Con un suspiro algo cansado termino de acomodar sus cosas en lo que seria su nuevo hogar permanente, la habitación 13 del Caldero Chorreante.
Viviendo allí estaba más expuesto a conversaciones innecesarias. Y estaba seguro que era cuestión de poco tiempo para que en el periódico saliera todo un artículo sobre eso.
A pesar de que la guerra había terminado hacia mucho tiempo, su vida seguía siendo ventilada en los periódicos, ponían de todo, verdades, mentiras y medias verdades… y todo sobre el.
Hubo un tiempo en que a Ginny y a el no les importaba en lo mas mínimo, ¿Qué eran un montón de letras de imprenta escritas por algún reportero desocupado?
Pero desde que Ginny había quedado embarazada de James, Harry se había preocupado más por ese pequeño asunto.
Porque no quería que eso terminara alcanzando a sus hijos.
Suspiro de nuevo, perderse en recuerdos del pasado no era lo más adecuado, tenía un caso que resolver en esos momentos, y tenia que dejar de lado su complicada vida personal para entregarse al trabajo.
Nunca había fallado en una misión y esa no iba a ser la primera. Además que por alguna razón profunda que no llegaba a explicarse, esa misión era realmente importante.
Y de vez en cuando se cruzaba por su mente el breve intercambio que había tenido en la mansión Malfoy, entre el y Scorpius Malfoy.
Mismo por el cual sus hijos estaban peleados.
Y de manera que consideraba mas que irreconciliable si James no cambiaba.
No que pudiera culpar a Albus por la furia que sentía. Harry admitía que de encontrarse en su lugar probablemente hubiese reaccionado de la misma manera.
Una lechuza tocando a la ventana interrumpió su monologo mental.
Una nota de Hermione, avisándole de que iría a verle.
No mencionaba nada de si Ron la acompañaría…
Puede que de esa reunión sostenida con su amiga pudiera obtener mas detalles importantes…
Ante el en una pared estaba una pizarra de corcho en la cual estaban todos los detalles circunstanciales del caso… una fotografía de cómo había quedado el comedor de los Parkinson, una fotografía de los jardines de dicha mansión… y las paginas mas relevantes de los informes redactados por otros aurores, con algún detalle subrayado por ser considerado de importancia.
Lo demás… lo que Harry consideraba verdaderamente importante, estaba muy bien escondido. Con maldiciones de protección que no estaban precisamente dentro de lo legal.
Dándole un vistazo al reloj… se preparo para recibir a Mione en un salón de reuniones que estaba ubicado en ese mismo pasillo.
De todas maneras dejo en relativo orden su habitación, tenía el leve presentimiento de que terminarían allí.
En su habitación, de muy malhumor se encontraba Albus.
Se había encerrado allí, no soportaba ver a su madre despotricando sobre los mortifagos y sus hijos sueltos haciendo lo que se les antojara… y no quería toparse con James por las ganas que tenia de soltarle unos cuantos puñetazos.
Su hermana menor… a ella si la quería, pero admitía que el no era mejor compañía en esos momentos que los demás habitantes de la casa.
Una lechuza que reconoció inmediatamente, se hizo visible al otro lado de su ventana.
La lechuza de su amigo Scorpius.
Albus
Muchas gracias por llevarme a la enfermería, lamento no habértelas dado en persona, pero mi madre me fue a recoger a primera hora al día siguiente. Estuvo horas con McGonagall en su despacho. Lastimosamente soy la causa de que ahora Slytherin este en segundo lugar para La Copa de las Casas… pero fuera de eso no tengo castigo que lamentar… aunque estoy seguro que de una visita al despacho de McGonagall no me salvo. Y no tengas duda de que también tendré que hacer una visita al despacho de Snape y escuchar durante horas lo idiota que fui, si es que no me manda a limpiar los baños sin magia.
Lo lamento mucho, no tienes idea de cuanto lo siento, espero no haberte lastimado, recuerdo muy pocas cosas… pero si que tenia ganas de matar a tu hermano… creo que solo me detuvo el simple hecho de que era tu hermano, porque fuera de eso no siento el mas mínimo remordimiento por lo que hice, muy a mi pesar. Comprenderé si esto te resulta demasiado y consideras que es mejor dejar de vernos, después de todo, el es tu familia. Y la familia es importante.
Scorpius M.
P.D: Si aun lo tengo permitido, me gustaría desearte unas felices vacaciones.
La lechuza revoloteaba tranquilamente por su habitación mientras el leía atentamente, en las ultimas líneas pudo ver un temblor en la letra que lo alerto de la incertidumbre de su amigo, aun mas que las propias palabras.
Se apresuro a buscar pergamino, pluma y tinta para responderle.
Scorpius.
No hay problema, llevarte a la enfermería no fue nada…
¡Jamás en tu vida vuelvas a darme un susto como ese, Malfoy!
Si estoy muy enojado contigo grandísimo idiota, pero no por haberle dado una demostración a la banda del imbécil de James… sino por haberme preocupado así.
Estabas tan pálido como el Barón Sanguinario, solo te faltaba la sangre y las cadenas.
Y para dejártelo claro, el gilipollas de James se tenia bien merecido todo lo que le ha pasado y creo que te has pasado… pero de piadoso.
Te tomo mucho tiempo darle una buena lección, y creo que fuiste demasiado blando con el…
Me ofendes, jamás dejaría de hablarte por defenderte de un tío descerebrado que insulto a tus padres, aunque por desgracia mía ese gilipollas es mi hermano.
Eres mi mejor amigo Malfoy… que te quede BIEN claro.
P.D: Quiero muchas cartas este verano, estoy saturado de Gryffindors y apreciaría muchísimo el gesto. Felices vacaciones a ti también, no te preocupes, mi papa encontrara al tuyo, así sea debajo de las piedras, por algo es el mejor auror.
Albus-
Cuando estuvo conforme con lo redactado, lo ato a la patita de la lechuza de su rubio amigo, observándola partir.
Tomo la carta del rubio y la guardo en un cajón donde estaban las demás. Quizá era una costumbre estúpida, pero el guardaba todas las cartas de su amigo.
Puede que Gryffindor tuviera a la pandilla de James y a Fred Weasley.
Pero Slytherin no se quedaba atrás.
Sacando otro pergamino empezó a redactar otra carta.
Hermione llego puntual al Caldero Chorreante, y siguiendo las indicaciones que le brindaran, llego a un salón de te en el tercer piso, donde Harry ya la estaba esperando.
_Hola- lo saludo con una leve sonrisa, tomando nota de que Harry no parecía deprimido en lo absoluto después del divorcio con Ginny.
_ Hola, ¿Cómo esta todo? ¿Y Ron?
_Tuvo que irse más temprano a la oficina porque le surgió algo.- explico mientras se sentaba.
_ Ah vale- comento Harry que se acerco a la butaca para sentarse.
_ Creo que mejor nos buscamos un lugar con más privacidad, Harry- dijo su amiga.
Estaba seria y no soltaba para nada el maletín que llevaba.
Y ese maletín le parecía demasiado costoso para la sencilla Hermione. Además de ser muy poco femenino.
Sin mediar palabra abrió la puerta del salón de te y emprendió el camino a su habitación, siendo seguido de una cautelosa Hermione que de vez en cuando daba miradas para asegurarse de que se encontraban a solas.
La mesa del desayuno finalmente estaba lista. Llegando al pie de las escaleras, llamo a sus hijos.
Desde la noche anterior estaba pensando en si quedarse en la casa o marcharse con sus padres a la Madriguera.
No había manera de convencer a sus padres de abandonar su casa. Ya lo había intentado muchas veces y sus padres habían aceptado quedarse una temporada con ellos.
Pero a la final siempre regresaban a la Madriguera.
Y después de consultar con su amiga Luna, que se había convertido en psicomaga había llegado a la conclusión de que lo mejor era que alguien viviera con ellos en la Madriguera para cuidarles. Así les dejaría conservar cierto sentido de independencia.
Al menos eso era lo que Luna le había dicho.
Y como ella lo que menos quería era hacerlos infelices había tenido que ceder.
Sus hermanos sin embargo eran harina de otro costal. Se aseguraban de depositar en Gringotts para sus padres. En la cámara de Arthur y Molly Weasley nunca faltaban galeones.
Pero… solo se dejaban caer de vez en cuando por la Madriguera.
Un par de domingos al mes y todo listo.
El que más colaboraba con ella era Ron.
A pesar de que su trabajo como auror no era algo que dejara demasiado tiempo libre. Todas gracias a que Hermione también la ayudaba. Cuando no mandaba a Ron, acudía ella.
Al menos gracias a Mione no se había vuelto loca.
Aunque de ser por Bill, Charlie, George y Percy ya estaría bien instalada en el pabellón de enfermos mentales de San Mungo.
James y Lily venían bajando las escaleras de primeros… cuando pensó en ir a ver porque Albus no bajaba… su hijo venia a una distancia de sus hermanos, con gesto fastidiado.
La situación entre James y Albus era algo que estaban preocupándola demasiado. En el pasado ambos habían tenido sus roces, pero lo de ahora tenia pinta de ser mas serio. Y Harry no le había dejado saber nada más, sino que estaba profundamente decepcionado de James. Lo había leído en sus ojos de un vivo color esmeralda.
Los ojos que Albus había heredado.
Y en ese momento la mirada de Albus no dejaba traslucir nada. Completamente inexpresivo. Se había limitado a darles los buenos días a ella y a Lily.
A James no lo veía, no lo tomaba en cuenta, como si no existiera.
Ya que Harry no quería decirle que demonios había pasado… no le quedaba de otra sino pedirle ayuda a su madre.
Harry miraba a su amiga. Había permanecido en silencio escuchando la historia que una seria Hermione le había contado después de haber lanzado los hechizos de seguridad pertinentes en su habitación.
_ Según Emergande, en este maletín se encuentra todo en lo que Malfoy había estado trabajando hasta el momento de su secuestro.
_ Me preocupa que este tan asustada, al punto de haber acudido a ti para que me dieras este maletín… ¿Podrías convencerla de ir al departamento de aurores? Necesito hablar con ella. Y además habría que ponérsele custodia…
_ No creo que ella quiera ir a ese sitio Harry- le corto Hermione.- Tampoco creo que acepte ser custodiada por los aurores.
Harry la miro, pidiéndole silenciosamente que se explicara
_Emergande es la hija de un mortifago exonerado. Su nombre completo es Emergande Rosalía Yaxley. No es casualidad que haya terminado trabajando como asistente de Malfoy. La chica fue una estudiante brillante desde sus tiempos en Hogwarts. Pero debido a esa tremenda y absurda discriminación que existe hacia los exonerados nadie quería darle un trabajo.
_ Entiendo esa parte- dijo Harry- Pero su vida podría estar en serio peligro y necesita estar bajo custodia.
Hermione suspiro… que ingenuo podía ser su amigo a veces.
_Harry, ni los exonerados, ni sus familiares acudirán voluntariamente a los aurores. Para ellos, los aurores son peores que el propio Lucifer. Son seres salidos del mismísimo infierno, que tienen carta blanca para torturarles. Lamentablemente he llevado y sigo llevando casos de maltrato a los exonerados por parte de los aurores. ¿Aun así insistirás en que Emergande acuda al Departamento de Aurores?
Harry suspiro, frustrado. Jodido Voldemort. Gracias a ti la guerra sigue más que latente.
_ Entiendo tu punto Mione, pero me preocupa. Ella es parte crucial del caso. Me sirve lo que hay en el maletín, pero era ella la que estaba trabajando lado a lado con Malfoy. A fin de cuentas ella puede explicarme mejor lo que realmente necesite saber. Y no me cabe la menor duda de que se encuentra en peligro. Si no quiere acudir al Departamento de Aurores entonces tendré que buscar una manera de protegerla.
_Tratare de hablar con ella a ver que consigo- concluyo Hermione, dando una mirada a su reloj.- ¿Necesitas que sea hoy?
_Apreciaría que fuera pronto- aclaro Harry-No tiene que ser necesariamente hoy. Tengo pensado ir al RCM a buscar todo sobre los Malfoy, después de mi entrevista con Isabela, tengo unas cuantas cosas rondándome la cabeza. Veré si tienen al menos algo sobre ella. Aunque su familia no es de Inglaterra.
_ Te deseo suerte- bufo la chica- el RCM es un berenjenal intolerable poblado de incompetentes. Allí es a donde mandan a todos los trabajadores a los que no les haya posición en el Ministerio.
Harry sabía que su amiga tenía razón, pero tenia la pequeña esperanza de contar con algo de suerte. Después de todo, a donde fuera la gente siempre era amable con el.
De algo tenia que servir ser el mago que había derrotado a Voldemort.
Rio de manera un poco irónica antes de abandonar la habitación.
Maldijo para sus adentros después de escuchar a su madre.
Al parecer estaba empeñada en irse a vivir a la Madriguera con ellos.
Como si no tuvieran ya suficiente para afrontar. Ella quería sumarle más al montón. Era una falta de consideración.
La furia le bullía de tal manera que sentía punzadas de puro dolor en la cabeza.
Si su padre estuviera con ellos en la misma casa las cosas serian mejores, su padre era la única persona que lo entendía por completo.
Lily se esforzaba un poco en hacerlo, pero no había gran cosa que ella pudiera hacer para ayudarle y de vez en cuando le soltaba el rollo de que tenía que intentar perdonar a James.
Y de eso no tenia ganas.
Le daba la impresión de que su madre estaba planeando algo que involucraba a su abuela, de otra manera no estaría insistiendo tanto en que tenían que irse a vivir a la Madriguera.
Y su otra razón para no querer irse a vivir allí… sus primos, pasaban por allí de vez en cuando y no sentía ganas de estar con todos ellos.
Cuando todos eran niños y no habían entrado a Hogwarts amaba los veranos que pasaba en la Madriguera.
Pero ahora que todos ellos estaban en Gryffindor y eran los que más molestaban a sus amigos…
No se sentía capaz de pasar más tiempo del necesario con ellos. No podía evitar pensar que de no ser familiar de ellos, lo molestarían con la misma o quizá más saña de la que empleaban con otros Slytherin.
Y no importaba cuanto les hubiera pedido que dejaran de hacerlo, a ellos no les importaba.
Y a el, hacia rato que no se le antojaba seguirles suplicando.
Si tan pobre opinión tenían de los que estaban en su casa, también debían tener una pobre opinión de el.
Sus primos decían "odiar a las serpientes" y el era una.
Por ende, también lo odiaban a el.
No estaba dispuesto a irse a vivir a la Madriguera. Por mas que quisiera a sus abuelos.
Su madre quería irse la semana siguiente.
Tenía exactamente tres días para pensar que demonios iba a hacer.
Llevaba dos días encerrado en su habitación y estaba al punto de la locura, su madre le insistía en que tenía que descansar después de lo que había pasado.
Le daba la impresión de que ella le estaba ocultando algo-
No recordaba nada de lo que había pasado. La rabia que le habían despertado los mayores al meterse con sus padres y luego que se había sentido tan cansado que pensó que al caer dormido nunca despertaría.
De no haber sido por Albus no sabía que pudo haberle pasado.
Aunque le sorprendía haber sido capaz de derrotar a cuatro Gryffindor de séptimo año completamente solo y sin su varita.
La carta de Albus le había quitado un gran peso de encima. La principal razón de que soportara las bromas de mal gusto y los insultos de James Potter con relativa entereza, era el miedo que sentía a perder a su mejor amigo.
Siempre que se cruzaba con el mayor de los Potter y este lo molestaba hasta decir basta, en su mente una vocecita insistente no dejaba de recordarle que por más imbécil que fuera, era el hermano mayor de Albus.
Por más que su amigo le asegurara que aquello no afectaba en nada su amistad, no podía dejar que lo que había pasado a orillas del lago se repitiera.
Tenia que tener más control. Tenia que encontrar una manera.
Lo que había pasado le asustaba un poco, aunque no se lo admitiría a si mismo tan fácilmente.
No sabía que tan mal estaban las cosas en casa. Sus abuelos y su madre se cuidaban de discutir ante el sobre cosas que pudieran ser importantes.
Esas vacaciones habían comenzado realmente mal.
Solo esperaba que terminaran mejor, con su padre en casa.
En el RCM, Harry estaba tan furioso que apenas y coordinaba dos pensamientos seguidos que no fueran un buen sinnúmero de maldiciones contra la bruja que estaba ante el.
_... como le venia diciendo tiene que tener autorización previa del Ministro y los directamente involucrados con los documentos que se están custodiando en este lugar…
_ ¡¿De donde coño quiere que le saque a Draco Malfoy para que autorice el retiro de esta planilla?! ¿Qué acaso no lee el Profeta? ¡Deje de entorpecer la labor de investigación de los aurores!
_ Ya le dije que no voy a dejarle acceder a una planilla de seguridad de clasificación D a menos que me traiga la autorización expresa del Ministro o a su defecto la de tres miembros del Wizengamot. Si hubiera acudido con alguno de los interesados podría llevársela sin mayores inconvenientes.
Dio media vuelta y se marcho, si no lo hacia…
No iba a poder controlar su temperamento.
Lo primero que tenia que hacer era conseguir que tres miembros del Wizengamot le extendieran su expreso permiso para retirar cuantos documentos pudiera del RCM. No era tan iluso como para pensar que el Ministro iba a tomarse la molestia de hacer aquello con todo el trabajo que debía tener para esas fechas.
Saliendo de la oficina murmurando entre dientes sobre viejas amargadas e intransigentes, se apareció en su habitación del Caldero Chorreante… cual no seria su sorpresa, al ver que ya lo esperaban.
Hermione marchaba rápidamente por las calles de aquel barrio, que bien estaba lejos de ser uno de los más seguros o pintorescos de la ciudad, a pesar de ello tenia cierto encanto. Quizás porque las casas a pesar de ser humildes estaban muy bien cuidadas.
Los aurores que estaban apostados en las esquinas eran lo que hacia desagradable ese lugar.
Ella no se imaginaba lo que era vivir de esa manera.
Había escuchado testimonios de muchos exonerados o de sus familiares, de cómo los aurores los molestaban de cualquier manera.
Quizá era porque su rostro era bien conocido, que los aurores estaban en sus puestos sin molestar a las personas que les pasaban por el lado velozmente, se notaba que querían estar en cualquier otro lugar que no fuera ese.
Revisando el papel que tenia en la mano, se cercioro que la casa que tenia ante ella era la adecuada.
Esa era la casa nueve, de la carrera dos… de Stognelieb.
Aquello era un conglomerado de casas hechas por el Ministerio. Y en la zona solo vivían los exonerados.
Los cuales eran constantemente vigilados por los aurores.
Avanzo por el caminito de entrada, la casa era algo pequeña. El jardín frontal era precioso. Y le daba su encanto a aquella casita sencilla.
Llamo a la puerta, y espero a que la atendieran.
Sabía que esas personas tenían razones para desconfiar de cualquiera.
_ ¿Albus?- su hijo estaba muy cómodo sentado en una de las butacas junto a la ventana.
Con su baúl al lado.
_ Me alegro que llegaras- saludo, cerrando su libro.
_ ¿Qué haces aquí? ¿Lo sabe Ginny?
_ Le deje una nota- fue la respuesta de su hijo.
Harry se sentó ante su hijo y con una mirada lo exhorto a que hablara.
_ Mama quiere mudarse a la Madriguera- soltó Albus sin tapujos- Y me parece que ya son demasiados cambios a los que tenemos que acostumbrarnos como para que le sume eso. Pero mi verdadera razón es que no quiero pasar el verano rodeado de Gryffindors.
Harry le dedico una sonrisa triste.
_ Yo también soy un Gryffindor.
_ Si, pero tu no eres quien insulta a mis amigos.- le recalco Albus.
_ Estoy trabajando en un caso que en un futuro puede ser bastante peligroso. No quiero involucrarte en esto. Además están los periodistas, no tardaran en saber que me estoy alojando aquí. Aparte de eso solo vengo a dormir. No me gustaría dejarte solo aquí todo el día.
_ Supuse que dirías eso- dijo Albus- Pero de ninguna manera pasare el verano en la Madriguera. Y menos hablemos de mudarme allí. Terminaría lanzándole unas cuantas maldiciones a Fred y a James. Solo para darte una idea.
Harry tuvo que reír… Albus que siempre era tan pacifico estaba hablando de lanzar maldiciones. Era hilarante… pero a la vez lo hería más. Saber que las relaciones entre Albus y el resto de la familia estaban tan fracturadas.
_ Hemos llegado a una especie de callejón sin salida entonces- dijo Harry.- No puedo responsabilizarme ante Ginny de cuidar de ti, porque estoy de misión. Y tú no quieres ir a la Madriguera porque podrías acabar maldiciendo a alguien… ¿Cómo lo resolvemos?
_ Escribí a casa de unos amigos. Más concretamente les pregunte si habría problema en que pasara estas vacaciones con ellos. Y los dos me han respondido que sus padres no tienen problema con ello. Solo necesitaría tu permiso.
_ ¿Dónde dejas a tu madre?
_ Te puedo apostar 100 galeones a que dirá que no- dijo Albus, con una sonrisa algo cínica, añadió en un tono que era copia del de Ginny-"De ninguna manera dejare que mi hijo vaya a un nido de serpientes". Creo que a mama se le olvido que también podría considerarme a mi una "serpiente".
Harry no supo como rebatir a eso, y sinceramente se sintió muy mal. Por la situación, por su hijo. Y porque sabia que nunca podría perdonar del todo la actitud que estaban teniendo los Weasley.
_ ¿Quiénes son estos amigos tuyos? Me gustaría saber sus nombres al menos. Y conocer a sus padres, antes de aceptar que te quedes en la casa de alguno de ellos.
_ Emma Parkinson y Scorpius Malfoy- dijo Albus- Conoces a sus padres.
Harry trato de hacer memoria con respecto a la chica, al menos el apellido le sonaba de algún lado, pero no recordaba…
_ Emma dice que fuiste con su mama a la escuela. Solo que la señora Pansy estaba en Slytherin.
_ ¿la hija de Pansy Parkinson?- asocio Harry a la final.
_ Si, la misma.- le confirmo Albus.
_ Vale, pero con respecto a que pases las vacaciones en la mansión Malfoy…- Harry no estaba muy seguro de dejar que su hijo se quedara allí, los cuadros con pinta siniestra y Lucius Malfoy… era quizá demasiado.
_ Si es el abuelo de Scorpius lo que te preocupa, puedes quedarte tranquilo. El señor Lucius rara vez abandona su despacho, solo lo hace a la hora de las comidas o cuando va a caminar con la señora Narcisa al jardín para darle de comer a los pavos reales. Y unos cuantos cuadros no le dan miedo a nadie.- Harry lo miro con una sonrisa.
_ ¿Cómo es que estas tan bien informado?- pregunto.
_ Scorpius habla de su casa algunas veces, y ya van cinco años que somos amigos. Somos inseparables, el, Emma y yo.
_ Me alegro- dijo Harry sinceramente.
_ Son los mejores amigos que uno pudiera desear.
_ Bien- se resigno Harry, suspiro.
Le esperaba una buena pelea con Ginny, lo sabia.
_ ¿Tienes todo lo que necesitas?- pregunto.
_ Si- dijo Albus- Me lo traje todo…
En ese momento, la chimenea de la habitación centelleo con fuego verde, una lívida Ginebra Weasley salió, con un trozo de pergamino y los ojos refulgentes de rabia.
Una recelosa mujer abrió la puerta, por su atuendo debía estar cocinando, un vestido gris pálido bastante bien cuidado aunque viejo, estaba cubierto casi por completo por un delantal. Y tenía las mangas del vestido arremangadas.
_ ¿Quién es querida?- se escucho una voz de hombre detrás de ella.
Hermione vio a un hombre imponente, con el cabello negro veteado de algunas canas. Vestía de colores tan anónimos como su mujer, una camiseta de un color indefinido y unos pantalones de mezclilla.
El hombre ante ella era la imagen de la ferocidad, su rostro le sonaba de alguna parte.
_ ¿Qué se le ofrece?- el tono del hombre era educado, pero bajo el estaba en guardia.
La mujer retrocedió, hasta quedar parcialmente oculta tras el. Se notaba que en esa casa, era el quien llevaba la voz cantante.
_ Disculpe por venir de improviso. Soy Hermione Granger. Abogada Defensora de Causa Pública. He venido del Ministerio a hablar con la señorita Emergande Yaxley. ¿Se encuentra?
El rostro de la mujer palideció.
_ Pase- el tono del hombre era completamente inexpresivo.
_ Evelyn, sube las escaleras y dile a Emergande que la están buscando.- dijo.
La mujer subió las destartaladas escaleras, dándole una ultima mirada aterrada.
El hombre, cerró la puerta y la guio hacia una pequeña sala de estar.
Hermione se sentó cuando la invitaron a hacerlo.
Y al cabo de un rato, una nerviosa Emergande entro en la sala.
Pero se relajo al verla.
_ Lamento haber venido sin avisar- se disculpo con ella.
_ Oh no se preocupe. Espero que no se haya sentido ofendida. Es que aquí no estamos acostumbrados a las visitas agradables- dijo la chica, sentándose junto a su padre.
Porque el parecido en algunos de los rasgos era innegable. Aunque de alguna extraña manera toda la ferocidad de los rasgos de su padre, habían desaparecido cuando estos habían sido heredados por la muchacha.
El hombre estaba visiblemente relajado ante el trato que tenia su hija con la visitante. Su expresión tuvo un ligero cambio, que delataba que se encontraba mas tranquilo.
_ He venido porque Harry quiere ofrecerte protección- dijo Hermione sin rodeos- El esta convencido de que corres peligro. Y sabe que no quieres acudir al Departamento de Aurores.
La chica asintió, algo pensativa.
_ ¿Qué lo lleva a pensar que me encuentro en riesgo?
_ A falta de Malfoy, eres la única que tiene la información de todo lo que ha estado haciendo. Y de lo que pensaba hacer. Eres un peligro para los secuestradores y una ayuda inestimable para Harry.
_ ¿Qué es lo que propone el señor Potter para garantizar la seguridad de mi hija?- pregunto el señor Yaxley, inmiscuyéndose por primera vez.
Hermione abrió su cartera sacando un anillo.
_ Este es un anillo muy especial. Es un traslador que te llevara a donde sea que este Harry sin dejar algún rastro. Además puede grabar, almacenando un máximo de una hora. Sumado a eso, tiene un escudo de magia ancestral que protege al portador de cualquier maldición o hechizo que sea llevado a cabo con una varita.
Emergande observaba el pequeño anillito con los ojos bien abiertos. Su padre en cambio tenía una sonrisa socarrona.
_ ¿Cómo es posible que un anillo pueda tener tantas funciones?
_ Es algo similar a un anillo de familia sangre pura. Si tuviéramos lo que por derecho nos corresponde, desde hace tiempo tuvieras el tuyo, querida- dijo el señor Yaxley.
Emergande tomo el anillo que le ofrecía Hermione.
_ ¿Qué es lo que quiere el señor Potter que haga?- pregunto ella.
_ Por ahora, nada. Cuando Harry necesite tu ayuda te escribirá. El único objeto de esta visita fue venir a dejarte el anillo, estaba preocupado por tu seguridad. De hecho quería venir y poner un hechizo protector en la casa.- dijo Hermione.
El sonido de una campanilla interrumpió el silencio establecido en la sala. Y al ver la hora, Hermione se excuso y salió de la casa.
Tenia que salir del vecindario antes de poder aparecerse.
En ese lugar no se podía hacer magia que pasara de un Lumus, o un Fregotego. Quizá algún Accio.
Esa regla aplicaba para todo aquel que no fuera un auror.
Y era una de las que Hermione más quería abolir.
Porque los exonerados no podían defenderse de los aurores cuando estos los ridiculizaban, forzados a vivir amontonados y a llevar una vida prácticamente exenta de magia.
Casi al estilo muggle.
Le faltaba poco para alcanzarlo por completo, si las cosas seguían como estaban.
Cuando llegara a su oficina le escribiría a Harry, si es que el no acudía primero a verla.
_ ¡¿Se puede saber que significa esto!? ¡No puedes simplemente irte de casa y dejarme una nota escueta!- comenzó a gritar sin ningún reparo. Casi sin ver a Harry.
_ Ginny…- trato este de hacer que bajara la voz… pero para ella como si no hubiera hablado.
_ ¡No voy a permitir esta clase de comportamiento Albus Severus Potter!
Harry suspiro…
Silencius.
Pensó viendo a Ginny y concentrándose.
A mitad de oración, la pelirroja enmudeció. Y le lanzo una mirada aun mas asesina a Harry.
Centrándose en el por primera vez desde que llego al Caldero Chorreante.
_ Esto es una pensión y me van a echar de aquí si dejo que continúes. Además, siempre lo he dicho y lo mantengo, con esa actitud no vas a conseguir nada. Si en la nota de Albus te decía que estaba conmigo… ¿Por qué tienes que alterarte? ¿O es que piensas que no soy un buen padre?- arqueo la ceja.
La pelirroja negó como respuesta. Harry supuso que a la ultima pregunta.
_ Albus no esta de acuerdo con mudarse a la Madriguera.- dijo Harry, invitando a la pelirroja a sentarse- Me ha dado sus razones, las cuales considero de bastante peso. Y me ha pedido permiso para pasar las vacaciones en casa de uno de sus amigos.- la mirada de Ginny se endureció aun más. Pero por suerte aun seguía muda.
Esa mirada decía a las claras "De ninguna manera".
Harry estudio con la mirada a su ex esposa, Ginny no solía ponerse tan a la defensiva. A menos que estuviera planeando algo que incluyera a Albus y a la Madriguera…
La furia de la pelirroja era más bien asociada a la preocupación.
En eso, era una fiel copia de la señora Weasley.
_ Pensabas pedirle ayuda a la señora Weasley para lograr que James y Albus volvieran a hablarse.
La única muestra que dio la pelirroja de haber sido descubierta… fue que sus labios se fruncieron.
Molly Weasley era una mujer de armas tomar, que estaba acostumbrada a que se la obedeciera, fue una madre severa, ahora era una abuela y madre severa, pero a la vez increíblemente dedicada y cariñosa.
Consiguió que el resto de sus hijos volvieran a hablarle a Percy.
Y ya se trataban más o menos de una manera similar a antes de que Percy abandonara a la familia.
Harry no se sintió sorprendido de que Ginny quisiera intentar eso, pero no le parecía la mejor manera de solucionar el problema. James se gano a pulso que Albus no le hablara, habían sido cinco años de meritos, hasta que simplemente le colmo la paciencia a Scorpius Malfoy… y también a Albus.
_ No iba a funcionar- dijo tranquilamente.
_ Eso no podías saberlo- contesto Ginny, después de que Harry levantara el hechizo silenciador.
_ Créeme, si conozco a Albus como creo conocerlo, se que no hubiera funcionado, lo único que hubieses logrado era empeorar las cosas. Esto no es algo en lo que tú o yo tengamos jurisdicción.- dijo Harry.- Son las consecuencias de acciones absurdas.
Ginny le pidió con la mirada, que se explicara.
_ La famosa rivalidad Gryffindor y Slytherin.- replico Harry- Pero ahora se ha transformado en: "Todos contra Slytherin". ¿Recuerdas cuando estábamos en la escuela?
Ginny tenía expresión perpleja pero sin embargo asintió.
_ Malfoy y su grupo, contra nosotros. Y viceversa. Ahora es la sociedad mágica contra los exonerados. Esa hostilidad se ha extendido hasta Hogwarts. ¿Recuerdas como era Malfoy?
Ginny asintió.
_ Supongo que sabes donde esta el pensadero- afirmo Harry, mientras sacaba un frasco pequeño de cristal de uno de los cajones, con su varita, apunto a su cien, concentrándose un momento y deposito la sustancia plateada de un recuerdo en el frasco tapado, extendiéndolo a Ginny.
_ Quiero que veas este recuerdo Ginny. Y hagas memoria. Quiero que reflexiones. Y luego si después de esto quieres obligar a Albus a marcharse contigo.- Albus le dirigió una mirada desesperada- Tendré que ceder- culmino Harry.
Dándole una mirada, a padre e hijo.
Ginny aferro el frasco y se dio la vuelta, volviendo a la chimenea y recitando la dirección de su casa.
Una vez se fue…
Harry pudo detallar mas el reproche en los ojos de su hijo, copia de los suyos.
Despertó lentamente. Su consciencia era similar a un tren que avanzaba a trompicones. Le dolía todo el cuerpo, inclusive partes que no sabia que tenia.
De la cabeza a los pies. No podía mover ni un musculo. Se encontraba tendido en un suelo lodoso y húmedo.
Y tenía mucho frio.
La sesión de tortura/interrogatorio había sido interminable. Horas de maldiciones horribles, y siempre perseguían lo mismo. Saber como había escapado Isabela.
Seguro estaban temerosos de que el pudiera escapar de la misma manera.
Podía sentir que estaba siendo observado.
Pero en esos momentos no le importaba demasiado, no estaba por huir precisamente.
Al respirar sentía un punzante dolor en ambos costados.
Debía tener unas cuantas costillas rotas.
Se pregunto ausentemente si Isabela habría seguido el plan…
No temía por lo que le esperaba. Quería que su familia escapara de todo aquello.
Hacia mucho tiempo… se había resignado a que quizá la muerte no era tan mala… como no hacerlo. Había estado a punto de morir una vez.
No podía creerlo.
No era cierto.
No su pequeño… ¿A dónde había ido su pequeño James?
Porque su hijo no seria capaz de decirle algo tan hiriente a nadie, ni siquiera a un Malfoy.
El recuerdo se desvaneció a su alrededor, dándole la sensación de estar en un vacio.
Y luego otra escena fue formándose en su mente, al parecer Harry quería asegurarse de hacer el trabajo completo.
Tuvo un largo recorrido por varios recuerdos de su época de estudiante en Hogwarts… todas las escaramuzas entre Gryffindor y Slytherin, las cuales por ese tiempo eran una niñería.
Se notaba que solo lo hacían por tocarse pelotas mutuamente.
Lo de James y Scorpius Malfoy no había tenido ese trasfondo.
Ahora entendía lo que Harry sentía, lo que había querido decirle.
Mientras más escenas de los recuerdos de Harry pasaban, mas recordaba la escena que había tenido lugar entre James y Scorpius.
De alguna manera, Draco Malfoy estaba pagando todos los insultos que le había dirigido a los Gryffindor.
…
Luego de los recuerdos de los tiempos de Hogwarts, reconoció la cocina de su casa, Harry y ella estaban sentados ante Albus…
_ Quiero pedirles un favor.- dijo, su hijo con toda la seriedad inherente a un chico de 11 años.
_ Lo que quieras- concedió Harry.
_ Quiero que hablen con James. Porque quiero que deje de molestar a los mayores y a mis amigos. Todos mis compañeros lo odian. Es un milagro que no me odien a mí por su culpa.
…
A ese recuerdo, le siguieron unos tres más. En todos ellos Albus hacia la misma petición, y a medida que pasaba de recuerdo a recuerdo, la mirada esmeralda de su hijo se iba haciendo mas fría… era obvio que no tenia fe en ellos para solucionar el problema.
Y ella no lo culpaba.
Todo ese tiempo, en lo que a ella respectaba. Lo había ignorado.
Se limitaba a asegurarle que hablaría con James, y lo máximo que hacia era darle una reprimenda, y con un chico como James, eso no servía.
No había nada que pudiera hacer, Harry tenía razón.
Dos sentimientos imperaban en su mente… el remordimiento y la decepción.
Admitía, que ella, y sus hermanos habían tenido parte de la culpa en todo aquello.
Suspiro, guardo el pensadero y busco lo necesario para escribir una carta.
Lo comprendió después de ver esos recuerdos. Pudo comprenderlos a ambos, a su hijo… y a Harry.
Solo que la comprensión le llego demasiado tarde.
La vida le estaba demostrando que podía ser aun más irónica.
