Zach está aislado.
Lleva un tiempo sospechándolo, pero después de esta noche no le queda ninguna duda.
Otra vez ha tenido que marcharse de la sala común hecho una furia, porque se estaba rifando una hostia y Summerby tenía todas las papeletas.
Zach sólo intentaba animar a Cad a su manera tras las calabazas épicas que le ha dado Katie Bell (quien por fin ha regresado, no como Hannah). No entiende por qué Summerby le ha saltado directo a la yugular: El mamón le ha augurado cinco divorcios y un solitario futuro de mierda. Se ha pasado tres pueblos.
Y lo peor, ¡lo peor!, es que nadie ha salido a calmar a Zach. ¡Ni siquiera Justin! Por eso se ha venido enfurruñado a la cama. Porque esa lleva siendo la tónica desde hace meses.
Está claro que incluso el más paciente de su casa ha terminado perdiendo la paciencia con él.
Y la culpa es de Ernie Macmillan.
Macmillan tiene tirria a Zach desde siempre, pero sobre todo desde que sale con Hannah. Zach nunca le ha parecido lo suficientemente bueno para su niña bonita (¡Ni que fuera su padre!). ¡Pues los Smith son de tan buena familia como los Macmillan! ¡No, mejores! ¡Son descendientes de la propia Helga Hufflepuff!
Y ahora que no está Hannah, se ha vuelto posesivo con Justin. ¡Será posible! ¿¡Por qué!? Zach no tiene ninguna intención de quitarle a su novio. Zach es hetero. ¡Zach sigue enamorado de Hannah!
Aunque Macmillan no se lo crea.
No es el único: Tamsin Applebee, su ex compañera cazadora, a quien nunca terminó de caerle bien (y el sentimiento es mutuo), también está convencida de que no se merece a Hannah, y no perdió la ocasión de restregárselo delante de todos durante el reencuentro con los graduados en las Tres escobas en noviembre.
La propia Hannah estaba obsesionada con que a Zach en realidad le gustaba Ginny Weasley y, ¡de hecho!, fueron precisamente esos celos los que le ayudaron a conquistarla (nada como sentir que puedes perder a quien hasta entonces has dado por sentado, ¡ja!).
Zach siempre había negado cualquier tipo de atracción hacia la pelirroja, peeeero, por desgracia, un día el mamón de Rickett le pilló dando un repaso visual a Ginny Weasley mientras se terminaba de poner la túnica del uniforme de quidditch (ese punto en que todavía se veía el jersey ajustadito, y tenía los brazos levantados, y se le marcaban todas las curvas, mmm…); y entonces Rickett le rodeó los hombros con uno de sus brazacos de golpeador y le dijo muy serio:
"Mira Zach, si la brújula de carne entre tus piernas y la de tu corazón no están alineadas, estás jodido, machote."
Pues que se entere Rickett de que, por mucho que la brújula de su polla a veces se confunda y le redirija hacia bardos seductores y pelirrojas calientes (y una vez hacia la mostrenca de Millicent Bulstrode cuando le amenazó por el pasillo junto a la pesada de Pansy Parkinson, pero eso jamás lo debe saber nadie), la brújula de su corazón sigue claramente orientada hacia Hannah.
¡Ojalá Hannah regresara de una maldita vez para poder demostrárselo a todos!
Pero en vez de Hannah tuvo que regresar de visita el blandengue de su ex capitán Herbert Fleet a sacar del armario a media casa y a tocarle la fibra sensible a la otra mitad, empezando por Ernie Macmillan, a quien comió el tarro para hacerle recapacitar sobre sus costumbres ermitañas.
Se acabó lo de ir a la biblioteca después de cenar.
Se acabó permitir que Zach se pegue a Justin en el sofá para recargar.
¡Esas veladas eran el momento perfecto para recibir calor humano y ese maldito acaparador se las ha arrebatado!
Desde entonces, Justin pasa las noches con Macmillan y el equipo en bloque, donde Zach ha quedado relegado a un segundo plano silencioso, tedioso y frío.
Nada consigue levantarle el ánimo ya, ni siquiera la reciente victoria contra Slytherin, ni la renovada popularidad del equipo, porque las chicas despechadas por el cambio de acera de su ídolo Summerby no han redirigido su admiración hacia Zach, como esperaba. Al menos Cad triunfa con las pequeñas. Zach se come los mocos.
Tampoco le afecta tanto su falta de admiradoras. Ni saber ya con certeza que Hannah no regresará este curso. Son cosas que tiene asumidas.
Lo que le tiene realmente hundido es la actitud de Justin.
Justin ha perdido la paciencia con él. Lo sabe. Lo nota. Ya no le trata como antes. Ya no le mima. Ya no le quiere. Ejem, no le quiere cerca, es a lo que se refiere.
Lo malo es que Zach sigue necesitando a Justin más que a nadie en esa puñetera casa.
¿No se dan cuenta de que, para Zach, alejarse de Justin es contraproducente para su salud mental? Y si Zach está mal, le dan por culo a toda la casa.
Desde aquella paja confusa, Zach no ha vuelto a tener sueños húmedos con Justin. Al menos no de los que te corres al final. En sus sueños, Zach sigue haciendo lo que ya no puede hacer despierto: acurrucarse junto a Justin en el sofá circular y contarle sus penas del día.
Zach se seca una lágrima y se recoloca de lado en la almohada. La velada ha sido desagradable, el último mes ha sido terrible, y el curso entero le está resultando tedioso, así que ¡que nadie se atreva a culparle de nada!
¡La culpa es de egoístas como Macmillan y Summerby, que lo tienen todo y se lo restriegan a los que no tienen nada!
¿Qué necesidad tenía de tocarle la moral ese estúpido de Summerby? ¡Ese estúpido y sensual calientapollas de Summerby!
Lleva todo el curso haciendo con Cad lo mismo que Zach con Justin, solo que peor, y nadie le dice nada. Nadie tiene huevos.
Es tan, TAN, evidente que Cad está enamorado de él, ¿¡por qué no se da cuenta y deja de treparle los pantalones!? ¿¡No ve que el pobre se pasa la vida medio palote por su culpa!? ¡Con razón hoy Cad ha terminado llorando que nadie le quiere porque tiene la manguera goteando y no sabe qué hacer con ella, el muy animal!
Solo Zach le ha dicho a Cad la verdad: El mundo exterior no va a ser más amable que Hogwarts. Zach lo sabe porque su padre se lo recuerda a menudo:
"El mundo está lleno de petulantes, importunantes y mediocres. No puedes confiar en nadie. Sólo en ti mismo. A quien no te aporta nada, ni te acerques."
Zach, que admira mucho a su padre, ha seguido siempre su consejo al pie de la letra. En el colegio sólo se ha arrimado a aquellos que le aportaban paz emocional: Cedric, Justin y Hannah.
Cedric siempre le trató bien y perderle fue un duro golpe del que todavía no se ha recuperado. Esto no se lo confesará a nadie, pero de algún modo Justin le hace sentir que Cedric sigue cerca, que sigue vivo, y que sigue preocupándose por que Zach no la líe mucho y se integre con el resto.
Zach sabe que no es una persona fácil, pero los demás también tienen sus cosas y él tampoco se queja. Demasiado. O al menos eso considera él. Rickett lo llamaba Quejas-man, pero el problema de Rickett es que es gilipollas. Zach siempre se ha considerado a sí mismo un visionario incomprendido.
Justin es el único que de verdad le comprende.
Hannah, no tanto.
De todos modos, Hannah sigue siendo su chica favorita. Hannah es su chica. Punto. Y en cuanto vuelva, piensa recuperar su confianza.
Pero primero tiene que congraciarse con Justin. Lo que ha sucedido esta noche no puede volver a pasar. No sabe todavía cómo, pero tiene que demostrarle que Zach todavía es un tío con el que merece la pena estar. Un tío tan genial como Justin.
¡Ay, cuánto echa de menos la compañía de ese mariconazo!
Zach no es gay, pero Justin llamó su atención nada más llegar a Hogwarts, incluso antes de que se hiciera famoso como "ese Hufflepuff al que han petrificado junto al fantasma de Gryffindor". A Zach le fascinaba su personalidad desinhibida y alegre, el cariño que derrochaba hacia sus amigos cercanos, y la forma en la que era capaz de hacer el ridículo con su bandurria ante toda la casa sin inmutarse.
Con la excusa de que Justin se arrimaba al equipo, Zach se arrimó a su vez a Justin y a su pandilla, incluyendo a su amiga Hannah, por la que tuvo fijación desde el principio. Quizá porque entonces un año más era un mundo de diferencia, y Hannah le parecía tan mayor, tan guapa y tan, tan adorable con sus pequeños ataques de nervios y sus exageraciones. A Zach le gustan las chicas con carácter.
Los de su curso eran unos niñatos (y la Ginny Weasley de entonces no era más que una mocosa sosaina fan de Harry Potter), así que entre el equipo de quidditch y la tropa del bardo, Zach terminó adobado permanentemente a los mayores.
Ojo, los mayores también se burlaban de él (ese mamón de Rickett se lo pasaba genial a su costa), pero le trataban con algo más de respeto porque jugaba al quidditch mejor que ellos. Zach tenía justo lo que les faltaba: confianza en sí mismo y ambición.
Con el tiempo, Zach logró todo lo que se propuso: convertirse en uno de los cazadores titulares del equipo, ligarse a la preciosa Hannah Abbott y ser uña y carne con Justin culito-bonito.
Todavía no entiende cómo es posible que en apenas un año haya pasado de la cima a la sima en caída libre sin freno.
¿Por qué las cosas no pueden ser como antes?
¿Por qué no pueden retroceder en el tiempo a la noche de la redada de Umbridge, la noche más feliz de su vida?
Cada vez que se reunía ese estúpido ejército se le ponían de corbata, pero al final mereció la pena. ¡Qué noche aquella! ¡Cuánto miedo y gustazo a la vez! Hannah en sus brazos. Tonteo y cariñitos antes de dormir, besos de buenos días antes de desayunar. Las pullas del equipo sobre su romance triunfal. Zach, feliz. ¡Sí, maldita sea! Zach había sido feliz por una vez en su puñetera vida. Completa y absolutamente feliz.
Pero sólo ahora lo comprende.
Oh, I get by with a little help from my friends
Mmm, gonna try with a little help from my friends
(Oh, me las apaño con un poco de ayuda de mis amigos
Mmm, lo voy a intentar con un poco de ayuda de mis amigos)
La música barda que suena desde la sala común empieza a hacerse repetitiva. ¿¡Cuántas veces han cantado esa maldita canción!? Zach se seca las lágrimas y sube a la puerta circular de los dormitorios para asomarse a espiar el jolgorio.
Llega justo al final de la conga Hufflepuff, a los aplausos y vítores al rey de la noche (nunca nadie recibió semejante homenaje por unas calabazas). Cad da las gracias a todos y abrazos de oso a los bardos, y se disculpa por las tonterías que ha dicho antes sobre que nadie le quiere.
La prefecta Susan aprovecha para meter una pullita:
"Sólo los que se rinden y se limitan a quejarse de su suerte y a envidiar la de los demás terminarán quedándose solos."
De pronto Zach siente como las miradas de todos confluyen en su dirección, como si intuyeran que está justo allí, al otro lado de la puerta entreabierta. Pues que sepan que Zach no terminará quedándose solo: Zach ya se siente completamente solo. Enhorabuena, gente. Para levantar la moral a uno, se la habéis hundido a otro.
Los prefectos empiezan a mandar a los peques a la cama y Cad aprovecha para despedirse también. No sin antes invitar a Summerby a seguirle.
Summerby hace como que se lo piensa un instante.
Y Zach se ríe para sus adentros.
Zach sabe que Summerby no ha ido a la cama de Cad desde Pascua y que ambos llevan semanas subiéndose por las paredes a causa de la frustración sexual. Algo pasó esas vacaciones que cambió al buscador. Bueno, es un secreto a voces que Summerby aprovechó la escapada de Hogwarts para perder la virginidad con Fleet; y se ve que eso le dejó tocado, porque desde que regresó le ha estado dando largas a Cad para no juntarse a solas con él en su habitación. Lo gracioso es que luego, delante de los demás, se pasa la vida pegado al grandullón.
Zach puede entender que Summerby eche mucho de menos a Fleet y necesite el contacto con otro maromo de envergadura. Pero darle a Cad, que va siempre tan necesitado, una de cal y otra de arena, tiene su puntillo cruel.
Cad, por su parte, va llorando que ninguna chica le quiere, al tiempo que pasa del portentoso culo de la nueva golpeadora del equipo (quien no deja de menearlo ante sus narices a pesar de tener novio), con la excusa de que sigue loco por Katie Bell.
¿Katie Bell?
¡Una polla como una olla!
Zach sospecha que Cad ha montado todo este tinglado de la declaración única y exclusivamente para ligarse a Summerby, y nadie va a convencerle de lo contrario. Desde que Cad anunció que iba a declararse, Summerby ha bajado la guardia por completo y, a juzgar por la forma en la que se ha estado adobando a Cad hasta el punto de cabalgarle un muslo para comprobar que la brújula de carne entre las piernas de Cad sigue apuntándole a él, el plan de Cad ha funcionado.
Sí, totalmente. Ha funcionado. Summerby se viene con él hacia los dormitorios.
Justin llama a Cad para decirle algo que le pone colorado. Cad se la devuelve acariciándole los rizos (¡hijo de su madre!) y reuniéndose con Summerby ante la puerta. Zach baja corriendo las escaleras, se mete en su dormitorio y se esconde en su cama. Aguardando.
Media hora es demasiado tiempo para lavarse los dientes.
Si Summerby no está ya en el dormitorio de quinto con Zach, es que ha ido al de séptimo para meterse en la cama de Cad. ¡Vamos! ¡Cómo lo sabía! ¡Si es que están deseando follar, joder, es tan evidente que se ven venir los cuernos a la legua!
En realidad la vida sexual de sus compañeros de equipo le importa una mierda, pero a Zach le parece injusto que todos tengan algo de lo que hablar, alguno hasta doble ración, y él tenga que morderse la lengua.
No entiende cuál es su problema, la verdad. Por qué no le gusta a nadie. Zach se considera a sí mismo un tío bien guapo, carismático, atractivo, excelente jugador y más inteligente que el resto del equipo junto, incluido el capitán, quien sabe perfectamente lo que está pasando con sus jugadores y se hace el idiota, porque "más vale no romper parejas y que el equipo funcione".
Pues ya han ganado lo que podían ganar (la liga queda pendiente del Gryffindor VS Ravenclaw y la diferencia de puntos) y hoy se entera de que todos tienen algo que llevarse a la cama, menos él. . ñeros. Tienen a alguien con quien montárselo. Menos Zach.
¡Es tan injusto!
With a Little Help from my Friends…
[Con un poco de ayuda de mis amigos…]
¡Ja! ¡Menuda gilipollez! Zach nunca ha conseguido nada gracias a sus amigos. Todo se lo ha ganado a pulso (incluida la mala reputación). Además, Zach no tiene amigos. Ni uno solo. Está rodeado de antipáticos, prejuiciosos y chupapollas. No merece la pena derramar una sola lágrima por ellos. ¡Ni una sola!
Zach se coloca en posición fetal y, para cuando se queda dormido, la almohada está empapada.
Horas, muchas horas después, escucha una voz familiar.
"Zach."
"Mmm."
"¡Zach!"
"¿Hannah?"
¿Está soñando?
"Hazme hueco."
Sí, está soñando. Tiene que estarlo. No caben dos personas así de holgadas en su cama ni de coña. Hannah termina de acomodarse con la espalda apoyada contra el cabecero y tira de la cabeza de Zach hacia su regazo.
"¿Por qué lloras, tontorrón?"
"Porque tú… porque te…"
"¿Qué?"
"Porque te echo de menos."
"Ajá."
Zach se incorpora y se sienta junto a ella. Ambos se miran.
"Estoy rodeado de bordes y pervertidos, Hannah," lloriquea. "Me tienen hasta los cojones."
Hannah le acaricia la cara.
"¿Cómo puedes tener una cara tan bonita y una lengua tan venenosa?" le repite por enésima vez.
"¡Qué más te da, si tú tienes el antídoto!" le responde, como de costumbre. Y la besa.
¡Merlín! ¡Cuánto echa de menos los besos de Hannah! En otras cosas no, pero en los besos le gusta llevar a ella la iniciativa y eso le excita sobremanera.
"Hannah, algún día me vas a matar con tus besos."
"¿Porque te dejo con ganas de más?"
"¿¡Tú qué crees!? No me puedes besar así y luego dejarme colgado. Siempre das el frenazo cuando ya estoy duro. ¡Apiádate un poco de mí, por favor!"
Ella se ríe y le vuelve a besar.
Zach no puede más. Cuando se quiere dar cuenta, le ha puesto ambas manos en las tetas. Esas tetas tan bonitas y tan bien puestas que sólo le daba tiempo a sobar unos segundos cada vez antes de ser amonestado.
"Sólo un poquito… Por encima de la ropa nada más…" Ay, cuánto echaba de menos este tacto.
"Zach…" protesta ella, agarrando sus manos con suavidad, y esta vez suena más afectuosa que molesta. "Sabes que yo no puedo, pero hay aquí alguien que sí es capaz de darte lo que necesitas."
De pronto, Zach empieza a notar cierta humedad agradable en su entrepierna. Un calor que va creciendo hasta dejársela empalmada del todo.
"¿Mmmm?" suspira, excitado.
Las manos de Hannah dirigen las suyas en esa dirección.
Zach palpa el aire esperando encontrarse una cabeza. Una melena suave y pelirroja. Pero sus manos se hunden en un nido de rizos.
"¡Ah, joder!" se sobresalta, más excitado todavía.
"¿Te gusta mi regalo? Esto es lo que querías, ¿no?" susurra Hannah en su oído.
"¡No! ¡Esto no es lo que quería! ¡Yo…!"
"Zach, querido, los sueños no mienten, ¿a quién quieres engañar? Llevas deseando que suceda desde que se quedó viudo." No puede negarlo, maldita sea: los sueños destapan miserias del alma que el cerebro ha enterrado en lo más profundo. "Disfrútalo, cariño. Ernie no se va a enterar."
Qué buena es Hannah que está dispuesta a traicionar a su mejor amigo por darle el gustazo a su novio. Zach asiente entre jadeos y la vuelve a besar. Tiene a sus dos personas favoritas en la cama y está que se muere de felicidad.
"¿Volverás el curso que viene?"
Hannah suelta una de sus risitas melodiosas y desaparece.
Zach entra en pánico y se aferra con fuerza a los rizos de Justin, no vaya a desaparecer también.
"¡Au, Zach, me haces daño!"
"Tú no me dejes, ¿vale? Hoy te quedas conmigo. Somos colegas, ¿o qué?"
Justin alza la mirada y le lame la puntita. Zach está a punto de derretirse de gustirrinín. Justin se sonríe.
"¿Es hoy ese día, Zach?"
"¿Qué… día…?" jadea.
"Uno de esos días en los que agradecerías que alguien como yo te hiciera un favor."
"Quiz- ¡AAAHHH!"
Justin le lame de arriba abajo y de abajo arriba.
"¿Te gusta, Zach?" Lametón.
"¡Sí…!"
"¿Te gusto, Zach?" Inmersión.
"¡Ahhh, JO-DER!"
Zach no tiene ni idea de cómo se siente una mamada, así que, al igual que todas las veces que ha fantaseado con cepillarse a Ginny Weasley, se deja llevar por el placer confiando en que su imaginación le proporcione la experiencia más parecida a la realidad.
Lo que sí conoce bien es la sensación de los rizos de Justin en sus dedos, porque se los ha revuelto más de una vez para picarle (mientras le llama todos los sinónimos de "mariquita" que se le ocurren), cuando intenta pasar por jugueteo la necesidad obsesiva de que alguien le trate con un poco de cariño, para variar.
"Así… Justo así… No pares…" le anima masajeándole la cabeza bajo los rizos. "¡No pares!"
"Tú tampoco," suspira entre sus muslos, restregándose contra sus manos como un gatito. "Me encantan tus dedos, Zach."
¡Toma, pues claro! Zach sabe cómo le gusta a Justin que le acaricien porque ha visto al maldito acaparador de Macmillan hacérselo durante las veladas en el sofá circular y ha tomado nota obsesivamente. Sabe exactamente qué ruiditos va a hacer si le toca de cierta manera. Y Justin no le decepciona: sus ronroneos sensuales le reverberan a Zach en los huevos y, del gustazo, se le doblan los dedos de los pies.
Zach está cerca, muy cerca, pero no quiere que aquello termine. Quiere prolongarlo todo lo posible. Pero más que por el intenso placer físico, por el subidón emocional de haber vuelto a… conectar con Justin. Aquel nebuloso placer húmedo no le reconforta tanto como la sensación de tener a Justin en sus manos, cariñoso, concentrado en Zach como si fuera lo único que existe en el mundo.
Eso es lo que más echa de menos: Tener a Justin.
Tenerlo para él solo, mirándole a los ojos y sonriéndole con afecto resignado incluso cuando Zach no para de soltar sapos y culebras contra todo y contra todos; prestándole un oído atento cuando nadie más quiere escuchar sus argumentos; haciéndole saber que no importa lo desagradable que se pongan las cosas, él estará siempre a su lado.
Como solía estar Cedric cuando Zach se salía del tiesto, explicándole amablemente por qué tenía que volver a meterse dentro y recoger la arena que había tirado. Zach no siempre le hacía caso, pero siempre, siempre, agradecía que no le diera de lado por ser como es.
Porque Zach no puede evitar ser como es. Necesita que lo acepten.
Y por eso, lo que más le duele de todo esto… Lo que de verdad, de verdad, de verdad le tiene angustiado…
Joder, no quiere llorar mientras se corre, pero no va a poder evitarlo.
"No me odies, por favor… No me odies tú también…" solloza, instantes antes de dejarse llevar por el orgasmo.
Justin no deja de mover la boca hasta que Zach se relaja. Entonces alza la cabeza y le sonríe. Zach quiere que suba, quiere abrazarlo, recordar cómo se sentía el bardo en sus brazos instantes antes de que Cedric se lo arrebatara y se montara una melé por Navidad (¡ah, los buenos tiempos del baile!).
Zach se muere por volver a oler el pasado feliz en la piel de su amigo.
"Ni se te ocurra dejarme," le advierte, lloroso, y extiende los brazos.
Justin va rápidamente hacia ellos. Pero antes de que Zach pueda envolverle, Justin acerca la cara y le dedica su sonrisa más radiante, esa sonrisa que vale por toda aquella mierda de casa, y con voz cariñosa le dice:
"Buenos días, Zach."
Y Zach se despierta.
Es la luz de la mañana lo que le deslumbra. Uno de sus compañeros acaba de descorrer la cortina de su cama.
"Zach, levanta, que no queda ya mucho para desayunar."
Zach se cubre los ojos con una mano.
"¿Qué hora es?"
"Tarde. La fiestecita de anoche nos ha pasado factura. Nos hemos dormido todos. Bueno, Summerby no sé, porque no ha dormido aquí. Se quedaría consolando a Cad, tú ya me entiendes," hace el gesto universal de la mamada, y a Zach se le pone la cara colorada y los pelos de punta. "Oye, ¿y tú qué sueño estabas teniendo con la pelirroja, tío? Parecía súper intenso."
"No pares… No me odies… No me dejes… " repite en tono de burla otro compañero a lo lejos, entre risas. "¿Por qué no aprovechas que está libre para declararte? Antes de que se la lleve el siguiente."
"A lo mejor resulta que le va el sadomaso y te hace a ti feliz a hostias," dice un tercero. "Esas que siempre le estás buscando."
"¿Por qué no os vais todos a tomar por el culo?" farfulla con las manos en la cara.
"Venga, Zach, espabila, que tienes un aspecto de mierda," dice el que le ha despertado, alejándose junto al otro. "Límpiate un poco y sube a desayunar."
"¿Que me limpie el qu…?" En ese momento nota la humedad y se mira la entrepierna.
Oh, mierda.
Mierda, mierda, mierda.
Hoy sí que no va a poder mirar a Justin a la cara.
