¡Hola a todos! Gracias por sus comentarios y buenos deseos. Les tengo más sorpresas en este capítulo porque ahora es que tengo ideas xD. 13 es uno de mis números favoritos. Pensaba actualizar antes pero una cosa es lo que se planea y otra la que se concreta.


A lo largo de la historia, incluso desde el punto de partida, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing se preguntaba si es que acaso no se le dio más de lo que podía manejar cuando se le selecciono como la heredera a la posición de "Sir" Hellsing, claro que nadie sospechaba que esa clase de pensamiento se le pasara por la mente, porque tan pronto como surgía era aplastado con vehemencia. En esta ocasión estaba manejando cosas que apenas empezaba a digerir. El escaso entrenamiento que recibió de manos de su padre ciertamente no cubría el mundo mágico con todos sus particulares y peligrosos detalles.

Su organización desde un principio fue concebida para lidiar con vampiros y ghouls. Ahora se enteraba que existían hombres lobo, sirenas, dragones, y toda suerte de criaturas peligrosas que parecían sacadas de los cuentos infantiles o la imaginación de un drogadicto depravado. Como si eso no fuese la punta del iceberg también estaba la comunidad mágica. Hombres y mujeres con aspecto completamente normal y que con solo mover un trozo de madera ocasionaban desastres tan temibles como la Primera y Segunda Guerra Mundial. Si, su viaje breve por los archivos rescatados del Ministerio de Magia le trajo respuesta a algunos misterios que hasta hace poco pensó que quedarían sin resolver hasta años en el futuro. Su mente estaba a punto de explotar tratando de asimilar tanta información que estaba en las carpetas que reposaban en la superficie pulida de su escritorio.

Pero, ella era Sir Hellsing y al diablo si algo como esto iba a detenerla. En nombre de la Corona y de toda la Iglesia Protestante de Inglaterra iba a lidiar con esto, o dejaba de llamarse Integra Fairbrook Wingates Hellsing.

_ Sir Integra, tenemos reportes de Hogwarts. Alucard y los Phamtonhive están en la escuela y al parecer encontraron una cámara oculta con rehenes. En el despacho del Director.- Walter le estaba informando desde la entrada de la oficina.

Bien, demonios.

_ ¿Situación?- inquirió Integra, encendiendo uno de sus puros y estudiando atentamente la ventana que daba al jardín frontal de los cuarteles generales de Hellsing.

_ Dos rehenes necesitan asistencia inmediata. No tenemos expertos aquí que puedan lidiar con esto… erh… es algo con lo que ninguno de nuestros agentes se ha topado- dijo Walter, y eso hizo que Integra hiciera una pausa en su cavilación.

_ Vamos.- fue la orden. Y por supuesto, le esperaba una sorpresa a gran escala. Pero maldita fuera si dejaba que la situación se le escapase de las manos y esta vez lo vería con sus propios ojos.

Con el paso de los siglos este tipo de actividades se volvían un pasatiempo seguro… y aburrido. Toda noción de adrenalina o aventura se perdía cuando realizabas exactamente la misma labor. Nada cambiaba. La multitud moldeable siempre era un grupo de tan llamados "revolucionarios" que querían hacer "historia". Si los mortifagos supieran que su existencia, el motivo principal de su creación no era esa reivindicación a las viejas costumbres que tanto propagaban. Su solo propósito era ser una burla cruel de lo que debió ser. Sustituir aquello que no debía existir si sus planes para estas tierras se iban a materializar. Todo marchaba sobre ruedas, cada mortifago era más incompetente que el anterior, Lucius Malfoy y Severus Snape eran lo único salvable del lote (Porque no todos podían ser tan absolutamente patéticos), Bellatrix Lestrange hasta cierta medida era útil siempre que se mantenía apartada de Voldemort. Avanzaba entre ellos sin que le notaran, este tipo de supervisión era su preferida pero también riesgosa. En especial porque su marioneta estaba libre mientras no la usaba. Ese pequeño e insignificante punto era el único toque de adrenalina bienvenido en su existencia. Lo demás debía seguir un orden. Aun con el fiasco de Potter podía mantener una semblanza de control, primero debía descubrir donde estaba la fuga en la red que tan cuidadosamente había formado. Alguien estaba escarbando para demoler sus planes tan cuidadosamente urdidos y a estas alturas no estaba dispuesto a dejar que algún mocoso amateur viniera a arruinar sus esfuerzos de toda una existencia. Su propósito final era arrasar esas tierras en su totalidad para vengarse de aquellos que en el pasado le despreciaron, destruir lo poco que quedaba de ellos y esparcir el caos en la medida en que fuera posible a las tierras aledañas.

No tomo demasiado tiempo ubicar a Voldemort. Su lugar era marcado por toda la magia que contenida en su recipiente incompleto, cualquier criatura oscura lo suficientemente entrenada sería capaz de darse cuenta que el temido Lord Voldemort de esta comunidad era poco más que una marioneta. Su mente estaba prisionera de uno de los sellos mágicos antiguos que ni siquiera los demonios por si solos podrían deshacer. Esas eran las ventajas de ser superior entre todos los patéticos seres que le rodeaban.

Tom, solo un poco y dejaras de ser un estorbo en mis planes. Sé un buen chico y haz algo de alboroto, hay visitas de las que me quiero deshacer…

Mientras fijaba la orden en la mente de su segunda marioneta, su vista se paseaba por la habitación en la que sin duda alguna deberían estar todos los mortifagos, algunos vacíos en el círculo le alertaron a que algo no marchaba bien. Concretamente…

¿Dónde demonios estaba Bellatrix Lestrange?

Los Black al parecer iban a convertirse en un problema. Quizá era hora de atraparlos a todos… solo si los desgraciados no fuesen tan notorios.

Era sencillo desaparecer a alguien cuando toda su familia inmediata estaba muerta o no estaban interesados en buscar al objetivo. Pero… ¿desaparecer a toda una familia sangre pura, miembro de las famosas 28? Imposible.

Al menos sus contrincantes políticos estarían encantados pero los medios empezarían a hacer preguntas y sería un misterio que demasiada gente estaría dispuesta a resolver (en especial los conservacionistas). Lo cual generaría molestias que no podía eliminar como estaban dadas las circunstancias. El único rol de Bellatrix era dirigir la atención de Voldemort a otros rumbos cuando este no estaba destruyendo todo lo que podía. Cualquier otra cosa debía ser detenida.

Abandono la habitación una vez estuvo asegurado que la reunión se extendería. Hora de ver dónde demonios estaba Bellatrix. Y quizá debería dar una vuelta por todos los que estaban asociados con algún Black y los otros miembros de la familia también. Aplastar las molestias antes que pudieran lastimar el gran esquema de las cosas.

Escapar de todo el lio en el London Eye fue sencillo pero no por eso Tonks se creía a salvo, Hellsing estaba en todos lados, en el Ministerio, en San Mungo e incluso en las calles, ni siquiera con sus habilidades para cambiar de forma sentía estabilidad. Su madre desapareció la misma noche en que los Malfoy consiguieron escapar por lo que casi todo el trabajo de infiltración le quedaba solo a ella. Su padre era otra historia, Ted Tonks no les impedía sus actividades pero dejo bien en claro que no quería nada que ver con lo que sea que estaba ocurriendo y sus razones tenia. Su padre odiaba a la familia con justa razón por el exilio de su madre y la forma tan injusta en que fueron tratados, todo ese resentimiento por todos los años que pasaron siendo descartados. La tristeza de su esposa era algo que provocaba la furia en alguien que de otra forma era un individuo apacible, Tonks lo recordaba como si fuese ayer, los intentos de él, al principio por apaciguar a sus orgullosos abuelos y cuando eso no funciono, tratar de alcanzar a las hermanas de su madre. Si bien Sirius era parte de la familia jamás podría ser calificado en el mismo saco que el resto de los Black, Regulus estaba casi en la misma categoría que los demás por su actitud todos esos años atrás.

Era una situación bastante tensa porque ambos lados tenían parte de razón y encontrarse en medio de una disputa como esa no era cosa simple. Exigir que uno de los dos lados dejase el orgullo no era justo, menos teniendo en cuenta el carácter de los involucrados. Hizo su camino rápidamente por la calle. Al menos tan rápidamente como era posible para su actual disfraz (una mujer mayor). El consultorio de Ted Tonks quedaba en esa zona en la que magos y muggles se veían obligados a mezclarse (sin el conocimiento de los últimos, claro). La vieja entrada del edificio casi no se notaba entre el sitio de comida rápida y la gran librería, estaba bien ubicado en el punto medio para ambas culturas. Al otro lado de la calle estaba el Caldero Chorreante y de este lado los muggles no dejaban de pulular de una tienda a la otra en grupos y con grandes bolsas. Adentrándose en el estrecho vestíbulo de la casa reformada, Tonks agradeció su suerte al no captar la mirada de nadie, el consultorio estaba justo al segundo piso, en la sala de espera estaba una chica sentada ojeando una revista, y al otro lado una mujer con su hijo. Ocupo un asiento entre las dos y enseguida asumió el papel de la anciana agotada al fingir dormitar en la sala. Ya cuando ellas se retiraran tendría tiempo de hablar con su padre e intentar convencerlo para que se fuese con ella a reunirse con su madre. En algún momento debió quedarse dormida de verdad porque recupero la consciencia y la sala de espera estaba oscura, la chica y la mujer ya no estaban, salió corriendo al consultorio…

Ted Tonks se encontraba ileso, pero no estaba solo. La atención de su padre y de su invitada inesperada se encontraba fijada en Tonks, dos varitas apuntadas hacia ella.

Bellatrix Lestrange y su padre en una misma habitación… ¿Qué demonios pasaba con el mundo?

_ Hija- repuso Ted bajando la varita, inclinándose sobre el pedazo de pergamino que se encontraba en el escritorio y sellándolo- No quise despertarte y sabes que cuando estoy con un paciente…

Tonks solo lo miraba como si hubiese perdido la cabeza. Y al final Bellatrix rodo los ojos.

_ Si no lo he matado en todo este tiempo entonces no lo voy a hacer ahora.- dijo Bellatrix con cierto fastidio en la voz, lo último lo añadió como si estuviese hablándole a alguien con alguna discapacidad mental. Ted siguió impasible con su pergamino sin dedicarle una mirada a una o a otra- Y no pienso matarte tampoco.

_ Pues perdona que no te crea. En especial porque me ha tocado ver en primera fila como queda la gente después de conocerte.- espeto Tonks sin bajar la varita o quitarle la mirada de encima a Bellatrix.

La clara referencia a los padres de Neville no parece afectar a Bellatrix quien no le quita la mirada de encima al pergamino como si en su superficie se encontrasen escritas las respuestas a algún secreto.

_ Puedo proveer las pociones necesarias si temes comprarlas en otro lado- repuso Ted, entregándole el pergamino sellado, una vez hecha la transacción, Ted se permitió estudiar a su hija.

Bellatrix lo miro, como si intentara descubrir algo en su expresión. Y por su lado Tonks miraba a su padre sin podérselo creer, eso cuando desviaba la mirada de la persona aparentemente en sus 5 sentidos que se encontraba en el consultorio con ellos, una a quien debería estar arrestando ASAP.

_ Eso sería… adecuado. Y muy bien recompensado- respondió Bellatrix al final.

_ No pienso cobrar sino lo que le cobro a cualquiera de mis otros pacientes.- atajo Ted, devolviéndole la mirada a la pelinegra sin retroceder un ápice.

Paciente y doctor se enfrentaban sin desviar la mirada y por un momento Tonks sintió que se encontraba a punto de enfrentar una batalla entre fieras. Por un lado el terrible genio Black y por el otro la postura inquebrantable tan característica de los Tonks. Al final fue Bellatrix quien se encogió de hombros, cambio sus facciones con un movimiento casi flojo de su varita, transfiguro el pergamino en un anillo y abandonando la sala sin una mirada atrás.

Ni bien la puerta de la consulta se terminó de cerrar…

_ ¿Qué demonios ha pasado aquí?- inquirió Tonks.

El cambio en la energía de la casa fue palpable, pero en esta ocasión con una marcada nota distintiva que estuvo ausente la primera ocasión. Esta era la reacción de la barrera en la vieja mansión ante una amenaza a su amo y señor, el actual Lord Black.

Como la auténtica obra de arte en magia y viejos rituales que era, la mansión estaba íntimamente ligada a su señor, sin importar que tanto tiempo transcurriera. Y una ola de esa magnitud no podían ser buenas noticias. Enric salió disparado como una flecha de su habitación, directamente a la de su padre, Regulus estaba de pie ante el ventanal, toda una visión en su ira. Afuera las nubes de tormenta cubrían el cielo que hasta hace poco estaba despejado.

En el tiempo que llevaban juntos, Enric en pocas veces vio la forma de su padre. La que se ocultaba debajo de la que demostraba ante el mundo, y era fascinante. Su cabello largo hasta detrás de sus rodillas, sus ojos brillaban como la plata fundida. Sus orejas eran puntiagudas y sus colmillos estaban expuestos en lo que sin duda alguna era furia.

Antes de que pudiera decir algo una mano se posó en su boca y alguien lo saco de la habitación en un parpadeo, no le dio tiempo resistirse o gritar. Apenas estuvo en el pasillo y la puerta de la habitación se cerró, su captor misterioso resulto ser Sirius.

_ Nunca vuelvas a hacer algo como eso- le recrimino Sirius con los brazos cruzados, Enric lo hubiese cuestionado pero un solo vistazo le revelo que estaba bastante alterado, y cualquier cosa que afectara a Sirius era un asunto serio.

_ ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Remus?- inquirió Enric, dando una última mirada a la puerta de la habitación de Regulus y ponderando que pudo ponerlo así.

_ Remus está con nuestros huéspedes, Draco todavía sigue bastante indispuesto. Las cosas no están pintando bien, hemos perdido contacto con Tonks y Andrómeda casi camina por las paredes. No sabemos nada de ella o de Ted.

_ ¿Por qué nadie me ha dicho nada de esto?- inquirió Enric, empezando a molestarse.

_ Regulus no pensó que fuese una buena idea. En especial cuando dijiste que ibas a empezar a leer los diarios de James, viendo cómo eres el único que puede tocarlos sin recibir una descarga eléctrica.- dijo Sirius- Yo no estaba de acuerdo con él, pero no puedo culparlo. Se muere por saber que dicen esos diarios. Y si estuviera en su lugar creo que estaría igual o peor, yo mismo me muero por saber que dicen. Creo que ser incapaz de tocarlos fue un golpe muy duro para él.

Enric desvió la mirada, sintiendo una buena oleada de culpabilidad. Llevaba tiempo postergando la tarea de revisar los diarios. Y lo peor del caso es que ese retraso no tenía una razón en específico.

_ Si, entiendo eso, pero… ¿Qué le pasa?

_ No sé, pero soy lo suficientemente inteligente para mantenerme fuera de su camino cuando este así- dijo Sirius cruzándose de brazos.

_ ¿Cómo que no sabes que le pasa? Entonces… ¿Por qué no me dejaste entrar?- Enric le recrimina fulminándole con la mirada.

_ Está completamente consumido por su instinto. Fuera de control. La única persona que pudiese entrar a tranquilizarlo y esperar sobrevivir seria James, y eso es imposible… algún otro lo intenta y se muere.- Le responde Sirius.

_ ¿Y ahora que haremos?- repuso Enric, dando miradas preocupadas a la puerta cerrada- Se supone que mañana vamos a presentarnos como se debe a los Malfoy. Y podría jurar que al estudio llego otra carta, sabes que la casa nos avisa cuando eso pasa.

_ Pues nos toca resolverlo solos, hasta que se recupere… - la casa pareció temblar un poco y a su vez se escuchó el sonido de vidrios rotos con una explosión.

Y bien, infiernos. Al parecer tenían otro problema.

Sirius abrió la puerta de habitación cautelosamente y con la varita apuntada al frente, la precaución resulto innecesaria porque el sitio estaba desierto y el ventanal que daba al balcón estaba destrozado, lo que explicaba el estruendo de vidrios rotos que escucharon desde el pasillo.

_ ¿Qué tan buena crees que sea tu actuación?- repuso Sirius, dándose la vuelta para enfrentar a Enric.

Enric se limitó a encogerse de hombros.

_ Pues bien, necesitaremos un milagro. Porque la presentación oficial no puede esperar más, y es obvio que Regulus no está en condiciones de reunirse con nadie. Ni siquiera está en la casa.

Algo estaba pasando en la casa, la energía hacia que a Draco se le erizara el vello en la nuca. En el poco tiempo que llevaba entre esas cuatro paredes entendía a la perfección a la vieja casa y entre ellos creció un aprecio mutuo… fuera del estruendo que escucho hace poco, la propia casa emanaba ansiedad. Como si estuviese temerosa. ¿Acaso algo le sucedió al actual Lord Black? La posibilidad de que estuviesen bajo ataque y que la barrera sufriese por ello era absurda. Por otro lado la posibilidad de que su huésped se encontrase en peligro o con alguna dolencia explicaría la tensión en el ambiente y el no haber visto ni rastro suyo a pesar de llevar un tiempo ocupando su hogar. Una enfermedad o dolencia en su huésped explicaría porque no veía ni rastro de ellos a pesar de la ubicación ventajosa de su habitación.

Y no solo nunca vio a Lord Black, tampoco a su heredero.

Hasta ahora el único con quien interactuaban sus padres y el mismo, era Lupin.

Por eso sus sospechas en la identidad de Lord Black, mismas sospechas que solo se reafirmaron cuando su tía Andrómeda los ayudo a escapar de la mansión la noche del ataque del Ministerio. Su madre estaba convencida que Lord Black era Sirius Black, era el único hombre que portaba el apellido y todavía se encontraba con vida. Y que sus visiones hasta ahora no le dieran información sobre su huésped solo aumentaba su aprehensión pese a que la casa le indicaba que entre sus paredes se encontraba a salvo.

Esa última visión que tuvo no dejaba de darle vueltas en la cabeza, tanto por lo que vio como por el efecto tan negativo que tuvo en su magia y cuerpo.

Sus manos se movían inquietas por la sabana, estaba ansioso por empezar a retratar a quienes vio. En especial a Dumbledore de joven, la necesidad por ello era casi desesperada. Como si estuviese respondiendo un llamado de auxilio cargado de súplica desde la distancia. La certeza en que era vital que se hiciera ese retrato era la que le impulsaba, apenas todos abandonaron la habitación creyéndolo dormido, Draco reunió lo poco de energía que le quedaba para incorporarse en la cama, pese a los puntos negros al borde de su visión.

Primero saco una pierna de la cama, luego la otra, le tomo al menos tres intentos salir de la cama sin irse de bruces al suelo, sus movimientos teñidos de una desesperación que iba in crescendo, era ahora que debía hacer ese dibujo.

Llego a su escritorio que estaba ubicado cerca de la ventana, la vela estaba apagada pero se encendió apenas cayo pesadamente en la delicada silla de madera pintada, los puntos negros al borde de su visión seguían amenazantes pero eso no le hizo tomar pausa, todo lo contrario, tomo la pluma fuente que usaba solamente para sus retratos, una pieza de pergamino limpia de la pila en la esquina y empezó a trazar en la escasa luz que le proveía la luna al otro lado del cristal de la ventana y la vela en la esquina de la mesa.

Su visión era borrosa y al principio asumió que era porque perdería la consciencia, pero para su consternación era debido a las lágrimas, seguía trazando y sentía una opresión en el pecho que no podía ser descrita con palabras. El rostro que le miraba desde el papel era una copia perfecta del Dumbledore de su visión. Eran los ojos del retrato los que parecían hablar desde el papel. Pozos de desesperación.

Suspendido, ¿Cuál es la diferencia del suelo y el techo? Este lugar soy yo o yo soy este lugar para siempre o quizá desde siempre jamás. Esa era la verdad incuestionable porque…. Desde que abrí mis ojos me encontraba aquí. La frialdad y la oscuridad no importaban tanto, o al menos no lo hacían hasta hace… ¿meses, años, días, minutos? Era difícil mantener cierta consciencia cuando ni siquiera sabias donde empezaba y terminaba tu cuerpo. O que eras exactamente. Existir de esa manera, aletargado, no le suponía mayores suplicios hasta que algo cambio en medio de esa suspensión en la que se encontraba. Una especie de luz que se abrió paso en el letargo y de repente se hizo urgente…. Imperativoque abriese los ojos.

"Si estás ahí y puedes escucharme, ayúdame"- suplico, siendo consciente por primera vez desde hace quien sabe cuánto tiempo, momentos como esos eran preciosos, el tiempo era esencial. Sin lugar a dudas sabía que alguien estaba comunicándose con su mente desde la distancia.- "Es en Hogwarts, estoy en Hogwarts".

Concentrarse era un esfuerzo, pero con lo último que le quedaba de energía, envió una ráfaga de recuerdos, imágenes para que quien sea que estaba escuchando se hiciera una idea de que era lo que estaba pasando. El costo de esa acción muy posiblemente seria la muerte, pero… había cosas peores que morir, las experimento de primera mano.

Alucard y Alois entraron en la habitación circular, el primero ya sabia a que atenerse pero no por eso se confiaba. Lo que no se esperaba ninguno era lo que paso cuando Alois se acerco al hombre que estaba en la silla.

Una luz emano del hombre, concretamente de su abdomen, antes que una luz empezara a emanar de Alois y una ola de energía se expandiera en la habitación, sacudiendo las cadenas que colgaban de las paredes de piedra que crujían con el sonido ominoso del metal oxidado y sin aceitar.

Alucard se mantenía en pie a pura fuerza de voluntad, si algún humano se adentraba en la habitación la fuerza lo arrastraría hasta pegarlo a las paredes de piedra o lo sacaría volando de la habitación… cuando pensó que la situación no podía ponerse peor un borrón se abrió paso en la habitación a través de una de las ventanas tapiadas de la torre, enviando polvo, cristal y astillas de madera a todos lados, y bien… todo esto prometía ponerse más interesante, el recién llegado era obviamente alguien con cierta posición económica, alguna criatura mágica aunque ciertamente no un vampiro, parecía estar completamente controlado por su instinto y su mirada fija hablaba de cosas innombrables, el tipo de oponente que le gustaría enfrentar en un buen día, solo que no podía ser peor momento, con todos estos rehenes petrificados y con Phantomhive en la habitación la movilidad estaba limitada. La elección fue quitada de sus manos cuando el recién llegado se lanzó hacia Phantomhive como lo haría una pantera, había que darle crédito al demonio, con una patada lanzo al intruso volando pero pronto su complexión pálida pareció adquirir un tinte verdoso y cayo de rodillas, sin darse tiempo a cuestionarse que es lo que estaba mal con el demonio, Alucard enfrento a su nuevo oponente.

Llegar a Hogwarts no era tan complicado una vez sabias la ubicación general, lo casi imposible de sortear era la llamada barrera repelente de muggles. Aun con los amuletos que se crearon con la ayuda de la División Paranormal de Hellsing era un verdadero dolor de muelas sortear las defensas porque cada cierto tiempo alguien cedía a los efectos de la magia que prácticamente les gritaba que se alejaran. En especial porque la intensidad de los llamados amuletos dependía del portador. O de la voluntad del mismo.

Finalmente, harta, Integra disparo al aire para retener la atención de sus agentes cuando se percató que otro estaba a punto de ceder a la barrera, el disparo tuvo el efecto deseado y detrás de los cascos de los soldados sabía que todos los ojos estaban posados en ella.

_ Estamos cerca de nuestro objetivo, Su Majestad cuenta con nosotros para hacer lo que siempre hemos hecho. Cuando sientan que su voluntad flaquea, fijen la mirada hacia mí, porque por ningún motivo pienso retroceder. Ningún truco barato basta para comprometer mi voluntad-dijo, descartando la pistola y encendiendo un puro.

La respuesta a sus palabras fueron vítores y armas alzadas. La marcha se reemprendió, esta vez con menos tentativas a devolverse del camino. Y sus esfuerzos rindieron fruto porque pronto se encontraron ante unas imponentes verjas negras, mas allá de ellas una planicie se extendía al magnifico castillo y al bosque, una pequeña cabaña y los invernaderos. Una mujer de gesto severo se acercaba a zancadas seguida por un hombre demasiado grande para ser un humano común y corriente. Si bien no parecían contentos en dejarles entrar no es como que tenían demasiadas opciones, la mujer no les quitaba la mirada de encima y todo en ella delataba que planeaba seguirlos hasta que abandonaran las premisas. Típico y algo que esperar de ella, estando en su posición Integra probablemente haría lo mismo, pero no por ello la encontraba tolerable.

Debatiendo si entraban o no en el castillo, todos fijaron la mirada en una de las torres que estaba temblando en la parte superior, por la reacción de sus anfitriones, era obvio que aquello era una anomalía y allí debía ser donde se encontraban sus agentes.

La fiesta ya empezó.