Gracias a todos por sus comentarios en el último capítulo. Yo diría que estamos a puertas del verdadero asunto. Puede que parezca que le estoy dando largas. Pero hay cosas que son importantes… ¿Cómo es que era? El diablo está en los detalles. Y voy a agarrar prestados algunos personajes de otras series o películas.

El Departamento de Misterios era el lugar al que todos evitaban acercarse, técnicamente estaban bajo el control de la oficina del Ministro, pero era un secreto a voces que los Inefables hacían lo que se les daba la gana, nadie sabía que se les pasaba por la mente o para que empleaban los recursos que solicitaban religiosamente al Departamento de la Moneda y las partidas de presupuesto adicionales que lograban sacarle a la oficina del Ministro. Por ello, cuando el Jefe de los Inefables en persona abandono su exilio voluntario en las entrañas del Ministerio, muchos funcionarios se quitaban de su camino con bastante recelo y rapidez. Se partían las multitudes de funcionarios y civiles en el inmenso atrio como las olas se abrieran para Moisés en su escapada del antiguo Egipto.

Y por supuesto para Sir David Rivers todo el asunto era para desternillarse de risa, la situación era graciosa e incluso absurda. Parece ser que la incompetencia de Fudge alcanzo el punto de no retorno. Ahora es que verían cosas interesantes por aquí. Y si le preguntaban… ya era la maldita hora desde hace tiempo que algo cambiara en esta bendita comunidad traída de los cabellos. Ya llevaba años que quería librarse de Fudge… quizá si averiguara quien estaba detrás de todo el revuelo podrían establecer una larga y fructífera colaboración.

A Rivers le importaba un carajo quien estuviese en la oficina del Ministro, porque él era su propio jefe. Bagnold no era tan mala, de hecho, solo sostenía el puesto con el mínimo de esfuerzo y era relativamente sencillo sacarle recursos con tal de dejarla tranquila unas semanas, pero Fudge era una pequeña mierda codiciosa y corrupta cuyo único propósito en la vida era conseguir dinero de cualquier manera. En su mente estrecha el fin justificaba los medios y mientras su bóveda personal estuviese bien provista se hacia la vista gorda con otras cosas.

Alcanzar la oficina del Ministro fue sencillo, en especial porque no sorteo obstáculo alguno. La secretaria se apartó de su camino solo con echarle un vistazo por encima de su revista (un verdadero desperdicio de buen papel).

Fudge parecía una de esas ratas feas y gordas que los muggles disfrutaban encerrando en cajas de vidrio, daba vueltas en círculo por su oficina, seguramente a nada de experimentar una de sus famosas crisis nerviosas para culminarla escribiéndole a Dumbledore por consejo… si existía un ser tan patético en el mundo, era ese.

_ Fudge- decidiendo cortar por lo sano con la fiesta de autocompasión, tuvo que contener la mueca de disgusto cuando el hombrecillo salto sobresaltado al escucharlo.

_ Rivers- regreso Fudge, su voz no era distinta de un graznido. Muy a pesar suyo Rivers se encontró con curiosidad. Quizá lo de los recursos podía esperar un poco. - el chico Potter ha muerto.

Bien, aquello no se lo esperaba y era de hecho la noticia que tendría un impacto notable en todo. La ansiedad de Fudge quedaba justificada.

Pero… ¿Cómo es que aquello era posible? Albus Dumbledore, tan despreciable forma de vida que era, no se conformaba con menos de lo que quería. No era secreto para el que tuviese dos dedos de frente que el viejo demonio diseñaba maquinaciones con Potter desde que el chiquillo estaba en el vientre de su madre.

Cuando Fudge se calmó lo suficiente (necesito disuasión del tipo violenta antes que empezara a ser coherente) Rivers se enteró de los particulares que ciertamente parecían sacados de una obra dramática. Ante cientos de espectadores Potter salto al vacío desde nada menos que el London Eye, y en el proceso la policía muggle se las arregló para capturar a todos los miembros activos de la Orden del Fénix que acudieron al área e incluso a tres aurores de los cinco que enviaron.

_ Los muggles están allí y hasta ahora no han sacado el cuerpo del agua, pero cuando lo hagan no sé cómo vamos a encubrir todo esto. Llamaría demasiado la atención que el cuerpo desaparezca de sus instalaciones… tendríamos que esperar a que lo entierren. Si es que lo hacen en un futuro cercano. Y la gente empezara a pedir respuestas. Esto bien puede ser el fin de mi carrera. ¡Todo es culpa de Dumbledore!

_ Independientemente de quien sea la culpa. Lo cierto es que tenemos un desarrollo interesante. Esto va más allá de la capacidad del Ministerio, creo que a estas alturas ya ellos deben estar enterados. Y si es así, ciertamente el fin de su carrera debería ser lo menos importante Este incidente bien podría significar nuestra completa exposición a los muggles, cuanto mínimo. Y por supuesto a ellos eso no les haría ninguna gracia.

_ ¿Ellos? - ciertamente, Fudge parecía haber escuchado su sentencia de muerte.

_ Si, Su Majestad no se toma bien que los seres del mundo mágico hagan un escándalo en su reino. Debe haber despachado a su unidad especial para encargarse de todo y no dudo que fue esa unidad la que capturo a los Aurores que despachamos y a Dumbledore con su banda de indeseables. Si eso no fuera suficiente tenemos la muerte de una figura tan importante para nuestra gente como Harry Potter… Pues esto será un asunto desagradable. Para muchos. Bien, deberías esperar que aparezcan…

Ni bien termino de decir eso, cuando un retrato en la esquina contraria de la oficina empezó a brillar de un rojo sangre como el de los rubíes. El resplandor del cuadro se extendió a la pared, que a su vez dio paso a un umbral del que emergió una mujer de piel morena, que llevaba un traje, un bastón y un parche en el ojo. La expresión en el rostro de la mujer te indicaba que era alguien a quien no querías cruzar. Y a juzgar por su ceño fruncido, estaba cabreada.

Siguiéndola emergió un sujeto con un abrigo tan rojo como el resplandor que emanaba del umbral, guantes blancos, lentes oscuros y armado.

_ ¿Quién está a cargo? - inquirió, tomando asiento en una de las butacas ubicadas frente al escritorio del Ministro. El sujeto del abrigo carmesí se ubicó a su espalda, con sus ojos recorriendo la habitación tras sus gafas oscuras, algo era seguro, cualquier cosa que se moviera súbitamente se encontraría acribillada a balazos.

Fudge en esos momentos hacia una impresión bastante convincente de un pez que abría y cerraba la boca.

_ Sir Integra- se apresuró a saludar Rivers, estando al corriente de quienes eran sus peligrosos e importantes invitados- Debo decir que es un honor conocerla, solo que ojalá fuese en otras circunstancias.

_ ¿Quién diablos está a cargo? ¿A quién le debo el placer de haber tenido que desplegar a toda mi organización? - a cada palabra que salía de su boca el enfado aumentaba en niveles, algo en su tono de voz perfectamente modulado te transmitía su furia mejor de lo que pudieran hacerlo los gritos.

_ Er…- Fudge al parecer estaba haciendo un intento por articular sonidos.

_ Soy Sir David Rivers del Departamento de Misterios, y este es el Ministro, Cornellius Fudge.

_ Ya que desde que entre en su despacho, su Ministro no se ha dignado a emitir una sola palabra, voy a discutir con usted los particulares de esta situación. Su Majestad está muy disgustada. Ha ordenado que este asunto sea prioridad a todos los demás. La víctima es un familiar lejano de Su Majestad, lo que le hace un miembro de la familia real y le dejaba en la línea de sucesión. Y por supuesto la Reina está exigiendo explicaciones. Una investigación a gran escala.

_ Con la que el Ministerio estaría dispuesto a colaborar en todo lo que se solicite- se apresuró a asegurar Fudge, su voz saliendo con estabilidad pese a que temblaba de pies a cabeza ante las implicaciones de lo que acababa de decir la mujer. Una vez que se involucraba a Hellsing y a la Reina no quedaban demasiadas opciones. Solo rogaba que no involucrasen también a los Phantomhive. Menos cuando en su despacho tenía al mismo Drácula.

_ Al parecer alguien al fin recupera la voz- el sarcasmo en la voz de Sir Hellsing era palpable, apenas y desvió la mirada de Rivers para clavarla en Fudge, una mujer severa en verdad. Con un solo vistazo, Fudge se acobardo de nueva cuenta.

_ Los sujetos que fueron detenidos en el London Eye no serán liberados hasta que se terminen las averiguaciones. Tanto en su lado como en el nuestro. Cualquier intento por localizar y liberar a los prisioneros será tratado como traición a la corona. Por ende, estoy autorizada a emplear cualquier método que estime necesario para lidiar con los traidores. A partir de este momento los efectivos de Hellsing tienen acceso a todo lo que estimen necesario de sus oficinas y su gente- en esto, la sonrisa decididamente voraz del escolta de Sir Hellsing era aterradora.

_ Pero…- por supuesto Fudge no cerraba la boca cuando era indicado.

Sir Integra se limitó a arquear una ceja. En silencioso desafío a que terminara lo que sea que quería decir. Eventualmente, el silencio se mantuvo.

La zona estaba completamente acordonada por la policía, o al menos eso es lo que la gente creía y pronto aprendieron que esta escena no era como la de un crimen cualquiera puesto que si capturaban a un curioso este era arrestado y no se lo volvía a ver, ante este trato tan estricto la gente pronto decidió bajar las persianas o cortinas, cerrar bien sus puertas y no aventurarse fuera de sus casas hasta el día siguiente, tal como lo solicitaron los agentes que despejaron el área en la tarde. Ni siquiera los delincuentes juveniles o esos molestos youtubers fueron tan insensatos como para traspasar el cordón policial.

Las patrullas de policía pronto dieron paso a las camionetas negras cromadas cuando fue confirmado que los curiosos se quedarían alejados. Agentes vestidos de negro bajaron de los autos, algunos para acordonar la zona, estos tenían la orden de disparar a matar, un equipo de buzos se desplegaba en la costa y un hombre con un traje elegante, guantes blancos y ojos de un peculiar color supervisaba el progreso de los demás con gesto ausente. Algo como esto era casi rutinario y a su opinión no ameritaba semejante despliegue, pero no se podía discutir con tu amo cuanto este daba una orden directa ¿Verdad?

_ Señor Michaelis los buzos ya están en posición…

_ Les daré media hora, si para ese momento no lo encuentran, lo hare yo mismo. - corto el pelinegro.

El agente, acostumbrado a aquellas respuestas, dio la señal para que los buzos se lanzaran a las aguas ennegrecidas en busca de su objetivo.

Algo en la atmosfera del lugar le levantaba sospecha. Los residuos de magia eran lo suficientemente poderosos para que pudiese distinguir cada firma, 10 de aquellas firmas mágicas pertenecían a los individuos que tenían en custodia en las instalaciones de la base… pero al parecer se les escaparon un par de involucrados a juzgar por las firmas restantes. Todo esto no dejaba de ser una especie de chiste para el demonio, claro, cualquier cosa que pusiera de malhumor a Integra Hellsing era un ticket instantáneo para el malhumor de su amo, en especial porque sería el quien tendría que lidiar con el desastre, y por delegación le tocaría al mismo Sebastián.

Revisando su reloj constato que ya era hora de intervenir, con un gesto indico que retiraran a los buzos. Si dejaba que se alargase el asunto llegaría tarde a casa y eso era completamente inaceptable.

Se lanzó al agua sin miramientos, pese a que su traje parecía ser uno de los que se arruinaría por semejante trato, estaba especialmente diseñado para lidiar con todos los inconvenientes que conllevaban sus misiones, un gasto que hizo hace tiempo cuando se cansó de arruinar sus trajes por docenas cuando le encomendaban una misión.

El agua estaba increíblemente oscura y no le sorprendía que los humanos fuesen incapaces de encontrar algo en semejantes condiciones, no hay que dejar que los mortales hagan un trabajo de demonios, no era de extrañar que la búsqueda de los buzos fuese inútil teniendo en cuenta que la magia del ambiente hacia que sus artilugios fuesen inservibles. Dejando de lado la cantidad impresionante de basura que se encontraba en el agua y algunos restos de animales y humanos que estaban al fondo… Sebastián se guiaba por la firma de magia que provenía del cuerpo, era un rastro poderoso que lo llamaba como un faro en medio de la masa oscura y densa, era un poder tan abrumador que resultaba una pena el que su portador estuviese muerto.

Tanto potencial…- pensó el demonio, con algo parecido a la lastima. Esa hubiese sido un alma digna de devorar. La energía que emanaba del cadáver era luminosa. Un faro en medio de la oscuridad, un cadáver que no podía dejarse desatendido porque podía ser usado para casi cualquier fin. Una fuente de magia considerable.

Una cosa era segura… al menos por unos días, ese cadáver no abandonaría las instalaciones de Hellsing.

Emergió con el cuerpo y dejo su manipulación en manos del equipo de humanos. Los acompañaría hasta las instalaciones y regresaría a la mansión familiar para preparar las maletas de sus amos.

La situación era crítica, el suceso en si era algo que ameritaba la cobertura de los medios mágicos importantes de toda Europa, pero… era casi como que todas las publicaciones importantes tenían a un periodista en el momento indicado. Esas cosas raramente se daban por casualidad, alguien planifico esto para que fuese el golpe devastador que era.

Sin embargo, no hubo manera que los periodistas revelaran sus fuentes y técnicamente no se podía obligar a que compartieran esa información, la libertad de prensa era un dolor en el trasero del Departamento de Relaciones Publicas. En especial cuando se les ordenaba reprimir la propagación de una noticia.

Ya era tarde para pedir el retiro de todos los ejemplares del Profeta y el Quisquilloso que salieron en ediciones extra. Y no tenían forma de controlar los periódicos de Paris y América. Ya era tarde, era noticia vieja que Harry Potter estaba muerto, y el que no lo era consciente de ello se enteraría en las próximas 48 horas.

Lo que reinaba en la oficina del Ministerio era una completa desesperanza, con un sentimiento generalizado de indefensión. ¿Ahora quien los liberaría de Voldemort?

Como si de una epidemia se tratase, gran parte de la población estaba igual que los trabajadores del Ministerio. Era cuestión de tiempo antes que el pánico se disparara, pues parecía que todos los males cayeron sobre ellos. Y si supieran que todavía quedaban unas sorpresas bajo la manga.

Las calles de Nueva Orleans eran un rio de colores y olores exóticos, ideales para relajarse luego de un día ajetreado, la vida nocturna de la ciudad era la gran seductora de los espíritus libres y por supuesto para alguien como Sirius Black era como el canto de la sirena que no podía ignorar. 12 años en Azkaban lo dejaban con ganas de explorar cosas nuevas y en cierta manera recuperar el tiempo perdido, cosa que Remus entendía, aunque en cierto modo no compartía. Lo cierto es que el lobo disfrutaba ver a su amor siendo tan libre… con algún que otro gruñido ocasional cuando alguno de los bailarines trataba de coquetear con Sirius o con alguno de los muchos insensatos que se acercaban a coquetear con Enric. Para todos ellos, Enric era Prongslet. Y siempre seguiría siendo un bebe. Fin del asunto. Y algunas de esas personas eran… perturbadoras. El aura en el lugar era misteriosa, cargada de magia, humo y unas esencias que invitaban al abandono total de las inhibiciones. su verdadera personalidad rugía bajo la superficie por salir a jugar, pero en tiempos como estos no podía permitirse semejante descuido… no cuando en cualquier momento podrían aparecer sus enemigos.

Escapado de la casa como estaba no le quedaba reparo en dejarse ver en varios sitios nocturnos porque en esta maravillosa ciudad nadie estaba buscando arrestar a Sirius y ciertamente ninguno de los presentes lo menospreciaría por ser un hombre lobo. Regulus podía abandonar la casa ya que nadie aquí sabia sobre su pasado… ¿la única diferencia de esta noche con las anteriores? No estaba solo con Sirius en el club.

Desde un palco en la zona VIP, estaba sentado con Regulus y Enric, tomo mucho para disuadirlos, en especial al primero, de acudir a semejante lugar. Enric, como un chico joven, siempre estaba dispuesto a probar cosas nuevas, aunque era una pena que sus planes limitaran el contacto con gente de su edad. Era fácil decir que a Regulus no le agradaba el lugar, gran parte del desagrado porque varios de los clientes habituales se acercaron a su mesa para coquetear con Enric…

_ Veámoslo como una celebración que nos merecemos. De hecho, no podemos celebrar en casa por nuestros invitados. No sétú, pero quiero desinhibirme al menos por un rato.}

_ Moony tiene razón- intervino Enric. - Cuando regresemos a casa tendremos que estar actuando todo el tiempo.

Una conmoción los distrajo de su conversación, no era para menos. Confíen en el Ministerio de Magia para hacer una aparición intempestiva. Sirius estaba completamente rodeado en la pista de baile.

_ Ya se habían tardado- repuso Enric, con cierto fastidio- El tiempo de respuesta fue… ¿48 horas?

_ Seguramente algo los impulso a actuar. Esto huele a distracción. - dijo Regulus, quien no se perdía detalle de lo que ocurría en el centro de la pista de baile.

_ Al menos Sirius se estádivirtiendo y sabemos que el personal de The Soul no acusaría de nada a su mejor cliente - repuso Remus.

Y era verdad, los cuatro aurores que llegaron para "detener" a Sirius, eran en realidad un buen entretenimiento para el pelinegro, quien estaba jugando con ellos. El personal del bar no tardaría en avisar a MACUSA o desplegar a su personal de seguridad.

_ ¿Tenemos algún reporte? - inquirió Regulus.

_ Tonks dice que Hellsing ya está en el Ministerio y no tardaran en averiguar todos los particulares en cuanto a la vida de Harry Potter. No dudo que van a destacar a sus mejores agentes, podemos esperar algunos demonios en los próximos días. - dijo Regulus… aunque Remus y Enric no le estaban prestando atención porque estaban captivados viendo como Sirius sometía a sus cuatro oponentes segundos antes que apareciera el personal del bar.

Si su primera impresión del mundo mágico fue mala, la que tuvo en los días siguientes solo empeoraba. El papeleo en ese Ministerio era desastroso, se notaba que el personal era contratado por política y no por habilidades. En los archivos no se llevaba una limpieza o un sistema de orden que permitiera encontrar los registros en menos de medio día.

Si bien para la recuperación del cadáver del chico Potter y la limpieza del incidente en el London Eye tuvo que desplegar a buena parte de sus mejores efectivos del campo, para la intervención en el Ministerio tuvo que destacar al resto, especialmente al personal administrativo. A estas alturas no sabía si Hellsing estaba haciendo una investigación o una auditoria. Lo cierto es que la Reina quería respuestas y en este gallinero solo estaban consiguiendo preguntas.

Nadie conocía a Potter salvo por el montón de basura que publicaba ese panfleto vulgar que esta gente llamaba periódico. En las últimas 48 horas interrogo a todo el personal del colegio al que Potter solía asistir, Hogwarts. El director era un problema y definitivamente ocultaba algo, sus instintos le gritaban que ese hombre era material peligroso. Los demás profesores no tenían nada que aportar, todos ellos conocían a los padres de Potter, pero no al chico. Cosas tan genéricas como "era bueno en Defensa contra las Artes Oscuras" o "era muy amable" no le daban una foto amplia del carácter de su víctima y las razones que pudieron llevarle al suicidio… lo cierto es que consiguió detalles de todas las hazañas que Potter llevo a cabo desde los 11 años para mantenerse con vida, cosa que al parecer era bastante complicada para el en este colegio. Si el chico aun estuviese vivo realmente querría reclutarlo para Hellsing si es que su parentesco con la Reina no fuese un impedimento. Cualquiera que matase un basilisco a sus 12 años era impresionante en sus libros.

Yo me suicidaría solo por salir de aquí- pensó Sir Hellsing con exasperación, dándole una mirada a un grupo de estudiantes que pasaban por su lado como ganado.

Ya era hora de sacar las armas pesadas.

_ Alucard, vamos a regresar a Londres, esta misión puede que necesite la atención de nuestros mejores agentes. - dijo Sir Integra, segura que el hombre la había escuchado, porque, aunque aparentara estar sola Alucard siempre estaba cerca.

Emprendió el camino hasta que abandono el colegio y aun así espero hasta que alcanzaron una distancia considerable de los terrenos para continuar su discusión con Alucard.

_ Esto será divertido- repuso la voz incorpórea de Alucard provenía de la izquierda- Son justamente la clase de imbéciles con los que Phantomhive detesta lidiar.

_ Si siempre hiciéramos trabajos agradables entonces no existiría la palabra "trabajo"- repuso Integra- No aguantaba un minuto más en este lugar… ese Dumbledore… argh.

_ Si… cada vez que lo veo quisiera presionar el gatillo. Eso no es un humano… ese es un ser muy antiguo y también nefasto, sean cuales sean sus planes no acabaran en nada bueno. Y no me sorprende que todo esté en este caos. Eso es precisamente para lo que son buenos.

_ ¿Con que estamos lidiando aquí? - inquirió Integra, curiosa por el tono que adopto la voz de Alucard.

_ Es oscuridad pura. Un ser que está en el mundo desde antes que los demonios… solo puedo compararlo con la parte más profunda del infierno y creo que eso se creó después de su nacimiento. Acostumbrado a robar rostros, se alimenta de las emociones negativas, la miseria, la indecisión… es un especialista en crear toda suerte de escenarios desafortunados y pobre ser el que atraiga su atención. Es obvio que su atención estaba en el chico Potter. Y eso pudo haber causado su muerte.

_ Pero hasta que no tengamos pruebas no podemos reportarle nada a su Majestad- intervino Integra. - Estas encargado de conseguir toda la información valiosa de este despreciable lugar, las barreras mágicas no son un obstáculo para ti, una vez regrese al cuartel puedes regresar a ver qué información puedes encontrar. Cualquier medio que emplees es válido porque este es un asunto que involucra a la familia real.

_ ¿Ya pudieron sacar el cuerpo del rio?

_ Michaellis se encargó de eso junto con una división que despachamos- repuso Integra.

_ En un caso como este no podemos descartar nada. Quiero ver el cuerpo.

_ ¿Crees que el chico pudo fingir su muerte? -inquirió Integra.

_ Estamos lidiando con magos, son capaces casi de cualquier cosa. No que vayan a engañarme a mi o a los demonios a sus órdenes, pero nunca esta demás descartar alternativas en una investigación.

Y ese fue el fin de la conversación, cuando Integra estuvo de regreso en las instalaciones de Hellsing, Alucard regreso al viejo castillo que zumbaba de magia y secretos. Algo en la oficina del director le llamo la atención en su entrevista. El lugar estaba atestado de instrumentos que giraban, chirriaban y humeaban, pero su atención se centró en una vitrina pegada a una esquina de la habitación que tapaba la pared de piedra. Podía sentir la presencia de mortales detrás de esa pared, y un castillo tan antiguo como ese estaba lleno de pasadizos secretos. Debía encontrar un momento en que el director no estuviese en la habitación o incluso en el castillo, para entrar e investigar.

Mientras tanto se dedicó a buscar pasadizos secretos en todo el castillo. A observar al personal y a los estudiantes, a veces quien menos se piensa es la persona que sabe los secretos… por ello fue una tremenda impresión cuando una rubia algo desaliñada de expresión soñadora y grandes ojos saltones le miro directamente a través de la multitud para dedicarle una sonrisa y acto seguido salir a los terrenos en un claro gesto de invitación.

Intrigado, la siguió,

Draco estudiaba todo a su alrededor con curiosidad. La antigua mansión era el epitome de la elegancia, aunque eso no era lo que le llamaba la atención. Las paredes a su alrededor parecían zumbar con energía, la magia era poderosa superando con mucho a la de Malfoy Manor y aparte parecía estar viva, con una personalidad fuerte. La casa parecía estar estudiándote a cada paso que dabas. Desde que llegaron e incluso hasta ahora podía sentir como su sangre cantaba en su cuerpo, como si después de mucho tiempo al fin conociera su verdadero lugar, o como si finalmente la pieza perdida de un rompecabezas terminara de encajar en su sitio. Era una sensación maravillosa.

Amaba todo de esa vieja casa, aunque era consciente que su padre y Severus no estaban en una posición en la que pudiesen sentirse seguros del todo, incluso su mentalidad Slytherin estaba alerta por las sensaciones que le provocaba la casa, y el hecho de que sus anfitriones estaban ausentes, con el único mago con el que interactuaron desde su llegada fue Lupin.

La reunión con Lord Black que sin duda alguna seria Sirius Black no era algo que Draco esperase con ansias, en especial porque su enemistad con Potter solo empeoraría las cosas. Su madre fue bastante clara en todas las formas en las cuales su anfitrión podría ofenderse y dejarlos a la deriva, en la situación en la que se encontraban ese era un lujo que no se podían permitir. Pero la perspectiva de rogar era algo que le removía la sangre en el mal sentido.

Recorrer la casa a solas se convirtió en una actividad frecuente porque por agradables que fuesen sus habitaciones designadas no quería estar encerrado entre cuatro paredes. Al menos con los pies en movimiento se hacia la ilusión de estar ocupado y su mente se distraía con la casa.

Ya llevaba al menos dos horas recorriendo el ala de los huéspedes que era el espacio que estaba permitido para él y su familia, pese a que su habitación se encontraba en el ala principal solo tuvo vistazos breves de la entrada al ala de su anfitrión, la casa lo mantenía apartado de allí, no con agresión, pero si firmemente.

Ya empezaba a cansarse por lo que regreso a su habitación, y fue allí cuando la visión lo ataco. A medio camino del baño.

Era una casa vieja pero bien cuidada con un jardín amplio, en la parte trasera el huerto era bastante funcional, con alimentos e ingredientes para pociones creciendo en filas ordenadas, las plantas compartían el espacio con cuerdas para tender la ropa y un par de cabras que estaban amarradas frente a una cochera con la puerta abierta, bien alejadas de los ingredientes para pociones. La casa emanaba una energía tan… triste.

Al menos eso es lo que Draco pensaba a primera vista, no era la primera vez que una visión como esta le atacaba, ninguna de las personas a su alrededor eran capaces de percibirlo, por lo que se deslizaba como una especie de fantasma, con la diferencia de poder percibir todas las emociones de las personas que le rodeaban, sus pensamientos y auras… en casa estaban tres personas. Un chico delgado y alto, que a primera vista lo confundió con una chica por su largo cabello color caoba que brillaba al sol con destellos rojizos, tenía un par de ojos azules que resplandecían y parecían mirar directamente a tu alma, piel pálida como de porcelana y un gusto por los colores extravagantes, su aura era preciosa, cargada de poder, era como un fuego cálido. Una fogata que te daba la bienvenida y se derramaba por donde quiera que pasara, dejando una huella notoria y duradera, aun en medio de toda la mala experiencia, se sentía seguro cuando estaba cerca del chico, por lo que lo seguía a menudo por la casa mientras hacia sus labores como cuidador de los otros dos habitantes de la casa.

El otro chico era menor, algo hosco, parecido al primero en el cabello solamente, pero allí acababan sus semejanzas, este era un poco ancho de hombros y realizaba todo el trabajo del patio, el huerto y las cabras.

En las profundidades de la casa, encerrada en el sótano estaba una chica, al primer contacto con ella a Draco le costaba contener las ganas de llorar, sus emociones eran abrumadoras, su energía era oscura, cargada de recelo y agresividad. Era obvio que algo espantoso le había pasado, Draco no tardo en averiguar que, cuando se percató de su vientre abultado.

Por la casa y la época, debían estar alrededor de 1940. Una joven embarazada que no estaba casada era un tabú. y esta era prácticamente una niña lo que le daba al acto un matiz de horror que le daba escalofríos, trataba de mantenerse alejado de ella porque daba la impresión que a diferencia de los otros dos, ella si podía verle. Todo el caso era doblemente lamentable porque era obvio que la chica perdió la cordura, aparte de completamente arruinada. Daba vueltas por la casa, absorta en su propio mundo, a veces le daban ataques feroces en los que sus hermanos se veían obligados a someterla, encerrándola en el sótano y dándole la comida por una trampilla instalada en su puerta. Era obvio que la chica no soportaba la cercanía de los hombres, ni siquiera de sus familiares. Su magia estaba fuera de control y era una bomba de tiempo esperando ocurrir.

Una mujer mayor acudía a la casa de vez en cuando, seguramente a supervisar, el mayor de los habitantes de la casa apenas tendría 17 años. Al principio, Draco no la reconoció, tomo hasta la tercera vez que la vio… la mujer era Bathilda Bagshot, la autora de La Historia de Hogwarts.

¿Dónde demonios estaba? En momentos como este realmente le gustaría tener algún entrenamiento y control sobre sus poderes.

El fiasco en The Soul les tomo más tiempo del esperado, pero el gato estaba fuera de la bolsa. Para esos momentos ya en el Ministerio de Magia debían saber que Sirius Black se encontraba bajo la protección de MACUSA y que pensaba demandar al gobierno de Bagnold y al de Fudge una indemnización por haberle mantenido en Azkaban sin llevar a cabo un juicio, y eso en tope a todo lo que estaba ocurriendo en Inglaterra en esos momentos, era un golpe terminal para el Ministerio y por ende, para Fudge. A los cuatro aurores que fueron a buscarle bajo órdenes de Scrimgeour se les borro de la mente la ubicación exacta de Sirius para que no trataran de buscarlo de nueva cuenta.

Regulus, Remus y Enric fueron testigos al igual que todas las personas que se encontraban en el club y en la pista de baile esa noche. Lo tedioso del asunto es que todos tuvieron que desplazarse a las oficinas de Aurores en la ciudad y esperar que al último se le hiciera el interrogatorio para abandonar el lugar. Si bien la influencia de la familia Black pudo ahorrarles la espera, la idea del asunto era granjearse la simpatía y el apoyo de la gente. Ciertamente el utilizar privilegios de sangre pura lograría todo lo contrario. Al final, todos los presentes en el club testificaron favorablemente sobre Sirius gracias a todas las noches que paso en The Soul o en las calles de la ciudad disfrutando de su activa vida nocturna.

Los Aurores del Ministerio de Magia a duras penas consiguieron su libertad temporal. Los enviaron de regreso a Inglaterra con una notificación para el Ministro, de repetirse un incidente como el actual lo considerarían un ataque directo y habría represalias.

En fin, llegaron satisfechos a la vieja residencia Black en donde al fin enfrentarían a sus huéspedes.

Y por supuesto, ya que todo estaba marchando tan bien, era hora de algunos problemas.

Ni bien terminaron de abrir la puerta, Tiana apareció con un pop en el vestíbulo de entrada, retorciendo sus manos en el gesto universal que tenían todos los elfos domésticos cuando debían dar una mala noticia a sus amos.

_ ¿Qué ocurre? - dijo Regulus, dejando su capa en el perchero mientras una hipótesis tras otra se formaba en su cabeza

_ El joven amo lleva horas inconsciente y nadie puede hacerlo reaccionar.- repuso Tiana- La casa no está feliz…

_ ¿Malfoy?- Sirius se quedo allí con la perplejidad escrita en el rostro.

_ Si, el único otro "joven" en esta casa soy yo, y estaba con ustedes. ¿Qué le pasa?-inquirió Enric, solo era educado interesarse por los invitados en tu casa si se enfermaban.

_ No lo saben- repuso Tiana.

_ Si, puedo sentir que la energía en la casa esta turbia. Si Lucius y Severus no han sido capaces de solucionar lo que sea que pase entonces es serio.- dijo Regulus.- Esto no estaba en nuestros planes, pero creo que debemos ir a ver qué pasa. Al menos que Remus lo haga.

_ ¿Es conveniente que los acompañe?- inquirió Enric.

_ Nos daría credibilidad, tenemos todos tus documentos gracias a que James los dejo en Gringotts y le los hizo llegar al momento preciso. Pero… existe un riesgo real al tener contacto con otra criatura mágica, especialmente a tu edad. No es necesario ni siquiera que tengan contacto físico sino que se encuentren en el mismo lugar.-dijo Regulus- Eso fue lo que paso conmigo y con James al principio.

_ ¿Quieres decir que hay una posibilidad real de que pase algo con Malfoy?- Enric lo veía escéptico, recordando perfectamente todos sus encuentros con Draco a lo largo de los años.

_ ¡Vámonos Prongslet!- le urgió Sirius tomándole el brazo y queriendo salir disparado por la puerta… y antes que Enric se moviese en cualquier dirección, la puerta principal de la casa se cerró con un portazo. Obviamente la casa los quería adentro.

_ Bien, infiernos- concluyo Sirius, viendo a la puerta como si quisiera incinerar hasta la última astilla de la madera pulida.

_ Ya habíamos discutido la opción de un matrimonio de conveniencia o al menos un contrato entre Draco y Enric, solamente para mantenerlos seguros hasta que pase el riesgo- dijo Regulus- Si algo como eso llegara a pasar no quiero que le hagas las cosas difíciles a mi hijo- añadió con severidad mirando a Sirius con su mejor mirada mortífera.

Con un gesto de irritación, Tiana desapareció para dejarlos discutir a gusto.

_ Por más interesante que sea la conversación creo que deberíamos ir a ver qué sucede con nuestro invitado antes de que nuestra ausencia pueda ser considerada ofensiva- remarco Remus, interponiéndose entre los hermanos y evitando una disputa, a juzgar por el brillo terco en los ojos de Sirius.

Al final se decidió que Remus fuese primero, y si el problema no se solucionaba en las próximas horas entonces Enric se presentaría con Regulus, al final se decidió que Sirius no era lo suficientemente objetivo para lidiar con Snape y Lucius en el mismo espacio sin que se cayesen los tres a maldiciones.

Los problemas estaban a la vuelta de la esquina.