Sirius era su mejor amigo, sí. Pero en estos momentos James quería ahorcar al infeliz. Desde el miercoles por la noche estaba inaguantable sin razón aparente, irritable y con la mecha bien corta en el departamento de la paciencia, obsequio al colegio con algunas de las bromas más crueles de ese año, sin ayuda alguna (James ciertamente no planificaría cosas así).
Los merodeadores eran una unidad, en la que Moony era el cerebro y la voz de la razón, James y Sirius eran los ejecutores… y Wormtail… pues, era Wormtail.
Pero esta semana, James estaba en favor de dejar que Sirius drenase lo que sea que lo estaba molestando fuera de su sistema, y rápido. Porque ya cargaba suficiente.
Moony ya estaba sospechando que algo estaba mal, pero con la cercanía de la luna llena y con Sirius siendo un imbécil sin razón aparente… Moony ya cargaba las manos llenas; aunque se sentía mal por su amigo, aquello permitió que James se centrara en otras cosas… el colegio estaba cargado de una energía latente, solo comparable a cuando algo estaba a punto de estallar. Como cuando los muggles lanzaban fuegos artificiales o encendían una gran hoguera, de alguna manera se sentía como que el ambiente estaba cargado de estática.
Un mal presentimiento no le abandonaba y no podía encontrarle una razón lógica… era uno de esos, los que prevenían de su don. Lejos de ser un psíquico, podía detectar el poder, bueno o malo, en grandes cantidades. Y cuando lo atenazaba un presentimiento tan potente como el que estaba experimentando no se podía dar el lujo de ignorarlo, porque acarrearía consecuencias nefastas.
Desde que pudiese acceder a su herencia por completo, el peso del conocimiento amenazaba con ser una barrera casi infranqueable de superar… ¿Cómo lidiar con todo? en alguna parte de este castillo se encontraba alguien que hacia su sangre vibrar. James solo alcanzaba a agradecer a todas sus deidades que ese individuo no estuviese en la Torre de Gryffindor. Porque tal como estaban las cosas no quería conocerlo, no estaba preparado bajo ningún concepto para lo que todas sus células estaban gritándole a voz en cuello.
Ni siquiera se permitía concederle un espacio en sus pensamientos a la muy probable razón de gran parte de su inquietud, esa que no estaba enfocada en sus amigos y los problemas de estos… y es que… entre Padfoot y Moony tenían una cantidad razonable (entre la vida doméstica de Sirius y la licantropía de Remus estaban cargados)
El mal presentimiento alcanzo su epitome una noche que James se encontraba ayudando a Peter con unos ensayos que debía entregar (Moony no podía y Padfoot estaba inaguantable) no le importo la impresión que pudiera dejarle a otros, y tampoco sentía que tuviese tiempo suficiente para explicarle a Peter; abandono la sala común a la carrera entre los balbuceos sorprendidos de Wormtail sin dar una sola mirada a sus espaldas.
Solo podía pensar en Sirius. Y en encontrarlo. Ya.
…
De Los Merodeadores, Moony era el cerebro de la operación que los conocía a todos mejor de lo que ellos se conocían a sí mismos, y si él estaba convencido que algo estaba mal contigo, entonces era momento que hicieses introspección. Punto. Y… Sirius no estaba por llevarle la contraria a su novio, de todas formas, no deseaba preocuparlo, tampoco a James y Peter, pero que lo maldijeran si sabía que es lo que estaba mal. Era como una permanente sensación de desastre inminente que no le abandonaba, ni siquiera después de una buena follada.
Lo cierto es que después de meditarlo lo suficiente solo quedaba esperar a que lo que sea que provocaba su malestar se resolviese y pudiera recuperar su paz mental… y eso lo puso de peor humor y aún más sobreprotector con sus amigos. Incluso quería arriesgarse a cazar a Reggie por los pasillos y asegurarse que se encontraba bien, pero últimamente Bella estaba llevando a los limites su vena sádica y no quería que Reg. tuviese problemas porque los descubriesen hablando.
Ese viernes por la noche fue… histórico.
Por alguna razón desconocida; Snivellus estaba buscando quien sabe que, por los límites del Bosque Prohibido, cerca del Sauce Boxeador demasiado cerca. Eso no ayudo con sus problemas de humor. Que ese imbécil estuviese cerca de Reg. cuando Sirius no podía siquiera arriesgarse a hablarle por temor a las represalias (por no mencionar toda la historia previa entre ellos) fue una mala combinación.
Debió pensar mejor en lo que hacía. Porque lo cierto es que ese impulso por el que se dejó llevar acabo bastante mal. Con resultados nefastos, para ser específicos.
Snivellus encontró su valentía en el momento en que más convenía que hubiese regresado a las mazmorras con su grasienta cola entre las piernas, congelando al sauce se coló por la entrada. ¡en una maldita noche de luna llena, con Moony en la casa!
No sabía si James o Peter ya estaban allí y podrían ayudar al imbécil. Y Sirius no estaba en posición de ayudarle, o eso equivalía a revelar el secreto de Padfoot, todo parecía haberse alineado para que las circunstancias se dieran de esa forma, Peter se ganó una detención por haber fallado en un ensayo de Herbologia y James tuvo que quedarse a ayudarlo (precisamente porque Sirius estaba de malhumor y Moony no podía)
Cuando se disponía a ir detrás del cabron grasiento, cayó al suelo porque una ola de agotamiento repentina le dejo como un títere al que le cortaran las cuerdas. Era como si su magia se estuviese escapando de su cuerpo, al principio, el pánico lo invadió ciegamente. Y cuando finalmente comprendió lo que ocurría, su primer impulso fue arrastrarse y llegar como pudiese hasta Slytherin…
¡Era demasiado pronto! ¡Reg. podría morir!
Antes de quedar completamente paralizado o perder el sentido, alcanzo a ver a James…
…
Narcisa Malfoy avanzaba por el pasillo en una carrera desenfrenada y nada elegante. En estas circunstancias no tenía tiempo para esas supercherías. Desde el viernes en la noche su vida se convirtió en una abyecta locura. Sin tiempo para detenerse a considerar otro curso de acción, con la vida de Regulus a cuestas, debía actuar y el que se interpusiera en su camino acabaría convertido en cenizas.
Con el episodio del viernes en la noche, tanto ella como Severus pensaron que quizá allí acabarían las diferencias. Lo cierto es que la transformación de Regulus se adelantó por dos años, casi los tres. Solamente el poder que pulsaba en su cuerpo era suficiente para matarlo si se cometía cualquier error en cómo se manejaba la situación. Su sangre, no era suficiente. Necesitaba a Sirius, ya no importaba guardar el secreto a los Gryffindor y al resto de Hogwarts, solo importaba mantener a su primo con vida.
Regulus iba a morir si no se daba prisa y maldita fuera si eso ocurría por "desplazarse como una dama de sociedad".
Slughorn era el epítome a la incompetencia en estos casos, el hombre a duras penas capto lo suficiente como para redactarle el pase que necesitaba para salir de la Sala Común de Slytherin a estas horas.
Alcanzó el despacho de Dumbledore y tocó a la puerta directamente. Nada de hechizos... Si tenía que despellejarse los nudillos para que el hombre abriera la puerta, no lo descartaría.
_ ¡Señorita Black! - exclamó Dumbledore, escandalizado. De ser otra la situación, Narcisa hubiese estado horrorizada por la atrocidad que eran esas túnicas para dormir. - ¿Que significa est...?
_Tengo un pase del profesor Slughorn- atajo Narcisa, presentando el papel - Necesito ir por Sirius, no puede esperar hasta mañana.
Dumbledore al menos, fue más rápido que Slughorn. Se puso una capa sobre la túnica de dormir y salió con ella a toda velocidad a la torre de los Gryffindors. Una vez ante el retrato de la Dama Gorda, (costó despertarla) dijo la contraseña sin molestarse en pedirle que se alejara y la dejo subir directamente a los dormitorios sin seguirla. Gracias a Salazar por los pequeños regalos.
Encontrar el dormitorio de los Gryffindor de séptimo piso año no fue difícil, pero no esperaba encontrárselo vacío. De todas las noches en las que los malditos podían estar deambulando el castillo. ¡¿Tenían que escoger esta?!
Podrían estar en cualquier parte y ella no tenía tiempo de andar buscándolos en todo el castillo. Merde-pensó.
Point me Sirius Black.
Y por supuesto, a su primo no se le podía ocurrir una mejor idea, porque la varita tenía que apuntar al Bosque Prohibido. De todos los lugares.
Si algo le pasa a Regulus, voy a matar a ese imbécil.
…
Lucius estaba hasta las cejas de documentos por revisar entre balances, contratos, importaciones, gastos de operaciones, presupuestos, las facturas por las compras de su tía y su madre, la correspondencia no esencial de su padre el actual Lord Malfoy… sortear todos esos asuntos exigía un grado de diligencia y concentración que ciertamente no poseía; en cambio, su mente le arrastraba por otros derroteros.
El de su inminente alianza política con Narcisa Druella Black Rosier y lo que ella significaba, aunque la otra alternativa no era una opción siquiera considerable.
Desde que alcanzara la edad en que sus habilidades empezaron a manifestarse el pandemónium fue instantáneo. Sintiéndose seguro en su posición como heredero de los Malfoy, percatarse de su propia indefensión y encontrarse a la merced de una jauría de lobos que previamente fueron poco más que actores de fondo, lisonjeros al extremo… fue un duro despertar para quien se creía cerca a poseer el mundo.
Sin suficiente información para formar un criterio de su prometida, Lucius se llevó un buen sobresalto cuando el tintero que esta le regalara empezase a temblar levemente en su escritorio, sin que nada le influyera, (gracias a Salazar que estaba solo)
Pequeñas letras empezaron a aparecer en la superficie pulida del instrumento… la primera prueba por parte de su prometida no se hacía esperar.
…
Decir que estaba furioso era una subestimación, James estaba preparado para maldecir a Sirius hasta el siguiente domingo y más allá. Se atrevía a decir que nunca antes estuvo enfadado a ese punto. Tener que arrastrar a Snape fuera del túnel después que tuviese un vistazo de Moony al final de este… el Slytherin no le puso demasiadas al quedar paralizado por el terror.
¡De todas las cosas que se le pudieron ocurrir a ese imbécil! ¿Cómo se supone que debemos lidiar con esto? ¡¿Cómo mantener callado a Snape?!
Era casi surrealista reconciliar a la masa temblorosa que era Snape en esos momentos, con alguien que pudiese exponerlos.
Aun no podía creer que Sirius hubiese hecho algo así. Esto destrozaría a Moony.
Hablando de Sirius… James estaba dividido en despertar al idiota a patadas o echarle un buen chorro de agua encima, el resplandor tenue que emitía su amigo fue lo que le salvo, por los pelos.
Y es que Sirius estaba emitiendo un resplandor leve, como si estuviese absorbiendo la luz. Y esto… debía ser en parte la causa de su conducta. Solo esperaba que fuese suficiente.
Bien, lo único que quedaba por hacer… encontrar a Dumbledore.
…
Hogwarts era un caos esa noche, estaba por verse si era en el buen o en el mal sentido y como es que podría sacarle provecho a esa situación
Albus Dumbledore no era alguien que se tomara de buen grado las sorpresas, menos aun cuando estas surgían una tras otra en los planes tan bien trazados que estaba ejecutando. ¿En qué momento el mundo decidió girar sobre su eje y ponerse de cabeza?
Primero, Narcisa Black corriendo por los corredores como alma que llevaba el diablo con un permiso firmado por Slughorn (del que hablarían una vez le pusiera las manos encima), luego, un patronus de James Potter (una de las piezas centrales en uno de sus planes) en que solicitaba que fuese al Sauce Boxeador. De pie, en la sala común de Gryffindor esperando a que Narcisa Black descendiera la escalinata, una lechuza casi se da de bruces con su cabeza. Y la carta que llevaba no lo puso de mejor humor.
Conteniendo a duras penas la maldición que quería lanzar en voz alta… se resignó a tener una noche fuera de su agenda.
Una a la que pienso sacarle algún provecho.
…
El despacho del director se sentía como si fuese a caérseles encima en cualquier momento, el único consuelo de todo este desastre es que Snape no se sentía con ganas de discutir, Sirius tampoco.
Estaban los tres sentados en la sala, esperando a que Dumbledore regresara a su despacho. El director se apersono al Sauce Boxeador, fue la única manera en que Snape acepto irse a alguna parte con ellos, porque si bien James le salvo la vida, al Slytherin le quedo un saludable grado de paranoia en lo que se refería a los Merodeadores.
No estaba perdido para ellos que algo cambio a partir de ese momento. Antes eran idioteces, ahora… era una rivalidad seria, mortal.
El silencio en el despacho bien podría cortar el aire.
James nunca dedico demasiado tiempo al porqué del odio de Snape, simplemente lo atribuyo a que no hicieron buenas migas en el tren, en su primer viaje a Hogwarts… Snape era muy posesivo con Evans, y eso desde el primer momento encendió algunas alarmas. No porque estuviese interesado en la chica, sino porque… más que una amistad, parecía una obsesión. Como si Snape quisiese poseerla por completo, encerrarla y no compartirla con el mundo.
Era algo que se esperaría de alguien mayor y no de un chico de 11 años, y… a esa edad no terminaba de entenderlo, pero… ¿Cuándo llegaron a este punto? Uno en el que Sirius casi matase a Snape. Exponiendo el secreto de Moony en el proceso.
Snape no les dirigía ni una mirada de soslayo, arrebujado en una manta gruesa, con sus heridas atendidas por Madame Pomfrey, una taza de chocolate caliente entre manos. Parecía la víctima de una gran catástrofe. Su piel, pálida y cetrina a diario… ahora le daba el aspecto de un ahogado. Como si fuese un cadáver, uno petrificado. Solo algún movimiento involuntario quebraba esa ilusión.
Sirius no emitió sonido alguno desde que recuperase la conciencia. Ni siquiera para insultar a Snape como fuese su pasatiempo referido. James, aún estaba siendo acosado por ese sentido de urgencia… y Sirius se veía como si quisiese estar en otro lado, pero Dumbledore no quiso escuchar de ello.
_ Eres un imbécil- James no grito, pero en el silencio que reinaba en la oficina es como si lo hubiese hecho. - No sé por qué hiciste lo que hiciste, vete antes que Dumbledore regrese, yo me quedare aquí con Snape, lleva la capa y el mapa.
Intercambiaron una mirada, Sirius no dijo una palabra, ni falta que hizo.
Antes que Snape reaccionase, Sirius Black ya iba como alma que lleva el diablo. Rogando llegar a tiempo.
Snape no dijo una sola palabra, pero todo en su postura indicaba una amargada resignación. Sería una larga espera hasta que Dumbledore regresara.
Desde que entrara en el despacho, James se sentía incómodo. Todo le gritaba que debía salir huyendo y de buen grado lo hubiese hecho; pero no deseaba exponer una debilidad frente a Snape, alguien que lo detestaba.
¿Qué hacer? Atrapado en ese despacho junto a alguien a quien acababas de salvarle la vida, alguien que encima te detestaba. A quien tu mejor amigo intento matar.
Si, incomodo no alcanzaba a describir aquello.
Estudiando los cuadros, las paredes y el mobiliario a su alrededor James intentaba dar con lo que estaba provocando su incomodidad, ciertamente no quería aprender a convivir con esa sensación tan desagradable.
Eventualmente su mirada se centró en una pared. No había nada especial en ella. Un estante con libros y algunos instrumentos estaba tapando la mayor parte de la superficie… pero cualquier cosa digna de ocultar podía ser disimulada con una buena barrera. Y… el director podía alterar las barreras a voluntad ¿cierto?
Lo que sea que estaba detrás de esa pared, era algo que no quería descubrir. Porque si en algún momento lo hacía… quizá no saldría vivo de allí.
…
Consciente que estaría endeudada con Lucius, Narcisa se encontraba de un humor de perros mientras iba descendiendo desde la torre de Gryffindor a las mazmorras… lo que sea que se inventase Lucius para desviar la atención de Dumbledore no podría comprarle demasiado tiempo… y el permiso de Slughorn solo decía "ir y volver de la Torre de Gryffindor". La magia en Hogwarts no permitiría que ella efectuase un ritual de sangre para rastrear a Sirius… y ciertamente no podía permitirse ponerse a buscar al imbécil por todo el castillo.
Si tan solo Severus hubiese estado disponible hoy…- pensaba ella, mesándose los cabellos, con los ojos anegados en lágrimas y al borde del desespero.
Así fue que Sirius la encontró. Casi chocando de bruces con ella en su afán de alcanzarla, sin aliento por lo que seguramente fue una buena carrera.
Al verlo, se sintió aliviada, si… pero…
_ SIRIUS CYGNYS BLACK! ¡¿Dónde infiernos te habías metido?! ¡Si algo le pasa a Regulus porque estabas por ahí con una golfa te voy a castrar! - chillo Narcisa, lejos de ser la imagen de la perfección en la alta sociedad. Con sus ojos enrojecidos y llorosos, su cabello estaba hecho un desastre, su semejanza a Bellatrix quedo más que demostrada. En ese momento, Narcisa era aterradora.
_ Cissy…- empezó Sirius, levantando las manos en gesto apaciguador
Ella le lanzo una mirada asesina e hizo un ademan imposible de malinterpretar… Sirius dejo que ella avanzara primero y la siguió de cerca, sin atreverse a mediar palabra.
Fue una dura bofetada condensada en realidad y culpa la que recibió a Sirius cuando finalmente alcanzaron el dormitorio de los Slytherin de cuarto curso. Reggie estaba tendido en su cama, con un aspecto patético. La magia en la habitación era suficiente para hacerle sentir la piel ardiendo. Y… que Bellatrix estuviese colaborando solo le dejaba en evidencia lo cerca que estuvo Regulus de sufrir daños. Y es que debía ser gracias a Bella que pudieron siquiera entrar en la habitación. A ella, y a la sangre que estaba administrándole a Regulus. En gotas.
_ Ya era hora- fue el saludo de la pelinegra.
Ahorrándose los comentarios, Narcisa al otro lado de la cama, frente a Bellatrix. Sirius descarto sus zapatos, subió a la cama con cuidado de no mover o aplastar a Regulus, acepto la daga de plata que le tendía Bellatrix sin emitir palabra.
Intercambiando una mirada en uno de esos raros momentos en que estaban todos de acuerdo, Sirius procedió con el ritual. Bella y Cissy le seguirían porque seguramente lo conocían mejor que el mismo.
No importaba, todo fuese por salvar a Regulus y eso solo quedaba en sus manos. Rogando que fuese suficiente. Para nadie era un secreto que, en esta clase de rituales, la sangre más efectiva era la de los padres… y a falta de estos, la de los parientes cercanos.
…
Cuando Albus Dumbledore finalmente alcanzo su oficina, de su mente había escapado por completo que James Potter, Sirius Black y Severus Snape debían esperarle allí. Estaba de pésimo humor.
Por alguna razón, esa carta tan importante que llegase mientras estaba en la Torre de Gryffindor se desvaneció. En lugar de encontrarse con Lord Malfoy, se encontró con su heredero. Y ese asunto tan importante y provechoso que debía atender inmediatamente era el recibir una donación para el campo de Quidditch… Cualquier cuestionamiento a lo súbito de la reunión y la donación pareció caer en oídos sordos. Era como si Lucius Malfoy tuviese sordera selectiva. Salió de esa reunión de muy malhumor. Y cuando llego a la oficina estaba conteniendo la ira a duras penas, que Sirius no estuviese solo lo puso de peor humor.
_ Señor Snape, Señor Potter … ¿Dónde está el señor Black? Creo tenemos algo muy importante por discutir. - Snape solo se encogió de hombros, y James parecía estar pensando que decir.
Bien, aquí definitivamente valía la pena indagar a fondo. Normalmente Snape estaría saltando ante la posibilidad de acusar a Los Merodeadores de algo. Y estaba guardando silencio. Cuando pareció que ninguno de los dos iba a hablar…
_ Narcisa se lo llevo arrastrado de aquí, estaba furiosa. Espero que le lance un buen par de maldiciones para buena medida. - Snape lo dijo en un tono monótono que destilaba sarcasmo. Y un ligero toque esperanzado, seguramente estaría rogando porque Sirius se lo pasase mal.
Bien, no podía decir que aquello fuese una mentira. Aunque… ¿Cómo se las arreglo la señorita Black para entrar en su despacho? Eso era algo que merecía investigación, no podía permitirse visitantes no deseados.
James, por su parte, estaba teniendo problemas para concentrarse. Las sensaciones estaban amenazando con consumirlo, la inquietud que ya venía arrastrando desde hace días, sumado a lo que sea que se ocultaba detrás de esa pared… y mientras más tiempo pasaba en la habitación, mayor se hacia la energía que captaba. Y era abrumadora.
Si Snape se percató que algo estaba mal prefirió no hacer comentario alguno y por eso James estaba agradecido.
Snape le conto a Dumbledore todo lo que ocurrió, James no necesito intervenir para desmentir algo… y es que no se podía hundir más a Sirius de haberlo intentado. Hasta un chiquillo de primer año se daría cuenta que aquello fue un intento de asesinato, por lo mínimo.
Lo que sorprendió a James fue la respuesta de Dumbledore… encendió todas sus alarmas.
El director, lejos de suspender a Sirius o al menos darle un castigo "ejemplar", hizo que Snape realizara un Juramento Inquebrantable, con James de testigo, y se comprometiera a no revelar la verdad sobre Remus y su licantropía.
Snape abandono el despacho del director luego de esto, James se sintió incapaz de mirarlo, alguien que casi murió esa noche, y lejos de recibir justicia… fue obligado a guardar silencio. Y pese a que sus amigos salían bien librados por eso, no podía sentirse bien con ese resultado.
Cuando ya se disponía a marcharse, se sintió paralizado, era incapaz incluso de mover los ojos, Snape ya se había marchado y… ni siquiera pudo pedir ayuda. ¿Cómo? Estaba aterrado. ¿Pero qué…?
La única persona que pudo haber hecho eso era Dumbledore.
¿Qué demonios estaba pasando aquí?
…
Para la mañana del lunes, todos en el castillo sabían que algo ocurrió, aunque no importa que tanto se esforzaron los diligentes eslabones de la cadena de chismes inter-casas… nadie pudo adivinar los particulares de lo ocurrido. Solo que al parecer se declaró temporada de cacería abierta por Sirius Black.
Narcisa Black parecía querer maldecirlo hasta el olvido cada vez que se cruzaban en el pasillo, Snape parecía odiarlo
