Hola a todos estoy de vuelta con el fic.

Muchas gracias a los que me dejan comentario.

Tambien a los que leen y no comentan, que se que son bastantes.

Voy lenta pero segura, de una vez les deseo feliz Halloween.

atte: Cyss Darko


Después de la que fue una de las carreras mas agitadas de su vida, Harry llego a su habitación en el Caldero Chorreante por última vez.

Consiguió un departamento el cual era bastante espacioso como para poder estar cómodamente en el y recibir la visita de sus hijos en vacaciones, siempre y cuando se pusiera de acuerdo con Ginny por supuesto. No creía que la pelirroja fuera a negarle su derecho de ver a sus hijos pero uno nunca sabia.

Ya no conocía a Ginny tan bien como creía y tenia que estar preparado para cualquier cosa, al menos eso era lo que le dictaban sus instintos de auror.

Ese día lo dedicaría por completo a empacar las cosas e instalarse en su nuevo apartamento, era uno ubicado en el centro de Londres en un edificio bonito y discreto. Nadie se metería en sus asuntos por esos lados y ya se encargo de poner todas las protecciones mágicas pertinentes (y prudentes) en su nuevo hogar.

El caso de Malfoy quedo algo relegado de momento pero no lo olvidaba ni por un instante. Aunque parecía que sus avances estaban estancados y no se lo explicaba porque contaba con acceso a todo lo que pudiera necesitar e incluso tenia como aliada a la propia asistente de Malfoy. Entonces, ¿Qué demonios era lo que estaba haciendo mal?

Ya estaba comenzando a tener la sospecha de que ese caso no podría llevarlo como los demás. En este tendría que involucrarse más de lo que jamás pensó hacerlo.

Pero a la vez pensó, un poco irónico que no tenía nada que perder.

Y al contrario, el mundo mágico tenia mucho que ganar si es que encontraba a Malfoy y lograba devolverlo a casa sano y salvo.

Si para encontrar a Malfoy tenia que saltearse todas las reglas que aprendió en la Academia de Aurores bien que lo haría.

Lo que tenia claro en ese momento es que si el procedimiento iba "bien" pero estaba sin avanzar mucho.

Tenia que comenzar desde cero. Su experiencia le decía que llego a un punto en donde un muro inexpugnable se estaba interponiendo en su camino.

Hasta ahora todo marchaba a las mil maravillas. Andriev Gaunt se encontraba en su despacho con una sonrisa de medio lado. Sus labores para entorpecer la investigación de Potter estaban dando resultados.

Pagarle a algunos funcionarios para que desaparecieran unos cuantos pergaminos, asegurarse de que Potter no pudiera encontrar a las personas que buscaba cuando le era posible…

Aunque claro, el mismo Draco le facilito el trabajo gracias a su afición de actuar en secretismo.

Tenía todo lo que podía querer. Pero no podía darse el lujo de confiarse, su plan no fue ejecutado a la perfección gracias a la incompetencia de unos cuantos de sus subordinados. Y esos cuantos cabos sueltos podrían ser un problema si es que Potter se percataba de ellos.

Borrar sus huellas debía ser su prioridad de momento, ya después se centraría en sus objetivos secundarios. (Desaparecer a Potter de la faz de la Tierra)

Las tensiones entre Gryffindor y Slytherin eran más notorias que nunca, y en medio de ese enredo los pobres estudiantes de las dos casas restantes trataban de esconderse en el fuego cruzado.

Desde esa espectacular broma que las serpientes les habían hecho a los leones, los miembros de ambas casas se lanzaban maldiciones y se jugaban bromas de lo más crueles.

Los prefectos no se daban abasto poniendo amonestaciones.

Estallo la temporada de guerra entre Gryffindor y Slytherin.

Hogwarts estaba completamente revolucionada y dividida. Y el entusiasmo de esa guerra entre leones y serpientes estaba comenzando a envolver a las águilas y a los tejones.

Y en medio de esa guerra, una de las personas imparciales era Lily Potter.

La pelirroja caminaba tranquilamente por los pasillos sin temer que alguien pudiera jugarle una broma. Además de llevar el apellido del salvador del mundo mágico, tenia dos hermanos mayores muy sobreprotectores que cocerían a maldiciones a quien le tocara un solo cabello.

Cuando ella llegaba a un pasillo y estaba teniendo lugar una guerra de maldiciones, la lucha se detenía hasta que ella pasaba de largo. Todo aquel pandemónium estaba desestabilizando al castillo.

Hogwarts no tenía suficientes profesores para controlar aquella situación, y cuando Lily pensó que no podía ser peor… empeoro.

Ahora no solo era guerra entre los leones y las serpientes.

Era una lucha absurda de poderes. Una situación que todos aprovechaban para molestarse entre ellos.

De una guerra entre casas paso a ser una guerra en toda regla en el colegio.

McGonagall controlaba las cosas lo suficiente como para que en el Gran Comedor, la Enfermería y la Biblioteca las cosas siguieran estando tranquilas.

El orden en los salones de clase dependía de cada profesor por separado. Un ejemplo claro, el profesor Snape quien daba clase en las mazmorras era quien mantenía el orden en toda esa sección del castillo.

Un profundamente fastidiado Scorpius Malfoy iba de regreso a las mazmorras, estaba tan cansado…. Mataría por dormir una buena siesta. Pero como aquel pandemónium no parecía cercano a calmarse los prefectos tenían que hacer turnos extras.

Todo paso tan rápido que no pudo defenderse. Sintió como su cuerpo era levitado y lanzado contra la pared de piedra a su espalda.

Aun no se encontraba lo suficientemente cerca de las mazmorras como para haberse descuidado tanto, pero ya era tarde. De estar alerta sabia que no hubiese podido hacerle aquello.

Frente a el, una silueta muy reconocible.

James Potter le apuntaba con la varita y una expresión que prometía muchas cosas, no precisamente agradables.

_ Al fin puedo atraparte maldito infeliz. Te vuelves muy descuidado cuando estas cansado. ¿Disfrutas del trabajo extra?- cada palabra estaba cargada con un profundo odio. El mismo que resplandecía en la mirada de James.

_ Déjate de juegos Potter. Creo que aun te hace efecto mi pequeño regalo. ¿Extrañas decir la palabra serpiente?- sin dejarse amilanar, Scorpius hizo gala del famoso sarcasmo Malfoy. Dedicándole una sonrisa burlona al Gryffindor.

Eso pareció enfurecer aun mas al mayor si es que eso era posible, y lo siguiente que sintió Scorpius fue su espalda dar de nueva cuenta contra el muro de piedra pero esta vez con más fuerza.

_ ¡No juegues conmigo maldito hijo de perra!- bramo James furioso.

El rubio no hizo ni un solo gesto de dolor, pese a que podía sentir un fino hilo de sangre recorrer su espalda. Escudriñaba el oscuro suelo de piedra del castillo en busca de su varita. El impacto contra la pared le hizo soltarla y vaya que se arrepentía de ello.

No quería tener que usar magia sin varita. Su padre le instruyo que aquello no era algo que podía dejar pasar. Aparte de la visita a la Enfermería que seguiría, tenia otra razón de peso para evitarlo, su madre le había rogado que no lo hiciera nuevamente. Y estaba dispuesto a cumplir su palabra.

Miro desafiante al Gryffindor, no estaba dispuesto a dejarse amilanar y ese puto gilipollas debería aprenderlo de una jodida vez.

Poco a poco, la relación superior-asistente que mantenía con Andriev Gaunt fue convirtiéndose en algo mas, después de todo eran esos ojos, los ojos del castaño eran su perdición, esos ojos verdes eran los que le inquietaban en primer lugar… se parecían tanto… eran casi una copia de los de el.

Pero por supuesto que nunca serian iguales. Sin embargo le bastaba.

Le bastaba tener al menos un recordatorio, pero sabia, y le pesaba en lo mas profundo que esos ojos pese a lo parecidos que eran a los de el.

Nunca serian iguales a esos ojos tan enigmáticos que tenia Harry Potter.

Aunque no estaba para ponerse exigente. Quería a Andriev Gaunt pero era porque parte de el, aunque fuese pequeña… le recordaba a la persona que mas quería, (y odiaba) le recordaba, a Harry Potter.

Quizá era un motivo bastante pobre para querer a alguien y en el fondo sabia que aquello le causaría más mal que bien, pero en su debilidad, insistía en tener algo, alguien a quien acudir, a quien aferrarse.

¿Era algo tan malo?

Caminando a toda prisa por el Callejón Diagon con las bolsas de la compra, Ginny Weasley sabia que tenía un último destino, El Caldero Chorreante.

Pese a que no estaba muy convencida de aquello no pudo negarse cuando Hermione le pidió ese favor telefónico, la chica sonaba bastante preocupada y que le hubiese dicho que Harry estaba tan volcado en esa investigación como lo estuvo en la guerra contra Voldemort no la dejo muy tranquila precisamente.

Aunque decidió que lo mejor que podía hacer era divorciarse de Harry, aun lo amaba. Y no podía dejar de preocuparse por el, por mas que se dijera a si misma que debía mantener la distancia.

Y ser consciente de que Harry la amaba no ayudaba a facilitarle las cosas.

Pero como toda una Gryffindor y Weasley que era, cuando se le metía algo en la cabeza nadie podía hacerla cambiar de idea.

Era lo que vulgarmente se llamaba "cabezonería".

Cuando llego a su destino, fue directamente a hablar con el anciano Tom que seguía como siempre detrás de la barra.

_ Ah, señora Potter…- saludo el anciano afablemente.

Y su inocente saludo fue como una puñalada directa a su pecho, aun así le sonrió amablemente porque no era culpa suya querer ser educado.

_ ¿Cómo se encuentra Tom? He venido a ver a Harry. ¿Esta en su habitación?

El hombre pareció sorprendido.

_ ¡Oh! ¿El señor Potter no le dijo? Nos ha dejado hace un tiempo- le indico, algo apenado.

_ ¿Le ha dejado alguna dirección?- pregunto ella esperanzada. Recordaba que durante los muchos años de casados Harry dejaba la dirección de la casa para que le escribieran allí. Ella solía guardarle la correspondencia. Y ahora que se encontraba con tamaña investigación a ella le constaba que necesitaría una dirección para que le escribieran.

_ Lastimosamente no, de hecho se marcho de madrugada. Según el mismo para que nadie pudiera seguirlo, se le veía algo turbado.- comento el hombre, cuidándose de bajar la voz.

_ Ya veo.- fue todo lo que Ginny pudo decir.

Quizá Hermione si que tenía razones para preocuparse… apenas llegara a casa iba a llamarla para hablar con ella.

Suspirando, Isabela se levanto de su asiento en el alfeizar de la ventana, su nuevo lugar en la mansión era aquel estudio que tanto odiaba en el pasado, después de todo tenia que arrastrar a Draco a punta de amenazas para que saliera de allí.

La razón para que permaneciera en ese condenado despacho todos los días era que estaba buscando la bitácora de Draco, ese cuaderno forrado en cuero negro donde el rubio escribía sus memorias. Estaba segura que le seria de utilidad al auror Potter. Ese cuaderno era la mejor herramienta que tenían a mano para conocerlo.

Algo irónica, pensó que ese condenado cuaderno conocía a su esposo mejor que ella misma.

Después de al menos tres meses de visitas por parte de Isabela y su madre a la residencia de los Malfoy en Francia, el compromiso de Draco e Isabela era un hecho, y por requisito irrompible de los novios la boda tenía que ser llevada en el más absoluto de los secretos. Pese a la reticencia de los padres de ambos, las condiciones fueron cumplidas al pie de la letra.

Se acordó que Draco e Isabela pasarían su luna de miel en una de las residencias de los Malfoy, concretamente una casa de campo en los Alpes Suizos.

Una opción poco común teniendo en cuenta la juventud de la pareja, pero al final también fue respetada su decisión.

"_Draco- le llamo Isabela suavemente, para despertarlo. El chico se quedo dormido unos veinte minutos después de abordar el avión, y antes de dormirse el pobre rubio lo paso mal con las nauseas"

El rubio despertó lentamente, su aspecto paliducho aun algo acentuado.

"_ Lo lamento, no soy muy buen compañero de viaje- se excuso el rubio, avergonzado"

"_ No te preocupes, aproveche para tejer un poco. Cuando lleguemos a casa te mostrare lo que avance.- dijo la chica, con una sonrisa ilusionada".

El rubio solo le sonrió, en silencio. Peo ella pudo detectar en su mirada que la tristeza aun seguía allí. Decidió no decir nada y antes de llegar a casa se dedico a sacarle conversación, no lo dejaba hundirse ni un segundo en si mismo, no le haría ningún bien.

Distraer a Draco fue sencillo, después de todo el hermoso paisaje del lugar y su buena disposición rindieron resultados en el chico.

El trayecto a la mansión Malfoy fue bastante entretenido e Isabela lo alargo deliberadamente cuando pedía parar a comprar alguna cosa.

Los primeros días en aquella casa fueron bastante apacibles, sin mencionar que no sintieron necesidad de salir a ningún lado, los jardines de la casa eran más que suficientes…

Isabela despertó al escuchar ruido proveniente del baño, se levanto y cuando llego la recibió la escena de Draco devolviendo todo lo que comió la noche anterior. Ella se apresuro al estante, sacando una toalla de mano y humedeciéndola con agua fría, pasándola por el rostro del rubio con delicadeza.

Cuando Draco finalmente dejo de vomitar, ella le ayudo a levantarse lentamente, descubrió que si lo hacia muy deprisa al rubio volverían a darle nauseas.

"_ Lo lamento, no quería despertarte- se excuso con voz débil".

"_ No es molestia.- dijo ella con una sonrisa"

Permaneció a su lado mientras Draco lavaba su cara y cepillaba sus dientes, al pendiente si es que el equilibrio del chico decidía marcharse de vacaciones.

Ese día ambos decidieron caminar un poco por el jardín antes de su salida al pueblo.

"_ ¿Sabes Draco? Cuando me dijiste sobre "la sorpresa" dude de tu salud mental.- comento Isabela"

"_ ¿Cómo olvidarlo?- dijo el rubio a su vez, con una de sus esporádicas sonrisas- Me hiciste hacerme una prueba y casi te mueres de la impresión cuando salió positiva"

"_ Pues no es algo de todos los días enterarte de que el mago con el que te vas a casar esta embarazado-dijo ella- Después de todo los embazaros masculinos solo son posibles en razas mágicas"

Draco no comento nada a eso.

"_ ¿Eres un elfo o un descendiente de ángeles?- quiso saber ella"

"_Soy un elfo antiguo- responde el rubio"

"_ ¿Podre ver tu verdadera apariencia alguna vez?- pregunto Isabela, con verdadera curiosidad"

Ante eso, Draco le sonrió de una manera que ella no supo interpretar.

"_Preferiría que no lo hicieras.- dijo el rubio, y algo le decía a la chica, que no seria bueno seguir con ese tema".

Se hizo la nota mental de leer más sobre los elfos antiguos. Pues nunca pensó que viera uno en su vida, y menos que se casaría con uno de ellos.

Cuando ya estaba a punto de salir del despacho ese día, Isabela regreso sobre sus pasos y contemplo el escritorio, un repentino impulso asaltándola.

Reviso esa condenada habitación mil veces, incluso el escritorio y las estanterías pero algo le decía que tenía que buscar más a fondo. La bitácora tenia que estar en ese lugar.

Con el anillo de los Malfoy firmemente aferrado en su puño se acerco al escritorio, dispuesta a examinarlo con más detalle, de todo el mobiliario ese tremendo escritorio de madera oscura y detalles en plata era lo que menos reviso hasta el momento, se arrodillo metiéndose bajo el escritorio con cuidado de no golpear su cabeza. Se percato de una irregularidad, en la que causalmente encajaba el anillo.

Cual no seria su sorpresa al saber que esa "irregularidad" era la cerradura de un cajón oculto, donde se encontraba el libro que tanto busco por el resto de la mansión.

Tomo el libro con sumo cuidado, casi que acunándolo en sus brazos, aquel libro era parte importante de Draco y como tal debía ser tratado con cuidado… se sentía culpable por dárselo a otra persona, incluso por tocarlo teniendo en cuenta cuan celosamente el rubio lo guardaba.

Se dijo que lo mejor era revisarlo ella misma y si encontraba algo relevante se lo escribiría al auror Potter.

Esa opción era la que dejaba mas tranquila a su consciencia.

Algo fastidiada la pelirroja iba saliendo de la biblioteca, quería ir a hablar con su hermano Albus y debía darse prisa antes de que la agarrara el toque de queda, por más colegio en caos y todo lo demás. Aun bajaban puntos y daban detenciones por estar fuera de la cama a esas horas.

Y ella ya tenía suficientes detenciones para toda una vida y no quería añadirle alguna otra.

Por no hacer la tarea que le fue puesta en el verano la pelirroja prácticamente tenía detención hasta mediados de año.

Le toco desde ayudar a Filch con las tareas de limpieza, hacer recados a los profesores, ayudar a la señora Pince a organizar sus amados libros… una seria de tareas desagradables, lo ultimo que le faltaba era ser relegada a las mazmorras con el profesor Snape.

No que el hombre le cayera mal, a diferencia de con los demás Gryffindors a ella la trataba bien. No le bajaba puntos a diestro y siniestro y no era severo a la hora de corregir sus trabajos.

Aquel era uno de los grandes misterios de Hogwarts, sin embargo cuando le conto a su padre respecto a eso, el solo le dio una sonrisa triste y le enseño una fotografía mágica de su abuela. Ambas eran como gotas de agua. La única diferencia establecida eran sus ojos.

Mientras que los ojos de su abuela eran el reflejo de los de su hermano Albus y los de su padre, los de ella eran una copia fiel a los ojos de su abuela y los de su madre.

Casi llegando a la entrada a las mazmorras escucho voces… seguro otra de las peleas que se mantenían en los pasillos, pero podría jurar que escucho la voz de James…

¿Qué haría su hermano en la entrada a las mazmorras?

Cuando se disponía a salir de su escondite y acercarse, escucho pasos a su espalda, Albus se acercaba en compañía de su amiga Emma, los dos parecían ir discutiendo algo importante y al verla guardaron silencio.

_ Lils- saludo su hermano con una sonrisa.

Antes que ella pudiera contestar, un claro golpe seco contra la piedra se escucho. Los tres sacaron las varitas y corrieron hacia el lugar, encontrándose con una escena desagradable.

Scorpius Malfoy estaba tendido boca abajo en el suelo, boca abajo, en el suelo de piedra resaltaba una varita blanca a una buena distancia del rubio, y que James permaneciera con la varita levantada en dirección al rubio y una expresión de deleite, le dio a los recién llegados la suficiente evidencia para atar cabos.

_ ¡Maldito bastardo!- Albus se lanzo furioso en dirección a su hermano, olvidándose de que era mago y bien podía lanzarle una maldición.

De no ser por la intervención de Lily y Emma hubiese estallado una pelea a puños entre ambos.

_ No te metas en esto Albus. Esto es entre ese desgraciado y yo.- al decir aquello James no tuvo la decencia de voltearse- No me digas que unos simples golpes contra el muro acabaron contigo Malfoy, las alimañas no se mueren tan fácil.- mientras hablaba se acercaba al rubio, seguro con la intención de hacerle mas daño.

_ ¡Para esto James!- le grito Lily, temiendo por la integridad del rubio, ella y Emma apenas se daban abasto para contener a Albus que se revolvía como una fiera.

_ ¡Maldición, Emma! ¡Suéltame que esta vez si lo voy a matar!- decía Albus intentado liberarse de su amiga. La rubia y la pelirroja no daban su brazo a torcer porque sabían que Albus hablaba muy en serio.

Emma no quería soltarlo porque sabia que por más que Albus estuviera molesto con su hermano en ese momento se arrepentiría de lastimarlo en un futuro, en cambio Lily no lo soltaba porque no soportaría ver una pelea entre sus hermanos. Pero tampoco quería ver como su hermano seguía lastimando al rubio mientras este no podía defenderse por si mismo.

Tengo que traer ayuda- piensa la pelirroja.

Suelta el brazo de Albus y sale corriendo en dirección a las mazmorras, con el objetivo de encontrar al profesor Snape.

Emma afianza más fuerte a su amigo sorprendida por el repentino impulso de la pelirroja.

Albus mira fijamente al lugar donde su hermana desapareció corriendo hace unos momentos.

_ Suéltame Emma- pidió, esta vez mas calmado.

La rubia dudo un momento, pero hizo lo que su amigo le pedía.

Expelliarmus- pensó el chico, apuntando a su hermano. El hechizo salió tan potente que mando a James volando contra la pared contraria.

_ Recoge la varita, Emma- le pidió a su amiga.

La rubia no necesito que se lo dijeran dos veces, salió disparada a recoger la varita de James.

Albus en cambio, avanzo hacia Scorpius después de recuperar la varita del chico, se arrodillo a su lado, no muy seguro de que hacer.

Temiendo moverlo por si acaso aquello afectaba una herida que el chico tuviera y que estuviese oculta bajo la ropa.

Lily Potter corría por las mazmorras como alma que lleva el diablo, buscando la señal del profesor de Pociones, o de cualquiera que pudiese detener la pelea que dejo atrás. Su única esperanza era no llegar demasiado tarde para detener aquello.

No se dio cuenta el momento en que las lágrimas rodaban por sus mejillas, tampoco se molesto en secárselas.

En ese momento choco de bruces contra un objeto solido que se encontraba en el medio de su camino, sus ojos borrosos solo pudieron distinguir una figura alta y completamente vestida de negro.

_ Señorita Potter ¿Qué hace aquí a estas horas?- sin duda alguna ese era el profesor Snape, tuvo que contenerse para no saltar de alivio por haberlo encontrado.

_ Por favor… señor… tiene que… detener la pelea.- debido a la velocidad dela carrera le costaba decir mas de dos palabras seguidas, así que se explico lo mejor que pudo en medio de jadeos para recuperar el aire.

_ ¿Le importaría mostrarme el camino?

Ella asintió, emprendió velozmente el camino de regreso con el profesor Snape caminando a su espalda a paso rápido.

En el amparo que brindaba la oscuridad del jardín trasero de su casa, en las afueras de Ottery St. Catchpole, Ginny Weasley hablaba por teléfono con su amiga Hermione Granger.

"_ ¿Dices que abandono su habitación en el Caldero Chorreante sin decir nada?"-

_ Eso es lo que digo, Tom me lo confirmo cuando fui a buscarlo. El buen hombre parecía confundido cuando se percato de que no sabía nada al respecto. Según el, Harry se fue de madrugada para no dejar huellas.

"_ Esto no me esta gustando nada. No se que es lo que pretende Harry pero el no actúa así."

_ ¿Crees que la investigación esta marchando mal?- pregunto Ginny.

"_De eso no me cabe la menor duda, al parecer alguien se esta encargando de entorpecer el trabajo de los aurores y eso ha estado molestando a Harry los últimos días."

_ No quise creerte sino hasta que lo confirme con mis propios ojos. Francamente no se que es lo que planee a continuación.- comento la pelirroja, y se la escuchaba un poco dolida.

"_ Si te sorprendes solo con eso, no se como reaccionaras a lo que tengo que decirte. ¿La señora Weasley no esta por ahí cerca verdad?"

_ No, mis padres subieron a dormir hace un rato pero me vine al jardín como me lo pediste.

"_ Eso es bueno, Ginny. Harry ha renunciado al departamento de aurores".

_ ¡¿Qué?!- la pelirroja no pudo contener ese grito de sorpresa que se escapo de ella. Desde hacia tres años antes de decidir divorciarse ella intento convencer al moreno de que renunciara al Ministerio sin tener éxito, y enterarse ahora de que lo hizo sin razón aparente, la dejo fuera de balance.

"_ Imagine que reaccionarias así, yo tampoco lo podía creer cuando Ron me lo dijo. Hoy le llamaron mas temprano a trabajar diciéndole que la investigación de Malfoy pasaba a sus manos porque Harry había presentado la renuncia."

_ ¿Qué demonios esta pasando aquí Herms? Siento que ya no lo conozco en lo absoluto- dijo la pelirroja contemplando el cielo nocturno.

"_ Tenemos que tratar de encontrarlo para hablar con el. Saber que es lo que esta pasando."

_ Te deseo suerte con eso, Harry es bueno para desaparecer cuando así lo quiere, después de tantos años siendo auror no es como si le fuera imposible.

"_ Te llamare mañana cualquier cosa"

_ Espero tu llamada- respondió la pelirroja, cortando la comunicación.

La noche fue la única testigo de su silencioso suspiro, ahora tenia que arreglárselas para que su madre no se preocupara por Harry. Estaba segura que los periódicos de mañana incluirían la noticia de la renuncia de Harry.

Solo espero que sepas lo que estas haciendo Harry, y que esto no sea culpa mía en lo absoluto.

Un pelirrojo se abrió paso en el oscuro bar, su gran altura y su musculatura imponían respeto por lo que los sujetos que se encontraban allí no le quitaban la mirada de encima.

Era un bar de mala muerte, un bar en el que todos los presentes se conocían y era bastante raro tener clientes nuevos, por lo que los "habituales" no le quitaban la mirada de encima a la mesa de la esquina, donde el pelirrojo se sentó frente a un tío de cabello negro que era tan imponente como el.

Ante la llegada del pelirrojo, el otro hombre levanto la mirada y le sonrió tenuemente, haciéndole una seña a la camarera para que trajera otra cerveza.

_ Dime que no es cierto- fue el saludo del pelirrojo.

_ Lo es, amigo- respondió el pelinegro dándole un buen trago a su cerveza.

_ ¿Por qué lo hiciste Harry? Ni siquiera cuando Ginny te pidió que renunciaras lo hiciste. Entonces, ¿Por qué hacerlo ahora?

_ Era necesario Ron- respondió el pelinegro- ¿Te aseguraste de que nadie te siguiera?

_ Si- respondió el pelirrojo.

Ambos hombres guardaron silencio con la llegada de la camarera muggle y dedicaron disimuladas miradas a su alrededor.

_ Aun así no creo que sea seguro hablar aquí- comento el pelinegro, que aun taladraba el lugar con sus brillantes ojos verdes brillando en desconfianza.

_ Vayamos a donde podamos hablar entonces- apremio el pelirrojo, y aquello hizo que Harry le dirigiera la primera sonrisa sincera desde que había llegado a su inusual punto de encuentro.

_ No seas impaciente Ron, estoy esperando que algo pase.

Y como en respuesta a sus palabras, alguien mas entro al bar y por la mirada de los muggles del lugar, esa persona tampoco era un asiduo.

_ Parece que después de todo si te siguieron, amigo.- le indico Harry, señalando disimuladamente al sujeto que recién se sentaba en la barra y no se molestaba en disimular que encontraba la mesa donde ellos se sentaban como un lugar muy interesante.

_ Maldición- mascullo el pelirrojo en voz baja.

_ Tenemos que librarnos de nuestro, "invitado indeseado". Luego hablaremos.

_ Estoy de acuerdo contigo, compañero- afirmo el pelirrojo.

Ambos aurores acabando sus cervezas y saliendo del lugar.

Cuando llegaron al lugar, Lily se encontró con que las cosas estaban bastante mas calmadas que cuando se fue, Emma Parkinson apuntaba a su hermano James con la varita, pese a que este tenia toda la pinta de estar inconsciente, en su mano izquierda la rubia sostenía la varita de James, Albus estaba arrodillado al lado de Scorpius Malfoy que se encontraba tendido en la misma posición en que lo dejo cuando salió por ayuda.

Sin mediar palabra el profesor Snape se arrodillo al otro lado de Scorpius, conjuro una camilla y levito al inconsciente rubio para ponerlo sobre ella. Procedió a revisar las varitas de todos los presentes con el mismo hechizo que empleaban los aurores, para saber cual era el papel de cada uno en el asunto.

_ Señorita Potter, regrese a su sala común, 10 puntos menos para Gryffindor por andar a deshora fuera de su dormitorio. Si se cruza a Filch enséñele esto- le tendió un pequeño trozo de pergamino y una botellita.- Esta poción le ayudara a recuperarse de la impresión. Señorita Parkinson, lleve al señor Malfoy a la enfermería.

Emma le dio una última mirada a Albus antes de marcharse dirigiendo la camilla donde Scorpius estaba tendido.

Lily le dio una última mirada a su hermano y luego emprendió su camino a la Torre de Gryffindor.

El profesor Snape se acerco a James, apuntándolo con la varita.

_ Enervate.

El mayor de los Potter despertó encontrándose cara a cara con la expresión imperturbable del jefe de Slytherin que lo escudriñaba atentamente con la mirada.

_ Levántese señor Potter, iremos al despacho de la profesora McGonagall.

Albus permanecía de pie en medio del pasillo, a la espera de que el profesor le indicara que hacer, peor como el hombre no parecía interesado en el, Albus salió corriendo en dirección a la Enfermería.

En la intimidad de su habitación, Isabela tenia la bitácora en su regazo, pese a que intento todo lo humanamente posible para abrir el cuaderno pero este se rehusaba.

Y ella estaba comenzando a perder la paciencia.

Sin embargo la idea de confiárselo a otra persona la hacia sentir un vacio en el estomago, sabia que quizá algún experto pudiera romper el sello que guardaba el cuaderno pero eso se sentía como invadir la intimidad de Draco.

¿Qué prefieres entonces? ¿Qué lo maten?

Esa voz en el fondo de su cabeza quizás tenía razón, si había que violar la privacidad de Draco para salvarle la vida, entonces… ¿Por qué seguía perdiendo el maldito tiempo?

Una lechuza toco a la ventana de su habitación, como era tarde para que alguien le escribiera, al mujer abrió la ventana rápidamente. Era una lechuza blanca como la nieve a la que reconoció inmediatamente como la del auror Potter.

Abrió la carta apresuradamente, pensando que quizás aquella era una noticia importante.

Señora Malfoy.

(Ya encontré el acta mágica de matrimonio)

Antes de que lo lea en los periódicos le informo que he renunciado formalmente al Ministerio de Magia, mas no se alarme porque pienso continuar con la investigación. Se preguntara porque he renunciado entonces, pues bien. Tengo razones para creer que hay alguien que esta interviniendo en mi investigación y no podía seguir en un entorno donde no puedo confiar en nadie y todos mis movimientos están siendo vigilados, el auror asignado a su caso se llama Ronald Weasley, es un amigo de mi mas entera confianza y desde ahora en adelante será el vinculo entre nosotros.

Le ruego que cualquier cosa que piense puede ayudar en la investigación se la facilite a el, ahora, si tiene algo que le gustaría decirme o un objeto que quiera enviarme, esta lechuza de entera confianza, la tengo conmigo desde mis tiempos en Hogwarts.

Harry James Potter.

La hermosa lechuza blanca estaba posada en el espaldar de su silla, con aspecto digno y como a la espera de que ella decidiera hacer algo.

Acercándose al sencillo escritorio en su habitación, la mujer escribió una pequeña nota y envolviendo cuidadosamente la bitácora de Draco, se aseguro de atar bien la nota y el paquete a la lechuza, el animal la estudio con la mirada y luego salió volando a través del ventanal perdiéndose en la oscuridad de la noche. Dejándola con una sensación de vacio y culpabilidad.

Lo lamento mucho, Draco.

Una muy enfadada Ginebra Weasley salía de la chimenea del despacho de la profesora McGonagall, encontrándose con su hijo mayor, el profesor de pociones y la actual directora de Hogwarts.

_ Lamento hacerla venir a Hogwarts a estas horas, pero el asunto en si lo amerita. Y como no hemos podido localizar a Harry…- comenzó a decir McGonagall con gesto grave.

Ella hizo un gesto con su mano.

Para luego sacudirse el carbón de la chimenea con cuidado de no manchar la alfombra.

_ ¿Qué fue lo que hiciste ahora, James?- inquirió Ginny en tono cansado.

El pelinegro no le dijo nada a su madre, de hecho no se digno ni a mirarla. Con un suspiro, McGonagall le indico a Ginny que se sentara junto a su hijo. Y procedió a explicarle.

_ Al parecer el señor Potter intercepto al señor Malfoy cuando este se dirigía a su sala común luego de finalizar con sus rondas de prefecto. Cuando el profesor Snape llego a la escena…- McGonagall le dio una mirada a su colega indicándole que explicara ahora lo que pasaba.

_ Estaba haciendo mi ronda nocturna cuando la señorita Potter llego corriendo al borde de un ataque de histeria rogándome que detuviera una pelea, me guio hasta el lugar y allí se encontraban sus dos hermanos, el señor Malfoy y la señorita Parkinson. Era obvio que el señor Malfoy se encontraba muy malherido. Y al indagar supe que esas heridas fueron producidas por simultáneos hechizos. Revise las varitas de los presentes y la que tenia los hechizos que correspondían con las heridas del señor Malfoy era la de James Potter. En este momento el señor Malfoy se encuentra en la enfermería con dos costillas rotas, una muñeca fracturada y un severo traumatismo craneal.

A medida que Snape enumeraba las heridas del chico Malfoy, Ginny se sentía peor, y al dedicarle una mirada mas a su hijo, se dio cuenta que James no parecía en lo absoluto arrepentido por lo que había hecho. Ella admitía que parte del desprecio a los Malfoy y a los Slytherin que tenia su hijo era responsabilidad de ella y de su familia pero… ella nunca le inculco que era bueno atacar a alguien mas.

_ Sinceramente ya he perdido la cuenta de las veces que le he tenido en mi despacho por ataques a estudiantes de Slytherin, sin embargo la situación con el señor Malfoy es algo que no puedo pasar por alto debo tomar medidas mas drásticas. Como los castigos acostumbrados no surgen efecto con usted, me temo que debo expulsarle del castillo por un periodo de dos meses. Recoja sus cosas en la Torre de Gryffindor, y he de advertirle señor Potter que si a su regreso vuelve a atacar a un solo estudiante de cualquier casa, será expulsado permanentemente de esta institución.

Ginny cerró los ojos, incapaz de pedirle a la profesora McGonagall que reconsiderara.

James abandono el despacho de la directora sin cambiar de expresión en ningún momento, dejando a los tres mayores en medio de un incomodo silencio.

_ Si me disculpan- se excuso Snape.

_ Profesor- llamo Ginny en tono casi inaudible, sin embargo el hombre se detuvo.

_ ¿Podría avisarme como se encuentra el chico?

_ Por supuesto, señora- repuso Snape antes de abandonar el lugar.

_ Lamento haber tenido que llegar a estos extremos Ginebra, Merlín sabe que he hecho todo lo que esta en mi mano pero esa conducta es inadmisible en Hogwarts.- dijo McGonagall gravemente.

_ Lo se- repuso ella, contemplando los retratos de los antiguos directores, centrándose momentáneamente en el de Albus Dumbledore, quien parecía dormitar tranquilamente.

Cuando finalmente llego a la Enfermería no se detuvo ni para tomar aliento, entro todo lo silenciosamente que pudo, encontrándose a Madame Pomfrey moviéndose alrededor de su rubio amigo, con Emma sentada en una silla contigua. La sala estaba en un silencio tenso, la enfermera lo miro estrictamente pero al final le indico la silla dispuesta junto a la de Emma, como si le estuvieran esperando.

_ ¿Cómo esta?- le pregunto a Emma, en un susurro.

_ Mal, aunque no es nada que la señora Pomfrey no pueda arreglar.- le contesto la rubia, dándole una mirada al rostro pálido de Scorpius.

_ Últimamente he recibido la visita del señor Malfoy muy seguido en esta enfermería- se lamento la anciana mujer con gesto preocupado.- El pobre chico esta pasando un mal momento.

Esas palabras lograron captar la atención de los amigos del rubio.

_ ¿Qué quiere decir con eso, Madame?- inquirió Emma.

_ ¿El señor Malfoy no se los ha dicho?- inquirió ella, para añadir- Cada vez que le tocan las rondas de perfecto viene con heridas, ya sean de bajo o alto grado de seriedad. Hay unas que puedo arreglar al instante pero otras requieren de más tiempo, sin embargo es un chico testarudo y se niega a quedarse a pasar la noche. Dice que sus heridas no son tan graves como para exagerar.

Emma y Albus se miraron, los dos con muchos sentimientos encontrados gracias a las palabras de la enfermera, así que esa era la razón por la que Scorpius regresaba tarde siempre que le tocaban las rondas estos últimos días. Pese a que ellos se ofrecían a acompañarlo el rubio siempre se negaba alegando que ellos no eran prefectos y no era deber de ninguno de los dos acompañarlo por las noches que podía cuidarse el solo.

_ Esta vez va a tener que quedarse por unos días. Lamento decirles que se vayan jóvenes pero estas camas son solo para los pacientes, pueden venir a verlo mañana por la mañana.

La voz de la enfermera no admitía replicas.

Los chicos sabían que era una batalla perdida de ante mano, Emma le dio un beso en la mejilla a su amigo y salió de la enfermería seguido de cerca por Albus.

Se alejaron un poco del pasillo para poder hablar sin ser escuchados por la enfermera y sabían que muy probablemente el profesor Snape acudiría a la enfermería para saber el estado del rubio.

_ Ve a quedarte con el- le ordeno Emma.

_ ¿No escuchaste a Madame?- le dijo Albus, con aspecto algo frustrado.

Emma suspiro dramáticamente.

_ A veces me pregunto que demonios haces en Slytherin cielo, conviértete en esa preciosura negra que eres y quédate con Scorp en la enfermería.

Las palabras de la chica eran ciertas. Como gato si que podía quedarse allí, era bien sabido por todos que la enfermera no se negaba a la presencia de las mascotas de sus pacientes, pese a que no le agradara en lo mas mínimo la presencia de los animales no los echaba.

_ Date la vuelta- le pidió.

La chica suspiro audiblemente, pero lo hizo.

Cuando se dio la vuelta pudo ver una pequeña cosita negra perdiéndose en la esquina del pasillo. Se apresuro a recoger la ropa y la varita de Albus, encaminándose rápidamente a la sala común de Slytherin.

A veces se preguntaba si es que su amigo era tan distraído solo con Scorpius, porque estaba claro que para todo lo demás Albus Potter era un genio.

Después de librarse de su invitado feliz, Harry y Ron estaban en el apartamento del primero tomando una buena cerveza fría.

_ Básicamente si entendí bien.- dijo el pelirrojo- Vas a seguir investigando el caso de Malfoy solo que tras bastidores y sin reglas. Y yo voy a ser el que se cale a todos los cretinos hijos de puta que se interponen en tu camino.

_ Técnicamente si Ron- contesto Harry con una sonrisa de medio lado.

_ ¿Sabes que me recuerdas terriblemente a Sirius cuando haces eso?- dijo Ron como quien no quiere la cosa.

Ambos rieron con ganas.

_ Hermione esta volviéndome loco para que le diga donde vives y venir a hablar personalmente contigo. Parece que cree que enloqueciste o algo parecido, no me extrañaría que llamara a Ginny para que te formara un lio.

_ Diablos, me lo esperaba se como es Herms cuando tiene el rollo protector, pero en serio necesito hacer todo esto, se que cuento contigo para que no le digas nada, y de antemano me disculpo por todos los problemas que te pueda causar con ella.

_ Sabes que estamos para apoyarnos entre hermanos- dijo Ron, encogiéndose de hombros y restándole importancia.

Antes de que Harry pudiera responder, dos lechuzas llamaron a su ventana, el pelinegro se levanto para dejarlas pasar.

Uno de los animales tenia una bufanda de tela de donde pendía el emblema de Hogwarts y la otra era su propia lechuza.

Primero se centro en la lechuza de Hogwarts, algo preocupado por el contenido de la carta y esperando que no fuera nada grave.

Ron se encargo del paquete que tenia la lechuza de su amigo.

Harry leia la lechuza con gesto que fue haciéndose mas grave a cada momento…

Ron volteo a ver a su amigo, el sonido del puño de Harry impactando contra la pared del apartamento era lo menos que se esperaba.

_ ¿Sucede algo compañero?

_ James otra vez.

_ ¿El y Fred jugaron otra broma?- quiso saber Ron.

_ Esto va más allá de una broma Ron. Ataco al chico Malfoy. Y McGonagall va a expulsarlo temporalmente de Hogwarts.

Ron no supo que decir a eso. Solo palmeo ligeramente el hombro de su amigo.

_ Me quedare aquí mientras regresas.- dijo Ron, Harry asintió, desapareciendo del lugar.

Cuando llego al despacho de McGonagall.

Ginny se encontraba sentada en una silla con la bata que solía usar por encima del camisón de dormir y unas sandalias que usaba para estar en casa. Cuando lo vio le sonrió casi imperceptiblemente.

_ Que bueno que hayas podido venir.- dijo Ginny.

_ ¿Dónde esta James?- inquirió Harry.

_ Esta recogiendo sus cosas en la torre de Gryffindor. Va a venir a quedarse conmigo en la Madriguera. A menos que quieras que se quede contigo.

_ Justo ahora tengo un caso importante, pero si me gustaría que me lo dejaras por unos días.- dijo Harry.

Ginny lo miro interrogante, pero se encogió de hombros, indicándole que podía hacer lo que quisiera.

Justo en ese momento James entro al despacho.

_ ¿Cuándo quieres llevártelo?- pregunto Ginny.

_ Pasare por el la semana siguiente.- dijo Harry.

Ginny asintió y haciéndole un gesto a su hijo le indico que fuera a la chimenea.

Despidiéndose cortésmente de Harry y de la profesora McGonagall tomo los polvos y desapareció en la chimenea.

_ ¿Cómo se encuentra Scorpius Malfoy?- quiso saber Harry.

_ Mal, tiene dos costillas destrozadas. Una muñeca fracturada y un traumatismo craneal severo- dijo McGonagall- Le acabamos de enviar la carta a su madre.

Y como llamada por las palabras de la mujer, Isabela Malfoy apareció con semblante ceniciento, una carta arrugada en sus manos, llevaba una bata de seda verde esmeralda y el cabello recogido en un moño sencillo.

_ Por favor dígame como esta mi hijo- pidió la mujer, saliendo de la chimenea. Estuvo a punto de tropezar y Harry se apresuro a sostenerla. Recién en ese momento la mujer se percato de su presencia.

_ La acompañare a la Enfermería ahora mismo- dijo McGonagall poniéndose de pie.

_ Lamento encontrarme con usted en estas circunstancias auror Potter- comento la mujer dándole una débil sonrisa.

_ Lo mismo digo señora, yo también la acompañare a la enfermería- dijo Harry, sintiéndose algo culpable al ver a la mujer en ese estado. Ya debía tener suficiente con el secuestro de su esposo como para tener también ese otro problema.

_ Es muy amable, no me fio mucho de mi equilibrio en estos momentos- dijo ella, aceptando el apoyo que representaba el brazo de Harry.

Cuando el trió llego a la enfermería, la enfermera ya no se encontraba en el lugar, solo Severus Snape se encontraba sentado leyendo un libro junto a la cama donde descansaba un pálido rubio que era la viva imagen de su padre. Como dos gotas de agua. Por un momento a Harry le pareció estar viendo al Draco Malfoy joven.

A Harry casi se le escapa una sonrisa imperceptible cuando se percata del pequeño gatito negro que estaba apoyado al pie de la cama de Scorpius Malfoy, sabía perfectamente quien era.

_ ¿Cómo esta?- pregunto Isabela, en voz baja.

_ Recuperándose, Madame Pomfrey dijo que le hacia falta unos días de descanso.- dijo Snape, cediéndole la silla a la mujer.

Cuando Isabela se sento, Harry le dio una leve caricia al gatito, el animal le miro por un momento para luego centrar su atención en el rubio de nueva cuenta.

_ Que hermoso gatito- comento Isabela con voz trémula.

_ Hs estado aquí desde antes que yo llegara y no es la primera vez que lo veo con Scorpius- comento Snape

_ No sabia que tuviera una mascota-comento Isabela.

_ En realidad no se de quien sea el animal- respondió Snape.

_ Es de mi hijo Albus- se apresuro a decir Harry.

_ Si desea quedarse a pasar la noche ordenare todo para que le preparen una cama en la enfermería- dijo McGonagall.

_ Se lo agradecería mucho- asintió Isabela- Debo escribir a la mansión para que me envíen algo de ropa, vine enseguida apenas recibí la carta.

_ Yo me retiro- dijo Harry, despidiéndose cordialmente de las dos mujeres.

Cuando finalmente llego a casa, Ron se despidió prometiéndole mantenerle informado sobre cualquier cosa que descubriera (si es que lograba descubrir algo)

Harry se disponía a dormir cuando se acordó que recibió un paquete y una nota de parte de Isabela Malfoy.

Por lo que conteniéndose el sueño, se acerco al improvisado escritorio y destapo el paquete…

Se quedo anonadado contemplando el cuaderno de cuero negro y detalles en plata autentica.

Con una serpiente plateada enroscada en la cubierta superior.

Bitácora de Draco Lucius Malfoy.

La nota que lo acompañaba era bastante simple.

Estimado señor Potter.

Le envió la bitácora de Draco esperando de todo corazón que le sea de utilidad en el caso, creo que no hace falta que le ruegue que lo que lea en ese cuaderno sea mantenido en extremo secreto