Disclaimer: Twilight es de Stephenie Meyer, la historia es de Violet Bliss, yo solo me adjudico la traducción con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Violet Bliss, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Octubre: Continuación
Edward miró su reloj y frunció el ceño; Bella llegaba tarde.
Él fruncía el ceño porque ella no era el tipo de persona que llegaba tarde y si lo hacía, te avisaba que lo haría, y una mirada a su teléfono le dijo que no lo había hecho.
Saludando a otro invitado, fingió una sonrisa y actuó como si su estómago no estuviera dando vueltas hacia atrás.
—¡Te ves bien, hijo! —exclamó su padre mientras él y la madre de Edward entraban por la puerta principal, tomados del brazo, vestidos como el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall.
Edward sonrió a sus padres y era una sonrisa real. Realmente era un afortunado hijo de puta, teniendo dos padres que no eran tímidos para amarse el uno al otro, o a él. Era parte de la razón por la que se enojó tanto con Emmett cuando se fue, porque lo hizo sin decirle una palabra a Carlisle y Esme, quienes prácticamente lo criaron.
Tomó un trago de su cerveza y volvió a mirar su reloj, preguntándose cuánto tiempo debería esperar antes de llamarla. El pensamiento lo hizo tomar otro trago, ninguna otra mujer lo hacía sentir como Bella, lo hacía querer estar cerca de ella todo el tiempo. Incluso en el apogeo de su relación con Rosalie, pasar demasiado tiempo en su compañía era agotante.
Eso probablemente debería haber sido un indicio.
Miró hacia la puerta principal y luchó por no desfallecer de alivio al verla de pie en la entrada.
Y luego registró su disfraz y todo lo demás se desvaneció.
Porque estaba vestida como Deanna Troi, la primera mujer de la que se había enamorado. La mujer que se casó con el comandante William T. Ryker, de quien Edward estaba vestido.
A la mierda, pensó mientras comenzaba a caminar hacia donde ella estaba, pero se detuvo tan pronto como vio quién entraba por la puerta detrás de ella.
Emmett.
La mirada de Bella se encontró con la de él y sus ojos se abrieron cuando vio su disfraz, sus mejillas se sonrojaron mientras su boca se curvaba en las comisuras, pero su sonrisa se detuvo cuando se dio cuenta de que él notaba al hombre parado detrás de ella.
Observó cómo ella respiró hondo y caminó hacia donde él estaba, luchando contra el impulso de apreciar completamente la forma en que se movía el disfraz mientras caminaba, sabiendo quién la seguía.
—Edward… —comenzó ella cuando estuvo al alcance del oído, pero fue interrumpida de inmediato.
—Edward —dijo Emmett, y Edward movió su mirada de Bella a su primo, cuyas orejas estaban rojas y cuyos ojos estaban llenos de culpa y dolor.
—Ahora no —casi gruñó Edward en un tono que nunca antes había usado con su primo. Incluso creciendo, nunca habían peleado.
—Tenemos que hablar —indicó Emmett, y Edward apretó la mandíbula y dejó escapar un profundo suspiro antes de vaciar su cerveza y pasar a la lavandería vacía. Captó la mirada de los rostros sorprendidos de sus padres mientras caminaba y vio cómo cada uno dejaba sus bebidas para unirse al pequeño grupo que se movía hacia el espacio vacío en la parte trasera de la casa.
Tan pronto como estuvieron todos en la habitación, Emmett comenzó.
—Lo siento…
—Te llamé. Por semanas —espetó Edward, su voz baja pero llena de traición finalmente burbujeando a la superficie—. No respondiste ninguno de mis mensajes de texto.
La vergüenza llenó el rostro de Emmett mientras miraba a Edward y luego al resto de ellos.
—No quería escuchar lo mucho que la cagué o lo mucho que los decepcioné. Y Rosalie, ella seguía diciéndome lo enojados que estarían todos, cómo no lo entenderían.
—Queríamos que fueras feliz, Emmett. No tenías que jodernos para hacerlo —gruñó Edward. Esme colocó una mano sobre el brazo de su hijo.
—Cariño, te hubiéramos apoyado. Podríamos haber estado enojados al principio, pero somos familia, estamos en esto de por vida —expuso, su tono lleno de afecto maternal que calmó ligeramente el temperamento de Edward. Se enfrió aún más cuando sintió la mano de Bella presionar suavemente contra su cadera.
—No sabía qué decir, y después de que se vino abajo lo del béisbol, Rose seguía diciéndome que siguiera, que vendría algo más, pero yo solo quería volver a casa. Quería que viniera conmigo, pero ella quería quedarse. Así que me fui —explicó.
—Deberías habernos dicho que sentías algo por ella —intervino Bella en voz baja. La mirada de Emmett se encontró con la de ella y el estómago de Edward se retorció por el arrepentimiento allí—. Te habría dejado ir, si eso era lo que querías.
—Lo sé —fue todo lo que su primo dijo en respuesta, haciendo que Edward se enfureciera. Bella se merecía más que eso.
—Deberías haber contestado el teléfono, hijo —razonó Carlisle, el dolor claro en sus ojos. Emmett había lastimado más que solo a Bella y Edward en su partida y con el silencio que siguió.
—Lo siento —susurró Emmett, levantando su mano para sostener la de Esme.
—Solo queríamos que estuvieras bien, que fueras feliz —le dijo, su voz cálida y maternal de una manera que hizo que a Edward le doliera el pecho.
—No voy a volver. No quiero desperdiciar el resto de mi vida persiguiendo una quimera. Quiero volver a la universidad, especializarme en enseñanza, lo más divertido que he tenido fuera del béisbol fue enseñarles a los niños a jugarlo, así que quiero seguir haciendo eso —confesó.
—Eso es genial, Em —apremió Bella, sonriéndole, con felicidad genuina por él en su rostro.
Emmett sonrió y se giró para mirarla y Edward observó cómo su primo se fijaba en su proximidad al lado de Edward, los trajes hacían juego, y la sonrisa se desvaneció un poco.
Los ojos de Emmett se dirigieron a los de Edward, una pregunta clara en su mirada. Edward asintió levemente y observó cómo se flexionaba la mandíbula de su primo, lo observó contemplar su reacción, pero tan pronto como Emmett se volvió hacia la suave mirada de Bella, cualquier ira que se agitara se desvaneció.
—Gracias, Bell —respondió, su voz suave, nada más que amabilidad en su voz antes de volver a mirar a Edward y asentir levemente.
Algo en el pecho de Edward se relajó un poco, algo que no sabía que lo estaba agobiando hasta entonces.
—Nos preocupaste —agregó Edward finalmente, la ira se desvanecía mientras Emmett hablaba.
—No volverá a suceder. Jamás —prometió Emmett, su rostro y voz sinceros.
—Es mejor que no, hijo —indicó Carlisle.
Emmett asintió, y todos estuvieron en silencio por un minuto completo antes de que alguien dijera algo, cada uno de ellos lidiando en silencio con todo lo que acababa de decir, ante el regreso de Emmett.
—¿Quieres emborracharte? —preguntó Bella de repente, rompiendo el hielo.
Edward le sonrió.
—Esa podría ser la mejor idea que haya tenido, consejera.
xxx
—Estás enamorado de ella —le dijo Emmett a Edward, dos horas más tarde mientras estaban junto a la mesa de billar, observando a Bella intercambiar turnos con Carlisle mientras jugaban quizás el juego más descoordinado jamás presenciado.
—Sí —admitió Edward honestamente, bebiendo lo último de su vaso de whisky mientras Bella fallaba la bola una vez más.
—¿Cuánto tiempo?
Edward se giró para mirar a su primo, quien estaba quitando lentamente la etiqueta de su botella.
—Empecé a sentir algo por ella un par de meses después de que te fueras. Me evitó ese primer mes, pensó que estaría enojado con ella por Rosalie, creo que pensó que era su culpa que tú y Rose estuvieran juntos, que ella no había sido suficiente para ti.
Emmett hizo una mueca ante sus palabras y miró hacia arriba para encontrarse con la mirada de Edward.
—Bella era, es, perfecta. Es inteligente, hermosa y divertida, pero simplemente... no es para mí, creo. No creo que nunca lo haya sido realmente.
Edward contuvo el aliento, volviendo su mirada a Bella, quien estaba riéndose con su madre.
—Voy a casarme con ella, Em —aseguró, su mirada suave mientras miraba a la mujer que amaba. Joder, pero ella era la cosa más bonita que jamás había visto.
—Hazla feliz.
