Hola a todos.

Me disculpo por la tardanza en actualizar la historia, pero una serie de eventos que preferiria no mencionar me han tenido lejos de mi computadora. El mas relevante de estos eventos no es otro sino la situacion actual en mi pais sin embargo el capitulo estaba pasado en mi libreta desde hace un buen tiempo.

Sin mas les dejo leer, en este capitulo mas que todo van a comenzar a ver unos cuantos eventos del pasado que seran algo relevantes.

Cualquier duda me la dejan por rw y les aseguro que les contestare, esto con los que teneis cuenta. Los que no disponeis de cuenta, podeis escribirme a SarcasticCyss mi cuenta de Twitter.

Muchas gracias. Y de nueva cuenta, disculpadme por mi tardanza.

Frustrado, lanzo la carpeta contra la otra esquina de la habitación. ¿Qué demonios se le estaba escapando de la vista?

Tenia todos los documentos de los Malfoy… estaban enemistados con un gran numero de personas (no que le sorprendiera)

Pero ninguno de ellos podría haber secuestrado a Draco Malfoy. Teniendo en cuenta que la mitad de ellos eran mortifagos exonerados que tenían prohibido realizar magia ofensiva. Otros tantos de esos exonerados tenían coartadas validas comprobables para el momento del hecho.

Y 7 de las personas que figuraban en su lista de sospechosos se habían desaparecido de la puta faz de la Tierra. ¡Por las barbas de Merlín!

Le daba la impresión que los informes de esos 7 desaparecidos no estaban completos. Tenían omisiones considerables. Las entradas eran muy desiguales. Incluso por la fecha en la que los aurores debían realizar controles diarios. Y Harry sabia por experiencia propia que aquello era indicio de que algo estaba terriblemente mal.

Como auror que era, le toco vivir la etapa después de la guerra en todo su esplendor.

A los aurores recién graduados se les endilgaba la penosa tarea de realizar las vigilancias en las colonias de exonerados distribuidas por el mundo mágico y tenían la tediosa obligación de hacer una comprobación de varitas a todos los habitantes de dicha colonia.

En los expedientes siempre se reflejaban las entrevistas de los exonerados con los aurores, la fecha, hora y lugar.

Pero en los expedientes de esas siete personas… esas entrevistas no se llevaron con regularidad. Y el que más tenia registro de entrevistas contaba solamente con tres de ellas.

Esas irregularidades lo estaban haciendo sospechar que había un infiltrado en el ministerio. Más concretamente en el departamento de aurores.

¿Cómo era posible que se diera esa situación si no?


A su paso las figuras oscuras se apartaban, en la atmosfera era perfectamente perceptible el miedo que todos le tenían, ya que algunos retrocedían considerablemente a su paso.

Los demás permanecían en un silencio inquebrantable. Sin atreverse a hacer ni el mínimo sonido. La tensión en el ambiente era tan palpable que podría cortarse con un cuchillo.

_ Mi señor- fue el tenso saludo del jefe del campamento, inclinándose ante el con respeto- Nos complace tenerlo de vuelta con nosotros.

_ ¿Es cierto lo que me dicen mis subordinados?- interrumpió lo que sin duda seria una larga perorata que en esos momentos no tenia ganas de aguantarse.

_ ¿Mi señor?- el hombre lo miro con la duda reflejándose en sus ojos.

_ ¿Es cierto que han secuestrado a Draco Malfoy?- decidió dejarse de rodeos. A cada palabra que salía de sus labios se notaba lo increíblemente furioso que estaba.

_ ¿Por qué no se me aviso?- su voz letalmente fría daba mas miedo aun que sus exclamaciones furiosas, después de un silencio que comenzaba a ponerlo mas furioso aun… el jefe del campamento contesto vacilante.

_ Pensamos que no era cuestión de mucha importancia.- su voz fue tan trémula que apenas y pudo escucharla.

_ ES de suma importancia. Draco Malfoy es una persona importante en mis planes. Por eso me enfurece no haber sido avisado de su captura. ¡Sois un montón de bestias impulsivas que actúan a lo loco! ¡No pudieron haberlo secuestrado en peor momento! ¡Ahora tenemos al jodido niño que vivió metiendo sus narices en todos lados! ¡Al jodido auror mas poderoso del Ministerio de Magia que no tardara en venir a freírnos el culo a maldiciones!

La tormenta que en esos momentos estaba cayendo pareció fortalecerse tanto como la ira del hombre encapuchado en medio de la multitud.

_ ¡El anonimato es todo para nosotros! Y no habéis hecho más que estropearlo. ¡Si le habéis puesto las manos encima os voy a matar! ¡Llevadme con el ahora mismo!

Al encapuchado no le pasaron desapercibidas las miradas que intercambiaban algunos de los que estaban allí para recibirlo, antes de que un tembloroso líder del campamento se levantara para mostrarle el camino a través de los húmedos pasajes del interior de la montaña. La mayoría de las "puertas" eran tablas de madera puestas en el marco de piedra, las cuales podían retirarse con facilidad… avanzaron mas profundo bajo la montaña hasta llegar a una puerta de hierro. Con un movimiento de varita la puerta se abrió inmediatamente. Era una habitación amplia, vacía excepto por las dos formas que se veían pegadas a la pared del fondo. Una de ellas era una mujer, así que sin duda alguna la figura envuelta en mantas y tendida en el suelo era Draco Malfoy. Camino hacia ellos con decisión, sus pasos eran el único sonido que se escuchaba en la habitación. La mujer lo miraba muy atentamente… sin apartarse de Malfoy en ningún momento. Sabia que no era Isabela Visconti, de repente le despertó mucha curiosidad.

Todos en ese campamento de exonerados odiaban a los Malfoy, pero esa mujer parecía dispuesta a defender a Draco Malfoy.

_ ¿Cómo te llamas?- le pregunto, deteniéndose a escasos metros de ella.

_ Milena.

_ ¿Eres una prisionera?

_ No. Soy medimaga. Y el es mi paciente- había una fortaleza intrínseca en su voz que era digna de respeto, solo por eso le agrado un poco.

Se termino se acercar a la figura que estaba tendida en el suelo, retirando las mantas que le cubrían… si antes estaba furioso en esos momentos estaba mas allá del umbral.

No había parte del cuerpo de Draco Malfoy que estuviese sin vendar, su rostro estaba pálido y buena parte de las vendas que lo cubrían estaban manchadas de sangre.

_ Oye medimaga- volvió a cubrir a Draco con la manta y volteo a verla casi taladrándola con la mirada.- ¿Puedes decirme como esta?

_ Su estado es critico. Casi todas las costillas rotas, una de ellas solo esta astillada, dejando a lado las costillas tiene severos daños internos, contracturas musculares, fracturadas ambas rodillas. La recuperación se ha retardado porque se encuentra desnutrido.- resumió ella con gesto lúgubre.

Y ahora que la estudiaba con la mirada estaba pálida y ojerosa.

Desnutrida. Seguramente ha estado dándole su ración de comida- pensó.

Se dio la vuelta hacia la puerta donde esperaba el líder del campamento. Sin mediar palabra agito la varita y el hombre se doblo de dolor en el suelo.

_ Mas tarde discutiremos tu castigo, por ahora quiero que le des a esta mujer todo lo que te pida. Que se les prepare un mejor alojamiento.

Tembloroso, el hombre asintió y salió corriendo a cumplir con la orden que se le había encomendado

_ Necesitare poción crece huesos- apunto la medimaga.

_ Lo que necesites- le reafirmo el encapuchado- Solo quiero que se recupere por completo ¿Cuándo crees que este despierto?

_ No lo se.

En la mansión Malfoy.

Isabela miraba por la ventana con gesto ausente, estaba en el estudio de Draco. Ese se convirtió en "su sitio" desde que todo aquello comenzó, después de todo en ese lugar era que el rubio platino pasaba horas trabajando.

Ella no entendía al montón de gente estúpida que se empeñaba en desdeñar a Draco, mirarle mal y llamarlo mortifago a sus espaldas.

Una masa inútil de gente resentida y mediocre que no se valían por ellos mismos y que no tenían nada mejor que hacer que meterse en donde no se les llamaba.

Extrañaba horrores su amada Paris, pese a que su familia era de raíces italianas, ella creció en Paris, a su parecer la ciudad más hermosa y libre del mundo.

La sociedad mágica francesa era mil veces mejor que la sociedad inglesa. Para empezar no eran tan rígidos y ni de cerca tan entrometidos como los ingleses.

Aquello era lúgubre al extremo. Pero aun así no se arrepentía de su elección, Draco había llegado mandado por Merlín para librarla de un matrimonio y de una vida infeliz.

Sonrió con ironía, sabía que el rubio no era feliz a su lado. Con los años habían llegado a desarrollar lo que se llamaba una relación de cordialidad. El trato que ambos mantenían era mas como el que se daba en dos hermanos que en dos esposos.

Suspiro… perdiéndose entre recuerdos…

Flash back:

Luego de ese baile en que los dos habían coincidido, Isabela no podía apartar su mente de ese rubio platino de espectaculares ojos grises bañados en tristeza.

Y cuando su padre le pregunto a cual de todos los herederos quería por esposo, ella no tardo en contestar que quería ser la futura señora Malfoy.

Su madre puso el grito en el cielo y se negó rotundamente alegando que Inglaterra estaba demasiado lejos de Francia, recordándole a Isabela el roll activo que tuvo Lucius Malfoy en la Guerra.

Pero Isabela era imposible de disuadir. Ella le replico a su madre que la guerra no se extendió fuera de los límites de Gran Bretaña, que Lucius Malfoy no fue encarcelado en Azkaban y que Draco Malfoy no merecía ser juzgado por los crímenes de su padre.

Finalmente la madre tuvo que ceder ante la necedad de su hija, ya que esta contaba con el apoyo, aunque reticente de su padre.

Ese día, Isabela se arreglo impecablemente, tenia una visita concertada en la mansión Malfoy. Su madre había carteado a la señora de Lucius Malfoy y esta acepto encantada recibirles en su mansión campestre de Lyon.

Las dos mujeres mayores se enfrascaron en una charla banal sobre bailes, modistas y sitios de auge.

Un poco mas alejados de ellas… ambos jóvenes permanecían en completo silencio.

Isabela no sabia que decir para romper el incomodo silencio que se instalo entre ambos, Draco tenia la mirada perdida en alguna parte el acogedor paisaje que los rodeaba… y ella muy a su pesar no podía apartar la vista del rubio… haciéndose preguntas, una tras otra.

¿Cómo esos ojos llegaron a albergar tanta tristeza? ¿Por qué tenia que parecer un ángel caído? ¿Le haría caso?

Un ligero sonido la sobresalto, se trataba de un elfo domestico con un servicio de te para dos personas. La criatura dejo la bandeja en la mesita dispuesta entre ambos jóvenes y se retiro del lugar con el mismo leve sonido.

Isabela contuvo un suspiro y decidió que ya que estaba allí, al menos tomaría un poco de te.

_ ¿Para que has venido?

La chica agradeció a todos los dioses de los que se acordaba el no haber tomado la taza de te, porque estaba segura que de la impresión la hubiese arrojado al suelo.

La pregunta, tan repentina y falta de educación del rubio la tomo con la guardia baja. Sintió como sus mejillas se sonrojaban y le dirigió una mirada molesta. ¿Quién demonios se creía?

_ ¿Disculpa?- dijo ella, dándole oportunidad a que se retractara de su clara falta de educación.

_ Te he preguntado a que has venido.- dijo el rubio.

Y allí si le dirigió una mirada incrédula, guardándose de contestar (estaba con ganas de hechizarlo) la chica se sirvió su te y tomo una pasta seca, como que no era con ella.

Y así el silencio se instalo en el jardín al menos por unos 10 minutos más, hasta que el rubio volvió a romperlo.

_ Disculpa si es que te he ofendido, pero no me apetece ser educado con nadie, de hecho seria feliz si estuviese enterrado en este mismo momento. Nunca llegue a pensar que seria tan costoso seguir respirando.

Y allí no pudo seguir ignorándolo, su corazón se estrujo al escuchar esas palabras provenientes de el. ¿Cómo alguien tan joven y tan apuesto llego a esos extremos?

_ La vida es maravillosa ¿sabes? Nadie dijo que fuera fácil pero siempre puedes volver a levantarte.- intento animarle, pese a que no sabia a que se debía su tristeza.

_ Mademoiselle, dudo mucho que usted alguna vez haya enfrentado la autentica tristeza, la mas pura y absoluta desolación. La desesperación en su forma más primitiva.- la voz del rubio se hizo fría, desprovista de todo velo de cortesía.

Isabela estudio atentamente a su anfitrión… esos ojos no mostraban furia sino tristeza… esa actitud que el chico adopto le hizo pensar en los animales salvajes que tendían a ser mas agresivos cuando se encontraban heridos.

_ No, tienes razón quizá no conozca todo aquello que me acabas de mencionar. Pero eso no quiere decir que no tenga que enfrentar mis propios problemas. Yo no puedo menospreciar tu sufrimiento porque no lo conozco. No se si algún día llegare a conocerlo, y si sigues a la defensiva creo que nunca llegare a conocerlo.- se armo de paciencia. Porque a la final lo que la llevo a aquella insistencia fue el aura de completa indefensión que el rubio emano en esa fiesta cuando lo vio por primera vez, el deseo que se instalo en ella, de ayudarlo… fue mas fuerte que cualquier otra cosa. Pero la actitud del rubio… como la de un tempano de hielo, estaba probando ser un obstáculo en su determinación.

Pero como que se llamaba Isabela que no se rendiría.

¿Quién sabe? Quizá centrándose en los problemas de ese chico de mirada triste, podría olvidar sus propios males.

Cuando se centro de nuevo en su anfitrión, cual no seria su sorpresa al ver una solitaria lagrima intentando escapar de uno de esos ojos color plata, su reflejo fue secarla enseguida. Y así lo hizo.

A pesar de que el chico se tenso bajo su toque.

_ Mira, no quiero caerte pesada pero voy a seguir viniendo a visitarte. Y por como van las cosas entre nuestras madres, lo mas seguro es que tu y yo terminemos comprometidos dentro de poco…- comenzó a decir ella.

_ ¿Por qué querrías casarte con alguien como yo?- le interrumpió el.

_ ¿Porque NO querría casarme contigo?- contra ataco ella.

El rubio desvió la mirada, clavándola en el suelo.

El momento de silencio que surgió entre ambos fue mas tenso que los anteriores, Isabela podía sentir su corazón martilleando con fuerza en el interior de su pecho, podría decir que lo tenía en la garganta, mientras aguardaba la respuesta del rubio. Porque estaba segura que el chico se la daría…

_ Porque yo… he deshonrado a mi familia, el apellido Malfoy y todo lo que este representa.

Isabela tuvo que luchar por mantener su rostro inexpresivo, para que la sorpresa no se instalara en sus facciones. Después de todo eso era lo que ella estaba buscando, que el chico confiara en ella. ¡Pero vaya con el rubio!

_ Y ahora- la mascara de completa frialdad y compostura del rubio regreso a su lugar, como cuando la recibiera a ella y a su madre al momento de su llegada. ¿Sigues queriendo casarte conmigo?

La mascara de frialdad no llegaba a los ojos del chico, estos seguían bañados en tristeza, la misma que en un primer lugar la atrajo. Una muda y desesperada llamada de auxilio de un alma demasiado orgullosa como para pedirlo en voz alta.

_ Si- fue la única palabra que dijo la chica.

Y eso pareció desarmar al rubio, cuyas lágrimas rodaron libres por su rostro, ante una atónita Isabela.

Ella atino a sacar su pañuelo y secar las lágrimas del rubio.

_ ¿Por qué?- pregunto el, con voz temblorosa. A pesar de que las lagrimas caían a raudales por sus mejillas, el rubio seguía intentando aferrarse a la compostura, pero por como sonaba su voz, no lo conseguiría por mucho rato.

_ Porque quiero ayudarte- respondió ella.

Y si, allí el autocontrol del rubio se fue al garete.

Isabela disimuladamente agito su varita, para aislarlos de la vista de sus madres, creando una ilusión óptica que los mostraba a ambos conversando tranquilamente, se apresuro a rodear al rubio con sus brazos y acariciar ese cabello tan suave y brilloso, sentía las lagrimas del chico caer en su hombro… y ocasionalmente se escuchaba un sonido ahogado.

_ Esta bien llorar- le susurro.- Ten por seguro que yo no te voy a lastimar. Se que cuesta creer solo en palabras. Pero por ahora son lo único que tengo.

Hermione suspiro, definitivamente a Harry siempre le tocaban los casos más desesperantes del Ministerio, ya fuera por su peligrosidad o por la presión mediática. Debía darle gracias a Merlín que ese caso tan colosal le fuese asignado en medio del caos de su divorcio. Al menos le servía de distracción.

Ella se preocupo mucho cuando su pelirroja cuñada anuncio su deseo de divorciarse, Hermione sabia de primera mano que Harry la adoraba, pero tampoco podía darle la razón a su amigo porque Ginny tenía razón en sentirse abandonada.

A lo largo de los años… Hermione siempre la compadecía… no era fácil ser la esposa de Harry Potter, esperarlo en casa sabiendo que estaba arriesgando su vida en las mas peligrosas misiones. Criar prácticamente sola a tres niños. Más bien Ginny aguanto demasiado.

Faltaban al menos dos horas para llevar a sus hijos a la estación para que cogieran el tren a Hogwarts.

Por ello se sintió con ánimos de sentarse en la sala a revisar los documentos de los exonerados. Estaba dispuesta a ayudar a Harry en lo que hiciese falta. Era muy consciente de que no podían permitirse perder a Malfoy.

Rio ante lo último… si le hubiesen dicho que estaría preocupada por Draco Malfoy unos 17 años atrás, seguramente le habría lanzado una maldición a esa persona.

Pero el rubio era un claro ejemplo de que las personas podían cambiar para convertirse en alguien mejor.

Nadie podía negar todo lo que el chico consiguió… ¡Era el miembro mas joven del Wizengamot en 369 años! Eso no se podía comprar, se ganaba con meritos.

_ Cielo- la voz de Ron se escucho en el despacho y casi se cae de la silla, no le escucho llegar…- Ya es hora de irnos a la estación.

_ Vale- repuso ella, dejando los papeles en su escritorio y tomando su bolso- De seguro que los dos están impacientes.

Ron se rio y asintió.

_ A veces los envidio- admitió el pelirrojo.

La castaña le sonrió con picardía para luego acercarse y prácticamente devorar los labios de su esposo.

_ ¿Los sigues envidiando?- repuso ella cuando se separaron.

El pelirrojo enmarco una ceja…

_ Un poco- siguió, aunque Hermione sabía que lo decía solo por molestarla.

Ella le dedico una sonrisa de medio lado se dirigió a la puerta de la habitación y dijo…

_ Entonces creo que no te importara que te deje en abstinencia por una semana.- y muy campante bajo las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja.

_ ¡¿Qué?! ¡¿Y ahora que hice?!

La respuesta fue la risa de su esposa desde las escaleras.

_ Muy graciosa- mascullo el chico cuando la alcanzo en la sala.

Hermione solo le sonrió para luego preguntar…

_ ¿Nos vamos en tu auto o en el mío?

_ En el mío- repuso el pelirrojo.

En la sala, Hugo y Rose con sus baúles preparados los esperaban.

Hermione estaba segura que si pudiesen ponerse sus túnicas de Hogwarts ya las tendrían puestas.

En la habitación 13 del Caldero Chorreante, un moreno caminaba de un lado al otro, removiendo en las mesas, asomándose dondequiera… y desde el escritorio Harry no podía más que dedicarle una mirada divertida a su hijo.

_ ¡¿Seguro que no lo has visto?!- le pregunto el chico por quinta vez consecutiva.

_ No, hijo.- respondió Harry conteniendo las ganas de reír. De hace rato que dejo de revisar los informes del trabajo, era imposible concentrarse con semejante jaleo.

_ ¡Mierda!

Harry finalmente compadeciéndose de su hijo agito la varita, un pesado volumen de Transformaciones Avanzadas fue a parar a los brazos del muchacho, que paso de mirarlo agradecido a regalarle una mirada asesina en cuestión de segundos.

_ ¡Tu lo escondiste!- señalándolo con un dedo acusador.

Harry se encogió de hombros.

_ Me atrapaste- repuso finalmente.

_ ¡Papa, por Merlín! ¡Si McGonagall me manda a limpiar trofeos dos semanas será culpa tuya!

_ ¿Desde cuando?

La pregunta descoloco al adolescente, ¿Qué…? ¿Cómo…?

El gesto de confusión debió hacerse notorio en su rostro porque el mayor se apresuro a completar.

_ ¿Desde cuando eres animago?

¡Oh vamos! No por nada es el mejor auror que jamás ha tenido el ministerio-una voz en el fondo de su cabeza que sonaba como la de su amiga Emma.

_ ¿Cómo lo…?- comenzó a decir.

_ Ese no es el libro de Transformaciones que use en los TIMOS, ese es un libro que se usa para aprendizaje individualizado en el programa para aurores. Y no creo que en Hogwarts hayan cambiado tanto el programa de clases como para incluirlo, por no mencionar que es muy complejo, y que yo mismo tengo un ejemplar de ese libro en Grimmauld Place.- explico Harry con una media sonrisa a su anonadado hijo.

_ Nunca se te escapa nada ¿verdad?

Harry negó con la cabeza, estudio al chico con la mirada… se le notaba un tanto incomodo.

_ No te voy a obligar a registrarte, pero creo que no es necesario añadir que si te descubren vas a perjudicarme mucho por no mencionar la multa que van a ponerte. La cual no pienso pagar, y tampoco me hace mucha gracia escuchar los gritos de Ginny.

Albus lo miraba sorprendido, su padre siempre terminaba dándole sorpresas.

_ ¿En serio pensaste que si te descubría iba a castigarte?- Harry no se pudo contener de preguntar.

_ Pensé que me obligarías a registrarme.- se apresuro a contestar el chico.- y registrarse le quita la diversión en gran medida.

Harry tuvo que reír ante eso último. Le recordaba terriblemente a Sirius.

_ Yo no soy nadie para exigirte cumplir con las reglas, después de todo yo le di muchos dolores de cabeza a McGonagall, incluso a Dumbledore.

Albus sonrió. Y cuando se disponía a seguir empacando…

_ Oye Al, ¿Me vas a mostrar en que animal puedes convertirte?- quiso saber Harry. Muy interesado a su pesar.

El muchacho pelinegro se sonrojo ligeramente y su padre lo miro interrogante.

_ Hay un pequeño inconveniente cuando me transformo…- comenzó a explicar el chico al captar la mirada interrogante de su padre.

_ ¿Cuál?- presiono Harry cuando su hijo permaneció en silencio…

El muchacho negó enérgicamente con la cabeza, desapareció tras la puerta del baño cuando no salía, Harry fue a abrir la puerta, algo preocupado.

Cual no seria su sorpresa al encontrar a un pequeño gatito negro arañando la puerta.

_ Vaya Al, luces adorable.

El animalillo bufo enojado y pareció dirigirle una mirada asesina que le hizo reír con ganas, si definitivamente ese era su hijo.

Se acerco hacia sus piernas y se froto contra ellas, mirando hacia afuera del baño.

Harry capto el mensaje y salió del baño cerrando la puerta.

Al cabo de 5 minutos Albus salía del baño y continuaba haciendo el equipaje. Estaban algo retrasados pero podían darse ese lujo de llegar un poco mas tarde. Después de todo estaban a una aparición de llegar a Kings Cross.

Era muy diferente a cuando iban con su madre a la estación, que tenían que salir muchísimo antes…

_ Papa, ¿Nos encontraremos con mama en la estación?- pregunto Albus.

_ Umm, si nos vamos ahora tendremos chance de alcanzarla antes de que se vaya- dijo Harry dejando de lado las cartas que estaba leyendo.

Albus tenía mas ganas de ver a su hermana que de ver a su madre. Pero no le pareció adecuado preguntar directamente por Lily. Sabia que su papa estaba dolido por la fuerte discusión entre el y James.

No podía hacer nada por ello. No estaba dispuesto a perdonarle a James todo el daño hecho a Scorpius.

Todas las lagrimas que su hermano mayor le robo a su rubio amigo, se las pagaría.

Mirando el reloj, Ginny no dejaba de lanzar miradas ansiosas a la entrada de la estación. ¿Dónde demonios se había metido Harry? ¡Albus estaba a punto de perder el tren!

Cuando estaba a punto de arrancarse el cabello, es que su hijo y Harry entraron a la estación jadeando en medio del estruendo que hacia el silbato del tren.

Ginny le dirigió una mirada asesina a su ex esposo, le dio un rápido beso a su hijo en la mejilla y lo observo subir al tren a toda prisa.

Un momento después, el tren comenzaba a moverse.

_ ¿Cómo has podido llegar tan tarde?- pregunto Ginny con las manos en la cintura y fulminando a Harry con la mirada.

_ No fue porque yo quisiera Gins- se apresuro a excusarse el moreno levantando las manos en señal de rendición a ver si así la chica le bajaba un poco a sus instintos asesinos- Justo cuando veníamos saliendo a la estación me ha llegado una lechuza con relación al caso que estoy llevando.

_ ¿El secuestro de Malfoy?- quiso saber ella, olvidándose de su enfado.

Harry asintió, pese a que estaba prohibido darle detalles a cualquier persona sobre los casos que llevara… aunque no era como si estuviera involucrándola activamente en la investigación ¿verdad?

_ Ojala que hayan matado a ese maldito hurón.- mascullo la pelirroja.

Sin decir nada, el chico se despidió.

No podía evitar pensar mientras se marchaba

¿Por qué le tenían que desear mal con tanto ahincó al rubio?

Ya dejaron atrás los tiempos de la escuela cuando se lanzaban maldiciones en los pasillos. Además, Malfoy había demostrado que estaba dispuesto a todo por mejorar la sociedad mágica y así le pagaban, deseándole mal.

Porque Harry estaba seguro que más de una persona se sentía de la misma forma que Ginny.

_ No lo merecen- mascullo.

No lo merecían, el esfuerzo que le costo librarlos de Lord Voldemort. Ni el esfuerzo que hacia Draco Malfoy para reconstruir una sociedad que no se molestaba en ocultar que lo despreciaba, deseándole el mal con todo el corazón.

¿Por qué la gente tenia que ser tan despreciable?

No lo sabía.

Harry se encontraba en una encrucijada.

Rio amargamente.

Si alguien le hubiese dicho en el pasado todo lo que estaba viviendo ahora, seguramente le hubiese lanzado una maldición.

Después de todo… nunca llego a pensar que podría sentir desagrado hacia Ginny, y que estuviera desesperado por ayudar a Malfoy.

En un despacho improvisado en la profundidad de aquella inmensa montaña, dos hombres se miraban con desafío.

El rubio estaba cómodamente recostado en un sillón de cuero negro.

La única luz provenía de una desvencijada lámpara de gas, llevaban al menos 10 minutos de esa manera.

Con un incomodo silencio colgando entre ambos.

_ Draco… la voz vacilante de aquel hombre se escucho rompiendo el tenso mutismo.

El rubio no se molesto en reaccionar, dedicándole la misma mirada impasible.

Sus ojos grises más fríos que el mismo hielo.

_ Nunca te creí capaz de algo como esto, aunque no se porque me sorprendo- Draco le hablaba con voz severa.

_ Yo nunca quise que las cosas llegaran a estos extremos- comenzó el otro, con tono algo vacilante. Después de todo obtuvo una respuesta del rubio. Aunque la frialdad de su trato no le agradaba nada.

_ No importa como lo hayas planeado, las cosas pasaron así, eres igualmente responsable- las palabras del rubio lo lastimaban porque sabia que tenia la razón.

Que cambiado estaba. Los años solo lo habían vuelto más hermoso. Pero de cierta manera, extrañaba al joven rubio del que se enamoro hacia 16 años.

_ ¡Les dije que eras parte clave de mi plan! ¡¿Cómo demonios iba a saber lo que harían?!- se defendió. Tratando de no dejarse llevar por la desesperación.

Tantos años ansiando regresar a su lado como un desesperado, pendiente de la más mínima noticia suya… tenia suerte de que su rubio salía en las noticias muy a menudo y podía ver su rostro en las fotografías de los diferentes periódicos del mundo mágico.

_ Veo que todos estos años no han hecho nada por ti, sigues siendo el mismo de siempre- sonaba tan cansado, como si ocultase vivencias de siglos detrás de su externa juventud. Ahora no estaba tan seguro de poder soportar mas tiempo esa mirada gris oscuro completamente vacía, semejando dos profundos agujeros negros.- ¿Cómo unos ojos tan expresivos llegaron a eso? Comparando la plata derretida de sus recuerdos felices con ese gris metal. Bueno habría un cambio de planes porque no estaba dispuesto a rendirse.

_ Quiero saber si es verdad- fue directo al grano, ya le quedo claro que tanto la amabilidad como la brusquedad solo obtendrían la indiferencia del rubio. Draco solo arqueo una ceja.

_ No juegues conmigo- siseo furioso. Ya estaba perdiendo la paciencia pese a que llego con la mejor de las disposiciones.

_ Si es cierto- contesto Draco, con una sonrisa como solo el las daba al mas puro estilo Malfoy- No pensé que te gustaría ser invitado a la boda, claro eso se puede corregir

El tono sarcástico del chico fue lo que termino de sacarle la paciencia.

Las chispas saltaron de su varita debido a su enfado. Muchas cosas pasaron por su mente, todas ellas incluían hacerle mucho daño, sino es que matar a la prometida del rubio… un momento.

_ ¿De quien es hijo el muchacho?- pregunto, una idea súbita lo asalto de repente.

_ Se nota que para algunas cosas eres algo lento.- el tono de Draco paso de indiferente a desdeñoso (Bingo, allí hay algo. Tengo que presionarlo)- Scorpius es hijo mío y de Isabela, mi prometida- el rubio acentuó las ultimas dos palabras a propósito para fastidiarlo de eso estaba seguro.

_ No me creas tan idiota mon amour – dijo acentuando las ultimas dos palabras.- como para creerme que alguna familia sangre pura dejaría a una de sus hijas tener un bebe antes de estar casada- mientras hablaba estaba atento a las reacciones del rubio por mas mínimas que fueran.

Definitivamente me esta ocultando algo con relación al mocoso- pensó.

_ No creo que sea asunto tuyo lo concerniente a mi hijo- respondió el rubio de manera cortante. Sin dejar opción a más preguntas sobre el tema.

Pero el no era conocido por rendirse. Y sabia que en esos momentos el rubio no podría lanzarle una maldición, no por anda tenia la varita del chico a buen resguardo.

_ ¿En serio me crees tan ignorante mon amour?- corto de manera algo brusca, cada vez estaba mas convencido de que el hijo de Draco también era suyo- ¿No será que es hijo mío?- aventuro con una media sonrisa.

La risa de Draco le sorprendió, el rubio se reía en su cara sin ningún tapujo. Es lo mas gracioso que me has dicho en mucho tiempo- dijo el chico cuando pudo parar de reírse.

_ Tengo fundamento para afirmarlo.- respondió, tomando al rubio de los brazos en medio de su ímpetu- ¡¿Te has olvidado de todas las noches que pasamos juntos?!

Draco se las arreglo para soltarse de su agarre.

_ ¿Cómo olvidarlo?- mascullo el rubio en un tono cargado de odio- Cuando finalmente la guerra termino y pensé que podíamos ser felices… ¡Fui tan ingenuo al pensar que yo te importaba! ¡A ti! Que eres el primo del ser mas maligno que existiera. Y ahora después de 16 años tienes la desfachatez de presentarte ante mí.

_ ¡Nunca quise hacerte daño, Draco! ¡Eres lo mas importante que alguna vez he tenido!- el rubio iba a interrumpirlo- ¡Déjame terminar! ¡Tuve que huir! Si me dejaba atrapar se que jamás hubiese salido de Azkaban. Y cuando se descubriera mi relación con Tom iban a darme el beso de dementor por esa absurda mentalidad de ganado aterrado que han asumido luego de la guerra.

Draco lo miraba impasible, para finalmente contestar:

_ Ya no me importa. Desde ese día en que regrese a la mansión ansioso por encontrarte y descubrí que me habías abandonado, dejaste de importarme. No puedo decir que te odio, estabas muerto para mí hasta que volviste. Solo fui diversión para ti, alguien que calentaba tu cama por las noches. Pude haber caído una vez. Cuando era un chico inseguro y asustado que solo buscaba protección. Pero ya no pienso volver a caer, Andriev.

_ ¡Fuiste mas que eso!- insistió, desesperado. Porque esas palabras que el rubio le dirigiera, sin el tono frio y severo que hasta entonces utilizara. Sonaban como una despedida.

Draco iba a contestarle, pero nunca llego a hacerlo. De no ser por el hubiese caído al suelo.

16 años… 5 meses… en el Pasado.

Un rubio caminaba fastidiado por los largos y fríos pasillos de aquella mansión su cuando era niño sentía miedo de ella… ahora vivía aterrado hasta de respirar. Ahora su casa era el punto de reunión de los mortifagos y el hogar de Lord Voldemort ya no podía llamarla su casa.

Su padre cambio radicalmente a raíz de eso, era un fanático mas de ese loco asesino cara de serpiente porque ahora que lo tenia cerca u era testigo de su perversidad en toda la extensión de la palabra. Sabía que no quería nada que ver con aquello.

Estaba en una posición comprometida, atrapado y sin salida.

Le rogaba a Merlín que no llegara el momento en que el loco cara de serpiente se fijara en el, su padre lo estaba deseando y le presionaba para que tomara parte en las torturas y ataques a muggles. Hasta ahora se salvaba gracias a su madre. Pero ella no podría ayudarlo siempre… tan distraído estaba que choco de bruces contra alguien mas, solo la rápida reacción del hombre impidió que Draco se fuera de bruces contra el suelo. El rubio a duras penas contenía los temblores que invadían su cuerpo, como mínimo se había hecho acreedor de una buena maldición.

Los mortifagos no eran conocidos por su carácter dócil. Cual no seria su sorpresa al sentir una caricia sutil en su mejilla.

_ ¿Te encuentras bien?- era una voz desconocida.

Al abrir sus ojos el rubio se encontró con un hombre de cabello castaño oscuro, elegantemente vestido con unos expresivos ojos color verde "Se parecen a los de Potter"- pensó.

El rubio asintió siendo incapaz de encontrar la voz. Y es que no era para menos, el hombre era muy guapo. Además que su presencia realmente imponía. Pero por alguna razón que no terminaba de comprender se sentía intimidado por su presencia.

_ Estaba distraído pensando pero eso no es excusa- mi nombre es Andriev Gaunt - se presento el desconocido.

_ Draco Malfoy- se presento el rubio, saliendo de su trance.

_ Es un placer conocerte ¿Te importaría mostrarme el camino al estudio?- pidió.

Draco inmediatamente se tenso, teniendo sus reservas hacia el desconocido. Una de las principales ordenes que su padre le dio fue la de mantener a todo el mundo alejado del despacho. El cual estaña a plena disposición del Lord, se encontraba en una disyuntiva. Tenía miedo a la reacción de ese hombre cuando se negara a mostrarle el camino y por otro lado temía la reacción de su padre y la del Lord si se atrevía a desobedecer.

_ No… no puedo ayudarle, lo lamento será mejor que siga mi camino- se apresuro a decir el chico.

Pero antes de poder desaparecer por la esquina del pasillo el hombre lo tomo del brazo

_ No debes temer a un castigo por ayudarme. Creo que debí mostrarte esto antes de pedirte ayuda- a la vez que hablaba el hombre buscaba algo en el bolsillo de su túnica, resulto ser una especie de relicario con el mismo escudo que el Lord había hecho colgar en el despacho de la mansión.

No muy seguro, Draco asintió y emprendió el camino sin girarse ni una vez para ver si el hombre lo seguía o no. Se sentía profundamente incomodo, como si se encontrase frente a algún peligro… pero a la vez estaba atraído por su presencia, porque era increíblemente apuesto.

El camino al despacho transcurrió en completo silencio por parte de ambos, cuando finalmente alcanzaron su destino, Andriev le sonrió a Draco y entro sin llamar al despacho. El joven pensó que ese hombre estaba completamente loco. Suspiro y se encamino a los jardines sentía que las paredes le iban a caer encima.