Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de Inadaze22.
xxx
Capítulo diecisiete: El comienzo de una verdad
Primera parte: Los ataques de pánico son siempre una bendición
En retrospectiva la vida es definitivamente una perra.
Debería haber dejado el café y huido a casa. Debería haberle escrito a Malfoy desde la seguridad de su sala de estar, para recomponerse y reunirse con él para almorzar, para hablar o solo sentarse allí, no importaba. El quid pro quo de la cuestión era que había hecho una tontería. Fue absolutamente tonto de su parte recorrer a ciegas todo el Ministerio. No lo había pensado; eso era obvio porque había tropezado en terrenos enemigos e inmediatamente se había encontrado cara a cara con alguien a quien no quería ver.
Y ahora estaba obligada a afrontar las consecuencias.
Sola.
—¿Qué estás haciendo aquí?
En una milésima de segundo, adoptó su bien practicada máscara de indiferencia.
—Es un país libre, ¿no?
Los ojos de Ron se entrecerraron con furia apenas disimulada.
—Vas a ver a tu novio, ¿verdad?
Las cejas de Hermione se fruncieron en confusión, pero luego recordó el artículo. Por supuesto, él lo creería cierto.
—No veo por qué mi vida sea asunto tuyo.
—Olvidas que yo solía ser parte de tu vida, no solo como tu novio, sino como tu mejor amigo.
Hermione no pudo evitar notar la amargura en su voz y su respuesta salió un poco más suave de lo que pretendía.
—No lo he olvidado, Ron.
—Entonces, si no lo has olvidado, ¿por qué te resulto tan fácil seguir adelante?
—¿Fácil? —Hermione repitió, horrorizada—. Nada en mi vida ha sido fácil, Ron.
No le dedicó un momento para una explicación. Simplemente, pasó a la ofensiva.
—Allí estás, Hermione, actuando como la víctima. Tú nos dejaste, ¿recuerdas? —y añadió con voz más suave—. Me dejaste.
Las palabras ardían en su pecho. Descubrió que no podía respirar correctamente. Él estaba en lo correcto. Ella lo había dejado, pero fue por una razón.
—Hay tantas cosas que necesito decirte Ron, y no sé por dónde empezar. Yo…
Era como si esas palabras lo hubieran salvado de sí mismo.
El momento de debilidad emocional terminó y los ojos de Ron brillaron con una ira implacable.
—No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir.
Obstinadamente, hizo a un lado todos los sentimientos y discutió.
—Puede que no quieras escucharlo, pero te lo voy a decir de todos modos. Ya pagué mi penitencia. No puedo guardar esto. No puedo aguantar…
—¿Valió la pena? —preguntó fríamente—. ¿Valió la pena? ¿Valió la pena renunciar a toda tu vida? ¿Valió la pena renunciar a mí?
Hermione lo miró fijamente. No estaba dispuesta a dejar que él la reprendiera por abandonarlos cuando él mismo lo había hecho dos veces. Cuando respondió, su voz estaba llena de una emoción tan intensa que le resultaba extremadamente difícil incluso hablar.
—Valía todo y mucho más. Ni siquiera puedes imaginar cuánto valió. Si me dieran la oportunidad de hacer retroceder las manecillas del tiempo, lo volvería a hacer; incluso con los mismos resultados. Lo haría todo de nuevo.
El dolor llenó los ojos del pelirrojo y ella tuvo que apartar la mirada. Le recordó al chico de dieciocho años que ella había dejado en el salón de la Madriguera y su corazón se rompió por él. Él no tenía ni idea de lo que realmente había sucedido. No tenía idea de nada. Ella no le había dado otra opción que resentirla por lo que le había hecho.
Parecía correcto en ese momento, pero Hermione entendió lo equivocada que había estado.
—Y… ¿Y yo qué, Hermione? ¿Alguna vez me amaste? ¿O fue solo una mentira?
Las lágrimas brotaron de sus ojos por las punzantes preguntas.
—Ron, yo… Yo me enamoré de ti cuando tenía quince años; eso es verdad. Te amé entonces, créeme, lo hice —quería tocarlo, pero sabía que sería un movimiento imprudente—. Pero la guerra, las cosas, la vida y todo sucedió y yo solo… —Hermione tomó aliento para evitar divagar incontrolablemente.
Siempre había temido este momento, pero aquí estaba.
Había tanto que quería decirle, pero las palabras no salían directamente.
Se quedó allí y se miró las manos, tratando de mantenerse fuerte, aunque sentía que sus fuerzas se habían agotado de repente.
—He cometido muchos errores y he tomado malas decisiones, realmente lamento la forma en que terminamos…
—¡No! —gritó con tanta fuerza que la hizo saltar. Luego Ron se estremeció de tal forma que la hizo pensar que lo había herido físicamente—. No, no te importa. No te importa, no…
Esa vez, ella lo agarró por los hombros tan fuerte como pudo.
—Lo sé, sé que es más fácil pensar en mí como un monstruo, Ron, pero me preocupo por ti y yo...
Él le apartó las manos, retrocediendo como si su toque lo hubiera quemado. Dándole la espalda, se tapó los oídos con las manos.
—¡No quiero escuchar más!
Enojada, lo rodeó y le quitó las manos de las orejas de un tirón. Hermione lo miró fijamente a los ojos mientras le gritaba.
—¡Me importabas! ¡Todavía me importas! ¡Lamenté dejarte! ¡Lo hice! Ni siquiera puedes imaginar cuánto quería quedarme…
Por un segundo, pareció aturdido por el arrebato, pero con un movimiento de cabeza, pareció aclarar su mente de todos los pensamientos sobre ella. Ron se centró en su rabia y dolor. Atacando de la única forma que conocía; rápidamente la hizo retroceder hacia una columna con un ruido sordo. Hermione no se inmutó.
—¿Entonces por qué no lo hiciste, Hermione?
Hermione pensó que se suponía que debía sentirse intimidada por el modo en que él la dominaba, pero no lo estaba. Atacar físicamente era su mejor mecanismo de defensa. Entonces, en lugar de reaccionar, hizo algo que los sorprendió a ambos. Ella le tomó el rostro entre sus manos y exigió no solo que la mirara, sino que también la escuchara.
—No entiendes, Ron, no podía quedarme.
Luchó, pero ella no le dejó apartar la mirada.
—¡No quiero escucharte! —gritó frustrado.
Ella apretó su rostro con más fuerza.
—Sé que no quieres oírlo, pero esa es la verdad —Hermione no lo dejó ir y Ron dejó de pelear—. Ya no eres un niño. No puedes simplemente hacer berrinches y esperar que eso me convenza de que te deje en paz —ella bajó la voz—. Ya no le tengo miedo a la verdad.
—Q…
Las cosas habían cambiado y Hermione se negó a dejarlo hablar.
—Puedes gritar tan fuerte como quieras, gritar desde los tejados, derribar los cimientos del Ministerio, pero debes saber esto, Ronald. Sé que es tarde, quizás demasiado tarde, pero debes saber que me fui para evitar lastimarlos a todos.
Con éxito, la agarró por las muñecas y tiró de sus manos, dejando marcas rojas donde sus uñas se le habían clavado en la piel.
—No tenías que hacerlo.
—¡Sí, tenía que! —los delgados hombros de Hermione se hundieron mientras las lágrimas corrían libremente por sus enrojecidas mejillas. No podía seguir gritándole. Dolía demasiado. Suplicante, continuó con una voz más suave—. No podía quedarme…
Los ojos de Ron se entrecerraron aún más.
—¿Para evitar lastimarnos a todos? Me dijiste que me dejabas por otra persona. Yo…
—Te mentí —sollozó libremente mientras todo su cuerpo temblaba incontrolablemente. Todo dolía—. Nada de eso fue cierto. Te juro por mi vida que no había nadie más cuando estábamos juntos. Mentirte fue un gran error y lo siento mucho. Lo siento mucho.
Ron parecía extremadamente confundido.
—Pero… ¿Pero por qué?
Hermione no pudo hablar inicialmente porque tenía el corazón en la garganta, pero logró apaciguarse lo suficiente para decir palabras coherentes.
—Yo... —ella miró al suelo y luego a él—. Ron, quería protegerte, porque te amaba, porque no sabía qué más hacer, p-porque tenía miedo de que me odiaras, porque Ha-Harry dijo...
Ron la interrumpió con dureza.
—¿Harry? ¿Qué diablos tiene que ver Harry?
—Hay tanto que quiero contarte…
—¡Entonces dime, Hermione! —suplicó.
Ella tomó una respiración temblorosa. Hermione no tenía idea de por dónde empezar, así que empezó por el principio.
—Todo comenzó cuando nos dejaste en el Bosque de Dean. Estaba molesta y...
De repente, la puerta frente a la que estaban parados se abrió y un Harry Potter enfurecido salió. Hermione echó un vistazo rápido a la oficina, pero no vio a nadie más dentro antes de que la puerta se cerrara salvajemente. Ella ya sabía de quién era la oficina; el "D. Malfoy" escrito con letras doradas al lado de la puerta le dijo exactamente lo que necesitaba saber. Habían tenido una desagradable discusión y Malfoy, probablemente, se había metido tan profundo debajo de la piel de Harry que le había hecho perder el control sobre sí mismo.
Malfoy tenía mucha suerte de que su oficina todavía existiera.
Tener a un hombre tan perceptivo como Draco Malfoy debajo de tu piel no era el mejor sentimiento del mundo, pero era uno que ella conocía muy bien.
Después de todo, él había estado bajo su piel desde el principio.
Sabía exactamente qué botones presionar. Era un talento y una maldición. Y Harry, al parecer, siempre estaba en el lado que recibía las mordaces palabras de Malfoy. Se veía positivamente furioso y Hermione solo quería que la tierra se abriera y se la tragara porque esa opción parecía que le causaría menos sufrimiento. Harry miró a Hermione y entrecerró los ojos, pero ella vio un destello de dolor y algo más que no pudo identificar antes de que él lo escondiera.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó frígidamente.
El corazón de Hermione se salió de control, latiendo violentamente en su pecho. El mundo era una visión borrosa. Su cabeza latía incansablemente; se sentía como si alguien la hubiera golpeado repetidamente en la nuca con el extremo romo de un hacha.
Y así, su valor se esfumó y Hermione Granger se perdió en pánico.
Bueno, ella siempre pensó que los ataques de pánico eran una bendición.
—¿Qué estás haciendo aquí? —repitió Harry, pero su voz sonaba como si estuviera hablando en cámara lenta. No importaba lo lento que hablara, sus emociones eran obvias. El amargo resentimiento en su voz y la gélida frialdad en el aire eran demasiado para ella.
Sin decir palabra, giró sobre sus talones y huyó por donde vino en una retirada a ciegas.
Abrió la puerta y salió corriendo por el pasillo con la rapidez de un corredor de larga distancia; una habilidad que no recordaba haber tenido antes. Era estúpido, realmente lo sabía, pero ni todo el coraje Gryffindor en su sangre no podía mantenerla allí. Podía manejar a uno de ellos, pero no a ambos. Y ciertamente no al mismo tiempo. Sin embargo, no avanzo más de veinte metros antes de que recobrara su ingenio y se detuviera en seco.
Merlín, no podía seguir haciendo esto.
No podía seguir huyendo de todo.
Ella nunca lo había hecho en el pasado; siempre enfrentó sus problemas. Pero desde su infame salida de Londres, Hermione había huido tanto que se había convertido en un hábito.
Bueno, ya no más.
No iba a correr más; no de Ron, Harry, o el infierno que se desataría en el momento en que ella dijera la verdad. Se dañarían vidas y se cambiarían amistades, pero ya no podría cargar con todo. Como le había dicho a Ron, había hecho penitencia por sus pecados.
Dos pares de pies frenaron hasta detenerse detrás de ella.
Hermione se dio la vuelta y allí estaba Ron, y a la izquierda Harry.
Se dijo a sí misma que debía respirar; era todo lo que podía hacer en ese momento. Respirar.
Esta era la última batalla de Hermione Granger y estaba lista.
Bueno, no del todo.
Ron fue el primero en hablar.
—¿Por qué huyes de nosotros? —su voz no tenía la misma intensidad que antes y no estaba segura de por qué—. ¿Por qué sigues huyendo de nosotros?
—No voy a huir de ninguno —le dijo y luego de un breve suspiro agregó—. No más.
—Vamos, Ron —imploró Harry—. No hay nada que ella pueda decir que pueda cambiar…
—Harry, sabes mejor que nadie que tengo mucho que decir.
—¿De qué está hablando? —el sometido Ron preguntó.
—De nada.
—¿De nada?
—Sí, de nada.
—¿Sabes qué? Me cansé —Hermione dijo acaloradamente—. Ya terminé. No lo toleraré más. ¡Estoy harta de que me trates como basura! De Ron, puedo entender, pero tú… Harry, ¡no te hice nada a ti!
Harry retrocedió como si ella lo hubiera golpeado con un maleficio.
—¿No me hiciste nada? —repitió esas palabras mientras sus fosas nasales se dilataban por la rabia. Le recordaba a un toro unos segundos antes de que arremeter—. Qué demonios... ¿Estás jodidamente loca, Hermione? ¿No recuerdas nuestra última conversación?
No tenía intención de responder a ninguna de sus preguntas, pero no podía mentirse a sí misma. Recordaba su última conversación. Y oh, ella había tenido razón.
Ambos se arrepentirían.
En cambio, Hermione permaneció tan tranquila como pudo, sin querer hacerle a Voldemort un favor post mortem y matar al gran Harry Potter con sus propias manos.
—Sabes, para alguien que ha hecho de todo menos escupirme en el rostro desde que regresé, seguro que tienes muchas preguntas.
—Tú…
—Tal vez —Ron finalmente habló pensativo—. Tal vez es hora de algunas respuestas. Tal vez sea hora de la verdad.
—Ya sé la verdad, Ron —Harry escupió enfadado, cruzando los brazos sobre su pecho.
Hermione parpadeó, pero mantuvo el control sobre su respiración.
Ron miró a su mejor amigo con ojos heridos. Se dio cuenta de que Ron estaba sin palabras.
Y también Hermione.
—¿Qué? —preguntó con confusión—. Y-ya sabes...
—No, él no sabe la verdad —Hermione suspiró—. Él no sabe nada. Y tú tampoco.
—¡Sé lo suficiente! —gritó Harry.
Ya de mal genio, Ron se estaba perdiendo cada vez más en la frustración.
—¿Alguien me dirá qué diablos está pasando aquí?
Ella suspiró y se reclinó en una de las muchas columnas que se alineaban en el pasillo.
—Ron, yo…
La voz de Harry la interrumpió.
—Terminé, nos vamos.
Sus entrañas se sentían como si estuvieran en una olla a presión, la rabia y el dolor burbujeaban en las profundidades de su espíritu. Con cada segundo que pasaba, la presión en su cabeza y en su pecho se hacía más fuerte, más intensa. Había alcanzado un punto de ebullición.
—No hemos terminado aquí.
Apenas podía respirar y realmente no quería hablar. Le dolía respirar. Se sentía como si todas las paredes se estuvieran cerrando sobre ella, aplastándola de una manera tortuosa. Pero tenía que hacer esto y tenía que hacerlo ahora antes de perder los nervios.
El dolor en su voz era inconfundible.
—¿Desde cuándo eres tan grosero, despreocupado y enojón, Harry, desde cuándo? Solíamos ser mejores amigos. Pasamos por muchas cosas juntos. Nosotros… —Hermione tomó una respiración temblorosa, sin querer llevarlo allí—. No volví esperando el perdón.
—Y no deberías, no mereces nuestra amistad —Harry interrumpió con una dolorosa verdad.
—No, supongo que no —dijo aturdida—. Y supongo que yo tampoco la quiero, pero al menos pensé que podríamos ser adultos, sobre esto —Hermione se cruzó de brazos mientras su hombro temblaba por las palabras.
La verdad siempre era algo doloroso.
—¿Cómo puedes pedirme que sea un adulto ahora, cuando tú has actuado como una niña? —Harry cuestionó con rencor, acercándose a ella.
—¡Era una niña, Harry! —Hermione finalmente explotó—. ¡Era una niña cuando me fui! ¿No lo entiendes?
—¡Nosotros también, Hermione! ¿Olvidaste eso? —Ron respondió. Se pasó los dedos por el cabello.
—No lo entiendes, ninguno de los dos comprende lo que ha sido para mí. Yo…
Dedos frustrados recorrieron el cabello rojo.
—¡Y no entiendes cómo ha sido para nosotros!
Las lágrimas llenaron sus ojos mientras gritaba.
—¡Si me dejaras explicarte!
—Yo, por mi parte, no necesito tus explicaciones —Harry respondió con frialdad, pero había algo en sus palabras que era diferente. Era como si no estuviera seguro de lo que salió de su boca—. La vida no ha sido fácil para ninguno de nosotros después de la guerra y eso no te da derecho a huir a Australia durante semanas y luego regresar y abandonar a tus amigos cuando más te necesitaban.
Hermione quería arrancarse el cabello de la rabia.
—¿Eso es todo lo que te importa? ¿Qué podría haber hecho yo para aliviar tu sufrimiento? ¿Qué hay de mis necesidades, Harry? —hizo un intento de secarse los ojos, pero fue inútil; las lágrimas no paraban—. Cuando me viste en Australia, nunca te detuviste ni por un segundo para preguntarme qué necesitaba. Nunca te detuviste para preguntarme qué pasaba. No me preguntaste por qué estaba allí o qué planeaba hacer. Nunca preguntaste por qué no te importaba lo suficiente.
El color dejó el rostro de Harry Potter y sus ojos se suavizaron considerablemente en algo que parecía reconocimiento. Parecía como si hubiera escuchado esas palabras antes.
Ron estaba completamente perdido y eso no le gustaba ni un poco.
—¿De qué está hablando? ¿La viste en Australia? —parpadeó mientras trataba de pensar en lo que ella había dicho—. Pero me dijiste que no la viste...
La voz de Hermione era como la piedra.
—Parece que no soy la única mentirosa entre nosotros.
—Yo… —Harry tartamudeó,
—Me viste, sentada en ese banco y nunca me preguntaste nada. Simplemente, sacaste conclusiones y creíste lo peor de mí —sacudió la cabeza con desaliento, despejando su mente de las furiosas emociones para poder continuar—. Después de todo lo que pasamos juntos. Después de las innumerables ocasiones en las que estuve a tu lado, que abandoné todo por ti... Me diste la espalda sin siquiera dejarme explicártelo. Me traicionaste sin vacilación. Tú ni siquiera te tomaste el tiempo para escucharme y dejarme decirte la verdad.
—Creí que sabía la verdad —humildemente, defendió su caso.
—Bueno, obviamente, pensaste mal.
La voz de Ron sonó clara en medio del desordenado y emocional campo de batalla.
—¿De qué están hablando? Alguien, por favor, dígame qué diablos está pasando aquí.
—La vi —susurró Harry con una voz que solo ellos tres podían escuchar—. La vi en Australia.
—Me he dado cuenta de mucho —Ron gruñó.
—Pero hay más... —interrumpió y respiró hondo mientras confesaba—. Y-yo sabía que ella no te dejó por otra persona.
Eso tomó a Hermione por sorpresa. Le tomó cada músculo evitar que soltara un grito ahogado. ¿Cómo supo que ella había mentido? ¿Qué sabía exactamente? Durante años había asumido que Harry no sabía nada más allá de lo que creyó ver, pero ahora, ahora se preguntaba qué más sabía y qué más se había reservado para sí mismo.
La ira de Ron era palpable.
—¿Por qué me dejaste creer esa mentira, Harry? ¿Por qué me mentiste sobre Australia? —sin embargo, para cuando pronunció la última palabra, su voz era firme.
Harry quería responder a sus preguntas.
Y se frotó torpemente el desordenado cabello negro.
—N-no lo sé. Quiero decir, no quería decirte lo que ella realmente estaba haciendo allí…
—Sí, cuando ni siquiera te conocías a ti mismo —argumentó Hermione—. Pensé que tú, más que nadie, haría las preguntas antes de decidir lanzar un ataque contra alguien.
—¿Y qué demonios se suponía que debía pensar, Hermione? —Harry gritó con agravio. Obviamente, no le gustaba que lo atacaran en ambos frentes—. Estabas ahí y luego te pusiste a la defensiva y…
—¡Me puse a la defensiva porque empezaste a dar el veredicto antes de que pudiera exponer mi caso! No hiciste más fáciles…
—¿Qué te hace diferente de todos nosotros? —el mago de cabello azabache gritó—. ¿Qué te hace pensar que eres tan especial? ¡Todos luchamos y todos tuvimos que curarnos!
—Sí —respondió Ron de inmediato—. ¿Qué te hace creer que estabas pasando por cosas que no entenderíamos?
Ella comprendió mejor los sentimientos de David antes de que se enfrentara al gigante Goliat. Tenía una mejor comprensión de lo que era ser superada en número y dominada. Comprendía mejor cómo se sentía cuando se perdía toda esperanza. Ella entendió lo que significaba "coraje bajo fuego" en su sentido más natural. Ahora entendía todo. Pero, sobre todo, comprendió que no se acobardaría. Hoy no y no por ellos.
Por alguna razón, sabía que podía tener éxito.
—¡También estábamos pasando por las mismas cosas! —Harry gritó sobre sus pensamientos.
—¡Sí! —Ron estuvo de acuerdo de todo corazón.
Era ella contra los hombres de los que una vez estuvo al lado.
Oh, cómo habían cambiado las cosas.
—¿Qué te hace pensar que estabas pasando por cosas que estaban más allá de nuestro entendimiento? —la voz amargamente enojada de Ron hizo que algo se apagara y estallara en su cabeza.
Y lo perdió.
—Porque fue así. No lo harías. Ninguno de los dos podría entender por lo que estaba pasando en ese momento. Y Harry… Harry ni siquiera se detuvo y dedicó el tiempo para averiguarlo —Hermione gritó tan fuerte y tan apasionadamente que su voz se quebró. Jadeó y cerró los ojos. Su garganta ardía miserablemente.
Le dieron un momento de silencio, pero terminó demasiado pronto.
—La vida no es bonita, Voldemort mató a mis…
—He escuchado todo sobre tus pérdidas desde que tenía once años, Harry, ¿crees que eres el único que ha sufrido a manos de Voldemort? La guerra no ha terminado para todos y ciertamente no ha terminado para mí.
—¿De qué estás hablando? La guerra terminó hace seis años.
—La guerra contra Voldemort, sí, pero no…
—Lo lograste, viviste y tus padres...
—¿Mis padres? —reunió la fuerza suficiente, para decir la verdad—. Mis padres están muertos, Harry. Fueron asesinados en un allanamiento de morada. No había nada que pudiera hacer... —la voz de Hermione se desvaneció en el silencio del pasillo. Un sollozo bajo y sofocante se le escapó—. Nunca se acordaron de mí —y como si acabara de darse, susurró desesperadamente—. Se han ido.
Un silencio digno de una catacumba cayó sobre los tres héroes de guerra. El dolor y la desolación estaban en el aire. Hermione estaba de rodillas junto a la columna mientras sus antiguos amigos más la miraban; sus ojos estaban llenos de vergüenza y preocupación. Se sentía como si hubieran vuelto a morir, el dolor que apenas se permitía sentir casi la abrumaba.
Alguien dio un paso adelante y Hermione golpeó el suelo con el puño; su voz era tan fría como la brisa del Ártico, pero no ocultó su pena.
—No te acerques.
—Hermione, no lo sabía —dijo Harry con tristeza.
—No preguntaste, Harry —de alguna manera, reunió toda su fuerza interior y se puso de pie, limpiando cualquier signo de debilidad de su rostro, pero por dentro estaba muriendo—. No preguntaste.
—¿Cómo se suponía que iba a saber? No dijiste nada.
Un Ron de aspecto pálido habló con voz débil. Era como si estuviera conteniendo sus propias lágrimas.
—Tú me dijiste…
—Sé lo que te dije. No quería tu lástima.
Parecía herido.
—¿Lástima? Acababa de perder a mi hermano. ¿Por qué tendría lástima por ti?
Para esa pregunta, ella no tenía respuesta. Ella fue su roca después de la muerte de Fred, nadie podía negarlo. Ron se había abierto con ella, la había dejado abrazarlo y le había permitido aliviar su mente y su dolor. Para ser honesta, estaba tan perdida en su propio dolor que no se dio cuenta de que Ron podría haberle ofrecido un poco de consuelo. O al menos podría haberlo intentado si ella le hubiera dado una oportunidad.
Hermione sabía que se equivocó, pero se dio cuenta de que quizás también había sido un poco egoísta y ciega. Aunque en ese momento, había internalizado tanto de su dolor que se perdió profundamente.
—No lo sé, simplemente no lo sé —su voz estaba ahogada—. Estaban pasando tantas cosas. Debería haberte dicho la verdad, pero no pude. No quería decirte nada. Decírtelo hubiera abierto el camino para más preguntas que simplemente no podía responder.
No sabía qué más decirle.
—¿Fue por eso que te fuiste? —preguntó Ron, acercándose.
—No —ella retrocedió hacia la columna.
—Entonces, ¿por qué, Hermione, por qué te fuiste? —siguió acercándose más y más hasta que estuvo a solo dos metros frente a ella.
—Te lo dije. Tenía que irme. Tenía que irme —Hermione murmuró con una voz que era apenas un susurro.
—Nada más sé honesta.
—Me vas a odiar, más de lo que me odias ahora.
—No te odio, Hermione —las palabras de Ron fueron conmovedoras y suaves—. Quiero, realmente quiero hacerlo, pero no puedo.
Su hombro tembló mientras las lágrimas se derramaban. Estaba tan segura de que ya había llorado todas las lágrimas que tenía en su cuerpo, pero, por desgracia, estaba equivocada. Era más fácil pensar que Ron la odiaba porque no sabía la verdad. Y descubrir que no la odiaba fue tan aliviador como doloroso. Él no la odiaba entonces, bueno, definitivamente la odiaría ahora.
—Me vas a odiar —ella lloró miserablemente.
Ron retrocedió unos pasos.
—No lo haré.
—Sí, lo harás —ella sollozó incontrolablemente.
—¡Dime! —miró a Harry, que parecía terriblemente pálido y culpable. Era obvio que todavía estaba aturdido por la noticia que les había dado—. ¡Dinos!
—No se suponía que fuera así. No se suponía que iba a pasar así.
—Mira, es obvio que ella no va a confesar —Harry habló imprudentemente, pero su voz estaba apenas por encima de un susurro.
Los ojos de Hermione se entrecerraron.
—No tienes idea de lo difícil que es esto para mí.
—Pero Malfoy lo sabe —informó Harry.
Los ojos de Ron se agrandaron.
—¿Qué? —los ojos asesinos se volvieron hacia Hermione—. ¿Le dijiste a Malfoy antes de que nos lo dijeras? Pensé que éramos…
—No digas que pensabas que éramos mejores amigos —ella miró desafiante.
—¿Y él es tu amigo? ¿El bastardo que se burló de nosotros durante toda la escuela es tu amigo? —Harry preguntó.
—Nuestra relación no tiene nada que ver. Le dije la verdad por razones que no son de tu incumbencia —y esa era la verdad—. ¿Por qué debería dejarlos entrar? —continuó ella con seriedad, sacudiendo la cabeza. Hermione se agarró la garganta con la mano porque le dolía muchísimo.
—¡Cómo te atreves! —Harry se enfureció—. ¡Cómo te atreves a estar aquí después de cinco años y decirnos eso!
—¡Nos dejaste! ¡Nosotros no te dejamos, Hermione! —Ron gritó.
Harry tomó el control mientras ambos avanzaban hacia ella.
—¡Tú eres la que se escapó!
—¡Tú eres la que nos abandonó!
—¡Tú eres la que nunca respondió!
—¡Tú eres la que desapareció en Italia!
La tenían contra una pared. Literalmente. Estaban demasiado cerca.
Rabia. Una rabia ciega atravesó su cuerpo y ardió en sus venas, quemándole la lengua, incluso mientras le lanzaba sus palabras.
—¡Hice lo que tenía que hacer! —empujó a Harry lejos de ella—. ¡Hice lo que pensé que era mejor!
—Dejar a tus amigos, ¿es eso lo que creíste que era mejor? —el tambaleante Harry gritó en respuesta.
—No me importaba…
Hermione empujó a Ron con todas sus fuerzas.
—¡Lo hiciste bastante obvio! ¡Hiciste lo mejor para ti!
—¡No, hice lo mejor para mi hijo!
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Segunda parte: Vital
No había nada; nada en absoluto, excepto un silencio que rebotó en todas las paredes.
—Él era lo único que me importaba —su voz exhausta tembló y bajó al ver sus rostros asombrados. Estaba tan agotada, pero no le interesaba—. Tomé la decisión y elegí a mi hijo y si tuviera la oportunidad, lo haría de nuevo. No cambiaría nada —lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas, pero no tenía más ganas de sollozar.
Ella siempre pensó que el silencio valía oro; este, en cambio, era horrible.
Harry parecía sorprendido y Ron parecía como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera evaporado.
—¿Tú hi-hijo? —Ron tartamudeó, pasando su mano por su rojizo cabello, como si estuviera tratando de digerir las palabras—. ¿Tuviste un hijo? ¿Tuvimos un hijo?
Su corazón se desmoronó ante el tono casi esperanzado en su voz y por lo que estaba a punto de decirle.
—No —un sollozo miserable escapó de la parte posterior de su garganta—. Ron, lo siento, pero no tuvimos un hijo… —ella miró a Harry a los ojos y susurró con una voz que solo ellos tres pudieran escuchar—. Nosotros tuvimos un hijo.
No dijeron nada más.
Harry parecía como si hubiera sido atropellado por el autobús noctambulo; emoción tras emoción se apoderó de su pálido rostro mientras cada músculo de su cuerpo se ponía rígido. Pero fue la expresión de sorpresa y dolor en el rostro de Ron lo que le dijo más. Parecía como si la vida, tal como la conocía, hubiera terminado y así era. Para todos ellos. Pero ella lo sabía y también lo entendía. Hermione quería decir algo, cualquier cosa para aliviar su dolor, pero ¿qué podía decir?
Ella solo podía soportar hasta cierto punto.
Ambos lucían como si la verdad sobre el hijo de Hermione los hubiera herido físicamente, pero el pobre Ron parecía como si se hubiera tomado más a pecho la noticia.
Y ella entendía el por qué.
Había amor entre ellos y era tan real como doloroso. Simplemente, no podía imaginar cómo se sentía él. Ron se había apoyado en la pared opuesta como si le hubieran disparado, agarrándose el estómago con un brazo y agarrando su cabello con el otro. Harry, por otro lado, se quedó allí inmóvil mientras sus palabras aún lo inundaban; una pluma podría haberlo derribado.
La voz de Ron era ronca por la angustia.
—Cómo… —sacudió la cabeza como si el pensamiento del "cómo" lo enfermara físicamente—. ¿Cuándo sucedió eso?
Hermione lo miró con ojos llorosos.
—Ron, no...
—¡No! —él rugió y la mirada rota en su rostro la derribó. Era una expresión que nunca olvidaría—. ¡Dime la verdad! ¿Cuándo sucedió?
—Pasó dos veces —dijo Harry casi en un susurro.
—¡Dos veces!
—Sí —Hermione asintió con seriedad, pero la tristeza y la miseria se cernían sobre ellos como una densa nube—. La primera vez fue un error, justo después de que nos dejaste en el Bosque de Dean. La segunda fue la noche de la batalla final —dijo malhumorada—. McGonagall había acomodado a Harry en unas habitaciones privadas para que pudiera descansar y después de que te durmieras, fui a ver cómo estaba y estaba tan molesto y... —Hermione se calló, mirándose los pies miserablemente mientras recordaba—. Acordamos esa noche que nunca volvería a suceder; acordamos que volveríamos con nuestras respectivas parejas y nos olvidaríamos de lo que había sucedido...
No tuvo valor para contarle el resto, pero lo recordaba con claridad. Hermione había ido con Ron y Harry había ido con Ginny. Las primeras semanas fueron raras, pero maravillosas... Hasta que todo cambió.
Ron parecía horrorizado, luego miserable, después contemplativo y finalmente nostálgico.
—Pero nosotros… Después de eso —balbuceó—. Quiero decir, ¿cómo sabes que no soy el padre?
Ese pensamiento pasó por su mente, tan pronto se enteró de su embarazo. Ella no lo sabía y la semana estimada de concepción que le había dicho el médico en Sydney no descartaba a ninguno de los dos. Ella esperaba y rezaba para que Ron fuera el padre, pero las oraciones no fueron suficiente. Rezar no podía cambiar el hecho de que ella y Ron habían sido más cuidadosos que ella y Harry. Nada era perfecto, lo sabía y debido a eso, decidió que necesitaba descubrir la verdad.
—Tomé una muestra de tu cabello la noche que rompimos —Hermione envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo mientras hablaba—. No había estado con nadie más, excepto Harry. Una semana después, fui a ver a un especialista muggle. Le conté sobre la situación y él miró los cabellos. Me dijo que podía hacer la prueba con ellos, pero solo después de que naciera el bebé. Así que tres meses después de que naciera Matthew, realizó la prueba. Ron —un suspiro escapó de sus labios—, me fui porque no lo sabía. No sabía quién era el padre, me fui para proteger a mi hijo, me fui para protegerte de la verdad, me fui porque no quería que te enteraras por alguien más que no fuese yo, me fui porque tenía miedo, me fui por muchas razones, pero...
—Pero ¿qué? —sus ojos estaban tan tristes y llenos de lágrimas no derramadas; era como si ya supiera lo que estaba a punto de decir.
Las lágrimas continuaron rodando por su rostro.
—Pero no volví… —respiró hondo y ásperamente mientras su labio temblaba—. No volví porque él... Él no era tuyo.
Ron se hundió más y más en sí mismo y todo lo que pudo hacer fue mirar.
Su corazón sangraba por él; sangraba por todos ellos.
—Me mentiste —dijo Ron sombríamente.
Hermione frunció el ceño.
—Qu… —pero él no la estaba mirando.
No, su mirada estaba fija en un congelado Harry Potter.
—Me dijiste que solo veías a Hermione como una hermana, que no había pasado nada entre ustedes dos, ¡me dijiste eso la noche que teníamos el Horrocrux!
Por primera vez desde que confesó sobre su hijo, Harry parpadeó y miró a Ron.
—Yo…
—Guárdatelo —espetó—, no quiero oírlo. No quiero oír tu voz. Todo lo que has hecho es mentir.
—Mentí para protegerte —explicó Harry.
Ron casi pierde la cabeza.
—Si alguien más dice… —soltó un gruñido enojado—. Todos han mentido para protegerme, ¡pero yo no lo necesito! ¡No necesito la protección de todos! ¡No soy un maldito niño!
Hermione se quedó sin habla.
—Yo… —Ron miró alrededor salvajemente. Cualquiera podía ver que le estaba costando mucho decir la verdad. Quería ayudar a aliviar su dolor, pero él se había ido tan lejos y tenía que prepararse para una segunda pelea—. Tengo que irme.
—¡Espera! ¡Solo escúchame! —gritó Harry.
—¡Ya terminé de escucharte! ¡Mierda! —se cubrió los ojos y se pasó las manos por el rostro, exhausto—. Ni siquiera puedo mirarte. A ninguno de los dos. Ni siquiera sé qué hacer. Tengo que...
—Ron. Yo tampoco sé qué hacer, pero hablemos de esto —suplicó Harry.
Sacudió la cabeza como si la idea de hablar de la verdad le hiciera sentir náuseas. Su respiración era irregular.
—¡No! —Ron lo castigó, sus ojos y mejillas estaban empapados de lágrimas—. ¡No quiero hablar de eso! Ni siquiera puedo empezar a llenar mi cerebro con eso. ¡Me enferma! No puedo, es una hipocresía —y se rompió. Lloró las lágrimas de ira y dolor de un hombre que acababa de darse cuenta de que todo lo que creía era una mentira. Sus manos temblaban de rabia mientras buscaba su varita en su túnica; su cuerpo se estremeció de dolor.
Él lloró y Hermione lloró por él.
No podía mirarlos. No podía hablar con ellos. Ron, física y mentalmente, no podía soportar estar cerca de las personas a las que una vez llamó sus mejores amigos. Y se negaba a seguir allí. Harry lo intentó de nuevo.
—Ron…
Apuntó con su varita a su amigo por primera vez y se burló mientras se alejaba lentamente.
—Manténgase alejado de mí.
Así, el gran "Trío Dorado" original se convirtió en un dúo roto.
Durante minutos después de la partida de Ron, los padres de Matthew Granger no dijeron nada y no hicieron contacto visual.
Ella no respiró, no se movió, solo miraba a Harry. Lo observó mientras pensaba. Observó cómo su rostro atravesaba una multitud de emociones. Hermione sabía que estaba esperando antes de que comenzara la verdadera pelea. Esta era la pelea que perseguía sus sueños, pero ahora, era su realidad. Cualquier movimiento incorrecto iniciaría la segunda ronda, a pesar de que ambos no estaban listos.
Decirle la verdad a Harry y Ron fue más horrible de lo que había imaginado; el dolor en su pecho era increíble y sofocante, pero al mismo tiempo, se sentía, se sentía extraña. Esclarecedor.
Como si la carga sobre sus hombros se hubiera aliviado un poco.
Podía respirar de nuevo.
Fue un alivio agridulce; uno que vino con mucho dolor y desesperación.
La discusión comenzó con una palabra del mago roto.
—Por qué…
Hermione gimió. No otra vez.
Pero Harry negó con la cabeza. Su voz era apenas un susurro.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Sabía que él iba a preguntar eso, pero saberlo no había facilitado la respuesta.
—Lo intenté. Honestamente, lo intenté —solo tenía que creer en ella, incluso cuando no tenía otra razón—. Te juro que sí, pero no me escuchaste.
—¡Deberías haberme hecho escuchar!
—¡No puedo obligarte a hacer nada! ¡Nadie puede! Haces las cosas a tu manera, Harry. Tú… —ella respiró de nuevo—. Estaba tratando de decirte que estaba embarazada y que tendría al bebé, ese día en el banco, pero tú...
—¡Pensé que te ibas a hacer un aborto!
—¡Y yo supuse que me estabas diciendo que estaba cometiendo un error al quedarme con el bebé!
Se miraron el uno al otro por un breve momento. Tanto drama, dolor y miseria nacieron de un simple malentendido.
—¿Por qué no me respondiste? ¿Por qué no me lo dijiste en la carta? O... Lo que sea.
Parpadeó confundida.
—¿Qué carta, Harry? Nunca recibí una carta tuya.
—Si lo hiciste.
Y ahí estaban, de vuelta al punto de partida.
—¡Escúchame! ¡No recibí ninguna carta!
—¡Te la envié el día después de que te fuiste! Estaba tratando de disculparme por todo lo que dije en Australia, esperaba que mi disculpa te trajera de regreso a casa. No me importaba, solo quería que volvieras —sus ojos estaban nublados y ella sabía que estaba perdido en su memoria—. Pero nunca respondiste y asumí que tú...
—Ese es tu problema, Harry, asumes demasiado.
—Y tal vez eso sea cierto, pero me mantuviste alejado de mi hijo.
Ella estaba de vuelta a la defensa.
—Para protegerlo. ¡Para protegerte a ti y a Ron!
—¡No, lo hiciste para protegerte a ti misma!
—¿Protegerme? —Hermione se resistió—. ¡No me protegí! ¡Me torturé! ¡Mantuve esa hermosa carga dentro de mi estómago durante nueve meses y dentro de mi corazón durante los últimos cinco años! Así que no tuviste que sentir, ¡para que nadie tuviera que sentir nada! ¡Lo que hice fue desinteresado!
—¡No, lo que hiciste fue egoísta!
Sus manos temblaron cuando su cuerpo se relajó contra la columna, pero no dijo nada más.
Quizás, en algunos aspectos, tenía razón.
—¿Y de qué sirvió, Hermione? ¿De qué sirvió mantener esto en secreto? ¡Aún lastimas a todos!
—¡No podía mentir más! ¡Me estaba matando! —ella bajó la voz. Tenía que decírselo y tenía que decírselo en este mismo momento, mientras tuviera su atención—. Además, ya no hay razón para esconderlo más...
Confundido, Harry continuó.
—¿Q-qué quieres decir?
No podía respirar, le temblaban las manos y le temblaban los labios.
Harry empezó a gritarle.
—¡Dime, Hermione! ¡Dime a qué te refieres!
Su pobre cuerpo comenzó a temblar y lo miró a los ojos.
—Harry —susurró Hermione en medio de sus gritos—. Él se fue.
Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas.
—¿Q-qué quieres decir con que "se ha ido"?
—No puedo… —se estremeció cuando cada músculo de su cuerpo se puso completamente rígido—. Él murió.
Harry parpadeó. Él parpadeó y la miró como si no entendiera. Y cuando la realización llegó, Harry se tambaleó. Era como si ya no pudiera soportar más su propio peso. Hermione podía escuchar cómo se desgarraba con cada momento que pasaba.
Mejor que antes, comprendió el tipo de vida que había llevado. Y ella se sentía miserable por él.
Él también había perdido a tanta gente en su corta vida y acababa de perder a otra persona que nunca había tenido la oportunidad de conocer, abrazar, amar...
El destino no era amigo de ninguno de los dos.
Todo lo que Hermione pudo hacer fue mirarlo mientras se derrumbaba. Sus manos se cerraron en puños apretados y cubrió la mayor parte de su rostro como pudo.
—T-tú me dices que tengo un hijo y luego me dices que está muerto. Eso es simplemente cruel, Hermione. Eso es solo… —su voz se quebró mientras las lágrimas caían salvajemente por sus pálidas mejillas—. Eso es solo… Te odio.
Cerró los ojos y, aunque lo intentó, no pudo dejar de llorar. Porque en ese momento ella también se odió a sí misma.
—Lo siento mucho —se atragantó Hermione—. Lo siento mucho.
Ella no podía soportarlo.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le gritó mientras avanzaba—. ¿Por qué no pudiste dejarlo así? —la hizo retroceder contra la columna, agarrándola por los hombros.
—¡Detente! —sus dedos enterrándose en su piel le dolían—. ¡Harry! ¡Detente! ¡Me estás lastimando!
Inmediatamente, la soltó y se pasó los dedos por el desordenado cabello mientras lloraba. Nunca lo había visto tan alterado. No cuando murió Cedric. Ni cuando Sirius cayó a través del velo. Tampoco cuando Dumbledore murió. Ni siquiera después de la batalla final, cuando el dolor estaba tan fresco para todos ellos. Nada se compraba con la angustia que presenció hoy.
Y de repente, ya nada importaba.
Ni su pasado, ni su presente, ni siquiera su futuro.
Nada importaba.
Sabía la verdad y estaba tan destrozado como ella.
Y Hermione lo tomó en sus brazos.
No esperaba nada, pero recibió todo, aunque solo fuera por unos minutos. No esperaba que él la rodeara con sus brazos, pero lo hizo. No esperaba que él hundiera el rostro en el hueco de su cuello, pero lo hizo. No esperaba que la escuchara mientras hablaba de su hijo, pero lo hizo.
—Matthew nació el seis de febrero, exactamente a las dos de la mañana. Pesó dos kilos y 56 gramos, midió cincuenta y ocho centímetros; tenía tu barbilla, tus pestañas, tus gestos, tus manos y tu cabello. Nada en el mundo lo detenía y creo que a él le gustaba ser de esa manera. Yo...
—Por favor, detente, Hermione. Yo… —su voz se quebró—. No puedo hacer esto. No puedo escuchar… —él la apartó; su dolor fue reemplazado por rabia y resentimiento.
—Harry —susurró.
—¿Por qué, Hermione? ¿Por qué me dices esto ahora?
Con tranquilidad, recargó su exhausto cuerpo en la columna lo mejor que pudo.
—Quería dejar de vivir una mentira. Quería decirte la verdad a ti y a todos. Mereces conocer a tu hijo.
—¡Pero está muerto!
—¡Sigue siendo tu hijo! ¡Sigues siendo su padre, al igual que yo sigo siendo su madre!
Harry golpeó la columna con el puño porque no se atrevía a golpearla a ella.
—Ojalá nunca me hubieras dicho la verdad. Ojalá nunca lo hubiese sabido.
Hubo un sonido extraño y Hermione comprobó que no estaban solos.
—La ignorancia es una bendición —dijo una voz aristocrática, fría y profunda desde las sombras—. Ya es hora de que sepas esa verdad, incluso si eres reacio a aceptar todas las cosas —Draco Malfoy salió de las sombras, avanzando hacia ellos como un leopardo. Sus zapatos de piel de dragón resonaron por todo el pasillo. Sus rasgos eran fríos y agudos, relajados y sus pasos pausados.
Hermione, incluso en lo más profundo de su propia desesperación, descubrió que estaba tan sorprendida de verlo como Harry.
—¡Malfoy! —Harry se apartó de ella—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Escuché gritos.
Emocionalmente exhausto, Harry ignoró la nueva presencia y enterró el rostro entre sus manos, conmocionado hasta la médula y rebosante de dolor por un hijo que nunca conoció.
La bruja miró dubitativa al mago rubio. No se apresuró a aceptar las palabras de Malfoy como la verdad, porque lo conocía. Ella lo conocía bien. Y lo que sabía de él, le decía que había estado allí más tiempo del que dejaba ver, probablemente desde el principio. Seguramente era la razón por la que nadie había atravesado ese pasillo en particular.
Hermione sabía que debería haber estado molesta con él, pero todo lo que podía pensar era que estaba agradecida de tener un aliado, aunque no sabía que lo había tenido.
—Lo has comprobado; ahora vete, ¡déjanos en paz! —Harry instruyó oscuramente.
—Creo que preferiría quedarme —los ojos grises se posaron en Hermione y por primera vez, vio preocupación. Por supuesto, ella solo lo vio por un momento antes de que él adoptara su característica máscara de indiferencia—. Dado que una nube de verdad ha caído sobre todos nosotros, considero que Potter debería revelar una verdad que quiera, no, necesita compartir.
Harry se puso completamente blanco.
—No.
—No hay mejor momento que el presente —se burló con frialdad.
Los ojos verdes se enfurecieron.
—¡Eres un bastardo!
—Me han dicho cosas mucho peor, créame.
—Malfoy —comenzó Hermione vacilante—. Este no es el momento ni el lugar.
—Este es un momento perfecto. Le has dicho la verdad y ahora tú necesitas saber la verdad.
Harry Potter había llegado a su punto de ruptura.
—¿Crees que es diferente? ¿Crees que ha cambiado? —preguntó Harry airado—. No ha cambiado ni un poco. Todavía es un pésimo…
Malfoy dio un perezoso encogimiento de hombros.
—Quizás lo soy, quizás no lo soy, ¿quién eres tú para juzgarme? No eres mejor que yo.
Dejándose caer contra la columna, Hermione cerró los ojos por un momento. Ella simplemente no podía soportarlo más. Simplemente, no podía soportar más los gritos. Se sentía como si hubiera gritado todo el día y simplemente estaba exhausta. Ella solo quería que todo terminara, pero no fue así. Solo quería irse, pero no podía moverse. Quería que se la llevaran, pero allí estaba, escuchando a los dos hombres discutir. Se apoyó contra la columna, incapaz de sostenerse por sí misma.
—¡Ni siquiera sé por qué te lo dije! —Harry le gritó a Malfoy—. ¡Todo lo que vas a hacer es arrojarlo de vuelta en mi rostro! ¡Eso es tan malditamente típico de ti! ¡Patear a alguien cuando está deprimido! ¿Eso te hace sentir como un hombre?
Los ojos de Malfoy se entrecerraron.
—He sido un hombre mucho más tiempo que tú, Potter.
El veneno en su voz hizo que Hermione se encogiera.
—Creo que voy a disfrutar contarle a Hermione todos los detalles de nuestro tête-à-tête.
—¡Vete a la mierda! —él respondió enojado—. ¡Todo se acabó! ¡Todo es un desastre! ¡Mi hijo está muerto y yo ni siquiera lo conocí y ni siquiera sé cómo sentirme! ¡Mi amistad con Ron se acabó! ¡Nada volverá a ser igual! Y aquí estás, tratando de joder todo —Harry alzó los brazos—. ¡Adelante, dile! ¡Dile todo lo que sabes! ¡Dile tu teoría conspiratoria! ¡Dile!
—Draco —la voz de Hermione era apenas un susurro.
Pero él la había escuchado y esa única palabra lo había detenido momentáneamente.
—No más —ella suplicó—. No más peleas. Ya tuve suficiente verdad por un día. Vámonos —el cansancio no le permitiría seguir adelante.
Por razones que ni siquiera ella entendía, Hermione lo alcanzó con una mano.
Ella solo quería salir. Rápidamente.
Él la miró fijamente.
—Necesitas saberlo todo.
—Quizás ya lo sé.
—Quizás no —Malfoy espetó.
Ella negó con la cabeza débilmente.
—Quizás no necesito esto ahora —se secó las empapadas mejillas, pero no sirvió de nada—. Déjalo en paz. Está hecho. Les he dicho todo.
La miró con extrema dureza, por lo que pareció una eternidad. Podía escuchar a Harry, pero sonaba tan lejos. No tenía idea de lo que Malfoy iba a decir o hacer. Era como si hubiera una guerra en su mente. Malfoy se movió de un lado a otro entre ella y Harry, pero al final, suspiró, apretó los dientes y la sacó de la esquina.
Su mano y sus palabras fueron ásperas, pero su toque fue gentil y eso era lo que ella necesitaba en ese momento.
—Bien —Malfoy cortó finalmente—. Me detendré. Ya han tenido suficiente y no necesitan que yo aumente esto.
El otro mago lo miró con odio.
—No tienes ni idea de lo que estoy pasando ahora mismo.
—No, no lo sé —se burló Malfoy mientras se movía detrás de Hermione, apoyando su otra mano en su hombro—. Como ya te dije, Potter, el mundo no es blanco y negro. Y ya es hora de que aprendas eso; y la vida, al parecer, es la mejor maestra.
Y luego, se la llevó.
Miró a Harry mientras Malfoy la conducía de regreso a su oficina, Hermione había esperado que ese sería su punto de ruptura. Que se rompería antes de poder marcharse. Hermione había esperado estar inundada de tantas emociones que su corazón dejaría de latir. Que los muros que la rodeaban caerían y experimentaría una debilidad que nunca habían conocido.
Pero en ese momento, por primera vez, extrañamente se encontraba en una especie de paz agridulce.
Y sus muros, aunque muy dañados, todavía estaban intactos.
Sus paredes nunca se derrumbaron, pero las de Harry sí.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Notas: ¡Hola a todos! ¿Cómo han estado? ¡Uf! por mi parte me ha pasado muchas tonterías estos últimos días, por lo que se me había olvidado que tenían que actualizar la historia. Lo siento por eso, pero aquí estoy nuevamente con un nuevo capítulo que espero les guste. Está bien dramático este capítulo así que prepárense para los infartos. Los quiero un montón y no olviden dejar sus comentarios.
Link historia original: www . fanfiction s/4172243/1/Broken
Naoko Ichigo
