Notas iniciales

Ambientado en el Universo Hufflepuff, eventos del libro 6: Harry Potter y el misterio del Príncipe.

Zacharías Smith ofrece su punto de vista (aunque nadie se lo haya pedido) sobre los principales acontecimientos hasta su precipitada marcha de Hogwarts tras el asesinato de Dumbledore.

Se entiende mejor si se ha leído ¡Hufflepuff Existe!, pero si no, tampoco pasa nada. Los nombres del equipo de Hufflepuff están basados en la alineación oficial que se publicó con el videojuego Harry Potter: Quidditch World Cup.

Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J.K. Rowling, Warner Bros y un puñado de editoriales por todo el mundo. Esta obra no tiene ningún ánimo de lucro.

Dedicado a Cygnus. Gracias por tu apoyo estos últimos años. ❤

Oh, I don't want to let you go
I'm a little lost without you, a little lost without you
My darling, you are all I know
I'm a little lost without you, a little lost without you
Without you by my side

[Trad: Oh, no quiero dejarte marchar
Me siento un poco perdido sin ti, un poco perdido sin ti
Cariño, eres todo lo que conozco,
Me siento un poco perdido sin ti, un poco perdido sin ti
Sin tenerte a mi lado]

Lost Without You, Kygo & Dean Lewis

Zach está rodeado.

¡Rodeado de pervertidos!

Eso es lo que piensa, airado, después de salir huyendo de la sala común tras ser espantado por Ernie Macmillan. Esa rata de biblioteca sobrealimentada se ha puesto rabiosa al verle pegado a Justin y lo ha apartado con su manaza para darle un señor morreo ahí, delante de sus narices y de toda la sala común, por si a alguien todavía le quedaba alguna duda de que Justin Finch-Fletchley es suyo y solo suyo.

¡El muy ingrato! Olvida que Zach fue su aliado para conseguir a Justin (que lo hiciera por puro egoísmo para quedarse con Hannah no cuenta). Olvida que Zach también ha estado siempre al lado de Justin en lo bueno y en lo malo, incluso en aquellas épocas en las que hasta el incombustible Ernie Picopala se mantuvo apartado por sus estúpidos complejos y sus absurdos dilemas morales. Olvida que Zach necesita a Justin tanto o más que él.

Con Justin, Zach siempre se ha sentido capaz de sobrellevar cualquier cosa. El bardo siempre ha sido un bálsamo para el alma atormentada de Zach, y tenerlo cerca este curso de mierda le ha ayudado a soportar lo insoportable: que Hannah ya no esté, que nadie le quiera como capitán, que las chicas prefieran a Summerby, que Cad anote más puntos que él, e incluso que le echen el gafe en los partidos.

¿Es que Macmillan ya no va a dejarle ni las migajas?

Pues se ve que no.

Lo que pasa es que en Hufflepuff se aburren como ostras y llevan todo el curso haciendo comentarios estúpidos y bromitas sobre "arrimar cebolletas" y "bordear aceras" y "olores que se pegan". ¿¡Y qué si Justin huele a Zach!? Al menos Justin llega cada noche a la cama de Macmillan oliendo a buena compañía. Macmillan solo le lleva olor a libro rancio y a cerebro frito.

Pero se ve que tantos rumores le han hinchado las pelotas al prefecto y hoy ha sentido la imperiosa necesidad de marcar territorio como el oso que es. ¡Pues que sepa que esa forma de restregarse sobre el sofá debería estar penalizada! ¡Sobre todo por dar hambre a los que no tienen qué comer!

Y ya van dos en una noche, ¡dos! ¡Dos maromos que exhiben públicamente una impúdica y completa sumisión a sus machos! ¡Por favor! ¿¡Qué demonios está pasando aquí!?

Lo de Summerby no le ha sorprendido tanto: haciendo memoria, desprendía tufillo a mariposa desde el curso pasado. Pero este curso había ganado TANTOS puntos de hombría, tantos como puntos ha conseguido para el equipo atrapando la snitch en TODOS los partidos, que verlo mimosón y sumiso en el regazo de Fleet ha roto los esquemas a toda la casa. A Zach casi le provoca arcadas.

¡Que estamos hablando de Summerby, maldita sea!

¡Un tío con pelos en los huevos! Bueno, Zach le ha visto en la ducha y no es que tenga mucho pelo ahí, o en general, la verdad. Pero sí es un tío que va por ahí con la actitud de quien tiene los huevos cuadrados.

¡Un tío al que las chicas tenían por Romeo y ha resultado ser Juliet! (La parte positiva es que quizá ahora se percaten de lo masculino que es Zach en comparación y se convierta en el chico más popular del equipo.)

Pero es que… Es que… ¡Demonios! ¡Que ha recibido a Fleet subiéndosele a horcajadas ahí de pie! ¡Que se le ha puesto patas arriba en el sofá, en modo "tómame papi"! ¡Que si Fleet hubiera sido otro como, no sé, el Macmillan de esta noche, se lo habría cepillado allí mismo!

¡Y va el loco de Cad y vuelve a invitarlo a su cama! ¡En pleno celo! ¡A hacerse unas pajillas! ¡Unas pa-ji-llas!

Juntos, pero no revueltos. ¡Y un cuerno!

Zach sospecha que esas pajas entre amigos en realidad nunca han sido inocentes.

La tradición del equipo surgió en una época de sequía de quidditch durante el torneo de los tres magos, en la que los jugadores de Hufflepuff empezaron a desmadrarse: Heidi y Tamsin enrollándose en los baños; Cedric follándose a Justin a escondidas; Preece que lo mismo le daba acostarse con Heidi, montarse un trío con las dos, o liarse a pajas con Rickett…

Todo esto lo sabía de primera mano gracias al propio Preece.

Malcolm Preece era el cazador con el que estuvo un año alternándose en los partidos durante la temporada en la que Cedric fue capitán. Zach lo consideraba un jugador mediocre al que todo se la soplaba porque su lema en la vida era: carpe diem y a los problemas, que les den. Su mayor logro había sido ligarse a su compañera Heidi Macavoy, alias "la maciza", la chica más popular de todo su curso, quien había rechazado a varios tíos de las cuatro casas para ir con él al baile. Su lema era: carpe diem y a los que no sean de mi equipo, que les den.

A Preece y Heidi les hacían gracia las rabietitas del "pequeñín" del equipo porque le respetaban como jugador y porque eran dos personas incapaces de estresarse por algo.

Un día, poco antes de graduarse, Preece se desahogó con Zach. El muy cabrón se lamentaba de no haber tenido tiempo para montárselo mejor antes de la desgracia. Le confesó que se sentía orgulloso de haberse enrollado con Heidi, pero que le habría gustado hacer más cosas con Cedric, no solo en el campo de quidditch, y que ojalá Zach también se hubiera integrado un poco más con el equipo, en vez de estar tan sumido en la caza de Hannah.

Ahora Zach quizá se arrepienta un poco, pero por aquel entonces estaba en tercero, y no tenía los mismos picores con los que se sube por las paredes en quinto, ni era consciente de la bomba sexual que encabezaba su escuadrón de cazadores. La guarrilla de Heidi, además de una chica cañón, también era una figura maternal que una vez intentó calmar una rabieta de Zach enterrándole la cara cariñosamente entre sus melones. Si esto ocurriera hoy en día, Heidi se llevaría como mínimo un muerdo en el pezón, pero en aquellos tiempos Zach todavía tenía el sexo romantizado y la apartó con asco, porque conquistar a una buena chica como Hannah era su único objetivo personal.

Como también le pasaba a Rickett, que era un inmaduro de tres pares de narices y no fue capaz de montarse un trío con ellos, por mucho que le insistieran; ni de declararse a Tamsin, por mucho que le gustara.

Entonces Cedric murió y todos maduraron de golpe.

Y, tras una larga etapa de luto, a raíz de un resfriado del buscador que les costó la liga, las hormonas de medio equipo despertaron de su letargo en la enfermería y la primavera sexual regresó: Tamsin y Rickett comiéndose los morros en el aire durante los entrenamientos y follando en los vestuarios; Rickett corrompiendo continuadamente a Cad para que se pajee con él; Macmillan perdiendo la virginidad con Justin durante la redada definitiva a su grupo rebelde; Hannah arrojándose a los brazos de Zach (¡por fin!) y besándole como si les fueran a expulsar del colegio y no hubiera un mañana...

Los únicos que no se comían un rosco eran la golpeadora Maxine O'Flaherty y Zach, y O'Flaherty antes prefería estar pendiente y reírse de lo que hacían los demás que buscarse su propia vida.

Zach pensaba que la depravación se terminaría cuando se graduara toda aquella promoción vivalavida, y que los restantes (Cad, Summerby y él) formarían un equipo nuevo centrado en lo que realmente importa: el quidditch.

Y este curso realmente parecía que todo iba bien: el nuevo equipo se lo toma muy en serio, han vuelto a ganar a Gryffindor por goleada y están entrenando A MUERTE para ganar a Slytherin.

Pero no, resulta que el mojigato de Fleet y el mojabragas de Summerby son pareja a escondidas, y que a Cad no le basta con tocar pelotas en el campo de quidditch: necesita desesperadamente seguir regando el campo de nabos que comenzaron a cultivar sus predecesores en el dormitorio de séptimo.

Quizá para Cad sea su forma de sobrellevar los rechazos de las chicas. El tío no para de encadenar fracasos y Zach opina que es porque no se centra en ninguna. Cada año se enamora de una o de dos, se declara, y se lleva de regalo unas bonitas calabazas.

Lo gracioso es que la chica que más le gusta, Katie Bell, es la única a la que todavía no se ha declarado. Siempre encuentra alguna excusa para no hacerlo. Sí, vale, ahora está en coma en San Mungo por culpa de una estúpida maldición con un colgante que nadie le mandó tocar; pero Fleet les ha contado que le queda poco para despertar, y que piensa ayudar a Cad a su manera desde su puesto de cuidador en prácticas del hospital. Seguro que cuando Bell vuelva a Hogwarts, Cad encontrará de nuevo cualquier excusa para no declararse y así prolongar la ilusión de tener esperanzas hasta su graduación.

Mientras tanto, se aferra a sus pajas con Summerby con el mismo fervor y lealtad que antes mostraba con Rickett (lo mismo que Rickett hacía con Preece, cuando no se atrevía a declararse a Tamsin. ¡Si es que vaya atajo de cobardes! ¡Les falta confianza en sí mismos! ¡Por eso nunca ganan la copa, pese a que son el mejor equipo que ha visto jamás su casa!)

Lo que pasa es que Cad, al igual que Rickett, antes que llevar a una novia, aspira a llevarse a todo el equipo a su cama.

Pues ya que está, ¿por qué Cad nunca invita a Justin? ¡Justin tiene más veteranía en el equipo que cualquiera de ellos! Aunque sea como mascota y psicólogo de cabecera. Además, que tenga pareja no importa: Rickett siguió pajeándose con Cad incluso después de liarse con Tamsin, así que ¿por qué Cad se saltó un curso e invitó nada más que al yogurín de Summerby y a Zach? ¿¡Eh, eh!? ¡Que se lo expliquen!

Porque, si en vez de a Summerby, Cad hubiera invitado primero a Justin (¡y que le jodan a Macmillan un rato!), quizá, y sólo quizá, Zach se habría apuntado. Por probar, nada más. Y, bueno, por saber con qué voz canta el bardo cuando se excita, en fin, esas cosas que sólo se saben cuando se comparten sábanas. A ver, no es algo que le interese demasiado, solo le pica un poco la curiosidad. Solo la curiosidad, piensa, mientras se rasca entre las piernas y se la recoloca.

Pero a Justin nunca le han invitado, y por eso, entre otras razones, como que es una tradición muy, muy gay, Zach no piensa participar jamás.

De todos modos, tras su octava negativa, Cad ya nunca le invita. Seguro que ahora prefiere estar a solas con Summerby, como si lo viera. Hace tiempo que Cad no menciona ninguna chica que le guste, algo rarísimo para un cazador tan enamoradizo como él. Y no es posible que no se percate de cómo babea la golpeadora cuando le mira. Si de verdad se muere por tener novia, como se lamentaba a todas horas el curso pasado, éste no está haciendo muchos méritos que digamos.

Por el contrario, esa noche no ha tenido reparos en preguntar a bocajarro lo que todos estaban pensando (cuál es ahora la relación entre Fleet y Summerby) y la respuesta le ha dejado bastante descompuesto. Como si temiera que aquello fuera el principio del fin de sus cuestionables escarceos.

Quizá por eso ha ido rápidamente a comprobar que nada ha cambiado, o quizá… ¡sí!, quizá al descubrir que Summerby es en realidad un muerdealmohadas, Cad ha visto una oportunidad con él que nunca se imaginó que estaría en el menú. ¡Ja! ¡Pues si espera ligárselo, va listo! Summerby está enamorado de Fleet. Enamorado que da grima verlos juntos.

Aj. Puaj. ¡Atajo de pervertidos!

Que les den.

¡Que les den por culo a todos!

Y…

¡Y que les duela!

Él se apaña solito y se lo va a demostrar -piensa mientras se la saca- se lo va a demostrar ahora mismo. Para hacerse una paja basta uno solo con sus pensamientos. Cuanto más sucios, mejor. Pero nunca con Hannah. Zach es incapaz de pensar en Hannah mientras se masturba. Hannah reaccionaba tan mal a cualquier intento de tocamiento que le dejó traumatizado para los restos.

Sí, es cierto, no lo va a negar: puede que en los últimos tiempos la presionara hasta el agobio para hacer algo más que darse el lote, y que Hannah daba muestras de sentirse cada vez más incómoda con él. ¡Pero es que, joder! ¡Todos los demás avanzando a zancadas y ellos a la pata coja! ¡No hay derecho, hombre! ¡Él también es un tío con necesidades!

Justin, quien comenzó su relación con Macmillan follándoselo contra una pared para declararse, se esforzó por convencerle de que "cada uno está preparado cuando se siente preparado". Y Zach está de acuerdo con él, en un plano puramente intelectual. Hasta que la envidia lo corroe, le nubla la razón y le da el mango de la escoba a sus hormonas para que su cuerpo salga a cazar, a meterla por el aro como sea. Lo normal en un chico sexualmente saludable de su edad, vamos.

Y con una chica tan guapa como Hannah lo normal es querer, no sé, al menos meter un poco de mano. Que no te deje tocarle ni las tetas por encima de la ropa después de meses juntos es preocupante. Zach quiere pensar que el problema es más una falta de confianza que de deseo. La confianza se puede ganar y perder y volver a ganar, pero si no hay deseo… Buff. Mal vamos.

Pero eso no puede ser el problema, porque Zach está buenísimo y Hannah lo sabe porque le ha mirado más de una vez con ojos golosos. Ambos se pelean siempre tanto porque se desean, está claro. Así que ¿¡qué es eso de que no son sexualmente compatibles!? ¡Ese mariconazo de Justin no tiene ni idea de lo que habla porque tiene el gusto en el culo, literalmente! No es un problema de atracción física, sino de bloqueo mental.

Hannah es una chica muy nerviosa. ¿Y si además es frígida? ¡No, a ver! Esas cosas suelen ser un tema tabú, y cuidadín con mencionarlo ante los otros. Pero si uno junta todas las pruebas y las compara con la reacción de otras chicas y chicos de su casa cuando están junto a sus hombres, pues… Zach no sale muy bien parado en la comparación.

A lo mejor podrían hacerlo funcionar, si ella consiguiera relajarse lo suficiente. Porque está claro que el problema es solo de ella, algo químico que no funciona como debería dentro de su cabeza. O ahí donde sienten las cosquillas las chicas (Zach nunca ha tenido muy claro dónde, y Hannah no ha dejado explorárselo, así que poco más puede hacer). Tiene que haber pociones o ungüentos o… ¡o hechizos! ¡El amor y la magia pueden con todo! ¡Alguna solución habrá!

Sea como sea, hasta que Hannah regrese, tendrá que seguir apartándola de su mente para evitar la frustración y el anhelo improductivo.

Mientras tanto, como le acaba de confesar por fin a Justin antes de que los interrumpiera el mostrenco del prefecto, hace tiempo que la desesperación le hizo rendirse a sus deseos más oscuros y servirse de Ginny Weasley para dar rienda suelta a sus fantasías. Con ella se siente capaz de hacer todo lo que jamás querría ni imaginar que le haga Hannah. Porque Zach es un caballero. Es su mente la depravada.

Ginny es su compañera de curso y una chica popular que despierta las ganas por todas las casas. Pero liarse con ella es un logro que sólo chicos de la promoción de su querido Harry Potter han conseguido. Tres de tres no puede ser casualidad: Longbottom, Corner y Thomas. El primero apenas cuenta, pero con los otros dos seguro que ha ido acumulando experiencia sexual, porque esos tienen de inocente lo que Zach de humilde.

A Zach no le importaría que Ginny volviera a empotrarse contra él donde fuera. A ser posible, sin escobas. ¡Y sin encantamientos moco-murciélago, por favor! ¡Aj! ¡Asco de viaje en tren que le hizo pasar! Pero ese carácter demuestra que a ella no le asustaría hacer… todo lo que Zach se muere por probar.

Zach sabe que nunca conseguirá nada con Ginny en la realidad, pero ni ella ni sus hermanos pueden impedirle soñar despierto, como ahora, con la polla en la mano. Su imaginación es bastante vívida y le gusta tomárselo con calma obscena: desnudarla lentamente, darle un buen repaso mental a todo su cuerpo, sobarla por todas y cada una de sus pecosas curvas. Mmmm. ¡Pero qué buena que está! En su mente siempre lo está deseando, la muy zorra, siempre está cachonda, siempre le desea a su pesar; le insulta, pero sus piernas se abren solas: Zach, sí, así, mmm, me encanta, me caes como el culo, pero me vuelves loca, ¿a qué estás esperando, subnormal? ¡Dame un orgasmo o te meto una hostia!

¡Ummfff! ¡Cómo le poneeee!

Está a punto de tumbarse sobre ella para culminarlo, cuando Ginny se transforma de repente en Justin, dejándose caer sensualmente en el sofá bajo el peso de Macmillan, igual que hace un rato.

Pero esta vez no es Macmillan quien está encima de Justin, sino el propio Zach, y el gemido de placer del bardo se ahoga en su propia boca, en ese beso impetuoso que sale de él mismo, porque Zach está ansioso por devorarle y Justin le sabe a gloria.

Justin también prolonga el beso con entusiasmo mientras le rodea el cuello con los brazos y le atenaza la cintura con las piernas, y ambos comienzan a restregar sensualmente sus cuerpos, allí mismo, delante de toda la sala común.

Pervertido, piensa Zach con más júbilo que vergüenza. Eres un pervertido.

Pero no consigue que le importe, porque está claro que Justin está loco por él, joder, ¡mira cómo se le restriega! Necesita su contacto tanto como Zach. Le está llevando rápidamente al límite, le desborda la fantasía…

…Y la mano.

¡Oh, mierda!

Zach se mira la mano.

Esto no ha pasado.

Esto no le puede estar pasando.

¡A él no!