Ya está estable mi situación con la computadora. Un amigo le instalo el office y al menos puedo decir que mejoro la cosa. Ya no ando escribiendo como una mecanógrafa. Con todo el asunto que ahora mis errores se corrigen. Si de algo sirvió la experiencia fue para hacerme una idea de que tan rudo era antes. Aparte de eso que les menciono también está el detalle que acá empezaron con los cortes de luz, te cortan la electricidad a toda hora sin prevención alguna y como entenderán eso daña las cosas. Esta computadora funciona es conectada al cargador porque no tiene batería. Ando escribiendo siempre con el miedo a que se vaya la luz, pierda lo que estoy escribiendo o peor aún, que se dañe mi computadora. Ya me ha tocado revivirla dos veces, no es que sea técnica ni mucho menos, la improvisación ayuda xD. Esa es una de las alegrías de vivir en Venezuela (Nótese el sarcasmo). ¿No creen?
Bueno, los dejo para que lean. Muchas gracias por su paciencia.
Al principio era como ver una vieja película muggle acelerada. Cuando la visión finalmente se estabilizo lo suficiente, todo empezó a disminuir el ritmo. Hasta que en un punto se encontró al pie de la cama de un Albus Dumbledore de 17 años, en esa vieja casa de Godric Hollow. Dumbledore era toda una visión con el cabello largo enredado saltando en todas direcciones como un rio de fuego en la almohada y sus sábanas blancas de algodón, al parecer su director no era una persona matutina a esa edad. Las gafas de media luna que llevaba le recordaban a las que le viese en Hogwarts todos esos años después.
Dumbledore se deshizo de su camisón anticuado dando una visión con su piel casi translucida llena de pecas en algunos lugares, particularmente en los hombros. Con todo ese cabello y su delgadez bien podría pasar por una chica. En especial con ese camisón que llevaba para dormir. Cuando se vistió usaba ropas sencillas, una túnica en un tono marrón tierra que hacia contraste en cierto modo con su cabello y piel pálida (quizá su tendencia a la ropa colorida venia de no tener suficientes atuendos de joven). Algo le hacía ruido al fondo de su mente aunque no podía detenerse a pensarlo ya que a medida que Dumbledore se movía era arrastrado a su espalda, como si un cordón invisible los conectara, sin duda su presencia en ese lugar estaba atada a la versión joven de Dumbledore.
_ Espero que estés feliz- la voz hostil provenía del umbral de la cocina destartalada y Draco dio un salto al escucharla- Por pasar toda la noche con tus malditos aparatos ella escapo otra vez y tuve que ir a buscarla.
_ No sabía que ella se despertaría, Aberforth- replico Dumbledore, el agotamiento era palpable en su voz y aunque contesto a las recriminaciones no le quitaba la atención a lo que estaba haciendo en la cocina.- Me aseguro que su puerta este bien cerrada todas las noches. Creo que en cierta medida ya está empezando a controlar sus poderes.
_ ¡Tonterías! Si ella fuese capaz de controlarlos al menos un poco tu y yo no estaríamos teniendo esta conversación- replico Aberforth, que en algún punto llego junto a Dumbledore y le gritaba justo al oído, su rostro enrojecido lleno de furia con sus ojos brillando acusadores.
_ No es culpa de Ariana el haber matado a mama- defendió Dumbledore, sin levantar la voz- Si vamos a cuidar bien de ella no podemos guardarle rencor. No es lo que mama hubiese querido.
_ ¡No te atrevas a decir que la odio! ¡Cuido de ella mejor de lo que tú lo harías!- espeto Aberforth, lanzando un escupitajo que Dumbledore a duras penas consigue esquivar- ¡Tú eres el que se muere por salir de este lugar! ¡No creas que no escuche lo que dice la gente al respecto! Como su niño estrella desperdicia su talento cuidándonos. Si tanto quieres irte nadie te retiene. ¡Yo puedo cuidar de ella!
_ No tienes la edad suficiente y no sería capaz de irme y hacerle eso a mama. A ti tampoco, pese a que lo dudes, ustedes me importan. Y harías mejor en ir a ver qué hace ella en lugar de estarme reclamando- replico Dumbledore, poniendo la mesa para dos y preparando una bandeja.- Tengo que salir a casa de la Señora Bagshot, me escribió hace dos días y ahora es que tengo tiempo. Cuida de Ariana y ya cuando regrese puedes seguirme reclamando.
Así fue como Draco se encontró caminando atrás de Dumbledore por las calles de Godric Hollow de ese entonces, el camino de tierra lo habría horrorizado de tener que recorrerlo con sus zapatos, pero tal como estaban las cosas era como si sus pies no hicieran contacto con el lodo. La anticipación en la boca del estómago que le estaba carcomiendo debía provenir de Dumbledore porque fuera de estar atrapado en esa visión no le acosaban preocupaciones.
Ser un psíquico y aparte empático era algo con lo que luchaba desde temprana edad, lidiar con las emociones ajenas y las propias era una pesadilla. ¿Cómo identificar lo que otros sentían y lo que el mismo sentía? Era fácil hacer que la gente quisiera alejarse, aunque era difícil porque sentía el dolor y el desagradado como si fuese suyo. Y la única persona a la que alguna vez quiso acercarse era uno de los tantos que le detestaban.
Dumbledore se detuvo antes que Draco lo hiciera y de nueva cuenta se encontró atravesándolo. Estaban de pie frente a una cerca de madera sencilla y Dumbledore se tapaba la mejilla que le estaba sangrando.
En frente se encontraba un chico con el cabello rubio, piel pálida y expresión de malgenio con atuendo impecable, zapatos de piel y una túnica que no encajaba para nada con un chico de pueblo pequeño, todo en él hablaba de riqueza, y sus ojos parecían traspasarlo todo de tan penetrantes que eran le daban un aire feral irresistible. Estaban clavados en Dumbledore y aunque Draco era consciente que no podían verlo, se sentía intranquilo. El rubio jugaba con un cuchillo en su mano izquierda y detrás de ellos estaba otro cuchillo clavado en el poste de madera cuya hoja aun bailaba por la fuerza con la que fue lanzado.
Dumbledore y Draco estaban paralizados estudiando al personaje. En algún punto el rubio pensó que Dumbledore era suicida porque de encontrarse en su lugar hace rato que hubiese salido corriendo calle arriba por el camino lodoso que tomaran hasta aquí. Pareció que transcurría una eternidad aunque en realidad si fue mucho llegaría a ser 5 minutos. Los cuales Draco los paso tratando de sortear todas las sensaciones que esos dos le transmitían.
Una anciana diminuta abandono la casa, haciendo señas con los brazos y recriminándole al chico de los cuchillos en lo que solo podía ser alemán. Al parecer Dumbledore los entendía porque sus ojos claros seguían la conversación atentamente, pese a ello no hizo intento alguno por alcanzar su varita.
_ ¡Oh Albus!- exclamo la anciana acercándose a Dumbledore en un gesto imposible de malinterpretar, obligándolo a inclinarse hacia ella para que pudiese inspeccionar el corte en su mejilla.- Tengo que limpiar esa herida para que no deje marca. Ven, siéntate. ¡Qué vergüenza!
_ Tranquilícese señora Bagshot. No creo que fuese voluntario… yo…era… solo venía a entregarle el libro que me presto.
_ ¡Tonterías, Albus! ¿Cómo puedo dejar que te marches así? ¡Gellert! ¡Sube y tráeme el maletín de pociones! Y no te atrevas a hacerte el sordo conmigo porque entiendes perfectamente lo que te digo- el rubio subió las escaleras con una mueca de desagrado, todavía jugando con el cuchillo que no lanzo. En algún momento se las arregló para recuperar el cuchillo del poste, que estaba manchado con la sangre de Dumbledore. Su lengua imposiblemente rosada lamiendo la sangre de la hoja mientras sus ojos no perdían detalle a la reacción de su huésped.
El escalofrió que recorrió a Draco esta vez no era propio, aunque no podía culpar a Dumbledore, observar a alguien lamer sangre de un cuchillo, en especial si se trataba de tu sangre, era bastante perturbador.
La voz de la Sra. Bagshot seguía de trasfondo mientras Albus y Gellert seguían estudiándose, en el caso de este último con cautela. El maletín solicitado por el ama de casa estaba en una mesilla de caoba junto a un sofá de dos plazas. El silencio en la sala solo era roto por el ruido de la habitación contigua y una lechuza a lo lejos.
La diminuta anciana regreso a la habitación con una canastilla de toallas, abrió el maletín, puso un banquillo junto a los pies de Dumbledore para ser capaz de alcanzar su cara en la que empezó a trabajar diligentemente lanzando miradas asesinas al rubio.
Draco observaba todo de pie desde una esquina e intentando sortear que era lo que estaba recibiendo de cada uno. Desde hace rato se sentía raro, como si a la distancia alguien estuviese llamándolo. Y a esa sensación se le estaba sumando otra, la de estar siendo arrastrado, como si estuviese apareciéndose.
Sus ojos se ampliaron cuando finalmente identifico la corriente invisible entre Dumbledore y "Gellert". Era atracción.
Todo a su alrededor se hizo negro, como si hubiese pasado un interruptor. Un murmullo se abrió paso en sus oídos que desde que todo se oscureció empezaron a zumbar. Estaba tendido en una cama increíblemente suave y se sentía fatal, como si hubiese recibido una golpiza, cada extremidad en su cuerpo parecía pesar toneladas.
Pronto el zumbido se fue disipando hasta que solo escucho las voces de sus padres y la de su padrino, junto a un par de voces desconocidas… su garganta estaba áspera y le llevo un rato entender que el graznido sumado al murmullo que le rodeaba eran sus intentos por pedir agua. Al parecer alguien le entendió porque sintió una mano en la nunca y el borde de un vaso en los labios.
El agua llego como una bendición, la mejor que hubiera bebido jamás. Quizá estaría mezclada con algo para aliviar su garganta, luego de su recuperación vendrían las preguntas, algo le decía que esa visión no sería la última y que mejor se guardaba para si lo que le era enseñado.
…
El cambio en la energía de la casa fue palpable, todos los que estaban dentro pudieron sentir como un peso invisible y abrumador era levantado de sus hombros. Y ya era hora, luego de lo que podía ser calificado como una semana infernal, Regulus se liberó un suspiro. Este desarrollo nunca estuvo previsto en sus planes. Puede que les beneficiara si es que lo sabían llevar, un vidente tan poderoso como lo era Draco solo ocurría una vez cada trescientos siglos si sus cálculos no eran incorrectos. Sus horas de investigación para romper el trance del menor de los Malfoy lo guiaron a una sección inutilizada de la biblioteca. Tan abandonada que ni siquiera se limpiaba esa área, y los escritos allí… eran suficientes para volarle la cabeza.
Realmente te necesito, James- pensó, abrumado. Cuando sus ojos recorrían las paginas amarillentas de un tomo que databa de la era del mismo Merlín.
Mi sangre, su sangre. Es la llave.
Mi rey quien nunca toco una espada, es aquel que contemplaba el futuro y yo lo materializaba. La base de la tierra fértil. Vidente y no Guerrero pues para ello estaba yo, que controlaba elementos y arrasaba tierras en su favor.
El mal originario que el reino arraso, se asentó en nuestra tierra y la seco. Tomando forma humana con el pasar de los siglos, a la llegada de su último huésped le hemos de enfrentar otra vez. Unidos y enfrentados, mi rey.
Nuestros nombres olvidados, el pasado borrado, renaceremos una vez más.
Nacidos de aquellos que en pasado nos sirvieron.
El mal del principio de los tiempos se asentara. Tomando para sí a la corte.
Dominara las tierras de Arthur y los reinos más allá.
Solo el vidente, el heredero y el guerrero lo podrán parar.
El libro estaba protegido con una barrera que estaba conectado a la misma casa. Y por supuesto estaba en una recamara oculta en la que se encontraban un montón de evidencias. Los Black al parecer descendían de Morgan. Pero en algún punto en la historia su sangre se mezcló con la de Merlín y de los descendientes de este último es que provenía la profecía que encontró. ¡Como si necesitaran más problemas!
Y si la interpreto de la forma correcta, entonces su hijo y Draco Malfoy eran dos sujetos de la profecía. Y el tercero… las opciones no eran halagadoras pero todo apuntaba a que era el mismísimo Voldemort.
Ya era suficiente. Tenían a Hellsing en los talones, quienes no tardarían en enviar algunos de sus mejores efectivos a investigar en la ciudad. Dumbledore y Voldemort no se quedarían jugando al ajedrez entre ellos mucho tiempo y al menos el último estaría ansioso de poner sus manos en los Malfoy, concretamente en Draco. Y por supuesto quedaba el detalle del plan de venganza que estaba en marcha y la investigación sobre el pasado de Dumbledore y Voldemort que hasta ahora resulto bastante fructífera.
…
Con tecnología de punta, la morgue de Hellsing era el paraíso de todo el apasionado de la ciencia forense y las novelas policiales. Los agentes que la custodiaban estaban tan armados como un Navy Seal. La forense a cargo de todo en esa instalación se encontraba trabajando con un cadáver muy interesante. Un adolescente que causo bastante revuelo al lanzarse al Támesis desde el London Eye.
Por si eso fuera poco, afuera de la sala de autopsias estaba siendo custodiada por los efectivos habituales de Hellsing con el añadido de los guardias de la Reina. Que ese chico estuviese relacionado con la Reina era algo que no le entraba en la cabeza, alguien que a todas luces atravesó cualquier cantidad de abusos imaginable. Fue una forense con los ojos enrojecidos y manos ligeramente temblorosas la que dio el detalle de todas las lesiones que encontró en el cadáver, y desde que edad empezó el abuso. El archivo de la autopsia un portafolio negro con la leyenda Green Eyes como código secreto, se entregó a Integra Hellsing en persona para que llegase a manos de la Reina y de los agentes encargados del caso. Lo mejor de Hellsing se encargaría de investigar y llegar al fondo de esto. Mientras tanto, quedaba a discreción de la Reina que hacer con el cadáver, que permanecería fuertemente custodiado bajo las instalaciones de Hellsing.
El famoso informe Green Eyes fue reproducido para que Integra, la Reina y los agentes asignados al caso tuviesen una copia. El original fue entregado en el palacio junto con una copia.
El informe para los agentes asignados al caso fue entregado a un mensajero que sería acompañado por una escolta armada, la silenciosa comitiva subió en un auto tipo sedán anodino, uno que pasaría desapercibido en las calles de Londres donde millones de coches idénticos circulaban todos los días. El auto con credenciales falsificadas dejo de lado el centro de la ciudad con todo su ajetreo, y alcanzaron las afueras en donde las casas eran antiguas, auténticas obras de arte pertenecientes a los aristócratas o sus descendientes. En este lugar, en el extremo distante se encontraba la mansión de los Phamtonhive. Deteniendo el auto en las afueras cerca del comunicador instalado en la verja, el mensajero puso la carpeta en el lente de la cámara de seguridad, el sobre exterior de la encomienda con el emblema de Hellsing y el escudo de la familia real les concedió una entrada rápida en lo que de otra forma seria un curso de obstáculos mortal.
En la puerta fueron recibidos por el mayordomo de la casa, impecablemente ataviado con sus inmaculados guantes blancos quien los guio hasta el estudio en donde esperaban los amos.
Como siempre, Ciel Phamtonhive estaba sentado detrás de su escritorio pero el paso del tiempo no fue en vano, el amo de la mansión aparentaba tener 20 años, su cabello negro azulado refulgían a la luz que entraba por la ventana detrás de su escritorio, un ordenador de última generación estaba instalado en el escritorio ornamentado, ni un solo cable estaba a la vista, incluso el mouse era inalámbrico. En las manos del aristócrata se encontraba una Tablet de la cual' no apartaba la vista. Pilas de carpetas estaban sorteadas por color en una elegante mesa clásica. Los guardias acompañaban al mensajero pero en ningún momento acercaban la mano a las armas, era una regla no escrita que se cuidaban de respetar en esas cuatro paredes. Todos ellos temían sobremanera al aparentemente inofensivo joven detrás del escritorio quien finalmente se dignó a levantar la vista, dejando en evidencia el sello del pacto demoniaco en su ojo.
El mensajero se adelantó para extenderle el sobre y… la puerta del estudio se abrió de par en par y un borrón rubio se lanzó en dirección a Ciel, aterrizando en su regazo.
_Cieeeeeeel- este era otro rubio que aparentaba 20 años también, con facciones angelicales y unos ojos impresionantes, su cabello rubio saltaba en todas direcciones.- ¡Sebastián no quiere devolverme el sirope de chocolate!
_ Alois- el tono del pelinegro no daba a entender molestia, de hecho, nada en él podía revelarlo, salvo su ceja arqueada al contemplar al rubio- No creo que debas comer tanto chocolate en estos momentos. La división paranormal de Hellsing aún no sabe que es lo que está mal contigo. Y a diferencia de tus ideas sobre un enjuague bucal decente, no creo que el sirope de chocolate califique.
El rubio se cruzó de brazos e hizo un puchero, era algo bastante cómico de contemplar aunque los pobres agentes se miraban entre si y el mensajero miraba del rubio al pelinegro, tratando de decidir a quién entregarle el sobre sellado.
Su lucha interna se resolvió cuando Ciel maniobro aun con Alois sentado en su regazo para extender la mano en una muda petición.
Cumpliendo con su misión, los tres hombres abandonaron la mansión como si los sabuesos del infierno en persona los estuviesen persiguiendo. Y teniendo en cuenta lo que eran los habitantes de ese lugar, quizá era una acción sensata.
…
Seguir a esa chica de ojos saltones y cabello salvaje fue relativamente fácil para Alucard aunque a estas alturas estaba curioso y quizá la dejaría vivir lo suficiente. El infierno sabía que ese lugar era aburrido hasta las lágrimas. Debía darle crédito porque ninguno de los patéticos humanos en ese lugar se adentraba al bosque, tan interesante como era, entre otras cosas porque un humano promedio ya hubiese desistido de adentrarse allí.
Las criaturas que rondaban el bosque se mantenían alejadas de ellos, sus instintos actuaban como una advertencia suficiente sin que Alucard tuviese que hacer una demostración.
Finalmente luego de lo que parecieron horas, se detuvieron en un claro, ella se sentó en el suelo y le dedico una mirada inquisidora con esos ojos saltones e imposiblemente azules.
_Debo decir que ya pensaba que no llegarían, casi es demasiado tarde- dijo ella.- Pero al fin la esperanza es lo último que se pierde.
_ ¿De que estas hablando?- inquirió Alucard, algo sobre esa chica no terminaba de encajar. Era una humana normal, pero… algo en su aura era extraño.
_ De la gente que el falso Dumbledore tiene encerrada en el castillo por supuesto- dijo ella, como si estuviesen discutiendo el clima.
_ ¿Dónde?- inquirió Alucard, incorporándose, eso era algo que a Integra le interesaría.
_ Hay un pasadizo secreto en su oficina, una pared detrás de la cual hay una escalera, abajo esta una sala oculta que es donde tiene a todos. A simple vista parecen estatuas. Pero cualquiera puede decir que bajo la piedra siguen vivos.- aquí ella dejo de lado su fachada soñadora y distraída. Esos ojos saltones se convirtieron en unos faros ardientes, enfocados completamente en Alucard.
_ Hay uno de ellos que no tiene mucho tiempo. Debes sacarlo ahora.
_ ¿Cómo te encuentro después?- inquirió Alucard, no que estar sin información fuese a limitarlo si realmente quisiera encontrarla.
_ Me llamo Luna Lovegood, todos en la escuela me dicen Loony. – con eso, ella se incorporó emprendiendo el camino de regreso al castillo. Dejando a Alucard con algo para entretenerse al menos por unas horas.
Al fin algo interesante en este lugar.
Llego al castillo en un parpadeo, estudiando a todos los fantasmas que lo habitaban a ver si alguno de ellos tenía su cuerpo en las premisas, esa búsqueda no rindió resultados. Exploro las mazmorras y fuera de encontrar innumerables cadáveres de ratas y los restos de lo que sin duda fue un gran basilisco en vida, no encontró estatuas de piedra que emanaran vida.
Este endiablado lugar estaba lleno de auras lo cual hacia su misión tan engorrosa como buscar una aguja en un pajar. Fue en un pasillo cuando capto algo… sus ojos se ampliaron por la sorpresa.
Sin dudarlo disparo a la pared, se retiró un guante expandiendo su poder para abrirse paso a través de la barrera. Era una cámara circular. Las tan buscadas estatuas estaban dispuestas contra las paredes. Dos de los individuos exigían su inmediata atención. Una mujer en la esquina lejana y uno de los hombres. El hombre estaba sentado en el medio, en una parodia clara de la posición de honor. Sus manos y pies encadenados a la silla de piedra, no aparentaba más de 25 años. Adentrándose en la mazmorra estudio a todos los ocupantes, aparte del rubio en la silla y la mujer en la esquina lejana estaba lo que parecía ser un elfo. Cabello largo hasta el suelo, expresión de furia y manos crispadas en lo que claramente era un ataque mágico que nunca llego a lanzar.
Esa abominable habitación estaba programada para que sus ocupantes fuesen torturados en el interior de sus mentes, sin envejecer, morir o enfermar. Bien, hora de solicitar refuerzos. Este tipo de sello no lo podía deshacer. Y a juzgar por como fluctuaban las auras de la mujer y el hombre, no quedaba tiempo.
Esperaba que aguantaran las dos llamadas que iba a hacer.
…
Sebastián estaba ocupado preparando las maletas para el inminente viaje de sus amos, con las precauciones extra que le ordenara Ciel en vista de la extraña dolencia de Alois. Cuando el teléfono sonó evaluó la idea de dejarlo estar, pero era la línea directa, esa a la que solo los altos mandos de Hellsing podían acceder así que podría ser la misma Sir Integra al otro lado de la línea.
_ Ya era hora.- esperaba todo menos la voz de Alucard al otro lado de la línea.
_ ¿A dónde debemos ir?- inquirió Sebastián, sin duda alguna el apoyo que se requería era inmediato.
_ Al condenado castillo que este atajo de locos llama colegio. Hay tres personas congeladas en piedra en una mazmorra secreta. Dos de los cuales necesitan atención inmediata, así que trae tu trasero aquí ahora, viejo demonio.
Alucard colgó el teléfono. Sebastián contuvo un suspiro dejando de lado la pila de camisas almidonadas que iba a guardar en el bolso de viaje de su amo. Al parecer iba a ser uno de esos días.
Salió corriendo a toda velocidad utilizando sus sentidos para localizar a Alucard directamente, quizá ese descubrimiento evitaría que tuviesen que salir de viaje, su amo no estaba nada feliz con esta misión, no podía llegar en un momento peor. Muchas cosas cambiaron a lo largo de los siglos y una de ellas fue la forma en que Alois Trancy paso de ser un enemigo al centro del mundo de su señor. Ciel Phamtonhive, el temido demonio que era la segunda mejor arma de Hellsing quien se rumoraba sin debilidad alguna y manejaba el bajo mundo con mano de hierro desde hacía siglos, granjeándose muchos enemigos y el temor de la familia a la que juro servir desde que era un humano, llego un punto en que hubo pláticas sobre "neutralizarlo" pues les preocupaba su aparente falta de emoción. Claro, todo eso cambio con el regreso de Alois a la vida de Ciel, pese a que el rubio era una molestia en toda regla, gracias a esa minúscula inconveniencia sus vidas avanzaban con tranquilidad…. Alucard estaba en el piso superior en el mismo pasillo de la oficina del director.
_ La habitación tiene una barrera que los mantiene perfectamente conservados, deben llevar unos cuantos años aquí. Estos dos no van a aguantar.- dijo Alucard.
Acercándose al sitio en que la magia y la piedra se fusionaban Sebastián tuvo que admitir que esto estaba más allá de su nivel. El ser que hizo esto era alguien que le llevaba al menos un par de milenios en ventaja.
_ Puedo sacarlos, pero necesitaremos otro demonio para que los asista. Voy a quedar drenado de energía.- explico, quitándose un guante y pegando la mano a la pared.
_ Tenemos que ser discretos, Integra quiere mantener a este gente en un mismo sitio para vigilarlos mejor…
_ ¿Se puede saber qué demonios están haciendo?- Alois estaba de pie detrás de ambos, con los brazos cruzados. Junto a él, Ciel los observaba con una ceja arqueada.- Una llamada para pedir refuerzos de parte tuya no iba a pasar desapercibida, ahora, pensé que el viejo Sebastián era prudente.- eso ultimo lo dijo fulminando a su mayordomo con la mirada.
_ Y sabemos que es serio cuando es Alois quien lo dice- Ciel poso la mano en la pared de piedra, él ocupaba la izquierda y Sebastián la derecha, sus ojos dispares se centraron en Alucard.- Haz lo que tengas que hacer, Alois ira contigo y si le pasa algo…
_ Ya lo sé Phantomhive- si era posible, Alucard sonaba exasperado.
Alois giro los ojos y se limitó a seguir a Alucard sin dedicarle una mirada a los otros dos.
_ Ah por cierto, Integra y Victoria vienen en unos minutos, ya las llame. Vamos a cerrar este lugar y puede que la cosa se ponga fea.- repuso Alucard desde adentro de la habitación.
_ ¿Y recién ahora lo dices?- era obvio que Ciel quería matarlo, y si se contenía de ir por Alucard era porque debía mantener la barrera de la habitación abajo junto con Sebastián. Pues bien, rayos.
Me disculpo si es que los personajes de otras series me están quedando OC. Perdí una buena porción del capítulo que quería subir, porque hoy fallo la luz. Me toco revivir la computadora y reescribir el capítulo.
