Hola a todos, realmente me hubiese gustado actualizar ayer. Después de todo era un día muy importante para todos nosotros los fanáticos de J.K Rowling, pero como no lo tenia listo no pudo ser.

Lamento la tardanza y espero que les agrade.

Disfrútenlo.


Albus jadeo en el pasillo, realmente se libro de milagro de tener que hacer un viaje por Red Flu a la oficina de McGonagall.

Estaba seguro que la mujer le armaría un lio sobre la puntualidad, si no es que le mandaba alguna tarea extra para "incentivarlo" a cultivar la puntualidad en un futuro.

¡Pero no era culpa suya!

Cuando finalmente recupero el aliento, saco su baúl del bolsillo de sus jeans y lo agrando con un movimiento de su varita.

Ahora que estaba en el tren podría buscar a su hermana. Lily no le escribió en todo el verano pese a que el estuvo esperando alguna carta de su hermanita.

Era costumbre general que siempre terminaba ayudando a Lily con las tareas. Solo esperaba que el problema entre James y el no afectara la relación que tenia con su hermanita.

No quería que ella lo detestara. Pero tampoco estaba dispuesto a "disculpar" a James.

A medida que caminaba le echaba un vistazo a los vagones en busca de la inconfundible melena pelirroja de su hermana. Pero a quienes encontró primero fue a sus amigos de Slytherin.

_ ¡Al!- Emma salto a abrazarlo haciendo que soltara el baúl y a duras penas evito irse al suelo con todo y la chica.- ¡Creí que no habías llegado a tiempo!

_ Estuve a punto de tener que irme a Hogwarts por Red Flu- admitió el chico.

_ ¿Y eso porque?- quiso saber Scorpius enmarcando una ceja. ¡Oh Merlín! ¿Por qué demonios tiene que verse tan sexy cuando hace eso?

_ Porque a mi papa le enviaron una lechuza importante.- se las arreglo para contestar el pobre chico, luchando por no dejarse encandilar.

_ ¿Es sobre…?- comenzó a preguntar Emma, pero Albus la silencio con una mirada significativa.

Sin embargo Scorpius se dio cuenta, no por nada el chico era el actual príncipe de Slytherin, sus ojos color plata se oscurecieron.

_ ¿Ha encontrado algo?- pregunto el rubio, luchando por enmascarar la desesperación de su voz. Pero Albus lo conocía muy bien y la podía detectar perfectamente.

_ No pude saber de que se trataba exactamente, mi padre la guardo muy rápido en su capa y luego nos aparecimos en la estación.- dijo.

_ Si llegas a saber algo Al… Me lo dirías, ¿verdad?- miradas enfrentándose, plata contra verde, algo en la mirada del rubio lo desarmo completamente.

_ Si Scorp, si supiera algo. Te lo diría.- le prometió.

_ Gracias, Al- repuso el rubio.

_ A ver ustedes dos, ya se pusieron intensos- protesto la única integrante femenina del grupo- Sois unos tortolitos de lo mas encantadores pero hacen que me sienta desplazada ¿saben?

De algún modo la magia del momento se rompió y ambos chicos estallaron en carcajadas.

_ Por Merlín Em, nadie podría pasarte por alto- comento el pelinegro cuando se le hubo pasado la risa. Por no mencionar que estaba ansioso por desviar la atención de Scorpius del comentario de la chica.

Scorpius seguía riendo pero asintió para acentuar las palabras de su amigo, mientras que la rubia los miraba a los dos, ceñuda.

En un gesto muy Slytherin (por no mencionar elitista) la chica se dio la vuelta dándole a los dos en el rostro con su bien cuidada melena rubia.

_ ¡Puaj! ¡Maldición Em, no quiero tragar tu cabello!- bramo Albus molesto.

Scorpius se sacudió con ademan de molestia y le dedico una mirada asesina a la rubia que se alejaba con su nariz bien en alto y sin prestarle atención a ninguno de los dos.

_ A veces no se como es que la soportamos- murmuro Albus, resentido.

_ Porque cuando no esta en sus días es realmente guay- comento Scorpius con una sonrisa.

_ ¡Te escuche Scorpius Malfoy!- les llego la airada respuesta de la chica desde el ultimo vagón.

Y de nueva cuenta los dos amigos volvieron a reír mientras emprendían el camino para alcanzarla.

Supongo que después hablare con Lils- pensó Albus dando una ultima mirada al pasillo antes de entrar al compartimiento y cerrar la puerta.

Muy enojado, Harry no ocultaba su frustración y más bien estaba tratando de no manifestarla en el plano físico. Nada podía hacer con las chispas que su varita despedía. La maldita carta por la cual su hijo casi perdió el expreso a Hogwarts resulto ser un callejón sin salida. Se notaba que alguien estaba haciendo esfuerzos para entorpecer su investigación.

Y el sinceramente no necesitaba mas estorbos. ¡Ni siquiera podía confiar en el Ministerio!

Tenía la impresión de que estaba a punto de descubrir algo que podría cambiarlo todo. Cada vez estaba más confuso y ya no tenía certeza de nada.

La falta de pistas era cada vez mayor. Y la ansiedad por encontrar a Malfoy crecía cada vez más.

La asistente de Malfoy pese a que hacia lo que el le pedía en la menor cantidad de tiempo posible no estaba resultando la gran ayuda que el pensó que seria, estaba claro que el rubio le oculto muchas cosas a la chica, seguro para protegerla de quien quiera que estuviera detrás de todo eso.

Pero ahí justamente residía el problema.

¿Qué era "eso" que debía comprender para llegar al rubio?

Tenía la impresión de estar luchando por armar un rompecabezas encajando a la fuerza las piezas.

Ya estaba cansado de hacer las cosas por las buenas y la vía legal. Ahora haría lo que se le daba la gana. Solo que estos no eran los tiempos de Hogwarts y se enfrentaba a algo mas que la expulsión, unos puntos menos o alguna detención.

Pero estaba dispuesto a llevarlo a últimas consecuencias para salvar a Malfoy. Porque si de algo estaba seguro es que el rubio tenia un papel importante en la reconstrucción de la sociedad mágica, pese a que no entendía las razones del aparente altruismo de Malfoy. Una voz muy al fondo de su mente le decía que tenía que darle una oportunidad, al igual que el beneficio de la duda.

Después de todo, las personas cambiaban. Y el mismo tampoco estaba muy libre de culpas.

Por un fugaz momento en su cabeza revivió aquel segundo en el baño del segundo piso, la entrada a la Cámara Secreta. El rubio tendido en el suelo con muchas heridas sangrantes y aspecto desvalido e indefenso. Y el pequeño cuerpecito de Dobby en sus brazos. Por ultimo, el rostro sonriente de Albus Dumbledore. Y Severus Snape cayendo a manos de Nagini.

No, definitivamente el no estaba libre de culpa.

Sus manos estaban manchadas de mucha sangre.

Todas las victimas que la guerra había tomado, eran sus muertos y le pesaban.

Y no estaba dispuesto a que aquella clase de horror volviera a repetirse. Tal como no quiso permitir en su segundo año, que la Cámara de los Secretos volviera a abrirse.

Así tenga que maldecir a media Gran Bretaña, voy a encontrarlo.- se aseguro.

Ahora, le sobraba pensar como procedería a partir de ese momento, porque estaba seguro que debía desconfiar de todos en esa investigación.

Al menos de todos los trabajadores del Ministerio.

Nadie estaba libre de sospecha en su radar.

_ De acuerdo Herms- decía Ginny, hablando por teléfono en el jardín trasero de la Madriguera, decidió que lo más prudente era salir de la casa para que su madre no escuchara la conversación.

Pese a que Molly Weasley no era muy amante de la tecnología muggle siendo utilizada por magos, no perdía la oportunidad de usar el teléfono para disfrutar de sus beneficios.

_ Me preocupa demasiado Gin, esta demasiado abstraído. Casi… como cuando estábamos buscando ya sabes que- comento la chica.

_ Iré a verle- aseguro la pelirroja- Pero no se porque crees que me vaya a hacer caso.- añadió a lo ultimo.

_ ¡Por Merlín! Si le pides que se lance de un puente, seguro que lo hace. Eres la única persona a la que escucha.- Hermione se escuchaba ofuscada.

_ Bien, te dejo antes que mama note la ausencia del teléfono y que no estoy dándole de comer a las gallinas. Me hare un espacio para ir al Caldero Chorreante en la tarde. Saludos a mi hermano el tonto.

Suspirando, Ginny oculto el teléfono en el gran bolsillo de su mullido delantal. Justo cuando su madre estaba abriendo la puerta del jardín.

_ ¡Ginny, querida! ¿Has visto el teletón?- le pregunto.

La pelirroja se mordió los labios para no reírse de su madre y negó con la cabeza. Ya cuando la anciana se descuidara volvería a ponerlo en su sitio.

En momentos como esos extrañaba la presencia de sus hijos, ellos lograban acaparar la atención de su madre por completo y eso le dejaba mas tiempo libre. Le daba un poco de privacidad.

Pese a que extrañaba la independencia de vivir en su propia casa, no daría marcha atrás, por sus padres. Y muy en el fondo, también por ella.

Porque vivir en la casa que durante tantos años compartió con Harry, la iba a matar por completo.

Y mucho que le costo reunir los pedacitos de su corazón y ponerse en pie nuevamente. No iba a torturarse por voluntad propia.

Suspirando, Lily miraba por la ventana sin mucho ánimo de involucrarse en el bullicio de la sala común. Y es que no estaba de ánimos para nada en lo absoluto. Primero, sus padres se divorciaron. Segundo, sus hermanos se pelearon entre ellos y no soportaban siquiera vivir en la misma casa. Tercero, paso el peor verano de su vida, sobrecargada de deberes que su abuela Molly muy "amablemente" le endilgo. Cuarto, no tenía idea de que demonios iba a decirle a McGonagall cuando pidiera los deberes que debió haber terminado durante el verano.

Total, la Gryffindor tenía un aura completamente decaída.

De vez en cuando daba miradas de reojo hacia donde su hermano James estaba sentado rodeado de su grupo de "amigos" y con esa tipa a la que ella no soportaba. Aparentando que todo estaba bien cuando en realidad no lo estaba.

De repente la depresión se hizo a un lado para dejarle rabia, coraje contra su hermano James.

Si tan solo no se hubiese dedicado a hacer el idiota, su hermano Albus no lo detestara y al menos ellos tres seguirían siendo los mismos hermanos de siempre.

Porque de un momento a otro todo exploto como los naipes cuando jugaban al Snap Explosivo.

_ Son unos idiotas.- mascullo ella furiosa, subiendo las escaleras hasta el dormitorio de las chicas. Sin mirar ni a los lados y haciéndose la desentendida si es que alguien la llamo.

En la Sala Común de Slytherin.

Un rubio leía su libro de Pociones sin prestarle atención al escándalo que estaban montando los demás. Por lo general su sala común siempre era ruidosa. Porque pese a que a nadie le gustara hacer bromitas estúpidas o soltar risotadas, muchas personas hablaban a la vez, creándole al rubio la desagradable sensación de estar sumido en un avispero.

Se rindió cuando llevaba al menos unos 10 minutos leyendo la misma oración, cerro el libro de manera algo fuerte, tratando de contener su malhumor, los nudillos estaban aun mas blancos que de costumbre por la fuerza con la que presionaba el texto.

Últimamente iba de la melancolía a la más pura impotencia que se manifestaba en la furia.

Confiaba en Albus, por ende, confiaba en el señor Potter y en que este seria capaz de encontrar a su padre. Pero… ¡¿Por qué tenia que tomar tanto tiempo?!

Respiro hondo, tratando de mantener los papeles y se encamino a las habitaciones, no podía darse el lujo de dar espectáculos en la sala común. Sabía que cuando su padre era estudiante, era conocido como "El Príncipe de Slytherin" el alumno preferido del profesor de Pociones, respetado por todos los miembros de su casa.

El en cierta manera se había hecho de su propia reputación, pero era consciente que en la época en la que su padre fue a Hogwarts las cosas para los Malfoy estaban muy diferentes.

Ahora la mayoría de la gente los veía con recelo, como si fueran todos unos magos tenebrosos que fuesen a enloquecer de un momento a otro y caerles a maldiciones. Él se percataba que más de un compañero de cuarto o de casa, se cuidaba de no enfadarlo.

Y se daba cuenta porque era una persona muy perceptiva.

Y esa actitud que tenían hacia él, le enfermaba.

Que el no era ningún asesino peligroso. Si lo hacían enfadar lo máximo que haría seria lanzar un par de maldiciones

Por la manera en que se comportaban pareciera que estuviesen ante Lord Voldemort en persona o en su defecto, de un hijo suyo.

James suspiro, en la Sala Común las cosas estaban resultando más fastidiosas de lo que estaba acostumbrado a soportar.

Todo era una perfecta mierda.

Y para sumarle felicidad su hermanita estaba muy molesta con el.

Su familia se había convertido en muchos pedacitos, su padre no quería saber nada de el. Y su hermano lo mando al infierno.

La única que le quedaba era su mama, y podía notar como lo miraba, cuando creía que el estaba distraído.

Lo miraba con profunda tristeza.

Por el todo podía irse al infierno.

Ya no podía salirle mal otra cosa… ¿Verdad?

Y si le salía, ya bien podía mandarlo todo a la mierda.

Desde ese encuentro en los pasillos de la mansión no volvió a ver a Andriev Gaunt. Pero ciertamente desde el incidente con el castaño tenia muchísimo mas cuidado mientras andaba por los pasillos de la mansión y trataba de reducir las salidas de su habitación.

Hasta el punto en que no salía de allí ni siquiera a la hora de las comidas, muy a disgusto de su padre. Pero gracias a su madre no tenía mayores problemas.

Por una vez, Draco Malfoy se salía con la suya y no se sentía muy feliz que se diga.

Las paredes de su habitación parecía que le iban a caer encima de un momento a otro, pero solo le bastaba recordar que su mansión estaba llena de mortifagos, prisioneros y muggles a quienes se torturaba de la peor manera posible. Solo bajo a las mazmorras de la mansión una vez y por que su padre le obligo a hacerlo para "congraciar" al Lord.

Lo que significaba que el mismo tuvo que cruciar a mas de la mitad de los muggles que se encontraban allí… escuchando sus gritos, sus suplicas. Y en algunos casos, sus maldiciones.

Ese fue el día en que Draco Malfoy se sintió sucio por primera vez. No estábamos hablando de llamarle "sangre sucia" a un par de chicos o jugarle bromas pesadas a otros tantos. No estaba dispuesto a hacer aquello. No quería ser el responsable de torturar o asesinar a una persona nunca más.

¡Tuvo que ver durante semanas a toda esa gente poblando sus sueños! ¡Revivir sus últimos momentos de vida! ¡Sus muertes!

¡Y las ultimas palabras que les dirigían!

Fue difícil pero no imposible, finalmente logro escaparse de las sesiones de torturas en las mazmorras pero a cambio de eso se transformo en una especie de "vulgar mandadero" como su padre le llamaba con desprecio.

El se encargaba de toda clase de tareas, desde mostrarle el camino a las "visitas" del Lord y a los mortifagos que no estuvieran familiarizados con la mansión. Y de buscar a las personas.

Fue un día que empezó como cualquier otro, con un rubio encerrado en su habitación y despertando para enfrentar un nuevo día de confinamiento…

Cuando se disponía a ducharse escucho el sonido de alguien llamando a su puerta.

_ Adelante- contesto adormilado.

Un elfo domestico apareció ante el, haciendo una reverencia.

_ Lamento interrumpirle amo Draco, señor- murmuro la criatura- El señor tenebroso pidió su presencia.

Sintiendo un escalofrió bajar por su espalda, literalmente salto de la cama y busco una de sus mejores túnicas, lavo su rostro, sus dientes y arreglo su cabello lo mejor que pudo, no quería hacer esperar mas de lo necesario a Lord Voldemort… temblaba de pies a cabeza y a duras penas mantenía la compostura, llego al estudio en tiempo record, llamo a la puerta y cuando obtuvo respuesta afirmativa, entro.

Se encontró con que en el despacho solo se encontraban Lord Voldemort y… Andriev Gaunt.

El castaño le sonrió amablemente desde su lugar junto al Lord.

_ Joven Malfoy- la voz fría de Voldemort lo aterrorizaba tanto o más que su mera presencia. Por eso le costaba mucho mantener la compostura ante el

_ Mi señor- se inclino respetuosamente.

_ Tengo una misión para ti, Draco. Serás el encargado de asistir a Andriev en todo lo que necesite, donde y cuando lo quiera.- como siempre el señor oscuro disponía y todos tenían que obedecer.

Hizo una reverencia a su señor y al hombre que de ahora en adelante serviría.

_ No le entretenemos mas, mi Lord- se excuso el castaño con una elegante reverencia, caminando hacia la puerta seguido del rubio.

Cuando se encontraron en el pasillo y a cierta distancia del estudio…

_ Lamento si es que se impone demasiado, le comente que necesitaba algo de ayuda porque solía perderme en esta mansión todo el tiempo y ni que decir en la calle.- dijo el castaño- No sabia que te encargaría hacer de mi asistente. Pero si no quieres no hay problema.

Ante las ultimas palabras, el rubio no pudo hacer mas sino mirarlo sorprendido.

_ Las ordenes del Lord deben ser cumplidas- contesto el rubio. Esa era la primera regla irrompible que debías aprender si querías vivir con Lord Voldemort.

_ Te repito, si no quieres hacer esto no estas obligado- dijo el castaño como si no le hubiera escuchado y Draco comenzaba a sentirse frustrado. De una manera que no le gustaba nada.

_ No me molesta en lo absoluto. Son las ordenes del Lord- dijo el rubio, sin entender en absoluto la actitud de ese hombre frente a el.

¡Las órdenes del Lord eran absolutas!

_ No quiero que estés conmigo por obligación, pero veo que eres bastante necio. Tienes la mañana libre, cuando necesite tu ayuda te lo hare saber- el hombre se escuchaba algo exasperado.

Draco se encamino de regreso a su habitación. Lo único que pasaba por su mente era mantenerse alejado de esas mazmorras, de la sangre, el dolor y la desesperación.

Su casa se convirtió en un lugar frio y hostil en el cual sobrevivir era su prioridad. Todos los buenos recuerdos que alguna vez tuvo en esa mansión, parecían muy lejanos.

Draco Malfoy despertó lentamente, como a los trompicones.

Se encontraba tendido en una cama bastante cómoda, por un segundo mientras se encontraba entre la consciencia y la inconsciencia pensó que se encontraba en su habitación en Malfoy Manor y que todo lo del secuestro solo fue un mal sueño.

Pero cuando finalmente abrió los ojos, se dio cuenta que lo del secuestro de hecho si paso y que se encontraba aun en ese lugar.

Aquella habitación en la que se encontraba sin embargo era muy diferente a la celda lodosa o a la habitación de piedra blanca donde pasó gran parte de su tiempo.

Si no supiera que se encontraba en el interior de una gran cueva que a su vez se encontraba dentro de una montaña, no se la creería.

No es que fuera una habitación excesivamente lujosa. Tenía lo que era necesario. Pero podía asegurar que todo allí era de tan buena calidad como lo que de su mansión.

Quería escapar pero era consciente del estado lamentable en el que se encontraba su cuerpo. De no ser por la llegada de Andriev estaba seguro que esos brutos los hubieran matado a el y a la medimaga que lo estaba cuidando.

Debía agradecerle al hombre por su vida. Aunque era lo que menos quería en esos momentos era eso.

Mientras su cuerpo no se recuperaba del todo no podía reunir la magia suficiente para escapar de allí. Estaba seguro que ese sitio estaba lleno de defensas mágicas y que con un nivel débil de magia no podría escaparse de allí. Y otro inconveniente era el de tener que estar ocultando su apariencia con el Glamour. No sabía como es que el hechizo no se había roto después de todo lo que paso a manos de esa cuerda de salvajes.

Tenia que salir de allí cuanto antes, le preocupaba Scorpius y no quería estar atrapado en ese sitio cuando el hechizo cayera. Eso seria el peor escenario posible.

Estaba seguro que el Ministerio debía haber puesto a uno o dos aurores en su búsqueda. Solo podía rogar que lo encontraran… demasiadas cosas estaban en juego.

Malhumorado, Potter intentaba hacer que las malditas piezas encajaran de una vez, pero es que… ¿Qué demonios es este berenjenal?

Tenía que haber más de una persona o más de un grupo de personas implicadas en eso. Y todos aquellos debían perseguir fines distintos. Esa era la única explicación que encontraba a ese desastre.

Su investigación le guio por varios asesinatos sin resolver de aurores en las ciudadelas de los "regenerados", unas cuantas escaramuzas de familias sangre pura con el ministerio o entre ellas. Y desapariciones de exonerados. Eso sin contar la corrupción y todo ese caos se conectaba con Malfoy y su desaparición.

Harry nunca pensó que llegara un caso el cual no pudiera resolver pero ese al parecer se estaba convirtiendo en el primero.

Con su hijo en Hogwarts ya no tenía otra preocupación en mente y por eso estaba enfocado completamente en lo que tenía que hacer.

Se pasaba el día investigando para lograr entender todo lo que tenia entre manos y presentarle algo solido a sus superiores.

Por eso no había tenido tiempo de contactar con Emergande para que la chica le ayudara con los documentos de los proyectos en los que Malfoy trabaja. Pero no debía tardar en hacerlo.

Su habitación estaba hecha un maldito desastre por que lo que estaba haciendo era mas importante que el orden. Pidió no recibir limpieza en la habitación y lanzo los hechizos más poderosos que se le ocurrieron.

Debía proteger su trabajo.

Reunidos en la sala común, dos Slytherin planificaban aprovechando el poco tiempo que tenían para estar a solas.

_ ¿No te parece un poco infantil?- cuestiono el pelinegro a su amiga rubia.

_ Es un comienzo, no iba a poner mi plan mas espectacular solo para el inicio, ese lo guardaremos para nuestro gran cierre- comento cierta serpiente rubia con una sonrisa de oreja a oreja.

_ Sabes que Scorp no estará de acuerdo con eso.- continuo Albus con su dialogo.

_ El nunca esta de acuerdo con las cosas divertidas- se quejo Emma en voz baja y con un ligero puchero adornando sus labios, cosa que hizo reír a Albus.

_ ¿Cuándo lo hacemos?- pregunto el chico.

_ La próxima semana. Escuche a Scorpius quejándose de que le tocaba el peor turno de guardias. Estará bastante lejos del campo para ese entonces- contesto ella.

_ A darle duro a esos Gryffindor- concluyo Albus con una sonrisa maliciosa de medio lado.

El tan esperado día llego, y cierto par después de ultimar detalles y despedirse de su rubio amigo, emprendió el camino al campo de quidditch con sendas sonrisas maliciosas en el rostro.

Se anuncio la temporada de casería de Gryffindor.

Desde un principio Albus acordó que la parte complicada la haría el.

Su padre le hizo un regalo muy especial ese verano que estaba más que ansioso por probar.

Las palabras exactas que le dijo al entregársela fueron: Úsala bien.

La capa de invisibilidad era un legado que según su padre, le fue entregado por el viejo director de Hogwarts en su primera navidad en el castillo, y su padre después de reflexionar decidió que Albus era quien debía heredarla… después de todo poner esa capa en las manos de James seria desatar el infierno en el castillo y matar de un infarto a McGonagall.

Después de todo Albus no se metía en problemas.

Con una sonrisa, el chico continuo su camino al campo, el sitio estaba desierto porque no había partido. Solo la practica del equipo de Gryffindor donde su hermano era el buscador además del capitán.

Emma se quedaría escondida en los alrededores del campo y esperaría la señal.

Fue hacia los vestidores cuidándose de no hacer ningún ruido. Aunque pensaba que los latidos de su corazón por si mismos ya eran lo suficientemente ruidosos para que alguien los escuchara.

Escucho las risas y conversaciones provenientes del vestidor, se ubico en una de las ventanas cuidando de tener perfecta vista a las duchas y a los casilleros donde los jugadores guardaban sus cosas.

Apunto con su varita y se concentro. (Ya sabia hacer encantamientos no verbales) mas que conveniente para aquella circunstancia.

Quiso quedarse a disfrutar la función… pero era demasiado peligroso. La capa lo hacia invisible mas no intangible y con la confusión que iba a formarse allí era seguro que terminaría chocando con alguien y esa no era la idea del asunto.

Cuando llego a donde se encontraba Emma vio como comenzaba a llegar gente del castillo. Y es que habían hecho circular el rumor de que el capitán del equipo de Gryffindor pidió la asistencia de público a ese entrenamiento (cuidándose de que los miembros del equipo de Gryffindor no se enterasen)

_ Lastima que no podamos ver esto.- comento Emma con un puchero en su hermoso rostro, que fue sustituido por una hermosa sonrisa.

_ Que se le va a hacer Ems, conformémonos con que nuestra obra de arte recorrerá todo Hogwarts por semanas.- dijo el chico con una sonrisa tan maliciosa como la de su amiga, los dos se cubrieron con la capa y salieron de allí…

Dentro del vestidor, después de un discurso alentador de su capitán y una buena sesión de entrenamiento, el equipo de Gryffindor se estaba preparando para regresar al castillo. Claro antes de eso tenían que darse una buena ducha y cambiarse esas ropas sudadas y sucias.

Y allí comenzó el espectáculo.

El primero que abrió las llaves de agua, casualmente James… se quejo de que el agua no salía, y cuando los demás probaron en sus respectivas duchas, sucedió lo mismo. Como si algo estuviese atascado en las tuberías.

Y de repente un torrente de líquido verde viscoso los baño por completo y por más que trataban de cerrar la llave de la ducha, aquella maldita cosa seguía fluyendo.

_ ARG ¡¿Qué mierda es esto?!- se quejo uno de los golpeadores.

_ ¡Me están saliendo forúnculos por todas partes!- chillo una de las cazadoras, casualmente la novia de turno de James.

Se escucho un estruendo cuando uno de ellos resbalo al intentar salir de la ducha y luego un rugido de dolor.

_ ¡Las malditas cosas estallan y duelen un montón!-se quejo adolorido el pobre desafortunado que cayo en la ducha- ¡Y salen montones de pus, maldita sea!

En la pared de frente a las duchas. Unas palabras comenzaron a escribirse solas, la única mujer del equipo lanzo un chillido… era como si una mano gigante estuviese escribiéndolas.

Espero que estén disfrutando la ducha.

Seria una pena que nuestro esfuerzo no se viera recompensado.

Si quieren culpar a alguien de esto:

¡Culpen a James Potter!

P.D: Las serpientes somos muy vengativas.

_ ¡JODIDAS SERPIENTES DE MIERDA!- bramo un furioso James Potter. Para luego soltar un alarido de dolor y es que cierto "recuerdo" en su mano comenzó a arder peor que una quemadura. Maldito Malfoy- pensó el moreno con resentimiento.

_ ¡¿Qué coño hiciste esta vez James?!- le espeto alguien.

_ ¡Voy a freírte el culo a maldiciones, Potter!- bramo otro.

_ ¡Nuestra ropa desapareció!- chillo la chica- ¡No hay nada para taparse! Solo han dejado una bata.

_ ¡Malditos Slytherin!

_ ¡Nos han declarado la maldita guerra! ¡Esta la pagan!- un furioso Fred Weasley emanaba un aura asesina…

Definitivamente la guerra estaba en mesa.

Las palabras en la pared se desvanecieron y aparecieron otras.

La bata que hemos dejado es para la "dama" si son tan "caballeros" no dejaran que medio Hogwarts la vea desnuda… ¿o si?

_ ¿A que maldita sea se refieren con eso?

_ ¡El campo esta lleno de gente!- gimió la chica, quien se asomo a la ventana apenas puso la bata para taparse.

_ Chelsea, tu eres la única que tiene con que taparse. Sal y pide ayuda.

_ ¡No quiero salir así!- chillo ella.

_ ¡Todos los demás estamos en cueros! ¡Sal ahí de una vez por todas, maldita sea!- Fred estaba que echaba humo por las orejas. No estaba acostumbrado a que alguien le juraba bromas pese a que el era todo un experto jugándolas.

Sollozando, la chica abandono el vestidor, cubierta de forúnculos de los cuales salían gruesos pelos cubierta con la bata y descalza. Iba dejando un rastro de pus maloliente porque los forúnculos que tenia en los pies le estallaban al caminar. Y así la vieron todos los estudiantes que estaban en las gradas del campo.

Las cuatro casas de Hogwarts.

Y todos ellos reían. La señalaban y se burlaban. Y seguían riéndose.

A la final, la pobre chica salió corriendo en medio de sollozos y tratando de taparse la cara con las manos pero en el proceso se lastimaba los forúnculos por lo que tuvo que dejar de hacerlo.

Así la encontró McGonagall en medio de una multitud que se agolpaba a las afueras del Gran Comedor para verla y reírse a la vez que unos cuantos tenían expresiones de asco. Los prefectos no se daban abasto para contener a la gente y entre ellos estaba por supuesto, Scorpius Malfoy.

Al verlo, la mirada de la chica refulgía en odio… Los Slytherin fueron los que organizaron esa bromita para ella y todo el equipo.

_ ¡Maldita serpiente!- chillo furiosa.

El rubio se hizo el que no era con el. Y Albus que se encontraba en la multitud pudo ver como por un momento la mirada gris del rubio refulgía con pena.

_ ¡BASTA!- McGonagall disperso a la multitud bajo la amenaza de bajar puntos a todo el mundo. Y cuando quedo frente a la chica…- No permito esa clase de lenguaje en mi escuela, señorita…

_ Anne Marie Perks- dijo ella, sintiendo ganas de llorar al ver que ni siquiera podían reconocerla bajo todo ese montón de sustancia verdosa, pelo y forúnculos.

_ En el campo de Quidditch, todo el equipo esta en los vestidores profesora- dijo ella.

_Bien, voy ahora mismo- dijo la anciana mujer y para quien la viera era obvio que estaba furiosa- Señorita Boot- la prefecta de Ravenclaw volteo a verla- Quiero que acompañe a la señorita Perks a la enfermería.

Una vez se aseguro de que su orden fue cumplida, la mujer emprendió el camino al campo de quidditch. Y en el reloj de Gryffindor se restaron veinte puntos por el insulto que la chica hizo al joven prefecto de Slytherin.

En las mazmorras se estaba haciendo una fiesta. Todos reían y hablaban sobre lo que paso temprano en el campo de quidditch.

_ ¿Quiénes fueron?

Esa pregunta se repetía una y otra vez en la sala común.

Emma y Albus se miraban cómplices y acordando guardar silencio, no convenía que se supiera la identidad de los que jugaban esas bromas, no querían que alguien fuera a cometer un descuido y comentara aquello con la persona equivocada (McGonagall o Snape por ejemplo)

_ Oigan ¿y si fue Malfoy?- alguien sugirió eso.

_ ¿Estas loco? Es un prefecto- salto alguien más.

_ Igual yo también creo que fue Malfoy. Después de todo Potter y Weasley se la debían desde hacia tiempo- salto otro.

Y así, al final se llego a la conclusión de que Scorpius lo había hecho.

Y todos en la casa tenían al rubio como una especie de héroe.

Emma y Albus sin saber que hacer con todo aquello solo permanecían en la sala común hasta que su amigo llegara…

Y cuando el rubio finalmente llego, la sala común estallo en vítores y gritos de ¡Viva Malfoy!

El pobre rubio estaba algo confundido, hasta que comenzó a sumar dos mas dos…

_ Yo no lo hice- aseguro a sus compañeros de casa que seguían festejando y felicitándolo.

_ ¡No finjas con nosotros, Malfoy!

_ ¡Esa fue buena!

_ ¡Ya era hora que alguien le hiciera una mala pasada a esos Gryffindor!

Dándose cuenta de que no le creían y no queriendo estropearles el festejo, busco con la mirada a sus amigos. Ellos estaban sentados en una de las esquinas más discretas de la sala.

_ ¡Ya pensábamos que no venias!- se quejo Emma besándolo en la mejilla. A la vez que lo abrazaba.

_ Se armo una buena allá afuera. McGonagall esta furiosa y nosotros tuvimos que ayudarla a dispersar a la gente- comento el chico dejándose caer elegantemente en el sofá libre más cercano.

_ Ya quisiera saber quien lo hizo- dijo Emma dando un suspiro, para luego sonreír ampliamente- De una me casaría con el.

Scorpius le dio una mirada incrédula y Albus se rio con ganas.

_ No puedo creer que les parezca gracioso- les dijo Scorpius con un tono de voz lleno de censura.- a Perks va a quedarle un trauma de por vida.

_ Relájate Scorp. Madame Pomfrey puede con cualquier cosa, seguro que con un par de pociones queda como nueva y asunto olvidado- dijo Emma encogiéndose de hombros.

_ Ese no es el punto, quien quiera que hizo esto va a volverlo a hacer- dijo el rubio con gesto de malhumor- Y todos creen que yo lo hice. A la larga esto me va a perjudicar.

_ Ningún profesor va a culparte a ti, ¡eres un prefecto! El siempre responsable, respetuoso e inteligente Scorpius Malfoy, además no hay pruebas que indiquen quien lo hizo. Y no creo que nadie aquí te señale como responsable aunque todos creen que lo hayas hecho. No se como sea en las otras casas pero entre serpientes nos cuidamos. ¿Cierto Al?

_ Completamente- confirmo el pelinegro.

Scorpius les dedico una sonrisa que Albus califico de cansada.

_ Yo solo quiero que dejen de estar en guerra unos con otros. ¿Eso es tan difícil?

_ Ya lo creo que si- respondió Emma inmediatamente.

_ Ellos comenzaron con esto.- la secundo Albus.

_ Y ustedes lo están terminando- concluyo Scorpius levantándose y marchándose a su habitación.

Emma suspiro y cruzo los brazos mirando al rubio, enojada.

_ Te juro que no lo entiendo. ¡Por Merlín! ¿Cómo puede ser tan pacifista?

_ En eso se parece a su padre- dijo Albus, encogiéndose de hombros- sabíamos que el reaccionaria así Emma. Ya no te ofusques. Dejemos pasar un poco de tiempo y luego volvemos a las andadas. En la próxima, creo que no debemos usar una firma.

_ Lo que tu digas, cuando se me ocurra una buena te aviso.

Ambos chicos festejaron un poco más en la sala común y luego cada uno se fue por su lado.

Albus, solo pensaba en cierto rubio.

Perdona pero simplemente tengo que vengarme de todo lo que te han hecho Scorp.


Me despido, ya tengo la idea de lo que haré para el siguiente capitulo...

¿Alguno piensa que fui muy dura con los Gryffindor?

Hehe si es así lo lamento pero, como bien dije los Slytherin somos un poco vengativos.

¿Esta autora se merece un rw?

Acepto sugerencias para las futuras bromas XD. Tanto de Gryffindor como de Slytherin.

Si no tienen cuenta y quieren participar, pueden encontrarme en mi facebook

Cyss Librae.