atrasé un poco —bueno, eso no fue del todo una mentira—. Regresaré en un par de semanas más.

Te necesitamos en casa. Todo es un desastre y te necesitamos... —se detuvo cuando vio la expresión en su rostro.

Pero ella ya sabía a qué se refería.

Necesitaban que ella fuera y arreglara todo.

¿Cuándo en la creación de Merlín se había convertido en la mujer que solucionaba la vida de todos?

Todo era un desastre en su propia vida y aquí estaba su mejor amigo, pidiéndole que volviera a casa y solucionara todos sus problemas. ¿Quién iba a ayudarla a ella?

No le había preguntado ni una sola vez por sus padres. Casi lloró al pensarlo, pero se mantuvo firme.

Estaré en casa pronto, Harry —de alguna forma se las arregló para ocultar la grieta en su voz.

Para ser honesta, las necesidades de Harry palidecían en comparación con las de ella en este momento. Entonces, perdónenla por mantenerse alejada de Londres y de todo lo demás por unas semanas más. Perdónenla por mantenerse alejada para pensar y planificar. Perdónenla por tratar de encontrar una manera de afrontar la maternidad sin que ninguno de los potenciales padres se enterara.

Ella no podría ser la que soluciona todo de todo el mundo, ¿verdad?

Hermione, ¿estás enferma? —la voz de Harry interrumpió sus amargos pensamientos.

Eso la arrojó a un torbellino de confusión.

No, ¿por qué?

El mago movió ansiosamente su pie izquierdo y luego el derecho.

Es solo que te vi salir de una clínica y… —su voz se llenó de sospecha—. ¿Qué está pasando? ¿Qué estabas haciendo allí? Creí que tus padres estaban en Brisbane.

No es de tu incumbencia, Harry —dijo a la defensiva.

Olvidas que crecí como muggle, Hermione —hizo una pausa cuando ella jadeó, pero continuó con fuerza—. Sé qué tipo de clínica es esa, así que deja de mentirme. Sé por qué las mujeres van allí.

El pánico se apoderó de todo su cuerpo. Ella miró los ojos de Harry y todo lo que vio fue decepción. Él sabía. Ni una sola vez la había mirado así. Merlín, con cada segundo que pasaba, todo parecía empeorar. Entonces, decidió ser honesta.

Harry, yo…

Esto es un error. Estás cometiendo un error.

Hermione se puso de pie con enojo, mirándolo fijamente.

¡Y es mi error! Eres mi mejor amigo, se supone que debes apoyarme en lo que sea que haga; no importa si crees que es un error o no. ¡Qué amigo tan bueno eres!

Por primera vez, Harry la miró con el mismo nivel de disgusto que usaba para los Slytherin. Y dolía más de lo que podría imaginar.

No puedo perdonar lo que estás haciendo. Ron merece saber lo que estás planeando hacer.

No puede averiguarlo, no ahora. Por favor, Harry, no puede saberlo. No hasta que yo sepa...

Se lo voy a decir y él te hará ver que lo que estás haciendo está mal.

Las lágrimas comenzaron y no parecían querer detenerse.

¡Harry, por favor, solo escucha! ¡Escúchame!

¿Escucharte? —resopló con frialdad—. Ni siquiera puedo mirarte.

En ese momento, todo lo que sintió fue una cantidad increíble de dolor; por sus palabras, por el evidente desdén en sus ojos y por todo lo que la abrumaba. Y también por la traición.

La vida como ella la conocía había terminado.

¿No podía mirarla? Después de que ella estuvo a su lado durante siete años, después de que ella luchó, investigó y salvó su trasero, después de todo eso, ¿no podía mirarla? Se sentía enferma, pero no sabía si era por el bebé o la sensación de ser traicionada por un amigo. Todo lo que sabía era que de repente se encontró en una encrucijada.

Si marchaba a la izquierda, salvaría sus amistades y daría a su bebé. Era una cosa fácil de hacer. Si se iba por la derecha, renunciaría a todo por su hijo. Y sabía que era lo correcto por hacer.

Había llegado el momento de que ella tomara una decisión.

Harry, tenemos que hablar.

Creo que has dicho suficiente.

Se armó de valor y se secó las lágrimas.

Un día, te arrepentirás de no haberme escuchado. Un día, ambos lamentaremos este momento, y está bien —ella sonrió con pesar—. Me hiciste mucho más fácil alejarme de ti. Me hiciste más fácil decir adiós.

Y luego fue a la derecha.

Hermione salió de ese recuerdo y volvió a la realidad donde Rita Skeeter seguía hablando sobre el decoro.

Las lágrimas calientes burbujearon profundamente; querían desesperadamente ser liberadas de su prisión, pero ella se negó a llorar frente a la bruja parlanchina.

—Tengo que irme —ella comenzó—. Mi descanso casi ha terminado.

Y antes de que cualquiera de las brujas pudiera protestar, dejó caer una nota sobre la mesa y huyó.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Segunda parte: El principio del fin

Desde que recordaba, Hermione siempre había guardado sus lágrimas para los momentos de privacidad, donde nadie podía mimarla con gestos falsos y mentiras. Solía sentir que solo podía soltarse cuando estaba sola, pero mientras reprimía las lágrimas y caminaba las diecisiete cuadras de regreso al Ministerio, se dio cuenta de que los tiempos eran diferentes y eso la había dejado atónita.

Había llorado frente a Narcissa una vez, frente a Pansy un par de veces y frente a Malfoy más veces de las que podía contar, especialmente en las últimas semanas.

Por alguna razón, Hermione realmente confiaba en él como para mostrarle sus lágrimas y debilidades.

Pero tenía una buena razón para confiar en él.

Malfoy nunca dijo una palabra durante o después, aunque obviamente estaba incómodo. Por alguna razón, siempre se quedaba cuando veía que ella estaba molesta. No sabía si eran más que conocidos, pero obviamente eran mucho más cercanos desde que la había rescatado de su padre. Hermione no sabía por qué y en ese momento, realmente no le importaba.

Todo lo que sabía en ese momento era que necesitaba, un amigo, a falta de una palabra mejor.

Ya que Pansy estaba fuera de la ciudad, Malfoy tendría que serlo. Él no era una mala alternativa.

A veces le ponía la mano en la espalda, a veces el hombro y, a veces, no la tocaba en absoluto. Se quedaba parado allí. Se había acostumbrado tanto a llorar con él que no quería llorar sola.

Y pensó en él mientras huía del café.

Hace generaciones, una mujer de la familia Zabini dio a luz a un niño Squib. Cuando los supremacistas de sangre pura de esa época le pidieron a la familia que excluyeran al niño, lo despojaran de su apellido y lo enviaran a vivir con muggles, ella se negó. Decidida a asegurarle una buena educación, lo envió a una escuela muggle en Francia, muy parecida a Hogwarts, cuando él cumplió once años. Allí, conoció a una chica muggle con la que luego se casó y juntos tuvieron cinco hijos, comenzando así otra línea de la familia Zabini.

De ese lado de la familia, solo tenían Squibs, pero sabían todo sobre la magia. El lado mágico de la familia no los despreciaba, de hecho, era todo lo contrario. Las dos ramas eran muy unidas. Sin embargo, durante cientos de años, el lado mágico de la familia se aseguró de mantener a la mitad muggle fuera del conocimiento de todos por su propia seguridad. Incluso después de la segunda guerra, Blaise únicamente lo mencionaba a personas en las que confiaba.

Después de que Blaise le explicara todo, invitó a Hermione a conocerlos durante el Año Nuevo. Era su forma de decir que eran amigos, a falta de una palabra mejor.

Y ella amablemente aceptó.

Cuando llegaron a la casa de su prima en los suburbios de París, fueron recibidos con abrazos, vítores y besos en la mejilla. La familia Zabini era una mezcla ecléctica de personas de diferentes razas y de diferentes partes de Francia. El ambiente era hogareño y cariñoso.

Pronto, nadie podía decir que una vez habían sido extraños. Pansy estaba dándoles tratamientos faciales a todas las niñas. Blaise estaba afuera jugando fútbol con los chicos. Draco se había relajado lo suficiente como para mantener una conversación con algunos de los varones. Hermione ayudó a las señoras mayores a limpiar la cocina después de la maravillosa cena.

Luego, se encontró en el patio, mirando a los niños pequeños correr, pateando el balón de fútbol con solo las luces del porche para iluminar su camino. Sus ojos se llenaron de lágrimas al pensar en Matthew. Si estuviera vivo, tendría casi cinco años y estaría ahí con ellos.

Probablemente, le dirían que era demasiado pequeño para jugar, pero él los ignoraría. Ese era el tipo de chico que era, testarudo y audaz, pero también humilde. Como sus padres.

En las últimas tres horas, el partido de fútbol se convirtió en una especie de mini espectáculo de fuegos artificiales. Afuera había un reloj gigante que les permitía a todos saber lo cerca que estaban de celebrar el nuevo año. Los niños estaban enamorados de los fuegos artificiales, los adolescentes disparaban petardos, Pansy y su pequeño sequito de princesas sostenían bengalas y se reían y Blaise y algunos de sus primos más jóvenes disparaban pequeños fuegos artificiales al aire. Todos se reían y se lo pasaban bien. Era una celebración familiar y Hermione se encontró sonriendo.

No, no fue tan bueno como los fuegos artificiales de la fiesta de los Malfoy, pero fue maravilloso en su propio estilo.

No escuchó a Malfoy hasta que se sentó en la silla de jardín junto a ella.

Eran las 11:56 p.m.

Pansy está preocupada por ti.

Ella lo miró con curiosidad.

¿Y ella te envió a ver cómo estaba?

Malfoy resopló.

¿Piensas que soy del tipo de hombre que cumple las órdenes de los demás?

Blaise había disparado otro cohete hacia el cielo y vio como explotaba en un brillo azul. Con los ojos todavía fijos en el cielo volvió a hablar.

Con toda honestidad, no estoy segura de cómo responder a esa pregunta. No eres en absoluto a como creía y me has demostrado que estuve equivocada.

No dijeron nada hasta que vio la hora, las 11:57 P.M.

Vine aquí en busca de la paz que tanto necesitaba.

Quería preguntarle cuándo comenzó a sentirse en paz a su alrededor, pero las palabras nunca salieron. En cambio, se sentaron en un cómodo silencio. Todos afuera comenzaron a buscar a sus cónyuges y los niños comenzaron a gritar de emoción. El sonido de los petardos y bengalas inundaban todo. Miró y encontró a Pansy y a Blaise sonriendo el uno al otro.

¿Cuál es tu resolución de Año Nuevo, Malfoy? —preguntó Hermione al azar.

Los ojos de Draco se entrecerraron en confusión.

¿Mi qué?

Tu resolución de Año Nuevo, Malfoy. Es un compromiso que alguien hace al comienzo de un nuevo año. Generalmente, se supone que es tu meta para el año, algo que cambie tu estilo de vida, como por ejemplo dejar de fumar o beber, perder peso, o…

¿Cuál es el tuyo?

Voy a ir a mi ático, contrataré a un paisajista, comenzaré a decir la verdad y haré nuevos aliados.

¿Aliados? ¿Por qué no llamarlos amigos?

Cuando pienso en la palabra "amigo", creo que es alguien que es reemplazable, reciclable y removible —dijo Hermione don honestidad—. Prefiero no tener amigos.

Quizás tu resolución debería ser que cambiaras tu forma de pensar.

Sorprendida por las palabras, Hermione lo miró y descubrió que no la miraba a ella, sino al cielo donde soltaron otro fuego artificial para dar inicio a la tradicional cuenta regresiva.

¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!

Hermione miró a su alrededor donde todos estaban emparejados. Frunció el ceño por un momento. Y entonces se dio cuenta de algo, se acercaba el tradicional y temido beso de Año Nuevo.

No había pasado su Año Nuevo con nadie, excepto Matthew y descubrió que estaba perdida en cuanto a las tradiciones. No podía recordar la última vez que besó a alguien. ¿Quizás seis años atrás? Mierda. ¿Qué tan patético sonaba eso? Hermione estaba bastante segura de que ya no sabía cómo besar. Quizás besarse no era como andar en bicicleta, quizás era algo que alguien podría olvidar. Se lamió los labios con nerviosismo y luego se dio cuenta de Malfoy.

¡Siete! ¡Seis! ¡Cinco!

Mierda. Ella estaba sentada junto a Malfoy, de todas las personas posibles.

Hermione saltó de su asiento como si este la hubiera quemado y rápidamente avanzó hacia la barandilla del patio. Seguramente, no se dio cuenta de lo que estaba haciendo cuando se sentó a su lado. No…

El mundo se desaceleró cuando Malfoy se unió a ella en la barandilla. Horrorizada, lo miró con los ojos muy abiertos, pero descubrió que él estaba mirando el cielo. Se veía bien a la luz de la luna, bonito, de una forma masculina. No recordaba haberlo visto nunca tan tranquilo, tan libre, tan...

Cuando él la miró, ella desvió la mirada.

Hermione rezó para que él no viera el rubor que adornaba sus mejillas.

¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos!

«—Mierda, oh mierda.»

¡Uno!

Y de repente lo sintió moverse a su lado, cambiando su peso de un pie al otro. Estaba tan cerca que sus brazos se tocaban, tan cerca que sintió su aliento en un lado de su cabeza cuando se volvió hacia ella. Hermione tembló cuando él apoyó una mano en su espalda. Su toque era diferente, no incómodo, solo diferente.

¡Feliz año nuevo!

Mientras los niños vitoreaban y los adultos besaban a sus respectivas parejas, Hermione se preparó para un beso que nunca llegó. En cambio, Malfoy le susurró al oído.

Feliz Año Nuevo —añadió después de una ligera vacilación—. Hermione.

Se alegró de que el manto de la noche y la celebración le hubieran impedido ver sus mejillas sonrojadas.

La sensación de gotas de lluvia en su rostro la sacaron del recuerdo.

Pero no era una lluvia cualquiera, era como si alguien la hubiera empujado dentro de una ducha fría. El tiempo pasó de nublado a tormentoso en unos cinco segundos. No tenía paraguas y el único aspecto positivo de verse atrapada en esa tormenta era el hecho de que estaba a solo cinco cuadras del Ministerio.

Entonces ella corrió.

Un rayo atravesó el cielo y pronto lo siguió un trueno.

Era la personificación perfecta de su día.

Obviamente, estar a cinco cuadras del Ministerio no la salvó de las inclemencias del tiempo. Su ropa estaba completamente empapada cuando se precipitó hacia la entrada de visitantes del Ministerio. Mojada y algo deprimida, realizó un hechizo de secado que dejó su ropa ligeramente húmeda; ni siquiera se molestó en arreglar su cabello. Hermione rápidamente aceptó que se vería como un animal salido de la alcantarilla por el resto del día.

Ella suspiró y rápidamente se apresuró a atravesar el atestado Atrio, ignorando las miradas que recibió. Hermione no tenía ni idea de lo que iba a hacer o decir cuando llegara a su oficina, pero esperaba que él no la rechazaría. Estaba segura de que hoy no podría soportar el rechazo. Las miradas que recibió Hermione mientras corría a través de los cubículos del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica eran tan insignificantes que apenas las notó. Pero vio que algunas personas enviaban memorandos entre departamentos. No importaba lo que dijeran. Nada importaba. No sabían nada.

Y no estaba dispuesta a ponerse nerviosa por esos cerdos entrometidos.

En cambio, la bruja corrió rápida y ciegamente por los pasillos vacíos que conducían a los Servicios de Administración del Wizengamot y a la oficina de Malfoy.

La secretaria no estaba en su escritorio, de hecho, no había...

—¿Qué estás haciendo aquí? —una voz familiar escupió con odio.

Hermione se encogió antes de volverse lentamente para enfrentar a un enojado Ronald Weasley.

Todo lo que sabía era que este momento significaba el principio del fin.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Notas: ¡Hola! ¿cómo han estado? Por mi parte he estado bien, esto de tomarme las cosas con calma me ha funcionado mucho. Aparte de eso, me disculpo por no haber subido nada el mes pasado, pero me pasaron un montón de cosas que me mantuvieron alejada de mi pc. Aunque, aquí seguimos, retomando los fics. Espero que les gustara el capítulo.

Link historia original: www . fanfiction s/4172243/1/Broken

Naoko Ichigo