Hola, se que les había dicho a todos que actualizaría en dos semanas, "si todo salía de acuerdo a lo planeado" sobra decir que no fue así. Cuando digo que voy a dedicarme a escribir o voy a regularizar mis actualizaciones siempre ocurre algo que echa por tierra mis planes, es como si estuviese bajo una maldición o algo por el estilo. Es frustrante.
Desde la semana del 05 de septiembre mi vida ha sido una sinfonía del caos y esto no va a arreglarse pronto. Todo lo contrario.
Lo bueno es que tengo muchas ideas, lo malo es que no tengo el tiempo para escribirlas como me gustaría, pero bueno. ¡Mejor eso a un bloqueo!
En este capítulo espero revelar algunas de las preguntas que he leído en los reviews, (llevo nota de ellas) solo dejo unas cuantas piezas sueltas del rompecabezas.
Era una mazmorra fría, solitaria y oscura.
Lo ideal para esa clase de lugares y en especial para mantener a los cautivos con una baja moral, pero en apariencia el lugar podía ser considerado inofensivo en comparación a los sortilegios que estaban activos desde su creación y esperaban en medio de la oscuridad la llegada de una víctima incauta que pusiera en marcha sus siniestros mecanismos.
De la peor clase. Este lugar podía llevarse por cuernos la visión del infierno que los muggles veían en la obra de Dante Alighieri. Un lugar abominable en el que nadie se merecía estar. Cada uno de los cautivos se creía solo en su miseria. Por ello, aunque se encontraban todos juntos en esa única habitación, para ellos era como encontrarse solos y abandonados en el más profundo abismo. ¿Por qué era tan abominable? Podía sacar de la mente de cada cautivo su temor más profundo, ese que se encontraba engranado en su subconsciente y hacerlo una realidad tangible para la persona, atrapándola en su propia mente.
Y por si fuese poco, cada uno de los tristes compañeros de viaje que estaba en ese lugar, no podía enfermar o morir, menos envejecer. Quedaban congelados tal cual estaban cuando fueron arrojados allí, el único transcurso del tiempo era en sus mentes.
Era una habitación en forma circular. En el centro se encontraba una silla de roca en la que estaba sentado un joven. Su cabello era hermoso, una cascada de cabello rubio y ondulado que enmarcaba su rostro dándole un aire angelical y etéreo. Sus ojos azules eran de un color impactante pero estaban perdidos en algo que era invisible. Vidriosos inclusive. Su piel tenía un ligero tinte azulado, posiblemente porque en el lugar hacia mucho frio y sus ropas no eran las adecuadas para esa clase de clima. Era una ropa tradicional casi podía decirse que de los 1800, su camisa blanca estaba arremangada. El símbolo de las Reliquias de la Muerte estaba granado en su piel como una especie de marca. En su muñeca izquierda
Esa posición en el centro de la habitación y sentado en un trono de piedra, parecía ser una de honor, al menos en la mente bizarra de quien armase todo este macabro espectáculo. Sin embargo, posición de honor o no, el rubio se encontraba atado a la silla con cadenas y grilletes tal como los demás ocupantes del lugar.
Encadenados por las manos y tobillos a las paredes de piedra desgastada y grisácea.
Esperando ser encontrados, recordados mas no olvidados, por un mundo que los creía muertos.
…
Las clases de Harry avanzaban magníficamente, desde etiqueta hasta historia y costumbres del mundo mágico, ya nadie podría aprovecharse de la ignorancia del pelinegro para ponerlo en situaciones difíciles. Pese a todo el esfuerzo invertido, Harry aun era un asiduo visitante de las cocinas, para frustración de Flectcher (el elfo domestico) y la de Regulus, aunque este último no negaría las habilidades de Harry elaborando postres memorables. Fue decisión mutua celebrar el cumpleaños de Harry esa noche pues era la única oportunidad en la que Sirius y Remus podían escapar el escrutinio en Grimmauld Place para celebrarlo todos juntos. Decir que Harry estaba ansioso era poco, pese a las protestas de Flectcher el pelinegro se encontraba en la cocina desde hace un par de horas ayudando con los preparativos e insistió en preparar su propio pastel.
Eso sin importar que Regulus trato de disuadirlo en diversas ocasiones, pero se encontraba desarmado ante Harry. ¡Realmente! ¡No podía negarle nada! Menos cuando se lo pedía utilizando esa mirada tan expresiva. Realmente si nada más pudo con Regulus Black, su único hijo y heredero sí que podría.
Flectcher se apresuraba a hacer todo lo que pudiese antes de que Harry interviniera, mientras Regulus lo observaba todo desde su asiento en el mostrador de la cocina, con su habitual colección de documentos a su alrededor y el ejemplar de El Profeta entre manos.
Su taza de café a una distancia segura de los documentos, de vez en cuando robaba miradas al caos organizado de la cocina.
Fue en ese preciso momento que la paz fue interrumpida, un paquete apareció de la nada en la mesa del comedor. Regulus salto de su silla con la varita preparada ¿Cómo era posible? ¡Se suponía que la casa estaba completamente oculta!
El paquete no tenía maldiciones, y un sello en la parte superior mostraba que provenía de Gringotts. Harry observaba todo con curiosidad, durante todo el tiempo en que se encontró en ese lugar, ninguna carta o paquete pudo pasar las guardias de la casa. Todo lo que tenían era conseguido por Flectcher. Por ello, decir que quería saber sobre el misterioso paquete, era subestimarlo. Harry ya estuviese abriéndolo de no ser porque Regulus se encontraba en un examen minucioso del mismo.
Cuando Regulus pareció conformarse con su examen, empezó a abrir el paquete con cuidado descubrió una caja de cartón sellada con cinta plástica. Para Harry esos eran ítems comunes. Como el encargado de hacer todas las labores en casa de los Dursley… había muy poco con lo que no estaba familiarizado.
_ ¿Puedo?- inquirió Harry desde su lugar, dejando a un lado la mezcla del pastel.
Pese a que ya realizo todos los análisis que conocía para detectar peligro en un objeto, Regulus no estaba ansioso porque Harry pusiese sus manos en aquel objeto extraño, pero sin tener buena razón para negarse, se hizo a un lado observando a Harry como un halcón.
Sin perder el tiempo, Harry le pidió a Flectcher una navaja, se deshizo de la cinta plástica que sellaba la caja y la abrió, revelando una caja de madera ornamentada, varios sobres y lo que parecían ser dos cartas en la parte superior de los mismos.
_ Es la letra de James- dijo Regulus en un tono de voz que Harry nunca le escucho antes, acercándose a remover uno de los sobres, con un cuidado que rayaba en la reverencia.
Harry pudo darle un vistazo, era una letra algo caótica y le recordaba un poco a la suya, al menos en la forma en que estaban escritas las mayúsculas.
La carta no iba dirigida a Regulus y tampoco a Harry. Decía:
Para Enric Orión Black Potter
Regulus no daba señales de abrir la carta y Harry, presintiendo que esto era un momento crucial, decidió abrirla y leerla en voz alta.
Enric
Si estás leyendo esto, quiere decir que lo peor ha pasado. Lamento no haber sido capaz de cuidar de ti durante todos estos años, ¡no tienes idea de cuánto lo siento! He arreglado que esta carta y lo que la acompaña llegase a tus manos apenas tuvieses la capacidad para entender lo que en realidad paso, para comprender tu herencia.
Tengo demasiadas cosas que decirte y me temo que una carta no será suficiente para ello. En el paquete que llego con esta carta esta todo lo necesario para que conozcas la verdad. Hay algo urgente que no puede esperar a que revises los documentos, Lily Evans no es tu madre pese a lo que todo el mundo pudo haberte dicho hasta este momento. Ella es tu madrina. Y una muy buena amiga. Y tu verdadero nombre no es Harry James Potter Evans como ya debes imaginarlo. Eres un Black, y de momento el único heredero a la fortuna, a no ser que en estos años Padfoot (ese es tu padrino, Sirius Black) haya tenido un hijo. Eres el único hijo de Regulus Black, segundo hijo de la familia Black de Grimmauld Place. Tu nombre completo es: Enric Orion Black Potter.
Tu segundo nombre: "Orion" es el de tu abuelo, a su vez es el nombre de una estrella.
Es una tradición de la familia Black el que cada descendiente nacido en la misma sea nombrado por una estrella, independientemente de cuál sea la historia entre nosotros, decidí que cumpliría esta tradición. Pese a que naciste sin que Regulus y yo estuviésemos casados, tienes plenos derechos de herencia y tu sangre es tan pura como la de cualquier otra de las antiguas familias. Incluso me atrevería a decir que es más pura que la de muchos. Eres alguien muy especial y por eso, muchos buscaran utilizarte para su beneficio mientras que otros querrán hacerte daño. En ti se reúne la sangre de dos criaturas mágicas muy poderosas: los elfos y las veelas. Está por verse cual de las dos firmas genéticas se manifestara al momento de tu transformación con preferencia a la otra, o en el raro caso en que las dos se manifestasen, eso solo te haría aun más especial. Estas relacionado a la realeza de los altos elfos, esto es algo que debes mantener en secreto a toda costa. ¡Sin importar que!
Enric, no debes confiar en nadie, NADIE.
Prongs.
P.D: Dirigido a la rama principal de Gringotts en el callejón Diagon, al goblin encargado de supervisar las bóvedas de la antigua casa Gryffindor, de la casa Peverell, de la casa Potter. En caso de no ser encontrado, a ser entregado a Ragnok, el goblin líder de esta rama.
A ser entregado al único hijo, gestado por James Potter, ultimo Lord Potter. El paquete y la carta están malditas, cualquier persona que intente abrirlos que no sea un goblin, o uno de los posibles remitentes de esta carta, sufrirá una muerte dolorosa.
Bajo ninguna circunstancia debe caer este paquete o cualquier ítem aquí contenido, en manos de Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, a quien acuso con toda propiedad de mi muerte y la de Lily Evans.
Harry ¿o sería mejor decir Enric? Contemplaba la carta como si las respuestas del universo se encontrasen contenidas en ella, pero a la vez no podía leer ni una línea. ¿Qué…?
Alargo la carta a Regulus, aun en un estado que solo podía ser entendido como aturdimiento, su mente no acababa de procesar todo aquello. La parte de que era un Black ya la sabia, pero de alguna forma luego de leer su verdadero nombre en el pergamino, todo se hizo "real".
Antes era como una especie de ilusión a la que Harry estaba feliz de estarse aferrando aunque en el fondo temía que llegase el momento en que despertase para encontrarse con que todo fue una especie de sueño, muy hermoso pero nada real.
Pero, todo era cierto.
Regulus era su padre y Albus Dumbledore había asesinado a James Potter, su otro padre o tuvo algo que ver con su muerte, si la carta escrita por el propio James era suficiente para tener como evidencia.
Si esto no era un rudo despertar entonces no sabía lo que era.
Cuando dedico una mirada a Regulus, la expresión del hombre no revelaba gran cosa. Pero sus ojos… sus ojos semejaban una tormenta. Eran crueles y fríos. Una promesa podía leerse en ellos.
Padre e hijo se dispusieron a revisar el paquete con todo lo que contenía. Una gran cantidad de documentos, entre ellos estaban todo lo que Harry pudiese pensar, los documentos personales de Lily Evans y James Potter. Desde bóvedas en Gringotts hasta documentos de identidad, tanto del mundo mágico como del muggle. Le sorprendió que gran parte de la fortuna Potter fue oculta en varios bancos del mundo muggle, todos ellos de máxima seguridad.
Las llaves de las bóvedas se encontraban todas en el sobre, cada una con una etiqueta para indicar a que bóveda pertenecía.
De los Gryffindor, Peverell, Potter. En una caja de madera se encontraba una colección de botellas que Harry reconoció como viales para poción, pero estaban llenas con un líquido espeso de color plateado que nunca vio antes. La pregunta debió estar escrita en su cara porque Regulus tomo una de las botellas para examinarla de cerca.
_ Son recuerdos, cada vial tiene escrita una fecha y están dispuestos en orden. Aquí deben encontrarse momentos cruciales que deben servir como prueba para los alegatos de James. Con esto y los documentos que están en la caja, sin mencionar todo lo que has pasado estos años, podemos acabar de una vez por todas con Albus Dumbledore.
Harry o mejor dicho, Enric (le costaría acostumbrarse a todo este asunto) apenas y escuchaba la voz de Regulus, todo a su alrededor pareció perder importancia. Todo menos el tumulto en su mente, era como si le hubiesen sacado la alfombra debajo de los pies, como si su mundo hubiese girado en 360°. De todo lo que ha pasado a lo largo de estos años… de "su vida" ¿Qué tanto fue manipulado? ¿Hasta qué punto todo aquello fue moldeado por Albus Dumbledore a su conveniencia? ¿Quiénes eran sus amigos? ¿Acaso Voldemort era tan siniestro como todos creían?
A lo largo de todos estos años, los maltratos y el hambre que paso a manos de los Dursley, la indiferencia de los vecinos hacia todo el asunto… ¿Cuánto de eso era culpa de Dumbledore? Y los Weasley….
¡Merlín! ¡Vaya situación tan despreciable!
Tal como decía la carta, no podía confiar en nadie. En nadie a excepción de… Regulus.
Tenía que calmarse antes de cometer alguna estupidez, hasta ahora de todas las figuras en su vida, Regulus era el único que le conto todo lo que debía saber, sin alguna clase de censura o intensión de decir medias verdades. Y la historia encajaba con el contenido de la carta de James hasta donde podía comprender. La caja estaba en medio de la mesa de la cocina, rogando ser explorada a fondo.
Cuidándose de no desordenar el contenido de la caja, Harry saco el primer sobre, allí se encontraba lo que identifico como un expediente en el que se leía "Harry James Potter Evans". Partidas de nacimiento del mundo mágico y del mundo muggle, el balance de una bóveda en Gringotts, la misma de la que Harry estuvo sacando dinero para cubrir sus gastos en Hogwarts.
Incluso un testamento conjunto de James y Lily, las actas de matrimonio de ambos mundos, un testamento conjunto y el testamento de cada uno. A todo eso se sumaba una carta de Lily en la que establecía que bajo ningún concepto su hijo debía ser puesto al cuidado de su hermana o algún miembro de su familia si algo llegase a ocurrirle.
En los trámites del mundo muggle y en las actas del Ministerio el nombre del abogado representante era: Julia Fawley.
Al leer el nombre ocurrió algo muy curioso que Harry no se supo explicar… una reacción en su cicatriz. No dolía, era como una especie de incomodidad. ¿Quién era Julia Fawley? Bien, eso era algo que debía averiguar.
1901, Mansión Fawley.
El invitado llego cubierto en el velo de la noche, en medio de un absoluto silencio aprovechando la oscuridad para borrar sus huellas, su preciada carga aferrada con fuerza. Desprenderse de ella sería difícil, pero todo fuese por el bien mayor.
Ignorantes a la tribulación de quien los cargaba, dos bebes dormían profundamente, cubiertos por una manta gruesa. La mujer que esperaba a la puerta de la mansión no dejaba que sus pensamientos se tradujeran en sus expresiones, se hizo a un lado para dar espacio al recién llegado, guiándolo en silencio a través de los oscuros corredores de la mansión. A la distancia se escuchaba ruido proveniente de uno de los grandes salones en lo que al parecer era una fiesta, sin deseo de ser reconocido o involucrarse en esos menesteres, el misterioso visitante solicito ser guiado al estudio de la mansión y esperar allí a su anfitrión.
La mujer accedió a su petición sin rechistar y poco después un hombre de aspecto severo e impecablemente vestido entro y ocupo su asiento tras el opulento escritorio.
_ Buenas noches, Sr Fawley- saludo el invitado, en una voz que delataba su juventud, al igual que sus impecables modales.
_ No le esperaba en esta ocasión, sin embargo tengo preparado el contrato…-
_ Creo que no me he explicado atentamente en la misiva que le envié, no pienso firmar contrato alguno en el que renuncie a la custodia de mis hijos. Esto, entenderá, en caso de que en un futuro pueda recuperarles. Como único descendiente vivo de Kendra Fawley y cabeza de una de las Sagradas 28 familias con la cual esta endeudada su familia, tengo todo el derecho de exigir el pago correspondiente a dicha deuda, es por ello que se encuentra usted en el deber de suplirla para encajar mis necesidades, en este momento, ellas se corresponden con el bienestar de mis hijos en un ambiente seguro donde no se conozca su verdadera identidad. Por supuesto estaría dispuesto a ofrecer mi asistencia política incondicional en un futuro, comprenderá que sostengo una influencia considerable en el mundo académico y en el Ministerio y es una oferta que no se repetirá.
Encontrándose retrocedido a una esquina no era algo que Fawley apreciase si el brillo furioso de sus ojos era una pista a ser considerada, pero tal como brillaban con el fuego de su furia, se llenaron de malicia.
_ Escucho y obedezco, Lord Grindelwald- repuso el hombre. Haciendo énfasis en el apellido y deleitándose por la breve muestra de dolor que dio su interlocutor.
_ Es satisfactorio que pudiésemos alcanzar un consenso. Se encargara de mantenerlos seguros. Si es posible dentro de la mayor discreción, criarlos en una sola casa. Es preferible. Pero de no ser así, se encargara de vigilar atentamente a los guardianes que designe para tal fin. Si llegase a enterarme de algún maltrato o negligencia, no tendría reparo alguno en destruir por completo a la familia Fawley de una forma discreta que nadie sería capaz de rastrear hasta mí. Nada de adopciones de sangre, sin embargo puede emplear cualquier otro medio para acoplar sus rasgos a la familia que los conserve. ¿Comprende mis instrucciones, Sr Fawley?
_ Como el cristal, Lord Grindelwald.- mascullo el hombre, su enfado visible bajo la superficie.
_ Esta conversación nunca ocurrió, Sr Fawley- repuso Lord Grindelwald entregando su preciada carga al hombre de gesto severo, sin dar una sola mirada atrás, el misterioso invitado de los Fawley desapareció en medio de la noche sin dejar rastro.
