Disclaimer: Twilight es de Stephenie Meyer, la historia es de Violet Bliss, yo solo me adjudico la traducción con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Violet Bliss, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Octubre
Fue a principios de octubre cuando Bella se dio cuenta de que estaba en problemas.
Sucedió un martes, mientras ella y Edward estaban en el proceso de poner sus libros y varios artículos coleccionables en los estantes que se alineaban en la sala, a ambos lados de la chimenea de gas. Había recibido un mensaje de texto de Alice, la novia de Jasper, con quien entabló amistad en los últimos meses después de que Jasper se diera cuenta de que estaba locamente enamorado de ella y comenzara a llevarla a sus eventos grupales (que en su mayoría consistían en ellos y algunos otros amigos jugando juegos de mesa y emborrachándose, algo que Rosalie y Emmett solían odiar).
Bella y Edward le echaron un vistazo a su camiseta de las Reliquias de la Muerte y sus vaqueros rotos y la aceptaron como una de ellos.
Cena/Star Wars/Vino el sábado por la noche en casa de Jazz. Trae a Edward.
—¿Tienes planes el sábado por la noche? —le preguntó Bella a Edward, observándolo colocar una figura de R2-D2 junto a su figura de BB-8.
Disfrutó tener a Edward como amigo mientras salía con Emmett, era un bálsamo para su alma tener tanto en común con otra persona fuera de internet, alguien a quien le gustaban las mismas cosas tanto como a ella. Siempre se habían enviado mensajes sobre tráileres y libros y aunque no le molestaba a Emmett, ella sabía por la forma en que la mujer le dio la espalda a Bella, que sí había molestado a Rosalie.
Sin embargo, siempre marcaron una línea. Nunca se llamaban ni se enviaban mensajes después de la hora de la cena, nunca iban a ver películas solos, ni pasaban tiempo solos ellos dos. Era como si, de alguna manera, ambos supieran que algo podría pasar si se cruzaba esa línea.
Él se giró para mirarla con una sonrisa que hizo que su corazón se desbocara de una manera que decidió ignorar, una forma que estaba ocurriendo cada vez con más frecuencia desde su cumpleaños.
—No, ¿por qué?
—¿Cena, Star Wars y vino en casa de Jasper te parece bien? —preguntó, esperando que él dijera que sí. Ninguno de los dos había tenido una cita con otra persona desde que sus parejas se escaparon juntos, pero ella sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que él lo hiciera. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que una hermosa mujer lo atrapara.
Él le sonrió y ella lo sintió en lugares que no debería sentirlo. Tenía una jodida gran sonrisa.
—Ponlo en el calendario —le dijo, refiriéndose al calendario de Star Wars que ella le compró para Navidad el año anterior, el que admitió que usaba a menudo porque, de lo contrario, olvidaba la mitad de las cosas que se suponía que debía hacer.
Le gustaba que él se preocupara lo suficiente como para asegurarse de que no lo olvidara.
Sonriendo, ella asintió y entró en la cocina, ahora equipada con varios electrodomésticos y chucherías que compraron junto con su madre, algo que él odiaba pero que ella disfrutaba. Esme Cullen era hilarante y la única persona que conocía que tenía un amplio conocimiento sobre todas las marcas de electrodomésticos posibles conocidas por el hombre.
Incluso reemplazaron ese odioso sofá. Bella le sonrió a la pobre alma que lo había comprado, sin saber el tipo de dolor que le esperaba.
El nuevo sofá era un seccional gris paloma que era más cómodo que cualquier cama que hubiera tenido. Ella le declaraba su amor a menudo, para diversión de Edward, quien ponía los ojos en blanco, pero sonreía cada vez que ella lo hacía.
Agarró el bolígrafo que colgaba del cordel con que él lo ató al calendario de la pared de color verde salvia pálido (un color que ambos eligieron) y con su letra mitad cursiva, mitad lo que sea, escribió Cena en casa de Jazz para el siguiente sábado, antes de volver a poner la tapa en el bolígrafo.
Ocurrió cuando miró la nueva entrada, al lado de una de Edward que decía corte de cabello a las 4:00 PM del día anterior y se quedó sin aliento al ver su intensa letra masculina junto a la suya femenina.
Le gustó ver sus escrituras juntas en un calendario clavado en una pared pintada de un color que eligieron juntos, y se instaló profundamente en su estómago, el anhelo de vivir en un mundo donde su escritura llenaría calendarios con cumpleaños y fechas y aniversarios y se dio cuenta.
Vivir en un mundo donde ella vivía en esta casa.
Su casa.
Porque estaba perdidamente enamorada de Edward Cullen.
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—Todavía me molesta que esperaron hasta la película para finalmente dejarlos estar juntos —indicó Edward, señalando con su cerveza hacia el televisor donde se proyectaba Star Trek: The Next Generation, la escena entre el comandante Will Ryker y la consejera Deanna Troi. Sus personajes eran examantes que nunca se convirtieron en pareja durante la transmisión de la serie de siete temporadas, lo que molestaba a Edward, incluso años después.
—Especialmente porque fue tan anticlimático —coincidió Bella, bebiendo de su copa de vino. Estaban sentados uno al lado del otro en el enorme sofá seccional de Edward, construido específicamente para su espaciosa sala, una caja de pizza vacía en la mesa de café frente a ellos.
—Y luego se afeitó la barba. La barba lo identificaba —se quejó Edward y Bella sonrió, desviando su atención de la televisión a él—. ¿Qué? —preguntó, mirándola.
—Me agradas —le dijo ella.
Observó cómo sus ojos se volvían líquidos, su expresión suave y su corazón amenazaba con salirse de su pecho ante la vista.
—A mí también me agradas —respondió él, moviéndose para envolver un brazo alrededor de ella, atrayéndola hacia su costado.
Ninguno de los dos estaba sorprendido de lo bien que encajaba allí.
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Bella se paró frente al espejo de su habitación, mirándose y mordiéndose el labio.
No estaba segura de si quería hacer esto.
Pero sintió que tenía que hacerlo.
Edward tenía que saber que ella tenía sentimientos por él porque no estaba segura de cuánto tiempo más iba a continuar con su amistad sin saltar sobre él, y eso la asustó.
No sabía que alguna vez podría sentir tanto por una persona, pero lo sentía todo por Edward y no quería perder más tiempo siendo menos feliz de lo que podría ser.
Él le enseñó eso.
Se había dado cuenta semanas atrás, cuando había entrado en su casa para ayudarlo a pintar las paredes de un color que eligieron juntos, que estaba enamorada de él.
Lo sabía porque cuando entró en su casa y lo encontró aplicando cinta de pintor a la pared, con un par de vaqueros desteñidos y una camiseta vieja del Capitán América, sintió que finalmente estaba regresando a casa.
Así que eso la llevó a su fiesta de esta noche, una fiesta de inauguración barra Halloween que la tuvo parada en su habitación vestida como Deanna Troi de Star Trek: The Next Generation. Pasó una hora rizándose el cabello y otra media hora siguiendo un tutorial de maquillaje de Halloween que la hizo usar muchos más productos que nunca en su vida, pero no podía negar los resultados.
Con el ajustado traje morado, con el cabello y el maquillaje arreglados, se veía sexi.
Ya sabía que Edward la encontraba atractiva, había visto sus ojos vagar apreciativamente sobre ella estos últimos meses, había visto sus ojos mirar fijamente a su boca.
Incluso lo pilló mirándole el trasero cuando estaban pintando las paredes de la cocina; dos veces.
Tomando una última respiración profunda, asintió y se movió para irse, agarrando su bolso de la barra de desayuno y abriendo la puerta principal.
Sin embargo, se congeló cuando notó la gran figura bloqueando su salida.
Una gran figura familiar.
Emmett.
